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HOMER, Winslow
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Mensaje HOMER, Winslow 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor estadounidense Winslow Homer (1836-1910). Fue un pintor naturalista muy importante del siglo XIX.

Durante la Guerra Civil, visitó en repetidas ocasiones el frente de Virginia donde habría de pintar su primer cuadro al óleo importante, “Los prisioneros del frente” (1866, Metropolitam Mueun de Nueva York.), obra notable por su fría objetividad y su vigoroso realismo. En 1899 Homer pintó quizá la obra más impactante, “La corriente del Golfo” (Metropolitam Mueun de Nueva York.), en la que un solitario marinero negro navega en una pequeña y destrozada embarcación, rodeado de tiburones e incomunicado en medio de un mar encrespado con fuerte oleaje. La grandiosidad de su temática y la fuerza expresiva de sus obras ejercieron una influencia dominante en la pintura realista de Estados Unidos.

En su etapa final medio de expresión tan importante en su obra como el óleo, empezó a utilizar la acuarela pintando gran cantidad de escenas rurales. Durante la década de 1870 los temas predominantes de sus obras fueron los de inspiración rural o idílica: escenas de la vida agrícola, niños jugando y escenas de lugares conocidos poblados de mujeres elegantes.

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Winslow Homer (24 de febrero de 1836 - 29 de septiembre de 1910) fue un pintor naturalista estadounidense, considerado junto con Thomas Eakins como uno de los más grandes artistas de su país en el siglo XIX.

Nació en Boston el 24 de febrero de 1836 y su formación como pintor fue, en su mayor parte, autodidacta. En 1857 comienza a trabajar como ilustrador de revistas, convirtiéndose en un colaborador asiduo de la conocida Harper's Weekly.

Sus ilustraciones, sobre todo los grabados, se caracterizaron por sus contornos nítidos, formas sencillas, acentuado contraste de luces y sombras y por sus grupos de personajes llenos de vida. Tales características se convirtieron en una constante de su producción a lo largo de toda su carrera artística.

Durante la Guerra Civil, Homer visitó en repetidas ocasiones el frente de Virginia donde habría de pintar su primer cuadro al óleo importante, Los prisioneros del frente (1866, Museo Metropolitano de Arte de Nueva York), obra notable por su fría objetividad y su vigoroso realismo.

En 1856 se traslada a Francia durante un año pero, aunque su interés en las posibilidades pictóricas de la luz natural se desarrolla de forma paralela al de los primeros impresionistas, nunca sufrió la influencia directa del impresionismo o del arte francés.

En 1873 comenzó a utilizar la acuarela, medio de expresión tan importante en su obra como el óleo. Durante la década de 1870 los temas predominantes de sus obras fueron los de inspiración rural o idílica: escenas de la vida agrícola, niños jugando y escenas de lugares conocidos poblados de mujeres elegantes. De estas últimas el ejemplo más conocido es Long Branch, Nueva Jersey (1869, Museum of Fine Arts, Boston).


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Retrato de Winslow Homer, 1890.

El año transcurrido en Inglaterra (de 1881 a 1882), durante el cual Homer vivió en un pueblo de pescadores, provocó un cambio definitivo en la temática de su obra. A partir de entonces se concentró en escenas de la naturaleza a gran escala, en particular escenas marinas, de pescadores y sus familias. Después de fijar su residencia en solitario en Prout's Neck, en la costa de Maine (donde moriría el 29 de septiembre de 1910), produjo obras maestras del realismo tales como Eight Bells (1886, Addison Gallery, Andover, Massachusetts). En esta obra el dramatismo de la escena marina está imbuido de una cualidad épica y heroica que representa el tema dominante de su madurez: la lucha del hombre con las fuerzas de la naturaleza.

A partir de 1884, Homer pasó muchos inviernos en Florida, en las Bahamas y en Cuba. Gran parte de las muchas escenas que pintó del trópico son acuarelas ejecutadas con un estilo muy avanzado para su época: fresco, suelto, espontáneo, casi impresionista, pero sin perder jamás su relación básica con el naturalismo.

De 1899 es una de sus obras más impactantes, La corriente del Golfo (Museo de Arte Metropolitano de Nueva York), en la que un solitario marinero negro navega en una pequeña y destrozada embarcación, rodeado de tiburones e incomunicado en medio de un mar encrespado con fuerte oleaje.

La grandiosidad de su temática y la fuerza expresiva de sus obras ejercieron una influencia dominante en la pintura realista de Estados Unidos.

Espero que la recopilación realizada de este pintor extranjero, sea del gusto de los visitantes de esta página de arte del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.





Algunas obras


Homer en el Museo Thyssen

Winslow Homer (Boston, 1836-Prouts Neck, 1910) fue el artista norteamericano más importante de la segunda mitad del siglo XIX, que destacó tanto en la pintura al óleo como en la técnica de la acuarela

Estudió en Cambridge Massachusetts, y comenzó a trabajar como ilustrador en Boston y más tarde en Nueva York, adonde trasladó su residencia en 1859. Su formación de pintor se limitó a unas cuantas clases de pintura del natural en la National Academy of Design. A partir de 1859 colaboró con la revista Harper’s Weekly, para la que trabajó como corresponsal durante la guerra civil. En 1866 viajó a París con motivo de la Exposition Universelle y se sintió fascinado por la pintura francesa del momento.

Durante. la década de 1860 pintó una serie de obras con temas propios de la cultura popular americana. PosteriormenteHomer, desarrolló una pintura más trascendente, de reflexión sobre la naturaleza y su relación con el hombre. En 1870 hizo su primer viaje a los montes Adirondacks, en el estado de Nueva York, adonde volvería en repetidas ocasiones para pintar. En 1881 viajó a Inglaterra; se instaló en Cullercoats, un pueblo en la costa del Mar del Norte, donde permaneció hasta noviembre de 1882. Su obra comenzó a recoger escenas de pescadores del lugar con una monumentalidad casi heroica. En el verano de 1883 Homer se trasladó a Prouts Neck, Maine, una península de la costa atlántica, en donde residió hasta su muerte. El contacto con el mar, tan importante en su obra, se tradujo en esos años en verdaderas obras maestras en las que se representaba la costa. Homer viajó en repetidas ocasiones durante los inviernos a los trópicos, a las Bahamas, a Florida, a las Bermudas, lugares en los que pintó delicadas acuarelas que transmiten el ambiente cálido y tranquilo de esos parajes.


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Waverly Oaks, 1864. Óleo sobre papel adherido a tabla, 33,6 x 25,4 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Winslow Homer.

El pintor naturalista Winslow Homer, que también experimentó con el impresionismo, se convirtió en uno de los cronistas visuales más importantes de la guerra civil norteamericana (1861-1865). En sus obras retrató la vida de los soldados durante el conflicto, así como la de aquellos que permanecieron en la retaguardia.

En Waverly Oaks dos mujeres pasean entre imponentes robles. Este lugar cercano a Boston se convirtió en un destino habitual para los habitantes de la ciudad y algunos artistas. Las figuras femeninas e infantiles en ésta y otras escenas del periodo acentúan la ausencia de los hombres, destinados al frente. Debido a la falta de detalles y a su carácter abocetado, algunos críticos consideraron que la obra estaba inacabada y que tan sólo se trataba de un estudio. Esta escena de sotobosque recoge la influencia de los paisajistas franceses de la Escuela de Barbizon, con cuya obra Homer se familiarizó en Boston y posteriormente en Francia.

La carrera de pintor del hasta entonces ilustrador Winslow Homer comenzó cuando en 1859 se trasladó de Boston a Nueva York. En esta incipiente metrópoli estudió pintura de caballete con el pintor de paisajes y escenas de género de origen francés Frederic Rondel en la National Academy of Design.Waverly Oaks, del Museo Thyssen-Bornemisza, fechada en 1864, es representativa de esta primera etapa en la que Winslow Homer empezó a pintar escenas de la naturaleza con un estilo enteramente personal y se mostró interesado por el estudio de la figura humana y su relación con el paisaje.

El parque Waverly Oaks, famoso por sus robles centenarios, estaba situado entre las localidades de Waltham y Belmont, cercanas a Boston, y a mediados del siglo xix comenzó a ser frecuentado por los amantes de la naturaleza y algunos pintores al aire libre. En el centro de la composición de esta pintura de pequeño formato pero de escala monumental, aparecen dos mujeres, elegantemente vestidas, paseando por el parque. Si bien, como ocurría en otra obra suya de ese mismo año, Las iniciales, la disposición de estas dos pequeñas figuras en medio de las acusadas verticales de los troncos de los árboles podría dar a entender que están siendo dominadas por la naturaleza, Homer otorga tal presencia a sus personajes que adoptan una monumentalidad independiente de la dimensión que adquieran dentro del cuadro. Por otra parte, como apunta Lucretia H. Giese, estas composiciones, fechadas un año antes de finalizar la guerra civil, simbolizan la ausencia de los combatientes a través de la soledad femenina.

Aunque Homer no viajaría a París hasta un año después de finalizar Waverly Oaks, las similitudes con las escenas sous bois de Corot y la influencia de los pintores de la Escuela de Barbizon y de la incipiente pintura impresionista se hacen muy evidentes. Es muy revelador que, cuando Waverly Oaks se expuso por primera vez en la Samuel P.Avery Gallery de Nueva York en 1866, sorprendió por su espontaneidad con respecto al detallismo de sus contemporáneos de la Escuela del río Hudson.Un crítico de The Nation escribía sobre Homer: «Tres de sus pinturas pueden visitarse en la galería del Sr. Avery en Broadway. Las tres son muy abocetadas, pintadas rápidamente con amplias pinceladas».

A pesar de las buenas críticas, la pintura no se vendió. Katherine Manthorne, citando a Goodrich y basándose en la carta enviada por Homer desde París a Charles Vorhees, en la que le ofrecía Waverly Oaks por cien dólares, deducía que su amigo la había adquirido poco después. En el reciente catálogo razonado de la obra del pintor se aclara que la obra que finalmente compró Vorhees fue Una partida de croquet y que Waverly Oaks permaneció en paradero desconocido varias décadas.


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Escena de playa, c. 1869. Óleo sobre lienzo, 29,3 x 24 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza. Obra de Winslow Homer.

Winslow Homer es considerado el pintor americano más importante de la segunda mitad del siglo XIX. Conocido principalmente por sus escenas de mar encrespada, fue uno de los primeros artistas en interesarse por el tema de los bañistas en la playa, puesto de moda por Eugène Boudin en París a mediados de los años sesenta.

Pintor autodidacta, Homer fue permeable a las nuevas corrientes artísticas europeas. Aunque no hay testimonio de que coincidiese con los futuros pintores impresionistas en su viaje a París en 1867, las obras que ejecutó a finales de los años sesenta muestran similares intereses. Escena de playa es una de sus obras más próximas al impresionismo, tanto por su vivacidad de factura como por su luminosidad. Para llevarla a cabo, Homer situó el caballete frente a la línea del mar, pero unos pasos alejado de ella, de modo que la composición queda organizada a base de tres grandes bandas horizontales, casi equivalentes. Apenas hay anécdota y la perspectiva parece aplanada. Pero quizá lo más sorprendente de todo es el protagonismo concedido a los reflejos de los niños en la arena, cuya viveza contrasta con la de las mismas figuras.

 En la exposición de invierno de 1869 celebrada la National Academy of Design de Nueva York, Winslow Homer expuso una obra titulada Marea baja, que un crítico describió como «una playa horrorosa». «En primer plano se ven claramente varios pares de botas de tamaño natural», escribía el comentarista del New York Tribune. «Los dueños de las botas, no mucho más grandes que éstas, chapotean en el agua, aparentemente a unas cuantas varas de distancia. A la obra le falta la sensación de profundidad que justificaría el pequeño tamaño de las figuras o la escasa impresión de agua que dan las olas. Lo único que salva a este cuadro del ridículo es el propósito evidentemente honrado del autor: el deseo de reproducir exactamente lo que percibe el ojo, ni más ni menos».

«Podríamos pasar por alto esta obra sin una palabra de comentario si no fuera porque evidentemente su tamaño y su alarde de color suscitan la crítica, como lo haría la huella de una mano sucia sobre una pared recién pintada», escribía en el New York Mail un comentarista particularmente severo. «Nos resulta sencillamente incomprensible que un artista de reconocida valía en determinado ámbito del arte pueda permitir que este horror salga de su estudio». A continuación procedía a describir el cuadro: «En el lienzo tenemos tres anchas franjas horizontales de color -que recuerdan los estratos en la roca-. La superior es de color gris pardo y blanco sucio, con unos toques aislados -como el mármol de Brachificari-. Representa el cielo. La franja intermedia es de un azul verdoso oscuro, como algunas vetas de carbón que se ven a veces. Aquí y allá se detectan algunas salpicaduras de blanco, que nos recuerdan el cuento de cómo un artista consiguió reproducir los espumarajos de la boca de un perro rabioso que estaba pintando: tirando furioso una esponja sucia contra el lienzo. Esta segunda franja es el mar. La tercera es una banda de marrones variados y representa la playa; y la verdad es que parece una playa, pero es la única zona del cuadro que en sí muestra alguna intencionalidad. El resto da la impresión de que está en el lienzo por puro accidente. Sobre la arena mojada, y sobre la arena seca, y más allá, por aquellos misteriosos lugares blancos, se ven niños bañándose o a punto de bañarse [...]. Pero entre estos personajes hay uno cuya presencia rechazamos. Se trata de una señorita de espaldas y con la melena deliciosamente despeinada, que contempla el panorama de pie cerca de donde se supone que llegaría el agua. No es que su presencia nos moleste porque nos da la espalda, sino por su tamaño, ya que debe medir más de dos metros. Y estamos seguros de que ninguna señorita de su edad y de esa altura estuvo nunca por aquí [...]. En la playa se ven las botas de los niños y otros objetos, y éstos y los estratos componen un cuadro que cubre al menos 360 centímetros cuadrados de lienzo». Hoy en día no existe ningún cuadro de Homer de esas dimensiones. Pero tenemos al menos dos obras relacionadas con él. Una es la Escena de playa de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, que coincide exactamente con la descripción que hace el crítico de los «niños bañándose o a punto de bañarse» y la muchachita de espaldas, desproporcionadamente alta y «con la melena deliciosamente despeinada». Y, como ponen de manifiesto la cabeza y los hombros de una niña agachada a la derecha del cuadro -que se ve entera, aunque en posición opuesta en el centro de la xilografía titulada Marea baja-, parece evidente que se trate de un fragmento de un lienzo más grande. Existe también otro trozo de Marea baja, titulado En la playa, que se conserva en la Canajoharie Library and Art Gallery de Nueva York, y con el que la escena de playa de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza encaja perfectamente por la izquierda. Suponiendo que el cuadro original se hubiera recortado por arriba, por abajo y por los lados, y suponiendo también que las dimensiones que da el crítico sean correctas («al menos 360 centímetros cuadrados de lienzo»), si se unen los dos cuadros existentes tendríamos una obra de aproximadamente 360 centímetros cuadrados.

El 6 de agosto de 1870, en la revista Every Saturday se publicaron dos grabados relacionados con la obra. Uno, Marea alta, era una variación de Eagle's Head, Manchester, Massachusetts (Nueva York, Metropolitan Museum of Art). El otro, titulado Marea baja, contiene grupos de figuras que aparecen en los cuadros de las colecciones Thyssen-Bornemisza y Canajoharie, así como las «botas de los niños y otros objetos», por lo que es de suponer que esté basado en el Marea baja original. El primer propietario de Eagle's Head, William F. Milton, que había adquirido esta obra «inmediatamente» después de que Homer la expusiera en 1870, quiso también comprar su «compañera» Marea baja. Pero cuando «fue al estudio de Homer un par de años después a comprar Marea baja, le dijeron que se había destruido y se había utilizado el lienzo para pintar otra cosa por encima». Poco importa que no se hubiera pintado nada por encima -aunque sí se repintaron algunas partes, como se aprecia en el cuadro de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, en el que se ve, a la derecha, el reflejo en la arena húmeda de las piernas de una figura que ha desaparecido, y en el cuadro de la Canajoharie Library, en el que aparece a la derecha delante de una ola un grupo de figuras del que sólo queda su reflejo-, ni que, como Homer no quiso admitir ante el Sr. Milton, el cuadro se hubiera recortado [fig. 1]. Lo que importa es que, a los pocos años de haberlo pintado, ya no existía en su forma original. La idea general de la obra y su plasmación subsiste tan sólo en un apunte al óleo titulado La playa por la tarde, fechable hacia 1869.

No se sabe por qué Homer recortó este cuadro. Sin embargo, entre los posibles motivos cabe considerar no sólo que se calificara con dureza la obra de «ridícula» y «deforme», sino también que el artista tomara al pie de la letra el comentario del crítico en el sentido de que, aunque no le gustaba Marea baja en su conjunto, al cuadro lo salvaban hasta cierto punto («no sería propio de Homer si no tuviera algún tipo de encanto oculto») algunas partes que constituían «cuadritos independientes deliciosamente planteados».

Marea baja forma parte de un grupo de obras -otro óleo y dos xilografías (además de Marea baja)- que Homer dedicó a las playas de moda de Long Branch, New Jersey, a finales de la década de 1860. Homer, como tantos otros artistas de distintos países en el siglo XIX -por ejemplo, William Powell Frith en Inglaterra o Eugène Boudin en Francia- se dio cuenta de que las playas eran un tema de gran actualidad que, además, se prestaba estupendamente a describir y analizar la naturaleza -clases sociales, tipos y costumbres- de la vida moderna.


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Retrato de Helena de Kay, c. 1872. Óleo sobre tabla, 31 x 47 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Winslow Homer.

Este pequeño retrato en un interior es uno de los pocos realizados por Winslow Homer, cuyos paisajes y escenas de ocio suelen estar protagonizados por personajes anónimos. Helena de Kay pertenecía al círculo de artistas e intelectuales que ocupaban los estudios de la Tenth Street neoyorquina, con los que Homer se relacionó al comienzo de su carrera. Su estrecha amistad con De Kay se tradujo en este lienzo de tonos oscuros, en la que la modelo aparece sentada de perfil, cabizbaja, con un libro entre sus manos. La composición guarda grandes similitudes con la pintura de Whistler Composición en negro y gris nº 1: retrato de la madre del artista (1871). A la espalda de la retratada, caída en el suelo, aparecen una rosa y dos de sus pétalos arrancados, lo que contribuye a la atmósfera melancólica de la pintura.

Transcurrido un tiempo, Homer regaló esta obra a De Kay con motivo de su boda con el editor Richard Watson Gilder. La inscripción en el ángulo inferior derecho, “June 3rd 1874”, recoge precisamente la fecha del enlace de la que, según algunos autores, fue el gran amor del artista.

La acuarelista Helena de Kay (1847-1916) ocupaba uno de los estudios del Tenth Street Studio Building, donde también comenzó a trabajar Homer a partir de 1871. Esta joven, de familia acomodada y mentalidad progresista, formaba parte del grupo que en 1877 fundaría en Nueva York la Society of American Artists junto a su hermano Charles de Kay, editor de arte y literatura del New York Times y mecenas de Winslow Homer, y a su marido Richard Watson Gilder, editor de Scribner’s Magazine, cuyo domicilio cercano a Union Square se convertiría en punto de encuentro para las actividades de dicha sociedad.

De inmediato Homer sintió hacia ella un amor al parecer no correspondido, y precisamente este retrato se convertiría en su regalo de bodas el 3 de junio de 1874, tal y como reza la inscripción en la parte inferior derecha del cuadro. La modelo nunca se desprendió del cuadro y llegó a la colección Thyssen-Bornemisza directamente de sus hijas Francesca Gilder Palmer y Rosamond de Kay Gilder. Realizado en una época de grandes cambios en su evolución artística, en la que, según Barbara Novak, Homer camina «hacia una pintura, en la que muestra un deliberado interés hacia la composición clásica », este Retrato de Helena de Kay puede ser asociado tanto al retrato de Madame Récamier de Jacques-Louis David, que Homer pudo haber contemplado en el Louvre en 1866, como a los retratos de Whistler, en especial el de su madre.

Aunque Homer generalmente representaba a las mujeres en espacios exteriores, pintó de forma excepcional una serie de obras en escenarios interiores en las que estudiaba su lado más soñador e introspectivo. Helena de Kay, la pensativa modelo, vestida de estricto color negro, se encuentra sentada de perfil en una butaca de respaldo curvo estilo Imperio en un interior muy sobrio, apenas definido por la horizontal del rodapié y las líneas de fuga de las maderas del suelo. La pared desnuda y el primer plano vacío, con la única excepción de la rosa caída sobre la tarima, enfatizan la soledad y melancolía de la figura y conducen la mirada del espectador hacia la cabeza inclinada de la joven y hacia sus manos, que sujetan un libro cerrado en el regazo.


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La hija del guardacostas, 1881. Acuarela sobre papel, 34,3 x 34,3 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Winslow Homer.

En 1881 Homer viajó a Inglaterra y, tras pasar unas semanas en Londres, se instaló en la aldea de Cullercoats, junto a Tynemouth, en la escarpada costa del Mar del Norte, donde permaneció hasta la primavera de 1882. En esta lejana localidad, situada sobre una colina junto a una modesta bahía, habitaba una pequeña comunidad de pescadores, cuyas costumbres y vidas arriesgadas Homer se dedicó a observar y representar en sus obras. Esta estancia fue para el artista una experiencia tan reveladora, que tanto él como su arte se vieron transformados significativamente.

Durante esos meses Homer utilizó casi exclusivamente la acuarela, que trabajaba con una técnica muy suelta y unos colores sombríos, adecuados al ambiente brumoso propio del lugar. Las mujeres del pueblo, que pronto se convirtieron en protagonistas de sus pinturas, aparecen representadas tanto en medio de sus labores domésticas como ayudando a sus maridos en las faenas de pesca.Kenyon Cox resaltaba en 1914 que «el primer y más importante efecto de la visita a Tynemouth sobre el estilo de Homer es el hacer despertar en él un nuevo sentido de la belleza humana y particularmente de la belleza de la mujer». El propio artista, en un artículo que publicó en 1882, las definía como «criaturas robustas y fuertes con enaguas de franela [...] estaban en la playa toda la mañana vestidas como para un día de prisas en la ciudad».

En La hija del guardacostas, una acuarela fechada en 1881, la protagonista es una de estas mujeres pescadoras, que Homer nos muestra frente a las tormentosas aguas y el nebuloso cielo del Mar del Norte. La escena parece captar el agotamiento de la joven tras largas horas de infructuosa búsqueda, con su corneta, de los supervivientes de algún naufragio o de alguna embarcación perdida en la niebla. Su figura, de proporciones monumentales, que se ven acrecentadas por el punto de vista bajo, está dotada de tal dramatismo que podría considerarse todo un símbolo de la trágica confrontación del hombre con las fuerzas de la naturaleza.

A finales de 1882, al poco tiempo de su regreso a Nueva York, Homer se instaló en Prouts Neck, en la costa de Maine, otra pequeña comunidad de pescadores, donde continuó pintando escenas sencillas con las mismas proporciones homéricas.


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Ciervo en los montes Adirondacks, 1889. Acuarela sobre papel, 35,5 x 50,7 cm.. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Winslow Homer.

El famoso libro del reverendo bostoniano William Murray Adventures in the Wilderness (Aventuras en la naturaleza salvaje), publicado en 1869, donde narraba sus aventuras de caza y pesca en los Adirondacks, provocó un creciente interés por visitar la zona. Winslow Homer, un gran aficionado a la pesca, pasaba varias semanas cada año junto a su hermano Charles en los bosques de estas montañas del estado de Nueva York, desde que en 1886 se hicieron socios fundadores del North Wood Club, un coto privado de caza y pesca. Estos parajes septentrionales, de bosques desiertos con lagos y ríos de una belleza inigualable, le inspiraron casi un centenar de magníficas acuarelas en las que plasmó tanto escenas de pesca o de caza del ciervo, como de la devastación de los bosques por parte de la industria maderera.

En Ciervo en los montes Adirondacks, Homer capta magistralmente la silenciosa calma del lugar solamente perturbada por la presencia de un ciervo nadando sobre las tranquilas aguas y un perro dirigiendo la presa hacia el cazador, desde la orilla opuesta.Como ha escrito David Tatham, la caza del ciervo fue un tema recurrente de las acuarelas de Homer entre 1889 y 1892. Pintadas en su totalidad del natural, representan diferentes momentos de la característica forma de caza del ciervo con perro. Según esta práctica, hoy prohibida, el perro desviaba al ciervo hacia el agua, donde le esperaban los cazadores dentro de una barca. A pesar de que en las pinturas de esta serie asoma en ocasiones la presencia humana, los verdaderos protagonistas eran siempre los habitantes naturales de los bosques.

Esta obra formaba parte de un conjunto de más de treinta acuarelas que compró en 1890 el célebre coleccionista de Boston Edward W. Hooper, y permaneció en propiedad de su familia hasta 1978.


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La señal de peligro, 1890,1892 y 1896. Óleo sobre lienzo, 62 x 98 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Winslow Homer.

Tras una estancia en la costa inglesa del Mar del Norte, Winslow Homer regresó a EE.UU. y se instaló en la igualmente fría y dura costa de Maine. La señal de peligro recoge el momento de un rescate en mar abierto. En primer plano, un grupo de marineros observa como dos de sus compañeros se preparan para subir a un bote y acudir al salvamento. Las figuras de los marineros adquieren un carácter monumental, y se miden con un mar violento a punto de engullir un barco naufragado.

El lienzo fue expuesto por primera vez en 1891, con tal éxito que Charles Klackner, un editor neoyorquino, comercializó su reproducción en fotograbado. En 1892 Homer intervino en la pintura realizando modificaciones que se sucedieron hasta 1896, cuando inscribió esta fecha en el lienzo. Los cambios, que consistieron en suprimir la barandilla del barco y convertir el anterior velero en apuros en una nave semi-sumergida, acentuaron el dramatismo del momento y dieron más protagonismo al mar.

En diciembre de 1890Winslow Homer escribió a su hermano Charles: «He logrado una gran pintura titulada La señal de peligro, con una escena en mar abierto». El pintor se refería a la obra del Museo Thyssen- Bornemisza, que representa un momento de gran tensión durante un rescate en alta mar. Toda la composición está organizada para exagerar al máximo el dramatismo del momento. Tanto la línea de horizonte, colocada muy alta, como la perspectiva oblicua del barco y del bote salvavidas, o el fuerte oleaje, que parece que va a tragarse a la barca en cualquier instante, nos revelan el rostro amenazante que puede adoptar la naturaleza.

La pintura pertenece a una serie dedicada al tema de la lucha heroica del hombre contra el mar embravecido en la que Homer trabajó a comienzos de la última década del siglo xix. Cuando este conjunto de obras se presentó en la galería Reichard & Co. de Nueva York en 1891, La señal de peligro era descrita por un crítico de The New York Times con las siguientes palabras: «Un oficial y cinco marineros en la cubierta del barco están apresurándose y abalanzándose hacia el interior de un bote todavía alzado en el pescante. El océano detrás golpea y salpica con un azul oscuro y verde turquesa [...] en la distancia hay un barco a toda vela. Las figuras se encaraman y expresan la determinación de ir en su rescate en el menor tiempo posible».

Es evidente que en la pintura que contemplamos en la actualidad no existe en la distancia ningún «barco a toda vela», como anotaba el mencionado crítico en 1891, debido a que Homer repintó el cuadro en 1892 y en 1896 para incrementar el componente trágico del suceso. Comparando la obra final con una reproducción que hizo su galerista neoyorquino después de la buena acogida que tuvo el cuadro en la exposición de 1891, se puede verificar que el pintor no sólo convirtió el barco con las velas desplegadas que aparecía en la lejanía en un pequeño bote a punto de naufragar, sobre cuya cubierta ondea la bandera de «señal de peligro», sino que eliminó una barandilla y las cuerdas de protección. Existe un estudio a lápiz que representa la bajada del bote salvavidas desde la cubierta del barco, que se convertirá más tarde en el tema central de la pintura.

Lo que es muy revelador es que esta transformación no sólo logró un mayor dramatismo, sino que modificó el sentido de la acción. Si, como apunta Nicolai Cikovsky Jr., «originalmente La señal de peligro había sido concebida como un rescate heroico», ahora «en su versión alterada, el destino del bote parece estar sentenciado más allá de cualquier posible influencia de la acción del hombre». Algún tiempo después de su última modificación, La señal de peligro fue adquirida por el coleccionista y artista George C. Briggs, un viejo amigo de Homer de la época de la guerra civil.



Otras obras


 13winslow_homer_girl_with_pitchfork_google_art_project

Girl with Pitchfork, 1867. Obra de Winslow Homer


 15winslow_homer_old_settlers_google_art_project

Old Settlers, 1892. Obra de Winslow Homer


 11portrait_of_albert_post

Portrait of Albert Post, c. 1864. Obra de Winslow Homer


 14winslow_homer_home_sweet_home_google_art_project

Home, Sweet Home, c. 1863. Obra de Winslow Homer


 16winslow_homer_the_dinner_horn_google_art_project

The Dinner Horn, 1870. Obra de Winslow Homer


 17winslow_homer_the_life_line_google_art_project

The Life Line, c. 1882. Obra de Winslow Homer


 18winslow_homer_waiting_for_calls_on_new_year_s_day_google_art_project

Waiting for Calls on New-Year's Day, c. 1869. Obra de Winslow Homer


 12winslow_homer_at_the_window_google_art_project

At the Window, 1872. Obra de Winslow Homer


 7el_viento_se_levanta_1876

El viento se levanta, 1876. National Gallery of Art, Washington, D.C.,. Obra de Winslow Homer


 8despu_s_de_la_tormenta_1899

Después de la tormenta, 1899. Obra de Winslow Homer


 810winslow_homer_a_visit_from_the_old_mistress_google_art_project

A Visit from the Old Mistress, 1876. Obra de Winslow Homer


 19winslow_homer_sunlight_on_the_coast_google_art_project

Sunlight on the Coast, 1890. Obra de Winslow Homer


 20_winslow_homer_two_figures_by_the_sea_google_art_project

Two Figures by the Sea, 1882. Obra de Winslow Homer


 21winslow_homer_to_the_rescue_google_art_project

To the Rescue, 1886. Obra de Winslow Homer


 22winslow_homer_american_the_life_line_google_art_project

American - The Life Line, 1884. Obra de Winslow Homer


 23winslow_homer_the_herring_net_google_art_project

The Herring Net, 1885. Obra de Winslow Homer


 24_winslow_homer_the_bright_side_google_art_project

The Bright Side, 1865. Obra de Winslow Homer


 25_homer_winslow_the_boat_builders_google_art_project

The Boat Builders, 1873. Obra de Winslow Homer


 26_winslow_homer_the_blue_boat_google_art_project

The Blue Boat, 1892. Obra de Winslow Homer


 27winslow_homer_rowing_home_google_art_project

Rowing Home, 1890. Obra de Winslow Homer


 28winslow_homer_rocky_shore_bermuda_google_art_project

Rocky Shore, Bermuda. 1900. Obra de Winslow Homer


 29winslow_homer_in_the_mountains_google_art_project

In the Mountains, c. 1877. Obra de Winslow Homer


 30winslow_homer_hudson_river_google_art_project

Hudson River, 1892. Obra de Winslow Homer


 31_winslow_homer_eastern_point_light_google_art_project

Eastern Point Light, 1880. Obra de Winslow Homer


 32winslow_homer_american_a_huntsman_and_dogs_google_art_project

A Huntsman and Dogs, 1891. Obra de Winslow Homer


 33_winslow_homer_croquet_scene_google_art_project

Croquet Scene, 1866. Obra de Winslow Homer


 34winslow_homer_the_fog_warning_google_art_project

The Fog Warning, 1885. Obra de Winslow Homer


 35winslow_homer_sunday_morning_in_virginia_google_art_project

Depicts a family in a slave cabin with children being taught how to read from the Bible, 1877. Obra de Winslow Homer


 36winslow_homer_the_cotton_pickers_google_art_project

The Cotton Pickers, 1876. Obra de Winslow Homer


 37winslow_homer_three_boys_in_a_dory_with_lobster_pots_google_art_project

Three Boys in a Dory with Lobster Pots, 1875. Obra de Winslow Homer


 38winslow_homer_pitching_quoits_1865

Pitching Quoits, 1865. Obra de Winslow Homer


 39winslow_homer_artists_sketching_in_the_white_mountains

Artists Sketching in the White Mountains, 1868. Obra de Winslow Homer


 40winslow_homer_mount_washington

Mount Washington, 1869. Obra de Winslow Homer


 41winslow_homer_on_the_beach

On the Beach, 1869. Obra de Winslow Homer


 42prisoners_from_the_front_1866_winslow_homer

Prisoners from the Front, 1866. Obra de Winslow Homer


 43winslow_homer_rocky_coast_and_gulls

Rocky Coast and Gulls, 1869. Obra de Winslow Homer


 44_the_bright_side_by_winslow_homer_1865

'The Bright Side', 1865. Obra de Winslow Homer


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The Brierwood Pipe, 1864. Obra de Winslow Homer


 46_winslow_homer_the_herring_net_google_art_project

The Herring Net, 1885. Obra de Winslow Homer


 47_winslow_homer_the_veteran_in_a_new_field

The Veteran in a New Field, 1865. Obra de Winslow Homer


 48winslow_homer_the_bridle_path_white_mountains

The Bridle Path, White Mountains, 1868. Obra de Winslow Homer



 9frank_duveneck_portrait_of_winslow_homer

Frank Duveneck - Portrait of Winslow Homer

Homer en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva york



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Winslow Homer (1836-1910). Fue un pintor naturalista muy importante del siglo XIX. Durante la Guerra Civil, visitó en repetidas ocasiones el frente de Virginia donde habría de pintar su primer cuadro al óleo importante, “Los prisioneros del frente” (1866, Metropolitam Mueun de Nueva York.), obra notable por su fría objetividad y su vigoroso realismo. En 1899 Homer pintó quizá la obra más impactante, “La corriente del Golfo” (Metropolitam Mueun de Nueva York.), en la que un solitario marinero negro navega en una pequeña y destrozada embarcación, rodeado de tiburones e incomunicado en medio de un mar encrespado con fuerte oleaje. La grandiosidad de su temática y la fuerza expresiva de sus obras ejercieron una influencia dominante en la pintura realista de Estados Unidos..
 


Fuentes y agradecimientos: museothyssen.org, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museodelprado.es, artcyclopedia.com, wga.hu, pintura.aut.org, artrenewal.org y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Miercoles, 06 May 2015, 22:29; editado 4 veces 
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Mensaje Re: HOMER, Winslow 
 
Gracias J.Luis por este nuevo trabajo. Bonitos cuadros los de este pintor.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: HOMER, Winslow 
 
Gracias xerbar, a este pintor Homer lo conocí haciendo el trabajo del Metropolitan Museum of Art New York, me gustó, e investigué un poco su obra. En Europa encontré pocas referencias, pero me pareció interesante tenerlo representado en nuestra galería.




Saludos.
 




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