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EL BARROCO
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El Barroco, además de un periodo de la historia del arte, fue un movimiento cultural que se extendió en la literatura, la escultura, la pintura, la arquitectura, la danza y la música desde el 1600 hasta 1750 aproximadamente. Según otras fuentes se prolonga durante todo el s. XVII y principios del XVIII, yo particularmente –consultando diversas fuentes de prestigio- lo sitúo hasta finales del siglo XVII.


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Diego Velázquez - Las Meninas o La familia de Felipe IV, 1656, óleo sobre lienzo, 310 × 276 cm, Museo del Prado.

El estilo barroco surgió a principios del siglo XVII y de Italia se irradió hacia la mayor parte de Europa. Durante mucho tiempo (siglos XVIII y XIX), el término barroco tuvo un sentido peyorativo, sinónimo de recargado, desmesurado e irracional, hasta que, posteriormente, fue revalorizado a fines de siglo XIX por Jacob Burckhardt y luego por Benedetto Croce y Eugenio D'Ors.

Definición. El período Barroco se ubica entre los períodos del arte del Renacimiento y el Neoclásico. Se enmarca en un tiempo en el cual la Iglesia Católica tuvo que reaccionar contra numerosos movimientos revolucionarios culturales que produjeron una nueva ciencia y nuevas formas de religión, como la Reforma protestante.

Se ha dicho que el Barroco en arquitectura es un estilo que podría dar al papado un camino formal imponente de la expresión que podría restaurar su prestigio, al punto de hacerse de alguna manera simbólica de la Contrarreforma. Fue con éxito desarrollado en Roma, donde la arquitectura barroca renovó ampliamente las áreas centrales con la adición (o revisión) urbanística. Pero muchos otros ejemplos son encontrados en otras ciudades europeas y en America Latina. Es importante destacar que el Barroco fue una innovación cultural general.


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Murillo - El Martirio de San Andrés. 1675-1682. Óleo sobre lienzo. 123 x 162 cm. Museo del Prado

La palabra barroco, como la mayor parte de las designaciones de un período, época o de un estilo, fue inventada por críticos posteriores, más que por los practicantes de las artes en el siglo XVII y principios de siglo XVIII, es decir, los artistas que plasmaban dicho estilo. Es una traducción francesa de la palabra portuguesa "barroco" (en español sería "barrueco"), que significa "perla de forma irregular", o "joya falsa". Una palabra antigua similar, "barlocco" o "brillocco", es usada en el dialecto romano con el mismo sentido, o también se le llama "barro-coco" todas ellas significando lo mismo.

El término "barroco" fue después usado con un sentido despectivo, para subrayar el exceso de énfasis y abundancia de ornamentación, a diferencia de la racionalidad más clara y sobria de la Ilustración (siglo XVIII ). Fue finalmente rehabilitado en 1888 por el historiador alemán de arte Heinrich Wölfflin (1864-1945), quién identificó al barroco como oponente al Renacimiento y como una clase diferente dentro del arte "elaborado".


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Francisco de Zurbarán - San Hugo en el refectorio de los Cartujos, 1630-1635. Óleo sobre lienzo, 262 x 307 cm. Museo de Bellas Artes Sevilla

El Barroco como movimiento cultural

El Barroco realmente expresó nuevos valores; en literatura es abundante el uso de la metáfora y la alegoría. Representa un estado de ánimo diferente, más cerca del romanticismo que del renacimiento, aún cuando es un movimiento que nace al mismo tiempo que este último en algunos países.

El dolor psicológico del hombre, en busca de anclajes sólidos, se puede encontrar en el arte barroco en general. El virtuosismo fue investigado por los artistas de esta época junto con el realismo. La fantasía y la imaginación fueron evocados en el espectador, en el lector, en el oyente. Todo fue enfocado alrededor del Hombre individual, como una relación directa entre el artista y su cliente. El arte se hace entonces menos distante de las personas, solucionando el vacío cultural que solía guardar.


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Altar barroco. Kościół Dominikanów w Lublinie


Cada una de las Bellas Artes tiene representantes en este movimiento cultural:

   - En música puede ser Antonio Vivaldi y Johann Sebastian Bach
   - En literatura española se encuentran Luis de Góngora y Francisco de Quevedo y Villegas.
   - En la literatura mexicana de esta época, se encuentra principalmente Sor Juana Inés de la Cruz.
   - En pintura italiana están Pietro da Cortona, Caravaggio, y los Carracci
   - En la escultura italiana el exponente más célebre del barroco es Bernini. En la escultura mexicana está representada por Jerónimo Balbás, etc.
   - En la arquitectura Borromini.
 
Tras la mesura del Renacimiento y el retorcimiento estético del manierismo, en la Roma de los Papas se advierte la necesidad de un arte nuevo. La independencia de las repúblicas italianas no es la de antaño, tras dos siglos de pugnas entre las potencias europeas por controlar su floreciente mercado centrado en el Mediterráneo. Por otro lado, el descubrimiento de América desplaza el polo económico hacia el Atlántico, cuyas rutas son dominadas por españoles, portugueses e ingleses. Esto provoca que las repúblicas italianas se reagrupen bajo un poder más fuerte y las que no caen bajo control extranjero (España y Francia) se someten a la influencia mayoritaria de Roma, más concretamente de los Estados Vaticanos, al más puro estilo de una teocracia. Para ejercer legítimamente este gobierno, las altas esferas eclesiásticas dominantes en Roma hubieron de depurar su corrupta cúpula gubernamental. Voces de descontento ya había desde hacía cincuenta años, y la Iglesia Católica se vio escindida por la Reforma luterana, cuyos teólogos, Juan Calvino, Ulrico Zuinglio y otros personajes, la acusaron de nepotismo y simonía. La necesidad de reformar las estructuras del mundo católico es lo que conduce al Concilio de Trento y a la mal llamada Contrarreforma, en realidad, una Reforma católica, que no va contra algo sino en busca de una adaptación a los nuevos tiempos.


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Juan Bautista Martínez del Mazo - Vista de Zaragoza en 1647, 1647. Pintura al óleo, 181 × 331 cm. Museo del Prado

La traducción de este estado de cosas sobre el arte trae importantes consecuencias desde el primer momento. Los teólogos reunidos en el concilio, mayoritariamente españoles, proclaman ciertos dogmas que han de ser representados dignamente por los artistas al servicio de la Iglesia: la virginidad de María, el misterio de la Trinidad, entre otros, pasan a protagonizar los lienzos. La Iglesia, antes que las monarquías absolutistas que posteriormente ejercieron un poder paralelo al Vaticano, fue la primera en comprender el poder ilimitado del arte como vehículo de propaganda y control ideológico. Por esta razón contrata grandes cantidades de artistas, reclutando por supuesto a los mejores, pero también a muchos de segunda fila que aumentan los niveles de producción para satisfacer las demandas de la gran base de fieles. Se exige a todos los artistas que se alejen de las elaboraciones sofisticadas y de los misterios teológicos, para llevar a cabo un arte sencillo, directo, fácil de leer, que cualquier fiel que se aproxime a una iglesia pueda comprender de inmediato. Los personajes han de ser cercanos al pueblo: los santos dejan de vestir como cortesanos para aparecer casi como pordioseros, con rostros vulgares. El énfasis de la acción ha de colocarse sobre el dramatismo: la consigna fue ganar al fiel a través de la emoción. Las escenas se vuelven dinámicas, lejos del hieratismo intemporal de los estilos anteriores. Las composiciones se complican para ofrecer variedad y colorido. Las luces, los colores, las sombras se multiplican y ofrecen una imagen vistosa y atrayente de la religión y sus protagonistas. Fuera del patrocinio de la Iglesia, los mecenas privados se multiplican: el afán de coleccionismo incita a los pintores a llevar a cabo una producción de pequeño o mediano formato para aumentar los gabinetes de curiosidades de ricos comerciantes y alta nobleza.


Pintura barroca española

La pintura barroca española es aquella realizada a lo largo del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIII en España.1 La reacción frente a la belleza en exceso idealizada y las distorsiones manieristas, presente en la pintura de comienzos de siglo, perseguirá, ante todo, la verosimilitud para hacer fácil la comprensión de lo narrado, sin pérdida del «decoro» de acuerdo con las demandas de la iglesia contrarreformista. La introducción, poco después de 1610, de los modelos naturalistas propios del caravaggismo italiano, con la iluminación tenebrista, determinará el estilo dominante en la pintura española de la primera mitad del siglo. Más adelante llegarán las influencias del barroco flamenco debido al mandato que se ejerce en la zona, pero no tanto a consecuencia de la llegada de Rubens a España, donde se encuentra en 1603 y 1628, como por la afluencia masiva de sus obras, junto con las de sus discípulos, que tiene lugar a partir de 1638.


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Diego Velázquez - La Venus del Espejo. Hacia 1647-1651. Óleo sobre lienzo, 122 × 177 cm. National Gallery de Londres

Su influencia, sin embargo, se verá matizada por la del viejo Tiziano y su técnica de pincelada suelta y factura deshecha sin la que no podría explicarse la obra de Velázquez. El pleno barroco de la segunda mitad del siglo, con su vitalidad e inventiva, será el resultado de conjugar las influencias flamencas con las nuevas corrientes que vienen de Italia con la llegada de los decoradores al fresco Mitelli y Colonna en 1658 y la de Luca Giordano en 1692. A pesar de la crisis general que afectó de forma especialmente grave a España, esta época es conocida como el Siglo de Oro de la pintura española, por la gran cantidad, calidad y originalidad de figuras de primera fila que produjo.


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Alonso Cano - Descenso al Limbo, hacia 1646-1652, óleo sobre lienzo, 169 x 120 cm. Los Ángeles, County Museum. «A pesar de que es obvio que debió de estudiar un modelo directamente del natural, según la costumbre del siglo XVII, el sentido de la belleza no le falló al artista, que convirtió a esta Eva en una de las figuras más encantadoras del arte español.» Harold E. Wethey.


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Claudio Coello - Triunfo de San Agustín, 1664, óleo sobre lienzo, 271 cm x 203 cm, Museo del Prado; la pintura religiosa del pleno barroco se puso al servicio de la Iglesia triunfante.


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José de Ribera - El pie varo, 1642, óleo sobre lienzo, 164 por 92-94 cm, Museo del Louvre.


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Juan Carreño de Miranda - El Rey Carlos II, con armadura, 1681, óleo sobre lienzo, 232 x 125 cm. Museo del Prado.


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Juan de Roelas - Martirio de San Andrés, 1609-1613, Museo de Bellas Artes de Sevilla.


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Bartolomé Esteban Murillo - El mendigo o Joven mendigo, h. 1650, óleo sobre lienzo, 134 cm × 110 cm, Museo del Louvre.


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Diego Velázquez - El triunfo de Baco, 1628-1629, óleo sobre lienzo, 165 cm × 225 cm, Museo del Prado.


Clientes y mecenas

La iglesia y las instituciones con ella relacionadas (cofradías y hermandades), así como los particulares que encargaban pinturas para sus capillas y fundaciones, continuaron constituyendo la principal clientela de los pintores. De ahí también la importancia de la pintura religiosa, que en plena Contrarreforma se usará como un arma al servicio de la Iglesia Católica. Los pintores que trabajaban para ella se vieron sometidos a limitaciones y al control de los rectores de los templos en cuanto a la elección de los asuntos, como es lógico, pero también en el modo de tratarlos, siendo frecuente que en los contratos se propusiesen los modelos que el pintor debía seguir o se hiciese constar la necesaria conformidad del prior. En sentido contrario, trabajar para la iglesia proporcionaba al pintor no sólo una considerable fuente de ingresos, sino prestigio y consideración popular al hacer posible la exposición pública de su trabajo.

En segundo lugar ha de considerarse el patrocinio de la corte, que en el caso de Felipe IV permite hablar de un «verdadero mecenazgo».4 Desde Madrid Rubens escribía en 1628 a un amigo: «Aquí me dedico a pintar, como hago en todas partes, y he hecho ya un retrato ecuestre de Su Majestad, que le ha complacido mucho. Es verdad que la pintura le deleita extremadamente, y en mi opinión este príncipe está dotado de excelentes cualidades. Tengo trato personal con él, pues, como me alojo en palacio, viene a verme casi todos los días».5 La decoración del nuevo Palacio del Buen Retiro dio lugar a importantes encargos llevados a cabo con premura: a los pintores españoles se les confió la decoración del Salón de Reinos, con los retratos ecuestres de Velázquez, una serie de cuadros de batallas, con las victorias recientes de los ejércitos de Felipe IV, y el ciclo de Los trabajos de Hércules de Zurbarán, en tanto en Roma se encargaron a artistas norteños, entre ellos Claudio de Lorena y Nicolas Poussin, dos series de países con figuras para la Galería de los Paisajes.6 Otro ciclo fue el encargado en Nápoles a Giovanni Lanfranco, Domenichino y otros artistas de más de treinta cuadros de la historia de Roma, al que pertenecía el Combate de mujeres de José de Ribera. La prohibición de trasladar cuadros de otros palacios reales y las prisas de Olivares por completar la decoración del nuevo palacio forzaron a la compra de numerosas obras a coleccionistas particulares, hasta totalizar los cerca de 800 cuadros que colgaron de sus paredes. Entre los vendedores se contaba Velázquez, quien en 1634 vendió al rey La túnica de José y La fragua de Vulcano, pintadas en Italia, junto con algunas obras ajenas, entre ellas una copia de la Dánae de Tiziano, cuatro paisajes, dos bodegones y otros dos cuadros de flores.

Inmediatamente se procedió a decorar la Torre de la Parada. El núcleo principal estuvo constituido por el ciclo de sesenta y tres pinturas mitológicas encargadas en 1636 a Rubens y su taller, de las que el pintor dio los diseños y se reservó la ejecución de catorce.9 Los paisajes, vistas de los sitios reales, se encargaron en esta ocasión a pintores españoles (José Leonardo, Félix Castelo y otros), y Velázquez contribuyó con los filósofos Esopo y Menipo y el retrato de Marte.

El viejo Alcázar también vio notablemente incrementada su colección de pintura. Algunas de las nuevas adquisiciones del monarca despertaron por igual admiración y quejas; así, cuando en 1638 salieron de Roma La bacanal de los andrios y la Ofrenda a Venus, dos de las obras más admiradas de Tiziano, hubo un coro de protestas entre los artistas de la ciudad.10 Se procedió además a una reordenación de sus fondos, con la participación de Velázquez, dando prioridad a los criterios estéticos. Así, en la planta baja del ala del mediodía, en las llamadas Bóvedas de Tiziano, se reunió un conjunto singular de treinta y ocho lienzos, con las Poesías encargadas por Felipe II a Tiziano, reunidas ahora con la Bacanal y algunas otras pinturas del veneciano, la Eva de Durero, las Tres Gracias de Rubens y algunas más de Jordaens, Ribera y Tintoretto cuyo denominador común era la presencia femenina, en su mayor parte con desnudos. Para completar esta serie de remodelaciones partió Velázquez a Italia en 1648, con el encargo de comprar estatuas y contratar a un especialista en pintura al fresco, encargo que finalmente recayó en Angelo Michele Colonna y Agostino Mitelli. Entre tanto se continuó trabajando en el Alcázar y así, por ejemplo, en 1649 a Francisco Camilo se le encargaron una serie de escenas de las Metamorfosis de Ovidio que no contentaron al rey.

Dentro del patrocinio cortesano han de considerarse también los decorados escenográficos. Para las representaciones teatrales del Buen Retiro se trajo a los ingenieros italianos Cosme Lotti y Baccio del Bianco, que introdujeron las tramoyas y los juegos de mutaciones toscanas. Francisco Rizi fue durante muchos años el director de los teatros reales y se conservan algunos de los dibujos de sus telones, en los que participaron también otros artistas, como el granadino José de Cieza, pintor de perspectivas, que obtendría por ello el codiciado título de pintor del rey.

Las decoraciones efímeras de fachadas y arcos triunfales en ocasiones festivas, patrocinadas por los ayuntamientos o por los gremios, constituyeron otra fuente de encargos de pintura principalmente profana. Especialmente famosas fueron, por los testimonios literarios y algunas estampas que de ellas se han conservado, las entradas en Madrid de Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, y de las dos esposas de Carlos II, María Luisa de Orleáns y Mariana de Neoburgo, en las que participaron artistas del relieve de Claudio Coello.


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Antonio Viladomat - Jesús concede a San Francisco la indulgencia de la Porciúncula.


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Luis de Riaño - La anunciación de la Virgen (1632).


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Mateo Cerezo el Joven - Desposorios místicos de santa Catalina, firmado «matheo zereço f. 1660», óleo sobre lienzo, 207 x 163 cm, Madrid, Museo del Prado.

En cuanto a la clientela privada es difícil hacer generalizaciones a la vista de los datos disponibles. Podría decirse que la nobleza, en términos generales, se mostró poco sensible al arte, concentrando sus esfuerzos en la dotación de capillas privadas.15 Pero algunos miembros de la alta nobleza, especialmente los más cercanos al rey y quienes desempeñaron tareas de gobierno en Italia y Flandes, reunieron grandes colecciones y, en ocasiones, caso de los virreyes de Nápoles con Ribera o de Olivares con Alonso Cano, actuaron como auténticos mecenas. Entre ellos se encontraban «algunos de los más ávidos coleccionistas de Europa». Para la primera mitad del siglo Carducho mencionaba veinte importantes colecciones madrileñas entre las que destacaban las del marqués de Leganés, con predilección por la pintura flamenca, y la de Juan Alfonso Enríquez de Cabrera, almirante de Castilla, que habiendo recibido de su madre, Vittoria Colonna, una importante colección de obras devotas, la amplió con no pocas mitologías, con originales o copias de Rubens, Tiziano, Correggio o Tintoretto. Esta predilección por la pintura extranjera redujo sin duda los encargos a pintores españoles, pero ha de tenerse en cuenta que muchas obras figuraban en los inventarios sin nombre de autor y, cuando lo llevaban, no siempre se trataba de originales. Gaspar Méndez de Haro, marqués del Carpio, con una impresionante colección de más de dos mil piezas, entre las que destacaba la Venus del espejo de Velázquez, contaba también con obras de Juan van der Hamen y Angelo Nardi, junto con otras de pintores de segunda fila como Gabriel Terrazas y Juan de Toledo, además de copias de Rubens, Tiziano y el propio Velázquez hechas por Juan Bautista Martínez del Mazo.19 En la colección de los duques de Benavente, donde no faltaba pintura flamenca e italiana, el núcleo lo constituían las pinturas de Murillo, cerca de cuarenta.20 Excepcional era la colección del nuevo almirante, Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, protector de Juan de Alfaro, por la ordenación casi museística de sus fondos. Sus cuadros se distribuían en salas temáticas dedicadas a los países, los bodegones y las marinas, al lado de otras consagradas a los grandes maestros: Rubens, Rafael, Bassano, Ribera y Pedro de Orrente, cada uno con su propia pieza separada. Otra más se dedicaba a los eminentes españoles, donde colgaba el Sueño del caballero de Pereda junto a obras de Antolínez y Carreño.

Tampoco pueden extraerse conclusiones generales en lo que se refiere a otras clases sociales, ante la ausencia de estudios globales. Siendo común la posesión de pinturas como parte del ajuar doméstico, podría resultar exagerado en muchos casos hablar de auténtico coleccionismo.22 Los inventarios toledanos de la segunda mitad del siglo conservados, algo más de doscientos ochenta, con 13.555 pinturas, podrían dar pistas sobre el género de pinturas que se conservaban en las casas: 5866 (43,92%) de asunto religioso por 6424 de asunto profano (48%, resto sin especificar), ocupando los primeros lugares los países y los temas alegóricos. El porcentaje de pintura religiosa era mayor cuanto más se descendía en la escala social, llegando a representar el 52,83% entre los artífices y oficiales, por sólo un 33% de pintura profana. En el extremo opuesto, las colecciones de pintura de los canónigos de la catedral, con 62 cuadros de promedio, estaban formadas por un 59% de asuntos profanos frente a un 37% de asuntos religiosos.23 La variedad, con todo, era enorme, y se pueden encontrar desde colecciones formadas exclusivamente por pinturas religiosas hasta otras, como la un desconocido llamado Antonio González Cardeña, que tenía en Madrid en 1651 algo más de cincuenta pinturas entre las que no había ninguna de Jesús ni de la Virgen, pero sí catorce de «unos payses y apóstoles», un Paraíso terrenal, diez naturalezas muertas, un bodegón de Snyders (la única de la que se daba nombre de autor), seis lienzos de asuntos de historia y batallas, una marina, seis perspectivas con historias no especificadas, un número indeterminado de «liencecitos de flores», unas «gladiadoras», otro de «una mujer desnuda y un mozo tocando el órgano», dos del rapto de Helena, otro del rapto de Europa y uno más de Neptuno.


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Francisco Herrera el Mozo - El triunfo de San Hermenegildo, Museo del Prado.


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Antonio Palomino - Alegoría del aire, Museo del Prado.


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Francisco Pacheco - Juicio Final, óleo sobre lienzo, 338 x 235 cm, Museo Goya de Castres, Francia.


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Jerónimo Jacinto Espinosa - El milagro del Cristo del Rescate, 1623, óleo sobre lienzo, 245 x 168 cm. Colección particular.


Los pintores y su consideración social

Otra circunstancia que debe tenerse en cuenta es la escasa consideración social en que se tenía a los artistas, al ser considerada la pintura como un oficio mecánico, y como tal sujeto a las cargas económicas y exclusión de honores que pesaban sobre los menospreciados oficios bajos y serviles, prejuicios que sólo serían superados en el siglo XVIII. A lo largo de todo el XVII los pintores lucharon por ver reconocido su oficio como arte liberal. Fueron célebres los pleitos por evitar el pago de la alcabala.25 Los esfuerzos de Velázquez por ser admitido en la Orden de Santiago buscaban también ese reconocimiento social. Muchos tratados teóricos de esta época, además de proporcionar datos biográficos sobre los artistas, representaban un esfuerzo por dar mayor dignidad a la profesión. Entre los tratadistas estuvieron Francisco Pacheco, Vicente Carducho y el aragonés Jusepe Martínez, defensores en lo formal de los valores y la estética del clasicismo, con una tendencia hacia el idealismo mayor de la que se aprecia en las obras realmente producidas, muy influidas por el naturalismo tenebrista.

Los gremios, en ocasiones dominados por los doradores, y los talleres donde se formaban los artistas, sin embargo, actuaron muchas veces en sentido contrario. También era contraria a la dignidad de la pintura, a juicio de Palomino, la costumbre de los pintores modestos de tener tienda abierta como era usual entre los artesanos. La iniciación profesional, muy temprana, no favorecía la formación intelectual, siendo pocos los artistas que mostraron una genuina preocupación cultural. Entre las excepciones, Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez, buscó siempre rodearse de intelectuales con los que se carteaba. También Diego Valentín Díaz en Valladolid tenía una biblioteca de 576 volúmenes (145 Velázquez), pero algunas otras bibliotecas eran francamente modestas e incluso podían no disponer de ningún libro. Caso extremo era el de Antonio de Pereda, quien según Palomino era analfabeto aunque le gustaba hacerse leer libros.


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Claudio Coello - La adoración de la Sagrada Forma de Gorkum por Carlos II, sacristía del Monasterio del Escorial.


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Vicente Carducho - Alegoría del Sánto Ángel Custodio por Vicente Carducho. Óleo sobre lienzo. ermita del Cigarral del Santo Ángel Custodio en Toledo.


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José Antolínez - El pintor pobre, circa 1670, óleo sobre lienzo, 201 x 125 cm, Múnich, Alte Pinakothek.


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Juan Valdés Leal - El Sacrificio de Isaac, 1657-59

Tras el Concilio de Trento la iglesia trató de imponer normas morales más rígidas en cuestiones de sexualidad. Se publicaron algunos tratados que en defensa de la castidad reprobaban pintar desnudos, encabezados por la extensa Primera parte de las excelencias de la virtud de la castidad de fray José de Jesús María, editada en 1601. Buscando obtener su prohibición se publicó anónimamente en Madrid en 1632 la Copia de los pareceres y censuras (...) sobre el abuso de las figuras, y pinturas lascivas y deshonestas; en que se muestra que es pecado mortal pintarlas, esculpirlas, y tenerlas patentes donde sean vistas. Algunos de los teólogos consultados, sin embargo, no se mostraban igual de intransigentes, recordando que los desnudos eran utilizados también en la iglesia para la pintura de Adán y Eva y otros santos y mártires.27 Contrario también a los desnudos en pintura, fray Juan de Rojas y Auxá se vio obligado a reconocer su abundancia en la colección real, proponiendo como remedio cubrirlos con velos cuando hubiese damas delante.28 Estos prejuicios ante el desnudo se trasladaron a los pintores incidiendo en su formación. Así Francisco Pacheco, que se decía censor de las pinturas sagradas en su decencia y culto, aconsejaba a los pintores que hubiesen de retratar el desnudo femenino imitar cabezas y manos del natural y estudiar el resto a través de estampas y de estatuas.14 Sin embargo, mediado el siglo se generalizaron las academias, que fomentaban el estudio con modelo vivo, siempre masculino. Un testimonio gráfico de ellas dejó José García Hidalgo en sus Principios para estudiar el nobilísimo arte de la pintura (1693), no obstante hacerse él mismo eco de iguales prejuicios.


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Juan Ribalta - Preparativos para la crucifixión, óleo sobre lienzo, 310 x 237, Museo de Bellas Artes de Valencia. Firmado por Juan Ribalta en 1615, a los dieciocho años.


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Benito Manuel Agüero - Paisaje con la salida de Eneas del puerto de Cartago, óleo sobre lienzo (239 x 205 cm.), Museo del Prado.


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Antonio del Castillo y Saavedra - José vendido por sus hermanos, óleo sobre lienzo (109 x 145 cm) Museo del Prado.


Los Géneros

Pintura religiosa

Para Francisco Pacheco el fin principal de la pintura era persuadir a los hombres a la piedad y llevarlos a Dios. De ahí el aspecto realista que adoptará la pintura religiosa de la primera mitad del siglo y la rápida aceptación de las corrientes naturalistas, al permitir al fiel sentirse formando parte del hecho representado.

El lugar privilegiado es el retablo mayor de los templos, pero abundan también las obras para la devoción particular y proliferan los retablos menores, en capillas y naves laterales. A semejanza del retablo de El Escorial, divididos en calles y cuerpos, suelen ser mixtos, de pintura y escultura. En la segunda mitad del siglo, y a la vez que se imponen los grandes retablos de orden gigante, se produce una tendencia a eliminar las escenas múltiples y a dar un desarrollo más amplio al episodio central. Es el momento glorioso de la gran pintura religiosa, antes de que, ya a finales del siglo, quede frecuentemente relegada al ático, siendo el cuerpo principal del retablo obra de madera y talla. En esta etapa del pleno barroco, a la vez que bajo la influencia de Luca Giordano, presente en España, se pintan al fresco espectaculares rompimientos de gloria en las bóvedas de las iglesias, se harán corrientes las representaciones triunfales (Apoteosis de San Hermenegildo de Francisco Herrera el Mozo, San Agustín de Claudio Coello, ambas en el Museo del Prado) en composiciones dominadas por las líneas diagonales y desbordantes de vitalidad.

Las imágenes de los santos de mayor devoción proliferan en todos los tamaños y son frecuentes las repeticiones dentro de un mismo taller. Los santos preferidos –además de los recientemente canonizados como Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola o San Isidro- lo son por su vinculación con alguno de los aspectos en los que mayor insistencia pone la Contrarreforma: la penitencia, ilustrada por las imágenes de San Pedro en lágrimas, la Magdalena, San Jerónimo y otros santos penitentes. La caridad, a través de la limosna (Santo Tomás de Villanueva) o la atención a los enfermos (San Juan de Dios, Santa Isabel de Hungría), junto con algunos mártires como testigos de la fe.

El culto a la Virgen, como el culto a San José (fomentado por Santa Teresa) aumenta en la misma medida en que será combatido por los protestantes. Motivo iconográfico característicamente español será el de la Inmaculada, con todo el país, encabezado por los monarcas, empeñado por voto en la defensa de ese dogma aún no definido por el Papa. Por razones semejantes la adoración a la Eucaristía y las representaciones eucarísticas cobran creciente importancia (Claudio Coello, Adoración de la Sagrada Forma de El Escorial). Los temas evangélicos, muy abundantes, frecuentemente serán tratados con la misma idea de combatir la herejía protestante: la Última Cena refleja el momento de la consagración eucarística; los milagros de Cristo harán referencia a las obras de misericordia (así, la serie de pinturas de Murillo para el Hospital de la Caridad de Sevilla). Por el contrario, son escasas las representaciones del Antiguo Testamento, dadas las reservas que su lectura ofrecía a los católicos, y los temas elegidos lo son en tanto que se interpretan como anuncios de la venida de Cristo o son modelos de ella (así el Sacrificio de Isaac, con un significado analógico al de la pasión de Cristo).


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Juan Bautista Maíno - Adoración de los pastores (1611-1613) de Juan Bautista Maíno (Museo del Prado, Madrid).


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Juan Bautista Maíno - Magdalena penitente. 1615.


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Francisco Collantes - La visión de Ezequiel, o la Resurrección de la carne 1630, óleo sobre lienzo, 177x205 cm. Museo del Prado.


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Antonio de Pereda y Salgado - El sueño del caballero, 1655, óleo sobre lienzo, 152 x 217 cm, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


Los géneros profanos

Se desarrollaron en España otros géneros, además con unas características propias que permiten hablar de una Escuela Española: el bodegón y el retrato. La expresión «pintura de bodegón» aparece ya documentada en 1599. El austero bodegón español es diferente de las suntuosas «mesas de cocina» flamencas; a partir de la obra de Sánchez Cotán quedó definido como un género de composiciones sencillas, geométricas, de líneas duras, e iluminación tenebrista.

Se alcanzó tal éxito que muchos artistas siguieron a Sánchez Cotán: Felipe Ramírez, Alejandro de Loarte, el pintor cortesano Juan van der Hamen y León, Juan Fernández, el Labrador, Juan de Espinosa, Francisco Barrera, Antonio Ponce, Francisco Palacios, Francisco de Burgos Mantilla y otros. También la escuela sevillana contribuyó a definir las características del bodegón español, con Velázquez y Zurbarán a la cabeza. Este bodegón característico español, no exento de influencias italianas y flamencas, vio transformado su carácter a partir de la mitad del siglo, cuando la influencia flamenca hizo que las representaciones fueran más suntuosas y complejas, hasta teatrales, con contenidos alegóricos. Los cuadros de flores de Juan de Arellano o las vanitas de Antonio de Pereda o Valdés Leal son el resultado de esta influencia foránea sobre lo que hasta entonces era un género marcado por la sobriedad.

Por el contrario, la pintura de costumbres o de género, a la que los tratadistas se referían propiamente como pintura de bodegón, distinta de la pintura de flores y de frutas, a pesar de la atención que le dedicó Velázquez, apenas tuvo cultivadores. Descalificada agriamente por Carducho, únicamente se pueden mencionar alguna obra de Loarte y el conjunto de lienzos que se han venido atribuyendo a Puga, hasta que ya a mediados de siglo y con destino al mercado nórdico Murillo recoja una imagen del vivir callejero en sus escenas de niños mendigos y pilluelos.

Por lo que se refiere al retrato, se consolidó una forma de retratar propia de la Escuela Española, muy alejada de la pompa cortesana del resto de Europa; en esta consolidación resultará decisiva la figura del Greco. El retrato español hunde sus raíces, por un lado, en la escuela italiana (Tiziano) y por otro en la pintura hispano-flamenca de Antonio Moro y Sánchez Coello. Las composiciones son sencillas, sin apenas adornos, transmitiendo la intensa humanidad y dignidad del retratado; éste, a diferencia de lo que es general en la Contrarreforma no forzosamente resulta alguien de gran importancia social, pues lo mismo se retrata a un rey que a un niño mendigo. Puede verse un ejemplo en el notable El pie varo, también llamado El patizambo que José de Ribera pintó en 1642. Se distingue de los retratos de otras escuelas por esa austeridad, el mostrar descarnadamente el alma del representado, cierto escepticismo y fatalismo ante la vida, y todo ello en un estilo naturalista a la hora de captar los rasgos del modelo, alejado del clasicismo que paradójicamente defendían por lo general los teóricos. Como es propio de la Contrarreforma, predomina lo real frente a lo ideal. El retrato español, así consolidado en el siglo XVII con los magníficos ejemplos de Velázquez, pero también con los retratos de Ribera, Juan Ribalta o Zurbarán, mantuvo estas características hasta la obra de Goya.


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Juan de Espinosa - Bodegón ochavado con racimos de uvas, 1646, óleo sobre lienzo, 67 x 68 cm, Museo Nacional del Prado.


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Juan de Espinosa - Bodegón de uvas, manzanas y ciruelas, 1630, óleo sobre lienzo, 76 × 59 cm, Museo del Prado; ejemplo de bodegón típico español de la primera mitad del siglo.


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Juan van der Hamen - Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio, 1627, Museo del Prado.

En menor medida, pueden encontrarse temas históricos y mitológicos, de los que algunos ejemplos han sido señalados ya a propósito del coleccionismo. En cualquier caso, si se compara con el siglo XVI, hubo un aumento notable de pinturas mitológicas, al no ir destinadas exclusivamente a las residencias reales y establecerse una producción de lienzos independientes que, lógicamente, estaban al alcance de un mayor público y permitían una variedad iconográfica mayor.33 El paisaje, lo que se conocía como pintura «de países»,34 como el bodegón, fue considerado un tema menor por los tratadistas, que colocaban la representación de la figura humana en la cima de la figuración artística. En sus Diálogos de la pintura, Carducho consideraba que los paisajes serían, como mucho, adecuados para una casa de campo o lugar de retiro ocioso, pero que siempre serían más valiosos si se enriquecían con alguna historia sacra o profana. Del mismo tenor son las palabras de Pacheco en su Arte de la pintura, que recordando los paisajes que hacen artistas extranjeros (menciona a Brill, Muziano y Cesare Arbasia, de quien habría aprendido el español Antonio Mohedano) admite que «es parte en la pintura que no se debe despreciar», pero sigue la tradición al advertir que son asuntos «de poca gloria y estimación entre los antiguos».35 Los inventarios post mortem revelan, sin embargo, que fue un género muy estimado por los coleccionistas, aunque al ser raro que en ellos se diesen los nombres de los autores no es posible saber cuántos fueron producidos por artistas españoles y cuántos fueron importados.36 A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con la pintura holandesa, en España no hubo auténticos especialistas en el género, a excepción, quizá, del guipuzcoano activo en Sevilla y colaborador de Murillo Ignacio de Iriarte, aunque algunos pintores como Francisco Collantes y Benito Manuel Agüero en Madrid son conocidos por sus paisajes con o sin figuras, género en el que también las fuentes mencionan con elogio al cordobés Antonio del Castillo.


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Juan Fernández el Labrador - Bodegón con cuatro racimos de uvas, óleo sobre lienzo, 45 x 61 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.


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Juan Sánchez Cotán - Bodegón con manzana, col, melón y pepino o también Naturaleza muerta con frutos, h. 1602, óleo sobre lienzo, 65,5 × 81 cm, Fine Arts Gallery de San Diego (California).


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Alejandro de Loarte - Cocina (Bodegón), óleo sobre lienzo, 100 x 122 cm, Ámsterdam Rijksmuseum


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Juan de Arellano - Florero de cristal (1668), bodegón de Juan de Arellano (Madrid, Museo del Prado).


Escuelas

Durante la primera mitad del siglo los más importantes centros de producción se localizaron en Madrid, Toledo, Sevilla y Valencia. Pero aunque sea habitual clasificar a los pintores en relación con el lugar donde trabajaron, esto no sirve para explicar ni las grandes diferencias entre los pintores ni tampoco la propia evolución de la pintura barroca en España. En la segunda mitad de siglo, decaen en importancia Toledo y Valencia, centrándose la producción pictórica en Madrid y en Sevilla principalmente aunque nunca dejase de haber pintores de cierto relieve repartidos por toda la geografía española...

Más info sobre la pintura barroca de España



CONTINÚA MÁS ABAJO...
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Post Re: EL BARROCO 
 
Gracias J.Luis por ilustrarnos en este tema del Barroco. Siempre es bueno ampliar conocimientos o al menos refrescarlos.  

Un Saludo.
 




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... CONTINUACIÓN



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Plaza de San Pedro, en el Vaticano, vista desde la cúpula de la Basílica. El gran templo romano fue la punta de lanza del arte contrarreformista. Uno de sus primeros representantes del barroco italiano fue Carlo Maderno, autor de la fachada de San Pedro del Vaticano (1607-1612). La columnata y obelisco de la Plaza de San Pedro (1656-1667), obra de Gian Lorenzo Bernini. Bernini es el máximo exponente del barroco italiano, fue pintor, escultor y arquitecto e influyó en muchos artistas de la época.


El arte barroco se difundió desde Roma a toda Europa, si bien con desiguales resultados. Sin embargo, ningún país lo acogió tan bien, en todas sus manifestaciones artísticas, como España, el país defensor del catolicismo y de la Contrarreforma, de la exaltación religiosa. En la austeridad de la arquitectura, en la escultura polícroma en madera, en las estatuas de procesiones, en las escenas de retablos y en la pintura religiosa, aparecen las huellas y las órdenes de Trento.



La época de los filósofos


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Canaletto - El gran canal y la iglesia de la Salud. 1730. Óleo sobre lienzo, 49.5 × 72.5 cm. Museum of Fine Arts, Houston

En la época de los filósofos Bacon y Descartes, el arte se colecciona como los objetos científicos o los exóticos bienes importados de las Indias y América. La secularización de esta época propició que se revalorizaran géneros profanos, como el bodegón o el paisaje, que empieza a cobrar una autonomía inusitada. Las complejas composiciones del Barroco, la diversidad de focos de luz, la abundancia de elementos, todo, puede aplicarse perfectamente a un paisaje, tal y como puede verse en la Recepción del Embajador Imperial en el Palacio Ducal de Canaletto. El Barroco como estilo general es tan sólo una intención de base. Las formas que adopte en la praxis serán tan variadas como se pueda imaginar. Sin embargo, dos polos predominan, agrupados en torno a dos grandes figuras rivales en la época: Michelangelo Merisi da Caravaggio, que aglutina a los pintores del naturalismo tenebrista; y Annibale Carracci, que trabaja con su hermano y con su primo en un estilo clasicista.


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Catania - Chiesa Collegiata o Regia Cappella (Santa Maria dell'Elemosina)



Arquitectura

La arquitectura barroca se desarrolla desde el principio del siglo XVII hasta dos tercios del siglo XVIII. En esta última etapa se denomina estilo rococó. Se manifiesta en casi todos los países europeos y en lo que eran por aquel entonces los territorios de España y Portugal en América, hoy países independientes. El barroco se da también en otras artes, como Música, Literatura, Pintura y Escultura.El interés que sustenta la arquitectura es el de hacer marketing y urbanizar. Juega un papel muy importante, un ejemplo de ello sin irnos más lejos que a la plaza Mayor de Madrid. Sigue una armonía y su monumentalidad crea un ambiente propicio de una ciudad rica, justamente la pretensión de los artistas barrocos. Hace falta aclarar que el paradigma de este estilo se haya en la megalomania de Luis XIV, con las reconstrucciones deVersalles. Los materiales propicios de construcción en la arquitectura barroca son los materiales pobres sin ningún valor aun así viendo la sensación de monumentalidad y majestuosidad sinuosa de la arquitectura barroca. Se juega un poco con la falsedad, aunque eso no quiere decir que no se emplearan materiales ricos. De hecho surgieron las Manufacturas reales donde se manufacturaron productos de "qualité" como el vidrio de carrá, las alfombras pérsicas, las cerámicas u otros. Los elementos constructivos no presentan ninguna novedad, ya que siguen los órdenes clásicos del renacimiento, la diferencia es que en el Barroco se contraponen elementos arquitectónicos utilizándolos con cierta libertad e individualidad. No se pierde la armonía sino la prespectiva Renacentista, que abarca el espacio del espectador. El grandiosismo es una cualidad típica Barroca donde la vemos claramente reflejada en la Plaza de San Pedro, de hecho si nos situámos jústamente en la entrada de la Plaza veriamos la altitud del obelisco, pero si nos adentramos en dirección a la basílica de San Pedro nos encontramos con las inesperadas columnatas que rodean el perímetro de la Plaza.Los arcos se utilizan de formas variadas y las cúpulas son el elemento por exelencia del arte Barroco. Se interesan más por las formas que por la función.

La arquitectura barroca es un período de la historia de la arquitectura que vino precedida del Renacimiento y del Manierismo; se generó en Roma durante el siglo XVII y se extendió hasta mediados del siglo XVIII por los Estados absolutistas europeos

El término Barroco, derivado del portugués "barru", "perla de forma diferente o irregular", se utilizó en un primer momento de forma despectiva para indicar la falta de regularidad y orden del nuevo estilo. La característica principal de la arquitectura barroca fue la utilización de composiciones basadas en líneas curvas, elipses y espirales, así como figuras policéntricas complejas compuestas de motivos que se intersecaban unos con otros. La arquitectura se valió de la pintura, la escultura y los estucados para crear conjuntos artísticos teatrales y exuberantes que sirviesen para ensalzar a los monarcas que los habían encargado.

En algunos países europeos como Francia e Inglaterra y en otras regiones de la Europa septentrional se produjo un movimiento más racionalista derivado directamente del Renacimiento que se denominó Clasicismo barroco. A lo largo del siglo XVIII se fue desarrollando en Francia un movimiento derivado del Barroco que multiplicaba su exuberancia y se basaba fundamentalmente en las artes decorativas que se denominó Rococó y se acabó exportando a buena parte de Europa.


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Cúpula de la Basílica de San Pedro de Roma.

Contrariamente a las teorías según las cuales el movimiento barroco surgió a partir del Manierismo, fue el Renacimiento tardío el movimiento que acabó desencadenando en último término el Barroco. De hecho, la arquitectura manierista no fue suficientemente revolucionaria para evolucionar radicalmente, en un sentido espacial y no sólo superficial, a partir de los estilos de la antigüedad a los nuevos fines populares y retóricos de la época del contrarreformismo.

Ya en el siglo XVI, Miguel Ángel Buonarroti había anunciado el Barroco de una forma colosal y masiva en la cúpula de la Basílica de San Pedro de Roma, así como las alteraciones en las proporciones y las tensiones de los órdenes clásicos expresados en la escalera de acceso a la Biblioteca Laurenciana de Florencia, del mismo autor, y la enorme cornisa añadida al Palacio Farnese. Estas intervenciones habían suscitado diversos comentarios en su época por su brusca alteración de las proporciones clásicas canónicas. No obstante, en otras obras Miguel Ángel había cedido a la influencia manierista, por lo que fue sólo tras el fin del Manierismo cuando se redescubrió a Miguel Ángel como el padre del Barroco.


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Santa Maria della Pace, Roma. Obra del arquitecto y pintor Pietro da Cortona

El nuevo estilo se desarrolló en Roma, y alcanzó su momento álgido entre 1630 y 1670; a partir de entonces el Barroco se extendió por el resto de Italia y de Europa, mientras que en el siglo XVIII Roma volvió de nuevo al Clasicismo siguiendo el ejemplo de París.

La influencia del Barroco no se limitó al siglo XVII; a principios del siglo XVIII se desarrolló el estilo denominado Rococó, que no siendo una pura continuación del primero podría ser considerado como la última fase del Barroco... Más abajo hablaremos más de este tema.



ÍNDICE DE (ALGUNOS) PINTORES  BARROCOS

 
1. BARROCO EN ITALIA:


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- En la escultura italiana el exponente más célebre del barroco es Bernini. Éxtasis de Santa Teresa, obra de Gian Lorenzo Bernini (1645-1652), en la iglesia de Santa María de la Victoria, en Roma.


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- En la arquitectura Borromini. Fachada de San Carlo alle Quattro Fontane. Roma


El nacimiento del tenebrismo:

- Caravaggio (1573-1610)


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Caravaggio - La crucifixión de San Pedro. 1600-01, óleo sobre lienzo, 230 x 175 cm, pared lateral izquierda de la capilla Cerasi, Santa María del Popolo, Roma


La vena clásica:

- Annibale Carracci (1560-1609)


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Annibale Carraci - Cupido junto a Venus descubierta por Adonis (c. 1590), Museo del Prado


Escuela boloñesa:

- Guido Reni (1575-1642)
- Francisco Albani (1578-1660)
- Il Domenichino (1581-1641)
- Il Guercino (1591-1666)
...


 11guido_reni_la_aurora_1614_fresco_casino_rospiglioso_palazzo_pallavicini_roma

Guido Reni - La Aurora. 1614. Fresco (Casino Rospiglioso, Palazzo Pallavicini, Roma).


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Guido Reni - El arcángel Miguel (1636), Santa Maria della Concezione dei Cappuccini, Roma.


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Francisco Albani - Anunciación (hacia 1645), Museo del Ermitage, San Petersburgo.


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Il Domenichino - Muerte de San Pedro mártir. Pinacoteca Nazionale de Bolonia.


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Il Guercino - Et in Arcadia ego, óleo sobre lienzo, 82 cm × 91 cm, Galleria Nazionale d'Arte Antica di Palazzo Barberini, Roma.


Escuela romana:

- Orazio Gentileschi (c.1563-1646)
- Artemisia Gentileschi (c.1593-1652)
- Bartolomeo Manfredi (1572-1605)
- Orazio Borgianni (1578-1616)
- Andrea Sacchi (1599-1661)
- Pietro da Cortona (1596-1669)
- Giovanni Lanfranco (1581-1647)
- Annibale Carracci (1560-1609)
- Andrea Pozzo (164-1709)
...


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Orazio Gentileschi - Moisés rescatado de las aguas del Nilo, 1633 (Museo del Prado).


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Artemisia Gentileschi - Autorretrato en Alegoría de la pintura.


 marte_castigando_a_cupido_art_institute_of_chicago_atribuido_en_el_pasado_a_caravaggio_una_t_pica_pintura_caravagista_del_tipo_popularizado_por_manfredi

Bartolomeo Manfredi - Marte castigando a Cupido, Art Institute of Chicago. Atribuido en el pasado a Caravaggio, una típica pintura caravagista del tipo popularizado por Manfredi.


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Orazio Borgianni - San Carlo Borromeo


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Andrea Sacchi - Las tres Magdalenas (1634), Palazzo Barberini, Roma.


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Pietro da Cortona - Triunfo de la Divina Providencia, Palacio Barberini, Roma


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Giovanni Lanfranco - Jesús atendido por los ángeles, 1616. Óleo sobre tela. Museo de Capodimonte, Nápoles, Italia.


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Annibale Carracci - Domine, Quo Vadis? (1602) de Annibale Carracci, National Gallery de Londres.


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Andrea Pozzo - La gloria de San Ignacio (1685-1694), Iglesia de San Ignacio (Roma).



Escuela napolitana:


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José de Ribera - El martirio de San Felipe, 1639. Óleo sobre lienzo, 234 × 234 cm. Museo del Prado.

- José de Ribera (1591-1652)
- Aniello Falcone (1607-56)
- Salvatore Rosa (1615-73)
- Paolo Domenico Finoglia (1590-1645)
- Luca Giordano (1632-1705)


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Luca Giordano - Bóveda Alegoría del Toisón de Oro. Pintura al fresco h. 1695-97. Casón del Buen Retiro de Madrid (Museo del Prado). Es una alegoría de la Monarquía Española.


2. BARROCO EN FLANDES


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Rubens - Las tres Gracias. 1630-35. Óleo sobre tabla, 220,5 x 182 cm. Museo del Prado

- Rubens (1577-1640)
- Jordaens (1593-1678)
- Van Dyck (1599-1641)
- Johannes Vermeer (1632-1675)
- Jan Brueghel el Viejo (1568-1625)
- Michael Sweerts (1618–1664)
- Jan Havickszoon Steen (c. 1626-1679)
- Jacob Jordaens (1593-1678)
- David Teniers el Joven (1610-1690)
- Pieter de Hooch (1629-1684)
- Frans Snyders (1579-1657)
- Osias Beert (c.1580-1624)
- Willem Heda (1594 - h. 1680)
- Pieter de Hoogh (1629-1683)
- Jacob Van Ruysdael (c.1628-1692)
- Meindert Hobbema (1658-1709)
...
 

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Johannes Vermeer - La lechera (1658-1660). Rijksmuseum (Ámsterdam)


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Van Dyck - Golgtha. 1630. Óleo sobre lienzo. Sint-Michielskerk, Ghent.


 20jacob_jordaens_el_rey_bebe_jordaens_fue_bien_conocido_por_grandes_cuadros_de_escenas_de_g_nero_moralistas_como_esta_representaci_n_de_una_fiesta_de_epifan_a

Jacob Jordaens - El rey bebe. Jordaens fue bien conocido por grandes cuadros de escenas de género moralistas, como esta representación de una fiesta de Epifanía.


 19michael_sweerts_combate_de_lucha_1649_karlsruhe_staatliche_kunsthalle_el_estilo_de_sweerts_est_muy_influido_por_su_poca_en_roma_y_en_esta_pintura_combina_temas_rurales_con_poses_cl_sicas_y_un_colorido_italiano

Michael Sweerts - Combate de lucha, 1649. Karlsruhe, Staatliche Kunsthalle. El estilo de Sweerts está muy influido por su época en Roma, y en esta pintura combina temas rurales con poses clásicas y un colorido italiano.


 15david_teniers_el_joven_el_archiduque_leopoldo_guillermo_en_su_galer_a_de_bruselas_kunsthistorisches_museum_de_viena_1650_52_leo_sobre_lienzo_123_x_163_cm

David Teniers el Joven - El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de Bruselas. 1650-52. Teniers documentó la colección de pinturas del archiduque en esta obra mientras que era pintor de corte en Bruselas.


 18osias_beert_bodeg_n_con_ostras_c_1610_staatsgalerie_stuttgart_los_bodegones_de_beert_son_t_picos_del_tipo_desayuno_pintado_a_principios_del_siglo_xvii

Osias Beert - Bodegón con ostras, c. 1610. Staatsgalerie, Stuttgart. Los bodegones de Beert son típicos del tipo «desayuno» pintado a principios del siglo XVII.


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Willem Claeszoon Heda - Mesa con el desayuno (1631).


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Frans Snyders - La despensa, c. 1620.

Más info de la pintura barroca de Flandes



3. BARROCO EN HOLANDA:

Retratistas:

- Rembrandt (1606-1669)
- Frans Hals (c.1580-1666)
- Jan Steen (c.1626-1679)
- Gabriël Metsu (1629-1667)
- Thomas de Keyser (h. 1596/1597-1667)
- Jan de Bray (c.1627- 1697)
...


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Rembramd - La ronda de noche, 1642, óleo sobre lienzo, 359 × 438 cm. Rijksmuseum, Ámsterdam


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Frans Hals - El bebedor alegre. 1627-28. Óleo sobre lienzo, 81,5 × 66,5 cm. Rijksmuseum. Amsterdam. Holanda


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Jan Steen - Una imagen típica de Steen (h. 1663); mientras la dueña de la casa duerme, el personal se divierte.


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Gabriël Metsu - El don del cazador, h. 1660, un estudio de relaciones maritales, con un chiste visual.


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Thomas de Keyser - La compañía cívica del capitán Allaert Cloeck y el teniente Lucas Jacobsz. Rotgans, 1632, óleo sobre lienzo, 220 cm x 351 cm, Rijksmuseum, Ámsterdam.


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Jan de Bray - La guilda de pintores de Haarlem en 1675, por Jan de Bray, cuyo autorretrato es el segundo desde la izquierda.

Ver pintura del Siglo de oro neerlandés



Pintura de la vida rural:

- Adrián Van Ostade (1610-1685)


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Adriaen van Ostade - Campesinos en una taberna (c. 1635) at the Alte Pinakothek, Munich



4. BARROCO EN FRANCA:


En Francia también se dieron las dos corrientes surgidas en Italia, el naturalismo y el clasicismo, aunque el primero no tuvo excesivo predicamento, debido al gusto clasicista del arte francés desde el Renacimiento, y se dio principalmente en provincias y en círculos burgueses y eclesiásticos, mientras que el segundo fue adoptado como «arte oficial» por la monarquía y la aristocracia, que le dieron unas señas de identidad propias con la acuñación del término clasicismo francés. El principal pintor naturalista fue Georges de La Tour, en cuya obra se distinguen dos fases, una centrada en la representación de tipos populares y escenas jocosas, y otra donde predomina la temática religiosa, con un radical tenebrismo donde las figuras se vislumbran con tenues luces de velas o lámparas de bujía: Magdalena penitente (1638-1643), San Sebastián cuidado por Santa Irene (1640). También se engloban en esta corriente los hermanos Le Nain (Antoine, Louis y Mathieu), centrados en la temática campesina pero alejados del tenebrismo, y con cierta influencia bambochante.


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Georges de La Tour - Magdalena penitente (1642-1644), Museo del Louvre, París. Se trata de una vanitas, donde la vela que arde simboliza el paso del tiempo y cómo la vida se va consumiendo lenta pero inexorablemente.

La pintura clasicista se centra en dos grandes pintores que desarrollaron la mayor parte de su carrera en Roma: Nicolas Poussin y Claude Lorrain. El primero recibió la influencia de la pintura rafaelesca y de la escuela boloñesa, y creó un tipo de representación de escenas —de temática generalmente mitológica— donde evoca el esplendoroso pasado de la antigüedad grecorromana como un paraíso idealizado de perfección, una edad dorada de la humanidad, en obras como: El triunfo de Flora (1629) y Los pastores de la Arcadia (1640). Por su parte, Lorrain reflejó en su obra un nuevo concepto en la elaboración del paisaje basándose en referentes clásicos —el denominado «paisaje ideal»—, que evidencia una concepción ideal de la naturaleza y del hombre. En sus obras destaca la utilización de la luz, a la que otorga una importancia primordial a la hora de concebir el cuadro: Paisaje con el embarque en Ostia de Santa Paula Romana (1639), Puerto con el embarque de la Reina de Saba (1648).


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Nicolas Poussin - Eco y Narciso, hacia 1627-1628, óleo sobre lienzo, 74 × 100 cm, Museo del Louvre, París.


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Claudio de Lorena (en francés Claude Lorrain) Paisaje con Apolo custodiando los rebaños de Admeto y Mercurio robándoselos (1645), Palazzo Doria-Pamphili, Roma.


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Hyacinthe Rigaud - Christ expiant sur la croix, 1695. Perpiñán, Museo Hyacinthe Rigaud.


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Nicolas de Largillière - María Ana Victoria de Borbón y Farnesio, 1724, Museo del Prado.


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Charles Le Brun - El canciller Séguier, h. 1670, óleo sobre lienzo, 295 × 351 cm, Museo del Louvre, París.


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Pierre Mignard - Andrómeda y Perseo (Museo del Louvre).


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Antoine Coypel - Susana acusada de adulterio, 1695 - 1696, óleo sobre lienzo, 149 × 204 cm. Museo del Prado.


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Charles de La Fosse - Acis y Galatea, Museo del Prado.

En el pleno barroco la pintura se enmarcó más en el círculo áulico, donde se encaminó principalmente hacia el retrato, con artistas como Philippe de Champaigne (Retrato del cardenal Richelieu, 1635-1640), Hyacinthe Rigaud (Retrato de Luis XIV, 1701) y Nicolas de Largillière (Retrato de Voltaire joven, 1718). Otra vertiente fue la de la pintura académica, que buscaba sentar las bases del oficio pictórico en base a unos ideales clasicistas que, a la larga, acabaron constriñéndolo en unas rígidas fórmulas repetitivas. Algunos de sus representantes fueron: Simon Vouet (Presentación de Jesús en el templo, 1641), Charles Le Brun (Entrada de Alejandro Magno en Babilonia, 1664), Pierre Mignard (Perseo y Andrómeda, 1679), Antoine Coypel (Luis XIV descansando después de la Paz de Nimega, 1681) y Charles de la Fosse (Rapto de Proserpina, 1673).


5. OTROS PAISES:


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Georg Flegel - Merienda con huevos fritos, Galería Municipal de Aschaffenburg.

En Alemania hubo escasa producción pictórica, debido a la Guerra de los Treinta Años, por lo que muchos artistas alemanes tuvieron que trabajar en el extranjero, como es el caso de Adam Elsheimer, un notable paisajista adscrito al naturalismo que trabajó en Roma (La huída a Egipto, 1609). También en Roma se afincó Joachim von Sandrart, pintor y escritor que recopiló diversas biografías de artistas de la época (Teutschen Academie der Edlen Bau-, Bild- und Mahlerey-Künsten, 1675). Igualmente, Johann Liss estuvo peregrinando entre Francia, Países Bajos e Italia, por lo que su obra es muy variada tanto estilísticamente como de géneros (La inspiración de San Jerónimo, 1627). Johann Heinrich Schönfeld pasó buena parte de su carrera en Nápoles, elaborando una obra de estilo clasicista e influencia poussiniana (Desfile triunfal de David, 1640-1642). En la propia Alemania, se desarrolló notablemente el bodegón, con artistas como Georg Flegel, Georg Hinz y Sebastian Stoskopff.


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Adam Elsheimer - La exaltación de la Cruz del Tabernáculo de Fráncfort, h. 1605, 48 x 35 cm.

En Austria destacó Johann Michael Rottmayr, autor de los frescos de la Iglesia colegial de Melk (1716-1722) y la Iglesia de San Carlos Borromeo de Viena (1726). En Inglaterra, la escasa tradición pictórica autóctona hizo que la mayoría de encargos —generalmente retratos— fuese confiada a artistas extranjeros, como el flamenco Anton van Dyck (Retrato de Carlos I de Inglaterra, 1638), o el alemán Peter Lely (Louise de Kéroualle, 1671).


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Johann Michael Rottmayr - Intercesión de San Carlos Borromeo ayudado por la Virgen, por Rottmayr (Iglesia de san Carlos Borromeo, Viena).



En América


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José Juárez - Aparición de la Virgen y el Niño a san Francisco, Ciudad de México, Museo Nacional de Arte.

Las primeras influencias fueron del tenebrismo sevillano, principalmente de Zurbarán —algunas de cuyas obras aún se conservan en México y Perú—, como se puede apreciar en la obra de los mexicanos José Juárez y Sebastián López de Arteaga, y del boliviano Melchor Pérez de Holguín. La Escuela cuzqueña de pintura surgió a raíz de la llegada del pintor italiano Bernardo Bitti en 1583, que introdujo el manierismo en América. Destacó la obra de Luis de Riaño, discípulo del italiano Angelino Medoro, autor de los murales del templo de Andahuaylillas. También destacaron los pintores indios Diego Quispe Tito y Basilio Santa Cruz Puma Callao, así como Marcos Zapata, autor de los cincuenta lienzos de gran tamaño que cubren los arcos altos de la Catedral de Cuzco. En Ecuador se formó la escuela quiteña, representada principalmente por Miguel de Santiago y Nicolás Javier de Goríbar.


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Melchor Pérez de Holguín - Entrada del Virrey Arzobispo Morcillo en Potosí (1718). Museo de América, Madrid.


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Basilio Santa Cruz - El nacimiento de San Francisco, según Basilio Santa Cruz Pumacallao (Iglesia de San Francisco, Santiago, Chile, ca. 1670-1680.


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Marcos Zapata - La Última Cena de Marcos Zapata, Catedral del Cuzco.


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Miguel de Santiago - Vírgen alada del Apocalipsis.


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Nicolás Javier de Goríbar - Rey Manassés, parte de la obra Reyes de Judá. Iglesia de Santo Domingo, siglo XVII.


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Cristóbal de Villalpando - La lactación de Santo Domingo, (finales del siglo XVII). Sacristía de la iglesia de Santo Domingo (Ciudad de México).


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Juan Rodríguez Juárez - San Juan de Dios, óleo sobre lienzo, 174,5 x 110,5 cm, Madrid, Museo de América.


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Miguel Cabrera - Santa Gertrudis (1763), Museo de Arte de Dallas.

En el siglo XVIII los retablos escultóricos empezaron a ser sustituidos por cuadros, desarrollándose notablemente la pintura barroca en América. Igualmente, creció la demanda de obras de tipo civil, principalmente retratos de las clases aristocráticas y de la jerarquía eclesiástica. La principal influencia fue la murillesca, y en algún caso —como en Cristóbal de Villalpando— la de Valdés Leal. La pintura de esta época tiene un tono más sentimental, con formas más dulces y blandas. Destacan Gregorio Vázquez de Arce en Colombia, y Juan Rodríguez Juárez y Miguel Cabrera en México.



6. BARROCO EN ESPAÑA (Pintura y escultura):

Sobre pintura ya referido más arriba. Aquí representamos a los artistas más importantes e influyentes.

- Velázquez (1599-1660)
- Ribera (1591-1652)
- Zurbarán (1598-1664)
- Murillo (1617-1682)
- Alonso Cano (1601-1667)
- Valdés Leal (1622-1690)
- Martínez Montañés (1568-1649)
- Gregorio Fernández (1576-1636)
- Pedro Roldán (1624-1699)
- Pedro de Mena (1628-1688)
- Juan de Mesa (1583-1627)
- Luisa Roldán, la Roldana (1652-1706)
- Francisco Salzillo (1707-1783)
...


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Velázquez - Cristo crucificado (1632), Museo del Prado, Madrid.


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Velázquez - La fragua de Vulcano. 1630. Óleo sobre lienzo, 223 x 290 cm. Museo del Prado.


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Ribera - María Magdalena en el desierto, 1641, óleo sobre lienzo, 182 × 149. Museo del Prado


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Ribera - Sileno ebrio, 1626. Museo de Capodimonte, Nápoles. Italia.


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Zurbarán - Defensa de Cádiz contra los ingleses, 1634. Óleo sobre lienzo, 302 x 323 cm. Museo del Prado.


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Zurbarán - Exposición del cuerpo de San Buenaventura, 1629. Óleo sobre 250 x 225 cm. Museo del Louvre, París.


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Murillo - La Inmaculada Concepción de los Venerables o de ''Soult'', Hacia 1678. Óleo sobre lienzo, 274 x 190 cm. Museo del Prado.


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Murillo - Nacimiento de la Virgen, 1660, París, Museo del Louvre.


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Alonso Cano - San Francisco de Borja, pintura juvenil de Alonso Cano (Museo de Bellas Artes de Sevilla).


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Alonso Cano - La Inmaculada del fascistol, 1655, obra escultórica maestra de Alonso Cano conservada en la sacristía de la Catedral de Granada.


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Juan Valdés Leal - Jeroglíficos de las Postrimerías (In ictu oculi y Finis gloriae mundi).

In ictu oculi y Finis gloriae mundi que, como en las pinturas del género vanitas extendido en los Países Bajos, aluden a la banalidad de la vida terrena y a la universalidad de la muerte, pero enlazando aquí con el objeto propio de la Hermandad, que era dar sepultura a los indigentes, y con el Entierro de Cristo de Pedro Roldán, representado en el retablo del altar mayor.


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Retablo del altar mayor de la iglesia del Hospital de la Caridad. Sevilla. El retablo mayor constituye una de las partes más destacadas del templo, el diseño y la construcción fueron realizados entre 1670 y 1675 por Bernardo Simón de Pineda, las esculturas son obra de Pedro Roldán y el dorado y la policromía corresponden a Valdés Leal. El retablo consta de un banco sobre el que se levanta el primer cuerpo dividido por columnas de estilo salomónico. En su centro hay un brillante grupo escultórico de gran tamaño que representa el Entierro de Cristo, se encuentra completado por un bajo relieve que contribuye a aumentar la sensación de profundidad del grupo principal. El cuerpo superior del retablo aparecen representadas de forma alegórica la Fe, la Esperanza y la Caridad rodeadas de niños. Por último, en los laterales del retablo se encuentran dos figuras de San Roque, como protector de las epidemias y San Jorge como titular del templo.


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Pedro Roldán - Cristo del Perdón, Iglesia de Santa María Coronada. en Medina Sidonia.


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Pedro Roldán - Escultura del rey Fernando III de Castilla (1671). El rey santo es representado con la espada Lobera una mano y el orbe en la otra, símbolos tradicionales de su poder, Catedral de Sevilla.


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Gregorio Fernández - Cristo atado a la columna (c. 1623); Gregorio Fernández (1576-1636). Iglesia Penitencial de la Vera Cruz (Valladolid).


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Gregorio Fernández - Bautismo de Cristo, madera policromada, c.1630; escultura de Gregorio Fernández (1576-1636), policromía atribuida a Diego Valentín Díaz. Museo Nacional de Escultura, Valladolid.


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Juan Martínez Montañés - Retablo de La adoración de los pastores. (1609-1613). Monasterio Jerónimo de San Isidoro del Campo. Santiponce (Sevilla).


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Juan Martínez Montañés - Cristo de la Clemencia. 1603-1606. Catedral de Sevilla.


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Luisa Roldán (La Roldana) - Ecce Homo. Fue creado en el año 1684, para el Covento de los Carmelitas en Cádiz, esta fue su primera obra maestra documentada, hoy se encuentra en la catedral de Cádiz.


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Luisa Roldán (La Roldana) - San Ginés de la Jara, de La Roldana.


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Juan de Mesa - San Juan Bautista (1623). Museo de Bellas Artes de Sevilla.


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Juan de Mesa - San Nicolás de Tolentino. Museo Nacional de Escultura, Valladolid.


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Pedro de Mena - La Dolorosa, talla de madera policromada, conservada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.


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Pedro de Mena - Ecce Homo del Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, se ve cómo la policromía da carácter a la talla.


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Francisco Salzillo - Medallón de la Virgen de la leche, Museo de la Catedral de Murcia.


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Francisco Salzillo - La Oración del Huerto. Obra maestra de Salzillo (1754) perteneciente a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia.



Escultura barroca

Escultura barroca es la denominación historiográfica de las producciones escultóricas de la época barroca (de comienzos del siglo XVII a mediados del siglo XVIII).


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Estatua ecuestre de bronce de Felipe IV de España (1605–1665). Realizada por Pietro Tacca (1577–1640) entre 1634 y 1640. Es parte del monumento situado en la Plaza de Oriente de Madrid (España) e inaugurado en 1843.

Sus características generales son:

    - Naturalismo, es decir, representación de la naturaleza tal y como es, sin idealizarla.

    - Integración en la arquitectura, que proporciona intensidad dramática.

    - Esquemas compositivos libres del geometrismo y la proporción equilibrada propia de la escultura del Renacimiento pleno. La escultura barroca busca el movimiento; se proyecta dinámicamente hacia afuera con líneas de tensión complejas, especialmente la helicoidal o serpentinata, y multiplicidad de planos y puntos de vista. Esta inestabilidad se manifiesta en la inquietud de personajes y escenas, en la amplitud y ampulosidad de los ropajes, en el contraste de texturas y superficies, a veces en la inclusión de distintos materiales, todo lo cual que produce fuertes efectos lumínicos y visuales.

    - Representación del desnudo en su estado puro, como una acción congelada, conseguido mediante una composición asimétrica, donde predominan las diagonales y serpentinatas, las poses sesgadas y oblicuas, el escorzo y los contornos difusos e intermitentes, que dirigen la obra hacia el espectador con gran expresividad.

    - A pesar de la identificación del Barroco con un "arte de la Contrarreforma", adecuado al sentimiemto de la devoción popular, la escultura barroca, incluso en los países católicos, tuvo una gran pluralidad de temas (religiosos, funerarios, mitológicos, retratos, etc.)

    - La manifestación principal es la estatuaria, utilizada para la ornamentación de espacios interiores y exteriores de los edificios, así como de los espacios abiertos, tanto privados (jardines) como públicos (plazas). Las fuentes son un tipo escultórico particularmente adecuado al estilo barroco. Particularmente en España, tuvieron un extraordinario desarrollo la imaginería y los retablos.


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Piedad, de Gregorio Fernández, 1616. Escultura en madera policromada de un Paso de Semana Santa, actualmente en el Museo Nacional de Escultura, en Valladolid.


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La Caída, de Salzillo, 1752, Museo Salzillo en Murcia.

En España también se manifestó en imágenes religiosas talladas en madera, en la llamada imaginería con la que se esperaba despertar la fe del pueblo. Algunos ejemplos de los maestros más detacados ya los hemos representado más arriba.


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Pestsaüle ("columna de la peste")1 conmemorativa de la Gran peste de Viena de 1679, Matthias Rauchmüller.

Más info en la Wikipedia sobre la escultura barroca



El Barroco

El Barroco fue un período de la historia en la cultura occidental originado por una nueva forma de concebir las artes visuales (el «estilo barroco») y que, partiendo desde diferentes contextos histórico-culturales, produjo obras en numerosos campos artísticos: literatura, arquitectura, escultura, pintura, música, ópera, danza, teatro, etc. Se manifestó principalmente en la Europa occidental, aunque debido al colonialismo también se dio en numerosas colonias de las potencias europeas, principalmente en Latinoamérica. Cronológicamente, abarcó todo el siglo XVII y principios del XVIII, con mayor o menor prolongación en el tiempo dependiendo de cada país. Se suele situar entre el Manierismo y el Rococó, en una época caracterizada por fuertes disputas religiosas entre países católicos y protestantes, así como marcadas diferencias políticas entre los Estados absolutistas y los parlamentarios, donde una incipiente burguesía empezaba a poner los cimientos del capitalismo.


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Vieja espulgando a un niño (1670-1675), de Bartolomé Esteban Murillo, Alte Pinakothek, Múnich. La grave crisis económica a todo lo largo del siglo XVII afectó especialmente a las clases más bajas.

Como estilo artístico, el Barroco surgió a principios del siglo XVII (según otros autores a finales del XVI) en Italia —período también conocido en este país como Seicento—, desde donde se extendió hacia la mayor parte de Europa. Durante mucho tiempo (siglos XVIII y XIX) el término «barroco» tuvo un sentido peyorativo, con el significado de recargado, engañoso, caprichoso, hasta que fue posteriormente revalorizado a finales del siglo XIX por Jacob Burckhardt y, en el XX, por Benedetto Croce y Eugeni d'Ors. Algunos historiadores dividen el Barroco en tres períodos: «primitivo» (1580-1630), «maduro» o «pleno» (1630-1680) y «tardío» (1680-1750).

Aunque se suele entender como un período artístico específico, estéticamente el término «barroco» también indica cualquier estilo artístico contrapuesto al clasicismo, concepto introducido por Heinrich Wölfflin en 1915. Así pues, el término «barroco» se puede emplear tanto como sustantivo como adjetivo. Según este planteamiento, cualquier estilo artístico atraviesa por tres fases: arcaica, clásica y barroca. Ejemplos de fases barrocas serían el arte helenístico, el arte gótico, el romanticismo o el modernismo.

El arte se volvió más refinado y ornamentado, con pervivencia de un cierto racionalismo clasicista pero adoptando formas más dinámicas y efectistas y un gusto por lo sorprendente y anecdótico, por las ilusiones ópticas y los golpes de efecto. Se observa una preponderancia de la representación realista: en una época de penuria económica, el hombre se enfrenta de forma más cruda a la realidad. Por otro lado, a menudo esta cruda realidad se somete a la mentalidad de una época turbada y desengañada, lo que se manifiesta en una cierta distorsión de las formas, en efectos forzados y violentos, fuertes contrastes de luces y sombras y cierta tendencia al desequilibrio y la exageración...


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Sesión del Concilio de Trento, anónimo veneciano, Museo del Louvre.

Cabe destacar que el Barroco es un concepto heterogéneo que no presentó una unidad estilística ni geográfica ni cronológicamente, sino que en su seno se encuentran diversas tendencias estilísticas, principalmente en el terreno de la pintura. Las principales serían: naturalismo, estilo basado en la observación de la naturaleza pero sometida a ciertas directrices establecidas por el artista, basadas en criterios morales y estéticos o, simplemente, derivados de la libre interpretación del artista a la hora de concebir su obra; realismo, tendencia surgida de la estricta imitación de la naturaleza, ni interpretada ni edulcorada, sino representada minuciosamente hasta en sus más pequeños detalles; clasicismo, corriente centrada en la idealización y perfección de la naturaleza, evocadora de elevados sentimientos y profundas reflexiones, con la aspiración de reflejar la belleza en toda su plenitud.


Estilos:


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Naturalismo: La vocación de San Mateo (1601), de Caravaggio, Iglesia de San Luis de los Franceses (Roma).


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Realismo: Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (1632), de Rembrandt, Mauritshuis, La Haya.


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Clasicismo: Et in Arcadia ego (1638), de Nicolas Poussin, Museo del Louvre, París.

El Barroco fue un estilo heredero del escepticismo manierista, que se vio reflejado en un sentimiento de fatalidad y dramatismo entre los autores de la época. El arte se volvió más artificial, más recargado, decorativo, ornamentado. Destacó el uso ilusionista de los efectos ópticos; la belleza buscó nuevas vías de expresión y cobró relevancia lo asombroso y los efectos sorprendentes. Surgieron nuevos conceptos estéticos como los de «ingenio», «perspicacia» o «agudeza». En la conducta personal se destacaba sobre todo el aspecto exterior, de forma que reflejara una actitud altiva, elegante, refinada y exagerada que cobró el nombre de préciosité...


Por último, cabe señalar que en el Barroco surgieron o se desarrollaron nuevos géneros pictóricos. Si hasta entonces había preponderado en el arte la representación de temas históricos, mitológicos o religiosos, los profundos cambios sociales vividos en el siglo XVII propiciaron el interés por nuevos temas, especialmente en los países protestantes, cuya severa moralidad impedía la representación de imágenes religiosas por considerarlas idolatría. Por otro lado, el auge de la burguesía, que para remarcar su estatus invirtió de forma decidida en el arte, trajo consigo la representación de nuevos temas alejados de las grandilocuentes escenas preferidas por la aristocracia. Entre los géneros desarrollados profusamente en el Barroco destacan: la pintura de género, que toma sus modelos de la realidad circundante, de la vida diaria, de temas campesinos o urbanos, de pobres y mendigos, comerciantes y artesanos, o de fiestas y ambientes folklóricos; el paisaje, que eleva a categoría independiente la representación de la naturaleza, que hasta entonces solo servía de telón de fondo de las escenas con personajes históricos o religiosos; el retrato, que centra su representación en la figura humana, generalmente con un componente realista aunque a veces no exento de idealización; el bodegón o naturaleza muerta, que consiste en la representación de objetos inanimados, ya sean piezas de ajuar doméstico, flores, frutas u otros alimentos, muebles, instrumentos musicales, etc.; y la vanitas, un tipo de bodegón que alude a lo efímero de la existencia humana, simbolizado generalmente por la presencia de calaveras o esqueletos, o bien velas o relojes de arena.


Géneros:


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Pintura de género: Vieja friendo huevos (1618), de Diego Velázquez, National Gallery of Scotland, Edimburgo.


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Paisaje: Puerto con el embarque de la Reina de Saba (1648), de Claude Lorrain, National Gallery de Londres.


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Retrato: Sir Endymion Porter y Anton van Dyck (1635), de Anton van Dyck, Museo del Prado, Madrid.


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Bodegón: Bodegón de caza, hortalizas y frutas (1602), de Juan Sánchez Cotán, Museo del Prado, Madrid.


El Barroco fue una cultura de la imagen, donde todas las artes confluyeron para crear una obra de arte total, con una estética teatral, escenográfica, una mise en scène que pone de manifiesto el esplendor del poder dominante (Iglesia o Estado), con ciertos toques naturalistas pero en un conjunto que expresa dinamismo y vitalidad. La interacción de todas las artes expresa la utilización del lenguaje visual como un medio de comunicación de masas, plasmado en una concepción dinámica de la naturaleza y el espacio envolvente.


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Retrato de Luis XIV (1701), de Hyacinthe Rigaud, Museo del Louvre, París. El rey francés encarna el prototipo de la monarquía absolutista, ideología que junto a la Iglesia contrarreformista utilizó más el arte como medio propagandístico.

Una de la principales características del arte barroco es su carácter ilusorio y artificioso: «el ingenio y el diseño son el arte mágico a través del cual se llega a engañar a la vista hasta asombrar» (Gian Lorenzo Bernini). Se valoraba especialmente lo visual y efímero, por lo que cobraron auge el teatro y los diversos géneros de artes escénicas y espectáculos: danza, pantomima, drama musical (oratorio y melodrama), espectáculos de marionetas, acrobáticos, circenses, etc. Existía el sentimiento de que el mundo es un teatro (theatrum mundi) y la vida una función teatral: «todo el mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres meros actores» (Como gustéis, William Shakespeare, 1599).23 De igual manera se tendía a teatralizar las demás artes, especialmente la arquitectura. Es un arte que se basa en la inversión de la realidad: en la «simulación», en convertir lo falso en verdadero, y en la «disimulación», pasar lo verdadero por falso. No se muestran las cosas como son, sino como se querría que fuesen, especialmente en el mundo católico, donde la Contrarreforma tuvo un éxito exiguo, ya que media Europa se pasó al protestantismo. En literatura se manifestó dando rienda suelta al artificio retórico, como un medio de expresión propagandístico en que la suntuosidad del lenguaje pretendía reflejar la realidad de forma edulcorada, recurriendo a figuras retóricas como la metáfora, la paradoja, la hipérbole, la antítesis, el hipérbaton, la elipsis, etc...



Arquitectura barroca

La arquitectura barroca asumió unas formas más dinámicas, con una exuberante decoración y un sentido escenográfico de las formas y los volúmenes. Cobró relevancia la modulación del espacio, con preferencia por las curvas cóncavas y convexas, poniendo especial atención en los juegos ópticos (trompe-l'œil) y el punto de vista del espectador. También cobró una gran importancia el urbanismo, debido a los monumentales programas desarrollados por reyes y papas, con un concepto integrador de la arquitectura y el paisaje que buscaba la recreación de un continuum espacial, de la expansión de las formas hacia el infinito, como expresión de unos elevados ideales, sean políticos o religiosos.


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Uno de los primeros representantes del barroco italiano fue Carlo Maderno, autor de la fachada de San Pedro del Vaticano (1607-1612).

En Italia. Al igual que en la época anterior, el motor del nuevo estilo volvió a ser Italia, gracias principalmente a la comitencia de la Iglesia y a los grandes programas arquitectónicos y urbanísticos desarrollados por la sede pontificia, deseosa de mostrar al mundo su victoria contra la Reforma. La principal modalidad constructiva de la arquitectura barroca italiana fue la iglesia, que se convirtió en el máximo exponente de la propaganda contrarreformista. Las iglesias barrocas italianas se caracterizan por la abundancia de formas dinámicas, con predominio de las curvas cóncavas y convexas, con fachadas ricamente decoradas y repletas de esculturas, así como gran número de columnas, que a menudo se desprenden del muro, y con interiores donde predominan igualmente la forma curva y una profusa decoración. Entre sus diversas planimetrías destacó —especialmente entre finales del siglo XVI y principios del XVII— el diseño en dos cuerpos, con dos frontones concéntricos (curvo el exterior y triangular el interior), siguiendo el modelo de la fachada de la Iglesia del Gesù de Giacomo della Porta (1572).


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Fachada de Il Gesù, considerada la primera iglesia con elementos del Barroco.

Uno de sus primeros representantes fue Carlo Maderno, autor de la fachada de San Pedro del Vaticano (1607-1612) —al que además modificó la planta, pasando de la de cruz griega proyectada por Bramante a una de cruz latina—, y la Iglesia de Santa Susana (1597-1603).


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Baldaquino de San Pedro (1624-1633), obra de Gian Lorenzo Bernini. Vista del baldaquino y el altar papal desde la entrada a la cripta de la tumba de san Pedro. Bernini es el máximo exponente del barroco italiano, fue pintor, escultor y arquitecto.


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Columnata de la Plaza de San Pedro (1656-1667), obra de Gian Lorenzo Bernini. Bernini es el máximo exponente del barroco italiano, fue pintor, escultor y arquitecto e influyó en muchos artistas de la época.

Pero uno de los mayores impulsores del nuevo estilo fue el arquitecto y escultor Gian Lorenzo Bernini, el principal artífice de la Roma monumental que conocemos hoy día: baldaquino de San Pedro (1624-1633) —donde aparece la columna salomónica, posteriormente uno de los signos distintivos del Barroco—, columnata de la Plaza de San Pedro (1656-1667), San Andrés del Quirinal (1658-1670), Palacio Chigi-Odescalchi (1664-1667). El otro gran nombre de la época es Francesco Borromini, arquitecto de gran inventiva que subvirtió todas las normas de la arquitectura clásica —a las que pese a todo aún se aferraba Bernini—, a través del uso de superficies alabeadas, bóvedas nervadas y arcos mixtilíneos, creando una arquitectura de carácter casi escultórico.34 Fue autor de las iglesias de San Carlo alle Quattre Fontane (1634-1640), Sant'Ivo alla Sapienza (1642-1650) y Sant'Agnese in Agone (1653-1661). El tercer arquitecto de renombre activo en Roma fue Pietro da Cortona, que también era pintor, circunstancia quizá por la cual creó volúmenes de gran plasticidad, con grandes contrastes de luz y sombra (Santa Maria della Pace, 1656-1657; Santi Luca e Martina, 1635-1650). Fuera de Roma cabe destacar la figura de Baldassare Longhena en Venecia, autor de la Iglesia de Santa Maria della Salute (1631-1650); y Guarino Guarini y Filippo Juvara en Turín, autor de la Capilla del Santo Sudario (1667-1690) el primero, y de la Basílica de Superga (1717-1731) el segundo.


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Palacio de Versalles, de Louis Le Vau y Jules Hardouin-Mansart (1669-1685).

En Francia, bajo los reinados de Luis XIII y Luis XIV, se iniciaron una serie de construcciones de gran fastuosidad, que pretendían mostrar la grandeza del monarca y el carácter sublime y divino de la monarquía absolutista. Aunque en la arquitectura francesa se percibe cierta influencia de la italiana, esta fue reinterpretada de una forma más sobria y equilibrada, más fiel al clasicismo renacentista, por lo que el arte francés de la época se suele denominar como clasicismo francés.

Las primeras realizaciones de relevancia corrieron a cargo de Jacques Lemercier (Iglesia de la Sorbona, 1635) y François Mansart (Palacio de Maisons-Lafitte, 1624-1626; Iglesia de Val-de-Grâce, 1645-1667). Posteriormente, los grandes programas áulicos se centraron en la nueva fachada del Palacio del Louvre, de Louis Le Vau y Claude Perrault (1667-1670) y, especialmente, en el Palacio de Versalles, de Le Vau y Jules Hardouin-Mansart (1669-1685). De este último arquitecto conviene también destacar la Iglesia de San Luis de los Inválidos (1678-1691), así como el trazado de la Plaza Vendôme de París (1685-1708).


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Plaza Mayor de Salamanca (1728-1735), de Alberto Churriguera.

En España, la arquitectura de la primera mitad del siglo XVII acusó la herencia herreriana, con una austeridad y simplicidad geométrica de influencia escurialense. Lo barroco se fue introduciendo paulatinamente sobre todo en la recargada decoración interior de iglesias y palacios, donde los retablos fueron evolucionando hacia cotas de cada vez más elevada magnificencia. En este período fue Juan Gómez de Mora la figura más destacada,38 siendo autor de la Clerecía de Salamanca (1617), el Ayuntamiento (1644-1702) y la Plaza Mayor de Madrid (1617-1619). Otros autores de la época fueron: Alonso Carbonel, autor del Palacio del Buen Retiro (1630-1640); Pedro Sánchez y Francisco Bautista, autores de la Colegiata de San Isidro de Madrid (1620-1664).

Hacia mediados de siglo fueron ganando terreno las formas más ricas y los volúmenes más libres y dinámicos, con decoraciones naturalistas (guirnaldas, cartelas vegetales) o de formas abstractas (molduras y baquetones recortados, generalmente de forma mixtilínea). En esta época conviene recordar los nombres de Pedro de la Torre, José de Villarreal, José del Olmo, Sebastián Herrera Barnuevo y, especialmente, Alonso Cano, autor de la fachada de la Catedral de Granada (1667).


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Fachada de la Catedral de Granada (1667). Estilo barroco, obra de Alonso Cano.

Entre finales de siglo y comienzos del XVIII se dio el estilo churrigueresco (por los hermanos Churriguera), caracterizado por su exuberante decorativismo y el uso de columnas salomónicas: José Benito Churriguera fue autor del Retablo Mayor de San Esteban de Salamanca (1692) y la fachada del palacio-iglesia de Nuevo Baztán en Madrid (1709-1722); Alberto Churriguera proyectó la Plaza Mayor de Salamanca (1728-1735); y Joaquín Churriguera fue autor del Colegio de Calatrava (1717) y el claustro de San Bartolomé (1715) en Salamanca, de influencia plateresca.


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Jaime Bort, autor de la fachada de la Catedral de Murcia (1736-1753). Imafronte de la Catedral de Murcia con la Torre al fondo. Obra maestra del barroco.

Otras figuras de la época fueron: Teodoro Ardemans, autor de la fachada del Ayuntamiento de Madrid y el primer proyecto para el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso (1718-1726); Pedro de Ribera, autor del Puente de Toledo (1718-1732), el Cuartel del Conde-Duque (1717) y la fachada de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat de Madrid (1720); Narciso Tomé, autor del Transparente de la Catedral de Toledo (1721-1734); el alemán Konrad Rudolf, autor de la fachada de la Catedral de Valencia (1703); Jaime Bort, artífice de la fachada de la Catedral de Murcia (1736-1753); Vicente Acero, que proyectó la Catedral de Cádiz (1722-1762); y Fernando de Casas Novoa, autor de la fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela (1739-1750).


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Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela (1739-1750). Estilo baroco, obra de Fernando de Casas Novoa.


Otros países europeos


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Andreas Schlüter, autor del Palacio Real de Berlín (1698-1706)

En Alemania, hasta mediados de siglo no se iniciaron construcciones de relevancia, debido a la Guerra de los Treinta Años, y aún entonces las principales obras fueron encargadas a arquitectos italianos. Sin embargo, a finales de siglo hubo una eclosión de arquitectos alemanes de gran valía, que hicieron obras cuyas innovadoras soluciones apuntaban ya al Rococó: Andreas Schlüter, autor del Palacio Real de Berlín (1698-1706), de influencia versallesca; Matthäus Daniel Pöppelmann, autor del Palacio Zwinger de Dresde (1711-1722); y Georg Bähr, autor de la Iglesia de Frauenkirche de Dresde (1722-1738).


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Johann Lukas von Hildebrandt, autor del Palacio Belvedere de Viena (1713-1723)

En Austria destacaron Johann Bernhard Fischer von Erlach, autor de la Iglesia de San Carlos Borromeo en Viena (1715-1725); Johann Lukas von Hildebrandt, autor del Palacio Belvedere de Viena (1713-1723); y Jakob Prandtauer, artífice de la Abadía de Melk (1702-1738).


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Iglesia de San Carlos Borromeo (Viena) (1715-1725), de Johann Bernhard Fischer von Erlach.


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Abadía de Melk o Stift Melk es una abadía benedictina sita en Melk, Austria, uno de los monasterios cristianos más famosos del mundo. Domina el Danubio desde lo alto de un acantilado rocoso, próximo al valle de Wachau. La Abadía de Melk consiguió su impresionante aspecto barroco actual entre 1702 y 1736, tras la reforma dirigida por el arquitecto Jakob Prandtauer.


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Colegiata-Abadía de San Galo (1721-1770). Autores: Kaspar Moosbrugger, Michael Beer y Peter Thumb.

En Suiza cabe nombrar la Abadía de Einsiedeln (1691-1735), de Kaspar Moosbrugger; la iglesia de los jesuitas de Solothurn (1680), de Heinrich Mayer; y la Colegiata de Sankt Gallen (1721-1770), de Kaspar Moosbrugger, Michael Beer y Peter Thumb.


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Catedral de San Pablo, es una catedral anglicana de Londres, en Inglaterra, que pertenece a la denominada iglesia de Inglaterra, siendo la sede de la diócesis y del obispo de Londres. Fue construida entre 1676 y 1710.

En Inglaterra pervivió durante buena parte del siglo XVII un clasicismo renacentista de influencia palladiana, cuyo máximo representante fue Inigo Jones. Posteriormente se fueron introduciendo las nuevas formas del continente, aunque reinterpretadas nuevamente con un sentido de mesura y contención pervivientes de la tradición palladiana. En ese sentido la obra maestra del período fue la Catedral de San Pablo de Londres (1675-1711), de Christopher Wren. Otras obras de relevancia serían el Castillo de Howard (1699-1712) y el Palacio de Blenheim (1705-1725), ambos de John Vanbrugh y Nicholas Hawksmoor.


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Saint-Jean-Baptiste de Bruselas (1657-1677) Atribuido al arquitecto flamenco Lucas Faydherbe.

En Flandes, las formas barrocas, presentes en un desbordado decorativismo, convivieron con antiguas estructuras góticas, órdenes clásicos y decoración manierista: cabe destacar las iglesias de Saint-Loup de Namur (1621), Sint-Michiel de Lovaina (1650-1666), Saint-Jean-Baptiste de Bruselas (1657-1677) y Sint-Pieter de Malinas (1670-1709). En los Países Bajos, el calvinismo determinó una arquitectura más simple y austera, de líneas clásicas, con preponderancia de la arquitectura civil: Bolsa de Ámsterdam (1608), de Hendrik de Keyser; Palacio Mauritshuis de La Haya (1633-1644), de Jacob van Campen; Ayuntamiento de Ámsterdam (1648, actual Palacio Real), de Jacob van Campen.


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Ayuntamiento de Ámsterdam (1648, actual Palacio Real)


En los países nórdicos, el protestantismo propició igualmente una arquitectura sobria y de corte clásico, con modelos importados de otros países, y características propias tan solo perceptibles en la utilización de diversos materiales, como los muros combinados de ladrillo y piedra de cantería, o los techos de cobre.


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Bolsa de Copenhague (1619-1674), obra de de Hans van Steenwinkel el Joven.

En Dinamarca destacan el edificio de la Bolsa de Copenhague (1619-1674), de Hans van Steenwinkel el Joven; y la iglesia de Federico V (1754-1894), de Nicolai Eigtved.


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Palacio Real de Estocolmo (1697-1728), obra de Nicodemus Tessin el Joven.

En Suecia cabe destacar el Palacio de Drottningholm (1662-1685) y la iglesia de Riddarholm (1671), de Nicodemus Tessin el Viejo, y el Palacio Real de Estocolmo (1697-1728), de Nicodemus Tessin el Joven.


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Santuario de Bom Jesus do Monte, en Braga (1784-1811), obra de de Manuel Pinto Vilalobos.

En Portugal, hasta mediados de siglo —con la independencia de España— no se inició una actividad constructora de envergadura, favorecida por el descubrimiento de minas de oro y diamantes en Minas Gerais (Brasil), que llevó al rey Juan V a querer emular las cortes de Versalles y el Vaticano.


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Palacio Real de Queluz (1747), obra de Mateus Vicente.

Entre las principales construcciones destacan: el Monasterio de Zafra (1717-1740), de Johann Friedrich Ludwig; el Palacio Real de Queluz (1747), de Mateus Vicente; y el Santuario de Bom Jesus do Monte, en Braga (1784-1811), de Manuel Pinto Vilalobos.


En Europa oriental


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Palacio Czernin de Praga (1668-1677), obra de Francesco Caratti

En Praga (República Checa) fue una de las ciudades con un mayor programa constructivo, favorecido por la aristocracia checa: Palacio Czernin (1668-1677), de Francesco Caratti; Palacio Arzobispal (1675-1679), de Jean-Baptiste Mathey; Iglesia de San Nicolás (1703-1717), de Christoph Dietzenhofer; Santuario de la Virgen de Loreto (1721), de Christoph y Kilian Ignaz Dietzenhofer.


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Palacio de Wilanów (1692, Polonia), obra de Agostino Locci y Andreas Schlüter.

En Polonia destacan la Catedral de San Juan Bautista de Breslavia (1716-1724), de Fischer von Erlach; el Palacio Krasiński (1677-1682), de Tylman van Gameren; y el Palacio de Wilanów (1692), de Agostino Locci y Andreas Schlüter.


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Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo (1703-1733), obra del arquitecto italiano Domenico Trezzini.

En Rusia, donde el zar Pedro I el Grande llevó a cabo un proceso de occidentalización del estado, se recibió la influencia del barroco noreuropeo, cuyo principal exponente fue la Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo (1703-1733), obra del arquitecto italiano Domenico Trezzini.48 Más tarde, Francesco Bartolomeo Rastrelli fue el exponente de un barroco tardío de infuencia francoitaliana, que ya apuntaba al Rococó: Palacio de Peterhof, llamado «el Versalles ruso» (1714-1764, iniciado por Le Blond); Palacio de Invierno en San Petersburgo (1754-1762); y Palacio de Catalina en Tsárskoye Seló (1752-1756).


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Recontrucción del Monasterio de las Cuevas de Kiev.

En Ucrania, el Barroco se distingue del occidental por medio de una ornamentación más moderada y unas formas más simples: Monasterio de las Cuevas de Kiev, Monasterio de San Miguel de Vydubichi en Kiev.


 117mezquita_de_los_tulipanes_1760_1763_obra_de_mehmet_tahir_a_a

Mezquita de los Tulipanes en Estambul (1760-1763), obra de Mehmet Tahir Ağa.

En el Imperio Otomano (Turquia) el arte occidental influyó durante el siglo XVIII a las tradicionales formas islámicas, como se denota en la Mezquita de los Tulipanes (1760-1763), obra de Mehmet Tahir Ağa. Otro exponente fue la Mezquita Nuruosmaniye (1748-1755), obra del arquitecto griego Simon el Rum y patrocinada por el sultán Mahmud I, el cual mandó traer planos de iglesias europeas para su construcción.


Arquitectura colonial


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Fachada del Sagrario de la Catedral de México, obra de de Lorenzo Rodríguez.

La arquitectura barroca colonial se caracteriza por una profusa decoración (Portada de La Profesa, México; fachadas revestidas de azulejos del estilo de Puebla, como en San Francisco Acatepec en San Andrés Cholula y San Francisco de Puebla), que resultará exacerbada en el llamado «ultrabarroco» (Fachada del Sagrario de la Catedral de México, de Lorenzo Rodríguez; Iglesia de Tepotzotlán; Templo de Santa Prisca de Taxco).


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Iglesia de la Compañía de Jesús (1535~1630), Quito, Ecuador.

En Perú, las construcciones desarrolladas en Lima y Cuzco desde 1650 muestran unas características originales que se adelantan incluso al Barroco europeo, como en el uso de muros almohadillados y de columnas salomónicas (Iglesia de la Compañía, Cuzco; San Francisco, Lima).


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Santuario del Señor de Esquipulas en Guatemala.

En otros países destacan: la Catedral Metropolitana de Sucre en Bolivia; el Santuario del Señor de Esquipulas en Guatemala; la Catedral de Tegucigalpa en Honduras; la Catedral de León en Nicaragua; la Iglesia de la Compañía en Quito, Ecuador; la Iglesia de San Ignacio en Bogotá, Colombia; la Catedral de Caracas en Venezuela; la Audiencia de Buenos Aires en Argentina; la Iglesia de Santo Domingo en Santiago de Chile; y la Catedral de La Habana en Cuba. También conviene recordar la calidad de las iglesias de las misiones jesuitas en Paraguay y de las misiones franciscanas en California.


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Iglesia de San Pedro dos Clérigos en Recife, Brasil (1728)

En Brasil, al igual que en la metrópoli, Portugal, la arquitectura tiene una cierta influencia italiana, generalmente de tipo borrominesco, como se percibe en las iglesias de San Pedro dos Clérigos en Recife (1728) y Nuestra Señora de la Gloria en Outeiro (1733). En la región de Minas Gerais destacó la labor de Aleijadinho, autor de un conjunto de iglesias que destacan por su planimetría curva, fachadas con efectos dinámicos cóncavo-convexos y un tratamiento plástico de todos los elementos arquitectónicos (São Francisco de Assis en Ouro Preto, 1765-1775).

En las colonias portuguesas de la India (Goa, Damao y Diu) floreció un estilo arquitectónico de formas barrocas mezcladas con elementos hindúes, como la Catedral de Goa (1562-1619) y la Basílica del Buen Jesús de Goa (1594-1605), que alberga la tumba de San Francisco Javier. El conjunto de iglesias y conventos de Goa fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1986.


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Vista de la Iglesia de San Agustín de Paoay. Filipinas.

En Filipinas destacan las iglesias barrocas de Filipinas (designadas como Patrimonio de la Humanidad en 1993), con un estilo que es una reinterpretación de la arquitectura barroca europea por los chinos y los artesanos filipinos: Iglesia de San Agustín (Manila), Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (Santa María, Ilocos Sur), Iglesia de San Agustín (Paoay, Ilocos Norte) e Iglesia de Santo Tomás de Villanueva (Ming-ao, Iloílo).


Jardinería

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Palacio Real y jardines de la Granja de San Ildefonso. Segovia.

Durante el Barroco la jardinería estuvo muy vinculada a la arquitectura, con diseños racionales donde cobró preferencia el gusto por la forma geométrica. Su paradigma fue el jardín francés, caracterizado por mayores zonas de césped y un nuevo detalle ornamental, el parterre, como en los Jardines de Versalles, diseñados por André Le Nôtre. El gusto barroco por la teatralidad y la artificiosidad conllevó la construcción de diversos elementos accesorios al jardín, como islas y grutas artificiales, teatros al aire libre, ménageries de animales exóticos, pérgolas, arcos triunfales, etc. Surgió la orangerie, una construcción de grandes ventanales destinada a proteger en invierno naranjos y otras plantas de origen meridional. El modelo de Versalles fue copiado por las grandes cortes monárquicas europeas, con exponentes como los jardines de Schönbrunn (Viena), Charlottenburg (Berlín), La Granja (Segovia) y Petrodvorets (San Petersburgo).


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Palacio y jardines de Peterhof. Peterhof es una ciudad dentro del distrito Petrodvortsovy de la ciudad federal de San Petersburgo (Rusia) en la orilla meridional del golfo de Finlandia. Personalmente los conozco y son una maravilla.




Páginas interesantes


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Aparición de San Pedro Apóstol a San Pedro Nolasco. Autor: Francisco de Zurbarán. 1629. Óleo sobre lienzo, 179 x 223 cm. Museo del Prado

El término barroco ha sido utilizado en dos sentidos. En sentido restringido para hacer referencia al arte nacido en Italia a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, y que durante todo este siglo se propagaría a toda Europa; y en sentido amplio, para designar y caracterizar todos los aspectos pertenecientes a la civilización y a la cultura europea de la primera mitad del siglo XVII (la ciencia, la política, la sensibilidad, la religiosidad, etc.). Nos interesa ahora desarrollar el sentido más preciso del término, aquel que se refiere al arte... Leer más en Artehistoria


Enlace de la Wikipedia dedicada al barroco

Enlace de la Wikipedia dedicada a la arquitectura barroca



Pues esto es todo amigos, espero que esta recopilación de información e imágenes vía Internet, nos sirvan a todas para recordar conceptos y situar a tantos grandes artistas de una época grandiosa para las artes en Europa.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia, museodelprado.es, pintura.aut.org, artehistoria.com, spanisharts.com, domuspucelae.blogspot.com, www.emprendewiki.com, flickr.com, panoramio.com y otras de Internet.
 




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Cultura analiza en una obra todos los aspectos del Barroco  


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Finis Gloriae Mundi de Valdés Leal.

"Tenemos una visión muy parcial del Barroco que, sobre todo en Sevilla, se limita a la Semana Santa; pero lo Barroco forma parte de nuestra propia cultura mediterránea y también de nuestro carácter", comentaba ayer en Sevilla Alfredo Morales, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla y coordinador científico del Congreso Internacional de Andalucía Barroca, que se celebró en septiembre de 2007 en Antequera (Málaga). Tras la cita, a la que acudieron 121 historiadores de 31 instituciones, la Consejería de Cultura ha editado las actas en forma de cuatro volúmenes y las ha puesto en el mercado.

"Es una publicación de gran calidad que reúne en sus más de 1.400 páginas, en las que se incluyen además 550 fotografías, los últimos estudios y conocimientos abordados en las distintas secciones del congreso", explicó Guadalupe Ruiz, directora General de Bienes Culturales.

Los especialistas analizan arte, literatura, música, fiesta y pensamiento en la cultura barroca. "Son cuatro secciones con visiones muy distintas. Se han analizado aportaciones a las que se les han prestado menos atención como el campo de la ornamentación en la arquitectura o el tema del coleccionismo y el trasfondo social y cultural de la pintura. Valdés Leal, Murillo o Velázquez no eran solo pintores; sino que fueron reflejo de la sociedad a la que pertenecieron", añade Morales.

Para el director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, Antonio Bonet Correa, la publicación es una "Suma barroca andaluza", afirma haciendo referencia a la famosa obra de Santo Tomás de Aquino Suma Teológica.

"La región más barroca de España es Andalucía. Es desde aquí desde dónde el Barroco alcanzó la mayor transcendencia universal y el mayor sentido creativo. La interpretación del Barroco que hace Andalucía es la que llega a América y a Filipinas", explica Bonet Correa.

"En el Barroco religioso todos los mecanismos de lo sensorial entraban en funcionamiento para condicionar el sentimientos de los fieles y atraerlos hacia los conceptos abstractos que son los dogmas de fe", asegura Morales.

La publicación, con un presupuesto de 117.000 euros, estará a la venta en la librería de la Empresa Pública de Gestión del Programa y costará 35 euros por volumen. El proyecto Andalucía Barroca, que se desarrolló entre 2004 y 2007, incluyó además restauraciones de edificios y bienes muebles y supuso una inversión de 27 millones de euros. (elpais)


gasolinero.es
 




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