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Rosario De Weiss (Discípula De Goya)
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Mensaje Rosario De Weiss (Discípula De Goya) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Rosario Weiss Zorrilla (Madrid, 2 de octubre de 1814 - ibíd., 31 de julio de 1843) fue una pintora española del siglo XIX, ahijada y discípula de Francisco de Goya con quien compartió los últimos años de su vida el singular pintor aragonés.​ De sus dotes artísticas dan una idea por ejemplo los setenta y siete dibujos, conservados en la Hispanic Society y en un principio atribuidos a Goya, que en 1956, José López-Rey demostró que eran de Rosario.


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Autorretrato de Rosario Weiss.

Bautizada en Madrid con el nombre de 'María del' Rosario, como hija de Leocadia Zorrilla y Galarza y —"según los papeles"​— del joyero judío alemán afincado en Madrid Isidoro Weiss, con quien Leocadia se había casado en 1807.

Ha quedado noticia de que Goya inició a Rosario en el dibujo cuando apenas tenía ella siete años, viviendo todavía en Madrid, y que a los once, ya en Burdeos, la puso como alumna de un tal Vernet fabricante de papeles pintados.

El propio pintor, en una carta a su amigo el banquero Joaquín María Ferrer, residente en París, describía así a su pupila:

    Esta célebre criatura quiere aprender a pintar de miniatura, y yo también quiero, por ser el fenómeno tal vez mayor que habrá en el mundo de su edad hacer lo que hace; la acompañan cualidades muy apreciables como usted verá si me favorece en contribuir a ello; quisiera yo enviarla a París por algún tiempo, pero quisiera que usted la tuviera como si fuera hija mía ofreciéndole a usted la recompensa ya con mis obras o con mis haberes; le envío a Usted una pequeña señal de las cosas que hace...
    Francisco de Goya y Lucientes Burdeos, 28 de noviembre de 1824
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Rosario Weiss. Retrato de Goya. Burdeos, 1826. Lápiz negro sobre papel. Museo Lázaro Galdiano

No se sabe si el entusiasmo de Goya era sincero o influenciado por Leocadia, la madre de la joven promesa. En cualquier caso, Ferrer no contestó a la propuesta del anciano maestro. Así, en 1827 Goya puso a Rosario en manos del pintor Antoine Lacour que había abierto escuela en Burdeos, aunque el estilo académico del francés satisfizo poco el genio de don Francisco.

Tras la muerte de Goya el 17 de abril de 1828, despachada la familia Weiss Zorrilla con tirante generosidad —pues Leocadia y Javier, el hijo del pintor, se odiaban mutuamente—, regresaron a España en junio de 1833, con la amnistía que ese año se ordenó para los delitos contra Fernando VII.​ Ya en Madrid, madre e hija salvaron la situación de desamparo gracias a las copias que Rosario hacía en el Museo del Prado de obras de Murillo, Vicente López y otros autores11​e​ (pues poca ayuda habían sido los mil francos que le había dado Javier, el único hijo sobreviviente de Goya y único heredero nombrado en su testamento "irrevocable" hecho en 1811).

Agotadas sus posibilidades en el Prado, Rosario continuó su tarea en la Academia de San Fernando copiando obras por encargo de particulares, copias que pintaba sobre lienzos viejos que conseguía con la ayuda del restaurador Serafín García de la Huerta, y que pudieron llegar a haber sido vendido como originales por dicho restaurador pues acabó prohibiéndosele la entrada al palacio de los duques de San Fernando. La copista, no obstante continuó su carrera, ahora participando en las exposiciones organizadas por el Liceo Artístico y Literario.

Pero su mejor oportunidad de supervivencia se produjo cuando en junio de 1840 fue aceptada académica de mérito de San Fernando y nombrada maestra de dibujo de las infantas Isabel (futura Isabel ll) y Luisa Fernanda, recibiendo un sueldo de ocho mil reales.​ Es curioso el dato que reseñan sus biógrafos, de que el empleo le vino gracias a los amigos liberales de su hermano, Guillermo Weiss —tras el nombramiento del general Espartero como regente del reino y de Agustín Argüelles como tutor de la reina—, y no por el lado de los antiguos amigos de Goya (como el referido banquero Joaquín María Ferrer o la marquesa de Santa Cruz). En cualquier caso, no parece que las "augustas menores" sacasen especial provecho de las enseñanzas que les pudo dar Rosario.


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La lechera de Burdeos, atribuido a Goya hacia 1827, durante su exilio en Burdeos, Francia, un año antes de su muerte. Algunos especialistas y biógrafos han propuesto la posibilidad de que la retratada fuese su ahijada Rosario, con quien compartió los últimos años de su vida el singular pintor aragonés.

Muerte de Rosario

Por el informe del médico-cirujano de la familia real del 31 de julio de 1843, se conocen algunas circunstancias relacionadas con la imprevista muerte de la joven artista a sus 28 años de edad.​ Al parecer fue víctima de un profundo y violento «shock» o ataque de pánico, sufrido cuando, saliendo del Palacio de dar sus clases, se encontró con un motín popular al día siguiente a la caída del general Espartero como regente. Otro documento importante para fijar los últimos años de la artista es la "encendida necrológica" que le escribiera en 1843 en la Gaceta de Madrid Juan Antonio Rascón, amigo de la familia a través de su amistad con Guillermo Weiss; según la cual el fallecimiento se produjo por una infección intestinal.


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Retrato de su hermano Guillermo (1840), dibujado por Rosario Weiss.

Obra

Diversas instituciones guardan en sus fondos la obra que ha ido apareciendo y catalogándose como hecha por Rosario. Se conservan carpetas de dibujos y litografías en la Biblioteca Nacional de España, la biblioteca de la Real Academia Española y en la Hispanic Society de Nueva York. En la Real Academia hay dos pinturas —una de ellas otro autorretrato— y el Museo del Prado compró un dibujo en 2014.​ Una muestra de su trabajo pueden ser estos ejemplos guardados en el Museo del Romanticismo.


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Rosario Weiss. Estudio para columna (ca. 1820-1843).


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Rosario Weiss. Alegoría de la Atención (1842). Museo del Romanticismo, Madrid.


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Rosario Weiss. Caballero (ca. 1820-1843). Museo del Romanticismo, Madrid.


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Rosario Weiss. Retrato de José Zorilla.


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Dromedario con su guía, de Rosario Weiss y Francisco Goya, h. 1824


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Rosario Weiss. Retrato de una dama judía de Burdeos. Hacia 1828. Carboncillo, Lápiz sobre cartón, papel avitelado, 260 x 205 mm. Museo del Prado.

La inscripción de mano desconocida que figura en el dorso del cartón sobre el que estaba montado el dibujo indicaba que “Este retrato hecho / por Doña Rosario Weis / Es de una Señora Hebrea de Burdeos / Estando Doña Rosario muy joven / vivía (con su padre) Don Francisco / de Goya y Lucientes”. Aun cuando no debamos seguir al pie de la letra esta anónima inscripción, a buen seguro realizada por el propietario del dibujo –un miembro de la familia en la que la obra ha permanecido hasta su venta–, puesto que asevera sin duda alguna el tópico de la paternidad de Goya, la referencia al periodo de ejecución, así como la precisión de identificar a la retratada con una mujer judía, cuya comunidad de origen portugués era numerosa e importante en Burdeos en aquel periodo, han de ser seriamente consideradas. La manera de representar la indumentaria, todavía esquemática, apuntan una obra temprana en relación con los retratos realizados posteriormente en Madrid.

José Álvarez Lopera estudió la biografía y la carrera de la artista, fundamentalmente en su periodo madrileño, que concluyó de forma temprana en 1843 con su fallecimiento, y puso de manifiesto que una de las facetas más creativas de su trabajo lo constituyeron los retratos de hombres y mujeres de su tiempo, realizados seguramente como consecuencia de las relaciones sociales establecidas en su participación en el Liceo Artístico y Literario de Madrid: Manuela Oreiro (esposa de Ventura de la Vega), Espronceda, Zorrilla, Mesonero Romanos y Quintana, entre otros. Fruto de ello son la mayor parte de los retratos a lápiz que conocemos, así como las litografías a lápiz que realizó, y que llevan casi todas ellas además la fecha a continuación de la firma, hecho que no ocurre en el presente dibujo. Estaríamos por tanto ante un dibujo elaborado a comienzos de la década de los treinta, muy en la línea de los posteriores retratos de gabinete. El dibujo estaba adherido a un segundo soporte de cartón.

Al realizar recientemente su estudio y restauración, se ha encontrado en la cara cubierta del cartón otro dibujo a lápiz en el que aparece someramente esbozada una escena de una mujer con quitasol cortejada por un militar y un perrillo a sus pies. La atribución del dibujo a Rosario Weiss es posible, pues la temática goyesca es indudable, y unos trazos en la parte superior, que pueden interpretarse como ensayo de firma abreviada, se aproximan a otros conservados en el dorso de un dibujo de la Biblioteca Nacional (Texto extractado de Matilla, J. M.: Memoria de Actividades 2014, Museo del Prado, 2015, pp. 65-66).


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Rosario Weiss. Los duques de San Fernando de Quiroga. Hacia 1834. Óleo sobre lienzo, 55 x 42 cm. Museo del Prado.

Espero que os guste la recopilación que he conseguido de esta pintora española y en la medida de lo posible contribuya en su divulgación.





Mucho más que una discípula de Goya

Rosario Weiss fue una sobresaliente dibujante de la primera mitad del XIX y llegó a ingresar en la Academia de San Fernando. La Biblioteca Nacional reúne ahora 140 de sus obras



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'Alegoría de la atención (autorretrato)' (1842). Dibujo de Rosario de Weiss.

Vivir con Goya marca. Si a eso se le suma ser hija de padres separados en la primera mitad del siglo XIX, la diferencia con el resto es, incluso, más notable. Esa era la normalidad para Rosario Weiss (Madrid, 1814-1843), artista a quien la Biblioteca Nacional de España reivindica con una exposición en la que destaca su prodigioso dominio del dibujo en una época nada propicia para que las mujeres prosperasen en el mundo del arte.

Los dibujos de una pequeña Rosario y un ya anciano Francisco de Goya (1746-1828), hechos a cuatro manos, reciben al visitante de la muestra que se abre mañana al público. Es el álbum Goya-Weiss, que contiene los juegos de lápiz y papel con el que el maestro enseñaba a una niña de menos de 10 años. En uno de ellos se aprecia el trazo fino con el que el aragonés esbozó una cabeza sonriente de hombre repasado por una línea más gruesa hecha por Weiss. Otros son dibujos que el artista hacía para que ella los copiara o sobre los que escribía algunas letras. “Conociendo aquel genial pintor el talento y las bellas disposiciones que mostraba ya desde niña, empezó a enseñarla el dibujo a los siete años al mismo tiempo que aprendía a escribir”. Estas líneas de la necrológica de Weiss publicadas en la Gaceta de Madrid, explican que la relación no era solo de profesor y alumna. El trato era familiar.

Leocadia Zorrilla, la madre de Rosario, se instaló en la Quinta de Sordo, la casa de Goya a las afueras de Madrid. Era el ama de llaves del pintor y vivió allí con sus dos hijos menores entre 1820 y 1824. Hasta aquí lo probado. La presunción de que la madre y el pintor fueran amantes es algo que se dice pero no hay documentos, explicó ayer el comisario de la muestra, Carlos Sánchez Díez. Y tampoco está demostrado que Weiss fuera hija del autor de las Pinturas negras. Sánchez no da pábulo, y asegura que la quería como tal y se refería a ella como “mi Rosario”. En una carta a su amigo Ferrer, Goya escribe: “Quisiera que la tuviera como si fuera hija mía”.

Weiss se forja entre estas dos personalidades: su madre, una mujer que se buscaba la vida tras separarse de su marido, un joyero de origen alemán, y el artista. Esta influencia, su talento natural y su educación francesa —vivió con Goya en Burdeos, donde recibió formación académica, entonces predominaba en Francia la manera de Ingres— hacen de Weiss una artista excepcional, la más importante en España de la primera mitad del XIX. Y le quedó mucho por hacer, porque murió con solo 28 años.

La exposición reúne hasta el 22 de abril 140 obras, entre dibujos, litografías, lienzos (apenas se conocen una decena de su autoría) y documentos, muchos de ellos nunca vistos. Y la acompaña el catálogo razonado, fundamental para el proyecto reivindicativo de la artista. Un exhaustivo trabajo del comisario que amplia lo que se conocía de Weiss y el número de obras que se le atribuían. Ya que el pequeño formato de los dibujos facilita su dispersión en múltiples colecciones particulares.
 

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'Caricatura masculina', uno de los bocetos que Goya realizaba para que la pequeña Rosario repasara y aprendiera a trazar líneas.

No es baladí que se centrara en dibujos y litografías. Trabajó en un momento en el que muy pocas mujeres recibieron la consideración de artista y ella se definía como tal. Quería vivir de sus dones profesionales, de su talento. Para dibujar la intendencia es mucho menor que para montar un taller de pintora y los tiempos en los que las mujeres logran tener una habitación propia todavía quedaban lejos. No se ha encontrado ningún escrito que atestigüe su condición de precursora del feminismo. Basta su vida: toda una declaración de intenciones.

Cuando regresó a España, en 1833, comenzó a trabajar como copista en el Museo del Prado aceptando encargos —pinturas alimenticias—. La alta sociedad le pide retratos, el género por el que será más conocida. Realiza figurines de moda en los años veinte y treinta del siglo XIX, un periodo de eclosión de las revistas de esta temática.

Los reconocimientos más importantes de su carrera los recibió en 1840, cuando ingresó en la Academia de San Fernando, y en 1842, al ser nombrada profesora de dibujo de las infantas Luisa Fernanda e Isabel (futura Isabel II); de ambas hay bocetos en la muestra. Para postularse a ese puesto arguye su formación y orgullo profesional.

Los adjetivos delicada, precisa y minuciosa que con frecuencia describen a las mujeres decimonónicas, en esta muestra solo caben para referirse a la obra de Weiss.

Publicado por Rut de las Heras Bretín en EL PAÍS 3 de enero de 2018




MÁS INFORMACIÓN



El mundo de Goya y de sus mejores imitadores recala en Girona

La exposición muestra dibujos de Rosario Weiss, supuesta hija ilegítima del pintor y autora de muchas piezas atribuidas al artista de Fuendetodos



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'Retrato de Guillermo Weiss', pintado por Rosario en 1842.

El genio y la fama del pintor Francisco de Paula José Goya (Fuendetodos, 1746-Burdeos, 1828) le granjeó un sinfín de imitadores. Algunos fueron discípulos que, en su propio taller, le ayudaron a realizar alguno de los encargos reales, y otros siguieron la estela de su estilo. La exposición El mundo de Goya, que puede contemplarse en el centro Fontana d'Or de la Fundación Caixa de Girona hasta el 2 de noviembre, constituye un insólito y apasionante viaje que contribuye a delimitar las fronteras creativas del aclamado pintor.

El espectador puede contemplar algunas de las obras maestras de Goya, salidas indiscutiblemente de su propia mano, junto a otras de sus imitadores más notables. La confrontación, como no podía ser de otra forma, se salda siempre del lado de Goya.

"Cuando se pone un cuadro junto a otro, siempre hay uno que sale a flote y otro que se hunde irremisiblemente", explica la comisaria de la exposición, Mercedes Águeda Villar, profesora de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y especialista en Goya. Águeda ha contribuido con sus investigaciones a arrojar luz en torno al problema de la atribución de las obras a Goya. En los últimos años, algunas piezas han sido descartadas del catálogo o calificadas como dudosas.

La exposición reúne 71 obras entre pinturas, grabados y dibujos; de ellos 5 óleos, 15 litografías o grabados y 4 dibujos son indiscutiblemente creaciones del propio Goya. Se muestran también otras 8 obras cuya atribución resulta más dudosa. La mayoría de las piezas proceden de la Fundación Lázaro Galdiano, cuyo museo ha organizado la exposición, aunque también han cedido piezas varios museos europeos y coleccionistas privados. Galdiano fue un coleccionista de arte de la primera mitad del siglo XX que compró un gran número de goyas, algunos de los cuales resultaron ser imitaciones.

Temáticas goyescas

Cada uno de los siete ámbitos de la exhibición gira en torno una temática goyesca y cuenta con una creación de Goya que permite comparaciones con las imitaciones. Entre estos apartados se encuentran los retratos reales, los niños, las funciones religiosas, la tauromaquia y el lado oscuro, en el que tienen cabida las escenas de brujería o de inquisidores. Mención aparte merece el capítulo dedicado a Rosario Weiss, supuesta hija ilegítima del pintor, de la que se muestran por vez primera al gran público algunas de sus creaciones. A Weiss se le ha atribuido la autoría de muchas obras de Goya. Águeda explica que a menudo se ha hablado de la posibilidad de que realizaran dibujos a medias. "¿Dónde empieza la mano de uno y acaba la del otro?", se pregunta la comisaria de la exposición. Águeda, que pone en duda el supuesto lazo de sangre entre Weiss y Goya, sí destaca que los dibujos firmados por la pintora la muestran como una aplicada copista sin excesiva creatividad, aunque sí con una buena mano para el retrato miniaturista.

La exhibición destaca por su interés en ofrecer un mensaje de carácter científico sobre el pantanoso terreno de las atribuciones de pinturas a Goya. Habría que retroceder hasta los años 1928- 1930 para encontrar una exposición de carácter similar. Sólo en Francia se han celebrado, a muy pequeña escala en las décadas de 1960 y 1970, exposiciones sobre los imitadores del mundo goyesco.

Se calcula que existen en todo el mundo 2.005 obras, entre dibujos, óleos y grabados, que se atribuyen a Goya. El hecho de que llegara a los 80 años con buen pulso y buen ojo permite confirmar que se trata de un autor prolífico. No obstante, existen muchos museos y coleccionistas privados reacios a permitir investigar sus piezas por el temor a que se descubra que no pueden atribuirse a su autor.
La exposición, que se inauguró en el museo de la fundación Lázaro Galdiano de Segovia, en Cataluña sólo podrá verse en Girona.

Este artículo apareció en la edición impresa de EL PAÍS del Martes, 9 de septiembre de 2003



Rosario Weiss, la privilegiada alumna de Goya

La Fundación Lázaro Galdiano certifica y expone 58 dibujos de la ahijada del artista



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Uno de los dibujos de Rosario Weiss que expone la Fundacion Lázaro Galdiano.

Con solo siete años de edad, Rosario Weiss (Madrid, 1814-1843) aprendía a dibujar junto a Francisco de Goya en la casa de Burdeos en la que el artista pasó los últimos años de su vida. Rosario y su hermano Guillermo eran hijos de Leocadia Zorrilla, la bella mujer que convivió con el artista, bajo el papel de ama de llaves, desde 1821 hasta 1828. Primero en la vivienda conocida como La Quinta del Sordo de Madrid y después en Burdeos, a donde se habían trasladado huyendo del absolutismo de Fernando VII. Notable dibujante y litógrafa, a los 10 años fue capaz de reproducir la serie completa de Los Caprichos mostrando una facilidad como copista que luego le serviría para ganarse la vida desde bien jovencita en un mundo dominado por los hombres.

Su obra, poco conocida por el gran público, ha sido muchas veces confundida con la de su maestro y, en opinión de algunos historiadores, su auténtico padre. La Fundación Lázaro Galdiano, poseedora de siete dibujos de Weiss, certifica ahora que otras 51 obras de sus colecciones son también de la ahijada de Goya. Los trabajos de investigación junto a los dibujos y litografías conforman una sorprendente exposición que permanecerá hasta el 29 de junio.

La investigación ha sido realizada por Carlos Sánchez Díez, comisario de la exposición y conservador del Museo a lo largo del pasado año. El experto cuenta que quedó fascinado por Rosario Weiss durante la exposición titulada Goya y lo Goyesco en el Torreón de Lozoya, en 2003. Allí, el historiador Álvarez Lopera hablaba de Rosario en el catálogo editado a propósito de la muestra. “Mi interés fue imparable y ya desde entonces me puse a averiguar más cosas sobre ella, aunque fue el pasado año cuando me pude centrar en su obra”.

Artísticamente, Sánchez Díez asegura que es una muy notable dibujante y litógrafa, “porque aprendió con el mejor” desde muy pequeña. Fue también una excelente copista, habilidad por la que recibía numerosos encargos para reproducir obras maestras del Museo del Prado o de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Morena, menuda y atractiva como la madre, Weiss fue, según Sánchez Díez, una mujer de un fuerte carácter, según ha podido comprobar en numerosos testimonios escritos de la época.

Después de la muerte de Goya, en Burdeos el 16 de abril de 1828, con 85 años y el desalojo inmediato de la casa, ordenado por Manuel, el único hijo y legítimo heredero de Goya que sobrevivió a los ocho que el pintor tuvo con Josefa Bayeu, Rosario Weiss siguió estudiando dibujo en Francia, pero al poco tiempo volvió con su madre a España. Gracias a su talento y carácter, en Madrid se introdujo y se hizo respetar en los círculos artísticos hasta llegar a ser nombrada, en 1842, maestra de dibujo de Isabel II y de su hermana la infanta Luisa Fernanda; un trabajo que, sin embargo disfrutó poco tiempo ya que murió al año siguiente de una enfermedad intestinal, con solo 28 años.
Pero la parte más morbosa del personaje es, sin duda, su auténtica vinculación a Goya. ¿Fue o no una hija tardía del maestro de Fuendetodos? “Nada se puede afirmar rotundamente”, responde Sánchez Díez. Lo que se sabe es que la madre de Rosario había estado casada con Isidoro Weiss, un hombre muy rico y de gran peso social. El matrimonio tuvo tres hijos y se acabaron separando después de que el marido la denunciara por adulterio en 1814. Él se quedó con uno de los hijos y ella con dos.

Solo un año después, Leocadia entra a trabajar como ama de llaves en casa de Goya. “Eso está documentado”, advierte el historiador, “pero también es posible que el artista y su ama de llaves se conocieran desde mucho antes y que Rosario, la menor de los tres hermanos, fuera descendiente de Goya. Pero, insisto en que todo son suposiciones. Lógicas, pero sin papeles que lo corroboren”. Sí que hay, en cambio, abundantes escritos en los que se recoge el amor que Goya sentía por aquella niña. Siempre se refería a ella como "mi Rosario" y dejó constancia en algunas cartas: “Quisiera que usted la tuviera como si fuera hija mía ofreciéndole la recompensa ya con mis obras o con mis averes", le escribe el pintor a Joaquín María Ferrer mientras Juan Antonio Rascón recoge que “empezó a enseñarle el dibujo a los siete años al mismo tiempo que aprendía a escribir, obligándole a copiar principios como el lapicero, le hacía en cuartillas de papel figuritas, grupos y caricaturas de las cosas que podían llamar su atención”.

La exposición está armada sobre esos primeros años de aprendizaje y convivencia entre alumna y maestro. Arranca con sus años de formación junto a Goya en Madrid y en Burdeos, con dibujos de animales y caricaturas, y una versión de un autorretrato; personajes del Liceo Artístico y Literario de Madrid, institución a la que perteneció; dibujos de moda, dibujos para litografías y copias de obras de Goya (Los Caprichos, Autorretrato y Retrato de Maíquez).

Concluye Sánchez Díez que la obra de Rosario Weiss ha visto aumentada su cotización los últimos años y que hay varias instituciones que poseen dibujos entre sus fondos: en el Prado hay un dibujo adquirido recientemente por el Estado y en la Real Academia hay dos pinturas. En la Biblioteca Nacional se conservan un buen número de dibujos y litografías, así como en la biblioteca de la Real Academia Española y en la Hispanic Society de Nueva York.

Este artículo apareció en la edición impresa de EL PAÍS del 15 de mayo de 2015



Las restricciones a las mujeres

Durante el siglo XIX las restricciones para convertirse en artista eran tantas que la primera batalla era tratar de conseguir cierta libertad, como hizo Rosario Weiss


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'Adrienne Barre', uno de los figurines realizados por Rosario Weiss en los que destaca el vestido y el peinado de moda "a la jirafa".

En la década de 1880, Maria Bashkirtseff, joven artista y escritora rusa, partía hacia París con la intención de formarse como pintora, misión nada sencilla para las mujeres entonces. Las alumnas llegaban de todas partes a la capital francesa para concentrarse en los estudios más famosos, entre ellos el de Rodolphe Julian, del cual habla Bashkirtseff. La exclusión de las mujeres en las Academias potenciaba cierta nueva industria muy rentable: los profesores aparecían una vez por semana, daban sus opiniones apresuradas y el aprendizaje resultaba complicado por la multitud de personas reunidas en el mismo cuarto; sólo las privilegiadas podían recibir clases particulares.

La imposibilidad de una formación sólida no era un tema baladí. Frente a los géneros mejor considerados, pintura religiosa, de historia o retratos, el mundo de las aspirantes a pintoras de finales del XIX —y hasta entrado del XX— se circunscribía a lo que las artistas veían, incluso en el caso de pintoras tan radicales como las impresionistas. Era lo cotidiano, las cosas pequeñas, lo que conformaba el universo de su mirada. ¿Cómo alcanzar el éxito pintando flores y frutas o, a lo más, una anciana cosiendo, una madre con su hijo? La propia Bashkirtseff escribía en su diario anticipándose a Virginia Woolf: “Lo que envidio es la libertad de pasear sola, de ir y venir, de sentarse en los bancos de las Tullerías. Esa es la libertad sin la cual no es posible convertirse en artista”.

En efecto, durante el siglo XIX las restricciones para convertirse en artista o escritora eran tantas que la primera batalla era tratar de conseguir cierta dosis de libertad, como hicieron algunas creadoras de aquel momento, entre ellas Rosario Weiss, una de las pocas artistas ligadas a la Academia cuya obra ha sobrevivido.

Muchas lo intentaron; pocas lo consiguieron, atrapadas en su mundo de bodegones y menudencias; de cuadros mal pintados, al margen del canon. Queda sólo ahora por plantear una pregunta incómoda y esencial para el arte hecho por mujeres, en particular en el XIX: quién establece el canon y desde dónde. Tal vez ha llegado el momento de volver a mirar esa pintura “mal pintada” que conforma el relato visual del XIX y tratar de revisarla sin restricciones del canon.

Este artículo titulado "Mal pintado" de Estrella de Diego apareció en la edición impresa de EL PAÍS del 20 de enero de 2018



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Ver más info y dibujos de Rosario Weiss



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorioestá dedicado a Rosario Weiss Zorrilla (Madrid, 2 de octubre de 1814 - ibíd., 31 de julio de 1843) fue una pintora española del siglo XIX, ahijada y discípula de Francisco de Goya con quien compartió los últimos años de su vida el singular pintor aragonés.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, museodelprado.es, 20minutos.es, mecd.gob.es/mromanticismo, elpais.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Domingo, 04 Febrero 2018, 18:27; editado 1 vez 
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Mensaje Re: Rosario De Weiss (Discípula De Goya) 
 
Dibujos de Rosario Weiss se exponen en la BNE


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Autorretrato de Rosario Weiss.

La Biblioteca Nacional de España, en colaboración con el Museo Lázaro Galdiano y el Centro de Estudios Europa Hispánica (CEEH), inaugurará el 31 de enero la exposición Dibujos de Rosario Weiss (1814-1843), que estará abierta al público hasta el 22 de abril.

La muestra presenta más de un centenar de obras de Rosario Weiss Zorrilla (Madrid, 1814-1843), en especial dibujos, entre los que destacan los retratos de Francisco de Goya, Ramón Mesonero Romanos, Guillermo Weiss, El marqués de Benalúa, Los hermanos Velluti o Una dama de Burdeos, además de numerosos paisajes. El público podrá ver asimismo una veintena de litografías, como Autorretrato, El Genio de la Libertad, Espronceda, Larra o Zorrilla, y algunas de sus pinturas, entre ellas Francisco de Goya, Los duques de San Fernando o Ángel custodio.

Este conjunto refleja el trabajo de una dibujante excepcional, conocida sobre todo por su relación con Francisco de Goya (1746-1828). Así, a las piezas anteriores se unen dibujos que el pintor hizo para el aprendizaje de Weiss, como Mendigo, Dromedario y Pantera.

La exposición, comisariada por Carlos Sánchez Díez, del departamento de conservación del Museo Lázaro Galdiano, reúne piezas de esta institución, de la BNE, la Bibliothèque municipale de Bordeaux, el Museo del Prado, el Museo del Romanticismo y colecciones privadas, así como de otros museos e instituciones públicas españolas.

bne.es
 




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Mensaje Re: Rosario De Weiss (Discípula De Goya) 
 
Rosario Weiss, al margen de Goya

La Biblioteca Nacional reúne 140 obras de la artista más importante del Romanticismo español en Dibujos de Rosario Weiss. 1814-1843



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Retrato de Zorrilla y, a la derecha, Larra

Durante años Rosario Weiss (Madrid, 1814 - 1843) convivió con Goya en la Quinta del Sordo. Se decía que era su hija, aunque no hay pruebas de ello. Sin embargo, cuando los padres de Weiss (Guillermo Weiss y Leocadia Zorrilla) se separaron hacia 1820, la familia (madre y dos hijos) se trasladó a la casa del maestro zaragozano, donde Weiss recibió lecciones de dibujo. Al principio él trazaba y ella, siguiendo las líneas marcadas por el pintor, completaba los dibujos. Aunque en aquellos comienzos la aguatinta emborronó más de uno, sus posteriores trazos la llevaron a ser maestra de dibujo de Isabel II.

Hace dos años el Museo Lázaro Galdiano expuso una pequeña muestra de los dibujos de esta artista precoz. De aquel embrión nace la muestra (y el catálogo razonado) Dibujos de Rosario Weiss que expone la Biblioteca Nacional con la colaboración de la pinacoteca. En esta ocasión son 140 piezas, entre dibujos, estampas y litografías, que dan cuenta de su aprendizaje y evolución junto a Goya primero y con Lacour después. El conjunto de obras que da la bienvenida corresponde a los dibujos de formación de la pequeña "en un entorno familiar", señala Carlos Sánchez, comisario de la muestra. Pantera, Dromedario y Mendigo forman parte del llamado Álbum Goya-Weiss que la institución muestra en formato digital y cuya importancia reside en mostrar cómo fueron "los años formativos de la artista y en ilustrar una faceta poco conocida del pintor aragonés".

En 1824, en el ambiente represivo de la España de Fernando VII, Goya decidió trasladarse a Burdeos. La familia se unió a él algunos meses más tarde y allí Weiss prosiguió su formación. Fue entonces cuando aprendió la litografía, una disciplina que en España no era aún demasiado conocida. Se formó en la escuela de Lacour y con él su trazo, en la estela de Ingres, comenzó a ser mucho más preciso, limpio y ordenado.


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Sin embargo, la muerte del pintor en 1828 las dejó desamparadas y, prácticamente, sin medios para sobrevivir. La desolación que sintió Leocadia Zorrilla la recibió en forma de carta Moratín, amigo de Goya que también residía en Francia. En su respuesta Moratín pone de relieve que el pintor les había dejado un documento testamental que ella había roto. "No se sabe si por rabia o por qué pero Zorrilla decidió destruirlo, lo que propició que se quedaran sin nada", afirma el comisario. La ayuda la recibieron primero del profesor Lacour y, más tarde, de la pensión que el gobierno francés le concedió como exiliada política.

Cuando en 1833 se decretó la amnistía para los liberales exiliados Rosario Weiss, su hermano Guillermo y su madre decidieron regresar a España, donde el estilo afrancesado que había aprendido en la escuela de Lacour triunfó. Su destreza para copiar el estilo ajeno, como la pintura deshecha de Goya, le llevó a conseguir un empleo como copista en el Museo del Prado. Hizo una reproducción de La Tirana, de Goya y otro del Retrato de la Duquesa de San Fernando, de Rafael Tegeo. Como la mujer adelantada a su tiempo que fue, aunque no fuera consciente de ello, Weiss quiso vivir de su trabajo, de sus cualidades artísticas. Fue de las mejores litógrafas del Romanticismo español y en su afán de mejorar envió una carta al Museo del Prado y otra al Museo de Bellas Artes de San Fernando para que le bajaran algunas piezas que pudiera copiar (en aquel momento las obras se exhibían cubriendo las paredes desde arriba hasta abajo). "Ella entendía que esta era una de las maneras de prosperar como artista", recuerda Sánchez.


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Asentada ya en España Rosario Weiss compaginó la copia de obras de grandes maestros como Goya, Velázquez, Tiziano, Rubens o Van Dyck con los dibujos a lápiz de escritores de la época como Espronceda, Zorrilla, Mesonero Romanos y Larra. En 1837 entró en el Liceo Artístico y Literario donde, junto a un grupo de artistas, copiaba del natural árboles, lagos, castillos y ruinas en un estilo idealizado que exponía después en el mismo Liceo. Su ambivalencia también le llevó a hacer figurines de moda y bocetos para futuros retratos.


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Un año más tarde, en 1840, Weiss ingresó como académica de mérito por la Pintura de Historia en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con un retrato de una Virgen de la Contemplación que entregó ese mismo año. En 1841 la llegada de los liberales al poder y su objetivo de "convertir a Isabel II en una monarca culta y constitucional" jugaron a su favor. Su nombramiento en la academia y su obra le sirvieron entonces como carta de presentación para el puesto de profesora de dibujo de Isabel II y su hermana Luisa Fernanda tras la muerte de Fernando VII.

Sin embargo, los problemas de salud de Weiss fueron un obstáculo para continuar con su labor ya que, bajo prescripción médica, tuvo que marcharse a Barcelona. Una vez recuperada volvió a Madrid pero una recaída hizo que Rosario Weiss muriera de cólera a los 28 años. No obstante, su corta trayectoria no fue impedimento para que los críticos del momento alabaran su técnica ni para que, a partir de 1837, viviera de su trabajo.


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