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El Cid Campeador
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Mensaje El Cid Campeador 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de héroes e ilustres españoles… Este vigésimo noveno trabajo recopilatorio, está dedicado a Rodrigo Díaz de Vivar más conocido como el Cid campeador, el más famoso caballero de carne y hueso que ha dado nuestra nación... El otro es de ficción "Don Quijote de la mancha" de Don Miguel de Cervantes.


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El Cid, es el héroe nacional por excelencia, el más universal, el más respetado, encarna el prototipo del caballero con las máximas virtudes: astuto, inteligente, leal, justo, fuerte, valiente, prudente, templado y admirado hasta por el enemigo, fue sin lugar a dudas un excelente guerrero, gran estratega y el primero de los caballeros.

Rodrigo Díaz de Vivar, llamado El Cid Campeador; (Vivar, Burgos -actual España-, h. 1043 - Valencia, 1099). Caballero castellano. Hijo de Diego Laínez, descendiente del semilegendario Laín Calvo, quedó huerfano a tierna edad y fue educado junto al infante Sancho, hijo del rey Fernando I de Castilla y León, quien, al acceder al trono castellano, lo nombró alférez real (1065). Hacia 1066, el prestigio de Rodrigo Díaz se vio notablemente incrementado a raíz de su victoria en el combate singular que mantuvo con el caballero navarro Jimeno Garcés, para dirimir el dominio de unos castillos fronterizos que se disputaban los monarcas de Castilla y Navarra; el triunfo le valió el sobrenombre de Campeador.

Como jefe de las tropas reales, Rodrigo participó en la guerra que enfrentó a Sancho II de Castilla con su hermano Alfonso VI de León, quien, derrotado en las batallas de Llantada (1068) y Golpejera (1072), se vio obligado a buscar refugio en la corte musulmana de Toledo. El destino, sin embargo, quiso que Sancho II muriera en 1072, cuando intentaba tomar Zamora, con lo que Alfonso VI se convirtió en soberano de Castilla y León.

El nuevo monarca no sólo no manifestó resentimiento hacia el Campeador, sino que, consciente de la valía de sus servicios, lo honró concediéndole la mano de su sobrina, doña Jimena, con quien casó en julio de 1074. No obstante, unos años después, en 1081, una inoportuna expedición a tierras toledanas sin el premiso real, que puso en grave peligro las negociaciones emprendidas por Alfonso VI para obtener la emblemática ciudad de Toledo, provocó su destierro de Castilla y la confiscación de todas sus posesiones.


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Las espadas del Cid

Acompañado de su mesnada, el Campeador ofreció sus servicios primero a los condes Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II de Barcelona, pero, al ser rechazado, decidió ayudar a al-Muqtadir, rey de Zaragoza, en la lucha que mantenía con su hermano al-Mundir, rey de Lérida, Tortosa y Denia, quien contaba con el apoyo de los condes de Barcelona y del monarca Sancho I Ramírez de Aragón.

Al servicio de al-Muqtadir, venció en Almenar a Berenguer Ramón II (1082) y cerca de Morella a al-Mundir y el soberano aragonés (1084). Durante este período fue cuando recibió el sobrenombre de Cid, derivado del vocablo árabe sid, que significa señor.

En 1086, la derrota de Alfonso VI frente a los almorávides en Sagrajas propició la reconciliación del monarca con Rodrigo Díaz, quien recibió importantes dominios en Castilla. De acuerdo con el soberano castellanoleonés, el Cid partió hacia Levante, donde, entre 1087 y 1089, hizo tributarios a los monarcas musulmanes de las taifas de Albarracín y de Alpuente e impidió que la ciudad de Valencia, gobernada por al-Qadir, aliado de los castellanos, cayera en manos de al-Mundir y Berenguer Ramón II. En 1089, sin embargo, una nueva disensión con Alfonso VI provocó su definitivo destierro de Castilla, acusado de traición por el rey. Rodrigo decidió regresar al oriente peninsular, se convirtió en protector de al-Qadir y derrotó una vez más a Berenguer Ramón II en Tévar (1090).


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Estatua ecuestre del Cid en Burgos, esculpida por González Quesada e inaugurada en 1955.

Muerto su protegido, decidió actuar en interés propio, y en julio de 1093 puso sitio a Valencia, aprovechando el conflicto interno entre partidarios y opuestos a librar la ciudad a los almorávides. El 15 de junio de 1094, el Cid entró en Valencia y organizó una taifa cristiana que tuvo una vida efímera tras su muerte, acaecida el 10 de julio de 1099. Doña Jimena, su viuda y sucesora, con la ayuda del conde Ramón Berenguer III de Barcelona, casado con su hija María en 1098, consiguió defender la ciudad hasta el año 1101, en que cayó en poder de los almorávides.

Espero que la información recopilada del Cid, sea de vuestro interés.





Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados




Resumen Biográfico


El Cid - Rodrigo Díaz de Vivar (Vivar del Cid, Burgos, hacia 1043-1050 – Valencia, 1099) fue un hidalgo y guerrero castellano. Conocido como El Cid Campeador, Mio Cid o El Cid (del árabe dialectal سيد sīdi, 'señor', y del latín campae docto, 'diestro en el campo de batalla', 'conocedor de la batalla'), llegó a dominar al frente de su propia mesnada prácticamente todo el oriente de la Península Ibérica a finales del siglo XI, de forma autónoma respecto de la autoridad de rey alguno, aunque con el beneplácito del rey Alfonso VI, de quien Rodrigo siempre se consideró vasallo. Se trata de una figura histórica y legendaria de la Reconquista española, cuya vida es la base del más importante cantar de gesta de la literatura española, el Cantar de mio Cid.

Según el autor musulmán andalusí Ibn Bassam (1109):

Este hombre, el azote de su tiempo, por su ansia de gloria, por la prudente tenacidad de su carácter, por su heroica valentía, fue uno de los milagros de Dios.


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El Cid en Vivar del Cid, Burgos.

El Cid, nació en fecha desconocida a mediados del siglo XI (entre 1043 y 1050). Su lugar de nacimiento es sólo señalado por el Cantar de mio Cid como Vivar del Cid, a 10 km de Burgos, aunque se carece de otras fuentes documentales que ratifiquen esto. Era hijo de Diego Laínez, infanzón de Vivar, de la nobleza menor,« capitán de frontera» en las luchas entre navarros y castellanos en la línea de Ubierna–Atapuerca, y de Sancha o Teresa Rodríguez, hija de Rodrigo Álvarez de Asturias, de una de las primeras familias del condado de Castilla. Según la Historia Roderici, su abuelo por vía paterna era Laín Núñez, quien aparece como testigo en documentos expedidos por el Rey Fernando I de León y Castilla, a su vez descendiente de Laín Calvo, uno de los míticos Jueces de Castilla. En 1058, siendo muy joven, entró en el servicio de la corte del rey Fernando I, como doncel o paje del príncipe Sancho, formando parte de su séquito.


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Estatua del Cid por Anna Hyatt Huntington en el parque Balboa de San Diego, Estados Unidos.



Nombramiento como caballero

Se dice que fue investido caballero alrededor del año 1060[cita requerida], en la iglesia de Santiago de los Caballeros (Zamora) por el príncipe Sancho, aunque en opinión del citado Martínez Diez en su exhaustiva biografía cidiana, la corte de Sancho se encontraría en Burgos, como capital del futuro reino de Castilla que heredaría de su padre. Si damos crédito a las posibles fechas de nacimiento del Cid que Martínez baraja, la fecha de 1060 parece de todo punto improbable como la de su ordenación como caballero. En realidad, uno de los indicios más valiosos para aventurar la fecha de nacimiento de Rodrigo, es la alusión en el Carmen Campidoctoris a la participación del Cid en la batalla de Graus (1064), al servicio del infante Sancho, a la sazón aliado del rey taifa de Zaragoza, Al-Muqtadir, sin que en ningún momento se diga que esta participación fuese en calidad de caballero, y si aceptamos que la coronación de Sancho como rey de Castilla no tuvo lugar hasta 1065, la fecha de 1060 parece aún más improbable. Según Fray Prudencio de Sandoval, fue investido caballero por el rey Fernando I de León y Castilla, en la mezquita mayor de Coímbra, en el año 1064, inmediatamente después de la conquista de la ciudad.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, y que la dignidad de caballero no solía ser alcanzada antes de la edad de 15 años, Martínez señala al año 1067 como el más probable para la investidura de caballero, coincidiendo con la Guerra de los tres Sanchos y el primer combate singular del Cid contra Jimeno Garcés.


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Ilustración de c. 1118 de un armiger regis en el Libro de los testamentos. Rodrigo Díaz entró a servir de muy joven en el séquito del aún infante Sancho II de Castilla y podría haber sido su armígero regio, que en esa época era un escudero protocolario que llevaba la espada y el escudo de su señor en actos solemnes. También se denominaba spatharius regis. De acuerdo con estas funciones está esta imagen de un armiger regis del Liber testamentorum. En dos diplomas de Alfonso VI de 1103 aparece designado el armígero como arma gerens post regem ('el que lleva las armas tras el rey').30 De todos modos, no consta en la documentación de Sancho II ningún armiger regis, por lo que lo más probable es que el cargo estuviera vacante en su breve reinado.



Defendiendo Castilla para Sancho II

Hasta la muerte de Sancho en 1072 el Cid gozó del favor del rey, quien le puso al frente de su mesnada y le encomendó la custodia de su enseña, en calidad de alférez tras la Batalla de Llantada.

El Carmen Campidoctoris señala precisamente a la campaña de la Guerra de los Tres Sanchos y a la victoria de Rodrigo en combate singular sobre el caballero navarro Jimeno Garcés, como el origen del sobrenombre "Campeador" (campidoctoris, o maestre de campo).

Como jefe de las tropas reales, acompañó a Sancho en la guerra que éste mantuvo con su hermano Alfonso VI, rey de León y con su hermano García, rey de Galicia, con el objeto de reunificar el reino dividido tras la muerte del padre. Desempeñó un papel notable, sobre todo en las victorias castellanas de Llantada (1068) y Golpejera (1072). Tras esta última, Alfonso VI fue capturado y Sancho II se adueñó de León y, a continuación, de Galicia.

Parte de la nobleza leonesa se sublevó y se hizo fuerte en Zamora, bajo el amparo de la infanta doña Urraca, hermana de los anteriores. Sancho II, con la ayuda de Díaz de Vivar, sitió la ciudad, pero murió asesinado por el noble zamorano Bellido Dolfos.


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Diploma de dotación del Cid a la catedral de Valencia. En la línea 16 del texto aparece, subrayada, la datación: «LXXXXº VIIIº post millesimum», es decir, 1098 (Menéndez Pidal [1918:3]). Por otros datos internos se precisaría su fecha después del 24 de junio de 1098. En las líneas 34-35 del documento, penúltima y última del cuerpo del texto, aparece el autógrafo de Rodrigo Díaz: «ego ruderico, simul cum coniuge mea, afirmo oc quod superius scriptum est»



Reinado de Alfonso VI

Alfonso VI sucedió a su hermano en el trono del Reino de Castilla y en el de León.

Las relaciones entre Alfonso y Díaz de Vivar fueron buenas en principio; aunque el nuevo rey le sustituyó en el cargo de alférez real por García Ordóñez, conde de Nájera, lo nombró juez o procurador en varios pleitos y le proporcionó un honroso matrimonio con Jimena Díaz (julio de 1074), noble asturiana, bisnieta de Alfonso V, con quien tuvo tres hijos: Diego, María (casada en segundas nupcias con el Conde de Barcelona) y Cristina (casada en segundas nupcias con el infante Ramiro de Navarra). Sin embargo el Cid siempre tuvo recelo de que Alfonso estuviera involucrado en el asesinato de Sancho [cita requerida], algo que irritaba a Alfonso.


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Alfonso VI de León y Castilla en una ilustración del siglo XII.

En 1079 fue comisionado por el rey para cobrar las parias (tributos) al rey de Sevilla. Durante esa misión, ganó la batalla de Cabra contra las tropas del rey moro de Granada, a las que acompañaban las de García Ordóñez, en misión similar a la de Díaz de Vivar.

El ataque sufrido por Díaz de Vivar, sin embargo, tuvo una relevancia especial, por cuanto, al parecer, habría sido parte de una maniobra del propio Alfonso VI con el objeto de desequilibrar las fuerzas de los reinos de Taifas en su beneficio. Sin saberlo, la misión de Díaz de Vivar fue en contra de los planes de su rey. Por lo demás, su victoria frente a un noble de buena posición en la corte, García Ordóñez, complicó su situación.

A todo esto se sumó, finalmente, un exceso (aunque no excepcional en la época) de Díaz de Vivar tras repeler una incursión de moros toledanos en 1080: adentrándose, a su vez, en el reino de Taifa toledano, saqueó su zona oriental, que estaba bajo el amparo del rey Alfonso VI.



Primer destierro: al servicio de la Taifa de Zaragoza

Sin descartar la influencia de cortesanos opuestos a Díaz de Vivar en la decisión, todo lo anterior tuvo como consecuencia que el rey incurriera en la «ira regia» y decretase su destierro y el rompimiento de la relación de vasallaje con él. Se dijo que el Cid se quedaba con partes de las parias que se cobraban a los reinos de Taifas.

A finales de 1080 o principios de 1081, Díaz de Vivar partió al destierro e, inmediatamente, buscó un patrono al otro lado de la frontera. Junto con sus vasallos o «mesnada», entró al servicio desde 1081 hasta 1085 del rey de Zaragoza, al-Mutamín, que encomendó al Cid en 1082 una ofensiva contra su hermano, el gobernador de Lérida, Mundir, el cual, aliado con el conde Berenguer Ramón II de Barcelona y el rey de Aragón, Sancho Ramírez, no quería acatar el poder de Zaragoza a la muerte del padre de los dos, Al-Muqtadir, iniciándose por ello las hostilidades.


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Palacio de la Aljafería, residencia de al-Mutamán, a quien sirvió el Campeador entre 1081 y 1086.

La mesnada del Cid reforzó las plazas fuertes de Monzón y Tamarite y derrotó a la coalición, ya con el apoyo del grueso del ejército taifal de Zaragoza, en la batalla de Almenar, donde fue hecho prisionero el conde Ramón Berenguer II. El apoteósico recibimiento de los musulmanes de Zaragoza al Cid al grito de «sīdī» ('mi señor' en árabe) pudo originar el apelativo romanceado de «mio Çid». El otro apelativo que le brindaron los musulmanes fue «el milagro de su Dios».

En 1084 el Cid desempeñaba una misión en el sureste de la taifa zaragozana, atacando Morella. Al-Mundir, señor de Lérida, Tortosa y Denia, vio en peligro sus tierras y recurrió de nuevo a Sancho Ramírez, que le atacó el 14 de agosto de 1084. De nuevo el castellano se alzó con la victoria, reteniendo a dieciséis nobles aragoneses, que al fin liberó tras cobrar su rescate.


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Iglesia de San Miguel (siglo XI) de San Esteban de Gormaz, localidad donde Rodrigo Díaz tenía dominios.



Reconciliación con el rey

La invasión almorávide y la derrota en 1086 de Alfonso VI en la batalla de Sagrajas, fomentaron el acercamiento entre rey y vasallo, a quien se le encargó la defensa de la zona levantina y le concedió varios dominios en tenencia: Dueñas, San Esteban de Gormaz, Langa de Duero y Briviesca


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Estatua del Cid, en Buenos Aires, obra de Anna Hyatt Huntington, inaugurada en Octubre de 1935. El monumento al Cid Campeador, dedicado a Rodrigo Díaz de Vivar, hidalgo y guerrero castellano del Siglo XI, más conocido como el Cid Campeador, se encuentra en el barrio de Caballito de la Ciudad de Buenos Aires. La escultura de bronce sobre basamento de mármol, es obra de Anna Hyatt Huntington, artista estadounidense (1876 - 1973).



Segundo destierro: su intervención en Levante

En 1089 se produjo una nueva disensión con el rey, al llegar tarde las tropas de Díaz de Vivar al sitio de Aledo, lo que le provocó un segundo destierro y ser despojado de las concesiones anteriores e incluso de sus propias heredades. Junto con su mujer Jimena y sus soldados más leales marchó en busca de gloria.

A partir de este momento, planteó su intervención en Levante como una actividad personal y no como una misión por cuenta del rey. En 1090 saqueó la taifa de Denia y después se acercó a Murviedro (hoy Sagunto), provocando el miedo de Al-Qádir en Valencia, que pasó a pagarle tributos. El rey de Lérida, por su parte, pidió ayuda frente a Díaz de Vivar al conde de Barcelona, Berenguer Ramón II, al que derrota en Tévar en 1090. Como consecuencia de estas victorias, se convirtió en la figura más poderosa del oriente de la Península.

Salió victorioso, por la descoordinación de sus enemigos, de una alianza entre castellanos y aragoneses con el fin de apoderarse de Valencia en 1092 y aminorar así su poder. Como represalia, lanzó un ataque sobre La Rioja que obligó a Alfonso VI a volver a su reino. Por lo demás, a estas alturas todo Levante, excepto Zaragoza, pagaba sus parias a Díaz de Vivar.


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Castillo de Murviedro (hoy Sagunto).



Conquista de Valencia

En otoño de 1092 se vio obligado a pensar en el asalto a Valencia, perdida tras la muerte de su protegido por querellas internas entre los moros; puso sitio a la ciudad y, finalmente, entró en ella el 15 de junio de 1094. A partir de ese momento, adoptó el título de príncipe Rodrigo el Campeador, y podría ser este otro (anteriormente fue general en jefe del ejército de la Taifa de Zaragoza, y sus guerreros pudieron muy bien aplicarle el apelativo de meu sidi), el momento cuando se le aplicó el título de Mio Cid, pues fue efectivamente señor de muchas fortalezas de alcaides musulmanes en tierras de Levante.

Establecido ya en Valencia, se alió con Pedro I de Aragón y con Ramón Berenguer III con el propósito de frenar conjuntamente el empuje almorávide. Las alianzas militares se reforzaron con matrimonios. Una hija suya, María, casó con Ramón Berenguer III, y su otra hija, Cristina, con el infante Ramiro Sánchez de Navarra.

A comienzos del año 1097, los almorávides atacaron el territorio valenciano. Pedro I de Aragón acudió en auxilio del Cid y, juntos, vencieron a los musulmanes. Ese mismo año, Rodrigo envió a su único hijo varón, Diego Rodríguez, a luchar junto a Alfonso VI contra los almorávides; las tropas de Alfonso VI fueron derrotadas y Diego perdió la vida en la Batalla de Consuegra.


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Batalla de Cuarte, 21 de octubre de 1094. Los almorávides intentan recuperar Valencia, a la que sitian con cerca de 10.000 combatientes. El Cid decidió, transcurrida una semana de asedio, salir de noche por la puerta de Boatella del sur-sudoeste con el grueso de su mesnada y emboscarse a espaldas de la retaguardia enemiga y el Real almorávide al sur de Cuarte. Un segundo cuerpo de caballería poco numeroso salió al alba por la puerta de la Culebra y avanzó directamente hacia la vanguardia del enemigo, situada al este de Mislata, con el fin de provocar el avance de la caballería almorávide y emprender una rápida retirada que la atrajera hacia Valencia en una maniobra de distracción similar al tornafuye. Con ello se debilitó la cohesión de la formación musulmana que se extendía a lo largo de unos cinco kilómetros entre Cuarte y Valencia. A continuación el Campeador atacó la retaguardia almorávide, produjo la desbandada musulmana, tomó el Real y obtuvo una rápida victoria. Fue la primera derrota del Imperio almorávide ante un ejército cristiano.


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Fachada principal del Monasterio de San Pedro de Cardeña.



Fallecimiento

Su fallecimiento se produjo en Valencia entre mayo y julio de 1099 (según G. Martínez Díez, el 10 de julio) debido a unas fiebres. Regaló su espada Tizona a su sobrino Pedro, junto con quien tantas veces había luchado. Doña Jimena consiguió defender la ciudad con la ayuda de su yerno Ramón Berenguer III durante un tiempo, pero en mayo de 1102, debido a una situación insostenible, con ayuda de Alfonso VI, la familia y gente del Cid abandonó Valencia.

Su muerte se produjo en Valencia, Montaner Frutos se decanta por situarla en mayo, debido a la coincidencia de dos fuentes independientes en datar su deceso en este mes: el Linaje de Rodrigo Díaz por una parte y por otra las crónicas alfonsíes que contienen la estoria del Cid (como la Versión sanchina de la Estoria de España), que recogen datos cuyo origen está en la historia oral o escrita generada en el monasterio de Cardeña. No es impedimento que el monasterio conmemorara en junio el aniversario del Cid, pues es propio de estas celebraciones elegir la fecha del momento de la inhumación del cadáver en lugar de la de su muerte y, de todos modos, el dato lo transmite una fuente tardía de la segunda mitad del siglo XIII o comienzos del XIV.

El Cantar, probablemente en la creencia de que el héroe murió en mayo, precisaría la fecha en la Pascua de Pentecostés con fines literarios y simbólicos.

Su esposa Jimena, convertida en señora de Valencia, consiguió defender la ciudad con la ayuda de su yerno Ramón Berenguer III durante un tiempo, pero en mayo de 1102, ante la imposibilidad de defender el principado, la familia y gente del Cid abandonaron Valencia con la ayuda de Alfonso VI.


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Capilla del Cid. Monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos). San Sisebuto, abad del Monasterio de San Pedro de Cardeña (1056-1081), acogío en su abadía a Doña Jimena e hijas durante el destierro del Cid. Sus restos fueron inhumados en el monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña. Durante la Guerra de la Independencia los soldados franceses profanaron su tumba. Los restos fueron recuperados y, en 1842, trasladados a la capilla de la Casa Consistorial de Burgos. Desde 1921 reposan junto con los de su esposa Doña Jimena en un emplazamiento privilegiado de la Catedral de Burgos.


Rodrigo Díaz fue inhumado en la catedral de Valencia, por lo que no fue voluntad del Campeador ser enterrado en el monasterio de San Pedro de Cardeña, adonde fueron llevados sus restos tras el desalojo cristiano de la capital levantina en 1102.72 En 1808, durante la Guerra de la Independencia, los soldados franceses profanaron su tumba, pero al año siguiente el general Paul Thiébault ordenó depositar sus restos en un mausoleo en el paseo del Espolón, a orillas del río Arlanzón; en 1826 fueron trasladados nuevamente a Cardeña, pero tras la desamortización, en 1842, fueron llevados a la capilla de la Casa Consistorial de Burgos.73 Desde 1921 reposan junto con los de su esposa Doña Jimena en el crucero de la Catedral de Burgos.


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Tumba del Cid y Doña Jimena en el crucero de la Catedral de Burgos.



Sus armas


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Escudo del Cid


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Colada y Tizona, las espadas del Cid


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Tizona, espada del Cid Campeador, conservada actualmente en la catedral de Burgos. La ha comprado la Junta de Castilla y León a su antiguo dueño, el marqués de Falces por la 'friolera' de 1,6 millones de euros. Será depositada junto a los restos del Cid, en la catedral de Burgos.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/238...D-15&xts=467263




El Cid en las artes y en la cultura popular


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Las hijas del Cid de Dióscoro Teófilo Puebla. 1871. Óleo sobre lienzo, 231 x 308 cm. Museo del Prado


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Las hijas del Cid de Ignacio Pinazo. 1879. Óleo sobre lienzo. 187 x 124 cm. Diputación Provincial. Valencia


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Las hijas del Cid abandonadas por los Condes de Carrión de Henarejos Domingo Valdivieso y Fernán


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«El Cid Campeador lanceando otro toro», 1816, por Francisco de Goya, grabado n.º 11 de La tauromaquia




El Cid en la literatura


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Disponemos de una crónica en latín, la Historia Roderici, que es la fuente más fiel de la vida del Cid, y fue escrita en la segunda mitad del siglo XII. Junto a los testimonios de historiadores árabes, que tenían un concepto de la historiografía más científico, es la principal fuente de nuestros conocimientos sobre el Cid histórico.


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En cuanto a literatura, Rodrigo Díaz de Vivar fue ya en vida objeto de obras literarias que ensalzaban su figura. Sus hazañas causaron admiración en sus contemporáneos cultos y eruditos, como lo demuestra el Carmen Campidoctoris, himno latino escrito en poco más de un centenar de versos sáficos en la segunda mitad del siglo XII que cantan al Campeador como se hacía con los héroes y atletas clásicos grecolatinos.

Por esta misma época, iban tomando forma en las voces del pueblo los cantares de gesta, del que se conserva el Cantar de mio Cid escrito entre 1195 y 1207 por un autor culto, letrado de la zona de Burgos y con conocimientos de derecho, referido a los hechos de la última parte de su vida (destierro de Castilla, luchas con el conde de Barcelona, conquista de Valencia), convenientemente recreados.


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Casa del Cid. Zamora

Entre los testimonios legendarios que se desarrollaron a la muerte del Cid en torno al monasterio de san Pedro de Cardeña está el utilizar a dos espadas con nombres propios, la llamada Colada y la Tizona, que según la leyenda era perteneciente a un rey de Marruecos y hecha en Córdoba. Ya desde el Cantar de mio Cid (solo cien años desde su muerte) figuran en la tradición los nombres de sus espadas y de su caballo, Babieca.

A partir del siglo XIV se va perpetuando una leyenda del Cid en las crónicas y sobre todo en los romances cidianos del romancero. Hasta el siglo XIV fue fabulada su vida en forma de epopeya, pero cada vez con más atención a su juventud imaginada con mucha libertad creadora, como se puede observar en las tardías Mocedades de Rodrigo, en que se relata como en su juventud se lanza a invadir Francia y a eclipsar las hazañas de las chansons de geste francesas. Las nuevas composiciones le dibujaban un carácter altivo muy del gusto de la época pero contradictorio con el estilo mesurado y prudente del Cantar de mio Cid. Su juventud y sus amores con Jimena fueron también objeto de tratamiento por parte del romancero.


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Monumento dedicado al Cid. Balboa Park, San Diego, California. USA

En el siglo XVI, además de continuar con la tradición poética de elaborar romances artísticos, le fueron dedicadas varias obras teatrales de gran éxito, generalmente inspiradas en el propio romancero. En 1579 Juan de la Cueva escribió la comedia La muerte del rey don Sancho, basada en la gesta del cerco de Zamora. Iguamente hizo Lope de Vega en Las almenas de Toro y la más importante expresión teatral basada en el Cid: Las mocedades del Cid y Las hazañas del Cid (1618), de Guillén de Castro. Corneille se basó en la obra de Guillén de Castro para componer Le Cid (1636), una obra clásica del teatro francés. Los románticos recogieron con entusiasmo la figura del Cid siguiendo siempre el romancero: por ejemplo, La jura de Santa Gadea, de Hartzenbusch y La leyenda del Cid, de Zorrilla. Además el novelista por entregas Manuel Fernández y González escribió una novela basada en sus aventuras y sus leyendas llamada El Cid, y Ramón Ortega y Frías escribió una novela por entregas con el mismo tema en la misma época.

Fuera del teatro y ya en el siglo XX, cabe destacar las versiones poéticas modernas del Cantar de mio Cid que realizaron Pedro Salinas, en verso, y Camilo José Cela. Las ediciones críticas más recientes del Cantar, han devuelto la frescura y belleza a estos viejos versos; así, la más autorizada actualmente es la de Alberto Montaner Frutos que fue editada en 2000 para la colección «Biblioteca Clásica» de la editorial Crítica.

Fuera de revisiones poéticas, existe una de las magnas obras del poeta y mago chileno Vicente Huidobro, que en 1929 publica La hazaña del Mío Cid, que como el mismo se encarga de señalar, es una «novela escrita por un poeta», lectura obligada para los devotos del Campidoctor.

A mediados del siglo XX, el actor Luis Escobar hizo una adaptación de Las mocedades del Cid para el teatro, titulada El amor es un potro desbocado; en los ochenta José Luis Olaizola publicó el ensayo El Cid el último héroe, y en el año 2000 el catedrático de historia y novelista José Luis Corral escribió una novela desmitificadora sobre el personaje titulada El Cid. En 2007 Agustín Sánchez Aguilar publicó la leyenda del Cid, adaptándola a un lenguaje más actual, pero sin olvidar la épica de las hazañas del caballero castellano.



Cantar de mio Cid


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Portada Cantar del Mío Cid

El Cantar de mio Cid es un cantar de gesta anónimo que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar. Se trata de la primera obra narrativa extensa de la literatura española en una lengua romance.

El poema consta de 3.735 versos anisosilábicos de extensión variable, aunque dominan versos de 14 a 16 sílabas métricas. Los versos del Cantar de mio Cid están divididos en dos hemistiquios separados por cesura. La longitud de cada hemistiquio es de 4 a 13 sílabas, y se considera unidad mínima de la prosodia del Cantar. No hay división en estrofas, y los versos se agrupan en tiradas, es decir series de versos con una misma rima asonante.

Está escrito en castellano medieval y compuesto alrededor del año 1200 (fechas post quem y ante quem: 1195–1207). Se desconoce el título original, aunque probablemente se llamaría gesta o cantar, términos con los que el autor describe su obra en los versos 1.085 y 2.276, respectivamente.


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Reproducción del primer folio del manuscrito del Cantar de mio Cid conservado en la Biblioteca Nacional de España

El Cantar de mio Cid es el único conservado casi completo de su género en la literatura española y alcanza un gran valor literario por la maestría de su estilo. Los cuatro textos épicos conservados, además del que nos ocupa, son las Mocedades de Rodrigo —circa 1360—, con 1700 versos, Cantar de Roncesvalles —ca. 1270— (fragmento de unos 100 versos) y una corta inscripción de un templo románico, conocida como Epitafio épico del Cid —¿ca. 1400?—). Del texto que aquí nos ocupa solo se ha perdido la primera hoja del original y otras dos en el interior del códice, pero su contenido puede ser deducido de las prosificaciones cronísticas, en especial de la Crónica de veinte reyes.

Información completa en: http://es.wikipedia.org/wiki/Cantar_de_mio_Cid




El Cid en la Catedral de Burgos


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Tumba del Cid. Catedral de Burgos. Bajo la cúpula del Crucero de la Catedral de Burgos se encuentra desde 1921 el sepulcro del Cid y su esposa Jimena, ya que antes sus restos se encontraban en el Monasterio de San Pedro de Cardeña.

El crucero está flanqueado por dos rejas del siglo XVIII forjadas por proyecto de fray Pedro Martínez, el mismo que diseñó los púlpitos. En el suelo, justo debajo del cimborrio, una simple losa de mármol con inscripción que no le hace justicia, anuncia el sepulcro del Cid Campeador y Doña Jimena. Se encuentran aquí sepultados desde 1921, ya que antes sus restos se encontraban en el Monasterio de San Pedro de Cardeña.


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Crucero de la Catedral de Burgos. Si miramos hacia arriba, quedaremos extasiados al contemplar el interior del cimborrio. Justo debajo está la tumba del Cid


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El Cofre del Cid, en la Capilla del Corpus Christi. Catedral de Burgos

En la zona sur del claustro alto se encuentra esta capilla del Corpus Christi con una bella portada gótica de arco ojival, cuyo tímpano está decorado con un relieve donde aparece un Cristo Juez rodeado por cuatro ángeles portando los símbolos de la Pasión y acompañado de la Virgen y San Juan, mientras que en el dintel aparecen los mecenas de la capilla arrodillados junto al escudo. Dentro se encuentra la escalera que da acceso al Archivo y en frente, en el muro, el Cofre del Cid entre dos escudos de Castilla, arcón medieval que según la tradición, fue empleado por el héroe para engañar a los judíos de Burgos, pero que estuvo destinado para guardar los documentos del cabildo.


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Estatua de El Cid en la cabecera del puente de San Pablo, en Burgos



Ciclo cidiano

El Ciclo cidiano es un conjunto de ocho esculturas realizadas por Joaquín Lucarini y colocadas en el puente de San Pablo, en la ciudad de Burgos.

En 1953 se convocó un concurso nacional de escultura, en el que un jurado, formado entre otros por Chueca Goitia, eligió al Lucarini para la realización de las esculturas. Las obras fueron realizadas entre los años 1953 y 1955, cumpliendo el requisito del concurso de que fueran de tres metros de altura. Las estatuas servirían para enmarcar la realizada años antes en bronce con la figura de El Cid y que está colocada en la cabecera del puente. Fueron realizadas en piedra de Hontoria.

Las figuras elegidas fueron las siguientes:

- Doña Jimena. Esposa del Cid. Se la representa con dos palomas en el hombro, símbolo de sus dos hijas María y Cristina.

- Don Diego Rodríguez, único hijo varón del Cid, muerto prematuramente.

- San Sisebuto, el abad más importante que tuvo a lo largo de su historia el monasterio de San Pedro de Cardeña. Paradójicamente, este personaje no es citado en el cantar de Mío Cid.

-Jerónimo de Perigord, clérigo que en el cantar acompaña al Cid y recibe en premio el obispado de Valencia, al igual que sucedió en la historia.

-Martín Antolínez, ilustre burgalés, amigo de Rodrigo y protagonista en el cantar de la artimaña del cofre.

-Álvar Fáñez, sobrino y hombre de confianza del Campeador.

-Martín Muñoz, conde de Coímbra de 1091 a 1093.

-Ben Galbón, alcalde de Molina de Aragón y amigo del Campeador.


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Estatua de Álvar Fáñez, obra de Joaquín Lucarini


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Escultura de doña Jimena, obra de Joaquín de Lucarini


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Estatua de Ben Galbón, obra de Joaquín Lucarini


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Estatua de Joaquñín de Lucarini representando a Diego Rodríguez


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Estatua de don Jerónimo obra de Joaquín Lucarini


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Estatua de Martín Muñoz obra de Joaquín Lucarini


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Estatua de San Sisebuto obra de Joaquín Lucarini


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Estatua de Martín Antolínez obra de Joaquín Lucarini

En 1954 se convocó un nuevo concurso, esta vez con el encargo de esculpir en bronce ocho relieves que narraran diferentes pasajes del poema de Mío Cid. Lucarini ganó de nuevo el concurso. A pesar de haber completado el trabajo, los relieves nunca llegaron a ubicarse en el puente.



El Cid en el cine y la televisión


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En 1961 se estrenó la versión cinematográfica más popular del Cid. Fue dirigida por Anthony Mann y protagonizada por Sophia Loren y Charlton Heston. La película, producida por Samuel Bronston, se rodó en España.


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Rodaje de la película en el Castillo de Belmonte (Cuenca)

Más Info: http://es.wikipedia.org/wiki/El_Cid_(pel%C3%ADcula)


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Ver película: http://www.youtube.com/watch?v=v5e1L5ocXUw


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Charlton Heston como El Cid, 1961


En 1910 El Cid de Mario Casarini basado en la obra de Pierre Corneille.

En 1962 se realizó una coproducción hispano-italiana llamada Las hijas del Cid, dirigida por Miguel Iglesias.

En 1973, en un Estudio 1 se realizó una adaptación de El amor es un potro desbocado, donde Emilio Gutiérrez Caba hacía el papel del Cid, y Maribel Martín el de doña Jimena.

En 1980 se estrena en TVE la serie de animación Ruy, el pequeño Cid, donde se relatan las imaginarias aventuras de un Cid niño.

En 1983 se realizó en España una parodia sobre la vida del Cid llamada El Cid cabreador dirigida por Juan José Millán en la que el papel del protagonista estaba interpretado por Ángel Cristo y el de doña Jimena por Carmen Maura.


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El Cid la leyenda. Película de Filmax Animation

En 2003 se realizó una película animada llamada El Cid: La leyenda.



El Cid en la ópera  

La historia del Cid fue adaptada para la ópera en cuatro actos por los libretistas Adolphe-Philippe D'Ennery, Edouard Blau y Louis Gallet basándose en la obra de Pierre Corneille y compuesta por el músico Jules Massenet.

Claude Debussy comenzó a poner música a un libreto de Catulle Mendès titulado Rodrigue et Chimène y trabajó en él entre 1890 y 1893, pero no concluyó la obra y la abandonó por otros proyectos.



Libro recomendado


El Cid

En esta novela se recrean con escrupuloso realismo los paisajes, castillos, palacios, aldeas y ciudades que constituyeron el escenario de las gestas del guerrero castellano y de sus huestes. Todos los personajes, a excepción del narrador, son históricos y todos vivieron junto al Campeador esa decisiva época.

Rodrigo Díaz de Vivar vive aquí en su propio tiempo, lejos del encumbramiento a que fuera alzado por la leyenda y la tradición más rancia, pero también ajeno a las nuevas modas que lo tildan de mercenario sin escrúpulos dispuesto a venderse al mejor postor.  La historia del Cid novelada, muy recomendable y amena de leer.


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El Cid de José Luis Corral, enlace: http://www.hislibris.com/?p=663



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Monumento al Cid en Burgos, inaugurado en 1955. La estatua ecuestre de bronce fue esculpida por Juan Cristóbal González Quesada (1897–1961).



Pues esto es todo amigos, espero que este trabajo recopilatorio dedicado al Cid, el caballero más ilustre que ha dado España, os haya gustado y despertado el interés histórico que sin duda tiene este gran personaje.



Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, biografiasyvidas.com, tallereando.tripod.com, librodearena.com, viajesenelobjetivo.comesacademic.com, plumasdecaballo, adufilms.com, lafabricaroja.com, static.panoramio.com, diversergio.blogspot.com, burgospedia1.wordpress.com, propias y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: El Cid Campeador 
 
La herencia del cid se resuelve en los tribunales casi diez siglos después de su muerte

Condenan al marqués de Falces a pagar 750.000 euros por vender la Tizona, la espada del Cid



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Detalle de la empuñadura de la Tizona, la mítica espada del Cid Campeador

Condenan al marqués de Falces a pagar 750.000 euros por vender la Tizona, la espada del Cid. Los herederos de su tío recibirán la mitad de los 1,6 millones de euros que cobró en 2007 por su venta

El marqués de Falces, José Ramón Suárez de Otero, ha sido condenado a pagar 750.000 euros a los herederos de su tío, Pedro Velluti, que corresponde a la mitad de lo que cobró en 2007 por la venta de la Tizona, la espada del Cid Campeador.

La sentencia, dictada por el juzgado de primera instancia 72 de Madrid, da la razón a la familia, que reclamaba esta cantidad por considerarse propietaria de la mitad de la Tizona.

Los herederos actuales de Pedro Velluti son las tres hijas de Salustiano Fernández Suárez, un pescador de Luarca (Asturias), y su esposa, Jacinta Méndez.

El marqués de Falces, Pedro Velluti Murga, fue cuidado por este matrimonio asturiano durante cerca de treinta años, los últimos diez en Gijón, donde falleció en 1986.

El marqués, que era invidente y soltero, les hizo herederos universales tras haber sufrido el abandono de su única hermana.
La Tizona, en el Museo del Ejército

Entre esos bienes estaba la espada del Cid, depositada por la firma conjunta de Pedro Velluti y su hermana Olga desde los años setenta en el Museo del Ejército de Madrid.

Cuando el título de marqués de Falces pasó a un sobrino de Pedro Velluti, José Ramón Suárez de Otero, éste realizó gestiones para vender la espada a algún organismo oficial español. En ese momento la familia de los cuidadores del marqués se enteró de que la espada era parte del legado familiar y de que podía tener un valor elevado.

La venta de la Tizona se llevó a cabo, finalmente, en 2007 por 1,6 millones de euros.

La Junta de Castilla y León, con capital aportado por empresarios de Burgos, adquirió por esa cantidad la espada al actual marqués de Falces, y el asunto llegó en noviembre a los juzgados madrileños, donde la familia asturiana reclamó y ahora ha obtenido la mitad de ese dinero, 750.000 euros.

Contra la sentencia cabe recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Madrid.


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La Tizona, la mítica espada del Cid Campeador. Ver vídeo

La herencia del cid se ha resuelto en los tribunales casi diez siglos después de su muerte. Un tribunal ordena a sus herederos compartir el millón y medio de euros que se embolsó uno de ellos al vender la Tizona, la mítica espada de Rodrigo Díaz de Vivar. Esta historia viene de largo, casi tanto como la envergadura de su protagonista esta espada que se ha conservado como la Tizona, que desenfundaba el Cid Campeador, y que según la leyenda su fuerza variaba según quien la esgrimiese. Y esgrimirla han querido hasta nuestros días dos familias que han peleado por ella en los tribunales. Hoy la Audiencia de Madrid les ha dado la razón y el marques les deberá dar la mitad del dinero que cobró por ella. De momento la Tizona seguirá en el museo de Burgos ajena a la última batalla.



Fuentes: rtve.es / abc.es
 




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Mensaje Re: El Cid Campeador 
 
Un traje para el Cid Campeador


La artista polaca Olek cubre de croché la estatua ecuestre de Rodrigo Díaz de Vivar en Sevilla



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La artista Olek cubriendo de croché la estatua del Cid. / Julián Rojas

A Agata Oleksiak (Polonia, 1978) no le enseñó a hacer croché su abuela, aprendió ella misma fruto de un deseo incontrolable de expresarse como artista a través de la lana. Olek, como se hace llamar esta singular creadora, se instaló en Nueva York en 2001 y encontró su lenguaje, el ganchillo, en 2003. Desde entonces ha ido por el mundo vistiendo esculturas, mobiliario urbano, habitaciones completas e, incluso, un tren entero, como hizo en Polonia. La artista llegó a Sevilla a principios de octubre para preparar in situ la exposición Santa Agatha, la torera, de la que forma parte el traje que ha creado a medida para el Cid Campeador y que ella misma le colocó este jueves a la escultura ecuestre de bronce que recuerda al héroe en el Prado de San Sebastián de Sevilla. La muestra, la primera individual que presenta en España, se inaugurará el 7 de noviembre en la galería Delimbo, un espacio dedicado en exclusiva al arte urbano y que ha financiado el nuevo traje de Rodrigo Díaz de Vivar.

Poco después del mediodía, Olek se quitó una chaqueta de inspiración torera con motivos de croché sobre los hombros y subió a una grúa desde la que comenzó a vestir al Cid. Rosas, morados, naranjas, verdes y rojos se mezclan sin complejos en cuatro grandes cajas de cartón. La artista, con una carrera meteórica que la ha llevado en poco más de una década a exponer en el Smithsonian de Washington o a participar en la Bienal Internacional de Turquía, se encaramó al bronce cargada con sus creaciones de lana con dibujos geométricos y comenzó su tarea.

"Vine por primera vez a Sevilla en agosto y me encantó la ciudad. Siempre me gusta conocer antes las ciudades en las que voy a exponer. Me cautivó la leyenda del Cid, especialmente la historia de que cuando agonizaba le hiciera prometer a su mujer que aunque fuese muerto, le enviaría a la batalla atado a su caballo. Es algo parecido a lo que nos ocurre a los artistas, nuestra obra  nos sobrevive", comentó este jueves Olek, quien ha trabajado durante todo octubre ayudada por un grupo de voluntarios para confeccionar todas las obras que presenta en Sevilla.

La artista presenta 'Santa Agatha, la torera', su primera muestra individual en España

Con lanas procedentes de Polonia, Reino Unido, Estados Unidos y España Olek ha confeccionado un traje para la escultura que Anna Hyatt Huntington regaló a Sevilla en 1927, cuando la ciudad se preparaba para celebrar la Exposición Iberoamericana de 1929, y que fue restaurado hace un año por el estudio sevillano Metis. La intervención, que ha cubierto también al caballo Babieca, se ha realizado durante ocho horas y podrá verse hasta el 12 de noviembre. Se trata de la segunda obra urbana que Olek presenta en España, la primera consistió en cubrir la escultura del gato de Fernando Botero en la Rambla del Raval, en Barcelona.

Olek, quien asegura que aprendió sola el arte del croché y es ella la que le hace jerséis a su abuela y no viceversa, barajó también las esculturas de San Fernando, en Plaza Nueva, y de la condesa de Barcelona, a las puertas de la plaza de toros de la Maestranza; pero, finalmente, se dejó cautivar por la historia del Cid Campeador. "Intervenciones como esta son necesarias en la ciudad", apuntó este jueves Benito Navarrete, director de Infraestructuras Culturales y Patrimonio del ICAS, del Ayuntamiento de Sevilla.

Santa Agatha, la torera, que podrá verse hasta el 1 de febrero en la galería Delimbo, reúne instalaciones, cuadros y esculturas todo realizado en croché. La artista ha partido de algunas tradiciones españolas para desplegar su pensamiento feminista en cuadros en los que puede leerse (en inglés) frases como: "El remordimiento dura para siempre", "El miedo es solo temporal" o "El camino más rápido al corazón de un hombre es abrir un agujero entre sus costillas".


ccaa.elpais.com
 




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Mensaje Re: El Cid Campeador 
 
Tizona’ guerrea en los juzgados


La Audiencia de Madrid rechaza un recurso del vendedor de la legendaria espada del Cid

El pleito está ahora a las puertas del Supremo




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En 1998 un equipo de científicos de la Facultad de Químicas de la Universidad Complutense estudió la Tizona, según la tradición de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, y determinó que se trataba de una pieza del siglo XI. / manuel escalera

Tizona, la legendaria espada que blandiera en sus correrías por tierras castellanas y feudos agarenos Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador (1048-1099), parece haber despertado estos días de su sueño de nueve siglos. Lo ha hecho desatando pasiones, mientras recorre un nuevo tramo de un intrincado trayecto testamentario de una década, que parecía no concluir nunca y que ahora, presumiblemente, llega a su fase final. Todo ello cuando persisten, aún, dudas sobre si el arma perteneció o no al caballero castellano. Algunos medievalistas señalan que se trata de un tipo de espada, no de una pieza singular, como lo fuera la célebre Colada del noble de Vivar.

Cuentan las crónicas que Tizona, acero del 93 centímetros de longitud, 4,5 de anchura, con lema mariano inscrito en su filo y un acanalado central para introducir aire en el estoqueado y acelerar su muerte, surgió de fraguas sevillanas en la Alta Edad Media durante el reinando en Castilla de Alfonso VI, a finales del siglo XI. Tras ser ceñida y blandida por Rodrigo Díaz hasta su muerte en Valencia, el arma llegó a las armerías reales de Aragón de la mano de la hija del Campeador, Cristina Elvira, emparentada con los condes catalanes.

Ya en el siglo XV, el rey Fernando, que cobraría universal nombradía con el apodo de El Católico, tras desposar con Isabel de Castilla, quiso agradecer a Pierres de Peralta el Joven —Marqués de Falces del reino de Navarra a la sazón aliado con Francia— sus decisivas negociaciones para facilitar dos metas cruciales: la regia coyunda de Fernando de Aragón con Isabel I de Castilla y el logro de la estratégica incorporación del reino de Navarra a la corona fernandina. Por todo ello, el rey Fernando de Aragón decidió hacerle a Peralta —que asesinó a un obispo pamplonés adversario de Fernando— un regalo especialísimo: el de aquella espada bañada por el mito de su dueño burgalés.

Los Peralta incorporaron la Tizona a sus bienes y pasó de unas manos a otras siguiendo, más o menos, el rumbo vital de su linaje. No obstante, ya entrado el siglo XX, la espada va a dar por herencia a una dama, Pilar de Dueñas, quien, sin ser marquesa de Falces, decide asociar el marquesado a la tenencia del arma. En 1985 el fierro llega notarialmente a Pedro Velluti, XV Marqués de Falces, y a su hermana Olga, por herencia de Pilar de Dueñas. Pedro muere dos años después sin descendencia y el título pasa a Olga Velluti.

Ella transmite el título del XVI marquesado de Falces a su hijo, José Ramón Suárez del Otero, y también le lega la mitad indivisa de la Tizona, que recupera, pues desde el 12 de julio de 1944 permanecía depositada y exhibida al público en cesión decidida por el padre de Pedro en el antiguo Museo del Ejército de Madrid, junto al Casón del Buen Retiro. Pero en su testamento, rubricado poco antes de su muerte en 1987, Pedro Velluti, que era ciego desde muy temprana edad, designaba herederos universales suyos a dos cuidadores, Salustiano Fernández y Jacinta Méndez, que se volcaron en atenciones hacia su persona durante la vida y la enfermedad que le llevaría a la muerte. Salustiano y Jacinta, fallecidos en 2002 y 2009, habían recibido en herencia la mitad de la espada Tizona, que en testamento cedieron a sus tres hijas, Mercedes, Olga y Ana, si bien Ana no reclamó su parte.

No obstante, desconociendo, ignorando o desdeñando la cotitularidad de la Tizona, sin consultar a la contraparte y pese a ser tan solo copropietario de ella, Suárez del Otero decide venderla a un consorcio de una decena de empresas inmobiliarias de Segovia, Cuéllar, Lerma y Burgos, todas ellas castellano-leonesas, que se la compran por 1.500.000 euros en el año 2008. El preciado acero, cedido a la Junta de Castilla y León, reposa desde entonces sobre un mullido lecho de terciopelo rojo en el silencioso interior de una vitrina del Museo de Burgos, donde permanece así exhibida al público.

Tras demandar a José Ramón Suárez del Otero, Mercedes y Olga Fernández Méndez ganaron la impugnación contra la venta del heredero de Falces, al que reclaman el valor transformado en precio de la mitad indivisa de la Tizona que sus padres les habían transmitido en herencia.

Es precisamente en estos días cuando, en contra del fallo del juzgado 72 de Instrucción de Madrid favorable a las dos hermanas, el recurso en contra de aquel fallo presentado en 2012 por el vendedor de la espada ha sido desestimado por la Audiencia Provincial Civil de Madrid. El vendedor tenía 20 días para recurrir al Tribunal Supremo —sus representantes legales han presentado un escrito sobre faltas formales en el texto, que prolongará tal plazo—, y de no prosperar tal recurso, deberá abonar no solo las costas procesales, sino los intereses generados por los 750.000 euros —la mitad del precio de la venta— que corresponden a las herederas de los cuidadores Jacinta y Salustiano. “Nosotros no hemos ido contra la venta de la Tizona, sino que reclamamos en su día —y la sentencia nos dio la razón— la mitad del precio pagado por ella”, explica José Manuel García Mayo, portavoz de la familia Fernández Méndez. José Ramón Suárez del Otero pasa buena parte del año en el extranjero, en ocasiones en Israel, lo cual dificulta establecer relación, siquiera telefónica, con él. Tampoco ha sido posible hacerlo con su abogado, Javier Ruiz.

elpais.com
 




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