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Miquel Blay Fábregas
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Mensaje Miquel Blay Fábregas 
 
Este trabajo recopilatorio esta dedicado al escultor catalán Miquel Blay Fábregas (1866-1936). Fue un artista que la tocó vivir la brillante época modernista, donde pudo demostrar su gran sensibilidad y buen gusto.

Su obra más conocida es la escultura "Los primeros fríos", obra que con su lenguaje modernista influyó en toda una generación de escultores catalanes. Fue premiada en 1892 lcon a primera medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid y con una medalla de oro en Barcelona en 1894.

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Miquel Blay Fábregas (Olot, Gerona, Cataluña, 1866 — Madrid, 1936) fue un escultor español.

Hizo su aprendizaje en la Escuela de Dibujo y Pintura de Olot, dirigida por Josep Berga i Boix y Joaquín Vayreda. Más tarde en Italia y Francia recibe una sólida formación artística, y en París acude al taller del escultor Henri Chapu.

Recibió en 1892 la primera medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid por la escultura Los primeros fríos obra que con su lenguaje modernista influyó en toda una generación de escultores catalanes. Esta obra fue premiada también con una medalla de oro en Barcelona en 1894. En esa ciudad se encuentra la versión en bronce1 y en el Jardín Botánico Carlos Thays, en Buenos Aires, la versión en mármol, adquirida en 1906 por Eduardo Schiaffino.

En 1900 es Primera medalla en la Exposición Universal de París, le conceden el título de Caballero de la Legión de Honor en 1901, permanece en la capital francesa hasta 1906, fecha en que se instala en Madrid, siendo ya un artista reconocido. Fue un gran maestro de escultores, tuvo en su taller entre otros, a Julio Antonio (1889-1919), gran escultor tarraconense.

Introduce en su escultura con un naturalismo extremo, todos los elementos del modernismo. Colaboró con el arquitecto Lluís Domènech i Montaner con una escultura La canción popular, colocada en un ángulo de la fachada del Palacio de la Música Catalana en Barcelona, obra ya totalmente modernista.

En 1909 fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y profesor de modelado en la Escuela de San Fernando, cargo que ocupó hasta el año 1925 en que recibe el nombramiento de director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma.

Obra

    - 1886 Primavera
    - 1890 Remordimiento
    - 1892 Los primeros fríos
    - 1892 La niña desnuda
    - 1900 Desencanto
    - 1908 Eclosión
    - 1910 Sensitiva
    - 1918 La Lectura. Passeig d'en Blay, Olot, Girona

Monumentos

    - 1903 Monumento a Víctor Chávarri. Portugalete (Vizcaya).
    - 1906 Monumento al Doctor Federico Rubio. Madrid.
    - 1907 Grupo escultórico en el Palacio de la Música Catalana. Barcelona.
    - 1909 Monumento a Mariano Moreno. Buenos Aires (Argentina)
    - 1914 Monumento a Mesonero Romanos. Madrid.
    - 1914 Monumento a José Pedro Varela. Montevideo (Uruguay).
    - 1914 Monumento al Conde de Romanones. Guadalajara.
    - 1910 (inauguración 1922) Grupo La Paz y bajorrelieves en el Monumento a Alfonso XII de los Jardines del Buen Retiro. Madrid.
    - Grupos escultóricos en la Fuente de la Plaza de España (Barcelona).

Fue un gran maestro de escultores, tuvo en su taller entre otros, a Julio Antonio (1889-1919), gran escultor tarraconense.


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Autorretrato del escultor Julio Antonio (Carbón sobre papel Canson hueso, 1909)

Julio Antonio nombre con el que siempre se ha conocido a Antonio Rodríguez Hernández, nació en Mora de Ebro (Tarragona) el 6 de febrero de 1889- Madrid 1919. Escultor catalán. En la imagen: Monumento dedicado a Ruperto Chapí (1851–1909) por la Sociedad de Autores Españoles. Granito y bronce. Medidas: 6,20 x 5,90 x 2,45 metros. Inaugurado en los Jardines del Buen Retiro de Madrid (España) en 1921. Esculturas realizadas por Julio Antonio.
 
Miquel Blay, introduce en su escultura con un naturalismo extremo, todos los elementos del modernismo. Colaboró con el arquitecto Lluís Domènech i Montaner con una escultura La canción popular, colocada en un ángulo de la fachada del Palacio de la Música Catalana en Barcelona, obra ya totalmente modernista.

En 1909 se le nombró académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y profesor de modelado en la Escuela de San Fernando, cargo que ocupó hasta el año 1925 en que recibe el nombramiento de director de la Academia de Bellas Artes de España en Roma.

Espero que la información que he recopilado de este escultor español sea de vuestro interés y contribuya en su divulgación.





Algunas obras


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El conjunto escultórico incluye además la figura del maestro (sabiduría) y el alumno. Obra de Miquel Blay Fábregas


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Primer plano del busto del Conde de Romanones, ya restaurado. Obra de Miquel Blay Fábregas


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Monumento a Víctor Chávarri. 1903. Mármol de Carrara y bronce. Plaza del Solar, Portugalete, Vizcaya. Escultura de Miquel Blay Fábregas


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Monumento al Doctor Carlos María Cortezo. Emblema de la Medicina. El Retiro, Madrid. Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Monumento al Doctor Carlos María Cortezo, detalle. El Retiro


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Monumento a José Pedro Varela, Montevideo. Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Monumento a Joan Pere Fontanella (Olot, 1576-Olot, 1649), Conseller en Cap Durant la Guerra dels Segadors, Al passeig de Barcelona d 'Olot, también fue abogado. Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Busto del monumento al Doctor Pulido Fernández. Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Retrato de la Señora de Schiaffino. Materiales: mármol / Medidas: 57 x 40 x 29.5 cm. Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Sensitiva (1910), de Miguel Blay y FábregasReal Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Obra esculpida en mármol y donada por Escultura de Miquel Blay Fábrega en 1910.


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Monumento a Mariano Moreno (1910), en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. En el Plaza Mariano Moreno, Inaugurado el 10-01-1910. Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Monumento a Ángel Pulido Fernández (Madrid). Obra de Miguel Blay y Fábregas


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La Lectura. Olot (1918). Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Monumento a Federico Rubio, en el Parque del Oeste, en el Paseo de Camoens, Madrid. Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Monumento a Ramón Santamarina. Obra de Miguel Blay y Fábregas


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Grupo de la Piedad. Obra de Miquel Blay


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San Juan Bautista. Obra de Miquel Blay


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San Blas. Obra de Miquel Blay


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Retrato de Ramon Casas por Miguel Blay conservado en el MNAC en Barcelona.



Intervención de Miquel Blay en el Palacio de la Música Catalana


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El Palacio de la Música Catalana es un auditorio de música situado en la calle Sant Pere més Alt en el barrio de la Ribera de Barcelona, España. Fue proyectado por el arquitecto barcelonés Lluís Domènech i Montaner, uno de los máximos representantes del modernismo catalán. La construcción se llevó a cabo entre los años 1905 y 1908, con soluciones en la estructura muy avanzadas con la aplicación de grandes muros de cristal y la integración de todas las artes, escultura, mosaicos, vitrales y forja. El edificio, sede central del "Orfeón Catalán", fundado en 1891 por Lluís Millet y Amadeo Vives, fue sufragado por industriales y financieros catalanes, ilustrados y amantes de la música, estamento que sesenta años antes ya había financiado el teatro de ópera y ballet Gran Teatro del Liceo. En 1997 la Unesco incluyó el edificio en su relación del Patrimonio de la Humanidad.


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Fachada principal primitiva. Se encuentra situada en la calle Sant Pere més Alt, único acceso hasta el año 1989, hace esquina con la calle Amadeu Vives, que se resuelve con la inclusión del grupo escultórico La cançó popular catalana (La canción popular catalana), a manera de proa, del artista Miquel Blay, en la que están representados un san Jorge, debajo una figura femenina en el centro como un gran mascarón de proa, rodeada de un grupo de personajes que representan el marinero, los campesinos, el anciano, los niños,la clase alta de la sociedad, simbolo de que el Palau de la música catalana era para todo el pueblo. Según consta en una inscripción al pie de la escultura, fue pagada por el marqués de Castellbell (Joaquim de Càrcer i de Amat), y que tuvo lugar su inauguración el día 8 de septiembre de 1909. La complejidad de la fachada angular a dos calles estrechas hace difícil la visión completa del conjunto...


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La canción popular catalana (1909), Palacio de la Música Catalana. Obra de Miquel Blay Fábregas


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Palau de la Música Catalana (Barcelona), façana principal, detall



Intervención de Miquel Blay en la Plaza de España de Barcelona


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La Plaza de España de Barcelona (Plaça d'Espanya en catalán) es una de las más significativas de la capital catalana. Fue construida durante la Exposición Internacional de 1929, según un proyecto elaborado por Josep Puig i Cadafalch y Guillem Busquets y finalizado por Antoni Darder.


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Pebetero de la fuente de la Plaza de España, Barcelona.

En el centro de la plaza se encuentra la fuente proyectada por Josep Maria Jujol en 1928. Se levanta sobre un pequeño montículo en el que se encontraba anteriormente la cruz de término de la ciudad en la antigua carretera de Madrid. Esta cruz era conocida como la Creu Coberta y dio nombre a uno de los principales barrios de Sants. Jujol planteó el monumento como homenaje al agua.


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Cada grupo escultórico representa uno de los mares u océanos que bañan las costas españolas, con sus respectivas cuencas hidrográficas. Todas estas esculturas surgieron de la mano del escultor Miquel Blay. El Mediterráneo, con el río Ebro representado como un hombre joven y atlético rodeado de jóvenes. El océano Atlántico, con el río Tajo y el río Guadalquivir representados por dos ancianos con sus respectivas cortes de jóvenes. El mar Cantábrico, con un grupo de adolescentes que representan los ríos cortos y rápidos de su cuenca hidrográfica.


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Rius de l'Atlàntic. Tajo i Guadalquvir (Miquel Blay). Pl. Espanya, Font de la Plaça Espanya (Barcelona)


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Abundantia, de los hermanos Oslé, fuente de la Plaza de España, Barcelona.

Las tres grandes columnas, que en principio tenían inscripciones, representan la Religión, las Artes y el Heroísmo, con las personificaciones en las esquinas de la Navegación, la Salud Pública y la Abundancia, todas ellas obras de los hermanos Miquel y Llucià Oslé. La fuente se remata con un pebetero rodeado de tres Victorias alzadas en bronce del escultor Tomàs Llovet. Esta parte de la fuente se adecuaba perfectamente a los idearios del dictador Miguel Primo de Rivera ya que, según el propio Jujol, "el pebetero significaba el sacrificio permanente de España para defender la civilización". Desde la plaza destacan las Torres Venecianas, obra de Ramon Reventós, así como otros monumentos y edificios emblemáticos.


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Vita de la Plaza de España de Barcelona.



Los primeros fríos, su obra maestra


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Los primeros fríos (1892), versión en mármol de la escultura de Miquel Blay Fábregas, Jardín Botánico de Buenos Aires. Esta quizá sea su obra más valorada.

Los primeros fríos (Els primers freds en catalán) es una escultura monocromática de Miquel Blay Fábregas, de la que hay varias versiones, al menos una tallada en mármol blanco y otra de bronce, que fue expuesta por primera vez en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, en 1892. Con esta obra Blay rompió el lenguaje tradicional realista que se había mantenido en toda la escultura del siglo XIX. La versión de mármol se encuentra en el MNAC de Barcelona mientras que la escultura de bronce está en el Museo Regional de la Garrocha, en Olot.

Con esta obra temprana, el autor recibió por primera vez una medalla en la Exposición Nacional de Madrid, y dos años más tarde la mención extraordinaria en la Exposición de Bellas Artes de Barcelona.

La obra se sitúa en los primeros inicios del modernismo catalán, que comienza oficialmente entre la Exposición Universal de Barcelona de 1888 y la pérdida de las últimas colonias españolas en 1898. Se trata de una escultura aún realista, pero que quiere ser modernista e incorpora novedades respecto a los realistas tradicionales. El modernismo no se había definido aún claramente, pero ya existía el deseo de dar continuidad al estil de la Renaixença, aún que incorporando las vanguardias europeas como, por ejemplo, el romanticismo y el simbolismo, el deseo de dejar de copiar la realidad (anécdotas u obras monumentales) para expresar ideas o símbolos. La escultura catalana de la época se inspiraba mucho en el simbolismo de Rodin, que renovó el lenguaje escultórico.

En 1888, Blay consiguió una beca para ampliar sus estudios en el extranjero, y marchó tres años a París, que por aquél entonces era considerado el centro del mundo de las bellas artes. De día asistía a la Escuela de Bellas Artes mientras que de noche estudiaba en la Academia Julien, y también asistió a clases de Henry Chapu.1 Esta obra la hizo posteriormente, en Roma aunque la presentó en Madrid.


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Versión de mármol en el Museo Nacional de Arte de Cataluña de Barcelona

Tema. Un anciano y una niña están sentados en un banco con expresión de sufrimiento. La niña se apoya sobre el hombro del hombre, que intenta consolarla. La idea no es completamente original, el tema se inspira en la obra Edipo en Colonna (1882), de Dominique Jean Hugues, realizada en mármol blanco y en la que una mujer vestida apoya la cabeza en el hombro de un hombre barbudo, mayor, con pantalones y el torso descubierto, que mira hacia el frente. Pero la escultura de Hugues representa un tema mitológico y de la literatura clásica, y los personajes son Edipo y su hija Antígona, mientras que Blay los convierte en anónimos, aleja sus edades y los desviste.


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Detalle de las manos del anciano que remarcan la expresividad del frío

Descripción. El volumen de la escultura es redondo, y está finamente trabajada con todo detalle, con mucha traza. El punto de vista es frontal, la escultura estática y expresiva, con puntos de vista formales, el mármol está pulido.

La escultura muestra dos personas, un hombre mayor y una niña, seguramente abuelo y nieta, sentados en un banco de piedra. La niña parece buscar la protección del hombre. En la versión de mármol los personajes aparecen desnudos, hecho que dramatiza más la escena, y contrastan aún más la dureza del cuerpo del hombre con las líneas más suaves de la niña. En cambio, en la versión de bronce, las figuras están vestidas y transmiten más sensación de orgullo y el contraste es más claro en los dos rostros, exageradamente detallado el del anciano y dulcemente difuminado el de la niña.2

El hombre tiene barba y mirada de resignación. La espalda curvada, las rodillas juntas y las manos unidas transmiten el frío del tiempo. El gesto de la niña es tierno y lleno de amor, mirando el hombre. Él, en cambio mira el infinito, dónde se encuentra el espectador. Un detalle que muestra lo indefensa que se encuentra la niña y contribuye a expresar ternura el hecho de que los pies no le lleguen al suelo. Las piernas también están muy juntas para protegerse mejor del frío, pero además están en dirección al hombre, como si buscaran su calor.

Composición. La estructura de la escultura está formada por un rectángulo horizontal, que corresponde al banco, sobre el que reposa un triángulo rectángulo de base en el rectángulo. El cuerpo de la niña y las dos cabezas marcan la diagonal de este triángulo. Las piernas de la niña forman otra diagonal que, alargada, se uniría con el vértice superior del triángulo. El brazo y la pierna del hombre junto con la niña forman el lado vertical del triángulo.

Las líneas son rectas. Hay horizontales: la del banco, a la espalda de la niña y el pecho del hombre, la clavícula y los hombros del hombre, etc.; verticales: la pierna y el brazo derecho del hombre, el pie izquierdo del hombre con el hombro y la cabeza de la niña, etc.; y también diagonales, como las de las piernas de la niña y la pierna derecha del hombre, además de la principal por la que pasa el cuerpo de la niña. En general, las líneas verticales corresponden al hombre mientras que las diagonales forman parte del cuerpo más indefenso de la niña.


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Vista posterior de la escultura

Estilo. La versión de mármol, con las figuras desnudas y que, aunque por lo que pueda parecer, muestra más que no sólo los sentimientos de las figuras, sino el frío, es posterior a la versión de bronce. En su tiempo se consideró que rompía con el academicismo. La obra pertenece a la etapa romana, la época en la que vivió en Roma, de Blay.

La versión marmórea pertenece al idealismo, una corriente potenciada por Josep Llimona y el Centro Artístico de Sant Lluc, mientras que la de bronce es una síntesis entre el realismo, el idealismo y contiene elementos de Rodina (detallismo exagerado en la cabeza del hombre, el anecdotismo del banco, etc.), al que Blay conoció en su viaje a París. Comienzan a aparecer los principios que definirán el modernismo, como por ejemplo, el simbolismo2 (difuminación de los cuerpos y marcado estado de ánimo de los personajes). Algunos de talles del realismo son, por ejemplo, los huesos marcados de la niña, en especial, las costillas y la cadera, y todos los detalles (tendones en tensión, piel arrugada, cabello, et.) presentes en el del hombre. El idealismo se muestra en las difuminaciones y curvas suavizadas de la niña y también en el tema, así, el sufrimiento causado por el frío queda idealizado en una tierna escena.

En esta obra se contrasta el realismo del hombre con el idealismo de la niña, dos tendencias entre las cuales se debate la obra de Blay y la de Llimona.2 La técnica muy depurada y la expresividad de los personajes son características de esta obra son también características de su autor. Se trata de una de las primeras obras simbolistas de toda España.

Simbolismo. El "frío" no es únicamente una baja temperatura en esta escultura sino que también puede representar los malos tiempos que se avecinan, política y socialmente, y se puede referir al paso del tiempo, a los fríos de la muerte del hombre mayor, respecto a la juventud de la niñas. Las edades del hombre, la juventud y la vejez, son presentes en forma de las dos figuras. El estado de indefensión que muestran puede hacer referencia a un contenido social, de reivindicación de las clases populares, que estaba de moda en aquél año, con varias obras de estos temas como Vaga de obreros de Vizcaya, de Vicente Cutanda, Otra Margarita, de Joaquín Sorolla; Sala de hospital, de Lluís Jiménez; etc.

Margheritina. En 1894, Blay presentó en la Exposición de Bellas Artes de Barcelona la escultra Los primeros fríos, pero también, por separado, un estudio en mármol de una niña, con el mismo modelo de niña que la de Los primeros fríos. Este estudio se llamó Margheritina.

Dependencias e influencias posteriores

Obras y autores que influyeron a Blay para esta obra. Esta obra muestra influencia del estilo moderno de algunos autores franceses que Blay conoció y que quiso traer a Cataluña. En esta época aún tenía una fuerte influencia de su maestro Hugues, y en esta escultura concreta se inspiró en el tema de una obra suya, Edipo en Colonna'. Pero al expresividad y la modernidad de la escultura de Blay, diez años posterior, es evidentemente mayor.

La cara del hombre está inspirada en una escultura de Victor Hugo que hizo Rodin. Rodin está aún en su etapa primeriza, y es esta época la que influye a Blay en esta escultura..

Además de Rodin y Hugues, otros escultores que influyeron en Blay fueron Henri Chapu (influencia en esta obra, por ejemplo, en la armonía, el realismo y la solidez), Camille Claudel (simbolismo, pero sobre todo en épocas más posteriores), Constantin Meunier (naturalismo y figuras de hombres de bronce, las mujeres de mármol), etc.

Influencias. Se trata de una obra primeriza de Blay, que por aquél entonces no formaba parte de ninguna escuela. Pero el acabado suave y difuminado de la niña ya denotan características modernistas que repitió posteriormente, por ejemplo para el grupo escultórico del Palacio de la Música Catalana de Barcelona, que hizo en 1907.

Semejanzas y diferencias con sus contemporáneos. Con esta obra, Blay ejerce el papel de innovador, y rompe con el estilo academicista al que pertenecían la mayoría de los artistas de la época. La escultura es aún realista, como las demás, pero el tema que propone es nuevo, propone personas anónimas y una escena cotidiana, que muestra un sufrimiento humano idealizado. Es una de las primeras esculturas simbólicas de Cataluña y comienza a introducir aquello que después será el modernismo.



Monumento a Alfonso XII de España


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El Monumento al rey Alfonso XII de España es un conjunto escultórico situado en los Jardines del Retiro, de Madrid.

En 1902 se convocó un concurso nacional para construir un monumento al rey Alfonso XII, a iniciativa de la reina madre doña María Cristina. El ganador fue el arquitecto José Grases Riera con un grandioso proyecto en uno de los lados mayores del Estanque del Retiro compuesto por una gran columnata con un gran número de esculturas que rodearía a la estatua ecuestre del rey, a un lado del estanque. Todo ello en bronce y mármol. Al fallecer, fue sustituido en la dirección por Teodoro Anasagasti que no introdujo modificaciones. El monumento, financiado por suscripción popular, fue inaugurado el 6 de junio de 1922.


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Todo el conjunto mide 30 metros de alto, 86 metros de largo y 58 metros de ancho, y participaron en su elaboración más de veinte escultores. Fue la primera estatua conmemorativa de las que durante el pasado siglo fueron poblando los jardines: obras como las de Benlliure, Clará y Mateo Inurria entre otros.


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En primer término vemos la estatua ecuestre del rey, fundida en bronce, realizada por Mariano Benlliure en 1904. En el basamento central, «La Paz» de Blay, «La Libertad» de Marinas y «El Progreso» de Trilles. En el zócalo tres relieves de bronce.


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Del monumento central avanzan unas escalinatas hacia el estanque con cuatro leones de piedra que labraron Vallmitjana y Estany. Debajo de sus pedestales, en bronce, cuatro sirenas obra de Parera, Atche, Coll y Alsina. También hay dos leones con amorcillos en cada uno de los accesos laterales al hemiciclo, obras de Francisco Javier Escudero Lozano, Bofill, Arnau y Campmany. A ambos lados del acceso central en la columnata, «El Ejército» de Montserrat y «La Marina» de Mateo Inurrria. En la cara interna, frente al estanque aparecen representadas, en bronce, «Las Ciencias» de Fuxá, «La Agricultura» de Alcoverro, «Las Artes» de Bilbao y «La Industria» de Clará. La ornamentación de frisos y basamento central fue realizada por Estany.


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Grupo escultórico La Paz, de Miquel Blay (1910) Monumento a Alfonso XII, Jardines del Retiro, Madrid. El grupo escultórico alegórico de "La Paz" está enclavado en el Monumento a Alfonso XII, es de bronce, esculpido por el artista catalán Miquel Blay Fábregas (1866–1936). Colocado en 1910 en el frente del cuerpo principal del Monumento a Alfonso XII de España de los Jardines del Buen Retiro de Madrid, erigido entre 1902 y 1922. La Paz está representada por la figura central femenina, bajo cuya mirada y brazo protector un soldado real y otro carlista se abrazan (derecha), mientras una joven madre y su hijo contemplan la escena (izquierda).


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Detalle del Monumento a Alfonso XII de los Jardines del Buen Retiro de Madrid, Erigido entre 1902 y 1922. A la izquierda, La Libertad, Grupo escultórico de piedra caliza de Aniceto Marinas (1866-1953). A la derecha, Paz, Grupo escultórico de bronce de Miquel Blay (1866-1936).


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Monumento a Alfonso XII de España, en el Parque del Buen Retiro, en Madrid.


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Este monumento al rey Alfonso XII de España (1857–1885) se encuentra en el Parque del Retiro de Madrid (España). Fue proyectado en 1901 por el arquitecto José Grases Riera (1850–1919), erigido en piedra y bronce de 1902 a 1922, e inaugurado el 3 de julio de 1922. Las esculturas fueron realizadas por 22 artistas. La estatua ecuestre de bronce del rey (en la cumbre) es obra del escultor Mariano Benlliure (1862–1947). Dimensiones del monumento: altura, 30 metros; largo, 86 m; ancho, 58 m. Dimensiones de la estatua del rey: altura, 6,5 metros; largo, 6,5 m; ancho, 3,5 m.



Monumento a Cuba en el Parque del Retiro


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Monumento a Cuba en el Parque del Retiro. Madrid. Monumento concebido por Mariano Benlliure, pero con el concurso de otros escultores, como Francisco Asorey, Miquel Blay Fábregas y Juan Cristóbal González Quesada.


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El monumento fue promovido por el General Primo de Rivera, y quedo paralizada su construcción  al proclamarse la II Republica Española el 14 de Abril de 1931. Originalmente fue sufragado  por suscripción pública entre todas las provincias españolas. Se finalizo e inauguro el 27 de octubre de 1952. La construcción se comenzó a realizar, para corresponder a la creación en la Habana de un monumento a España, por iniciativa del General Machado presidente de Cuba.


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Se encuentra ubicado dentro del Parque del retiro en la Plaza de El Salvador y tiene unas dimensiones de 8,50 x 12,00 x 12,00 metros y esta realizado en mármol, granito y bronce.

La realización de las esculturas fue de la siguiente manera:

    - Figura de Cristóbal Colón Francisco Asorey realizó
    - Figura de la reina Isabel la Católica Juan Cristóbal,
    - La alegoría de Cuba Miguel Blay
    - El diseño de la fuente y elementos decorativos Mariano Benlliure

En los laterales de la base se encuentran las proas de unas carabelas, acompañadas por delfines, así como una representación de la fauna americana, iguanas y tortugas, que están realizadas en broce.

Como anécdota comentar que un busto del General Machado, realizado por Benlliure no se situó jamás en su lugar de emplazamiento y su sustitución se coloco un escudo realizado en piedra caliza.


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Mujer por Miguel Blay. Monumento a Cuba. Parque del Retiro. Madrid.


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La Mujer y el Niño por Miguel Blay. Monumento a Cuba. El Retiro. Madrid.


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Isabel la Católica. Monumento a Cuba. Parque del Retiro. Madrid. Escultor: Juan Cristóbal González Quesada.


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Isabel la Católica por Juan Cristóbal González Quesada y Cristóbal Colón por Francisco Asorey. Monumento a Cuba. Parque del Retiro. Madrid


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Monumento a Cuba. Cristobal Colón. Figura realiza por Francisco Asorey.

Descripción: Detalle de Cristobal Colón del Monumento a Cuba, ubicado en la Plaza de El Salvador, en el Parque de El Retiro de Madrid. Sus autores son Francisco Asorey, Mariano Benlliure, Miguel Blay y Juan Cristóbal, y la obra data de 1930-31. Está hecha en mármol, granito y bronce, y sus medidas son 8,50 x 12,00 x 12,00 m. Se inauguró el 27 de octubre de 1952.

El monumento fue promovido por el General Primo de Rivera, y hubiese sido inaugurado en 1931 de no haber ocurrido su cese de gobierno. Fue costeado por suscripción pública entre todas las provincias españolas. La realización de las esculturas fue de la siguiente manera: Francisco Asorey realizó la figura de Cristóbal Colón; Juan Cristóbal, la figura de la reina Isabel, la Católica; Miguel Blay realizó la alegoría de Cuba y Mariano Benlliure el diseño de la fuente y elementos decorativos.


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Monumento a Cuba, 1930-31, Plaza de El Salvador, Parque de El Retiro, Madrid. La escultra de Isabel 'la Católica' es obra de  Juan Cristóbal González Quesada.



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Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al escultor catalán Miquel Blay Fábregas. Un artista excepcional.


Fuentes y agradecimientos a: es.wikipedia.org, esculturaurbana.com, museodelprado.es, panoramio.com, flickr.com, rutasconhistoria.es, nosabiasque.net,  geocaching.com, fotomadrid.com, pensaipinta.blogspot, esculturaurbana.com, pinterest.com, culturaenguada.es, elartecristiano.com, obrasmnba.blogspot.com.es y otras de Internet.
 




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Miguel Blay en el Museo del Prado


Miguel Blay y Fàbregas (Olot, Gerona, 1866-Madrid, 1936). Escultor español. Trabaja y se forma en Olot, en los talleres de Arte Cristiano de José Berga y Boix y del pintor Joaquín Vayreda, labrando imágenes religiosas. En 1888 viaja a Roma y, un año después, va a París becado por la Diputación Provincial de Gerona. En esta ciudad frecuenta la Academia Julian, la Escuela de Bellas Artes y el taller de Henri Michel Antoine Chapu. Después de tres años en París, permanece en Roma año y medio y vuelve a Olot en 1894. De nuevo en París, gana la medalla de honor en la Exposición Universal de 1900 y es nombrado caballero de la Legión de Honor francesa al año siguiente. En 1906 vuelve a España y se establece en Madrid. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1909 y, desde el año siguiente, profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid. Ostenta el cargo de director de la Academia de Bellas Artes de Roma de 1925 a 1930. Consigue primera medalla en la Exposición Nacional de 1892 por Los primeros fríos, galardón que repite en 1897 por Al ideal. En 1908, logra medalla de honor por Eclosión, conservada, como la anterior, en el Museo del Prado. En estas obras muestra cierta idealización propia de los escultores catalanes en torno al modernismo y la combinación de la línea clásica con una técnica de tipo impresionista. Realiza obras importantes en Barcelona, como La Cançó Popular para el Palau de la Música Catalana, en donde mezcla romanticismo y modernismo, recreándose en detalles suaves y delicados. En Madrid esculpe los monumentos al Doctor Rubio en el parque del Oeste; a Don Ramón Mesonero Romanos en los jardines del Pintor Ribera, en 1914; al Doctor Cortezo en el parque del Retiro, en 1921, y el grupo de La Paz en el monumento a Alfonso XII. Su estilo se sitúa entre la veneración de los valores creativos de la escultura clásica y una voluntad firme de superar el realismo descriptivo. Su escultura posee perfección técnica, verismo elegante, línea estilizada y captación psicológica. Es además un magní­fico y exigente dibujante, lo que se muestra en los once dibujos que se conservan en el Museo del Prado.


Obras en el Prado

    - Eclosión, mármol, 164 x 140 cm, 1905 [E788].
    - Niña desnuda (estudio para Los primeros fríos), mármol, 109 x 66 x 45 cm, firmado, h. 1892 [E793].
    - Miguelito, mármol, 48 x 135 cm, firmado, 1919 (en dep. el Museu d'Art Modern, Barcelona, adscrito al MNCARS) [E940].
    - Al ideal, yeso, 140 x 60 cm (en dep. en el Museu d'Art Modern, Barcelona, adscrito al MNCARS) [E941].
    - Academia, desnudo de hombre, lápiz, 250 x 295 mm [D4396].
    - Cabeza de muchacho, lápiz, 430 x 320 mm, firmado, 1893 [D4397].
    - Apunte de hombre dormido, lápiz sobre papel, 480 x 310 mm, firmado, 1894 [D4398].
    - Boceto para el monumento de Núñez de Balboa, lápiz sobre papel, 470 x 315 mm, firmado, posterior a 1914 [D4399].
    - Apunte de joven sentado, lápiz sobre papel, 480 x 315 mm, firmado, 1894 [D4400].
    - Estudio de cabeza, carbón y lápiz, 560 x 465 mm, firmado, 1909 [D4934].
    - Muchacha sentada, carbón y lápiz sobre papel, 550 x 465 mm, firmado, 1894 [D4935].
    - Desnudo de mujer sentada, carbón y lápiz, 620 x 480 mm, firmado, 1893 [D4936].
    - Desnudo de mujer sentada, carbón y lápiz, 630 x 480 mm, 1893 [D4937].
    - Muchacho, carbón, 620 x 465 mm, firmado, 1903 [D4938].
    - Academia, desnudo masculino, carbón y lápiz, 620 x 470 mm, firmado, 1891 [D4939].


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Eclosión, 1905, mármol, 164 x 140 cm. Museo del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas


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Niña desnuda (estudio para Los primeros fríos), h. 1892, mármol, 109 x 66 x 45 cm. Obra de Miquel Blay Fábregas


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Exposición Nacional de Bellas Artes de 1915 (Imagen 1 de 2.) Cronología: 1915. Técnica: Acuñación. Materia: Plata. Diámetro: 50,5 mm - 52,2 gr. Museo del Prado. Autores: Mariano  Benlliure y Gil y Miguel Blay y Fábregas

Las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes comenzaron a celebrarse en 1856 y fueron un acontecimiento de primer orden en la vida artística y cultural española hasta su extinción en 1968. Ya el Real Decreto que las creaba estipulaba que los premios consistirían en medallas y establecía incluso su valor, pero, por cuestiones económicas y administrativas, hubo que esperar algunos años para que, gracias entre otras cosas a la intervención entusiasta y tenaz de Eduardo Fernández Pescador, los premios pudieran revestir finalmente la forma de una medalla.La de la exposición de 1915 introduce, respecto a sus predecesores, novedades significativas, probablemente encaminadas a destacar el carácter artístico, y al menos el oficial, de la ocasión  de forma acorde con las corrientes del momento. En el reverso habitual, de corona de laurel que encierra un campo en blanco, se sustituye en esta ocasión por un reverso figurado. El carácter plástico de las dos caras ofrece evidentemente más posibilidades icónicas y permite recurrir a la conjunción de tres artistas que figuran entre los medallistas más destacados del momento: los escultores Mariano Benlliure y Miguel Bray, para el anverso y el reverso respectivamente, y el grabador Bartolomé Maura, que se encargaría de grabar los troqueles y cuya presencia indicaría que la medalla se acuñó en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, para la cual la cooperación explícita de su grabador con los dos escultores sería también una novedad. La medalla puede considerarse por ello testimonio de los cambios que estaba experimentando el arte medallístico.Benlliure es autor del anverso, que ofrece asimismo la novedad, respecto las anteriores medallas de la Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, de presentar los retratos de ambos monarcas, Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia. La superposición se resuelve mediante una notable diferencia de relieve entre las figuras de ambos, que destaca por una parte la institucionalidad pero no menoscaba el protagonismo conjunto en un resultado final de gran delicadeza. Todo ello se inscribe también, probablemente, en ese sentido de ruptura con la oficialidad ya rígida de la tradición académica en un momento de alza de los movimientos artísticos de la modernidad. La medalla motivó el agradecimiento oficial explícito del rey a Benlliure y a Bray (Texto extractado de Gimeno Pascual, J. en: Mariano Benlliure. El dominio de la materia, 2013, p. 330).


museodelprado.es
 




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Palau de la Música Catalana



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Detalle de la fachada antigua, decorada con el grupo escultórico La canción popular catalana, del artista catalán Miguel Blay.

El Palacio de la Música Catalana (Palau de la Música Catalana en catalán) es un auditorio de música situado en la calle Sant Pere més Alt en el barrio de la Ribera de Barcelona, España. Fue proyectado por el arquitecto barcelonés Lluís Domènech i Montaner, uno de los máximos representantes del modernismo catalán. La construcción se llevó a cabo entre los años 1905 y 1908, con soluciones en la estructura muy avanzadas con la aplicación de grandes muros de cristal y la integración de todas las artes, escultura, mosaicos, vitrales y forja.2 El edificio, sede central del "Orfeón Catalán", fundado en 1891 por Lluís Millet y Amadeo Vives, fue sufragado por industriales y financieros catalanes, ilustrados y amantes de la música, estamento que sesenta años antes ya había financiado el teatro de ópera y ballet Gran Teatro del Liceo.

En 1997 la Unesco incluyó el edificio en su relación del Patrimonio de la Humanidad.


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Interior del Palacio de la Música Catalana en Barcelona

La historia del Palau de la Música Catalana comienza con un encargo de un proyecto del Orfeón Catalán al arquitecto Luis Domenech para construir un edificio destinado para ubicar su sede social. Este proyecto y su presupuesto correspondiente es aprobado por la asamblea el 31 de mayo de 1904. Antes de terminar el año se realiza la compra del claustro del convento de San Francisco, con una superficie de 1350,75 metros cuadrados y en un precio final de 240.322,60 pesetas, con la intención de destinar este espacio para la construcción del edificio. En el año siguiente, concretamente el 23 de abril de 1905, se realiza el acto de colocación de la primera piedra de las obras, y para su financiación se emiten 6.000 obligaciones de cien pesetas.

Tres años más tarde, el 9 de febrero de 1908, se celebra su inauguración. El auditorio fue destinado a conciertos de música orquestal e instrumental, así como a interpretaciones corales y a recitales de cantantes. Pero en el Palacio han tenido también cabida actos culturales, políticos, obras teatrales y por supuesto las más variadas actuaciones musicales. En la actualidad sigue cumpliendo todas estas funciones, tanto en el ámbito de la música culta como en el de la música popular.


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La sala presenta una excelente acústica. Muchos de los mejores intérpretes y batutas del mundo del último siglo (desde Richard Strauss hasta Daniel Barenboim, pasando por Ígor Stravinski y Arthur Rubinstein, Pau Casals y Frederic Mompou) han desfilado por este auditorio, auténtico santuario de la música de Cataluña y al tiempo sala de conciertos de referencia en el panorama artístico internacional.

En el año 1960 tuvieron lugar los denominados Sucesos del Palau de la Música (Els fets del Palau en catalán) coincidiendo con una visita de Francisco Franco a Cataluña. Se había conseguido la autorización para interpretar el Cant de la Senyera en el Palacio, con motivo de la celebración del centenario del poeta Joan Maragall, autor del poema de la letra. La prohibición gubernativa en el último momento por parte de las autoridades, hizo que el público asistente se pusiese en pie para cantar dicho himno y se lanzaran octavillas contra el jefe del Estado Español. Por este hecho hubo detenciones, entre ellas la del futuro presidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol, que fue sometido a un consejo de guerra. Hasta el año 1967 no pudo volver a ser interpretado legalmente el Cant de la Senyera.


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Escultura de Lluís Millet fundador del Orfeón Catalán realizada por el escultor Josep Salvadó Jassans.

El Palacio de la Música Catalana fue declarado Monumento Nacional en 1971. Con tal motivo se realizaron amplias obras de restauración bajo la dirección de los arquitectos Joan Bassegoda y Jordi Vilardaga.

Pero es a partir de la década de los ochenta del siglo XX cuando se decide por parte del Orfeón Catalán efectuar una gran reforma del edificio y también jurídica, así se constituyó en 1983 el Consorcio del Palacio de la Música Catalana, manteniendo la propiedad el Orfeón pero interviniendo el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalidad de Cataluña y el Ministerio de Cultura. En cuanto a las obras del edificio se encarga el proyecto a Óscar Tusquets. Estas obras duraron siete años, llevándose a cabo todo el proyecto de Tusquets que fue reconocido con el Premio FAD 1989 de Arquitectura, Reformas y Rehabilitaciones. Lluís Domènech Girbau, arquitecto y nieto del primer arquitecto del Palacio, Domènech Montaner, escribió sobre estas obras elogiándolas:

    La rehabilitación de la sala y los accesos, la edificación de un nuevo edificio anexo para los servicios (...) han dado como resultado una obra coherente y creativa, perfectamente al día en cuanto a seguridad y especificaciones de confort y acústica, dentro del espíritu innovador radical y amante del detalle que Domènech i Montaner habría deseado.

En 1990 se formó la Fundación Orfeó Català-Palau de la Música Catalana para los actos del centenario del Orfeón y además para conseguir recursos privados con actividades organizadas en el Palacio.


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Antigua taquilla original de Domènech i Montaner realizada en el interior de una columna con el típico trencadís.

Arquitectura. La arquitectura de Domènech es de gran calidad y originalidad, resaltando la estructura de hierro que permite la planta libre cerrada por vidrio y por otro lado la integración en la arquitectura de las artes aplicadas. Dos decisiones demuestran la tipología y la innovación tecnológica del proyecto: la primera la solución del patio en la medianera del solar con la iglesia para que la sala de conciertos quedara con la misma simetría de distribución y entrada de luz. La segunda fue la resolución de ubicar el auditorio en el primer piso con el acceso desde la planta baja por los diferentes tramos de la escalera con un tratamiento tan efectivo que compensa la ascensión: con esto se consiguió la utilización de la planta baja para oficinas del Orfeón.


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Entrada primitiva del Palau de la Música Catalana en Barcelona.

En el exterior se mezclan elementos escultóricos, que hacen alusión al mundo de la música, con elementos arquitectónicos y decorativos de carácter modernista y barroquizante. En el interior el arquitecto combinó magistralmente los diversos materiales de construcción con cerámica (el "trencadís" tan típico del modernismo catalán) y vidrio. La sala y el escenario forman un conjunto armónico, en el que uno se integra en el otro. El escenario está dominado en su parte trasera superior por los tubos del órgano, que se convierten a su vez en un elemento decorativo e icono del propio Palacio. La embocadura del escenario está enmarcada por ilustraciones escultóricas espectaculares, sendas alegorías de la música culta y de la música popular: a la derecha, un busto de Ludwig van Beethoven sobre columnas dóricas que sostienen unos cúmulos de los que emerge la cabalgata de las walquirias (clara referencia a la adoración por Richard Wagner que siempre ha sentido el público catalán); a la izquierda, unos chicos al pie de un sauce en cuyas ramas aparece el busto de Josep Anselm Clavé, alusión al texto de la canción "Les flors de maig" de este autor.

Entre 1982 y 1989 se realizó una gran restauración y ampliación bajo la dirección de los arquitectos Óscar Tusquets y Carles Díaz, iniciándose la segunda parte en el año 2000 dotando al Palacio con un edificio adosado de seis pisos de altura donde se ubican los camerinos, el archivo, la biblioteca y una sala de reuniones. Abriéndose a una plaza gracias al derribo de la iglesia de San Francisco de Paula, que había sufrido un incendio durante la guerra civil española y se había hecho una reconstrucción sin valor arquitectónico. En la segunda fase se realizaron reformas interiores y una nueva ampliación con una sala de audición y ensayo así como un restaurante.


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Fachada principal del Palacio de la Música (detalle de columnas)

Fachada principal primitiva. Se encuentra situada en la calle Sant Pere més Alt, único acceso hasta el año 1989, hace esquina con la calle de Amadeu Vives, que se resuelve con la inclusión del grupo escultórico La cançó popular catalana (La canción popular catalana), a manera de proa, del artista Miguel Blay, en la que están representados un san Jorge, debajo una figura femenina en el centro como un gran mascarón de proa, rodeada de un grupo de personajes que representan el marinero, los campesinos, el anciano, los niños, la clase alta de la sociedad, símbolo de que el Palacio de la Música Catalana era para todo el pueblo. Según consta en una inscripción al pie de la escultura, fue pagada por el marqués de Castellbell (Joaquim de Càrcer i de Amat), y que tuvo lugar su inauguración el día 8 de septiembre de 1909.

La complejidad de la fachada angular a dos calles estrechas hace difícil la visión completa del conjunto.


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Palacio de la Música (detalle de las columnas y mosaicos de la fachada primitiva)

Otros elementos de esta fachada son los arcos con grandes columnas de ladrillo rojo y cerámica. En el primer piso hay un balcón que recorre la fachada con catorce columnas en grupos de dos, cubiertas con mosaico todas con dibujo diferente, en el segundo piso los bustos de los músicos sobre columnas, realizados por Eusebio Arnau, de izquierda a derecha son Palestrina, Bach y Beethoven, pasado el grupo escultórico de la esquina se encuentra el busto de Wagner ya en la calle Amadeu Vives. En dos de estas columnas a nivel de la calle se encontraban dentro de ellas las taquillas originales. En la parte superior de esta fachada un gran frontón en mosaico de Lluís Bru simboliza la senyera (bandera) del Orfeón de Antoni Maria Gallissà y en el centro una reina presidiendo una fiesta con una rueca, en alusión a La Balanguera, poema de Joan Alcover i Maspons con música del compositor Amadeu Vives, una pieza de las que más interpretaba el Orfeón y que a partir de 1996 es el himno oficial de Mallorca.


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Fachada principal actual. En esta fachada se encuentra la entrada habitual a partir del año 1989, a través de una nueva explanada a la que se accede desde una calle que desde el año 2006 se denomina con el nombre de Palacio de la Música.

La fachada realizada por Domènech i Montaner, sorprende por su construcción que se realizó como si fuera a la vista, a pesar que estaba completamente ciega por la posición en todo su frontal de la iglesia de san Francisco de Paula. Para conseguir la entrada de luz a través de los ventanales de esta fachada, el arquitecto construyó un patio de unos tres metros de anchura que hacía de límite con la iglesia y a pesar de que no era vista, la realizó con gran riqueza de materiales y diseño, la obra de ladrillo rojo visto, barandillas de hierro forjado, cornisas y capiteles esculpidos y con unos vitrales de colores iguales que en el resto de la edificación. Según unos datos aportados por Pere Artís, el presupuesto inicial de las obras del Palacio era de 450.000 pesetas que se llegaron a duplicar, habiendo alguna fricción entre el cliente y el arquitecto debido a la tozudez del mismo por acabar esta fachada igual que la que estaba a la vista y por lo tanto el encarecimiento de la obra.


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Fachada principal cubierta con la pantalla de vidrio de Óscar Tusquets.

En la parte izquierda de la fachada se encuentra el edificio de servicios, realizado por los arquitectos Óscar Tusquets, Lluís Clotet y Carles Díaz en la última veintena del siglo XX, con una torre con la base esculpida como si de una gran palmera se tratara, es también, por donde hay la entrada de los artistas. En la parte derecha se encuentra sobre unas escaleras la escultura dedicada a Lluís Millet, del escultor Jassans realizada en 1991 y la entrada al restaurante del Palacio, llamado Mirador y realizado como una caja de cristal. En este extremo de la fachada el ángulo con la calle de Sant Pere més Alt, también se resuelve a manera de proa como en la fachada antigua, representando en ladrillo rojo y en bajo relieve, un gigantesco árbol realizado por el escultor barcelonés Naxo Farreras.

Toda la fachada central recuperada ha sido cubierta por otra nueva haciendo pantalla de vidrio con el nombre del edificio Palau de la Música Catalana grabado en los cristales.


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Fachada en ángulo dónde se aprecia la representación en ladrillo rojo de un gigantesco árbol.


Interior


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Vestíbulo de la antigua entrada del Palacio de la Música.

Vestíbulo. Por la antigua entrada de la calle Sant Pere més Alt, lo primero que se ve es una gran escalera doble hacia el primer piso con iluminación de grandes farolas, la barandilla está ricamente labrada en piedra y con los balaustres de vidrio, los arrimaderos son de cerámica vidriada y con relieves de flores igual que la ornamentación de los techos. Ya en esta entrada se puede recordar al escritor Robert Hughes, refiriéndose al Palacio:

    Nunca más se construirá en Barcelona nada que se pueda parecer desde el punto de vista de atrevimiento conceptual, brillantez formal, simbolismo y efecto decorativo.


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Ventanal de la sala Lluís Millet.

Sala Lluís Millet. Situada en el primer piso, enfrente de la sala de conciertos, es lo que se llama una sala de espera o descanso con una imponente lámpara modernista, las puertas son de vidrio y desde esta sala se pasa a la terraza donde nos encontramos las columnas decoradas con mosaicos que dan a la calle sant Pere més Alt, todas las columnas son diferentes en color y decoración, esta sala también está destinada para celebrar actos sociales o ruedas de prensa.


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Claraboya del techo de la platea.

Sala de conciertos. Al entrar en la sala desde el primer piso, hace el efecto de una entrada oscura encontrándose, enseguida, con un gran efecto teatral, con la explosión de luz y color que tiene la gran sala, los vitrales en ambos lados corren desde el suelo al techo con el primero y segundo piso de butacas como si fueran unas bandejas, columnas decoradas con mosaicos de colores como el techo con rosas rojas y blancas de cerámica vidriada, en la intersección de los arcos superiores se aprecian unos mosaicos en semicírculo representando colas de pavos reales con todo su esplendor y colorido, y en el centro del techo sirviendo para luz natural y eléctrica, la gran claraboya o lámpara realizada por Antoni Rigalt i Blanch, como un gran sol con forma de esfera invertida, de cristales dorados en el centro y rodeado de otros con tonos más suaves azules y blancos representando bustos femeninos.

El aforo de la sala de conciertos es de 2049 personas distribuidas en:

    Platea, 688
    anfiteatro, 321
    Segundo piso, 910
    Galerías del órgano, 82
    Reservadas, 48


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Escenario de la Sala de conciertos.

Escenario. En la boca del escenario, de once metros de anchura, se encuentra el grupo escultórico de Diego Massana y continuado por el joven Pablo Gargallo, que representa en la parte derecha el busto de Beethoven debajo de la cabalgata de las Valquirias con una clara simbología de la música clásica centroeuropea de Wagner (en su honor en el año 1901 se fundó la Asociación Wagneriana de Barcelona)13 y la representación de la música popular catalana en el lado izquierdo, con el busto de Josep Anselm Clavé debajo de un gran árbol a los pies del cual se encuentra un grupo de cantores. La magnitud de esta obra escultórica hace que en su parte superior se acerquen casi hasta tocarse.

En la parte del semicírculo posterior del escenario, se encuentran dieciocho musas modernistas en mosaico y en relieve a partir de la cintura que parece que están danzando saliendo de los muros, realizadas la parte escultórica superior por Eusebio Arnau y el trencadís de las faldas por Mario Maragliano y Lluís Bru, todas son portadoras de diferentes instrumentos musicales, sobre ellas se encuentra instalado el órgano.


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Interior del Palau de la Música Catalana


Órgano. La adquisición del órgano se hizo a la casa alemana Walcker, de Ludwigsburg y se realizó en el año 1908. El primer concierto con él realizado, por Alfred Sittard organista de la catedral de Dresde, supuso escuchar por primera vez un concierto de órgano en Barcelona en un recinto distinto a una iglesia. En 2003 fue restaurado por Gerhard Grenzing14 gracias a las aportaciones realizadas por empresas privadas y muchos particulares que tenían la posibilidad de apadrinar un tubo.


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El Petit Palau diseñado por Óscar Tusquets visto desde su escenario.

Petit Palau. Proyectado por el arquitecto Óscar Tusquets en el nuevo edificio a continuación de la entrada por la calle Sant Pere més Alt, se encuentra a once metros de profundidad y fue inaugurado en el año 2004. Tiene un aforo teatral para 538 personas y una perfecta acústica, excelente para música de cámara, además se realizan en su espacio todo tipo de actos sociales y culturales, para los que se está dotado de grandes avances tecnológicos.

En el año 2007 ha sido uno de los cinco proyectos galardonados con el premio Uli Awards For Excellence europeos en reconocimiento al diseño y valor arquitectónico.


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Escenario de la Sala de conciertos.


Biblioteca. Se inició la colección por el Orfeón el año 1891, consta de diversos legados con manuscritos del siglo VI, y una gran cantidad de volúmenes la mayoría de ellos de temas musicales; hay partituras y el repertorio completo de las piezas cantadas por el coro desde su fundación.


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La cançó popular, grup escultòric de Miquel Blay (1909) en el Palau de la Música Catalana, situat en la cantonada dels carrers Sant Pere Més Alt i Amadeu Vives


Historia artística

Muchos de los mejores solistas y cantantes del siglo XX han actuado en el Palacio de la Música Catalana, entre llos: Pau Casals, Jacques Thibaud, Alfred Cortot, Eugène Ysaÿe, Albert Schweitzer, Enrique Granados, Blanche Selva, Wilhelm Backhaus, Emil Sauer, Wanda Landowska, Clara Haskil, Fritz Kreisler, Arthur Rubinstein, Claudio Arrau, Yehudi Menuhin, Mstislav Rostropóvich, Alicia de Larrocha, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Josep Carreras, Maria Uriz, Elisabeth Schwarzkopf, Barbara Hendricks, Alfred Brendel, Wilhelm Kempff, Sviatoslav Richter, Vladimir Ashkenazy, Maurizio Pollini, Maria João Pires, Jean-Pierre Rampal, Jessye Norman, Daniel Barenboim, etc.

Grandes orquestas y directores han visitado el auditorio desde su primer año en funcionamiento: la Orquesta Filarmónica de Berlín con Richard Strauss, Herbert von Karajan, Claudio Abbado y Mariss Jansons; Orquesta Filarmónica de Viena, con Carl Schuricht, Karl Böhm, Zubin Mehta y Leonard Bernstein; Orquesta Real del Concertgebouw con Eugen Jochum, Antal Doráti y Mariss Jansons; Orquesta Filarmónica de Israel y Zubin Mehta; Staatskapelle Berlin y Orquesta Sinfónica de Chicago con Daniel Barenboim, New York Philharmonic con Kurt Masur, Orquesta Filarmónica de Múnich con Sergiu Celibidache, Cleveland Orchestra con Lorin Maazel, Philharmonia Orchestra con Carlo Maria Giulini, Concentus Musicus Wien con Nikolaus Harnoncourt; Václav Neumann, Jordi Savall, Philippe Herreweghe, y coros como: Cappella Musicale Pontificia Sistina, Orfeón Donostiarra, Escolanía de Montserrat, Niños Cantores de Viena, etc.

De 1920 a 1936 el Palacio fue la sede de la Orquesta Pau Casals donde fue dirigida por Pau Casals, Richard Strauss, Vincent d'Indy, Igor Stravinsky, Arnold Schönberg, Anton Webern, Arthur Honegger, Manuel de Falla, Eugène Ysaÿe, etc. Durante los años de 1947 a 1999, la orquesta residente del Palacio fue la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña.

Compositores y músicos importantes han interpretado o dirigido sus propias obras: Enrique Granados, Richard Strauss, Maurice Ravel, Sergéi Prokófiev, Igor Stravinsky, Manuel de Falla, Arnold Schönberg, Sergei Rachmaninov, Anton Webern, Roberto Gerhard, George Enescu, Darius Milhaud, Francis Poulenc, Arthur Honegger, Federico Mompou, Krzysztof Penderecki, Witold Lutoslawski, Pierre Boulez, etc.

Otros artistas, actores, bailarines, músicos de jazz, cantantes y grupos de música popular, rock, y otros estilos también han actuado en el Palacio: Raphael, Vittorio Gassman, Maurice Béjart, Ángel Corella, Charles Aznavour, Duke Ellington, Tete Montoliu, Oscar Peterson, Woody Allen, Keith Jarret, Ella Fitzgerald, Michel Camilo, Tamara Rojo, Paco de Lucía, María Dolores Pradera, Bebo Valdés, Luis Eduardo Aute, Georges Moustaki, Miguel Poveda, Marina Rossell, Ana Belén, David Bisbal, Jorge Drexler, David Bustamante, Cassandra Wilson, Lila Downs, Vicente Amigo, Norah Jones, Sinéad O'Connor, Ute Lemper, Ornella Vanoni, entre muchos otros.

El Palacio se convirtió en el escenario emblemático para los cantautores de la Nova Cançó: cantar en el Palacio fue una manera de consagración para un cantante. Raimon, Joan Manuel Serrat, Maria del Mar Bonet, Lluís Llach, Ovidi Montllor o Francesc Pi de la Serra han hecho recitales en él.

Durante años también se representaron con una cierta frecuencia obras de teatro, sobre todo teatro experimental o de autores que no podían representarse en otros locales: compañías como el Teatre Experimental Català, la Compañía Adrià Gual o la Agrupación Drramática de Barcelona (1955-19963) hicieron del Palau la sede de sus estrenos, entre los que cabe destacar espectáculos como el estreno de la Primera història d'Esther de Salvador Espriu, la de El Ben Cofat i l'altre de Josep Carner, la del Pigmalión de Joan Oliver, las obras de Joan Brossa, entre otras.


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Columnas del segundo piso decoradas con mosaicos de Lluís Bru.


Algunos estrenos absolutos

    - 1911 - Enrique Granados. Goyescas Suite para piano, primera parte; Isaac Albéniz. Azulejos, para piano (acabada por Granados).
    - 1923 - Joaquín Turina. Tres arias para soprano y piano.
    - 1925 - Manuel de Falla. Psyché.
    - 1926 - Manuel de Falla. Concierto para clavecín y cinco instrumentos. Jaume Pahissa. Suite Intertonal. Joaquín Turina. Dos canciones.
    - 1928 - Eduard Toldrá. El giravolt de maig, ópera con libreto de Josep Carner; Joaquín Turina. Ritmos: fantasía coreográfica para orquesta y Evocaciones para piano.
    - 1929 - Roberto Gerhard. Concertino para cuerdas, Quinteto de viento.
    - 1932 - Manuel Blancafort. El rapte de les Sabines.
    - 1936 - Alban Berg. Concierto de violín "a la memoria de un ángel".
    - 1940 - Joaquín Rodrigo. Concierto de Aranjuez.
    - 1945 - Xavier Montsalvatge. Cinco canciones negras.
    - 1946 - Joaquín Rodrigo. Quatre cançons en llengua catalana y Tríptic de Mossén Cinto.
    - 1948 - Xavier Montsalvatge. Sinfonía mediterránea
    - 1951 - Manuel Blancafort. Concert ibèric para piano.
    - 1952 - Federico Mompou. Cantar del alma.
    - 1960 - Xavier Montsalvatge. Càntic espiritual.
    - 1961 - Federico Mompou. Variaciones sobre un tema de Chopin.
    - 1963 - Xavier Montsalvatge. Desintegración morfológica de la Chacona de Bach.
    - 1966 - Joaquim Homs. Cuarteto de cuerdas núm. 6
    - 1974 - Josep Soler Sardà. Edipo y Yocasta. Ópera-oratorio.
    - 1977 - Joaquín Rodrigo. Sonata a la breve, para violoncelo y piano.


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Palau de la Música Catalana (Barcelona)

Web del Palau de la Música Catalana


Visitas. Existe la posibilidad de visitar su interior mediante visitas guiadas, adquiriendo una entrada al efecto en la taquilla. La visita incluye los diferentes espacios, en razón de su disponibilidad: la Sala de ensayos del Orfeón Catalán, donde se muestra un audiovisual, la Sala Luís Millet y la Sala de conciertos.


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Palau de la Música Catalana: construït entre 1905 i 1908 per l’arquitecte Lluís Domènech i Montaner com a seu de l’Orfeó Català i construït amb fons procedents de subscripció popular, el Palau de la Música Catalana constitueix un patrimoni simbòlic i sentimental de tot un poble que s’identifica amb la seva història.


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Detalle de la fachada antigua, decorada con el grupo escultórico La canción popular catalana, del artista catalán Miguel Blay.

ver más imágenes del del Palau de la Música Catalana en la Wikipedia


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Lluís Domènech i Montaner (21 de diciembre de 1850 - 27 de diciembre de 1923) fue un arquitecto español que destacó por sus obras edificadas en el estilo modernista catalán.

Ver más obras de Lluís Domènech i Montaner en la Wikipedia catalana

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Retrat de Miquel Blay i Fàbregas (Olot, La Garrotxa, 1866 - Madrid 1936) fou un escultor català de l'escola d'Olot

Ver obra de Miquel Blay



Fuentes y agradecimientos: es.ikipedia.org, gaudiallgaudi.com, epdlp.com, diary.ru, mosaicartsource.com, flickr.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Miquel Blay Fábregas 
 
Intervención de Miquel Blay en la Fuente de la Plaza de España de Barcelona



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La Fuente de la Plaza de España es un monumento escultórico situado en el distrito de Sants-Montjuic de Barcelona. Fue creada en 1929 para la Exposición Internacional, con un diseño del arquitecto Josep Maria Jujol y una decoración escultórica de Miguel Blay, Frederic Llobet y los hermanos Miquel y Llucià Oslé. Esta obra está inscrita como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) en el Inventario del Patrimonio Cultural catalán con el código 08019/1757.


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Vista del conjunto.

Historia y descripción. La Plaza de España fue proyectada por Ildefonso Cerdá en su proyecto de Ensanche como vía de comunicación entre Barcelona y las poblaciones del Bajo Llobregat. Antiguamente se encontraba aquí la cruz de término de la ciudad, en la antigua carretera que conducía a Madrid. Después de un primer proyecto para urbanizar la plaza de Josep Amargós en 1915, finalmente se encargaron de las obras Josep Puig i Cadafalch y Guillem Busquets, continuadas por Antoni Darder desde 1926. Diseñaron un conjunto monumental de forma circular, en torno a un hemiciclo formado por una columnata de estilo barroco, influida en la Plaza de San Pedro del Vaticano de Bernini. En el acceso de la plaza que conduce a la Avenida de la Reina María Cristina se situaron dos altas torres en forma de campaniles, obra de Ramon Reventós, inspirados en el campanile de San Marcos de Venecia.

En el centro de la plaza se colocó una fuente monumental diseñada por Josep Maria Jujol, con una ornamentada decoración escultórica obra de Miguel Blay, Frederic Llobet y los hermanos Miquel y Llucià Oslé. De inspiración clásica, el sentido iconográfico de la obra representa una alegoría poética a España, según el programa establecido por Jujol. Sobre un estanque de planta triangular se sitúa un edículo con tres nichos con grupos escultóricos que simbolizan los ríos que desembocan en los tres mares que rodean la Península Ibérica: el Ebro para el mar Mediterráneo, el Guadalquivir y el Tajo para el océano Atlántico y unas figuras de adolescentes para los ríos del mar Cantábrico, todos ellos obra de Blay. En los vértices del estanque se hallan tres grupos que representan los frutos y dones de las aguas: la Abundancia, la Salud Pública y la Navegación, obra de los hermanos Oslé. Alrededor del cuerpo central se encuentran tres columnas corintias con diversas figuras y emblemas que simbolizan la Religión (una cruz con Ramon Llull, Santa Teresa de Jesús y San Ignacio de Loyola), el Heroísmo (una espada con Don Pelayo, Jaime I de Aragón e Isabel la Católica), y las Artes (un libro con Ausiàs March y Miguel de Cervantes), todo ello diseñado por Jujol. Remata la obra un pebetero de fuego con tres Victorias, obra en bronce del escultor Frederic Llobet. Por otro lado, al pie del monumento se sitúan seis cartelas con la inscripción en latín Senatus Populusque Barcinonensis (Senado y Pueblo de Barcelona), en imitación del SPQR romano.


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Jujol otorgó al diseño de la fuente la monumentalidad de la arquitectura clásica grecorromana y la grandilocuencia de la arquitectura barroca, a la vez que diversos aspectos de la composición relativos a la escala y la métrica recuerdan la obra de Antoni Gaudí —del que era discípulo Jujol— y de Lluís Domènech i Montaner. Todo ello reinterpretado con la óptica jujoliana, como se denota en su gusto por el contraste en los diversos elementos compositivos del conjunto. La organización estructural recuerda una fuente barroca, formada por una base, un cuerpo central que aglutina elementos de la columna conmemorativa clásica y del arco de triunfo, y un ático que combina elementos en piedra y en metal, para enfatizar la divergencia de materiales. La composición se basa en la conjugación de dos figuras geométricas básicas, el círculo y el triángulo, presentes en la tradición iconográfica cristiana.5 En cuanto a la decoración escultórica, al ser obra de varios autores presenta diversas tendencias estilísticas: las obras de Miguel Blay corresponden a un realismo de corte clasicista, las de los hermanos Oslé se acercan más al novecentismo, y las de Frederic Llobet al art déco de moda en el momento.


Elementos de la fuente de la Plaza de España


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Ríos del Mediterráneo. Miguel Blay. Mármol blanco, 5,05 x 2,50 x 2. Los ríos del Mediterráneo están representados por el Ebro, personificado en un joven desnudo, ataviado únicamente por un pañuelo aragonés en la cabeza. A su lado se hallan dos niños que representan sus afluentes, y que sostienen unas vasijas que vierten el agua a la fuente. Al fondo se aprecia la figura de una mujer, como símbolo de la Tierra, que recoge el agua en un cesto que hace fructificar el cuerno de la abundancia que sostiene el personaje principal. En el nicho figuran las inscripciones Tarrac y Caesar, que aluden al pasado romano de esta región, conocida en época clásica como Tarraconensis. El grupo está orientado al este, hacia la Avenida del Paralelo.


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Ríos del Atlántico. Miguel Blay. Mármol blanco, 4,60 x 2,32 x 2. La vertiente atlántica está simbolizada por el Tajo y el Guadalquivir, representados por dos figuras masculinas: el primero es un hombre maduro con barba, que está sentado sobre una piedra y sostiene una gran jarra en el brazo derecho; el segundo es más joven, y se halla de pie, con una gran concha con la que recoge el agua que le vierte desde arriba un niño que personifica un afluente del Guadalquivir, el Guadalimar. A su vez, otro niño se encuentra de rodillas bajo la gran concha, mirando hacia el otro personaje, por lo que sin duda simboliza el Guadiana, río situado entre los dos. Este grupo está orientado hacia el sur.


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Ríos del Cantábrico. Miguel Blay. Mármol blanco, 5 x 2,38 x 2,10. Los ríos del Cantábrico están plasmados en una serie de figuras de niños y adolescentes: en la parte superior, un niño que prefigura el Nervión vierte agua sobre una gran concha que sostiene un adolescente situado en la parte izquierda del nicho, que cabría interpretar como la gran ría de Bilbao, donde desemboca el Nervión; a la derecha de la hornacina, una muchacha y dos niños sujetan varias jarras sobre sus hombros, en alusión a la fuente que nutre los ríos Nalón y Narcea; por último, en la parte inferior una mujer recoge todas estas aguas que fluyen a ella, simbolizando el mar septentrional de la península. Este grupo mira hacia el oeste, a la calle Tarragona.


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Salud Pública. Miquel y Llucià Oslé. Bronce, 7,15 x 3,20 x 3,20. Una de las alegorías de los frutos y dones de las aguas es la Salud Pública (o Higiene), situada en el vértice de la calle Tarragona. Colocada sobre un pedestal con la inscripción latina Salus, es una figura femenina coronada por hierbas medicinales y que porta una jarra sobre el hombro izquierdo, junto a una oca y un niño con una concha en la mano. Se trata de la diosa Higía (la Salus romana), hija de Esculapio, que vela por la salud del ser humano. La oca —o el ganso— es un símbolo de la vigilancia, de la atención siempre constante que requiere la salud. Por su parte, la concha que lleva el niño simboliza el agua, un factor fundamental para la higiene.


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Abundancia. Miquel y Llucià Oslé. Bronce, 7,09 x 3,20 x 3,20. Otro don es la Abundancia, ubicada hacia el sur, con la inscripción Abundantia. De nuevo es una figura femenina, con un cesto de frutas en el brazo derecho y una rama en el izquierdo, mientras que a sus pies se halla un haz de trigo y una cabra, probablemente Amaltea, la cabra que amamantó a Zeus y cuyo cuerno rebosaba exuberante de toda clase de frutos. En esta escena también figura un niño, como en los otros dos grupos de los hermanos Oslé.


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Navegación. Miquel y Llucià Oslé. Bronce, 7,41 x 3,20 x 3,20. El último don es el de la Navegación, encarado a la Avenida del Paralelo y con la inscripción Navegatio. Como las anteriores, presenta una figura femenina y un niño: la mujer camina sobre las olas y alza en sus brazos un barco con la vela desplegada, en representación de la Navegación; por su parte, el niño aparece con un pez en la mano derecha y una red en la izquierda, simbolizando la Pesca. Junto a ellos se encuentra un ave marina, seguramente una gaviota. La interpretación iconográfica podría ser la de la ninfa Tetis, una nereida; estas ninfas, hijas de Nereo, habitaban los mares interiores y solían acudir en socorro de los marineros en peligro. Tetis, para evitar su matrimonio con Peleo, adoptó sucesivamente la forma de un pez, de un ave marina, de unas olas y de una llama.


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Pebetero y Victorias. Frederic Llobet. Bronce con armadura de hierro forjado, 5,88 x 3,83 (pebetero), 5,37 x 1,53 x 0,90 (Victorias). La fuente está coronada por un pebetero de fuego y tres Victorias, en forma de figuras femeninas vestidas con túnicas clásicas. Al estar situado sobre las columnas que representan la Religión, las Artes y el Heroísmo, el fuego sintetizaría esos valores, a la vez que supone un contrapunto al elemento al que está dedicada la fuente, el agua. Según el Diario Oficial de la Exposición, el fuego del pebetero simbolizaba «el sacrificio constante de España por la civilización». Este conjunto, del escultor Llobet, está diseñado en un estilo cercano al art déco, el estilo de moda en aquel momento, por lo que es el más moderno de toda la fuente.


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Fuente de la Plaza de España. Barcelona, 1929. Proyectada por Josep Maria Jujol i Gibert.



Fuente: es.wikipedia.org
 




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Mensaje Re: Miquel Blay Fábregas 
 
La bella sobriedad modernista de Miguel Blay

El Museo del Prado recupera la obra de un escultor esencial del XIX en su 150 aniversario



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'Eclosión', una obra de Miguel Blay en la exposición del Prado.

Cuando en 1910 Miguel Blay (Olot, 1866 - Madrid, 1936) leyó su discurso de entrada en la Academia de San Fernando, definió lo que la escultura significaba para él: “Solidez y Belleza… Solamente cuando la solidez y la belleza se hallan extremadamente unidas, es cuando se logra el resultado que se busca: crear una verdadera obra de arte reposada y estable”. Y esos dos vocablos son los que dan título a la exposición que hasta el 2 de octubre se puede ver en las salas 60 y 47 del edificio Villanueva en un homenaje que el Museo del Prado ha querido dedicar a este escultor esencial del XIX en el 150º aniversario de su nacimiento. Las 19 obras que integran la muestra (cuatro piezas escultóricas, medallas y dibujos) pertenecen a los fondos del museo madrileño

Hijo de una modesta familia de Olot, con solo 14 años, Miguel Blay inició su aprendizaje como escultor de figuras religiosas en un taller de santos donde aprendió los rudimentos del oficio. Una beca para estudiar en París, le hizo descubrir el sentido de la expresión escultórica, más allá del dominio de los materiales. Sin hablar ni una palabra de francés y teniendo que enviar a la familia parte del dinero de la beca, logró sumergirse en los ambientes artísticos parisinos mientras recibía clases de dibujo y asistía a la Academia de Bellas Artes. Desde Francia viaja Roma para empaparse del mundo clásico y después a Madrid.

El príncipe de la elegancia y de la corrección, en palabras de su amigo y coautor de algunas de sus obras, Mariano Benlliure, no tardó mucho en recibir encargos y premios. España, Francia y, después, Latinoamérica, fueron los lugares de destino de la mayor parte de los trabajos del artista. Algunos ejemplos de esa intensa actividad son el monumento a Federico Rubio en el madrileño parque del Oeste, el recuerdo del Doctor Carlos María Cortezo en el parque de El Retiro; el homenaje a Víctor Chávarri en Portugalete (Vizcaya), su intervención en el Palau de la Música de Barcelona, el grupo escultórico dedicado a Pedro Varela en Montevideo (Uruguay) o el panteón del mecenas Ramón de Errazu en el cementerio de Père-Lachaise, de París.

Solidez y belleza

Leticia Azcue, jefa de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del Prado, ha alternado las esculturas con dibujos preparatorios de las obras que después llevaría al mármol. Las piezas muestran el recorrido del artista por el realismo, el modernismo y el simbolismo. Los hitos elegidos son Al Ideal (1896), Niña desnuda, un fragmento de Los primeros fríos (1892) y Miguelito (1919), el busto de su quinto hijo, Miguel, fallecido antes de cumplir los 8 años. En la otra sala, se encuentra Eclosión (1905), una de sus obras más conocidas en la que representa a una pareja de jóvenes desnudos en el momento en el que se produce el primer roce de sus cuerpos. Premiada en el Salón de París de 1905, logró también la medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908.

“Blay eligió un camino sobrio, moderado y elegante, obviando la gestualidad en favor de la naturalidad”, explica la comisaria, “Buscaba la belleza que emociona con ritmos delicados, sugerentes y armónicos”. Instalado en Madrid, sus últimos trabajos se encuentran en céntricas fachadas: la decoración exterior del edificio del Tribunal Supremo con dos alegorías dedicadas a la Justicia y la Ley y el grupo de la fachada del Banco Vitalicio en la calle Alcalá.

Miguel Blay murió en enero de 1936, con 69 años, tras un derrame cerebral. Aunque no creó escuela, sí fueron muchos los alumnos que aprendieron en taller: Julio Antonio, Juan Bautista Adsuara y Manuel Piqueras. Ayer, nietos, bisnietos y tataranietos, celebraban en el Museo del Prado esta exposición de Solidez y belleza con la que se recuerdan los 150 años de su nacimiento.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Miquel Blay Fábregas 
 
Exposición 'Solidez y belleza' - Miguel Blay en el Museo del Prado - 19.04.2016 - 02.10.2016



Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado



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El Museo del Prado celebra el 150 aniversario del nacimiento de Miguel Blay (Olot, 1866 – Madrid, 1936), uno de los escultores más destacados del panorama artístico español de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, con la exhibición de varias obras significativas en su trayectoria reflejo de las diversas corrientes de la escultura de su época, fundamentalmente del Realismo, Modernismo y Simbolismo.

A partir del próximo 19 de abril, el visitante de la colección permanente del Museo del Prado tendrá la oportunidad única de contemplar, en las salas 60 y 47 del edificio Villanueva, varias de sus obras fundamentales.

Junto a grupos escultóricos destacados como Al ideal o Eclosión que obtuvieron el máximo galardón en las diversas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en la muestra se presentarán dibujos, varias medallas y una pequeña agenda de notas de 1902, que mostrarán sus diversas etapas creativas, en las que buscó trasmitir con serenidad y equilibro las emociones, la naturalidad y la belleza.

Formado en París, ciudad a la que estuvo muy vinculado, allí obtuvo la medalla de honor en la Exposición Universal de 1900, también concedida a Benlliure, y fue nombrado Caballero de Honor de la Legión Francesa  en 1901. Tuvo estudio en Madrid desde 1906, donde fue reconocido como un excelente escultor, fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Profesor de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid y, de 1925 a 1932, Director de la Academia de España en Roma, ciudad en la que había completado su formación juvenil. Realizó encargos privados y oficiales, y destacados monumentos en varios países iberoamericanos.


Miguel Blay y Fábrega (Olot, 1866 – Madrid, 1936)

Formado en París, ciudad a la que estuvo muy vinculado, fue reconocido y premiado tanto en España, donde obtuvo, entre otras, la medalla de primera clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892 y la medalla de Honor de este certamen en 1908, como en el extranjero, consiguiendo en París la medalla de Honor en la Exposición Universal de 1900 - siendo nombrado Caballero de Honor de la Legión Francesa en 1901 - y en Buenos Aires el Gran Premio en la Exposición Internacional de Arte de 1910.

Se instaló en Madrid en 1906, donde fue reconocido como un excelente escultor, fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Profesor de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid y, de 1925 a 1932, Director de la Academia de España en Roma, ciudad en la que había completado su formación juvenil.

Destacan en sus obras la calidad, la elegancia, la sobriedad y la naturalidad, tanto en encargos oficiales y privados –retratos de miembros de la nobleza, de la burguesía y de su propio entorno–, como en proyectos públicos de monumentos en España, en Francia y en diversos países de Iberoamérica, principalmente en Argentina, nación a la que tuvo un especial cariño y donde dejó su impronta en los años culminantes de su carrera. También llevó a cabo proyectos monumentales en Santiago de Chile, Montevideo, Panamá y San Juan de Puerto Rico.

Miguel Blay aportó valiosos y significativos ejemplos en las diversas corrientes de la escultura de su época. Lejos de caracterizaciones encorsetadas, evolucionó por los caminos de la expresión modernista, simbolista, realista y naturalista. El éxito de su carrera se debió a sus grandes dotes para la escultura, con bases muy solidas para el dibujo, y a una vida de esfuerzo y tenacidad dedicada por entero a su profesión. El otro gran escultor del momento, Mariano Benlliure, lo definió como “el príncipe de la elegancia y la corrección".



Exposición


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Al ideal. 1896. Escayola, 195 x 87 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Se trata de un grupo de factura delicadísima y de gran idealismo, que Blay realizó para demostrar que era capaz de crear obras alejadas del realismo. El propio Blay lo expresó así: "Pienso titularlo Almas blancas, dos almas predestinadas de las que llegan a la meta, de las que marchan resueltas, rechazando contrariedades, no queriendo sentir las espinas que pisan, ni hacer caso de los tropiezos que se encuentran en el camino de la vida". El grupo efectivamente estaba planteado como "un soplo de espiritualidad, un misticismo supra terreno, obra no solo de escultor, sino también de poeta y de creyente, obra que acredita una sensibilidad emotiva de primer orden" en palabras de Ferrés Lahoz (2005, p. 16). La figura adulta lleva en la mano una flor -un lirio- como símbolo de pureza y virtud. Este grupo se convirtió en el paradigma de la escultura simbolista, un estilo que se alejaba de la realidad para transmitir ideas espirituales, utilizando como elemento esencial el desnudo femenino o elegantes figuras de ambos sexos con vestimentas largas y amplias, sin referencia a una realidad concreta.

Se ha sugerido que, para esta evocación de las almas puras, Blay pudo inspirarse en el libro Pia Desideria (Amberes, 1624), traducido en 1658 por Pedro de Salas como "Afectos divinos con emblemas sagrados", "un libro devocional de meditación cristiana, que ilustra el progreso del alma hacia su unión con Dios" mediante emblemas "que muestran al Alma como una niña descalza en su camino de perfección, acompañada por el Amor Divino figurado por un ángel". Es cierto que su diseño recuerda la iconografía del ángel de la guarda que protege al alma y la conduce hacia la contemplación mística. También es posible que la figura adulta se pudiera identificar con la Fe que guía a las almas, en cuyo caso sería un precedente inspirador de uno de los cuatro grupos del panteón Errazu, La Fe, también llamado Los creyentes.

Se conserva un pequeño boceto previo en barro cocido, en colección particular, un delicadísimo grupo de pequeño formato que muestra las primeras ideas del escultor, con ambas figuras desnudas, y la más adulta en actitud protectora (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, pp. 25-28).


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Niña desnuda (versión de Los primeros fríos) 1892. Mármol de Carrara, 109 x 65 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Blay hizo habitualmente versiones de fragmentos de sus obras, que trataba de forma individualizada. La escultura que conserva el Museo del Prado es un fragmento del grupo Los primeros fríos. Durante su estancia en Roma en 1892 realizó un boceto en barro cocido de un anciano y una niña vestidos que sufren, ateridos, los rigores del invierno. En su versión ampliada ensayó las figuras desnudas para comprobar cómo resultaban más expresivas, y para trabajar bien la anatomía que luego modelaría bajo los ropajes. Dado el éxito de los magníficos estudios anatómicos, particularmente en la crudeza del cuerpo avejentado del anciano, decidió dejar las figuras sin ropa, animado por los artistas españoles que visitaban su taller, que señalaron su calidad indiscutible. Había conseguido reforzar el contraste del realismo del anciano frente a la dulzura de la niña dormida que busca el calor humano, y de forma muy efectiva había logrado transmitir el desamparo, el sufrimiento, la preocupación del anciano y la candidez de la niña, así como la ausencia materna. Algunos historiadores han querido ver también en esta obra un atisbo de planteamiento simbolista. Presentó el grupo en escayola a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892 en Madrid, en la que obtuvo la Medalla de Primera Clase. El público y la crítica fueron unánimes: con esta obra "demostraba poseer un temperamento de escultor firme y seguro".

La escultura del Museo del Prado, por su capacidad conmovedora y expresiva y su lenguaje formal, es un ejemplo del realismo de tipo naturalista, un excelente trabajo de tratamiento anatómico y de cuidada factura dentro de su gusto por lo anecdótico. La obra, de gran sobriedad, se acerca a la escultura de tradición francesa, arrancando la figura del bloque sin desbastar, esculpiendo el tierno rostro de una niña que queda esfumado, y trascendiendo una elaboración meramente narrativa, al conseguir transmitir el sentimiento de la necesidad humana de protección. Muestra, sin lugar a dudas, sus aptitudes para comunicar la emoción y, sobre todo, su interés en aquel momento por una expresión del realismo social (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, pp. 22-24).


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Miguelito. 1919. Mármol, 47 x 16 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Retrato póstumo que Blay esculpió como un sencillo e íntimo recuerdo de su quinto hijo, Miguel Blay Pichard, Miguelito, fallecido el 23 de abril de 1918. Por ello figuran los nombres de pila de sus padres en los dos laterales. La vida del niño, truncada con siete años y nueve meses, aparece simbolizada de forma sobria y nada afectada en el bajorrelieve del frente de la base del retrato, con un tronco de árbol joven quebrado, que estaba creciendo acotado por un pequeño cerco.

El artista quiso transmitir la vida y el optimismo propios de un chiquillo, esculpiendo de manera muy serena exclusivamente la cabeza, y dejando patente su aspecto exterior con el cabello lacio que le cae sobre la frente, tan característico del niño, como se puede apreciar en una de las últimas fotos que se conservan en colección particular de padre e hijo, sonrientes, en el estudio de Blay. La tristeza que este suceso produjo en sus padres dejó en esta obra un poso de nostalgia que, seguramente, sabiendo la historia que ocultaba, hizo que fuera valorada como una "patética cabeza infantil" por Bufill (1993, p. 33). El impacto emocional que le provocó esta tragedia le pudo inspirar, probablemente, para la ejecución del Cristo de la Paz que realizó para la basílica jesuítica del Sagrado Corazón de Jesús en Gijón, que había comenzado algo antes y que presentó en Madrid en 1924 (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, pp. 33-34).


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Eclosión. 1905. Mármol de Carrara, 169 x 154 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Representa a una pareja de jóvenes en el instante del primer roce de sus cuerpos. Mediante un estilo que algunos denominaban lírico, Blay transmite la suave tibieza de las figuras adolescentes, realizadas con un excepcional y realista trabajo de modelado. Están sentados sobre unas rocas junto a un tronco del que salen hojas y flores, en una escena de íntima ternura, gran belleza e intenso sentimiento.

El tema tiene una cierta vinculación con la inocencia del inicio de la fábula de Dafnis y Cloe en el descubrimiento adolescente del amor y la sexualidad en un ambiente bucólico. Y, sobre todo, está relacionado con la iconografía de Paolo y Francesca, que tanto éxito tuvo en la pintura decimonónica, particularmente en el planteamiento menos habitual de este tema, en el que la figura masculina muestra una actitud embelesada por su belleza, y no un gesto protector. En su diseño se aleja de sugerencias rodinianas de sensualidad y pasión, al plantear la escena de forma nada explícita.

Fue presentada en escayola al Salón de París de 1905, donde obtuvo la Segunda Medalla. La exhibió tallada en mármol en 1906 en el Salón parisino, y en 1907 en la Exposición Internacional de Arte en Barcelona, en la que recibió el Diploma Excepcional. Expuesta en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908, obtuvo el máximo galardón, la Medalla de Honor. Por ello, se aprobó un crédito extraordinario y fue adquirido para el Museo de Arte Moderno por Real Orden de 22 de julio (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, pp. 29-30).


 5forma

Forma. 1904. Plata. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Se trata de la medalla unifaz que Blay diseñó para que se reprodujera, a modo de sello seco, en la cubierta de una nueva revista, Forma, que se editó en Barcelona entre 1904 y 1907 y aspiraba a ser el vehículo de trasmisión de las nuevas corrientes renovadoras del arte. Fue un encargo de su amigo Ramón Casas, cuya amistad ya se había materializado en 1900 en el elegante retrato al carbón que Casas hizo del escultor. Representa a una joven de formas rotundas, semidesnuda, envuelta parcialmente en una tela de gran movimiento que contrasta con la estabilidad de la figura, en una composición clara, sin paisaje de fondo, que se ha descrito por Gimeno Pascual (2005, p. 1729) como "una espléndida alegoría de la escultura, el volumen y la forma, que ofrece una de las representaciones más características de lo que es el pleno modernismo en la medalla". Muestra un profundo conocimiento de la técnica medallística y su dominio de los planos del relieve.

Blay presentó un ejemplar de 50 mm de esta medalla en galvano en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904, junto con la medalla conmemorativa de la colocación de la última piedra de las obras del puerto de Bilbao, de 1902, que se considera su primera medalla importante. En ambas queda perfectamente reflejada su personalidad artística y su capacidad expresiva en esta especialidad (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 47).



 6medalla_conmemorativa_de_la_primera_piedra_del_edificio_del_club_espa_ol_en_buenos_aires

Medalla conmemorativa de la primera piedra del edificio del Club Español en Buenos Aires. 1908. Cobre plateado. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Esta medalla, que sigue la línea de las nuevas corrientes estéticas, es una de las obras que ayudarían al reconocimiento por el que Blay sería incluido en el "importante diccionario de medallistas de L. Forrer, publicado en 1930, y en los medios de divulgación artística de la época" (Gimeno Pascual: 2005, p. 1729; Gimeno Pascual: 2013, p. 320). Una figura masculina adulta vestida con túnica, símbolo de España, protege y acompaña a un joven prácticamente desnudo que representaría a Argentina. Ambos hacen una ofrenda con ramas de roble y laurel en un altar delante del mar. La medalla no está datada, pero se sabe que Blay llegó a Buenos Aires en 1908 y que fue editada por la fábrica bonaerense Horta y Cía, fundada en 1903 como La Moderna, que ya en 1906 se consideraba la más importante del ramo y había acuñado, entre otras, una placa en oro y plata para el ganador de los Juegos Florales de la Asociacion Patriótica Española de esa ciudad.

El Club Español de Buenos Aires encargó a Blay en 1908 esta medalla conmemorativa de la colocación de la primera piedra de su nuevo edificio, diseñado por el arquitecto holandés Enrique Folkers, el 27 de septiembre de 1908, inmueble que se inauguró en 1911. Esta institución conserva el modelo en escayola y una fundición en bronce a tamaño del modelo, con la inscripción "PRO ESPAÑA SEMPER", que muestra que en la medalla final se obvió la última palabra, y a la que acompaña una placa referida a la colocación de la primera piedra del edificio. Entre los ejemplares de la medalla existentes actualmente, uno se conserva en la colección de Micaela Blay Thorup, nieta del escultor. Existe el reverso de la medalla con una inscripción similar al texto de la placa antes mencionada, en la que se aprecia una grúa que coloca una piedra entre dos mástiles con sendas banderas (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 48).


 7asociaci_n_patri_tica_espa_ola_de_buenos_aires

Asociación Patriótica Española de Buenos Aires. 1908. Plata. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Medalla unifaz, con argolla y anilla en la parte superior, que presenta una alegoría femenina en pie envuelta en un manto que flota movido por el aire, junto a diversos atributos de la industria y el trabajo y, en primer término, muy desvaído, un escudo de España. Está en la línea de las medallas modernistas de Blay, que tanta aceptación tuvieron, en las que modela y difumina elegantemente los volúmenes, y trata las formas con una suavidad muy sugestiva para reforzar los valores plásticos de la composición.

Fue encargada por la Asociación Patriótica Española de Buenos Aires, creada en 1896, que se dedicaba esencialmente a congregar a los españoles en la República Argentina y a mirar por su bienestar moral y material así como por los intereses de España y por la vinculación hispanoamericana. La elección de la fecha del 2 de mayo de 1908 sería, en principio, conmemorativa de la edición de un número especial de la revista España, publicación que editaba desde 1903 esta asociación. Este número especial salió a la luz ese día para conmemorar el centenario de una fecha clave de la guerra de la Independencia española en 1808, y con ello se pretendía realizar "un proceso de hermanamiento ´virtual´ entre ambos países [...], se buscaba establecer analogías entre los levantamientos independentistas del año 1808 en España, contra los franceses, y los de 1810 en Argentina, contra los españoles [...]. En este ambiente parte de los intelectuales y españoles residentes en Argentina sienten un clima receptivo a la exaltación de la patria de origen, olvidando las antiguas rivalidades históricas entre ambos países".

Es probable que el encargo tuviera lugar después del mes de mayo en que se cumplía el centenario, porque Blay viajó por primera vez a Buenos Aires hacia el mes de agosto de 1908 (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 49).


 8medalla_de_la_exposici_n_nacional_de_bellas_artes_de_1915

Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1915. 1915. Oro. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas y Mariano Benlliure Gil.

Esta medalla, que se acuñó en tres materiales -oro, plata y bronce-, según las categorías habituales de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, es la que se entregó como premio en 1915, y es un trabajo conjunto de dos grandes escultores, Blay y Benlliure. El rey Alfonso XIII, según la prensa de la época, les agradeció su calidad en un escrito al director general de Bellas Artes. En el anverso, realizado por Benlliure, se muestra el magnífico retrato de perfil de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En el reverso, realizado por Blay, una estilizada musa desnuda, arrodillada, sujeta un tarjetón y una rama de laurel, sobre un fondo de paisaje. Esta medalla se siguió utilizando en las Exposiciones Nacionales prácticamente hasta 1931. Bartolomé Maura, director artístico de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de 1893 a 1923, grabó los troqueles, ya que fue un encargo oficial que se acuñó en la citada Fábrica.

El Prado conserva ejemplares de las tres categorías de premios: oro (O1757), plata (O1728) y latón/cobre (O1726, O1727, O1755, O1756). Antonio Vives, en su catálogo de medallas de la casa de Borbón, publicó que el autor de la medalla era solo Benlliure, por lo que Blay tuvo que solicitar que rectificara el error, que quizá pudo derivarse del hecho de que hay ejemplares que no están firmados por él; Vives inmediatamente se disculpó por el error.

El modelo en escayola patinada y un ejemplar en plata se conservan en el Museu Nacional d’Art de Catalunya; el galvano, en el Museo Casa de la Moneda, y un modelo en bronce de 21 cm, en la Fundición Codina. Existen muchos ejemplares de esta medalla, entre ellos, uno en plata y otro en bronce conservados en Patrimonio Nacional, y otros dos ejemplares en bronce propiedad, respectivamente, de una de sus nietas, Micaela Blay Thorup y del Museo Arqueológico Nacional (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 50).

El segundo apellido del escultor Mariano Benlliure no lleva "y", tal como acreditan los certificados de nacimiento, defunción y testamento del escultor, según información facilitada por la Fundación Mariano Benlliure.


 9medalla_de_la_exposici_n_nacional_de_bellas_artes_de_1915

Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1915. 1915. Plata. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas y Mariano Benlliure Gil.

Esta medalla, que se acuñó en tres materiales -oro, plata y bronce-, según las categorías habituales de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, es la que se entregó como premio en 1915, y es un trabajo conjunto de dos grandes escultores, Blay y Benlliure. El rey Alfonso XIII, según la prensa de la época, les agradeció su calidad en un escrito al director general de Bellas Artes. En el anverso, realizado por Benlliure, se muestra el magnífico retrato de perfil de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En el reverso, realizado por Blay, una estilizada musa desnuda, arrodillada, sujeta un tarjetón y una rama de laurel, sobre un fondo de paisaje. Esta medalla se siguió utilizando en las Exposiciones Nacionales prácticamente hasta 1931. Bartolomé Maura, director artístico de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de 1893 a 1923, grabó los troqueles, ya que fue un encargo oficial que se acuñó en la citada Fábrica.

El Prado conserva ejemplares de las tres categorías de premios: oro (O1757), plata (O1728) y latón/cobre (O1726, O1727, O1755, O1756). Antonio Vives, en su catálogo de medallas de la casa de Borbón, publicó que el autor de la medalla era solo Benlliure, por lo que Blay tuvo que solicitar que rectificara el error, que quizá pudo derivarse del hecho de que hay ejemplares que no están firmados por él; Vives inmediatamente se disculpó por el error.

El modelo en escayola patinada y un ejemplar en plata se conservan en el Museu Nacional d’Art de Catalunya; el galvano, en el Museo Casa de la Moneda, y un modelo en bronce de 21 cm, en la Fundición Codina. Existen muchos ejemplares de esta medalla, entre ellos, uno en plata y otro en bronce conservados en Patrimonio Nacional, y otros dos ejemplares en bronce propiedad, respectivamente, de una de sus nietas, Micaela Blay Thorup y del Museo Arqueológico Nacional (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 50).

El segundo apellido del escultor Mariano Benlliure no lleva "y", tal como acreditan los certificados de nacimiento, defunción y testamento del escultor, según información facilitada por la Fundación Mariano Benlliure.


 10medalla_de_la_exposici_n_nacional_de_bellas_artes_de_1915

Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1915. 1915. Cobre. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas y Mariano Benlliure Gil.

Esta medalla, que se acuñó en tres materiales -oro, plata y bronce-, según las categorías habituales de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, es la que se entregó como premio en 1915, y es un trabajo conjunto de dos grandes escultores, Blay y Benlliure. El rey Alfonso XIII, según la prensa de la época, les agradeció su calidad en un escrito al director general de Bellas Artes. En el anverso, realizado por Benlliure, se muestra el magnífico retrato de perfil de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En el reverso, realizado por Blay, una estilizada musa desnuda, arrodillada, sujeta un tarjetón y una rama de laurel, sobre un fondo de paisaje. Esta medalla se siguió utilizando en las Exposiciones Nacionales prácticamente hasta 1931. Bartolomé Maura, director artístico de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de 1893 a 1923, grabó los troqueles, ya que fue un encargo oficial que se acuñó en la citada Fábrica.

El Prado conserva ejemplares de las tres categorías de premios: oro (O1757), plata (O1728) y latón/cobre (O1726, O1727, O1755, O1756). Antonio Vives, en su catálogo de medallas de la casa de Borbón, publicó que el autor de la medalla era solo Benlliure, por lo que Blay tuvo que solicitar que rectificara el error, que quizá pudo derivarse del hecho de que hay ejemplares que no están firmados por él; Vives inmediatamente se disculpó por el error.

El modelo en escayola patinada y un ejemplar en plata se conservan en el Museu Nacional d’Art de Catalunya; el galvano, en el Museo Casa de la Moneda, y un modelo en bronce de 21 cm, en la Fundición Codina. Existen muchos ejemplares de esta medalla, entre ellos, uno en plata y otro en bronce conservados en Patrimonio Nacional, y otros dos ejemplares en bronce propiedad, respectivamente, de una de sus nietas, Micaela Blay Thorup y del Museo Arqueológico Nacional (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 50).

El segundo apellido del escultor Mariano Benlliure no lleva "y", tal como acreditan los certificados de nacimiento, defunción y testamento del escultor, según información facilitada por la Fundación Mariano Benlliure.


 11homenaje_a_ignacio_bol_var_urrutia_1461141935_728590

Homenaje a Ignacio Bolívar Urrutia. 1929. Cobre. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

En el anverso modeló el retrato del importante naturalista y entomólogo español Ignacio Bolívar Urrutia (1850-1944), que fue director del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y del Real Jardín Botánico. Su profesión se recuerda en el reverso de la medalla con motivos animalísticos: una mantis sobre el epígrafe y, en la zona inferior, un escarabajo. Fue encargada por sus discípulos y admiradores como recuerdo del premio Echegaray que la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales le había concedido en 1928. Blay pudo iniciar el modelado directamente del natural en Madrid, seguramente en algún viaje a la capital, pero tuvo que terminar la medalla con apoyo de fotografías en Roma, donde estaba destinado como director de la Academia Española de Bellas Artes desde 1926. Fue concluida el 30 de julio de 1929, dato que sabemos con seguridad porque en la terracota conservada en una colección particular lo dejó escrito en el reverso. El diseño de la medalla muestra ya otra etapa en su producción, en la que prescinde de todo elemento auxiliar, al incluir un retrato en el anverso y utilizar el reverso para colocar una inscripción aclaratoria del motivo del encargo (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 53).


 12plaqueta_conmemorativa_del_primer_centenario_de_la_muerte_de_goya

Plaqueta conmemorativa del primer centenario de la muerte de Goya. 1928. Latón, 82 x 55 mm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid quiso donar para la nueva sala de su museo, con motivo del primer centenario en 1928 de la muerte del ilustre pintor Francisco de Goya, una plaqueta conmemorativa y una lápida, exigiendo que los autores debían ser académicos. Blay realizó una placa unifaz y José Capuz la lápida de un metro de alto, ambas conservadas en dicha institución. Blay modeló, seguramente en Roma, la figura de perfil con absoluta veracidad, con sombrero alto de copa, levita y pañuelo al cuello, tomando la iconografía del autorretrato que Goya incluyó en la portada de la serie de estampas Los Caprichos en 1798. Se debió hacer una tirada amplia para repartir, sobre todo, de forma institucional. Junto al ejemplar de la Real Academia, se envió seguramente otro a la Real Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, que conserva el Museo de Zaragoza. El Museo Casa de la Moneda posee uno en bronce y el galvano, y se conocen ejemplares en todos los materiales: bronce, plata, e incluso dos en oro que custodia el Palacio Real que se harían probablemente para el rey (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 52).


 13academia_desnudo_masculino

Academia. Desnudo masculino. 1891. Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 629 x 477 mm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Este estudio del natural, realizado con la técnica más académica, cuenta en el reverso con una figura femenina desnuda abocetada, de mediana edad, sentada y girada hacia su izquierda, en un estudio de torsión del cuerpo, con una cuadrícula perfectamente marcada sobre el papel. Fue uno de los once dibujos adquiridos a Margarita y Berta Blay Pichard, hijas del escultor, el 23 de julio de 1958. Estas -entonces domiciliadas en la calle Luchana 27, 6- deseaban, años después del fallecimiento de su madre, "que pasaran a propiedad del Estado varios dibujos de su padre, expresamente seleccionados entre una importante colección de ellos. Les mueve a esta proposición el deseo de que pasen a formar parte de centros docentes o de museos donde puedan tener más eficacia tanto en lo referente a la labor pedagógica de jóvenes alumnos, cuanto al más amplio conocimiento de lo que representó en la vida artística española D. Miguel Blay", tal y como se recoge en el expediente de compra iniciado el 25 de junio de 1957 con la instancia de las hijas dirigida al director general de Bellas Artes (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 36).


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Retrato de muchacho. 1893. Carboncillo sobre papel verjurado, 434 x 312 mm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Estudio de cabeza infantil de un joven campesino olotense que lleva la característica barretina. Se trata de un dibujo de sombras intensas, de estilo austero y líneas claras y precisas. Muestra una gran seguridad en el trazo y un acusado sentido pictórico en el sombreado y el difuminado de la composición, dando muestra del valor del dibujo en su obra. Quizá podría identificarse con el joven que aparece en segunda línea, detrás de la figura del sacerdote, en el relieve titulado Dulce et decorum est pro patria mori, realizado en escayola en Olot durante el verano que pasó en su tierra, que fue su segundo envío como becario de la Diputación, hoy en el Museu d’Art de Girona. En él se representa una escena de la Guerra de la Independencia, en la que un defensor de la ciudad emite su último aliento acompañado por un clérigo y otros personajes afectados por la dramática escena. Blay hizo un apunte de un chico campesino con un cesto, que parece ser el mismo modelo que posó para este dibujo. Ambos forman parte de un conjunto que realizó tomando modelos de Olot (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 38).


 15desnudo_de_mujer_sentada

Desnudo de mujer sentada. 1893. Carboncillo, Lápiz marrón, Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 626 x 482 mm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Estudio del natural realizado como un ejercicio de tipo académico, valorando el volumen y las características de una joven adolescente, sentada prácticamente de perfil, en el que modela perfectamente el cuerpo. Satura intensamente los trazos que sirven para conseguir el volumen; se concentra en la parte superior, dejando casi abocetados los pies, y hace un adecuado estudio de la luz y las sombras, que gradúa sobre el lado izquierdo de la figura. Puesto que se trata de una obra dibujada en Roma, donde disfrutaba en los primeros meses del año del final de su beca de la Diputación, no parece que tuviera como objetivo la investigación de una actitud para aplicar en alguna de sus obras escultóricas, sino solo ejercitar la técnica y demostrar las posibilidades artísticas del dibujo.

El Museu de la Garrotxa de Olot conserva otro dibujo del natural de una joven de pie, realizado en 1893, en pose de modelo de academia, con un brazo levantado y doblado hacia la espalda, que podría tratarse de la misma modelo. Blay firmaba en muchas ocasiones sus dibujos con la inicial de su nombre en minúscula, lo que hace pensar que, probablemente de manera intencionada, quería destacar sobre todo su apellido (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 39).


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Apunte de un hombre dormido. 1894. Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 485 x 312 mm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Este dibujo sigue la línea que pintores como Ramón Casas estaban desarrollando, con una agilidad y una espontaneidad marcadas por una personal manera de dibujar, con trazos seguros y rápidos de diferente grosor para dar luces y sombras, dejando algún blanco para difuminar o iluminar ciertas partes. Aunque fue dibujado en Olot después de finalizar su pensión en Roma y de haberse formado en París, parece hacer referencia al ambiente bohemio de su entorno artístico en el extranjero. La posición en la que dibuja al retratado recuerda los ambientes burgueses nada formales y rememora, aunque con el personaje en una actitud más displicente y quizá menos confortable, al destacado cuadro La siesta, pintado en 1884 en un estilo realista por Ramón Martí Alsina (1826-1894), que a su vez recordaba el planteamiento de Gustave Courbet (1819-1877) en diversas escenas de personajes adormecidos, como La hilandera dormida, conservado en el Musée Fabre de Montpellier. Aunque sin una relación tan directa, quizá también evocaba el cuadro Interior al aire libre de su gran amigo Ramón Casas (1866-1932), realizado en 1892, sobre todo en la idea intimista reflejada en el retrato de su cuñado dormido en una pequeña mecedora en la terraza de los padres del pintor, aunque no con el relajamiento físico del cuadro de Martí Alsina (Texto extractado Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 41).


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Muchacha sentada. 1894. Carboncillo, Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 551 x 463 mm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

1894 fue para Miguel Blay un año de éxitos, en el que expuso en Barcelona y en Bilbao, entre otras ciudades, su obra Los primeros fríos. Disfrutó una parte del año en Olot y, echando de menos el ambiente parisino, volvió en julio de nuevo a la capital francesa para quedarse doce años, tras los cuales se instalaría en Madrid. Durante esos meses en su localidad natal tomó apuntes de manera muy realista, con dibujos como este, muy acabados, que no consta que tuvieran un destino preciso, sino que serían parte de su ejercitación constante como artista. No ha planteado una representación espacial que nos oriente sobre el lugar donde se encuentra y ha utilizado como mobiliario un sillón frailero muy similar al del monumento a Fontanella, presentado ese mismo año, que refuerza la actitud segura y franca de la sosegada joven, de mirada directa, que posa cómodamente en posición frontal. Se ha interesado, sobre todo, por reproducir los aspectos descriptivos, el detalle, el contraste de calidades, las telas sutiles y las transparencias (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 43).


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Apunte de muchacho de pie. 1903. Carboncillo sobre papel verjurado, azulado, 623 x 482 mm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

En este apunte se aprecia la espontaneidad y la gran capacidad de observación de Blay, que utiliza aquí una técnica muy cercana a los dibujos modernistas, de trazos descriptivos, muy largos y lineales, para encajar la figura y describir los contornos con precisión, planteando un tratamiento diferente para el rostro. Posiblemente se trata de un retrato de su hijo mayor Jaime, que en 1903 tenía seis años, dibujado durante el último año en el que vivió de forma permanente en París. Ferrés lo sugirió al publicar este dibujo junto a la cabeza de bronce Lo meu noi de 1902, en el que el niño lleva la boina con la pequeña cinta detrás que también porta Jaime Blay en algunas fotografías conservadas en colección particular (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 44).


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Boceto para el monumento a Vasco Núñez de Balboa en Panamá. 1923 - 1924. Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 474 x 317 mm. Museo Nacional del Prado. Obra de Miquel Blay Fábregas.

Este es un dibujo preparatorio para el grupo Atlantes soportando la bola del mundo, que Blay tituló Las Raíces, base del monumento a Vasco Núñez de Balboa en Panamá. Este se levantó por iniciativa del presidente de la república panameña Belisario Porras, que solicitó en 1913 colaboración al rey de España. Ambos hicieron una aportación económica y el resto se financió con suscripciones públicas en los dos países. De nuevo Blay acometía un proyecto en colaboración con su amigo, el escultor Mariano Benlliure (1862-1947): Blay se ocupó de un elaborado basamento pétreo y Benlliure de la estatua en bronce del homenajeado.

El basamento aumentó en altura con respecto al boceto original y, sobre los escudos de los países iberoamericanos que se sumaron a este proyecto y las placas en bronce que recuerdan a los promotores -Alfonso XIII y Belisario Porras-, se colocó el globo terráqueo que Blay esculpió en mármol blanco sostenido por cuatro figuras de atlantes desnudos, a modo de Atlas mitológicos. Estas alegorías representan las razas, cada una de las cuales se identifica por el aspecto del rostro y el peinado o tocado que lleva. De este monumento se hicieron dos réplicas de pequeño formato que se entregaron el 20 de octubre de 2013 al entonces príncipe de Asturias y a la que era primera dama de la República de Panamá, durante la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento del océano Pacífico.

El boceto testimonia la soltura de Blay para materializar una idea sin intención descriptiva. Lo trabaja con trazos rápidos y sinuosos, muy fluidos, de carácter absolutamente personal, alejado de convencionalismos y muy vinculado a una mirada y una técnica propias de escultor, como también hacía Benlliure, a base de líneas deslizadas de trazo largo que sugieren el proceso de modelado de la arcilla (Texto extractado de Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 46).


Museo Nacional del Prado
Comisaria: Leticia Azcue Brea (Jefe de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del Museo Nacional del Prado)
Fuente: https://www.museodelprado.es/
 




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Mensaje Re: Miquel Blay Fábregas 
 
Blay, al desnudo


El realismo que transmite en cada una de sus esculturas y sus dibujos, demuestran la calidad de este artista que bebió de las diversas corrientes de su época, el Realismo, el Modernismo y el Simbolismo.



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Leticia Azcue Brea, jefe de Conservación de Escultura y Artes Decorativas, nos descubre los secretos de la obra de Miguel Blay... Ver especial de EL MUNDO
 




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