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FRIEDRICH (Caspar David Friedrich)
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Mensaje FRIEDRICH (Caspar David Friedrich) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Caspar David Friedrich (Greifswald, 5 de septiembre de 1774 – Dresde, 7 de mayo de 1840) fue un pintor paisajista del romanticismo alemán del siglo XIX, generalmente considerado el artista alemán más importante de su generación.​ Es conocido por sus paisajes alegóricos de su periodo medio que muestra figuras contemplativas opuestas a cielos nocturnos, nieblas matinales, árboles estériles o ruinas góticas. Su interés primario como artista era la reflexión de la naturaleza, su trabajo a menudo simbólico y anti clásico intenta dar una respuesta subjetiva y emocional al mundo natural. Las pinturas de Friedrich establecen la presencia humana en una perspectiva disminuida en contraste a extensos paisajes, reduciendo las proporciones a una escala que, según el historiador de arte Christopher John Murray «dirige la mirada del espectador hacia su dimensión metafísica».

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Caspar David Friedrich. Autorretrato. Hacia 1810-1820

Friedrich maduró en una época en la que crecía la desilusión en toda la clase media europea dando lugar a una nueva apreciación de la espiritualidad. Este cambio en los ideales se expresa a menudo a través de una revaluación de la naturaleza, en artistas como Friedrich, Joseph Mallord William Turner y John Constable que trataron de representar la naturaleza como una «creación divina, que debe ajustarse contra el artificio de la civilización humana».

Sus padres le abandonaron en una cesta que dejaron en una estación de tren, pero los trabajos que Friedrich realizó le trajeron renombre muy temprano en su carrera, y contemporáneos suyos como el escultor francés David d'Angers lo describían como el hombre que había descubierto «la tragedia del paisaje». Sin embargo, su obra cayó en desgracia durante sus últimos años y él murió en la oscuridad; en palabras del historiador del arte Philip Miller «medio loco». Mientras Alemania migraba hacia la modernización a finales del siglo XIX, un nuevo sentido de urgencia caracterizó el arte, y las descripciones contemplativas y de quietud de Friedrich llegaron a ser vistas como el producto de una época pasada. El Siglo XX trajo consigo una renovada apreciación de su obra, a partir de 1906 con una exposición de treinta y dos de sus pinturas en Berlín. Para la década de 1920 sus pinturas habían sido descubiertas por los expresionistas. En la década de 1930 y principios de 1940 los surrealistas y existencialistas tomaron con frecuencia ideas prestadas de su trabajo. El ascenso del nazismo en 1930 trajo consigo el resurgimiento de la popularidad de Friedrich, pero este decayó junto con el régimen debido a la errónea asociación de su nacionalismo con esta ideología. No fue sino a finales de 1970 cuando Friedrich recuperó su reputación como icono del romanticismo alemán y pintor de renombre mundial.

Caspar David Friedrich era el sexto de los nueve hijos de Adolf Gottlieb Friedrich, un fabricante de velas y jabones de Greifswald, y su esposa Sophie Dorothea Friedrich, de soltera tenecía, como toda la Nueva Pomerania Anterior y desde la guerra de los Treinta Años a la corona sueca. Ambos progenitores procedían de la ciudad de Neubrandenburg, en la actual Mecklemburgo-Pomerania Occidental, que Friedrich visitó en varias ocasiones.

Fue educado según la confesión protestante de su familia. Varios fallecimientos ocurridos en su familia a lo largo de su infancia le indujeron a que se ocupase intensamente en el tema de la muerte. Así, en 1781 cuando tan sólo tenía siete años muere su madre; al año siguiente, su hermana Elisabeth de viruela; en 1787 su hermano Johann Christoffer, ahogado al intentar salvar al propio Caspar que se había hundido en el hielo, lo que le conmovió tanto por su corta edad, trece años, como por creerse culpable de tal suceso; y, finalmente, su hermana María en 1791 por tifus.

Hacia 1790, cuando tenía dieciséis años, y quizá ya en 1788, recibió clases de Johann Gottfried Quistrop, profesor de Dibujo de la Universidad de Greifswald, quien probablemente le transfirió su entusiasmo por el paisaje de su tierra natal. Entre 1794 y 1798 estudió en la Academia Real de Bellas Artes de Dinamarca, fundada en 1754 según el modelo francés y considerada por entonces una de las Academias más modernas. Allí fue alumno de Nicolai Abildgaard y, sobre todo, de August Lorentzen y Jens Juel, uno de los pintores daneses más importantes del siglo XVIII. Pintó vaciados de yeso de esculturas clásicas, formándose más como dibujante que como pintor.

En 1798 regresó a Greifswald, renovando su amistad con el poeta y patriota «demagogo» Ernst Moritz Arndt, y en el otoño del mismo año se trasladó a Dresde, el centro del movimiento romántico alemán, donde acabó de formarse.

En Dresde vivió como pintor y mantuvo su residencia hasta su muerte. Frecuentó sobre todo al pintor y diseñador Philipp Otto Runge, formado como él en la Academia de Copenhague, y a los escritores y poetas Ludwig Tieck y Novalis, formando con ellos el centro literario-artístico del romanticismo alemán. Fue Friedrich un pintor-filósofo, que contaba entre sus amistades no sólo con pintores (Runge, Dahl, Kersting, Kügelgen, Ferdinand Hartmann, y Louise Seidler), sino también con escultores (Christian Gottlieb Kühn), poetas (Tieck, Heinrich von Kleist), el filósofo y naturalista Gotthilf Heinrich Schubert.

En 1799 expuso por primera vez su obra, dibujos de paisajes, en la Academia de Bellas Artes de Dresde.


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Caspar David Friedrich: Retablo Tetscher, Escena: «Das Kreuz im Gebirge», óleo sobre lienzo, 115 cm × 110,5 cm, Gemäldegalerie de Dresde.


Formación (1801–1814)

Se cree que el intento de suicidio del que hablan sus contemporáneos se produjo en torno a 1801–1802. Pasó los meses primaverales de 1801 en Nuevo Brandeburgo y Greifswald, y en el verano marchó a la isla de Rügen; regresó a la zona en mayo de 1802. En estos viajes fue reuniendo toda una colección de esbozos, con paisajes e imágenes sobre los que volvería más tarde una y otra vez. Friedrich conoció a Runge en Greifswald en 1801–1802; en los años siguientes siguieron relacionándose por carta, viéndose en persona de manera ocasional, pero sin que pueda llegar a hablarse de una amistad íntima.

Su primer éxito data de 1805, cuando obtuvo un premio compartido en un concurso artístico organizado por Goethe en Weimar, gracias a dos paisajes dibujados en tinta sepia.
 
El año 1806 empezó con un viaje a Greifswald y una marcha por la Isla de Rügen. Es el año en el que Napoleón ocupó la mayoría de los territorios alemanes.

En estos años de las guerras Napoleónicas se acentúa su postura política antifrancesa. Sus convicciones políticas defendían la libertad de opinión y una mayor participación de la clase media en las decisiones políticas. La batalla de Jena y la de Auerstädt en octubre de 1806 significaron el derrumbamiento de la vieja Prusia y Sajonia, permitiendo que Napoleón Bonaparte y sus tropas entrasen triunfalmente en Berlín. Se creó entonces la Confederación del Rin, asociación de Estados alemanes aliados de Napoleón.

En 1808 pintó su primera gran pintura al óleo: La cruz en la montaña (El retablo de Tetschen). El cuadro era poco habitual y desató una fuerte polémica. No obstante, en este cuadro se basa gran parte de la fama de Friedrich y su éxito financiero, abriendo el camino a la pintura romántica en Alemania. Se trata de una de las primeras obras en las que imprime ya su concepción del «paisaje sublime», una nueva modalidad que será muy imitada. «Otorgó a lo familiar la dignidad de lo desconocido», dijo el poeta Heinrich von Kleist de Friedrich.

En julio de 1810 Friedrich y el pintor Georg Friedrich Kersting viajan juntos al «Riesengebirge», al sur de Dresde, donde realizó numerosos esbozos y apuntes que le sirvieron para numerosas obras en el futuro. En otoño del mismo año participó con sus obras Monje a la orilla del mar y Las ruinas del monasterio de Eldena en una exposición de la Academia Berlinesa, que le hizo miembro externo. Comienzan así sus años de mayor éxito.

En 1812 Napoleón emprende su campaña contra Rusia, en la que el ejército francés es acompañado por una tropa auxiliar sajona de 23.000 soldados. A la primavera siguiente, regresaron, derrotados y huyendo. Dresde y sus alrededores se convirtieron de nuevo en un escenario de guerra. 1813 es el año de la guerra de liberación alemana contra Napoleón, que culmina con la Batalla de las Naciones en Leipzig. Al año siguiente, 1814, Friedrich participa en una exposición que conmemoraba la liberación de Dresde, con su obra El cazador en el bosque, representando a un chasseur o coracero del ejército francés en un bosque nevado.
 
Friedrich frecuenta círculos de intelectuales de corte liberal-republicano, que apoyan los ideales nacionalistas. El Congreso de Viena (1814–1815) supuso una gran frustración de esta ideología, ya que significó la restauración del Antiguo Régimen bajo el liderazgo de Austria. Greifswald, ciudad natal de Friedrich, pasa, después de un breve intermedio danés, a dominio prusiano. No obstante, el pintor conservó el resto de su vida la nacionalidad sueca.
 

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Caspar David Friedrich. Mujer asomada a la ventana, 1822. La modelo fue su mujer, Caroline Bommer.


Madurez (1815–1823)

Entre 1815 y 1816 Friedrich volvió a viajar por el Báltico. Este último año fue admitido en la Academia de Dresde, recibiendo un sueldo de 150 táleros.

En enero de 1818, Caspar David Friedrich de 44 años se casó con la joven Christiane Caroline Bommer, de 25 años. Tuvieron dos hijas y un hijo: Emma en 1819, Agnes Adelheid en 1823 y Gustav Adolf en 1824. Su viaje de bodas lo llevó nuevamente hacia Greifswald y Rügen. Ello dio pie a que ese mismo año pintase cuadros como Los acantilados blancos de Rügen y El caminante sobre el mar de nubes. Su esposa posó, como personaje que se encuentra de espaldas, para su obra Mujer asomada a la ventana (1822). A su hijo le puso el nombre de Gustav Adolf por el rey sueco Gustavo IV Adolfo. Su hijo fue igualmente pintor, pero no alcanzó el éxito que tuvo su padre.

La situación política posterior a las guerras napoleónicas no resultaba del gusto del pintor. Aunque el movimiento patriótico alcanzó su punto álgido con la fiesta de Wartburg (Wartburgfest) celebrada el 18 de octubre de 1817 en el Castillo de Wartburg, cerca de Eisenach, lo cierto es que este acontecimiento sirvió como justificación para medidas de represión de las fuerzas liberales, como los decretos de Karlsbad. La muerte del poeta August von Kotzebue (1819) provocó la reacción de una conferencia de ministros reunidos en Karlsbad, Bohemia, entonces parte del Imperio austríaco, a instancias de Metternich. Introdujeron una serie de medidas represoras en la Confederación Germánica, conocidas como decretos de Karlsbad: censura de prensa, supervisión de las universidades por informadores, persecución de los liberales considerados «demagogos» y sus reuniones (a las que llamaban «actividades demagógicas»). Todo ello afecta al pintor y no es en absoluto gratuito que una de las medidas que adoptan sean la proscripción del traje antiguo alemán, que precisamente aparece en los cuadros de Friedrich.

Su situación anímica empeora, cayendo en una larga y profunda depresión, cuando el 27 de marzo de 1820 es asesinado durante un paseo su amigo, el también pintor Gerhard von Kügelgen. El 21 de agosto se traslada con su familia a la casa «An der Elbe 33» de Dresde, situada en el límite de la ciudad, a orillas del río Elba, lo que le permite observar a las embarcaciones que pasan lentamente por delante de su casa. Allí recibió la visita, en diciembre del mismo año, del Gran Príncipe Nicolás de Rusia; este, siendo zar, le compraría más tarde numerosos cuadros a través del poeta Vasili Zhukovski.

A partir de 1820 inmortaliza paisajes campestres, sin dejar por ello las representaciones marinas. Conoce al nazareno Overbeck, pero sus preferencias siguen inclinándose hacia el arte del paisaje del noruego Dahl, quien vive en Dresde desde 1818 y que, en 1823, se instala en la misma casa que Friedrich. Dahl y Friedrich celebrarán exposiciones conjuntas en 1824, 1826, 1829 y 1833.


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La mañana (Der Morgen) h. 1820-1821, óleo sobre lienzo, 22 x 30,5 cm. Hannover, Niedersächsisches Landesmuseum. Obra de Caspar David Friedrich.


Obra

Fue el pintor más destacado del romanticismo alemán junto a Philipp Otto Runge. Como es característico de la pintura romántica, Friedrich pintó sobre todo óleos sobre lienzo. En alguna ocasión utilizó el formato del retablo y empleó el oro, a la manera de los artistas medievales.

No obstante, inicialmente se dedicó a hacer dibujos a la pluma, con tinta china y acuarela. A partir de 1800 comenzó a utilizar preferentemente la tinta de color sepia. Aunque se le atribuye un óleo en 1798 (Barco naufragado en el Océano Glacial), lo cierto es que no generalizó el uso de esta técnica hasta más tarde, empezando a aparecer en gran número sólo a partir de 1807.

Perteneció a la primera generación de artistas libres, que no pintaban por encargo, sino que creaban por sí mismos para un mercado libre de galerías.


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Abadía en el robledal, 1809. Obra de Caspar David Friedrich


Paisajes

Su género preferido fue el paisaje y, dentro de él, los temas montañosos y marinos.

La obra de Friedrich tiene precedentes en una larga tradición de pintores alemanes que, antes de él, pintaron paisajes «cósmicos» o «sublimes», como Durero o Adam Elsheimer. En efecto, los pintores centroeuropeos tendieron a pintar inmensos paisajes con montañas altas, pendientes escarpadas, enormes cielos..., en los que el hombre se sentía perdido. Igualmente, hay rasgos en la pintura de Friedrich que ya estaban en las vedute del siglo precedente: el espectador en primer término, destacando sobre el paisaje del fondo, y el interés por paisajes solitarios y majestuosos, como el mar o las montañas.

Sin embargo, a diferencia de paisajistas anteriores, se inspiró en los paisajes reales que conoció, algunos de ellos hasta entonces prácticamente desconocidos: Nuevo Brandeburgo, Rügen, Greifswald, Bohemia, las regiones del Harz y del Riesengebirge. Esto dotó a su obra de un realismo hasta entonces inédito. Eligió, además, algunos puntos de vista que no abundaban antes en la pintura paisajística, como las cimas de la montaña o las orillas del mar.

No obstante, en su obra es importante la composición. Aunque muchos cuadros son una imagen precisa de la realidad, son una cuidadosa composición de diferentes elementos, que Friedrich había guardado en su libro de esbozos.
 
No seguía la tendencia artística italiana ni a los antiguos maestros. A su juicio, el arte debía mediar entre las dos obras de Dios, los humanos y la Naturaleza. Con este punto de vista se acerca a las bellezas naturales, en cuya representación procesó tendencias y sentimientos. Sus obras no son, por lo tanto, imágenes de la Naturaleza, sino de un sentimiento metafísico, inaprensible. El primer plano y el fondo, separados a menudo por un abismo, se relacionan entre sí.

El espíritu que domina la obra de Friedrich es radicalmente romántico: abundan las escenas a la luz de la luna, espacios gélidos (mar de hielo, campos helados), las noches, paisajes montañosos y agrestes. Cuando incluye elementos humanos, suelen ser de carácter sombrío, como cementerios o ruinas góticas. Una y otra vez aparecen elementos religiosos, como crucifijos o iglesias.

Pobló sus paisajes de seres humanos contemporáneos, pertenecientes en general a la burguesía. Estas figuras, a partir de 1807, suelen aparecer de espaldas al espectador, ocultando la cara, y en alguna de ellas se reconoce al propio Friedrich. Suelen estar ubicados céntricamente en el cuadro, de manera que cubren el punto de fuga. Con este recurso, el artista señala que el «sentimiento», la auténtica humanización, se encuentra en la Naturaleza. Al mismo tiempo, esto permite que el espectador no se distraiga con la fisonomía de este personaje anónimo, sino que se identifique con él. Finalmente, de esta manera logra una metáfora visual de la disolución del individuo en el «todo» cósmico.

Es el pintor más significativo del paisajismo romántico alemán, comparable al inglés J. M. W. Turner. Junto a Turner y Constable, hizo de las pinturas de paisajes un género principal en el arte occidental. A este nuevo arte del paisaje también contribuyeron Camille Corot y Théodore Rousseau veinticinco años más tarde.


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Arco iris en un paisaje de montaña, h. 1809–1810. Obra de Caspar David Friedrich


Simbolismo

La renovación que Friedrich introdujo en el género del paisaje no fue sólo su realismo, sino también por su simbolismo. Pretende reflejar el alma de las figuras humanas que suelen aparecer en el primer plano. Crea así lo que en el siglo XIX se llamaban «paisajes íntimos». Su simbolismo parece ser directamente heredado por Arnold Böcklin.


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Monje a la orilla del mar. Obra de Caspar David Friedrich


Alegoría política
 
A menudo se ven en los cuadros de Friedrich alegorías de la situación política de la época. Sobre todo en su primera época, se descubren en sus cuadros elementos simbólicos referentes a las guerras de liberación, lo que refleja su sentimiento patriótico antinapoleónico y el desencanto sobre la posterior restauración. El significado antinapoleónico de sus cuadros era evidente para sus contemporáneos, quienes, además, demandaban este tipo de obras. Por ello el rey prusiano adquirió en 1810 las dos pinturas Monje a la orilla del mar y Abadía en el robledal y, dos años más tarde, otras dos. Sin embargo, después de la victoria contra Napoleón, la tendencia patriótica chocó contra el statu quo resultante del Congreso de Viena, y estos temas pictóricos encontraron rechazo. Muestra de ello es que, después de la «persecución de los demagogos» intensificada tras las resoluciones de Karlsbad (1819), la Casa real prusiana no le volvió a comprar ninguna otra obra.
Puede citarse, a modo de ejemplo, el optimismo de la pintura En el velero (1818), frente al desencanto de El árbol solitario (1821), en el que un roble simboliza la Alemania dañada por la ocupación de los franceses. Sus cuadros posteriores adoptan tonos más oscuros, mereciendo destacar Las hermanas en una terraza en el puerto (1820). En este cuadro se combinan elementos de diversos lugares, destacando las cinco torres de la iglesia de Halle, símbolo del triunfo de la reforma luterana frente al catolicismo que simbolizaba Alberto de Brandeburgo (siglo XVI).

Un elemento que constantemente aparece en sus cuadros con un significado político es el antiguo traje alemán, proscrito en 1819, pues era una expresión figurativa de las convicciones patrióticas, como se expresa en el tratado Sobre las costumbres, la moda y el traje (1814) de Arndt. Muchos caballeros visten en las obras de Friedrich una levita abrochada hasta arriba, un ancho cuello por encima y un bonete en la cabeza, mientras que las señoras aparecen con vestidos largos y cerrados en el cuello. Esta moda se oponía al estilo imperio, que era considerada como francesa. En este estilo dominaban los colores brillantes y claros. Las mujeres llevaban escote y transparencias y los caballeros pantalones blancos ceñidos.
La naturaleza representada por Friedrich visualiza, pues, las tensiones políticas de la época. Sobre la pintura de Dos hombres observando la luna (h. 1818–1819, Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde), y preguntado sobre lo que estaban haciendo aquellos hombres, Friedrich comentó irónicamente que «Están llevando a cabo actividades demagógicas».

Cabe mencionar, por último, que la postura personal de Friedrich sobre su propia nacionalidad, sueca, se evidencia en varias de sus obras a través de las banderas. La bandera danesa (Dannebrog) y la sueca aparecen en el cuadro Vista de un puerto (1815). Es más, en una de sus últimas obras, Las edades de la vida, de 1835, veinte años después de la incorporación de Greifswald a Prusia, aparecen los hijos de Friedrich, Agnes Adelheid y Gustav Adolf, con un banderín sueco.
El poeta sueco Daniel Amadeus Atterbom, que conoció a Friedrich, escribió en su «Cuadros de viajes por la Alemania romántica» (Reisebilder aus dem romantischen Deutschland) que «Friedrich es pomerano... y se considera medio sueco».
 

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Dos hombres contemplando la luna, 1819. Dresde, Gemäldegalerie. Obra de Caspar David Friedrich


Alegoría religiosa

A partir de los años 1812–1814 el patriotismo va siendo sustituido por el dominio del simbolismo cristiano. Friedrich era profundamente religioso y, al igual que Runge, pretendía renovar el arte alemán a través del espíritu pietista protestante. Quería generar un sentimiento de religiosidad a través de una nueva temática: el paisaje.

Cultiva una metafísica de la luz, propia del cristianismo neoplatónico. Aparece en sus paisajes la dualidad: el cuerpo y el alma, lo terrenal y lo espiritual, generalmente representados por el primer plano donde están las personas (lo humano) y los planos posteriores, en los que aparece el paisaje en toda su grandeza (lo divino).

Algunos elementos que se repiten en sus obras tienen un claro simbolismo religioso:

El color violeta (y, en general, el contraste entre la oscuridad de la parte inferior de la pintura o primer plano, y la claridad en la parte superior representando el fondo) era, y no sólo para Friedrich, el color del duelo y la melancolía. Se sospecha que la base de semejantes obras sea la condición depresiva de Friedrich. La experiencia de la naturaleza en el mundo germánico. Para Friedrich era un acontecimiento religioso místico muy personal.

El camino de la vida de los humanos está representado a través de barcos que aún están en el mar, pero que se acercan al puerto, que se iguala con el logro o la muerte.

La base sobre la que se asientan los humanos es, frecuentemente, una roca de gran tamaño. Según Friedrich representa la fe, imperturbable y firme.

La nieve aparece en numerosos cuadros de Friedrich. A diferencia de la pintura rococó, de la del siglo XVI y XVII, no es una helada temporal, sino como algo cercano a la muerte. El invierno, por preceder al renacimiento de la naturaleza, simboliza la idea cristiana de la resurrección.

Los abetos, perennes y resistentes al paso del tiempo, eran entendidos, tanto por Friedrich como por sus contemporáneos, como una referencia a la eternidad, siendo así un símbolo de esperanza cristiana.


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Mañana de Pascua, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, c. 1828-1835. Obra de Caspar David Friedrich


Recepción
 
Friedrich y el pintor contemporáneo Dahl se influyeron mutuamente, si bien Dahl no logró su maestría ni profundad.

Su obra fue, en general, muy valorada en su época. Su primera gran obra, el Retablo de Tetschen, fue objeto de duras críticas por parte del barón Ramdohr, pero, a pesar de ello, hacia 1810 puede considerarse que goza de reconocimiento generalizado. Hasta los años 1820 los críticos y las revistas de arte solían hacer recensiones muy favorables de sus cuadros.

Pero los contemporáneos fueron considerando que derivaba hacia el misticismo y, con El mar de hielo (h. 1823–1824), debido a su radicalismo compositivo y temático, ya no lo comprendió nadie, siendo un cuadro que no consiguió venderse en vida del autor.

El público general prácticamente olvidó la obra de Friedrich en la segunda mitad del siglo XIX. Fue sólo hacia 1860 cuando fue redescubierto por pintores simbolistas por sus paisajes visionarios y alegóricos. El pintor suizo Arnold Böcklin (1827–1901), pionero del simbolismo, resultó muy influido por su trabajo. Se considera que Friedrich, como Ludwig Richter y Moritz von Schwind, fueron precursores del simbolismo en Alemania.

Por el mismo motivo, Max Ernst y otros surrealistas lo vieron como el precursor de su movimiento.

En 1986, Peter Schamoni dirigió una película biográfica, Caspar David Friedrich – Grenzen der Zeit, en la que además de la figura del pintor, aparecen personajes contemporáneos, como el amigo médico de Friedrich, Carl Gustav Carus.
La artista contemporánea Christiane Pooley se inspira en la obra de Friedrich para sus paisajes que reinterpretan la historia chilena.

Otras obras

Friedrich también hizo bocetos de monumentos y esculturas para mausoleos, reflejo de su obsesión con la muerte y la vida después de esta. Pintó también «cuadros transparentes», esto es, cuadros sobre papel transparente que se iluminaban en un salón oscuro con acompañamiento de música, reputándose así una obra de arte global. Los cuatro que realizó entre 1830 y 1835 para el príncipe heredero Alejandro de Rusia se perdieron; pero en la Gemäldegalerie de Kassel se conservan dos cuadros pintados en papel transparente por ambas caras, de manera que según cómo se iluminasen uno es una escena diurna y otra nocturna. Se considera que forman parte de la prehistoria de espectáculos modernos como el cine.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor extranjero, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.






algunas obras

Friedrich pintó unas 310 obras. Algunas desaparecieron en el incendio de 6 de julio de 1931 que destruyó el Palacio de Cristal (Glaspalast) de Múnich; otras lo hicieron en el bombardeo de Dresde en la Segunda Guerra Mundial. Las más características y conocidas son las siguientes:


El caminante sobre el mar de nubes


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El caminante sobre el mar de nubes (en alemán, Der Wanderer über dem Nebelmeer) del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich. Ha sido considerada como una de las obras maestras y más representativas del romanticismo. Data del año 1818. Se trata de un óleo sobre tela que mide 74,8 centímetros de ancho por 94,8 centímetros de alto. Actualmente se conserva en el museo de arte en Kunsthalle de Hamburgo (Alemania).

La obra representa a un viajero, al que se ha identificado con el propio Friedrich,1​ que se encuentra de pie en lo alto de una montaña elevada, mirando un mar de nubes que queda debajo. El viajero se encuentra de espaldas. Viste de negro. Adelanta una pierna y se apoya en un bastón. Se pueden ver los picos de otras montañas saliendo entre la niebla, mientras que una cadena de enormes montañas ocupa el fondo. La gran extensión de cielo por encima de las alturas de las montañas del fondo cubre gran parte del cuadro. Se trata de un paisaje de la Suiza de Sajonia.

Esta obra de arte está creada teniendo en cuenta las convenciones de género tanto del Romanticismo como del paisaje. La obra, de esta manera, no se diferencia de otras obras de Friedrich; parecía sentirse bastante atraído con la idea de ver y experimentar la naturaleza en lugares aislados y maravillosos: al borde del mar o de lagos, en la cima de las montañas, o en lo alto de una cascada.

Posteriormente, en la carrera pictórica de Friedrich, la seducción que sentía por la idea de que la expresión personal debía ligarse a un aislamiento físico y espiritual se hizo más aparente, de magnitudes increíbles, y aun así, todavía sublime.3​

Como los demás cuadros de Caspar David Friedrich, no es un mero paisaje, sino que tiene un contenido simbólico.

El interés de Friedrich por la naturaleza queda claramente evidenciado en otras de sus obras. Ejemplo de ello es Acantilados blancos en Rügen, pintado en 1818, que retrata a un hombre en pie y una mujer sentada, mirando el panorama, mientras que otro hombre, arrodillado, mira por encima del borde de un vasto y alto acantilado que lleva al océano infinito. Ambos cuadros fueron ejecutados durante el año de su viaje de bodas a Rügen. Los cuadros de esta época evocan la contemplación y la interrogación.​ Otro ejemplo de esto puede encontrarse en la obra de Friedrich El mar de hielo, que representa, en primer plano, una gran masa de ruinas, y, en los planos medio y posterior, pilas similares de ruinas, numerosas, ensuciando lo que parece ser un paisaje helado.

El estilo del cuadro logra un sentimiento de misterio que está en el romanticismo. Utiliza una gama cromática más bien fría: negro de la figura central, marrón oscuro en las rocas y el gris y el blanco de la niebla y el cielo. Los únicos colores cálidos aparecen en el primer plano. De esta manera, con colores más cálidos en primer plano y predominantemente fríos en el fondo, logra una perspectiva cromática. Además, debido a que el primer plano es oscuro y descarnado, mientras que el fondo resulta más brillante, claro, menos incisivo, pintándose de manera más difuminada, Friedrich consigue una perspectiva aérea. El paisaje mostrado no es una representación topográfica.

El caminante. El hecho de que el viajero se encuentre de espaldas y no pueda vérsele la cara, ha sido objeto de análisis e interpretaciones. De esta forma el autor impide que la fisonomía del personaje anónimo distraiga la atención del paisaje. Al mismo tiempo, el no tener rostro transmite mejor la idea de la disolución del individuo en el «todo» cósmico.

Esta postura (una persona vuelta de espaldas tiene la vista puesta en un paisaje romántico) se repite en otras pinturas de Friedrich, como los Acantilados blancos en Rügen. La figura de espaldas, que está en pie como un monumento sobre un lugar elevado, atrae al espectador al interior de la pintura. La figura vuelta de espaldas desempeña en los cuadros de Friedrich un papel similar a la de análogas figuras en los cuadros de René Magritte. También Magritte trabajó con motivos únicos como con piezas de desalineamiento. Las figuras vueltas de espaldas en las que a menudo se puede reconocer a Friedrich, adoptan una posición central en sus pinturas al óleo a partir de 1807. Se ha apuntado la posibilidad (aunque es meramente eso: una hipótesis), de que, como Friedrich no dibujaba particularmente bien a las personas, su amigo Georg Friedrich Kersting, que también pintó a Caspar David en su estudio, pintase algunas figuras para los cuadros de Friedrich.
La figura vuelta de espaldas cumple una importante función como figura de identificación. Normalmente están colocados de tal manera que cubren el punto de fuga. A causa de ello, el espectador tiende a colocarse en el lugar de la figura, y de esta manera seguir también de cerca el fenómeno natural.

Las figuras no representan individuos concretos. Y la naturaleza serviría de proyección a los sentimientos del espectador.

El hecho de que el viajero se encuentre en el centro de la pintura, además, indica que está en posición de dominación. Sin embargo, el llevar un bastón, quizá para facilitarle la ascensión, apunta a cierta debilidad. El viajero se encuentra solo. Todo indica que no hay otra presencia humana. Se percibe en el individuo aislamiento y soledad.  El caminante simbolizaría, en fin, al ser humano que concibe su vida terrena (la montaña a la que corresponde la masa rocosa en primer plano) como un preludio a la vida eterna (el mar de nubes). La postura del caminante, con una pierna delante de otra, indicaría que domina la vida de este mundo y mira al más allá con admiración esperando que le llegue una vida eterna.

El paisaje. Las rocas entre la montaña en la que está el viajero y el fondo simbolizarían la fe del ser humano. Las montañas del fondo representan la vida eterna futura en el Paraíso. El mar de nubes en sí se ha entendido también como alusión a la divinidad, estando el ser humano entre la naturaleza (la montaña del primer plano) y Dios (el mar de nubes).

Otras interpretaciones aluden a que el mar de nubes representaría la inmensidad del universo​ frente a la pequeñez del ser humano. El ser humano no es nada ante la naturaleza, se puede en consecuencia hacer referencia al texto les Feuilles d’automne (las Hojas de otoño) de Víctor Hugo en las que se evoca la pequeñez del ser humano frente a la naturaleza. La naturaleza se regenera, pero el ser humano es mortal. Se pretende transmitir el sentimiento de lo sublime, la impresión de magnificencia y sobrecogimiento que produce la naturaleza en toda su grandeza. El varón de espaldas parece recordar, sumido en su contemplación, a algún difunto o su propia mortalidad.

H. Zerner (1976) propuso una interpretación simbólica de los elementos: la niebla sería la imagen de las divagaciones, de la realidad escondida, la barrera entre la tierra y el cielo; las rocas, lo que los une, la imagen de la fe.

Finalmente, cabe apuntar que también se ha hecho una interpretación política y nacionalista de esa obra. En efecto, durante las guerras napoleónicas se logró cierta unificación de los estados alemanes, perdida después del Congreso de Viena Friedrich expresaría la espera de una Alemania libre y mejor. En este sentido, el caminante no sería Friedrich, sino un caído en las guerras de liberación (1813-1815). Por ser un símbolo político, viste la típica levita alemana, prohibida en 1818.



Acantilados blancos en Rügen


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Acantilados blancos en Rügen es un conocido cuadro del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich. Data del año 1818. Se trata de un óleo sobre tela que mide 90,5 centímetros de alto por 71 centímetros de ancho. Se conserva en la Fundación Oskar Reinhart de Winterthur (Suiza). Es una de las obras más importantes del romanticismo pictórico y que lo personifica de manera duradera.

Esta obra de arte está creada teniendo en cuenta las convenciones tanto románticas como del paisaje. En este sentido, no se diferencia de otras obras de Friedrich; parecía sentirse bastante atraído con la idea de ver y experimentar la naturaleza con colores aislados y maravillosos: al borde del mar o de lagos, en la cima de las montañas, o en lo alto de una cascada.

El interés de Friedrich por la naturaleza queda claramente en evidencia en otras de sus obras, como El caminante sobre el mar de nubes pintado, como los Acantilados blancos en Rügen, durante el año de su viaje de bodas a Rügen y Winterthur. Los cuadros de esta época evocan la contemplación y la interrogación.

Para Friedrich, el paisaje no era un género menor, ni se limitaba a copiar lo que veía, sino que lo elaboraba. Así, en este cuadro recompone los acantilados blancos para que respondan a sus ideas pictóricas. Por un lado, le servía para transmitir su idea política de lo alemán, buscando en el pasado modelos para construir una Alemania mejor; por otro, hondamente religioso, consideraba que Dios se manifestaba a través de la naturaleza y mostraba su presencia en los paisajes.

Descripción. Carl Gustav Carus, médico, teórico del arte y amigo de Friedrich, visitó la costa del mar Báltico en 1818 y anotó sus impresiones, entre otras, sobre el panorama que se ve desde lo alto de los acantilados:

Al caer la tarde, empezamos a seguir el sendero junto al río cubierto de follaje, escuchando ya desde lejos el bramido del mar que se mezclaba con el viento enredándose entre las hojas. De repente se abrió un claro en el bosque y nos encontramos en lo alto de los abruptos acantilados blancos del Königsstuhl. Las jóvenes hayas rojas despliegan sus largas ramas colgando sobre el rompiente del mar y el azulado espejo gris del Báltico se extiende hasta las delgadas líneas del horizonte.

Ese es el panorama que se considera reflejado en este cuadro. En el primer término de la pintura aparece un prado, donde hay tres personajes. A la derecha, hay un hombre en pie, que tiene una actitud calmada y mira hacia el mar. También lo hace la mujer que se encuentra sentada a la izquierda, la cual tiene una cabeza inusualmente pequeña. En medio, otro hombre, arrodillado en el suelo, mira por encima del borde de un vasto y alto acantilado que lleva al océano infinito.

Dos árboles claramente reconocibles forman un marco para la escena. El árbol de la derecha es más grande que el de la izquierda. Mediante una abrupta transición, se pasa a las rocas cretácicas del acantilado. Se ven las afiladas puntas de creta blanca. Y en el fondo, el amplio mar abierto que se extiende pacíficamente hasta el horizonte.

Tradicionalmente se ha considerado que representa a los Wissower Klinken, una formación de creta en la isla de Rügen, de la que recibe su nombre el cuadro. Esta existía ya en tiempos de Friedrich, aunque su aspecto actual sólo es el resultado de la erosión posterior. Sobre la localización y el punto de vista del pintor, las opiniones difieren. Es posible que Friedrich mezclara vistas de colegas con dibujos propios.

Identidad de los personajes. Cuando se casó, Friedrich vivía en Dresde y viajó con su esposa a su ciudad natal, Greifswald, enseñándole asimismo la isla de Rügen.

J. C. Jensen ha visto en esta obra un cuadro de bodas. Sugiere que los árboles y la hierba forman un corazón, que enmarca la escena. La mujer vestida de rojo sería entonces la joven esposa de Friedrich, Caroline. Friedrich se estaría autorretratando, al mismo tiempo, como el hombre joven y el hombre viejo. El pintor era bastante mayor cuando se casó (45 años).

Otra interpretación alude a que Friedrich se identificaría sólo con el viajero de la derecha, que mira al horizonte, y no con la pareja burguesa que observa un detalle del precipicio o busca un objeto perdido, comportándose con cierto ridículo.​
Se ha propuesto igualmente que, siendo Friedrich uno de los hombres, el otro podría ser su hermano Christian, que acompañó con su mujer a los recién casados; o bien el doctor Carus, el amigo de Friedrich. No obstante, dado que Friedrich, como en la mayor parte de sus obras, pinta a los personajes de espaldas, sin que se les vea el rostro, ha de concluirse que no pretendía representar personajes concretos, sino que los personajes servirían como elemento con el que el espectador podría identificarse y que le invitan a mirar el mismo paisaje que ellos contemplan.

Simbolismo. Como los demás cuadros de Caspar David Friedrich, no es un mero paisaje, sino que tiene un contenido simbólico que alude tanto a las ideas políticas de Friedrich sobre Alemania como a consideraciones religiosas.

Los tres personajes representados están vistos de espaldas, y miran a un paisaje romántico. Las figuras vueltas de espaldas en las que a menudo se puede reconocer a Friedrich, adoptan una posición central en sus pinturas al óleo a partir de 1807. Así se ve en la ya mencionada Caminante sobre un mar de nubes. La figura de espaldas, que está en pie como un monumento sobre un lugar elevado, atrae al espectador al interior de la pintura.

El cuadro aparece en una primera impresión como romántica, pacífica y muy serena. Los cuadros de Friedrich siempre insisten en la calma y la lejanía, transmitiendo la sensación de paz y sosiego general.3​ El cuadro y la acción se representan a través de colores agradables, mientras que la naturaleza se representa de manera bella.

En esta obra, Friedrich expone su visión del mundo y demuestra con qué curiosidad buscó paisajes hasta entonces inéditos en la historia de la pintura. El primer término sería el mundo corpóreo, mientras que el inmenso mar sería el mundo del pensamiento y del espíritu, símbolo del infinito. Los barcos ejemplificarían que esa es la esfera en la que se superan las limitaciones de la existencia terrena.

Al mismo tiempo, expresaba las ideas políticas del autor sobre lo alemán, como puede verse en la vestimenta de los personajes. La mujer lleva un vestido rojo, cerrado por el cuello, con manga larga y sujeto debajo del pecho para caer después hasta los pies. Es un traje que recuerda al estilo Imperio, popular en la Francia revolucionaria al estar ceñido por debajo del pecho y suelto hasta los pies. Sin embargo, a diferencia de la moda francesa, no tiene amplio escote ni tejidos transparentes, pues se consideraría impropio por una burguesa alemana. Como en otros cuadros de Friedrich, recuerda a la moda gótica, ya que se pensaba que el Gótico era un estilo germánico y de esta manera se alude al pasado alemán.​

Por lo que se refiere al traje masculino alemán, hay que recordar la descripción que dio Ernst Moritz Arndt en 1814:

    Los hombres debían llevar una levita abrochada hasta arriba y un ancho cuello por encima, los cabellos podían llevarse largos, pero se tenían que llevar cubiertos con un bonete.

Este antiguo traje alemán comenzó a aparecer en los cuadros de Friedrich a partir de 1815. Tenía por entonces un sentido político nacionalista, tras las guerras napoleónicas. Es esa la razón por la que los ministros de los príncipes alemanes, reunidos en Karlsbad en 1819, prohibieron su uso.


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Los Wissower Klinken eran una formación cretácica en el Parque Nacional de Jasmund en la isla de Rügen y desde hace mucho tiempo, una de las principales atracciones turísticas de la isla. El 24 de febrero de 2005 las dos rocas de más de 20 metros de alto se derrumbaron en el mar. Cerca de 50.000 metros cúbicos de tiza cayeron al Mar Báltico dejando sólo unos pocos en la formación original. Se debió a las condiciones climáticas de fugaces deshielos. Los Wissower Klinken resultaban un atractivo para los caminantes que llegaban, a través de los bosques de hayas de la península de Jasmund, a unos 2 km desde el Este de Sassnitz. Tradicionalmente se ha considerado que sirvieron de modelo para la pintura de Caspar David Friedrich, Acantilados blancos en Rügen.


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El soñador (Las ruinas de Oybin) es un cuadro del pintor Caspar David Friedrich, realizado en 1835. Óleo sobre lienzo, 27 × 21 cm. Se encuentra en el Museo del Hermitage de San Petersburgo, Rusia.
Realizado cinco años antes de su muerte, el cuadro representa a un personaje solitario en medio de las ruinas del Monasterio de Oybin, símbolo de lo perecedero y transitorio. Como en otras obras de temática similar (por ejemplo, Abadía en el encinar, 1810) la mezcla de arquitectura gótica y naturaleza representa el contraste ideal en la mente del artista. Las ruinas representan la alegoría de la religión del pasado, frente a la fuerza vital de los árboles y la luz. En la obra sobrevuela la idea de que la naturaleza ha vencido a la iglesia. Como un "memento mori" invita a meditar en la vanidad de los asuntos humanos. Friedrich logra trasmitir gran misticismo por medio de una luz propia del crepúsculo que inunda todo el lienzo. La obra parece reflejar el espíritu de soledad y melancolía que debió embargar al autor ante la proximidad de su propia muerte. Esta obra se puede incluir entre las denominadas pinturas crepusculares calificadas como las pinturas del espíritu por excelencia.



Otras obras


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Mar de hielo, 1823-1824. Obra de Caspar David Friedrich


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El verano (Der Sommer), 1807, 71,4 cm × 103,6 cm, óleo sobre lienzo, Múnich, Neue Pinakothek. Obra de Caspar David Friedrich


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Prados en Greifswald (Wiesen bei Greifswald), h. 1820, 35 cm × 49 cm, óleo sobre lienzo, Hamburgo, Kunsthalle.  Obra de Caspar David Friedrich


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El Watzmann (Der Watzmann) 1824-1825 , óleo sobre lienzo, 133 cm × 170 cm. Berlín, Nationalgalerie.  Obra de Caspar David Friedrich


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Mujer y hombre contemplando la luna (Mann und Frau in Betrachtung des Mondes) 1830-1835, óleo sobre lienzo, 34 cm × 44 cm. Berlín, Nationalgalerie.  Obra de Caspar David Friedrich


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Veleros en el puerto al atardecer (Schiffe im Hafen am Abend) 1827-1828 31 cm, óleo sobre lienzo × 25 cm.Dresde, Gemäldegalerie.  Obra de Caspar David Friedrich


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La Luna saliendo a la orilla del mar (Mondaufgang am Meer), 1822, 55 cm × 71 cm, óleo sobre lienzo, Berlín, Nationalgalerie.  Obra de Caspar David Friedrich


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La ruina de Eldena (Klosterruine Eldena bei Greifswald), h. 1825, 35 x 49 cm, óleo sobre lienzo, Berlín, Nationalgalerie.  Obra de Caspar David Friedrich


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Árboles a la luz de la luna (Bäume im Mondschein) h. 1824, óleo sobre lienzo, 19,5 x 25,5 cm. Colonia, Museo Wallraf-Richartz.  Obra de Caspar David Friedrich


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El Watzmann (Der Watzmann) 1824-1825, óleo sobre lienzo, 133 × 170 cm. Berlín, Nationalgalerie. Obra de Caspar David Friedrich


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La gran reserva (Das Große Gehege); también El gran coto o El gran vedado, h. 1832, 73,5 cm × 102,5 cm, óleo sobre lienzo, Dresde, Gemäldegalerie. Obra de Caspar David Friedrich


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Cementerio bajo la nieve (Friedhof im Schnee) 1826, óleo sobre lienzo, 31 cm × 25 cm. Leipzig, Museum der bildenden Künste. Obra de Caspar David Friedrich


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Neubrandeburgo ardiendo (Salida del sol en Neubrandeburgo)- Brennendes Neubrandenburg, h. 1835, óleo sobre lienzo, 72 cm × 101 cm.Hamburgo, Kunsthalle.  Obra de Caspar David Friedrich


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Las tres edades (Die Lebensstufen); también Las edades de la vida, h. 1834, 72,5 x 94 cm, óleo sobre lienzo, Leipzig, Museum der bildenden Künste. Obra de Caspar David Friedrich


Ver más cuadros de Caspar David Friedrich



Pues esto es todo amigos, espero os haya gustado la recopilación dedicada a Caspar David Friedrich (1774–1840) fue un pintor paisajista del romanticismo alemán del siglo XIX, generalmente considerado el artista alemán más importante de su generación.​ Es conocido por sus paisajes alegóricos de su periodo medio que muestra figuras contemplativas opuestas a cielos nocturnos, nieblas matinales, árboles estériles o ruinas gótica.


Fuentes y agradecimiento: es.wikipedia.org
 




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