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CORREA DE VIVAR, Juan
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Post CORREA DE VIVAR, Juan 
 
Este trabajo está dedicado al pintor Juan Correa de Vivar, no hay demasiados datos de sus orígenes, pero fue uno de los mejores representantes del Renacimiento maduro. Se formó en el taller de Juan de Borgoña, el más importante maestro asentado en Toledo durante las primeras décadas del siglo XVI.

Fue un pintor muy influido por el estilo de Rafael, tomando su colorido, sus figuras delicadas y suaves, aunque con el paso del tiempo su forma de pintar fue evolucionando hasta alcanzar unas formas más dinámicas propias del llamado Manierismo...

De este pintor he tenido ocasión de ver varías obras en el Museo del Prado. El resto de su obra se encuentra un poco desperdigada y es posible que algunas de sus obras estén mal catalogadas.

Juan Correa de Vivar (Mascaraque, Toledo, c. 1510 - 16 de abril de 1566) fue un pintor renacentista español.

Su fecha de nacimiento debió rondar hacia el año 1510, siendo su padre de Mascaraque y la familia materna de Portillo de Toledo. Se desconocen los nombres de sus progenitores, pero se sabe que gozaban de una posición acomodada tal como se demuestra en los múltiples bienes que fueron del artista. Juan tuvo dos hermanos, Eufrasia y Rodrigo, cuyo hijo también Rodrigo fue aprendiz con el tío y continuó algunas de las obras dejadas a la muerte de éste. En Mascaraque poseía una gran casa y tierras a las que volvía el pintor de tiempo en tiempo a descansar de sus viajes y trabajos, aunque siempre fue vecino de Toledo.

Nunca se casó y fue hombre religioso tal como puede leerse en su testamento, del que hay una copia en el archivo parroquial de Mascaraque. Dejó como única heredera de sus bienes a su alma, es decir, que estos serían empleados para la realización de obras de caridad, misas o para la fundación de una capellanía que perpetuó en la iglesia de Mascaraque y cuyo primer beneficiario fue su sobrino Rodrigo de Vivar.

Dentro del ambiente artístico de la época, Correa estuvo siempre muy bien considerado, llegando a decir de él el padre José de Sigüenza, cronista de El Escorial, que era “de lo bueno de aquel tiempo”. En siglos posteriores su arte no decayó en la estima de los tratadistas, aunque su biografía quedó sepultada en el olvido.

Antonio Ponz en 1773, hombre de fino olfato estético, decía refiriéndose a las pinturas que se conservaban de mano de nuestro maestro en el monasterio de San Martín de Valdeiglesias lo siguiente: “Se sabe que las pintó un célebre profesor llamado Correa… Dicho Correa fue sujeto eminente, y aunque en sus pinturas hay algo que sabe a gótico, es poquísimo. El tal pintor hubo de ver a Rafael y aún estudiarle… pues se ven cosas en las suyas que lo manifiestan bastantemente. Tiene excelentes expresiones: sus pinturas son acabadas y muy bien coloridas”.

Por aquellas fechas poco se sabía de su vida, ni tan siquiera su nombre, sólo el apellido, pero sin embargo se admiraba su estilo de clara influencia italiana. Ceán Bermúdez publicó en 1800 un célebre diccionario de artistas y en el artículo dedicado a Juan Correa tampoco sabía su nombre pero volvía a repetir las afirmaciones de Ponz apuntando que debía haber estudiado en Italia o con alguno de los que allí habían estado. Realmente la reconstrucción de su biografía se ha hecho en el siglo XX, sin embargo su estilo ya fue definido magistralmente por el académico Antonio Ponz.

Se conoce por algún documento que se formó en el taller de Juan de Borgoña, el más importante maestro asentado en Toledo durante las primeras décadas del siglo XVI. Borgoña se movió en un estilo donde se rastrean influencias italianas por una parte, e hispanas y nórdicas por otra. En el taller de Borgoña nuestro joven aprendiz, de no más de 17 ó 18 años, convivió con otros, con algunos de los cuales como Pedro de Cisneros mantendría vínculos duraderos.

Correa falleció en Toledo el 16 de abril de 1566 en la colación parroquial de San Miguel, donde residía. Días después, como así lo había dispuesto, fue enterrado en Mascaraque, en el sepulcro donde reposaban los restos de sus padres. En la almoneda de sus bienes estuvieron todos los amigos del pintor, que por aquel entonces eran la élite artística de la Ciudad Imperial, como los arquitectos Alonso de Covarrubias o Nicolás de Vergara el viejo, el escultor Francisco de Linares o los pintores Diego de Aguilar y Blas Pablín.

Su obra

San Esteban o Imposición de la casulla a San Ildefonso, 1559.La forma de pintar de Correa está muy influida por el estilo de Rafael. Su obra conservada más importante es el retablo de la iglesia de Almonacid de Zorita, ya que la que se consideraba la mejor, la de Mondéjar, se destruyó en la Guerra de 1936-39. Esta obra estaba realizada en colaboración con el arquitecto torrijeño Alonso de Covarrubias.

De Rafael tomó su colorido, sus figuras delicadas y suaves, aunque con el paso del tiempo su forma de pintar fue evolucionando hasta alcanzar unas formas más dinámicas propias del llamado Manierismo, especialmente en lo referente a la manera de provocar en las figuras un movimiento violento.

En la provincia de Toledo encontramos algunas de sus obras más conocidas, como son el retablo de san Roque, en Almorox, y el retablo de la colegiata de Torrijos, cuyas doce tablas pueden estar realizadas con ayuda de alumnos de su taller, ya que algunas figuras parecen obras de principiantes. El Museo del Prado de Madrid cuenta con excelentes ejemplos suyos.


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Retablo Mayor de la Colegiata de Torrijos. Toledo. Obra de Juan Correa de Vivar y taller

Sus primeras obras como maestro independiente las consigue cuando apenas ronda los veinte años. Alguna de ellas le llegan por contacto familiar, como es la realización de las pinturas para el retablo mayor de las clarisas de Griñón, entre 1532 y 1534 que había fundado su tío Don Rodrigo de Vivar, canónigo en la catedral de Zamora.

De estos primeros años, son también la tabla del Nacimiento del monasterio de Guadalupe, y el retablo con idéntico tema que hizo para Guisando y que hoy se halla repartido entre el Prado y el Museo de Santa Cruz de Toledo. La influencia de su maestro, muy evidente en estas primeras obras, se irá diluyendo con el paso del tiempo, dulcificando su estilo y separándolo del de alguno de sus coetáneos de mayor peso como Francisco Comontes con el que tuvo cierta amistad durante años y que se rompió a causa de un contrato de poca monta.

En los años cuarenta realiza algunas de sus obras maestras como es el conjunto del Monasterio Cistercense de Santa María de Valdeiglesias que se encuentra en Pelayos de la Presa (Madrid). Eran estos retablos los que habían causado la admiración de Ponz y fueron llevados al Prado tras la desamortización eclesiástica de 1836 y el museo nacional los distribuyó por otras pinacotecas como la de Zaragoza o Vigo, iglesias como San Jerónimo el Real de Madrid o en el depósito del mismo Prado.

Alguna de sus obras como “Pilatos lavándose las manos” o el “Ecce homo” resultan de lo más logrado de su producción. Para la iglesia del tránsito de Toledo recibió el encargo de una tabla con el tema del tránsito de la Virgen en donde aparece representado el donante de la pintura. Correa realiza un retrato de excelente factura integrando a ese personaje, su coetáneo, dentro del acontecimiento religioso.

Demuestra aquí no sólo su habilidad para la pintura religiosa fuertemente idealizada, sino también para la captación de la realidad, en este caso, en los rasgos individualizados del mecenas. La obra, de la que conocemos alguna copia en el ambiente toledano de inferior calidad, se conserva por fortuna en el Museo del Prado.


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Juan Correa de Vivar: Anunciación, 1559, óleo sobre tabla, 225 x 146 cm. Museo del Prado.

De los años cuarenta son también los retablos de Dosbarrios, salvado en parte, y el de Herrera del Duque en el mismo estado que el anterior. Entre 1550 y 1566, año de su fallecimiento, su estilo se volvió más personal si cabe, revestido de un manierismo más nervioso que en los años precedentes, que hacen más contundentes y enérgicas sus figuras, pero sin perder ni un ápice de su tradicional elegancia.

La gran cantidad de encargos de estos años hace que en muchas ocasiones deba echar mano de sus ayudantes y discípulos, por lo que a veces observamos una cierta irregularidad que resulta patente al comparar lo facturado por su propia mano, con lo surgido de su taller.

Obras maestras son el retablo de Almonacid de Zorita hoy en el convento de las oblatas de Oropesa, el que se guarda en la parroquia del Salvador de Toledo, o el de la Pasión en las jerónimas de San Pablo también en esta ciudad. Prueba evidente de la irregularidad referida es el retablo de la colegiata de Torrijos, contratado en 1558 en el que se abusa de las estampas y de un acabado un tanto sumario para alguna de las composiciones. Se le atribuye además la pintura en el retablo de estilo barroco de la Iglesia Santa Mª Magdalena, en Villarta de los Montes (Badajoz), y el retablo de Jesús en el huerto de oracion (Ermita del Salvador del Mundo) en Calzada de Calatrava.

He realizado una recopilación de su obra, espero que os guste o resulte interesante y contribuya en su divulgación.






ALGUNAS OBRAS


Correa de Vivar en el Museo del Prado

Juan Correa de Vivar (Mascaraque, Toledo, h. 1510-Toledo, 1566). Pintor español. Ya en 1527 su nombre aparece ligado a Juan de Borgoña, su maestro, y a otros pintores toledanos con los que colabora a menudo, sobre todo en Toledo: Pedro de Cisneros y Francisco Comontes. Tras su periodo de formación, en la década de 1530 comienza a realizar obras importantes, la primera de las cuales es, seguramente, la realización de los retablos del convento de las clarisas de Griñón (Madrid). En esa década lleva a cabo otras obras, como un pequeño retablo para la iglesia parroquial de Mora (Toledo) o el Retablo de la Natividad para el monasterio de Guisando (El Tiemblo, Ávila), en las que se muestra una gran influencia de Juan de Borgoña, en composiciones, tipos y en la minuciosidad del dibujo, y también algunas reminiscencias decorativas de Pedro Berruguete. Entre 1532 y 1540 realiza, junto con Juan Bautista Valdivieso, los escenarios para los autos de la fiesta del Corpus de Toledo. Poco a poco su personalidad artística se va afianzando en solitario, desprendiéndose de las influencias de su maestro y recibiendo las novedades artísticas contemporáneas. A finales de la década de 1530, en obras como el retablo realizado para la iglesia de Meco (Madrid), se percibe cierta incorporación al manierismo. Su evolución posterior pasa por la asimilación en su obra de formas renacentistas del círculo de Rafael, pero también por la influencia de Leonardo y sus discípulos en su sensibilidad y sus modelos, influencia muy posiblemente recibida del foco valenciano. Bajo estas premisas en la década de 1540 realiza obras como el conjunto de San Martín de Valdeiglesias (Madrid), el de Santiago del Arrabal y el de la iglesia de San Nicolás (ambos en Toledo) o el retablo de Herrera del Duque (Badajoz), en donde es posible que tuviera su primer contacto con Luis de Morales. En la siguiente década, en la que se hace más patente la influencia de Rafael y sus figuras adquieren un mayor sentido monumental, realiza obras como el retablo para el frente de la capilla del Sagrario de la catedral de Toledo, el de Almoacid de Zorita (Guadalajara), el de Mondéjar (Guadalajara), una imagen de Nuestra Señora para la ermita de Lillo (Toledo) o la Anunciación de Guisando (El Tiemblo, Ávila). En la última década de su vida -en la que aún incorpora a su estilo nuevas influencias, como la sensibilidad y el dramatismo de Morales o el manierismo de Alonso Berruguete y Villoldo, que cristaliza en dramáticas expresiones faciales y alargamiento de las figuras- realiza una importante cantidad de obras, como las tablas conservadas en la catedral de Teruel, el Calvario de la capilla de Santa Catalina en la iglesia del Salvador de Toledo, el retablito de la iglesia de Almorox (Toledo), los retablos de las monjas jerónimas de San Pablo de Toledo, el retablo de Calzada de Calatrava (Ciudad Real) o el de Villaseca de la Sagra (Toledo). Correa mezcla en sus composiciones grupos y esquemas de muy variada procedencia, por lo que con frecuencia en sus obras conviven elementos arcaicos y modernos. Sus figuras son, en general, elegantes, suaves y armónicas con un modelado blando inmerso en un dibujo de amplios trazos. Su cromatismo, al principio de tonos más agrios al modo de Juan de Borgoña, se modifica en la década de 1540 cuando comienzan a aparecer los primeros tornasoles típicos del manierismo que se desarrollan plenamente en las dos décadas siguientes, aclarándose entonces su paleta, que tomará semejanzas con la de Juan de Juanes. La mayoría de las cuarenta y una obras del artista en el Museo del Prado proceden de sus más importantes empresas: los retablos del monasterio jerónimo de Guisando (El Tiemblo, Ávila) y del cisterciense de San Martín de Valdeiglesias (Madrid). Desmembrados, pasaron por el Museo de la Trinidad antes de llegar al Prado.


Obras

    - Pilatos lavándose las manos, óleo sobre tabla (en dep. en el Museo de Santa Cruz, Toledo) [P668].
    - La Coronación de espinas (Flagelación), óleo sobre tabla, h. 1540-1545 [P669].
    - Ecce-Homo, óleo sobre tabla (en dep. en el Museo de Belas Artes da Coruña) [P670].
    - El tránsito de la Virgen, óleo sobre tabla, 254 x 147 cm, 1546-1550 [P671].
    - La Virgen, el Niño y santa Ana, óleo sobre tabla, 94 x 90 cm, 1540-1545 [P672].
    - San Benito bendiciendo a san Mauro, óleo sobre tabla, 94 x 87 cm, 1540-1545 [P673].
    - Martirio de san Andrés, óleo sobre tabla, 98 x 70 cm (en dep. en el Museo de Santa Cruz, Toledo) [P674].
    - La Resurrección de Cristo, óleo sobre tabla, 126 x 91 cm (en dep. en el Museo de Zaragoza) [P675].
    - San Pedro curando al paralítico, óleo sobre tabla, 103 x 75 cm (en dep. en el Museo Municipal de Málaga) [P676].
    - Pentecostés, óleo sobre tabla, 99 x 90 cm [P677].
    - El Descendimiento, óleo sobre tabla, 136 x 101 cm (en dep. en el Museo Municipal de Málaga) [P678].
    - San Clemente, papa, óleo sobre tabla, 93 x 40 cm (en dep. en el Museo de Santa Cruz, Toledo) [P679].
    - San Bernardo, óleo sobre tabla, 93 x 39 cm [P680].
    - Santa Lucía, óleo sobre tabla, 93,1 x 40,5 cm (en dep. en el Museo de Castrelos, Vigo, Pontevedra) [P681].
    - Santo Domingo, óleo sobre tabla, 96 x 41 cm (en dep. en el Museo de Castrelos, Vigo, Pontevedra) [P682].
    - El profeta David, óleo sobre tabla, 90 x 42 cm (en dep. en el Museo de Santa Cruz, Toledo) [P683].
    - El profeta Isaías, óleo sobre tabla, 89 x 43 cm (en dep. en el Museo de Santa Cruz, Toledo) [P684].
    - El profeta Jeremías, óleo sobre tabla, 88 x 44 cm (en dep. en el Museo de Santa Cruz, To­ledo) [P685].
    - El profeta Habacuc, óleo sobre tabla, 89 x 44 cm (en dep. en el Museo de Santa Cruz, To­ledo) [P686].
    - Presentación de Jesús en el templo, óleo sobre tabla, 219 x 78 cm, h. 1533-1535 [P687].
    - Jesús en el Huerto de los Olivos, óleo sobre tabla, 219 x 78 cm [P688].
    - La Visitación / San Jerónimo penitente (reverso), óleo sobre tabla, 218 x 77 cm, h. 1533-1535 [P689].
    - La Natividad, óleo sobre tabla, 228 x 183 cm, h. 1533-1535 [P690].
    - Martirio de san Lorenzo, óleo sobre tabla, 102,5 x 72 cm (en dep. en el Museo de Castrelos, Vigo, Pontevedra) [P691].
    - El Descendimiento, óleo sobre tabla, 123 x 92 cm [P692].
    - San Lorenzo / San Hilario (reverso), óleo sobre tabla, 181 x 78 cm [P1300].
    - San Esteban / Imposición de la casulla a san Ildefonso (reverso), óleo sobre tabla, 182 x 79 cm [P1301].
    - El Juicio Final, óleo sobre tabla, 136 x 100 cm [P2479].
    - La Anunciación, óleo sobre tabla, 225 x 146 cm, 1559 [P2828].
    - Aparición de la Virgen a san Bernardo, óleo sobre tabla, 170 x 130 cm [P2832].
    - Noli me tangere / Santa Marta / Santa Bárbara, óleo sobre tabla pasada a lienzo, 84 x 193 cm (en dep. en la iglesia de San Jerónimo el Real, Madrid) [P3270].
    - San Bernardo, óleo sobre tabla, 87 x 41 cm, 1540-1545 [P3610].
    - San Jerónimo penitente, óleo sobre tabla [P4798].
    - San Martín, óleo sobre tabla, 104 x 74 cm [P5326].
    - Castigo de Ananías y Safira (pasaje de la vida de san Pedro), óleo sobre tabla, 105 x 75 cm (en dep. en la Casa-Museo de El Greco, Toledo) [P5440].
    - Martirio de san Esteban, óleo sobre tabla, 98 x 71 cm (en dep. en el Museo de Zamora) [P5760].
    - La muerte de san Bernardo, óleo sobre tabla, 138 x 97 cm (en dep. en el Museo de Pontevedra) [P5988].
    - Descendimiento de la cruz, óleo sobre tabla, 225 x 178 cm [P6996].
    - La Resurrección de Cristo, temple sobre tabla, 210 x 135 cm [P7715].
    - Crucifixión, aguada sepia y pluma sobre papel, 290 x 187 mm [D6244].


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Aparición de la Virgen a San Bernardo. Juan Correa de Vivar. Tabla. 170 x 130 cm. Museo del Prado. Esta tabla nos muestra a un Correa de Vivar más comedido que en los otros cuadros del Museo del Prado. No aparecen tantos elementos extraños, ni las posturas son tan retorcidas como en el Manierismo que el artista utiliza a veces. Este cuadro, por contra, resulta de un equilibrado renacentismo, que emplea para tratar un curioso episodio milagroso de la vida de San Bernardo. El asunto es la alimentación milagrosa del papa. Éste, que aparece al fondo de su jardín asomado en su villa romana, está también en primer plano. Se ha quedado arrodillado, rezando a la Virgen, olvidado del mundo, a punto de desfallecer. María, con el Niño en sus brazos, se le aparece para alimentarlo con su propia leche. El tema se ha tratado sutilmente, puesto que la Virgen aparece en un plano superior, divino, desde el cual proyecta su leche sobre la boca del santo.Éste ha abandonado sus atributos pontificiales, quedando tan sólo con su hábito de monje. Lleva al hombro un báculo, que es una finísima pieza de orfebrería. Reproduce en su extremo la escena del Calvario. El santo se encuentra en un ambiente italiano clásico. Tras él, una barandilla de mármol blanco y rojo reproduce el esquema típico de un sarcófago romano, adornado con series de medallones y amorcillos sobre animales fantásticos. Al fondo del jardín, una villa de recreo romana hace las veces de su residencia.El empleo tan correcto de estos elementos italianizantes en su pintura nos habla de la extensa formación de su autor, Correa de Vivar.



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El descendimiento de la cruz. Juan Correa de Vivar. Tabla. 225 x 178 cm. Museo del Prado. Este Descendimiento muestra el momento en que Cristo muerto es descendido de la cruz por los santos varones. La Magdalena está arrodillada al pie de la cruz y la Virgen, desmayada, es auxiliada a la izquierda por otras dos mujeres.

Correa sigue los usos italianos en su estilo, y plantea ya ciertos rasgos manieristas. El paisajito del fondo ya no es el paisaje nórdico que se había copiado en siglos anteriores de tablas flamencas, sino que es el típico paisaje italiano, con árboles y vegetación más frondosos y una ciudad a lo lejos que se pierde en una distancia azulada.

La escena del monte Calvario es agitada, pero sin dramatismos. El gesto de San Juan, que ayuda a bajar el cadáver, y el de Magdalena son los más expresivos. Pero el anciano que arranca los clavos de los pies de Cristo está sencillamente concentrado en realizar su labor, así como las mujeres que atienden solícitas a María. Ésta lleva tocas de viuda, por la muerte de su hijo.

El ambiente del paisaje y la atmósfera es sereno y luminoso, sin contrastes lumínicos. Los colores introducen unas gamas frías muy artificiales, típicas del Manierismo. El tema parece haberse interpretado de manera decorativa, por la composición: los personajes están colocados rítmicamente y el ropaje de San Juan, muy claro, se continúa visualmente en una curva sinuosa con el lienzo que sirve para sujetar a Cristo. Las figuras están correctamente construidas e idealizadas en sus facciones. El detallismo sólo se introduce en las tenazas de carpintero que el anciano está usando. El nimbo de Cristo es del tipo crucífero y está bellamente adornado con unas caligrafías púrpura. Como ya se ha dicho, este óleo pretende agradar los sentidos en primera instancia, más que excitar una pasión devocional.



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Tránsito de la Virgen. Juan Correa de Vivar. Tabla. 254 x 147 cm. Museo del Prado. Es frecuente que los artistas eviten la representación de la muerte de María, sustituyéndola por el tema del tránsito o la dormición. El tránsito implica el paso de un estadio a otro, sin que la Virgen haya de sufrir la muerte como los demás seres humanos. Tras su expiración, María pasó directamente al cielo, junto a su hijo, y es la única persona que no habrá de esperar al Juicio Final para disfrutar la Gloria eterna. Este es el tema que nos ocupa. Correa, en su característico estilo dinámico y grácil, ha situado en el centro del cuadro la cama de la Virgen, moribunda, rodeada por los doce Apóstoles. Ellos llevan los objetos de la Extremaunción, y a sus pies, San Juan, adoptado por María tras la muerte de Jesús, se arrodilla entristecido. Dos detalles captan la atención del espectador en el primer plano, dos detalles que nos aproximan al mundo de la realidad terrenal, que son el bodegón de membrillos sobre una bandeja de plata, en el mueblecito de madera; y la figura de un donante, algo extraordinario para el año que estamos tratando. El donante es el retrato de la persona que encargaba la pintura, pero se había abandonado su representación durante el siglo anterior.El plano más alejado del espectador es también el más cercano a la divinidad. Allí aparece la Virgen, rodeada de ángeles, ascendiendo al cielo, donde la espera su hijo. El autor plantea un juego ilusionista, puesto que la escena podría ser la Ascensión real vista a través de la ventana, o un cuadro colgado en la pared representando el acontecimiento. Este es un juego típico del Manierismo, que busca elementos sofisticados y de juego, que sólo clientes cultos supieran apreciar.



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Anunciación.. Juan Correa de Vivar. 1559. Óleo sobre taba, 225 x 146 cm. Museo del Prado. Correa trata el tema de la Anunciación del ángel a María como un ballet, tal es el movimiento etéreo y gracioso de los personajes, que parecen deslizarse por la estancia. María, arrodillada ante una mesita, ha interrumpido su lectura y se vuelve hacia el ángel con el rostro sumiso y las manos en un gesto de detenerle. El ángel, con las ropas revueltas por el vuelo que le ha traído a la tierra, se acerca a ella con un impulso contrario, con nubes bajo sus pies, y una filacteria con el saludo divino, que se retuerce y alarga hacia María. Entre ellos está el típico jarro con flores blancas, que simbolizan la pureza de la Virgen. Dios Padre se aparece entre nubes, rodeado de angelitos, para enviar el Espíritu Santo a María y que ésta conciba a Jesús. La estancia es de proporciones clásicas, con un suelo de baldosas para hacer más visible la profundidad del espacio. Al fondo, una pilastra indica el fin de la habitación, en cuya esquina aparece un extravagante lecho cubierto de telas rojas, con forma de tienda de campaña turca. Este elemento exótico nos habla de cierta sofisticación, que se ve apoyada por el complejo lenguaje gestual que los personajes utilizan entre sí. Todo ello, junto a las poses casi coreográficas y las gamas tonales artificiales nos están hablando del Manierismo, propio de su autor.



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La Natividad. Juan Correa de Vivar. Hacia 1535. Óleo sobre tabla, 228 x 183 cm. Museo del Prado.    

La Virgen y San José se inclinan hacia el Niño Jesús, desnudo y sobre un paño blanco en un sillar de piedra. Sobre ellos, siguiendo el texto del Nuevo Testamento, ángeles músicos alaban al recién nacido entonando “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace” y, al fondo de la composición, los pastores son anunciados del Nacimiento del Mesías, entrando en el establo por la derecha de la composición (Lucas 2, 8-20).

Esta obra corresponde a la primera etapa de la actividad del artista en la que muestra una fuerte dependencia de Juan de Borgoña (h. 1470 - 1534), como se aprecia en las figuras y en la arquitectura, con una rica ornamentación renacentista.

Procede del Monasterio Jerónimo de Guisando, donde estaba colocado en el claustro alto. Es el panel central de un retablo de estación del ciclo de la Natividad. Las dos puertas, con La Visitación (P00689) –y en su cara exterior San Jerónimo penitente– y La Presentación de Jesús en el Templo (P00687)–originariamente con La Oración en el Huerto (P00688) en el exterior–, también se conservan en las colecciones del Museo del Prado. En los laterales completan el conjunto cuatro profetas–David (P00683), Isaías (P00684), Jeremías (P00685) y Habacuc (P00686)–, cuatro profetas que actualmente se encuentran depositados en el Museo de Santa Cruz de Toledo.



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La visitación. Juan Correa de Vivar. Hacia 1535. Óleo sobre tabla, 218 x 77 cm. Museo del Prado. Esta tabla forma parte del retablo o altar de estación de la Natividad de Guisando (P00683-P00690), una estructura que es frecuente encontrar en numerosos claustros monásticos españoles. Procede concretamente del monasterio jerónimo de Guisando (Ávila), siendo citado por Ponz en 1773. En el claustro, el retablo se encastraba en un muro, formando una suerte de caja, cuyas puertas representan La Visitación -y en su cara exterior San Jerónimo penitente- y La Presentación de Jesús en el Templo -en su exterior una Oración en el Huerto- que fue aserrada y desmembrada de la puerta. El conjunto se completaba con cuatro profetas (David, Isaías, Jeremías y Habacuc), situados en los lados del retablo, haciendo las veces de laterales menores del paralelepípedo retablístico. Probablemente, y siguiendo la fórmula de este tipo de retablos, una imagen escultórica o pictórica remataría el conjunto, tal vez un Padre Eterno. Con la desamortización eclesiástica, se procedió al desmontaje y dispersión de las distintas tablas del retablo y se perdió la memoria de su pintor, Juan Correa de Vivar, e incluso la procedencia del conjunto, creyéndose de la vecina iglesia madrileña de San Martín de Valdeiglesias, en cuyo monasterio trabajó Correa entre 1545 y 1550. A partir de la descripción de Ponz, la reconstrucción del Retablo de la Natividad ha sido propuesta por la investigadora Isabel Mateo, quien sostiene como fecha de realización los años de 1533 a 1535, atendiendo a la cercanía estilística con la pintura de Juan de Borgoña, figura capital para la irrupción de las formas renacentistas en Castilla, vía Toledo. La acomodación de las nuevas maneras del Quattrocento italiano a la personalidad nórdica de Borgoña, calaron con comodidad en una zona de tradicional sustrato gótico, revestido ahora por las sugestivas aportaciones toscanas del citado Borgoña. En la Natividad de Guisando se revelan aún todos los postulados aprendidos con el maestro nórdico, presente todavía en la escena toledana (Borgoña murió en 1536). Correa mantiene en estas fechas un marcado sentido del dibujo, ligado al empleo local del color, en ese momento un tanto agrio y que, progresivamente irá dulcificando y aclarando. Desarrolla un sentido compositivo elemental, marcadamente geométrico, empleando arquitecturas clásicas, pero sin entender con claridad la perspectiva monofocal empleada. Este conjunto de la Natividad, tras otros encargos anteriores -Griñon, Mora o Guadalupe-, expresa bien el proceso de la maduración en este primer momento del artista, quien asienta su correcto quehacer artístico desde la huella de Juan de Borgoña, sin que se perciban aún con claridad otras aportaciones posteriores (Texto extractado de Ruiz, L.: Guía. El Greco y la pintura española del Renacimiento, 2001, pp. 52-55).



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La presentación de Jesús en el templo. Juan Correa de Vivar. Hacia 1535. Óleo sobre tabla, 219 x 78 cm. Museo del Prado. Esta tabla forma parte del retablo o altar de estación de la Natividad de Guisando (P00683-P00690), una estructura que es frecuente encontrar en numerosos claustros monásticos españoles. Procede concretamente del monasterio jerónimo de Guisando (Ávila), siendo citado por Ponz en 1773. En el claustro, el retablo se encastraba en un muro, formando una suerte de caja, cuyas puertas representan La Visitación -y en su cara exterior San Jerónimo penitente- y La Presentación de Jesús en el Templo -en su exterior una Oración en el Huerto- que fue aserrada y desmembrada de la puerta. El conjunto se completaba con cuatro profetas (David, Isaías, Jeremías y Habacuc), situados en los lados del retablo, haciendo las veces de laterales menores del paralelepípedo retablístico. Probablemente, y siguiendo la fórmula de este tipo de retablos, una imagen escultórica o pictórica remataría el conjunto, tal vez un Padre Eterno. Con la desamortización eclesiástica, se procedió al desmontaje y dispersión de las distintas tablas del retablo y se perdió la memoria de su pintor, Juan Correa de Vivar, e incluso la procedencia del conjunto, creyéndose de la vecina iglesia madrileña de San Martín de Valdeiglesias, en cuyo monasterio trabajó Correa entre 1545 y 1550. A partir de la descripción de Ponz, la reconstrucción del Retablo de la Natividad ha sido propuesta por la investigadora Isabel Mateo, quien sostiene como fecha de realización los años de 1533 a 1535, atendiendo a la cercanía estilística con la pintura de Juan de Borgoña, figura capital para la irrupción de las formas renacentistas en Castilla, vía Toledo. La acomodación de las nuevas maneras del Quattrocento italiano a la personalidad nórdica de Borgoña, calaron con comodidad en una zona de tradicional sustrato gótico, revestido ahora por las sugestivas aportaciones toscanas del citado Borgoña. En la Natividad de Guisando se revelan aún todos los postulados aprendidos con el maestro nórdico, presente todavía en la escena toledana (Borgoña murió en 1536). Correa mantiene en estas fechas un marcado sentido del dibujo, ligado al empleo local del color, en ese momento un tanto agrio y que, progresivamente irá dulcificando y aclarando. Desarrolla un sentido compositivo elemental, marcadamente geométrico, empleando arquitecturas clásicas, pero sin entender con claridad la perspectiva monofocal empleada. Este conjunto de la Natividad, tras otros encargos anteriores -Griñon, Mora o Guadalupe-, expresa bien el proceso de la maduración en este primer momento del artista, quien asienta su correcto quehacer artístico desde la huella de Juan de Borgoña, sin que se perciban aún con claridad otras aportaciones posteriores (Texto extractado de Ruiz, L.: Guía. El Greco y la pintura española del Renacimiento, 2001, pp. 52-55).



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Muerte de San Bernardo. Juan Correa de Vivar. Hacia 1545. Óleo sobre tabla, 84 x 42 cm. Museo del Prado. San Bernardo, en el lecho mortuorio, recibe la visita de la Virgen que le pone la mano derecha en el pecho, acompañada de San Lorenzo y San Benito. Al fondo, dos monjes bernardos son testigos de la escena. En 1773 Antonio Ponz hizo referencia a esta composición, que sitúa en el claustro del monasterio de San Martín de Valdeiglesias, donde también se hallaba la Aparición de la Virgen a San Bernardo (P02832), obra de mayor tamaño y rematada en arco de medio punto, lo que la diferencia de esta que, en cambio, tiene unas medidas prácticamente idénticas a las de otras tablas de asuntos cristológicos de Correa procedentes igualmente de ese monasterio cisterciense. El asunto tratado es muy infrecuente dentro de la iconografía del santo, por lo que la comunidad religiosa de Valdeiglesias debió de proporcionar al pintor algún texto o una referencia explícita sobre el sentido de la escena y los personajes que debía incluir. Es clara la relación entre esta obra y la composición de Borgoña del Tránsito de la Virgen, uno de los frescos de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo pintado entre 1509 y 1511. Como en ese mural, el lecho del santo se ha dispuesto en paralelo al espectador, y detrás se sitúan las figuras de María, San Lorenzo y San Benito y, en el plano posterior, los dos monjes como testigos del milagro. Delante, junto a la cabecera en la que yace el santo, encontramos una mesa en la que descansa un plato de peltre con dos membrillos, un recurso que también empleó Borgoña, aunque en lugar de en un plato o salvilla las dos frutas se sitúan sobre un libro. También se repite la presencia, en un término muy cercano al espectador, de una suerte de acetre con hisopo, pero el que aparece a los pies de San Bernardo es muy sencillo y pobre. La escena tiene lugar en un interior de noble arquitectura, abierta por una arcada al jardín de un claustro monástico (Texto extractado de Ruiz, L.: Juan Correa de Vivar, c. 1510-1566. Maestro del Renacimiento español, 2010).


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Aparición de la Virgen a San Bernardo. Juan Correa de Vivar. Tabla. 170 x 130 cm. Museo del Prado


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La Virgen, el niño y Santa Ana. Juan Correa de Vivar. Óleo sobre tabla, 94 x 90 cm. Museo del Prado


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La Piedad. Juan Correa de Vivar. Tabla. 123 x 90 cm. Museo del Prado


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Anunciación. Juan Correa de Vivar. Tabla. 225 x 146 cm. Museo del Prado


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San Benito bendiciendo a San Mauro. Juan Correa de Vivar. Óleo sobre tabla, 94 x 87 cm. Museo del Prado


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San Martín repartiendo la capa con un pobre. Juan Correa de Vivar. Óleo sobre tabla, 134 x 80 cm. Museo del Prado


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San Esteban. Juan Correa de Vivar. 1559. Óleo sobre tabla. 182 x 79 cm. Museo del Prado


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San Lorenzo. Juan Correa de Vivar. Óleo sobre tabla, 182 x 79 cm. Museo del Prado


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San Bernardo. Juan Correa de Vivar. Tabla. 84 x 42 cm. Museo del Prado



Otras obras


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San Pedro curando a un parálitico. Museo de Bellas Artes de Málaga. Obra de Juan Correa de Vivar


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Vírgen de Guadalupe o Historia de la Aparición de la Vírgen de Guadalupe. Óleo sobre lienzo. 300 x 256 cm. Museo Nacional de Escultura. Valladolid. Obra de Juan Correa de Vivar


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Adoration of the Shepherds. 1555- 1559. Obra de Juan Correa de Vivar


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Martirio de San Esteban. Obra de Juan Correa de Vivar


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El Rey David. Museum of the former monastery of Acolman, Mexico State, Mexico. Obra de Juan Correa de Vivar


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Resurrección de Cristo. Obra de Juan Correa de Vivar. Museo de Zaragoza


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La Coronatcón e la Virgen. Museo Nacional de las Intervenciones (ex Monastery of Churubusco) in Coyoacan borough, Mexico City. Obra de Juan Correa de Vivar


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Retablo Mayor. Iglesia Colegiata de Torrijos (Toledo). Su principal monumento es su colegiata conocida como del Santísimo Sacramento. Se trata de un enorme y monumental edificio de comienzos del siglo XVI, considerado como de lo mejor de la arquitectura histórica de la provincia de Toledo. En lo estilístico combina, como veremos a continuación, varios estilos arquitectónicos


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Retablo Mayor. Iglesia Colegiata de Torrijos. En el interior del templo, también son muy importantes algunos elementos muebles, sobre todo el retablo de la cabecera, atribuido a Juan Correa de Vivar. Consta de doce tablas pintadas que relatan la vida de Jesús, flanqueadas por estatuas de personajes sagrados con sus respectivos atributos. Protagonizando dicho retablo encontramos dos grupos escultóricos de gran realismo y sentido de la perspectiva, con las escenas de la Última Cena y la Crucifixión.


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Tabla de la Anunciación. Iglesia de San Juan Bautista. Herrera del Duque, Badajoz. Obra de Juan Correa de Vivar. Entre los objetos de valor que esta iglesia posee, podemos citar el valioso retablo, desaparecido en parte, dorado, con tallas policromadas de Gregorio Prado, de estilo plateresco y pinturas manieristas, en tablas, de Juan Correa de Vivar. Este retablo se hizo entre 1546 y 1550. Durante la Guerra Civil el templo se convirtió en garaje despoblándose totalmente de imágenes y objetos de culto, desapareciendo también dicho retablo y la custodia. Esta y algunos cuadros fueron recuperados. Se conservan once, de un valor incalculable. Los grandes representan: La Visitación, El Bautismo de Jesús, la Predicación del Bautista, la Degollación del Bautista, la Santa Cena, la Oración del Huerto, la Flagelación y el Desprendimiento de Jesús; y los pequeños: la Anunciación, el Nacimiento y la Presentación.

El nuevo retablo mayor fue inaugurado y bendecido por el Obispo de Toledo en 1956 y ocupa el centro frontal de la iglesia, es de estilo barroco, de madera tallada en dorado, tiene cuatro columnas adornadas con racimos de uvas en negro. En la parte inferior a ambos lados, lleva dos cuadros en lienzo; uno con el Bautismo de Jesús y el otro el Niño Jesús con San Juan; en el centro la imagen de San Juan Bautista tallada en madera y en los laterales el Corazón de María y el Corazón de Jesús, hechos de pastamadera, y en la terminación el símbolo del Espíritu Santo. El Manifestador en metal dorado, sobre el sagrario, cubre la parte central.


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Retablo dedicado a la Anunciación. Convento de las Clarisas de Griñom, Madrid. Obra de Juan Correa de Vivar


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Llanto sobre Cristo muerto, tabla de Juan Correa de Vivar. Esta es una de la seis tablas, que fueron descubiertas en 1950 y atribuidas a Juan Correa de Vivar, reflejan cuatro episodios correspondientes al ciclo de la infancia de Jesús (Anunciación; Visitación; Adoración de los pastores y Epifanía o Adoración de los Magos) y dos episodios del ciclo de la Pasión (Cristo camino del Calvario y Llanto sobre Cristo muerto). Esta tablas formaban parte del Retablo mayor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Meco, Madrid. Fue el retablo que precedió al actual, de 1537, contenía doce hermosas pinturas de 1,20 m X 1 m aproximadamente, obra de Juan Correa de Vivar. Se conservan seis que se han sido restauradas y declaradas bien de interés cultural. Son las siguientes: la Anunciación, la Visitación, la Adoración de los pastores, Adoración de los Reyes (puede reconocerse a Carlos V como rey Gaspar), la Verónica y el Descendimiento.

La Comunidad de Madrid recupera seis tablas del pintor toledano Juan Correa de Vivar. Las pinturas datan del siglo XVI y forman parte del retablo original de la Iglesia Parroquial de Meco... Más info


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Oración en el Huerto. Obra de Juan Correa de Vivar. Hacia 1550-1557. Óleo sobre tabla, 106 x 87 cm. Calzada de Calatrava, Ciudad Real. Depositado en la ermita del Santísimo Cristo Salvador del Mundo, propiedad de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.


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Jesús entre los doctores. Obra de Juan Correa de Vivar. Iglesia Sra. de la Asunción. Calzada de Calatrava. Ciudad Real. El templo conserva en su patrimonio ocho cuadros de este autor (siete en el frontal del altar mayor de la parroquia y uno más en la ermita de El Salvador) Todos ellos pertenecieron al retablo renacentista del desaparecido monasterio de Ntra. Sra. del Rosario, en Almagro, y cuyos cuadros componían varios misterios del rosario respondiendo así a la advocación con la que había sido fundado el monasterio.
Tras la desamortización de Mendizabal (1820-23) el monasterio fue cerrado y dicho retablo fue desmembrado, los cuadros fueron comprados y posteriormente donados a la parroquia de Calzada de Calatrava.

Gracias a la restauración que se llevó a cabo hace unos años por el convenio firmado entre el obispado y patrimonio nacional, hoy componen un conjunto pictórico de gran valor artístico para nuestro pueblo. Unos de estos cuadros, concretamente el que representa a 'Jesús entre los doctores', fue solicitado a la parroquia para formar parte de la exposición con motivo del V centenario del nacimiento del pintor Juan Correa de Vivar (Mascaraque 1510-1566), que se celebró en Toledo en el Museo Hospital de Santa Cruz en Febrero de 2011.


Exposición dedicada a Juan Correa de Vivar en la Colegiata de Torrijos, enlace: http://amigosdelacolegiata.blogspot...ar-maestro.html



PUES ESTO ES TODO AMIGOS, ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO EL TRABAJO RECOPILATORIO DEDICADO A JUAN CORREA DE VIVAR.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, pintura.aut.org, museodelprado.es, Artehistoria, Oronoz, diputoledo.es, arteguias.com, cofrades.pasionensevilla.tv, europapress.es, cofrades.sevilla.abc.es, parroquiacalzada.blogspot.com, revistadearte.com, salvadordelmundo.org y otras de Internet.
 




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Last edited by j.luis on Thursday, 25 September 2014, 10:06; edited 12 times in total 
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Post Re: CORREA DE VIVAR, Juan 
 
Gracias J.Luis por seguir engordando la galería de pintores españoles y además con buenas aportaciones como esta de Juan Correa de Vivar.

Un Saludo.
 




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Los mensajes deben de ser con respeto y educación hacia todos los usuarios.
Xerbar Administrador del Foro.
 
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Post Re: CORREA DE VIVAR, Juan 
 
Gracias xerbar, había tres imágenes duplicadas, ya están solventadas. Como comentas, seguimos engordando la galería con pintores importantes, pero poco conocidos para la mayoría.


 

Saludos.
 




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Post Exposición De Juan Correa De Vivar En Toledo 
 
Consejería de Educación, Cultura y Deportes



EL GOBIERNO DE CASTILLA-LA MANCHA RINDE HOMENAJE AL MAESTRO DEL RENACIMIENTO ESPAÑOL, JUAN CORREA DE VIVAR, EN EL V CENTENARIO DE SU NACIMIENTO


Las 41 piezas de la exposición se podrán visitar hasta el 10 de febrero de 2011



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Ángeles García visita la exposición dedicada al pintor Juan Correa de Vivar en el Museo de santa Cruz

El Museo de Santa Cruz de Toledo ha abierto sus puertas a la obra de este artista nacido en Mascaraque, en una exposición organizada por el Gobierno regional y con la que han colaborado el Museo del Prado, la Iglesia Católica, Patrimonio Nacional y diversos coleccionistas privados.

Con motivo del V centenario de su nacimiento, el Gobierno de Castilla-La Mancha rinde homenaje al maestro del Renacimiento español, Juan Correa de Vivar, con la exposición que hoy ha inaugurado la consejera de Educación, Ciencia y Cultura, María Ángeles García, en el toledano Museo de Santa Cruz.

Organizada por el Gobierno de Castilla-La Mancha, la exposición presenta al público a “un gran pintor del siglo XVI, con la que pretendemos dar a conocer a este gran pintor toledano, español y castellano-manchego”, con el que “hay un lazo afectivo tan importante”, ya que nació y fue enterrado en la localidad toledana de Mascaraque, explicó la consejera durante la inauguración.

Para el Gobierno regional, uno de los objetivos “es dar a conocer nuestro patrimonio, el gran patrimonio cultural y en este caso pictórico que tenemos en Castilla-La Mancha, para que se valore y se cuide”, y ahí es donde se enmarca la figura de Juan Correa de Vivar, al que el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, ha calificado como “el Rafael español”.

Las 41 piezas que componen la exposición han sido cedidas por el Museo del Prado, algunas de ellas depositadas en el Museo de Santa Cruz; la Iglesia Católica y Patrimonio Nacional, así como diversos coleccionistas privados, a quienes la consejera ha transmitido su agradecimiento por esta colaboración.

A través de esta exposición, el Gobierno del presidente Barreda ha querido recordar el trabajo de este pintor, a cuyo reconocimiento también se ha sumado el Ayuntamiento de Mascaraque y la Asociación ‘Raíces’, que desde hace varios años trabaja por dar a conocer la obra de su ilustre paisano.

A la inauguración también asistieron la alcaldesa de esta localidad, Vicenta Agustín Sánchez, y la comisaria de la muestra, Leticia Ruiz Gómez, conservadora del Prado y jefa del departamento de Pintura Española hasta 1700 en esta pinacoteca.

Por su parte, el director de la pinacoteca española, destacó esta nueva colaboración con el Museo de Santa Cruz, que “nos permite ver nuestros propios Correas y recuperar la visibilidad de la singularidad y calidad de este extraordinario pintor, una ocasión irrepetible de reconstrucción de una personalidad, de un artista perdido para la memoria del gran público con esta selección exquisita de obras”.
A lo largo de la exposición se refleja también “el alto ambiente cultural y artístico de Toledo en el siglo XVI”, y que Correa de Vivar plasma con tantas influencias flamencas, italianas…, tal y como señaló.

Según explicó la comisaria, Juan Correa de Vivar es el pintor del Renacimiento toledano, un periodo que se inició en el siglo XV “con la llegada espectacular de esa gran figura que es Juan de Borgoña, un pintor extraordinario, que también tiene esa vocación mestiza y cosmopolita de ese siglo, y que se cierra de forma tan brillante el con la muerte en 1614 de El Greco”, afirmó.

Como ejemplo de la relevancia del pintor de Mascaraque, la comisaria explicó que la última adquisición de pintura española que ha realizado el Museo del Louvre, en París, hace dos meses, han sido son dos pequeñas tablas de Correa, lo que “nos da las coordenadas de la importancia de este pintor”.

Por este motivo, “era de justicia y realmente es de agradecer al Gobierno de Castilla-La Mancha este empeño que ha secundado Mascaraque con tanta devoción, para que se visibilizara a este gran pintor”. En este sentido, la alcaldesa del municipio puso en valor el papel desempeñado por los vecinos, “que son los principales partícipes de esta exposición”.

Esta exposición se podrá visitar hasta el próximo 10 de febrero, y se suma a la oferta cultural del Museo de Santa Cruz, que recientemente inauguró su colección permanente en el crucero superior, donde el visitante puede recorrer la historia del arte en España. Cabe destacar que esta colección contiene siete obras de Correa de Vivar que aunque son propiedad del Museo del Prado, están depositadas en su homólogo toledano.

El Museo de Santa Cruz forma parte de la oferta museística gestionada por la el Gobierno de Castilla-La Mancha, una red de diez museos que a lo largo de esta legislatura ha recibido más de dos millones de visitantes en toda la región. Durante este tiempo, el Ejecutivo autonómico ha invertido cerca de tres millones de euros en la renovación de estos espacios, lo que refleja la magnitud del esfuerzo de este Gobierno por potenciar estas instituciones culturales que son de todos los castellano-manchegos.


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En la imagen dos obras de de Juan Correa de Vivar que forman parte de la exposición. En primer plano 'El descendimiento de la cruz' tabla cedida por el Museo del Prado. Madrid.


Contenido de la exposición

La muestra dedicada a Correa de Vivar se puede visitar en las seis salas de exposiciones temporales del Museo de Santa Cruz, a las que se accede por el claustro. En la primera de estas salas destaca el ‘Retablo de la Natividad’ del Monasterio jerónimo de Guisando (El Tiemblo, Ávila), compuesto por ocho tablas y perteneciente al Museo del Prado.

La segunda sala está dedicada a las advocaciones marianas, mientras que en la tercera se exhibe el frontal del Altar del Terno de la Fundadora, del Real Monasterio de las Descalzas Reales; el dibujo de ‘La Crucifixión’, atribuido a Correa y procedente del Prado; y el magnífico breviario de Carlos V prestado por la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

Del Prado son también las siete tablas del Retablo del Monasterio cisterciense de San Martín de Valdeiglesias, correspondientes a la década de 1540, que se podrán contemplar en la cuarta sala.

El recorrido continúa ofreciendo las tablas más grandes y llamativas de la pinacoteca española, así como ‘La Crucifixión’ y ‘Camino del calvario’, de la Colección Arango; y el ‘Descendimiento’ de la Colección Julia Segovia Argudo-Rafael Pérez Hernando. Esta quinta sala dedicada a la Pasión se completa con un tondo con Calvario procedente del Monasterio de San Juan de los Reyes.

La última sala se dedica a la obra retablística de Correa, mostrándose el retablo de ‘La estigmatización de San Francisco’, único en sarga, procedente del Convento de Santo Domingo el Antiguo de Toledo. También se exhiben diferentes fotografías de otros retablos del pintor, así como dos planos en los que se invita a un recorrido por la obra de este maestro tanto en la ciudad de Toledo, como en el resto de los lugares donde trabajó.

La exposición se completa con piezas procedentes de la Catedral de Teruel; las colecciones particulares de Arantxa Moll Sarasola y del Conde de Heredia-Spínola, y la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, en Meco (Madrid).

‘La Virgen del Pajarito’, del Colegio de Doncellas Nobles; la ‘Virgen dentro de un pozo’, de la Catedral de Toledo; el ‘San Pedro y San Pablo’ de la Parroquia de Santo Tomás Cantuariense, en Dosbarrios; y ‘La Circuncisión’, procedente de la Parroquia de Ntra. Sra. de Altagracia, en Mora, también en la provincia de Toledo, forman parte de esta muestra.

castillalamancha.es / Publicado en Dic. 2010
 




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Post Re: CORREA DE VIVAR, Juan 
 
El triunfo de la imagen. Hasta el 12 de abril de 2015. Real Academia de Bellas Artes. Alcalá, 13.



Esplendor sacro en la Academia


‘El triunfo de la imagen’ reúne obras restauradas de templos de la comunidad

Dos obras de Correa de Vivar forman parte de la exposición





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Web de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Muchos de los principales tesoros que contienen los templos, monasterios y conventos de la región madrileña pueden ser vistos por primera vez en la exposición El triunfo de la imagen, inaugurada el pasado viernes en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Hasta el 12 de abril se exhiben 58 obras de arte, pintura, escultura, grabados, textiles litúrgicos y objetos suntuarios de culto. Proceden del patrimonio de la Iglesia católica y han sido seleccionados entre los restaurados por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid desde hace un cuarto de siglo. José María Quesada es el comisario de la exposición.

Las obras —expresión de la opción de la Iglesia de Roma por la imagen como vehículo cultural y evangelizador—, se remontan a la Edad Media y abarcan hasta el siglo XVIII. Una decena de ellas puede contemplarse por vez primera fuera de muros de sus conventos de origen, como el de las Carmelitas de la calle de Ponzano, las Mercedarias de la calle de Valverde o las Trinitarias de la de Lope de Vega, donde en estos días un equipo científico busca los restos de Miguel de Cervantes. Precisamente Sancho de Lacerda, marqués de Laguna y fundador del patronato del convento trinitario donde Cervantes yace, es uno de los efigiados de la muestra, en un imponente cuadro de Otto van Veen, maestro de Pedro Pablo Rubens.

 Una decena de las piezas nunca habían abandonado sus conventos

Hay en la exposición tallas bajomedievales, como la Virgen del castillo, de Montejo de la Sierra; relieves de comienzos del siglo XVI, como los de Torrelaguna, de Calderón y Cerecedo, más una excelsa cruz procesional, del orfebre Marcos Hernández.

Sorprende por su coral monumentalidad una copia del Juicio final del renacentista Jean Cousin. En boca de José Luis Montes, Delegado episcopal para el Patrimonio Cultural del Arzobispado de Madrid, con rango de obispo, “la exposición muestra además algunas de las principales joyas del Barroco, la época en la que Madrid, gracias a su pintura, se situó a la cabeza del Arte europeo”.


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Nacimiento y Cristo Camino del Calvario, procedentes de un primitivo retablo de Juan Correa de Vivar que se conservan en la iglesia parroquial de Meco (Madrid), realizadas, hacia 1537 y 1538, ambas forman parte de la exposición de la Real Academia de San Fernando.

Barroco es, desde luego, el estilo dominante, con la presencia de telas bañadas de luz y policromía por Juan Carreño de Miranda, Francisco Rizzi, Eugenio Cajés, Vicenzo Carduccio y Alonso Cano, además de las de Juan de Toledo; el lienzo Santa Catalina de Alejandría, de Juan Antonio de Frías y Escalante, brinda su rostro al catálogo de la exposición. Destella con fuerza el lienzo de Anton van Dyck La Virgen y el Niño Jesús y ángeles. Esta tela, hasta hoy inaccesible al público, singulariza el grácil porte de María cubierta con un manto turquesa cuya luminosidad vivificó el pincel del gran pintor de la Corte de San Jaime; se asegura que Van Dyck se autorretrató en este lienzo, en el rostro de un ángel. No podía faltar una Anunciación, del infatigable Lucas Jordán, llamado a Madrid por Carlos II.

En el capítulo de escultura, La adoración de los pastores de Luisa Roldán, llamada la Roldana, es un prodigio de elegancia que, pese a hallarse inicialmente muy deteriorado, ha sido certeramente restaurado por el equipo Albayalde. Un Cristo yacente de Juan Sánchez Barba conmueve por su doliente realismo; Nicola Fumo talló la Transverberación de santa Teresa de Jesús, que data de 1725, a la que acompaña un manuscrito de la mística abulense. También del XVIII data Santa María Magdalena, de Luis Salvador Carmona.

Complementa la muestra un audiovisual que relata las intervenciones en la deslumbrante Capilla del Obispo, restaurada durante dos décadas por Javier Vellés y su equipo; la iglesia de las Comendadoras, bellamente recobrada por Emmanuela Gamibini; la catedral de Getafe, la iglesia de la Asunción de Meco, —con su cubierta de hechura naval— y Santa María la Mayor, de Colmenar de Oreja, objeto todas ellas de profundas restauraciones, que serán objeto de conferencias en la sede de la Academia. El presupuesto restaurador desde hace un cuarto de siglo frisa los 40 millones de euros, informó Isabel Mariño,consejera regional de Empleo, Cultura y Turismo.


elpais.com
 




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Post Re: CORREA DE VIVAR, Juan 
 
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El domingo pasado tuve el placer de volver a visitar la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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En este caso solo visité la exposición temporal 'El Triunfo de la imagen'. La entrada es gratuita. Lo malo es que no se pueden hacer fotos. Por tanto compré un magnífico libro por 20 euros, que bien los valen pues nos habla con gran conocimiento y descripciones de grandes obras recuperadas. Además contiene magníficas fotografías de los tesoros del arte sacro restaurados por la Comunidad de Madrid.


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A continuación pongo un par de lienzos de Juan Correa de Vivar que formaban parte de la muestra.


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Juan Correa de Vivar - Nacimiento, 1537 - 39. Óleo sobre tabla, 133 x 98 cm. Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. Meco. Madrid.


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Juan Correa de Vivar - Cristo camino del calvario, 1537 - 39. Óleo sobre tabla, 133 x 98 cm. Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. Meco. Madrid.



 

Saludos
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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