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Luis De Góngora
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Post Luis De Góngora 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de ilustres españoles… Este Quincuagésimo cuarto trabajo recopilatorio, está dedicado a Luis de Góngora, fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida como gongorismo.

0gongoLuis de Góngora y Argote. (Córdoba, España, 1561-id., 1627) Poeta español. Nacido en el seno de una familia acomodada, estudió en la Universidad de Salamanca. Nombrado racionero en la catedral de Córdoba, desempeñó varias funciones que le brindaron la posibilidad de viajar por España. Su vida disipada y sus composiciones profanas le valieron pronto una amonestación del obispo (1588).

En 1603 se hallaba en la corte, que había sido trasladada a Valladolid, buscando con afán alguna mejora de su situación económica. En esa época escribió algunas de sus más ingeniosas letrillas, trabó una fecunda amistad con Pedro Espinosa y se enfrentó en terrible y célebre enemistad con su gran rival, Francisco de Quevedo. Instalado definitivamente en la corte a partir de 1617, fue nombrado capellán de Felipe III, lo cual, como revela su correspondencia, no alivió sus dificultades económicas, que lo acosarían hasta la muerte.

Aunque en su testamento hace referencia a su «obra en prosa y en verso», no se ha hallado ningún escrito en prosa, salvo las 124 cartas que conforman su epistolario, testimonio valiosísimo de su tiempo. A pesar de que no publicó en vida casi ninguna de sus obras poéticas, éstas corrieron de mano en mano y fueron muy leídas y comentadas.

En sus primeras composiciones (hacia 1580) se adivina ya la implacable vena satírica que caracterizará buena parte de su obra posterior. Pero al estilo ligero y humorístico de esta época se le unirá otro, elegante y culto, que aparece en los poemas dedicados al sepulcro del Greco o a la muerte de Rodrigo Calderón. En la Fábula de Píramo y Tisbe (1617) se producirá la unión perfecta de ambos registros, que hasta entonces se habían mantenido separados.

Entre 1612 y 1613 compuso los poemas extensos Soledades y la Fábula de Polifemo y Galatea, ambos de extraordinaria originalidad, tanto temática como formal. Las críticas llovieron sobre estas dos obras, en parte dirigidas contra las metáforas extremadamente recargadas, y a veces incluso «indecorosas» para el gusto de la época. En un rasgo típico del Barroco, pero que también suscitó polémica, Góngora rompió con todas las distinciones clásicas entre géneros lírico, épico e incluso satírico. Juan de Jáuregui compuso su Antídoto contra las Soledades y Quevedo lo atacó con su malicioso poema Quien quisiere ser culto en sólo un día... Sin embargo, Góngora se felicitaba de la incomprensión con que eran recibidos sus intrincados poemas extensos: «Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que ésa es la distinción de los hombres cultos».

El estilo gongorino es sin duda muy personal, lo cual no es óbice para que sea considerado como una magnífica muestra del culteranismo barroco. Su lenguaje destaca por el uso reiterado del cultismo, sea del tipo léxico, sea sintáctico (acusativo griego o imitación del ablativo absoluto latino). La dificultad que entraña su lectura se ve acentuada por la profusión de inusitadas hipérboles barrocas, hiperbatones y desarrollos paralelos, así como por la extraordinaria musicalidad de las aliteraciones y el léxico colorista y rebuscado.

Su peculiar uso de recursos estilísticos, que tanto se le criticó, ahonda de hecho en una vasta tradición lírica que se remonta a Petrarca, Mena o Herrera. A la manera del primero, gusta Góngora de las correlaciones y plurimembraciones, no ya en la línea del equilibrio renacentista sino en la del retorcimiento barroco. Sus perífrasis y la vocación arquitectónica de toda su poesía le dan un aspecto oscuro y original, extremado si cabe por todas las aportaciones simbólicas y mitológicas de procedencia grecolatina.

Su fama fue enorme durante el Barroco, aunque su prestigio y el conocimiento de su obra decayeron luego hasta bien entrado el siglo XX, cuando la celebración del tercer centenario de su muerte (en 1927) congregó a los mejores poetas y literatos españoles de la época (conocidos desde entonces como la Generación del 27) y supuso su definitiva revalorización crítica.

Espero que recopilación de información e imágenes que he preparado os resulten interesantes.




Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados, por temas.  Reyes: Trajano, emperador romano, Adriano, emperador romano, Don Pelayo, Jaime I el Conquistador, Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio, Reyes Católicos, Juana la Loca y Felipe el Hermoso, Carlos V, Felipe II, Carlos III; Conquistadores y exploradores: Cristóbal Colón, Hermanos Pinzón, Juan de la Cosa, Alonso de Ojeda, Cabeza de Vaca, Francisco de Orellana, Francisco Pizarro, Hernán Cortés, Hernando de Soto, Inés de Suarez, Núñez de Balboa, Pedro de Mendoza, Pedro de Valdivia, López de Legazpi, Ponce de León, Rodrigo de Bastidas, Elcano - Magallanes; Héroes: Viriato, El Cid campeador, Guzmán el Bueno, María Pita, Agustina de Aragón, Daoíz y Velarde, Vicente Domenech "El Palleter"; Militares: Juan de Austria, El Gran Capitán (Fernández de Córdoba), Ambrosio Spínola, Álvaro de Bazán, Blas De Lezo, Gravina y la Batalla de Trafalgar, Cosme Damián Churruca y Trafalgar, Alcalá Galiano, General Castaños y batalla de Bailén; Literatura: Séneca, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo; Religiosos: Bartolomé de Las Casas, Cardenal Cisneros; Emprendedores: Eduardo Barreiros... hay otros trabajos en preparación que iré añadiendo.



Resumen Biográfico:


0gongora1Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 – ibídem, 23 de mayo de 1627) fue un sacerdote, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo, que más tarde imitarían otros artistas. Sus obras fueron objeto de exégesis ya en su misma época.

Era hijo del juez de bienes confiscados por el Santo Oficio de Córdoba don Francisco de Argote y de la noble dama Leonor de Góngora. Estudió en Salamanca, tomó órdenes menores en 1585 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa, donde fue amonestado ante el obispo Pacheco por acudir pocas veces al coro y por charlar en él, así como por acudir a diversiones profanas y componer versos satíricos. Desde 1589 viajó en diversas comisiones de su cabildo por Navarra, y por Andalucía y ambas Castillas (Madrid, Salamanca, Granada, Jaén, Cuenca, Toledo). Compone entonces numerosos sonetos, romances y letrillas satíricas y líricas, y músicos como Diego Gómez, Gabriel Díaz, Claudio de la Sablonara o Capitán le buscan para musicar estos poemas.

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Estatua de Góngora en la plaza de la Trinidad de Córdoba, su tierra natal.


En 1609 regresa a Córdoba y empieza a intensificar la tensión estética y el barroquismo de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribe la Oda a la toma de Larache y en 1613 el Polifemo, un poema en octavas que parafrasea un pasaje mitológico de las Metamorfosis de Ovidio, tema que ya había sido tratado por su coterráneo Luis Carrillo y Sotomayor en su Fábula de Acis y Galatea; el mismo año divulga en la Corte su más ambicioso poema, las incompletas Soledades. Este poema desata una gran polémica a causa de su oscuridad y afectación y le crea una gran legión de seguidores, los llamados poetas culteranos (Salvador Jacinto Polo de Medina, fray Hortensio Félix Paravicino, Francisco de Trillo y Figueroa, Gabriel Bocángel, el Conde de Villamediana, sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Soto de Rojas, Miguel Colodrero de Villalobos), así como enemigos entre conceptistas como Francisco de Quevedo o casticistas como Lope de Vega o Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola.

Algunos de estos, sin embargo, llegaron con el tiempo a militar entre sus defensores, como Juan de Jáuregui. El caso es que la figura de Luis de Góngora se revistió de aun mayor prestigio, hasta el punto de que Felipe III le nombró capellán real en 1617; para desempeñar tal cargo, vivió en la Corte hasta 1626, arruinándose para conseguir cargos y prebendas a casi todos sus familiares; al año siguiente, 1627, perdida la memoria, marchó a Córdoba, donde murió de una apoplejía en medio de una extrema pobreza. Velázquez lo retrató con frente amplia y despejada, y por los pleitos, los documentos y las sátiras de su gran enemigo, Francisco de Quevedo, sabemos que era jovial, sociable, hablador y amante del lujo y de entretenimientos como los naipes y los toros, hasta el punto de que se le llegó a reprochar frecuentemente lo poco que dignificaba los hábitos eclesiásticos. En la época fue tenido por maestro de la sátira, aunque no llegó a los extremos expresionistas de Quevedo ni a las negrísimas tintas de Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana, que fue amigo suyo y uno de sus mejores discípulos poéticos.


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Felipe III  III de Austria (Madrid, 14 de abril de 1578 — ibid. 31 de marzo de 1621), llamado El Piadoso, rey de España y Portugal desde el 13 de septiembre de 1598 hasta su muerte. Era hijo y sucesor de Felipe II y de Ana de Austria. En 1598 contrajo matrimonio con la archiduquesa Margarita de Austria-Estiria, hija del archiduque Carlos II de Estiria y de María Ana de Baviera, nieta del emperador Fernando I. Su reinado supuso una transición entre el apogeo de Carlos I y Felipe II y la decandecia que representarían Felipe IV y Carlos II. Era aficionado al teatro, a la pintura y, sobre todo, a la caza, delegó los asuntos de gobierno en manos de su valido el duque de Lerma...


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Las poesías de Góngora se solían distinguir dos períodos: el tradicional, en que hace uso de los metros cortos y temas ligeros. Para ello usaba décimas, romances, letrillas, etc. Este período iba hasta el año 1610, en que cambiaba rotundamente para volverse culterano, haciendo uso de metáforas difíciles, muchas alusiones mitológicas, cultismos, hipérbatos, etc.; pero Dámaso Alonso demostró que estas dificultades estaban ya presentes en su primera época y que la segunda es solamente una intensificación de estos recursos realizada por motivos estéticos.


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El duque de Lerma, por Pedro Pablo Rubens, 1603 (Museo del Prado).El I duque de Lerma (Tordesillas, 1553 - Valladolid, 1625), fue desde 1599, primer ministro y valido de Felipe III (1598-1621).



OBRA


0gongor6Aunque Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó), éstas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías publicados con su permiso o sin él. Durante un tiempo se creyó que el manuscrito más autorizado era el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el Conde-Duque de Olivares), ya que contiene aclaraciones del propio Góngora y la cronología de cada poema; pero este manuscrito, habida cuenta del alto personaje al que va destinado, prescinde de las obras satíricas y vulgares.

El mismo año de su muerte, sin embargo, Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español que se considera también muy fiable e importante en la fijación del corpus gongorino; sus atribuciones suelen ser certeras; aún así, fue recogida por la Inquisición y después superada por la de Gonzalo de Hoces en 1633. Por otra parte, las obras de Góngora, como anteriormente las de Juan de Mena y Garcilaso de la Vega, gozaron el honor de ser ampliamente glosadas y comentadas por personajes de la talla de Díaz de Rivas, Pellicer, Salcedo Coronel, Salazar Mardones, Pedro de Valencia y otros.


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Detalle del retrato de Luis de Góngora realizado en su primera visita a Madrid por Velázquez

Aunque en sus obras iniciales ya encontramos el típico conceptismo del barroco, Góngora, cuyo talante era el de un esteta descontentadizo («el mayor fiscal de mis obras soy yo», solía decir), quedó inconforme y decidió intentar según sus propias palabras «hacer algo no para muchos» e intensificar aún más la retórica y la imitación de la poesía latina clásica introduciendo numerosos cultismos y una sintaxis basada en el hipérbaton y en la simetría; igualmente estuvo muy atento a la sonoridad del verso, que cuidaba como un auténtico músico de la palabra; era un gran pintor de los oídos y llenaba epicúreamente sus versos de matices sensoriales de color, sonido y tacto. Es más, mediante lo que Dámaso Alonso, uno de sus principales estudiosos, llamó elusiones y alusiones, convirtió cada uno de sus poemas últimos menores y mayores en un oscuro ejercicio para mentes despiertas y eruditas, como una especie de adivinanza o emblema intelectual que causa placer en su desciframiento. Es la estética barroca que se llamó en su honor gongorismo o, con palabra que ha hecho mejor fortuna y que tuvo en su origen un valor despectivo por su analogía con el vocablo luteranismo, Culteranismo, ya que sus adversarios consideraban a los poetas culteranos unos auténticos herejes de la poesía.

La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las Tinieblas», en que a partir de 1610, en que compone la oda A la toma de Larache se vuelve autor de poemas oscuros e ininteligibles. Hasta época romántica esta parte de su obra fue duramente criticada e incluso censurada por el mismo neoclásico Ignacio de Luzán. Esta teoría fue rebatida por Dámaso Alonso, quien demostró que la complicación y la oscuridad ya están presentes en su primera época y que como fruto de una natural evolución llegó a los osados extremos que tanto se le han reprochado. En romances como la Fábula de Píramo y Tisbe y en algunas letrillas aparecen juegos de palabras, alusiones, conceptos y una sintaxis latinizante, si bien estas dificultades aparecen enmascaradas por la brevedad de sus versos, su musicalidad y ritmo y por el uso de formas y temas tradicionales.


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Portada del Manuscrito Chacón, que transmitió la obra poética de Luis de Góngora.


Poemas

Se suele agrupar su poesía en dos bloques, poemas menores y mayores, correspondientes más o menos a dos etapas poéticas sucesivas. En su juventud, Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema piratesco o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas y satíricas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618), complejísimo poema que fue el que costó más trabajo a su autor y tenía en más estima, y donde se intenta elevar la parodia, procedimiento típicamente barroco, a categoría tan artística como las demás. La mayor parte de las letrillas están dirigidas, como en Quevedo, a escarnecer a las damas pedigüeñas y a atacar el deseo de riquezas. Merecen también su lugar las sátiras contra distintos escritores, especialmente Quevedo o Lope de Vega.

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Junto a estos poemas, a lo largo de su vida no dejó Góngora de escribir perfectos sonetos sobre todo tipo de temas (amorosos, satíricos, morales, filosóficos, religiosos, de circunstancias, polémicos, laudatorios, funerarios), auténticos objetos verbales autónomos por su intrínseca calidad estética y donde el poeta cordobés explora distintas posibilidades expresivas del estilo que está forjando o llega a presagiar obras venideras, como el famoso «Descaminado, enfermo, peregrino…», que anuncia las Soledades. Entre los tópicos usuales (carpe diem, etc.) destacan, sin embargo, como de más trágica grandeza los consagrados a revelar los estragos de la vejez, la pobreza y el paso del tiempo por el poeta, que son los últimos.

Los poemas mayores fueron, sin embargo, los que ocasionaron la revolución culterana y el tremendo escándalo subsiguiente, ocasionado por la gran oscuridad de los versos de esta estética. Son la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) y las incompletas e incomprendidas Soledades (la primera compuesta antes de mayo de 1613). El primero narra mediante la estrofa octava real un episodio mitológico de las Metamorfosis de Ovidio, el de los amores del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, que le rechaza. Al final, Acis, el enamorado de Galatea, queda convertido en río. Se ensaya ahí ya el complejo y difícil estilo culterano, lleno de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar y dilatando la forma de manera que el significado se desvanezca a medida que va siendo descifrado.


Soledades


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Las Soledades iba a ser un poema en silvas, dividido en cuatro partes, correspondientes cada una alegóricamente a una edad de la vida humana y a una estación del año, y serían llamadas Soledad de los campos, Soledad de las riberas, Soledad de las selvas y Soledad del yermo. Pero Góngora sólo compuso la dedicatoria al Duque de Béjar y las dos primeras, y dejó inconclusa la segunda, de la cual los últimos 43 versos fueron añadidos bastante tiempo después. La estrofa no era nueva, pero sí era la primera vez que se aplicaba a un poema tan extenso. Su forma, de carácter aestrófico, era la que daba más libertad al poeta, que de esa manera se acercaba cada vez más al verso libre y hacía progresar la lengua poética hasta extremos que sólo alcanzarían los poetas del Parnasianismo y el Simbolismo francés en el siglo XIX.

El argumento de la Soledad primera es bastante poco convencional, aunque se inspira en un episodio de la Odisea, el de Nausícaa: un náufrago joven arriba a una costa y es recogido por unos cabreros. Pero este argumento es sólo un pretexto para un auténtico frenesí descriptivo: el valor del poema es lírico más que narrativo, como señaló Dámaso Alonso, aunque estudios más recientes reivindican su relevancia narrativa. Góngora ofrece una naturaleza arcádica, donde todo es maravilloso y donde el hombre puede ser feliz, depurando estéticamente su visión, que sin embargo es rigurosamente materialista y epicúrea (intenta impresionar los sentidos del cuerpo, no sólo el espíritu), para hacer desaparecer todo lo feo y desagradable. De esa manera, mediante la elusión, una perífrasis hace desaparecer una palabra fea y desagradable (la cecina se transforma en «purpúreos hilos de grana fina» y los manteles en «nieve hilada», por ejemplo).

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Página inicial de Las soledades (l. I, pág. 193) en el Manuscrito Chacón.

Las Soledades causaron un gran escándalo por su atrevimiento estético y su oscuridad hiperculta; las atacaron Francisco de Quevedo, Lope de Vega, el conde de Salinas y Juan de Jáuregui (quien compuso un ponderado Antídoto contra las Soledades y un Ejemplar poético contra ellas, pero sin embargo acabó profesando la misma o muy semejante doctrina), entre otros muchos ingenios, pero también contó con grandes defensores y seguidores, como Francisco Fernández de Córdoba (Abad de Rute), el conde de Villamediana,Gabriel Bocángel, Miguel Colodrero de Villalobos y, más allá del Atlántico, Juan de Espinosa Medrano y sor Juana Inés de la Cruz. Con las Soledades, la lírica castellana se enriqueció con nuevos vocablos y nuevos y poderosos instrumentos expresivos, dejando la sintaxis más suelta y libre que hasta entonces.

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Los poemas de Góngora merecieron los honores de ser comentados poco después de su muerte como clásicos contemporáneos, como lo habían sido tiempo atrás los de Juan de Mena y Garcilaso de la Vega en el siglo XVI. Los comentaristas más importantes fueron José García de Salcedo Coronel, autor de una edición comentada en tres volúmenes (1629–1648), José Pellicer de Ossau, quien compuso unas Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Gongora y Argote (1630) o Cristóbal de Salazar Mardones, autor de una Ilustración y defensa de la fabula de Piramo y Tisbe (Madrid, 1636). En el siglo XVIII y XIX, sin embargo, se reaccionó contra este barroquismo extremo, en un primer momento utilizando el estilo para temas bajos y burlescos, como hizo Agustín de Salazar, y poco después, en el siglo XVIII, relegando la segunda fase de la lírica gongorina y sus poemas mayores al olvido. Sin embargo, por obra de la Generación del 27 y en especial por su estudioso Dámaso Alonso, el poeta cordobés pasó a constituirse en un modelo admirado también por sus complejos poemas mayores. A tal extremo llegó la admiración que incluso se intentó la continuación del poema, con fortuna en el caso de Alberti (Soledad tercera).


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Medallón de Góngora. Plaza de España. Sevilla


Teatro

Luis de Góngora compuso también tres piezas teatrales, Las firmezas de Isabela (1613), la Comedia venatoria y El doctor Carlino, esta última inacabada y refundida posteriormente por Antonio de Solís.


Ediciones modernas


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Existen varias ediciones modernas de la obra de Luis de Góngora; la primera fue, sin duda, la del hispanista francés Raymond Foulché Delbosc, de Obras poéticas de Góngora (1921); después siguieron las de Juan Millé Giménez y su hermana Isabel, (1943) y las ediciones y estudios de Dámaso Alonso, (edición crítica de las Soledades, 1927; La lengua poética de Góngora, 1935; Estudios y ensayos gongorinos; Góngora y el Polifemo, 1960, tres vols.); Sonetos completos ed. de Biruté Ciplijauskaité (Madrid, Castalia, 1969); Romances ed. de Antonio Carreño (Madrid, Cátedra, 1982); Soledades ed. de John R. Beverley (Madrid, Cátedra, 1980) y sobre todo la ed. de Robert Jammes (Madrid, Castalia); Fábula de Polifemo y Galatea ed. de Alexander A. Parker (Madrid, Cátedra, 1983); Letrillas ed. de Robert Jammes (Madrid, Castalia, 1980); Canciones y otros poemas de arte mayor, ed. de José M.ª Micó (Madrid, Espasa Calpe, 1990) y Antología poética, ed. de Antonio Carreira (Madrid, Castalia Didáctica, 1986).


Curiosidades

Fragmento de la obra Viaje del Parnaso de Miguel de Cervantes, en la que cataloga a los buenos y malos poetas de su época.

Aquel que tiene de escribir la llave,
con gracia y agudeza en tanto extremo,
que su igual en el orbe no se sabe
es don Luis de Góngora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanzas,
aunque las suba al grado más supremo.



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La conmemoración del tercer centenario de su muerte en un homenaje en el Ateneo de Sevilla, organizado por el torero Ignacio Sánchez Mejías, dio lugar al encuentro de muchos de los integrantes de la generación del 27, quienes reivindicaron la poesía de Góngora.



Góngora sobre el Greco


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Inscripción para el sepulcro de Dominico Greco
(Luis de Góngora y Argote)

Esta en forma elegante, oh peregrino,
de pórfido luciente dura llave,
el pincel niega al mundo más süave,
que dio espíritu a leño, vida a lino.

Su nombre, aún de mayor aliento dino
que en los clarines de la Fama cabe,
el campo ilustra de ese mármol grave:
venéralo y prosigue tu camino.

Yace el Griego. Heredó Naturaleza
Arte; y el Arte, estudio; Iris, colores;
Febo, luces -si no sombras, Morfeo-.

Tanta urna, a pesar de su dureza,
lágrimas beba, y cuantos suda olores
corteza funeral de árbol sabeo.



El Greco - Doménikos Theotokópoulos (Candía, Creta, 1541 - Toledo, 1614), conocido como el Greco (el griego), fue un pintor del final del Renacimiento que desarrolló un estilo muy personal en sus obras de madurez. Hasta los 26 años vivió en Creta donde fue un apreciado maestro de iconos en el estilo postbizantino vigente en la isla. Después residió diez años en Italia donde se transformó en un pintor renacentista, primero en Venecia asumiendo plenamente el estilo de Tiziano y Tintoretto, después en Roma estudiando el manierismo de Miguel Ángel.

En 1577 se estableció en Toledo, España, donde vivió y trabajó el resto de su vida. Su obra la componen grandes lienzos para retablos de iglesias, numerosos cuadros de devoción para instituciones religiosas en los que a menudo participó su taller y un grupo de retratos considerados del máximo nivel. En sus primeras obras maestras españolas se aprecia la influencia de sus maestros italianos. Sin embargo pronto evolucionó hacia un estilo personal caracterizado por sus figuras manieristas extraordinariamente alargadas con iluminación propia, delgadas, fantasmales, muy expresivas, en ambientes indefinidos y una gama de colores buscando los contrastes. Este estilo se identificó con el espíritu de la Contrarreforma y se fue extremando en sus últimos años. Actualmente está considerado uno de los artistas más grandes de la civilización occidental...

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El Greco. 1604. Retrato de un caballero anciano, (detalle) considerado autorretrato, (1595-1600), Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, EE. UU.


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Retrato del poeta Luis de Góngora o, simplemente, Luis de Góngora, h. 1622,  por Velázquez, óleo sobre lienzo, 50,3 x 40,5 cm, Museo de Bellas Artes, Boston.



Los contemporáneos más relevantes de Góngora


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Francisco de Quevedo (1580-1645). Fue un noble, político y escritor español del Siglo de Oro, uno de los más destacados de la historia de la literatura española. Ostentó los títulos de Señor de La Torre de Juan Abad y Caballero de la Orden de Santiago. Fue gran amigo de Lope de Vega y enemigo aferimo de Góngora.

En esa brillante época; Miguel de Cervantes, formaba con los grandes dramaturgos; Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca y los poetas y escritores: Baltasar Gracián, Luis de Góngora y Francisco de Quevedo el ramillete más ilustre del brillante siglo de oro español.

El Siglo de Oro se entiende la época clásica o de apogeo de la cultura española, esencialmente el Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo XVII. Ciñéndose a fechas concretas de acontecimientos clave, abarca desde la publicación de la Gramática castellana de Nebrija en 1492 hasta la muerte de Calderón de la Barca en 1681.

Lope de Vega, fue poeta, novelista y el más grande dramaturgo español, conocido como el Fénix de los ingenios. En 1583 participó como soldado en la expedición a las Azores que, al mando de don Álvaro de Bazán, sirvió para conquistar la Terceira, la última isla que faltaba por incorporar a la corona de Portugal, entonces en manos de Felipe II...

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Lope de Vega (1562 - 1635) Es el autor teatral más influyente del siglo XVII. Su arte entusiasmó al público y guió la producción de muchos de los autores de su época, por lo que fue una de las figuras de la literatura más importantes del siglo de oro español. Procedía de una familia humilde y su vida fue sumamente agitada y llena de lances amorosos. Fue enemigo de Góngora.


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Tirso de Molina (seudónimo de fray Gabriel Téllez) nacido en Madrid, el 24 de marzo de 1579 y fallecido en Almazán (Soria) el 12 de marzo de 1648. Fue un dramaturgo, poeta y narrador español del Barroco. Fue discípulo de Lope de Vega, a quien conoció como estudiante en Alcalá de Henares.


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Calderón de la Barca. (Madrid, 1600-id., 1681) Fue un escritor, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro. Constituye uno de los pies del trípode glorioso del teatro de oro español, junto con "el mostruo" Lope de Vega y el grande Tirso de Molina. Calderón no podía por menos que partir de las pautas dramáticas establecidas por Lope de Vega. Pero su obra, ya plenamente barroca, tal vez alcance mayor grado de perfección técnica y formal que la de Lope. De estilo más sobrio, Calderón pone en juego menor número de personajes y los centra en torno al protagonista, de manera que la obra tiene un centro de gravedad claro, un eje en torno al cual giran todos los elementos secundarios, lo que refuerza la intensidad dramática.


migueldecervantessaaved

Miguel de Cervantes, fue un novelista, poeta y dramaturgo español. Supónese que nació el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares y murió el 22 de abril de 1616 en Madrid, pero fue enterrado el 23 de abril y popularmente se conoce esta fecha como la de su muerte. Es considerado la máxima figura de la literatura española. Es universalmente conocido, sobre todo por haber escrito El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que muchos críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal. Se le ha dado el sobrenombre de Príncipe de los Ingenios. Cervantes admiraba el ingenio y fama de Lope, aunque con él estaba ciertamente resentido.



Casa-Museo Luis de Góngora


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La Casa-Museo Luis de Góngora y Argote - Centro de estudios gongorinos (Córdoba ). Casa natal del poeta del Siglo de Oro, ha sido convertida en museo y centro de estudio de su obra gracias al convenio entre el Ayuntamiento de Córdoba y el Ministerio de Fomento. El edificio consiste en una casa patio del siglo XVII, insertada en el tejido histórico monumental de la ciudad de Córdoba, se encuentra situada en la calle Cabezas número 3.


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Monumento a Góngora en Córdoba


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Dedicatoria del monumento a Luis de Góngora en Córdoba,


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Retrato de Luis de Góngora realizado en su primera visita a Madrid por Diego Velázquez. 1622



Pues esto es todo amigos, espero que este trabajo dedicado a Luis de Góngora, os haya gustado, fue un poeta y escritor destacado del Siglo de Oro español.


Enlace dedicado a Luis de Góngora en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes:  http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=126


Fuentes y agradecimientos a: Wikipedia, cvcervantes, encyclopedia, biografiasyvidas, cervantesvirtual, palabrasatajos.blogspo, fuenterrebollo, turismoyarte, picasa, flickr y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Post Re: Luis De Góngora 
 
Y así delató Góngora al inquisidor...


En un manuscrito inédito el poeta acusa a un miembro del Santo Oficio

Era su antiguo amigo Jiménez de Reynoso, quien vivía amancebado con una mujer

Es el primer texto del literaro cordobés hallado desde el siglo XIX




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Detalle del cuadro de Velázquez: 'Retrato de Luis de Góngora' (1622)


Un refinadísimo esteta del Siglo de Oro hablando de las “inmundicias y suciedades ordinarias” que manchaban unas camisas tendidas al sol tras noches de desfogue sexual. Luis de Góngora (Córdoba, 1561-1627), el padre del sofisticado culteranismo, narrando cómo el inquisidor Alonso Jiménez de Reynoso, para beneficiarse cómodamente a doña María de Lara, mandó abrir un boquete en una muralla “de nueve pies de ancho”. Este es parte del contenido de las cinco páginas manuscritas por el célebre literato, halladas por la hispanista Amelia de Paz, y que han sido presentadas hoy en la Biblioteca Nacional como la gran joya de una exposición dedicada al autor de Soledades.

Desde el siglo XIX no se hallaba un manuscrito gongorino de semejante peso. El poeta Dámaso Alonso encontró dos renglones con los que el poeta apostilló de su mano una carta dictada. Pero el hallazgo anunciado en la inauguración de la muestra Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo, organizada por Acción Cultural Española, supondrá un cambio en la forma en que vemos a este clásico.

“La visión que tenemos en España de Góngora es la de un clérigo serio, severo… la del cuadro de Velázquez”, señala por teléfono la hispanista y advierte que, aunque todavía es pronto para establecer conclusiones, este manuscrito mostraría un Góngora más desenfadado y burlón.

De Paz estudiaba el contexto social de Góngora cuando, revisando la sección de la Inquisición de Córdoba en el Archivo Histórico Nacional, dio con las cinco páginas manuscritas a doble cara. “Ha sido un hallazgo totalmente involuntario”. El texto es una acusación de Góngora contra un inquisidor, su antiguo amigo Alonso Jiménez de Reynoso. El porqué de dicho ataque permanece en el misterio: “Góngora y Reynoso habían sido amigos y por alguna rencilla, creo sobre el padre de Góngora, se enfadaron”, explica De Paz, quien prepara un libro sobre el disoluto inquisidor.


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Primera página del manuscrito de Góngora / Acción Cultural Española

El Santo Oficio tenía su propio sistema de control interno y enviaba a los diferentes tribunales inspectores (los inquisidores visitadores) que evaluaban la conducta del resto de inquisidores, algo así como el departamento de asuntos internos del que se habla en las series policiacas. Góngora aprovechó la visita de uno de esos inspectores para poner de hoja de perejil a su examigo Alonso, quien estaba amancebado con María de Lara, a quien había conocido en Granada y a quien llevó de ciudad en ciudad allá donde fue destinado. El inquisidor no solo mantenía una conducta tenida por inadecuada para un clérigo, sino que además –según Góngora– hizo obras en su nidito de amor “a costa del Rey”, o sea, malversó dinero.

Ese tipo de testimonios ante la Inquisición solían realizarse de manera oral, por eso el hecho de que exista este texto le añade valor. Góngora fue llamado a testificar por la mañana y alegó no acordarse de nada: “debo recorrer la memoria”. Luego, por la tarde, envió las cinco hojas manuscritas. “Llevó al inquisidor a su terreno, el de la lengua escrita”, señala la hispanista.

La acusación de Góngora (un personaje influyente en Córdoba, hijo de una conocida familia y racionero de la catedral, o sea, que se llevaba una parte de las rentas del templo) surtió efecto. “Consiguió quitarse de en medio a Reynoso porque puso en marcha su red de influencias. Reynoso fue sancionado. Lo suspendieron y lo trasladaron a otro tribunal, algo que en realidad fue un ascenso porque lo mandaron a Valladolid, que era una plaza más importante que Córdoba”, cuenta De Paz.

La hispanista quita importancia a la tórrida relación sexual entre el inquisidor y doña María de Lara, una relación “muy pública y escandalosa”, según Góngora. “Era el típico amancebamiento. Había un consentimiento grande, no solo por parte de la Inquisición, también por la parte de la gente. A poco que uno lea sobre el funcionamiento del Santo Oficio descubre que era más indulgente de lo que se suele creer”.

La memoria y la obra de Góngora fue la amalgama que catalizó a la Generación del 27. Para culminar el homenaje al poeta cordobés por el tercer centenario de su muerte, el 16 y 17 de diciembre de 1927 la vanguardia poética se reunió en Sevilla: José Bergamín, Juan Chabás, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti y, singularmente, Dámaso Alonso, quien realizó ediciones críticas y estudios, en especial sobre su segunda etapa, la denominada culterana, en la que la inteligibilidad de los textos se subordinaba al efectismo estético.

La exposición que acoge la Biblioteca Nacional repasa los más de 400 años de influencia de la obra gongorina en la literatura universal. Para ello se muestran centenares cuadros, manuscritos, grabados, dibujos, cartas, esculturas, instrumentos musicales, tapices, partituras, carteles, libros, y revistas.



"Pública y escandalosa" - Extracto del manuscrito de Góngora:

“Ýtem, e oýdo decir a Álualo de Vargas,paje que fue del dicho ynquisidor, como la dicha doña María era su amiga y entraba y salíade su casa muy de hordinario, y la tenía veinte y treinta días en un aposento alto que llaman de la Torre, donde la entraban por una escalera falsa que está en la principal, que sube a su quarto, y para tener correspondençia a su aposento hiço romper a costa del Rey la muralla de nueve pies en ancho,y el dicho Vargas la bio abrir y trabajar en ella como agora se puede ber por vista de ojos; y que quando el dicho ynquisidor dormía con la susodicha doña María lo echaba él de ver en quatro y seis camisas que había él mudado la noche y estaban tendidas a la mañana en el terrado para enjugallas del sudor, donde hallaba en las delanteras de las dichas camisas las inmundiçias y suciedades hordinarias de semejantes actos, como lo dirá el dicho Áluaro de Vargas”.


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'Un adelantado a su tiempo', por Joaquín Roses


Luis de Góngora es, hoy por hoy, el más actual de nuestros poetas clásicos: su densidad, su excelencia, su modernidad y su proyección en las poéticas contemporáneas lo convierten en un adelantado a su tiempo, en un modelo para todo creador consciente de que lo que nos define como humanos está radicalmente vinculado al lenguaje y a la belleza.

Con una apuesta decidida por la sublimidad de ese mensaje, Acción Cultural Española (AC/E) ha desarrollado un trabajo de organización de más de año y medio para que hoy se inaugure la exposición Góngora: la estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo.

El visitante podrá comprobar la trayectoria inextinguible de un poeta de difícil comprensión. Para ello, se reconstruyen primero los contextos que determinaron su trayectoria vital; se presentan, luego, los manuscritos e impresos que contienen obra suya, y otros documentos del siglo XVII que demuestran su fecunda influencia; se ilustran también los tópicos pastoriles, cinegéticos y musicales que nutren su poesía y se establece un diálogo continuo entre sus grandes obras (Polifemo, Soledades, Píramo y Tisbe) y otras expresiones artísticas. Para terminar, se aborda la proyección de su estrella en el siglo XX, donde su poesía genera una verdadera galaxia gongorina que nos revela su radical importancia en la creatividad contemporánea.

Era de justicia consagrar esta exposición, de manera exclusiva, a Luis de Góngora, el más excelso de los poetas líricos europeos del siglo XVII, del que Harold Bloom afirmó hace tres meses que era el mejor de los poetas españoles. Por si este acontecimiento no fuera suficiente motivo de satisfacción en una época de escasas noticias culturales de gran calibre, la conjunción de los astros y el trabajo de Amelia de Paz nos han permitido presentar un documento inédito de puño y letra de don Luis, un autógrafo. Importante descubrimiento si consideramos que no aparecía algo así desde finales del siglo XIX. No ha sido fácil guardar el secreto durante medio año para que ambos acontecimientos (exposición e inédito) pudieran presentarse en feliz coincidencia, reforzando así la inapelable actualidad del Príncipe de los poetas de España.

Joaquín Roses es profesor titular de Literatura en la Universidad de Córdoba y comisario de la exposición Góngora. La estrella inextinguible.


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