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Darwin, Charles Robert (Naturalista)
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Este trabajo está dedicado a Charles Robert Darwin, este año se cumplen 200 años de su nacimiento y 150 años de su innovadora publicación "El origen de las especies". Darwin fue un naturalista inglés que observó y demostró que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural. Actualmente sigue constituyendo la base de la síntesis evolutiva moderna y es un referente universal.


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Charles Darwin en una fotografía tomada por J.M. Cameron en 1869

Charles Robert Darwin. Nació en Sherewsbury el 12 de febrero de 1809. Fue el segundo hijo varón de Robert Waring Darwin, médico de fama en la localidad, y de Susannah Wedgwood, hija de un célebre ceramista del Staffordshire, Josiah Wedgwood, promotor de la construcción de un canal para unir la región con las costas y miembro de la Royal Society. Su abuelo paterno, Erasmus Darwin, fue también un conocido médico e importante naturalista, autor de un extenso poema en pareados heroicos que presentaba una alegoría del sistema linneano de clasificación sexual de las plantas, el cual fue un éxito literario del momento; por lo demás, sus teorías acerca de la herencia de los caracteres adquiridos estaban destinadas a caer en descrédito por obra, precisamente, de su nieto. Además de su hermano, cinco años mayor que él, Charles tuvo tres hermanas también mayores y una hermana menor. Tras la muerte de su madre en 1817, su educación transcurrió en una escuela local y en su vejez recordó su experiencia allí como lo peor que pudo sucederle a su desarrollo intelectual. Ya desde la infancia dio muestras de un gusto por la historia natural que él consideró innato y, en especial, de una gran afición por coleccionar cosas (conchas, sellos, monedas, minerales) el tipo de pasión «que le lleva a uno a convertirse en un naturalista sistemático, en un experto, o en un avaro».

Su preparación. En octubre de 1825 Darwin ingresó en la Universidad de Edimburgo para estudiar medicina por decisión de su padre, al que siempre recordó con cariño y admiración (y con un respeto no exento de connotaciones psicoanalíticas); la hipocondría de su edad adulta combinó la desconfianza en los médicos con la fe ilimitada en el instinto y los métodos de tratamiento paternos. Sin embargo Darwin no consiguió interesarse por la carrera; a la repugnancia por las operaciones quirúrgicas y a la incapacidad del profesorado para captar su atención, vino a sumarse el creciente convencimiento de que la herencia de su padre le iba a permitir una confortable subsistencia sin necesidad de ejercer una profesión como la de médico. De modo que, al cabo de dos cursos, su padre, dispuesto a impedir que se convirtiera en un ocioso hijo de familia, le propuso una carrera eclesiástica. Tras resolver los propios escrúpulos acerca de su fe, Darwin aceptó con gusto la idea de llegar a ser un clérigo rural y, a principios de 1828, después de haber refrescado su formación clásica, ingresó en el Christ's College de Cambridge.

Una nueva vida. Pero en Cambridge, como antes en Edimburgo y en la escuela, Darwin perdió el tiempo por lo que al estudio se refiere, a menudo descuidado para dar satisfacción a su pasión por la caza y por montar a caballo, actividades que ocasionalmente culminaban en cenas con amigos de las que Darwin conservó un recuerdo -posiblemente exagerado- como de auténticas francachelas. Con todo, su indolencia quedó temperada por la adquisición de sendos gustos por la pintura y la música, de los que él mismo se sorprendió más tarde, dada su absoluta carencia de oído musical y su incapacidad para el dibujo (un «mal irremediable», junto con su desconocimiento práctico de la disección, que representó una desventaja para sus trabajos posteriores).

Más que de los estudios académicos que se vio obligado a cursar, Darwin extrajo provecho en Cambridge de su asistencia voluntaria a las clases del botánico y entomólogo reverendo John Henslow, cuya amistad le reportó «un beneficio inestimable» y que tuvo una intervención directa en dos acontecimientos que determinaron su futuro: por una parte, al término de sus estudios en abril de 1831, Henslow le convenció de que se interesase por la geología, materia por la que las clases recibidas en Edimburgo le habían hecho concebir verdadera aversión, y le presentó a Adam Sedgwick, fundador del sistema cambriano, quien inició precisamente sus estudios sobre el mismo en una expedición al norte de Gales realizada en abril de ese mismo año en compañía de Darwin (treinta años más tarde, Henslow se vería obligado a defender al discípulo común ante las violentas críticas dirigidas por Sedgwick a las ideas evolucionistas); por otra parte, lo que es aún más importante, fue Henslow quien le proporcionó a Darwin la oportunidad de embarcarse como naturalista con el capitán Robert Fitzroy y acompañarle en el viaje que éste se proponía realizar a bordo del Beagle alrededor del mundo.

En un principio su padre se opuso al proyecto, manifestando que sólo cambiaría de opinión si «alguien con sentido común» era capaz de considerar aconsejable el viaje. Ese alguien fue su tío -y futuro suegro- Josiah Wedgwood, quien intercedió en favor de que su joven sobrino cumpliera el objetivo de viajar que Darwin se había fijado ya meses antes, cuando la lectura de Humboldt suscitó en él un deseo inmediato de visitar Tenerife y empezó a aprender castellano y a informarse acerca de los precios del pasaje. El 27 de diciembre de 1831 el Beagle zarpó de Davenport con Darwin a bordo y dispuesto a comenzar la que él llamó su «segunda vida», tras dos meses de desalentadora espera en Plymouth, mientras la nave era reparada de los desperfectos ocasionados en su viaje anterior, y después de que la galerna frustrara dos intentos de partida. Durante ese tiempo, Darwin experimentó «palpitaciones y dolores en el corazón» de origen más que probablemente nervioso, como quizá también lo habrían de ser más tarde sus frecuentes postraciones. Sin saberlo, Darwin había corrido el riesgo de ser rechazado por Fitzroy, ya que éste, convencido seguidor de las teorías fisiognómicas del sacerdote suizo Johann Caspar Lavater estimó en un principio que la nariz del naturalista no revelaba energía y determinación suficientes para la empresa.


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El viaje del Beagle. El objetivo de la expedición dirigida por Fitzroy era el de completar el estudio topográfico de los territorios de la Patagonia y la Tierra del Fuego, el trazado de las costas de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y la realización de una cadena de medidas cronométricas alrededor del mundo. El periplo, de casi cinco años de duración, llevó a Darwin a lo largo de las costas de América del Sur, para regresar luego durante el último año visitando las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y Sudáfrica. Durante ese período su talante experimentó una profunda transformación. La antigua pasión por la caza sobrevivió los dos primeros años con toda su fuerza y fue él mismo quien se encargó de disparar sobre los pájaros y animales que pasaron a engrosar sus colecciones; poco a poco, sin embargo, esta tarea fue quedando encomendada a su criado a medida que su atención resultaba cada vez más absorbida por los aspectos científicos de su actividad.

El estudio de la geología fue, en un principio, el factor que más contribuyó a convertir el viaje en la verdadera formación de Darwin como investigador, ya que con él entró inexcusablemente en juego la necesidad de razonar. Darwin se llevó consigo el primer volumen de los Principles of Geology de Charles Lyell, autor de la teoría llamada de las causas actuales y que habría de ser su colaborador en la exposición del evolucionismo; desde el reconocimiento de los primeros terrenos geológicos que visitó (la isla de São Tiago, en Cabo Verde), Darwin quedó convencido de la superioridad del enfoque preconizado por Lyell. En Sao Tiago tuvo por vez primera la idea de que las rocas blancas que observaba habían sido producidas por la lava derretida de antiguas erupciones volcánicas, la cual, al deslizarse hasta el fondo del mar, habría arrastrado conchas y corales triturados comunicándoles consistencia rocosa. Hacia el final del viaje, Darwin tuvo noticia de que Sedgwick había expresado a su padre la opinión de que el joven se convertiría en un científico importante; el acertado pronóstico era el resultado de la lectura por Henslow, ante la Philosophical Society de Cambridge, de algunas de las cartas remitidas por Darwin.

La teoría sobre la formación de los arrecifes de coral por el crecimiento de éste en los bordes y en la cima de islas que se iban hundiendo lentamente, fue el primero en ver la luz (1842) de entre los logros científicos obtenidos por Darwin durante el viaje. Junto a éste y al establecimiento de la estructura geológica de algunas islas como Santa Elena, está el descubrimiento de la existencia de una cierta semejanza entre la fauna y la flora de las islas Galápagos con las de América del Sur, así como de diferencias entre los ejemplares de un mismo animal o planta recogidos en las distintas islas, lo que le hizo sospechar que la teoría de la estabilidad de las especies podría ser puesta en entredicho. Fue la elaboración teórica de esas observaciones la que, años después, resultó en su enunciado de las tesis evolutivas.


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Darwin toma como esposa a su prima, Emma Wedgwood.

Darwin regresó a Inglaterra el 2 de octubre de 1836; el cambio experimentado en esos años debió de ser tan notable que su padre, «el más agudo observador que se haya visto de natural escéptico y que estaba lejos de creer en la frenología», al volverlo a ver dictaminó que la forma de su cabeza había cambiado por completo. También su salud se había alterado; hacia el final del viaje se mareaba con más facilidad que en sus comienzos, y en el otoño de 1834 había estado enfermo durante un mes. Se ha especulado con la posibilidad de que en marzo de 1835 contrajera una infección latente de la llamada enfermedad de Chagas como consecuencia de la picadura de un insecto. De todos modos desde su llegada hasta comienzos de 1839 Darwin vivió los meses más activos de su vida, pese a las pérdidas de tiempo que le supuso el sentirse ocasionalmente indispuesto. Trabajó en la redacción de su diario del viaje (publicado en 1839) y en la elaboración de dos textos que presentaran sus observaciones geológicas y zoológicas. Instalado en Londres desde marzo de 1837, se dedicó a «hacer un poco de sociedad», actuando como secretario honorario de la Geological Society y tomando contacto con Lyell. En julio de ese año empezó a escribir su primer cuaderno de notas sobre sus nuevos puntos de vista acerca de la «transmutación de las especies», que se le fueron imponiendo al reflexionar acerca de sus propias observaciones sobre la clasificación, las afinidades y los instintos de los animales, y también como consecuencia de un estudio exhaustivo de cuantas informaciones pudo recoger relativas a las transformaciones experimentadas por especies de plantas y animales domésticos debido a la intervención de criadores y horticultores.

Sus investigaciones, realizadas sobre la base de «auténticos principios baconianos», pronto le convencieron de que la selección era la clave del éxito humano en la obtención de mejoras útiles en las razas de plantas y animales. La posibilidad de que esa misma selección actuara sobre los organismos que vivían en un estado natural se le hizo patente cuando en octubre de 1838 leyó «como pasatiempo» el ensayo de Malthus sobre la población, dispuesto como se hallaba, por sus prolongadas observaciones sobre los hábitos de animales y plantas, a percibir la presencia universal de la lucha por la existencia, se le ocurrió al instante que, en esas circunstancias, las variaciones favorables tenderían a conservarse, mientras que las desfavorables desaparecerían, con el resultado de la formación de nuevas especies. Darwin estimó que, «al fin, había conseguido una teoría con la que trabajar»; sin embargo, preocupado por evitar los prejuicios, decidió abstenerse por un tiempo de «escribir siquiera el más sucinto esbozo de la misma». En junio de 1842 se permitió el placer privado de un resumen muy breve -35 páginas escritas a lápiz-, que amplió hasta 230 páginas en el verano del año 1844.

Por entonces, Darwin había contraído matrimonio el 29 de enero de 1839 con su prima Emma Wedgwood. Residieron en Londres hasta septiembre de 1842, cuando la familia se instaló en Down, en el condado de Kent, buscando un género de vida que se adecuase mejor a los frecuentes períodos de enfermedad que, a partir del regreso de su viaje, afligieron constantemente a Darwin. Por lo demás, los años de Londres fueron, por lo que a vida social se refiere, un preludio del retiro casi total en el que vivió en Down hasta el final de sus días. El 27 de diciembre de 1839 nació el primer hijo del matrimonio y Darwin inició con él una serie de observaciones, que se prolongaron a lo largo de los años, sobre la expresión de las emociones en el hombre y en los animales. Tuvo diez hijos, seis varones y cuatro mujeres, nacidos entre 1839 y 1856, de los que dos niñas y un niño murieron en la infancia.


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A mediados de julio de 1837 Darwin comenzó su cuaderno "B" sobre la "Transmutación de las especies" y en su página 36 escribió "pienso en el primer árbol de la vida".

La teoría de la evolución. Durante los primeros años de su estancia en Down, Darwin completó la redacción de sus trabajos sobre temas geológicos y se ocupó también de una nueva edición de su diario de viaje, que en un principio había aparecido formando parte de la obra publicada por Fitzroy sobre sus expediciones; en las notas autobiográficas que redactó en 1876 (reveladoramente tituladas como Recollections of the Development of my Mind and Character), Darwin reconoció que «el éxito de este mi primer retoño literario siempre enardece mi vanidad más que el de cualquier otro de mis libros». De 1846 a 1854 Darwin estuvo ocupado en la redacción de sus monografías sobre los cirrípodos, por los que se había interesado durante su estancia en las costas de Chile al hallar ejemplares de un tipo que planteaba problemas de clasificación. Esos años de trabajo sirvieron para convertirlo en un verdadero naturalista según las exigencias de su época, añadiendo al aprendizaje práctico adquirido durante el viaje la formación teórica necesaria para abordar el problema de las relaciones entre la historia natural y la taxonomía. Además, sus estudios sobre los percebes le reportaron una sólida reputación entre los especialistas, siendo premiados en noviembre de 1853 por la Royal Society, de la que Darwin era miembro desde 1839.

A comienzos de 1856 Lyell aconsejó a Darwin que trabajara en el completo desarrollo de sus ideas acerca de la evolución de las especies. Darwin emprendió entonces la redacción de una obra que, aun estando concebida a una escala tres o cuatro veces superior de la que luego había de ser la del texto efectivamente publicado, representaba, en su opinión, un mero resumen del material recogido al respecto. Pero, cuando se hallaba hacia la mitad del trabajo, sus planes se fueron al traste por un suceso que precipitó los acontecimientos: en el verano de 1858 recibió un manuscrito que contenía una breve pero explícita exposición de una teoría de la evolución por selección natural, que coincidía exactamente con sus propios puntos de vista. El texto, remitido desde la isla de Ternate, en las Molucas, era obra de Alfred Russell Wallace, un naturalista que desde 1854 se hallaba en el archipiélago malayo y que ya en 1856 había enviado a Darwin un artículo sobre la aparición de especies nuevas con el que éste se sintió ampliamente identificado. En su nuevo trabajo, Wallace hablaba como Darwin, de «lucha por la existencia», una idea que, curiosamente, también le había venido inspirada por la lectura de Malthus. Darwin puso a Lyell en antecedentes del asunto y le comunicó sus vacilaciones acerca de cómo proceder respecto de la publicación de sus propias teorías, llegando a manifestar su intención de destruir sus propios escritos antes que aparecer como un usurpador de los derechos de Wallace a la prioridad. El incidente se saldó de manera salomónica merced a la intervención de Lyell y del botánico Joseph Dalton Hooker, futuro director de los Kew Gardens creados por su padre y uno de los principales defensores de las teorías evolucionistas de Darwin, con quien le unió una estrecha amistad desde 1843. Siguiendo el consejo de ambos, Darwin resumió su manuscrito, que fue presentado por Lyell y Hooker ante la Linnean Society el 1 de julio de 1858, junto con el trabajo de Wallace y con un extracto de una carta remitida por Darwin el 5 de septiembre de 1857 al botánico estadounidense Asa Gray, en el que constaba un esbozo de su teoría. Wallace no puso nunca en cuestión la corrección del procedimiento; más tarde, en 1887, manifestó su satisfacción por la manera en que todo se había desarrollado, aduciendo que él no poseía «el amor por el trabajo, el experimento y el detalle tan preeminente en Darwin, sin el cual cualquier cosa que yo hubiera podido escribir no habría convencido nunca a nadie».


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Panorámica de la casa Down House, donde vivió Charles Darwin.

Tras el episodio, Darwin se vio obligado a dejar de lado sus vacilaciones por lo que a la publicidad de sus ideas se refería y abordó la tarea de reducir la escala de la obra que tenía entre manos para enviarla cuanto antes a la imprenta; en «trece meses y diez días de duro trabajo» quedó por fin redactado el libro On the Origin of Species by means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, del que los primeros 1.250 ejemplares se vendieron el mismo día de su aparición, el 24 de noviembre de 1859. Las implicaciones teológicas de la obra, que atribuía a la selección natural facultades hasta entonces reservadas a la divinidad, fueron causa de que inmediatamente empezara a formarse una enconada oposición, capitaneada por el paleontólogo Richard Owen, quien veinte años antes había acogido con entusiasmo las colecciones de fósiles traídas por Darwin de su viaje. En una memorable sesión de la British Association for the Advancement of Science que tuvo lugar en Oxford el 30 de junio de 1860, el obispo Samuel Wilberforce en calidad de portavoz del partido de Owen ridiculizó con brillante elocuencia las tesis evolucionistas, provocando una contundente réplica por parte de Thomas Henry Huxley, zoólogo, que fue el principal defensor ante la oposición religiosa de las tesis de Darwin, ganándose el sobrenombre de su bulldog. A la pregunta de Wilberforce sobre si a Huxley le hubiera sido indiferente saber que su abuelo había sido un mono, la respuesta inmediata fue, según el testimonio de Lyell: «Estaría en la misma situación que su señoría».

Darwin se mantuvo apartado de la intervención directa en la controversia pública hasta 1871, cuando se publicó su obra The Descent of Man and Selection in Relation to Sex, donde expuso sus argumentos en favor de la tesis de que el hombre había aparecido sobre la Tierra por medios exclusivamente naturales. Tres años antes había aparecido su estudio sobre la variación en animales y plantas por los efectos de la selección artificial, en el que trató de formular una teoría sobre el origen de la vida en general («pangénesis»), que resultó ser la más pobre de sus aportaciones a la biología. En 1872, con The Expression of the Emotions in Man and Animals, obra seminal de lo que luego sería el estudio moderno del comportamiento, Darwin puso fin a sus preocupaciones por los problemas teóricos y dedicó los últimos diez años de su vida a diversas investigaciones en el campo de la botánica.

A finales de 1881 comenzó a padecer graves problemas cardíacos y falleció a consecuencia de un ataque al corazón el 19 de abril de 1882.

Espero que la recopilación de información e imágenes que he conseguido sea de vuestro interés.







Resumen Biográfico


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Charles Darwin, con 31 años, en un retrato en acuarela realizado por George Richmond hacia finales de los años 1830.

Charles Robert Darwin, Miembro de la Royal Society (12 de febrero de 1809 – 19 de abril de 1882) fue un naturalista inglés que observó y demostró que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural. La evolución fue aceptada como un hecho por la comunidad científica y por buena parte del público en vida de Darwin, en tanto que su teoría de la evolución mediante la selección natural fue considerada como la explicación primaria del proceso evolutivo en los años 1930, y actualmente constituye la base de la síntesis evolutiva moderna. Con sus modificaciones, los descubrimientos científicos de Darwin aún siguen siendo el acta fundacional de la biología como ciencia, puesto que constituyen una explicación lógica que unifica las observaciones sobre la diversidad de la vida.


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Darwin con siete años en 1816.

Con apenas 16 años Darwin ingresó en la Universidad de Edimburgo aunque paulatinamente fue dejando de lado sus estudios de medicina para investigar en invertebrados marinos. Posteriormente la Universidad de Cambridge dio alas a su pasión por las ciencias naturales. El segundo viaje del HMS Beagle consolidó su fama como eminente geólogo, cuyas observaciones y teorías apoyaban las ideas uniformistas de Charles Lyell, mientras que la publicación del diario de su viaje lo hizo famoso como escritor popular. Intrigado por la distribución geográfica de la vida salvaje y por los fósiles que recolectó en su periplo, Darwin investigó sobre el hecho de la transmutación de las especies y concibió su teoría de la selección natural en 1838. Aunque discutió sus ideas con algunos naturalistas, necesitaba tiempo para realizar una investigación exhaustiva, y sus trabajos en la geología tenían prioridad. Se encontraba redactando su teoría en 1858 cuando Alfred Russell Wallace le envió un ensayo que describía la misma idea, urgiéndole a realizar una publicación conjunta de ambas teorías.

Su obra fundamental, El origen de las especies, publicada en 1859, estableció que la explicación de la diversidad que se observa en la naturaleza se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución a lo largo de las sucesivas generaciones. Trató la evolución humana y la selección natural en su obra El origen del hombre y de la selección en relación al sexo y posteriormente en La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. También dedicó una serie de publicaciones a sus investigaciones en la botánica, y su última obra abordó el tema de los vermes terrestres y sus efectos en el suelo.

Como reconocimiento a su preeminencia fue uno de los cinco personajes del siglo XIX no pertenecientes a la realeza del Reino Unido honrado con funerales de estado, siendo sepultado en la Abadía de Westminster, próximo a John Herschel e Isaac Newton.


Primeros años y formación

Darwin con siete años en 1816.Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury, Shropshire, Inglaterra, el 12 de febrero de 1809 en el hogar familiar, llamado "The Mount" (El monte). Fue el quinto de seis de los hijos habidos entre Robert Darwin, un médico y hombre de negocios acomodado, y Susannah Darwin (apellidada Wedgwood de soltera). Era nieto de Erasmus Darwin por parte de padre y de Josiah Wedgwood por parte de madre. Ambas familias eran de antigua tradición unitarista, aunque los Wedgwoods adoptaron el anglicanismo. El mismo Robert Darwin, siendo un discreto librepensador, bautizó a su hijo Charles en la Iglesia Anglicana, aunque tanto él como sus hermanos asistían a los oficios unitaristas con su madre. A los ocho años Charles ya mostraba predilección por la historia natural y por el coleccionismo de ejemplares cuando en 1817 se incorporó a la escuela diurna, regida por el predicador de la capilla donde asistía a los cultos. En julio de ese mismo año falleció su madre. En septiembre de 1818 se incorporó con su hermano Erasmus a la cercana escuela anglicana de Shrewsbury como pupilo.

Darwin pasó el verano de 1825 como aprendiz de médico, ayudando a su padre a asistir a las personas necesitadas de Shroshire, antes de marchar con Erasmus a la Universidad de Edimburgo. Encontró sus clases tediosas y la cirugía insufrible, de modo que no se aplicaba a los estudios de medicina. Aprendió taxidermia con John Edmonstone, un esclavo negro liberto que había acompañado a Charles Waterton por las selvas de Sudamérica y se le veía frecuentemente sentado con aquel "hombre inteligente y muy agradable".

En su segundo año en Edimburgo ingresó en la Sociedad Pliniana, un grupo de estudiantes de historia natural cuyos debates derivaron hacia el materialismo radical. Colaboró con las investigaciones de Robert Edmund Grant sobre la anatomía y ciclo vital de los invertebrados marinos en el Fiordo de Forth, y en marzo de 1827 presentó ante la Sociedad Pliniana el descubrimiento de que unas esporas blancas encontradas en caparazones de ostras eran los huevos de una sanguijuela. Un buen día, Grant expuso las ideas evolucionistas de Lamarck. Darwin quedó estupefacto, pero al haber leído recientemente ideas similares en los escritos de su abuelo Erasmus, mantuvo posteriormente una postura indiferente. Darwin se aburría bastante con el curso de historia natural impartido por Robert Jameson, que comprendía la geología y su debate entre neptunismo y plutonismo. Aprendió la clasificación de las plantas, y contribuyó a los trabajos en las colecciones del museo de la universidad, uno de los mayores de la Europa de su tiempo.

Esta falta de atención a sus estudios de medicina disgustó a su padre, quien lo envió al Christ’s College de Cambridge para obtener un grado en letras como primer paso para ordenarse como pastor anglicano. Darwin llegó en enero de 1828, pero prefería la equitación y el tiro al estudio. Su primo William Fox le introdujo en la moda popular de coleccionar escarabajos, a la que se dedicó con entusiasmo, consiguiendo publicar algunos de sus hallazgos en el manual Illustrations of British entomology de James Francis Stephens. Se convirtió en un amigo íntimo y seguidor del profesor de botánica John Stevens Henslow y conoció a otros importantes naturalistas que contemplaban su trabajo científico como una teología natural, siendo conocido por estos académicos como "el hombre que pasea con Henslow". En la proximidad de los exámenes finales, Darwin se centró en sus estudios, deleitándose con el lenguaje y la lógica de Evidencias del Cristianismo de William Paley. En el examen final de enero de 1831 Darwin aprobó, quedando el décimo de una lista de 178 examinados.

Darwin tuvo que quedarse en Cambridge hasta junio. Durante este período leyó tres obras que ejercerían una influencia fundamental en la evolución de su pensamiento: otra obra de Paley, Teología Natural, uno de los tratados clásicos en defensa de la adaptación biológica como evidencia del diseño divino a través de las leyes naturales; el recién publicado Un discurso preliminar en el estudio de la filosofía natural, de John Herschel, que describía la última meta de la filosofía natural como la comprensión de estas leyes a través del razonamiento inductivo basado en la observación; y el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, de Alexander von Humboldt. Inspirado por un ardiente afán de contribuir, Darwin planeó visitar Tenerife con algunos compañeros de clase tras la graduación para estudiar la historia natural de los trópicos. Mientras preparaba el viaje se inscribió en el curso de geología de Adam Sedgwick y posteriormente le acompañó durante el verano a trazar mapas de estratos en Gales. Tras una quincena con otros amigos estudiantes en Barmouth, volvió a su hogar, encontrándose con una carta de Henslow que le proponía un puesto como naturalista sin retribución para el capitán Robert FitzRoy, más como un acompañante que como mero recolector de materiales en el HMS Beagle, que zarparía en cuatro semanas en una expedición para cartografiar la costa de América del Sur. Su padre se opuso en principio al viaje que se planeaba para dos años, aduciendo que era una pérdida de tiempo, pero su cuñado Josiah Wedgwood lo persuadió, aceptando así finalmente la participación de su hijo.


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Panorámica del salón de la casa Down House, donde vivió Charles Darwin.



Viaje del Beagle

El viaje del Beagle duró casi cinco años, zarpando de la bahía de Plymouth el 27 de diciembre de 1831 y arribando a Falmouth el 2 de octubre de 1836. Tal como Fitzroy le había propuesto, el joven Darwin dedicó la mayor parte de su tiempo a investigaciones geológicas en tierra firme y a recopilar ejemplares, mientras el Beagle realizaba su misión científica para medir corrientes oceánicas y cartografiando la costa. Darwin tomó notas escrupulosamente durante todo el viaje, y enviaba regularmente sus hallazgos a Cambridge, junto con una larga correspondencia para su familia que se convertiría en el diario de su viaje. Tenía nociones de geología, entomología y disección de invertebrados marinos —aunque se sabía inexperto en otras disciplinas científicas$mdash; de modo que reunió hábilmente gran número de especímenes para que los especialistas en la materia pudieran llevar a cabo una evaluación exhaustiva. A pesar de sufrir frecuentes mareos —que ya había acusado la primera vez que embarcó su equipaje a bordo— la mayoría de sus notas zoológicas versan sobre invertebrados marinos, comenzando por una notable colección de plancton que reunió en una temporada con viento en calma.

En su primera escala, en Santiago de Cabo Verde, Darwin descubrió que uno de los estratos blanquecinos elevados en la roca volcánica contenían restos de conchas. Como Fitzroy le había prestado poco antes la obra de Charles Lyell Principios de Geología, que establecía los principios uniformistas según los cuales el relieve se formaba mediante surgimientos o hundimientos a lo largo de inmensos periodos de tiempo, Darwin comprendió ese fenómeno desde el punto de vista de Lyell, e incluso se planteó escribir en el futuro una obra sobre geología.

En Brasil, Darwin quedó fascinado por el bosque tropical, pero aborreció el espectáculo de la esclavitud. En Punta Alta y Barrancas de Monte Hermoso, cerca de Bahía Blanca, Argentina, realizó un hallazgo de primer orden al localizar en una colina fósiles de enormes mamíferos extintos junto a restos modernos de bivalvos, extintos más recientemente de manera natural. Identificó al poco conocido megaterio, cuyo pesado caparazón óseo le pareció en un principio una gigantesca versión del armadillo local. Estos hallazgos despertaron un enorme interés a su regreso a Inglaterra. Cabalgando con los gauchos del interior se dedicó a observar la geología y extraer más fósiles, adquiriendo, al mismo tiempo, una perspectiva de los problemas sociales, políticos y antropológicos tanto de los nativos como de los criollos en el momento anterior a la revolución de los Restauradores. También aprendió que los dos tipos de ñandú poseen territorios separados, aunque superpuestos.

Contempló con asombro la diversidad de la fauna y la flora en función de los distintos lugares. Así, pudo comprender que la separación geográfica y las distintas condiciones de vida eran la causa de que las poblaciones variaran independientemente unas de otras. Continuando su viaje hacia el sur, observó llanuras aplanadas llenas de guijarros en las que cúmulos de restos de conchas formaban pequeñas elevaciones. Como estaba leyendo la segunda obra de Lyell, asumió que se trataba de los "centros de creación" de especies que éste describía, aunque por primera vez comenzó a cuestionar los conceptos de lento desgaste y extinción de especies defendidos por Lyell.

En Tierra del fuego se produjo el retorno de tres nativos Yagán que habían sido embarcados durante la primera expedición del Beagle, con objeto de recibir una educación que les permitiera actuar de misioneros ante sus semejantes. Darwin los encontró amables y civilizados, aunque los otros nativos le parecieron "salvajes miserables y degradados", tan distintos de los que iban a bordo como lo pudieran ser los animales salvajes de los domésticos, si bien, para Darwin, esa distinción estribaba en cuestiones culturales y no raciales. Al contrario que sus colegas científicos, empezó a sospechar que no existía una diferencia insalvable entre los animales y las personas. Al cabo de un año, la misión había sido abandonada. Uno de los fueguinos retornados, a quien le habían dado el nombre cristiano de Jemmy Button, vivía con los demás nativos, se había casado y manifestó no tener ningún deseo de volver a Inglaterra.


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El camino donde Darwin meditaba, en la "Down House".

En Chile, Darwin fue testigo de un terremoto, observando indicios de un levantamiento del terreno, entre los que se encontraban acumulaciones de valvas de mejillones por encima de la línea de la marea alta. Sin embargo, también encontró restos de conchas en las alturas de los Andes, así como árboles fosilizados que habían crecido a pie de playa, lo que le llevó a pensar que según subían niveles de tierra, las islas oceánicas se iban hundiendo, formándose así los atolones de arrecifes de coral.

Poco después, en las Islas Galápagos, geológicamente jóvenes, Darwin se dedicó a buscar indicios de un antiguo "centro de creación", y encontró variedades de pinzones que estaban emparentadas con la variedad continental, pero que variaban de isla a isla. También recibió informes de que los caparazones de tortugas variaban ligeramente entre unas islas y otras, permitiendo así su identificación.

En Australia, la rata marsupial y el ornitorrinco le parecieron tan extraños que Darwin pensó que era como si "dos creadores" hubiesen obrado a la vez. Encontró a los aborígenes australianos "bienhumorados y agradables", y notó su decadencia por la proliferación de asentamientos europeos.

El HMS Beagle también investigó la formación de los atolones de las Islas Cocos, con resultados que respaldaban las teorías de Darwin. Por aquel entonces, Fitzroy ;mdash&que redactaba la "narración oficial" de la expedición;mdash& leyó los diarios de Darwin y le pidió permiso para incorporarlos a su crónica. El diario de Darwin fue entonces reescrito como un tercer volumen dedicado a la historia natural. En Ciudad del Cabo, una de las últimas escalas de su vuelta al mundo, Darwin y Fitzroy conocieron a John Herschel, quien había escrito recientemente a Lyell alabando su teoría uniformista por plantear una especulación sobre "ese misterio de misterios: la sustitución de especies extintas por otras" como "un proceso natural en oposición a uno milagroso". Ordenando sus notas rumbo hacia Plymouth, Darwin escribía que de probarse sus crecientes sospechas sobre los pinzones, las tortugas y el zorro de las islas Malvinas, "estos hechos desbaratan la teoría de la estabilidad de las especies" (más tarde, reescribió prudentemente "podrían desbaratar"). Posteriormente reconoció que en aquel momento, los hechos observados le hacián pensar que "arrojaban alguna luz sobre el origen de las especies.


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Un ejemplar de la primera edición de El origen de las especies.



Años de la gestación y publicación de El origen de las especies


Inicios de la teoría

Cuando el Beagle regresó el 2 de octubre de 1836, Darwin ya se había convertido en una celebridad en los círculos científicos, ya que en diciembre de 1835 Henslow había promovido la reputación de su anterior discípulo distribuyendo entre naturalistas seleccionados un panfleto de sus comunicaciones sobre geología. Darwin fue a visitar su casa en Shrewsbury y se encontró con sus parientes, apresurándose inmediatamente a Cambridge para ver a Henslow, quien le recomendó buscar naturalistas disponibles para catalogar las colecciones, y quedó de acuerdo en encargarse de los especímenes botánicos. El padre de Darwin organizó las inversiones que permitieron a su hijo ser un caballero científico sustentado por sus propias provisiones económicas, y le animó a hacer una gira por las instituciones de Londres para asistir a recepciones en su honor y buscar de ese modo expertos para describir las colecciones. Los zoólogos tenían ante sí un enorme trabajo acumulado, y había peligro de que los especímenes quedaran abandonados en almacén.

A mediados de julio de 1837 Darwin comenzó su libro "B" sobre la "Transmutación de las especies" y en su página 36 escribió "pienso en el primer arbol de la vida".

Charles Lyell, entusiasmado, se encontró con Darwin con primera vez el 29 de octubre y pronto le presentó al prometedor anatomista Richard Owen, quien disponía de las instalaciones del Real colegio de Cirujanos de Inglaterra para poder trabajar en los huesos fosilizados reunidos por Darwin. Entre los sorprendentes ejemplares que clasificó Owen se encontraban los de perezosos gigantes extintos, un esqueleto casi completo del desconocido Scelidotherium y un roedor del tamaño de un hipopótamo, que recordaba a un capibara gigante. También se contaba con fragmentos del caparazón de Glyptodon, un armadillo gigante, tal y como inicialmente supuso Darwin. Estas criaturas extintas estaban estrechamente relacionadas con especies vivas de Sudamérica.

A mediados de diciembre, darwin buscó alojamiento en Cambridge para organizar su trabajo en sus colecciones y reescribir su "diario". Escribió su primer artículo en el que defendía que la masa continental de América del Sur se estaba elevando lentamente, y con el apoyo entusiasta de Lyell lo leyó en la Sociedad Geológica de Londres el 4 de enero de 1837. El mismo día presentó sus especímenes de mamíferos y aves a la Sociedad Geológica de Londres. El ornitólogo John Gould pronto anunció que las aves de las islas Galápagos que Darwin había pensado que eran una mezcla de tordos, picogordos y pinzones, eran en realidad especies distintas de pinzones. El 17 de febrero Darwin fue elegido como miembro de Geographical Society y el discurso de presentación, que estuvo a cargo de Lyell en su calidad de presidente, expuso los hallazgos de Owen a partir de los fósiles de Darwin, enfatizando la continuidad geográfica de las especies como apoyo a sus ideas uniformistas.

A comienzos de marzo Darwin se mudó a Londres para residir cerca de su trabajo, uniéndose al círculo social de científicos de Lyell, con eruditos como Charles Babbage, quien le describió a dios como diseñador de leyes. La carta de John Herschel sobre el "misterio de misterios" de las nuevas especies fue ampliamente discutida en estas reuniones, con explicaciones que se buscaban en las leyes de la naturaleza, no en milagros ad hoc. Darwin permaneció con su hermano Erasmus, quien era un libre pensador, miembro del círculo del partido Whig y amigo íntimo de la escritora Harriet Martineau que promovió el Malthusianismo que subyacía a la controvertida Ley de Pobres de 1834 de los whigs para impedir que el bienestar produjera sobrepoblación y más pobreza. Como unitarista recibió bien las implicaciones radicalistas de la transmutación de las especies, promocionadas por Robert Edmond Grant y jóvenes cirujanos influídos por Étienne Geoffroy Saint-Hilaire, pero que eran anatema para los anglicanos que defendían el orden social.

En su primera reunión para discutir sus detallados hallazgos, Gould le dijo a Darwin que los pinzones de las galápagos de las distintas islas eran especies diferentes. Los dos ñandúes también eran especies distintas, y el 14 de marzo Darwin publicó el hecho de que su distribución había cambiado, desplazándose hacia el sur.

A mediados de marzo, Darwin especulaba en su cuaderno rojo sobre la posibilidad de que "una especie se transforme en otra" para explicar la distribución geográfica de las especies de seres vivos como los ñandúes, y de las extintas como Macrauchenia, una especie de guanaco gigante. Desarrolló sus ideas sobre la longevidad, la reproducción asexual y la reproducción sexual en su cuaderno "B" en torno a mediados de julio hablando de la variación en la descendencia para "adaptarse y alterar la raza en un mundo en cambio" como la explicación de lo observado en las tortugas de las galápagos, pinzones y ñandúes. Realizó un esbozo en el que representaba la descendencia como la ramificación de un árbol evolutivo, en el cual "es absurdo hablar de que un animal sea más evolucionado que otro", descartando de ese modo la teoría de Lamarck en la cual líneas evolutivas independientes progresaban hacia formas más evolucionadas.


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Hacia 1879, un cada vez más famoso Darwin llevaba años aquejado de una enfermedad crónica.




CONTINUA MÁS ABAJO...
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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La Beagle salutata dagli indigeni durante l'esplorazione della Terra del Fuoco. Dipinto di Conrad Martens che divenne artista di bordo nel 1833



El proceso de preparación

El camino donde Darwin meditaba, en la "Down House".A su vuelta al Reino Unido, Darwin publicó la obra Diario del viaje del Beagle. Cuando las "crónicas" de Fitzroy se publicaron en mayo de 1839, los diarios de Darwin eran ya un éxito tal que el mismo Fitzroy costeó la publicación del tercer tomo. Durante más de una década, se dedicó a realizar pruebas de cruce de animales y numerosos experimentos con plantas, mediante los cuales encontró indicios de que las especies no eran realidades inmutables que le permitieron profundizar las implicaciones de su teoría. Durante más de una década estos trabajos constituyeron el trasfondo de su investigación principal, consistente en la publicación de los resultados científicos del "viaje del Beagle".

A principios de 1842, Darwin escribió una carta a Lyell exponiéndole sus ideas, quien observó que su camarada "se negaba a ver un origen para cada grupo similar de especies". Tras tres años de trabajo, Darwin publicó en mayo sus estudios sobre los arrecifes coralinos, y comenzó a esbozar su teoría. Para escapar a las presiones de la capital, el matrimonio Darwin se mudó a su "Down House" rural en septiembre. El 11 de enero de 1844 Darwin comentó sus especulaciones con el botánico Joseph Dalton Hooker, admitiendo con humor que era "como confesarse culpable de asesinato". Hooker replicó que en su opinión había "series de producción en diferentes puntos, así como un cambio gradual en las especies", y le manifestó su interés en "escuchar su explicación sobre cómo puede producirse este cambio, dado que por el momento las opiniones al respecto no me satisfacen".

Hacia el mes de julio, Darwin había ampliado su esbozo a un ensayo de 230 páginas, destinado a completarse con el resto de sus investigaciones en el caso de una muerte prematura. En noviembre la opinión pública reaccionó con polémica ante la publicación anónima de la obra Vestigios de la historia natural de la Creación, escrita por Robert Chambers. Se trataba de una obra bien redactada que llamó la atención sobre el tema de la transmutación. Darwin le censuró su bisoñez en geología y zoología, pero las críticas que recibió esta defensa de la evolución hicieron que revisara cuidadosamente sus propios argumentos.

En 1846 Darwin ya había completado su tercer libro sobre geología. Recuperó su fascinación por los invertebrados marinos, que había despertado en sus años de estudiante cuando diseccionaba y catalogaba con Robert Edmond Grant los percebes recogidos durante su viaje, observando con placer sus complejas estructuras y planteando analogías con estructuras similares. En 1847, Hooker recibió el "ensayo" y envió algunas notas críticas a Darwin, que le ayudaron a ver su obra con distanciamiento científico y cuestionarse su oposición al creacionismo.

Preocupado por su enfermedad crónica, Darwin acudió en 1849 al balneario del doctor James Manby Gully, y descubrió con sorpresa las virtudes de la hidroterapia. En 1851 su querida hija Anne Darwin enfermó, avivando los temores de Darwin de que su mal pudiera ser hereditario, y tras una serie de crisis falleció.

A lo largo de ocho años de trabajo sobre cirrípedos, la teoría de Darwin le había ayudado a encontrar homologías que indicaban que mínimas alteraciones morfológicas permitían a los organismos cumplir nuevas funciones en nuevas condiciones, y el hallazgo de minúsculos machos parásitos en organismos hermafroditas le sugirió una progresión intermedia en el desarrollo de seres sexuados. En 1853 este trabajo le valió la Medalla Real concedida por la Royal Society, trayéndole así la celebridad como biólogo. En 1854 continuó su trabajo sobre la teoría de las especies, y en noviembre ya había anotado que las diferencias en los caracteres de los descendientes podían obedecer a su adaptación a "diversos entornos en la economía natural".


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Darwin en 1853


Trabajo excesivo, enfermedad y matrimonio

Durante el desarrollo de su profundo estudio sobre la transmutación de las especies, Darwin se cargó con más trabajos. Mientras aún escribía su "diario", continuó editando y publicando los informes de los expertos sobre sus colecciones y con la ayuda de Henslow obtuvo una asignación del tesoro de 1000 libras para patrocinar su obra en varios volúmenes Zoología del viaje del Beagle. En esta obra y en su libro Geología de Sudamérica acepta datos no realistas en apoyo de las ideas de Lyell. Darwin acabó de escribir su diario en torno al 20 de junio de 1837, justo en el momento de la coronación de la Reina Victoria, pero posteriormente tuvo que corregir las pruebas.


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Caricatura de Darwin en la revista Hornet donde él es representado con características propias de un primate, a manera de burla por su teoría evolutiva.

El 20 de septiembre tuvo una "incómoda palpitación del corazón", de modo que los médicos le conminaron a "abandonar todo el trabajo" y vivir en el campo durante algunas semanas. Tras visitar Shrewsbury se reunió con sus parientes de la familia Wedgwood en Maer Hall, Staffordshire, pero les encontró demasiado entusiasmados con los relatos de sus viajes como para proporcionarle algún descanso. Su encantadora, inteligente y cultivada prima Emma Wedgwood, nueve meses mayor que Darwin, estaba cuidando de su tía inválida. Su tío, Jos señaló un sitio donde las cenizas habían desaparecido bajo el terreno y sugirió que podría ser obra de los gusanos, inspirando una "nueva e importante teoría" sobre su papel en la formación del suelo que Darwin presentó ante la Sociedad Geológica de Londres el 1 de noviembre.

William Whewell animó a Darwin a aceptar las obligaciones de secretario de la Sociedad Geológica. Tras declinar inicialmente la oferta, aceptó el cargo en marzo de 1838. A pesar de la abrumadora labor de escribir y editar los informes del Beagle, Darwin realizó destacables progresos en el asunto de la transmutación, aprovechando cualquier oportunidad para poner en cuestión a naturalistas expertos y de forma menos convencional, a personas con experiencia práctica tales como granjeros y criadores de palomas. Con el tiempo su investigación tomaba datos de sus parientes e hijos, la famila Butler, los vecinos, colonos y antiguos compañeros de navegación. Dentro de sus especulaciones incluyó desde el mismo comienzo la naturaleza humana, y observando un orangután en el zoológico el 28 de marzo de 1938 se fijó en lo semejante de su conducta a la de un niño.

Los esfuerzos le pasaron factura, y en junio tuvo que quedarse en la cama durante días sin fin con problemas estomacales, dolor de cabeza y síntomas de afección cardíaca. Durante el resto de su vida se vio repetidamente incapacitado con episodios de dolores de estómago, vómitos, abscesos graves, palpitaciones, temblores y otros síntomas, en particular durante las épocas de estrés como la asistencia a reuniones o visitas sociales. La causa de la enfermedad de Darwin sigue siendo desconocida, y todos los intentos de tratamiento tuvieron poco éxito.

El 23 de junio se tomó un respiro y se fue a "hacer algo de geología" en Escocia. Visitó Glen Roy con un tiempo maravilloso para ver los "caminos naturales" cortados en las laderas de las colinas a tres alturas. Posteriormente publicó su interpretación de este fenómeno, afirmando que eran playas de mar elevadas por los movimientos geológicos, pero posteriormente tuvo que aceptar que eran líneas de la orilla de un lago proglacial.

Totalmente recuperado regresó a Shrewsbury en julio. Acostumbraba a tomar notas diarias sobre la cría animal, pergeñaba pensamientos inconexos sobre su carrera y proyectos en dos pedazos de papel, en los que valoraba las ventajas e inconvenientes de contraer matrimonio. Tras tomar una decisión favorable, lo discutió con su padre y fue a visitar a su prima Emma el 29 de julio. No llegó a hacerle proposiciones, pero en contra del consejo de su padre le mencionó sus ideas sobre la transmutación.

Continuando con sus investigaciones en Londres, a las extensas lecturas de Darwin ahora se les añadía la sexta edición de la obra de Thomas Malthus Ensayo sobre el principio de la población.

En octubre de 1838, esto es, quince meses después de comenzar mi indagación sistemática, sucedió que leí por diversión el ensayo sobre la población de Malthus, y comencé a estar bien preparado para apreciar la lucha por la existencia que se da en todas partes a partir de observaciones a largo plazo de los hábitos de animales y plantas, y de inmediato me impactó el hecho de que bajo tales circunstancias las variaciones favorables tenderían a ser preservadas, mientras que las desfavorables serían destruidas. El resultado de esto sería la formación de nuevas especies. Aquí, por tanto, por fin había una teoría con la que trabajar...

Malthus afirmaba que a menos que se controlara la población humana, crecería en progresión geométrica y pronto excedería los suministros de alimentos en lo que se conoce como catástrofe malthusiana. Darwin estaba bien preparado para ver al vuelo que eso se aplicaba a lo que de Candolle denominaba "guerra de especies" entre plantas y a la lucha por la existencia en la vida salvaje, explicando cómo las cifras de población de una especie permanecían bastante estables. Puesto que las especies siempre se reproducían en cantidad mayor que los recursos disponibles, las variaciones favorables mejorarían la supervivencia de los organismos transmitiendo las variaciones a su descendencia, mientras que las variaciones desfavorables se perderían. Esto acabaría dando como resultado la formación de nuevas especies. El 28 de septiembre de 1838 anotó esta intuición, describiéndola como un tipo de cuña que introduciría las estructuras adaptadas en las fisuras de la economía de la naturaleza al tiempo que las estructuras más débiles se hacían a un lado. En los meses siguientes comparó a los granjeros recogiendo lo mejor de su cosecha con una selección natural maltusiana a partir de variantes surgidas "al azar", de modo que "cualquier parte de [cualquier] estructura nuevamente adquirida está completamente experimentada y perfeccionada", y pensó que esta analogía era "la parte más hermosa de mi teoría".

El 11 de noviembre volvió a Maer y se declaró a Emma, contándole una vez más sus ideas. Ella aceptó, y en los intercambios de cartas de amor mostraba cómo valoraba su apertura al compartir sus diferencias, y exponiendo también sus creencias unitaristas y su preocupación por que sus dudas honestas pudieran separarlos más adelante.[88] Mientras estaba buscando casa en Londres, los accesos de enfermedad continuaban y Emma le escribió apremiándole a que se tomara algún descanso, comentando de modo casi profético "No sigas poniéndote malo, mi querido Charley hasta que pueda estar contigo para cuidarte." Él encontró una casa que llamó una "cabaña de guacamayos" (por sus llamativos interiores) en Gower Street, y trasladó allí su museo durante las navidades. El 24 de enero de 1839 Darwin fue elegido miembro de la Royal Society.

El 29 de enero Darwin y Emma Wedgwood se casaron en Maer en una ceremonia anglicana preparada para acoger a los unitarios, e inmediatamente tomaron el tren a Londres para ocupar su nuevo hogar.


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Darwin. 1882



Publicación

A comienzos de 1856 Darwin investigaba si los huevos y semillas podrían sobrevivir a un viaje en el agua del mar diseminando de ese modo las especies por los océanos. Hooker cada vez dudaba más de la doctrina tradicional en torno a la inmutabilidad de las especies, pero su joven amigo Thomas Henry Huxley era un firme detractor de la evolución. Por su parte, Lyell estaba fascinado por las especulaciones de Darwin, aunque sin percibir el alcance de sus implicaciones. Cuando leyó un artículo de Alfred Russel Wallace sobre la Introducción de especies, observó similitudes con los pensamientos de Darwin y le apremió a publicarlos para establecer la precedencia. Aunque Darwin no percibió amenaza alguna, comenzó a trabajar en una publicación corta. La contestación de difíciles cuestiones retenían su desarrollo una y otra vez, y finalmente amplió sus planes a la redacción de un "gran libro sobre las especies" titulado Selección natural. Darwin continuó con sus investigaciones, obteniendo información y especímenes de naturalistas de todo el mundo, incluyendo a Wallace, que estaba trabajando en Borneo. El botánico estadounidense Asa Gray mostraba intereses similares, y el 5 de septiembre de 1857 Darwin envió a Gray un esbozo detallado de sus ideas, incluyendo un extracto de su obra Selección natural. En diciembre, Darwin recibió una carta de Wallace preguntándole si el libro trataría la cuestión del origen del hombre. Él le contesto que evitaría el tema al estar "tan rodeado de prejuicios", mientras animaba a Wallace a seguir con su línea teórica, añadiendo que "Yo voy mucho más allá que Usted".

El libro de Darwin estaba a la mitad cuando el 18 de junio de 1858 recibió una carta de Wallace. En ella, Wallace adjuntaba un manuscrito para ser revisado en el que defendía la evolución por selección natural. A petición de Wallace, Darwin envió el manuscrito a Lyell, mostrándole su sorpresa por la extraordinaria coincidencia de sus teorías, y sugiriendo la publicación del artículo de Wallace en cualquiera de las revistas que este prefiriese. Su familia estaba en crisis, y los niños de su pueblo estaban muriendo de escarlatina, de modo que dejó el asunto en manos de Lyell y Hooker. Finalmente se decidió por una presentación conjunta en la Sociedad linneana de Londres el 1 de julio bajo el título Sobre la tendencia de las especies a crear variedades, así como sobre la perpetuación de las variedades y de las especies por medio de la selección natural compuesta por dos artículos independientes: el manuscrito de Wallace, y un extracto del no publicado Ensayo de Darwin, escrito en 1844, junto con un resumen de la carta de Darwin a Asa Gray. No obstante, la hija de Darwin murió pronto de escarlatina y estaba demasiado abatido como para asistir.

La presentación de la teoría ante la Sociedad linneana no recibió demasiada atención. Tras la publicación del artículo en agosto, en el periódico de la sociedad, se reimprimió en varias revistas y recibió algunas revisiones y cartas, pero el presidente de la Sociedad linneana comentaba en mayo de 1858 que aquel año no estaba señalado por ningún descubrimiento revolucionario. Sólo una reseña le resultó a Darwin lo suficientemente incisiva como para tenerla en cuenta más tarde: el profesor Samuel Haughton de Dublín afirmaba que "todo lo novedoso del artículo es falso, y lo verdadero ya es cosa dicha anteriormente". Darwin se debatió durante trece meses para producir un extracto de su "gran libro", sufriendo enfermedades del corazón, pero recibiendo continuos ánimos de sus amigos científicos. Lyell lo dispuso todo para que lo publicara John Murray.


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Un ejemplar de la primera edición de El origen de las especies.

El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida (habitualmente conocido bajo el título abreviado de El origen de las especies) resultó inusitadamente popular, y el lote completo de 1250 copias tenía un número de suscriptores superior cuando salió a venta a los libreros el 22 de noviembre de 1859. En el libro, Darwin expone una "extensa argumentación" a partir de observaciones detalladas e inferencias, y considera con anticipación las objeciones a su teoría. Su única alusión a la evolución humana fue un comentario moderado en el que se hablaba de que "se arrojará luz sobre el origen del hombre y su historia." Su teoría se formula de modo sencillo en la Introducción:

Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma. Darwin argumentó contundentemente en favor de de un origen común de las especies pero evitó el entonces controvertido término "evolución" y al final del libro concluyó que:

Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un reducido número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, una infinidad de las formas más bellas y portentosas.



Los últimos años de Darwin

Hacia 1879, un cada vez más famoso Darwin llevaba años aquejado de una enfermedad crónica.A pesar de los repetidos brotes de su enfermedad durante los últimos 22 años de su vida, Darwin continuó infatigablemente su trabajo. Habiendo publicado El origen de las especies como un resumen de su teoría, continuó desarrollando líneas de investigación que allí sólo habían sido esbozadas y que incluyeron objetos tan dispares como la evolución humana, diversos aspectos de la adaptación de las plantas o la belleza decorativa en la vida salvaje.

En 1861, sus investigaciones sobre la polinización por insectos le condujeron a novedosos estudios sobre las orquídeas salvajes en los que investigó la adaptación de sus flores al síndrome floral y al aseguramiento de la heterosis. La fecundación de las orquídeas, publicada en 1862, ofreció la primera demostración detallada del poder de la selección natural, explicando las complejas relaciones ecológicas y haciendo verificables las predicciones. El deterioro de su enfermedad obligó a Darwin a permanecer en cama. La habitación en la que guardaba reposo se encontraba repleta de ingeniosos experimentos para trazar los movimientos de las plantas trepadoras, y no dejó de recibir visitas de ilustres naturalistas. Entre ellos se encontraban Ernst Haeckel, un celoso seguidor del Darwinismus, una particular versión del darwinismo que favorecía la ortogénesis por encima de la selección natural, y Wallace, quien aunque siguió apoyando la teoría de Darwin, se convirtió progresivamente al espiritualismo.


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Charles Darwin en sus últimos días.

La primera parte del "gran libro" planeado por Darwin, y titulado Variación de las plantas y los animales en estado doméstico creció hasta convertirse en dos enormes volúmenes, obligándole a dejar de lado otros objetos de estudio como la evolución humana y la selección sexual. La obra se publicó en 1868 y a pesar de su extensión tuvo una amplia acogida, alcanzando un número considerable de ventas y siendo traducida a varios idiomas. Más tarde, Darwin escribió una segunda sección dedicada a la selección natural que sería publicada a título póstumo.

El siguiente reto de Darwin tuvo por objeto la evolución humana. Lyell ya había popularizado el tema de la prehistoria, y por entonces Thomas Henry Huxley organizaba sesiones de anatomía en las que se comparaban cráneos de simios y humanos en distintos grados de desarrollo. Con El origen del hombre, y la selección en relación al sexo, publicado en 1871, Darwin ofreció múltiples evidencias que situaban al ser humano como una especie más del reino animal, mostrando la continuidad entre características físicas y mentales. Así mismo, expuso la teoría de la selección sexual como una explicación de determinadas características no adaptativas, como el plumaje de la cola del pavo real, así como la evolución cultural y las diferencias sexuales, raciales y culturales, al mismo tiempo que enfatizaba la pertenencia de todos los humanos a una misma especie. Su investigación fue ampliada en su siguiente libro: La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872), una de las primeras publicaciones acompañada de fotografías impresas, que discutía la continuidad de la psicología humana con la conducta animal. Ambos libros fueron enormemente populares y el mismo Darwin se declaró sorprendido de que "todo el mundo hablase de ello sin demostrar sorpresa alguna". Su conclusión fue que el hombre, con todas sus nobles cualidades, con su compasión hacia los que siente desarraigados, con su benevolencia no sólo hacia los otros hombres sino hacia la más humilde criatura; con su intelecto, que parece divino y ha penetrado en los movimientos y la formación del sistema solar ;mdash&con todos estos elevados poderes;mdash& todo hombre sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen. Sus experimentos e investigaciones sobre evolución culminaron en sus trabajos sobre el movimiento de plantas trepadoras y carnívoras, los efectos de la heterosis y la autofertilización vegetal, diferentes formas de flores en una misma especie de planta, y El poder del movimiento en las plantas. En su último libro, Darwin investigó el efecto de la presencia de lombrices en la formación del suelo.

Murió en Downe, Kent (Inglaterra) el 19 de abril de 1882. Esperaba ser enterrado en el patio de la iglesia de St. Mary, en Downe, pero por petición de sus colegas, el presidente de la Royal Society, William Spottiswoode, convino un funeral de estado en la Abadía de Westminster, donde fue enterrado junto a John Herschel y Isaac Newton. Sólo cinco personas que no pertenecieran a la realeza tuvieron el honor de recibir un funeral semejante durante el siglo XIX.


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Tumba de Darwin. Abadía de Westminster. Londres.



Los hijos de Darwin

El matrimonio Darwin tuvo diez hijos. Dos de ellos murieron en la infancia, y especialmente el fallecimiento de Anne Darwin con diez años dejó una huella indeleble en sus padres. Charles era un padre cariñoso y extraordinariamente atento con sus hijos. Cuando enfermaron siempre sospechó que la consanguinidad podía empeorar la tendencia genética a la enfermedad que él sufría desde su juventud. Estudió el tema en sus libros, contrastándolo con las ventajas asociadas al cruce entre muchos organismos.


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Darwin con su hijo mayor William Erasmus Darwin, en 1842.

La mayoría de los hijos de Darwin tuvo carreras distinguidas logradas, en parte, gracias al honor de ostentar su ilustre apellido. George, Francis y Horace se convirtieron con el tiempo en miembros de la Royal Society, distinguidos así por sus trayectorias en astronomía, botánica e ingeniería, respectivamente. Su hijo Leonard, por otra parte, fue sucesivamente soldado, político, economista y eugenicista, además de maestro del estadístico y biólogo evolucionista Ronald Fisher


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Statue of Charles Darwin in the Natural History Museum, London



La teoría de Darwin: comunidad de descendencia y selección natural

La explicación propuesta por Darwin del origen de las especies y del mecanismo de la selección natural, a la luz de los conocimientos científicos de la época, constituye un gran paso en la coherencia del conocimiento del mundo vivo y de las ideas evolucionistas presentes con anterioridad. Se trataba de una teoría compuesta por un amplio abanico de subteorías que ni conceptual ni históricamente fueron indisociables (véase el artículo dedicado a El Origen de las Especies para una revisión completa de todas ellas). Fundamentalmente, las dos grandes teorías defendidas en el Origen fueron, por un lado, la teoría del origen común o comunidad de descendencia, en la que se integran evidencias muy variadas en favor del hecho de la evolución, y, por otro, la teoría de la selección natural, que establece el mecanismo del cambio evolutivo. De este modo, Darwin pretendía resolver los dos grandes problemas de la historia natural: la unidad de tipo y las condiciones de existencia.


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Diagrama dibujado por Darwin en El Origen de las Especies



Críticas en los inicios de la teoría de la evolución

Aunque menos controvertida que los Vestigios, la publicación de El Origen de las especies atrajo un amplio interés internacional, provocando acalorados debates tanto en la comunidad científica como en la religiosa que se vieron reflejados en la prensa popular. En poco tiempo, el Origen se tradujo a varios idiomas, convirtiéndose en un texto científico fundamental cuya discusión implicó a multitud de sectores sociales, incluyendo a los "trabajadores" que acudían en masa a las lecciones magistrales de Huxley. A pesar de que su enfermedad le obligó a permanecer al margen de los debates públicos, Darwin estuvo siempre atento a todas las reacciones provocadas por su obra, como ilustra la activa correspondencia que mantuvo en aquellas fechas. En general, la aceptación de las tesis defendidas en el Origen atravesó dos etapas: una primera fase en la que, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, el mundo victoriano se convirtió progresivamente al evolucionismo y una segunda, avanzado ya el siglo XX, en la que el redescubrimiento de la herencia mendeliana posibilitó la aceptación de la teoría de la selección natural.

En el ámbito popular, la reacción más recurrente, reflejada en las sátiras y caricaturas publicadas en los periódicos y revistas de la época, afectó a las consecuencias de la teoría de la evolución para la posición de la especie humana en la jerarquía animal. A pesar de que Darwin sólo había afirmado que su teoría arrojaría nueva luz sobre la cuestión del origen del hombre, la primera reseña del Origen lo acusó de hacer un credo de la idea, en realidad sostenida en los Vestigios, según la cual el hombre procedía del mono. El vínculo genealógico entre el hombre y otros primates enfrentó también a la comunidad científica. Huxley, defensor del evolucionismo, y Richard Owen, cuyas objeciones a las tesis del Origen habían aglutinado a gran parte de los críticos de Darwin, mantuvieron un intenso debate durante dos años en torno a las similitudes y diferencias anatómicas entre los cerebros de humanos y primates. La campaña de Huxley tuvo un éxito devastador en el derrocamiento de Owen y la "vieja guardia".

En sintonía con la acogida popular del Origen, gran parte de la comunidad religiosa reaccionó con virulencia ante la defensa de la evolución, considerándola incompatible con el relato de la Creación narrado en las Escrituras y la posición privilegiada que el hombre ocupaba en ella. No obstante, la reacción de la Iglesia de Inglaterra no fue unívoca. Los antiguos tutores de Darwin en Cambridge, Sedgwick y Henslow descartaron sus ideas, pero teólogos liberales como Charles Kingsley interpretaron la selección natural como un instrumento del diseño divino. En 1860, siete teólogos anglicanos publicaron la obra Essays and Reviews, en la que Baden Powell tachaba de atea a la creencia en los milagros, considerando que estos rompían las leyes divinas, y elogiaba la obra de Darwin por "apoyar el gran principio de los poderes autoevolutivos de la naturaleza”. Asa Gray mantuvo largas discusiones teológicas con Darwin, quien importó y distribuyó su obra en defensa de la evolución teísta, titulada La selección natural no es inconsistente con la teología natural. Ese mismo año tuvo lugar en Oxford el célebre debate en torno a la evolución, durante un encuentro de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia. En él se enfrentaron filósofos, teólogos y científicos a favor y en contra de la teoría de Darwin. El obispo de Oxford, Samuel Wilberforce, aunque favorable al evolucionismo, se mostró contrario a la explicación darwinista de la transmutación de las especies. Entre los defensores de Darwin se encontraban Joseph Hooker y Thomas Huxley, llamado desde entonces el “bulldog de Darwin” por su feroz apoyo al darwinismo.


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Caricatura de Darwin, publicada en la revista Vanity Fair en 1871.

Los amigos más cercanos de Darwin, Gray, Hooker, Huxley y Lyell, continuaron expresando ciertas reservas, pero le ofrecieron su apoyo, al igual que otros muchos naturalistas, especialmente los más jóvenes. Gray y Lyell buscaron la reconciliación del evolucionismo con la fe, mientras que Huxley planteó un enfrentamiento radical entre religión y ciencia, luchando contra la autoridad del clero en la educación y el control de la ciencia por parte de los clérigos y los aristócratas amateurs, encabezados por Owen, en defensa de una nueva generación de científicos profesionales. El 3 de noviembre de 1864, día en que la Royal Society condecía a Darwin la medalla Copley, Huxley organizó el primer encuentro del más tarde influyente Club X, dedicado a "la ciencia, pura y libre, liberada de dogmas religiosos".

Entre las críticas científicas, uno de los escollos fundamentales para la aceptación del evolucionismo afectó a la edad de la Tierra, que según los cálculos de Lord Kelvin era demasiado breve como para posibilitar la evolución gradual defendida en el Origen. La cuestión sólo sería resuelta, a favor de Darwin, tras el descubrimiento de la radioactividad y su aplicación al fechado de la edad de la Tierra.

El gradualismo defendido por Darwin en el Origen fue otra de las grandes fuentes de controversia, como Huxley le señaló en su célebre advertencia: "Se ha cargado usted a sí mismo con una dificultad innecesaria al adoptar el Natura non facit saltum de manera tan incondicional". Las objeciones al gradualismo se concentraron en dos cuestiones fundamentales: desde la paleontología, se señaló la ausencia de formas intermedias en el registro fósil, mientras que otros autores como Lyell y George Jackson Mivart insistieron en las dificultades asociadas a la evolución gradual de órganos complejos, arguyendo la inviabilidad de las etapas incipientes de estructuras que sólo al haber alcanzado un alto grado de complejidad podrían resultar útiles.[129]

La aceptación de la teoría de la selección natural requirió mucho más tiempo. A pesar del reconocimiento de la evolución, gran parte de la comunidad científica se resistió a aceptar un mecanismo de cambio no teleológico y continuó defendiendo teorías alternativas como el lamarquismo o diversas formas de vitalismo, como ilustran las objeciones de Eduard von Hartmann y Henri Milne-Edwards. Otros autores señalaron las inconsistencias lógicas internas a la propia teoría de la selección natural y derivadas del mecanismo hereditario postulado por Darwin. Si bien el Origen de las especies no se comprometió con ninguna teoría de la herencia, Darwin defendió la pangénesis o herencia por mezcla, la teoría más en boga en su época. A pesar de que ya en 1865 Gregor Mendel había publicado sus estudios sobre las leyes de la herencia, su trabajo permaneció desconocido hasta el siglo XX.[130] Ocho años después de la aparición de El Origen, Fleeming Jenkin y después Ronald Fisher, señalaron la incompatibilidad entre el mecanismo de la selección natural y la pangénesis.[131] Razonando desde la matemática estadística, Jenkin mostró la alta improbabilidad de que la variación, la selección y la transmisión de nuevas características pudiesen superar el efecto conservador de la herencia por mezcla, que hacía más probable que la descendencia se aproximase a la distribución media de la característica en la población que a sus progenitores, reduciendo la variación. En los años 1930 la síntesis evolutiva moderna sentaba las bases del evolucionismo actual, integrando la teoría de la evolución por selección natural, la herencia mendeliana, la mutación genética aleatoria como fuente de variación y los modelos matemáticos de la genética de poblaciones.


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Charles Darwin en un retrato, c. 1881



Pensamiento religioso

La tradición religiosa de la familia Darwin fue un irregular unitarismo, ya que su padre y su abuelo eran librepensadores, y, al mismo tiempo, su bautismo y su formación religiosa fueron anglicanas. En su época de Cambridge, Darwin se planteó convertirse en un clérigo anglicano, sin albergar ninguna duda sobre la verdad literal de la Biblia. Sin embargo, su relación con John Herschel, así como con la teología natural de William Paley, le hicieron adoptar un pensamiento crítico que buscaba explicaciones más allá del milagro o la teleología de la creación divina. En el viaje a bordo del HMS Beagle, Darwin aún buscaba "centros de creación" que justificasen la distribución de las especies. Así, por ejemplo, al ver hormigas león en poblaciones de canguros habló de "dos momentos de creación distintos". Aún seguía siendo bastante ortodoxo y citaba regularmente la Biblia como una autoridad moral.

A su retorno, sin embargo, Darwin era mucho más crítico con el pensamiento creacionista, y se planteó por primera vez la posibilidad de que otras religiones, o incluso todas ellas, fuesen igualmente válidas. Los siguientes años, de intensa especulación en torno a cuestiones geológicas y a la transmutación de las especies, hicieron que se plantease muchas cuestiones relativas a la fe, y así lo discutía frecuentemente con Emma, su mujer, quien apoyaba su fe en un estudio y un cuestionamiento igualmente serios. La teodicea de Paley y la obra de Malthus abrían otro frente crítico al admitir el hambre o la extinción como efectos de una Creación que él suponía buena y perfecta. Para Darwin, la selección natural generaba de por sí esa "perfección", pero eliminaba la necesidad de un "diseño divino", al tiempo que comprometía el lugar de ese "Dios bondadoso" en la Creación, al observar cómo algunos organismos paralizaban a otros para convertirlos en comida viviente para sus crías. Sin embargo, consideraba la vida como un conjunto de organismos perfectamente adaptados, y en el Origen exponía algunos argumentos teológicos. Aunque por entonces consideraba la religión como un mecanismo estratégico de supervivencia, Darwin aún creía que, en último término, Dios era el "dador de vida".

Darwin continuó desarrollando un papel muy activo en las tareas de su parroquia pero hacia 1849 comenzó a dedicar el tiempo que su familia pasaba en el templo a dar paseos en soledad. Aunque era reticente a manifestar su opinión sobre cuestiones religiosas, en 1879 afirmó que nunca se había considerado un ateo, y que el término agnóstico "sería una descripción más correcta de mi estado de ánimo".

La Historia de Lady Hope, publicada en 1915, describía cómo Darwin había vuelto al cristianismo en su lecho de muerte, aunque despertó las protestas de sus hijos y fue posteriormente refutada por historiadores. Sus últimas palabras fueron para su familia, diciéndole a su mujer Emma: "No tengo miedo de la muerte. Recuerda qué buena esposa has sido para mí. Dile a mis hijos que recuerden lo buenos que han sido todos conmigo." entonces, mientras se apagaba, le decía repetidamente a Henrietta y Francis "Casi ha merecido la pena estar enfermo para recibir vuestros cuidados".


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En 1851, Darwin quedó destrozado por la muerte de su hija Annie. Su fe quedó tan resentida que dejó de acudir a la iglesia



Significación política

La teoría de Darwin tuvo inmediatas repercusiones éticas, morales y políticas, sirviendo de base para el desarrollo de la eugenesia y el darwinismo social. No obstante, la celebridad de Darwin ha hecho que su nombre sea asociado con ideologías que en algunas ocasiones defendió sólo parcialmente, y otras están directamente enfrentadas con sus comentarios personales.


Eugenesia

Darwin estaba interesado en en los argumentos de su medio primo Francis Galton, expuestos por primera vez en 1865, que afirmaban que los análisis históricos de la heredabilidad mostraban que los rasgos mentales y morales podían ser hereditarios, y que los principios de la cría animal se podían aplicar también a humanos. En el Origen del hombre Darwin apunta que si se ayuda a los débiles a sobrevivir y procrear se podrían perder los beneficios de la selección natural, pero advirtió que negar tal ayuda podría poner en peligro el instinto de solidaridad, "la parte más noble de nuestra naturaleza", y que factores como la educación podrían ser más importantes. Cuando Galton sugirió que la publicación de estas investigaciones podría incentivar los matrimonios entre los miembros de la "casta" de "aquellos que han sido mejor dotados por la naturaleza", Darwin previó algunas dificultades prácticas y pensó que era el "único procedimiento factible, aunque me temo que utópico de mejorar la raza humana", prefiriendo que solamente se diera publicidad a la importancia de la herencia y se dejara las decisiones a los individuos.

Tras la muerte de Darwin en 1883, Galton denominó eugenesia a la disciplina encargada de la mejora biológica de la especie humana, y desarrolló la biometría. Los movimientos eugenésicos ya estaban ampliamente extendidos cuando se redescubrió la genética mendeliana, y en algunos países, entre ellos Bélgica, Brasil, Canadá, Suecia y Estados Unidos, se impusieron leyes de esterilización obligatoria. La eugenesia Nazi hizo perder crédito a la idea.


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Darwin en 1867



Darwinismo Social

La utilización de leyes naturales como justificación de opciones morales o sociales está en el centro del problema ético de pasar del ser al deber ser. Así, cuando Thomas Malthus sostenía que el crecimiento de la población por encima de los recursos fue dispuesta por Dios para que los hombres trabajaran de forma productiva y se refrenaran a la hora de formar familias, su argumento fue utilizado en la década de 1830 para justificar las "workhouses" (asilos de pobres) y la economía basada en el laissez-faire. Del mismo modo, algunos autores vieron implicaciones sociales en la teoría de la evolución, y Herbert Spencer en su obra La estática social, escrito en 1851, basaba sus ideas de libertad humana y derechos individuales en la teoría evolutiva de Lamarck.

La teoría de la evolución de Darwin se convirtió en una forma de justificación de las diferencias sociales y raciales. Aunque Darwin había dicho que era "absurdo hablar de que un animal fuera superior a otro", y concebía la evolución como carente de finalidad, poco después de la publicación del Origen en 1859 los críticos se mofaban de su descripción de la lucha por la existencia como una justificación malthusiana del capitalismo industrial inglés de la época. El término Darwinismo fue usado en las ideas evolutivas de otros, entre ellos la aplicación del principio de "supervivencia del más adaptado" por Spencer en el progreso del libre mercado, y las ideas racistas de Ernst Haeckel del desarrollo humano. Darwin no compartía las ideas racistas, comunes en su época. Era un firme detractor de la esclavitud, la "clasificación de las llamadas razas del hombre como especies distintas" y los abusos contra los pueblos nativos.

Algunos autores han empleado la selección natural como argumento para varias ideologías, a menudo contradictorias, como el capitalismo radical, el racismo, el belicismo, el colonialismo y el neoimperialismo. Al mismo tiempo, el enfoque holístico de la naturaleza sostenido por Darwin y que incluía la "dependencia de unos seres con otros", sirvió de fundamento a ideologías diametralmente opuestas: el pacifismo, el socialismo, el progresismo y el anarquismo, como en el caso del Príncipe Kropotkin, enfatizaron el valor de la cooperación sobre la lucha entre las especies. El mismo Darwin insistió en que la política social simplemente no podía guiarse por los conceptos de lucha por la supervivencia y selección natural.

El término darwinismo social, acuñado por Herbert Spencer no era muy frecuente en la última década del siglo XIX, pero se popularizó como una expresión despectiva en los años 1940 cuando fue empleado por William Graham Sumner, oponiéndose al reformismo y al socialismo. Desde entonces el término se utiliza para referirse peyorativamente a los que defienden las consecuencias morales de la evolución.


Homenajes a Darwin en 2009

El "día de Darwin" se celebra cada año, y con ocasión del bicentenario su nacimiento y el 150 aniversario de la publicación de su obra más importante se han anunciado actos y publicaciones por todo el mundo.[148] La exposición sobre Darwin con que se inauguró el Museo Americano de Historia Natural en 2006, se exhibió en el Museo de la Ciencia de Boston, el Museo del Campo de Chicago y el Museo Real de Ontario en Toronto, antes de su exposición en el Museo de Historia Natural de Londres (14 de noviembre de 2008 - 19 de abril de 2009), como parte del programa conmemorativo "Darwin200". La universidad de Cambridge ha preparado un festival especial en julio de 2009. En su ciudad natal se celebra el "Festival de Shrewsbury de 2009", con importantes actos durante todo el año.

En el Reino Unido, una edición especial de la moneda de dos libras muestra el retrato de Darwin enfrente de un simio, rodeados por la inscripción "DARWIN 2009", con un texto al borde que reza "El origen de las especies 1859". Ya se han anunciado las ediciones de colección, aunque durante todo el año estas monedas estarán disponibles en bancos y oficinas postales a su valor de cambio.

En septiembre de 2008, la iglesia anglicana publicó un artículo que aprovechaba la ocasión de su 200 aniversario para disculparse ante Darwin "por haberle malinterpretado; y, por percatarnos de esa primera reacción equivocada, animar a otros que siguen sin entenderle".


Fundación Charles Darwin, lista de todas las especies conocidas de las islas Galápagos, enlace: http://darwinfoundation.org/es/


Texto completo en 'pdf' El origen de las especies, en 3 tomos, Espasa Calpe, 1921, 'Biblioteca de traductores' traducción de Antonio Zulueta, enlace: http://www.traduccionliteraria.org/biblib/D/0101.htm


Enlace muy interesante: http://www.elmundo.es/especiales/20...ion1/index.html



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Estatua de Darwin en el zoo de Antwerp. Belgica



LIBROS


Viajeros de la historia: Charles Darwin y su aportación a la literatura de viajes


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Si preguntáramos a cualquier viajero porque le gusta viajar seguramente su respuesta estaría casi siempre relacionada con palabras como diversión, entretenimiento u ocio. Son los viajeros de a píe: gente enamorada de otras culturas a las que les entusiasma conocer nuevos destinos para enriquecer su vida.

Estamos seguros de que a este tipo de viajeros entre los que nos incluimos les apasionará conocer las historias de esos otros aventureros que a lo largo de la historia y aún en la actualidad han realizado viajes tan importantes que han cambiado la historia de la humanidad. Charles Darwin, desde pequeño, ya era uno de ellos. Amaba la historia natural y sus juguetes más preciados eran sus colecciones. Conchas, sellos, monedas y minerales que supondrían el primer paso hacia un asombroso descubrimiento: el de la selección natural de las especies. Como en tantas muchas ocasiones los viajes formaban parte importante de la aventura.


Darwin de la creación a la evolución. Hoy en día es difícil encontrar en el mundo occidental a alguien con una mínima base cultural que no haya oído hablar de Charles Darwin y de la teoría del origen y la evolución de las especies, en este libro se profundiza en las investigaciones llevadas a cabo a lolargo de la vida de Charles Darwin.


La evolución. Antes y después de Charles Darwin. La teoría de la evolución de Charles Darwin transformó nuestra visión de la historia de la vida en el planeta y, junto con ella, la manera en que nos vemos a nosotros mismos, a nuestros orígenes y a nuestro lugar en el mundo.

Este libro nos demuestra cómo procede la ciencia para demostrar que la evolución ha ocurrido y sigue ocurriendo; señala las pruebas irrefutables de este proceso que los biólogos encuentran tanto en los fósiles como en el mundo viviente.


La fecundación de las orquídeas - Charles Darwin. De los 17 libros publicados en vida por Charles Darwin, sólo algunos han sido traducidos al español. Más de 100 años después de su publicación, el 60% aproximadamente de la obra de Darwin sigue inédita en nuestra lengua. Es muy llamativo que obras como La fecundación de las orquídeas  no se hayan traducido jamás.


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Italian painting, ca. 1890


Enlace de varios libros publicados en español de Charles Darwin

http://www.cervantes.com/index.php?...ulo&IdModulo=11



Novela



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Título: EL SECRETO DE DARWIN


Autor: JOHN DARNTON


Editorial: Planeta Internacional

Temática: Histórica

Fecha de publicación: 11/2006

Presentación: Tapa dura

Número de páginas: 304

Precio: 21,50 €




Resumen:

La verdad oculta tras la mayor conquista científica de la historia... Después de meses de investigación en las islas Galápagos, el joven antropólogo Hugh Kellem decide volver a Londres. Allí decidirá descifrar una de las incógnitas que siempre han obsesionado: el motivo por el que Darwin tardó veintidós años en publicar El origen de las especies. Pronto descubre algo que le será enormemente valioso en su investigación: el descubrimiento del diario que Lizzie, la hija menor del famoso naturalista, escribió para intentar comprender los secretos que dominaron a su padre en la cumbre de su carrera.

A partir de ese momento, Hugh se planteará cada vez más interrogantes sobre el científico? ¿cuál fue la extraña enfermedad que lo dejó incapacitado?, ¿por qué tenía miedo a viajar?, ¿quién era su rival?, que sólo podrá contestar resolviendo un complicado rompecabezas de amargas rivalidades, mezquinos engaños y secretos celosamente guardados, en cuyo centro se encuentra el nacimiento de la teoría de la evolución.

En esta apasionante novela, John Darnton da voz a Charles Darwin, uno de los genios más importantes y enigmáticos del siglo XIX, y a su hija Lizzie, en una novela de gran intensidad y misterio cuya combinación de elementos resulta magistral.

John Darnton: nació en Nueva York en 1941. Ha trabajado treinta años como periodista, editor y corresponsal en el extranjero para The New York Times en Nigeria, Kenia, España, Polonia y el Reino Unido. Ganó el premio George Polk por su trabajo en África y Europa del Este y en 1982 recibió el Premio Pulitzer por las crónicas que sacó clandestinamente de Polonia durante el estado de sitio. Está casado con la también periodista Nina Darnton, tiene tres hijos y vive en Nueva York.

Mi comentario:

Decía Darwin: "Una diferencia inferior a un grano en una balanza puede determinar qué individuos han de vivir y cuáles perecerán"

Es muy interesante ésta novela que relata el viaje de Darwin durante cinco años, en la goleta Beagle por las rutas y mares de Sudamérica, viviendo unas aventuras increíbles y descubriendo nuevos modos de vida, tanto en los nativos cómo en los animales y plantas, además de descubrir nuevos accidentes geográficos, montañas y nuevas especies de animales, peces y plantas, que llevaron a Darwin a exponer su innovadora teoría de la evolución... no sin otros protagonistas determinantes en el descubrimiento, pero ignorados por la Ciencia.

La perspectiva resulta interesante, pues se trata en una investigación reciente, basada en el diario de su hija “solterona” Lizzie y en cartas de ésta y otros protagonistas relacionados con los componentes más importantes de la expedición de 1831.

En fin un libro magnífico y recomendable, donde he aprendido muchas cosas, del origen de las especies que me ha resultado entretenido en general -con algunas lagunas-, la traducción en algunas expresiones resulta un poco farragosa, pero aun así recomendable para disfrutar de la gran aventura de Charles Darwin, el más afamado naturalista.


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Charles Darwin (1809-1882)



Pues esto es todo amig@s, espero que os haya gustado el trabajo del famoso naturalista Charles Darwin, desde luego sus teorías sobre "la teoría del origen y la evolución de la especies" han calado en la comunidad científica y, 150 años después de su publicación se ha convertido en la biblia de los naturalistas.



Fuentes y agradecimientos: wikipedia, biografiasyvidas, elmundo, dondeviajar, partiendodecero.wordpress, flickr y otras de Internet.
 




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DESAYUNO CON... EMMA DARWIN


"En mi familia lo más importante es usar la mente"

Esta escritora de novela histórica es tataranieta de Darwin. Suman 152



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Emma Darwin comparte mucho con su gran familia: la lógica para discutir.
 
Emma Darwin (1964) tiene los ojos claros de su tatarabuelo Charles, el nombre de su tatarabuela y habla como un tiro. También escribe libros, como el célebre autor de El origen de las especies, aunque la obra de ambos apenas guarda relación. "Realmente tienen bastante poco en común", admite. Puestos a buscar algún punto de encuentro, Emma, que ha publicado dos novelas históricas, comenta que en su primer libro, Las matemáticas del amor, echó mano del padre del naturalista, Robert. "Necesitaba un médico y lo tomé prestado". Pero, en lo que respecta al contenido, "nada que ver".

La cita tiene lugar en una semidesértica cafetería del hotel Astoria Palace, en pleno centro de Valencia, donde se aloja la novelista. Apenas tiene hambre, pero sí le apetece un café. "¿Cortado? Había oído esa expresión relacionada con las drogas, pero no con un café", bromea. Al final, será con leche y cruasán.

Aún no es mediodía. En unas horas esta novelista tiene un encuentro con responsables de la Universitat de València, que le ha invitado a pronunciar una conferencia dentro de los actos de conmemoración del bicentenario del nacimiento de su ilustre antepasado. Aunque es bastante reacia a aprovechar su parentesco para hacerse publicidad -"en contra de lo que me recomienda mi agente", comenta con media sonrisa-, su intervención se centrará en un elemento común a buena parte de los descendientes de Charles Darwin -sólo tataranietos son 152-: el pensamiento creativo, ya sea en el terreno del arte o de la ciencia.

"No sabría decir si he heredado algo de Darwin, aunque sí creo que existen características compartidas en la familia", apunta entre sorbo y sorbo de café con leche. Por ejemplo, "tomarse muy en serio lo que hacemos", de ahí que la mayoría sean buenos estudiantes, pese a que Dar-win -que era disléxico- abandonara sus estudios de medicina. "Yo diría que usar la mente es lo más importante en nuestra familia", comenta. "Ser maleducado está mal visto, pero lo peor es no usar la lógica cuando discutes".

Emma Darwin no ha tenido referencias directas de personas que conocieran a su tatarabuelo. Ni siquiera coincidió en vida con su propio abuelo. "Todos los hombres de la familia se casaron tarde, pasados los 40. A la edad en la que se persigue a las chicas, ellos estaban estudiando". Todo lo que sabe esta profesora de redacción de la Open University es a través de testimonios familiares indirectos. Destaca el cariño que profesaba hacia sus hijos y, especialmente, a su mujer: "Asistió a los 10 partos de su esposa. Y es enternecedor ver cómo refleja en su diario la alegría que sintió en el último, cuando se comenzó a usar el cloroformo como anestésico y su mujer apenas sufrió".

Del café no queda una gota, aunque el cruasán sigue encima de la mesa. Aún queda tiempo para una última pregunta. ¿Qué opina una descendiente del autor de la teoría de la selección natural de la fuerza de las teorías creacionistas? "Quizás haya gente a quien le decepcione pensar que no somos tan especiales", responde después de meditar la respuesta durante unos segundos. Y continúa: "Bueno, somos especiales, pero esa diferencia no está en los genes, que no son muy diferentes de los de un chimpancé".


EL PAÍS
 




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200 años y un día


La mansión de Downe, donde Darwin vivió cuatro décadas, recibió en 2009 miles de visitantes por el bicentenario del científico



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Exterior de la casa de Darwin en Kent.

Los coches frenan para que unas jóvenes amazonas con caballos que llevan bandas reflectantes en las patas crucen la High Street o Calle Mayor de Downe, el pueblo del condado de Kent donde vivió Darwin cuarenta años. Más gente no se ve por el centro, donde destaca el techo picudo, como un sombrero de Halloween, del campanario de Saint Mary. Esa parroquia anglicana, sobre un edificio original del siglo XIV, está flanqueada por las dos tabernas del lugar: The Queen's Head y George and Dragon. Esta última, que ya funcionaba en tiempos de Darwin, se ufana de servir los domingos el mejor rosbif. En el cementerio, un simple jardín al pie de la iglesia, yace Emma, la mujer de Darwin, y tres de sus hijos. Aguantan mejor la intemperie el reloj de sol incrustado en el campanario y la placa puesta: "En memoria de Charles Darwin...". Una forma de congraciarse con él. Desde 1851, cuando murió de tuberculosis su hija Annie, Darwin se limitó a esperar en la calle a que salieran su mujer y sus otros hijos de los oficios religiosos.

Aparte de la iglesia, muchas casas y muros de Downe son de pedernal, ésa es su piedra y su carácter, además del ladrillo y la pátina verdinegra del tiempo, alegrada por los macizos de hortensias y el humo que sale por las chimeneas. Una flecha de madera indica que hay un cuarto de milla hasta Down House, la mansión donde Darwin vivió desde 1842 hasta su muerte en 1882. Cuatro décadas bastante felices para él y la humanidad, sin olvidar la sociedad de los simios, esos que horrorizaban tanto a Samuel Wilberforce, obispo de Oxford y enemigo de la evolución.


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Interior del invernadero en la casa de Darwin en Kent.


Una campiña intocada

No hay que confundir Down (pronunciado daun), el nombre de la casa de Darwin, con Downe (pronunciado doun), el pueblo del condado de Kent donde se ubica. Es un capricho fonético y toponímico digno de una rima de Edward Lear, y eso hace aún más ameno el paseo entre acebos y serbales. A lo lejos se divisan sotos de castaños y por doquier brilla una campiña como en tiempos de Darwin, sin rastro de smog, ni ruidos mayores que los que hacen las cornejas.

Down House, una vivienda de época georgiana con muchos añadidos, tal vez no sea la casa más bella de Inglaterra, pero produce emoción saber que ahí dentro se esforzaba un hombre que cambió la historia de la ciencia y en buena parte la filosofía y la moral. Ponen una bandeja con vasitos de hidromiel junto al mostrador donde venden las entradas para la visita. Ahí también se pueden comprar recuerdos, libros y productos de la comarca. Luego das dos pasos y penetras en el antiguo estudio de Darwin, con sus instrumentos y papeles. El molde de un cráneo de mono preside un gran casillero y recuerda de dónde vino el tema de fondo. Darwin se sentaba en una butaca de cuero negro, y en sus anchos brazos apoyaba una plancha de madera para escribir. Con letras como hormigas sepias Darwin redactó El origen de las especies por medio de la selección natural, sentando las bases de la teoría de la evolución. Un cataclismo, dirían los beatos. "El hombre no es sino un gusano", ironizó un dibujo del Punch's Almanack for 1882 que decora una pared. En el viejo estudio de Darwin (se le quedó pequeño y se hizo otro donde ahora está el vestíbulo con la taquilla) se pueden admirar microscopios, frascos y pastilleros para meter bichos. Y libros no sólo técnicos, sino también un Das Kapital, encuadernado en tela verde, regalo de "su sincero admirador" Karl Marx en 1873.

La gente visita Down House con recogimiento y puede que con gratitud. Causa ternura ver el billar, con su paño verde ya amarillento, donde Darwin jugaba para hacer un poco de descompresión mental. El cercano salón de estar, con sus butacas, su mesa camilla y su chimenea, es otro paradigma del confort victoriano. Darwin y su familia veían desde ahí el jardín donde las flores cantaban casi todo el año sobre céspedes que parecían rasurados por la navaja de Occam, y en su defecto, por un jardinero que apreciaba el amor de su amo por todo lo que vivía. Por eso tal vez Darwin puso unos gusanos sobre el piano de cola que solía tocar Emma, a ver si reaccionaban a la música. Más fiable era la wormstone del jardín, la "piedra de los gusanos" cuyo hundimiento en el terreno Darwin medía con un aparato de caoba y latón. También diseccionaba percebes, estudiaba en vivo las palomas y cultivaba plantas carnívoras en el invernadero. Su favorita era una flor insectívora inglesa, la sundew o "rocío de sol" (Drosera rotundifolia).

Down House alterna los recuerdos del impagable trabajo de Darwin y objetos cotidianos como la vajilla Wedgwood desplegada sobre la mesa del comedor con sus dibujos de nenúfares y su elegante opulencia. Su mujer, Emma, aparte de prima carnal suya, era hija del heredero de la gran fábrica inglesa de porcelana. No les faltó el dinero en una casa sólida y cómoda para la pareja, que llegó a tener 10 hijos. En 2009 las numerosas habitaciones de la planta superior se han reconvertido en salas de exposición. Una de ellas recrea el camarote del Beagle, donde un joven Darwin flotando en imagen mira especies por el microscopio como se supone que hizo en su vuelta al mundo de cinco años. Transcurrieron más de dos décadas hasta atreverse a publicar su obra clave, la que se muestra en una vitrina con todos los honores: un ejemplar de la primera edición de El origen de las especies... (1859) dedicado al geólogo Charles Lyell, quien tanto le inspiró en el Beagle con sus ideas. Sin que falte la Biblia familiar, de cuero negro estampado en oro, que alguna vez debió de ojear Darwin. Ni un mechón de cabellos rubios cenicientos de Emma. Ni los juguetes de los niños, que usaban las ramas de una morera, aún viva, para bajar al jardín desde su habitación.

El espíritu de Down House no se encierra entre cuatro paredes. Darwin compró dieciocho acres de tierra (algo más de siete hectáreas). Una magnífica pomarada produce manzanas rojas como las mejillas de una doncella inglesa. Más prosaicos nabos y remolachas, ruibarbos y repollos, atestiguan el potencial de un huerto que en tiempos de Darwin daba de comer a una veintena de personas entre familia y criados. Al final arranca el Sandwalk, por donde Darwin paseaba a diario y que luego fue apodado el Thinking Path, el sendero pensante, pues sin duda también se hace camino al pensar, y más siendo Darwin.



Conoce la casa de Darwin en Kent


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Down House es la casa donde vivió Charles Darwin durante cuarenta años, en el condado de Kent, al sur de Londres. Entre sus paredes Charles Darwin elaboró la teoría de la evolución y escribió “El Origen de las Especies”. Ahora, podemos adentrarnos en esta casa que se ha reabierto como museo, también a través de Internet.


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El estudio en 'Down House' donde Charles Darwin escribió 'El origen de las especies'.

En la casa, una bonita construcción victoriana de la campiña inglesa, se mezclan los retazos de la vida cotidiana de una familia numerosa con las investigaciones de un científico que marcó un hito en la historia de nuestra cultura. Podremos recorrer los jardines y ver el salón, el estudio, la sala de billar, la de dibujo, la biblioteca, el cuarto donde se supone que falleció, sus instrumentos de trabajo, la colección de animales de sus hijos…

La planta baja de la casa, rehabilitada gracias a una fuerte inversión económica, conserva el mobiliario utilizado por la familia. La planta superior, donde se encontraban los dormitorios, está dedicada a una exposición, con la reproducción del camarote que Darwin pudo usar en el “Beagle”.

El ‘HMS Beagle’ era el barco en el que Darwin hizo uno de los grandes viajes de la historia, de esos que cambian el mundo, en el que recorrió durante cinco años los océanos, haciendo escala en las Islas Galápagos, donde descubrió un mundo que lo llevó a concluir que “los monos hacen a los hombres”.

English Heritage, la organización encargada de velar por el mantenimiento del patrimonio histórico del Reino Unido, ha invertido más de un millón de euros para restaurar la casa en la que Darwin vivió hasta su muerte en abril de 1882. La casa ha sido propuesta oficialmente por el Gobierno británico para formar parte de la lista de los lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.


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Desde la web de Down House podemos adentrarnos en la vivienda y hacer una visita virtual al estudio de Darwin en la sección “Explore Darwin’s Study”. Por supuesto, también podemos conocer más sobre su biografía y obra y recorrer sus manuscritos.

A mí me parece que adentrarnos en la figura de estos personajes casi mitificados en tanto que seres humanos con vida cotidiana nos acerca a ellos y nos anima a comprenderlos y conocerlos más. De modo que una visita a la casa de Darwin me parece una estupenda idea.

La entrada de adultos cuesta cerca de 10 euros, y la infantil 5 euros. Existen otras tarifas que se pueden consultar desde la web oficial, así como los días y horarios de apertura, que varían bastante a lo largo del año. Así que si viajáis a Londres y queréis acercaros a la casa de Darwin en Kent, echad un vistazo antes a las fechas para no encontraros con el museo cerrado.


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Retrato de Charles Darwin.


Información


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Casa de Darwin (0044 16 89 85 91 19; www.english-heritage.org.uk). Kent. La casa vuelve a abrir, tras el paréntesis de invierno, el 1 de febrero. Desde esta fecha hasta el 31 de marzo el horario es de 11.00 a 16.00 (lunes y martes, cerrado). Precio: 9,80 euros. Se accede por carretera por Luxted Road, Downe, A-21 o A-233. En tren se llega fácilmente desde las estaciones Victoria y Charing Cross de Londres hasta la estación de Bromley South; desde ahí se toma el autobús 146.

www.visitbritain.es.


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Las tortugas gigantes reconquistan las Galápagos


El Parque Nacional Galápagos y la Fundación científica Charles Darwin en una operación a gran escala introduce 39 ejemplares en la isla Pinta, casa de los grandes quelonios casi extinguidos   



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Una de las 39 tortugas gigantes que han sido trasladas a la isla de Pinta.

Un grupo de tortugas gigantes ha vuelto a la isla Pinta, la más septentrional del archipiélago ecuatoriano de Galápagos, 38 años después del rescate de Jorge, el último quelonio de su especie y símbolo de la conservación de este Patrimonio de la Humaniad. Una operación a gran escala de la comunidad científica en Galápagos ha logrado que 39 tortugas gigantes, híbridas y cuya especie se desconoce, llegaran a la isla Pinta, casa de grandes quelonios, casi extinguidos por la caza de furtivos y la introducción de especies foráneas a su hábitat.

El único que queda es Jorge, rescatado en 1972 y que ahora es cuidado como un rey en un centro de investigación en la Isla Santa Cruz, donde tiene su base de operación el Parque Nacional Galápagos (PNG) y la Fundación científica Charles Darwin. En este lugar también se encuentra el centro de reproducción de tortugas del PNG, donde creció el grupo de tortugas híbridas que ahora repoblarán en Pinta.

Hace más de 40 años, el hombre introdujo en Pinta una de las plagas más letales para su frágil ecosistema, la cabra, que para el 2003 ya contaba con unos 40.000 ejemplares. Esos herbívoros depredaron la flora de esta isla galapagueña y redujo a un mínimo el espacio de vida de las tortugas de la especie a la que pertenece Jorge o George, conocido también como El solitario. Una primera fase para la restauración de Pinta fue la erradicación de las cabras, hace unos siete años, y esta semana empezó la segunda con la introducción de las 39 tortugas híbridas.

Éstas tienen como objetivo diseminar las semillas de plantas endémicas de la isla y, con sus grandes patas, abrir los espacios para que las plantas crezcan. "Se han erradicado los chivos (cabras) y la vegetación se recuperó bastante, ahora las tortugas harán el resto", explicó Linda Cayot, investigadora de Galapagos Conservancy, una de las organizaciones científicas que interviene en el proyecto. Sin embargo, Cayot sabe que los quelonios liberados ahora no son de la misma especie que la de Jorge, por lo que los científicos adelantan estudios para descubrir tortugas que coincidan con el perfil genético de las de Pinta.


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Cada ejemplar porta en sus corazas unos dispositivos para su localización.


Una espera de miles de años

"Hasta ahora no hemos encontrado tortugas de Pinta para ponerlas aquí, sabemos que las tortugas de la Isla Española son las más parecidas", anotó la científica estadounidense tras precisar que se necesitan miles de años para que individuos de otra clase puedan adaptarse a los endémicos de Pinta. "Si ponen tortugas de Española y dejan por miles de años, van a evolucionar como tortugas de Pinta", agregó Cayot, una especialista en las islas Galápagos, archipiélago que también fue una fuente natural de conocimiento para que el científico británico Charles Darwin ideara su teoría sobre la evolución y selección natural de las especies.

El proyecto no ha sido fácil, todo una legión de científicos, naturalitas, voluntarios y académicos de varias partes del mundo han colaborado para que la reincorporación de Tortugas en Pinta se haga realidad. El PNG ha sido líder en el desarrollo del programa, cuyas experiencias podrían servir a otras reservas naturales del mundo que afronten la misma situación, puntualizó Cayot, quien forma parte de un grupo de estudiantes y académicos estadounidenses que colaboran in situ con el proyecto.

Las tortugas híbridas fueron llevadas desde la Isla Santa Cruz en uno de los barcos del PNG, el Sierra Negra, que ancló cerca de una playa de Pinta, donde fueron desembarcadas las tortugas. Después, varios hombres, que fueron sometidos previamente a cuarentena, para evitar cualquier tipo de contaminación, las llevaron hacia una parte alta de Pinta, para que empiece la repoblación. Las tortugas portan en sus corazas unos dispositivos para su localización, que permitirán que sean rastreadas por satélite, aunque los universitarios estadounidenses permanecerán 60 días cerca de ellas para evaluar sus movimientos.

En Pinta se ha incorporado "lo que más faltaba, el herbívoro más grande, las tortugas, que cumplirán una función de ingeniería natural en la Isla", indicó Washington Tapia, del PNG. "Con la liberación de estas tortugas, que es un primer grupo de las muchas que vendrán, se prevé recuperar los procesos ecológicos que estaban alterados por su ausencia", remarcó Tapia.


EL PAÍS
 




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Londres culmina su 'catedral' de la Evolución



Finaliza la construcción del nuevo Centro Darwin en la capital británica


 
El edificio tiene ocho pisos y una superficie de 3.500 metros cuadrados

Permitirá la interacción entre los científicos y el público visitante

La instalación ha supuesto una inversión de 90 millones de euros




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El espectacular edificio del nuevo Centro Darwin. | Reuters

Dos siglos después de su nacimiento, el espíritu de Darwin acaba de renacer en Londres. En Septiembre de 2009 abrió al público la nueva instalación del Museo de Historia Natural de la capital británica bautizada con el nombre del padre de la evolución. El Centro Darwin, es gratuito, consiste en un capullo gigante de ocho pisos de altura y 3.500 metros cuadrados que pretende convertirse en un espacio de convivencia entre científicos y ciudadanos.

El nuevo centro cumple tres objetivos: permite la conservación de sus importantes colecciones, ofrece modernas instalaciones para los científicos y permite esta interacción con el público, la gran innovación del centro y lo que lo convierte en único.

"Lo que queremos es acercar la ciencia a la gente, el centro es un espacio donde se pueda ver a los científicos trabajando y se puede hablar con ellos", cuenta el director del Museo de Historia Natural, Michael Dixon.

Con este centro, que ha costado 78 millones de libras (unos 90 millones de euros) se ha conseguido asegurar la conservación de las colecciones de insectos y plantas durante los próximos300 años. Hasta ahora, las colecciones estaban guardadas en un almacén al sur de Londres y algunas se estaban deteriorando. Las nuevas instalaciones permiten controlar la temperatura -de 17ºC- y la humedad relativa -del 45%- que se requieren para su perfecta conservación. En total se están trasladando 17 millones de especies de insectos y tres millones de ejemplares de plantas en una mudanza lenta y minuciosa.

Interacción con el público

Además, los 200 científicos que trabajarán a diario dispondrán de las más modernas instalaciones para llevar a cabo sus indagaciones, con cámaras y microscopios de última tecnología.

Dentro del espectacular capullo gigante, Paul, un voluntario, enseña a los primeros visitantes un ejercicio que consiste en distinguir entre cuatro especies de escarabajos conservadas en unos cubos de cristal. En otro puesto, otro voluntario enseña a diferenciar entre dos mosquitos aparentemente iguales. A través de muestras de ADN descubre que uno provoca la malaria.

En total, a lo largo del serpeante pasillo, encontramos hasta seis puestos con actividades para el público, 40 instalaciones de alta tecnología y pantallas táctiles.

También hay un muro de 12 metros de altura en el que se proyectan imágenes del cambio climático. Y la avanzadísima sala Attenborough -creada en honor al gran científico naturalista- en el que cada día un científicos mostrará sus hallazgos al público.


Romper estereotipos

En medio del recorrido, al otro lado de unas enormes cristaleras, vemos a auténticos científicos clasificando insectos o plantas, en su día a día. "Es un gran cambio para nosotros", explica uno de ellos, "aunque esta es la función del científico". Han recibido cursos de comunicación, aunque la mayoría no parece que los necesiten ya que comunican únicamente con la pasión que muestran por su trabajo.

De alguna manera, con el Centro Darwin se pretende acabar con la idea que todos tenemos en la mente del científico loco con bata blanca encerrado en lo alto de una torre, inaccesible, rodeado por tubos de ensayos y líquidos de colores, obsesionado con sus experimentos. Este científico ya es historia.

"Queremos aprender de la gente, saber cuáles son sus inquietudes, y esto nos hará a la vez trabajar con más pasión a nosotros", reconoce Malcolm Scoble, responsable del departamento de Entomología.

"Creo que Darwin estaría encantado con este centro", confiesa Johannes Vogel, responsable del departamento de botánica y casado con una de las descendientes de Charles Darwin. "Estaría encantado con la posibilidad de poder contar y mostrar de forma inmediata sus descubrimientos, sus pensamientos, y de poder interactuar con la gente".


La maravilla del Centro Darwin

La segunda fase del llamado Centro Darwin, en los locales del Museo de Historia Natural de Londres, abrió sus puertas a 2.500 visitantes diarios que podrán interactuar no sólo con los instrumentos científicos y de comunicación puestos a su disposición, sino con los 200 científicos que tendrá su laboratorio en las nuevas instalaciones y que, si quieren y pueden, podrán dialogar con los visitantes.

Cientos de especies de insectos que se habían perdido para la ciencia fueron redescubiertas por el personal del Museo de Historia Natural de Londres mientras preparaba la apertura de su nuevo Centro Darwin. Mientras se movían unas 20 millones de especies desde cajones hacia nuevos refrigeradores, los científicos comenzaron a descubrir especies de plantas e insectos que nunca habían visto, algunas que ya se han extinguido. Puede haber incluso especies no identificadas traídas a Europa por el propio Charles Darwin.

El llamado Cocoon por su forma como la crisálida de muchos insectos, como el gusano de seda, contiene 40 instalaciones de alta tecnología para que los visitantes puedan interactuar con un mundo científico que hasta ahora trabajaba a espaldas del público. Podrán ver cómo viajan, cómo nombran nuevas especies, cómo preparan especímenes y organizan colecciones y cómo todo ese trabajo puede ser utilizado para estudiar problemas reales como pueden ser la malaria o el cambio climático.

Dos de las principales atracciones para el público son el Estudio Attenborough ―un moderno centro de comunicaciones con proyecciones diarias y espectáculos en directo― y el Muro del Cambio Climático, 12 metros de pantallas con proyecciones de películas y gráficos interactivos que muestran cómo el museo trabaja para facilitar la comprensión de ese fenómeno.

“Nunca hasta ahora había sido tan importante comprender la diversidad de la vida en la Tierra y cómo está cambiando, si queremos afrontar muchos de los problemas que hoy afrontan los humanos”, declaró ayer el (genial) naturalista sir David Attenborough en la ceremonia de inauguración oficial de las instalaciones.

“El Centro Darwin va a inspirar a la próxima generación de naturalistas y científicos a través de su combinación de conocimientos científicos, especímenes, diálogo público, películas y medios interactivos. Nos va a permitir a todos explorar las maravillas de nuestro mundo e investigar sus secretos”, añadió sir David Attenborough.


Fuentes: EL MUNDO / bolsonweb.com.ar / monsieurdesade.spaces.live.com
 




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PALEONTOLOGÍA | Hallazgo en Gran Bretaña


Los fósiles que Darwin olvidó en un cajón hace 168 años




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Fragmento de madera fosilizada encontrado en un cajón tras 168 años. |BGS

Muestras recogidas por el biólogo británico Charles Darwin, en su viaje alrededor del mundo con el capitan Fitz-Joyce a bordo del 'Beagle', han sido localizadas después de permanecer 168 años en el olvido en un cajón y ya están disponibles on-line para todo el mundo.

El hallazgo de este 'tesoro' se produjo por casualidad, cuando el paleontólogo Howard Falcon-Lang, de la Universidad de Londres, curioseaba en un viejo mueble de la sede del Instituto Geológico Británico (BGS, en sus siglas en inglés). "Andaba rebuscando, cuando me encontré con algunos cajones que decía que había plantas fósiles sin registrar, y no pude contener la curiosidad".

En el interior había cientos de soportes de cristal en los que se habían ensamblado plantas fosilizadas cortadas en finas láminas, preparadas para su estudio por el microscopio. Para su sorpresa, en algunas de ellas estaba inscrito el nombre 'C. Darwin Esq.'. En una incluso podía leerse que la había recogido en la isla chilena de Chiloé.

Otras piezas habían sido donadas por otros exploradores y científicos que en la segunda mitad del siglo XIX acudieron al Servicio para que fueran catalogadas.

Al parecer, Darwin encargó esa engorrosa tarea a su amigo y colega Joseph Hooker, un botánico que durante un tiempo trabajó en el BGS. Pero a Hooker se le acumuló el trabajo de tal forma que, finalmente, aunque ensambló las muestras en los soportes de cristal, no pudo registrarlas.

Según cuenta la institución en su web, Hooker se casó por aquel entonces con la hija del mentor de Darwin en Cambridge, Revd John Henslow, lo que le habría quitado tiempo de trabajo. Además, en 1848 se fue de expedición al Himalaya, dejando su empleo, y los cajones con los fósiles (por cierto, en un mueble de Henslow) quedaron olvidados.

Tras varios cambios de lugar, desde hace medio siglo se llenaban de telarañas en los sótanos del Instituto Geológico Británico, de donde los ha sacado Falcon-Lang.


Muestras recogidas por Darwin, en su viaje a bordo del 'Beagle': http://www.bgs.ac.uk/discoveringGeo...ooker/home.html



Fuente: elmundo.es
 




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El obispo también viene del mono

El evolucionista Richard Dawkins y el jefe de la iglesia anglicana reeditan en la Universidad de Oxford la más famosa refriega del darwinismo



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Richard Dawkins y Rowan Williams, a su llegada a la Universidad de Oxford. / ANDREW WINNING

Mucho han evolucionado los obispos desde que el de Oxford le preguntó a Thomas Huxley, el bulldog de Darwin, si él creía venir del mono por parte del abuelo paterno o del materno. Un siglo y medio después de aquella salida gloriosa, la Universidad de Oxford ha querido reeditar la reyerta con unos modales más británicos. El debate entre el evolucionista y ateo militante Richard Dawkins y el obispo de Canterbury, Rowan Williams, ha alcanzado hoy alturas estratosféricas y profundidades teológicas sin llegar a las manos. No ha resuelto la naturaleza de Dios, pero al menos ha servido para saber que los obispos ya admiten venir del mono. Por vía paterna y materna.

El debate entre Huxley y el entonces obispo de Oxford, Samuel Wilberforce, se celebró en 1860, solo siete meses después de que Darwin publicara El origen de las especies, y la ocurrencia de Wilberforce se ha convertido desde entonces en el chascarrillo obligado sobre lo mal que le sentó el libro al clero. La reedición de hoy ha tenido lugar en el solemne salón de actos de la facultad de Teología de la Universidad de Oxford. Su solo título ya rizaba el pelo: La naturaleza del ser humano y la cuestión de su origen último.

Si la actitud de Williams, que es el jefe de la iglesia anglicana, es representativa de la mentalidad religiosa actual, o al menos una avanzadilla de ella, el último siglo y medio de teología responde al esquema del God of the gaps, o Dios de los huecos: una teología que va aceptando la evidencia científica, aunque sea murmurando, y deja a Dios el papel de ir rellenando los huecos allí donde la ciencia actual no alcanza.

El debate ha alcanzado alturas estratosféricas sin llegar a las manos

Williams, al igual que el Vaticano, acepta ahora la evolución biológica, pero sigue creyendo que tiene un propósito superior. También admite que el ser humano proviene del mono, lo que deja a Dios el dificultoso papel de insertarle un alma en algún momento de la evolución de los homínidos. Acoge de mil amores el Big Bang —lo más parecido a una Creación que ha producido la ciencia, y encima formulado por un cura—, pero frunce el ceño frente a la inmensidad del cosmos, y no hablemos ya de los universos paralelos que conjeturan muchos físicos teóricos. Puede que Dios utilice la ciencia, pero solo si es para crear al hombre.

Es curioso que no haya sido el obispo de Canterbury, sino el ateo Dawkins, quien haya logrado orientarse entre todas esas brumas de las capas altas o altísimas de la atmósfera para señalar el problema verdaderamente vital que tienen las religiones en nuestro tiempo: “El perdón de los pecados y la salvación de las almas”.

Dawkins, como Einstein y otros científicos, opina que las religiones viven del miedo que sienten sus feligreses ante la intranscendencia de la vida y la certeza de la muerte. Es poco probable que el grueso de los creyentes se preocupe por la causa última del Big Bang o el fino ajuste de las constantes físicas mientras no le resuelvan esas cuestiones más acuciantes.

Williams acepta ahora la evolución, pero con un propósito superior

El científico también le ha soltado al obispo una de sus refutaciones favoritas de la existencia de Dios. La teoría del diseño inteligente —versión posmoderna del creacionismo norteamericano— sigue sosteniendo lo mismo que la teología natural de los tiempos de Darwin, que deducía la existencia de Dios a partir de la complejidad de sus criaturas. Dawkins argumenta, en cambio, que un diseñador inteligente debe ser aún más complejo que las criaturas a las que pretende dar explicación, luego no les da ninguna.

Como ocurre a veces en este tipo de debates, los ponentes han adoptado a menudo el lenguaje del adversario con la intención —invariablemente frustrada— de llevarse el gato al agua. Así, el obispo de Canterbury ha hablado con cierta soltura de “consciencia autorreflexiva”, bases binarias, mutaciones saltatorias, genes del lenguaje, el carácter predecible de los sistemas emergentes, o la falta de él, el mecanismo de transferencia de la información genética y la naturaleza de los procesos evolutivos antes de la aparición de las primeras moléculas autorreplicantes. Hasta se ha disculpado por el hecho de que los redactores de la Biblia no tuvieran ni idea de la física del siglo XX, lo que ha suscitado la comprensión del público.

Dawkins ha atemperado en cierta medida su lengua viperina

Dawkins también ha atemperado en cierta medida su lengua viperina. Por ejemplo, no ha dicho que la existencia de un Creador sobrenatural fuera imposible, sino “extremadamente improbable”, con esa vocal muy larga en las segundas sílabas que saben poner en Oxford. Hasta ha llegado a admitir la relevancia de las “macromutaciones”, aunque solo en la evolución de las plantas.

Pero su mejor momento fue cuando el obispo de Canterbury le preguntó: “¿Acaso el conocimiento humano se puede explicar por la evolución?”, y él respondió: “Mire usted, no entiendo ni la pregunta”.

Ese es el Dawkins que cabreaba a los obispos en otros tiempos. Ay Dios, cómo se echa de menos a Samuel Wilberforce.



El universo, la Biblia y el origen de la vida


¿Cómo se creó el universo?

Richard Dawkins: “¿Cómo podemos hablar de la evolución y los millones de años de desarrollo y diseño y luego decir: sí existe Dios? ¿Por qué no reconoce que hay elegancia y belleza en la idea de que la vida apareció de la nada, movido por las leyes de la física?”

Rowan Williams: El arzobispo admite que está admirado de esa belleza, pero asegura que él no podría explicarla solo por las leyes de la física. “Una mezcla de amor y matemáticas”, dice el religioso. Así explica la belleza de la creación.

¿Cómo se originó la vida en el universo?

R.D.: La selección natural explica mucho de este proceso. Se trata de imaginar cómo en el primer momento las moléculas estaban en el espacio. Pero nadie sabe realmente cómo se originó la primera molécula que dio origen a la vida. Piensa que tal vez la primera formación fue parecida al RNA (ácido ribonucleico).

¿Estamos solos en el universo?

R. D.: ¿Cómo puede ser que por casualidad la vida solo haya logrado formarse en las moléculas de la tierra? El universo debe estar lleno de vida.

La Biblia y el universo.

R.W.: Los autores no se referían a la creación de la vida, sino a lo que Dios quería señalar. Con la Biblia se quería explicar en realidad el concepto de pecado.


elpais.com
 




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Del puño y letra de Darwin


El Museo de Historia Natural de Nueva York y la Universidad de Cambridge publican digitalizados los manuscritos del creador de la teoría de la evolución



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Uno de los dibujos que hizo la hija de Darwin en una página de 'El origen de las especies'. / Darwin Manuscripts Project

La mala letra de Charles Darwin, el genial científico inglés que elaboró en el siglo XIX la teoría de la evolución, ha dejado de ser el tormento de investigadores y curiosos para convertirse en un regalo en el 155 aniversario de la publicación de El origen de las especies (1859), su magna obra, fundamento de la biología, objeto de admiración y controversia todavía hoy. El Museo de Historia Natural de Nueva York y la biblioteca de la Universidad de Cambridge han abierto al público, en sus respectivos sitios digitales, la primera entrega del proyecto de digitalización de los manuscritos del investigador, 12.000 documentos, con sus correspondientes transcripciones, que ilustran su trabajo durante los 25 años en que conformó su teoría y escribió su gran libro.

“En estos escritos se puede ver al pensador, al perspicaz recolector de pruebas, al inspirado observador y al decidido experimentador”, afirma David Kohn, director del proyecto, en la página web del museo neoyorquino.

Los documentos guardan pequeñas pepitas de oro del conocimiento, como el ensayo de 35 páginas que escribió sobre la evolución en el que por primera vez, en la página 5, usa el término “selección natural”. Ese breve trabajo contiene la esencia del pensamiento de Darwin. Su título es 1842 Pencil Sketch. En el reverso de la citada página aparece la frase original que el científico empleó para definir su teoría (“un medio natural de selección”), contenida en un párrafo totalmente tachado. Darwin la descartó y optó por una formulación condensada que pasaría a la historia.

Además del boceto original del famoso árbol ramificado de las especies, con correcciones y las dudas de Darwin en él plasmadas, o de documentos privados dirigidos a su esposa, son conmovedores los dibujos de los hijos del científico, realizados en la parte de atrás de los manuscritos originales de El origen de las especies, unas 500 páginas, de las que sólo se conservan 41.


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Borrador de la portada del 'Origen de las especies'. / Darwin Manuscripts Project

El científico no era muy cuidadoso con sus documentos originales ni parecía importarle mucho su conservación. De hecho, solía deshacerse de ellos. Su hija Henrietta salvó de la basura decenas de folios para poder dibujar en ellos. En uno se aprecia lo que parece un soldado inglés con una zanahoria como cabalgadura enfrentándose a un caballero presumiblemente turco. Detrás de esos dibujos están los fragmentos, con sus correcciones, de la magna obra de Darwin.

En uno de los ensayos previos a la publicación de El origen de las especies aparecen muchas correcciones realizadas por colaboradores de confianza a los que Darwin daba a leer y transcribir sus trabajos. Todas esas personas hicieron anotaciones, la mayoría atribuidas al botánico Joseph Hooker, en quien Darwin confiaba ciegamente. Sin embargo, al final del texto, hay un añadido fundamental cuyo autor nadie ha sido capaz de desvelar. La frase que cierra el ensayo, tal y como la escribió Darwin, decía: “Desde un comienzo tan sencillo han evolucionado las formas más bellas y maravillosas”. Tras el retoque, la frase quedó científicamente más completa: “Desde un comienzo tan sencillo han evolucionado, y siguen haciéndolo, las formas más bellas y maravillosas”.

El proyecto continúa. El Museo confía en que para junio de 2015 estén disponibles hasta 30.000 documentos, que completarían la obra de Darwin desde los primeros pasos de su teoría, a partir de su viaje en el Beagle, y el inmenso trabajo de investigación que realizó para sustentarla hasta su muerte en 1882. Lo expuesto es fruto de la labor de digitalización que desde 2009 han venido realizando el Museo de Historia Natural en colaboración con otras instituciones que custodian materiales de Darwin, como la citada Universidad de Cambridge, Harvard, el Eton College y el Museo de Historia Natural de Londres, entre otras.


elpais.com
 




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Darwin tenía razón: la endogamia perjudicó a su estirpe


El naturalista siempre temió por la salud de sus hijos, fruto de su enlace con una prima




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Montaje de una imagen de Charles Darwin y su primogénito William con otra de su mujer Emma abrazando a Leonard.

Charles Darwin llegó a tener diez hijos con su mujer, Emma Wedgwood, entre 1839 y 1856 y, como es natural, temía por la salud de su prole. Pero sus miedos iban más allá de las preocupaciones habituales de un padre, ya que partían de un cierto sentimiento de culpa: un pecado original propio que podía provocar que sus hijos fueran enfermizos o, cuando menos, más débiles de lo normal. Charles y Emma eran primos hermanos. El más relevante de los Darwin sabía que la consanguinidad deteriora a las siguientes generaciones, ya sean plantas o animales. Ahora sabemos que sus temores estaban justificados: su estirpe sufrió muertes prematuras y falta de fertilidad por culpa de la endogamia.

    Tres de los hijos de Darwin murieron antes de los diez años y otros tres no tuvieron descendencia aunque se casaron repetidamente

El problema no surge únicamente del lecho de Charles y Emma. Los Darwin y los Wedgwood se emparejaron entre ellos durante muchas generaciones, lo que provocaba que el naturalista y su esposa tuvieran muchos otros parentescos además de ser primos hermanos. Otros tres hermanos de Emma se casaron con sus primos y la hermana de Charles, Caroline, también se enlazó con un primo Wedgwood. El cuñado de Charles, Harry Wedgwood, se casó con Jessie Wedgwood, que era su prima hermana por partida doble: sus padres eran hermanos y sus madres eran hermanas.

Esta endogamia desbocada de los Darwin-Wedgwood los convierte en una dinastía perfecta para que los genetistas estudien las consecuencias de la consanguinidad, como ya hicieran con la familia real de los Habsburgo. La primera y más evidente es que los niños nacidos de estos matrimonios tenían menos opciones de llegar a la pubertad, como mostró un estudio publicado en 2010 que generó un ruido importante en la prensa británica. Tres de los diez hijos de Darwin murieron durante la infancia, en dos casos por enfermedades que hoy sabemos que generan menos resistencia en los menores fruto de la endogamia. Ahora, los mismos investigadores acaban de analizar en otro estudio cómo estas relaciones de consanguinidad mermaron la fertilidad de esta dinastía.

     El naturalista fue el primero en estudiar el efecto de la endogamia: las plantas eran más débiles y pequeñas

"Actualmente hay una cierta unanimidad en que la consanguinidad afecta a la fertilidad y a la esterilidad en los humanos, el problema es que aún no se ha podido concretar el modo. En la dinastía de Darwin hemos encontrado que la culpa de que las parejas consanguíneas tengan menos hijos que las parejas no consanguíneas no es de la propia pareja, sino de los varones consanguíneos", explica Francisco Ceballos, genetista de la Universidad de Santiago de Compostela. El resultado de sus análisis muestra que los varones Darwin-Wedgwood fruto de la endogamia tuvieron 1,2 hijos por mujer frente a los 2,1 que tuvieron los no consanguíneos, tras descartar otros factores demográficos o socioeconómicos.

De los hijos de Charles Darwin, tres no pasaron de los 10 años y otros tres fueron incapaces de tener descendencia. En concreto, William y Leonard (retratados en la imagen) se casaron dos veces pero no tuvieron prole y su hermana Henrietta tampoco, a pesar de disfrutar de un matrimonio estable. Siguiendo un análisis estadístico, Ceballos y sus colegas han encontrado que las parejas consanguíneas de esta dinastía tienen un intervalo reproductor más corto tras examinar las edades, la duración de los matrimonios y otros aspectos. "La calidad del esperma es peor y cuanto mayores son los varones menos posibilidades tienen de ser fértiles", asegura Ceballos.

    La calidad del esperma es peor y cuanto mayores son los varones menos posibilidades tienen de ser fértiles", asegura Ceballos

Tanto preocupaba la consanguinidad al naturalista que fue el primer estudioso de sus consecuencias. Darwin publicó varios trabajos sobre el efecto nocivo de la endogamia en 57 plantas distintas: la descendencia era más pequeña, florecía más tarde, tenía menos peso y producía menos semillas que aquellas plantas que no eran fruto de la consanguinidad. Hasta tal punto le inquietaban los resultados que se sirvió de sus contactos políticos para conseguir que el Parlamento incluyera en el censo británico una pregunta específica para el estudio del matrimonio consanguíneo. Trasladó sus miedos incluso a su hijo George, que estudió detenidamente la materia para llegar a la conclusión de que los efectos negativos no eran importantes en familias criadas con buenas condiciones de vida, como la suya.

Nada hacía pensar que los Darwin-Wedgwood arrastraban esta desventaja genética, ya que estaba plagada de cerebros eminentes, con diez miembros de la Royal Society en la familia, y así opinan por lo general los darwinólogos. Sin embargo, estos nuevos estudios señalan que tanto enlace entre primos tuvo sus consecuencias en la salud de la familia. Como concluyen los autores de este examen, "las pruebas sugieren que los temores de Darwin sobre la salud de sus hijos como resultado de su matrimonio con su prima hermana Emma Wedgwood no eran ni exagerados ni injustificados".


elpais.com
 




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Aniversario del nacimiento del naturalista británico



Los apuntes de Darwin, a un click



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Primer árbol de la vida de Darwin. AMNH

El Museo de Historia Natural de Nueva York (AMNH) celebra el Día Darwin con el lanzamiento del 'Proyecto de los Manuscritos Darwin'. Lo mejor de la noticia es que éste es una iniciativa totalmente digital y abierta, accesible a través de darwin.amnh.org desde cualquier rincón del globo.

En una masiva base de datos creada en colaboración con la Universidad de Cambridge, Reino Unido, el AMNH ha fotografiado digitalmente la totalidad de los manuscritos científicos de Darwin en alta resolución y, lo que hace al proyecto delicioso, han transcrito los millares de apuntes y notas que Darwin cifró en una caligrafía que ha frustrado a generaciones de aficionados e historiadores por igual.

Los manuscritos retratan con fidelidad el trabajo de Darwin como científico y son una ventana a la concepción y maduración de una de las teorías más importantes de la historia de la humanidad. En sus páginas podemos ver a un Darwin que observa y explora el mundo natural con la aguda mirada del coleccionista y naturalista.

'Los documentos están organizados según su relación con la creación de 'El origen de las especies', siguiendo un criterio temático y educacional' comenta David Kohn, director y editor del proyecto. La idea de esta web de sorprendente fácil navegación, es que tanto investigadores como curiosos puedan adentrarse en, por ejemplo, las innumerables revisiones que Darwin hizo de su libro. En ocasiones 'revisiones que pueden ser bastante excéntricas' comenta Kohn.

La colección se ha centrado en los manuscritos científicos de Darwin y es 'necesariamente, un trabajo que continuará por 25 o 30 años más' dice Kohn. Por ahora cualquier aficionado puede sumergirse en la génesis de la evolución a través de los documentos que están ya disponibles y que seguirán subiendo a la red hasta este verano. En los próximos cinco años, los científicos compartirán con nosotros más de 40.000 documentos anotados por el padre de la evolución: sus lecturas, notas durante su viaje en el Beagle o su trabajo como geólogo.


elmundo.es
 




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“Lamento informarle de que no creo en la Biblia ni en Jesucristo”

Una subasta recupera una carta en la que Charles Darwin dejaba clara su falta de fe



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Manuscrito subastado. / BONHAMS

"Lamento tener que informarle de que no creo en la Biblia como revelación divina y por lo tanto tampoco en Jesucristo como el hijo de Dios. Atentamente. Ch. Darwin". Era 1880 y el respetado científico no tenía problemas en negar con meridiana claridad, de su puño y letra, su ausencia de fe. La carta, que se subastará el 21 de septiembre en Nueva York, iba dirigida al joven abogado Francis McDermott, que antes de embarcarse en la lectura de sus libros reclamaba una respuesta clara —"sí o no"— sobre si el naturalista creía en el Nuevo Testamento, a la vez que promete no hacer pública su respuesta.

El científico inglés, célebre por su libro El origen de las especies, escribía esta epístola dos años antes de morir y a pesar del celo que siempre había mostrado a la hora de hablar públicamente de asuntos religiosos. La carta (clicar en la imagen para ampliar) que dirige a McDermott no fue hecha pública hasta un siglo después de que se la enviara Darwin. El precio inicial calculado del documento, fechado el 24 de noviembre de 1880, está entre los 70.000 y los 90.000 dólares (62.000 a 80.000 euros), según informa EFE.

Apenas un mes antes de escribir esa misiva, Darwin escribió al reconocido ateo Edward Aveling: "Ha sido siempre mi intención evitar escribir sobre religión, y me he limitado a la ciencia".

Darwin estudió Teología en Christ's College de Cambridge a sugerencia de su padre, aunque prefirió dedicar el tiempo a recoger especímenes junto a un círculo selecto de los naturalistas. Fue el mentor de Darwin, John Henslow, un clérigo y profesor en Cambridge, quien invitó al joven cuando tenía 22 años de edad a que se embarcara en el histórico viaje del Beagle. El origen de las especies fue publicado en 1859 y desde entonces la fe de Darwin se convirtió en un tema de controversia pública.

El documento, con el membrete personal del naturalista y firmada por "Ch. Darwin", es el más importante de una subasta de 78 lotes sobre historia de la ciencia y tecnología que subastará Bonhams, que incluye otra carta que el autor de la teoría de la evolución envió a un integrante de la Sociedad Geológica de Londres sobre sus investigaciones en el Beagle y otro manuscrito, una foto suya y un primera edición impresa en Estados Unidos en 1860 de su obra cumbre.

elpais.com
 




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EXPOSICIÓN / Una muestra en París sobre el padre de la Teoría de la Evolución


Darwin contra la sinrazón



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Charles Darwin es un hombre de nuestro tiempo. En eso cae uno después de visitar la exposición que la Cité de les Sciences et l'Industrie le dedica en París, Darwin, l'original, en su ambición por presentar al público la actualidad de algunas de las grandes figuras de la ciencia. Después de la pasada exhibición, dedicada a Leonardo Da Vinci, la del naturalista, famoso por su teoría de la evolución, ocupa 1.000 metros cuadrados y trata de descubrir al público la figura de un personaje incomprendido y malinterpretado por muchos a lo largo de la Historia.

El comisario de esta exposición, Eric Lapie, en cuya concepción ha trabajado dos años, considera que es el momento idóneo para recuperar el pensamiento de Darwin. Un burgués británico, protestante y terriblemente creyente, que fue capaz de dejar a un lado su fe y parte de sus ideales por la ciencia. Sus descubrimientos le hicieron ateo, o mejor dicho, agnóstico, como él prefería describirse al final de su vida, para el disgusto de su mujer que llegó a dejarle una nota lamentando que ya no fueran a ir juntos al paraíso.


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Collection Bibliothèque des sciences et de l'industrie/Universcience

«En estos momentos hay fuertes corrientes, sobre todo en las grandes religiones monoteístas mundiales, que critican la teoría de la evolución», opina Lapie. Los creacionistas son, en realidad, los grandes antagonistas de Darwin. Se trata en su mayoría de científicos más vinculados a la fe que al razonamiento lógico que tratan de implantar la histórica bíblica como alternativa válida a la evolución del investigador británico.

Este movimiento sigue teniendo su eco en países desarrollados, especialmente en algunos estados sureños de Estados Unidos, pero también y con mayor peso en países de creencia islámica, como Turquía o Arabia Saudí. Lapie menciona concretamente a Daesh cuyo califato, por supuesto, no puede presentar al hombre de otro modo que como la obra de Dios. Así que, por casualidad ya que la el equipo del museo llevaba dos años preparando esta exposición, la muestra ha venido a celebrarse como una respuesta orgullosa al integrismo que tan trágicamente ha golpeado París en éste último año. Los enemigos de la razón, de cualquier tipo y origen, apuntan habitualmente a Darwin como uno de los mayores culpables de todos los males de este mundo.

«Ahora más que nunca me digo que hay que desmontar estos discursos erróneos que intentan apoyarse en la idea de que el plan de despido de una empresa se basa en el principio de la selección natural o la idea de la lucha por la vida que Darwin defendía en sus estudios», apunta Lapie.

«Efectivamente elegir a Darwin significaba también recordar el papel de la razón científica frente a ciertos retrocesos. Aunque la presión de los atentados terroristas no era tan fuerte en el momento de su programación en 2013, sí había otros debates como el episodio sobre el matrimonio homosexual o la cuestión del género en la escuela. Nos pareció importante aportar un poco de luz sobre la historia del pensamiento y en concreto de un gran científico, frecuentemente incomprendido, traicionado, incluso mal conocido, que fue combatido sin cesar por valores religiosos extremos», explica el comisario de la exposición.

Otra justificación, esta vez positiva, es la medicina evolucionista. En los últimos años, una oleada de investigadores defienden la urgencia de que haya investigadores formados en Biología y en la teoría de la evolución para entender la forma en que las células cancerígenas se transforman durante la enfermedad. En el Centro Nacional de Investigación Científica de Toulouse, que ha colaborado también en esta exposición, explican, por ejemplo, la forma cómo una quimioterapia muy agresiva favorece la proliferación de células resistentes.


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Una mujer en la exposición sobre Darwin. GETTY

Este movimiento no es nuevo, las teorías darwinianas han inspirado a médicos desde prácticamente su aparición. A principios del siglo XX, muchos comenzaron a estudiar las enfermedades como «un fenómeno evolutivo de adaptación o desadaptación al medio», tal y como lo definió uno de los pioneros en este plano, el catedrático español de Patología General Roberto Novoa Santos. Poco a poco, las investigaciones que veían la enfermedad como un fenómeno propio de la evolución fueron avanzando aunque habría que esperar a los años 90 para que la medicina darwiniana fuera considerada como una disciplina científica.

No es el único aspecto de de nuestra sociedad en la que Darwin dejó sus huellas. La exposición se encarga también de reflejar de forma inocente algunas famosas figuras que han estado influenciada por su principal obra, El origen de las especies por medio de la seleccion natural, publicado en 1859, que marcó profundamente la sociedad victoriana, incluso en figuras literarias. El escritor Lewis Carroll, en su obra más conocida, Alicia en el País de las Maravillas, «muestra un mundo en constante cambio, tanto para Alicia, que cambia de forma y tamaño todo el tiempo, como en los animales y el mundo natural que la rodea», explica Lapie. Para el comisario de la exposición, Carroll recupera además el estilo de descripción del que Darwin se había valido en sus cinco años de expedición, en los que dejó miles de documentos con detalles escritos, de apariencia cómica y fantástica, sobre las más de 1.500 especies que había encontrado.

Se trata de una exposición preparada para disfrutar en familia -aunque no recomendada para menores de 10 años- y aprender practicando. «Una de las figuras más importantes e influyentes en nuestra manera de entender el museo es Jean Piaget», explica Lapie. «Su idea de aprender haciendo y no imponiendo es una máxima para nosotros que pasamos dos años para imaginar la forma y el sujeto de la exposición, tratando de enseñar de forma dinámica y sugerente».

El recorrido a través de la vida y obra de Darwin empieza poniendo en contexto el momento histórico que le tocó vivir para acercar al visitante a su figura y su tiempo. El que quiera explorar el cerebro de Darwin podrá empezar tratando de adivinar en una pantalla táctil cuáles fueron las figuras que, a su vez, influenciaron el pensamiento del británico; podrá poner nombre y tratar de seguir las ciudades que el joven naturalista recorrió a bordo del HMS Beagle: cinco años del viaje que marcaron el resto de la vida del científico, y conocer, incluso los más de 400 títulos que llegó a leer para complementar su formación en geología, historia, viajes aunque también literatura.

Entre ilustraciones de animales y plantas a gran escala, reproducciones de imágenes del siglo XIX rescatadas precisamente para la exposición y buscando siempre el marco que podría haber inspirado a Darwin, uno se encontrará frente a una pantalla imitando la expresión de enfado de un gato o el miedo de un mono para comprender mejor otra de las obras en las que trabaja la muestra, La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, publicado en 1872.


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Collection Bibliothèque des sciences et de l'industrie/Universcience

No podían faltar por supuesto las famosas caricaturas y representaciones de Darwin en la prensa del momento que han pasado a la historia de la divulgación científica. «Estas caricaturas no se realizaban únicamente para reírse de Darwin», explica Lapie, «simbolizan la incomodidad que provocaron sus ideas y nos sirven de indicio para ver la difusión que tuvieron más allá de los medios académicos, ya que se publicaban en periódicos como Punch, en Inglaterra o La Petite Lune en Francia, con tiradas de cientos de miles de ejemplares».

Instalado en Downe, al sur de Londres, junto a su mujer -que era su prima, una mujer tremendamente devota-, y sus 10 hijos, la muerte de su hija Annie con tan solo 10 años, enferma de tuberculosis, terminó por alejar a Darwin de Dios. En realidad, la vida y la muerte eran el producto del azar y el efecto de la naturaleza, si no, ¿cómo permitir que niños inocentes mueran?

Consciente del revuelo que su teoría produciría, principalmente en el seno de la Iglesia y sus fieles, Darwin pasó 20 años trabajando en El origen de las especies con el principal fin de dar respuesta a cada una de las objeciones que pudieran ponerle a su texto. Cuando lo hizo, animado y empujado por el avance de otros científicos en la misma idea, la comunidad cristiana salió en su contra tal y como esperaba pero muchos, en cambio, aprovecharon para respaldar sus teorías sociales en la tesis de Darwin.

Karl Marx quiso tirar del hilo contra la Iglesia y otros, como Herbert Spencer o Francis Galton, lo hicieron para apoyar sus teorías liberales. Spencer aplicó las ideas de Darwin al conjunto de la población, defendiendo así que solo se permitiera a las clases altas tener descendencia. Dalton, por su parte, encontró la forma de justificar su eugenismo, fomentando la reproducción de aquellos con las mejores características para «mejorar la humanidad».

Al final, el eco de las ideas de Darwin fue tal que en en muchos casos el científico ha sido socialmente rechazado por su errónea vinculación a planteamientos que él nunca aprobó. En esto precisamente ha trabajado Lapie y el equipo de la Ciudad de las Ciencias de París, consiguiendo que un ajeno a este mundo de la evolución y la selección natural comprenda en poco más de una hora que, en realidad, lo que permanece -y prevalece- en la sociedad después de millones y millones de años de evolución es, cómo no, la razón. Y Darwin de eso sabía mucho.


elmundo.es
 




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