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Grand Palais (París, Francia)
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Este trabajo esta dedicado al Grand Palais de París. El "Grand Palais des Champs-Elysées" forma parte de una de las zonas más monumentales de París, está junto al Petit Palais y el Puente de Alejandro III, este Palacio es una obra artística en sí mismo, y una de las visitas obligadas de la capital francesa. Recientemente rehabilitado, se viene utilizando como museo para realizar grandes exposiciones temporales.

 
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Vista del conjunto monumental formado por el Grand Palais, el Petit Palais y el Puente Alejandro III, desde la torre Eiffel.

En el año 1897 se inició la construcción de un gran edificio destinado a albergar la Exposición Universal de 1900. Varios arquitectos trabajaron en el proyecto, que se desarrolló en el mismo lugar en el que anteriormente se erigía el Palacio de la Industria, edificado para la Exposición de 1855.

El Grand Palais, fue declarado Monumento histórico en el año 2000, este monumental edificio es fácilmente distinguible debido a la arquitectura de estilo Beaux-Arts gestada por la Escuela de Bellas Artes de París, cuenta con las fachadas de piedra magníficamente ornamentadas y cristales que dejan ver el hierro de su estructura son sus rasgos característicos.

También en este trabajo mostraré el Petit Palais, es otro palacio -más pequeño- que tiene su propio encanto. Como el Grand Palais, fue construido para la Exposición Universal de 1900. Es obra de Charles Girault.

El Petit Palais es la sede del Museo de Bellas Artes de la villa de París, muestra principalmente las tendencias del arte francés entre 1880 y 1914, pero también incluye pinturas flamencas y holandesas del XVII, iconos eslavos y obras griegas y romanas.

Espero que os guste la recopilación que he realizado de estos preciosos palacios parisinos.




GRAND PALAIS DE PARÍS

El Grand Palais des Beaux-Arts, también llamado Grand Palais des Champs-Elysées y popularmente conocido como Grand Palais, (en español «Gran Palacio de las Bellas Artes» o «Gran Palacio»), es un edificio singular de la ciudad de París, situado en los Campos Elíseos, en el VIII arrondissement, conformando un entorno monumental conjuntamente con el Petit Palais y el Puente Alejandro III.


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Vista del Puente Alejandro III con el Gran Palacio al fondo.

El Grand Palais comenzó a construirse en 1897 para albergar la Exposición Universal de 1900 celebrada del 15 de abril al 12 de noviembre del mismo año, tras un complejo proceso de gestación en el que participaron varios arquitectos,1 en el mismo lugar donde se emplazaba previamente el Palacio de la Industria, realizado para la Exposición de 1855.

Destacado por el estilo ecléctico de su arquitectura, denominado estilo Beaux-Arts característico de la Escuela de Bellas Artes de París, el edificio refleja el gusto por la rica decoración y ornamentación en sus fachadas en piedra, el formalismo de su planta y realizaciones hasta entonces novedosas como el gran acristalamiento de su cubierta, su estructura de hierro y acero vista, y el uso del hormigón armado.

Como proclama uno de sus frontones, el Grand Palais fue concebido como Monument consacré par la République à la gloire de l’art français, «Monumento consagrado por la República a la gloria del arte francés», sirviendo como lugar de las manifestaciones oficiales de la III República Francesa y símbolo del gusto de una parte de la sociedad de la época. Con el curso del tiempo y la decadencia del estilo Beaux-Arts, el Gran Palacio fue destinado progresivamente a usos diversos como centro para salones técnicos y de exposiciones comerciales de los sectores del automóvil, de la aeronáutica, de las ciencias o del deporte, convirtiéndose en testigo de la evolución del arte moderno y de los avances de la civilización durante el siglo XX.

Desde 1937 alberga el Grand Palais de la découverte destinado a las ciencias aplicadas y desde 1964, las Galeries nationales du Grand Palais para la exposición de colecciones provenientes de museos nacionales franceses.

Edificado sobre un terreno inestable que afectó con el tiempo a su estructura, a término de la prologada y costosa restauración emprendida en los años 1990, su nave central fue reabierta en 2005 para la celebración de salones y exposiciones temporales variadas.

El 12 de junio de 1975, la nave central del edificio fue catalogada como Monumento histórico, clasificación que se extendió el 6 de noviembre de 2000 a la totalidad de los 40.000 m² del Grand Palais.

El Grand Palais albergó el 13 de julio de 2008 la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno fundacional de la Unión por el Mediterráneo. En la imagen vemos el balcón interior.


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Vista de la cubierta del «Gran Palacio» y de su bóveda acristalada que se eleva a 60 m de altura.

 
HISTORIA DEL GRAND PALAIS DE PARÍS


Concepción del proyecto


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Aspecto del Grand Palais el año de su inauguración, tarjeta postal de 1900.

Tras la decisión tomada por el gobierno francés en 1892 de organizar una nueva exposición universal en 1900, la comisión preparatoria de la misma recomendó la demolición del Palacio de la Industria, construido en 1855, y la edificación de un nuevo edificio que mejorara el entorno urbanístico de la explanada donde tendría lugar el evento, de manera que pudiera abrirse una amplia vía que enlazara en perspectiva el eje de la plaza de los Inválidos con la avenida de los Campos Elíseos. Una vez redactado el plan, por decreto de 22 de abril de 1896 se decidió la organización de un concurso de ideas entre arquitectos para su diseño,7 pero contrariamente a lo previsto para las edificaciones de la Ópera Garnier, en 1875, o la del antiguo palacio del Trocadero, en 1878, el concurso no tuvo carácter internacional y se reservó únicamente a la participación de arquitectos de nacionalidad francesa.

Tras un agrio debate entre los organizadores, la prensa y el gran público, no se pudo elegir a un único ganador, por lo que fue seleccionado un equipo de cuatro arquitectos para que realizaran una síntesis de sus propuestas y consensuaran un proyecto común. La dirección general se encargó a Charles-Louis Girault, mientras que los otros tres arquitectos, Deglane, Louvet y Thomas se especializaron cada uno en la construcción de las diferentes secciones del edificio:

· Charles-Louis Girault (Cosne-Cours-sur-Loire, 1851 - † París, 1932): Encargado de la dirección general de la obra, supervisó la puesta a punto definitiva de los planos. Debió asegurar, al mismo tiempo, la maestría de la obra del Petit Palais, después convertido en el Museo de Bellas Artes de París.

· Henri-Adolphe-Auguste Deglane (París, 1855 - † París, 1931): Fue el encargado de la realización de las naves norte y meridional, de la nave mayor y de su parte transversal, llamada «paddock», de las fachadas y decorado con frisos y mosaicos, que lo rodean, y en particular de la entrada principal y el peristilo situado a ambos lados de la «nueva avenida», futura avenida Nicolás II, después llamada Winston Churchill.

· Albert-Félix-Théophile Thomas (Marsella, 1847 - † París, 1907): Llevó a cabo la construcción del ala oeste, el «Palacio de Antin» y las elevaciones correspondientes sobre la avenida de Antin, la futura avenida Víctor Manuel III, bautizada más tarde como avenida Franklin Delano Roosevelt.

· Louis-Albert Louvet (París, 1860 - † París, 1936): Autor del plano, tuvo la responsabilidad de edificar la sección central, que conecta de manera simétrica las obras de Deglane y Thomas, incluyendo el «Salón de honor». En coordinación con Deglane, participó también en la gran escalera de honor y la decoración de la pared del fondo del «paddock».


Trabajos de construcción

Los trabajos de construcción comenzaron en la primavera de 1897 con la demolición progresiva del Palacio de la Industria, que desapareció definitivamente en 1899, al tiempo que tres equipos elegidos por cada arquitecto avanzaban según cada plan de obra a su ritmo y saber.

La obra, para la que se llegó a movilizar hasta 1.500 obreros, aplicó nuevas técnicas de construcción como el uso del hormigón armado según un sistema patentado en 1892 por François Hennebique, junto a un despliegue de medios considerables para la época: pilonadoras a vapor para la cimentación, vías férreas para el transporte del material, máquinas de vapor para las dinamos de accionamiento de sierras de corte, un puente grúa para el manejo de los grandes bloques, raíles interiores, andamios móviles o una rampa desde la ribera del Sena para la aproximación de las barcazas de cantera. La propia Exposición destacó las habilidades técnicas de la sociedad Moisant-Laurent-Savey que sirvieron para la parte móvil metálica de manutención desplegada a los lados de los Campos Elíseos y de la avenida de Antin, mientras que también alabó las de la empresa Moisant encargada de la carpintería en hierro y acero de la gran escalera de honor diseñada por Louvet.

Las características heterogéneas del suelo, duro en el lado norte, donde se encontraba el Palacio de la Industria, pero de mala calidad en el lado sur, sobre aluviones del Sena, provocaron un retraso de 8 meses sobre el plan original, requiriendo una obra de cimentación dificultosa que necesitó el uso de 3.400 pilotes de roble, de 25 a 35 cm de diámetro, que perforaron hasta 12 metros de profundidad el suelo basal calcáreo.

Para los muros se aplicó la técnica de doble pared, una hoja exterior de cantería, constituida por bloques de piedra provenientes de diversos yacimientos de toda Francia, y una hoja interior, en fábrica de ladrillo y mampostería. Por su parte, la carpintería metálica se fue montando, contrariamente a la práctica habitual, sin juntas de dilatación y apenas terminados los trabajos de albañilería, a la que siguieron los trabajos de decoración por artistas seleccionados por cada equipo de arquitectos.

Al término del plazo de ejecución de la obra, se había conformando una estructura para la que se empleó 8.500 toneladas de material, 500 más que las requeridas para la Torre Eiffel y 2.000 menos que las de la Estación de Orsay, sin embargo, el día de la inauguración algunas secciones interiores estaban todavía sin terminar.

La construcción del Grand Palais de París tuvo un coste total de 24 millones de francos de la época, de los cuales, como destacaba la guía de la Exposición, 300.000 francos se habían destinado únicamente a los importantes grupos escultóricos de las cuadrigas de Récipon.

Las dificultades del terreno volverían a la actualidad poco después, cuando Alfred Picard, comisario general de la exposición, publicó un informe en 1903 donde advertía la existencia de problemas estructurales en el edificio, como consecuencia probable del descenso del nivel de la capa freática, lo que provocaría a lo largo de su historia numerosas intervenciones de restauración hasta llegar a la gran obra emprendida a partir de 1993.


Inauguración


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El presidente de la III República francesa, Émile Loubet, uno de los asistentes a la inauguración del Grand Palais en 1900.

La inauguración del Grand Palais en 1900 se efectuó con todo el fausto propio de la Tercera República Francesa, por entonces en el centro de una crisis política originada por el controvertido caso Dreyfus, en una ceremonia celebrada el 1 de mayo de 1900, en presencia de Émile Loubet (1838-1929), presidente de la República francesa, de René Waldeck-Rousseau (1846-1904), presidente del Consejo y ministro del Interior y de Cultura de Francia, de Georges Leygues (1857-1933), ministro de Instrucción pública y Bellas Artes, de Alexandre Millerand (1859-1943), ministro de Comercio, Industria, Correos y Telecomunicaciones, y de Alfred Picard (1844-1913), comisario general de la Exposición Universal de París. Una inscripción grabada en la piedra de una de las esquinas de las paredes del edificio conmemora el acontecimiento.

Durante la Exposición Universal, el Grand Palais sirvió tanto para la exposición de obras pictóricas en las diversas salas acondicionadas entonces en la primera planta, como también para la celebración de conciertos en la sala de honor detrás de la gran escalinata, e incluso concursos de hípica gracias a los establos preparados en los sótanos del palacio y que se comunicaban mediante rampas de suave pendiente con las pistas de concurso al exterior.


Salones y exposiciones

Inicialmente concebido como Palacio de las Bellas Artes para funciones destinadas a las exposiciones y celebraciones de muestras artísticas, el Grand Palais ha ido a lo largo de su historia ampliando la variedad temática de sus actividades.


Salones artísticos

Los salones dedicados a las bellas artes conocieron su edad de oro en los treinta primeros años de existencia del Grand Palais. Con el advenimiento del Frente Popular en 1936, estas presentaciones, consideradas por algunos como una expresión de arte reservada para la élite burguesa, perdieron progresivamente prestigio y vieron reducida de manera considerable su superficie en favor de la instalación definitiva del Palais de la découverte (Palacio del Descubrimiento) dedicado a las ciencias aplicadas, en 1937 por iniciativa del físico Jean Perrin. Tras la Segunda Guerra Mundial, los salones artísticos perduraron un poco más, hasta ver su espacio de exposición disminuir y ser confinados a los lugares menos nobles y visibles del Gran Palacio.

Se han celebrado en el Grand Palais los siguientes salones de arte:

- Salón de artistas franceses (1901).
- Salón de artistas independientes (1901).
- Salón de la Sociedad Nacional de Bellas artes (1901).
- Salón del Orientalismo (1901).
- Salón de los pintores, los grabadores y los litógrafos (1901).
- Salón de la Unión de las Mujeres pintoras y escultoras (1901).
- Salón de Otoño (1903 a 1993).
- Salón de las Artes aplicadas (1925).
- Salón de Arte de París (2006).


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Acceso principal del Palacio del Elíseo.


Salones técnicos

Tras la Segunda Guerra Mundial, se impulsó la celebración de salones técnicos y comerciales, por considerarse entonces que eran más rentables que los artísticos. Sin embargo, este tipo de exposiciones declinaron en el Grand Palais a partir de los años 1960 hasta que fueron trasladadas al Centre des nouvelles industries et technologies («Centro de las nuevas industrias y tecnologías») o al parque de exposiciones de la «Puerta de Versalles».

- Salón del automóvil (1901 a 1961).
- Salón de maquinaría agrícola y hortícola.
- Exposición Internacional de la Locomoción Aérea (1909 - 1952), que inicialmente se celebraba en las instalaciones del Salón del automóvil, tras su independencia de esta exposición tomó el nombre de «Salón de la Aeronáutica» y después el de «Salón de la Industria aeronáutica» antes de trasladarse en 1953 a las dependencias del aeropuerto de Le Bourget.


Salones comerciales

Estas exposiciones también dejaron el Grand Palais por falta de superficie disponible.

- Salón de las artes domésticas, el antiguo Salón de los aparatos de uso doméstico (1926-1960, con una interrupción de 1940-1947).
- Salón del Hábitat.
- Salón de la Calidad francesa.
- Salón de Francia Exótica (en 1939 y 1940).
- Salón de la Infancia.
- Feria de París.
- Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC).
- Feria del libro (1981-1991).
- Salón de la música clásica y del jazz (Musicora).


Acontecimientos puntuales

- Concursos y presentaciones del «Salón de la Sociedad hípica» ( 1900-1937).
- Exposiciones de las colonias.
- Conciertos, espectáculos de circo o de music-hall, congresos, desfiles de moda y fiestas diversas.


Palacio del Descubrimiento

El Palacio del Descubrimiento, construido durante la Exposición General de segunda categoría de París, en 1937 por iniciativa del físico Jean Perrin, está instalado en el antiguo Palacio de Antin, en el ala oeste. Concebido, en un principio, como un espacio de exposiciones temporales, consiguió luego de varias peripecias, mantenerse en el Grand Palais y ocupar un lugar propio de 25.000 m² de superficie, alcanzando con el tiempo una mayor popularidad que la prevista en sus principios.


Galeries nationales du Grand Palais (Galerías Nacionales)

En 1964, Reynold Arnould acondicionó una parte del ala norte del Grand Palais a petición de André Malraux, el entonces ministro de Cultura de Francia, para una nueva sección, las Galeries nationales du Grand Palais, destinada a recibir grandes exposiciones temporales de colecciones provenientes de los museos nacionales del país,17 albergando en 1966, una retrospectiva del pintor Pablo Picasso y una importante presentación de arte africano. A raíz del éxito encontrado, el Gobierno francés renunció a su eventual proyecto de demolición del histórico Grand Palais y del edificio que luego transformó en Museo de Orsay. En 1991, durante la exposición consagrada al artista Georges Seurat, el Grand Palais sufrió el primer robo de su historia, que afectó a la obra Cocher de fiacre (Cochero de coche de caballos), de 1887.

Otras exposiciones realizadas en las Galerías nacionales:

· «Érase una vez Walt Disney. A las fuentes del arte del estudio Disney», del 16 de septiembre de 2006 al 15 de enero de 2007.

· «Los Nuevos Realistas», del 28 de marzo al 2 de julio de 2007.

· «El Imperio de los Gupta. La Edad de oro de la civilización de la India», del 4 de abril al 8 de julio de 2007.

· «Diseño contra Diseño. Dos siglos de creaciones», del 26 de septiembre de 2007 al 8 de enero de 2008 (Galerías nacionales).

· «Courbet», del 10 de octubre de 2007 al 28 de enero de 2008 (Galerías nacionales).

 
Otras exposiciones

· «Tesoros sumergidos de Egipto», del 9 de diciembre de 2006 al 16 de marzo de 2007 (Nave central).24
· «Monumenta 2007», del 30 de mayo al 8 de julio de 2007 (Nave central)-25
· «Art en Capital», del 22 de noviembre de al 2 de diciembre de 2007. (Nave central).


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Detalle de la estructura metálica y vidriera del cimborrio, base de la cúpula del Grand Palais de París.


Otros usos curiosos

A lo largo del siglo XX, el Grand Palais ha sido unas veces víctima de los dramas de la Historia y en otras, testigo de reutilizaciones a menudo imprevistas.

- Al principio de la Primera Guerra Mundial, el Grand Palais fue utilizado como acuartelamiento para las tropas coloniales en ruta hacia el frente antes de habilitarse como hospital improvisado para los heridos de la Marina que no pudieron encontrar plaza en los atestados hospitales de la capital.

- Durante la Segunda Guerra Mundial, el Gran Palais sufrió un bombardeo y luego fue requisado para depósito protegido de vehículos militares. En agosto de 1944, durante los combates por la Liberación de la capital ocupada por los nazis, resultó parcialmente quemado como consecuencia de un incendio declarado en el «paddock» y la galería noroeste. Más tarde, varias instituciones y servicios públicos de Francia se instalaron en el corazón del Grand Palais sin provocar ninguna reacción particular por parte de su ministerio de tutela:

   - La comisaría de policía del VIII arrondissement, encargada de la vigilancia del Palacio del Elíseo y de sus accesos.
   - Una oficina de aduana.
   - Talleres de arquitectura descentralizados de la Escuela Nacional Superior de las Bellas Artes de Francia, convertidos a partir de 1968, en una unidad pedagógica de arquitectura.
   - La Unión Europea de Radiodifusión de estudios germánicos y eslavos, dependencia de la universidad de la Sorbona.
   - Un restaurante universitario.
   - La Dirección Regional de Asuntos Culturales (DRAC) de Isla de Francia.
   - Una parte de las oficinas de la Misión del patrimonio fotográfico
   - Diversas oficinas y viviendas para funcionarios.
   - Un aparcamiento subterráneo.


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Nave central del Grand Palais durante la noche del 1 al 2 de octubre de 2005.


Arquitectura


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El Grand Palais constituye un resumen de los gustos de la «Belle Époque» resultado del eclecticismo libre del «estilo de Bellas Artes» parisino. Al mismo tiempo, su concepción marcó el principio de una época de la arquitectura donde el dueño de la obra, a la vez artista y técnico, ocupa un papel preponderante. La obra supuso también un retorno al empleo de la piedra ricamente ornamentada, en contraste con otras obras contemporáneas impulsadas en hierro y acero como comentaba el escritor Paul Morand, y uno de los últimos jalones de una época anterior a la era de la electricidad, cuando las grandes estructuras en vidrio transparentes, herederas del Crystal Palace de Londres, concebido por Joseph Paxton en 1851, permitían el aporte de la luz natural indispensable para el desarrollo de las funciones de exposición a las que se destinó el edificio.


Planta: naves y cubierta

La nave central, con una longitud aproximada de 240 metros, está constituida por una imponente cubierta, espacio rematado por una ancha vidriera. La bóveda de cañón, ligeramente rebajada en las naves norte y meridional y en la nave transversal, y el cimborrio y la cúpula, compuestos de acero y vidrio, pesan cerca de 9.000 toneladas y se elevan a 45 metros de altura de la cubierta, alcanzando los 60 metros en la esfera de la linterna.6 El peso de metal utilizado, cerca de 7.000 toneladas, supera al de la torre Eiffel.

Al principio, la construcción y el funcionamiento interno fueron organizados según un eje este-oeste. La comunicación entre la gran nave y otras partes del palacio, como el salón de honor, el ala central y Palacio de Antin, se hacía mediante una amplia escalera de hierro, de inspiración clásica teñida de modernismo. La instalación, de manera estable, del Palacio del Descubrimiento, a partir de 1937, ocupando el espacio del Palacio de Antin, afectó al plan de distribución de las circulaciones interiores y deshabilitó una de las dimensiones del edificio junto con la accesoria y decorativa gran escalera de honor, que se apoyaba en una pared ciega y una ancha puerta, en cimbra llena, que quedó desde entonces amurallada.

Las naves están cubiertas por un armazón metálico, de color verde reseda, que une todas las piezas de vidrio laminado, lo que le da una gran luminosidad a las naves.


Fachada y columnata de Deglane


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Fachada principal, ideada por Henri Deglane tras la restauración.

La fachada principal, abierta en perfecta simetría sobre la avenida de Nicolás II, está constituida por una vistosa columnata o peristilo, obra de Deglane, inspirada en la concebida por Claude Perrault para el Louvre en tiempos de Luis XIV, y rematada con labrados de ramas de roble y laurel y, a intervalos, por grupos escultóricos en su base evocando las artes de griegos, romanos, fenicios y las del Renacimiento, si bien resulta para algunos críticos disimulada, como en la estación de Orsay, que fue edificada por Victor Laloux para la misma Exposición, por la innovación de la estructura metálica. Tras grandes arcos, cada uno dividido por dobles columnas, se encuentran acostados a la puerta central, en cuyas bases hay cuatro estatuas evocando las figuras idealizadas de las artes de la «Arquitectura», la «Pintura», la «Escultura» y la «Música».


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Los frisos exteriores, diseñados por Edouard Fournier son un extenso mosaico de cerca de setenta y cinco metros de longitud, realizado según las técnicas tradicionales y ofrecen la vista de una larga banda, de cerca de colores vivos, realzados con oro, que reproducen varias escenas representativas de las grandes civilizaciones de la historia, tal y como eran imaginadas a finales del siglo XIX. Así, se suceden de Egipto a Mesopotamia, de la Roma de César Augusto a la Grecia del siglo de Pericles, del Renacimiento italiano a la Francia de la Edad media y de la Europa industrial a la de las artes clásicas y barrocas.

Las civilizaciones más lejanas no fueron olvidadas, glorificando a este pasaje del período, entonces en su apogeo, de las grandes naciones colonizadoras de: África mediterránea y subsahariana, Oriente y el subcontinente indio, el sudeste asiático y la Indochina de los jemeres y los templos de Angkor, la Cochinchina y los paisajes anamitas alrededor de la ciudad de Hué, el Lejano Oriente con representaciones de la misteriosa China y de Japón, entonces de moda desde el reciente entusiasmo de los pintores impresionistas y de los escritores por este país, y evocaciones de ambas Américas.

 
Balaustrada: las cuadrigas de Récipon


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L'Harmonie triomphant de la Discorde uno de los dos grandes conjuntos obra de Georges Récipon para el Grand Palais de París.

Las balaustradas que rematan las fachadas se encuentran decoradas en sus laterales por grandes vasijas dobles, mientras que la principal, nuevamente en un interés de atraer la atención del espectador hacia la entrada, está reservada al espacio de exposición de dos grupos escultóricos de excepcional elaboración, obra del artista Georges Récipon, que fabricados en bronce, coronan desde una altura de cuarenta metros las entradas y su frontón, en el nordeste y el sudeste del Grand Palais, representando dos temas alegóricos en forma de cuadrigas:

· En el lado de los Campos Elíseos: l'Inmortalité devançant le Temps, «la Inmortalidad adelantando al Tiempo»;
· En el lado del Sena: L'Harmonie triomphant de la Discorde, «la Armonía triunfante sobre la Discordia».
Cada cuadriga está constituida por tres partes estructurales principales y elementos accesorios:
· El exterior está constituido por placas de cobre rechazadas, que en conjunto pesan 5 toneladas.
· Un armazón metálico, constituido por una estructura principal anclada al macizo revestido con mampostería y al cual se une una estructura secundaria. Este conjunto pesa 7 toneladas.
· La estructura principal está anclada a la masonería del zócalo de piedra, a través de una jaula metálica, cuyo interior está rellenado por un lastre. Este conjunto pesa 11 toneladas.
· Accesorios de cerámica: en las ruedas de los carros y en los leones alados situados en la parte trasera del carro.
Las cuadrigas fueron retiradas de las esquinas del Grand Palais entre julio y septiembre del 2001, para ser restauradas a lo largo del año 2003. En 2004, éstas fueron devueltas a su emplazamiento en abril de dicho año.

 
Crítica arquitectónica

El Grand Palais no dejó indiferente a la comunidad de arquitectos y críticos de arte, provocando comentarios y críticas tanto favorables como en su contra. Así, una de las más comunes objeciones fue el sentimiento de exceso y sobrecarga de detalles, con sobre-elaboraciones consideradas innecesarias. Para especialistas como James P. Boyd, la construcción en vidrio y acero de la cubierta no resultaba estéticamente tan destacable como la obra de la fachada, que resultaba por ello disminuida, mientras que el World's Fair Magazine se lamentaba del aspecto similar a una «gran estación de trenes» y el contraste de materiales.

Sin embargo, para los críticos favorables, como Herbert E. Butler del Art Journal el Grand Palais debe destacarse por su gran belleza resultado del efecto de la dimensiones sobre la perpectiva y de la combinación en el gusto y selección de los detalles y colores, o para incluso James Boyd, quien reconoció también el acierto en el equilibrio entre los detalles decorativos y el diseño general del edificio.


La gran restauración (1993-2005)


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Los trabajos de restauración de la nave central (2002).

El entonces ministro de Cultura de Francia, Jacques Toubon, tomó la decisión de cerrar «provisionalmente» el Grand Palais en noviembre del mismo año. La colocación de redes de protección bajo las vidrieras (véase la imagen de la derecha) y la convocatoria de expertos para paliar esta situación no bastaron para mantener el Palacio abierto al público. Sólo y después de los necesarios trabajos para garantizar la seguridad, las Galerías nacionales y el Palacio del Descubrimiento estuvieron nuevamente disponibles. La utilización de la nave central se interrumpió durante doce años.


Incidencias encontradas

Diversos defectos se manifestaron a lo largo del siglo XX y, desde el principio de la obra, en la zona meridional del nave central. Durante la construcción, estos imprevistos fueron tanto más graves, ya que no era cuestión de retrasar la fecha de entrega del Grand Palais.

El comportamiento de las mamposterías y del armazón metálico proviene de diversos factores:

- Los cimientos del edificio, por una parte constituidos de estacas de roble, sustentan unos macizos de piedra o de hormigón, que estaban sometidos a variaciones y a una disminución progresiva de la capa freática. Debido a sucesivas campañas de trabajos, de reajustes del servicio de vías públicas y del muelle en la orilla del Sena, este fenómeno provocó un deslavado y como consecuencia, la podredumbre por oxidación de las cabezas de los postes. El hundimiento forzó a los diseñadores a aumentar, primero, el número de las estacas para rectificar y, después, ligeramente las mamposterías y el perfil del armazón en los cuales se reflejaban los movimientos del suelo. Cerca de 2.000 nuevos postes fueron finalmente instalados, pero se quedaron lejos de alcanzar el «suelo bueno». Este lecho geológico estable se sitúa a una profundidad de entre 15 y 20 metros de profundidad.

- La naturaleza aluvial del terreno y su tendencia natural a deslizarse hacia el cauce del Sena.

- Los choques sufridos directamente por la estructura metálica, a merced de las realizaciones de imponentes decorados o de exposiciones, tales como el Salón de la Aeronáutica, donde había globos, a veces, presentados en suspensión. Esto provocó un envejecimiento prematuro de varios elementos metálicos.

- La utilización del Grand Palais para presentaciones hípicas tuvo como consecuencia una alteración en la base de varios pilares, debido a la acidez del suelo, que absorbía la orina de los caballos.

- El empleo superior de laminillas remachadas de acero en la concepción de la estructura metálica, en lugar de con elementos de hierro, como con la torre Eiffel. Este material, en la época de la obra, era menos flexible y se dilataba menos que el fabricado hoy en día, además de que esta unión de más de doscientos metros no contenía ninguna junta de dilatación.

- La deformación de armazones y otros elementos, debida a asientos diferenciales y también al propio peso de la cúpula.

- Las primeras grietas que aparecieron fueron causadas por la entrada de agua a través de la vidriera, lo que que provocaba una lenta corrosión del metal.

En el curso de los estudios que precedieron a los recientes trabajos de recuperación se estimó que el hundimiento de los macizos de los cimientos del ala meridional era de hasta 14 cm y que existía una variación de altura, en la parte metálica de la obra, de 7 cm.3 Estos valores, de apariencia despreciable, fueron suficientes para provocar daños estructurales considerables.


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Detalle central de la fachada principal, ideada por Henri Deglane tras la restauración.


Primeros trabajos de restauración

Inyecciones de materiales de naturalezas diversas comenzaron muy tempranamente y prosiguieron en diferentes períodos de la vida del monumento para rellenar los huecos existentes entre el nivel inferior del edificio y el suelo, que se continuaba hundiendo. En 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, se instalaron vehículos y materiales diversos en la nave central.3 Percatándose de la fragilidad del lugar, decidieron inyectar varias toneladas de una colada de hormigón en el subsuelo. Así, los desperfectos se irán acelerando hasta el año 1993.


Campaña de restauración

El ministerio de Cultura y de Comunicación de Francia inició el expediente de restauración. Las obras fueron adjudicadas al Establecimiento público de Maestría de Obra de los trabajos Culturales (EMOC).
Las personas que se pusieron al frente de los trabajos de restauración fueron Alain-Charles Perrot y Jean-Loup Roubert.


Programación de la obra

Los trabajos se celebraron en dos fases:

- Primera fase, (noviembre de 2001 - agosto de 2004): revisión de una parte de los cimientos mediante un desmontaje y una revisión y reposición de las cuadrigas, de cobre rechazado, y de su armazón de hierro.

- Segunda fase, (2002- finales de 2007): reparación de las paredes y otras mamposterías agrietadas, de la vidriera y de las cubiertas deformadas o vetustas, desde 2005, con un revoque de las fachadas, una restauración del gran friso exterior de mosaicos y una segunda y última campaña de consolidaciones de los cimientos.

Esta última fase debería atrasarse debido a un aplazamiento, en febrero de 2006, en la concesión de los créditos para la restauración de los exteriores.

El presupuesto previsto de esta obra alcanza los 101,36 millones de euros, de los que 72,3 millones se destinaron a la primera fase. La financiación fue asegurada gracias al estado francés, a través del Ministerio de la Cultura galo.


Algunas cifras Los cimientos:

· Se utilizaron 8.900 metros cuadrados de paredes talladas, ejecutadas con cerca de 6.600 metros cúbicos de hormigón.
· 2.000 pilares de hormigón colocados, con cerca de 10.000 toneladas de cemento.
· La nave central:
· Longitud: 200 metros.
· Anchura: 50 metros, 100 metros en la entrada principal.
· Altura: de 35 metros bajo el armazón metálico, de 45 m. de altura bajo la cúpula, y de 60 m. debajo de la linterna.
· Superficie: 13.500 metros cuadrados.


El armazón metálico:

. El peso de la parte superior de la nave central es de 6.000 toneladas de acero, de las que 600 toneladas fueron reemplazadas durante la primera fase de los trabajos de restauración, y sumado las de las demás naves hacen un total de 8.500 toneladas.
. Número de roblones sustituidos: aproximadamente unos 15.000.
. Superficie pintada: 100 metros cuadrados.
. Peso de la nueva pintura: 60 toneladas, en tres capas, es decir, prácticamente, el equivalente a 2.000 vasijas de 30 kilos.


Los diferentes acristalamientos:

. Superficie reemplazada: 13.500 metros cuadrados en la nave central y 15.000 metros cuadrados contando las vidrieras laterales.
· Las cubiertas y las obras metálicas

Se han reemplazado:

. 750 metros de canalones de plomo y 110 metros de canalones de zinc. 1.200 metros de ornamentos de zinc estampado.
. 5.200 metros cuadrados de terradillos de zinc.

Recuperación del color original: breve historia del verde «Reseda»

Antes del comienzo de los primeros trabajos de rehabilitación de la nave central del Grand Palais, al evocarse la cuestión de que color elegir para el recubrimiento de la estructura metálica, que en el 2001, tras los numerosos trabajos de repintado del edificio a lo largo de su historia, era próximo del gris, se planteó la posibilidad de restituir el color original de 1900.

Para ello se emprendieron una serie de estudios e investigaciones:

· El desmontaje de las placas remachadas que llevaban el nombre de las empresas que habían participado en la obra de finales del siglo XIX dejó a la vista las partes del recubrimiento menos expuestas, apreciándose una coloración próxima al verde claro.

· Muestras del recubrimiento fueron sometidas a análisis fisicoquímico en el laboratorio de investigaciones para monumentos históricos de Champs-sur-Marne, entre los cuales, inspecciones mediante un microscopio electrónico de barrido. Los exámenes permitieron determinar el número de capas de pintura, su composición y los diferentes pigmentos utilizados para cada una de ellas. La más antigua se sometió a una exposición prolongada de rayos ultravioleta para evaluar su comportamiento frente al envejecimiento.

· La búsqueda de las especificaciones y formulación del producto original empleado en la construcción de 1900. Para ello, se investigó al fabricante suministrador de la pintura encontrándose que se trataba de una empresa que popularizó la marca «Ripolin», con la que se conoce genéricamente en francés a una gama de pinturas plásticas, y que conservaba todavía los archivos sobre la época en cuestión. Gracias a ello, se pudo encontrar el producto suministrado de la época al que se había bautizado como verde «Reseda». Sin embargo, bajo la misma denominación de verde reseda se comercializaron todavía tres matices, pálido, medio y oscuro, por lo que tuvieron que realizarse análisis que concluyeron que la pintura empleada de origen era el «verde reseda pálido».

Tras la restauración de 2005, se observa el armazón metálico pintado con un color rigurosamente idéntico al empleado en el momento de la terminación de su construcción, a finales del siglo XIX.

Esta pintura, según un comunicado de prensa del ministerio de Cultura francés, sería susceptible de obtener la marca de fábrica «Verde Grand Palais», a imagen de lo sucedido con «Marrón Torre Eiffel».


Nuevo acristalamiento de la vidriera

La restauración del armazón también va a llevar a la realización de la rehabilitación de la vidriera y de su trama vuelta poco estética. En el transcurso del estudio previo, el arquitecto Alain-Charles Perrot sugirió que fuese restituida la trama inicial y la anchura de los cristales, desnaturalizados en el curso de un campaña de revisión. Además, la constitución de los cristales no corresponde a las reglas de seguridad exigidas hoy en día. El vidrio armado de entonces fue reemplazado por un moderno vidrio laminado,40 que posee dos cualidades primordiales:

- Permite al personal de mantenimiento circular sobre las pasarelas exteriores sin peligro. El vidrio armado, aunque reforzado por un armazón de alambre, no era capaz de soportar la caida de un hombre, que tras atravesar la vidriera, era una caída mortal. La nueva vidriera, sin un aumento notable del peso, evita este inconveniente y es, por añadidura, de un mantenimiento más fácil.

- Libre de armadura interna y de los defectos de acabado del antiguo material, el vidrio laminado, aunque de más espesor (9 mm), es más transparente. El aspecto de conjunto de las vidrieras de la nave central y la atmósfera que reinan dentro del edificio lo transformaron. Si bien esta transparencia no corresponde completamente con el estado original, no se puede negar la mejora aportada en la utilización de los espacios de exposiciones. Los reflejos visibles del exterior también fueron modificados. Los tratamientos aplicados sobre la superficie de la vidriera aportaron un toque final y transformaron la percepción que se podía tener paseándose en los alrededores próximos del Grand Palais.


Reapertura y futuro del Grand Palais


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En obra desde el 2002, la nave central fue abierta excepcionalmente durante dos semanas al gran público, con ocasión de los Jornadas europeas del patrimonio de 2005. La finalización de la restauración tuvo lugar en el año 2007.

Se ha realizado un vídeo de 52 minutos sobre la restauración del edificio, explicado por Alain-Charles Perrot, que fue proyectado el 21 de octubre de 2004 en la «Universidad de todos los saberes».


Eventos culturales actuales o futuros

· «Marie Antoinette», del 15 de marzo al 30 de junio de 2008 (Galerís nacionales).
· «Figuration narrative», del 16 de abril al 13 de julio de 2008 (Galerías nacionales).
· «Monumenta 2008», Richard Serra, del 7 de mayo al 15 de junio de 2008 (Nave central).


Reutilización del palacio a partir de 2007

El ministro de Cultura y de Comunicación francés, Renaud Donnedieu de Vabres, expresó la idea de la transformación del emplazamiento a «Establecimiento público del Gran Palacio», en vez de confiar su gestión y programación a organismos privados.


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El Grand Palais goza así del estatuto de establecimiento público industrial y comercial, desde el 1 de enero de 2007



EL PETIT PALAIS


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Vista del museo desde la avenida Winston Churchill

El Museo del Petit-Palais (palacio pequeño, en francés), es un museo de París, que ocupa el edificio llamado Petit Palais, actualmente el Museo de Bellas Artes de la Villa de París (Musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris). Se encuentra en el VIII Distrito de París, en la avenida Winston Churchill, frente al Grand Palais.


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El Petit Palais es obra del arquitecto Charles Girault y se construyó para la Exposición Universal celebrada en 1900.


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Vista interior del Museo del Petit-Palais

Se articula en torno a un patio semicircular jardinado, con una fachada de 150 m de largo, aproximadamente, centrada por un pórtico monumental coronado por una cúpula. Sus columnas jónicas, gran porche y cúpula replican la de los Los Inválidos al otro lado del río. La decoración se completa con numerosos bajorrelieves. El tímpano de su fachada es obra de Jean-Antoine Injalbert y muestra una alegoría de París rendido a las musas.

Charles Girault diseñó los espacios del palacio para que fuera iluminado en gran medida por luz natural creando ventanas, cúpulas transparentes y grandes ventanales.


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Interior del Museo del Petit-Palais

El Petit Palais de París, sirvió de modelo principalmente para la creación del Musée royal de l’Afrique centrale, cerca de Bruselas.


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Vistal del Grand Palais, París.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al Grand Palais de París. El "Grand Palais des Champs-Elysées" forma parte de una de las zonas más monumentales de París, está junto al Petit Palais y el Puente de Alejandro III, este Palacio es una obra artística en sí mismo, y una de las visitas obligadas de la capital francesa. Recientemente rehabilitado, se viene utilizando como museo para realizar grandes exposiciones temporales.


Fuentes y Agradecimientos a: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, wga.hu, pintura.aut.org, artcyclopedia.com, cgfa.acropolisinc.com y otras de Internet.
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
J.Luis gracias. Muy bonito este palacio parisino y que como bien dices debe ser una visita obligada.

Un Saludo.
 




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Xerbar Administrador del Foro.
 
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Post Re: El Grand Palais De París 
 
Gracias xerbar, me alegro que te guste el trabajo. Estos Palacios los he visto por fuera, pues han estado muchos años cerrados haciendo una gran rehabilitación, pero desde hace 2 años han cogido mucho impulso realizando grandes exposiciones. La pena es que París es tan grande que no da tiempo a ver todo lo que uno quisiera, salvo los que tengan la suerte de disfrutar de muchos días de vacaciones..., que no es mi caso.


Saludos.
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
Picasso y los maestros


El Grand Palais de París expone 200 obras del pintor.

Completan la muestra el Louvre y el Orsay




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Grande baigneuse, una de las obras de Picasso incluidas en la exposición del Grand Palais.

Los artistas de Picasso. La exhibición reúne 200 creaciones de artistas como Velazquez, Zurbarán, El Greco, Ribera, Goya, Rembrandt, Granach, Cézanne, Manet, Renoir, Gauguin, Poussin, Ingres, Chardin o Rousseau, con quienes se formó, se inspiró o dialogó Picasso.

Ayer lunes se inauguró en las Galerías del Grand Palais la exposición 'Picasso y los Maestros', una muestra organizada junto con el Louvre y el Orsay de París que muestra obras del pintor malagueño junto a la de otros grandes maestros de la pintura que le sirvieron de inspiración y referencia.

La excepcional trilogía artística, que podrá verse en París hasta el próximo febrero, es fruto de décadas de investigación y de tres años de intensas negociaciones con algunos de los más grandes museos del mundo.

Entre ellos el Prado de Madrid y el Museo Picasso de Barcelona, que prestaron un valioso conjunto de obras sin el que la exposición no habría sido posible, según sus comisarias.

Será una exhibición "histórica", una espectacular reunión de obras maestras de Picasso y los Maestros que le inspiraron y formaron, como Tiziano, Rembrandt, Degas, Renoir, Ingres Chardin, Cézanne o Matisse, y por supuesto Velázquez, Goya, Murillo o Zurbarán.

Las comisarias Anne Baldassari y Marie-Larue Bernadac, directora del Museo Picasso de París y conservadora del Museo del Louvre, respectivamente, no han cesado de recalcar que la ocasión será única e irrepetible, entre otras razones dada la enorme dificultad de conseguir los prestamos solicitados por la Reunión de Museos Nacionales de Francia (RMN).

Valoradas en 2.000 millones de euros, las 200 obras expuestas en el Grand Palais, distribuidas en 10 salas temáticas, ilustran a la perfección la idea de Picasso de que "un pintor no sale de la nada".

La exposición se reparte en tres museos

Los museos del Louvre y Orsay contarán con sendas y muy especializadas visiones de 'Picasso y los Maestros', la primera para mostrar la serie de obras que inspiró a Picasso el cuadro 'Mujeres de Argel', de Delacroix, propiedad del Museo del Louvre. La segunda para colgar otra serie famosa de Picassos, la de 'El Desayuno sobre la hierba', de Manet, propiedad del Museo de Orsay.

Ciertas obras, como 'Las Meninas', de Vélazquez, uno de los cuadros claves del Museo del Prado, ni siquiera fueron solicitadas, pese a las ricas variaciones picassianas existentes sobre ellas. Sí se logró, en cambio, el desplazamiento de 'La maja desnuda', de Goya, del Museo del Prado, por primera vez desde la pasada década de los años 30; 'Nana', de Manet, de la Kunsthalle de Hamburgo; o 'Portrait de Madame Moitessier', de Ingres, de la National Gallery de Londres.

El coste estimado de la operación, incluidos los seguros, los desplazamientos o la museografía, asciende a 4,3 millones de euros y convierte la experiencia en "una de las más caras de la historia de los museos de Francia, sino la más cara", según 'Le Monde'.


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Le déjeuner sur l'herbe, de Manet, según Picasso, en Orsay.

Los organizadores aspiran a recibir una media de 10.000 visitantes al día, frente a los 6.500 habituales de una gran exposición. Para facilitar su acceso se han previsto cinco horarios nocturnos por semana, desde las 09:00 hasta las 22:00 locales, en lugar del único habitual, además de abrir las puertas todos los día durante las vacaciones escolares.

No habrá entrada única para las tres exposiciones, por lo que el coste de la experiencia será también triple: de 12 a 8 euros en el Grand Palais; 9 euros para ver 'Picasso/Delacroix', en el Louvre; y 9,50 euros para descubrir en Orsay las relaciones entre Picasso y Manet.



EL PAÍS
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
Bajo la cúpula enorme de vidrio y metal del Grand Palais de París comenzó ayer la gran subasta puntual, a las siete de la tarde.

El Grand Palais de París acoge durante dos días las más de 700 obras de arte que pertenecieron a Yves Saint Laurent y Pierre Bergé y que saldrán a subasta el lunes



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Fines benéficos. La fundación que preside Pierre Bergé será la beneficiaria de la recaudación que se obtenga en subasta y que destinará a organizaciones caritativas, parte de ellos para la investigación sobre el sida

Cerca de 1.200 marchantes, coleccionistas, aficionados galeristas y directores de museo, sentados en un lado. El director de la casa de subastas de Christie's de París, con el martillo en la mano, de pie, en el otro. En liza, las obras de arte más valiosas de la colección de Yves Saint Laurent y su socio y pareja durante tantos años, Pierre Bergé: De cuadros de pintura moderna a esculturas rabiosamente contemporáneas.


Picasso no se vende en la subasta de Saint Laurent

Una obra de Matisse bate el récord en 32 millones de euros
  
El lote 35, con una escultura de Brancusi, era el más esperado



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'L'instrument de musique', de Pablo Picasso


A las puertas de la casa de subastas, una flota de Mercedes con chófer anunciaba al paseante desinformado que algo gordo se cocía dentro. Y en el interior del palacio, una pregunta: ¿Influiría la crisis planetaria en este exclusivo mercado de los más ricos entre los ricos?


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La colección, que incluye piezas de arte moderno e impresionista y obras de Picasso o Matisse, será subastada entre los días 23 y 25 de febrero.

A juzgar por el primer cuadro millonario que se subastó, no mucho. Fue una pintura de James Ensor, que los expertos habían catalogado en tres millones de euros, como mucho, y que acabó en manos "del señor del fondo", según el director de la subasta, por algo más de cuatro millones. Muchos de los presentes no necesitaban alzar la mano para informar al subastador de que subían la puja. Se conocen tanto de otras subastas que bastaba un leve movimiento de mano o un levantarse las gafas para elevar la puja.


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'Minotauro en marcha', una de las 700 obras del Grand Palais

Hubo un duelo de dos aficionados decididos a llevarse una obra de Marcel Duchamp, catalogada en un millón y medio de euros, que acabó, a golpes de 100.000 euros, en 7,9 millones y un aplauso de la sala, conmovida por la manera resuelta de pujar de los dos contendientes.


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Gran expectación. Los organizadores esperan que hasta 30.000 personas visiten la muestra durante el fin de semana y hasta la una de la tarde del lunes. En la imagen una escultura de Bracusi que podría alcanzar un precio de 20 millones de euros


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Una escultura de bronce del siglo XVIII, que representa la cabeza de un conejo.


El lote 35 era muy esperado. Se subastaba la escultura de Constantin Brancusi Retrato de Madame L. R. Constituyó la primera gran obra de arte adquirida por Saint Laurent y su compañero Bergé. Estaba tasada en 20 millones de euros. Alguien por teléfono la adquirió por 26 millones. Otro aplauso y otra respuesta de que la crisis no afecta mucho a este mercado. Al contrario. Hay quien sostiene que cuando los bancos se vuelven inseguros los ricos se vuelven hacia el arte contemporáneo.


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Una de las obras es de Goya; 'Luis María de Cistue y Martínez'

La subasta prosiguió superando los precios previstos en casi todos los lotes. Llegó el cuadro, en principio, más caro: Instrumentos de música sobre una mesa, de Picasso. Partía en 25 millones y no se vendió, después de una puja decepcionante en la que participaron pocas personas. Nadie se lo explicaba. Pero el mundo de las subastas planetarias es así de voluble.

Una obra del francés Henri Matisse, que se vendió en 32 millones de euros, se convirtió en la estrella de la primera subasta de la colección Yves Saint Laurent y Pierre Bergé. Les coucous, tapis bleu et rose, una naturaleza muerta pintada en 1911, batió el récord.


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Colección mítica Las piezas que subastará Christie's fueron durante 40 años por el mítico modisto francés Yves Saint Laurent, fallecido en 2008, y su compañero Pierre Bergé


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Subasta del siglo.Los expertos vaticinan que la subasta puede alcalzar los 500 millones de euros. La venta tendrá lugar entre las 19.00 del lunes yel miércoles, cuando todo tendrá que estar vendido.


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Yves Saint Laurent por Andy Warhol. La muestra recoge obras de arte de distintas épocas y estilos. En esta fotografía, un retrato que realizó Andy Warhol del mítico modisto francés fallecido en 2008


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Despliegue excepcional. Los objetos que sacará a subasta Christie's están distribuidos en el Grand Palais de París en doce salas decoradas en blanco y negro al gusto de Saint Laurent y Bergé.


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Numerosas personas esperan en el exterior del Grand Palais de París, Francia, durante la primera jornada de la exposición pública de las colecciones de arte.


EL PAÍS / EL MUNDO
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
Subasta en el Grand Palais De París... Hasta ahora se han recaudado 300 millones de euros


Más de 21 millones de euros por el sillón favorito de Yves Saint Laurent



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El asiento preferido de YSL se ha convertido en el mueble más caro del siglo XX

A golpe de martillo, igual que un militar, el maestro de ceremonias de Christie’s liquida mecánicamente el tesoro de Yves Saint Laurent y de Pierre Bergé. Murió el modisto en junio, pero un retrato mayúsculo en blanco y negro domina la escena de la subasta y exacerba una suerte de sugestión pecuniaria.

Hasta el extremo de que las obras se venden y se suceden a precio de récord tanto por su cotización en el mercado como por el valor que añade el carisma de su antiguo propietario.

La prueba está en que Matisse batió el lunes el record histórico de cotización -32 millones de euros- y que esta noche se han sucedido otros hitos históricos. Empezando por los 21,9 millones de euros que Philippe Segalot, un millonario francés afincado en Nueva York, extrajo de la chequera para apropiarse de un sillón de la diseñadora Eileen Gray.

El mueble más caro del siglo XX

El precio multiplica por diez todas las expectativas y convierte el asiento de preferido de Yves Saint Laurent en el mueble más caro del siglo XX. Incluso de la historia, con la sola excepción del 'Badmington cabinet' (siglo XVIII), vendido hace cinco años en 27,4 millones de euros.

Así se entiende las ovaciones y los clamores del público. Igualmente entusiastas cuando se anunciaron por megafonía los récords que habían alcanzado un lienzo de Géricault (nueve millones de euros), otro de Gainsborough (dos millones) y un tercero de Ensor (4,4 millones).

Las cuentas le están saliendo a Pierre Bergé por encima de lo esperado. Hasta el extremo de que los 300 millones de euros recaudados hasta ahora en el joyero de cristal y de acero del Grand Palais no tienen equivalente en la liquidación de ninguna colección privada de la historia.

Medio siglo necesitó YSL para darle sentido, coherencia. Y sólo tres días van a hacer falta ahora para dispersarla en los cuatro puntos cardinales. Con predominio del Este, puesto que las fortunas de Rusia, de China y del Golfo Pérsico, anónimas o no, acaparan la gran parte del tesoro. Unas veces alzando la mano con la discreción de un tahúr. Otras valiéndose del delegado telefónico: cien líneas están abiertas en el graderío del Gran Palais para que puedan interesarse los coleccionistas de ultramar.

"No nos hacemos idea del dinero que pueden llegar a tener estos nuevos multimillonarios", explica estupefacto el anticuario Claude Auguttes. "No son locos ni excéntricos, sino personajes para quienes estas cifras, aunque sean de vértigo, no representan un desembolso mínimamente sensible.


EL MUNDO.es



 

Me parece una pasada, pero para algunos tanta pasta es una  insignificancia.
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
Subasta de la colección de Yves Saint Laurent en París

En total se recaudaron 373 millones de euros




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Los polémicos bronces chinos, vendidos por 31 millones de euros. Los dos objetos, reclamados por Pekín, fueron robados hace 150 años en la capital china.

Las presiones que ha ejercido el Gobierno chino y el riesgo de una crisis diplomática entre Beijing y París no han impedido la venta de los bronces del siglo XVIII que estuvieron alojados antaño en el Palacio de Verano de la capital imperial.

Fueron expoliados en 1860 por las tropas francesas e inglesas en el fragor de la segunda guerra del opio, pero Pierre Bergé, compañero de Yves Saint Laurent, demostró haber adquirido legalmente las obras, tal como confirmó en último extremo la justicia gala.

La cabeza del conejo y de la rata, por tanto, ha sido esta noche el argumento estelar e incendiario de la tercera y última jornada oficiadas en la mega subasta parisina. Fueron adquiridas ambas por un valor de 31 millones de euros, 12 millones más de cuanto indicaban las estimaciones preliminares. Quizá porque la publicidad de la polémica ha supuesto un valor añadido a la subasta del tesoro.

Tres 'pujadores' se lo disputaron a través del teléfono de manera entusiasta, pero no ha trascendido la entidad del 'ganador' ni tampoco la nacionalidad (¿un comprador chino?).

373 millones recaudados

El lote formaba parte de las obras de mayor valor arqueológico de la colección YSL-Bergé y su venta ha disparado aún más las dimensiones del botín. De hecho, la subasta global, concluida esta noche, ha alcanzado los 373 millones de euros.

La marca excede la más optimista de las previsiones y deja en evidencia los 163 millones en que fue liquidada en 1997 el tesoro de la familia Ganz, hasta ahora la colección privada más valiosa en el mercado de la historia.

La diferencia se explica por las dimensiones del tesoro de YSL -733 obras- y por algunos hitos inesperados. Entre ellos, el record absoluto de un Matisse (32 millones de euros), la sorpresa de una escultura de Brancusi (29 millones) y los 21,9 millones de euros que un coleccionista puso sobre el altar de Christie’s para llevarse a casa el sillón de Eileen Gray que Yves Saint Laurent tenía y ocupaba en su casa de la rue Babylone.


EL MUNDO.es
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
El 'gran mundo' de Andy Warhol desembarca en el Grand Palais de París



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El complejo y diverso, "gran mundo" del que se rodeó por interés personal y comercial, que retrató en tiradas a veces industriales y en otros casos sólo de manera exclusiva, los retratos de Andy Warhol, desembarcan en París.

Una retrospectiva desconocida desde hacía treinta años, sobre el Warhol (1928-1987) retratista que "fabricó" a Marilyn Monroe multiplicada, que casi hizo de 'La Gioconda' una fotocopia, y que pintó los labios a un Mao poco menos que travestido es la que se ofrecerá en la capital francesa desde el 18 de marzo.

Sólo una vez antes se habían expuesto los retratos de Warhol (el genio de las naturalezas muertas) de modo retrospectivo, y fueron los 50 reunidos en el neoyorquino Whitney Museum, en 1979, lo que ahora hace que las 130 obras presentadas en París hasta el 13 de julio convoquen a una cita única.

"Warhol debe su reputación a cómo retrató a la sociedad de consumo", ha comentado en la presentación de la exposición su comisario, Alain Cueff, para quien "es evidente que, desde su infancia, para él la cuestión central es la posibilidad de representar el rostro humano".

"Junto con sus famosas botellas de Coca-Cola y las latas de sopa Campbell, que contribuyeron a su fama, en realidad es la representación del rostro humano lo que está en el corazón de la obra de Warhol", advierten los organizadores.

Al visitante le reciben en el Grand Palais "veinte Marilyns" como la vio el artista en 1962, una Elizabeth Taylor plateada de 1963 y una 'Red Jackie' (Kennedy) de 1964, que preceden al monumental 'Mao' (casi cuatro metros y medio por tres y medio), enfrentado (o reflejado) en el travestido de 'Ladies and Gentlemen' (1975).

La muestra ilustra la manera industrial de trabajar del artista, la invención del arte en serie y casi producido de modo masivo en su estudio 'The Factory', así como sus trabajos serigrafiados sobre tela, acetato y numerosos ejemplos de lo que le dio de sí la cámara instantánea Polaroid.

En los salones de medio mundo
Se suceden sala tras sala retratos que ya están en la historia del arte contemporáneo, la forma de ver warholiana a Brigitte Bardot, Meryl Streep, Clint Eastwood, Mick Jagger, Jane Fonda o Lana Turner, cuya reproducción o imitación masiva ya está en salones de estar de medio mundo.

Amigos o mecenas, aquellos a los que admiraba o quienes únicamente es que pagaban por un retrato suyo, miembros de la casa real iraní, modistos, otros pintores y políticos; la lista interminable es la de los Valentino, Basquiat, Carolina Grimaldi, Giorgio Armani, la princesa Diana y Elvis Presley.

El glamour y la religión
Parte de la exposición refleja cómo vio el artista el "gran mundo" que le rodeaba en la década de los ochenta en el siglo XX y la atracción que le provocó el mundo del "glamour", en una galería de retratos de casi fantasmas, muertos que están y otros que no están, como el del modisto Yves Saint Laurent.

Programado para quedar colgado en el mismo Grand Palais que vio subastar su impresionante colección de arte hace pocas semanas, el YSL "à la Warhol" se ha retirado por orden de Pierre Bergé, compañero del modisto a quien no convenció que el difunto Saint Laurent, a quien le dedicaran todo el palacio, no mereciera una sala propia dentro del "gran mundo".

La última parte de la muestra da testimonio de la preocupación religiosa y trascendental de Warhol, probablemente alejada de la imagen asociada al artista de las "sopas" y las cajas de jabón, y que invade las salas superiores del Grand Palais con los 112 retratos de Cristo: 'The last supper (Christ 112 times)',(1986).


EL MUNDO.es
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
Trienal 'La Force de l'Art 02'


El París monumental se rinde al arte contemporáneo

La iniciativa del Ministerio francés de cultura reúne a más de 40 artistas

Froment, Jouannais y Ottinger son los comisarios de la ambiciosa muestra

En torno a 130.000 personas visitaron la primera edición de la trienal




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Autoridades galas contemplan uno de los cuadros expuestos en el Grand Palais


El Grand Palais, el Museo del Louvre y la Torre Eiffel se transforman para acoger, a partir de este viernes, la trienal 'La Force de l'Art 02', consagrada al arte contemporáneo hecho en Francia por artistas de diferentes países.

La Torre Eiffel se encenderá de manera anárquica y no a horas fijas, el Louvre expondrá 'La Gran Odalisca' del pintor francés Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867) en forma de puzzle y la cúpula del Grand Palais parpadeará 'Don Quijote de La Mancha' traducido en código morse luminoso.

Sin distinción de edad, género o nacionalidad, esta segunda edición de la trienal albergará hasta el próximo 1 de junio las obras de más de 40 artistas, la mayor parte visibles en el Grand Palais.

Impulsada por el Ministerio francés de Cultura, la muestra tiene su epicentro en la construcción denominada 'nave', que se sitúa bajo la gran vidriera del Grand Palais y que fue diseñada para la ocasión por el arquitecto suizo Philippe Rahm.

En cartel hasta el próximo 1 de junio, la muestra reúne a más de 40 destacados artistasUn espacio de 4.000 metros cuadrados formado por una suerte de placas tectónicas, que describe el propio arquitecto como 'Geología Blanca', y que ofrece a cada obra un espacio propio, pero en igualdad de condiciones.

Desterrados de este espacio, seis de los artistas galos más consagrados del momento se tendrán que 'conformar' con exponer en otros lugares: Bertrand Lavier en la Torre Eiffel, Gérard Collin-Thièbaud en el Museo del Louvre, Daniel Buren en la entrada del Grand Palais, Annette Messager en el Palais de la Découverte, Orlan en el Museo Grévin, y Pierre y Gilles en la iglesia de Saint-Eustache.

Al frente de la organización del evento están los comisarios Jean-Louis Froment, Jean-Yves Jouannais y Didier Ottinger, a diferencia de la anterior trienal, en la que se otorgó 'carta blanca' a 15 personalidades del mundo del arte para concebir la exhibición.

Entre las obras más impactantes de esta edición destaca la instalación 'International Kebab', del artista chino afincado en París Wang Du, que consiste en decenas de miles de fotos apiladas alrededor de un eje de nueve metros de altura, imitando a un asador de kebab turco, y que los visitantes pueden cortar con unos cuchillos de cocina.

A unos pocos metros, el proyecto del argelino Fyaçal Baghriche reúne una bola del mundo que gira a gran velocidad con un mural plástico que muestra las estrellas de las banderas oficiales de los países de todo el mundo sobre un fondo azul celeste.

Jean-Baptiste Ganne es el artífice de la versión de 'Don Quijote de La Mancha' en código morse luminoso de color rojo, que se emitirá desde la cúpula del Grand Palais, simulando un faro por encima de los tejados parisinos.

La francesa Véronique Aubouy propone un gran fresco cinematográfico con centenares de lectores de Marcel Proust en diferentes situaciones.

Otras de las grandes atracciones de la segunda edición de 'La Force de l'Art 02' es la instalación de los jóvenes Fabien Giraud y Raphaël Siboni, un gran cubo negro que gira de manera rápida y violenta gracias a una especie de amortiguadores que tiene como patas.

Amplia oferta de actividades complementarias. Además de las exposiciones que alberga toda la capital francesa, la muestra se completa con actuaciones musicales, espectáculos en vivo, conferencias y talleres para escolares.

Una decena de fiestas tendrán lugar durante el período que se prolonga la exhibición para fomentar el encuentro entre creadores de diferentes generaciones y estilos con su público.

Esta segunda edición viene precedida de la muestra organizada en 2006 que, bajo los auspicios del primer ministro francés de la época, Dominique de Villepin, recibió 130.000 visitantes.

Con más de dos años y medio de preparación y una línea mucho más homogénea que la de hace tres años, esta cita internacional del arte 'made in France' exhibe las nuevas propuestas y demuestra una vez más que París se rinde a la fuerza de sus artistas.


EL MUNDO.es
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
'Turner et ses peintres', del 24 de febrero al 24 de mayo en el Grand Palais de París. En junio llegará al Museo del Prado


Turner inunda el Grand Palais

Una exposición en París confronta al artista con sus maestros




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Joseph Mallord William Turner. Autorretrato 1798 [Tate Gallery - Londres]

El pintor británico William Turner (1775-1851), precursor de insospechadas modernidades, ha llegado a París. Tras su paso por la Tate Gallery, y antes de recalar en el madrileño Museo del Prado, una gran exposición en el Gran Palais confronta al artista con los cuadros y maestros que le inspiraron.

El artista británico siguió a rajatabla la regla número uno de su época —"imitar a los grandes maestros del pasado"—, pero esta mirada a los pintores de su pasado y a sus contemporáneos le llevó a desarrollar su personal estilo. Así se convirtió en uno de los más audaces padres del impresionismo y la abstracción.

La muestra —organizada por la Tate Britain, en colaboración con la red de museos gala (RMN) y el Museo del Prado— se inaugurará este miércoles en el Grand Palais y podrá contemplarse hasta el próximo 24 de mayo con el título 'Turner et ses peintres' (Turner y sus Pintores).

Después, la exposición viajará a Madrid, donde podrá verse en el Prado del 22 de junio al 19 de septiembre próximo, bajo el título 'Turner y los Maestros', traducción exacta del utilizado en Londres hasta el pasado 31 de enero.

Sin duda el Grand Palais podría difícilmente recurrir a ese mismo enunciado tras el apabullante y reciente éxito, también mercadotécnico, de 'Picasso y los Maestros' (783.352 visitantes del 6 de octubre de 2008 al 2 de enero de 2009).


La visión parisina de Turner

El enfoque parisino revela además un matiz especial dentro de esta triple exhibición que es ante todo el "fruto del trabajo de más de 50 años de los investigadores de Turner, muchos de ellos ya muertos", explica el comisario francés, Guillaume Farault.

Gracias a ellos "sabíamos perfectamente qué cuadros vio Turner y qué cuadros le inspiraron", también "sabíamos donde estaban, la dificultad era conseguir los préstamos", añadió el conservador del Museo del Louvre, una de las instituciones que gestiona la RMN.

En sus grandes líneas, agregó Farault, la exposición "fue concebida en Londres", luego cada cual desarrolló su propia visión. En París, se propone plasmar "el encuentro del artista con el Louvre y con los artistas franceses contemporáneos suyos, en especial en lo que concierne al paisaje".

La búsqueda muestra "lo que los maestros aportan a la modernidad". En cierto modo, Turner "quiso conciliar la belleza clásica con los elementos de la modernidad, que son los que consisten en representar la atmósfera, la luz, el movimiento y la velocidad", añade Farault.


Haciendo la pintura visible

El pintor británico lo hizo "principalmente gracias a su técnica, con una factura muy visible", donde la pintura "es muy espesa y se ven mucho los colores directamente aplicados sobre la tela", empastados sin particular dulzura y con relieve, a diferencia de como hacían los maestros antiguos, subraya.

Lo que quería Turner era "hacer visible la pintura con su materialidad, su peso, su consistencia y su textura".

No fue el único en utilizar esa técnica, pues muchos pintores ingleses trabajaban ya con ella algunos fragmentos de sus cuadros, pero, resaltó, sí fue el primero en llenar con ella toda una obra.

Respecto a las principales influencias francesas, Faroult resalta ante todo dos: Lorrain (1600-1682) y Poussin (1594-1665), aunque precisó que trabajó igualmente sobre Watteau (1684-1721) y otros artistas como Gericault (1791-1824), "cuya 'Balsa de la Medusa' pudo ver en Londres y de la que hizo una variación". La obra está ausente de París y tampoco pudo verse en Londres.

En relación con la exposición de la Tate, la gran diferencia será una mayor ausencia de maestros holandeses que también impregnaron la creatividad de Turner, y la existencia de más pinturas al óleo y menos acuarelas, explicó.


En junio, en el Prado

Faroult dice ignorar cuál será el enfoque que se le dará en el Prado, que prestó al Grand Palais dos 'Moisés salvado de las Aguas', uno de ellos de De Lorena, el otro de Veronese (1528-1588), una de las grandes influencias italianas de Turner.

El comisario francés recordó que el gran viajero Turner no visitó nunca España ni se conoce de momento "una relación directa de España en su pintura".

Consideró, sin embargo, interesante "hacer una arqueología de lo que pudo ver" para saber si este contemporáneo de Francisco de Goya estudió la pintura española "que en su época comenzaba a ser descubierta por los pintores ingleses".

Es un tema que "no ha sido estudiado hasta ahora y que tampoco está documentado", pues como no fue nunca a España no hay nada en sus notas ni en sus numerosos cuadernos, llenos de croquis y reflexiones sobre sus lecturas y sobre los cuadros que veía, añadió Faroult.


EL MUNDO.es


 

Muy interesante esta exposición de Turner y sus maestros, lo mejor es qué los aficionados al arte podremos verlo en el Prado en Junio
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
Gran exposición de Monet en el Grand Palais de París


El Grand Palais espera batir récords de afluencia con la muestra más grande del pintor

Más de 90.000 entradas han sido vendidas antes de la inauguración

Se quiere superar los 800.000 visitantes de la muestra 'Picasso y los maestros'




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Monet en su estudio. Un retrato del pintor impresionista francés Claude Monet (1840- 1926) mientras posa junto a una obra de su serie Ninfas.

París administra justicia poética a Claude Monet (1840-1926). El gigante del impresionismo, relegado en otras épocas y en su propio país a vulgar pasatiempo de salón burgués, vuelve a Francia exactamente 30 años después de la última vez. Y mucho han cambiado las cosas en el terreno de la crítica y de la relevancia cultural para el pintor desde entonces. Lo que permanece inmutable es su enorme atractivo para el público: casi 90.000 entradas se han vendido ya en Internet antes de la inauguración de hoy para asistir a la muestra del majestuoso Grand Palais. Con 170 obras, la exposición es la más grande nunca dedicada al artista.


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Retrato de un Maestro. Oleo sobre lienzo titulado Autoportrait, pintado en 1917. Obra de Claude Monet

Para responder a tanto interés el museo abrirá por primera vez sus puertas todos los días de la semana. El objetivo es batir la marca registrada por la exposición de Picasso y los maestros de hace dos años, que atrajo a casi 800.000 visitantes. "Se trata de un recorrido muy coherente, porque en realidad hay varios pintores en Monet que se encajan y que finalmente desembocan en esa creación de nenúfares que solo le pertenece a él", explica Sylvie Patin, comisaria general del Museo de Orsay, prestatario de unas 40 obras para la muestra. "El arte de Monet no se limita a su papel como jefe de fila de los impresionistas, sino que se renovó convirtiéndose en el pintor de series y precursor de la modernidad. Cuanto más avanzaba en su trabajo, más quería captar la luz", añade Patin, una de las cinco personas expertas en Monet encargadas de preparar la exposición.


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Le Parlement, effet de soleil (1903). Obra de Claude Monet

La trayectoria del inquilino temporal del Grand Palais, una de las más singulares de la historia del arte, desemboca en un final del camino sublime; en la explosión de luz y de color de los legendarios nenúfares. El viaje cuenta con paradas apasionantes. Desde sus pinturas del bosque de Fontainebleau, cerca de París, y sus primeras pinceladas de las costas normandas, hasta las series de paisajes, pasando por sus estampas parisienses como las vistas de la estación de trenes de Saint-Lazare y sus postales del mar Mediterráneo. El paroxismo de Monet se articula en torno a 1890, cuando el pintor, dueño ya de cierto estatus, adquirió su casa de Giverny. En ella se retiró a partir de 1893. Y allí hizo construir su estanque con nenúfares y un pequeño puente japonés, tema inmutable de inspiración creativa hasta el final. "Giverny es indisociable de Monet: el lugar en el que el pintor creó la naturaleza", explica Patin.


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El Sena congelado. Oleo sobre linezo titulado Glaçons sur la Seine à Bougival, pintado entre 1867 y 1868. Obra de Claude Monet

En esa época alcanza su cúspide creativa, que inició con una veintena de lienzos de pajares, cinco de los cuales se exhiben en la exposición. También se han rescatado cinco de la casi treintena que realizó a partir de la catedral de Rouen, desde tres diferentes puntos de vista. Se trata de un trabajo minucioso e incluso obsesivo por captar la luz en diferentes momentos del día. Monet explicó en una de sus numerosas y valiosas cartas -en las que, al estilo de Van Gogh, la pintura era tan importante como la letra-, que llegó a tener pesadillas en las que el monumento gótico se derrumbaba para desparramarse en una orgía de colores.


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El Invierno decadente. Oleo sobre lienzo titulado La debâcle, temps gris, pintado en por Monet 1880.

La exposición se desmarca en este punto de su condición de mera monografía al exponer frente a estas cinco obras la respuesta pop que articuló Roy Lichtenstein. El estadounidense las descubrió en 1968. Pintó cinco series de 15 obras, de las cuales cinco están presentes en la exposición, en tonos amarillos, rojos y azules. Su homenaje a Monet también le llevó a reproducir la catedral y los pajares en una serie de litografías que expuso en 1969 en la galería de Leo Castelli en Nueva York, templo del arte pop.


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Campo de amapolas. Oleo sobre lienzo titulado Les Coquelicots à Argenteuil, pintado en 1873 por Monet.

La muestra se detiene también en algunas de las facetas menos conocidas de Monet, como su trabajo de retratista o de pintor de naturalezas muertas. Destaca una enorme pintura de Camille Doncieux, su primera compañera, a la que dibujó hasta en su lecho de muerte.


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Efecto de la nieve en una mañana. Oleo sobre lienzo titulado Meule, effet de neige, le matin, pintado por Monet en 1891.

Es inevitable resaltar en la muestra una ausencia abismal dado su carácter simbólico: Impressions soleil levant, la vista del puerto normando de Le Havre que da nombre al movimiento impresionista. Su dueño, el museo Marmottan-Monet, no quiso cederlo. El centro prepara su propia exposición, a partir de principios de octubre y en la que mostrará por primera vez su colección del pintor en su integridad.


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Monet en Giverny. Un retrato del pintor impresionista francés Claude Monet (1840- 1926) mientras posa junto a una obra.



EL PAÍS.es
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
La vida que se esfuma      

Una panorámica "de lo universal y lo eterno" a través de las obras de Monet expuestas en el Grand Palais.


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Essais de figure en plein air (vers la droite), 1886, y Essais de figure en plein air (vers la gauche), 1886, de Monet, en el Grand Palais de París.

Hay, sin duda, muchas maneras de visitar la magnífica exposición que el Grand Palais dedica estos días a la obra de Claude Monet. El visitante puede proceder como si avanzara por un camino rural. Un camino que, entre bosques o siguiendo la línea costera, terminará llevándole a Giverny, el lugar donde el pintor creó su querido jardín y pasó sus últimos años pintando una y otra vez los famosos nenúfares. La naturaleza que atraviesa este camino es claramente francesa -como lo es el término impresionismo-. Es una naturaleza que te hace enamorarte de la Francia de hace cien años. Otra posibilidad es que el visitante escoja un solo cuadro, pongamos Le Petit Ailly, Varengeville, plein soleil, 1897. Monet pintó varias veces este acantilado, con el barranco cubierto de vegetación que se precipita hacia el mar y la llamada Casa del Pescador. Era para él un tema inagotable. Siguiendo las pequeñas pinceladas, las "comas" de pintura al óleo, uno puede dejar que su vista se pierda en el cuadro. Entonces esas innumerables pinceladas se entretejen, pero no forman un paño, sino una cesta de luz que contiene todos los sonidos que uno pueda recordar del verano en la costa normanda, hasta que la cesta se transforma en la tarde estival de cada espectador. O también podemos aprovechar la oportunidad que nos brinda esta exposición de volver a situar en su contexto, 84 años después de su muerte, la figura de Monet. No se trata de enzarzarse en ninguna polémica académica, sino de intentar definir con mayor claridad adónde llegó su arte y cómo actúa en nosotros. Se suele considerar que Monet es el maestro, el patriarca, de los impresionistas, quienes se dejaron inspirar por los nuevos temas que descubrieron en la naturaleza, en la luz que no cesa de cambiar dependiendo del momento del día, del tiempo y de las estaciones. Su objetivo era representar su percepción de la transitoriedad del momento, con frecuencia de un momento feliz. La luz y el color pasaron a ocupar un lugar preeminente, por encima de la forma y de la narración; y el arte de los impresionistas se basaba en una atenta observación de unos efectos atmosféricos en transformación constante. La luz y el color celebraban y al mismo tiempo refutaban lo efímero. Y todo ello en un clima cultural en el que el positivismo y el pragmatismo tenían un peso enorme. Monet pinta la fachada de la catedral de Rouen treinta veces, y en cada lienzo capta una nueva transformación, las diferencias producidas por el cambio de la luz. Pinta los mismos dos almiares veinte veces. En unas ocasiones se queda satisfecho; en otras, frustrado. Sin embargo, sigue buscando algo más, decidido a ser cada vez más fiel, pero ¿a qué? ¿Al momento que pasa fugaz? Creo que Monet, como muchos otros artistas innovadores, no sabía en qué consistía exactamente su innovación. O, para ser exactos, no sabía cómo llamar a lo que había logrado. Solo alcanzaba a reconocerlo intuitivamente, para luego volver a dudar. Una obra clave para volver a situar a Monet es Camille Monet sur son lit de mort, 1879. Su primera mujer murió a los 32 años. En el cuadro vemos su cabeza envuelta en una toquilla y reclinada sobre las almohadas, la boca y los ojos ni cerrados ni abiertos, los hombros flácidos. Los colores son los colores de las sombras y de la luz desvaída de la nieve cayendo sobre una loma (las almohadas). Las punzantes pinceladas son diagonales. Vemos a Camille a través de una ventisca de pérdida. La mayor parte de los cuadros en los que se representa un lecho de muerte le hacen pensar a uno en los sepultureros. Pero no así este, que trata del acto de partir, de irse a otro lado. Y, sin embargo, es una de las grandes representaciones del duelo. Diez años antes de la temprana muerte de Camille, Monet había pintado una esquina de un campo nevado, y al fondo de la escena, posada en una valla, se ve una urraca. Y así tituló el cuadro, La pie. Nuestra mirada se dirige hacia el pajarillo blanco y negro porque es el centro de la composición y también porque sabemos que en cualquier momento levantará el vuelo. Está a punto de partir, de irse a otro lado. Un año después de la muerte de su esposa pintó una serie de lienzos sobre el deshielo en el Sena. Era un tema que ya había abordado antes. Le fascinaba la desintegración y, sobre todo, la dislocación del hielo, que antes había formado una masa fija, compacta y regular. Y ahora, rota e irregular, era arrastrada río abajo por la corriente. Esos rectángulos de hielo blanquecinos que se lleva la corriente me hacen pensar en lienzos sin pintar flotando en el agua. ¿Se le pasó a él la misma idea por la cabeza? Nunca lo sabremos. Todos sus cuadros remiten a algo que fluye. Pero ¿se trata, como suponía la doctrina impresionista, del fluir del tiempo? No lo creo.

  Creo que Monet, como muchos otros artistas innovadores, no sabía en qué consistía exactamente su innovación.

Mucho después de haber pintado a Camille en su lecho de muerte Monet le contaba a su amigo Clemenceau en una carta el dolor que sintió, el susto que se llevó, al darse cuenta de pronto, mientras la pintaba, de que estaba estudiando su pálida cara y observando las pequeñas variaciones de tono y color que había producido la muerte en ella como si se tratara de algo cotidiano, de algo que se observa normalmente. Y terminaba diciendo: "Igual que la mula que mueve la noria. Compadécete de mí, amigo mío". Se queja porque, cuando deja los pinceles, no sabe explicar qué estaba haciendo ni adónde le han llevado las pinceladas. Monet confesó una vez que no quería pintar las cosas, sino el aire que las rozaba. El aire envolvente. Hubo otro pintor europeo que se propuso un reto parecido: Vermeer. Sus métodos no podían ser más distintos, pero su sueño como pintores era, tal vez, el mismo: capturar en el lienzo aquello en lo que estaban inmersos sus temas, representar de alguna manera el aire transparente que envolvía o contenía los temas pintados. Vermeer fue contemporáneo del filósofo Spinoza; los dos nacieron y vivieron en Holanda y a los dos les interesó la óptica. Puede que se conocieran, pero no hay documento que lo atestigüe. Una de las teorías básicas de la filosofía de Spinoza es que la sustancia es indivisible, todo forma parte de la misma sustancia, cuya extensión es infinita. Una segunda teoría es que lo que él denomina sustancia pensante y la sustancia extensa son lo mismo. Con estas teorías en mente, aquí muy resumidas pero no por ello menos sugestivas, volvamos a Monet. El aire envolvente ofrece continuidad y una extensión infinita. Si consigue pintar el aire, Monet podrá también seguirlo, como se sigue un pensamiento, si no fuera porque el aire opera sin palabras, y, cuando se lo pinta, solo está visiblemente presente en los colores, las pinceladas, las capas, los palimpsestos, las sombras, las caricias, los rasguños. A medida que se acerca más y más a este aire, este lo lleva, junto con el tema original, a otro lado. El flujo ya no es temporal, es sustancial y extensivo. ¿Adónde los lleva el aire entonces? Hacia otras cosas que ha envuelto o envolverá, pero para las que no tenemos un nombre convenido. Llamándolas abstractas no haríamos más que reconocer nuestra ignorancia. Monet se refirió muchas veces a la "instantaneidad" que intentaba captar. Puesto que forma parte de una sustancia indivisible que es infinitamente extensiva, el aire transforma esa instantaneidad en eternidad. Las pinturas de la fachada de la catedral de Rouen dejan de ser registros de unos efectos fugaces y se transforman en respuestas a unas asociaciones con otras cosas que pertenecen a lo infinitamente extensivo. De este modo, la envoltura de aire que tocaba la catedral viene a quedar así impregnada tanto por una meticulosa percepción de la catedral, la del pintor, como por una confirmación de aquellas percepciones provenientes de lugares que no tienen dirección.

Los cuadros de los almiares responden a la energía del calor del verano, a los cuatro estómagos de una vaca cuando rumia el alimento, a ciertos reflejos en el agua, a las rocas del mar, al pan, a unos mechones de pelo, a los poros de una piel viva, a las colmenas, a los sesos... En este sentido, quiero sugerir a los visitantes de la exposición que no vean los cuadros allí colgados como documentos de lo local y lo efímero, sino como panorámicas de lo universal y lo eterno. El otro lado, que aparece como una obsesión en todos ellos, es extensivo más que temporal, metafórico más que nostálgico. Una de las flores favoritas de Monet era el lirio. No hay otra flor que pida con tanta energía ser pintada. Es algo que tiene que ver con la manera de abrirse de sus pétalos, ya perfectamente impresos. Los lirios se parecen a las profecías, sorprenden al tiempo que tranquilizan. Por eso, tal vez, le gustaban tanto.


Traducción de Pilar Vázquez. Monet. 1840-1926. Grand Palais. París. Hasta el 24 de enero de 2011. Web: www.grandpalais.fr



JOHN BERGER / EL PAÍS
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
El París de los Stein, el arte de un siglo

El Grand Palais reúne, tras años de negociaciones, 200 obras de la fastuosa colección de los mecenas estadounidenses - Picasso y Matisse son las estrellas de la muestra
    


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La escritora Gertrude Stein, en su casa de París, ante su célebre retrato pintado por Picasso

Emigrados al París efervescente de principios de siglo, los Stein recibían en sus salones a la vanguardia intelectual y artística del momento. Mecenas y bohemios, fueron los primeros en descubrir a Matisse y a Picasso, pero su enorme legado abarcaba un mundo, desde Cézanne hasta Picabia, pasando por Gris. Con su curiosidad y un ojo experto para detectar nuevos talentos, los integrantes de esta familia estadounidense amasaron una de las mayores colecciones de arte moderno, un conjunto inigualable de joyas que se dispersó por culpa de las guerras y de las herencias de cada uno de sus miembros.

Ahora, con el pretexto de una imponente exposición titulada La aventura de los Stein, el Grand Palais de París propone captar de la mano de esta extraordinaria familia aquella época cumbre. "Lo fascinante de los Stein es que compraron mucho y en muy pocos años, sobre todo en los años heroicos anteriores a la guerra, años en los que sus artistas de predilección eran todavía poco conocidos", relata Cécile Debray, comisaria de la exposición. En total, la acaudalada familia llegó a reunir más de 600 lienzos, que en su día compitieron por hacerse un hueco en las abarrotadas paredes de sus mansiones. Después de un exhaustivo trabajo de documentación y negociación que duró cinco años, la exposición, preparada con el Museo de Arte Moderno de San Francisco y el Metropolitan de Nueva York, ha logrado reunir una impresionante colección de cerca de 200 pinturas, incluidas grandes obras maestras.


Manet, Gris, Renoir y Cézanne fueron otros grandes 'tesoros' de la familia

Más allá de la alargada sombra de la escritora Gertrude, personaje clave de la vanguardia de principios de siglo tanto por su obra como por su papel de mecenas y confidente -Woody Allen no dudó en incluirla, a su manera, en su última película, Medianoche en París-, la muestra explora la faceta de cada uno de los personajes de esta atípica familia. Está Leo, el primero en emigrar en 1902 -su hermana se unió al año siguiente-, quien busca en la vanguardia de principios de siglo los ecos de la pintura clásica. Luego llegan Michael, el mayor, empresario que financia la aventura familiar, y su esposa, la mística Sarah, gran defensora de la obra de Matisse.

Fue la obsesión de Leo por la influencia que la Vénus de Giorgione (1510) ejerció entre los nuevos artistas la que le llevó a comprar el hipnótico Nu Bleu: souvenir de Biskra (1907), de Matisse. Picasso descubrió el lienzo en el salón de la Rue Fleurus, donde Leo y Gertrude recibían cada sábado hasta altas horas de la madrugada, y quedó intrigado por aquel atípico y adornado desnudo tumbado: "No entiendo lo que ha querido hacer. Si quiere pintar a una mujer desnuda, que pinte a una mujer desnuda. Si quiere pintar arte decorativo, que pinte arte decorativo. Pero no es ni lo uno, ni lo otro".


La intelectualidad y la bohemia de París se daban cita en casa de Gertrude Stein

Aunque la audacia de la familia, que en los primeros años se centró en coleccionar obras de los que llamaba los cuatro grandes -Manet, Cézanne, Renoir y Degas- queda mejor plasmada con la adquisición del objeto del escándalo del gran salón de otoño de 1905, el que marcó el nacimiento del fauvismo: Mujer con sombrero, también de Matisse. Pese a su rechazo inicial por esas pinceladas gruesas y su explosión de colores, Leo Stein intuyó a toda velocidad el nacimiento de un nuevo movimiento artístico. "Eran las peores manchas de pintura que jamás había visto", confesó. "Era lo que esperaba sin saberlo".

A partir de 1908, coincidiendo con los primeros experimentos de Picasso hacia el cubismo, Leo, entusiasta comprador del periodo azul y rosa del pintor español, se empieza a desinteresar por sus antiguos protegidos para centrarse de nuevo en Renoir. Un apartado que la exposición se limita a mencionar, dado que el grueso de este legado pertenece a la Fundación Barnes, que no presta estas obras.

El foco pasa entonces plenamente a su hermana Gertrude, que desarrolla su propia escritura cubista en paralelo con Picasso y que encontrará en Juan Gris, al que descubre en 1914, al heredero natural del malagueño. La cantidad de retratos del personaje, desde el severo Gertrude Stein que Picasso retrató en 1905, inspirado en otro cuadro que adornó las paredes del salón de los Stein, Madame Cézane à l'éventail (1878-1888), hasta el imponente bronce de Jo Davidson de 1923, dan una idea de la enorme influencia de la escritora estadounidense.

Aunque la fuerza de las obras expuestas justifica por sí misma el interés de la exposición, la muestra se esfuerza ante todo en recrear la ebullición intelectual en la que se enmarcan. Las fotografías y citaciones invitan a recrearse en el ambiente de los salones artísticos y literarios de los Stein, en cuyas casas (en la Rue Fleurus se encontraban Leo y Gertrude y en la Rue Madame, Michael y Sarah, antes de mudarse a una casa construida especialmente para ellos por Le Corbusier) se daba cita toda una legión de intelectuales y artistas. El propio Guillaume Apollinaire, fascinado por aquellos americanos, reconocía que en ocasiones se perdía en las conversaciones y no se atrevía a preguntar... por miedo a pasar por un ignorante.



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Femme au chapeau, de Henri Matisse; la explosión del fauvismo.



Vida en Francia


- Los hermanos Stein llegan a París por etapas. El primero, Leo, se muda en 1902. Un año después aparece Gertrude. Más tarde se afincaron el mayor, Michael, un financiero, y su esposa, Sarah.

- Los hermanos Leo y Gertrude viven juntos de 1903 a 1914. En el número 27 de la Rue Fleurus abren su salón: cada sábado recibían a artistas varios. Desde 1904 empiezan a adquirir obras cuando Michael les anuncia que tiene 8.000 francos en su cuenta. Compran dos gauguin, dos renoirs y un cézanne.

- Gertrude conoce a Alice B. Toklas, su amor, el 8 de septiembre de 1907, primer día de Toklas en París, en casa de Michael.

- Leo deja París en 1914 y se muda a Settignano (Italia). La colección de arte se divide entre los hermanos y Gertrude apuesta por seguir adquiriendo obras cubistas.


elpais.com
 




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Post Re: El Grand Palais De París 
 
París se reconcilia con Georges Braque


El Grand Palais recupera su figura, a través de 200 obras, especialmente pinturas, algunos dibujos y esculturas



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Guitarra y Vidrio, del artista Georges Braque

Appolinaire describía a Picasso como una enorme llama y a Braque como a un regulador, oponiendo así la pasión y espectacularidad del primero a la racionalidad y discreción del segundo. A pesar de su papel como cofundador del cubismo, de su enorme consagración en vida –fue el primer pintor vivo en exponer en el Louvre- y de unos funerales de Estado dignos de los más grandes, Georges Braque (1882-1963) ha quedado relegado con el tiempo a un segundo plano, aplastado por la gigante sombra del español. El francés carece por ejemplo de un museo dedicado a su obra, que se encuentra así diseminada. Cuando se cumple justo medio siglo de su muerte, el Grand Palais recupera su figura con una gran retrospectiva, la primera en París desde hace cuatro décadas.

A través de más de 200 obras, esencialmente pinturas, con algunos dibujos y esculturas, la muestra, comisionada por Brigitte Léal, recurre a la siempre eficaz exposición cronológica para repasar su constante búsqueda de equilibro entre el rigor y la emoción. El todo se acompaña de forma didáctica con salas de ambientación repletas de cartas, libros ilustrados y fotografías -firmadas por Man Ray, Robert Doisneau o Henri Cartier-Bresson- que recuerdan su pasión por la música y su gran amistad con Erik Statie, así como con poetas como Guillaume Appolinaire, Pierre Reverdy y René Char.

“El pintor ve colores y formas”, escribía Braque en sus reflexiones sobre el arte. Fueron primero los colores extravagantes de sus contemporáneos fauvistas, un movimiento que el pintor criado en Le Havre descubre en el Salón de Otoño de 1905, las que le inspiraron en una serie de paisajes marselleses de l’Estaque, siguiendo los pasos de su modelo Cézanne, en 1906 y 1907. Al año siguiente, vuelve a retratar la localidad del sur de Francia, pero esta vez su pintura ha cambiado: la perspectiva tradicional desaparece y los paisajes son representados por sus volúmenes.

Entre tiempo, Braque ha conocido a Picasso, al que ha visitado en su estudio del Bateau-Lavoir cuando este preparaba Las Señoritas de Avignon. Aunque considerada como la primera obra cubista, el movimiento nace oficialmente con la exposición de 1908 de las obras de Braque de l’Estaque, a las que Matisse se refiere como realizadas con “pequeños cubos”. Para Braque, el cubismo sirve sobre todo para “multiplicar en la superficie dibujada, construida y pintada, la visión del mundo, al ofrecer simultáneamente las diversas caras de las cosas”.

Durante este periodo, Picasso y Braque, con sus personalidades opuestas pero “guiados por una idea común”, en palabras del francés, crean una suerte de “cordada de alpinistas”, un intercambio constante y extremadamente fructuosos en el que se multiplicaban las innovaciones. Es en esta época que Braque inventa el collage, el cual aparece por primer vez en Compotier et verre en 1912, con un papel de imitación de madera. En otras obras cambia por papel de periódico e incluso papel cartón ondulado que imita el mango del instrumento en La Mandoline de 1914.

Aquel diálogo queda interrumpido por la primera guerra mundial, en la que Braque resulta herido en el frente en mayo de 1915. No vuelve a la pintura hasta 1917 con una serie de naturalezas muertas. Las formas se hacen más suaves y, sobre todo, los colores reaparecen, con tonos de azul y de naranjas combinados “como una música” como queda plasmado en su majestuosa La Musicienne (1917-1918). Braque emprende entonces también un complejo regreso a la pintura figurativa, con guiños al clasicismo.

Durante la Ocupación de Francia durante la segunda guerra mundial, aparece el Braque más oscuro: las calaveras se multiplican, los pescados negros, símbolo de la guerra y del hambre que conlleva son omnipresentes, y la soledad del pintor replegado en su estudio queda reflejada en obras como L’Homme à la guitarre o l’Homme au chevalet, ambas de 1942.

Siguen sus series de estudios temáticas, desde los billares hasta sus últimos paisajes, pasando por sus retratos de talleres y su serie de pájaros, partiendo del encargo realizado por el museo del Louvre en 1953 para el techo de su sala Hércules, que adorna con grandes aves azules. En 1961, el mismo museo le dedicada la exposición L’atelier de Braque.

Braque desaparece así en 1963 en lo más alto de su fama. “Antes de que Georges Braque descanse en el pequeño cementerio normando que ha elegido, aporto aquí el homenaje solemne de Francia”, señaló en su entierro el escritor y entonces ministro de Cultura, André Malraux. “Habrá reconocido, señora, la música que acaba de oír, antes de esas campanadas que sonaban antaño por los reyes: es la Marcha fúnebre por la muerte de un héroe” señalaba en el vibrante homenaje en el que recordaba “a uno de los mayores pintores del siglo”. Es posible que fuera precisamente su papel destacado de pintor casi oficialista del gaullismo el culpable de cierto desinterés por parte de las siguiente generaciones en busca de ruptura. Una injusticia que la muestra se propone ahora corregir.



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Post Re: El Grand Palais De París 
 
Genuflexión francesa ante Velázquez


El Grand Palais presenta la mayor exposición monográfica del artista en 25 años



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'Venus del espejo', de Velázquez. Óleo sobre lienzo, 122 × 177 cm. National Gallery de Londres, Londres, Reino Unido.

Decía Manet que descubrir a Velázquez, "pintor de los pintores", ya justificaba por sí solo un viaje a Madrid. Los franceses tendrán, a partir del próximo miércoles, un motivo menos para traspasar la frontera. Una gran exposición sobre el pintor sevillano abrirá entonces sus puertas en el Grand Palais de París, donde quedará expuesta hasta el 13 de julio. Los Reyes inaugurarán oficialmente la muestra este martes, durante su visita de Estado a la capital francesa. Pero en los pasillos todavía silenciosos del Grand Palais, donde un equipo colgaba el viernes por la noche los últimos paneles y cartelas, ya relucen las 51 obras atribuidas a Velázquez que ha logrado concentrar el joven comisario Guillaume Kientz.

Este conservador del departamento pictórico del Louvre se enfrenta, con solo 34 años, al reto de orquestar la mayor monográfica que se recuerde desde la que organizaron conjuntamente el Prado y el Metropolitan Museum en 1989. Por lo menos, así es cuando se atiende al número y la envergadura de los préstamos recibidos, llegados de colecciones públicas y privadas de Londres, Florencia, Berlín, Roma, Viena, Budapest, San Petersburgo, Dublín, Dresden, Nueva York, Boston o Washington, a veces sorteando múltiples obstáculos.

Pensada con didactismo para un público internacional y no necesariamente familiarizado con su obra, la muestra revisa cronológicamente la totalidad de la trayectoria de Velázquez. Se adentra en su etapa sevillana antes de inspeccionar la influencia del caravaggismo y el naturalismo de escenas taberneras -como La mulata o Tres músicos- y de centrarse en sus días en corte de Felipe IV, a la que accedió en el otoño de 1623. Además, da cuenta de sus dos viajes a Italia y del regreso a una corte reconfigurada tras las segundas nupcias del monarca. A lo largo del camino, despuntará la subjetividad del pintor, que logra emerger por encima de las rígidas convenciones que imponía el retrato de la realeza. Lo demuestra su semblanza de Pablo de Valladolid sobre un fondo casi abstracto, a la que ahora se suma otra del inquisidor Sebastián de la Huerta, perteneciente a una colección privada y "casi nunca visto en público", según el comisario. Sobresale también el legendario enigma que envuelve a muchos de sus lienzos, sintetizado por el reflejo borroso de su Venus del espejo, que ha cedido para la ocasión la National Gallery de Londres. "Con Velázquez nunca te marchas sintiendo que lo has descubierto todo. Su misterio es infinito. Sabes que siempre lograrás ver algo más", expresa el hispanista Jonathan Brown, considerado el mayor experto en el pintor.
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Del medio centenar de obras recibidas, 18 proceden de museos españoles. El Museo del Prado ha cedido siete lienzos -el máximo fijado por sus estrictas reglas de préstamo, sobre su fondo de 49 obras-, entre ellos La fragua de Vulcano y el Retrato del Príncipe Baltasar Carlos a caballo. Patrimonio Nacional ha cedido dos: La túnica de José, que suele lucir en El Escorial, y el Caballo blanco de la colección del Palacio Real, lienzo inacabado que pudo servir de modelo para los retratos ecuestres que preparaba su taller.


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Una visitante ante el Retrato de Felipe IV, de Velázquez.

El Hospital de los Venerables de Sevilla ha cedido dos obras, a cambio de un cuadro de Murillo que el Louvre le prestará en 2016. Por su parte, el Museo de Orihuela, pese a sus reservas, acabó aceptando prestar La Tentación de Santo Tomás, ante la reconocida insistencia del comisario, también a cambio de una obra de Philippe de Champaigne. Además, el Palazzo Doria-Pamphilj de Roma ha mandado su Retrato de Inocencio X, imponente figura que fascinaba a Francis Bacon por la brutalidad de su rictus, que habría disgustado al mismo Papa al descubrir su reflejo pictórico. Partiendo de una tesis novedosa, el comisario toma el partido de exponerlo junto a un modelo atribuido al taller del pintor, que para Kientz sería un estudio previo pintado el propio Velázquez, pese a las opiniones divergentes de otros expertos.

La necesidad de acudir a préstamos extranjeros se explica por la escasa presencia de Velázquez en las pinacotecas autóctonas. Había una docena en la colección de Luis Felipe, último monarca de los franceses, pero fue subastada tras su reinado hacia 1850 y diseminada por todo el planeta. A día de hoy, el Louvre solo cuenta con un retrato de Felipe IV, depositado en un museo de arte hispánico de Castres y ahora presente en la exposición. Solo existen dos lienzos más en territorio francés, uno en Orleans y el otro en Rouen. "Durante los siglos XVII y XVII, Velázquez solo fue conocido y apreciado en España", ha justificado el conservador jefe del Prado, Javier Portús, a Le Monde. "El conocimiento y el gusto por el artista en el extranjero no fue posible hasta el siglo XIX, cuando abre el Prado y su obra es más difundida, mientras ciertas corrientes reivindican los valores naturalistas y anticlásicos que defendía".

Proust lo citó repetidamente en las páginas de En busca del tiempo perdido y Godard le dedicó una secuencia en Pierrot le fou, aquella donde Jean-Paul Belmondo leía en la bañera un ensayo sobre el pintor, recordando "el mundo triste en que vivió, poblado por un rey degenerado, infantes enfermos, idiotas, enanos y payasos monstruosos vestidos de príncipe". Pero la mayoría de franceses siguen estando, según el comisario, poco familiarizados con su obra. "Es interesante subrayar hasta qué punto el nombre de Velázquez es a la vez ilustre e incomprendido", apunta Kientz en el catálogo. "Mientras Velázquez nunca fue olvidado en España, sí fue desconocido durante mucho tiempo en Francia, o más bien mal conocido".

La muestra pretende reparar esa injusticia respecto a un hombre que tampoco fue apreciado por su tiempo a causa de la extraña cualidad de sus obras. "A sus contemporáneos les parecía que no estaban acabadas de pintar, y a ello se debe que no fuese en su tiempo popular", escribió en su día Ortega y Gasset. "Había hecho el descubrimiento más impopular: que la realidad se diferencia del mito en que no está nunca acabada".


Las grandes obras del maestro sevillano


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'Felipe IV', de Diego Velázquez, (69 x 56 centímetros) ca. 1654. Museo del Prado


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'La reina doña Mariana de Austria', Velázquez, (231 x 131 centímetros) (1652). Museo del Prado


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'La infanta Margarita, en traje azul', de Velázquez (ca. 1659) 126 x 106 centímetros. Viena, Kunsthistorisches Museum Wien, Gemäldegalerie


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'La infanta Margarita, en traje rosa', Velázquez. (128,5 x 100 centímetros), (ca. 1654). Viena, Kunsthistorisches Museum Wien, Gemäldegalerie


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'La infanta Margarita, en traje blanco', de Velázquez. (105 x 88 centímetros), (1656). Viena, Kunsthistorisches Museum Wien, Gemäldegalerie


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'Felipe Próspero' de Velázquez. (128,5 x 99,5 centímetros) (ca. 1659). Viena, Kunsthistorisches Museum Wien, Gemäldegalerie


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'La familia del pintor', de Juan Bautista Martínez del Mazo. (149,5 x 174,5 centímetros), (1664-1665). Viena, Kunsthistorisches Museum Wien, Gemäldegalerie


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'Carlos II, como gran maestre de la orden del Toisón de Oro', de Juan Carreño de Miranda. (216 x 140 centímetros), (1677). Rohrau, Graf Harrach'sche Familiensammlung, Schloss Rohrau


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Post Re: Grand Palais (París, Francia) 
 
La sombra contemporánea de Picasso

El Grand Palais de París muestra la influencia del genio en la última mitad de siglo



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Picasso, retratado por el artista chino Yan Pei-Ming, una de las piezas de la exposición en el Grand Palais.

Pocos meses después de la triunfal exposición consagrada a Velázquez en el Grand Palais de París, las mismas salas acogen a partir del miércoles a otro gran maestro de la pintura española, para examinar cual ha sido el calado de Pablo Picasso en la creación de la última mitad de siglo. Hasta el 29 de febrero, la ambiciosa exposición Picasso.mania explorará la influencia del pintor malagueño en el arte contemporáneo contraponiendo un centenar de obras de Picasso con cerca de 300 lienzos, esculturas, fotografías, vídeos e instalaciones de 75 artistas, como Andy Warhol, Roy Lichtenstein, David Hockney, Jean-Michel Basquiat o Maurizio Cattelan, que oscilan entre la veneración y la insolencia respecto a esta gran figura. Si el primero le rindió pleitesía en una de sus últimas series, donde sometía las cabezas de mujer picassianas a la técnica serigráfica, Cattelan le retrataría, con indudable retintín, como un cabezudo de parque temático deambulando por un museo abierto al turismo de masas.

En la entrada de la exposición, un puñado de artistas de primer nivel, como Jeff Koons, Frank Gehry o Agnès Varda lanzan efusivas declaraciones de amor al español. “Fue Picasso quien me dio permiso para pintar”, afirma el estadounidense John Baldessari. “Hizo que una lata de cerveza pudiera convertirse en la trompa de un elefante”, espeta Miquel Barceló. El mallorquín presenta en la muestra uno de sus últimos lienzos: Popesca, un alegórico retrato de Picasso con aspecto de pulpo.

Picasso.mania aspira a demostrar que los tentáculos del genio se alargan en la creación contemporánea. “La muestra está pensada como un balance general de su influencia en el arte de la segunda mitad del siglo XX”, confirma el comisario, Didier Ottinger, gran especialista en la pintura moderna y contemporánea, además de director adjunto del Centro Pompidou. “Solo existe un periodo en el que su influjo fue menor, entre los sesenta y los ochenta, cuando Marcel Duchamp se impuso como encarnación del genio moderno. Ambos son figuras antitéticas: Duchamp era frío, cerebral y crítico, mientras que Picasso apostó por la sensualidad, el calor y la autobiografía”. Para Ottinger, la influencia picassiana se ha regenerado entre las nuevas generaciones de artistas. “Su libertad estilística, que le impulsaba a pasar de un estilo a otro sin transición, la inspiración en su propia biografía, que digería y escupía en cada obra; y el fuerte carácter político de su práctica artística han sido determinantes”, añade.


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'Women with flowered hat', obra de Roy Lichtenstein.

Para ejemplificarlo, la exposición acoge las obras de dos artistas nacidos en los setenta que no dudan en reinterpretar el Guernica. El francoargelino Adel Abdessemed participa con una obra monumental, de las mismas dimensiones que su modelo, en la que sustituye el drama bélico pintado por Picasso por un conjunto de zorros disecados y carbonizados, que parecen aludir a catástrofes actuales. La polaca Goshka Macuga recuerda el episodio protagonizado por Colin Powell cuando anunció la existencia de armas de destrucción masiva en Irak ante el Consejo de Seguridad de la ONU, presidido por un tapiz del Guernica realizado por Picasso en 1955 que fue cubierto durante su intervención para evitar asociaciones desagradables. Otros artistas, como Sigmar Polke, Richard Prince o Koons, reinterpretan otra de las obras más significativas de Picasso, Las señoritas de Avignon, sazonándola de guiños irónicos a la realidad de hoy.

“En los sesenta se realizó una encuesta entre artistas para que escogieran entre Duchamp y Picasso. Entonces ganó el primero, pero hoy puede que ganara el segundo”, asegura la historiadora del arte Diana Widmaier-Picasso, nieta del artista y comisaria de esta exposición en la que ha analizado su influencia en el cine, el teatro, la danza y la música. Para ella, el modelo del arte conceptual convive hoy con un impetuoso regreso de las disciplinas clásicas. “Al observar a los artistas de hoy, percibimos un regreso de lo físico. Muchos necesitan pintar y crear de forma material, como lo hacía Pablo Picasso”, asegura.

La comisaria apunta que la influencia de su abuelo alcanza a disciplinas insospechadas, como el hip hop. En 2013, Widmaier-Picasso fue una de las participantes en Picasso Baby, una performance de seis horas en una galería de Chelsea, recogida en la exposición, que fue organizada para lanzar un sencillo del rapero Jay Z, en el que se comparaba sin rubor con el pintor. “A estos artistas les interesa la fama y el éxito económico, pero también el reconocimiento artístico”, afirma Widmaier-Picasso. Su abuelo logró alternar su condición de figura revolucionaria de la vanguardia con un estatus de estrella de celebridad estratosférica. No es extraño que abunden sus epígonos.


Un artista que “hizo posible la ‘nouvelle vague”


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Sketch for Cup 2 Picasso, de Jasper Johns.

La exposición de París demuestra que Picasso ha influido en una extensa galería de directores de cine, de Orson Welles a Alfonso Cuarón, pasando por François Truffaut, Stanley Donen o Paul Verhoeven, además de en una publicidad para Citroën y otra para Rollex. En uno de los rincones más estimulantes de la muestra, tres pantallas escupen decenas de secuencias extraídas del cine, el teatro, la danza y la publicidad. Ese vídeo es obra de Jean-Paul Battaglia y Fabrice Aragno, colaboradores de Jean-Luc Godard, que certifican la alargada sombra del malagueño en la creación audiovisual. “Picasso hizo estallar el lenguaje del arte. Abogó por la libertad en un dominio tan académico como la pintura e incitó a los artistas a crear más allá de las fronteras delimitadas por el marco de un cuadro. Se podría decir que inventó la nouvelle vague o, por lo menos, que la hizo posible”, opina Battagglia.


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Exposición de Picasso en París del 7 Octubre 2015 al 29 febrero 2016


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El artista español Pablo Picasso (1881-1973) fue uno de los precursores del arte moderno en el siglo XX. A la cabeza de la vanguardia artística, utilizó todo tipo de soportes en su trabajo, produciendo más de 50 000 obras a lo largo de su extensa carrera.


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La exposición Picasso Mania celebrada en el Grand Palais vuelve a la importante confrontación que ha existido entre los artistas contemporáneos, desde 1960, respecto a la obra de Picasso. Presenta inicialmente el tema de la figura del artista, incluyendo la exhibición de su  Autorretrato, que data del periodo azul. A continuación vienen las revoluciones plásticas, incluyendo el cubismo y la aniquilación de la representación, y después la muestra redibuja los diferentes compromisos políticos que animaban al artista.

En el recorrido de la exposición, también será posible contemplar obras de otros artistas contemporáneos a Picasso como Lichtenstein, Erro, Warhol, Jasper Johns o Kippenberger.


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Horarios: Lunes, jueves y domingo de las 10h hasta las 20h ; miercoles, viernes y sabado de las 10h hasta las 22h

Tarifas: Normal : 14 € ; Reducida : 10 €



Más info
 




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Una serpiente gigante devora el Grand Palais de París

El artista francés de origen chino Huang Yong Ping protagoniza la exposición Monumenta



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Vista de 'Empires', la obra de Huang Yong Ping que en Monumenta 2016 se expone en Grand Palais de París. / Bertrand Rindoff Petroff Getty

Un bicho infernal en forma de serpiente de 260 metros y 133 toneladas se ha colado en el Grand Palais de París y se desliza ya por su interior, deja el rastro viscoso y temible de los monstruos primitivos, exhibe las fauces de una criatura del Averno, devora todo lo que encuentra a su paso y busca desesperadamente la salida para sembrar el terror en la ciudad. Fuerzas militares han rodeado el edificio. El cercano Palacio del Eliseo, sede de la Presidencia de la República, está a punto de ser desalojado. Se ruega a la ciudadanía que no se acerque a las inmediaciones de lo que bien pudiera ser un primer síntoma del principio del fin. Es inútil ya pedir a la ciudadanía que no cunda el pánico.

La serpiente horrible existe pero es de aluminio, y no se desliza puesto que está quieta. De hecho, es un esqueleto de serpiente y sí, pesa 133 toneladas, y sí, mide 254 metros. Es temible pero es una escultura. Y sí que parece querer devorarlo todo, pero sobre todo la mezcla de locura, injusticia, exceso y prisa de nuestras sociedades modernas. No habrá evacuación del Elíseo, y los tanques ya ha retrocedido a sus bases. Era todo mentira… aunque no tanto, no todo. Estamos en París y charlamos tranquilamente con el artista francés de origen chino Huang Yong Ping, autor de Empires (Imperios), ¿una escultura gigantesca?, ¿una performance artística con vocación de denuncia?

Se trata de la séptima edición de Monumenta, que abrió ayer sus puertas al público. Es una iniciativa del Ministerio de Cultura francés y la Reunión de los Museos Nacionales por la que se elige a un artista de renombre internacional y se le ofrece carta blanca para invadir a su manera los descomunales 13.500 metros cuadrados y 35 metros de altura del Grand Palais, joya arquitectónica de París construida para la Exposición Universal de 1900. Anselm Kiefer, Richard Serra, Christian Boltanski, Anish Kapoor, Daniel Buren y Emilia e Ilya Kabakov fueron los anteriores inquilinos del palacio durante las seis semanas que dura la exposición, durante las cuales el edificio suele colapsarse de visitantes.


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Huang Yong Ping, ante su obra. / Jacky Naegelen Reuters

Huang Yong Ping (Xiamen, República Popular China, 1954) es un artista al que no le gusta el concepto artivista. El cruce de caminos entre la política, la economía y los abusos que ambos imperios vienen cometiendo sobre el individuo tanto desde el prisma del comunismo (o lo que de él queda en la China actual) como desde el capitalismo y sus ramificaciones ultraliberales han impregnado siempre la obra de este pintor, escultor y fundador en los primeros ochenta del movimiento Xiamen Dadá. En 1989, Huang Yong Ping se encontraba en París preparando su intervención en la exposición Los magos de la tierra del Centro Pompidou cuando estallaron las revueltas de Tiananmen. Decidió quedarse en Francia y desde 1999 es ciudadano francés.

Él y Jean de Loisy, comisario de Empires y presidente del Palais de Tokio-Museo de Arte Moderno de París, recorren esta inabarcable obra cuyo tema son, según sus palabras, “las traumáticas transformaciones del mundo, la metamorfosis de las potencias políticas y económicas, el declive de os viejos imperios y el surgimiento de nuevos aspirantes al poder”.

Por eso, la serpiente –un símbolo constante en la trayectoria de Ping, que la equipara al Leviatán- no se desliza precisamente por una selva de arbustos salvajes sino por una jungla de… 300 contenedores de transporte marítimo, llegados hasta el Grand Palais desde los puertos de Marsella y Le Havre gracias al mecenazgo de la compañía francesa CMA CGM, uno de los líderes del transporte marítimo mundial. Es el símbolo del poder económico.

El esqueleto de la serpiente-leviatán está compuesto por 316 vértebras y 568 costillas, todo en aluminio, todo en piezas numeradas y ensambladas, un perfecto proceso de creación artística y a la vez una perfecta cadena de montaje que ha durado 12 días con dos equipos de 50 personas turnándose entre sí. En total, serpiente + contenedores = 980 toneladas. Los organizadores de Monumenta 2016 han tenido que apuntalar el Grand Palais para que el suelo soportara semejante peso. Y coronándolo todo, apoyado sobre una especie de Arco del Triunfo multicolor formado por media docena de contenedores, reposa una réplica gigante en resina, metal y alquitrán del gorro bicornio que Napoleón Bonaparte lució en la batalla de Eylau (Rusia, 8 de febrero de 1807), una de las gestas más sangrientas del Imperio Francés. Es el símbolo del poder político, de la voluntad de poder, la razón por la que los imperios se suceden unos a otros lo mismo que las grandes empresas aparecen y desaparecen…

“¿Por qué una serpiente? Porque siempre me interesó la imagen del Leviatán, y para mí la imagen del Estado se acerca a la del Leviatán"

“Todo el mundo ha visto contenedores, pero no un paisaje formado por 300 contenedores apilados así, en un espacio cerrado. Mi intención es plantear al visitante un efecto muy potente y directo, nada más entrar. Se trata de bloquear la visión del público cuando entra y se topa con la montaña de contenedores, de forma que está obligado a mirar hacia arriba y entonces ve la cúpula del Grand Palais, la bandera francesa y el gorro de Napoleón”, explica Huang Yong Ping. “Es una alegoría del poder, y es interesante cómo ----ha utilizado este edificio de 1900. El Imperio, en 1900, hace cosas como este edificio, que además está situado entre el palacio del Elíseo, los Inválidos, la Escuela Militar y la Asamblea Nacional francesa, todos ellos símbolos de poder”, matiza Jean de Loisy, el comisario de la exposición.

Palabras como Capital o CAI –el nombre de una empresa grabado en algunos de los contenedores, pero que además quiere decir riqueza en chino- se repiten a lo largo de todo el recorrido. Sobre ellos, los logotipos de compañías árabes, chinas, estadounidenses, rusas, británicas, francesas, de Barbados…

“Hay aquí tres elementos consecutivos”, explica Jean De Loisy, “primero la geoeconomía, que es la apuesta que ha hecho China como potencia económica; después la geopolítica, la apuesta de los EEUU por controlar el mundo… y finalmente un elemento más lúdico, como de juego, porque evidentemente todos esos colorines de los contenedores evocan el juego chino del mahjong”.

“¿Por qué una serpiente?”, pregunta el artista chino. “Porque siempre me interesó la imagen del Leviatán, y para mí la imagen del Estado se acerca a la del Leviatán. Los elementos presentes son Dios, el hombre, el animal y la máquina. Aquí el animal está representado por la serpiente, y Dios está representado por Napoleón, y la máquina está representada por ese pórtico gigante” (un pórtico de 30 metros de alto que Huang Yong Ping hizo construir en China como parte integrante de la exposición, y del que cuelga la serpiente).

Otra serpiente, Serpent d’ Océan, nada cerca de los astilleros de Saint-Nazaire, en Bretaña. Es el otro reptil artístico de Huang Yong Ping. Pero, a diferencia de la del Grand Palais, esta escultura gigante está inmersa en el mar. Pura metáfora. “Esa serpiente de Saint-Nazaire puede ser vista como una especie de inmigrante clandestino que llega a la playa, a la frontera… yo mismo soy un inmigrante y me gusta verla así… Y puede que esta serpiente del Grand Palais sea la misma, solo que ya ha llegado, ya ha entrado en la gran ciudad”. Alerta roja, la serpiente está en París.


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La cara oculta del arte mexicano

Una gran muestra reivindica a los pintores eclipsados por Diego Rivera y Frida Kahlo



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'Nahui Olin' (1922), retrato de la pintora mexicana realizado por Dr. Atl (Gerardo Murillo).

Existen árboles tan frondosos que no permiten ver el bosque. Algo así le sucedió al arte mexicano en la primera mitad del siglo pasado. Durante la eclosión de las vanguardias pictóricas, el brillo que desprendían nombres como Diego Rivera o Frida Kahlo logró eclipsar a decenas de artistas a los que la historia oficial no ha retenido. Una gran exposición, que se inaugura este miércoles en el Grand Palais de París, dirige una mirada renovada a ese periodo para dar a conocer su cara oculta. Hasta el 23 de enero, la muestra presenta 200 obras de 60 artistas, plasmando un abanico donde figuran tanto las estrellas mencionadas como otros nombres supuestamente secundarios, además de representantes de corrientes estéticas semiolvidadas y de colectivos poco favorecidos por el canon del arte.

Esta ambiciosa exposición lo subvierte y lo amplía. “La intención es separarnos de los clichés y profundizar en la realidad del arte mexicano, más allá de la sombra de esos titanes, que han ocultado a varias generaciones de artistas. No se trataba de minimizar su importancia, pero sí de ofrecer un panorama más vasto y de proponer un reequilibrio”, sostiene el comisario, Agustín Arteaga, nuevo director del Dallas Museum of Art, tras haberlo sido del Museo Nacional de Arte (Munal) en Ciudad de México. En su novedosa revisión crítica de la historia de las vanguardias, Arteaga expone una serie de relatos paralelos que se oponen a la leyenda predominante.

La exposición derriba todos los tópicos sobre el arte de ese momento histórico. Demuestra que el indigenismo no arrancó con la Revolución de 1910, como tampoco la sensibilidad social de los artistas mexicanos. Aclara que hubo otras mujeres artistas al margen de Kahlo y que no todos los pintores fueron muralistas que desdeñaron el caballete como instrumento burgués. Y corrobora que los modernistas mexicanos no se limitaron a copiar a los maestros europeos. Prefirieron crear una vanguardia propia. “Un arte nacional que bebía del pasado y se dirigía utópicamente hacia el futuro, convirtiéndose en portavoz de los ideales revolucionarios”, apunta el comisario.

El proyecto tuvo una carga ideológica innegable. El arte fue utilizado para reforzar el sentimiento de pertenencia a un pueblo que empezaba a constituirse en nación. Mientras los sublevados luchaban por la repartición ecuánime de las tierras y salarios dignos, la pintura también se ponía a hablar el lenguaje de la utopía. Proletarios y campesinos se convirtieron en sujetos artísticos de primer orden, que sirvieron para reivindicar un ideal de justicia social. “Rivera reduce al indígena y sus tradiciones a un arquetipo, parecido al buen salvaje de Rousseau”, sostiene Arteaga. El maestro dibujó paisajes zapatistas y retrató a molenderas trabajando el maíz de rodillas. Otro de los grandes, José Clemente Orozco, sublimó en sus cuadros el agave, planta oriunda de hojas carnosas, como luego haría el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo. La muestra también destaca a nombres como Ángel Zárraga, Agustín Lazo, Roberto Montenegro o Rufino Tamayo. Su tono no fue siempre laudatorio. Por ejemplo, David Alfaro Siqueiros y Francisco Goitia indagaron en el reverso oscuro de la Revolución, marcado por la muerte y la destrucción. Pero, en general, el arte se llenó de flores y frutas. Olga Costa, pintora de origen ucraniano que llegó a México a los 12 años, lo ejemplificó en La vendedora de frutas, casi una enciclopedia botánica de variedades locales en la que cuesta no ver un mensaje político.
 
 
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'Unos suben y otros bajan' (1940), fotografía de Lola Álvarez Bravo.


“Una idea de Hollande y de Peña Nieto”

La exposición surgió de la voluntad de normalizar las relaciones culturales entre Francia y México, tras el conflicto diplomático que enfrentó a ambos países por el caso protagonizado por la francesa Florence Cassez, condenada a 60 años de prisión en una cárcel mexicana. El desencuentro provocó la suspensión del año cultural de México en Francia en 2011. “Fue una idea acordada por François Hollande y Enrique Peña Nieto durante la visita oficial de este último en 2014”, afirma el secretario de Cultura del Gobierno mexicano, Rafael Tovar y de Teresa. La muestra ha costado cerca de tres millones de euros, 800.000 de los cuales sufragados por el Gobierno mexicano. “Es una oportunidad para releer la historia del arte mexicano a partir de una perspectiva más amplia”, indica el ministro, que acudirá a la inauguración en París, “un lugar simbólico, ya que muchos artistas mexicanos desarrollaron allí parte de sus carreras”.



Mujeres ensombrecidas

La exposición indaga en las generaciones de mujeres que quedaron ensombrecidas por Kahlo, reivindicada como mito feminista a partir de los años setenta. La exposición toma el contrapié a ese “culto ciego”, en palabras del comisario. En la sala dedicada a la pintura hecha por mujeres, las seis obras de Kahlo ocupan un rincón casi subalterno. En cambio, se destaca a nombres menos conocidos como los de Dolores Olmedo, Tina Modotti, Nahui Olin o Rosa Rolanda. También a Lola Álvarez Bravo, autora de una obra fotográfica tan interesante como la de su marido, y a María Izquierdo, pintora que tuvo obsesionado a André Breton, quien veía en sus obras “un mundo en formación”, hecho de “lava fría en la penumbra del volcán”. Después de todo, para el jefe de filas del movimiento, México constituía “el lugar surrealista por excelencia”.

La muestra subraya la influencia del arte mexicano en el extranjero. El país no tardará en convertirse en lugar de peregrinaje de vanguardistas europeos y beatniks estadounidenses, que buscaban en el chamanismo prehispánico uno de esos mundos alternativos que contenía el que ya conocían, según aseguró Paul Éluard. “La cultura racionalista de Europa ha fracasado. Vengo a México buscando las bases de una cultura mágica que aún brota en la tierra india”, exclamó Antonin Artaud al llegar al país durante los años treinta. Por otra parte, el New Deal de Roosevelt adoptó el muralismo mexicano, promovido por el ministro José Vasconcelos, como un modelo a seguir para la promoción de la equidad social. Los encargos a Rivera y Siqueiros en Nueva York y Los Ángeles fueron borrados con cal viva al descubrir sus motivos, excesivamente perturbadores en territorio estadounidense: el segundo llegará a pintar un indio crucificado por el imperialismo del vecino gringo, sobre un fondo compuesto por ruinas mayas. Sin embargo, esos murales abrirán camino hacia el desarrollo del muralismo chicano, tal vez la piedra fundacional de lo que hoy conocemos como street art.


elpais.com
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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