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Vallés, Lorenzo
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Este pequeño trabajo recopilatorio está dedicado al pintor Lorenzo Vallés (1831-1910), es uno de los grandes ignorados de la pintura española del siglo XIX.

Lorenzo Vallés (Madrid, 1831-Roma, 1910). Pintor español, discípulo de Francisco Cerdá y alumno de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Hacia 1853 viajó a Roma para ampliar sus estudios gracias a una pensión que le concedió el ­duque de Sesto. Pintor de estilo realista, simultaneó el cuadro de género con la pintura de historia.

En las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, fue galardonado con mención honorífica en 1858, y con segundas medallas en 1864 por la obra El cadáver de Beatriz de Cenci expuesto en el puente de Sant'Angelo, en 1866 por Demencia de doña Juana de Castilla y en 1879 por Muerte de Juan Escobedo, así como una condecoración en 1892. Además, fue premiado con medalla de arte en las Exposiciones Internacionales de Viena (1873) y Filadelfia (1876).

Obras

    - Demencia de doña Juana de Castilla, 1866, óleo sobre lienzo, 238 x 313 cm. Museo del Prado, Madrid.
    - El cadáver de Beatriz de Cenci expuesto en el puente de Sant'Angelo, óleo sobre lienzo, 137 x 201 cm. Museo del Prado, Madrid.
    - Muerte de Juan Escobedo, óleo sobre tabla, 35 x 26,5 cm. Museo del Prado, Madrid (en dep. en el Museo Municipal de Málaga).

Su obra más conocida es: 'Demencia de doña Juana de Castilla', una gran pintura de historia fechada en 1866 durante su estancia en Roma, con la que cosechó una segunda medalla en la Exposición Nacional, siendo una de las primeras obras dedicadas a la reina doña Juana. La reina aparece en pie, ante un sillón con sus armas, junto al lecho en el que reposan los restos de su esposo, Felipe el Hermoso, ligeramente visible tras las cortinas descorridas del dosel. La reina manda callar a los cortesanos mediante un claro gesto de sus manos mientras los nobles intentan sacar a la soberana de su disparatada actitud. Sobre la alfombra encontramos varias flores marchitas. El empleo de la luz se convierte en la herramienta utilizada por el pintor de manera sobresaliente, eliminado cualquier detalle superfluo para interesarse por el gesto de doña Juana, modelando de manera espectacular las figuras a través de la iluminación.

Salvo otras dos obras catalogadas por el Museo del Prado, producción es virtualmente desconocida y su personalidad artística está todavía por estudiar.

Espero que la información que he recopilado de este pintor español sea de vuestro interés y en la medida de lo posible contribuya en su divulgación.






Demencia de doña Juana de Castilla, su obra más conocida


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Demencia de doña Juana de Castilla. Lienzo, 238 x 313 cm. Autor: Lorenzo Vallés (1831-1910). La demencia de Juana I de Castilla[/b], fue uno de los temas que más fascinaron a los pintores de historia del siglo XIX. Una historia de amor con muerto incluido, y encima cierta y ocurrida entre reyes.

Premiado con una segunda medalla en la Exposición Nacional de 1866, el lienzo narra la escena en que doña Juana espera la resurrección de su esposo, al cual había ordenado sacar del sepulcro y colocar en su habitación.

Vallés alcanzó justo reconocimiento gracias a esta obra, en la que la sobria composición queda marcada por la figura de la reina que capta la atención de los espectadores de dentro y fuera del cuadro.

El pintor elimina cualquier objeto superfluo, incorporando como único componente escénico las flores sobre el suelo en primer término que ayudan a dar una sensación de profundo romanticismo a la escena. La luz es el principal elemento con que el artista construye las figuras, logrando un ambiente denso y misterioso. El sobrio realismo con que aborda la narración y el colorido austero enlazan con la tradición pictórica española.


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Demencia de doña Juana de Castilla (detalle). Lorenzo Vallés (1831-1910)

La representación de la muerte y la agonía fueron las imágenes preferidas por los artistas para intensificar el dramatismo de sus obras. Una y otra vez la muerte se vuelve la protagonista de los grandes cuadros de historia del siglo XIX español. Los amantes de Teruel, de Antonio Muñoz Degrain; Doña Isabel la Católica dictando su testamento poco antes de fallecer y la Muerte de Lucrecia, de Eduardo Rosales; La muerte de Séneca, de Manuel Domínguez; la Conversión del duque de Gandía al reconocer el cadáver de la emperatriz Isabel de Portugal, de José Moreno Carbonero; Doña Juana la Loca acompañando el ataúd de su esposo por tierras de Castilla, de Francisco Pradilla; el Fusilamiento de Torrijos o Los comuneros de Castilla, de Antonio Gisbert; La leyenda del rey Monje, de José Casado del Alisal, etc. No es de extrañar que la historia de Juana resultase conmovedora. Todavía hoy nos lo parece. Estaba embarazada de su hija Catalina, cuando su marido Felipe el Hermoso murió de fiebres en 1506, en la Casa del Cordón de Burgos. Tras su fallecimiento, se obsesionó con estar siempre junto al cadáver de aquel, a quien le fue sustraído el corazón para enviarlo en una pequeña caja de metal, a su familia a los Países Bajos, según una costumbre medieval. Desde Burgos el cadáver atravesó los campos de Castilla camino de Tordesillas, donde la reina quedaría recluida en su palacio hasta su muerte en 1555. Allí, acompañada por su pequeña hija Catalina, vio pasar más de cincuenta años. En su regia residencia, que estuvo junto a la iglesia de San Antolín, recibió a los comuneros de Castilla, a su hijo Carlos I y a su nieto Felipe II, y mientras tanto visitaba el féretro de su marido depositado en el Real Convento de Santa Clara, hasta que fue llevado a la Capilla Real de Granada en 1525. Ese fue el triste destino de una reina, que llegó a tener bajo su cetro medio mundo, hija de los Reyes Católicos y madre del emperador Carlos V.


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Doña Juana la Loca (1877), de Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado (Madrid).

Sin llegar a la fama que alcanzará el cuadro de Francisco Pradilla realizado en 1877, en el lienzo que pinta Lorenzo Vallés, once años antes, en 1866, contemplamos igualmente una escena cargada de una enorme emotividad. A nuestro modo de ver expresa incluso con mayor acierto y de forma más poética la demencia de la soberana. Ni siquiera hace falta conocer la historia de los personajes para comprender el episodio que presenta el cuadro en su totalidad y la enfermedad mental de la mujer.


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La Demencia de Doña Juana (1867), de Lorenzo Vallés. Museo del Prado (Madrid).

La escena ante la muerte del príncipe no puede ser más dramática: la demencia de la reina que pide silencio y la súplica de aquéllos que ruegan a la soberana que deponga su actitud, con la esperanza imposible de que recupere la cordura.


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La Demencia de Doña Juana (1867), de Lorenzo Vallés. Museo del Prado (Madrid).

La técnica del pintor, el tratamiento prodigioso de la luz, la blancura de las cortinas que acusan la oscuridad del espacio en el que se adivina el cuerpo sin vida de Felipe, o la expresión gestual de las manos, crean una atmósfera irrespirable e inquietante, de intranquilo silencio, en la que se masca la tragedia de la muerte y de la enfermedad.



Muerte de Escobedo


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Muerte de Juan Escobedo, óleo sobre tabla, 35 x 26,5 cm. Museo del Prado, Madrid (en dep. en el Museo Municipal de Málaga). Obra de Lorenzo Vallés.

El género histórico durante la segunda mitad del siglo XIX no sólo tuvo un importante desarrollo en grandes formatos premiados en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, sino que también tuvo un destacado mercado entre la incipiente burguesía que deseaba emular el coleccionismo de la Corona, el Estado y la aristocracia. Los formatos pequeños no se consideraban entre los artistas y sus marchantes obras menores, sino que precisaban de una meticulosa ejecución y una apariencia fresca de luz y color que las hiciesen atractivas a sus consumidores, a excepción de obras abocetadas que servían de estudio a grandes composiciones o directos encargos de reproducción en formatos medianos o pequeños de grandes obras avaladas por su éxito de crítica y público, donde los condicionantes eran más personales al artista, en caso de bocetos, o exógenos en caso de adaptarse a las rígidas prescripciones de similitud con sus modelos de los coleccionistas que encargaban las obras.

Lorenzo Vallés fue un pintor singular en la producción de composiciones históricas, no sólo en las grandes obras como su Demencia de Doña Juana de Castilla (Roma, 1866), galardonada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese año y adquirida por el Estado, sino en pequeñas composiciones como esta: Muerte de Escobedo. La pintura se centra en un episodio oscuro en la regencia de Felipe II y su secretario, Antonio Pérez, quienes mantuvieron una difícil relación con don Juan de Austria, hermanastro del soberano prudente, y su secretario, Juan de Escobedo (1530 – 1578).

El hijo ilegítimo del emperador había obtenido una enorme popularidad durante la pacificación y regencia de Flandes, por lo que de regreso en Madrid se pretende controlar la enorme influencia pública de don Juan de Austria mediante el asesinato en la tarde del 31 de marzo de 1578 de Escobedo, que en los mentideros madrileños se atribuyó a Antonio Pérez.

Como si de una viñeta de cómic se tratase, la composición se centra en el momento en que asistimos como espectadores a la emboscada que bajo los arcos de los soportales de la Plaza Mayor madrileña se organiza contra Escobedo. A nuestra izquierda se apostan los tres mercenarios que, encorvados en actitud cautelosa para no ser descubiertos, van a dar muerte al secretario de don Juan de Austria, cuya figura de noble caballero español del siglo XVI se recorta contra la única porción de cielo a la que se abre la angosta perspectiva de la calle. Mientras un caricaturesco personaje avanza hacia nosotros, haciendo señas al grupo de malhechores de que aquél de la regia figura es el sujeto a asesinar, personaje grotesco en su guiño descarado al grupo emboscado y en sus pases de baile casi de puntillas. Esta composición tan teatral, como si ante un escenario de opereta nos encontrásemos, subraya la valiente figura de Escobedo, recortado en las zonas iluminadas de la escena, mientras que a ambos lados, como al paño, se encuentran el delator y los asesinos en las zonas umbrías de la composición.

Carlos Reyero ha subrayado la linde estrecha de esta escena entre el tradicional género histórico y la pintura de costumbres, pues el acontecimiento histórico se transmuta en simple anécdota para desarrollar modos de vida del Siglo de Oro español en sus indumentarias y tipos. Posiblemente, la atracción de Vallés por el apuñalamiento de Escobedo se centre más en la puesta en escena de los personajes: indumentaria, ambientación arquitectónica de la escena, retórica en la actuación de los protagonistas, etc., más que en el suceso histórico mismo.

La obra fue donada al Museo Nacional del Prado y depositada en el Museo de Málaga por Orden Ministerial de 15 de enero de 1961 para aumentar las obras expuestas en su nueva sede en el Palacio de los Condes de Buenavista.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el pequeño trabajo recopilatorio dedicado al pintor español Lorenzo Vallés (1831-1910), si encuentro más obras las añadiré a nuestra ya poblada galería.


Fuentes y agradecimientos: museodelprado.es, jpalomaressamper.blogspot.com.es, artehistoria.com, cvc.cervantes.es y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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