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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Escultores Españoles. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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JUAN MUÑOZ (1953-2001)
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Post JUAN MUÑOZ (1953-2001) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al escultor madrileño Juan Muñoz, un artista comprometido, arriesgado, líder de la llamada Generación de los 80, fue muy crítico y alcanzó gran prestigio internacional, sobre todo en Londres donde le rinden pleitesía, especialmente, en la Tate Modern, la galería que más apostó por él y le dio mucha fama, dedicándole en vida una gran exposición, ahora varios años después de su muerte, le están volviendo a dedicar en los mejores museos grandes retrospectivas por todo el mundo.

El escultor Juan Muñoz, "está reconocido por críticos y artistas españoles como el autor más relevante de su generación, y aclamado por los más exigentes expertos internacionales como uno de los creadores más importantes de nuestra época".


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Juan Muñoz (n. Madrid; 16 de junio de 1953 - f. Ibiza; 28 de agosto de 2001) fue un famoso escultor español.

Fue el segundo de una familia de siete hermanos. En la década de los setenta viajó a Inglaterra para estudiar en el Croydon College y luego en el Central School of Art and Design. Allí conoció a su esposa, la escultora Cristina Iglesias, con quien tuvo dos hijos. En 1982 viajó a Estados Unidos para estudiar en el Pratt Centre de Nueva York con una beca. Tuvo su primera exposición en 1984 en la galería Fernando Vijande de Madrid. Desde entonces expuso sus trabajos frecuentemente en Europa y otras partes del mundo.

A comienzos de años 1990, Juan Muñoz comenzó a producir obras de carácter "narrativo" -rompiendo los límites de la escultura tradicional- las cuales constan de instalaciones de figuras de tamaño ligeramente inferior al natural en interacción mutua distribuidas en ambientes tanto cerrados como abiertos. Sus instalaciones a menudo invitan al espectador a relacionarse con ellas, dejando de sentirse espectador para discretamente formar parte de ellas. Sus figuras monocromáticas, gris plomo o color cera, ganan en discreción, en universalidad por su falta de particularización, pero esa ausencia de individualidad nos cuestiona y, tal vez, hasta incomoda.

Para sus esculturas, Juan Muñoz utilizó principalmente papel maché, resina y finalmente bronce.

Además de en la escultura, Muñoz se interesó en la creación de carácter auditivo, produciendo algunos trabajos para radio. Uno de sus trabajos más reconocidos en este medio fue el que realizó junto con el compositor británico Gavin Bryars a principios de los años 1980, llamado A Man in a Room, Gambling (un hombre en una habitación, apostando), el cual constaba de Muñoz describiendo trucos de naipes acompañado por una composición de Bryars. Las piezas, diez segmentos de no más de cinco minutos, fueron emitidas por la cadena de radio Radio 3 de la BBC.

En una programa de radio inédito (Third Ear, 1992), Juan Muñoz planteaba que existían dos cosas imposibles de representar: el presente y la muerte, y que la única manera de llegar a ellas era por su ausencia.

Se le concede el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2000. Juan Muñoz falleció súbitamente de un paro cardíaco provocado por un aneurisma de aorta y una hemorragia interna a los 48 años de edad veraneando en Santa Eulalia del Río, Ibiza, el 28 de agosto de 2001. Al momento de su muerte se encontraba en exposición su obra Double Bind en el museo Tate Modern de Londres.


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Juan Muñoz, en la antológica que presentó en el palacio de Velázquez, de Madrid, en 1996.

Desde este pequeño rincón de arte del foro de xerbar, queremos contribuir en su reconocimiento, espero que os guste la recopilación que he relizado de su obra y contribuya en su divulgación.






Algunas obras


Juan Muñoz en el Museo Reina Sofía


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Plaza (Madrid). Obra de Juan Muñoz, 1996. Escultura. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

La escultura alcanza con Juan Muñoz (Madrid, 1953-Ibiza, 2001) la capacidad de representación para mostrar la crisis del individuo moderno. El artista concibe la exposición Juan Muñoz: monólogos y diálogos como fin de un trayecto, iniciado en 1984 con su primera muestra individual en la madrileña galería Fernando Vijande.

El despliegue de su trabajo pone de manifiesto que su obra “evoluciona en un proceso constructivo en el que desarrolla partes de la totalidad”, en palabras de James Lingwood, comisario de la exposición. En este sentido, el artista reconoce que, a partir de las piezas más interesantes ha creado un lenguaje del que, pasado algún tiempo, se alimentan sus obras y con el que aún puede hablar, como las escaleras, los balcones o los suelos en fuga.

De este modo, Escalera de caracol (1984) y Minarete para Otto Kurtz (1985) se consideran como las primeras tentativas formales y conceptuales del trabajo posterior. El artista apela a nuevos vínculos entre imágenes y sensaciones, y retoma con frecuencia recursos estéticos del Arte Barroco, como los juegos de perspectivas. De la experimentación con las escalas y puntos de vista adquiere el dominio del espacio y de la distancia (física y psicológica), al tiempo que, plantea su obra a partir de los pares de contrarios: deseo-imposibilidad, representación-descripción y del principio de presencia y ausencia.

Juan Muñoz convierte el Palacio de Velázquez en una gran instalación, en la que el orden cronológico de las piezas no es la prioridad. Todas ellas se distribuyen en dos recorridos alternativos que confluyen en un mismo lugar: Plaza, la obra central creada específicamente para la exposición. Dicho espacio es ocupado por unas figuras ciegas, de aspecto humano pero de menor tamaño del natural, que conversan en grupos. El espectador no puede mezclarse con ellas, solo las contempla en la distancia, desde varios niveles de altura posibles.

Al hilo de esta presentación escenográfica de su trabajo, Muñoz acepta el factor de la teatralidad y considera que la buena obra de arte (como la pieza de teatro), es aquella que tiene sentido en sí misma, que no admite réplica y además, reclama su existencia más allá del espectador. La crisis de las relaciones del hombre como ser social y sus consecuencias (incomunicación, aislamiento, silencio, individualidad, etc.) son los principios de los que surgen sus esculturas, instalaciones y los denominados “dibujos de gabardina”. En todos estos trabajos, acude a un imaginario compuesto por habitaciones vacías pero habitables, pasamanos, escaleras, etc. donde presenta personajes sin piernas o con base esférica, enanos, o figuras como el apuntador y el ventrílocuo que, integradas en este repertorio, sirven para cuestionar el lenguaje como sistema y medio de comunicación.

Con todo ello, Juan Muñoz materializa la extrañeza del diferente, la ausencia, la soledad y la inseguridad, pero también la posibilidad del tránsito y la necesidad de sujeción en un mundo reducido a escenarios paradójicos.


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Plaza (Madrid). Obra de Juan Muñoz. 1996. Esculturas. Resina y pigmento. Técnica: Vaciado. Obra formada por cinco figuras. Museo Reina Sofía.
Dimensiones: Pieza 01: 148 x 52 x 24,5 cm / Pieza 02: 148 x 45 x 34 cm / Pieza 03: 148 x 46 x 37,5 cm / Pieza 04: 148 x 45,5 x 34 cm / Pieza 05: 148 x 43 x 36,5 cm



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Five Seated Figures (Cinco figuras sentadas). Obra de Juan Muñoz. 1996. Materia: Espejo y resina. Técnica: Vaciado. Dimensiones: Pieza central: 102 x 55,5 x 82 cm / Pieza izquierda: 110 x 65 x 72 cm / Pieza fondo derecha: 107 x 72 x 68,8 cm / Pieza fondo izquierda: 110 x 68 x 60 cm / Pieza derecha: 107 x 67 x 70 cm / Espejo: 176 x 192 cm. Museo Reina Sofía.

Juan Muñoz ha sido un caso aparte de la escultura española de los años ochenta y noventa por el carácter cosmopolita y complejo de su personalidad artística, que se concretó no solo en la producción de obra plástica (escultura y dibujo), sino también con su trabajo en los ámbitos del ensayo, la creación literaria y sonora. Su trabajo sobre la figura humana y la creación de entornos arquitectónicos y teatrales dio lugar a las Conversation Pieces, serie en la que se inserta Five Seated Figures (Cinco figuras sentadas), muy representativa del particular mundo expresivo del escultor, en el que la figura humana aparece activada por elementos teatrales, como la ubicación de los personajes, abierta en «U» hacia el potencial espectador, o como el espejo, en referencia a conceptos relacionados con el voyerismo y el narcisismo. Tanto la disposición de los personajes como la del espejo remiten a la paradoja de la escultura de Muñoz: mientras al espectador se le sugiere una escena de conversación, solo le es dado participar de ella desde la lejanía, como situado frente a una representación teatral (no hay un espacio reservado a él, sino de pie y fuera de la escena) o de manera virtual (en el espejo, que le une, solo como reflejo, a la escena).



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I Saw It in Bologna (Lo vi en Bolonia). Obra de Juan Muñoz. 1991. Bronce y hierro. Técnica: Fundición. Dimensiones: 320 x 722 x 123 cm / Figura, altura 126 cm / Columna, 305 x 47 x 47 cm. Museo Reina Sofía.

I Saw It in Bologna (Lo vi en Bolonia) posee todos los aspectos que definen el concepto de la figura y del espacio de la obra de Juan Muñoz. Es una instalación escultórica realizada en el mismo año en que creó las primeras Conversations Pieces, en las que varias figuras sin piernas, como la que protagoniza esta obra, comparten un espacio de tal modo que parecen ignorarse entre ellas, y, como la figura con capirote de I Saw It in Bologna, se presentan absolutamente ajenas al potencial espectador. La obra es además la materialización de una visión del espacio exterior, que alude al concepto de la ciudad como lugar de transición, y a su idea del Barroco como espacio de ilusionismo y de dislocación, de ahí la referencia a los pórticos que recorren el centro histórico de la ciudad de Bolonia. La pieza presenta ocho columnas, estilización del fuste salomónico, y comparte con otras obras de Muñoz la presencia de la figura extraña, inadaptada al espacio, el enano que, transformado en un genérico tentetieso, no puede caminar ni desplazarse porque siempre vuelve a su posición inicial. Muñoz, que admiró la escultura enigmática y anónima de Alberto Giacometti y la pintura de Giorgio de Chirico, planteó en esta obra una materialización de la eternidad del instante en la memoria, así como el uso de la arquitectura como marco teatral al que el espectador tiene un acceso limitado.


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Lo vi en Bolonia, Museo Reina Sofía, Madrid. Obra de Juan Muñoz.



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Oreja. Obra de Juan Muñoz. 1983. Talla de madera. Dimensiones: 15 x 30 x 16 cm. Museo Reina Sofía.


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Oreja II. Obra de Juan Muñoz. 1984. Escultura. Escayola patinada, hierro y cemento. Técnica: Vaciado. Dimensiones: 28 x 28 x 4 cm. Museo Reina Sofía.


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El Juego del Pozo. Obra de Juan Muñoz. 1985. Escultura. Chapa de hierro, tubo de hierro, pintura, madera y gasa. Técnica: Soldadura. Dimensiones: 82 x 38 x 27 cm. Museo Reina Sofía.


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Guerrero, escudo y muerte en la Glyptothek de Munich. Obra de Juan Muñoz. 1984. Escultura. Madera, chapa de hierro, piedra y pintura. Técnica: Ensamblaje. Dimensiones: Obra completa: 78 x 45 x 10 cm / Pieza izquierda: 64,5 x 19,5 x 9 cm / Pieza derecha: 73,5 x 45 x 9,5 cm. Museo Reina Sofía.


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Baranda de Alcamé. Obra de Juan Muñoz. 1984. Escultura. Madera de palmera, acero, papel maché y pintura. Técnica: Soldadura. Dimensiones: 170,7 x 65 x 41,5 cm. Museo Reina Sofía.


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Balcón a tres. Obra de Juan Muñoz. 1984. Escultura. Madera y hierro. Técnica: Soldadura y ensamblaje. Dimensiones: 150 x 30 x 15 cm. Museo Reina Sofía.


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El boxeador. Obra de Juan Muñoz. 1985. Escultura. Hierro, pintura y escayola patinada. Técnica: Soldadura. Dimensiones: 178 x 43 x 43 cm. Museo Reina Sofía.



Otras obras


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"Double Bind (Doble atadura)", que ocupó la colosal Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres. "Double Bind" es una estructura de varios niveles con retablos de inquietantes figuras, culminó la corta pero meteórica trayectoria de Muñoz, truncada a la edad de 48 años por una muerte repentina en agosto de 2001.


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"Double Bind" ha resultado ser una antología, una visión global que resume y culmina toda la trayectoria de Muñoz. En ella, pueden verse muchos de los elementos distintivos de su obra: no sólo figuras de escala menor del natural, sino también balconadas, suelos, falsos agujeros o habitaciones. En suma, mecanismos espaciales y figurativos que transmiten sus preocupaciones artísticas y espirituales.


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"Double Bind". Es una monumental instalación, de 155 metros de largo por 35 de alto, alude a la superación de la esquizofrenia y supone la cima de una carrera meteórica plena de éxitos internacionales.


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Double Blind, Tate Modern, London, 2001



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'Tierra Baldía' (1986), obra de Juan Muñoz.

Un truco de salón es un breve texto de Juan Muñoz en el que analiza la relación entre engaño e ilusión. Al mismo tiempo que describe cómo concebir una hipotética obra, nos alecciona para no desvelar su truco. Al final, como un espectador más, el lector descubre la trampa: quien nos habla es un titiritero, un fragmento encontrado y adaptado por el artista.

Pese al protagonismo de lo literario en su producción artística, los escritos de Juan Muñoz son un aspecto apenas estudiado, pero decisivo para entender la teatralidad y narratividad de su trabajo.

En el encuentro debatirán Lynne Cooke, comisaria de la exposición y Subdirectora del Museo Reina Sofía, y Adrian Searle, crítico de arte de The Guardian y editor de los escritos del artista que próximamente publicará La Central


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"Dwarf with a box", obra de Juan Muñoz (1988), también Muñoz en esta obra, aborda el tema anterior, donde se puede apreciar en Londres y reproduce a un hombrecillo subido a una mesa con una caja.


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"El factor grotesco", obra de Juan Muñoz


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Albuquerque Balcony, 1993, obra de Juan Muñoz


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'Figura colgada' fue realizada en 2001, año en que falleció el artista.


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'Figuras colgadas', 2001, obra de Juan Muñoz


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'El apuntador' (1988), en esta obra aparece por vez primera el personaje del enano que Juan Muñoz posteriormente utilizaría varias veces en la composición de otras obras.


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Pieza de conversación' (1994). Obra de  Juan Muñoz


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Fragmento de la serie de esculturas de Muñoz Thirteen Laughing at Each Other (2001) en Oporto.


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Una habitación donde siempre llueve, Barcelona.


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Muchas veces (Many Times), 1999. Poliéster y resina. Dimensiones variables. Obra de Juan Muñoz.

Esos monigotes pueden verse en 'Many Times' (1999), una de las obras más conocidas de las que se exhiben en la Tate, en la que nada menos que cien esculturas de personas de origen chino -todos calvos, grises, sonrientes y sin pies invaden una amplia sala, en la que están aparentemente inmersos en animadas charlas. Inspirado por la mirada que el pintor español Diego de Velázquez (1599-1660) dedicó a los enanos.


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(Many Times). Con sus enigmáticas figuras humanas que parecen vivas pero ausentes, Juan Muñoz (1953-2001) alcanzó el cénit de su carrera en la Tate Modern de Londres, que ahora homenajea al escultor español con su mayor retrospectiva en el Reino Unido.



El Museo Gguggenheim de Bilbao en 2008, le dedicó una retrospectiva a Juan Muñoz


El Guggenheim en Bilbao fue el primer museo que le dedicó la primera retrospectiva individual de este artista en España.


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Muchas veces (Many Times), 1999. Poliéster y resina. Dimensiones variables. Obra de Juan Muñoz.

La obra de Juan Muñoz es un punto de referencia de la renovación de la escultura contemporánea internacional. Su estrategia estética desdibuja la demarcación estricta entre espectador y creador, y entre la escultura y otras manifestaciones próximas como la instalación, enriqueciendo el sentido narrativo de sus propuestas.

Esta exposición es la retrospectiva más importante dedicada a este autor a nivel internacional. Desde sus primeras obras, en las que la ausencia de personajes no omite la presencia humana, hasta sus Piezas de conversación, en las que la soledad se hace evidente, todas invitan al espectador a relacionarse con ellas aun creando un sentimiento de aislamiento y de introspección individual.

En 1984, una pequeña escalera de caracol con un balcón en la parte superior y apoyada en una pared se presentó en una de las primeras exposiciones individuales de Juan Muñoz (Madrid, 1953–Ibiza, 2001) en Madrid. Refiriéndose a ella, el artista dijo: "es la primera pieza de la que recuerdo tener una cierta sensación de identidad". A lo largo de su carrera este motivo arquitectónico se repetiría y, más de dos décadas después, una pequeña escalera de caracol invertida abre esta exposición integrada por más de 80 creaciones: esculturas, instalaciones, dibujos, obras radiofónicas y escritos, algunas nunca antes mostradas.

Durante casi veinte años Juan Muñoz creó, a través de su personal lenguaje, un corpus de una excepcional narratividad con referencias múltiples a la historia de la cultura occidental. Todas sus obras invitan al espectador a relacionarse con ellas, creando una fuerte sensación de aislamiento e introspección individual. Lo que se ve no es lo que parece: desde sus balcones deshabitados se observa lo que pasa en los espacios de la mirada; sus pasamanos sin destino llegan, incluso, a causar dolor al introducir elementos relacionados con la violencia como los cuchillos; la reminiscencia del Barroco se evidencia en los suelos ópticos que juegan con la arquitectura de Borromini en edificios tan significativos como el Palazzo Spada de Roma, enmarcando y escenificando al personaje que los transita para hacerlo actuar; y las figuras suspendidas en el aire nos remiten a la trapecista representada por Edgar Degas, mientras que los grupos de numerosos personajes se contemplan como en el teatro Máscaras desnudas de Luigi Pirandello.

Todas estas voces mudas, que intentan articular sonidos, crean un murmullo sordo que recorre toda la muestra. En su presentación en Bilbao, la exposición, organizada por la Tate Modern en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao, incorpora importantes obras de gran escala, como la Escena de conversación (Conversation Piece), de 1994, Trece riéndose los unos de los otros (Thirteen Laughing at Each Other), de 2001, o Descarrilamiento (Derailment), de 2000–01.

El diseño de la instalación, expresamente pensado en diálogo con los singulares espacios arquitectónicos de Gehry, le confiere un carácter único y especial, convirtiendo cada sala en capítulo de una historia continua en la que reconocemos, como si de un espejo se tratase, nuestras personales perturbaciones frente a figuras que miran a su propio interior.

Algunas imágenes de la retrospectiva del Guggenheim en Bilbao, fue el primer museo español que le dedicó la primera exposición individual.


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80 piezas procedentes de la Tate. La muestra, procedente de Londres, está compuesta por cerca de 80 piezas, entre esculturas, instalaciones, dibujos, escritos y obras radiofónicas y se abre mañana al público en las salas de la segunda planta del museo bilbaíno, donde permanecerá hasta el 5 de octubre. En esa fecha la retrospectiva sobre Muñoz (Madrid 1953-Ibiza, 2001) se desmontará para proseguir viaje, primero a Oporto y, por último, a Madrid.


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La exposición principal del Guggenheim. El público que se acerque este verano a Bilbao a ver la que será la exposición principal de la temporada estival del Museo Guggenheim, podrá ver piezas tan conocidas y relevantes de este artista formado en Londres, como "Meny times" (Muchas veces), de 1999; "Escenas de Conversación", de 1994; "Trece riéndose los unos de los otros", de 2001 y que recibe a los visitantes en las escalinatas exteriores de acceso, y la "Figura colgante", de 2001.


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Descarrilamiento. Además de estas obras representativas de su trabajo, la exposición que se verá en Bilbao incluye dos piezas que no figuraban en la de Londres, como son "Figuras sentadas con cinco tambores", de 1999, que representa lo que su nombre indica, y Descarrilamiento", una obra que llegó a Bilbao el pasado viernes gracias a las gestiones realizadas por la viuda del artista, la también escultora guipuzcoana Cristina Iglesias.


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Hombrecillos. La muestra se inicia con los primeros trabajos de su carrera, efectuados en 1984 y que están conformados por una sucesión de escaleras de caracol, balcones de estilo español y pasamanos situados en ubicaciones ajenas a las funciones para las que fueron creados, que ocupan las salas clásicas de la segunda planta. Las salas más amplias y luminosas, por contar con sendas claraboyas en sus techos, acogen las obras más "dramáticas" y numerosas del escultor, las formadas por decenas de esculturas a tamaño natural, de hombrecillos de rasgos asiáticos en aparente actitud de conversación.


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Humor e ironía. Uno de los rasgos fundamentales de la obra de Juan Muñoz, el humor y la fina ironía, quedan reflejados en la exposición con una pieza en la que dos pequeñas figuritas humanas charlan en un "pequeño" rincón del Museo situado enfrente de la gran sala que acoge las gigantescas esculturas de Richard Serra "La materia del tiempo". También es visible esta ironía en la "Figura que escucha" que representa a una persona con la oreja pegada a la pared en actitud de escucha, o en la titulada "Viviendo en una caja de zapatos" en la que cuatro pequeñas figuritas realizan un viaje sin fin sobre raíles, montados en sendas cajas de zapatos a modo de vagones de tren.


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Cuestionar la realidad. La comisaria de la exposición, Sheena Wagstaff, ha señalado, en la conferencia de prensa de presentación de la muestra, que todas estas obras reflejan la característica principal del trabajo del escultor madrileño: el constante cuestionamiento de la realidad desde la ficción. Sheena Wagstaff ha recordado que Muñoz "se catalogaba a sí mismo como un mago que engañaba al público creando realidades ficticias" y que esto, y el trabajar a contracorriente de las tendencias que imperaban en su época, fue "lo que le hizo diferente a los demás artistas de su generación".



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Juan Muñoz, fue Premio Nacional de Artes Plásticas de 2000

Cuando se disponía a cenar el 28 de agosto en su casa de verano en Santa Eulalia (Ibiza), Juan Muñoz falleció súbitamente. Tenía 48 años, estaba casado con la escultora Cristina Iglesias y atravesaba uno de sus mejores momentos. En España, el último Premio Nacional de Artes Plásticas celebraba su obra y, en el extranjero, sus figuras llenaban desde el pasado 12 de junio (y hasta el 10 de marzo de 2002) la Tate Modern de Londres. En octubre se inauguró en Washington una retrospectiva en Estados Unidos con casi 60 obras realizadas entre los años 80 y su fallecimiento. Esta exposición viajará a Los Ángeles, Chicago y Houston.

La soledad del hombre en mitad de la muchedumbre, los difíciles contornos de la propia identidad, la frágil distancia entre normalidad y locura son algunas de las cuestiones que resuenan en las obras de Juan Muñoz (Madrid, 1953). La disposición y los conflictos de sus figuras con el espacio generan una suerte de teatralización que expresa el abandono del hombre contemporáneo.

Formado en el Central School of Art, de Londres, y en el Pratt Centre, de Nueva York, su primera exposición individual fue en 1984 en la galería Fernando Vijande de Madrid. En 1986 estuvo en la Bienal de Venecia. Un año después, en el CAPC Musée d'Art Contemporain, de Burdeos. Marga Paz le abrió las puertas de su galería en 1989.

Pero fue en 1995 cuando una gran exposición en el palacio Velázquez de Madrid refrendaba en su propia ciudad el valor de la trayectoria de Muñoz, que antes había triunfado ya en Chicago, Bristol, Londres, Barcelona o Dublín.

La muerte de Juan Muñoz se produjo por un aneurisma de esófago, la súbita dilatación y rotura de una arteria, que le provocó una gran hemorragia interna y desencandenó con rapidez un irreversible paro cardíaco. Ahora que Juan Muñoz se ha ido, quedan sus figuras y sus resonancias para confortarnos desde su drástica soledad.

Juan Muñoz Estate, sitio web oficial del artista



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al escultor madrileño Juan Muñoz, fue un artista comprometido, arriesgado, líder de la llamada Generación de los 80, fue muy crítico y alcanzó gran prestigio internacional, sobre todo en Londres donde le rinden pleitesía, especialmente, en la Tate Modern, la galería que más apostó por él y le dio mucha fama, dedicándole en vida una gran exposición, ahora varios años después de su muerte, le están volviendo a dedicar en los mejores museos grandes retrospectivas por todo el mundo.

"Está reconocido por críticos y artistas españoles como el autor más relevante de su generación, y aclamado por los más exigentes expertos internacionales como uno de los creadores más importantes de nuestra época".




Fuentes y agradecimientos: museoreinasofia.es, es.wikipedia.org, guggenheim-bilbao.es, elmundo.es, elpais.com, tuitearte.es y otras de Internet
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Last edited by j.luis on Wednesday, 11 February 2015, 23:41; edited 8 times in total 
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Post Re: MUÑOZ, Juan 
 
Gracias J.Luis por este nuevo escultor representado en nuestra galería. Con obras muy peculiares y curiosas.  

Un Saludo.
 




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Post Re: MUÑOZ, Juan 
 
Gracias xerbar,        es muy peculiar, creo que su estilo no es de tu agrado, pero los museos se lo rifan, para poder exponer sus obras.





Saludos.
 




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Post Re: MUÑOZ, Juan 
 
Bueno J.Luis la verdad es que si me ha agradado su obra, me ha parecido diferente pero en general me ha gustado.

Un Saludo.
 




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Post Re: MUÑOZ, Juan 
 
Abril de 2009 - Exposición en el Reina Sofía



La mágica escultura de Juan Muñoz, en Madrid



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Artista imprescindible. Tras pasar por la Tate Modern de Londres y por el Guggenheim de Bilbao, Juan Muñoz regresa a su ciudad natal, Madrid, en forma de retrospectiva en el Centro de Arte Reina Sofía. Se trata de la exposición más completa celebrada sobre el artista —fallecido de forma prematura en 2001— hasta la fecha. Esculturas, dibujos, instalaciones, obras radiofónicas, escritos, 'ingenios'... se reparten por diferentes espacios del museo, favoreciendo la teatralidad de la muestra, y llenando de magia e imágenes inquietantes los rincones del Reina Sofía. Obra: 'Two Seated on the Wall', 2000


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INMERSIÓN EN LA OBRA «Me gustaría que el espectador pudiera entrar en la obra de arte como un actor entra en su propia escena... Me gustaría que quien acude a una exposición, ya sea en un museo o en una galería, se comportara como lo haría un actor, un actor inmóvil», afirmaba Juan Muñoz. Por eso sus obras invitan al espectador a sumergirse en ellas, casi a convertirse en un elemento más, como sucede en esta 'Pieza de conversación' (1994), por la que el espectador se ve obligado a pasar para poder recorrer la exposición completa.


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IMPACTO VISUAL «Juan Muñoz logra crear un espacio psicológico, que implica al espectador y le obliga a reconstruirlo», explica el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. «El escultor ofrece un fragmento, que a su vez lleva a otro fragmento», añade. La obra de la imagen, 'Figuras colgadas', de 2001, está ubicada en el claustro del Reina Sofía, y provoca un enorme impacto visual.


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ENTORNOS EXTRAÑOS. Con 'Tierra Baldía' (1986), Juan Muñoz logra desorientar al espectador, no sólo por el efecto óptico que consiguen los dibujos geométricos del suelo, sino también por lo extraño de la escena en la que se ve inmerso, con esa figura propia de otro mundo coronándola.


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DIÁLOGO. La exposición en el Reina Sofía no sigue las pautas de una retrospectiva al uso, pues no está ordenada de forma cronológica, y el orden en que se vea depende de la puerta por la que se acceda. Por ejemplo, 'Dos sentados en la pared' (2000) está en uno de los pasillos de la tercera planta del Edificio Sabatini. Según explica Cristina Iglesias, artista y viuda de Juan Muñoz, la relación con la colección permanente del museo provoca una tensión y diálogo que enriquecen la obra.


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MUCHAS VECES. 'Many times' (Muchas veces) (1999) es una de sus obras más conocidas y también más ambiciosas; de hecho, ocupa una sala completa. Está formada por cien figuras, cuyos rostros son similares: todos tienen rasgos asiáticos y sonríen con beatitud. Sólo sus posturas los distinguen y llenan de movimiento. Pasear entre ellos provoca sensaciones extrañas: el espectador invade el espacio de las figuras, de forma hasta grosera, y ellas permanecen impertérritas, sus ojos nunca miran al visitante.


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MUESTRA DISEMINADA. La muestra permanecerá en el Reina Sofía hasta el 31 de agosto, repartida entre las salas, terraza y pasillos de la tercera planta, y la Sala de Protocolo, el claustro y el jardín del primer piso. En la imagen, 'George', 1989-1994.


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ESCALERAS. 'Escalera de caracol' (1984-1999) pertenece a la etapa más temprana de Muñoz. Posteriormente, iría incorporando este tipo de espacios —de transición— a sus obras, como refugio de las figuras.


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BALCONES. Además de las escaleras y otros espacios de transición, Muñoz cultivó en su primera etapa las barandillas y balcones, a tamaño natural y de forma muy verosímil. Sin embargo, a esos espacios les falta el contexto, transmitiendo tal sensación de estar en tierra de nadie que Anthony Vidler los bautizó como "entornos vagabundos". 'Hotel Declercq', 1986.


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ESPEJO CONSTANTE. Los espejos aparecen con frecuencia en la obra de Juan Muñoz, que veía en ellos una forma de expresar alteridad: el espectador se refleja en la obra, pasa a formar parte de ella, sin que la figura que la protagoniza se inmute o salga de su ensimismamiento. Llega incluso a resultar frustrante. Imagen: 'Una figura', 2000.


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ENANOS. El personaje del enano es una constante en la obra de Muñoz, debido a la «orientación conceptual» que quería darle. «Utilizo la arquitectura para dar a la figura un marco de referencia», explicaba el artista. Imagen: 'Enano con tres columnas', 1988


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FIGURAS DIFERENTES. En 'El apuntador' (1988) aparece por vez primera el personaje del enano. La obra de Muñoz supone un punto de inflexión en la escultura contemporánea internacional. Es capaz de romper con la dualidad entre abstracción-figuración y progreso-tradición. Prácticamente un desconocido salvo en círculos artísticos e intelectuales, ha sido visto como una figura aislada respecto a las tendencias imperantes en la escultura. Sin embargo, forma parte de la primera generación de artistas estadounidenses y europeos de finales de los 80, que abordaron con distintos grados de compromiso la figura esculpida, dando a la vez a su trabajo cierto carácter narrativo.


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ORIENTE. Marionetas, acróbatas, humanoides animados electrónicamente, enanos, bailarinas, personajes de Oriente Próximo y Lejano Oriente... La obra de Muñoz está repleta de figuras de presencia extraordinaria asociadas con la magia antigua y las artes de la ilusión. Como en 'Árabe' (1995), el madrileño jugaba con la idea histórica y prototípica que ha tenido Occidente de lo exótico.


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SARA. Entra las figuras de 'seres diferentes' está Sara, personaje que aparece en varias obras de Juan Muñoz. En el Reina Sofía puede contemplarse 'Sara frente al espejo' (1996), la cual no se había expuesto previamente.


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MISTERIO. Premio Nacional de Artes Plásticas en 2000, un año antes de su muerte en Ibiza, Juan Muñoz se sentía especialmente atraído por el misterio, las ilusiones y los relatos que pusieran en un brete psicológico al espectador. Es el caso de los 'Dibujos-gabardina', pintados con tiza blanca sobre tela de gabardina negra. Imagen: 'Ventrílocuo mirando un doble interior', 1988-2001.


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EL TAMBOR. El tambor es otro elemento habitual en la obra de Muñoz. El propio artista protagonizó una serie de fotografías vestido de tamborilero, con zapatillas de lona y tirantes, en una imagen que recordaba a la obra 'El tambor de hojalata' del Premio Nobel Günter Grass. Muñoz buscaba inspiración en la literatura, y sus textos tienen bastante en común con el estilo de Borges. En la imagen, 'Figuras sentadas con cinco tambores', 1999.


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SIN PIERNAS. Buena parte de las esculturas de Muñoz se apoyan sobre una pesada base esférica, mietnras que su parte superior es humana. Son de un tamaño inferior al ser humano medio y no muestran expresión en el rostro, que la mayoría de las veces está desdibujado. La posición de la figura es suficiente para entender lo que hace y transmitir una sensación de intimidad, de estar compartiendo con ella un secreto. Detalle de 'Figura que escucha'.


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EL MAGO ¿Duende, monje, mago? La figura que aparece en 'Lo vi en Bolonia' (1991) muestra ese carácter mágico que tanto gustaba a Juan Muñoz. El artista se sentía fascinado por los ilusionistas.


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'DESCARRILAMENTO'. Comisariada por Sheena Wagstaff, conservadora jefe de la Tate Modern, la obra 'Descarrilamiento' (2000-2001) —una de las últimas del artista— se incorporó a la retrospectiva al ser expuesta en el Guggenheim Bilbao, ya que sus dimensiones impidieron que formara parte de la muestra en la capital británica.


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EN EL JARDÍN. Las obras sobrepasan los límites de las salas para ocupar otros espacios, como 'Trece riéndose los unos de los otros', en el jardín del Palacio de Sabatini.


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FIGURA HUMANA. 'Figura colgada' fue realizada en 2001, año en que falleció el artista. La exposición permite observar la evolución de la figura humana en la obra de Muñoz: en las primeras etapas es prácticamente inexistente. Después, se humanizan de cintura para arriba. No es hasta mediados de los 90 que cobran forma humana total.


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RETRATO DEL ARTISTA. Juan Muñoz nació en Madrid en 1953. Estudió arte en Inglaterra, donde conoció a su esposa, la también escultura Cristina Iglesias, con quien tuvo dos hijos. Una beca Fulbright le permitió continuar sus estudios en Nueva York, donde coincide con Richard Serra y trabaja como asistente del escultor Mario Merz. Premio Nacional de las Artes Plásticas en 2000, es el primer español que ocupa y transforma la Sala de Turbinas de la Tate Modern londinense. Falleció de forma prematura en Ibiza durante unas vacaciones, cuando contaba 48 años. Esta retrospectiva llega cuando se cumplen 25 años de la primera exposición de Muñoz, en la galería de Fernando Vijande.


elmundo.es
Por Elena Mengual
Fotos: Bernardo Díaz




 


La verdad Juan Muñoz fue un artista genial, sus obras son tan originales, que no guardan parecido con ningún otro artista. La exposición del Reina Sofía fue todo un éxito. La primera retrospectiva en España fue hace tres años en el Guggenheim en Bilbao. Ahora varios años después de su muerte su reconocimiento está siendo mayor, por tanto no me extraña nada que esté tan cotizado y se lo rifen los mejores museos del mundo para exponer sus innovadoras obras.
 




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Post Juan Muñoz2 
 
Reencuentro en el laberinto de Juan Muñoz


Cristina Iglesias recorre la gran retrospectiva que el Reina Sofía dedica al que fuera su compañero



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Cristina Iglesias en el Museo Reina Sofía junto a dos piezas de Juan Muñoz.

Juan Muñoz (Madrid, 1953-Ibiza, 2001) y Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) se conocieron cuando ambos eran estudiantes veinteañeros en el Central School of Art and Design de Londres y ya no se volvieron a separar. Con el tiempo, ambos se convirtieron en dos de los escultores más importantes del panorama internacional. Inglaterra les sirvió de pista de despegue y tanto él como ella, con voces bien diferentes, acabaron con el concepto de vanguardia y no vanguardia en el arte. La exposición Juan Muñoz: una retrospectiva, inaugurada hace un año en la Tate Modern, llega ahora al Museo Reina Sofía convertida en un homenaje del mundo del arte a este artista único. Cristina Iglesias habla de la obra de Muñoz, un mundo que ella compartió desde el primer hasta el último momento.

"Cada uno tenía su propia voz, pero nuestro mundo era común"

La exposición, que se abre al público el miércoles, ocupa toda la tercera planta del edificio de Sabatini, unas salas ahora recuperadas y que antes servían de oficinas. Un centenar de obras, 20 más que en la exposición londinense recorren las principales etapas de Juan Muñoz. Cristina Iglesias se acerca a las piezas de los primeros años. Son verjas, balcones, barandillas, minaretes, piezas arquitectónicas de apoyo firmadas en los ochenta con las que el escultor empezó a romper el concepto de arquitectura. Mientras señala el puñal que el artista colocó en el reverso de una barandilla, la escultora explica que ahí se puede ver un ejemplo de cómo Muñoz aunaba en sus laberintos juego y peligro. "Buscaba efectos que golpearan el estómago".

A Cristina Iglesias le resulta difícil hablar de aquellos años. La emoción es todavía muy fuerte. "Cada uno teníamos nuestra propia voz y la defendíamos a fondo, pero nuestro mundo era común. Los dos éramos dos artistas muy comprometidos que compartíamos amigos, exposiciones, lecturas...". ¿Trabajaron alguna vez conjuntamente? "Jamás", contesta casi horrorizada la escultora.

"La relación que cada uno tenía con su trabajo era muy personal. Cada uno teníamos nuestro estudio en la casa de Torrelodones (la casa que compartieron como pareja y en la que ella sigue viviendo con sus dos hijos). A Juan le gustaba que opinásemos y que habláramos de lo que cada uno estábamos haciendo, porque él tenía un carácter muy extrovertido. Era muy inquieto. Yo prefería que cada uno estuviera centrado en lo suyo, sin interferencias de ninguna clase".

La exposición está comisariada por Sheena Wagstaff y Lynne Cooke, dos grandes especialistas en la obra del escultor que además tuvieron una excelente relación con él. Cristina Iglesias no ha intervenido directamente pese a ser la máxima conocedora de Juan Muñoz. Aunque formalmente no figure, su supervisión ha sido constante. ¿Le hubiera gustado a Juan Muñoz este resultado? "Le hubiera fascinado", responde entusiasmada. Cuenta Iglesias que su marido sí hubiera intervenido en la exposición, por su carácter inquieto. "Hubiera cambiado cosas veinte veces. Puede que para volver a la propuesta original, pero no se conformaba a la primera. "Ella tampoco es de las que se conforman. "Pero mi estilo es otro", advierte sonriente.

En las siguientes salas van apareciendo las esculturas y las instalaciones que consagraron a Muñoz en todo el mundo. Son piezas realizadas en bronce, terracota o resina que dan forma a un mundo de personajes inquietantes: enanos, ventrílocuos y grupos, a veces muy numerosos, de hombres con rasgos orientales que parecen conversar entre ellos. Sara y Georges son dos muñecos que juntos o por separado aparecen muchas veces fisgoneando, cotilleando en medio de un espacio. Cristina no recuerda si sus hijos jugaban con estos muñecos o si Juan los hacía pensando en ellos de alguna manera. "Sí hizo una vez un suelo de efectos ópticos en el cuarto de nuestra hija. Y también jugaban mucho en ese tren de la pieza Descarrilado [2000-2001]. Lo teníamos en el jardín y se metían ahí". Como recuerdo, el tren se expone conservando en su interior agujas de pino y pequeñas telarañas tejidas a la intemperie de la sierra madrileña.

Poco antes de morir, Muñoz había decidido volcarse más en el dibujo y la escritura; desacelerar el ritmo de los últimos tiempos. Desde mediados de los noventa realizó numerosas exposiciones entre Europa y Estados Unidos. Tanto en galerías como en museos. En España, fue la galería Fernando Vijande la primera en exponer su obra y el IVAM el primer museo en consagrarle como artista imprescindible. Cristina Iglesias recuerda que hubo algunos años en los que Juan Muñoz se resistió a volcarse en el mercado estadounidense. "Él era un europeo convencido. En Estados Unidos compraron muchísima obra suya y le preocupó en algún momento". Madrileño profundamente cosmopolita, siempre mantuvo una relación muy especial con Londres. De hecho, la Tate Modern de Londres que ya dirigía Vicente Todolí pudo exponer su última obra monumental: Double Bind.


EL PAÍS
 




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Post Re: MUÑOZ, Juan 
 
Todolí reconstruye en Milán la obra de Juan Muñoz para la sala de las turbinas


El comisario presenta la programación del centro HangarBicocca para los próximos tres años



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'Many Times', de Juan Muñoz, 1999. / Attilio Maranzano

En junio de 2001 Juan Muñoz presentó en la Sala de las Turbinas de la Tate Modern, dirigida entonces por Vicente Todolí, la que sería su última instalación, Double Bind. Dos meses después moría en Ibiza a los 48 años, en pleno apogeo de su trayectoria. Desde entonces Todolí ha intentado en varias ocasiones volver a exhibir la que define “la Capilla Sixtina de Juan Muñoz”, sin nunca encontrar un sitio idóneo para hacerlo. Ni siquiera lo consiguió en el Museo Reina Sofía, que acogió la primera retrospectiva después del fallecimiento del artista.

Finalmente lo ha encontrado. Es el centro de arte HangarBicocca de Milán, que lo fichó hace unos meses como artistic advisor, es decir responsable de la programación. “He sido director de tres museos, durante 25 años, es suficiente no quiero ocuparme de gestión nunca más”, aseguró Todolí, tras presentar el programa del centro que patrocina la empresa Pirelli (con un presupuesto anual de tres millones de euros), durante las próximas tres temporadas, algo realmente asombroso en un medio donde raramente se presentan planteamientos de tan largo recorrido.

El espectacular espacio diáfanos de 4.000 metros cuadrados, que actualmente acoge una retrospectiva de Mike Kelley, permitirá no solo volver a montar la célebre Double Bind, que ocupa casi la mitad del espacio, si no a partir de ella desarrollar un discurso hacia atrás sobre la trayectoria de Muñoz. “Nunca vuelvo a hacer lo que ya he hecho. Será una nueva aproximación a Muñoz, con sus grupos escultoreos, sus habitaciones vacías, sus figuras, todo desde el punto de vista de su último trabajo”, explicó el comisario, que está desarrollando el proyecto con la artista Cristina Iglesias, viuda de Muñoz y responsable de su legado y James Lingwood, que llevó la producción de la instalación original.


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Vicente Todolí ante el centro HangarBicocca.

Un año antes de Muñoz, que se inaugurará en octubre de 2014, la programación arrancará este otoño con otro plato fuerte: Dieter Roth. Todolí reconstruirá el Schimmelmuseum, el Museo del Moho, que fue precisamente la causa de su cierre por parte de las autoridades sanitarias de Hamburgo. “Las obras de Roth llevan la destrucción dentro”, indicó Todolí, que está trabajando con Björn Roth, hijo del artista y su colaborador desde niño, en la creación de obras realizadas con elementos orgánicos y perecederos. También en este caso la obra central servirá para articular un discurso que incluye entre otras las shit paintings y Diary, una instalación que recorre la vida de Roth a través de 40 películas, que representó Suiza en la Bienal de Venecia de 1982.

El brasileño Cildo Meireles, los portugueses Paiva & Gusmão, las italianas Micol Assaël e Celine Condorelli y el mexicano Damián Ortega, completan un programa de muestras monográficas, que seguirán todas la misma pauta. “No me gustan las colectivas. Por cada artista realizaremos una o dos producciones nuevas, que permitan una lectura distinta de un conjunto de obras seminales. No veo el sentido de hacer muestras exclusivamente con piezas nuevas, lo que me interesa es ofrecer una visión del trabajo diacrónica y no sincrónica”, concluyó Todolí, que a mediado de junio inaugurará en Barcelona la gran retrospectiva de Tàpies y en octubre una monográfica de Tacita Dean en la Fundación Botín.


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Post Re: JUAN MUÑOZ (1953-2001) 
 
Las estatuas de Juan Muñoz invaden Milán

El centro de arte HangarBicocca acoge la primera antológica de los grupos escultóricos del fallecido artista madrileño



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Un detalle de 'The Nature of Visual Illusion' (1994-1997).

“No importa el tamaño, las esculturas de Juan Muñoz, incluso las pequeñas, se apropian del espacio y lo cargan de contenido. Las obras habitan el espacio, son invitadas pero no inquilinas”. Lo afirma Vicente Todolí, director artístico de HangarBicocca de Milán, el gigantesco centro de arte para el cual ha comisariado Double Bind & Around, la primera exposición que reúne los grupos escultóricos en resinas creados por Muñoz desde finales de los ochenta hasta su fallecimiento en agosto de 2001. A la sazón estaba en el apogeo de su trayectoria. En junio había inaugurado, siendo el segundo invitado tras Louise Bourgeois, una obra creada para la Tate Modern de Londres, la ya célebre Double Bind, que cerraba un ciclo y ponía las bases para una nueva etapa. “Quería dejar los encargos y trabajar en libertad”, recuerda el comisario, que dirigió la Tate entre 2003 y 2010.

Hacía tiempo que Todolí y la escultora Cristina Iglesias, viuda de Muñoz y responsable de su legado, buscaban sin éxito un sitio donde volver a instalar Double Bind. Por fin, después de 14 años, lo han encontrado en el centro milanés, promovido por la empresa Pirelli (que invitó a este diario a la muestra). Aunque las medidas no son iguales, HangarBicocca permite conservar inalterados los juegos entre real e imaginario, visible e invisible, que se plantean. “No me interesan las escenografías. Buscaba crear un ambiente anónimo”, explicó Muñoz entonces. Double Bind, cuyo título alude a una teoría psicoanalítica sobre las incongruencias comunicativas interpersonales, se compone de dos ascensores vacíos que suben y bajan sin parar, a través de tres niveles que ocultan una serie de escenarios sombríos donde el espectador va descubriendo escenas que le permiten hilvanar su propia narración. “Quien le conoció podrá encontrar entre los personajes uno de sus raros autoretratos”, revela Iglesias.

La instalación es el broche de oro de una muestra que despliega en los 5.300 metros cuadrados del centro, hasta el 23 de agosto, más de cien esculturas reunidas en 15 grupos, empezando por las dos Waste Land de 1986, que aluden al poema de T.S. Eliot y al sentimiento de aislamiento que se convertiría en un rasgo característico de la obra de Muñoz. En esta pieza, cuyo suelo acogerá sus performances sonoras, aparece el ventrílocuo, su primera figura antropomórfica. En el espacio también están las Hanging figures, personajes colgados en el vacío por sogas que salen de su boca, y los protagonistas de las Conversation Piece enfrascados en un diálogo silencioso, que intriga y a la vez excluye al espectador. En lugar de piernas sus cuerpos, de telas y resinas, lucen estructuras esféricas que les otorgan una estabilidad inestable. “Es parte de la paradoja que caracteriza sus obras”, asegura Iglesias, emocionada al pasearse por la muestra.

Cuando parece que ya se acaba, la exposición brinda una última sorpresa con las 50 figuras de Many Times, que por sus rasgos orientales han pasado a la historia como “los chinos de Muñoz”, si bien sus rostros salen de un único molde inspirado en un busto art nouveau del siglo XIX. Tras la penumbra de Double Bind la luz natural que entra desde los ventanales casi ciega el visitante e ilumina los enigmáticos rostros de “los chinos”. Los personajes tienen piernas pero carecen de pies, evocando una vez más la falta de equilibrio. En el enciclopédico universo de Muñoz, las referencias se multiplican, los opuestos se unen y la relación entre los elementos arquitectónicos y las esculturas da lugar a narraciones contradictorias.

“Logró reconciliar la estrategia minimal con la estatuaria clásica en instalaciones que surgen de la tradición barroca reinterpretada a la luz de los movimientos artísticos de los años sesenta y setenta”, indica Todolí, recordando que el artista reintrodujo la figura humana, tras el rechazo de las vanguardias que la habían excluido del lenguaje escultórico. Muñoz no sólo volvió a colocar sus personajes en el centro del discurso, sino que les tenía mucha confianza. “Cuando montaba una muestra solía decir a sus ayudantes: ‘Tú empieza que ellos se colocan solos”, defiende Iglesias.


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Tras su muerte en 2001: Juan Muñoz cada día es más reconocido en el mundo del arte, y los mejores museos pujan por exponer sus originales obras.
 




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Post Re: JUAN MUÑOZ (1953-2001) 
 
Una conversación a orillas de la Villa Borghese

La colección de La Caixa desembarca en la Galleria Nazionale de Roma con una obra de Juan Muñoz como eje gravitacional de la muestra



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Cartel de la exposición 'Conversation Piece', en la Galleria Nazionale.

Juan Muñoz preside la entrada a la gran sala de la Galleria Nazionale con tres de sus inquietantes personajes sin ojos, en corro, contándose algo al oído y formando una frontera imaginaria entre ellos y el mundo a través del desdén que proyectan hacia el exterior. Pese a ese rechazo frontal, la obra se llama Conversation piece y sirve para dar título al desembarco de la colección de arte de La Caixa en la Galleria Nazionale de Roma, el museo de arte contemporáneo más importante de Italia. Un relato construido a orillas de los jardines de Villa Borghese a través de 14 piezas que, pese a que nunca supieron las unas de las otras, dialogan como si estuvieran acostumbradas a pasar juntas otras tardes como esta.

El museo italiano tenía desde hace tiempo ganas de mostrar obras de Muñoz, Doris Salcedo, Ignacio Uriarte y Fernanda Fragateiro. Así que, como explica su directora Cristiana Collu metida pleno montaje, propuso un intercambio de piezas con vistas a la exposición que La Caixa inaugurará en julio sobre Giorgio de Chirico. Partiendo de la idea de conversación, se optó por abrir varios frentes alrededor de la relación entre arquitectura y escultura, del diálogo entre las piezas del minimalismo de Donald Judd y Fernanda Fragateiro, y con la exploración de la figura humana a través de obras tan insólitas como la Bailarina de Degas revisitada porJuliäo Sarmiento —impresora 3D mediante— y convertida en una versión cronológicamente más avanzada del mismo tamaño, pero con las estrías sintéticas del proceso industrial del que, como un replicante, ha sido creada.

Fragateiro, que terminaba anoche de ajustar los detalles de su pieza rodeada de operarios subidos a grúas y empuñando medidores láser, explicaba cómo ha construido una suerte de línea flotante de cubículos de madera de 14 metros de longitud que forma parte de la serie Unbuild. Resulta que eran maquetas que salvó de la destrucción en un estudio de arquitectos —amigos suyos— que acababan de perder un concurso público para urbanizar un barrio. De aquella decepción e inminente desmembración surgió su obra. “Pasaron un par de años en mi estudio antes de que la hiciese”, recuerda mientras mira de reojo la pieza de Judd, artista que casualmente fue también inspirador de sus colegas arquitectos.

Los ecos minimalistas resuenan también al otro lado de la sala con las piezas de madurez de Agnes Martin, uno de los símbolos de la colección de la entidad bancaria, creada en 1985 con obras estrictamente surgidas a partir de aquel momento —como hizo la Galleria Nazionale en 1883— y que ya alcanza las 1.000 obras. Las bandas horizontales de colores pálidos contrastan con la austera brutalidad del cuadro de Richard Serra, fogonazo negro, denso y matérico, que abre un hueco entre las dos obras. Justo ahí aparecen dos pintores catalanes. Antoni Tàpies, que evoca la desnudez y el olvido en un cuadro blanco, y Joan Hernández Pijuan, gran apasionado de la obra de Martin —al final todo cuadra en el planteamiento de la comisaria, Nimfa Bisbe—, del que ha llegado a la galería romana un paisaje monocromático con surcos plateados que evocan algo así como un mar extraviado.


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'Conversation piece' (1995), del artista Juan Muñoz. / Estate Juan Muñoz

La Caixa ha hecho una apuesta en los últimos años por el arte comprometido socialmente. En esta muestra puede verse en la obra de Doris Salcedo, la gran artista colombiana que se dedicó durante un tiempo a recorrer aldeas abandonadas por la amenaza de las FARC o los narcos y se llevó algunos de los muebles que dejaron atrás sus inquilinos. Al rellenarlos de cemento, atrapando algunos trozos de tela, cristales u pequeños objetos, el recuerdo que iba a ser borrado, la herida que podía haber cicatrizado, permanece de algún modo abierta.

En una de las salas anexas, fuera del contexto dramático y aislada del resto de piezas, el artista español Ignacio Uriarte expone una obra en vídeo para terminar el recorrido. Quizá para desengrasar el mal cuerpo que deja la obra de la colombiana, en clave de humor, les artista propone una reflexión sobre la dialéctica entre el ser humano y la máquina. Pero lo hace a través de Michael Winslow que, para quien no le conozca, es el agente negro de Loca academia de policía capaz de imitar millones de sonidos. Aquí, por supuesto, vuelve a dar muestra de su talento reproduciendo fonéticamente —recita, dice el título de la obra— el sonido de 30 máquinas de escribir distintas, comenzando desde el modelo Barlock de 1895 a la Olimpia Monika Deluxe de 1985. Si no tienen pensado pasar por Roma antes del 17 de septiembre, pueden verlo en Youtube. Y sí, el sargento Larvelle Jones sigue siendo un genio.

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