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HOPPER, Edward
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Mensaje HOPPER, Edward 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Edward Hopper, es un pintor americano 'expresionista abstracto' caracterizado en pintar paisajes aislados y edificios urbanos. También recrea escenas interiores con gran realismo y perfeción.

El pintor estadounidense Edward Hopper fue uno de los principales representantes del realismo del siglo XX. A pesar de que durante gran parte de su vida su obra pictórica no recibió la atención de la crítica ni del público y se vio obligado a trabajar como ilustrador para subsistir, en la actualidad sus obras se han convertido en iconos de la vida y la sociedad moderna


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Edward Hopper. Estados Unidos. (1882-1967) Nació el 22 de julio de 1882 en Nyack, estado de Nueva York. Su obra marcó un hito en la historia del realismo americano pues logró plasmar en su arte esa sensibilidad particular del siglo XX en Estados Unidos, que se caracteriza por el aislamiento, la soledad y la melancolía.

A las pinturas de su primera época le siguen obras con una línea realista y muestran algunas de las características básicas que mantendría durante toda su carrera artística: composición basada en formas geométricas grandes y sencillas, áreas de color planas y utilización de elementos arquitectónicos para introducir en sus escenas fuertes líneas verticales, horizontales y diagonales.

En 1925 pintó La casa cercana a la estación, obra clave del arte estadounidense que marca la madurez de su estilo. El modo sólido y directo de marcar formas y ángulos sobre el lienzo y la utilización resuelta de luces y sombras se mantienen dentro de la línea de su obra anterior, pero el espíritu que marcaba el tema esencial de la obra era nuevo: expresaba una atmósfera de aislamiento total y de soledad casi sobrecogedora. En 1931 pintó Habitación de hotel, donde se entrecruzan varios de los motivos recurrentes en Hooper: el del hotel, el de la figura aislada en un interior y el del viajero.

En 1933 el Museo de Arte Moderno de Nueva York le consagró la primera retrospectiva, y el Whitney Museum la segunda, en 1950.

Hopper muere el 25 de enero de 1968 en su estudio neoyorquino, cerca de Washington Square.

De Hopper conozco varias obras que alberga el Museo Thyssen-Bornemisza, por lo que he leído este museo madrileño posee la mayor colección de obras del pintor fuera de las fronteras norteamericanas.

Espero que os guste esta pequeña retrospectiva dedicada a Edward Hopper, que he ralizado en la sección de arte del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.






Algunas obras


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New York Street Corner. 1913. Óleo sobre lienzo. 61 x 73,7 cm. Museo de Arte Moderno. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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La ciudad. 1927. Óleo sobre lienzo. 70 x 94 cm. University of Arizona Museum of Art. Tucson. Estados Unidos. Obra de Edward Hopper


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The Circle Theatre. 1936. Óleo sobre lienzo. 27 x 36 inches. Colección Privada. Obra de Edward Hopper


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Autovía de cuatro carriles. 1956. Óleo sobre lienzo. 69.8 x 105.4 cm. Colección particular. Obra de Edward Hopper


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Aldea americana. 1912. Óleo sobre lienzo. 66 x 96.5 cm. Collection of Whitney Museum of American Art. Nueva York. Estados Unidos. Obra de Edward Hopper


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Aprés midi de juin. 1907. Óleo sobre lienzo. 59,7 x72,4 cm. The Whitney Museum of American Art. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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Blackhead, Monhegan. 1916-1919. Óleo sobre tabla. 9 3/8 x 13 in. Whitney Museum of American Art. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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Blackhead, Monhegan. 1916-1919. Óleo sobre madera. 24.1 x 33 cm. Collection of Whitney Museum of American Art. Nueva York. Estados Unidos.Obra de Edward Hopper


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Cape Cod Afternoon. 1936. Óleo sobre lienzo. 34 x 50 inches. Museum of Art, Carnegie Institute. Pittsburgh. Pennsylvania. USA. Obra de Edward Hopper


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Casa junto a las vías del tren. 1925. Óleo sobre lienzo. 61 x 73.7 cm. Collection The Museum of Modern Art. Nueva York. Estados Unidos. Obra de Edward Hopper


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Coast Guard station, two light, Maine. Watercolor on paper. 35,2 x 50,5 cm. The Metropolitan Museum of Art. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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Colina del faro. 1927. Óleo sobre lienzo. 71.8 x 100.3 cm. Dallas Museum of Art. Dallas. Estados Unidos. Obra de Edward Hopper


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Dauphinee house. 1932. Óleo sobre lienzo. 86,4 x 127,6 cm. Courtesy ACA Galleries. New York and Gerald Pictures Gallery. Santa Fe. New Mexico. USA. Obra de Edward Hopper


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Dawn in Pennsylvania. 1942. Óleo sobre lienzo. 62,2 x 113 cm. Terra Museum of American Art. Chicago. USA. Obra de Edward Hopper


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El Palacio. 1946. Acuarela sobre papel. 52.7 x 72.7 cm. Collection of Whitney Museum of American Art. Nueva York. Estados Unidos. Obra de Edward Hopper


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Estación de guardacostas. 1927. Óleo sobre lienzo. 73.7 x 109.2 cm. Colección The Montclair Art Museum. Montclair. New Jersey. Estados Unidos. Obra de Edward Hopper


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House of the Fog Horn 1. 1927. Watercolor over pencil on paper. 35,8 x 50,6 cm. The Metropolitan Museum of Art. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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Le Pont des Arts. 1907. Óleo sobre lienzo. 58.6 x 71.3 cm. Collection of Whitney Museum of American Art. Nueva York. Estados Unidos. Obra de Edward Hopper


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Light at Two Lights. 1927. Acuarela sobre papel. 14 x 20 inches. Collection of Blount Inc. Montgomery. Alabama. USA. Obra de Edward Hopper


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Macomb's Dam Bridge. 1935. Óleo sobre lienzo. 88,9 x 152,8 cm. The Brooklyn Museum. Brooklyn. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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Prospect Street, Gloucester. 1928. Acuarela sobre papel. 14 x 20 inches. Colección Privada. Obra de Edward Hopper


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Rooms for Tourists. 1945. Óleo sobre lienzo. 76,8 x 107 cm. Yale University Art Gallery. New Haven. Conecticut. USA. Obra de Edward Hopper


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Saint Michael's College, Santa Fe. 1925. Watercolor on paper. 35,24 x 50,64 cm. The Whitney Museum of American Art. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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Soledad. 1944. Óleo sobre lienzo. 81.3 x 127 cm. Colección particular. Obra de Edward Hopper


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Squam Light.1912. Óleo sobre lienzo. Colección privada. Obra de Edward Hopper


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The Lighthouse at Two Lights. 1929. Óleo sobre lienzo. 47,9 x 109.8 cm. The Metropolitan Museum of Art. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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The Mansard Roof. 1923. Acuarela sobre papel. 13 3/4 x 19 inches. The Brooklyn Museum. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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Victorian House. Watercolor on paper. 25,24 x 50,48 cm. The Whitney Museum of American Art. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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Shakespeare at Dusk. 1935. Óleo sobre lienzo. Colección privada. Obra de Edward Hopper


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Rieles al atardecer. 1929. Óleo sobre lienzo. 71.8 x 121.3 cm. Collection of Whitney Museum of American Art. Nueva York. Estados Unidos. Obra de Edward Hopper


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Gas. 1940. Óleo sobre lienzo. 26 1/4 x 40 1/4 inches. Museo de Arte Moderno. New York. USA. Obra de Edward Hopper


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A woman in the Sun, 1961. Obra de Edward Hopper. Una mujer al sol es un poco más cerca de la naturaleza que la mujer de gran ciudad. De hecho, ha alcanzado el límite. Hopper ha puesto en una situación más allá del cual no puede ir. Ella ha dejado el sol tomar posesión de ella. Ella sostiene un cigarrillo, pero ha olvidado para encenderla. Se ha olvidado de ella. Es esta la luz del sol en los cuadros de Hopper que coloca las figuras tan tangible que tenemos ante nosotros, y que al mismo tiempo elimina a una distancia, les presta un aura de lo inefable. Representación de la tolva de la figura a la vez sugiere proximidad y demuestra la brecha insalvable entre vida y arte. Al darse cuenta de que existe esta brecha puede ser doloroso, pero libre de nosotros como espectadores de la función de voyeur y permitirnos asumir el papel del artista - de testigo silencioso. Por lo que no tenemos que bajar los ojos después de todo, es que las cifras observamos que hacer. Si ellos no están fascinados por la luz del sol inclinado, mantienen sus ojos abajo. Y es esta mirada baja que hace que las cifras de Hopper parece tan introspectivo, como si mirara en sí mismos. Persiguen sus propios pensamientos o sueños, que a veces los llevan lejos de aquí y ahora.


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Eleven AM, 1926. Obra de Edward Hopper


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Morning in a City, 1944. Obra de Edward Hopper


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Morning Sun (Sol de la mañana), 1952. Obra de Edward Hopper. Jo Nivison rondaba los 60 años cuando fue retratada por su marido. Los ojos parecen cuencas vacías. El brazo izquierdo, que sí aparecía en los bocetos preparatorios, fue eliminado. Columbus Museum of Art, Ohio.



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Nighthawks (halcones de la noche'. Obra de Edward Hopper. 1942. Óleo sobre lienzo, 84 x 152. Instituto de Arte de Chicago. EE. UU.

Sin duda Edward hopper (1882-1967) es uno de los pintores del realismo americano más conocidos. Nihgthawks, que traducido al castellano significa “los halcones de la noche”, es una de sus obras más conocidas.

El cuadro representa a tres personas en un diner, restaurante típicamente americano, y que está inspirado en uno que había en el Greenwich Village de Manhattan, barrio en el que transcurrió la infancia del pintor.

La calle está vacía, al igual que el escaparate de al fondo a la izquierda. La luz de los fluorescentes del restaurante ilumina la calle, invitando a entrar a todas las personas que transiten por ese espacio urbano vacío y misterioso.

Aunque el artista no representara ningún acceso al restaurante, en su interior encontramos a tres personas, además del camarero que está atendiendo sus obligaciones.

Los dos personajes masculinos visten traje chaqueta y permanecen con sus sombreros puestos, a pesar de estar en el interior de un local cerrado. La postura del hombre solitario, de espaldas al espectador, refleja un ensimismamiento y sentimiento de pesadumbre vital sin necesidad de verle rostro.

La pareja, situada al otro lado de la barra, permanece pensativa y con la mirada perdida más allá de la escena. El hombre fuma un cigarro y toca levemente la mano de su compañera, único signo de acercamiento entre ellos.

Se trata de una típica visión de la vida urbana en la que predominan la sensación de soledad y de vacío, temas recurrentes en la obra de Hopper.

Para conseguir este efecto se sirve de una composición muy estudiada, una combinación de colores y luces, fríos y cálidos, y sobre todo sintetizando al máximo los detalles de la escena.

Sorprende la maestría del pintor, quién con tan pocos elementos visuales fue capaz de crear uno de los mejores alegatos hechos en la pintura moderna sobre el tema de la soledad del hombre contemporáneo.



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Muchacha cosiendo a máquina. Obra de Edward Hopper, c. 1921. Óleo sobre lienzo, 48,3 x 46 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Edward Hopper fue uno de los pintores que más contribuyó a la consolidación del realismo en Norteamérica. No obstante, hay que precisar que se trata de un realismo marcado por su sello personal. Si bien Hopper deseaba alcanzar una gran objetividad, su emotivo sentimiento y la fuerte simplicidad de sus imágenes reflejan de forma simultánea una actitud crítica. Lloyd Goodrich resumía la posición del pintor: «En lugar de la subjetividad, una nueva objetividad; en lugar de la abstracción, una reafirmación de la representación y de los contenidos específicos; en lugar del internacionalismo, un arte basado en lo americano».

Tras haber trabajado unos años como ilustrador de revistas y haber viajado a París en varias ocasiones, cuando en 1921 pinta Muchacha cosiendo a máquina, el estilo del pintor se muestra ya plenamente consolidado. En el centro de un interior doméstico urbano, una joven, con una melena larga que le oculta prácticamente todo su rostro, trabaja concentrada en una máquina de coser situada junto a una ventana. La composición nos remite a ejemplos similares de los interiores de la escuela holandesa del siglo xvii y también a algunas pinturas de John Sloan, como El catre, que Hopper pudo ver en la exposición de Los Ocho en 1907. Por otra parte, esta pintura guarda cierta relación con otras obras posteriores del pintor, en especial con el aguafuerte Interior del East Side, de 1922.

Como en la mayoría de las escenas de interior de Hopper, la luz se convierte en protagonista del cuadro. En este caso la acción transcurre en un día claro y soleado y los rayos entran con fuerza hacia el interior, proyectando un reflejo sobre la pared encarnada del fondo, lo que contribuye a crear un efecto geométrico incrementado por las formas cuadrangulares del marco de la ventana. La luz, además, convierte la figura de la joven vestida de blanco en un destello en medio de la oscuridad interior. De esta forma, lo que podría ser una simple escena cotidiana adquiere una nueva dimensión, y la mujer solitaria y ensimismada pasa a convertirse en efigie de la alienación del ser humano.

Paloma Alarcó / museothyssen.org



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Habitación de hotel. Obra de Edward Hopper. 1931. Óleo sobre lienzo, 152,4 x 165,7 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

En una anónima habitación de hotel, una muchacha reposa al borde de una cama. Es de noche y está cansada. Se ha quitado el sombrero, el vestido y los zapatos, y sin apenas fuerzas para deshacer las maletas, consulta el horario del tren que habrá de tomar al día siguiente. La soledad de las ciudades modernas constituye uno de los temas centrales de la obra de Hopper. En Habitación de hotel, la pared del primer término y la cómoda de la derecha constriñen el espacio, mientras que la gran diagonal de la cama dirige nuestra mirada hacia el fondo, donde una ventana abierta nos convierte en voyeurs de lo que sucede dentro. La figura femenina ensimismada contrasta con la frialdad de la estancia, en la que predominan las líneas netas y los colores brillantes y planos, avivados por la fuerte luz cenital.

En Habitación de hotel, Hopper hace una evocadora metáfora de la soledad, uno de sus temas preferidos. Se trata del primero de una larga serie de óleos ambientados en diferentes hoteles que el artista pintó llevado sin duda por su fascinación por el viaje. Está realizado un año después de Mañana de domingo, otro homenaje a la alienación del hombre contemporáneo, que se reconoce como su primera obra maestra y que fue el primer cuadro de Hopper adquirido por el Whitney Museum of American Art.

Tras sus primeros éxitos, Hopper se atreve en Habitación de hotel a utilizar un lienzo de gran formato. Representa una muchacha semidesnuda en el interior de una sencilla habitación de un modesto hotel, en medio de una noche calurosa. Josephine Nivinson, Jo, la mujer del artista desde 1924, anotó en su diario que posó para esta pintura en el estudio de Washington Square y en el cuaderno de notas del pintor describió el cuadro junto a un boceto realizado por el artista. Tal vez la joven acaba de llegar, y sin deshacer su equipaje, se ha quitado su sombrero, su vestido y sus zapatos y se ha sentado lánguidamente en el borde de la cama, sumida en sus propios pensamientos, con la introspección propia de las figuras femeninas de los cuadros de Hopper. Lee un papel amarillento, que según sabemos por las exhaustivas notas de Jo, se trata de un horario de trenes.

El aspecto tranquilo y melancólico de la muchacha, de escala monumental, contrasta con la frialdad de la estancia, desnuda, sencilla y despersonalizada. Ésta se ha construido a base de unas pocas líneas verticales y horizontales, que delimitan grandes planos de color unitario, cortados por la fuerte diagonal de la cama. Está iluminada por una luz artificial que no vemos pero que produce un fuerte contraste de luces y sombras, que Hopper acentúa para dotar de un mayor dramatismo a la escena.

El encuadre de la figura, con los pies cortados, y la perspectiva ascendente, de diagonales acentuadas, nos remiten a ciertas composiciones de Degas. Con la utilización de una fuerte diagonal, Hopper logra que nuestra mirada se desvíe de forma inmediata desde la chica hacia el fondo, donde una ventana semiabierta, que sirve de punto de fuga de la composición, nos revela la negrura de la noche. Por otra parte, Gail Levin, la autora del catálogo razonado del artista, apunta que la imagen está directamente sacada de una ilustración de Jean-Louis Forain de la revista Les Maîtres Humoristes, que Hopper había traído consigo de París. En el dibujo de Forain, una muchacha en ropa interior, sentada en el borde de una cama —dispuesta también de forma diagonal— contempla los zapatos de su amante.

Como generalmente nos ocurre al contemplar las obras del pintor americano, nuestra imaginación se lanza a articular una historia, a tratar de adivinar un antes y un después de este instante inmortalizado en su cuadro. Esta carga narrativa hace que la escena pudiera perfectamente ser la transcripción pictórica de alguna historia relatada por sus coetáneos literarios (como Hemingway, Dos Passos, e. e. cummings o Robert Frost), que hablaban de la vida privada de la gente, con un lenguaje plano y sencillo, que carece de detalles e incidentes. Asimismo, la soledad de interiores vacíos con ventanas abiertas para aludir a sentimientos de frustración era frecuente en la literatura romántica, a la que Hopper era tan aficionado. También existen precedentes en las representaciones de interiores de la pintura holandesa del siglo xvii, en especial las de Vermeer de Delft, otro artista que inevitablemente recordamos al contemplar las pinturas de Hopper. La ventana abierta produce además un efecto de inversión y de esta forma Hopper introduce al espectador en su obra, convertido en voyeur.

Paloma Alarcó / museothyssen.org



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El "Martha Mckeen" de Wellfleet. Obra de Edward Hopper. 1944. Óleo sobre lienzo, 81,5 x 127,5 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

Aunque, según la anotación de Jo Hopper en el expediente, El «Martha McKeen» de Wellfleet representa una mañana de finales de agosto en el cabo Cod y Hopper empezó esta obra el 10 de agosto, no completó el lienzo hasta después de regresar a Nueva York en diciembre de 1944. Jo apuntó también un subtítulo: Donde se llenan el buche las gaviotas. Cuando a Hopper le preguntó por el título de esta pintura el editor de una pequeña monografía sobre su obra, respondió tajante: «Quiero mantener el título 'The Martha McKeen of Wellfleet' si es posible. La joven por la que está nombrado el cuadro nos ha llevado a navegar tantas veces en el puerto de Wellfleet que el título tiene un valor sentimental para nosotros y también para Martha McKeen. Puse el título expresamente para complacerla y creo que se sentiría mal si se cambiase. Que yo sepa, no hay ninguna embarcación con este nombre. La nombramos por nuestra amiga»

Hopper. se inspiró para pintar este cuadro y algunos otros de tema náutico en las salidas que hacía con Martha y Reggie McKeen de Wellfleet, una pareja mucho más joven. Jo le había obligado a dejar de navegar en solitario por considerar que era demasiado peligroso. Mientras que se realizaba este lienzo, los Hopper también iban a Provincetown para que pudiera estudiar las gaviotas en una pescadería del muelle del ferrocarril. Jo pensaba que el hombre pintado en el timón podría ser el mismo Hopper.

Desde que de adolescente construyera un laúd, Hopper era un apasionado de la navegación. Su amor a la navegación quizás se viera aumentado por su amor a la soledad. De niño dibujó numerosos barcos de vela en su pueblo natal, Nyack, Nueva York, un puerto del río Hudson con industria de astilleros en aquella época. La primera pintura que vendió fue Navegando, la única obra que exhibió en la renombrada exposición de 1913 en Nueva York, la Armory Show.

Aunque aparecen barcos de vela en los óleos que pintó en Gloucester, las siguientes obras están realizadas a la acuarela: Esquife, 1929 y Balandra con marejada, 1935. El «Martha McKeen» de Wellfleet sucede a tres óleos con temas marinos: Bordada larga, 1935; Mar de fondo, 1939 y Costa de sotavento, 1941. Cada una de estas pinturas utiliza una franja horizontal de mar y cielo, y a veces de tierra, paralela al plano del cuadro. El único boceto preparatorio de Hopper para El «Martha McKeen» de Wellfleet demuestra que originalmente pensaba colocar una figura de pie junto al mástil en lugar de los dos hombres sentados que se ven en la pintura definitiva.

Su resolución es un lienzo impresionante con fuertes tonalidades de azul en contraste con las blancas velas y el banco de arena. La luz del sol dramatiza toda la composición y las gaviotas proyectan sombras azules. La acción aparece como congelada en el tiempo pero Hopper capta eficazmente la enorme fuerza del mar y la armonía momentánea del hombre con él

Gail. Levin / museothyssen.org



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Árbol seco y vista lateral de la casa Lombard. Obra de Edward Hoppe. 1931. Acuarela sobre papel, 50,8 x 71,2 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Desde que en 1930 Hopper y Jo, su mujer, comenzaron a pasar los veranos en South Truro, una pequeña localidad de Cape Cod, las casas, los faros y los paisajes luminosos del lugar empezaron a aparecer de forma recurrente en sus pinturas y acuarelas. Árbol seco y vista lateral de la casa Lombard, una de las múltiples acuarelas realizadas durante el segundo verano de Hopper en el lugar, es una imagen característica de una de las casas de la zona. Se trata de la vivienda de su amigo Frank Lombard, que también aparece en otra acuarela del mismo verano desde una perspectiva diferente. En la obra del Museo Thyssen-Bornemisza está captada desde su fachada lateral en sombra y el tratamiento formalista de la arenosa tierra, de tonalidad amarillenta, y la geometría de la construcción confieren a la escena una cierta derivación a la abstracción. En sus «Notas sobre pintura», el pintor, al referirse a algunas obras equivalentes a ésta, mencionaba las «simplificaciones a las que me he atrevido».

Lo que da originalidad a esta acuarela y la distingue de otras de temática similar es la silueta del árbol seco a la izquierda de la edificación. Recortado sobre el luminoso cielo, sus ramas oscuras y retorcidas se contraponen al mástil blanco y recto del centro de la composición. Además, su imagen, tan poco frecuente en pleno verano, da al ambiente un aire de desolación y muestra la habilidad de Hopper para otorgar un aspecto y un contenido extraño a un tema tan sencillo y cotidiano. La presencia de árboles muertos que asoman en acuarelas anteriores y posteriores ha sido generalmente interpretada como un signo del pesimismo existencial del pintor. Sea como fuere, su esqueleto añade una nota de melancolía a la solitaria casa y al silencio del lugar, un silencio que casi podemos escuchar al contemplar esta obra.

Paloma Alarcó / museothyssen.org



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Edward Hopper. Autorretrato. 1906

Edward Hopper (Nyack, 22 de julio de 1882 - Nueva York, 15 de Mayo de 1967) fue un famoso pintor estadounidense, célebre sobre todo por sus retratos de la soledad en la vida estadounidense contemporánea. Se le considera uno de los pintores de la Escuela Ashcan, que a través de Arshile Gorky llevó al expresionismo abstracto posterior a la Segunda Guerra Mundial.



Pues esto es todo amigos, espero os haya gustado el trabajo recopillatorio dedicado al pintor expresionista abstracto americano Edward Hopper. Caracterizado en pintar paisajes aislados y edificios urbanos. También recrea escenas interiores con gran realismo y perfeción.



Fuentes y agradecimientos: pintura.aut.org, es.wikipedia.org, artcyclopedia.com, museothyssen.org, tuitearte.wordpress.com, carlosluengo-otrasvocesotrosambitos.blogspot.com.es y otras de Internet
 




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última edición por j.luis el Miercoles, 06 May 2015, 23:27; editado 10 veces 
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Mensaje Re: HOPPER 
 
Gracias J.Luis por esta nueva incorporación de Hopper en la galería de pintores extranjeros. Interesante técnica y temática de sus obras aquí expuestas.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: HOPPER 
 
Gracias xerbar, Hopper es americano y como tal está en la galería de pintores extranjeros. Me alegro que te guste, sin duda su estilo realista fue bastante original.




Saludos.
 




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Mensaje Re: HOPPER 
 
Es cierto J.Luis está claro que me traicionó el teclado ya que sabía claramente que estaba en la sección de pintores extranjeros y parece que mi patria me jugó una mala pasada.  

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: HOPPER 
 
Nada xerbar, es broma          ...seguramente te tengo aburrido con tanta galería de unos y de otros.




 
 




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Mensaje Re: HOPPER 
 
‘Hopper’, la exposición del verano madrileño


El Museo Thyssen-Bornemisza acoge hasta el 16 de septiembre de 2012 una gran retrospectiva del artista estadounidense



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El original. El cuadro 'Sol de la mañana' de Edward Hopper.


user_50_12sorpresa_de_ltima_hora

Sorpresa de última hora. En la exposición 'Hopper', que mañana se inaugura en el Thyssen con 73 obras del pintor estadounidense, ha habido una sorpresa de última hora: la recreación en vivo de 'Sol de mañana' (1952), uno de sus óleos más celebres.


user_50_13un_tableau_vivant

Un 'tableau vivant'. El director de fotografía Ed Lachman ('Las vírgenes suicidas','Lejos del cielo'…) ha reconstruido para la ocasión este auténtico 'tableau vivant' en el que el visitante puede adentrase en los secretos de la obra.


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La famosa duda del brazo. La versión viva de la obra permite resolver la famosa duda sobre si la mujer fue retratada con los dos brazos o si, finalmente, el artista optó por 'eliminar' el izquierdo.


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¿Cuadro o foto? La versión de carne y hueso de 'Sol de la mañana'.



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Excelente trabajo realizado por EL PAÍS: http://elpais.com/especiales/2012/hopper/
 




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Mensaje Re: HOPPER 
 
He estado viendo la exposición del Thyssen sobre Hooper, y debo de decir que me parece genial, es muy gratificante ver como el artista estadounidense lograba captar en sus lienzos unas escenas cotidianas directas y trascendentales, controlando la luz, el objeto o personajes, sin adornos ni florituras que hacen que al observarlas se te queden grabadas en la memoria y las recuerdes sólo con mencionar el motivo del cuadro. Ejemplo el cuadro siguiente:

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Nighthawks 'halcones de la noche'


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La recreación del cuadro ‘Sol de la mañana’ que vemos más arriba la ha realizado el director de fotografía Ed Lachman. Ha reconstruido para la ocasión este auténtico 'tableau vivant' en el que el visitante puede adentrase en los secretos de la obra. Yo lo hice y es curioso, imaginarse lo que Hooper pudo ver para lograr pintar a su mujer Jo Nivison, a los 60 años. Los ojos parecen cuencas vacías. El brazo izquierdo, que sí aparecía en los bocetos preparatorios, fue eliminado. Columbus Museum of Art, Ohio


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‘Sol de la mañana’ (1952) La famosa duda del brazo. La versión viva de la obra permite resolver la famosa duda sobre si la mujer fue retratada con los dos brazos o si, finalmente, el artista optó por 'eliminar' el izquierdo.


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En el caso de la ‘Casa junto a la vía del tren’ (1925), es el inquietante caserón que Alfred Hitchcock recreó para rodar ‘Psicosis’. Este cuadro fue el origen de la colección de arte contemporáneo del MoMA. Museo de Arte Moderno, Nueva York. También hay otros cuadros que recuerdo ver en varias películas, donde se ven bares con grandes cristaleras y la barra y mesas alineadas como en lvarias obras de Hooper.


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Para mí que he visitado con asiduidad el museo Thyssen, siempre me ha gustado ‘Habitación de hotel’ (1931), es conmovedor, es una de las joyas de la colección permanente y uno de los cuadros más famosos del pintor.


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‘El Martha Mckeen de Wellfleet’ (1994) Hay pocos ‘hopper’ en las colecciones privadas europeas. Esta marina pertenece a Carmen Thyssen y se encuentra en depósito en el museo


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‘Habitación en Nueva York’ (1932) La pintura congela un momento en el que la pareja lee ignorando la presencia del otro. Un silencio muy cinematográfico. Museo Sheldon de Arte. Universidad de Nebraska-Lincoln


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‘Dos en el patio de butacas’ (1927) La ampulosidad del interior de los cines y teatros y la soledad del público es uno de sus temas más poderosos. The Toledo Museum of Art


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‘Carretera de cuatro carriles’ (1956) Los personajes de Hopper ven pasar el tiempo en soledad. Es el cronista de una clase media deprimida. Colección privada. Whitney Museum of American Art, Nueva York


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‘Esquina de Nueva York’ (‘Corner saloon’) (1913) La arquitectura fea y pretenciosa es uno de los temas más presentes en la obra de sus primeros años. Colección privada. Cortesía de la galería Fraenkel, San Francisco


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‘Pavimentos de Nueva York’ (1924-25) Junto a su mujer, Jo Nivinson, vivió toda su vida en Manhattan, concretamente en Washington Square. La pareja no tuvo hijos. Chrysler Museum of Art, Norfolk


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‘La casa de Marty Welch’ (1928) La acuarela, junto al grabado, le permitieron al artista estadounidense investigar la luz y la perspectiva. Colección privada. Cortesía Guggenheim, Asher Associates


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‘Hotel junto al ferrocarril’ (1952) La ventana es un recurso que organiza las composiciones. No se sabe si el hombre mira el terraplén o solo da la espalda a la mujer. Hirshhorn Museum and Sculpture Garden, Smithsonian Institute, Washington


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‘Blackwell’s Island’ (1928) Este es uno de los raros óleos en los que un azul casi añil se apodera de las construcciones industriales. Colección de Soledad y Robert Hurst


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‘Reunión nocturna’ (1949) Su primer comprador fue el magnate Stephen Clark. Lo devolvió al galerista porque sus visitas encontraban un “tufillo comunista” en la obra. Wichita Art Museum. Colección de Roland P. Murdock


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Morning in a City, 1944.


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‘Autorretrato’ (1925-1930) Hay pocos autorretratos de Hopper. La mayor parte son de sus tiempos de estudiante, cuando se utilizaba a sí mismo como modelo. Whitney Museum of American Art. Nueva York. Legado de Josephine N. Hopper

El pintor americano, posiblemente sea el más importante que dio EE UU en el siglo, es un artista en que la gente se ve retratada en sus cuadros. He leído que ha habido muchos directores de cine que se han inspirado en sus cuadros para escinificar una o varias escenas determinantes.

 

El que pueda ver la exposición de Hooper que no se la pierda vale la pena, es excelente.
 




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Mensaje Re: HOPPER 
 
Edward Hopper como espacio habitable


La exposición más votada por los doce críticos de arte del suplemento Babelia



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Soir bleu (1914), pintura de Edward Hopper

Agradezco profundamente a los críticos de Babelia que hayan elegido Hopper en el Thyssen como la exposición del año, coincidiendo con los lectores de EL PAÍS digital en su veredicto. Para mí los dos tribunales, el de la crítica y el del público, tienen la misma autoridad, y los dos se complementan. La diferencia estriba en que a los críticos los conocemos bien, mientras que el público siempre es un enigma. A veces creemos adivinar lo que desea. Yo ya sabía que al público español le gusta mucho Hopper, y lo sabía porque soy uno más entre ese público. Pero averiguar por qué algo le gusta al público no es tan fácil.

Si hablamos de Hopper y el público español hay que empezar por rendir tributo a José Capa y a la Fundación Juan March, que nos trajeron por primera vez al pintor americano en 1989 con una espléndida muestra que reunía 30 óleos, casi una decena de acuarelas, más algunos dibujos y grabados. Desde que llegué al Thyssen en 2005 soñé con repetir y mejorar si era posible aquella exposición de la Juan March, considerando además que el Thyssen es el único museo europeo que posee obras de Hopper, y obras importantes por lo demás. Inicialmente le propuse el proyecto a una conocida experta norteamericana pero, pasado algún tiempo, y por razones que no vienen al caso, cambié de idea, probé con otra candidata norteamericana, y terminé encargando la exposición a mi predecesor Tomàs Llorens, hoy director honorario del Museo Thyssen-Bornemisza. Poco después descubrimos que el Grand Palais preparaba casi para las mismas fechas la primera retrospectiva Hopper en París, comisariada por Didier Ottinger, y decidimos unir nuestras fuerzas. Así nació un ambicioso proyecto comisariado por dos europeos, ninguno de los cuales es un experto en Hopper, pero ambos, eso sí, con un brillante curriculum como profesionales de museos y estudiosos del arte del siglo XX. A ellos se debe el acento europeo de la exposición: el énfasis en la etapa juvenil del artista, en sus viajes a París, en el cuadro Soir bleu, en la inspiración de Verlaine y Rimbaud, o sobre todo en el diálogo de Hopper con pintores europeos como Degas, Sickert o Vallotton.Era un planteamiento original y bien argumentado, pero no estoy seguro de que ese sesgo europeizante tuviera mucho que ver con el éxito de la exposición Hopper.


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Público en una de las salas de la exposición de Hopper en el Museo Thyssen-Bornemisza, de Madrid / Luis Sevillano

Busquemos entonces en otra parte. Consideremos, por ejemplo, un hecho en apariencia banal: el uso y el abuso de Hopper en las portadas de las novelas publicadas en España (como en otros países europeos). Por exasperante que este fenómeno pueda llegar a ser, es un síntoma de algo que está en el corazón de la obra del pintor. Hopper vivió durante su juventud de la ilustración de revistas y libros y, aunque terminaría odiando esa ocupación alimenticia que le robaba el tiempo a su pintura, sin duda aprendió de su trabajo como ilustrador ciertos recursos que luego aplicaría en su pintura. Algunos críticos puristas del movimiento moderno acusaron a Hopper de no ser en el fondo más que un ilustrador, en el sentido de que ponía la pintura al servicio de otra cosa. En todo caso, si Hopper fuera un ilustrador, lo sería de novelas imaginarias e indeterminadas, novelas no escritas todavía. Una calculada ambigüedad permite que cualquiera de sus cuadros puedan servir para ilustrar muchas historias distintas. De ahí su inagotable fortuna en las cubiertas…

Otra pista sobre la pasión por Hopper nos la ofrece el cine. El director de fotografía Ed Lachman creó para nuestra exposición, con un magnífico equipo de profesionales del cine españoles, desde el director de arte hasta la responsable de producción, un set basado en el cuadro Morning Sun, y aquella pieza, en la que algunos vieron un recurso comercial o una broma de dudoso gusto, ofrecía algunas claves de lo que el público ama en Hopper. También tuvimos en el Thyssen un apasionante simposio y un ciclo de películas que exploraban esas relaciones de ida y vuelta entre Hopper y el cine. No hace falta recordar el evidente parentesco de tantos cuadros de Hopper con las atmósferas del film noir, del cine de suspense o del género de terror: eso constituye gran parte de lo que nos atrae irresistiblemente hacia el pintor norteamericano. La afinidad más profunda entre Hopper y el cine se cifra en la configuración del tiempo psicológico. Hopper es un maestro en la creación de situaciones donde no sucede nada todavía. Su prototipo es la espera de los espectadores sentados en el teatro antes de alzarse el telón. Pero Hopper proyecta esa tensión expectante sobre cualquier momento vacío de la vida cotidiana, incluso cuando sus personajes no esperan nada determinado.


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‘Sol de la mañana’ (1952), pintura de Edward Hopper. La famosa duda del brazo. La versión viva de la obra permite resolver la famosa duda sobre si la mujer fue retratada con los dos brazos o si, finalmente, el artista optó por 'eliminar' el izquierdo.

En 1927, la publicación de Ser y Tiempo de Martin Heidegger sentenció toda una tradición filosófica, de Descartes hasta Husserl, edificada sobre la conciencia aislada. Heidegger sustituyó esa conciencia abstracta por el Dasein, o sea, la concreción de la existencia humana, caracterizada en primer lugar por el “ser-en-el-mundo”. También en la pintura figurativa podríamos hablar de un giro copernicano después del impresionismo. Lo que vemos en los cuadros de Hopper ya no pretende ser, como en Monet, la proyección de una conciencia perceptiva, de lo que el pintor ve y es consciente de que ve, sino la plasmación de la existencia humana en el mundo. Y Hopper no es el creador de un estilo visual (su pintura se caracteriza más bien por una cierta ausencia deliberada de estilo); como el novelista o el cineasta, Hopper es el forjador de un mundo que contiene muchos mundos. Hopper fascina al público, Hopper nos fascina, porque lo que la mayoría del público busca en la pintura, como en la novela y en el cine, es precisamente eso, un mundo, un espacio habitable, una ventana a través de la cual asomarnos a otras vidas, y la posibilidad de vivir esas vidas imaginariamente y la esperanza de que finalmente nuestra propia existencia, con toda su grisura, se convierta súbitamente en otra cosa.

Autor del artículo: Guillermo Solana es director del Museo Thyssen-Bornemisza, de Madrid / elpais.com
 




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Mensaje Re: HOPPER 
 
Edward Hopper rompe su techo


'East Wind Over Weehawken', un paisaje urbano en plena Gran Depresión, se subasta por 29,8 millones de euros en Nueva York



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La cascada de récords parece no tener fin en las subastas de Nueva York. Tras los sobresaltos de Jeff Koons (la obra de arte más cara de un artista vivo), Francis Bacon (marca absoluta para una obra adjudicada en subasta) y Norman Rockwell (la pintura estadounidense más valiosa), ha sido el turno esta tarde para Edward Hopper. La pintura East Wind Over Weehawken, realizada en 1934, se ha adjudicado hoy en la puja de arte estadounidense de Christie's por 40,5 millones dólares (29,8 millones de euros), lo que supone un nuevo récord para su autor en subasta.

Hasta ahora, el máximo precio alcanzado bajo la maza por un cuadro de Hopper había sido Hotel Window, pintado en 1956, que alcanzó los 26,89 millones de dólares (19,7 millones de euros) en 2006.

East Wind Over Weehawken, un paisaje urbano de un barrio residencial de Nueva Jersey en plena Gran Depresión estadounidense, ha superado así las expectativas más optimistas, que marcaban su precio en 28 millones de dólares (20,6 millones de euros). Este óleo sobre lienzo de 86,4 por 127,6 centímetros pertenecía a la colección de la Academia de Bellas Artes de Pensilvania. Fue expuesto por primera vez en el museo Whitney de Nueva York y la última muestra de la que formó parte fue la dedicada al pintor en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.


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'East Wind Over Weehawken' (1934), de Edward Hopper. / AP

A pesar de la plusmarca conseguida para la obra de Edward Hopper, su precio no supera el récord de 46 millones (33,8 millones de euros) que alcanzó ayer Saying Grace, de Norman Rockwell, en la categoría de pintura estadounidense no contemporánea. Precisamente, el pintor que ostentaba ese título hasta ayer, George Bellows, fue otro de los nombres más cotizados en la subasta de hoy en la sede de Christie's en el Rockefeller Center de Nueva York, pues su obra Evening Swell alcanzó los 7,8 millones de dólares (5,7 millones de euros).


elpais.com
 




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