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Sáenz De Oiza, Javier
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza, fue uno de los grandes arquitectos españoles del siglo XX.


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Francisco Javier Sáenz de Oiza (Cáseda, Navarra, 12 de octubre de 1918 - Madrid, 18 de julio de 2000) fue un arquitecto español, profesor del Departamento de Instalaciones de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.

Se licencia en la Escuela de Arquitectura de Madrid, en 1946, recibiendo el "Premio Aníbal Alvárez" al mejor expediente académico y ese mismo año gana el premio nacional de Arquitectura. Recién acabados sus estudios, en 1947 viaja a los Estados Unidos para ampliar sus conocimientos gracias a la beca “Conde de Cartagena”, concedida por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En 1949, vuelve a España y comienza a trabajar como profesor del Departamento de Instalaciones de la Escuela de Arquitectura de Madrid. Entre sus primeras construcciones se encuentran viviendas como el Poblado de Absorción de Fuencarral en 1958 y la del Poblado de Batán en 1960. En 1968 logra la Cátedra de Proyectos y de 1981 a 1983 es director de la Escuela.

Tras su jubilación a los 67 años continuó como profesor emérito de la misma.

Su actividad docente la compaginó durante toda su vida con la actividad profesional. Fue colaborador de Romany en la construcción de viviendas sociales y en el estudio de Manuel Cabeñes.

Maestro de arquitectos desde la universidad y desde su estudio, por el que pasaron entre otros Francisco Alonso, Rafael Moneo (1956-1961) y Juan Daniel Fullaondo.

Considerado una de las cumbres de la arquitectura moderna española, fue en su momento un creador polémico y arriesgado con obras discutidas pero que acabaron convirtiéndose en símbolos.


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Torre del BBVA en Madrid.


Miscelánea

El arquitecto definía la arquitectura como:

    - Actividad artística impulsada por la potencia del creador capaz de despertar emociones.
    - Juego lúdico en lo que tiene de aventurado el enfrentarse al enigma.
    - Aventurarse en lo desconocido, a un camino o proceso no recorrido con una actitud ilusionada y fuerte.
    - Sin libertad no hay obra de arte.


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Santuario de Aránzazu, Oñate, Guipúzcoa.


PROYECTOS

Obras principales

    - Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu (1950-1954), situado en Oñate (Guipúzcoa), proyecto donde conoce a Jorge Oteiza, edificio religioso, de hormigón, piedra y acero.

    - Edificio Torres Blancas de Madrid (1961-1969). Edificio de 71 m de alto que mantiene un planteamiento de ciudad jardín vertical. Búsqueda de una estructura espacial para edificios en altura. Planteamiento no convencional del programa y necesidades. Oiza decía... "un árbol que parte desde el suelo" (No sabes si alguien sube o baja) Tan importante es la parte superior como la inferior.

    - Torre del Banco de Bilbao edificio de 107 m de altura con fachada de acero y cristal, ubicado en el complejo financiero y comercial AZCA de Madrid (1971-1978).

    - Campus de la Universidad Pública de Navarra situado en la capital de su tierra natal, Pamplona. No está desarrollado en su totalidad estando pendiente la construcción del Paraninfo (1987).

    - Torre-Triana, sede administrativa de varias consejerías en la isla de la Cartuja en Sevilla (1993).

    - Palacio de Festivales de Cantabria, Santander, 1991.


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Vista parcial de las Torres Blancas, Madrid.


Otros proyectos

    - Edificio de viviendas en la calle Fernando el Católico, Madrid, 1949.
    - Propuesta de Capilla en el Camino de Santiago, 1954
    - Poblado de Entrevías, Madrid, 1956
    - Poblado de absorción Fuencarral-A, Madrid, 1955
    - Casa Lucas Prieto, Talavera de la Reina (Toledo), 1960
    - Cien apartamentos en Ciudad Alcudia, Palma de Mallorca, 1963
    - La "casa Arturo Echevarría", Madrid, 1971
    - La "villa Fabriciano", 1987
    - Viviendas en la M-30, Madrid, 1986-1989
    - Los pabellones del IFEMA (Recinto Ferial Juan Carlos I), Madrid, 1987
    - Villa Fabriciano (1987)
    - Universidad de Granada (1988)
    - Alternativa Concurso estadio de Anoeta, San Sebastián, 1989
    - Universidad Pública de Navarra, Pamplona, 1989-1993
    - Concurso de Ideas del Palacio de Congresos, Marbella, 1990
    - Oficinas de la Hermandad de Arquitectos de Madrid (1990)
    - Escuela de Administración Pública de Mérida (1990)
    - Ordenación de la Plaza de San Francisco, Palma de Mallorca, 1991
    - Pabellón Polideportivo Cubierto, Plasencia, 1991
    - Segunda solución para el Palacio de Congresos, Marbella, 1992
    - Concurso Palacio de la Música y Congresos, Bilbao, 1992
    - Edificios de oficinas en la avenida de Pío XII, Madrid, 1993
    - Centro Cultural de Villaviciosa de Odón (Madrid, 1997)
    - Fundación museo Jorge Oteiza, Obra póstuma, Alzuza, Navarra, 2003


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Viviendas "El Ruedo" en la M-30, Madrid.


Premios

    - 1946 Premio Nacional de Arquitectura, por su propuesta para la plaza del Azoguejo (Segovia), en colaboración con Luis Laorga.
    - 1954 Premio Nacional de Arquitectura por el proyecto de capilla en el Camino de Santiago.
    - 1974 Premio de la Excelencia Europea por el edificio "Torres Blancas".
    - 1989 Premio Antonio Camuñas de Arquitectura
    - 1989 Medalla de Oro de la Arquitectura, del Consejo Superior de Arquitectos de España
    - 1991 Premio de Arquitectura y Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid por el edificio de viviendas en la M-30.
    - 1993 Premio Príncipe de Asturias de las Artes.
    - 2000 Medalla de oro de la Universidad Pública de Navarra.

Espero que la recopilación realizada sea de vuestro interés y sirva para divulgar la obra de Sáenz de Oiza, una de las figuras más destacadas de la arquitectura española de la segunda mitad del siglo XX.





Algunas obras


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Palacio de Festivales de Cantabria. El Palacio de Festivales de Cantabria (PFC) es un emblemático teatro de la ciudad de Santander, en Cantabria (España). El edificio está situado frente a la bahía de Santander y sus amplias instalaciones e infraestructura técnica permitenademás la celebración de congresos, juntas y convenciones de cualquier tipo. Con una vocación multidisciplinar (teatro, cine, música, danza), este centro cultural ofrece una programación artística continuada durante todo el año, atrayendo personalidades relevantes de la escena, tanto nacional como internacional.

Los materiales que predominan en el edificio son el mármol y el cobre. Su entrada principal se inspira en los teatros griegos y su interior destaca por su lograda acústica.


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Fachada principal del edificio.

El Palacio de Festivales se ha convertido en símbolo arquitectónico y cultural del Santander del siglo XX. Desde 1952 se utilizó la Plaza Porticada para acoger el Festival Internacional de Santander (FIS), pero era una medida provisional. No es hasta el año 1990 cuando el Palacio de Festivales, obra del arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza, es concluido y desde entonces acoge cada verano el Festival Internacional, que hasta la fecha se celebraba en la plaza Porticada. Además, a lo largo del año, toda clase de espectáculos artísticos tienen cabida en el Palacio de Festivales, así como actividades docentes y pedagógicas.


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Desde su inauguración el edificio del Palacio de Festivales de Cantabria, estuvo rodeado de polémica debido a su sobrecoste final,1 su monumental tamaño, la carencia de luz natural en el interior, los controvertidos accesos al patio de butacas por debajo del escenario y la falta de espacio entre filas de butacas que obligó a cambiar la distribución de estas dos semanas antes de su inauguración.2

Una de las características principales del proyecto de Sáenz de Oiza permitía, a través del enorme trapecio acristalado de la fachada principal, la visión por parte de los espectadores de la bahía de Santander desde la platea, singularidad que finalmente no se pudo llevar a la práctica.




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Torres Blancas. El edificio Torres Blancas de Madrid (España) se encuentra en la confluencia del número 2 de la calle Corazón de María con el número 37 de la Avenida de América. El proyecto, firmado por Francisco Javier Sáenz de Oiza como arquitecto y la participación de ingenieros como Leonardo Fernández Troyano y Carlos Fernández Casado, es de 1961, y las obras se prolongaron desde 1964 hasta 1968. Con este edificio, su primer proyecto internacionalmente conocido, Sáenz de Oiza, que vivió el resto de su vida en el edificio, ganó el premio de la Excelencia Europea en 1974.

Torres Blancas fue un experimento propiciado por un cliente, Juan Huarte (propietario de la constructora del mismo nombre, Huarte), que se significó en los años 1960 por su apoyo a la vanguardia española, construyendo algunos de los mejores edificios de España en los años 1960 y 1970.


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Edificio de 81 m de alto que mantiene un planteamiento de ciudad jardín vertical. Búsqueda de una estructura espacial para edificios en altura. Planteamiento no convencional del programa y necesidades. Oiza decía... "un árbol que parte desde el suelo" (No sabes si alguien sube o baja) Tan importante es la parte superior como la inferior.

Características. El edificio, de 81 metros de altura, es una estructura a base de cilindros rodeados en todo su perímetro por balcones con celosías de madera.

Tiene veintres plantas, destinadas a viviendas y oficinas, más una planta adicional en lo alto del edificio, dos plantas de sótano y la planta de acceso. Hay una planta de servicios reservada para las instalaciones generales entre las plantas 21 y 22, y en la azotea hay una serpenteante piscina.

A pesar de su nombre, se trata de una única torre, que tampoco es blanca, sino gris, de hormigón visto. El proyecto original consistía en dos torres. Sólo se realizó una torre debido a las trabas que puso el ayuntamiento madrileño dado lo atrevido del proyecto. El edificio debe su nombre al uso de hormigón blanco en la fachada que fue posteriormente desestimado por cuestiones presupuestarias, razón por la cual aparece hoy ante nosotros en un tono más oscuro que el inicialmente previsto. La estructura del edificio es de hormigón armado, careciendo de pilares. Son las paredes externas y la estructura vertical interna los elementos que garantizan las funciones de sustentación.

La pretensión de Oiza era construir un edificio de viviendas singular, de gran altura, que creciera orgánicamente, como un árbol, recorrido verticalmente por escaleras, ascensores e instalaciones, como si fueran los vasos leñosos del árbol y con las terrazas curvas agrupadas como si fuesen las hojas de las ramas.

Oiza tomó de Le Corbusier la idea del racionalismo de construir viviendas con jardines en altura y de Frank Lloyd Wright las propuestas organicistas de su torre Price, realizando una síntesis personal de ambas tendencias, que es generalmente reconocida como una de las obras maestras del organicismo.

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Torres Blancas (1964-1968). Autor: Francisco Javier Sáenz de Oiza. Corazón de María, 2. Madrid. Uno de los grandes iconos de la arquitectura española del siglo XX. Inspirado por Le Corbusier y la torre Price de Frank Lloyd Wright. Un rascacielos que parece crecer orgánicamente, como un árbol de cemento.




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Torre Triana es un edificio administrativo de la Junta de Andalucía en la ciudad de Sevilla, fue construido en 1993, proyectado por el arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza, inspirándose en el Castillo Sant'Angelo de la ciudad de Roma.1 Si bien se encontraba en pie durante la Exposición Universal de 1992, que se celebró cerca de su entorno, no fue finalizado y puesto en uso hasta 1993.

Se encuentra situado en la Isla de la Cartuja en Sevilla, constituye el mayor edificio administrativo de la Junta de Andalucía, en él están centralizadas varias consejerías, en la que trabajan miles de funcionarios.

De estilo posmoderno y color amarillo albero, su forma circular lo hace muy particular.




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Museo Oteiza en Alzuza. Situado en el entorno rural de Alzuza, pequeña localidad ubicada a 8 km de Pamplona, el Museo Oteiza alberga la colección personal de Jorge Oteiza, uno de los creadores más significativos de la escultura del siglo XX.

El Museo contiene una selección representativa de su obra, compuesta por 1.650 esculturas, 2.000 piezas de su laboratorio experimental, y numerosos dibujos y collages.

El edificio, un gran cubo de hormigón rojizo, es obra del que fuera uno de sus más íntimos amigos y colaboradores, el arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza, e integra la vivienda ocupada por Jorge Oteiza durante dos décadas, lo que permite al visitante conocer la peculiar forma y el íntimo ambiente en que el artista desarrolló su obra.



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El Ruedo. El complejo de Viviendas en la M-30 (conocido con el nombre de El Ruedo) es un conjunto de viviendas sociales en Madrid, diseñado por el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza y construido en el periodo 1986-1989.2 Se encuentra ubicado en el distrito de Moratalaz, a orillas de la M-30, enfrente del parque de Roma.

Se caracteriza por ser un grupo de viviendas con una planta de tipo helicoidal. La fachada curvada es de gran escala y consiste principalmente de ladrillo, existiendo innumerables ventanas en su superficie. Su aspecto exterior asemeja a una plaza de toros.1 La zona interior contrasta por la decoración de sus fachadas. El programa de distribución de viviendas se compone de apartamentos de dos dormitorios y en dúplex con tres o cuatro dormitorios con aseos en el piso superior y la zona de estar y la cocina en la zona inferior.




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Centro Atlántico de Arte Moderno. El Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) es el principal museo de arte contemporáneo de Canarias, España. Se ubica en el barrio de Vegueta en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

El edificio es obra del arquitecto Francisco J. Sáenz de Oiza pero conserva las fachadas originales de dos casas anteriores: la del número 11 neoclásica y probablemente obra de Manuel de León y Falcón, la del 9 con trazos geométricos sobre cantería.1 El interior del edificio, reformado y habilitado para convertirse en espacio expositivo, mantiene estructuras que recuerdan a uno de los elementos arquitectónicos tradicionales más importantes: el patio canario.




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Torre del Banco de Bilbao. La Torre de BBVA es un edificio situado en la ciudad de Madrid y diseñado por el arquitecto español Sáenz de Oiza. El proyecto es el ganador de un concurso restringido a una serie de profesionales prestigiosos, por parte del Banco de Bilbao, en 1971, para la construcción de la sede social en el centro financiero de AZCA en Madrid. Se construyó entre 1978 y 1981.

Su construcción respondió a numerosos desafíos técnicos siendo el fundamental el de tener que edificarse literalmente sobre el túnel del ferrocarril. Los ingenieros que diseñaron y calcularon la estructura fueron Carlos Fernández Casado, Javier Manterola Armisen y Leonardo Fernández Troyano.

Se trata de una torre de planta rectangular, de 107 m de altura (más de treinta plantas) y un llamativo color ocre, cada vez más intenso, consecuencia de la oxidación del acero de su fachada. En planta cuenta con dos núcleos que son a la vez de servicios (escaleras, ascensores...) y estructurales. A su alrededor todo el perímetro de la planta son espacios diáfanos de trabajo sin divisiones ni obstrucciones.


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Detalle de la fachada.

La cimentación hubo de pensarse teniendo en cuenta que bajo del edificio discurre el túnel del ferrocarril. Por ello, toda la estructura apoya en dos grandes pilas de hormigón a caballo a ambos lados de dicho túnel. La estructura central sostiene, a intervalos regulares, seis plataformas de hormigón pretensado. Cada una soporta a su vez cinco pisos de estructura metálica. La fachada, con esquinas circulares y de acero y cristal continuo para permitir vistas al exterior desde cualquier punto, está decorada con parasoles de aluminio que rodean cada piso.

En junio de 2007, el edificio pasó a ser propiedad de la inmobiliaria Gmp tras la venta por parte del BBVA, que construyó su nueva sede madrileña en Las Tablas.




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Campus de la Universidad Pública de Navarra, Pamplona.

La Biblioteca es el centro del saber, el depósito de la ciencia. Recoge los conocimientos de las distintas disciplinas universitarias y, al mismo tiempo, los distribuye. Por este motivo, los edificios de los departamentos se sitúan a ambos lados. Es un símbolo y una realidad. Todos se nutren de la Biblioteca y, a la vez, todos la alimentan con su actividad docente e investigadora.

Biblioteca del campus de ArrosadiaA los pies de la Biblioteca, se extiende el edificio del Aulario, una construcción de planta rectangular que cubre el frente norte del campus. Es la edificación más próxima a la ciudad, y dispone del mayor aparcamiento, para facilitar al alumnado y profesorado el acceso directo a sus aulas, 122 en total.

La vida de relación se propicia en el espacioso paseo que recorre longitudinalmente el campus. Así lo quiso subrayar el arquitecto (Francisco Javier Sáenz de Oiza), que reprodujo en Arrosadia las dimensiones del Paseo Sarasate, en el corazón de la capital navarra.

Al final de este espacio abierto, se levanta el edificio del Rectorado, un prisma rematado por una linterna acristalada que, en una metáfora más, pretende recoger la luz del entorno y, al mismo tiempo, irradiar la que procede del interior.


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El Campus de Arrosadia de la Universidad es obra de Francisco Javier Sáenz de Oiza (Cáseda, Navarra, 1918-Madrid, 2000), arquitecto genial, teórico y práctico. Un navarro, de Cáseda, con una obra universal: el Monasterio de Aránzazu (Oñate, Guipúzcoa), la sede madrileña del BBV, el Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas, el Palacio de Festivales de Santander o la Casa Museo de Oteiza en Alzuza (Navarra).

En Pamplona, Sáenz de Oiza ha dejado la impronta de su fuerza creativa, ha hecho una universidad del siglo XXI, útil para todos y sin concesiones al tópico. Sobre un espacio de algo más de un cuarto de millón de metros cuadrados, ha tejido un sistema de edificios en los que se propicia el trabajo, el estudio y la relación entre los miembros de la comunidad universitaria.




Santuario de Aránzazu


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El Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu, es un santuario católico mariano situado en el municipio de Oñate, en Guipúzcoa, País Vasco (España), donde se venera a la Virgen de Aránzazu, patrona de esta provincia y que se habría aparecido en 1496.

Se sitúa a 750 metros de altitud, rodeado de montañas y vegetación. Desde 1514 está servido por la Orden de los Franciscanos. Su basílica, construida en los años cincuenta del siglo XX, es una obra arquitectónica.


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Vista del santuario de Aránzazu.


Etimología

El nombre del santuario, del lugar y de la Virgen hace referencia a la leyenda de su aparición. En sí, la palabra arantzazu viene a significar ‘tú en los espinos' y hace referencia a la existencia de abundantes arbustos espinosos en el lugar.

Esteban de Garibay, en su Compendio historial de las Crónicas y universal historia de todos los Reynos de España (1628), dice que la Virgen se le apareció a una doncella llamada María de Datuxtegui. En el mismo libro, sin embargo, da otra versión, que es la más conocida. Garibay dice que recogió esta historia de boca de un testigo que habría conocido a un pastor llamado Rodrigo de Balzategui. Este hombre había dicho que había descubierto la pequeña imagen de la Virgen con el niño en brazos, escondida entre una mata de espinos, junto a un cencerro. Al verla habría exclamado: ¡¿Arantzan zu?!, que quiere decir "¡¿en los espinos, tú?!".

Esta leyenda vuelve a aparecer en la primera historia del santuario escrita por el franciscano Gaspar de Gamarra veinte años después (en 1648):

Llámasse Aránzazu en buen lenguaje cántabro-bascongado y como la ethimología de haverse hallado esta santa imagen en un espino, que en esta lengua se llama Aranza y se le añade la dicción zu, y es a mi ver lo que sucedió en el misterioso hallazgo de esta soberana margarita que, lleno de admiraciones el pastor, viendo una imagen tan hermosa y resplandeciente de María Santíssima que hacía trono de un espino, la dijo con afectos del corazón: Arantzan zu?, que es como si dixera en lengua castellana: Vos, Señora, siendo Reyna de los Angeles, Madre de Dios, abogada de pecadores, refugio de afligidos, y a quien se deven tantas veneraciones y adoraciones, cuando merecíais estar como estáis en los cielos en throno de Seraphines, mucho más costoso y vistoso que el que hizo Salomón para su descanso. Vos, Señora, en un espino?

El historiador Padre Lizarralde, que diseñó el escudo del santuario, se basó para ello en la leyenda y diseñó un espino del cual brota una estrella que con su luz espanta al dragón, mandándolo al abismo. En la cenefa se lee “Arantzan zu”.


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La Virgen de Aránzazu en su altar.


La ubicación

La ubicación del santuario es excepcional. Se sitúa a escasos 10 km. de la villa de Oñate, a los pies de las campas de Urbia, en medio de una sucesión de barrancos y oquedades, montes rocosos y pequeños ríos que se pierden en el fondo del valle bajo el edificio del santuario.

Son varias las sierras que convergen en el lugar: la sierra de Elguea, la de Aitzkorri y el macizo de Aloña, que queda separado por un gran barranco en cuyo fondo corre el río y sobre el que se alzan los picos de Aitzabal, Beitollotsa y Gazteluaitz.

La carretera que desde la villa sube al santuario va adentrándose en las montañas calizas bordeando el acantilado sobre el río. Poco después de salir de Oñate se tiene una formidable vista del conjunto urbano desde el balcón natural que ofrece el alto de Urtiagain.

Desde allí el camino está sembrado de pequeños puntos de religiosidad, figuras de vírgenes, capillas… Sobre el valle de Urrejola, donde al otro lado del río se ve la carretera que llega a Araoz, cuna de Lope de Aguirre, ya se divisa el peñón que da nombre al valle y que sitúa el santuario. El empinado camino asciende bordeando el acantilado y mostrando las singularidades de los montes calizos con sus cuevas y simas, algunas de las cuales se llegan a distinguir, por su enorme tamaño, como el boquetón de San Elías, que guarda en su interior una ermita dedicada al santo, desde la propia vía. En algunos tramos del ascenso se puede ver la antigua calzada que recorrían los peregrinos, como lo hizo Ignacio de Loyola, para ir a ver a la que consideraban su madre. Curvas que se abren cerca de caseríos y antiguos establecimientos para peregrinos y que va indicando la cercanía del mariano lugar. Después de pasar al borde de una profunda sima se muestran los edificios que componen el complejo monasterial, entre los que destaca la basílica, con su impresionante fachada y torre.


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Torre campanario del Santuario de Aránzazu (Guipúzcoa)

La amplia plaza (que en parte se usa como aparcamiento) se dispone entre los austeros muros del seminario franciscano y el barranco. Enfrente, hacia el alto, a la derecha de la carretera, se encuentra la basílica, con gran fachada enmarcada entre dos torres gemelas y protegida por la torre campanario, separada unos metros a la izquierda. El inicio de la fachada, diseñada por Oteiza, se sitúa a un nivel inferior al del camino. Unas amplias escaleras dan paso, bajándolas, a las grandes puertas de hierro. Esto hace que el friso que representa a los apóstoles, en número de 14, quede a la misma altura que la vía. Sobre este friso y en medio de una fachada lisa se ubica una figura virginal. Las torres, construidas con grandes piedras calizas talladas en punta de diamante simbolizando espinas, enmarcan el conjunto.

Bajo la actual construcción se halla la antigua basílica, que actualmente está convertida en cripta, que recoge una vanguardista obra pictórica en sus paredes.

El conjunto se complementa con varios edificios diferentes, algunos de ellos muy anteriores, que ofrecen los servicios precisos a las personas que se acercan al santuario o pasan por allí en busca de las cumbres de las montañas que lo rodean.

El lugar se encuentra a 750 m de altitud y se está colgado sobre un profundo valle. Es uno de los puntos de partida para numerosas excursiones, en especial al macizo de Aitzkorri y a todo el complejo pastoril de Urbia, así como a los montes que componen la sierra de Elguea.

En la zona se extiende un complejo kárstico con numerosas cuevas, simas y sumideros. Se puede dividir en tres sub-zonas de interés:

    - Zona de Orkatzategui-Andarto-Kurutzeberri, en donde hay una sima de más de 20 m, la de Valle Gaztelu.
    - Zona de Arrikurutz, con una gruta de más de 6 km de galerías exploradas donde se hallaron fósiles y restos de animales.
    - Zona de Ubao, con el complejo del Aloña.
    - Zona de Urbia-Aitzkorri, en donde destacan Zubiondoko Lezia y Urdabide I.


La Virgen de Aránzazu


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La imagen de la Virgen de Aránzazu es una talla en piedra de perfil gótico de diseño simple. En la mano derecha tiene una bola simbolizando el globo del mundo y con la izquierda sostiene al niño que se sienta en la pierna del mismo lado algo sentado. Mide 36 cm y pesa 9 kg.

Describen el rostro de la imagen de la Virgen de Aránzazu como el de una «aldeana sana de ancho cuello y generoso pecho». El niño no está tan bien trabajado como la figura principal; tiene un aire bizantino y lleva un fruto en su mano izquierda. Suele presentarse sobre un tronco de espino blanco y con un cencerro al lado.


Historia

La larga historia del santuario de Aránzazu no ha dejado muchas reliquias ni documentos. Ello se debe a varios hechos que produjeron la pérdida de buena parte del patrimonio, obligándolo a comenzar prácticamente desde cero, en el siglo XIX. Entre estos hechos destacan tres incendios.


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Virgen de Aránzazu en su altar.


Inicios

En la primera mitad del siglo XV se estaba produciendo en los diferentes territorios del País Vasco la guerra de bandos que enfrentaba a los oñacinos y a los gamboínos, que arrastró al país a la ruina. Sobre esas mismas fechas se produjo una gran sequía, que algunos achacaron a un castigo divino por las atrocidades de la guerra. Fue por entonces cuando apareció la imagen de la Virgen en el monte Aloña.

Según cuenta la leyenda, fijada entorno a 1468,[3] el pastor Rodrigo de Baltztegi encontró la imagen de la Virgen. Éste bajó al pueblo, que estaba realizado rogativas para que terminara la sequía, y les contó el hallazgo, indicándoles que debían ir en procesión hasta el lugar donde estaba la Virgen para que comenzara a llover; cosa que sucedió cuando bajaron la imagen hasta la villa.

Se constituyó la Cofradía de Aránzazu, de la que formaron parte los nobles de Oñate. Esta cofradía, que en sus inicios solo era para los vecinos de Oñate y Mondragón, desaparecería en 1834. Juana de Arriarán apoyó económicamente el incipiente santuario y construyó una hospedería para peregrinos al lado de la ermita de la Virgen y mandó llamar a su hijo, Pedro de Arriarán, que era fraile mercedario, para que se instalara en el lugar con varios frailes de dicha orden, erigiendo un monasterio con la licencia del Conde de Oñate. Para 1493 ya está establecida la comunidad Mercedaria en Aránzazu.

Los Mercedarios abandonarían el monasterio pronto. Pedro de Arriarán intentó entonces que los Franciscanos se hicieran cargo de las instalaciones, para lo que incorporó Aránzazu a la Provincia Franciscana de Castilla; pero surgieron problemas que hicieron imposible el proyecto, y en 1508 fueron los dominicos quienes se hicieron cargo del convento y el santuario.

En 1510 se nombró prior al dominico fray Domingo de Córdova Montemayor. Los franciscanos entraron en pleitos con los dominicos por la pertenencia del monasterio, logrando sentencia favorable del tribunal de la Rota en 1512, por lo que dos años después, el 22 de abril de 1514, las instalaciones fueron entregadas a los franciscanos. No solo fueron los dominicos y franciscanos los que pleitearon para conseguir quedarse con el complejo espiritual; también los Jerónimos intentaron hacerse con él. Fue la propia Juana de Arriarán quien abogó delante de la reina Juana la Loca y llamó a los Jerónimos al santuario. Esto queda recogido en una bula del papa León X.


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La Virgen sobre el espino y con el cencerro.


Primer incendio

Para 1553, las instalaciones monacales estaban totalmente acabadas y en funcionamiento. Ese año sufren un incendio que las destruye por completo. El responsable provincial de los franciscanos, en una carta que manda a Ignacio de Loyola, describe el hecho de la siguiente manera:

Y es que todo aquel Convento con todo lo que había dentro se ha abrasado y quemado, excepto la iglesia que miraculosamente quedó reservada, y los religiosos aberse podido escapar, sin ser abrasados, sobre una peña, se tiene por particular favor de nuestra Señora. Subscedió por falta del edificio de la cozina que, como estava sobre hueco, caló el fuego abaxo sin poderse sentir hasta que no llevó ningún remedio, ni se pudo aber favor de gente en aquella tan grande soledad o yermo. En este incendio se perdieron los archivos y los exvotos que se guardaban en claustro, testimonio de los agradecimientos de las gentes que acudían al lugar en busca de remedio.

Mediante la colaboración y la donación de los fieles y nobles, así como de muchas instituciones, el propio ayuntamiento de Oñate contribuyó con 300 ducados de oro, se levantó un nuevo convento, que según el historiador Esteban de Garibay era mucho mejor que el anterior y levantado en un tiempo muy breve. En 1567 ya estaba terminada la obra del nuevo convento y se plantean la realización de reformas en la iglesia que se había salvado del incendio. Solo la construcción del nuevo altar y crucero tardo dieciocho años. En 1621 se trasladó y ubicó en el nuevo altar a la Virgen. Las autoridades católicas de Roma otorgaron un solemne jubileo y se celebraron varios actos festivos y litúrgicos que atrajeron fieles de toda la geografía vasca y navarra. Los actos se celebraron en castellano y euskera.


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Vidrieras del Santuario de Aránzazu, como ven, nada recuerda a la imagen que tenemos de las vidrieras convencionales, sus formas son irregulares y redondeadas. Obra de Xabier Alvarez de Eulate


Segundo incendio

El 22 de julio de 1622, poco después de la inauguración de la nueva iglesia, otro incendio devasta las instalaciones. La Virgen se salva de las llamas pero todo lo demás queda destruido. Un testigo de dicho suceso los relata de la siguiente forma:

No se puede ponderar con palabras la turbación de corazón y aflicción de espíritu que nos causó a todos los que vimos, quedando más de ochenta religiosos, que a la sazón nos hallábamos en este santo convento, llenos de pavor y espanto, sin alivio alguno, ni abrigo, repartidos aquella noche por la montaña, aunque los más nos recogimos a velar y asistir a la santísima imagen.

Después del nuevo incendio se volvió a la reconstrucción de las instalaciones. De nuevo el apoyo de los fieles y de las autoridades fue fundamental para llevar a buen fin dichas actuaciones. Esta vez se ganaba terreno al barranco realizando parte de las obras sobre el vacío. Como decía el Padre Luzuriaga:

Cedió el Arte a la disposición soberana, y se sujetó la naturaleza fragosa de la montaña al brazo y superior nivel de nuestra ciencia, parece que con singular auxilio ayudó a trazar y disponer sobre barrancos de la profundidad los cimientos sobre el que se lebantase la Iglesia.

La nueva iglesia contaba con dos capillas superpuestas quedando la superior al servicio de la Virgen. Vistieron la instalaciones con varias obras de arte que el propio Luzuriaga dice que eran riquísimas y artísticas joyas. La Virgen se mantenía detrás de un velo muy fino que solía ser levantado por dos monjes a petición de los peregrinos y rodeada de doce candelas y dos hachones. Tanto el altar como el coro fueron bien trabajados. En el coro se construyó un órgano. El mismo fue realizado por un fraile del propio convento, Juan de Tellería, que ya contaba fama de buen maestro de órganos. A la iglesia sucedió


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Eduardo Chillida, Puertas Basílica Nuestra Señora de Aránzazu, 1954,


El siglo XIX y el tercer incendio

El siglo XIX fue muy poco favorable para el Santuario guipuzcoano. El 9 de agosto de 1809 el rey José Bonaparte, hermano de Napoleón Bonaparte y puesto por él, firmó una Orden que suprimía las órdenes religiosas y embargaba sus bienes. El 9 de septiembre la alcaldía de Oñate ordena el cumplimiento de la ley y el desalojo de las instalaciones del santuario. Queda a cuidado del mismo el presbítero Javier de Aguirre. Unos meses después, en diciembre, se nombra capellán a José Manuel de Uralde que asume sus funciones con un séquito de 15 religiosos naturales de Oñate.

El 2 de julio de 1810 se traslada la imagen de la Virgen de Aránzazu a la iglesia parroquial de San Miguel de Oñate. El 24 de abril de 1811 detienen a nueve religiosos del monasterio que son llevados a Vitoria, Bayona (Francia) y Monmendi. Estos hechos sucedieron en plena guerra de la Independencia, una vez finalizada la misma se devuelve la imagen al santuario de Aránzazu el 20 de abril de 1814.

El 11 de septiembre de 1822 el santuario es atacado por un capitán de la Armada que prende fuego a algunas instalaciones causando daños menores. La comunidad religiosa abandona temporalmente el convento, refugiándose en la capellanía de franciscanas de Bidaurreta, en Oñate, llevando la Virgen con ellos. El día 11 de junio de 1823 se volvería a subir a Aránzazu la imagen.

Las tropas Liberales a mando del general Rodil, en el transcurso de la primera Guerra Carlista, al considerar a los frailes defensores del absolutismo de Fernando VII, destruyen las instalaciones del convento y el propio santuario, incendiándolo el 18 de agosto de 1834 y llevando presos a los componentes de la comunidad franciscana. Pronto se volvió a realizar la construcción de unas instalaciones provisionales que albergaban a la imagen y algunos pocos frailes que la cuidaban. El 13 de diciembre de 1840 se dicta una Orden por la cual se disolvía la comunidad franciscana de Aránzazu, aunque se mantenía la de Biduarreta depuesta del hábito franciscano. El ayuntamiento de Oñate nombra capellán de Aránzazu al Fraile Tomás de Echenagusía y la imagen de la Virgen se traslada a la iglesia del convento de Bidaurreta.

El 14 de julio de 1844 el Jefe Político de Guipúzcoa da licencia para comenzar las obras de restauración de las instalaciones de Aránzazu. Las obras se terminaron en 1846, inaugurándose el 19 de octubre de ese año.[3] En la procesión que llevó a la Virgen desde Oñate a su nueva iglesia de Aránzazu participaron más de 10.000 personas.

En 27 de septiembre de 1878 se concede licencia para a restauración de la comunidad de franciscanos. En 1879 se autoriza a la recolección de fondos para poder llevar a cabo las obras de mejora del camino al santuario. La nueva carretera se inauguró en 1881, con nueve días de peregrinación.[3] Tres años después, el 10 de agosto de 1884, se inaugura el nuevo edificio conventual, casi cincuenta años después de que fuera destruido en las atrocidades de la guerra.

El 13 de septiembre de 1885 era la fecha elegida para la coronación de la Virgen de Aránzazu, siendo esta la primera coronación canónica que se realiza en el País Vasco. Las circunstancias de una epidemia de cólera hacen que se realice la coronación el 6 de junio de 1886.

Las instalaciones del santuario van completándose y en 1892 se inaugura el retablo mayor de la iglesia.


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Vista exterior del ábside del Santuario de Aránzazu.


El Siglo XX, la nueva basílica

El siglo XX fue el que más impacto ha tenido en la imagen del santuario de Aránzazu. Si bien en lo espiritual otros tiempos fueron más fuertes, en la parte artística no hay duda que este siglo marcó un hito en la historia del lugar, e incluso del país.

En 1902 se construye e inaugura el órgano (de la prestigiosa casa de Amezúa). Al año siguiente se dota a las instalaciones de una central eléctrica. El primer cuarto de siglo crece la comunidad en número y en relieve.

El 23 de enero de 1918 se nombra a la Virgen de Aránzazu patrona de la provincia de Guipúzcoa. Ya había sido adoptada por la comunidad franciscana en 1738 como Patrona de la Provincia franciscana de Cantabria, que comprendía a: el País Vasco, Navarra, Santander (hoy comunidad de Cantabria) y Burgos. El nombramiento se realiza a partir de la petición en esta línea que envió el ayuntamiento de la villa de Oñate a la Diputación de Guipúzcoa donde dice:

El Patronato de la Madre de Dios de Aránzazu existe de hecho real y verdaderamente en Guipúzcoa desde el primer instante de su misteriosa aparición en las abruptas vertientes del Aloña; que coincidió con la pacificación de los bandos Oñacino y Gamboíno; con la consolidación del régimen foral, mediante las ordenanzas aprobadas por nuestra Provincia pocos años antes en las Juntas Generales de Mondragón; con la concesión soberana de los títulos de N. y L. otorgados a la misma enalteciendo su personalidad autonómica; y con un fenómeno material tan efectivo y patente como fue el beneficio de la lluvia, que por largo tiempo había hasta entonces negado el cielo a esta comarca devastada a la vez por los ardores de la sequía y los crímenes sin cuento de las luchas fratricidas…


La nueva basílica

En abril de 1950 Pablo de Lete, Ministro Provincial de los franciscanos, lanza la idea de la necesidad de la construcción de una nueva basílica. Ya en el llamamiento aboga por una construcción singular centrada en dos ideas, amplitud y relevancia artística. Ese mismo mes de abril se abre un concurso de ideas para la realización del proyecto. Las premisas eran las de respetar las construcciones monacales existentes y la entrada de la carretera. Se inscribieron 40 arquitectos de los cuales presentaron proyectos 14 de ellos. Se seleccionó la idea de los arquitectos Sáenz de Oiza, y Luis Laorga del colegio de arquitectos de Madrid.

Junto a los arquitectos intervienen el escultor Jorge Oteiza para la fachada principal, el pintor Lucio Muñoz para la decoración del ábside, el escultor Eduardo Chillida para las puertas principales de acceso, Fray Javier María de Eulate encargado de las vidrieras y el pintor Néstor Basterretxea para la decoración de las paredes de la cripta.

El 9 de septiembre se coloca la primera piedra y en la ceremonia los arquitectos elegidos dicen:

El proyecto supone, como parte integral del mismo, el marco de Aránzazu, con la rica pincelada de su vegetación y la maravillosa disposición de luz y sombras en sus rudos peñascos e impresionantes barrancos. La nueva Basílica revestirá los caracteres de robustez y de sencillez del pueblo vasco. Nada de líneas femeninas y académicas, que respiran a salón romántico. Será robusta, francamente agreste; la torre del campanil irá tachonada de piedras en punta, símbolo del espino. El hecho de una construcción en la montaña nos ha movido a desechar materiales valiosos y decorativos, pero extraños, como el mármol y el bronce. La riqueza se conseguirá con el uso de materiales lósales, piedra, cal, madera, hierro forjado…


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Santuario de Aránzazu fachada principal

La construcción corrió a cargo de la empresa constructora Hermanos Uriarte (de Araoz) y se pudo celebrar la primera misa el 20 de agosto de 1955. Su bendición fue realizada el día 30. La iglesia no estaba completa, solo se había levantado el edificio. El 1 de julio de 1955 el obispo de San Sebastián había encargado a la Comisión Diocesana de Arte Sacro un dictamen sobre las obras y sus relevancia artística. La Comisión respondió el 6 de junio de ese año ordenando parar dichas obras al entender que las actuaciones artísticas contempladas no tenían en cuenta los preceptos de la Santa Iglesia en materia de Arte Sagrado. El extracto del documento dice así:

Esta Pontificia Comisión ha examinado ponderadamente el proyecto de la nueva Basílica de Aránzazu, habiendo interrogado al efecto a artistas y estudiosos particularmente componentes en liturgia, arquitectura y artes decorativas. Esta Pontificia Comisión, que cuida del decoro del Arte Sagrado según las directivas de la Santa Sede, tiene el dolor de no poder aprobar los proyectos presentados. No se discuten las buenas intenciones de los proyectistas, pero se concluye que han sufrido extravío por las corrientes modernistas, que no tiene en cuenta algunos de los preceptos de la Santa Iglesia en materia de Arte Sagrado. Así, después del primer acto litúrgico del 20 de agosto, es inaugura el 30 del mismo mes a espera de que el tiempo cambiara los pensamientos y se levantará el veto al arte del siglo XX.

Durante la prohibición moría Carlos Pascual de Lara que había ganado el concurso para el diseño del ábside. Por ello en 1962, el 16 de marzo, se convoca otro concurso para tal fin. A este concurso se presentan 112 artistas de los cuales 42 presentan sus proyectos. Gana el madrileño Lucio Muñoz que lo realizaría en cinco meses con ayuda del escultor Julio López y el pintor Joaquín Ramos además de un equipo de carpinteros.

Las esculturas que adornan la fachada principal del santuario quedaron inconclusas en el momento de la prohibición. No sería hasta 15 años después cuando se diera por finalizada la obra, que había cambiado ya en el ánimo del artista. Oteiza descarta los medallones en la fachada principal, que era la opción que había propuesto y se decanta por un conjunto de dos piezas centrado en la parte superior de la misma, respetando, eso sí, el friso de apóstoles. El conjunto representa a la Virgen Dolorosa cuando recoge el cadáver de Jesús.

Entre 1962 y 1964 se realizan las obras de la parte final de la carretera de acceso y de la gran plaza aparcamiento. El verano de 1969, con ocasión de la celebración del V centenario de la aparición de la Virgen se inaugura el conjunto estructural y se consagra la nueva basílica. Todavía quedaba la cripta por hacer, Néstor Barrenetxe la pintaría en los años ochenta con una colección de frescos muy modernista y de gran impacto, en particular el Cristo Resucitado que domina el altar.

Entre el año 2002 y el 2005 se han realizado reformas en la explanada construyéndose un nuevo edificio de servicios y nuevas instalaciones.


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Los Apóstoles de Jorge Oteiza en la fachada principal. La escultura de Jorge Oteiza Apostoluak (los Apóstoles) está formada por 14 figuras y adorna la entrada al Santuario de Aránzazu.


La Basílica

Comenzada a construir en 1950, abierta a la liturgia en 1955 y consagrada en 1969 la basílica de Aránzazu destaca por le conjunción del arte del siglo XX y la religiosidad. Se construyó sobre la antigua iglesia, que había sido levantada en el siglo XIX después de ser destruida por el incendio de 1834. Conservando la plante de la misma que sirvió de cripta. Durante las obras no se interrumpieron los servicios religiosos.

El atrevimiento del diseño de los artistas que intervinieron en su construcción llevo a la paralización de la misma durante casi 15 años. La apertura que el Concilio Vaticano II supuso permitió que pudiera culminar el proyecto.

El proyecto es de los arquitectos Sáenz de Oiza, y Luís Laorga del colegio de arquitectos de Madrid, junto a ellos intervienen el escultor Jorge Oteiza para la fachada principal, el pintor Lucio Muñoz para la decoración del ábside, el escultor Eduardo Chillida para las puertas principales de acceso, fray Javier María de Eulate encargado de las vidrieras y el pintor Néstor Basterretxea para la decoración de las paredes de la cripta.

La empresa constructora fue Hermanos Uriarte y la obra se realizó bajo dirección de Martín Inda y del arquitecto Damián Lizaur junto con los delineantes Zumalabe y Artdit.


Exterior de la basílica


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Es la talla en punta de diamante lo que llama la atención cuando se ve la fachada principal. Las tres torres que componen el conjunto, la del campanario, alejada unos metros y las otras dos que enmarcan la fachada, están realizadas con bloques de piedra caliza tallados en punta de diamante en clara alusión al espino en el que, según cuenta la historia, apareció la imagen de la Virgen.

La torre del campanario tiene 44 metros de altura y está coronada con una simple cruz de acero de 6 metros. Las torres laterales, más bajas, rodean una fachada lisa de piedra en la que se abren las grandes puertas de hierro de Eduardo Chillida. Las puertas quedan bajo el nivel de la calzada abriéndose a una plaza a la cual se accede bajando unas escaleras. Estas puertas están decoradas con asimétricos dibujos geométricos. Al nivel de la calzada queda el friso de los apóstoles de Oteiza. Son 14 figuras de piedra (estas figuras al igual que las dos que componen la representación central pesan entre cuatro y cinco toneladas). Los apóstoles están ubicados en un espacio de 12 m. El significado de estos apóstoles lo explica el propio Oteiza de la siguiente forma:

La articulación única de las figuras permitía lingüísticamente expresión distinta de conocimientos o lecturas. Así, por ejemplo, si en uno de los ángulos de visión o de las perspectivas posibles, asociamos las 14 figuras con los 12 m para su colocación que tienen a lo ancho del muro, estos datos que coinciden con los de nuestra trainera tradicional, ya nos están favoreciendo imagen: el primer apóstol, a la izquierda que es Matías, el último de los discípulos admitidos por Jesús y que aquí pregunta, ahora lo veremos como patrón que guía a nuestros remeros, y los primeros al lado del que reza y hasta los dos del centro, los vemos de frente como remando, y cuando llego al último, a la derecha ya es el mismo que guía y que regresa. Y, si en otra lectura, los dos del centro parece que se increpan es porque también se abrazan.

El grupo central, arriba en el centro de la fachada, representa a una Dolorosa en medio del muro, que el artista ve como un muro de soledad, la soledad de la muerte que ofrece a su hijo al visitante (al peregrino que llega), un juego que se realiza con la imagen que guarda la basílica, la de la Virgen con el niño en alzas.

El conjunto se completa con una serie de arcadas que recorren el lateral de la iglesia que da a la calle y el ábside sobre el acantilado en donde se aprecia los restos de la construcción anterior y el rigor de la obra.


Interior de la basílica

Proyectada para acoger, cómodamente a mucha gente, la basílica de Aránzazu tiene unas medidas de 66 m de longitud, 20 de ancho en la nave, 33 en los brazos de los cruceros y una altura de 20 m con una superficie de 1.200 m². Su sonoridad es excepcional lo mismo que su iluminación y su visibilidad.

Los confesionarios quedan escamoteados en los laterales sin ocupar espacio en la nave central. No tiene columnas que se interpongan entre el umbral de la basílica y el ábside. La nave, vista desde el altar, tiene la semejanza de un barco. La bóveda está recubierta de madera y los ventanales se asemejan a ojos de buey.


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Vista general de la nave.

Los ventanales están cubiertos por las vidrieras que diseñó el franciscano donostiarra fray Javier Álvarez de Eulate y que se realizaron en la localidad francesa de Metz. Estas vidrieras son motivos abstractos de multitud de colores. La nave queda en un nivel de luminosidad tal, entre el deslumbramiento y las tinieblas, que invitan al recogimiento. Debajo de los coros se buscó una iluminación mucho más restringida para aquellos que prefieren un recogimiento más íntimo.


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Sobre los coros se sitúa el órgano cuya ubicación esta especialmente diseñada para su optima sonoridad en todo el recinto basilical. Los teclados del órgano, tres manuales y uno de pie, están situados en el primer coro, el utilizado por los frailes; este coro consta de 155 asientos y posee un altar en el que se celebran los actos litúrgicos de la comunidad franciscana. El segundo coro queda muy alto, ofreciendo una impresionante vista de la nave.


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Decoración del ábside, retablo de Lucio Muñoz.


El ábside

Decorado por Lucio Muñoz el ábside de la basílica de Aránzazu ha sido llamado por algunos como la Capilla Sixtina del siglo XX. Con una superficie de 600 m² fue realizado en cinco meses sin labor alguna de estudio. Junto a Lucio trabajaron el escultor Julio López y el pintor Joaquín Ramos. En él se enmarca a la pequeña imagen de la Virgen en medio de una alegoría de la naturaleza.

Inspirado en el paisaje de la región, que confiesa le impresionó, Lucio Muñoz diseñó una obra acorde al paisaje y a la trascendencia del tiempo, a la religiosidad de los que acuden a visitar a su Virgen.

La iluminación del conjunto del ábside, que entra por un ventanal frontal superior, destaca la pintura y el cajetín donde se ubica la imagen, al cual se puede acceder mediante unas escaleras interiores para que los peregrinos lleguen a ver de cerca a su Virgen.

La parte baja del retablo esta constituida por colores ocres, opacos y silenciosos en referencia al espíritu de la tierra de Guipúzcoa y Aránzazu. En la parte media, se aprecia un bloque de madera talado en formas muy agudas que hacen referencia al espino en el que apareció la imagen. Sobre este bloque se abre el camarín donde se ubica la Virgen y sobre el mismo se abren en azules de diferentes matices hasta desaparecer. A la derecha del camarín, también en azules se representa la paz que consiguió la aparición de la Virgen en Guipúzcoa.

La obra se inauguró el 28 de octubre de 1962 y en ella se invirtieron 65 m³ de maderas nobles, más de 4 toneladas de raíles, 280 kg de tornillería, 433 m de ángulos de hierro y 280 L de pintura.


La cripta


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Cristo Resucitado, muro del altar en la cripta. Pintura de Néstor Barrenetxea.

La cripta es lo único que se conserva del templo del siglo XIX. Éste fue rebajado y destinado a dicha función. Sus paredes permanecieron desnudas hasta finales de los años ochenta (principios de los 90) cuando Néstor Basterretxea decoró sus paredes con diferentes pinturas murales. Estas pinturas son de gran impresionismo. Destaca el gran Cristo rojo. Cristo resucitado que con los brazos en alto sobresale de la cruz.

Cada uno de los muros tiene su significado. Desde la estructura de la Creación que se muestra en el “muro 1” y las diferentes etapas de la misma hasta que parece el hombre (muro 4) ante la naturaleza que tiene que vencer. El sacrificio del Mesías, de Cristo, y de él el nacimiento del cristianismo con la cruz como la esperanza de salvación (muro 5). Los cristianos perseguidos, martirizados en nombre del salvador (muro 6). La cruz vive entre el mundo y el hombre (muro 7), el hombre contra el hombre encerrando a la libertad (muro 8). La amenaza de la destrucción, del poder de la aniquilación en mano del hombre (muro 9). Cristo irrumpe fuerte en el desasosiego de la aniquilación. El Cristo de vida, de resurrección, en contraposición de la muerte (muro 10 trasera de altar). La resurrección de Cristo da la vida (muros 11 y 12). La armonía, el esplendor de la Buena Nueva, la verdad (muros 13 y 14). San Francisco de Asís recibiendo los estigmas (muro 15), muriendo (muro 16)… las plantas, el sol, la luna, las estrellas… hermanas (muros 17 y 18).

Cuando el visitante entra en la cripta no puede más que sobrecogerse ante la fuerte presencia del Cristo resucitado que se ve, triunfante, al fondo de la estancia.


Reconocimientos

La obra de la basílica de Aránzazu ha sido reconocida internacionalmente y ha obtenido varios premios importantes. En mayo de 1963 el Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro le concedió el premio Juan Manuel Aizpurua.

En 1964 se le concede a Lucio Muñoz la Medalla de Oro de la Bienal Internacional de Arte Cristiano de Salzburgo, Austria, por la decoración del ábside de Aránzazu.

El 23 de junio de 1973 incluyen parte de la obra del santuario, el ábside, dos apóstoles de Oteiza y el grupo de la piedad entre las obras expuestas en los Museos Vaticanos en la colección de Arte Religioso Moderno.


El Aránzazu social

Desde sus inicios la influencia del convento y de la Virgen se ha dejado sentir en el territorio de alrededor. La fama milagrera de la Virgen extendió su culto por buena parte del norte de la península Ibérica y por los territorios del País Vasco Francés. Las peregrinaciones siempre fueron numerosas y la respuesta de los fieles a los llamamientos de ayuda, tras lo diferentes desastres que se han dado en la historia del santuario, muy positivas. Era muy corriente durante los siglos XVII y XVIII que los testamentos tuvieran cláusulas en las que se donaba parte de las riqueza al monasterio.

Las especiales circunstancias que han caracterizado al pueblo vasco, una gran fe y devoción con un alto grado de vocaciones para entrar a diferentes ordenes religiosas o para servir a la iglesia y la emigración a las tierras americanas y de otros sitios, tanto de religiosos con el objetivo de la obra misional como de soldados y marinos así como de trabajadores, llevaron la devoción a la Virgen de Aránzazu a tierras lejanas. Por esta causa es común encontrar iglesias y conventos destinados al culto de esta Virgen guipuzcoana en los países latinoamericanos.

El convento de Aránzazu se ha convertido en uno de los focos culturales del País Vasco. En él se desarrollan diferentes estudios, a parte de su seminario, y en 1968 fue donde se realizó la reunión y el llamamiento a la potenciación del Euskera Batua, es decir a la normalización y unificación de la lengua vasca

La comunidad religiosa de Aránzazu realiza varias publicaciones, tanto de libros como


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Santuario de Aránzazu, Oñate, Guipúzcoa. Arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza.


Los servicios religiosos

Son varias las manifestaciones religiosas que se realizan en el santuario, destacan la Solemne Misa Dominical (que suele ser retransmitida por radio), los actos de la Semana Santa y el Novenario de la Virgen, del 3 de agosto al 9 de septiembre, celebración de la fiesta de Nuestra Señora de Aránzazu. Se realiza misa solemne Benedicta por la tarde.

Las peregrinaciones, de gran tradición, suelen ser organizadas por parroquias y grupos cristianos de base de los territorios del entorno vasco; se realizan desde mayo hasta octubre. Los fieles de los pueblos más lejanos vienen en autobuses, mientras que los de los cercanos suben andando.

Existe un servicio de atención personal a todo aquél que necesite hablar (independientemente de su credo o ideología). Este servicio se denomina Axolaz, se garantiza la máxima atención y la ayuda a encontrar respuesta.

El Santuario de Aránzazu sirvió como escenario para la película El día de la Bestia de Álex de la Iglesia


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Santuario de Aránzazu, situado en Oñate, Guipúzcoa, en el lugar donde la Vírgen de Aránzazu se le apareció al pastor Rodrigo de Balzátegui en 1468. La basílica es de mediados del siglo XX, por obra del arquitecto Sáenz de Oiza, y los escultores Jorge Oteiza y Eduardo Chillida, entre otros artistas.

Su web: http://www.arantzazu.org/cast/queesarantzazu.html



 
Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza, fue uno de los grandes arquitectos españoles del siglo XX.



Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, biografiasyvidas.com, elpais.com, epdlp.com, turismo.navarra.es, urbanity.com, protagonistasvipcantabria.com, unavarra.es y otras de Internet.
 




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Post Re: Sáenz De Oiza 
 
Buen trabajo J.Luis gracias una vez mas.

Un Saludo.
 




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Post Re: Sáenz De Oiza 
 
REPORTAJE: SI LOS EDIFICIOS HABLASEN...


Los bulos del árbol de hormigón

Sáenz de Oiza diseñó Torres Blancas en los sesenta con el objetivo de provocar




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Imagen del edificio Torres Blancas, proyectado por el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza
  
Torres Blancas es un nombre engañoso, porque sólo hay una y es gris. De todas las historias que corren por ahí, sólo es cierto que el nombre está así, en plural, porque en principio había dos atalayas proyectadas. No es verdad que la segunda se dejase de construir por problemas económicos. "Es uno de los muchos bulos que existen sobre el edificio", explica Javier Sáenz, hijo del arquitecto Sáenz de Oiza.

Los problemas fueron de licencia. "Al Ayuntamiento le daba reparo la arquitectura que iba a salir y puso muchas pegas", dice. "Ahora, para vender un proyecto necesitas una presentación multimedia, pero lo que se llevaba en los sesenta eran los acuarelistas argentinos". Oiza encontró uno que "camuflase" lo radical del proyecto y así pudo ganar el permiso para edificar la primera torre.

El segundo bulo asegura que la idea era forrar las torres de mármol blanco, o, según las versiones, construirlas con hormigón de ese color, y que una vez más, se quedaron sin dinero. Para nada. "El hormigón visto estuvo siempre en el origen del proyecto, se bautizaron Blancas en honor a las pinturas y el purismo de Le Corbusier", explica Javier Sáenz que se crió en la torre gris, donde vivió su padre (con sus siete hijos, cuatro arquitectos) hasta su muerte en 2000. Lo que nos lleva al último bulo: cuentan que el arquitecto se mudó al edificio para demostrar que su creación era vivible, ante las críticas de que en aquellas salas redondeadas no había forma de amueblar una casa. "¡Qué va!", zanja Sáenz, "entonces era habitual que el constructor le diese un piso al arquitecto como parte de sus honorarios".

Juan Huarte, el promotor del proyecto, se lo planteó como un mecenazgo. Oiza tuvo total libertad para experimentar: el proyecto, de 1961, tardó cuatro años en construirse. "Huarte tuvo mucha paciencia", dice el hijo del arquitecto, "la obra fue una labor de investigación que nunca se cerraba". La tesis: poner en armonía al hombre con la naturaleza, crear un árbol en el que cada vecino, independientemente de la altura de su piso, viese flores. A Oiza le hacía ilusión pensar que las hormigas llegasen a la espectacular piscina redondeada de la azotea. Al principio de cada clase ("fue un gran maestro, muy generoso, que contaba todo lo que sabía", explica el hijo) repetía como una letanía la definición de casa de Camilo José Cela (vecino del inmueble): "Fruto del amor del hombre con la Tierra nace la casa, esa tierra ordenada en la que el hombre se guarece cuando la tierra tiembla -cuando pintan bastos- para seguir amándola".

La intención también era provocar. "Cuando hice Torres Blancas tuve ese único objetivo: molestar a la gente, agredir al paisaje, de tal manera que la gente levantara la cabeza y dijera: ¡caramba!, pero ¿tanto bien o tanto daño se puede hacer con la arquitectura?... ¡Sí, señor! ¡Estamos cansados de hacer paisajes grises, ambientes no molestos en los cuales a lo mejor no es penoso vivir, pero tampoco es gratificante!", dice el propio Oiza en el libro Escritos y conversaciones.

Desde la estructura (que no se sujeta en pilares sino en rotundos muros portantes que se clavan en el suelo como raíces) hasta los detalles (maravillosos los rodapiés, los pomos, los radiadores) el arquitecto no tuvo miedo a probar. Del restaurante (hoy oficinas) se podían bajar las viandas a cada piso a través de un portaplatos equipado con un interfono.

"Esto lo puedes tirar entero y ganas espacio", dice el agente inmobiliario. Hay al menos tres pisos en venta en la torre. Los pequeños (90 metros, aunque con tanta curva parecen menos) rozan el medio millón de euros; los grandes, de 200 metros, el millón. Para ganar espacio muchos vecinos han cerrado las terrazas, unos con el plan de cerramiento que previó Oiza, otros, a su aire.

El potente gesto de la torre lo aguanta; desde la calle hay que fijarse mucho para notar los desastres. "Con esos precios, el dueño tiene que ser un aficionado, como el que tiene un coche antiguo; salvo si te gastas mucho dinero, todo lo que hagas empeora el original", dice Sáenz. En los sesenta, muchos vecinos eran pilotos (por la cercanía a Barajas), hoy abundan los arquitectos. Y los artistas. Jim Jarmusch, enamorado de sus formas, coló al edificio en su último filme, y cuentan que John Malkovich tiene un piso en Torres Blancas. El hijo del arquitecto, ni lo niega ni lo confirma, pero una vez se lo encontró en el ascensor.


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Torres Blancas


- Autor. Francisco Javier Sáenz de Oiza.

- Construcción. 1964-1968.

- Estilo. Arquitectura orgánica.

- Ubicación. Corazón de María, 2 (Cartagena).

- Función. Viviendas y oficinas.


EL PAÍS / Kalipedia
 




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Post Re: Sáenz De Oiza, Javier 
 
El Ruedo ya no da miedo


Los vecinos de este enorme edificio de realojo al borde de la M-30, en Moratalaz, intentan dejar atrás la leyenda negra de los años noventa



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Vista de el edificio El Ruedo. / Uly martín

Para Francisco la civilización termina en la calle del Corregidor Diego de Valderrábano. Este vecino de Moratalaz, que no quiere dar su apellido, pasea a su perro sin perder de vista el horizonte. Un bloque circular ubicado a orillas de la M-30. “Eso de ahí es territorio comanche”, sostiene. Pero el can no opina lo mismo. Y estira la correa todo lo que puede. “Que no, que no. Que yo no paso de aquí. Ahí entras, pero no sales”, se dice a sí mismo este jubilado. No hay forma de que cruce hasta la avenida del Doctor García Tapia. Donde empieza, según él, ese territorio vedado. Pero si se le escapara el perro lo que vería sería el ambiente típico de un pueblo de 1.317 habitantes: con mujeres departiendo a las puertas de su casa. Niños correteando. Y algún que otro matrimonio apresurando el paso para no llegar tarde a misa. Alguno le miraría con extrañeza. Como se mira a todo forastero. Pero después volvería a su partida de dominó. Es decir, ni drogadictos pinchándose. Ni peleas de gallos. Ni carreras de motos. Lo que Francisco se imagina que ocurre en El Ruedo.

La mala fama de este edificio de realojo es eso mismo: mala fama. Enraizada en la memoria, las habladurías y los catálogos policiales de épocas pasadas. Porque sí que es verdad que El Ruedo, en el sureste de Madrid, tuvo unos años más espinosos. Cuando los tirones de bolsos y el goteo de toxicómanos eran habituales. Pero aquello es historia. Lo aseguran fuentes policiales y otros que se juegan el tipo: los taxistas. A ninguno de ellos les tiembla el volante al escuchar la calle de Félix Rodríguez de la Fuente o la avenida del Doctor García Tapia: “Eso es El Ruedo, ahí vive un amigo mío”. Las calles sobre las que se enrosca ese particular bloque de viviendas diseñado por el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza. Esta obra recibió en 1991 el Premio de Arquitectura y Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid. Habrá a quien le guste. Otros consideran que aquello tuvo desde el principio forma de cárcel. Una manera de aislar a estos vecinos del resto de Moratalaz. Y hacer que cualquier cosa que pasase dentro resonase con más fuerza. Al contrario que en su exterior. Con esos ventanucos que se pensaron para repeler el sonido de la M-30. Pero tras esa muralla de ladrillos rojizos no se esconde gran cosa. La mayoría es gente corriente que se enfrenta a su alquiler o su hipoteca y paga también todos los impuestos pertinentes como el de bienes inmuebles (IBI) o la tasa de basuras. Superado el problema de la droga, ahora luchan contra la suciedad o el hacinamiento. Y contra su leyenda. Porque décadas después los antecedentes de El Ruedo no han prescrito en el imaginario colectivo.

Algunos restaurantes de comida a domicilio no reparten aquí. O dejan el pedido en la otra acera. Y como ellos, algunos supermercados. Piden mantener el anonimato. “Hemos tenido malas experiencias”, se justifican. Aunque no precisan cuándo. Los datos policiales hablan, sin embargo, de una bajada de los delitos durante 2014 en todas las comisarías de la región salvo en Arganzuela y Tetuán donde se incrementaron un 1,7% y un 2,3%. En Moratalaz, la Policía Municipal realizó el año pasado 154 intervenciones con detenidos e imputados. La cifra más baja de la toda la ciudad junto con Barajas (168). Los números que se manejan sobre El Ruedo harían que Francisco, el paseante esquivo, ampliara, quizás, su punto de vista. Fuentes municipales señalan que no cuenta con un nivel elevado de avisos. Y un policía con cierta experiencia en Moratalaz lo corrobora: “El tráfico de drogas ha ido a menos. Y ahí nadie roba a nadie. Hay muchos coches dentro y solemos hacer batidas para comprobar si son robados. Pero no es una zona especialmente conflictiva, salvo para nosotros. Muchas veces cuando entramos nos tiran macetas o piedras. No quieren la ayuda de la policía”.

Los vecinos de esa mole circular tienen otra visión: “Nos tratan como a delincuentes. Basta con que digas que eres de aquí para que te paren, te pidan el DNI, te pongan contra la pared… ¡Estamos señalados!”. Esa presunta mala fama les viene desde 1990. Ese año comenzaron a llegar a este edificio de la M-30 los primeros realojados del poblado chabolista del Pozo del Huevo (Villa de Vallecas). El Ruedo se diseñó para dar cobijo a 346 familias con ingresos bajos. El propietario era el Instituto de la Vivienda de Madrid (Ivima) -hoy es la Agencia de Vivienda Social, la fusión del Ivima con el Instituto de Realojamiento e Integración Social- y en el lote estaban incluidos además siete locales y 160 plazas de garaje. Del Pozo del Huevo llegaron finalmente 312 familias. Algo que no gustó a los vecinos del barrio de la Media Legua, donde está el edificio. Montaron un buen revuelo. Y en 2009 le siguieron los residentes del distrito de Retiro. El Ayuntamiento proyectó ese año una pasarela para sortear la M-30 que unía a estos vecinos, de clase alta, con los ocupantes del piso de Sáenz de Oiza. Es decir, que ni a unos ni a otros les agradaba tenerlos cerca. Pero en El Ruedo, cuando se les menciona ese rechazo, sacan pecho: “A nosotros tampoco nos gustan ellos. Pero aquí no nos comemos a nadie”. Un 30% de los que ahí habitan son de etnia gitana y la mayoría profesa la fe evangélica. “Hay más payos, pero El Ruedo es uno, hermano”.

Basta darse una vuelta por esta corrala para comprobar cómo ese orgullo de barrio ha ido calando de generación en generación. Aquellos primeros realojados tuvieron hijos. Muchos. Y ahora sus nietos corretean por aquí. Son los xulos. Con equis. Así firman en la pared Josée. Santi. Periko. Macho. Y Paco. No levantan dos palmos y ya saben latín. Pero, por suerte, no conocen esa época más oscura que marcó a un bloque entero. Y señaló a sus descendientes como en una suerte de maldición gitana. En un aparte, Enrique Jiménez -70 años, hablar pausado- aborda sin rodeos la leyenda de El Ruedo: “Los que trapicheaban en el Pozo, lo hicieron después aquí. Yo mismo trapicheaba. Pero uno de mis hijos se murió por la droga y tomé conciencia. Y además la presión de la policía fue muy fuerte. Tuvimos una época mala. Pero aquí ya no se vende, eso te lo digo yo”. Tiene siete hijos. Y pese a su edad y el respeto que desprende, niega ser un patriarca: “Aquí ni hay heroína ni patriarcas. Aquí semos todos republicanos. ¿Cocaína? Tampoco. Si se ve algo es algún porro. Y cocaína hay en todo Madrid. El Ruedo no es un punto de venta”.

Es mediodía y en el patio se ha formado un corrillo. Alguna vecina cotillea la escena desde la ventana. Otro inquilino de unos cuarenta años toma la palabra: “El problema es que arrastramos la fama que tuvimos cuando venían aquí los toxicómanos. Pero aquí viven más de mil familias. No puedes juzgar a un barrio entero por un puñado. Es muy injusto porque la inmensa mayoría somos currantes”. El resto asiente. Dicen que es la misma historia de siempre. Unos crían la fama y otros cardan la lana. O en formato vecinal: un inquilino se convierte en el punto del día en la comisaría más cercana y al resto le toca pagar la derrama. “Y buena parte de la culpa la tenéis vosotros, los periodistas. Que siempre sacáis lo malo”. Pedro, un muchacho de barba recortada que no dice su apellido, agarra las manos de uno de estos vecinos y enseña las palmas: “Mira, manos de albañil. Y ese que va por ahí, con el pan y el periódico, es Felipe. 40 años currando de pocero para alimentar a sus cinco hijos. Y yo, que soy conductor de autobús. O tú, Isma, que eres futbolista”. El aludido, Ismael Jiménez, asiente tímido. Pero luego saca el móvil y enseña uno de sus goles. Tiene 33 años y juega en el Atlético de Pinto, de Tercera División. Pero ha militado en el Celta B o el Mérida, ambos de Segunda B. Y dice que se rompió una pierna cuando tenía tres ofertas para jugar en Primera: Celta, Racing de Santander y Zaragoza. “Una putada, pero bueno”, asume este centrocampista con vocación ofensiva. Ha montado una escuela de fútbol en El Ruedo. Y los 58 críos que están apuntados andan revolucionados con el míster. Le pusieron de nombre Atlético Moratalaz. Y en noviembre debutan en la Liga municipal de fútbol 7 de Palomeras. “Algunos son unos auténticos cracks”, adelanta Pedro, el conductor.

A lo mejor alguno de ellos llega también a profesional. Podría ser una válvula de escape. Porque aquí la vida pega duro. Durante años, Ismael compatibilizó los entrenamientos con la venta ambulante y con sus estudios de soldador. La estadística -contra la que luchan asociaciones educativas como Caminar; 27 años dando la cara por El Ruedo- dice que muchos de esos xulos abandonarán la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en unos años para echar una mano a sus padres. Si para entonces la venta ambulante sigue. Porque esa economía de subsistencia se ha visto interrumpida por la crisis y la proliferación, dicen, de tiendas asiáticas: de sacar unos 120 euros a la semana vendiendo bisutería, fruta o ropa, a no conseguir eso en un mes. Bien lo sabe Adolfo García, vendedor de 45 años. Lleva toda la mañana tratando de que los vecinos caten sus melones –por cinco euros, te llevas cuatro-, pero ese resoplido indica que la cosa no va bien. “Antes te daba para comer, vivir, sacar a tu familia y comprarte unas zapatillas. Pero ahora esto es un desastre”, explica mientras se seca el sudor. Apenas un instante porque hay que seguir con el megáfono: “¡Melones, melones a cala y a prueba!”.

Fuentes municipales cifran la tasa de paro juvenil de esta corrala en un 53% (la media estatal se situaba en julio en un 49,2%). Precisamente, la población que más abunda aquí: un 18% tienen entre 20 y 29 años. En cuanto al nivel de estudios, el 66% del total de los que viven ahí tiene el certificado de escolaridad; un 23,21% posee el título de Educación General Básica (EGB) o la ESO; un 2,3%, Formación Profesional de Grado Medio; y un 1,7% tiene el antiguo Bachillerato Unificado Polivalente (BUP). Sin estudios consta un 2,9%. En el Plan de Barrio en el que está incluido El Ruedo -y donde figuran las necesidades que las asociaciones de vecinos le plantean a la Junta de distrito- constan diversos talleres de formación como: electricidad, fontanería o peluquería. Ante esa falta de empleo, muchos optan por poner en práctica lo aprendido en su día a día: “Quien sabe de peluquería le corta luego el pelo a sus colegas por cinco euros”. Pura supervivencia. Que es a lo que se dedica la mayoría en El Ruedo: a sobrevivir. Algo que Francisco vería si cruzara esa frontera. Le habíamos dejado en ese límite de Moratalaz; al borde de lo que él consideraba civilizado. Pero si consume fruta es posible que provenga del camión de Paqui Caballero y su marido.

A esta hora, las dos de la tarde, está doblada: “Friego y me acuesto”. Son transportistas. Y cada día a las tres de la mañana suena el despertador para ir a Mercamadrid, cuenta esta mujer de 52 años mientras apura su casa y él devora un bocadillo improvisado. Viven en un dúplex de tres habitaciones y 95 metros cuadrados por el que pagaban 180 euros de alquiler. “Se lo compramos al Ivima, aunque ahora no recuerdo por cuánto. Pagamos 300 de hipoteca, más 125 de tasa de basura, más 485 de IBI…”, se desespera. En El Ruedo, la mayoría de las viviendas son similares a la de Paqui. Las hay de una, dos o de tres habitaciones. Los alquileres oscilan entre los 150 euros y los 600. Y lo más habitual de encontrar suelen ser dúplex de unos 80 metros cuadrados. Otra vecina, que prefiere no decir su nombre, asegura que le compró su piso al Ivima por 40.000. Lo cual incrementó la factura a final de mes: de pagar 200 euros de alquiler por su vivienda de 84 metros cuadrados, a desembolsar 570 al banco. “Más 15 de comunidad. Y la luz, y el agua. Y todo esto con una pensión de invalidez de 480 euros que le quedó a mi marido después de haber trabajado 37 años de-mos-tra-dos”, reivindica esta mujer 49 años. Con tres nietos y tres hijas: “La mayor, auxiliar de geriatría y las otras dos, administrativas. Es un barrio normal. Lo que pasa que tenemos mala fama. Es verdad que algún supermercado no te trae la compra a casa. O algún restaurante te lo deja ahí, en la acera de enfrente. Pero eso habrá sido por alguna travesura porque aquí vienen todos. Otros supermercados, la mayoría de los restaurantes, el chino, los taxis, el autobús, Correos, las ambulancias, el camión de la basura… Lo que hay es un problema de hacinamiento y suciedad. Sobre todo en los garajes que están tapiados porque ahí iban los yonquis. Bueno, y al principio teníamos muchos desperfectos: en mi casa encendías la luz del salón y se encendía la luz del pasillo de arriba. Y los muebles tuvieron que ser a medida porque nos tocó la curva”.

De ese hacinamiento da fe Encarna Iglesias. Esta mujer de 29 años cuenta su historia entre gimoteos: “Vivo con mi suegra, mi marido, mis tres hijos y dos cuñados en el mismo piso. Llevo desde 2007 echando la solicitud al Ivima. Cobro la renta mínima y estoy con ataques de ansiedad. Podría meterme de okupa y no lo hago para no perder la solicitud”. Y hace bien. Porque desde la Agencia de Vivienda Social, su casero, es decir la Comunidad de Madrid, especifican que entre los requisitos para solicitar una vivienda figura “no encontrarse ocupando el inmueble sin título suficiente para ello”. De esa promoción de 346 viviendas que el Ivima sacó en 1990, la Agencia de Vivienda Social conserva 171; el 49%. De ellas, hay algunas que están alquiladas; libres pero pendiente de reparación; y otras ocupadas. Según dicen, solo les consta una vivienda vacía. Pero los pisos no se sortean: “Se adjudican por baremo a través del cupo de especial necesidad. Y se asignan en atención a la puntuación obtenida”.

En El Ruedo lo que sucede en la calle, como que haya un solo barrendero o que correteen a veces las ratas, es competencia municipal. Desde la Junta de Moratalaz explican que el alcantarillado externo se revisa de oficio y se refuerzan los tratamientos constantemente. Y se realizan además tareas de limpieza con camiones y se lleva a cabo la recogida de hojas. Lo que pasa de puertas para dentro ya es cosa de la Agencia de Vivienda Social y los vecinos. Pero aquí el ambiente es digno del bloque del 13 rue del Percebe: en algunos edificios conviven alquilados, propietarios, subarrendados y okupas. Esta situación lleva a que muchos, ante los impagos de sus compañeros de escalera, tengan que organizarse para limpiar el portal. O que en algunos pisos funcione el ascensor y en otros, no, se queja Fermina Pachón, de 66 años y con problemas de cadera. Desde la Comunidad aseguran que atienden las peticiones de abono de los gastos de comunidad si lo reclama la comunidad de propietarios. Y que limpian de forma periódica los garajes, el otro foco de problemas. Cuando este periódico los visitó, estaban rebosantes de basura. “Si no se entregaron a los propietarios fue por la problemática de la promoción”, dejan entrever. Y no descartan que se puedan vender en un futuro. ¿A quién? No lo precisan.

Entretanto se ha hecho de noche. Y algunas farolas de la calle de Félix Rodríguez de la Fuente brillan por su ausencia. “A veces se encienden y a veces, no”, comentan en la penumbra algunos vecinos. Algo que a la Junta de ese distrito no le consta. Desde el otro lado de la frontera, El Ruedo centellea como su fama. Intermitente.


elpais.com
 




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Al rescate de los "monstruos de cemento"



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Las Torres Blancas de Sáenz de Oiza, ejemplo de la arquitectura brutalista en España.

La campaña #SOSBrutalism, orquestada por el Museo Alemán de Arquitectura (DAM) y la fundación Wüstenrot, ha reunido ya cerca de 900 ejemplos de este estilo arquitectónico para intentar salvar del olvido, la demolición o la ruina a destacados "monstruos de cemento".

El brutalismo, un movimiento que tuvo su auge entre los años cincuenta y setenta del pasado siglo y se basó en el uso de grandes estructuras de hormigón visto, cuenta con ejemplos en todo el mundo, desde España hasta Brasil.

"Queremos que se valore y que vuelva a ser reconocido", explica a Efe el comisario del Museo Alemán de Arquitectura de Fráncfort Oliver Elser para explicar la base de datos creada en ese centro con ejemplos de todos los continentes.

España presenta un edificio significativo y a la vez excepcional en su panorama arquitectónico, el icónico edificio madrileño de Torres Blancas, obra de F.J. Sáenz de Oiza.

"En España, Torres Blancas es uno de los ejemplos más famosos y a la vez una excepción", apunta Elser, que recuerda que durante la dictadura franquista el brutalismo "coincidió con otros estilos contemporáneos".

Según destaca, la relevancia de esta corriente se dejó sentir de forma notable en toda América, especialmente en países como Brasil -donde la Escuela Paulista marcó junto al genial Oscar Niemeyer la nueva Brasilia-, Argentina o Cuba.

La importancia del estilo brutalista en Latinoamérica, lamenta Elser, es en muchas ocasiones "subestimada", aunque ofrece gran cantidad de obras relevantes, "variadas y pioneras".

Edificios notables como el Banco de Londres y América del Sur en Buenos Aires, la facultad de Arquitectura de la Universidad de Sao Paulo, la embajada rusa en La Habana o la sede de la Seguridad Social en Costa Rica -una de sus favoritas- dan fe del amplio predicamento de esta corriente en tierras americanas.

La base de datos recoge también numerosos ejemplos relativamente desconocidos, con gran diversidad de usos, como la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, el Templo de la Patria de Quito, el edificio Helicoide de Caracas o el Heroico Colegio Militar de Ciudad de México.


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Museo Histórico Militar Templo de la Patria Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador.

La campaña tiene su eje de acción en las redes sociales: a través de la página web y de la etiqueta #SOSBrutalism, cualquier usuario puede compartir ejemplos de arquitectura brutalista a través de Facebook, Instagram, Twitter, Tumblr o Pinterest.

"La iniciativa está teniendo mucho éxito", destaca Elser, quien se congratula de que "personas de todo el mundo envían fotos" y de que se hayan reunido ya centenares de imágenes aportadas por la ciudadanía.

El proyecto, añade, está sacando además a la luz "material inédito" enviado por los arquitectos -y sus descendientes-, agradecidos por el renovado interés en sus obras.

Todas las fotografías quedan recogidas en la página web www.sosbrutalism.org, donde son clasificadas por regiones geográficas, uso del edificio y su estado de conservación: desde "en peligro" hasta "demolido", pasando por "fuera de peligro".

El punto culmen de esta campaña, que arrancó en otoño de 2015, será una exposición en Fráncfort en el Museo Alemán de Arquitectura en marzo del año que viene.

Esta iniciativa retoma y enlaza con otra acción llevada a cabo en mayo de 2012 en Berlín (www.brutalismus.de), cuando la fundación Wüstenrot organizó junto al Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT) un simposio en el que abordaron las amenazas -principalmente propuestas de demolición y riesgo de ruina- de diversas obras de esta corriente arquitectónica.


elmundo.es
 




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