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Mariano José De Larra
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Mensaje Mariano José De Larra 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles… Este Nonagésimo séptimo trabajo recopilatorio está dedicado a Mariano José de Larra, fue un escritor y periodista español y uno de los más importantes exponentes del romanticismo español. Periodista, crítico satírico y literario, y escritor costumbrista, publica en prensa más de doscientos artículos a lo largo de tan sólo ocho años. Impulsa así el desarrollo del género ensayístico. Escribe bajo los seudónimos Fígaro, Duende, Bachiller y El pobrecito hablador. Murió muy joven, mejor dicho se suicidó a los 27 años.

marianojosdelarraMariano José de Larra (Madrid, 1809-Id., 1837) Escritor español. Su familia hubo de emigrar a Burdeos con la expulsión de las tropas napoleónicas, en 1813, pues era sospechosa de afrancesamiento, dado el cargo de cirujano militar al servicio de José Bonaparte que había desempeñado su padre. Gracias a la amnistía concedida por Fernando VII en 1818, la familia regresó a Madrid, y su padre se convirtió en médico personal del hermano del rey Fernando.

Larra estudió medicina en Madrid, aunque no llegó a terminar la carrera; en 1825 se trasladó a Valladolid para cursar derecho, estudios que continuaría en Valencia. Al parecer, por esta época se enamoró de una mujer que resultó ser la amante de su padre, lo que fue una dura experiencia para él.

Los años que residió en Francia podrían estar en el origen de su acerado sentido crítico con la realidad de España; sus artículos, aparecidos el un folleto mensual El Duende Satírico del Día y que firmaba con el seudónimo «el Duende», le reportaron pronta fama como periodista. Su imagen de agudo observador de las costumbres y de la realidad social, cultural y política, se afianzó con la publicación de su revista satírica El Pobrecito Hablador, en la cual escribió con el seudónimo de Juan Pérez de Munguía.

Ambas publicaciones fueron prohibidas por la censura al cabo de poco tiempo. En 1829 casó con Josefa Wetoret, en lo que fue un matrimonio desgraciado que pronto acabó en separación. En 1833 inició una nueva etapa de su carrera, con el seudónimo de Fígaro, en la Revista Española y El Observador, donde además de sus cuadros de costumbres insertó crítica literaria y política al amparo de la relativa libertad de expresión propiciada por la muerte de Fernando VII; son famosos sus artículos Vuelva usted mañana, El castellano viejo, Entre qué gentes estamos, En este país y El casarse pronto y mal, entre otros.

En 1834 publicó la novela histórica El doncel de don Enrique el Doliente y estrenó la pieza teatral Macías, ambas basadas en la trágica vida del poeta medieval Macías y en sus amores adulterinos, argumento que, en cierta manera, reflejaba la relación adúltera que en aquellos momentos mantenía Larra con Dolores Armijo.

En 1835 emprendió un viaje a Portugal, Londres, Bruselas y París, donde conoció a Victor Hugo y Dumas. De regreso en Madrid, trabajó para los periódicos El Redactor General y El Mundo. En esta época, la preocupación política dominaba en sus escritos. Además, decidió intervenir en la política activa a favor de los conservadores, e incluso llegó a ser elegido diputado por Ávila (1836), aunque el motín de La Granja impidió que entrara en funciones.

Su creciente desaliento e inconformidad ante los males que asediaban a la sociedad española y el dolor que le produjo su separación definitiva de Dolores Armijo, quedaron reflejados en su escrito El día de difuntos de 1836, publicado en El Español, y en el que detrás de su habitual ironía aparecía un hondo pesimismo. Tras una nueva discusión con Dolores Armijo, se suicidó de un pistoletazo en su domicilio, a los veintiocho años. Aunque no compartió los postulados literarios del romanticismo, su agitada vida y su muerte lo acercan a los ideales y modelos románticos. Su figura sería reivindicada, años más tarde, por los integrantes de la Generación del 98.


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Busto de Larra, en la calle Bailén, frente a la Catedral de La Almudena de Madrid.

Espero que recopilación de información e imágenes que he preparado os resulten interesantes y contribuya en la divulgación y conocimiento de este ilustre personaje.




Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados



Resumen Biográfico


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Mariano José de Larra y Sánchez de Castro (Madrid, 24 de marzo de 1809 – Ibídem, 13 de febrero de 1837) fue un escritor y periodista español y uno de los más importantes exponentes del romanticismo español.

Mariano José de Larra es considerado junto a Espronceda, Bécquer y Rosalía de Castro, la más alta cota del romanticismo literario español. Periodista, crítico satírico y literario, y escritor costumbrista, publica en prensa más de doscientos artículos a lo largo de tan sólo ocho años. Impulsa así el desarrollo del género ensayístico.


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Antigua Casa de la Moneda, donde Larra vivió con sus abuelos paternos los primeros años de su vida

Larra escribe bajo los seudónimos Fígaro, Duende, Bachiller y El pobrecito hablador. De acuerdo con Iris M. Zavala, Larra representa el «romanticismo democrático en acción». Lejos de la complacencia en las efusiones del sentimiento, Fígaro sitúa España en el centro de su obra crítica y satírica. Su obra ha de entenderse en el contexto de las Cortes recién nacidas tras la década ominosa (1823–1833), y de la primera guerra carlista (1833–1840).

Tras el temprano suicidio de Larra a los 27 años de edad, José Zorrilla lee en su entierro una elegía con la que se da a conocer.


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Pistola con la que, supuestamente, se suicidó Larra. Museo Romántico, Madrid

En 1908 algunos de los representantes de la generación del 98, Azorín, Unamuno y Baroja, llevan una corona de flores a su tumba, homenaje que significa su redescubrimiento y la identificación del grupo con el pensamiento de Larra y con su preocupación por España.

Mariano José de Larra nació el 24 de marzo de 1809 en Madrid, en la calle de Segovia, donde estaba situada la antigua Casa de la Moneda. En ella trabajaba su abuelo. Sus padres fueron Mariano de Larra y Langelot y su segunda esposa, María de los Dolores Sánchez de Castro. El padre, que era médico, se distinguió como afrancesado, ocupando el puesto de cirujano militar en el ejército josefino, durante la Guerra de la Independencia, por lo que en 1813, cuando el futuro autor tenía cuatro años, su familia tuvo que abandonar el país siguiendo al rey José I Bonaparte y exiliarse, primero en Burdeos y después en París. Gracias a la amnistía decretada por Fernando VII, la familia pudo regresar a España en 1818 y se estableció en Madrid, donde el padre se convirtió en médico personal del infante don Francisco de Paula, uno de los hermanos del rey Fernando.


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Larra prosiguió en Madrid los estudios comenzados en Francia, y fue siguiendo a su padre en los destinos que iba ocupando en distintos puntos de España (Corella, 1822–1823; Cáceres, 1823–1824; Aranda de Duero, 1824 en adelante). En 1824 se instaló en Valladolid para estudiar en la Universidad. Aunque no se presentó a ningún examen ese curso, en octubre de 1825 aprobó todas las asignaturas. La causa de su no presencia en los exámenes puede deberse a un «acontecimiento misterioso» que alteró su carácter completamente, según refiere su biógrafo Cayetano Cortés.[1] Posteriormente se ha afirmado que se enamoró de una mujer mucho mayor que él que resultó ser la amante de su padre. Tras asistir a los exámenes de octubre, dejó los estudios de Valladolid y volvió a Madrid (1825).

Larra prosigue sus estudios y en 1827 ingresa en los Voluntarios Realistas, cuerpo paramilitar formado por fervientes absolutistas, significados por su participación en la represión contra los liberales. Al tiempo empieza a escribir poesía, fundamentalmente odas y sátiras.


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Sin embargo, será el periodismo satírico lo que saque a la luz a Larra. Con diecinueve años, en 1828 Larra publica un folleto mensual llamado El duende satírico del día. Será una serie de cinco cuadernos en la línea de las revistas de ensayos inauguradas en Inglaterra a comienzos del XVIII con The Spectator, de Addison y Steeles, y que en España representan El duende especulativo de la vida civil, El Pensador y El Censor, dedicados a la crítica de la sociedad de su tiempo. Larra firmaría con el seudónimo el Duende. En esta publicación empieza a entreverse el genio satírico que Larra desplegaría posteriormente. Larra no es, sin embargo, un opositor al régimen absolutista (sigue perteneciendo a los Voluntarios Realistas), sino un periodista que, mediante la sátira, critica la situación social y política del momento.

Larra no está solo sino que forma parte de un grupo de jóvenes inquietos y disconformes que se reúnen en un café de la calle del Príncipe en Madrid. La tertulia es bautizada como «El Parnasillo», y la frecuentan Ventura de la Vega, Juan de la Pezuela, Miguel Ortiz, Juan Bautista Alonso o Bretón de los Herreros. En diciembre de 1828, Larra tiene un enfrentamiento en el café con José María de Carnerero, director de El Correo Literario y Mercantil, al que «El duende» había criticado en sus últimos números. Carnetero acude a las autoridades, que cierran la publicación. No obstante, Larra había conseguido ya cierto renombre como agudo observador de las costumbres y de la realidad cultural, social y política del momento.


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Monumento a Larra, en la calle Bailén de Madrid, frente a la Catedral de La Almudena.

El 13 de agosto de 1829 se casó con Josefa Wetoret. El matrimonio fue desgraciado y acabaría en separación pocos años después; tuvieron sin embargo tres hijos: Luis Mariano de Larra, que fue un afamado libretista de zarzuelas, entre ellas El barberillo de Lavapiés, y Adela y Baldomera, que tenían cinco y cuatro años, respectivamente, cuando Larra se suicidó, en 1837. Adela fue amante de don Amadeo de Saboya y Baldomera se casó con el médico del rey, don Carlos de Montemar, quien, al renunciar don Amadeo al trono, emigró a América y dejó a su esposa con hijos pequeños en Madrid; Baldomera se dedicó a la banca y fue una de las creadoras de la llamada estafa piramidal, por la que fue condenada a prisión; terminó sus días en Argentina, a principios del siglo XX.


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Retrato de Mariano José de Larra, por Federico de Madrazo (1837). Museo de Arte Moderno, Madrid.

Durante 1830, Larra se dedica a la traducción de piezas francesas para el empresario teatral Juan Grimaldi, al tiempo que empieza a escribir las suyas propias (en 1831 estrenaría la comedia costumbrista No más mostrador, inspirada en un vodevil francés). Ese año sería crucial, puesto que conoce a Dolores Armijo, casada con un hijo del conocido abogado Manuel María de Cambronero, con la que iniciaría una tormentosa relación en 1831 (al tiempo que seguía casado con Josefa Wetoret, de la que había tenido su primer hijo, Luis Mariano, en 1830).

En 1832 vuelve al periodismo de crítica social con El Pobrecito Hablador, en el cual escribió con el seudónimo de Juan Pérez de Munguía. En El Pobrecito, Larra muestra la ilusión ilustrada y progresista de que es posible superar, con la esperanza en el mañana, el castellanismo viejo de un patriotismo anquilosado en el pasado. El Pobrecito Hablador cesa de publicarse en marzo de 1833, varios meses después de que Larra comenzase a colaborar con La Revista Española, periódico de orientación liberal que había nacido en noviembre de 1832, aprovechando que la enfermedad del rey había dejado el gobierno en manos de la reina María Cristina, abriendo las esperanzas de los liberales. Con el seudónimo de Fígaro, insertaría crítica literaria y política dentro de cuadros costumbristas, al amparo de la relajación auspiciada por la muerte de Fernando VII. Se harán famosos artículos como Vuelva usted mañana, El castellano viejo, Entre qué gentes estamos, En este país y El casarse pronto y mal, entre otros. Más allá de la crítica social, Larra ataca a los carlistas comprometido con la transformación política del absolutismo al liberalismo.


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El doncel de don Enrique el Doliente, enlace para leer novela:  http://www.cervantesvirtual.com/ser...76613/index.htm

En 1834 publicó la novela histórica El doncel de don Enrique el Doliente cuyo protagonista es el del drama histórico Macías, prohibido por la censura el año anterior y que se estrena el 24 de septiembre. Ambas se basan en la trágica vida del poeta medieval Macías y en sus amores adúlteros, un argumento que refleja en cierto modo la relación que mantenía con Dolores Armijo. En el verano de 1834, Dolores le abandona y se va de Madrid, en tanto que se separa de su mujer, embarazada, la cual dará a luz una niña, Baldomera, después de la ruptura (la segunda hija tras Adela, la que habían tenido en 1832).


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Busto de bronce, obra de Jesús María Perdigón. En la calle de Bailén, Madrid

En 1835 emprendió un viaje a Lisboa, desde donde embarcó rumbo a Londres y luego a París, pasando antes por Bruselas. En París se quedaría varios meses, conociendo a Victor Hugo y Alexandre Dumas. Ese año se había comenzado a publicar en Madrid una recopilación de sus artículos: Fígaro. Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres. De regreso en Madrid, trabajó para el periódico El Español. En esta época, la preocupación política dominaba en sus escritos. Larra apoya al principio al gobierno de Mendizábal, sin embargo comienza a criticarle al observar que la desamortización redunda en perjuicio de los más necesitados. Tras la caída del gobierno de Mendizábal, decidió intervenir en la política activa a favor de los moderados, siendo elegido diputado por Ávila (1836). Sin embargo, el Motín de La Granja (12 de agosto de 1836), con la que se restaura la Constitución de 1812, impidió que tomara posesión de su escaño.


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Lápida conmemorativa del lugar donde vivió y murió Larra. En la calle de Santa Clara, Madrid

Su creciente desaliento e inconformidad ante el curso de la sociedad y la política españolas junto con el dolor que le produjo su separación definitiva de Dolores Armijo (Larra la había visitado en Ávila en febrero de 1836, sin conseguir ningún resultado positivo) quedaron reflejados en sus últimos artículos. Quizá el más notable es El día de difuntos de 1836, publicado en El Español, en el que detrás de su habitual ironía aparecía un hondo pesimismo.

Ya anochecido el 13 de febrero de 1837 Dolores Armijo, acompañada de su cuñada, le visita en su casa del tercer piso de la calle Santa Clara nº 3, comunicándole que no había ninguna posibilidad de acuerdo. Apenas han salido las dos mujeres de la casa, se suicidó de un pistoletazo en la sien derecha. Tenía veintisiete años.

Su entierro, el día 15, fue multitudinario. Mientras el cadáver era introducido en un nicho del cementerio madrileño de San Nicolás, el joven poeta vallisoletano, José Zorrilla, leyó un poema dedicado a Larra que conmocionó a los allí congregados.


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Necrológica publicada en El Español el día 15 de febrero de 1837



Significación


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Larra fue un eminente articulista, con una gran claridad y vigor en su prosa. En sus artículos combate la organización del estado, ataca al absolutismo y al carlismo, se burla de la sociedad, y rechaza la vida familiar. Representa el romanticismo democrático en acción: los males de España son el tema central de su obra crítica y satírica. Descontento con el país y con sus hombres, escribe artículos críticos (En este país, El castellano viejo, El día de difuntos de 1836, Vuelva usted mañana...), contra la censura (Lo que no se puede decir no se debe decir), la pena capital (Los barateros o El desafío y la pena de muerte), contra el pretendiente carlista (¿Qué hace en Portugal su majestad?) y el carlismo (Nadie pase sin hablar al portero), contra el uso incorrecto del lenguaje (Por ahora, Cuasi, Las palabras), etc. También cultivó la novela histórica (El doncel de don Enrique el Doliente) y la tragedia (Macías).


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Sala Larra. Museo Romántico, Madrid



Artículos


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Periódicos en los que se publican los artículos de Larra y seudónimos utilizados por el autor:

1828, El Duende Satírico del Día es el primer folleto que comienza a escribir Larra, con el seudónimo de El Duende.
1832, El Pobrecito Hablador, en el cual escribió con el seudónimo de Bachiller Juan Pérez de Murguía.
1833, La Revista Española, con el seudónimo de Fígaro.
Cabe decir además que sus artículos están divididos según el tipo de artículo que sean, dependiendo en el tema y según su fecha; reconocemos en total 3 tipos de artículos: -los de costumbre -los políticos -los literarios



Obra


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Obras Completas de D. Mariano José de Larra, Montaner y Simón, Barcelona, obra principal.


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Macías: Drama histórico que muestra el amor contrariado por el destino, que lleva a la muerte.


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El doncel de don Enrique el Doliente: Novela histórica ambientada en la Edad Media, según la costumbre romántica. En ella Larra retoma el tema de su drama Macías.




Bibliografía


Adler, Robert L. “Modernization of Spain and the converso in the Work of Mariano José de Larra”. Hispania 72.3 (1989), pp. 483–490.

Alma Amell, Alma. La preocupación por España en Larra. Madrid: Pliegos, 1990.
 
Behiels, Lieve. «El criterio de la verosimilitud en la critica literaria de Larra». Castilla: Boletín del Departamento de Literatura Española 8 (1984), pp. 25–46.

Cano, Vicente. «Los ensayos de Larra y Alberdi: Paralelos y puntos de contacto estilísticos». En Studies in Eighteenth-Century Spanish Literature and Romanticism in Honor of John Clarkson Dowling. Ed. Douglas and Linda Jane Barnette. Newark: Juan de la Cuesta, 1985, pp. 37–47.

Cedeño, Aristófanes. «Los grandes ideales sociales y la perspectiva histórico-política en los artículos de Larra». Romance Languages Annual 7 (1995), PP. 423–429.

Cedeño, Aristófanes. «Hombre y sociedad en el pensamiento de Larra». Hispanófila 123 (1998), pp. 17–29.

Centeno, Augusto. «La Nochebuena de 1836». Modern Language Notes 50 (1935), pp. 441–445.
 
Escobar, José. «El Pobrecito hablador de Larra, y su intención satírica». Papeles de Son Armadans 64 (1972), pp. 5–44.

Escobar, José. Los orígenes de la obra de Larra. Madrid: Editorial Prensa Española, 1973.

Escobar, José. «Larra durante la ominosa década». Anales de Literatura Española 2 (1983), pp. 233–249.

Escobar, José. «Larra y la revolución burguesa». Revista de Historia 10 (Nov. 1987), pp. 55–67.

Hendrix, William S. “Notes on Jouy’s Influence on Larra”. Romantic Review 9 (1920), pp. 37–45.

Kirkpatrick, Susan. Larra: El laberinto inextricable de un romántico liberal. Trad. Marta Eguía. Madrid: Gredos, 1977.

Lomba y Pedraja, José. Mariano José de Larra (Fígaro). Cuatro estudios que le abordan o le bordean, Madrid: Tipografía de Archivos, Olózaga, 1936.

Lorenzo-Rivero, Luis. Larra y Sarmiento: Paralelismos históricos y literarios. Madrid: Ediciones Guadarrama, 1968.

Lorenzo-Rivero, Luis. Larra: Técnicas y perspectivas. Madrid: Ediciones José Porrúa Turanzas, 1988.

Rosenberg, John R. “Between Delirium and Luminosity: Larra’s Ethical Nightmare”. Hispanic Review 61.3 (1993), pp. 379–389.

Schurlknight, Donald E. Spanish Romanticism in Context: Of Subversion, Contradiction and Politics: Espronceda, Larra, Rivas, Zorrilla. Lanham: University Press of America, 1998.

Servodidio, Joseph V. Los artículos de Mariano José de Larra: Una crónica de cambio social. Nueva York: Eliseo Torres, 1976.

Tarr, F. Courtney. “Larra's Duende Satírico del Día”. Modern Philology 26 (1928–1929), pp. 31–46.

Ullman, Pierre L. Mariano de Larra and Spanish Political Rhetoric. Madison: The University of Wisconsin Press, 1971.

Ward, Thomas. «Literatura y sociedad española en Larra, Giner y Alas». La teoría literaria: el romanticismo, el krausismo y el modernismo ante la «globalización» industrial. University, MS: Romance Monographs, Nº 61, 2004, pp. 15–52.



Poema A La Memoria Desgraciada Del Joven Literato D. Mariano José De Larra de Jose Zorrilla


Ese vago clamor que rasga el viento
es la voz funeral de una campana;
vano remedo del postrer lamento
de un cadáver sombrío y macilento
que en sucio polvo dormirá mañana.

Acabó su misión sobre la tierra,
y dejó su existencia carcomida,
como una virgen al placer perdida
cuelga el profano velo en el altar.
Miró en el tiempo el porvenir vacío,
vacío ya de ensueños y de gloria,
y se entregó a ese sueño sin memoria,
¡que nos lleva a otro mundo a despertar!

Era una flor que marchitó el estío,
era una fuente que agotó el verano:
ya no se siente su murmullo vano,
ya está quemado el tallo de la flor.
Todavía su aroma se percibe,
y ese verde color de la llanura,
ese manto de yerba y de frescura
hijos son del arroyo creador.

Que el poeta, en su misión
sobre la tierra que habita,
es una planta maldita
con frutos de bendición.

Duerme en paz en la tumba solitaria
donde no llegue a tu cegado oído
más que la triste y funeral plegaria
que otro poeta cantará por ti.
Ésta será una ofrenda de cariño
más grata, sí, que la oración de un hombre,
pura como la lágrima de un niño,
¡memoria del poeta que perdí!

Si existe un remoto cielo
de los poetas mansión,
y sólo le queda al suelo
ese retrato de hielo,
fetidez y corrupción;
¡digno presente por cierto
se deja a la amarga vida!
¡Abandonar un desierto
y darle a la despedida
la fea prenda de un muerto!

*
Poeta, si en el no ser
hay un recuerdo de ayer,
una vida como aquí
detrás de ese firmamento…
conságrame un pensamiento
como el que tengo de ti.


José Zorrilla


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Tumba de Larra. En 1908 algunos de los representantes de la generación del 98, Azorín, Unamuno y Baroja, llevan una corona de flores a su tumba, homenaje que significa su redescubrimiento y la identificación del grupo con el pensamiento de Larra y con su preocupación por España.


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Tras el temprano suicidio de Larra a los 27 años de edad, José Zorrilla lee en su entierro una elegía con la que se da a conocer.



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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

"Nicolas Poussin"
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0lospoetascontemporneos

"Reunión de poetas". Este cuadro, conocido también como Los poetas contemporáneos, es obra de Antonio María Esquivel. 1846. Museo Nacional de Arte Contemporáneo. Los componentes son: Antonio Ferrer del Río (1814-1872), Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880), Juan Nicasio Gallego (1777-1853), Antonio Gil y Zárate (1793-1861), Tomás Rodríguez Rubí (1817-1890), Isidoro Gil y Baus (1814-1866), Cayetano Rosell y López (1817-1883), Antonio Flores (1818-1866), Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), Francisco González Elipe, Patricio de la Escosura (1807-1878), José María Queipo de Llano, conde de Toreno (1786-1843), Antonio Ros de Olano (1808-1887), Joaquín Francisco Pacheco (1808-1865), Mariano Roca de Togores (1812-1889), Juan González de la Pezuela (1809-1906), Ángel de Saavedra, duque de Rivas (1791-1865), Gabino Tejado (1819-1891), Francisco Javier de Burgos (1824-1902), José Amador de los Ríos (1818-1878), Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862), Carlos Doncel, José Zorrilla (1817-1893), José Güell y Renté (1818-1884), José Fernández de la Vega, Ventura de la Vega (1807-1865), Luis de Olona (1823-1863), Antonio María Esquivel, Julián Romea (1818-1863), Manuel José Quintana (1772-1857), José de Espronceda (1808-1842), José María Díaz († 1888), Ramón de Campoamor (1817-1901), Manuel Cañete (1822-1891), Pedro de Madrazo y Kuntz (1816-1898), Aureliano Fernández Guerra (1816-1891), Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), Cándido Nocedal (1821-1885), Gregorio Romero Larrañaga (1814-1872), Bernardino Fernández de Velasco y Pimentel, duque de Frías (1873-1851), Eusebio Asquerino (h.1822-1892), Manuel Juan Diana (1814-1881), Agustín Durán (1793-1862).

“Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor”. Interpretación del cuadro: En el centro aperece Zorrilla leyendo. Los dos lienzos que hay en el fondo representan: el de la izquierda, al Duque de Rivas; el de la derecha, a Espronceda. Están sentados, de izquierda a derecha, los señores Nicasio Gallego, Gil y Zárate, Bretón de los Herreros, Ros de Olano, Burgos, Martínez de la Rosa, Mesonero Romanos, Duque de Frías y Durán (D. Agustín). De pie, y por el mismo orden, se encuentran los señores Ferrer del Río, Hartzenbusch, Rodríguez Rubí, Gil y Baus, Rossell, Flores (D. Antonio), González Elipe, Escosura, Conde de Toreno, Pacheco, Roca de Togores, Pezuela, Tejado (D. Gabino), Amador de los Ríos, Valladares, Doncel, Güel y Renté, Fernández de la Vega, Vega (D. Ventura), Olona, Esquivel (con la paleta, al centro), Romea (D. Julián), Quintana, Díaz (D. José María), Campoamor, Cañete, Fernández Guerra, Madrazo (D. Pedro), Nocedal, Romero Larrañaga, Asquerino y Diana (D, Juan Manuel). Descripción tomada de Burgos, Carmen de, Fígaro (Revelaciones, «Ella» descubierta, epistolario inédito), Madrid, Imprenta de «Alrededor del mundo», 1919, pág. 158.


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Retrato de Larra



Personajes que influyeron en la obra de Larra


0joszorrillaJosé Zorrilla (Valladolid, 1817 - Madrid, 1893) Fue escritor, poeta y dramaturgo, autor de la famosa obra teatral de Don Juan Tenorio. Escribió poesías líricas, leyendas en verso, también colaboró en diversas publicaciones en distintos periódicos. Es el principal representante del romanticismo medievalizante y legendario. En 1833 ingresó en la Universidad de Toledo como estudiante de leyes, y en 1835 pasó a la Univerisdad de Valladolid.

José Zorrilla publicó sus primeros versos en el diario vallisoletano El Artista. En Madrid, después de abandonar su carrera universitaria, alcanzó fama tras leer unos versos suyos ante el cadáver de Larra (1837). Ocupó el cargo de éste en la redacción de El Español, donde publicó la serie de poemas titulada Poesías (1837), primero de una serie de ocho volúmenes que acabó en 1840. Su éxito poético se renovaría en 1852 con un poema descriptivo, Granada, que quedó inacabado. En 1839 se casó con Matilde O'Reilly, de la que enviudó muy pronto.

Escribió numerosas leyendas (Cantos del trovador, 1840-1841; Vigilias del estío, 1842; Flores perdidas, 1843; Recuerdos y fantasías, 1844; Un testigo de bronce, 1845), en las que resucita a la España medieval y renacentista. Cabe destacar «A buen juez mejor testigo», «Margarita la Tornera» y «El capitán Montoya».

En 1837 Zorrilla inició su producción teatral con Vivir loco y morir más, y alcanzó su primer éxito con El zapatero y el rey (1840), a la que siguieron: El eco del torrente (1842), Sancho García (1842), El molino de Guadalajara (1843), El puñal del godo (1843), Don Juan Tenorio (1844) y Traidor, inconfeso y mártir (1849). En estas obras trata temas tradicionales o del Siglo de Oro. También escribió tragedias a la manera clásica, como Sofronia (1843).

En 1846 viajó a Burdeos y París, donde conoció a Dumas padre, George Sand, Théophile Gautier y Alfred de Musset, que dejarían en él una gran huella. En 1855 marchó a México, donde fue protegido por el emperador Maximiliano, que lo nombró director del Teatro Nacional.

De regreso a España (1866), José Zorrilla se casó con la actriz Juana Pacheco, viajó a Roma (1871) e ingresó en la Real Academia (1882). De estos años son Recuerdos del tiempo viejo (1880-1883), La leyenda del Cid (1882), El cantar del romero (1883) y Mi última brega (1888). Fue coronado como poeta en el alcázar de Granada (1889) por el duque de Rivas, en representación de la reina regente...



24741983Azorín - José Augusto Trinidad Martínez Ruiz (Monóvar, Alicante, 1873 - Madrid, 1967) Escritor español adscrito a la Generación del 98. Sus inicios estuvieron muy marcados por una sensibilidad de carácter anarquista y sus primeros títulos respondían a esa ideología: Notas sociales (1896), Pecuchet demagogo (1898).

Durante esos años viajó intensamente por tierras de la meseta castellana, con el propósito de conocer tanto su paisaje como la situación social de sus gentes, que entonces era de extrema miseria. Compartió, junto a R. de Maeztu y Pío Baroja, una viva admiración por la obra de Nietzsche, así como doctrinas de carácter revolucionario.

Se licenció en derecho y se dio a conocer enseguida a través de sus colaboraciones en la prensa: de hecho, el seudónimo Azorín apareció por vez primera en un artículo publicado en España. Publicó asiduamente en periódicos y revistas de la época. Una primera trilogía narrativa, compuesta por los volúmenes La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), constituye un extenso proceso de reflexión personal que lo llevó a cambiar radicalmente sus posiciones. Desilusionado, sus propias conclusiones lo llevaron a adoptar un ideario conservador al enfrentarse con algunos de los mitos finiseculares.

En ese momento, su prosa despunta ya con fuerza por una extraordinaria valoración del objeto en sus mínimos detalles, claridad y precisión expositivas, frase breve y riqueza de léxico. Todo ello, en su tiempo, hizo que su obra supusiera una auténtica revolución estética, si se la compara con el grueso de la producción decimonónica.

Para el propio Azorín el objeto primordial del artista no ha de ser otro que la percepción de lo "sustantivo de la vida". En consecuencia, pues, con este propósito de su particular técnica narrativa, y siguiendo de cerca los análisis que sobre la obra azoriniana desarrolló José Ortega y Gasset, lo decisivo no está en "los grandes hombres, los magnos acontecimientos, las ruidosas pasiones [sino en] lo minúsculo, lo atómico". Técnica impresionista, pues, que aspira a ofrecer la esencia espiritual de las cosas mediante descripciones líricas en las que predomine la emoción delicada y atenta.

Impregnándose de estos valores, su narrativa se verá asaltada constantemente por la obsesión del tiempo, la serena contemplación del paisaje, de la historia, y una renovada sensibilidad ante los clásicos. En esta línea, aparecerán Los pueblos (1905), La ruta de Don Quijote (1905), Castilla (1912), Clásicos y modernos (1913), Al margen de los clásicos (1915) y Una hora de España (1924).

Sus ensayos narrativos y teatrales, poco apreciados por la crítica, conforman sin embargo otro de los grandes capítulos de su obra: Don Juan (1922), Doña Inés (1925), Old Spain! (1926), Brandy, mucho brandy (1927), Félix Vargas (1928) y Superrealismo (1929) son algunos de sus títulos más notables.

Azorín, que también escribió teatro, dio dos piezas que crean un vago ambiente de misterio: Lo invisible (1928) y Angelita (1930), de éxito más bien escaso. Su obra de vejez siguió presidida por los temas que dominan su visión del mundo: la irrealidad de la vida, el ámbito del arte, la nostalgia por el pasado de España: Madrid (1941), El escritor (1941) y París (1945) son tres de los títulos de esta etapa final. Académico de la lengua española desde 1928, lo esencial de su vida está recogido en sus Memorias inmemoriables (1940).



0unamunoMiguel de Unamuno (Bilbao, 1864 - Salamanca, 1936) Escritor, poeta y filósofo español, principal exponente de la Generación del 98. Entre 1880 y 1884 estudió filosofía y letras en la universidad de Madrid, época durante la cual leyó a T. Carlyle, Herber Spencer, Friedrich Hegel y Karl Marx. Se doctoró con la tesis Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, y poco después accedió a la cátedra de lengua y literatura griega en la universidad de Salamanca, en la que desde 1901 fue rector y catedrático de historia de la lengua castellana.

Inicialmente sus preocupaciones intelectuales se centraron en las cuestiones éticas y los móviles de su fe. Desde el principio trató de articular su pensamiento sobre la base de la dialéctica hegeliana y más tarde acabó buscando en las dispares intuiciones filosóficas de Spencer, Sören Kierkegaard, W. James y H. Bergson, entre otros, vías de salida a su crisis religiosa.

Sin embargo, las contradicciones personales y las paradojas que afloraban en su pensamiento actuaron impidiendo el desarrollo de un sistema coherente, de modo que hubo de recurrir a la literatura, en tanto que expresión de la intimidad, para resolver algunos aspectos de la realidad de su yo. Esa angustia personal y su idea básica de entender al hombre como "ente de carne y hueso", y la vida como un fin en sí mismo se proyectaron en obras como En torno al casticismo (1895), Mi religión y otros ensayos (1910), Soliloquios y conversaciones (1911) o Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913).

El primero de los libros fue en realidad un conjunto de cinco ensayos en torno al "alma castellana", en los que opuso al tradicionalismo la "búsqueda de la tradición eterna del presente", y defendió el concepto de "intrahistoria" latente en el seno del pueblo frente al concepto oficial de historia. Según propuso entonces, la solución de muchos de los males que aquejaban a España era su "europeización".

Sin embargo, estas obras no parecían abarcar, desde su punto de vista, aspectos íntimos que formaban parte de la realidad vivencial. De aquí que literaturizase su pensamiento primero a través de un importante ensayo sobre dos personajes clave de la literatura universal en la Vida de don Quijote y Sancho (1905), obra en la que, por otra parte y en flagrante contradicción con la tesis europeísta defendida en libros anteriores, proponía "españolizar Europa". Al mismo tiempo, apuntó que la relación entre ambos personajes cervantinos simbolizaba la tensión existente entre ficción y realidad, locura y razón, que constituye la unidad de la vida y la común aspiración a la inmortalidad.

El siguiente paso fue la literaturización de su experiencia personal a fin de dilucidar la oposición entre la afirmación individual y la necesidad de una ética social. El dilema planteado entre lo individual y lo colectivo, entre lo mutable y lo inmutable, el espíritu y el intelecto, fue interpretado por él como punto de partida de una regeneración moral y cívica de la sociedad española. Él mismo se tomó como referencia de sus obsesiones del hombre como individuo. "Hablo de mí porque es el hombre que tengo más cerca."

Su narrativa progresó desde sus novelas primerizas: Paz en la guerra (1897), y Amor y pedagogía (1902) hasta la madura La tía Tula (1921). Pero entre ellas escribió Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), y sobre todo Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920), libro que ha sido considerado por algunos críticos como autobiográfico, si bien no tiene que ver con hechos de su vida, sino con su biografía espiritual y su visión esencial de la realidad: con la afirmación de su identidad individual y la búsqueda de los elementos vinculantes que fundamentan las relaciones humanas. En ese sentido, sus personajes son problemáticos y víctimas del conflicto surgido de las fuertes tensiones entre sus pasiones, y los hábitos y costumbres sociales que regulan sus comportamientos y marcan las distancias entre la libertad y el destino, la imaginación y la conciencia.

Su producción poética comprende títulos como Poesía (1907), Rosario de sonetos líricos (1912), El Cristo de Velázquez (1920), Rimas de dentro (1923) y Romancero del destierro (1927), éste último fruto de su experiencia en la isla de Fuerteventura, adonde lo deportaron por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera. También cultivó el teatro: Fedra (1924), Sombras de sueño (1931), El otro (1932) y Medea (1933).

Sus poemas y sus obras teatrales abordaron los mismos temas de su narrativa: los dramas íntimos, amorosos, religiosos y políticos a través de personajes conflictivos y sensibles ante las formas evidentes de la realidad. Su obra y su vida estuvieron estrechamente relacionadas, de ahí las contradicciones y paradojas de quien Antonio Machado calificó de "donquijotesco". Considerado como el escritor más culto de su generación, fue sobre todo un intelectual inconformista que hizo de la polémica una forma de búsqueda. Jubilado desde 1934, sus manifiestas antipatías por la República española llevaron dos años más tarde al gobierno rebelde de Burgos a nombrarlo nuevamente rector de la universidad de Salamanca, pero fue destituido a raíz de su pública ruptura con el fundador de la Legión. En 1962 se publicaron sus Obras completas y en 1994 se dio a conocer la novela inédita Nuevo mundo.


0pobarojaPío Baroja (San Sebastián, 1872 - Madrid, 1956) Novelista español. Por su padre, como por su madre, perteneció a familias distinguidas, muy conocidas en San Sebastián; entre los ascendientes de la madre, existía una rama italiana, los Nessi.

Este poco de sangre italiana que llevaba en las venas no dejó nunca de halagar a nuestro autor, aunque su orgullo se cifró siempre en su ascendencia vasca. Eran tres hermanos: Darío, que murió, joven aún, en Valencia; Ricardo, que fue pintor y escritor y gozó también de alguna fama, y Pío, el novelista. Era éste el menor de los hermanos. Ya muy separada de ellos, nació Carmen, que había de ser la gran compañera del novelista.

El padre de Baroja, don Serafín, era ingeniero de minas, profesión que, unida a su temperamento inquieto y errabundo, llevó a la familia a continuos cambios de residencia. Ello no dejó de ser una suerte para el futuro novelista, que, de este modo, pudo conocer desde niño diversas partes de España, y sobre todo, Madrid, su amor más grande después de Vasconia, donde había de florecer su vocación y conseguir por último la fama.

Baroja permaneció poco tiempo en su ciudad natal; tenía siete años cuando sus padres se trasladaron a Madrid donde don Serafín había obtenido una plaza en el Instituto Geográfico y Estadístico; de Madrid pasaron a Pamplona, siempre por exigencias del cargo del padre y de sus deseos de mudanza. Desde Pamplona volvió la familia a Madrid; esta vez a don Serafín no le impulsaría ya solamente la inquietud, los deseos de cambio: sin duda entró también en su decisión la necesidad de educar a los hijos.

Cuando abandonó Pamplona tenía Baroja catorce años cumplidos; había asistido con sus hermanos a las clases del Instituto, y sobre todo reñido y correteado por las murallas; no sabemos si había ya emborronado alguna cuartilla, pero sí que había leído a Julio Veme, a Mayne Reid, el Robinsón, y había soñado ya con aventuras maravillosas, Junto al Arga, o subido a un árbol de la Taconera.

Había estudiado Baroja en San Sebastián las primeras letras, continuándolas en Madrid; antes, en Pamplona había frecuentado la escuela, como hemos dicho, y había empezado a asistir a las clases del Instituto; prosiguió en Madrid los estudios, y lo hizo finalmente en Valencia, donde terminó la carrera de Medicina, doctorándose posteriormente en la capital de España. Fue, por lo general, un pésimo estudiante; estuvo siempre mucho más interesado en las novelas que en los libros de texto; su carácter arisco y rebelde le perjudicó también en gran manera, pues acabó riñendo con algunos de sus profesores y no despertó simpatías en ninguno.

Aparte de esto, pasó toda su juventud entre dudas; nunca supo bien qué carrera le gustaba estudiar; en verdad, no le interesaba ninguna. Sólo las letras le atraían, pero tampoco en las letras veía clara su vocación. Antes de ir a Valencia había empezado algunos cuentos, artículos, tal vez una novela, pero lo rompió todo o lo dejó olvidado. Sus fracasos de estudiante, como es fácil suponer, se debieron más a falta de interés que de talento. Pocos escritores ha habido de vocación más segura y que se moviese más inseguro, con más dudas sobre su vocación, y aún mucho después, escrita ya buena parte de su obra, se preguntaba si sería verdaderamente escritor.

Al terminar sus estudios, Baroja se trasladó a Cestona, en el país vasco, donde había conseguido una plaza de médico. No tardó en advertir que aquello no era lo suyo; al poco tiempo estaba asqueado del oficio; había reñido con el médico viejo, con quien compartía el cuidado de la salud de aquellos pueblos, como había reñido antes con sus profesores; se había enemistado con el alcalde y, naturalmente, con el párroco y con el sector católico del pueblo, que le acusaban de trabajar los domingos en su jardín.

Se fue de allí asqueado del pueblo, del médico y hasta de los enfermos, cuando menos de algunos de éstos, y se trasladó a San Sebastián, donde estaba en aquel momento la familia. Permaneció algún tiempo en San Sebastián, y de allí salió para Madrid. En la capital estaba su hermano Ricardo, que, también sin empleo, se ocupaba en un negocio de pan de una tía de ellos que había quedado viuda. Ricardo le había escrito a su hermano que estaba harto del negocio y que iba a dejarlo. Baroja vio el cielo abierto ante él, y sin vacilar un instante escribió a su hermano que iba a Madrid, con la intención de ocuparse de aquel negocio.

De este modo, se vio convertido en dueño de un comercio de pan, sobre lo cual se le gastaron después tantas bromas y le irritaron de tantas maneras, sin contar los disgustos que se derivarían para él de la marcha del negocio. En Madrid, no obstante, había algo para él que estaba por encima de todo: de la vulgaridad del oficio y de las burlas que se le pudiesen gastar; allí podría, en efecto, reanudar los contactos con sus antiguos amigos, frecuentar los medios literarios, ponerse, en realidad, en contacto con su vida, volver de un modo o de otro a aquello que cada vez con mayor certeza sentía que era su vocación.

A poco de llegar a Madrid, instalado ya en el negocio, empezó sus colaboraciones en periódicos y revistas; en 1900 publicaba su primera obra Vidas sombrías, colección de cuentos, que empezó a darlo a conocer. Eran, en su mayoría, cuentos escritos en Cestona sobre temas de aquella región y de sus experiencias de médico; se trataba de vidas humildes, y reflejaban toda la tristeza de aquel medio, y la tristeza, sobre todo, que reinaba entonces en su alma -mezclada con ráfagas de cólera-.

Puede decirse que en su primera obra estaba ya en germen toda su obra futura. Vidas sombrías constituyó un éxito, un éxito del que el propio autor se sintió sin duda asombrado; de su libro se ocuparon con elogio Azorín, Galdós y sobre todo Unamuno, que se entusiasmó con él, especialmente de uno de los cuentos, "Mary-Belche", y quiso conocer a su autor.

A partir de entonces Baroja fue dedicándose más y más a las letras, y apartándose cada vez más del negocio, hasta dejarlo del todo y consagrarse exclusivamente a su vocación. En algún momento Baroja llevó a cabo alguna incursión en el campo de la política, arrastrado más que por su convicción, por el ambiente de la época y por el ejemplo de algunos de sus compañeros, como por ejemplo, Azorín. Efectivamente, Baroja se presentó para concejal en Madrid, y más adelante para diputado por Fraga.

Estas tentativas, como era natural, constituyeron dos rotundos fracasos; tampoco él lo había tomado demasiado a pecho. Se retiró cada vez sin gran disgusto; nos divirtió después contándonos las peripecias, y volvió al camino de las letras del que nunca habría ya de apartarse.

Fue Baroja un gran viajero; los libros y los viajes fueron sus grandes aficiones, puede casi decirse que sus únicas aficiones. Sus viajes por España los hizo casi siempre acompañado; fue unas veces con sus hermanos, Carmen y Ricardo, otras con amigos; hizo uno con Maeztu y otro con Azorín, en sus comienzos, y más adelante, con Ortega y Gasset, que le llevó en algunas ocasiones en su automóvil.

Baroja llegó a ser uno de los escritores que conoció mejor la España de su tiempo, cosa que se puede comprobar en sus novelas. La ciudad más visitada -también la más querida de las ciudades extranjeras- fue París. En ella pasó un largo tiempo en sus últimos años, cuando huyó de España durante la guerra civil. También estuvo en Londres y más adelante en Italia; viajó por Suiza, Alemania, Bélgica, Noruega, Holanda y Jutlandia, escenario de su trilogía Agonías de nuestro tiempo, con la magnífica El torbellino del mundo, con que encabeza la trilogía.

Fuera de esto, su residencia habitual fue Madrid, y más adelante Vera del Bidasoa, donde adquirió la casa de Itzea, y donde pasó los veranos con su familia. En este tiempo su destino estaba ya fijado, y con él su norma de vida; Baroja consagraba su tiempo a escribir y a viajar. Sus producciones iban apareciendo con gran regularidad y su fama creciendo hasta situarle en pocos años entre las primeras figuras de la nación. Esta actividad no cesó apenas durante su vida, de manera que es el escritor de su tiempo que cuenta con una obra más copiosa; también más diversa y más rica.

Entre sus mejores obras merecen citarse Vidas sombrías, publicada en 1900; Inventos y mixtificación de Silvestre Paradox, de 1901, en la cual evoca sus días de estudiante en Pamplona, con el ambiente de la ciudad; Camino de perfección (1902), confesión íntima y muy personal, en que podemos verle en las dudas y vacilaciones de su juventud, y que causó vivísima impresión. Muy bella, y bastante lograda, aunque de otro tono, es El mayorazgo de Labraz (1903), escrita también con recuerdos de Cestona, en que relata admirablemente la vida en un pueblo de España, con influencias tal vez de la vieja tragedia.

Importante es también en la producción barojiana la trilogía que siguió a estas novelas, que apareció bajo el subtitulo "La lucha por la vida", formada por La busca, Mala hierba y Aurora roja; aparecidas primero en folletín, y publicadas en volúmenes sueltos en 1904, ofrecen en mucha parte, en su desarrollo, las características de aquel género; en ellas el autor recoge admirablemente el ambiente de los barrios bajos del Madrid de su tiempo, en las primeras luchas sociales; merecen también citarse Zalacaín el Aventurero y Las inquietudes de Shanti Andía, novela la primera situada en la tierra vasca y en la época de las guerras carlistas, y la segunda, dedicada a la vida del mar con recuerdos de antepasados del escritor, de aventuras, de piraterías, y sobre todo con evocaciones de su infancia en San Sebastián, parte que constituye tal vez lo mejor del libro.

Estas dos novelas eran aquellas por las cuales mostró Baroja una cierta preferencia, especialmente por Zalacaín y en ella por la figura del héroe. No obstante, la obra más importante del novelista es sin duda Las memorias de un hombre de acción, novela cíclica, que escribió a lo largo casi de su vida y que terminó ya en la vejez. Consta esta obra de veintidós volúmenes y el héroe central es un antepasado suyo, G. de Aviraneta, que tuvo alguna importancia en los hechos políticos de su tiempo; en tomo a la existencia de su héroe, el autor reconstruye toda una época agitada y terrible de España; se incluyen en ella las guerras de la Independencia y carlistas, con tumultos y sublevaciones, en los días de Fernando VII e Isabel II.

Es una amplia evocación que tiene de novela, de historia y de folletín, pero siempre dentro de un gran rigor histórico, y todo fundido y recreado por la imaginación del escritor. Destacan en esta serie El escuadrón de Brigante, Los recursos de la astucia, El sabor de la venganza, Las figuras de cera, La nave de los locos y La senda dolorosa, dedicada ésta, en su mayor parte, al trágico fin del conde de España. Aparte de estas obras, Baroja escribió algunos ensayos; sus libros de recuerdos, Juventud, egolatría (1917); Las horas solitarias y La caverna del humorismo (1918); eran éstas las obras preferidas por Ortega y Gasset, que aconsejaba al escritor que persistiera en aquel género; ya en sus últimos años Baroja dio a la prensa sus Memorias. Estas Memorias constituyen un monumento de la época, una evocación de su vida, y de la vida de su tiempo, con las figuras más importantes con las que trató, tanto en las letras como en las artes.

Sus Memorias constituyen asimismo un documento inapreciable para el conocimiento del autor, acaso su libro más interesante, el de lectura más agradable, y con el cual coronaba su obra y, puede decirse, su existencia. En este tiempo vivía en Madrid con su familia, con la que continuó viviendo hasta su muerte; su producción alcanzaba ya una cifra muy importante, y aunque no gozaba quizá de la fama que merecía, su nombre figuraba entre los tres o cuatro más destacados de la nación. En 1935 fue admitido como miembro de la Academia de la Lengua. Fue quizá, y sin quizá, el único honor oficial que se le dispensó.

0abanco147Pío Baroja, en sus novelas, se sitúa de lleno en la escuela realista; sigue en ellas las huellas de los grandes maestros europeos, que brillaban aún más en su tiempo, de Balzac, Stendhal, de Tolstoi y Dickens, que fueron sus autores predilectos, y los pocos que admiró sin reservas al lado de Dostoievski; se notan también en él influencias de los folletinistas franceses, cuya lectura le apasionó en su juventud, con las de la picaresca española, Quevedo, Mateo Alemán y El Lazarillo, no menos evidentes. En las ideas dominaba al principio Nietzsche, pero poco a poco este entusiasmo fue cediendo, quedando en un escepticismo, muy cerca de Montaigne y, sobre todo, de Voltaire, al que leyó y admiró, pero que era también muy suyo. El fondo de sus libros es, por esto, pesimista; no obstante, en la forma, en sus descripciones de paisajes, de escenas, se muestra como un enamorado de la vida, un entusiasta, con una nota continua de alegría y, podríamos decir, da optimismo, que contrasta con el fondo amargo y sombrío de toda su obra.

Descuella Baroja en la evocación de ambientes, en las descripciones de pueblos y paisajes, y sobré todo, en la pintura de tipos; a veces tiene en sus descripciones algo de pintor, y nos recuerda en algunas ocasiones a Goya, especialmente en sus novelas de la guerra civil. No estuvo adherido a ninguna escuela, ni formó parte, en cuanto a influencias, de ningún grupo; fue, en este aspecto, el más rebelde de los escritores y el más independiente en todos los sentidos. El mundo predilecto de sus creaciones fue el de las gentes humildes, los desventurados; pero al lado de ellos, sintió una viva predilección por toda suerte de seres fantásticos, locos, de gente rara y absurda; a todos se acercó con su ironía, con sus sarcasmos a veces, con su humor amargo, pero también con una gran piedad, con un deseo de redención y de justicia, que le emparenta con los grandes novelistas de Europa, sobre todo con Dickens, que fue al que más admiró.

Baroja ha sido, sobre todo por sus ideas y por su manera de exponerlas, el literato más discutido, el más atacado de los escritores de su tiempo. Tal vez por el desorden habitual en sus novelas, y más aún por el tono ofensivo que adoptó para tantas cosas, por su sinceridad brutal, no alcanzó nunca la fama que merecía, la fama que alcanzaron muchos otros con menos méritos que él. El tiempo, en su labor justiciera, le ha ido situando en su lugar y hoy está considerado, dentro y fuera de su patria, como el primer novelista de la España de su tiempo, al lado de Galdós, y para algunos por encima de éste.


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Cita de Larra



Enlaces interesantes


Proyecto Mariano José de Larra. Enlace: http://www.irox.de/larra/

Biblioteca de Autor de Mariano José de Larra en la Biblioteca Virtual Cervantes. Enlace:
 
Obras de Mariano José de Larra: texto, concordancias y lista de frecuencia. Enlace:
 
"El Doncel don Enrique el Doliente" Búsqueda de textos en Google Books. Enlace:
 
Miranda de Larra: “Larra no se mató por una mujer, sólo fue la gota que colmó el vaso”. Enlace:

Cayetano Cortés: Vida de don Mariano José de Larra conocido vulgarmente bajo el seudónimo de Fígaro. Enlace: http://www.cervantesvirtual.com/ser...000001.htm#I_1_

El Madrid de Larra. Bicentenario del nacimiento del maestro del periodismo moderno, Ver video: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/23/cultura/1237835445.html


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Monumento a Mariano José de Larra en Madrid. Calle Bailén, frente a la Catedral de La Almudena.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado este trabajo dedicado a Mariano José de Larra, fue un escritor y periodista español y uno de los más importantes exponentes del romanticismo español, murió muy joven, se suicidó a los 27 años.


Fuentes y agradecimientos: propias, cervantesvirtual, wikipedia, biografiasyvidas, artehistoria, esculturaubana, fuenterrebollo, losotrospoetas.blogspot y otras de Internet.
 




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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

"Nicolas Poussin"
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Mensaje Re: Mariano José De Larra 
 
Cátedra publica la edición más completa de las obras de Larra


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'Obras Completas I y II', de Mariano José de Larra . Cátedra, Biblioteca Avrea, 2009. 1214  1199 páginas. 83 €.

En su último año de vida Fígaro, Pseudónimo de Larra, pasa de su desapego de sátiro cerebral a la elegía, a la pesadumbre. Muchos ven en Los Suicidas un curso vocacional de extinción propia, y en su final una acusación generacional e Icónica. Larra, como Nerval, se zambullo con 28 años en la boca negra de una pistola de avancarga. "El número 24 me es fatal: los dados Si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací", en "La Noche Buena de 1836". Un mes antes encuentra que Madrid es un gran sepulcro, adelantándose acaso al millón de cadáveres de Dámaso Alonso.

Y en 'Horas de invierno': "Escribir en Madrid es tomar una apuntación, es escribir un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo. Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla ..." . Cátedra ha dedicado un cofre de dos exhaustivos volúmenes de su Biblioteca Avrea A sus Obras Completas, con un caudal de vientre memorialismo puro, con esa Exégesis de Fatalidad Impone que la literatura del suicida.

Se Trata de la edición más completa del autor. Con su obra no Integridad Puede pedir una absoluta Se, pues muchos de sus artículos anónimos, inencontrables hijo. El primero de Estos sillares de pesada mampostería, Editorial de Avrea está dedicado a los artículos. Joan Estruch, introductor, lo dice muy claro: "Gran Su capacidad para la crítica social con Contrasta la pobreza de su poesía y sentimental con la Escasa complejidad de sus personajes de ficción".

El drama de Su Su novela 'y Macías doncel de Don Enrique el Doliente la' Tienen un adulterio cortesano, y Puede obviarse la trasposición de Dolores de Armijo con ficticia Elvira. Sus cartas privadas tienen algo de interés para seguir otros derroteros escritos el personaje (porque de Larra Quizá importa sobre todo su personaje, su distancia, su desarraigo). Escribe a sus padres desde el extranjero. Prefiere Londres a París, era claro que el París de antes de Haussmann. En ese tiempo de viaje, el célebre crítico teatral se pierde el estreno de 'Don Álvaro o la fuerza del sino.

Como comprobará el curioso, Mariano José de Larra ocupo sobre todo su prosa del día con los espectáculos y la estética. Con la Promoción de la novedad de lo de fuera y los bochornos de Propuestas más catetas. En sus años fecundos, entre 1833 y 1835 (años de su último nombre, Figaro), de 170 artículos que escribió, por sólo 70 hacian costumbrismo, o ponderaban la oscilante política nacional.

Y el osciló con ella en vida. Paso del colegio francés de Burdeos A Ser partidario del absolutismo Fernandinho. Con 16 años Entró como escribiente en la Junta Reservada de Estado, un organismo que coordinaba la represión contra masones y sociedades secretas. Y sólo por sus contactos y compromiso con la Corte consiguió sacar su cuadernillo "El duende satírico del día ', en tiempos de algida censura. Alaba al Gobierno y escribe una oda por el cuarto matrimonio del rey felón," Tú eres Rey de "Paz , le dice entre florilegios.


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Retrato del escritor Mariano José de Larra


Fígaro, moderado liberal

En todo caso, sus primeros clásicos Llegan Después, pasa cuando un ser "El pobrecito hablador" (escribe "Casarse pronto y mal ',' El castellano viejo", "Vuelva usted mañana"). De ahí salta a La Revista Española, Se convierte en Fígaro. Ganaría 40.000 reales al año (el periodista mejor pagado). Por entonces ya era un liberal moderado, y un dandy. Se mofaba de la vestimenta desfasada de los carlistas (léase 'El hombre menguado').

Pero Larra madrileñismo queda con el. Calaveras Con los que disparan con Cerbatana como Amazónicos de Montera, con el "castellano viejo". Las mascaradas, las tipologías de la Calleja, sus aprensiones y su sarcasmo, el verbo satírico y latino que le asiste (le llamaban Juvenal) ... Apuntalo la anatomía de la columna, dignificó el anatema de una base de Hacerse mala sangre de risa para adentro. Ataca desde su atalaya de bajito misántropo A LOS Funcionarios negligentes, una de Los Policías, una censura de los reglamentos. Ironiza Figaro: "El hombre ha de ser dócil y sumiso".

Umbral escribe en su monográfico sobre el autor que se adelanta un Camus en sus Escritos sobre la pena de muerte, y es que por heredero de Baudelaire y dandy de Quevedo por genio español. Después del levantamiento de La Granja, La existencia se le Hizo demasiado inhospitalaria, afanosa de malas circunstancias. Y así, el oropel de sangre romántica. Con esto Hizo teatro Buero Vallejo, 'La Detonación.

EL MUNDO
 




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Mensaje Re: Mariano José De Larra 
 
Todo Larra en la Biblioteca Nacional


Una muestra con pintura, manuscritos y objetos personales, cierra el bicentenario del padre del periodismo moderno


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Retrato de Mariano José de Larra, ca. 1835. Atribuido a José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra. Mariano José de Larra se suicidó de un tiro en la sien derecha el 13 de febrero de 1837. Le faltaba poco más de un mes para cumplir 28 años. En ese tiempo, no obstante, le dio tiempo a revolucionar el periodismo español con sus artículos. Esta tarde se inaugura en la Biblioteca Nacional de Madrid una exposición cuyo título, Larra, Fígaro de vuelta, reproduce el del primer artículo que el escritor publicó con el pseudónimo de Fígaro. Fue en 1833. La muestra, abierta hasta el 14 de febrero y comisariada por el profesor Leonardo Romero Tobar, sirve de cierre al bicentenario del autor (nacido en Madrid el 2 de marzo de 1809) y coincide con la aparición de sus Obras completas (Cátedra), preparadas en dos volúmenes por Joan Estruch Tobilla.


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Carta de Mariano José de Larra a su padre, 1835. El padre de Larra ejerció como médico en el ejército napoleónico que invadió España. De ahí que la familia tuviera que emigrar a Burdeos con la retirada de los franceses. El escritor tenía cuatro años y pasó en Francia cinco. Con 16 años, ya de vuelta a España, se enamoró de la amante de su padre. Fue el primero de sus desengaños.


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Retrato de Dolores Armijo, 1828. Dolores Armijo fue el gran amor de Larra. Los dos estaban casados. Armijo rompió la relación cuando ésta fue descubierta por la esposa del escritor. Los dos se vieron por última vez el día del suicidio de éste.


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Grupo de tres hombres sentados en una mesa (Café de Levante), primera mitad del Siglo XIX. Desde muy joven Larra participó en la vida literaria madrileña. La famosa tertulia de El Parnasillo eligió el café adosado al Teatro Español de Madrid precisamente por su ambiente romántico, es decir, una curiosa mezcla de idealismo y mugre.


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'El siglo', Número 14, 1834. Cuando del Gobierno censuró el diario en el que trabajaba Espronceda, gran amigo de Larra, éste escribió en su defensa. El periódico se publicó con partes en blanco en señal de protesta, con el consiguiente escándalo. El Gobierno respondió promulgando una ley que prohibía publicar páginas en blanco.


levitadelarra

Levita de Larra. Larra medía un metro sesenta pero era un auténtico dandy. El día de su suicidio, como relató un familiar en una carta, se había rizado el pelo en una peluquería antes de acicalar su casa para recibir a Dolores Armijo, que acudió acompañada de su cuñada. Cuando se marcharon él se pegó un tiro.


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Mensaje Re: Mariano José De Larra 
 
La universidad, ante dos gigantes


'Mariano José de Umbral'


César Antonio Molina abre un curso que liga a Larra con el autor de 'Las ninfas'



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Francisco Umbral, ante la tumba de Larra, en 1999. | Javi Martínez

Umbral y Larra en la Sierra. Ése es el enunciado de la cita que ha arrancado en El Escorial, dentro del marco de los cursos de verano que organiza la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección del escritor y ex ministro de Cultura César Antonio Molina. El propósito: ligar a Fígaro con el autor de 'Las ninfas'.

Lo que quedó claro en la apertura del programa es que, aunque entre ambos escritores hayan pasado casi dos siglos, la "antropología del español" ha variado muy poco. Así, lo expresó ayer el propio César Antonio Molina, en referencia al pensamiento, el modo de ser, de comportar y de comportarse, a la educacón y a la cultura y a la forma de ser de los dirigentes políticos que siempre, o casi, ha dejado mucho que desear (ay, César). Y en medio de esa España invariable, Larra y Umbral, rebeldes del periodismo.

En esas similitudes y conexiones entre Larra y Umbral ahondó el catedrático Jorge Urrutia, mucho más allá del simple aliño indumentario. Ambos tenían una formación autodidacta, ambos se emanciparon muy pronto, ambos quisieron ser "el progreso la civilización, la libertad y el estilo" y ambos corrigieron su patriotismo con el europeísmo.

Urritia fue más allá y llegó a señalar que las tendencias suicidas de Larra también estaban en Umbral, pero que éste las resolvió a través de la creación de un personaaje literario que se autodestruía una y otra vez. "Ahí está el malditismo del escritor".

Y si Jorge Urrutia centró su intervención en el juego permanente entre realidad y ficción que lleva a cabo Umbral, otra catedrática, Pilar Palomo, indagó entre las influencias que convergieron para convertir a Umbral en un escritor que creyó apasionadamente en la altura literaria de las columnas periodísticas, las cuales construía "como un soneto". Y, como él, antes que él, Quevedo, Larra y Valle Inclán, la línea de los rebeldes sin causa. Ahí es donde hay que situar a Umbral.

Palomo recurrió a un fragmento de 'Un ser de lejanías' en el que el escritor reconoce que siempre se soñó "escritor de periódicos", y que entendió la construcción del artículo desde la urgencia y la rabia. Persiguiendo, como el torero, la gloria inmediata.


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Mensaje Re: Mariano José De Larra 
 
'Larra. XIX Cajas'

La exposición estará abierta al público hasta el 23 de enero de 2011 en el Museo del Romanticismo (calle San Mateo, 13). Información, entradas y horario en: www.museoromanticismo.mcu.es



El Larra más romántico y personal

El Museo del Romanticismo acoge una muestra de objetos inéditos del escritor



cuadernodepoesasdedicad

Cuaderno de poesías dedicado a “un mal artista”.

El Museo del Romanticismo acoge una cita única con uno de los románticos por excelencia: Mariano José de Larra. La exposición 'Larra. XIX Cajas' abre sus puertas para mostrar una selección de objetos y documentos personales del escritor, conservados por la familia desde su muerte y que proceden de una donación realizada por Jesús Mirada, hijo de la tataranieta de 'Fígaro'.


barajafrancesaperteneci

Baraja francesa perteneciente a Larra

Se trata de un punto de encuentro entre el pasado y el arte contemporáneo, que a través de una escenografía basada en vitrinas evoca a un laberinto abierto en el que se exponen 19 cajas con 19 objetos. Una mezcla de manuscritos originales con documentos de menor importancia que ofrecen sólo un atisbo de la personalidad del periodista madrileño.


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Mechón de pelo perteneciente a Larra

Un mechón de pelo, la baraja con la que pasaba su tiempo libre o la ropa que llevaba el día de su suicidio forman parte de una muestra en la que también se recogen cartas, cuentas, borradores de contratos, apuntes personales e incluso tarjetas de visita y notas. Todo ello en cajas que se encienden y que brillan sólo para el espectador que las observa.


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Manuscrito del artículo 'El álbum', de 1835.


Y además, talleres, visitas y documentales

La vida personal del escritor no sólo podrá contemplarse a través de sus documentos y sus objetos, porque además, el Museo del Romanticismo ha programado diversas iniciativas culturales relacionadas. 'Larra. XIX Cajas' incluye visitas teatralizadas, talleres de escritura y la proyección de varios documentales.

En las visitas teatralizadas será el propio 'Larra' quien amenice el recorrido por las salas del Museo, ofreciendo una particular visión de sus tesoros ocultos.

'Seis lecturas de Larra', que así se llama el taller de escritura, está dirigido a adultos y busca establecer un nexo de unión entre la realidad de su obra y la cultura actual. Por su parte, el documental recorre de manera detallada la vida del escritor: desde su infancia y su vida familiar hasta sus viajes y su vida social y amorosa.


tarjetadevisitaqueutili

Tarjeta de visita que utilizaba Mariano José de Larra.



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