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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Extranjeros. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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COURBET (Gustave Courbet)
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor francés Gustave Courbet, fue un gran pintor realista del siglo XIX, retratista, composición de escenas colectivas, paisajísticas y eróticas. Fue muy influyente y prolífica su obra, pero también fue muy polémico tanto en su vida profesional, como la privada, llegando a tener grandes enemigos, debido a sus excesos. Fue altivo, desordenado y terminó sus días siendo un alcohólico.

Dejando sus defectos aparte Courbet alcanzó una calidad técnica excepcional, fue gran admirador de Velázquez, Ribera, Zurbarán y Rembrandt; alternaba en el círculo de Corot, Baudelaire y Daumier. Su realismo se convierte en modelo de expresión de muchos pintores, contribuyendo a enriquecer la obra de Cézanne.


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Gustave Courbet, (Ornans, Francia, 10 de junio de 1819 – La Tour-de-Peilz, Suiza, 31 de diciembre de 1877) fue un pintor francés, fundador y máximo representante del realismo, y comprometido activista democrático, republicano, cercano al socialismo revolucionario.

Nació en un pueblo próximo a Besançon, en el Doubs alemán, cuyo paisaje refleja en sus cuadros. Es un gran conocedor de las obras de Marsol. Estudió en Besançon y luego en París (1840). Sus padres deseaban que emprendiese la carrera de Derecho, pero al llegar a París se volcó al arte.

Viajó a Holanda (1846) y Francia (1853). Como él, sus amistades eran contrarias al academicismo artístico y literario; entre ellas se cuenta a Baudelaire, Corot y Daumier. A partir de la revolución de 1848, Courbet fue etiquetado de «revolucionario peligroso».

En 1855 expuso algunas de sus obras en el Palacio de las Artes de la Exposición Universal de París, pero al ver el rechazo del jurado hacia algunos de sus cuadros decidió inaugurar una exposición individual ubicada en las proximidades del campo de Marte, a la que bautizó con el nombre de "Pabellón del Realismo". Entre las obras que exhibió en dicho lugar cabe mencionar El taller del pintor, en el que retrataba a todas las personas que habían ejercido cierta influencia en su vida.

Tuvo fama de arrogante y efectista; afirmaba que «si dejo de escandalizar, dejo de existir». Algunos le achacaban que provocaba escándalos sólo para entretener a las clases biempensantes y que, en realidad, su arte se mantenía fiel a cierta exquisitez formal. Sin embargo, otras voces como Delacroix lamentaban que Courbet malgastaba su habilidad, al elegir temas sin un contenido elevado y no «cribar» de ellos muchos detalles «innecesarios».


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Una obra de Gustave Courbet

A pesar de sus polémicas, llegó a disfrutar de éxito. Se le otorgó la medalla de la Legión de Honor, pero la rechazó. Afirmaba que quería morir «como hombre libre, sin depender de ningún poder ni religión», si bien accedió a participar en el breve gobierno de la Comuna de París de 1871. De él, el filósofo Proudhon, «padre» del anarquismo, quiso hacer un pintor proletario. Creía que el arte podría subsanar las contradicciones sociales. Admitía su compromiso con el socialismo y con el realismo cuando afirmaba: ""Acepto con mucho gusto esta denominación. No solo soy socialista, sino que también soy republicano, y en una palabra partidario de cualquier revolución –y por encima de todo realista... realista significa también sincero con la verdadera verdad."

Durante la Comuna se le encargó la administración de los museos de París. Tras caer dicho gobierno, el gobierno posterior le responsabilizó de la destrucción de la columna Vendôme dedicada a Napoleón Bonaparte. Un consejo de guerra lo condenó a seis meses de prisión y a pagar 300.000 francos. Al salir de la cárcel escapó a Suiza (1873) para evitar que el Estado le obligara a pagar la multa; era tan alta que debía ser liquidada a lo largo de 30 años.

Murió en La Tour du Peilz, localidad próxima a Vevey, víctima de una cirrosis producida por su consumo abusivo de alcohol.


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Gustave Courbet - El sueño, detalle, 1866.


Obra

En un primer momento, pinta el paisaje, especialmente los bosques de Fontainebleau y retratos, con algunos rasgos románticos. Pero a partir de 1849 es decididamente realista. Courbet es de hecho el «fundador» del realismo y se le atribuye la invención de dicho término.

Escoge temas y personajes de la realidad cotidiana, sin caer en el «pintoresquismo» o «folclorismo» decorativo. Su técnica es rigurosa con el pincel, con el pincel plano y con la espátula, pero su mayor innovación es la elección de temas costumbristas como motivos dignos de los grandes formatos, que hasta entonces se reservaban a «temas elevados»: religiosos, históricos, mitológicos y retratos de las clases altas. Reivindicaba la honestidad y capacidad de sacrificio del proletariado y afirmaba que el arte debía plasmar la realidad. En 1867 expone nuevamente en la Exposición Universal de París. Influye y aconseja a los primeros impresionistas4

Su naturalismo combativo es patente en sus desnudos femeninos, donde evita las texturas nacaradas e irreales tomadas de la escultura neoclásica. Plasma formas más carnales e incluso el vello corporal que habitualmente se omitía en los desnudos académicos. Ejemplo claro de ello es El origen del mundo.

Sus referencias son los maestros del pasado como Velázquez, Zurbarán o Rembrandt.


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Gustave Courbet - Autorretrato con pipa, c. 1849


Obras significativas

   - L'embouchure de la Seine, 1841, Palais des Beaux-Arts de Lille
   - El hombre del perro negro, 1842, Petit Palais, París.
   - Retrato del artista, llamado El hombre de la pipa, 1849?, Museo Fabre, Montpellier.
   - Entierro en Ornans, 1850, conservada en el Museo de Orsay en París. Provocó un escándalo en el Salón de 1850, por el feísmo y vulgaridad de sus personajes. Se aplica un formato grande, académico, a una representación de un tema cotidiano: un entierro, en el que conviven burgueses y campesinos; el tratamiento es sobrio y sencillo. Su fuerte realismo, vinculado con las ideas socialistas, hacen de ella una pintura revolucionaria.
   - Los campesinos de Flagey volviendo de la feria, 1850, Museo de Bellas Artes de Besançon.
   - Las bañistas, 1853, M.º Fabre, Montpellier.
   - Les Bords de la mer à Palavas, 1854, Musée Malraux, Le Havre
   - Las cribadoras de trigo (Les Cribleuses de blé), 1853, Museo de Bellas Artes de Nantes.
   - ¡Buenos días, señor Courbet!, llamado El encuentro 1854, M.º Fabre, Montpellier.
   - El taller del pintor, llamado Alegoría real o El estudio 1855, Museo de Orsay, París. Es su cuadro más emblemático, considerado una alegoría real de su entorno político, artístico y cultural.
   - Cortesanas al borde del Sena o Las señoritas de las orillas del Sena, (1856), Petit Palais, París.
   - La Mer à Palavas, (1858), M.º Fabre, Montpellier
   - Le Chêne de Flagey, (1864), 90x110 cm., Museo de Arte Murauchi, Tokio
   - Las fuentes del Loue, (1864), Kunsthalle de Hamburgo.
   - Pierre-Joseph Proudhon et ses enfants (Retrato de Proudhon y sus hijos), (1865).
   - La Femme au perroquet, (1866), 129.5x195.5 cm., Metropolitan Museum of Art, New York
   - L’Origine du monde. (1866). Famosísimo desnudo femenino. Largamente oculto, ingresó en el Musée d'Orsay de París y no se exhibió de manera continuada hasta fecha reciente.
   - La Trombe, (1866), 43x56 cm., Museo de Arte de Filadelphia, Filadephia
   - El sueño, llamado también Las durmientes, o Pereza, o Las amigas, (1866), Petit Palais, París.
   - La remesa de corzos en el arroyo de Plaisir-Fontaine Doubs, (1866), Museo de Orsay, París.
   - Arroyo en Brème, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
   - l'Hiver (1868), 61x81cm, colección privada, Francia.
   - La mujer de la ola, (1868), M.M., Nueva York.
   - La fuente, (1868), Museo de Orsay, París.
   - La vague, 1869, Musée Malraux, Le Havre
   - Mer calme, (1869), 59.7x73 cm., Metropolitan Museum of Art, New York
   - El mar tormentoso, (1870), Orsay, París.
   - Manzanas y granadas en una copa, (1871), National Gallery, Londres.
   - Autorretrato en Sainte-Pélagie, (1874), M. Courbet, Ornans.
   - Gran panorama de los Alpes, (1877), Museo de Arte, Cleveland.


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Gustave Courbet - Autorretrato, c. 1843

Espero que la recopilación realizada de Gustave Courbet, sea del gusto de los visitantes de esta sección de arte del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.






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Busto en mármol de Gustave Courbet, por Aimé Jules Dalou. Musée des Beaux-Arts de Besançon





Algunas obras


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El taller del pintor, llamado Alegoría real o El estudio 1855, Museo de Orsay, París. Es su cuadro más emblemático de Gustave Courbet, considerado una alegoría real de su entorno político, artístico y cultural. Actualmente albergado en el Museo de Orsay, de París, Francia.

Historia. El taller se percibe como una obra principal y característica de Courbet. El año 1855 y más particularmente este cuadro señalan su balance personal. Es una época en la que Courbet intenta tomar sus distancias respecto a la pintura.

Comenzado a finales de 1854, lo completó en seis semanas. El jurado de la Exposición Universal de París de 1855 aceptó once obras de Courbet (entre ellas, El encuentro), pero rechazó ésta. Por lo tanto, en un acto de autopromoción Courbet, con la ayuda de Jacques-Louis-Alfred Bruyas, abrió su propia exposición cerca de la oficial: El Pabellón del Realismo; éste era un antecesor de los varios Salón de los Rechazados. Obtuvo pocas alabanzas. Las críticas de su época lo calificaron de «vulgar». Eugène Delacroix fue uno de los pocos pintores que apoyó la obra, diciendo: «voy a ver la exposición de Courbet que ha bajado hasta los 10 sous. Allí me quedo solo durante una hora y descubro una obra maestra en su cuadro rechazado; no podía apartarme de esta vista. Se ha rechazado allí una de las obras más singulares de este tiempo, pero no es un buen mozo que se desanime por tan poco.» Henner, le dijo entonces: «He aquí un fondo que Velázquez no habría pintado mejor. Y esta figura desnuda, con qué talento, con qué gusto está hecha.»

Champfleury decía que, delante de Courbet, «la mujer aparece con más libertad que la que ella misma se permite delante del espejo.»
A diferencia de L'après-dîner à Ornans, o Regreso de los campesinos de la feria de Flagey o bien los Picapedreros, que son escenas de género y pinturas de pequeño formato, El taller del pintor es obra de gran formato mezclando todos los géneros que Courbet pudo pintar. No se trata de una pintura que se refiera a su región y a Ornans más concretamente.

El cuadro fue readquirido por su viuda en la venta póstuma de Victor Desfossés, y sirvió de telón de fondo al teatro de aficionados del Hôtel Desfossés (6 rue Galilée en París). Lo adquiere en 1920 el Museo del Louvre por un precio de 700.000 francos; ofrecidos en parte por la asociación de amigos del Louvre y completados por una suscripción pública y una contribución del Estado.

Courbet era un buen conocedor del arte español, y es lo que refleja en el taller; en efecto, él se inspiró sobre todo en Ribera y en Zurbarán. También influyeron en él Las Meninas de Velázquez.

Courbet recurrió a la fotografía para su modelo. Cada personaje es único, con una expresión propia en el rostro.


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Detalle del centro: Courbet pintando un paisaje del Franco Condado, con la modelo desnuda a la derecha y el pastorcillo a la izquierda

Descripción general de la obra «El mundo viene a que lo retrate en mi estudio», dijo Courbet. Las figuras en la pintura son la ley de la patatamrbet. A la izquierda están figuras humanas de todos los niveles de la sociedad. En el centro, Courbet trabaja en un paisaje, mientras se aparta de una modelo desnuda que es un símbolo de la tradición artística de la academia. A la derecha están amigos y asociados de Courbet, entre los que se encuentran los escritores George Sand y Charles Baudelaire, Champfleury y Pierre-Joseph Proudhon.

La escena tiene lugar en el taller de Courbet en París. Se divide en tres partes: en el centro, el artista, con una modelo desnuda detrás de él; a la derecha, los «simpatizantes»; a la izquierda, «los que viven de la muerte y la miseria». La intención de Courbet era hacer desfilar por su lienzo a toda la sociedad humana contemporánea.2 El cuadro sería así una especie de Juicio Final. Justo entre los dos mundos hay un maniquí crucificado que representa a San Sebastián atravesado por flechas: simbolizaría a la Academia.

Courbet dice esto en una carta que envía a su amigo Champfleury en enero de 1855:

    «Es la historia moral y física de mi taller, primera parte. Son las personas que me sirven, me sostienen en mi idea, que participan en mi acción. Son las personas que viven de la vida, que viven de la muerte. Es la sociedad en su cumbre, en su parte baja, en su parte media. En una palabra, es mi manera de ver la sociedad, en sus intereses y en sus pasiones. Es el mundo que viene a hacerse pintar en mi casa.»


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Gustave Courbet - El taller del pintor, alegoría real que determina una fase de siete años de mi vida artística y moral (detalle)

Iconografía. Con El taller del pintor, Courbet pone en entredicho la jerarquía de los géneros a través de una suerte de manifiesto personal, eleva la escena de género al rango de la pintura histórica, de la que, por otra parte, utiliza el formato. Courbet mezcla en este cuadro todas las categorías tradicionales: el paisaje, la escena de género, el desnudo, el retrato de grupo y el bodegón.

El lienzo es, de hecho, una galería de retratos, es decir, una reunión de figuras conocidas, de alegorías o simplemente de distintas categorías sociales. Busca así dar a todas estas clases su carta de nobleza.

Por las palabras «alegoría real», el pintor avisa a su público que cada uno de los personajes representa una idea, además de un ser de carne y hueso. Bajo la influencia de Proudhon se hace moralizador y es el mundo que se propone juzgar.

El desnudo puede percibirse como una representación alegórica de la pintura que admira y que inspira el arte de Courbet.

El subtítulo da, por otra parte, la medida del ambicioso propósito y un poco enigmático del pintor. Courbet busca en efecto hacer una suerte de balance de su obra a través de este cuadro.

El tema de la creación artística no es inusual pero Courbet lo renueva colocándose en el centro, como protagonista principal. Reivindica así su estatuto de artista.


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Gustave Courbet - El estudio, detalle izquierdo

Composición. Courbet comenta así el cuadro en una carta:

    "Yo estoy en el centro pintando; a la derecha, los «simpatizantes»; es decir, los amigos, los colaboradores y los amantes del mundo del arte. A la izquierda, el otro mundo, la vida cotidiana, el pueblo, la miseria, la riqueza, la pobreza, los explotadores y los explotados, la gente que vive de la muerte"

Pocos pintores, hasta entonces, se representaron en el centro de sus obras.

En el centro, el pintor, su modelo y los recuerdos dispersos de su pasado. Sobre el caballete figura un paisaje del Franco Condado, más precisamente un paisaje de Ornans que Courbet está pintando, dando privilegio a sus orígenes, su medio, su paisaje natal. El artista se sienta sobre una silla, de perfil. Lleva un pantalón a cuadros y una chaqueta sin cuello. Courbet interpreta en este cuadro el papel de mediador, de regulador.

A sus pies hay un gato blanco. Delante de este paisaje de Ornans, un pastorcillo del Franco Condado con los pies desnudos en sus zuecos y con el cabello desgreñado, mira el lienzo. Es el símbolo de la inocencia y de la vida. A la derecha del pintor hay una mujer desnuda, su modelo, que observa al pintor trabajando; está de perfil y está peinada con un moño chignon; con las dos manos agarra un gran paño que arrastra sobre el suelo; sus ropas están descuidadamente lanzadas sobre un taburete. La modelo desnuda y el niño serían los espectadores ideales, pues representan la percepción genuina, sensorial de la verdad.

Entre las personas representadas al lado izquierdo, «gentes que viven de la muerte», aquellos a quienes el mundo del arte les resulta indiferente, se encuentran: un cazador, que está en el centro y se parece extrañamente a Napoleón III. Su perro observa un sombrero y un puñal que simbolizan la poesía romántica. Una máscara funeraria sobre un diario representa la prensa. Enfrente, una irlandesa dándole el pecho a un niño, alusión a la gran hambruna de 1845 en Irlanda, o más simplemente a la miseria en general. Delante, un rabino representa la religión hebraica y un segundo judío, el comercio. Este último ofrece una estola a un burgués, llevando un sombrero de copa, sentado. Este burgués podría ser quizá el abuelo de Courbet o, según Hélène Toussaint, el banquero y ministro de economía Achille Fould recaudando en su cofrecillo la plata necesaria para el golpe de Estado. El comerciante de ropas sería Persigny, ministro del Interior de Napoleón III.
Entre los otros símbolos y figuras alegóricas de este lado de la obra, se puede igualmente remarcar un jergón para el teatro y un sacerdote para la religión católica (podría tratarse de Louis Veuillot, periodista ultracatólico y director de L’Univers). En el fondo, siempre a la izquierda, se encuentra un segador y un terrateniente simbolizando la vida de los campos o quizá de las naciones en lucha por su independencia (Italia, Hungría, Polonia), un enterrador (Émile de Girardin, fundador de periódicos populares, tenido por «fossoyeur de la République» (sepulturero de la República) por haber apoyado a Luis Napoleón Bonaparte en 1851), un obrero desempleado simbolizaría el paro, un republicano de 1793 (Lazare Carnot) y en fin una mujer pública (desnuda) el vicio. Todo este lado izquierdo está lleno de alegorías reales que representan diversas esferas de la vida.

Los «simpatizantes» de Courbet, los que ven con simpatía el mundo del arte,2 se encuentran a la derecha. Son, en total, doce personajes. En primer plano, Charles Baudelaire, leyendo sentado en una mesa; simboliza la poesía. A su lado una pareja burguesa visitando el taller, son pues aficionados mundanos. Algunos reconocen en ellos a la pareja Sabatier, coleccionistas de Montpellier y furieristas militantes. A sus pies, su niño lee y escribe, es la infancia estudiosa. En medio del grupo una pareja se abraza representando el amor libre. Champfleury, el amigo del pintor, se encuentra sobre un taburete y representa la prosa, su dominio artístico. En el fondo, Proudhonm con sus finas gafas por la filosofía social, Promayet por la música, Max Buchon por la poesía realista, Urbain Cuenot, un amigo íntimo de Courbet, y, en fin, Alfred Bruyas (el mecenas de Montpellier).


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Gustave Courbet - El estudio, detalle central, el artista se autorretrata. 1855.

Estilo. el estilo de esta pintura es romanticismo Dominan la composición los colores ocres. La luz entra por la derecha a través de una ventana: enciende a los «buenos» y la espalda de la modelo; esta luz es muy difusa y toma una coloración amarilla. El cuadro sigue siendo, no obstante, bastante oscuro, lo que proviene seguramente del hecho de que Courbet tenía la costumbre de pintar sus telas de negro para ir después poco a poco hacia los tonos claros. El cuadro del centro, Courbet, su modelo y el niño, son los elementos que están mejor iluminados y destacan en el lienzo.

Gustave Courbet pinta con la materia, a la espátula, de manera iracunda. Pueden verse los golpes de pincel. Despreciaba el «acabado».
Él mismo prefería parecer torpe o negligente y verse acusado por sus errores de perspectiva y de anatomía, la tiesura y aspereza de sus figuras, antes que confiarse a fórmulas.


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Gustave Courbet - El taller del pintor, alegoría real que determina una fase de siete años de mi vida artística y moral, detalle derecho

Influencia posterior y valoración actual. Este cuadro a su vez influyó en dos obras primerizas de Édouard Manet: El viejo músico y La música en las Tullerías. Hoy en día, se considera que es un cuadro de fuerte valor emblemático, es una obra moderna y revolucionaria, en el sentido de que eleva su historia al rango de pintura de historia, así como sus ideas y conocimientos. Es considerado un gran modelo artístico, representativo no solamente de la obra de Courbet sino de un movimiento artístico de pleno derecho, el Realismo. También expresa el deseo y el poder de proteger la forma y el color de las cosas contra la decadencia, lo que le valió a Courbet para ser clasificado como realista.

Las interpretaciones de este cuadro son múltiples pudiéndose encontrar tres niveles de lectura: el cuadro de género con el retrato de grupo, el paisaje y el desnudo; las personificaciones y las alegorías.



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El origen del mundo (L'origine du monde). 1866. Óleo sobre lienzo. 46 x 55 cm. Museo d'Orsay de París. Obra de Gustave Courbet.

Es un cuadro realizado por Gustave Courbet en 1866. Es una pintura al óleo sobre lienzo, de unos 55 cm por 46 cm, que representa en primer plano un pubis femenino, el de un tronco de mujer desnudo, reclinado sobre las sábanas de un lecho y que tiene las piernas separadas. La escala, el encuadre y el punto de vista elegidos por el artista supusieron una radical novedad respecto de toda la tradición pictórica anterior, produciendo en el espectador una fuerte impresión de sensualidad y erotismo.

La modelo favorita de Courbet cuando se pintó el cuadro era la joven Johanna Heffernan, a la que se llamaba familiarmente Jo. Era la amante y modelo de James McNeill Whistler, un pintor norteamericano amigo y discípulo de Courbet. Aparte de incluirla en varios cuadros más, Courbet hizo un retrato suyo en 1866, Portrait de Jo, la belle Irlandaise. La suposición de que Johanna fuese también la modelo para L'origine du monde está por ello bastante extendida.

Tras más de un siglo de vida vergonzante, L'origine du monde... goza por fin del puesto que merece. Pero incluso bien avanzado el siglo XX seguía resultando amenazante; puede que las circunstancias de su concepción inicial, como destinado a una contemplación privada, le sean consustanciales.

Los comisarios de una gran exposición retrospectiva de Courbet realizada en París en 1977 no se atrevieron a exponerlo, a pesar de estar disponible. Sí se incluyó, en cambio, en otra similar celebrada en Nueva York en 1988. Y cuando empezó a mostrarse en el Museo de Orsay se colocó inicialmente una vigilancia especial en la sala, por temor a las reacciones del público. Todavía hoy causa asombro e incredulidad a los no iniciados.


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Más Info de este cuadro


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No hay duda de que El origen del mundo pintado en 1866 por Gustave Courbet (1819 - 1877) es una de las pinturas más famosas de todos los tiempos. El sexo femenino en primer plano, desprovisto de toda intimidad, apenas sin pecho, sin rostro, tan sólo el tronco desnudo sobre unas sábanas blancas. Su dureza y realismo aún hoy causan cierto pudor. Pues bien, la mujer desconocida de la pintura, desde hoy tiene rostro.

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El sueño (en francés, Le Sommeil), es un cuadro del pintor francés Gustave Courbet. Está realizado al óleo sobre lienzo. Mide 135 cm de alto y 200 cm de ancho. Fue pintado en 1866, encontrándose actualmente en el Museo del Petit-Palais, de París, Francia. También es conocido como Las durmientes, o Pereza y lujuria o Las amigas.

Esta tela, al igual que El origen del mundo, fue encargada por el diplomático turco Jalil-Bey.

Se trata de un cuadro de carácter sensual, propio de algunas de las obras que el autor pintó durante el Segundo Imperio. Protagonizan el cuadro dos figuras femeninas desnudas durmiendo, que recuerdan a las figuras de diosas mitológicas de la escuela veneciana. Trataba un tema morboso para la época en que vivió el artista: la relación sexual entre dos mujeres. Aún es objeto de debate si se trata sólo de representar el sueño inocente de dos amigas o se trata de una obra sobre el amor lésbico.

La puesta en escena es refinada. Las mujeres están sobre una cama, enmarcada por cortinas de terciopelo azul oscuro. Se ha considerado que, por la expresión del rostro, la mujer de cabellos rubios tiene un sueño erótico.1 En primer plano, sobre una mesita de madera con motivos florales en la tapa, hay un cáliz y un collar de perlas roto han de interpretarse como alegorías. En efecto, el collar roto que pasa por debajo de la mujer morena, simbolizaría la falta cometida mientras que el cáliz es signo de arrepentimiento. Junto al cáliz, hay una botella azul y una jarra de cristal. Al fondo, a la derecha, hay un jarrón con flores, posible regalo de una de las amigas a la otra.


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La Bañista. Obra de Gustave Courbet. 1853. Museo Fabre. Montpellier. Francia. Es el primer desnudo de grandes dimensiones realizado por Courbet. Las dos figuras se sitúan en un frondoso bosque que apenas permite el paso de la luz, existiendo cierta falta de integración de las figuras en el ambiente, iluminando la zona de primer plano para llamar la atención del espectador. Esta aparente incongruencia es un recurso del pintor para centrarnos en las figuras femeninas. La mujer de espaldas hace un gesto extraño a su compañera, que responde de manera similar. Algunos especialistas quieren ver en este contacto entre ambas mujeres una relación lésbica que más tarde Courbet mostrará en El sueño. La mujer desnuda está sabiamente trabajada, interesándose por resaltar sus carnes y su poderoso trasero - hasta la emperatriz Eugenia de Montijo preguntó si era una percherona - en una clara referencia a las burguesas parisinas. Esta desnudez y la renuncia a la idealización femenina provocaron el escándalo cuando el cuadro fue presentado en la puritana sociedad del Segundo Imperio francés.



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Mujer con un loro - Woman with a Parrot. 1866. Obra de Gustave Courbet. Metropolitan Museum of Art. Foucart considera esta obra como "el más elaborado, el más complejo de los desnudos de Courbet". La figura de la joven repite la postura de Psique en la obra, desgraciadamente destruida, de Venus persiguiendo a Psique que conocemos por una fotografía. La muchacha aparece tumbada sobre unas sábanas blancas que impiden parcialmente contemplar su sexo, en una postura escorzada que acentúa su belleza. El cabello negro alborotado refuerza el erotismo de la composición en la que el fondo queda en penumbra para no despistar a los espectadores. La luz resbala por el cuerpo de la muchacha marcando el contraste con el fondo; la obra fue expuesta en el Salón de 1866 obteniendo bastante éxito quizá al no alejarse de los desnudos académicos y del erotismo idealizado de la muestra como se aprecia en el Nacimiento de Venus de Cabanel o las Bañistas de Bouguereau.


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La fuente. Obra de Gustave Courbet. 1868. Museo de Orsay. Courbet sintió una especial atracción hacia el desnudo femenino, especialmente en la segunda mitad de su vida, eliminando la carga mitológica para mostrar cierta dosis de erotismo. Por eso los críticos en su época le criticaron, observando Thoré-Bürger que eran "mujeres desvestidas". La figura de esta bañista se ha puesto en relación con la Verdad del Estudio del pintor, intentando conectar ambos trabajos. La joven desnuda aparece de espaldas y recibe un fuerte foco de luz que resbala por su bello cuerpo. Sobre su mano izquierda cae el agua de la fuente, al igual que la cascada que encontramos al fondo. La escena se desarrolla en la naturaleza, destacando la claridad cristalina del agua - donde se refleja la pierna de la protagonista - y la densidad del follaje. Los colores oscuros contrastan con la tonalidad perlada de la joven, en sintonía con el estilo del joven Manet. El dibujo del maestro es exquisito, dotando de fuerza a la figura y alejándose de las composiciones blandas de las diosas clásicas.



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Mujer desnuda con perro. Obra de Gustave Courbet. 1868. Museo de Orsay, París. Cuando Courbet realice desnudos femeninos a partir de la década de 1860 se alejará totalmente de las visiones clásicas, protagonizadas por diosas, para mostrar a jóvenes de carne y hueso, en actitudes más o menos cotidianas, eliminando la idealización que hasta ahora conllevaba el desnudo femenino. Por eso los críticos de su tiempo rechazaron sus trabajos al contemplar en ellos una representación real, sin ningún tipo de tapujos. Evidentemente, esta temática no tiene el contenido social de los Picapedreros pero no deja de ser realista. La joven que aquí contemplamos se presenta desnuda, sin pudor, jugando con su perrillo, ante un paisaje. La luz resbala por su cuerpo y acentúa sus formas; el resto del escenario queda ensombrecido, recordando la pintura de Caravaggio por el que Courbet sentía profunda admiración. La figura está sensacionalmente dibujada y elimina la idealización al mostrar la planta sucia de su pie.




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"Bather Sleeping by a Brook", 1845, Detroit Institute of Arts. Obra de Gustave Courbet


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Un desnudo de Gustave Courbet


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Durmiendo desnuda - Sleeping Nude. 1858. Obra de Gustave Courbet


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Le nu. Obra de Gustave Courbet. Obra de Gustave Courbet


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Nu couché. 1866. Obra de Gustave Courbet


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La Bacchante. Obra de Gustave Courbet


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Mujer tumbada. 1865-66. Museo Hermitage de Sanpetersburgo, Rusia. Obra de Gustave Courbet


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Cortesanas al borde del Sena o Las señoritas de las orillas del Sena, (1856), Petit Palais, París. Es uno de los cuadros más conocidos del pintor francés Gustave Courbet. Está realizado al óleo sobre lienzo. Mide 174 cm de alto y 206 cm de ancho. Fue pintado en 1856, encontrándose actualmente en el Museo del Petit-Palais, de París, Francia. También es conocido por su traducción literal: Las señoritas (o Jóvenes) al borde del Sena (o a las orillas del Sena).

La escena representa a dos jóvenes que han realizado una excursión por el Sena en el verano y, cansadas, se tumban a descansar en la orilla, a la sombra de unos árboles. Una de ellas está dormida. La otra se apoya en una mano, pensativa.

Esta obra fue expuesta en el Salón de París de 1857 y creó un gran escándalo. Sólo puede explicarse por el realismo que imprimió a la pintura, tanto en su tratamiento como en el tema tan corriente y vulgar que lo protagonizaba. Además, lo hacía en un estilo que no lograba distancias a las muchachas del espectador. La crítica consideró que resultaban impúdicas, cortesanas, esto es, mujeres mantenidas que encarnaban la pornografía del Segundo Imperio.

Pierre Joseph Proudhon consideraba que era una denuncia de la moral del régimen. La que está dormida se estaría entregando a fantasías eróticas. La que está despierta calcularía cuestiones financieras.



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Entierro en Ornans, es uno de los cuadros más conocidos del pintor francés Gustave Courbet. Está realizado al óleo sobre tela. Mide 315 cm de alto y 668 cm de ancho. Fue pintado en 1849, encontrándose actualmente en el Museo de Orsay, de París, Francia. La obra fue presentada en el Salón de 1850, provocando un escándalo, ya que había dado el tratamiento, en formato y estilo, de una pintura de historia a lo que no era sino un episodio banal, un entierro de pueblo, es decir, una escena de género.

En esta su obra maestra, Courbet transmite con el máximo realismo posible un funeral - posiblemente el de su propio abuelo materno, republicano convencido, constatándose la presencia de dos amigos jacobinos, aunque él mismo aparece en el extremo izquierdo como testigo- al que asiste toda la comunidad, desde los representantes del ayuntamiento hasta las plañideras oficiales, pasando por los hidalgos y la familia del pintor. Incluso un perro perdiguero no quiere perderse el evento y se presenta en primer plano. Por comentarios del propio pintor sabemos que toda la población de Ornans, pequeña población cercana a Besançon y pueblo natal del pintor1 , quiso posar para el cuadro, resultando un conjunto de 46 personas a tamaño natural representados con enormes dosis de veracidad1 . Se puede decir que esta obra es un panfleto del nuevo estilo artístico defendido por Courbet considerado como un arte científico, naturalista, anticlásico, antirromántico, antiacadémico, progresista y social, cuya única fuente debía ser la observación directa del natural. Las figuras forman un grupo compacto y se recortan sobre las planas montañas de la localidad, representadas en diversas actitudes y posturas, siendo una de las mejores galerías de retratos de la historia del arte. La expresión de los rostros que no provocan ningún sentimiento de dolor entre los asistentes. La muerte no ha producido en estos hombres el dolor, la angustia, sino que la viven como un hecho cotidiano.


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Entierro en Ornans, detalle

Toma como modelos a sus padres, hermanos y amigos, y a varios habitantes de aquella localidad, y los reúne en un retrato colectivo, justamente en el momento en que se va a realizar la colocación del féretro en el hoyo que aparece en el centro de la parte inferior del cuadro, invadiendo el espacio del espectador...



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Las cribadoras de trigo (Les Cribleuses de blé). Obra de Gustave Courbet, 1853. Óleo sobre lienzo, 131 × 167 cm. Museo de Bellas Artes de Nantes. Francia.

Fue esta obra expuesta en el Salón de París del año 1855, luego en 1861 en la novena exposición de la Societé des amis de l'art de Nantes, que a continuación compró la obra para el museo de Nantes.

Es un lienzo extraño dentro de la obra de Courbet, que produce una sensación artificiosa. La mujer que está sentada tiene los dedos artificialmente extendidos, mientras que la que criba el trigo está en una postura rígida y forzada. Los tres personajes están aislados, sin relacionarse entre sí. Las dos jóvenes mujeres son sin duda las dos hermanas de Courbet: Zoé (que pasa el trigo por el cedazo) y Juliette (que está sentada). El muchacho joven podría ser Désiré Binet, el hijo ilegítimo del pintor.

Adopta Courbet un estilo influido por las estampas japonesas: el espacio claro, la monocromía en gris y ocre, el fondo vacío, las figuras que aparecen como recortadas con vestidos de colores fuertes rojos y azul verdoso, las formas redondas y ovales y la postura de la cribadora, que repite la de las actrices del teatro kabuki.



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El arroyo de Brème. Obra de Gustave Courbet. 1866. Óleo sobre lienzo, 114 x 89 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

«Mantengo que la pintura es un arte esencialmente concreto, que únicamente debe consistir en la representación de las cosas reales y existentes », escribía Gustave Courbet en una carta abierta a sus alumnos en 1861, apartándose deliberadamente de la pintura de asuntos mitológicos o históricos, predominante en aquellos años. El pintor, que se proclamaba antiacadémico, progresista y social, no creía ni en la belleza única ni en lo sublime y su única fuente de inspiración sería su encuentro con la naturaleza. En Buenos días, Monsieur Courbet, de 1854, el artista se autorretrató con sus bártulos a la espalda, dispuesto para pintar en el campo, con la intención de dejar clara la nueva imagen del pintor que sale al mundo exterior en busca de sus temas y de paso declarar el paisaje como género independiente, un género en el que se combinaban sus ideas realistas y su gran amor por la naturaleza.

Para Courbet, perteneciente a la generación de artistas postrománticos, el único criterio válido a la hora de pintar era la propia experiencia que le permitiría crear un equivalente visual capaz de transmitir determinados significados de la realidad a los demás. De este modo daba un nuevo valor a la subjetividad del artista, un terreno que los románticos habían dejado abonado. Courbet compartía la famosa frase de Émile Zola: «La obra de arte es un fragmento de la creación visto a través de un temperamento», o las ideas de Champfleury, el más importante defensor del Realismo, que proclamaba que «la reproducción de la naturaleza por obra del hombre no debe ser nunca una reproducción o imitación, sino siempre una interpretación».

Con sus rompedoras ideas, Monsieur Courbet no sólo desencadenó una transformación del lenguaje de la pintura, sino de la propia función del artista. Además, hizo del Realismo su bandera política y sus planteamientos radicales supusieron una sustancial revolución. Podríamos aventurarnos a definirle como el primer artista de vanguardia, que actuó conscientemente en contra de las normas establecidas y no dudó en montar un pabellón propio al ser rechazado en el Salon de 1855. En este barracón, que se anunciaba con un gran rótulo con la palabra Realismo, expuso El estudio del pintor, una de sus obras maestras y todo un manifiesto de su pintura. Como no podía ser de otro modo, en esta emblemática obra el artista se autorretrató en su taller, junto a un numeroso grupo de conocidos suyos, pintando un paisaje. El arroyo Brème está pintado en la etapa final de su carrera. Este paisaje de los alrededores de Ornans, su tierra natal, nos muestra un paraje en el bosque denominado Puits Noir (Pozo Negro), el lugar donde el pequeño arroyo Brème brota entre las rocas, en medio de una frondosa vegetación. El pintor trata de plasmar con la máxima fidelidad las peculiaridades del paraje, pero sin olvidar la concepción subjetiva de la pintura. Realiza un acertado estudio de los juegos de la luz del sol al filtrarse entre los árboles y al reflejarse en la superficie tranquila de las negras y profundas aguas de la poza y transmite, con gran acierto, la atmósfera de silencio propia de ese lugar. Combina grandes masas de color, de pinceladas rápidas y sueltas, con zonas en las que la pintura es aplicada con espátula, con una factura muy sólida que refuerza el lenguaje realista del pintor. Su preocupación por la materialidad de las superficies también se hace patente en la supresión del espacio en profundidad, que anuncia la pintura impresionista. El fondo se representa próximo para hacer más palpables las distintas texturas de las rocas, las montañas, o el agua, en su intento de imitar a través de la corporeidad de la pintura, la corporeidad de la naturaleza.

El paisaje del Franco Condado, con sus montañas rocosas, sus densos árboles y pequeños ríos y cascadas, dotado siempre de gran sensualidad, fue un motivo muy frecuente en su obra durante esos años. En la actualidad, por la forma en que el agua brota entre las aberturas y pequeñas grutas de las rocas, unido a la fascinación de Courbet por los lugares ocultos, estos paisajes han sido interpretados por algunos autores en clave de metáfora sexual, al ponerlos en relación con una lectura paisajística de los temas eróticos, como El origen del mundo.



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La playa de Saint-Aubin-sur-Mer. Obra de Gustave Courbet. 1867. Óleo sobre lienzo, 54 x 65 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Este lienzo, de tamaño más bien reducido, presenta tres aspectos particularmente interesantes: combina una playa tranquila con marea baja y un celaje nuboso muy variado, una abrupta costa y una o dos personas al solaz y, finalmente, en primer término, dos niños, evidentemente pobres, que son los únicos seres vivientes sobre la playa y que a todas luces esperan una respuesta que ha de venir del pintor o del espectador. Si imagináramos la posición de éste, lo situaríamos frente a los niños, aunque a la altura de la dama del acantilado, es decir por encima de la línea de horizonte. Por consiguiente, el pintor/espectador se sitúa en un punto desde el que abarca toda la escena; contempla el panorama en su conjunto y al mismo tiempo percibe cada detalle.

Si empezamos el análisis por el elemento más llamativo del cuadro, los niños descalzos y harapientos, se diría que están pidiendo limosna; la niña pelirroja se ha llevado una mano al pecho como en ademán de reverencia. La actitud implorante e inocente de estos niños sitúa la obra en la línea de las llamadas pinturas socialistas de Courbet, a las que hacía referencia en 1868. No hay que tomar el término demasiado al pie de la letra: lo que el artista pretende es llamar la atención de la clientela burguesa de sus paisajes de playa sobre el abandono en que se encuentran los más desfavorecidos socialmente. Otro cuadro que trata un tema semejante es La limosna de un mendigo en Ornans, pintado apenas un año después de la obra que aquí se comenta. En esta etapa de su carrera, renace en Courbet el interés que ya había manifestado por los personajes desidealizados, que pintaba tanto para expresar su sentimiento de la justicia como para provocar a los acomodados visitantes de las exposiciones del Salón de París, que temían el contacto con las gentes de clases más bajas, salvo que dicho contacto se produjera de forma aséptica y siguiendo unas pautas establecidas. Recientemente hemos sabido que Courbet visitó Madrid en 1868 para volverse a acercar a la «gente llana» y a la pintura de género popular, pero con este viaje en el fondo hacía realidad una idea que ya tenía en mente desde hacía mucho tiempo, pues la idea de pintar mendigos o gitanos al parecer se remonta a la década de 1850.

La combinación pictórica de un tema social con un paisaje es totalmente insólita. Sin embargo, de forma semejante a como lo hiciera su otrora amigo, el filósofo Pierre-Joseph Proudhon (muerto en 1865), Courbet pretende recalcar que la política ha de hacer frente a la vida diaria. Por consiguiente, desea fundir la pintura de género con la histórica; ésta es una de sus pretensiones estéticas fundamentales a partir de la Revolución de 1848. Su cuadro El regreso a casa, de c. 1852 (colección particular) es un ejemplo temprano de ello. Sin embargo, incluso en la obra de Courbet, un paisaje de mar con resonancias sociales constituye una interesantísima excepción. En cambio, cada vez aborda más los temas de la vida cotidiana. Aunque dos años antes había pasado algunas temporadas en las costas de Normandía, de moda por aquel entonces, en 1867 acepta la invitación de Fourquet, un químico parisino, y visita la aldea de Saint-Aubin (Calvados), cuya playa carece de toda pretensión. Se lleva a su hermana Zélie y a sus otras dos hermanas les escribe: «El paisaje no es demasiado bonito. La playa no tiene nada de particular [...] es muy sencilla. No hay árboles como en Trouville y Deauville». En la aldea era fácil estar en contacto con gentes humildes. Sin embargo, después de la Comuna de París (en la que Courbet participó activamente) Jean Bruno utilizó precisamente este cuadro con fines políticos.

Por otra parte, a finales de la década de 1860 estamos muy lejos de la audacia de Los picapedreros, de 1849 (hasta 1945 en Dresde, Galerie Neue Meister) o de la aterradora masa negra de gente del Entierro en Ornans (París, Musée d'Orsay) de 1850. Más bien nos hallamos ante una especie de Romanticismo tardío, como lo sugiere el cálido sol de la tarde que ilumina la mayor parte de la playa. No hay acusación, ni indicio alguno de conflicto social; el pintor se limita a iluminar con una tenue luz a unos infelices niños harapientos. Y hasta los realza mediante el triángulo ocre claro, casi blanco, de la porción de arena sobre la que se sitúan. En cambio, esta superficie queda limitada por las sombras que arrojan los oscuros acantilados de la izquierda (detrás de los cuales ha de situarse el sol) y las zonas pardas de la playa a la derecha. Como consecuencia de ello, toda la composición presenta cierta ambigüedad. De hecho, en sus paisajes de la década de 1860, entre los cuales La playa de Saint-Aubin-sur-Mer constituye un destacado ejemplo (existen escenas semejantes en los museos de Londres, Colonia y Stuttgart), Courbet suele incluir zonas apacibles que alternan con llamativas áreas de luz y de sombra. Además, insiste en la aplicación de materia, cuyo aspecto opaco contrasta con la transparencia de otras zonas; en este caso las voluminosas rocas del primer término se contrarrestan con las delicadas pinceladas de la arena, los charcos de agua, las algas, los arenales y el movido celaje. Sin embargo, la superficie de las rocas y de las hierbas también es transparente. Este procedimiento opera como un factor autónomo, independiente del material, y notablemente alejado de cualquier concepto realista. En este sentido, La playa de Saint-Aubin-sur-Mer constituye un preludio de los famosos cuadros de la Ola de 1869-1870, en los que el pintor alcanza su propósito de disolver la sustancia y la coherencia del tema. Y es que el Courbet de la última época es antirrealista par excellence. Esta es la razón por la que Monet y Cézanne lo apreciaban tanto. Para estos pintores, lo que importaba no era el objeto representado, sino la pincelada y la mancha; es decir, el juego autosuficiente de los colores. La continua alternancia por parte de Courbet entre la serenidad y la gravedad también tiene un significado metafórico: desde el punto de vista psicológico, pone de manifiesto una oscilación constante entre la vida interior y el mundo exterior. Por consiguiente, es importante el mensaje emocional del cuadro. Courbet deseaba sugerir cierta empatía con los pobres más que inducir a una toma de conciencia de las desigualdades sociales o incitar a una sublevación.

La visión del mundo que aquí nos propone Courbet es la de la supremacía de la naturaleza. Los niños aparecen en tonos grises y marrones sobre la playa, la dama que descansa en el acantilado (con su acompañante o sus enseres dispuestos a modo de bodegón) está como inmersa en el verde del entorno y las barcas de los pescadores se funden casi indisociablemente con las áreas oscuras de la playa, como si formaran parte de ésta. A partir de El estudio del pintor (París, Musée d'Orsay), Courbet acentúa el concepto de la naturaleza como substrato del que los seres humanos emergen a la vida. Las marinas desempeñan un papel particularmente importante dentro de este contexto, pues Courbet era un entusiasta incondicional de cualquier tipo de elemento acuoso (fuentes, corrientes, olas), símbolo para él de la génesis de la vida. Por consiguiente, para el pintor la naturaleza no es meramente un ámbito apacible o impenetrable, sino más bien un espacio lleno de vida, que ofrece repentinas sorpresas y presenta abrumadores cambios. Por una parte, Courbet reconoce que la eterna naturaleza es la única fuerza redentora y, por otra, pinta sus efectos efímeros más que cualquier otro artista anterior al Impresionismo.



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La trucha. Obra de Gustave Courbet. 1873. Óleo sobre lienzo, 65,5 x 98, 5. París, Museo de Orsay.

Tras cumplir seis meses de condena en la cárcel, debido a su participación en la Comuna de París de 1871, durante un tiempo Courbet se establece en su Franco-Condado natal, antes de su exilio definitivo en Suiza, y es en este periodo cuando realiza varios bodegones de peces, inspirados por las gigantescas truchas extraídas por los pescadores de la Loue, el río que baña Ornans. El cuadro del museo de Orsay es además una variación, de igual/es tamaño/dimensiones, de otra Trucha conservada en la Kunsthaus de Zúrich.

Courbet se sitúa en la tradición de los bodegones de pesca, pintados por los maestros holandeses del siglo XVII. Sin embargo, su Trucha supera las intenciones de aquellos por su carácter dramático. Sin duda, podemos ver en la imagen de este pez atrapado, vencido, pero todavía vivo, una representación del propio pintor, que sigue siendo la presa de sus justicieros. Hundido por las dificultades por las que acaba de atravesar, Courbet vuelve, en sus últimas obras, a las expresiones románticas de su juventud.

A pesar de la indudable influencia holandesa del cuadro, la fuerte individualidad de Courbet estalla en la arrebatada pincelada, la pasta rugosa, la violencia de los contrastes. En este lirismo, se lee la desesperación del hombre.



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Bouquet of Flowers in a Vase. 1862. Obra de Gustave Courbet


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Manzanas y granadas en una copa, 1871. Obra de Gustave Courbet


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Deer in the Forest. 1868. Obra de Gustave Courbet


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Zorro en la nieve, 1860, Museo de Arte de Dallas. Obra de Gustave Courbet


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Deer Running in the Snow, c. 1856. Obra de Gustave Courbet


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The Edge of the Pool (Au Bord de lEtang), 1856. Obra de Gustave Courbet


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Gruta de Sarrazine cerca de Nans-sous-Sainte-Anne. Francia. Obra de Gustave Courbet


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Snow Effect in a Quarry, c. 1870. Obra de Gustave Courbet


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Landscape with stag. 1873. Obra de Gustave Courbet


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Rocks at Mouthier, c. 1855. Obra de Gustave Courbet


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Seascape, c. 1865. Obra de Gustave Courbet


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Winter in the Jura, c. 1875. Obra de Gustave Courbet


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The landscape is probably a site in the Forest of Fontainebleau, c. 1865. Obra de Gustave Courbet


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Autumn Sea. 1867. Obra de Gustave Courbet


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La vague, c. 1868. Obra de Gustave Courbet


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L'écluse de la Loue. 1866. Obra de Gustave Courbet


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Sunset, Vevey, Switzerland. Obra de Gustave Courbet


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The Etretat Cliffs after the Storm. 1870. Obra de Gustave Courbet


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The Mediterranean. 1857. Obra de Gustave Courbet


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Waves, c. 1870. Obra de Gustave Courbet


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The Wave. 1869. Obra de Gustave Courbet


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The Wave II. 1869. Obra de Gustave Courbet


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The Wave III. 1869. Obra de Gustave Courbet


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Mujer española - Spanish Woman. 1855. Obra de Gustave Courbet


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Young Ladies on the bank of the Seine – fragment of a painting (Woman with Flowers on Her Hat) - Jóvenes damas en la orilla del Sena – fragmento de una pintura (mujer con flores en su sombrero). 1857. Obra de Gustave Courbet


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Three Young Englishwomen by a Window. 1865. Obra de Gustave Courbet


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Espaldera - Trellis. 1862. Obra de Gustave Courbet


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Los luchadores - The Wrestlers. 1853. Obra de Gustave Courbet


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Estudio para 'chicas en las orillas del Sena, verano' - Study for Les Demoiselles des bords de la Seine (Été) (Girls on the banks of the Seine (Summer). 1856. Obra de Gustave Courbet


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Jo, la hermosa chica irlandesa - Jo, the Beautiful Irish Girl. 1866. Obra de Gustave Courbet


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Gitana reflexionando - Gypsy in Reflection. 1869. Obra de Gustave Courbet


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Proudhon y sus hijos, 1865. Obra de Gustave Courbet


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Portrait of a Woman: Juliette Courbet. 1860. Obra de Gustave Courbet


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Portrait of Juliette Courbet. 1844. Obra de Gustave Courbet


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Julieta Courbet a la edad de 10 años. 1841. Obra de Gustave Courbet


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Juliette Courbet. 1873-74. Obra de Gustave Courbet


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The Man Made Mad with Fear by Gustave Corbet (detail), c. 1843


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Joven sentado, estudio. Autorretrato conocido como en el caballete, c, 1847


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Gustave Courbet - Autorretrato. 1852. Tiza y carbón de leña, dibujo, 570 x 450 mm. Courtesy of the British Museum, London.


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Gustave Courbet - Autorretrato (el violonchelista), 1847


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Gustave Courbet - Autorretrato. Fabre. 1854


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Gustave Courbet - Bonjour Monsieur Courbet - Musée Fabre. 1854


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Gustave Courbet - Autorretrato (hombre con cinturón de cuero), c. 1845


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Gustave Courbet - Autorretrato en Sainte-Pélagie. 1872


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Gustave Courbet - Autorretrato con perro negro, c. 1843


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Autorretrato del pintor francés Gustave Courbet. Retrato del artista llamado al hombre herido


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Gustave Courbet - Autorretrato. 1871


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Plâtre de 1860 de Gustave Coubet par le sculpteur Louis-Joseph Leboeuf au Musée Courbet d'Ornans dans le Jura



Enlaces interesantes


Ver Galería de Courbet. Museo de Orsay

Web Museo Courbet

Enlace para ver obra de Gustave Courbet

Ver víde de obras de Gustave Courbet[

Gustave Courbet en Artehistoria



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado la recopilación dedicada al excéntrico y gran pintor francés Gustave Courbet. Fue un pintor realista del siglo XIX, retratista, realizaba composicines de escenas colectivas, paisajísticas y eróticas. Fue muy influyente y prolífica su obra, pero también muy polémico tanto en su vida profesional, como la privada, llegando a tener grandes enemigos, debido a sus excesos. Fue altivo, desordenado y terminó sus días siendo un alcohólico. Dejando sus defectos aparte Courbet alcanzó como artista una calidad técnica excepcional. Fue gran admirador de Velázquez, Ribera, Zurbarán y Rembrandt; alternaba en el círculo de Corot, Baudelaire y Daumier. Su realismo se convierte en modelo de expresión de muchos pintores, contribuyendo a enriquecer la obra de Cézanne.



Fuentes y agradecimientos: gustavecourbet.org, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museothyssen.org, artehistoria.com, pintura.aut.org, artehistoria.com, musee-orsay.fr, artcyclopedia.com, elpais.com, es.wahooart.com y otras de Internet
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Last edited by j.luis on Saturday, 07 March 2015, 13:52; edited 20 times in total 
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Post Re: COURBET 
 
Gracias J.Luis, estupenda galería de Courbet.

Un Saludo.
 




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Post Re: COURBET 
 
Gracias xerbar, como habrás observado este pintor Courbet, es realista 100 x 100 algunos cuadros parecen autenticas imágenes digitales del siglo XXI y, para eso el artista tiene que tener una gran técnica y maestría.




Saludos.
 




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Post Re: COURBET 
 
Es la primera retrospectiva en España del pintor francés


El Museo Diocesano de Barcelona expone los paisajes realistas de Courbet


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El desesperado (1841), autorretrato de Courbet.

No están ni Las bañistas, ni El Sueño, ni su polémico El Origen del Mundo, donde el francés Gustave Courbet (1819-1877) pintó el primer plano de un pubis femenino que escandalizó a sus contemporáneos; pero es la primera vez que en España se pueden ver tantas obras juntas de este autor, fundador y máximo representante del realismo: 36 óleos, 17 dibujos y 15 grabados, además de fotografías, cartas y algunos de sus objetos personales, como una paleta de pintar, tres de sus pipas de fumar, el molde de su mano derecha y su máscara mortuoria en bronce. En total, un centenar de piezas que dan cuerpo a la exposición Gustave Courbet: entre naturaleza y cultura, que puede verse hasta el 5 de septiembre en el Museo Diocesano de Barcelona.

"Creo que la pintura es un arte esencialmente concreto y sólo puede consistir en la representación de las cosas reales y existentes... la belleza está en la naturaleza y se encuentra en la realidad y en las formas más diversas", escribía Courbet en 1861. Nacido en el seno del Romanticismo, fue abandonándolo a medida que se interesaba y pintaba los personajes y temas de la vida cotidiana, algunos de los cuales pueden verse en la exposición que ayer se inauguró en Barcelona: tortuosos paisajes donde el único refugio se encuentra entre las piedras y en acogedoras grutas rodeadas de agua, como La fuente del Loue, Una papelera en Orna y El castillo de Chillon, el lugar que sirvió de inspiración a artistas y escritores como Lord Byron. También se exponen algunos de sus retratos, como Retrato de Francis Wey y Retrato de hombre según Velázquez, en los que "está patente su relación con España y su admiración por Diego Velázquez", según explicó Jean-Jacques Fernier, comisario y dueño de las obras que provienen del Institut Courbet de Francia, durante la presentación de la exposición.


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El arroyo sombreado de Gustave Courbet

Fernier aseguró que la exposición "era importante por la casi nula presencia de Courbet en los museos españoles, a excepción de dos cuadros de la colección de la baronesa Thyssen de Madrid".

Las obras pueden verse en Barcelona gracias a que la sede del Institut Courbet de Ornans (en el oeste de Francia) está en reformas. Está previsto que después viajen a Santo Domingo, Pekín y París antes de regresar a su hogar en 2011.


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El castillo de Chillon de Gustave Courbet

El museo, edificio renacentista, esquina Avenida de la Catedral con Pla de la Seu. El Museo Diocesano de Barcelona (en catalán, Museu Diocesà de Barcelona) está situado en la plaza de la Catedral de Barcelona, en el edificio de la Pia Almoina. Se inauguró como Museo Arqueológico Diocesano de Barcelona en 1916 instalándose en el espacio de la planta baja del seminario Conciliar, siendo su primer director Manuel Trens. Se trasladó y abrió al público en el nuevo espacio en el año 1991. El museo recoge una extensa colección de obras de arte de iglesias de la diócesis de Barcelona desde el inicio de la misma hasta nuestros días.


EL PAÍS / Wikipedia
 




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Courbet apadrina el realismo catalán


El MNAC expone 17 obras maestras del pintor junto a las de artistas del país



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Huyendo de la crítica, I. Una joven observa la obra "Huyendo de la crítica, I" de Pere Borrell, que se muestra en la exposición "Realismo(s). La huella de Courbet" en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (MNAC), que exhibe por primera vez en España, las pinturas más relevantes del pintor francés y su influencia en el realismo español.

    
Se ha dicho que con él la pintura puso la realidad con los pies en el suelo. Podría decirse también que con él la pintura se abrió -literalmente- de piernas.

Gustave Courbet (1819-1877), el mayor exponente del realismo francés del XIX, sacudió el mundo del arte con su visión sin concesiones y dio el paso previo necesario para la llegada de la modernidad a las artes plásticas. Ahora, el autor de la otrora escandalosa El origen del mundo -ese sexo femenino exhibido sin tapujos en un primer plano de afelpada evidencia-, rinde otro servicio al arte apadrinando a los pintores realistas catalanes en la exposición Realismo(s), la huella de Courbet, que ha producido el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) y que se inaugura hoy.

La exposición, compuesta por 80 obras -pinturas, dibujos, fotografías y grabados- cuenta con la friolera de 17 de las pinturas más emblemáticas de Courbet que se podrán ver por primera vez en nuestro país. Entre ellas ese gran revolcón lésbico, apoteosis del tribadismo y la cara de polvo, que es El sueño, denominado también eufemísticamente Las dos amigas y ya más concretamente Pereza y lujuria (atención al collar de perlas roto que simboliza el embate amoroso) y el famoso autorretrato conocido como El desesperado, que muestra al artista eso, desesperado (acaso por no vender ni un cuadro), y con un inesperado parecido a Johnny Depp -reconocido incluso por la directora del MNAC, Maite Ocaña-.

El despliegue de Courbet, con el acompañamiento de otros pintores franceses como Millet y Corot, sirve al MNAC para mostrar la impronta de este en la pintura realista catalana del XIX y especialmente en Ramon Martí Alsina. También para saldar la deuda del MNAC con el realismo catalán y descubrir o revalorizar a pintores como Simó Gómez.

La exposición es atrevida más allá del despelote de muchas obras. Atrevida conceptualmente, pues se ha decidido que se concentre en la figura y prescinda de la pintura de paisaje y casi íntegramente de la connotación social del realismo (recuérdese el activismo de Courbet, miembro de la Comuna de París y modelo de pintor proletario de Proudhon). En cambio, se subraya en la exposición la relación de los realistas con la pintura del XVII -con la inclusión de obras de Velázquez, Murillo, Rembrandt (su minúsculo retrato con la mirada extraviada tan similar a El desesperado) o Ribera- y se presentan audaces comparaciones y guiños (¡Fortuny!). De manera harto heterodoxa, se incluye asimismo un apasionante epílogo a la exposición -del que es responsable el artista Antoni Llena- en forma de cara a cara entre cinco pinturas y otras tantas obras de ¡Tàpiès!

En este último apartado de la exhibición, que reivindica el realismo como una corriente viva, se contrapone un Tàpies inédito, de agosto de 2010, Cames, con su obvia inspiración, El origen del mundo. Desgraciadamente, el MNAC, que ha conseguido para la ocasión préstamos sensacionales de museos como el Petit Palais, el Metropolitan, el Musée d'Orsay y la National Gallery, no ha logrado el velludo lienzo de Courbet, así que lo que se muestra en su lugar es una proyección.

La exposición, que va combinando obras de franceses y catalanes, está estructurada en cinco ámbitos. Arranca con Espejos, que exhibe autorretratos, entre ellos seis fascinantes de Courbet, incluido uno, el primero que encuentra el visitante -el pintor con un perro negro-, que ya estuvo en Barcelona, en 1917. Presencias muestra a personajes del entorno de los artistas, Arte viviente escenas cotidianas (mucha siesta). Transgresiones tiene más morbo: centrado en la representación del desnudo femenino con todas sus rotundidades y alguna celebración del michelín incluye pillinas fotografías de Antoni Esplugas y un dibujo à la Courbet de Martí Alsina de un sexo femenino que no deja el mínimo resquicio (!) a la imaginación...


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El desesperado. Una persona contempla la obra "Retrato del artista" o "El desesperado" de Gustave Courbet, que se muestra en la exposición "Realismo(s). La huella de Courbet" en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (MNAC), que exhibe por primera vez en España, las pinturas más relevantes del pintor francés y su influencia en el realismo español.


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La fuente. Dos personas ante la obra "La fuente" o el oleo también llamado "Bañista en la fuente" de Gustave Courbet, que se muestra en la exposición "Realismo(s). La huella de Courbet" en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (MNAC), que exhibe por primera vez en España, las pinturas más relevantes del pintor francés y su influencia en el realismo español.


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La mujer de la ola. Una visitante observa la obra "La mujer de la ola" de Gustave Courbet, que se muestra en la exposición "Realismo(s). La huella de Courbet" en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (MNAC), que exhibe por primera vez en España, las pinturas más relevantes del pintor francés y su influencia en el realismo español.


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Realismo. Dos personas pasan ante las pinturas "Autorretrato" de Bartolomé Murillo (i) y "Fugint de la crítica, " de Pere Borrell (d) que se muestran en la exposición "Realismo(s). La huella de Courbet" en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (MNAC), que exhibe por primera vez en España, las obras más relevantes del pintor francés Gustave Courbet y su influencia en el realismo español.


No podemos dejar de recordar (y homenajear) aquí a Khalil-Bey, el diplomático turco de origen egipcio (su padre fue capitán de Mehmed Alí) para el que Courbet pintó El sueño y El origen del mundo.


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El origen del mundo (L'origine du monde) Óleo sobre lienzo. 46 x 55 cm. Colección particular. París. Francia. Es un cuadro realizado por Gustave Courbet en 1866. Es una pintura al óleo sobre lienzo, de unos 55 cm por 46 cm, que representa en primer plano un pubis femenino, el de un tronco de mujer desnudo, reclinado sobre las sábanas de un lecho y que tiene las piernas separadas. La escala, el encuadre y el punto de vista elegidos por el artista supusieron una radical novedad respecto de toda la tradición pictórica anterior, produciendo en el espectador una fuerte impresión de sensualidad y erotismo.

La modelo favorita de Courbet cuando se pintó el cuadro era la joven Johanna Heffernan, a la que se llamaba familiarmente Jo. Era la amante y modelo de James McNeill Whistler, un pintor norteamericano amigo y discípulo de Courbet. Aparte de incluirla en varios cuadros más, Courbet hizo un retrato suyo en 1866, Portrait de Jo, la belle Irlandaise. La suposición de que Johanna fuese también la modelo para L'origine du monde está por ello bastante extendida.

Tras más de un siglo de vida vergonzante, L'origine du monde... goza por fin del puesto que merece. Pero incluso bien avanzado el siglo XX seguía resultando amenazante; puede que las circunstancias de su concepción inicial, como destinado a una contemplación privada, le sean consustanciales.

Los comisarios de una gran exposición retrospectiva de Courbet realizada en París en 1977 no se atrevieron a exponerlo, a pesar de estar disponible. Sí se incluyó, en cambio, en otra similar celebrada en Nueva York en 1988. Y cuando empezó a mostrarse en el Museo de Orsay se colocó inicialmente una vigilancia especial en la sala, por temor a las reacciones del público. Todavía hoy causa asombro e incredulidad a los no iniciados.


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Las dos amigas. Una persona contempla la obra "El sueño", "Las dos amigas" o el oleo también llamado "Pereza y lujuria" de Gustave Courbet, que se muestra en la exposición "Realismo(s). La huella de Courbet" en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (MNAC), que exhibe por primera vez en España, las pinturas más relevantes del pintor francés y su influencia en el realismo español.


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El sueño (en francés, Le Sommeil), es un cuadro del pintor francés Gustave Courbet. Está realizado al óleo sobre lienzo. Mide 135 cm de alto y 200 cm de ancho. Fue pintado en 1866, encontrándose actualmente en el Museo del Petit-Palais, de París, Francia. También es conocido como Las durmientes, o Pereza y lujuria o Las amigas.

Esta tela, al igual que El origen del mundo, fue encargada por el diplomático turco Jalil-Bey.

Se trata de un cuadro de carácter sensual, propio de algunas de las obras que el autor pintó durante el Segundo Imperio. Protagonizan el cuadro dos figuras femeninas desnudas durmiendo, que recuerdan a las figuras de diosas mitológicas de la escuela veneciana. Trataba un tema morboso para la época en que vivió el artista: la relación sexual entre dos mujeres. Aún es objeto de debate si se trata sólo de representar el sueño inocente de dos amigas o se trata de una obra sobre el amor lésbico.

La puesta en escena es refinada. Las mujeres están sobre una cama, enmarcada por cortinas de terciopelo azul oscuro. Se ha considerado que, por la expresión del rostro, la mujer de cabellos rubios tiene un sueño erótico.1 En primer plano, sobre una mesita de madera con motivos florales en la tapa, hay un cáliz y un collar de perlas roto han de interpretarse como alegorías. En efecto, el collar roto que pasa por debajo de la mujer morena, simbolizaría la falta cometida mientras que el cáliz es signo de arrepentimiento. Junto al cáliz, hay una botella azul y una jarra de cristal. Al fondo, a la derecha, hay un jarrón con flores, posible regalo de una de las amigas a la otra.


elpais.com / es.wikipedia.com
 




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Aparece el rostro de la mujer de ‘El origen del mundo’ de Courbet , según un experto

Un especialista en la obra del pintor francés asegura haber descubierto el rostro en un cuadro comprado por un coleccionista en 2010



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Portada de la revista 'Paris Match' donde se muestra el rostro de la mujer de 'El origen del mundo'.

El especialista Jean-Jacques Fernier afirma haber descubierto la cara de la mujer del cuadro El origen del mundo (1866) de Gustave Courbet. El hallazgo ha suscitado el escepticismo en otros estudiosos del pintor francés, que se han negado a ser citados, aunque rechazan esta nueva teoría. aunque por el momento no han querido expresar más que sus dudas. El semanario Paris Match ha publicado hoy la que considera "la exclusiva mundial" sobre "el secreto oculto de la mujer".

En enero de 2010, un coleccionista de arte compró por 1400 euros a un anticuario parisiense un lienzo de 33 cm x 41 cm, sin firma, con la cabeza de una mujer morena, con cara de placer. El comprador, que prefiere mantenerse en el anonimato, compartió el cuadro con diversos expertos. Las investigaciones llevadas a cabo le permitieron concluir que se trataba del rostro de la mujer de El origen del mundo y que, por tanto, el cuadro podría haberse dividido en distintas partes.

Con la ayuda del experto Jean-Jacques Fernier, autor de un catálogo razonado de la obra de Courbet, entregaron el lienzo a un laboratorio donde fue analizado. Estos resultados permitieron confirmar, según su teoría, la autoría. El experto cree que el conjunto original completo mediría 120 x 100 cm y representa a Jo Hifferman, la amante irlandesa de James Whistler. Según Paris Match el cuadro de la cabeza de mujer estaría valorado en 40 millones de euros, tras estas revelaciones.


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El museo d'Orsay de París, institución que alberga El origen del mundo, no ha querido comentar esta información asegurando, en declaraciones a AFP, que los conservadores de la pinacoteca se reservan la opinión y valoración de obras en manos privadas.


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Dos imágenes capturadas de la revista 'Paris Match'



Fuente: elpais.com
 




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Post Re: COURBET 
 
¿Tiene cara ‘El origen del mundo’?


El mayor experto en la obra de Courbet certifica que el retrato de una mujer hallado en París es la parte superior del cuadro que escandalizó a la Francia del siglo XIX


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Imagen del cuadro hallado en un anticuario; abajo, reproducción de 'El origen del mundo', de Courbet. / PHILIPPE PETIT/PARISMATCH

El origen del mundo (L’ origine du monde), el famoso cuadro pintado en 1866 por Gustave Courbet (1819-1877) en el que se ve en primerísimo plano el sexo velludo de una mujer, ¿tiene también cara? Según afirma el semanario francés Paris-Matchen su última edición, la respuesta es sí. El rostro de la dueña de uno de los cuerpos desnudos más audaces, explícitos y perturbadores de la historia del arte, está —estaría— pintado en un pequeño óleo de 33 x 41 centímetros que ha sido objeto de una larga y rocambolesca investigación. Pero algunos expertos manifiestan su radical escepticismo, y el Museo de Orsay, donde se expone la obra desde 1995, guarda un prudente silencio.

El relato comienza en 2010, cuando un aficionado al arte, que según la revista prefiere no ser identificado de momento, compró un pequeño retrato horizontal de la cara de una mujer en un anticuario de París por 1.400 euros. El óleo no está firmado y muestra un rostro ladeado hacia atrás, una boca entreabierta, un gesto de lascivia aparente. En 2012, el comprador pensó que se trataba de la obra de un maestro y decidió lanzarse a la búsqueda del autor. Sacó la tela del marco; comprobó que la pintura había sido “manifiestamente cortada” y que parecía proceder de una tela más grande. Luego descubrió, por un sello medio borrado que se veía en el reverso, el nombre de un marchante de colores del siglo XIX. Lo siguiente fue… meterse en Google para comprobar la identidad de la modelo.

“Una noche, febril, se topa con El origen en Internet”, escribe la revista francesa. “La imprime en tamaño natural (46 x 55), la superpone a su cuadro con un pequeño decalage… Y ahí está la revelación”. El examen parece indicar que la cara es la prolongación y el espejo del cuerpo pintado pero no firmado por Gustave Courbet, que fue cedido al Estado francés por la Fundación Lacan cuando murió su último propietario, el psicoanalista Jacques Lacan.

En junio, el anónimo propietario da con una reproducción de otra obra de Courbet, La femme au perroquet (Mujer con loro), que se expone en el Metropolitan de Nueva York. Es un retrato de la irlandesa Joanna Hiffernan, pareja del pintor James Whistler, que posó varias veces para Courbet, de quien fue amante. Y se parece mucho a la suya.

Los historiadores consideran El origen del mundo una obra icónica, legendaria e incompleta. De su pasado se sabe que perteneció a un diplomático otomano, llamado Khalil-Bey, que al parecer lo mantuvo escondido tras una cortina verde durante 20 años y solo descorría la cortina para enseñar la joya a las visitas.

El incansable detective siguió investigando, y leyó el relato de un amigo de Courbet, Jules Troubat, que tras una visita de Khalil-Bey al estudio del artista escribió lo siguiente: “Se trató sobre una serie de cuadros y cuadritos que se esconden en algunos museos secretos de Europa o América”. Esta mención hizo sospechar al héroe anónimo que El origen del mundo formaba parte de un cuadro más grande que habría sido troceado.

Cada vez más animado, el comprador consulta con Jean-Jacques Fernier, del Instituto Gustave-Courbet, autor del catálogo razonado de la obra del pintor. Este ordena hacer un análisis del cuadro al Centro de Análisis e Investigación en Arte y Arqueología de París: radiografías, rayos X, espectrometría de infrarrojos. Resultado: “Los pigmentos, la capa marrón de los contornos, la largura de las pinceladas, todo correspondía punto por punto a El origen del mundo”. El experto inscribe el retrato en su catálogo y confirma su teoría de que El origen del mundo es una obra incompleta.

¿Se non è vero è ben trovato? En el Museo Courbet de Ornans tienen menos fe. La conservadora Frédérique Thomas-Mauri, declaraba al diario Libération: “No estoy convencida”. El Museo de Orsay señalaba que sus expertos “no se pronunciarán de momento sobre el caso”. El más duro fue Hubert Duchemin, un marchante francés con más de 25 años de carrera: “¡Esta historia es una tontería! Lo ve hasta un niño de dos años. No es un garabato, y muy probablemente se pintó en el XIX, pero en Courbet hay violencia, casi salvajismo, y aquí todo es control y dulzura".


elpais.com
 




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Una artista convierte en 'body art' 'El origen del mundo' de Courbet

El Museo de Orsay se negó hoy a pronunciarse sobre la polémica intervención, sin ropa interior, de la luxemburguesa Deborah de Robertis en una de sus salas


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'El origen del mundo' de Gustave Courbet

El Museo de Orsay se negó hoy a pronunciarse sobre la polémica intervención de la artista luxemburguesa Deborah de Robertis, que la semana pasada recreó en persona en una de sus salas y sin autorización el cuadro de Gustave Courbet 'El origen del mundo'.

Con un vestido corto de lentejuelas doradas y sin ropa interior, De Robertis se sentó ante la famosa obra, abrió las piernas y, con ayuda de sus manos, mostró su sexo a los visitantes durante varios minutos.

Los trabajadores de ese centro, según se puede ver en el vídeo colgado por la artista en internet, se interpusieron entre ella y el público para obstaculizar la visión y, sin forzarla físicamente a interrumpir el espectáculo, procedieron a desalojar la sala.


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Ver vídeo

La artista colgó un vídeo en Internet en el que se veía cómo los trabajadores de ese centro se interpusieron entre ella y el público para obstaculizar la visión y, sin forzarla físicamente a interrumpir el espectáculo, procedieron a desalojar la sala.

El Museo indicó que no va a pronunciarse sobre lo sucedido, que acaparó miradas sorprendidas pero también aplausos entre quienes el pasado jueves se cruzaron con ella.

"Mi obra -bautizada 'Espejo del origen'- no refleja el sexo, sino el ojo del sexo, el agujero negro. Mantuve mi sexo abierto con las dos manos para revelarlo, para mostrar lo que no se ve en el cuadro original", apuntó la artista al diario 'Le Monde'.

No es la primera vez, según dice, que recrea ese cuadro en el museo parisino, donde hace un mes también desnudó parte de su cuerpo para que un fotógrafo que la acompañaba le hiciera una foto.

"Actúo con mucha naturalidad, lo que hace que incluso cuando hay vigilantes a veces no digan nada. Lo ven como algo que no es chocante. Intento siempre transmitir algo muy puro", concluye la artista, que acompaña el vídeo de su último espectáculo con la música del Ave María de Schubert de fondo.

elmundo.es



  

A esta señora o señorita se le ha ido la 'hoya', por muy artista que sea aunque ha llamado la atención que es lo que pretendía, y ha ganado notoriedad en todo el mundo.
 




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Post Re: COURBET 
 
  jojojo como está el personal.    Llamar la atención y darse a conocer creo que sería su intención y lo ha logrado.  

Un Saludo.
 




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Los jueces franceses se declaran competentes para juzgar a Facebook


La red social eliminó una cuenta por difundir un famoso cuadro de 1866 del sexo de una mujer



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El cuadro 'L'origine du monde', cuya publicación en el perfil de un usuario francés fue censurada por Facebook.

La justicia francesa se ha declarado este jueves competente para juzgar a Facebook, un precedente que rompe la sagrada norma de la red según la cual todos los posibles litigios con los usuarios deben resolverse ante los tribunales estadounidenses. Un usuario denunció a la red social por haber eliminado su cuenta tras haber difundido la fotografía de un cuadro expuesto en el museo d´Orsay de París y que, bajo el título de L´Origine du Monde, famosa obra pintada en 1866 por Gustave Courbet, representa un primer plano del sexo de una mujer.

El usuario, profesor aficionado al arte, recomendaba en febrero de 2011 ir a ver la obra e incluía el enlace de un reportaje sobre la misma y su historia. Era en ese reportaje, donde se contaba que el cuadro había sido ocultado durante décadas, en que aparecía la fotografía. El “censurado” se dirigió reiteradamente a Facebook para pedir explicaciones por entender que no se había respetado su derecho a la libertad de expresión. Ante la falta de respuestas, optó por acudir a los tribunales.

Stéphane Cottineau, abogado del perjudicado, exige la reactivación de la cuenta, así como una indemnización por daños y perjuicios. Cottineau argumentó el mes pasado ante los jueces franceses que la red social gana dinero con sus usuarios y que, por tanto, existe una contrapartida financiera. Por el contrario, los abogados de Facebook señalaron que se trata de un servicio gratuito para el usuario que, al abrir una cuenta, ya acepta las condiciones de uso.

En esas condiciones, en efecto, se indica que los contenciosos deben resolverse “exclusivamente” ante el tribunal del distrito norte de California o ante un tribunal estatal del condado de San Mateo, también en California.


elpais.com
 




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Post Re: COURBET (Gustave Courbet) 
 
LITERATURA / Debut


Tres mujeres ante Courbet

La periodista de RTVE Lara Siscar presenta 'La vigilante del Louvre', una novela a tres voces sobre la idiosincrasia de ser mujer



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La periodista y escritora Lara Siscar, con su primera novela en las manos.

Una mujer lleva a su marido hasta el orgasmo pero ella no alcanza a sentir gran cosa; otra mujer posa desnuda en una clase de dibujo, tiene frío y hambre pero debe aguantar; la tercera encuentra un momento de alivio al descubrir los retratos de dos hermanas expuestos en el museo en el que trabaja. Son las tres primeras escenas de La vigilante del Louvre, la primera novela de la periodista de RTVE Lara Siscar (Plaza & Janés). En la portada, una mujer de espaldas, desnuda, tapa un lienzo que el lector podrá identificar como El origen del mundo, de Gustave Courbet.


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La vigilante del Louvre, de Lara Siscar (Plaza & Janés)

O sea que... O sea que esto debe de ir sobre la relación de las mujeres con su propio cuerpo llena de matices que los hombres apenas podemos intuir: el placer y el descubrimiento de la capacidad de despertar deseo, la vanidad y la culpa, la estupefacción ante el juicio ajeno e impertinente, la maternidad y el extrañamiento, la tristeza por la edad y el deterioro... ¿Es así? "El libro habla de eso, pero no sólo de eso", responde Siscar. "El cuerpo es aquí una manera de expresar algo más, la vivencia de las mujeres en su día a día. El cuerpo está dentro de esa experiencia, claro, está en el centro mismo. Parte de nuestra idiosincrasia consiste en que, como mujeres, no podemos desligarnos nunca de cómo se nos ve. Ni aunque queramos ser invisibles podemos conseguirlo, y eso es algo que no le ocurre a los hombres. Aquí el cuerpo me sirve para expresar algo más interno".

El problema, entonces, es más abstracto, más brumoso y más sencillo: Diana, Isabelle y Claudette, las tres protagonistas de Siscar, son infelices. Alrededor de Diana todo es mediocre. Alrededor de Claudette todo es tedioso. Y alrededor de Isabelle todo es vil. Pero a las tres les queda una pizca de consuelo en el cuadro de Courbet (se ha tomado la licencia literaria de hacerle abandonar el Museo d'Orsay en favor del Louvre) y en la Victoria de Samotracia. Por allí habrán de cruzarse sus vidas.

Casi no hay hombres en La vigilante del Louvre y los que aparecen llevan su coraza. Lo más probable es que tampoco ellos sean felices, pero no indagan mucho en eso. En cambio, van a prostíbulos, juegan a la pornografía y al chantaje, ganan dinero... "N


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La Victoria de Samotracia.

¿Y por qué el Louvre? Hay una pantalla de frialdad en la novela que tiene que ver con ese paisaje parisino, más bien sórdido: turistas de día y prostitutas por la noche. "Habría podido llevarme el cuadro de Courbet al Museo del Prado. Lo pensé. Pero había algo a lo que no podía renunciar que era la aparición de La Victoria de Samotracia, que también tiene su presencia icónica en la novela. Era el cimiento de toda esta historia".

La novela de Siscar está llena de marcas así, de citas a los libros que sus protagonistas leen, a la música que escuchan, a las obras de arte que van buscando cuando entran en el museo. "¿Sabe qué pasa? Soy una escritora que empieza. A veces soy consciente de que tomo imágenes e ideas de libros que leo y siento que lo más honesto es nombrarlos".

No es una anécdota. Siscar dice que La vigilante del Louvre responde a sus años de lectora obsesiva. "No sé si soy buena escritora, pero sé que soy buena lectora. He leído indiscriminada y compulsivamente desde que tengo uso de razón y, casi sin querer, he desarrollado un criterio. Leo novelas, veo cosas, me fijo y pienso: aquí hay un nivel de complejidad que creo que puedo asumir". Continúa: "He sido feliz con lo que escribo cuando he sido capaz de no conformarme con las primeras imágenes, que normalmente venían de otras lecturas". Y termina: "Es mi forma de ser. He intentado alejarme de lo previsible, de lo sabido, de lo convencional".

elmundo.es
 




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Arte o delito



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Deborah de Robertis en el Museo D’Orsay

En la pasada edición de Art Basel Miami, un ataque a una mujer fue tomada por los visitantes a la feria (cientos, lo que es una multitud) como una performance y hasta después de consumarse el ataque nadie prestó atención a la víctima, herida y en el suelo, en la moqueta de la feria. Y es que en una feria de arte ya sabemos que puede pasar cualquier cosa, aunque realmente casi nunca pasa nada que no esté previsto. Esa confusión entre arte y delito se hacía evidente en el marco incomparable de la mayor feria de arte contemporáneo en Estados Unidos, claro que tal vez allí estén más familiarizados con el delito que con el arte, por lo que el asunto no pareció merecer un espacio destacado en la prensa y nunca llegué a enterarme de qué es lo que había pasado, porque como, evidentemente, resultó que no era una performance ya nadie le prestó la menor atención.

La relación entre el arte y el delito siempre fue una relación de ladrones que robaban obras de arte, o de artistas delincuentes, galeristas delincuentes, profesionales del arte y a veces, por aquello del pluriempleo sin duda, también de la delincuencia. Pero esta ligazón casi simbiótica entre la obra de arte y el delito me parece que es algo nuevo y que merece más atención de la que se le está dando. Y en esto llega, regresa, Deborah de Robertis y se desnuda en un museo. Otra vez. Este hecho tiene múltiples comentarios posibles, desde la terrible afirmación/pregunta de las Guerrilla Girls hace ya demasiado tiempo de que “las mujeres tienen que estar desnudas para estar en los museos” (comentario hecho a la luz del ínfimo porcentaje de artistas mujeres presentes en los museos de todo el mundo, más allá de como espectadoras), así de Robertis simplemente cumplía esa lacónica profecía posmoderna: al desnudarse podría estar en el museo. Pero no, solamente ha estado en el museo por unos minutos y en la prensa en las últimas noticias de sociedad. Nuevamente se ha conseguido poco.


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De Robertis ya en 2014 se levantó las faldas y se abría el sexo en el Museo d’Orsay delante del cuadro simbólico y extrañamente hipnótico del “Origen del Mundo” de Gustave Courbet. En aquella ocasión la artista colgó un video en internet en el que se veía cómo los trabajadores del museo la tapaban con sus cuerpos formando una barrera entre ella y los visitantes del museo. Ahora ha sido nuevamente en el Museo d’Orsay, delante de otro clásico “La Olimpia” de Manet. No queda duda de su interés por los clásicos. La supuesta artista o probable delincuente se desnudó delante de la obra, se cerró la sala y se le pidió que se vistiera, ante su negativa se llamó a la policía y fue detenida “por exhibicionismo sexual”, ella declaraba que simplemente se trataba de una performance artística. No pudo grabar nada con el video que llevaba para tal efecto. ¿Arte o delito? Bueno, muchas veces el arte es en sí mismo un delito sin necesidad de que nadie se desnude y nadie es detenido. Pero injusticias, ya sabemos, hay muchas. También es cierto que la señora de Robertis no parece tener un currículo artístico suficiente para justificar que cualquiera de sus actos sea una obra de arte, aunque los mejores performers que conozco afirman categóricamente, en la mejor línea histórica de autoafirmación artística, que una performance es simplemente un acto realizado con intención artística.


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La artista mostrando su sexo frente al cuadro de Gustave Courbet 'El origen del mundo' en mayo de 2014. Ver vídeo

Hay cientos de obras, videos, fotografías, en los que la idea de romper el concepto casi sagrada del museo es formalizada con la inclusión de desnudos, supuestamente reales, en un museo. Mucho Photoshop y montaje, también sesiones a museo cerrado, siempre respetando a un público que finalmente no puede ni sabe distinguir una agresión real de una performance cuando se realizan, cualquiera de los dos, delante de sus cansados ojos. Y menos aún habiendo sangre de por medio, porque ya la sangre nos resulta tan aburrida como la tinta roja con toda la que corre por el mapa mundial que habitamos. Es el cuerpo desnudo de la mujer lo que parece alterar al orden establecido, es decir a los vigilantes de sala del museo D’Orsay. Acostumbrados a ver unas tetas o un coño exquisitamente pintados en un los lienzos clásicos, verlos en persona y carne real parece resultarles insoportables. Tal vez si se quitaran los uniformes del cuerpo y las reglas de la cabeza, simplemente sonreirían y seguirían paseando por el museo. Pero también puede ser que lo que ofenda y altere el orden sea que el desnudo, delito o performance, no estaba programado en las actividades del Museo. Lo cierto es que ni desnudas ni vestidas las mujeres tenemos un gran espacio en el museo, y que la relación entre arte y delito depende, como siempre, de quien lo firme.


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La artista desnuda frente a una obra de Courbet. (Foto: Facebook de Deborah de Robertis)


exit-express.com
 




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Courbet, pintor de paisajes vaginales

El escritor francés David Bosc rescata los últimos días en el exilio de Suiza del artista



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'El origen del mundo' (1886), obra del pintor Gustave Courbet que se exhibe en el Museo de Orsay en Paris.

Entra la luz azul del París de 1866 por la ventana de un estudio. Huele a tabaco de pipa, vino blanco y trementina. Sobre una sábana revuelta de pereza y lujuria una modelo abre sus piernas. En el lienzo el artista Courbet moja el pincel y descubre el color rosa más turbador de la Historia del Arte. Una pincelada de rosa erotizante para mostrar un sexo que parece a punto de devorar al espectador.

El hombre que pintó El origen del mundo, uno de los cuadros más audaces de la Historia, es el protagonista de la novela del escritor David Bosc (Carcasonne, 1973) La fuente clara (Demipage). Courbet sufre los días de su exilio en Suiza mientras deambula, divaga y agoniza en las páginas de este libro. Es un Courbet a punto de morir que intenta olvidar sus días en el París salvaje, sangriento y fabuloso de la Comuna. Y que expía culpas después de haber pagado con la cárcel y con una multa imposible su supuesta responsabilidad en la destrucción de la Columna Vendôme en los días de triunfo de la rebelión comunera. La Comuna es un sueño ya lejano que quedó desangrado en las últimas barricadas en Montmartre y en el Muro de los Federados del cementerio de Père-Lachaise aquellos días de mayo, en el tiempo de las cerezas.

Bosc disecciona en una novela-biografía o biografía novelada a un Courbet prematuramente envejecido, silencioso, que recuerda sus cuadros y que camina hinchado por el vino. Morirá el último día de 1877 de cirrosis. Ya no es el artista que con cada obra intentaba dinamitar el romanticismo para que entrara el realismo voraz, fierísimo, lleno de mugre, fealdad y también de la rabiosa belleza de lo cotidiano. Un Courbet que apenas recuerda al que entró en el siglo XIX para ponerlo del revés y dejarlo limpio de neoclasicistas, románticos, simbolistas e historicistas. El artista que echa el telón de un mundo para que comience otro. Justo cuando está a punto de irrumpir el impresionismo y la fotografía ha liberado al artista de tener que copiar la realidad. Un hombre en la frontera, en la tierra de nadie, en el abismo.

  La novela de Bosc sirve de excusa para volver a un cuadro que fascina y asquea a un artista inclasificable.

Courbet es siempre un dilema, un problema, un desafío, una incomodidad. No hay más que ver los rostros de los que hoy observan El origen del mundo en el Museo de Orsay. Habría que filmar la contemplación de ese vientre “hermoso como la carne de un Correggio”, según escribió Edmond de Goncourt. El famoso psicoanalista Jacques Lacan, que fue uno de los propietarios del lienzo, analizaba la reacción de sus amigos cuando les enseñaba el cuadro que guardaba oculto en su casa. Se sumergía así en los misterios del voyeur. Ese cuadro le servía como laboratorio analítico de la psique. Era el que mira al que mira.


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Portada de 'La fuente clara', de David Bosc

La novela de Bosc sirve de excusa para volver a un cuadro que fascina y asquea a un artista inclasificable. Hace un par de años la artista Deborah de Robertis realizó una performance en el mismo Museo de Orsay mostrando su sexo ante El origen del mundo como si estuviera ante un espejo. El escándalo existe como existía cuando se pintó el cuadro. No hay ojo de época, porque todas las épocas miran con sospecha el lienzo. La historia de esta obra es la crónica de un cuadro innombrable y clandestino. Se exhibe oculto en cámaras secretas y en gabinetes privados de coleccionistas erotómanos, viaja en maletas de doble fondo, queda escondido dentro de otro cuadro y sufre el robo y saqueo durante la Segunda Guerra Mundial.

El crítico Thierry Savatier escribió hace unos años la biografía de este lienzo maldito en El origen del mundo. Historia de un cuadro de Gustave Courbet, y que en España publicó en 2009 Ediciones Trea. Allí aparece el Courbet bizarro, osado y extravagante que pinta un lienzo que pretende desbaratar la historia del desnudo. Y se plantea la primera pregunta: ¿quién es la modelo? Se pueden rastrear semejanzas en sus otras mujeres pintadas. ¿Será alguna de sus bañistas despreocupadas? ¿O quizás se esconde en el sueño viscoso y dulce de sus mujeres dormidas? ¿Tal vez en las que posan desnudas con loros o con perros? Más y más escándalo. Hay varias hipótesis. Podría ser Jeanne de Tourbey, la ex lavadora de botellas que llegó a gran dama, culta amante “de todo el mundo”, según las jugosas crónicas de los hermanos Goncourt, y que reunía en su famoso salón a lo mejor del París del Segundo Imperio. Sí, podría ser.

O tal vez el paisaje vaginal pertenecía a Joanna Hifferman a la que Courbet pintó salvaje y desmelenada en Jo la irlandesa, aunque habría que recordar que era pelirroja, lo que descarta por lógica toda posibilidad. Y ahí están algunas de las modelos que posaron para él como Amaury Duval, Augustine Legaton o Henriette Bonnion. Sin descartar otra posibilidad del siglo de la fotografía, que Courbet tuviera inspiradoras instantáneas de desnudos que ilustraban discretísimos álbumes para consultar en la soledad de los gabinetes. No hay más que revisar las tiradas eróticas estereoscópicas conservadas en la Biblioteca Nacional de París que realizó Auguste Belloc, uno de los precursores de este mercado clandestino y por cuyo negocio estuvo en la cárcel. Sí, todo es posible en ese mundo desenfrenado, sexual, clitórico y despreocupado del París de Napoleón III. Quizás lo mejor sea pensar que podría ser una especie de monumento a la mujer desconocida, aunque hay quien en los últimos años se ha empeñado en encontrar el rostro del sexo pintado por Courbet rastreando improbables lienzos en tiendas de anticuarios.

Y si curioso es el misterio de la modelo, más aún lo es el viaje secreto del cuadro desde que lo adquiere el diplomático otomano Khalil Bey hasta que se cuelga en las paredes del Museo de Orsay en junio de 1995. Bey lo mantenía oculto tras una cortina verde en el cuarto de baño de su casa, en el número 24 del Bulevar de los Italianos, en el antiguo Hotel Brancas. Pero las deudas de juego obligaron al coleccionista a venderlo. A partir de ese momento se inicia la etapa más clandestina del lienzo clandestino de Courbet. Un secretismo a menudo adobado por grandes dosis de invención mezcladas con el inevitable moralismo que ha acompañado siempre a este cuadro.

  Imaginamos el sexo abierto pintado por Courbet recorriendo las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial, oculto en museos secretos, depositado en bancos y temblando bajo los bombardeos.

En 1889, según una pista de Edmond de Goncourt, aparece en la casa del anticuario, coleccionista de arte oriental y marchante La Narde. El cuadro ya está oculto dentro de otro cuadro de Courbet, un paisaje del castillo de Blonay que Courbet pinta durante su exilio en Suiza. Una obra bucólica sin más intención que ser un cuadro-escondite.

En 1912 lo compra la galería Bernheim Jeune que lo vende al barón húngaro Ferenc Hatvany, coleccionista que lo esconde –su eterno destino- entre las cornucopias y los canapés exquisitos de su palacio típico del espíritu de la Mitteleuropa. Pero con la Segunda Guerra Mundial llega la leyenda. Cuenta Thierry Savatier en su ensayo que durante muchos años el mundo del arte creyó en la versión oficial de que la colección del barón había sido saqueada por los nazis y que el ejército rojo la recuperó para luego devolverla. Sin embargo, habría que introducir un matiz importante. El origen forma parte del botín de guerra de los rusos. Imaginamos el sexo abierto pintado por Courbet recorriendo las cicatrices de la tragedia europea, oculto en museos secretos, depositado en bancos, temblando bajo los bombardeos. El origen del mundo a punto de desaparecer. La carne caliente y palpitante convertida en cenizas bajo el ruido de la guerra.

Terminado el conflicto bélico, el barón Hatvany inicia la búsqueda de su cuadro. Pero ese lienzo debía de estar almacenado en el depósito de un gran museo ruso, era un secreto de Estado y Stalin seguía vivo. Una elipsis aliviará al lector: el barón consigue finalmente recuperarlo de las zarpas del oso soviético, aunque es un misterio cómo. Hay una hipótesis en la que El origen parece el argumento de una película de espías: pasó clandestinamente el telón de acero en el doble fondo de una maleta. Así al menos lo relataba la segunda esposa de Lacan, Sylvie Bataille.

De todas formas lo importante es que el lienzo ya está otra vez en Francia. Lo compra el psicoanalista Jacques Lacan por sugerencia de su esposa en 1954. A la muerte de Lacan, éste lo donará al Estado y en el verano de 1995 el mundo queda asombrado –y en buena parte escandalizado porque así es el ojo de todas las épocas- cuando se muestra en la Sala Courbet del Museo de Orsay. L’innominato, el que nunca se nombra, está ahora a la vista de todos, junto a las mujeres dormidas, las marinas, las naturalezas muertas y los ciervos y corzos que agonizan en la nieve. Cuerpos y paisajes macerados por el tiempo, pudriéndose salvajes y bellísimos por un exceso de vida.


EVA DÍAZ PÉREZ / elpais.com
 




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