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Pla Y Gallaro, Cecilio
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Mensaje Pla Y Gallaro, Cecilio 
 
Este trabajo está dedicado al pintor valenciano: Cecilio Pla Gallardo. Fue un pintor muy influido por Fortuny. Su obra se caracteriza por la gracia y la elegancia decorativa, así como por un magnífico dibujo cercano a la sensibilidad modernista.

000_1417114820_512823Cecilio Pla y Gallardo, nació en Valencia en 1860 y murió en Madrid en 1934. Se formó en la Academia de San Carlos de su ciudad natal y en la Academia de San Fernando de la capital española. Además, fue discípulo de Emilio Sala.

En 1880 se fue a vivir a Roma, y además viajó por el resto de Italia, Francia y Portugal. Desde Italia envió obras para participar en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en las que participó desde 1881 hasta el año de su muerte. La mayoría de las obras que presentó eran de género costumbrista -en las que se observa la influencia de Fortuny-, y con ellas consiguió numerosos galardones.

Entre 1884 y 1887 presentó obras que estaban inspiradas en temas italianos, como el “Dante” y “El entierro de Santa Leocadia”, las cuales recibieron medallas de tercera clase.

Además, recibió segundas medallas en 1892 y 1895, y otros premios y condecoraciones en 1899, 1901, 1904 y 1912. En 1899 obtuvo tercera medalla en la Universal de París, en 1900 obtuvo una Medalla de Honor en la Exposición Universal de París y en 1910 medalla de oro en la Exposición de Valencia.

A partir de 1910 se desempeñó como profesor en la Escuela de San Fernando, tuvo como alumnos a importantes pintores como Juan Gris y José María López Mezquita. Asimismo, publicó una Cartilla de Arte Pictórico.

En 1924 se lo nombró académico de San Fernando. Su producción está caracterizada por la decoración y por “un magnífico dibujo cercano a la sensibilidad modernista”, aunque también posee óleos realizados en un estilo impresionista. Fue autor de obras decorativas para palacios y edificios públicos de Madrid, como el Casino, el Círculo de Bellas Artes o el desaparecido Palacio de Medinaceli de la Plaza de Colón.

Su producción artística se encuentra representada en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, Valencia.

Algunas obras suyas son:

Pintura

- Señorita con cohete (1906), Cromotografía
- Grupo valenciano en fiesta (1907), Acuarela y gouache/papel
- Cazadores (1908), Gouache/papel
- Niño con tazón” Óleo/lienzo
- Paisaje rural” Óleo/tabla
- Escena de playa” Óleo/tabla
- Pinos mediterráneos” Óleo/tabla
- Concurso Nacional de ganados” Óleo/lienzo
- A los toros” Óleo/lienzo
- Escena Estival” Óleo/lienzo
- Playa de Salinas, Asturias Óleo/lienzo
- Retrato de D.Prudencio de Urcullu y Zulueta Óleo/lienzo
- Retrato de Doña Ubalda Cereijo Abella… Óleo/lienzo
- Vista de pueblo” Óleo/lienzo/tabla
- Los isidros de Madrid” (1906), Óleo / lienzo

Esta última se puede considerar una de las obras maestras de Pla, porque en ella conviven “el modernismo simbolista en la composición de los ángeles y el costumbrismo casticista en las figuras populares”.

Dibujos-acuarela

- El fotógrafo” Lápiz/papel
- Academia” Lápiz/papel
- Copia de Wateau” Dibujo
- Palacete junto al río” Lápiz/papel
- Retrato de caballero” Carbón/papel
- Personajes con sombrero” Lápiz/papel
- Marina” Acuarela
- Desnudo sentado” Dibujo
- Estudio de desnudo masculino de espaldas” Carboncillo/papel
- En el parque” Lápiz/papel  

Cecio Pla, posee óleos realizados en un estilo impresionista de gran audacia. Autor de obras decorativas para palacios y edificios públicos de Madrid como el Casino o el desaparecido Palacio de Medinaceli de la Plaza de Colón, es desde 1910 profesor en la Escuela de San Fernando de importantes pintores como Juan Gris y José María López Mezquita.

Espero os resulte interesante la recopilación de este pintor valenciano, sea de vuestro interés y contribuya para divulgar su obra.






Algunas obras


Cecilio Pla en el Museo del Prado


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Cecilio Plá - Autorretrato, 1892. Óleo sobre lienzo, 75 x 100 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado.

El autor, que se representa sin los útiles de su trabajo, aparece junto a los retratos de su tía y de su madre y a un busto en barro de su padre. Estas imágenes familiares suponen un homenaje a sus progenitores, recurso frecuente en los autorretratos de otros artistas durante esos años. La copia del Príncipe Baltasar Carlos a caballo de Velázquez, que figura también en algunas fotografías de su taller, dispuesta en un lugar principal, muestra su admiración por el maestro sevillano, a quien estudió a menudo en el Prado.


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Lazo de unión. 1895. Óleo sobre lienzo, 196 x 306 cm. Museo del Prado. Obra de Cecilio Plá.

Curiosear en la banalidad de lo cotidiano llegó a ser, a raíz de la difusión del Realismo en los ámbitos del gusto burgués, una pequeña satisfacción no exenta de cierta frivolidad por lo que tenía de improcedente. Quien contempla el cuadro se convierte, como espectador accidental, pero algo morboso, de una escena donde no tiene cabida real ni moral, en un mirón que se complace en ello. La intromisión en lo familiar, no tenemos derecho a saber lo que pasa, y mucho menos a contemplar una discusión, donde cualquiera estaría apurado, se convierte en una posibilidad para explorar las siempre complejas relaciones entre la casualidad, la lógica y la naturalidad de la mirada.

Como en otros cuadros de ese peculiar Realismo que se premia en las exposiciones nacionales, esta obra obtuvo la medalla de segunda clase en la Nacional de 1895, el pintor concibe la representación en términos narrativos tradicionales, donde cada figura, cada gesto y cada elemento decorativo concentran un explícito mensaje, como corresponde a una pintura que se sustenta en su capacidad para expresar plásticamente un discurso literario. Es fácil de comprender que se acaba de producir una discusión familiar: la mujer, vuelta en dirección opuesta a su marido, reacciona con lágrimas que trata de enjugar con un pañuelo, el varón, en el otro extremo del sofá donde están sentados, trata de resistirse con altiva indiferencia a la contrariedad, aunque su rostro viril encierra una conmoción interior, y la hija de ambos, que da título al cuadro, pretende poner fin a la situación (Texto extractado de Reyero, C.: “Lazo de Unión”, Ternura y Melodrama. Pintura de escenas familiares en tiempos de Sorolla. Conselleria de Cultura i Educació de la Generalitat Valenciana, 2003, p. 328).


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Dos generaciones. 1901. Óleo sobre lienzo, 163 x 233 cm. Museo del Prado. Obra de Cecilio Plá.

Deshecho por una luz que casi desvirtúa las formas de los objetos, y que no permite definir el fondo de la composición donde se insinúan unas gallinas, picoteando los restos de comida del suelo, la obra representa una sobremesa familiar en la que una pareja de ancianos, acomodados en sendas sillas bajas, descansan junto a su pequeña nieta. La abuela cabecea habiendo dejado caer al suelo sus agujas de hacer calceta y el abuelo, que permanece despierto tras las páginas de un diario se las acerca a menos de un palmo de distancia de sus ojos. La niña es la única que parece avisada de la presencia del pintor, quien le distrae de su enérgica actividad sobre un abanico de varillas que vuelve del revés para entretenerse. A sus pies, una sonaja y otros juguetes dejados caer enfatizan el carácter inquieto de la pequeña, y tras ella un botijo de barro rojo subraya el refresco que todos ellos buscan en la sombra del patio.

Dos generaciones de una misma familia se cobijan del inclemente sol bajo un porche emparrado en un patio rural, y así fue como los representó Pla, quien quizá ocupa la generación entre ambas. El artista se aprovecha aquí de la ternura de los personajes, todos ellos de apariencia indefensa, para exaltar los valores familiares como parte de un discurso argumental muy sencillo, en el que se tratan de manera habitual en su obra los afectos más comunes y cotidianos (Texto extractado de G. Navarro, C.: “Las dos generaciones”, Ternura y Melodrama. Pintura de escenas familiares en tiempos de Sorolla. Conselleria de Cultura i Educació de la Generalitat Valenciana, 2003, p. 212).


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Las doce. 1892. Óleo sobre lienzo, 162 x 230 cm. Museo del Prado. Obra de Cecilio Plá.

Este lienzo, premiado con una segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892, supone el primer éxito público de Pla en el género del realismo social, puesto de moda en las dos últimas décadas del siglo, y en el que este maestro valenciano dejará algunas de sus obras más significativas, en las que sin embargo aparece siempre considerablemente tamizado el sentido crítico de sus argumentos, mostrando por el contrario sus aspectos más amables, en escenas de naturaleza esencialmente dramática.

En este caso, representa a un albañil almorzando durante el descanso del mediodía, como señala el título del cuadro, sentado en el suelo junto a su mujer, que le ha traído la comida a la obra. Sobre un improvisado mantel, sujeto con piedras en sus esquinas, pueden verse las vituallas que va sacando la mujer de su cesta, mientras en su regazo duerme plácidamente su pequeño hijito de pocos meses, que constituye uno de los fragmentos más bellos del cuadro. Están resguardados a la sombra del fuerte sol de mediodía, pudiendo verse al fondo diversos materiales de construcción.

Lo que en cualquier otro artista especializado en este género hubiera servido para denunciar las miserables condiciones de la clase obrera, subrayando el dramatismo de la escena con la inclusión del bebé, es transformado por Pla en un canto a la condición noble de los más pobres, representando a los protagonistas del almuerzo con ropas humildes pero aseadas, mostrando tan solo en sus expresiones la desdichada condición de su suerte. En estos años, el pintor no ha abandonado todavía su dibujo riguroso y una atenta observación del natural, que detalla todos los elementos de la composición, llamando la atención del espectador detalles primorosamente descritos como el puchero de barro, las alpargatas cosidas del albañil o el mordedor del pequeño (Texto extractado de Díez, J.L.: Maestros de la pintura valenciana del siglo XIX en el Museo del Prado. Museo Nacional del Prado, 1997, p. 178).


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Entierro de santa Leocadia. 1887. Óleo sobre lienzo, 285 x 477 cm. Museo del Prado. Obra de Cecilio Plá.

Después del primer reconocimiento de mérito en su aún corta trayectoria, -cuando fue premiado con una Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884 por su obra Dante. El círculo de los avaros-, Pla aspiró a consagrarse de manera definitiva en la Nacional de 1887, con el Entierro de santa Leocadia. Este cuadro, perteneciente a las colecciones del Museo del Prado -donde se ha restaurado entre 2007 y 2008- es uno de los ejemplos más elocuentes en el camino del joven pintor hacia su madurez plástica.

Cecilio Pla refleja en el lienzo cómo, a la caída de la tarde y en las afueras de la ciudad de Toledo -algunos de cuyos edificios, como un templo de carácter clásico, se siluetean al fondo del profundo paisaje-, un escaso grupo de cristianos se dispone a dar tierra a santa Leocadia. Amortajada con una túnica blanca, con unas cuerdas en su muñeca y con un tenue resplandor alrededor de la cabeza como señal de santidad, el cuerpo de la mártir es envuelto en un sudario antes de ser depositado en la sepultura que sus propios seguidores han cavado, como recuerdan las herramientas que aparecen a los lados de la fosa, dentro de la que cae parte del inmaculado sudario. Junto a éste, se disponen una vasija y una escudilla -elementos habituales en las representaciones de los entierros de otros santos o del propio Cristo-, una cruz -como signo inequívoco de su fe y también como atributo de esta santa-, y una palma -premio reservado a aquellos que han alcanzado la gloria del cielo tras haber dado su vida por Cristo-. En grupos de diferentes edades, hombres y mujeres se disponen alrededor de la sepultura y de la mártir. A la veneración que profesan ante el cuerpo santo los que permanecen de rodillas, se unen la melancolía y tristeza de las mujeres, y el miedo que parece reflejar la actitud vigilante del hombre joven que permanece de pie con un extremo del sudario entre sus manos. Frente a la técnica insistida de algunas figuras, fundamentalmente en sus ropajes, y la pincelada amplia y suelta influida por la de su maestro Sala para otras, el paisaje y el cielo se resuelven con grandes manchas de color, con una técnica deshecha y con poca materia, que a veces deja ver la preparación.

El Entierro de santa Leocadia es clave en el camino de Cecilio Pla hacia su propia madurez plástica, y en la configuración y formación de su propio estilo, y éste es precisamente otro de los valores del cuadro. Así, Fernanflor y otros críticos coincidieron en señalar la mejoría y el cambio de registro con respecto al Dante, valorando positivamente esta facilidad de cambio (Texto extractado de Martínez Plaza, P. J.: "El Entierro de santa Leocadia de Cecilio Pla", en Boletín del Museo del Prado, XXIX, 47. Museo del Prado, 2011, pp. 134-147).


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Huerto con frailes y un ladronzuelo. Hacia 1880. Óleo sobre lienzo, 46 x 71 cm. Museo del Prado. Obra de Cecilio Plá.



Cecilio Pla en el Museo Carmen Thyssen Málaga


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La Verbena, c. 1905. Óleo sobre papel adherido a lienzo, 48 x 38 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Cecilio Pla y Gallardo.

La mirada de Pla se proyecta sobre diversos ámbitos temáticos, pero es en la anécdota, en la narración cotidiana o en el melodrama donde encuentra su mejor inspiración. Su costumbrismo no es el folclorista de la generación anterior, ni el idealista de las nuevas generaciones de artistas, como Zuloaga o Romero de Torres, sino un costumbrismo de la vida contemporánea muy atento a los ámbitos de sociabilidad y a las expansiones y problemáticas familiares de las clases medias y populares, lo cual le orienta en ocasiones hacia un relato castizo de un madrileñismo de género chico. Sus protagonistas pueden ser costureras, niñeras, lavanderas, floristas… y los ambientes en que se desenvuelven son tanto el hogar como la calle, los cafés, los paseos, las verbenas, la corrala... Es el costumbrismo del Madrid chulapón, urbano y popular que prima en buena parte del género chico, con mujeres honestas y alegres que acuden a las verbenas y fiestas ataviadas con coloristas mantones de Manila y de hombres de todo tipo de condición social que se desenvuelven con espontaneidad en esos ambientes. La elegancia y el chic moderno del medio burgués tienen también su espacio en el amplio repertorio iconográfico de sus tipos urbanos. El universo de Pla conecta en cierto sentido con el mundo galdosiano, o está más próximo quizás al de Pardo Bazán. En este sentido fue muy aguda la observación de José Francés al indicar ciertas similitudes entre los asuntos de Pla y el teatro de Benavente. Lafuente Ferrari incidió con posterioridad en esas relaciones literarias y su faceta más o menos modernista. Como en el género chico refleja unos conflictos y situaciones vividas en la ciudad de entresiglos.

Las distintas fases de la relación amorosa, desde la seducción al conflicto, es un discurso que se desarrolla a lo largo de la producción de Pla, aunque es la faceta más amable la que generalmente prima. Si en lienzos de gran formato como Lazo de unión (1895, Madrid, Museo del Prado) presenta el melodrama del conflicto matrimonial, en obras como la que ahora se presenta afronta la visión risueña y desenfadada, la relación entre dos jóvenes en la verbena; el encuentro fortuito en el escenario urbano de un día festivo, donde la calle engalanada de luces refleja el ambiente nocturno animado y bullicioso. Una imagen placentera de la ciudad en la cual el tipismo sentimental no mitiga su valor de crónica de la vida urbana. Aunque Pla es conocido principalmente como un pintor de escenas luminosas, ésta en realidad es sólo una faceta de su creación que se proyecta especialmente en las vistas de playas, pues Pla es también en ocasiones un pintor de la noche, hay varios los lienzos y pequeños estudios de vistas de la vida nocturna que así permiten afirmarlo. Desde luego que no tiene nada que ver con las visiones nocturnas de la vida canalla que los artistas de la vanguardia y de la bohemia prodigan. El cabaret no es el ámbito de la noche de Pla, sino la verbena o el café a todo lo más. Degeneración y decadentismo no cuadran por lo general en su iconografía. Cuando las mujeres de Pla se exceden hay un confesionario o iglesia donde acudir para hacer efectivo el arrepentimiento. De todas maneras la noche festiva es propicia al solaz y al devaneo y esta pintura lo demuestra.

La escena gira, pues, en torno al encuentro fortuito entre la joven del pueblo, cubierta con mantón de Manila, y un joven dandi que pasea por la calle. A la izquierda aparece de perfil otra joven, de cabellos más claros, cubierta con un mantón azul, que parece ajena al suceso; casi oculta queda la tercera que se sitúa más al fondo mirando con curiosidad el encuentro de la pareja. El joven tiene una imagen muy cuidada, va vestido con chaqueta, chaleco, pajarita y un sombrero, ligeramente echado hacia delante, que ensombrece parte del rostro y le da un aire más seductor; lleva el bigote bien atusado y sus manos son delicadas y finas. La muchacha está delante de varias macetas de claveles del puesto de una florista donde quizás ha comprado la planta que lleva. Pero el nudo del argumento o anécdota del cuadro es que el fleco del mantón de la muchacha se ha enganchado en el botón de la chaqueta del hombre y este simple accidente puede dar pie a un cambio en el rumbo de la fiesta y hasta en la vida de ambos. El joven desenreda con sus manos el fleco pero a la vez sujeta el mantón, el roce de sus prendas se convierte, utilizando una definición muy en la línea de Pla, en un «lazo de unión». Como un pez, el joven ha caído en la red del mantón. La joven no puede hacer nada para remediar al simpático accidente, pues lleva en una mano un llamativo abanico rojo, que contrasta con el tono claro de su mantón, y en la otra una maceta que ha comprado en la feria; una azalea que las mujeres adquieren por tradición en las verbenas o romerías para adornar el balcón o el interior de la casa. Detalles todos ellos insignificantes pero expresivos de una actitud y sensibilidad. La joven gira la cabeza esbozando una dulce sonrisa y el joven, en vez de mirar el botón que está desenredando, dirige la vista hacia la cabeza de la chica buscando sus ojos. Puede que ese cruce de miradas ya se hubiese producido antes pero el azar ha facilitado la comunicación entre ambos, y ése es el instante preludio del flirteo, el que Pla ha querido expresar en su óleo.

El argumento dulce y sentimental está tratado con gracia, pero la resolución plástica del conjunto deja ver la maestría con que están plasmados detalles como la perspectiva urbana nocturna, dominada por el fondo luminoso de un edificio público engalanado, diríase que es un salón de baile o puerta de casino de donde ha podido salir el apuesto joven. Aunque el grupo protagonista llena el primer plano, resulta de gran interés este paisaje urbano en el que Pla despliega su habilidad y gusto por reflejar el efecto multitudinario de la calle de manera sintética, al igual que lo hace en las vistas soleadas de la Malvarrosa valenciana. En el cuadro en cuestión, Pla emplea una pincelada suelta, muy segura, que se hace un tanto impresionista en los detalles del paisaje y las flores, la cual también le resulta muy eficaz para sugerir de manera sintética el bullicio y dinamismo de la fiesta. El colorido está armonizado y equilibrado, Pla era un buen técnico en el estudio del color. El rosado del mantón y el verdoso de la chaqueta se complementan y armonizan de manera simbólica. La muchacha muestra un rostro de líneas un tanto difuminadas, que es una de las características formales de lo que podría definirse como expresión del modernismo del pintor valenciano, al igual que la dulce sonrisa de la joven es muy propia de todas las mujeres de Pla. La obra podría datarse en torno a 1905.


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Mujeres en el jardín, c. 1910. Óleo sobre lienzo, 42,1 x 66,4 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Cecilio Pla y Gallardo.

Hacia 1900 Cecilio Pla se orienta hacia una pintura luminista y amable, que tiene entre los artistas valencianos a sus principales impulsores o divulgadores, sobre todo a raíz de la irrupción de Sorolla y su reconocimiento internacional. El luminismo terminará por identificarse como una de las características más definitorias de la nueva pintura valenciana, y como una de sus vías hacia el regionalismo artístico. Fortuny, Rosales, los impresionistas e incluso los artistas del norte de Europa o los italianos, tuvieron un peso notable en este grupo de pintores intensamente obsesionados por la luz, y cuyo vitalismo y sensualidad se suele contraponer a la visión más sombría y gris de otros artistas españoles. Sin embargo, el concepto de pintura, el sentido del color y de la luz de Cecilio Pla, sería erróneo verlos exclusivamente como manifestación de la escuela valenciana, ya que Pla se trasladó muy joven a Madrid y en todo caso esa conexión o magisterio valenciano lo mantiene a través de su maestro y amigo Emilio Sala, pintor en realidad de orientación bastante cosmopolita, al que no supera como retratista; se trata por tanto de una actitud compartida que encontró entre los pintores mediterráneos a sus máximos defensores. En obras de asunto social como Las doce, de 1891 (Museo del Prado), Pla introduce una intensa luz de mediodía que deslumbra desde el fondo de la composición, si bien la escena principal transcurre en el plano de sombra. Por esos años finales del XIX los paisajes que realizaba eran principalmente del norte de España, sobre todo de Asturias, donde visitó en frecuentes ocasiones a su amigo Casto Plasencia. No obstante estos antecedentes, los efectos y presencia de la luz solar cobran mayor protagonismo en sus obras a partir de 1900 y en concreto de 1910 que es cuando parece que se acentúa el luminismo en sus paisajes, sobre todo en las dinámicas y vibrantes escenas de las playas valencianas en las que pronto se percibe el impacto que tuvo en él la obra de Sorolla, sin romper por ello el hilo de su evolución personal.

El cuadro Mujeres en el jardín pertenece a ese momento de plenitud luminista que se refuerza a partir de 1910 y que llega incluso a sus retratos, muchos de los cuales se ambientan ya al aire libre. Aunque en sus apuntes abundan las escenas bulliciosas y agitadas, en general es la suya una visión sincera y serena. El mundo de Pla es apacible y equilibrado, sin grandes contrastes ni provocaciones, a veces en las ilustraciones se permite travesuras en la iconografía de la mujer y en las playas se siente atraído por el alboroto de la chiquillería, pero sus ambientes suelen ser familiares, de una armonía doméstica no alterada, un mundo feliz sin problemas, un placer de vivir que se identifica con lo sencillo y cotidiano. El pintor en sus apuntes parece acentuar todas estas características al hacer de las personas siluetas de color y movimiento, figuras sin expresión que nos sugieren ambientes, modos de estar, usos y costumbres, antes una psicología colectiva que individual.

Al pie de la escalinata de un jardín un grupo de mujeres sentadas en sus sillas y butacones se concentran en sus labores de costura como bien lo indican sus cabezas inclinadas y brazos. Las cuatro figuras cobijadas bajo la fresca sombra de una tupida vegetación en una mañana soleada, son observadas por el pintor, cuya presencia no interfiere en el mundo aparte que compone el grupo, incluso son como un elemento más del paisaje con el que se compenetran formando una unidad. El paisaje del jardín, ya de por sí representación de una naturaleza controlada y ordenada por la mano del hombre, alcanza aquí un tono sensiblemente doméstico o costumbrista con la presencia de estas figuras femeninas. Cecilio Pla sintió una especial predilección por reflejar íntimas escena familiares, grupos de tertulia en la playa o en el jardín a través de los cuales atrapa ese momento del ritmo vital, el día a día, la poesía del momento que se puede reflejar en la relajación de una siesta, en el goce del momento del baño, o en esas otras maneras de matar el tiempo veraniego en que las mujeres cosen más como un entretenimiento que refleja un espíritu hacendoso. Tanto Sorolla como Pla, al igual que otros muchos pintores de la época, nos dicen que todavía la mujer de principios del XX cuando descansa en la playa o el jardín realiza mecánicamente alguna de las tareas propias de su sexo como hacer ganchillo o coser: una actividad ligera que no requiere especial concentración, pero que relaja la mente al alejar el pensamiento de otras reflexiones o preocupaciones, contiene las angustias o desasosiegos y mata el tedio; raramente aparecen las mujeres leyendo un libro. El aprendizaje de una joven de clase media o burguesa de 1900 se reducía a la costura, el piano y en algunas ocasiones tomaban los pinceles; la hija de Pla, Pepita, pintaba. En la distribución de las figuras hay una ordenación jerárquica: las tres de la derecha están sentadas en silla o sillones de mimbre, repantingándose un tanto la primera, la figura de la izquierda está aislada del resto y sentada en una hamaca, el trozo de pierna que se aprecia deja ver unas medias negras; parece pues la más respetable del grupo, probablemente, la madre, pues no dudamos que se trata de la familia del artista. Tanto las modelos como el pintor disfrutan del encanto y la belleza del lugar, ellas sintiéndolo desde el ambiente y atmósfera que se crea y el artista desde la contemplación.

El grupo está ligeramente descentrado pero la masa oscura de la vegetación marca la preponderancia de este eje, aunque por la derecha hay un camino, y a la izquierda las escaleras adornadas con abundantes macetas, una de ellas sobre un pilar marca una línea vertical en correspondencia con el tronco del árbol de la derecha, enmarcando ambas verticales a las mujeres, con lo que se consigue un doble efecto de ámbito recoleto y abierto. Por otro lado destaca la masa compacta de la vegetación y figuras con el espacio vacío de las escalinatas. El cuadro participa de casi todas las características de los apuntes de Pla pero la visión es más quieta y la composición más elaborada. El pintor ha podido recrear los detalles y las sugerencias por tratarse de una escena menos dinámica, que no le obliga a emplear las pinceladas densas o deshechas que dominan en las tablas de bañistas; si utiliza ahora la técnica del apunte, es con un tiempo lento. En general predominan dos tipos de pincelada, una más pequeña y densa con la que define todo el centro, el follaje y las figuras, y otra más larga e informal para sugerir y cerrar con leves trazos todo el fondo de la izquierda dentro de la síntesis que se impone en este tipo de obras. El lienzo se sitúa en un punto intermedio entre el apunte, que tanto prodigó el artista y comercializó, y una composición más elaborada como bien puede deducirse del formato, soporte y escena. La pintura se traslada directamente el lienzo sin ningún dibujo previo, el artista maneja el óleo con su especial habilidad para sugerir y dar vida a las más diversas escenas al aire libre. Pla, que era un consumado dibujante, y que desplegó una extraordinaria faceta de ilustrador, a la hora de abordar los paisajes y las pequeñas escenas al aire libre desarrolla otra vertiente de una pintura más libre, fluida y ligera que es la manifestación última de todo su saber plástico, manejando los toques de color con la misma precisión con que arrastra el trazo del lápiz.

El cuadro, como indica la firma, está realizado en Buñol, localidad próxima a Valencia, donde también se desplazaban los valencianos en verano, por tratarse de un lugar más alto y fresco en las noches. Está además dedicado al que fuera uno de sus discípulos más estimados, el granadino Gabriel Morcillo, con quien mantuvo una cordial amistad. Entre los discípulos de Pla destacaron los andaluces y en especial los granadinos, siendo quizás López Mezquita y Gabriel Morcillo dos nombres de los que el artista se sentía orgulloso.


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Jugando en la playa. Óleo sobre cartón, 13 x 18 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Cecilio Pla y Gallardo.

En la Cartilla de Arte Pictórico de Primera Enseñanza que Cecilio Pla escribió en 1914, el pintor expresa algunas de sus principales inquietudes sobre la composición artística. Redactada de forma muy sencilla, con un lenguaje directo y claro, y con recomendaciones prácticas, el maestro valenciano proyecta en ella, además, su faceta docente. En la misma deja claramente establecido que el artista debe situarse ante el natural, y comenta otros asuntos técnicos como la importancia del ajuste del fondo que rodea figuras y modelos, explicando que alrededor de los contornos el mismo no es uniforme, sino que suele ser más claro en el lado oscuro y viceversa. Continúa su discurso con sus comentarios sobre la utilización del color, proponiendo la sintonía del mismo como una armonía musical, reflejo de su primera formación y afición por la música, ya que comenzó a estudiar esta materia aconsejado por su padre. Plantea simplificar la paleta habitual de nueve colores; para los alumnos más aventajados ésta quedaría reducida a cinco, pudiendo utilizar el blanco y el negro, que califica de «antídoto» para la pintura colorista. Los ejercicios realizados al aire libre precisan, para él, de un estudio especial: «Debido al cambio continuo de la luz; solamente debe emplearse una sesión en cada ejercicio. Para esto es necesario adquirir gran rapidez en la ejecución, que la práctica se encargará de proporcionar». Para formar la composición, Pla propone la ayuda de otras disciplinas como la fotografía para el estudio de las siluetas, especialmente aquellas que reproduzcan multitudes, y para los acordes de color y armonías aconseja utilizar materiales ajenos a la propia obra, una forma de collage, aunque no emplea esta palabra, y sólo con un fin didáctico, para prever el resultado último de la combinación de colores en el cuadro, reuniendo trozos de telas, papeles y objetos de distintos tonos.

Cecilio Pla se sintió siempre discípulo de Emilio Sala, a quien consideraba un referente: «Mi adorado maestro, al que debo lo que soy. Su obra será consultada siempre por la juventud artística de todos los tiempos». Su admiración por la obra de Sala quedará reflejada en su producción; al igual que su profesor y amigo, Pla será un autor que trabajará en diferentes géneros del arte, con distintas técnicas y soportes, y su obra se caracterizará por una gran variedad. Como dibujante e ilustrador gráfico colaboró, en una fecunda etapa, entre 1893 y 1910, en publicaciones como La Ilustración Española y Americana, Blanco y Negro y El Apunte Artístico.

Entre sus temas preferidos destacan el retrato y el género costumbrista, y dentro de éste, los asuntos familiares. Demuestra una especial habilidad para trasladar aspectos de armonía y placidez en estos últimos temas, lo cual puede observarse en esta delicada escena de playa, en la que nada hay que rompa la quietud de la tarde, sólo el rumor del agua que se imagina por las blancas ondas en la orilla. Marcando una línea del horizonte muy alta, conformando una banda de azul intenso con dos o tres toques de pincelada de color verde, aparece el mar. En primer plano, sentadas sobre la arena, pueden observarse dos niñas con vaporosos vestidos de color claro, tocada una de ellas con un primoroso lazo rosa en el pelo y la otra con sombrero, ambas jugando entretenidas. En el centro de la composición, marcando una vertical paralela al cuerpo de una mujer sentada, aparece la barra de la sombrilla que protege de la excesiva luz a una parte de esta plácida escena. La mujer contempla el mar de espaldas al espectador, junto a ella hay otra niña, de mayor edad que las anteriores, que también parece entretenerse con la arena. La actitud de la mujer se entiende despreocupada y tranquila respecto al juego de las niñas.

Las pequeñas dimensiones de esta obra y el tratamiento pictórico, con una rápida ejecución, hacen pensar en un ensayo, un rápido boceto, en el que hay un protagonismo de la intensa presencia de la luz y sus efectos cromáticos. El contraste de colores es equilibrado y el pintor se muestra especialmente atento en establecer un ritmo entre claros y oscuros, entre cálidos y fríos, y entre los espacios dedicados a la sombra y a la luz. Este tipo de obra pequeña, destinada al ensayo pictórico, era común a otros autores de la época, como Sorolla, quien utiliza además el mismo tema.

Aunque la obra no aparece fechada, sí podemos establecer a qué etapa pertenece. A partir de 1910 Cecilio Pla ocupó la plaza de profesor numerario de Estética del color y procedimientos pictóricos, de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, puesto que antes había sido ocupado por Emilio Sala. Puede decirse que a partir de esta fecha realizó obras con una técnica más suelta y libre, en la que los rasgos de los personajes están desdibujados y los trazos son rápidos y menos definidos. Será también a partir de este momento cuando trabajará más intensamente los contrastes de luz y sombras.

Cecilio Pla realizó numerosas escenas de playa, de pequeño formato muchas de ellas. Están protagonizadas por una burguesía que disfruta de sus tiempos de ocio, y que aparece a veces como un grupo multicolor y bullicioso entre las aguas, pero en otras ocasiones son personajes sentados, de espaldas al espectador, con el mar al fondo. En ellas se refrenda una de las peculiaridades de algunas obras de Cecilio Pla, su capacidad para transmitir una atmósfera de sosiego, una sensación de quietud, estableciendo escenas equilibradas y amables y de fácil conexión con el espectador.



Otras obras


 17retrato_de_mi_madre

Retrato de mi madre. 1885. Óleo sobre lienzo. 93 x 55 cm. Museo de Bellas Artes de Valencia. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 18retrato_de_mi_padre

Retrato de mi padre. Óleo sobre lienzo. 100 x 73 cm. Museo de Bellas Artes de Valencia. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 41mi_hija_pepita_pla

Mi hija Pepita Pla. Óleo sobre lienzo. 39 x 37.5 cm. Colección Lozano Casanova. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 42pepita_de_asturias

Pepita de Asturias. Óleo sobre lienzo. 115 x 124 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 70retrato_de_pepita_pla

Retrato de Pepita Pla. 1921. Óleo sobre lienzo. 82 x 65 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 43retrato_de_la_esposa_del_pintor_con_su_hija_pepita

Retrato de la esposa del pintor con su hija Pepita. 1902. Óleo sobre lienzo. 140 x 77 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 44retrato_de_ricardo_pla_hermano_del_pintor

Retrato de Ricardo Pla, hermano del pintor. 1905. Óleo sobre lienzo. 85 x 114 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 68retrato_de_josefa_pla_t_a_del_autor

Retrato de Josefa Pla, tía del autor. Óleo sobre lienzo. 112 x 91 cm. Museo de Bellas Artes de Valencia. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 19retrato_de_t_a_pepa

Retrato de tía Pepa. 1880. Óleo sobre lienzo. 60 x 43 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 69retrato_de_la_suegra_del_pintor

Retrato de la suegra del pintor. 1915. Óleo sobre lienzo. 46 x 32 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 71retrato_de_roberto_castrovido

Retrato de Roberto Castrovido. 1925. Óleo sobre lienzo. 115 x 145 cm. Ayuntamiento de Valencia. Museo de la Ciudad. Valencia. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 39jos_espa_a_y_puerta

José España y Puerta. Acuarela sobre papel. 30 x 20 cm. Colección del Marqués de Torrelaguna, Marques de Mendigorria. Madrid. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 40la_condesa_de_yumuri

La condesa de Yumuri. 1906. Óleo sobre lienzo. 150 x 189,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 16retrato_de_casimiro_sainz

Retrato de Casimiro Sainz. 1887. Óleo sobre lienzo. 59,5 x 47 cm. Colección particular. Reinosa. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 20conde_de_cavoor

Conde de Cavoor. Plumilla sobre papel. 32 x 20 cm. Colección del Marqués de Torrelaguna, Marqués de Mendigorria. Madrid. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 72arrepentimiento

Arrepentimiento. 1896. Gouache sobre cartulina. 50.5 x 38 cm. Colección Artística ABC. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 73el_papa_p_o_ix_con_el_teniente_fern_ndez_de_c_rdoba

El Papa Pío IX con el teniente Fernández de Córdoba. Grisalla. 32 x 60 cm. Colección del Marqués de Torrelaguna, Marqués de Mendigorria. Obra de Cecilio Pla y GallardoMadrid


 45valenciana

Valenciana. Óleo sobre lienzo. 62 x 50 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 35a_los_toros

A los toros. Óleo sobre lienzo. 42.3 x 29 cm. Colección Lozano Casanova. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 10_1417106378_913690

“Muchacha en la fuente”. 1934. Óleo sobre lienzo, 46 x 34 cm. Firmado en el ángulo inferior izquierdo. Obra reproducida en la portada de la revista “Pluma y Lápiz” en 1901. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 36anciano_en_la_playa_arreglando_las_redes

Anciano en la playa arreglando las redes. 1913. Óleo sobre lienzo. 68 x 96 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 37cabeza_de_et_ope

Cabeza de etíope. Óleo sobre lienzo. 55.5 x 44.5 cm. Museo de Bellas Artes de Zaragoza. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 22paisaje_rural

Paisaje rural. 1915. Óleo sobre cartón. 39 x 27 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 23fuente_de_la_cibeles

Fuente de la Cibeles. 1915. Óleo sobre tabla. 14 x 23 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 24paisaje

Paisaje. 1909. Óleo sobre lienzo. 20 x 29 cm. Ayuntamiento de Villadiego. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 25_leo_sobre_lienzo_55_x_64_5_cm_ayuntamiento_de_valencia_museo_de_la_ciudad

Paisaje. Óleo sobre lienzo. 55 x 64.5 cm. Ayuntamiento de Valencia. Museo de la ciudad. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 26paisaje_de_pueblo_manzanera

Paisaje de pueblo. Manzanera. 1910. Óleo sobre lienzo. 25.5 x 34.5 cm. Colección particular


 27tranv_a_en_la_noche

Tranvía en la noche. 1915. Óleo sobre lienzo. 14 x 22 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 28estanque_del_retiro

Estanque del Retiro. 1905. Óleo sobre lienzo. 13.5 x 23.5 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 30escena_en_un_parque

Escena en un parque. Óleo sobre lienzo. 14 x 23 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 31verbena

Verbena. 1910. Óleo sobre cartón. 16 x 24 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 32viajes_de_blanco_y_ix_sevilla_un_portal_de_triana

Viajes de Blanco y IX: Sevilla, un portal de Triana. Gouache sobre cartulina. 26 x 40.5 cm. Colección Artística ABC. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 33boceto_para_la_pintura_del_casino_de_madrid

Boceto para la pintura del Casino de Madrid. 1912. Óleo sobre lienzo. 73 x 160 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 34cupido_lloroso

Cupido lloroso. Óleo sobre lienzo. 178 x 250 cm. Colección privada del Círculo de Bellas Artes, Madrid. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 47cuatro_apuntes_de_la_playa_de_valencia

Cuatro apuntes de la playa de Valencia. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Cuatro apuntes de la playa de Valencia, detalle1. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Cuatro apuntes de la playa de Valencia, detalle 2. Obra de Cecilio Pla y Gallardo  


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Cuatro apuntes de la playa de Valencia, detalle 3. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Cuatro apuntes de la playa de Valencia, detalle 4. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Playa. Óleo sobre cartón. 15.5 x 24 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Playa. Óleo sobre cartón. 15.5 x 24 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Bañistas. Óleo sobre lienzo. 14 x 23.5 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Mujeres con sombrilla. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 64en_la_playa

En la playa. 1923. Óleo sobre lienzo sobre cartón. 27 x 39 cm. Museo Municipal de Bellas Artes de Santander. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Flores en un tiesto. Óleo sobre lienzo. 42 x 43.5 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 56la_albufera

La Albufera. Óleo sobre tabla. 25 x 33 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 58un_puente

Un puente. 1910. Óleo sobre lienzo. 21.5 x 29 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Café. 1910. Óleo sobre tabla. 14.5 x 22.5 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 60cazadores

Cazadores. 1908. Gouache sobre papel . 52 x 28 cm. Colección UEE. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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En el lavadero: amor de madre. 1899. Gouache sobre cartulina. 44.5 x 30 cm. Colección Artística ABC. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Mujer entre cortinas 1. 1900. Óleo sobre lienzo. 190 x 80 cm. Colección privada del Círculo de Bellas Artes. Madrid. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Mujeres detrás de una cortina. 1895. Óleo sobre lienzo. 204 x 222 cm. Colección privada del Circulo de Bellas Artes. Madrid. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Luna de miel. Óleo sobre lienzo. 40,5 x 56,5 cm. Colección privada. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Matís López. Chocolates y dulces. Madrid-Escorial. 1906. Cromolitografía. 36 x 35 cm. Colección Carulla. Barcelona. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 67odalisca

Odalisca. 1920. Óleo sobre lienzo. 64 x 53 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Señorita con cohete. 1906. Cromolitografía. 63 x 40 cm. Colección UEE. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 21jaulas_con_p_jaros

Jaulas con pájaros. Óleo sobre lienzo. 55 x 37.5 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 75cartel_de_carnaval

Cartel de carnaval. 1892. Tempera sobre papel. 200 x 102.5 cm. Colección privada del Círculo de Bellas Artes. Madrid. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 76en_los_jardines_del_buen_retiro

En los jardines del Buen Retiro. 1896. Gouache sobre cartulina. 43,5 x 30 cm. Colección Artistica ABC. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 77recordando_el_veraneo

Recordando el veraneo. 1896. Gouache sobre cartulina. 46.5 x 32.5 cm. Colección Artistica ABC. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


 78en_la_mancha_dulcinea_del_toboso

En la Mancha. Dulcinea del Toboso. 1898. Gouache sobre cartulina. 50 x 33.5 cm. Colección Artistica ABC. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Cartel taurino, "A los toros. Valencia". 1906. Cromolitogarfía. 278 x 108 cm. Diputación de Valencia. Valencia. Obra de Cecilio Pla y Gallardo


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Caballete. 1900. Óleo sobre cartón. 33 x 24 cm. Colección particular. Obra de Cecilio Pla y Gallardo



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor valenciano Cecilio Pla y Gallardo.  Fue un pintor muy influido por Fortuny. Su obra se caracteriza por la gracia y la elegancia decorativa, así como por un magnífico dibujo cercano a la sensibilidad modernista.


Fuentes y agradecimientos: pintura.aut.org, carmenthyssenmalaga.org, museodelprado.es, es.wikipedia.org, artespain.com y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Jueves, 07 Marzo 2019, 10:32; editado 6 veces 
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Mensaje Re: PLA GALLARDO 
 
Gracias J.Luis por este nuevo pintor español para la galería.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: PLA GALLARDO 
 
Gracias xerbar, otro artista más para nuestra galería de pintores españoles, tengo siete más en proyecto para completar esta sección.



Saludos.
 




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Mensaje Re: Pla Y Gallaro, Cecilio 
 
Cecilio Pla en el Museo Carmen Thyssen de Málaga



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Cecilio Pla - La Verbena, s.f. Óleo sobre lienzo, 48 x 38 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga


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Cecilio Pla - Jugando en la playa, s.f. Óleo sobre cartón, 13 x 18 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga    


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Cecilio Pla - Mujeres en el jardín. Óleo sobre lienzo, 42,1 x 66,4 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Hacia 1900 Cecilio Pla se orienta hacia una pintura luminista y amable, que tiene entre los artistas valencianos a sus principales impulsores o divulgadores, sobre todo a raíz de la irrupción de Sorolla y su reconocimiento internacional. El luminismo terminará por identificarse como una de las características más definitorias de la nueva pintura valenciana, y como una de sus vías hacia el regionalismo artístico. Fortuny, Rosales, los impresionistas e incluso los artistas del norte de Europa o los italianos, tuvieron un peso notable en este grupo de pintores intensamente obsesionados por la luz, y cuyo vitalismo y sensualidad se suele contraponer a la visión más sombría y gris de otros artistas españoles. Sin embargo, el concepto de pintura, el sentido del color y de la luz de Cecilio Pla, sería erróneo verlos exclusivamente como manifestación de la escuela valenciana, ya que Pla se trasladó muy joven a Madrid y en todo caso esa conexión o magisterio valenciano lo mantiene a través de su maestro y amigo Emilio Sala, pintor en realidad de orientación bastante cosmopolita, al que no supera como retratista; se trata por tanto de una actitud compartida que encontró entre los pintores mediterráneos a sus máximos defensores. En obras de asunto social como Las doce (1891) Museo del Prado, Pla introduce una intensa luz de mediodía que deslumbra desde el fondo de la composición, si bien la escena principal transcurre en el plano de sombra. Por esos años finales del XIX los paisajes que realizaba eran principalmente del norte de España, sobre todo de Asturias, donde visitó en frecuentes ocasiones a su amigo Casto Plasencia. No obstante estos antecedentes, los efectos y presencia de la luz solar cobran mayor protagonismo en sus obras a partir de 1900 y en concreto de 1910 que es cuando parece que se acentúa el luminismo en sus paisajes, sobre todo en las dinámicas y vibrantes escenas de las playas valencianas en las que pronto se percibe el impacto que tuvo en él la obra de Sorolla, sin romper por ello el hilo de su evolución personal.

El cuadro Mujeres en el jardín pertenece a ese momento de plenitud luminista que se refuerza a partir de 1910 y que llega incluso a sus retratos, muchos de los cuales se ambientan ya al aire libre. Aunque en sus apuntes abundan las escenas bulliciosas y agitadas, en general es la suya una visión sincera y serena. El mundo de Pla es apacible y equilibrado, sin grandes contrastes ni provocaciones, a veces en las ilustraciones se permite travesuras en la iconografía de la mujer y en las playas se siente atraído por el alboroto de la chiquillería, pero sus ambientes suelen ser familiares, de una armonía doméstica no alterada, un mundo feliz sin problemas, un placer de vivir que se identifica con lo sencillo y cotidiano. El pintor en sus apuntes parece acentuar todas estas características al hacer de las personas siluetas de color y movimiento, figuras sin expresión que nos sugieren ambientes, modos de estar, usos y costumbres, antes una psicología colectiva que individual.

Al pie de la escalinata de un jardín un grupo de mujeres sentadas en sus sillas y butacones se concentran en sus labores de costura como bien lo indican sus cabezas inclinadas y brazos. Las cuatro figuras cobijadas bajo la fresca sombra de una tupida vegetación en una mañana soleada, son observadas por el pintor, cuya presencia no interfiere en el mundo aparte que compone el grupo, incluso son como un elemento más del paisaje con el que se compenetran formando una unidad. El paisaje del jardín, ya de por sí representación de una naturaleza controlada y ordenada por la mano del hombre, alcanza aquí un tono sensiblemente domestico o costumbrista con la presencia de estas figuras femeninas. Cecilio Pla sintió una especial predilección por reflejar íntimas escena familiares, grupos de tertulia en la playa o en el jardín a través de los cuales atrapa ese momento del ritmo vital, el día a día, la poesía del momento que se puede reflejar en la relajación de una siesta, en el goce del momento del baño, o en esas otras maneras de matar el tiempo veraniego en que las mujeres cosen más como un entretenimiento que refleja un espíritu hacendoso. Tanto Sorolla como Pla, al igual que otros muchos pintores de la época, nos dicen que todavía la mujer de principios del XX cuando descansa en la playa o el jardín realiza mecánicamente alguna de las tareas propias de su sexo como hacer ganchillo o coser: una actividad ligera que no requiere especial concentración, pero que relaja la mente al alejar el pensamiento de otras reflexiones o preocupaciones, contiene las angustias o desasosiegos y mata el tedio; raramente aparecen las mujeres leyendo un libro. El aprendizaje de una joven de clase media o burguesa de 1900 se reducía a la costura, el piano y en algunas ocasiones tomaban los pinceles; la hija de Pla, Pepita, pintaba. En la distribución de las figuras hay una ordenación jerárquica: las tres de la derecha están sentadas en silla o sillones de mimbre, repantingándose un tanto la primera, la figura de la izquierda está aislada del resto y sentada en una hamaca, el trozo de pierna que se aprecia deja ver unas medias negras; parece pues la más respetable del grupo, probablemente, la madre, pues no dudamos que se trata de la familia del artista. Tanto las modelos como el pintor disfrutan del encanto y la belleza del lugar, ellas sintiéndolo desde el ambiente y atmósfera que se crea y el artista desde la contemplación.

El grupo está ligeramente descentrado pero la masa oscura de la vegetación marca la preponderancia de este eje, aunque por la derecha hay un camino, y a la izquierda las escaleras adornadas con abundantes macetas, una de ellas sobre un pilar marca una línea vertical en correspondencia con el tronco del árbol de la derecha, enmarcando ambas verticales a las mujeres, con lo que se consigue un doble efecto de ámbito recoleto y abierto. Por otro lado destaca la masa compacta de la vegetación y figuras con el espacio vacío de las escalinatas. El cuadro participa de casi todas las características de los apuntes de Pla pero la visión es más quieta y la composición más elaborada. El pintor ha podido recrear los detalles y las sugerencias por tratarse de una escena menos dinámica, que no le obliga a emplear las pinceladas densas o deshechas que dominan en las tablas de bañistas; si utiliza ahora la técnica del apunte, es con un tiempo lento. En general predominan dos tipos de pincelada, una más pequeña y densa con la que define todo el centro, el follaje y las figuras, y otra más larga e informal para sugerir y cerrar con leves trazos todo el fondo de la izquierda dentro de la síntesis que se impone en este tipo de obras. El lienzo se sitúa en un punto intermedio entre el apunte, que tanto prodigó el artista y comercializó, y una composición más elaborada como bien puede deducirse del formato, soporte y escena. La pintura se traslada directamente el lienzo sin ningún dibujo previo, el artista maneja el óleo con su especial habilidad para sugerir y dar vida a las más diversas escenas al aire libre. Pla, que era un consumado dibujante, y que desplegó una extraordinaria faceta de ilustrador, a la hora de abordar los paisajes y las pequeñas escenas al aire libre desarrolla otra vertiente de una pintura más libre, fluida y ligera que es la manifestación última de todo su saber plástico, manejando los toques de color con la misma precisión con que arrastra el trazo del lápiz.

El cuadro, como indica la firma está realizado en Buñol, localidad próxima a Valencia, donde también se desplazaban los valencianos en Verano, por tratarse de un lugar más alto y fresco en las noches. Está además dedicado al que fuera uno de sus discípulos más estimados, el granadino Gabriel Morcillo, con quien mantuvo una cordial amistad. Entre los discípulos de Pla destacaron los andaluces y en especial los granadinos, siendo quizás López Mezquita y Gabriel Morcillo dos nombres de los que el artista se sentía orgulloso.

En 1924 el músico y crítico de arte valenciano Eduardo López Chávarri destacaba en el arte de Cecilio Pla unas “[...] cualidades propias, que lo ponen aparte entre los demás; como Sala (de quien se deriva), pone Cecilio Pla su interés de pintor en sorprender la vibración luminosa del momento y en dar la nota característica que la modela. Por eso las obras del maestro han ido cambiando, desde sus primeras elegancias, hasta las enérgicas y sobrias manifestaciones actuales”, entre las que en gran medida podemos incluir esta escena de jardín, de este pintor polifacético que por otro lado desarrolló una importante vertiente simbolista y decorativa que contrasta con estas visiones más frescas e inmediatas de la realidad.


Fuente: Francisco Javier Pérez Rojas / carmenthyssenmalaga.org
 




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Mensaje Re: Pla Y Gallaro, Cecilio 
 
Museo Nacional del Prado. Madrid
05/03/2019 - 28/07/2019



Cecilio Pla. Donación de la familia Ellacuria Delgado



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Imagen de la exposición. Ⓒ Museo Nacional del Prado

En la sala 62 A del edificio Villanueva se presenta una pequeña muestra de la generosa donación realizada en 2018 por los hermanos Ellacuria Delgado, hijos de Ana María Delgado, nieta de Cecilio Pla Gallardo (1859-1934), pintor valenciano de especial interés en el panorama artístico español del siglo XIX y del que el Museo del Prado conserva algunas de sus principales obras.

En torno a un autorretrato de Cecilio Pla, adquirido por el Estado en 2018, se articulan una serie de documentos gráficos, dibujos, cartas y algunas de las medallas recibidas durante su carrera para reflejar la heterogeneidad de esta donación y permitir al visitante descubrir algunos detalles de la vida y carrera… |


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Cecilio Plá pintando en la azotea de su estudio rodeado de alumnos.

Esta donación supone la incorporación al Museo de un nuevo archivo personal de artista, que además, en este caso, es muy nutrido, diverso y completo. Por ello, fortalece una de las nuevas vías de crecimiento de las colecciones del Prado. Su interés no se limita al conocimiento de la pintura decimonónica. Al igual que los fondos de Valentín Carderera y de Enrique Simonet, este también está centrado en un solo artista, pero, en este caso, dada la relación docente y personal que Pla tuvo con buena parte de los artistas jóvenes desde comienzos del siglo XX, nos ofrece información relevante para el estudio de todos estos. Por su taller pasaron artistas tan relevantes como Gabriel Morcillo, José López Mezquita y Carolina del Castillo, la mujer artista más relevante entre el numeroso grupo de alumnas que asistían a sus clases. El archivo, además, se ha conservado de manera casi íntegra hasta ahora, hecho no muy frecuente en el caso de los artistas decimonónicos, cuyos fondos personales a menudo se han perdido o disgregado.


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Cecilio Plá pintando un paisaje en su taller. Anónimo. Papel fotográfico. Madrid, Museo Nacional del Prado

Por tanto, su interés reside no solo en el conocimiento que ofrece para el estudio de la figura de Cecilio Pla, pintor representado en nuestras colecciones, sino también en el conocimiento del panorama artístico español.

La selección de dibujos expuestos permite observar su calidad como dibujante y su dedicación a la ilustración gráfica, así como su interés por el paisaje y las escenas marítimas. Dentro de las casi quinientas cartas donadas se encuentran remitentes como el compositor Ruperto Chapí, el escritor Miguel de Unamuno y su paisano Joaquín Sorolla. El conjunto de más de trescientas fotografías es también de gran importancia y permite estudiar el proceso creativo de muchas de sus pinturas. La donación también incorpora las principales medallas recibidas a lo largo de su carrera, de las que aquí se muestran dos de las más importantes.


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Cecilio Pla - Cartel del primer baile de máscaras del Círculo de Bellas Artes (boceto), Lápiz, pluma y aguada. 1892. Madrid, Museo Nacional del Prado.
 
Inició sus estudios artísticos como alumno de la Academia de San Carlos de su ciudad natal, y más tarde en la de San Fernando de Madrid, siendo además discípulo de Emilio Sala. Tras el obligado viaje a Roma en 1880 para conocer directamente el arte de los grandes maestros, viajó por el resto de Italia, Francia y Portugal. Desde Italia comenzó a enviar sus obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, de las que fue puntual participante desde 1881 hasta el mismo año de su muerte. Aunque la gran cantidad de obras de este artista que llegaron a figurar en exposiciones públicas fueron, fundamentalmente escenas de género y retratos, muchos de ellos de carácter costumbrista, las primeras estuvieron inspiradas, lógicamente, en temas italianos, como El Dante, premiada con tercera medalla en 1884, o el Entierro de Santa Leocadia, distinguido con igual galardón en 1887.


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Cecilio Pla - Cuaderno de Asturias. Lápiz compuesto, 1890. Madrid, Museo Nacional del Prado

En 1872 se le concedió segunda medalla por su cuadro Las doce e idéntico premio en 1895 por Lazo de unión, siendo además distinguido en otras ediciones con consideraciones de premios y condecoraciones. Obtuvo además una medalla de honor en la Exposición Nacional de París de 1900.

Profesor desde 1910 de Estética del Color y Procedimientos Pictóricos en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, sustituyendo a su maestro Sala, fue maestro de muchos pintores, como Juan Gris y José María López Mezquita, entre otros, publicando además una Cartilla del Arte Pictórico.


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Cecilio Plá rodeado de artistas haciendo un brindis. Anónimo. Papel fotográfico. Madrid, Museo Nacional del Prado

Elegido académico de San Fernando en 1924, fue un excelente dibujante y decorador, pintando el techo del Hotel de la Infanta Isabel de Borbón, el Casino de Madrid, Círculo de Bellas Artes, Palacio de los Duques de Denia, entre otros, e ilustrando importantes revistas de la época, como "Blanco y Negro" y "La Esfera". Murió en Madrid el 3 de agosto de 1934. Está considerado el máximo exponente de la pintura modernista en Valencia.
(Díez J.L. En: Maestros de la pintura valenciana en el Museo del Prado, 1997, p. 190).


museodelprado.es
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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j.luis Enviar mensaje privado Enviar correo al usuario
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