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MUSEO DE ORSAY (París)
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Mensaje MUSEO DE ORSAY (París) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al Museo de Orsay de París, es uno de los museos más prestigiosos del mundo y una cita obligada para todo aquél que es aficionado al arte o quiere dar sus primeros pasos en este universo tan interesante y atractivo que es la pintura y la escultura.


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Esta ubicado en la antigua estación de ferrocarril de Orsay, junto al Sena, en la orilla izquierda y muchos entendidos dicen que es el más bello de toda Europa.

En este museo podemos encontrarnos maravillosas obras de grandes pintores como: Van Gogh, Manet, Delacroix, Monet, Pissarro, Gauguin, Cézanne, Courbert, Seurat, Corot, Degas, Ingres, Sisley, Toulouse-Lautrec y Zuloaga entre otros... y de los escultores: Rodin, Jean-Baptiste Carpeaux, Cavelier, Paul Cabet, Pompon y Schoenewerk, por mencionar algunos artistas.

Sin duda, el Orsay es una de las joyas culturales que no podemos dejar de visitar cuando estemos en la ciudad de la luz, después del Louvre es el más importante de Francia.

Espero que la recopilación realizada, sea del gusto de los visitantes de esta sección de arte del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.






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Dirección Musée d'Orsay:

62, rue de Lille-Varenne 75343 Paris Cedex 07 Francia
(+33) 01 40 49 48 14

Página oficial del Museo de Orsay





MUSEO DE ORSAY


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El Museo de Orsay o Musée d´Orsay es un museo que se encuentra en París, Francia, dedicado a las artes plásticas. Inaugurado en el 1 de diciembre de 1986, por el Presidente de la República, François Mitterrand. Tras la remodelación, llevada a cabo por la arquitecta Gae Aulenti, de la estación de ferrocarril de Orsay. Ya en 1973 la Dirección de Museos de Francia concibió el proyecto de establecer un museo en dicha estación, que amenazaba ruina y en la que se hablaba de construir un hotel. La decisión se vio impulsada por el resurgimiento de un interés por el siglo XIX, siendo inscrita la estación en el inventario suplementario de Monumentos Históricos el 8 de marzo de 1973. Sin embargo, la decisión oficial de construir el museo no llegó hasta el consejo de ministros del 20 de octubre de 1977, al parecer presentada por iniciativa del mismo presidente, Valéry Giscard d'Estaing.


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El Museo d'Orsay es considerado por muchos como el de los más bellos de toda Europa. Está situado junto al río Sena, en el lugar que ocupaba hacia 1870 el Tribunal de Cuentas, destruido durante la Comuna. En 1898, fue reconvertido en estación de trenes por la Compañía Ferroviaria París-Orleáns, encargándole al arquitecto Víctor Laloux los trabajos de construcción, que apenas duraron dos años, pues se buscaba que estuviera construida antes de la Exposición Universal del 1900.

Se trataba de una enorme nave central, de 135 m. por 40, cuya estructura metálica había sido hábilmente recubierta al externo con estucos color claro. La nave dio cabida a 16 andenes, restaurantes y un elegante hotel con 400 habitaciones. Sin embargo, en 1939 la denominada Gare d'Orsay fue abandonada, declinando lentamente. Casi para demolición, en 1973 fue declarado Monumento Nacional por el Presidente Pompidou, ocupándose activamente en la construcción de un museo dentro de él. Éste acogió el medio siglo de arte que va desde el Segundo Imperio de Napoleón III hasta los albores del Cubismo.


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El nuevo edificio conserva gran parte de la arquitectura original. Las salas están divididas en: escultura, pintores particulares como Daumier, Ingres o también se divide por estilos como puede ser el Impresionismo, que ocupa una sala con obras de muy diferentes autores como Monet, Manet o Degas. La escultura representada en el museo abarca los periodos de 1850 a 1870 con obras como "El Genio de la Patria", obra romántica en donde se deforman los objetos para expresar una idea o un sentimiento.


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El desayuno sobre la hierba de Édouard Manet

También es interesante destacar la obra de Carpeaux como, por ejemplo, su Ugolino, que ya no responde a temas bíblicos o mitológicos, como hacían los pintores en su misma época, sino que se interesaba directamente por la naturaleza. La sala de Ingres plantea una obra que se encuentra a caballo entre dos épocas: el Clasicismo y el Romanticismo; la Fuente, del año 1820-1856, puede servir como ejemplo.


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Jean-François Millet, Las espigadoras, 1857

También se encuentra en el museo bien representada la pintura de historia de los años 1850-1880, en la que el pintor Alexandre Cabanel ofrece una de sus mejores obras, La Muerte de Francesca de Rímini y Paolo Malatesta, del año 1870. Otro autor muy conocido fue Daumier, quien se interesó tanto por la pintura como por la escultura, el dibujo y la litografía.


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Gustave Courbet. El acantilado de Étretat después de la tormenta, 1870.


Otro autor que ocupa un amplio espacio es el pintor Gustave Courbet, que destaca por sus dotes como retratista, paisajista, pintor de naturalezas muertas y por su sensibilidad a la hora de pintar el cuerpo femenino.

Otra sala la ocupan los pintores impresionistas y Manet; en este museo se encuentra una de sus mejores obras, Olimpia. Finalmente, hay artes aplicadas e industriales.


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Jean Auguste Dominique Ingres, The Source, 1856

En Orsay se alberga pinturas: impresionista, postimpresionista, y alguna clásica y escultura, artes decorativas, fotografía, cine y arquitectura, obras todas ellas pertenecientes al fondo del Museo del Louvre.


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Rodin, La puerta del Infierno, 1880-1917, yeso

Existen, además de salas de pintura y escultura, otras dedicadas a la arquitectura, las artes decorativas (Art Nouveau y el movimiento Arts & Crafts), o la fotografía (Nadar, Gustave Le Gray, Regnault, Shaw...)


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Vincent van Gogh, La iglesia de Auvers-sur-Oise, 1890


Algunas obras destacadas

   - Retrato de Madame Charpentier, de Renoir.
   - Baile en el Moulin de la Galette, 1876, de Renoir.
   - Los tejados rojos, de Camille Pissarro.
   - El circo, de Georges Pierre Seurat.
   - Ta Matete, de Paul Gauguin.
   - Arearea, 1892, de Paul Gauguin.
   - The Source, 1856, de Ingres
   - Las espigadoras, 1857, de Millet.
   - El desayuno sobre la hierba, de Édouard Manet
   - Bodegón con cebollas, de Paul Cézanne.
   - Los acuchilladores de parqué, 1875, de Gustave Caillebotte
   - Noche estrellada sobre el Ródano de Van Gogh.
   - La habitación de Van Gogh en Arles de Van Gogh.
   - La iglesia de Auvers-sur-Oise, 1890 de Van Gogh.
   - La escultura The dance de Jean-Baptiste Carpeaux.
   - La escultura de Conte ugolino, Category; Inferno Canto 33 de Auguste Rodin.
   - Entierro en Ornans, 1849, de Gustave Courbet.
   - El taller del pintor, 1855 de Gustave Courbet.
   - El origen del mundo, 1866 de Gustave Courbet.
   - Mujer desnuda con perro, 1868 de Gustave Courbet.
   - La fuente, 1868 de Gustave Courbet.
   - El acantilado de Étretat después de la tormenta, 1870), de Gustave Courbet.



Algunas de las pinturas más destacadas


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Van Gogh. Noche estrellada sobre el Ródano. 1888. Óleo sobre lienzo. 72.5 x 92 cm. Museo de Orsay. París. Francia. Los impresionistas destacan por su especial interés hacia la luz. Si Monet se preocupa por captar las diferentes luces en las distintas horas del día, Van Gogh se sentirá atraído por las luces nocturnas, ya sean las estrellas como en este caso, o las luces de gas del Café nocturno. Bien es cierto que las luces artificiales también las observamos aquí, reflejadas en las aguas del Ródano. En primer plano aparecen un par de figuras, contemplándose tras ellas el espectáculo del río semi-iluminado y las siluetas de algunos edificios de Arlés al fondo. Pero lo que llena de sentimiento a la escena son las estrellas, rodeadas de un halo amarillento, como si Vincent plasmara en ellas todos sus deseos. Los tonos empleados son oscuros, consiguiendo crear un efecto especial con los amarillos y verdes, dominando a los azules oscuros. La pincelada que Van Gogh muestra es muy particular, con pequeños toques de color, formando facetas que organizan rítmicamente la composición. La pincelada depurada y relamida del academicismo ha sucumbido ante el genio explosivo de los artistas impresionistas y neo-impresionistas.



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Van Gogh. La habitación de Van Gogh en Arles. 1888-1889. Óleo sobre lienzo. 57 x 74 cm. Museo de Orsay. París. Francia.  Vincent realizó diferentes versiones de este célebre cuadro, que representa su habitación en la Casa Amarilla en Arles.
Según el propio artista mirando el cuadro "uno debería dejar descansar el cerebro o, mejor dicho, la imaginación". Al contrario que la mayoría de sus cuadros, como el "Café por la noche", Vincent escogió tonos tenues y el acorde principal de ocre y azul tiene sin duda un efecto tranquilizador sobre el observador. El espacio, abierto a nuestra mirada, parece acogernos, invitando al silencio y al recogimiento. Todos los objetos - las sillas, la mesita, los cuadros de las paredes - se dirigen hacia el interior, mientras la ventana cerrada del fondo y las dos puertas de los lados eliminan cualquier riesgo de claustrofobia perceptiva. Incluso el color está aplicado de forma lisa, sin recurrir a las pinceladas espesas y pastosas ni a los toques breves y enérgicos tan característicos de su arte. Vincent, en suma, ha representado una isla feliz, el ideal doméstico, ordenado armonioso que respondía quizá a sus deseos pero no desde luego a sus inclinaciones. Los pocos objetos personales - los cuadros, la servilleta colgada, la colcha roja, la jarra de agua sobre la mesa - contribuyen a dar a la estancia el aspecto de un lugar que muestra el carácter de su habitante, una morada llena de paz que el pintor raras veces halló en vida.



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Van Gogh. El restaurante de la Sirène en Asnières. 1887. Óleo sobre lienzo. 54 x 65 cm. Museo de Orsay. París. Francia. Tras frecuentar la tienda del père Tanguy, comerciante de pinturas que simpatizaba con muchos artistas jóvenes, Van Gogh estableció amistad con los pintores Émile Bernard y Paul Signac, convertidos respectivamente en dos de los mayores exponentes del Simbolismo y del Neoimpresionismo.
En su compañía había ido varias veces a trabajar al aire libre a Asnières, suburbio de París a orillas del Sena, que había inspirado ya en los años anteriores a algunos impresionistas como Monet y Pissarro. En este cuadro Vincent escoge un lugar de encuentro, captado en un momento de tranquilidad; parece vivir la atmósfera de las primeras horas de una tarde dominical, que tantas veces habrían representado Renoir y sus compañeros.

En el cuadro domina un acorde de colores luminosos - amarillo, azul, rosa - con las notas rojas del muro, la puerta y algunos detalles, que contribuyen a dar vivacidad al cuadro. El uso del negro se reduce al mínimo y el artista recurre a las sombras coloreadas, es decir, a lo que había sido una de las mayores innovaciones del Impresionismo.

La representación del restaurante que da título al cuadro se convierte en un pretexto para mostrar, desde un ángulo visual insólito, el escorzo de una calle suburbana y para experimentar con las nuevas técnicas pictóricas que el artista estaba descubriendo en París, auténtica capital mundial del arte entre el siglo XIX y el XX.



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Van Gogh. Campamento de gitanos con carros. Óleo sobre lienzo. 45 x 51 cm. Museo de Orsay. París. Francia. En 1888 Vincent, harto de París, y gracias al respaldo económico que le brinda su hermano Theo, se traslada a Arlés, para fundar una comunidad de pintores. Allí se encontró con una primavera plácida y apacible, que le hizo pintar al aire libre todo lo que veía, como es el caso de este "Campamento de gitanos", en el que emplea unos colores intensos, brillantes, donde destacan los rojos, azules y amarillos.



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La iglesia de Auvers-sur-Oise es un cuadro pintado al óleo sobre tela del pintor holandés Vincent van Gogh. Data del año 1890. Mide 94 cm de alto y 74 cm de ancho. Esta pintura se encuentra en el Museo de Orsay (París, Francia).

Después de que Van Gogh dejase el hospital de Saint-Rémy-de-Provence el 16 de mayo de 1890, abandonó el sur de Francia para dirigirse al norte. Hizo una visita a su hermano Theo van Gogh en París y después se marchó a Auvers-sur-Oise, por consejo de su amigo Camille Pissarro, para que lo tratase el doctor Paul Gachet. Aquí Van Gogh pasó lo que serían sus últimas diez semanas de vida y en este breve lapso de tiempo pintó un centenar de cuadros. Van Gogh pintó durante un tiempo las flores del jardín del doctor, y luego fue dedicándose a la población y su entorno. Así descubrió la iglesia del pueblo, de estilo gótico, que pintó en este cuadro: La iglesia de Auvers-sur-Oise.

Este cuadro, con otras telas como el Ayuntamiento de Auvers y numerosos cuadros de pequeñas casas con los tejados de tejas son reminiscencia de las escenas de los paisajes nórdicos de su infancia.2 Una cierta nostalgia por el norte se podía ya notar en sus últimas semanas en Saint-Rémy: en una carta de un par de semanas antes de su partida, escribe «mientras estaba enfermo hice de todas formas algunos pequeños lienzos de memoria, que verás más adelante, en recuerdo del norte.»

Precisamente, se refería a un trabajo similar hecho en Nuenen cuando describe este cuadro en una carta a su hermana Wilhelmina:

    Tengo un cuadro más grande de la iglesia del pueblo –un efecto en el que la construcción parece ser violeta contra un cielo de simple azul oscuro, cobalto puro; las ventanas parecen como manchas de azul ultramar, el tejado es violeta y en parte anaranjado–. Al fondo, florecen algunas plantas verdes, y arena con el reflejo rosa del sol. Y otra vez más es casi la misma cosa que los estudios que hice en Nuenen de la vieja torre y el cementerio, solo que probablemente ahora el color es más expresivo, más suntuoso.

El «simple azul oscuro» lo usó también en su Retrato de Adeline Ravoux, pintado en el mismo breve período que pasó en Auvers-sur-Oise.

La iglesia se alza sobre una colina levemente elevada. El cielo es de un color azul profundo, que se refleja en las amplias vidrieras. La parte superior del cuadro está iluminada brillantemente por el sol, pero la iglesia misma está cubierta por su propia sombra, y «ni refleja ni emana de ella ninguna luz propia».

Después de que Van Gogh fuera expulsado de la carrera evangélica que esperaba proseguir en el Borinage, escribió a su hermano Theo desde Cuesmes en julio de 1880, y citó la imagen de Shakespeare de Enrique IV, Parte 16 del vacío oscuro dentro de una iglesia para simbolizar una «predicación vacía y nada ilustrada»: «Su Dios es como el Dios del borracho Falstaff de Shakespeare, 'el interior de una iglesia'»

Alrededor de la iglesia se distingue hierba verde y caminos, bañados de luz, y que llevan en direcciones diferentes. El tema de los caminos divergentes también aparece en Campo de trigo con cuervos. Por uno de ellos se acerca una campesina al templo. En los laterales del cuadro pueden distinguirse las casas del pueblo y árboles.

Los colores son fuertes. Las pinceladas se han aplicado con vigor.

Es uno de los últimos cuadros de Van Gogh y, sin embargo, nada permite pensar en la desesperación que le llevaría al suicidio.

La iglesia se encuentra en Place de l'Eglise, 95430 Auvers-sur-Oise, Francia.



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Bodegón con cebollas, de Cézanne es un cuadro del pintor francés Paul Cézanne, conocido en francés como Nature morte avec oignons. Está realizado en óleo sobre lienzo. Mide 66 cm de alto y 81 cm de ancho. Fue pintado entre 1895 y 1900. Estuvo en el Museo del Jeu de Paume y actualmente, se encuentra en el Museo de Orsay, París, Francia.

El género del bodegón es uno de los favoritos de Cézanne, junto al paisaje y al retrato. Dentro de él, son sus temas predilectos las manzanas y los fruteros. Este en concreto lo pintó en plena etapa de madurez (década de 1890).



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Paul Cézanne, Retrato de Achille Emperaire, (1868). Museo de Orsay, París



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Paul Cézanne, Naturaleza muerta con manzanas y naranjas (1895-1900) Museo de Orsay, París, Naturaleza muerta con manzanas y naranjas (1895-1900) Museo de Orsay, París



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Renoir. El retrato de Madame Charpentier, es uno de los cuadros más conocidos del pintor francés Pierre-Auguste Renoir. Está realizado al óleo sobre lienzo. Mide 46,5 cm de alto y 38 cm de ancho. Fue pintado entre 1876 y 1877. Estuvo en el Museo del Jeu de Paume y, actualmente, se encuentra en el Museo de Orsay, de París, Francia.

Este retrato está realizado aún con técnica impresionista. Es un lienzo preparatorio o esbozo de otro mayor, Madame Charpentier y sus hijos (Museo Metropolitano de Nueva York). En este caso, la retratada es una mancha blanca contra un fondo oscuro, en el que parece vislumbrarse un cortinaje floreado. Ella se vuelve hacia su izquierda, como si atendiera a la conversación de alguien situado a ese lado. La protagonista era la esposa de Georges Charpentier, famoso editor de música, en cuyos salones se celebraban reuniones de políticos, intelectuales y artistas.



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Auguste Renoir. Nude, 1907. Museo de Orsay, París



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Pissarro. Los tejados rojos, es uno de los cuadros más conocidos del pintor francés Camille Pissarro. Está realizado al óleo sobre lienzo. Mide 53 cm de alto y 64 cm de ancho. Fue pintado en 1877. Estuvo en el Museo del Jeu de Paume y, actualmente, se encuentra en el Museo de Orsay, de París, Francia.

Los tejados rojos (un pueblo en invierno) es un paisaje. Su centro de atención son los tejados rojos de un pueblo, en invierno, en los alrededores de Pontoise. Sobre ellos puede verse una colina y, por encima, una franja de cielo azul. En el primer plano se observan árboles frutales.

Fue realizado en un momento de la carrera de Pissarro en el que buscaba una atmósfera diáfana. También se nota influencia de Cézanne en la construcción del paisaje. Es un ejemplo de los motivos favoritos de Pissarro: rurales, sencillos y naturales.
Valora el espacio atmosférico a través de la retícula que forman las ramas de los árboles. Los colores se contraponen con cierta violencia, especialmente los complementarios. Pissarro utiliza pequeñas pinceladas rápidas que unifican todo el cuadro.



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Seurat. El circo, es un cuadro del pintor francés Georges Pierre Seurat. Está realizado en óleo sobre lienzo. Mide 180 cm de alto y 148 cm de ancho. Fue pintado en 1891. Se encuentra en el Museo de Orsay, París, Francia.

Seurat representa el circo, con su atmósfera festiva. Este cuadro trata el tema del circo, frecuentado en esos mismos años 1880 por otros autores como Renoir, Degas y Toulouse-Lautrec. Seurat lo trata con la técnica puntillista, en un cuadro en el que predomina el color amarillo. Seurat redujo su paleta a cuatro colores principales, con sus tonos intermedios, en estado puro; predominan el amarillo y el violeta, complementarios. Usaba esos colores en estado puro, mediante pequeños toques yuxtapuestos que se fundían en la retina del espectador.
Es la última obra de Seurat, empezado un año antes de morir de difteria. Realizó numerosos bocetos para esta obra y la dejó incompleta. Fue adquirido por Paul Signac que luego la revendió al coleccionista estadounidense John Quinn, con la promesa de dejarlo al Museo del Louvre.
Deseaba describir los contrastes de color en la pista del Circo Fernando, así como la diferencia entre la línea curva del escenario y las gradas rectas. En estas gradas retrata a las distintas clases sociales: los pobres arriba, los ricos abajo. En el centro de la pista hay un payaso que lanza el movimiento del carrusel. El caballo imprime dinamismo y movimiento a la obra.

La obra fue expuesta, aunque no estuviera terminada, en el séptimo Salón de los independientes, y durante el tiempo de la exposición murió Seurat.



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Gauguin. Ta Matete (en español El mercado) es un cuadro del pintor francés Paul Gauguin. Está realizado en óleo sobre lienzo. Mide 73 cm de alto y 92 cm de ancho. Fue pintado en 1892. Se encuentra en el Museo de Orsay, París, Francia. Esta obra se pintó durante la primera estancia de Gauguin en la Polinesia (1891-1893).



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Arearea es una obra pintada por el francés Paul Gauguin, en 1892, durante su estancia en Tahití. También se conoce informalmente como «El perro rojo». Desde 1961 está el Museo de Orsay de París. Se conoce por la referencia núm. 469 del catálogo de Wildenstein.

La corriente artística al que representa es el expresionismo. La obra recupera el concepto de la sinestesia, un recurso que intenta fusionar pintura y música. Además de la función decorativa se trata de activar los sentidos equiparando el ritmo de formas y colores con el sonido o el movimiento. La mujer que toca la flauta y las figuras del fondo que danzan refuerzan la asociación con la música.

En una entrevista publicada en el Écho de Paris, en 1895, el periodista pregunta a Gauguin por qué pinta perros rojos y ríos naranja. El pintor explica que son formas y colores intencionados. No pretende representar nada real sino crear una armonía de colores y líneas que sugieran sensaciones de la misma manera que lo hace la música.

Tema. La palabra arearea es tahitiana (en tahitiano normalizado 'ārearea) y quiere decir pasatiempo, diversión o entretenimiento alegre y gozoso. En el cuadro se observa en primer plano un perro y una pareja de mujeres, una tocando una especie de flauta y otra escuchando. La mujer que escucha es la figura central de la escena, nos introduce totalmente en ella mediante su mirada, al tiempo que con la inclinación del rostro nos invita a escuchar la música que hace su compañera; esta misma música es la que nos trasporta hasta el fondo de la escena, donde vemos otras mujeres bailando ante un ídolo. Es una escena que refleja el carácter primitivo de Tahití, justamente lo que buscaba Gauguin cuando "huye" de París. Este primitivismo también viene dado por otros factores: el rostro de la pareja que se encuentra sentada, el paisaje tropical de colores saturados, el tótem que se encuentra en el fondo de la obra, los vestidos con simples pareos y finalmente, el instrumento que toca la mujer de la izquierda que está en primer plano, que es una flauta típica de Tahití.

Gauguin volvió a pintar un perro rojo en Pastorales tahitianos (1892). Durante su primera estancia en Tahití tenía un perro que llamaba «Pego», la pronunciación francesa de P. Gau... Leer más



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Jean-François Millet, Las espigadoras, (1857). Las espigadoras (en francés, Des glaneuses), también conocido como Las cosechadoras, es un cuadro del pintor francés Jean-François Millet.1 Pintado al óleo en 1857, es una representación realista de mujeres espigando. La pintura es famosa por mostrar de una manera muy humanista la realidad de la sociedad rural del siglo XIX, lo que fue mal recibido por la clase alta francesa. Cuando fue expuesto en el Salón de París de 1857, fue considerado como «peligroso». Posteriormente, se convirtió en símbolo del patriotismo francés, utilizándose para estimular el alistamiento durante la Primera Guerra Mundial.

El cuadro actualmente se encuentra en exhibición permanente en el Museo de Orsay, en París.



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Almuerzo sobre la hierba, "Le Déjeuner sur l'Herbe", en francés, a menudo mal traducido como "Desayuno sobre la hierba", es un cuadro al óleo de 208 cm de altura y 264,5 de largo, pintado por Édouard Manet en 1863. Se exhibe en el Museo de Orsay de París. Al principio se llamó a este cuadro Le Bain, y luego La Partie carrée. En español, también se ha traducido como La merienda campestre1 o Almuerzo campestre.

La yuxtaposición de un desnudo femenino con caballeros completamente vestidos suscitó controversia cuando la obra se mostró por vez primera en el Salon des Refusés en 1863, después de ser rechazado por el Salón oficial. Fue el lienzo «más irritante y controvertido» de esa exposición de obras rechazadas.2 Aparte de considerar vulgar el que una mujer estuviera desnuda junto a jóvenes vestidos, numerosos críticos rechazaron la modernidad del estilo, desde el punto de vista cromático y compositivo.

En 1863, Manet sorprendió al público francés al exponer su Déjeuner sur l'Herbe («Almuerzo sobre la hierba»). La idea del cuadro se le ocurrió durante una excursión a Argenteuil, a orillas del Sena.2 No es una pintura realista en el sentido social o político del término propio de un Daumier, sino que es una afirmación a favor de la libertad individual del artista. El escándalo que causaba una mujer desnuda desayunando despreocupadamente con dos hombres completamente vestidos, lo que ofendía a la moralidad de la época, se acentuaba por el hecho de que las figuras eran reconocibles... Leer más



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Baile en el Moulin de la Galette (en francés: Bal au moulin de la Galette) es una de las obras más célebres1 del pintor impresionista francés Pierre-Auguste Renoir, que se conserva en el Museo de Orsay en París, siendo uno de los cuadros más emblemáticos del museo.

Historia de propietarios. Fue expuesto en la III exposición de los impresionistas (1877). Desde 1879 hasta 1894, estuvo en la colección de Gustave Caillebotte. Éste lo legó al Estado, quien lo aceptó en 1894. Estuvo en el museo de Luxemburgo (París) de 1896 a 1929, año en que se atribuyó al Museo del Louvre. Desde 1947 a 1986: Museo del Louvre, Galerie nationale du Jeu de Paume, París. Al Museo de Orsay pasó en el año 1986. Hay otra versión en manos privadas.

Renoir en este cuadro representa un baile en el Moulin de la Galette, merendero popular del parisino barrio de Montmartre. Se ve la luz a través de los árboles, y se refleja en la ropa, en el primer plano, a la derecha abajo se ven unas diagonales creadas por unos bancos y una mesa donde están sentados amigos del pintor, casi en el centro se ve a una pareja que da la sensación de que toda la fiesta gira en torno a ellos, en uno de los bancos hay una señora y una niña, y en otro un hombre y una mujer, que no se sabe si están discutiendo o cortejándose, el movimiento que se ve en el cuadro, que da la sensación de que la gente está bailando, viene dado por la ondulación de las cabezas, se presentan naturalezas muertas, se destacan un jarrón y unos vasos sobre la mesa, tiene influencias de la fotografía, ya que corta los cuerpos.



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Los acuchilladores de parqué o Los acepilladores de parqué (en francés, Les raboteurs de parquet) es un cuadro del pintor francés Gustave Caillebotte pintado en 1875. En la actualidad se encuentra en el Museo de Orsay, en París.

Historia de la obra. Tras realizar su obra, Caillebotte presentó el lienzo al Salón de París de 1875, pero el jurado lo rechazó, considerando que su tema era vulgar e indigno de entrar en la exposición oficial. Tras esto, Caillebotte decide participar en la segunda de las exposiciones del grupo impresionista, en 1876, de la que además será el principal impulsor, y expone allí Los acuchilladores. Este cuadro formó parte de un lote de cuarenta y cinco pinturas que Camille Pissarro, Pierre-Auguste Renoir, Alfred Sisley y el propio Caillebotte vendieron en 1877 al Hotel Drouot de París, pero el pintor quiso recuperar su obra, que permaneció hasta 1894, fecha de su muerte, en su colección particular. Tras la muerte del pintor sus herederos donaron la obra al estado francés, con la intermediación de Renoir, su albacea. Entre 1896 y 1929 el cuadro permanece en el Museo del Luxemburgo -en el recinto del Jardín de Luxemburgo de la capital francesa. En 1929 la tela pasa a manos del Museo del Louvre. Permanece en el edificio principal del museo, el Palacio del Louvre, hasta que en 1947 se traslada a la Galería del Jeu de Paume, una sala de exposición, dependiente igualmente del Louvre, situada en el Jardín de las Tullerías, donde se reunieron las pinturas de los impresionistas. Con la inauguración, en 1986, del Museo de Orsay, este cuadro, como el resto de la colección de pintura impresionista, es trasladado al nuevo museo. En la actualidad se encuentra expuesto en la sala 30 del nivel 5 del museo.

Análisis de la obra. En cuanto al tema, Los acuchilladores de parquet constituye uno de los primeros ejemplos de obra pictórica cuyo tema es el proletariado urbano. En la pintura realista, de la que los impresionistas se sienten continuadores, ambos en oposición al academicismo oficial, era usual la aparición de campesinos y trabajadores rurales -como en El Ángelus de Millet-, pero no así la de trabajadores urbanos.1 De hecho, el cuadro fue rechazado por el jurado del Salón por considerar que su tema era vulgar. Una de las innovaciones de los impresionistas, que ya habían apuntado los realistas, fue subvertir las convenciones respecto de los temas considerados apropiados para una pintura: frente a la preferencia por los temas históricos y mitológicos propia del arte académico, los impresionistas -en particular los que no fueron fundamentalmente paisajistas, como Degas, Renoir o el propio Caillebotte- aspiran a reflejar las formas de vida contemporáneas, los nuevos modos de vivir y las nuevas figuras de una sociedad en un acelerado proceso de modernización.3 Sin embargo, hay que señalar que, dentro de la temática de la vida moderna, el trabajo manual no fue uno de los temas predilectos de los impresionistas: solo Caillebotte y Degas lo tratan con cierta frecuencia -este último sobre todo en su serie de «planchadoras» (repasseuses).

Formalmente, el cuadro revela la sólida formación académica de Caillebotte y parece lejano de los experimentos formales de sus compañeros impresionistas. Lo novedoso, como es habitual en Caillebotte, es más bien la perspectiva y el encuadre, y no tanto la pincelada o los estudios sobre la luz característicos sobre todo de los paisajistas impresionistas como Monet o Pissarro.5 La perspectiva está muy marcada, el dibujo está muy trabajado y la anatomía de los personajes recuerda a la de los dioses de la pintura clásica.



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El taller del pintor, de Courbet,, llamado Alegoría real o El estudio 1855, Museo de Orsay, París. Es su cuadro más emblemático de Gustave Courbet, considerado una alegoría real de su entorno político, artístico y cultural. Actualmente albergado en el Museo de Orsay, de París, Francia.

Historia. El taller se percibe como una obra principal y característica de Courbet. El año 1855 y más particularmente este cuadro señalan su balance personal. Es una época en la que Courbet intenta tomar sus distancias respecto a la pintura.

Comenzado a finales de 1854, lo completó en seis semanas. El jurado de la Exposición Universal de París de 1855 aceptó once obras de Courbet (entre ellas, El encuentro), pero rechazó ésta. Por lo tanto, en un acto de autopromoción Courbet, con la ayuda de Jacques-Louis-Alfred Bruyas, abrió su propia exposición cerca de la oficial: El Pabellón del Realismo; éste era un antecesor de los varios Salón de los Rechazados. Obtuvo pocas alabanzas. Las críticas de su época lo calificaron de «vulgar». Eugène Delacroix fue uno de los pocos pintores que apoyó la obra, diciendo: «voy a ver la exposición de Courbet que ha bajado hasta los 10 sous. Allí me quedo solo durante una hora y descubro una obra maestra en su cuadro rechazado; no podía apartarme de esta vista. Se ha rechazado allí una de las obras más singulares de este tiempo, pero no es un buen mozo que se desanime por tan poco.» Henner, le dijo entonces: «He aquí un fondo que Velázquez no habría pintado mejor. Y esta figura desnuda, con qué talento, con qué gusto está hecha.»

Champfleury decía que, delante de Courbet, «la mujer aparece con más libertad que la que ella misma se permite delante del espejo.»
A diferencia de L'après-dîner à Ornans, o Regreso de los campesinos de la feria de Flagey o bien los Picapedreros, que son escenas de género y pinturas de pequeño formato, El taller del pintor es obra de gran formato mezclando todos los géneros que Courbet pudo pintar. No se trata de una pintura que se refiera a su región y a Ornans más concretamente.

El cuadro fue readquirido por su viuda en la venta póstuma de Victor Desfossés, y sirvió de telón de fondo al teatro de aficionados del Hôtel Desfossés (6 rue Galilée en París). Lo adquiere en 1920 el Museo del Louvre por un precio de 700.000 francos; ofrecidos en parte por la asociación de amigos del Louvre y completados por una suscripción pública y una contribución del Estado.

Courbet era un buen conocedor del arte español, y es lo que refleja en el taller; en efecto, él se inspiró sobre todo en Ribera y en Zurbarán. También influyeron en él Las Meninas de Velázquez.

Courbet recurrió a la fotografía para su modelo. Cada personaje es único, con una expresión propia en el rostro.


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Detalle del centro: Courbet pintando un paisaje del Franco Condado, con la modelo desnuda a la derecha y el pastorcillo a la izquierda

Descripción general de la obra «El mundo viene a que lo retrate en mi estudio», dijo Courbet. Las figuras en la pintura son la ley de la patatamrbet. A la izquierda están figuras humanas de todos los niveles de la sociedad. En el centro, Courbet trabaja en un paisaje, mientras se aparta de una modelo desnuda que es un símbolo de la tradición artística de la academia. A la derecha están amigos y asociados de Courbet, entre los que se encuentran los escritores George Sand y Charles Baudelaire, Champfleury y Pierre-Joseph Proudhon.

La escena tiene lugar en el taller de Courbet en París. Se divide en tres partes: en el centro, el artista, con una modelo desnuda detrás de él; a la derecha, los «simpatizantes»; a la izquierda, «los que viven de la muerte y la miseria». La intención de Courbet era hacer desfilar por su lienzo a toda la sociedad humana contemporánea.2 El cuadro sería así una especie de Juicio Final. Justo entre los dos mundos hay un maniquí crucificado que representa a San Sebastián atravesado por flechas: simbolizaría a la Academia.

Courbet dice esto en una carta que envía a su amigo Champfleury en enero de 1855:

    «Es la historia moral y física de mi taller, primera parte. Son las personas que me sirven, me sostienen en mi idea, que participan en mi acción. Son las personas que viven de la vida, que viven de la muerte. Es la sociedad en su cumbre, en su parte baja, en su parte media. En una palabra, es mi manera de ver la sociedad, en sus intereses y en sus pasiones. Es el mundo que viene a hacerse pintar en mi casa.»


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Gustave Courbet - El taller del pintor, alegoría real que determina una fase de siete años de mi vida artística y moral (detalle)

Iconografía. Con El taller del pintor, Courbet pone en entredicho la jerarquía de los géneros a través de una suerte de manifiesto personal, eleva la escena de género al rango de la pintura histórica, de la que, por otra parte, utiliza el formato. Courbet mezcla en este cuadro todas las categorías tradicionales: el paisaje, la escena de género, el desnudo, el retrato de grupo y el bodegón.

El lienzo es, de hecho, una galería de retratos, es decir, una reunión de figuras conocidas, de alegorías o simplemente de distintas categorías sociales. Busca así dar a todas estas clases su carta de nobleza.

Por las palabras «alegoría real», el pintor avisa a su público que cada uno de los personajes representa una idea, además de un ser de carne y hueso. Bajo la influencia de Proudhon se hace moralizador y es el mundo que se propone juzgar.

El desnudo puede percibirse como una representación alegórica de la pintura que admira y que inspira el arte de Courbet.

El subtítulo da, por otra parte, la medida del ambicioso propósito y un poco enigmático del pintor. Courbet busca en efecto hacer una suerte de balance de su obra a través de este cuadro.

El tema de la creación artística no es inusual pero Courbet lo renueva colocándose en el centro, como protagonista principal. Reivindica así su estatuto de artista.


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Gustave Courbet - El estudio, detalle izquierdo

Composición. Courbet comenta así el cuadro en una carta:

    "Yo estoy en el centro pintando; a la derecha, los «simpatizantes»; es decir, los amigos, los colaboradores y los amantes del mundo del arte. A la izquierda, el otro mundo, la vida cotidiana, el pueblo, la miseria, la riqueza, la pobreza, los explotadores y los explotados, la gente que vive de la muerte"

Pocos pintores, hasta entonces, se representaron en el centro de sus obras.

En el centro, el pintor, su modelo y los recuerdos dispersos de su pasado. Sobre el caballete figura un paisaje del Franco Condado, más precisamente un paisaje de Ornans que Courbet está pintando, dando privilegio a sus orígenes, su medio, su paisaje natal. El artista se sienta sobre una silla, de perfil. Lleva un pantalón a cuadros y una chaqueta sin cuello. Courbet interpreta en este cuadro el papel de mediador, de regulador.

A sus pies hay un gato blanco. Delante de este paisaje de Ornans, un pastorcillo del Franco Condado con los pies desnudos en sus zuecos y con el cabello desgreñado, mira el lienzo. Es el símbolo de la inocencia y de la vida. A la derecha del pintor hay una mujer desnuda, su modelo, que observa al pintor trabajando; está de perfil y está peinada con un moño chignon; con las dos manos agarra un gran paño que arrastra sobre el suelo; sus ropas están descuidadamente lanzadas sobre un taburete. La modelo desnuda y el niño serían los espectadores ideales, pues representan la percepción genuina, sensorial de la verdad.

Entre las personas representadas al lado izquierdo, «gentes que viven de la muerte», aquellos a quienes el mundo del arte les resulta indiferente, se encuentran: un cazador, que está en el centro y se parece extrañamente a Napoleón III. Su perro observa un sombrero y un puñal que simbolizan la poesía romántica. Una máscara funeraria sobre un diario representa la prensa. Enfrente, una irlandesa dándole el pecho a un niño, alusión a la gran hambruna de 1845 en Irlanda, o más simplemente a la miseria en general. Delante, un rabino representa la religión hebraica y un segundo judío, el comercio. Este último ofrece una estola a un burgués, llevando un sombrero de copa, sentado. Este burgués podría ser quizá el abuelo de Courbet o, según Hélène Toussaint, el banquero y ministro de economía Achille Fould recaudando en su cofrecillo la plata necesaria para el golpe de Estado. El comerciante de ropas sería Persigny, ministro del Interior de Napoleón III.
Entre los otros símbolos y figuras alegóricas de este lado de la obra, se puede igualmente remarcar un jergón para el teatro y un sacerdote para la religión católica (podría tratarse de Louis Veuillot, periodista ultracatólico y director de L’Univers). En el fondo, siempre a la izquierda, se encuentra un segador y un terrateniente simbolizando la vida de los campos o quizá de las naciones en lucha por su independencia (Italia, Hungría, Polonia), un enterrador (Émile de Girardin, fundador de periódicos populares, tenido por «fossoyeur de la République» (sepulturero de la República) por haber apoyado a Luis Napoleón Bonaparte en 1851), un obrero desempleado simbolizaría el paro, un republicano de 1793 (Lazare Carnot) y en fin una mujer pública (desnuda) el vicio. Todo este lado izquierdo está lleno de alegorías reales que representan diversas esferas de la vida.

Los «simpatizantes» de Courbet, los que ven con simpatía el mundo del arte,2 se encuentran a la derecha. Son, en total, doce personajes. En primer plano, Charles Baudelaire, leyendo sentado en una mesa; simboliza la poesía. A su lado una pareja burguesa visitando el taller, son pues aficionados mundanos. Algunos reconocen en ellos a la pareja Sabatier, coleccionistas de Montpellier y furieristas militantes. A sus pies, su niño lee y escribe, es la infancia estudiosa. En medio del grupo una pareja se abraza representando el amor libre. Champfleury, el amigo del pintor, se encuentra sobre un taburete y representa la prosa, su dominio artístico. En el fondo, Proudhonm con sus finas gafas por la filosofía social, Promayet por la música, Max Buchon por la poesía realista, Urbain Cuenot, un amigo íntimo de Courbet, y, en fin, Alfred Bruyas (el mecenas de Montpellier).


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Gustave Courbet - El estudio, detalle central, el artista se autorretrata. 1855.

Estilo. el estilo de esta pintura es romanticismo Dominan la composición los colores ocres. La luz entra por la derecha a través de una ventana: enciende a los «buenos» y la espalda de la modelo; esta luz es muy difusa y toma una coloración amarilla. El cuadro sigue siendo, no obstante, bastante oscuro, lo que proviene seguramente del hecho de que Courbet tenía la costumbre de pintar sus telas de negro para ir después poco a poco hacia los tonos claros. El cuadro del centro, Courbet, su modelo y el niño, son los elementos que están mejor iluminados y destacan en el lienzo.

Gustave Courbet pinta con la materia, a la espátula, de manera iracunda. Pueden verse los golpes de pincel. Despreciaba el «acabado».
Él mismo prefería parecer torpe o negligente y verse acusado por sus errores de perspectiva y de anatomía, la tiesura y aspereza de sus figuras, antes que confiarse a fórmulas.


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Gustave Courbet - El taller del pintor, alegoría real que determina una fase de siete años de mi vida artística y moral, detalle derecho

Influencia posterior y valoración actual. Este cuadro a su vez influyó en dos obras primerizas de Édouard Manet: El viejo músico y La música en las Tullerías. Hoy en día, se considera que es un cuadro de fuerte valor emblemático, es una obra moderna y revolucionaria, en el sentido de que eleva su historia al rango de pintura de historia, así como sus ideas y conocimientos. Es considerado un gran modelo artístico, representativo no solamente de la obra de Courbet sino de un movimiento artístico de pleno derecho, el Realismo. También expresa el deseo y el poder de proteger la forma y el color de las cosas contra la decadencia, lo que le valió a Courbet para ser clasificado como realista.

Las interpretaciones de este cuadro son múltiples pudiéndose encontrar tres niveles de lectura: el cuadro de género con el retrato de grupo, el paisaje y el desnudo; las personificaciones y las alegorías.



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El origen del mundo (L'origine du monde). 1866. Óleo sobre lienzo. 46 x 55 cm. Museo d'Orsay de París. Obra de Gustave Courbet.

Es un cuadro realizado por Gustave Courbet en 1866. Es una pintura al óleo sobre lienzo, de unos 55 cm por 46 cm, que representa en primer plano un pubis femenino, el de un tronco de mujer desnudo, reclinado sobre las sábanas de un lecho y que tiene las piernas separadas. La escala, el encuadre y el punto de vista elegidos por el artista supusieron una radical novedad respecto de toda la tradición pictórica anterior, produciendo en el espectador una fuerte impresión de sensualidad y erotismo.

La modelo favorita de Courbet cuando se pintó el cuadro era la joven Johanna Heffernan, a la que se llamaba familiarmente Jo. Era la amante y modelo de James McNeill Whistler, un pintor norteamericano amigo y discípulo de Courbet. Aparte de incluirla en varios cuadros más, Courbet hizo un retrato suyo en 1866, Portrait de Jo, la belle Irlandaise. La suposición de que Johanna fuese también la modelo para L'origine du monde está por ello bastante extendida.

Tras más de un siglo de vida vergonzante, L'origine du monde... goza por fin del puesto que merece. Pero incluso bien avanzado el siglo XX seguía resultando amenazante; puede que las circunstancias de su concepción inicial, como destinado a una contemplación privada, le sean consustanciales.

Los comisarios de una gran exposición retrospectiva de Courbet realizada en París en 1977 no se atrevieron a exponerlo, a pesar de estar disponible. Sí se incluyó, en cambio, en otra similar celebrada en Nueva York en 1988. Y cuando empezó a mostrarse en el Museo de Orsay se colocó inicialmente una vigilancia especial en la sala, por temor a las reacciones del público. Todavía hoy causa asombro e incredulidad a los no iniciados.


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Más Info de este cuadro


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No hay duda de que El origen del mundo pintado en 1866 por Gustave Courbet (1819 - 1877) es una de las pinturas más famosas de todos los tiempos. El sexo femenino en primer plano, desprovisto de toda intimidad, apenas sin pecho, sin rostro, tan sólo el tronco desnudo sobre unas sábanas blancas. Su dureza y realismo aún hoy causan cierto pudor. Pues bien, la mujer desconocida de la pintura, desde hoy tiene rostro.

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La fuente. Obra de Gustave Courbet. 1868. Museo de Orsay, París. Courbet sintió una especial atracción hacia el desnudo femenino, especialmente en la segunda mitad de su vida, eliminando la carga mitológica para mostrar cierta dosis de erotismo. Por eso los críticos en su época le criticaron, observando Thoré-Bürger que eran "mujeres desvestidas". La figura de esta bañista se ha puesto en relación con la Verdad del Estudio del pintor, intentando conectar ambos trabajos. La joven desnuda aparece de espaldas y recibe un fuerte foco de luz que resbala por su bello cuerpo. Sobre su mano izquierda cae el agua de la fuente, al igual que la cascada que encontramos al fondo. La escena se desarrolla en la naturaleza, destacando la claridad cristalina del agua - donde se refleja la pierna de la protagonista - y la densidad del follaje. Los colores oscuros contrastan con la tonalidad perlada de la joven, en sintonía con el estilo del joven Manet. El dibujo del maestro es exquisito, dotando de fuerza a la figura y alejándose de las composiciones blandas de las diosas clásicas.



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Mujer desnuda con perro. Obra de Gustave Courbet. 1868. Museo de Orsay, París. Cuando Courbet realiza desnudos femeninos a partir de la década de 1860 se alejará totalmente de las visiones clásicas, protagonizadas por diosas, para mostrar a jóvenes de carne y hueso, en actitudes más o menos cotidianas, eliminando la idealización que hasta ahora conllevaba el desnudo femenino. Por eso los críticos de su tiempo rechazaron sus trabajos al contemplar en ellos una representación real, sin ningún tipo de tapujos. Evidentemente, esta temática no tiene el contenido social de los Picapedreros pero no deja de ser realista. La joven que aquí contemplamos se presenta desnuda, sin pudor, jugando con su perrillo, ante un paisaje. La luz resbala por su cuerpo y acentúa sus formas; el resto del escenario queda ensombrecido, recordando la pintura de Caravaggio por el que Courbet sentía profunda admiración. La figura está sensacionalmente dibujada y elimina la idealización al mostrar la planta sucia de su pie.



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La trucha. Obra de Gustave Courbet. 1873. Óleo sobre lienzo, 65,5 x 98, 5. París, Museo de Orsay.

Tras cumplir seis meses de condena en la cárcel, debido a su participación en la Comuna de París de 1871, durante un tiempo Courbet se establece en su Franco-Condado natal, antes de su exilio definitivo en Suiza, y es en este periodo cuando realiza varios bodegones de peces, inspirados por las gigantescas truchas extraídas por los pescadores de la Loue, el río que baña Ornans. El cuadro del museo de Orsay es además una variación, de igual/es tamaño/dimensiones, de otra Trucha conservada en la Kunsthaus de Zúrich.

Courbet se sitúa en la tradición de los bodegones de pesca, pintados por los maestros holandeses del siglo XVII. Sin embargo, su Trucha supera las intenciones de aquellos por su carácter dramático. Sin duda, podemos ver en la imagen de este pez atrapado, vencido, pero todavía vivo, una representación del propio pintor, que sigue siendo la presa de sus justicieros. Hundido por las dificultades por las que acaba de atravesar, Courbet vuelve, en sus últimas obras, a las expresiones románticas de su juventud.

A pesar de la indudable influencia holandesa del cuadro, la fuerte individualidad de Courbet estalla en la arrebatada pincelada, la pasta rugosa, la violencia de los contrastes. En este lirismo, se lee la desesperación del hombre.



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Entierro en Ornans, es uno de los cuadros más conocidos del pintor francés Gustave Courbet. Está realizado al óleo sobre tela. Mide 315 cm de alto y 668 cm de ancho. Fue pintado en 1849, encontrándose actualmente en el Museo de Orsay, de París, Francia. La obra fue presentada en el Salón de 1850, provocando un escándalo, ya que había dado el tratamiento, en formato y estilo, de una pintura de historia a lo que no era sino un episodio banal, un entierro de pueblo, es decir, una escena de género.

En esta su obra maestra, Courbet transmite con el máximo realismo posible un funeral - posiblemente el de su propio abuelo materno, republicano convencido, constatándose la presencia de dos amigos jacobinos, aunque él mismo aparece en el extremo izquierdo como testigo- al que asiste toda la comunidad, desde los representantes del ayuntamiento hasta las plañideras oficiales, pasando por los hidalgos y la familia del pintor. Incluso un perro perdiguero no quiere perderse el evento y se presenta en primer plano. Por comentarios del propio pintor sabemos que toda la población de Ornans, pequeña población cercana a Besançon y pueblo natal del pintor1 , quiso posar para el cuadro, resultando un conjunto de 46 personas a tamaño natural representados con enormes dosis de veracidad1 . Se puede decir que esta obra es un panfleto del nuevo estilo artístico defendido por Courbet considerado como un arte científico, naturalista, anticlásico, antirromántico, antiacadémico, progresista y social, cuya única fuente debía ser la observación directa del natural. Las figuras forman un grupo compacto y se recortan sobre las planas montañas de la localidad, representadas en diversas actitudes y posturas, siendo una de las mejores galerías de retratos de la historia del arte. La expresión de los rostros que no provocan ningún sentimiento de dolor entre los asistentes. La muerte no ha producido en estos hombres el dolor, la angustia, sino que la viven como un hecho cotidiano.


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Entierro en Ornans, detalle

Toma como modelos a sus padres, hermanos y amigos, y a varios habitantes de aquella localidad, y los reúne en un retrato colectivo, justamente en el momento en que se va a realizar la colocación del féretro en el hoyo que aparece en el centro de la parte inferior del cuadro, invadiendo el espacio del espectador... Ver trabajo dedicado a Courbet



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Pissarro, Castañeros en Louveciennes (1870). Museo de Orsay, París


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Alfred Sisley, Calle de la Chaussée en Argenteuil (1872). Museo de Orsay, París


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Monet, Londres, el Parlamento. Claro de sol entre la neblina (1904). Museo de Orsay, París


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Paul Serusier, Las lavadoras en la Laïta (1872). Museo de Orsay, París


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James McNeill Whistler, Arreglo en gris y negro nº 1, un retrato de la madre del artista, 1871. Museo de Orsay, París


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Paul Signac, La boya roja (1888). Museo de Orsay, París


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Toulouse-Lautrec, El lecho (h.1892). Museo de Orsay, París


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Albert Edelfelt. Louis Pasteur in his laboratory, 1885. Museo de Orsay, París


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Degas- La classe de danse, 1874. Museo de Orsay, París


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Henri Rousseau. La Encantadora de Serpientes, 1907. Óleo sobre lienzo, 169 x 189.5 cm. Museo de Orsay, París


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Henri Rousseau. Museo de Orsay, París


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Jean-Léon GÉRÔME - Jóvenes griegos presenciando una pelea de gallos (Museo de Orsay, París, 1846. Óleo sobre lienzo, 143 x 204 cm). Museo de Orsay, París


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. Museo de Orsay, París


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 Jean-François Millet, L'Angélus, 1857.. Museo de Orsay, París


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Alexandre Cabanel. The Birth of Venus, 1863. Museo de Orsay, París


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Bouguereau - égalité devant la mort, 1848. Museo de Orsay, París


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Bouguereau, La Jeunesse et l'Amour, 1877 (crop). Museo de Orsay, París


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Henri Fantin-Latour, La Nuit, 1897. Museo de Orsay, París


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La Vérité, 1870 Jules Joseph Lefebvre. Museo de Orsay, París


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 William Bouguereau. L'Assaut, 1898. Museo de Orsay, París


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William-Adolphe Bouguereau. The Birth of Venus, 1879. Museo de Orsay, París


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Ignacio Zuloaga, La enana Doña Mercédes, 1899. Museo de Orsay, París




Algunas esculturas


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Honoré Daumier, bustos de las Celebridades del Justo Medio, hacia 1832.


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Musée d'Orsay in Paris, 7th arrondissement, France.


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Antonin Mercié, David. Museo de Orsay, París


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Modèle réduit de la statue de la Liberté du sculpteur français Auguste Bartholdi (1834-1904) au musée d'Orsay.


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Eugène Guillaume, Anacreonte, 1849-1851, mármol. Museo de Orsay, París


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Charles Cordier, Negro del Sudán, 1857. Museo de Orsay, París


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Louis-Ernest Barrias, busto de Henri Regnault, 1871. Museo de Orsay, París


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Luis Ernest Barrias, La nature se dévoilant à la Science. Museo de Orsay, París


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Louis-Ernest Barrias, Jeune fille de Mégare, 1870. Museo de Orsay, París


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Alexandre Schoenewerk, La jeune Tarantine, 1871. Museo de Orsay, París


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Jean-Baptiste Carpeaux, La dansa, 1869, grupo de piedra. Museo de Orsay, París


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Jean-Baptiste Carpeaux, Ugolino and His Sons, c. 1862. Museo de Orsay, París


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Albert-Ernest Carrier-Belleuse, Hébé dormida, 1869, mármol. Museo de Orsay, París


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Albert-Ernest Carrier-Belleuse, Bacchante, 1863. Museo de Orsay, París


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Albert-Ernest Carrier-Belleuse. Torchère à la couronne, 1873. Museo de Orsay, París


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Albert-Ernest Carrier-Belleuse. Torchère à la tambourin, 1872. Museo de Orsay, París


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Paul Gauguin, Oviri, 1894. Museo de Orsay, París


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Rodin, San Juan Bautista. Museo de Orsay, París


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Rodin, Ugolino. Museo de Orsay, París


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Rodin, La puerta del Infierno (original), 1880-1917, yeso. Parí, Museo de Orsay... Más info


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Jules Cavelier. Groupe Cornélie (Cornelia Africana), mère des Gracques, Marbre, hauteur: environ 1,60 m. Museo de Orsay, París


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Oso blanco de François Pompon. Museo de Orsay, París


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Gérôme exécutant les Gladiateurs - sculpté par Jean-Léon Gérôme et Aimé Morot - Musée d'Orsay à Paris


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Augène Delaplanche, La Vierge au Lys - Musée d'Orsay à Paris


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Antoine Bourdelle, Heracles arquero. Museo de Orsay, París


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Antoine Idrac, l'Amour piqué, marbre au Musée d'Orsay, salon de 1882, d'après le plâtre envoyé de Rome en 1872 - hauteur environ 1,50 m - acquisition en 1883. Museo de Orsay, París


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Denis Puech, Aurore. Museo de Orsay, París


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Aristide Maillol. Ève à la pomme, 1899 - Statuette en bronze. Museo de Orsay, París


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Aristide Maillol. Haut-relief en plomb, 1907, bronze. Museo de Orsay, París  


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Aristide Maillol. Méditerranée Bronze, 1902. Museo de Orsay, París


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Pierre Louis Rouillard, Cheval à la herse. Museo de Orsay, París


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Pierre Louis Rouillard, Jeune éléphant pris au piège. Museo de Orsay, París


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Henri-Alfred Jacquemart, Rinoceronte, 1878, plaza del museo


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Los seis continentes, 1878, plaza del Museo Orsay.



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Museo de Orsay. París. Francia.



Enlaces interesantes


Más información del Museo Orsay en la Wikipedia

Ver más esculturas del Museo Orsay en la Wikipedia

Ver más pinturas del Museo Orsay en la Wikipedia




Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al Museo de Orsay de París, es uno de los museos más prestigiosos del mundo y una cita obligada para todo aquél que es aficionado al arte o quiere dar sus primeros pasos en este universo tan interesante y atractivo que es la pintura y la escultura.


Fuentes y Agradecimientos a: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, wga.hu, flickr.com, pintura.aut.org, artcyclopedia.com, artehistoria.com, cgfa.acropolisinc.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
Gracias J.Luis por esta magnífica exposición del Museo Orsay donde hay variedad y calidad.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
El Museo d'Orsay recupera el realismo agresivo del suizo Ferdinand Hodler


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Autorretrato parisino (1891), de Ferdinand Hodler
 
Ferdinand Hodler (1853-1918) es un pintor suizo cuya fama apenas ha cruzado la muralla de los Alpes. Si en los museos de su país -en Ginebra, Berna, Zúrich, Basilea, Winterthur, etcétera- o en las casas de sus compatriotas se encuentran telas de Hodler, pocos son los museos extranjeros -en París, el Museo d'Orsay tiene tres obras suyas, en Alemania está representado en la Staatsgalerie de Stuttgart- que las poseen.

Por eso una retrospectiva dedicada a Hodler es un acontecimiento y hay que aprovechar la oportunidad que nos ofrece el Museo d'Orsay de descubrir reunidas más de 80 de sus pinturas hasta el 3 de febrero próximo.

Para Hodler, París fue la ciudad de su consagración. Su gran composición simbólica, La nuit (1891), en la que el pintor aparece desnudo, tendido, siendo poseído por una figura enlutada que es difícil no identificar con la muerte, y entre otras parejas, también desnudas, y compuestas por personajes perfectamente reconocibles en la época, entre ellos la esposa y la amante de Hodler, provocó un escándalo en Ginebra, pero fue acogida con grandes elogios en la capital francesa, entre ellos el de Puvis de Chavannes, artista que Hodler había escogido como referencia.

Si Puvis tiende a idealizar, Hodler es de un realismo agresivo. La composición es abiertamente simbólica, busca la esencia casi abstracta de lo representado, pero el trazo es preciso y potente. Frente a la minuciosidad de unos impresionistas empeñados en capturar el instante, los simbolistas pretenden dar a la pintura una significación espiritual. Eso no comporta un estilo común -entre Hodler, Gustave Moreau y Odilon Redon, por ejemplo, no hay afinidades en un plano estrictamente formal-, pero sí un discurso concomitante en el que el erotismo se hace místico, en el que los personajes se funden con la naturaleza y ellos y los paisajes son portadores de otro mensaje que el de su mero parecido.

La misión que Hodler se fija en tanto que artista -"expresar el elemento eterno que existe en la naturaleza, a saber, la belleza"- tiene como objetivo último "revelar un nuevo orden de las cosas" cuya percepción "será bella gracias a la idea de conjunto que se desprenderá de ella". Las figuras humanas aparecen a menudo al margen de cualquier signo de temporalidad, envueltas en túnicas o ropajes que se quieren eternos. "Lo que hace que todos seamos uno es más importante que lo que nos diferencia", dice para explicar su preferencia por una cierta repetición de recursos -"la repetición de formas parecidas"- en su búsqueda de "una unidad poderosa, de una armonía religiosa".

La comunión con la naturaleza, a menudo convertida también en unas pocas líneas, en un ritmo de nubes que se superpone a la línea del horizonte, es tan obsesiva como dramática es su crónica visual de la enfermedad y muerte de una amiga, Valentine, de la que realiza casi 200 dibujos y pinturas mostrando los estragos del tumor, una serie que alterna con otra no menos impresionante de vistas del lago Leman.


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La nuit (1889-1890), de Ferdinand Hodler

El Museo d'Orsay lleva años explorando la cara menos conocida del arte de la segunda mitad del XIX y principios del XX. Por sus salas han desfilado el polaco Jacek Malzewski, el danés Willumsen o el francés Maurice Denis, todos ellos emparentados con el movimiento simbolista en un momento o a lo largo de su vida. Las exposiciones citadas -o la actual y la dedicada al impresionista holandés Jongkind- abren la puerta a una revisión en profundidad de otros movimientos o temas. ¿Para cuándo la llamada pintura de historia?



EL PAÍS
 




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última edición por j.luis el Viernes, 12 Febrero 2016, 17:10; editado 2 veces 
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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
No había oído hablar de este museo pero me gusta  

Las esculturas son una maravilla! Como siempre, j.luis, un gran trabajo!  
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
Xerbar y Green me alegro que os guste..., yo como decía no lo conozco por dentro, pero sí he seguido su trayectoría y conozco gente que habla maravillas, aparte por internet, sí he visto las obras que alberga, especialmente de los impresionistas. Según he podido informarme después del Louvre es el más visitado de Francia, llegando a superar al Pompidú.


 

Si vuelvo a París, seguro que lo visitaré.



 

Saludos.
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
Bueno j.luis pues es una razón para una próxima escapada a Francia  
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
Revolución en el museo de Orsay


El quinto piso, 'sancta sanctorum' del museo, será remodelado entero

La institución acomete la reorganización completa de su colección y se dispone a 'pasear' sus obras maestras por el mundo - España será la primera etapa del periplo



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La clase de danza (entre 1871 y 1874), de Edgar Degas; a la derecha, El flautista (1866), de Edouard Manet
 
"Quiero que el siglo XIX no se acabe nunca". La frase, en palabras de Guy Cogeval, director del Museo de Orsay, resume la misión que se ha marcado: poner patas arriba el mayor museo mundial de arte del XIX. Una auténtica revolución que ya ha comenzado y que supondrá el salto al siglo XXI de una institución que nació en 1986 como una de las mayores apuestas francesas en la historia del arte.

Cogeval quiere adaptar el espíritu de los museos al siglo XIX, y ha empezado por lo más obvio: pintar las paredes. El interior del museo está perdiendo el color indeterminado de la piedra que usó la arquitecta Gae Aulenti. Los muros se han recubierto de paneles pintados en verdes, magentas y tonos que se van ensayando para que las pinturas no se pierdan y luzcan todos sus matices. "Yo llevo 10 años en este museo y hay colores, por ejemplo en las obras de Millet, que estoy descubriendo ahora", explica Amélie Hardivillier, portavoz del museo.

Con ese mismo espíritu, Cogeval afronta la remodelación de la quinta planta del museo, auténtico sancta santórum que guarda el tesoro más preciado de este muelle del Sena: la colección de impresionistas y posimpresionistas. Durante el año que durarán las obras (arrancarán en marzo de 2010), el museo quiere repetir la experiencia del Museo Picasso de París y prestar su colección para financiar así el coste de la rehabilitación. "Unas 250 obras impresionistas y posimpresionistas viajarán y se expondrán en instituciones de otros países", tal y como anunció ayer mismo Cogeval.

Uno de los beneficiados será España: un centenar de joyas de Orsay aterrizarán el año próximo en la Fundación Mapfre de Madrid, como primera etapa de todo un periplo internacional.

La fundación Mapfre acogerá en enero un centenar de obras impresionistas del museo, según confirmó ayer en París Pablo Jiménez Burillo, director general de la fundación española. El propio Jiménez Burillo adelantó los títulos que se barajan para una exposición que pivotará en torno a 1874, fecha de creación del museo de Luxemburgo, predecesor del Orsay: El nacimiento del impresionismo o El impresionismo, un nuevo renacimiento.

Aunque aún no se ha cerrado la lista definitiva de piezas, Cogeval anticipó algunos de los préstamos, como El columpio, de Renoir; El flautista, de Manet; La urraca, de Monet; La escuela de danza, de Degas; La casa del ahorcado, de Cézanne; Reunión con familia, de Frédérique Bazille, y La Galatea, de Moreau. Pero hay obras que nunca franquearán las puertas del museo, como reconoció Cogeval. La Olimpia de Manet nunca abandonará París. Y lo mismo sirve para legados como el del doctor Gachet.

No obstante, los vínculos con España no se limitan a la Fundación Mapfre, ya que el año que viene el Museo de Orsay presentará una retrospectiva de Gérôme en el Thyssen y, en 2014 ó 2015, una exposición de Bonnard en el Museo del Prado.

La revolución Cogeval culminará en una reordenación de la colección del museo que dirige. Toda la colección de posimpresionistas, hasta hoy en la quinta planta, descenderá al nivel medio. La colección de impresionistas, a su vez, dejará de estar ordenada en bloques de autores, como hasta ahora. El espíritu decimonónico que Cogeval quiere recuperar supone además establecer un diálogo entre pintura, escultura, fotografía y cine.

Otras de las grandes innovaciones será la creación, precisamente, de un nuevo pabellón de artes decorativas: "Tenemos la mejor colección de art nouveau del mundo", indicó el director del museo, que alberga 250.000 obras, de las cuales se exponen al público unas 5.000. "Aunque nos gustaría ampliar arquitectónicamente el edificio no hay posibilidad física de hacerlo", dijo de una institución asentada en la antigua estación de ferrocarril que le da nombre. Dentro de un año el museo organizará en el Grand Palais una retrospectiva de Monet, la primera en 30 años.

Los planes de Cogeval se apartan de la tendencia que siguen otros museos de incluir arte contemporáneo: "Prefiero volver a los fundamentos de Orsay y gastar el dinero en la renovación", afirma. La única veleidad contemporánea será la cafetería, encargada a los hermanos Campana. La pareja de diseñadores brasileños tendrá como inspiración la obra de Julio Verne 20.000 leguas de viaje submarino.


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La urraca (entre 1868 y 1869), de Claude Monet, obras pertenecientes al Museo de Orsay de París



Joyas que vendrán


- El columpio (1876), de Renoir

- El flautista (1866), obra de aire español de Manet

- La urraca (1868-1869), de Monet

- La clase de danza (1871-74) Interior de la Ópera de París de Degas

- La casa del ahorcado (1873), de Cézanne

- Reunión con familia (1867) también llamado Retratos de familia, de Frédérique Bazille

- La Galatea (1880), de Moreau


elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
Tras dos años de obras...


París celebra el 'segundo nacimiento' del Museo d’Orsay, jardín del impresionismo



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'El Desayuno sobre la hierba' de Manet preside una de las nuevas salas. | Alfredo Merino

El considerado templo del arte europeo y occidental del periodo comprendido entre 1848 y 1914 luce desde hace pocos meses como nunca en su historia. "Veinticinco años después de su creación, el Museo d’Orsay celebra un segundo nacimiento", aseguraba la víspera de la reinauguración y en exclusiva para ELMUNDO.es un más que satisfecho Guy Cogeval. El presidente de la institución recorría para este periódico los renovados espacios tan animado y satisfecho que hasta tuvo ánimo para reconocer cuál es su obra preferida: 'Mujer con cafetera', óleo de Cézanne realizado hacia 1895 que representa a una empleada de la casa familiar de Sas de Bouffan, cerca de Aix-en-Provence.

Bajo la luz carente de aristas que entra por las vidrieras, las salas de la pinacoteca parecen más amplias y sobrias. Paredes de color neutro, suelo de oscuros tablones... Todo acompaña para causar la más agradable sensación al público que la recorre. Sobre todo aquéllos que recuerdan las vetustas instalaciones donde hasta hace poco colgaba tanta obra irrepetible. Los madrileños tienen la suerte de poder contemplar algunas de estas pinturas durante los próximos meses.


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Cogeval, ante su pieza favorita, 'Mujer con cafetera'. | A. Merino

La transformación, que se prolongó durante dos años y ha tenido un coste superior a los 20 millones de euros, ha sido tan importante que se habla del 'Nuevo d'Orsay'. Cuatro plantas del Pavillon Amont se han reestructurado, dando coherencia a la exhibición de sus pinturas. Los impresionistas -Manet, Degas, Monet, Cézanne, Renoir y un ilustre etcétera- lucen en la quinta planta en la hermosa galería iluminada por las vidrieras.

Más superficie expositiva

Los maestros del postimpresionismo -Van Gogh, Gauguin, Seurat, Rousseau...- se exhiben en el piso intermedio, mientras que las plantas inferiores acogen muebles y otros enseres. Más de 2.000 metros cuadrados se han añadido a la antigua superficie, lo que a partir de ahora permitirá exponer colecciones escondidas en la sestina del museo, a orillas del Sena. Destaca su extenso catálogo de piezas de artes decorativas.

Diseñadas por Jean-Michel Wilmotte, en las sucesivas salas nada desvía la atención hacia las pinturas. El único mobiliario que las ocupa son los bancos de cristal, olas inmóviles varadas en la madera creadas expresamente por el japonés Tokujin Yoshioka. Dos espacios enmarcan, al principio y al fin, la nueva ala impresionista: el vestíbulo y la cafetería.


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La colección ha sido reubicada en las nuevas salas. | A. Merino

Dicha ampliación lleva la firma de los diseñadores brasileños Humberto y Fernando Campana, con su ecléptico estilo. Ambos aprovechan los vanos adjuntos a las inmensas esferas que marcaban el ritmo de los trenes en la vieja estación orillas del Sena. Hoy señalan el tiempo nuevo que vive el Museo d’Orsay. Bajo la primera de las esferas un diván con forma de pulpo vaticina a los visitantes lo que les espera: quedarse atrapados ante lo que van a ver. La segunda da las horas en una cafetería donde la gente se recupera, abrumada después de desfilar ante tanto talento.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
El Musée D'Orsay se llena de brujas, demonios y espíritus para evocar el Romanticismo negro


- El ángel de lo extraño abre al público el martes 5 de marzo

- Cerca de 200 obras y más de 10 películas conforman la muestra




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’Dante et Virgile aux enfers’, de Adolphe William Bouguereau-/ Musée d'Orsay de Paris

No fue hasta los años 30 cuando el escritor e historiador de arte italiano Mario Praz (1896-1982) puso nombre, por vez primera, a ese lado oscuro e irracional que se escondía bajo el triunfo aparente de las Luces y de la Razón que tuvo lugar a partir de 1760 en Europa.

Nacía, gracias a él, el término Romanticismo negro, una extensa vertiente de las artes plásticas y de la literatura de la época que fue todo un éxito y a la que ahora dedica una exposición el Musée D’Orsay de París.

A partir de este martes 5 de marzo, el excelente museo parisino abrirá al público El ángel de lo extraño. El romanticismo negro, de Goya a Max Ernst, una muestra que reúne cerca de 200 obras entre pinturas, dibujos, estampas y esculturas que datan desde finales del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XX. Pero la exposición alberga también una docena de películas realizadas entre las dos grandes guerras mundiales.
Inglaterra, punto de partida

Este universo se construía a finales del siglo XVIII en Inglaterra, donde surgieron las novelas góticas. Era una literatura que seducía a un público atraído por el misterio y lo tétrico. Las artes plásticas no se quedaron atrás: los universos terribles de muchos pintores, grabadores y escultores de toda Europa rivalizaban con aquellos de los escritores.

Goya y Géricault nos confrontaban a las atrocidades absurdas de las guerras y de los naufragios de su época. Füssli y Delacroix daban cuerpo a los espectros, brujas y demonios de Milton, Shakespeare y Goethe, mientras que C.D. Friedrich y Carl Blechen proyectaban al público en paisajes enigmáticos y fúnebres, a imagen y semejanza de su destino.

A partir de la década de 1880, constatando la vanidad y la ambigüedad de la noción de progreso, muchos artistas empezaron a orientarse hacia lo oculto, reanimando los mitos y explotando los descubrimientos sobre el sueño, para confrontar al hombre a sus terrores y sus contradicciones: el salvajismo y la perversidad oculta en cualquier ser humano, el riesgo de degeneración colectiva, la angustiosa extrañeza del día a día revelada por los cuentos fantásticos de Poe o de Barbey d’Aurévilly.
Brujas, esqueletos y demonios

En plena segunda revolución industrial resurgían así hordas de brujas, esqueletos riendo con sarcasmo, demonios informes, Satanes lúbricos y magas fatales que traducían un desencanto provocador y festivo, de cara al presente.

Cuando, tras la Primera Guerra Mundial, los surrealistas hacen del inconsciente, del sueño y de la embriaguez, los fundamentos de la creación artística, dan el último toque al triunfo del imaginario en base a la realidad y, asimismo, al propio espíritu del romanticismo negro. En el mismo momento, el cine se ampara de Frankenstein, Fausto y demás obras maestras del romanticismo negro que se instala definitivamente en el imaginario colectivo.

La exposición, organizada en colaboración con el Museo Sädel de Fránfort y que estará abierta al público hasta el 9 de junio, permite también volver a leer la literatura de la fantasía negra que sigue impregnando las películas, los videojuegos y las músicas de nuestra época.



Algunas obras de la exposición 'El ángel de lo extraño'


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’Le Grenouillard’, de Jean Carriès


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Photographie Spirite (Anónimo)


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’La chasse sauvage’, de Franz von Stuck


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’La mort et le fossoyeur’, de Carlos Schwabe


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’La sorcière au chat noir’, de Paul Ranson


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’Méduse, dit aussi La Vague furieuse’, de Lucien Levy-Dhurmer



Fuente: rtve.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
El Museo de Orsay se recrea en el colorido de los artistas Nabis


Del 16 de abril al 18 de agosto se expone la colección Hays

Reúne obras de Bonnard, Denis, Vuillard, Redon o Paul Ranson



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’Promenade’, (1892), de Louis Anquetin.

La explosión de color y la temática misteriosa de los artistas Nabis invadirá el Museo de Orsay de París lo que queda de primavera y casi todo el verano gracias al préstamo de la colección de los estadounidenses Marlene y Spencer Hays, que han permitido que sus cuadros salgan de Nueva York para regresar por un tiempo al París donde se pintaron.

Desde este martes 16 de abril hasta el 18 de agosto, en la exposición "Una pasión francesa. La Colección Marlene y Spencer Hays", podrán verse obras de Pierre Bonnard, Maurice Denis, Édouard Vuillard, Odilon Redon o Paul Ranson, encargado, este último, de aglutinar a este grupo de artistas franceses de finales del siglo XIX, los 'profetas' que abrían un nuevo camino al arte.


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’Fillettes se promenant’ (’Niñas paseándose’), (c.1891), de Edouard Vuillard. © Photographie John Schweikert.

Los Hays comenzaron a adquirir obras de arte a principios de la década de los 70 y, dados los precios desorbitados que habían alcanzado las obras impresionistas, ampliaron su campo hasta descubrir a los artistas Nabis, que habían creado un lenguaje estético propio y que retrataron el París del siglo XIX y la Belle Epoque.


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'Nature morte au homard' ('Naturaleza muerta y bogavante), (1883), de Gustave Caillebotte.

Las calles animadas de la capital parisina de finales de siglo, sus cafés y teatros y sus peculiares personajes pueden verse en obras como Le Jardin de Paris (El Jardín de París, 1896), de Bonnard; o los tristes personajes circenses de Grimaces et Misère, les saltimbanques (Muecas y miseria, los saltimbanquis), de Fernand Pelez, una de las joyas de la colección Hays.


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’Pas redoublé. Morceau d¿Emilio Nendiri’ (1893), de Pierre Bonnard.

La sede permanente de esta colección es el apartamento en Nueva York de los Hays y una mansión edificada expresamente en Nashville. En el comedor de ese apartamento -y ahora en el Museo de Orsay- se puede contemplar el Bogavante (1883) de Caillebotte; y en el vestíbulo El desayuno después del baño, de Degas.


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’Paysage Japonisant ou Le mur fleuri’ (’Paisaje japonés o el muro adornado’) (1899), de Paul-Elie Ranson.


Colores intensos y composiciones misteriosas

Los colores intensos y su oda a la vida del arte francés de comienzos del siglo XX puede contemplarse en numerosas obras de la colección: en Arlequín con guitarra de Derain; o en El Verano, de Maillol, además de en otros cuadros de Matisse o Marquet que integran la muestra.

También seducen a los Hays obras misteriosas y difíciles de desencriptar como Jardins publics (Jardínes públicos) o Les fillettes se promenant (Las niñas paseándose), ambas de Vuillard.


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’L’Atelier de Corot’ (Mujer joven con vestido rosa, sentada frente a un caballete y tocando una mandolina), 1860, de Camille Corot.

En la muestra también pueden encontrarse obras de Modigliani, como el Portrait de Soutine (Retrato de Soutine), que pintó encima de una puerta del apartamento del marchante Léopold Sborowski y que los Hays adquirieron en 2001; o composiciones de Redon como La fleur rouge (La flor roja) y Vase de fleurs et profil (Jarrón de flores y perfil).


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’Le Goûter sur la côte ou Le Goûter au Pouldu’ (1900), de Maurice Denis.



rtve.es
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
El Museo de Orsay desnuda a los hombres


- El cuerpo masculino al natural es el objeto de esta inusual muestra parisina

- Casi 200 obras (pinturas, esculturas, fotografías) podrán verse hasta febrero




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Dos mujeres frente a una obra. | Efe

El parisino Museo de Orsay expone a partir de este martes y hasta febrero del próximo año 'Masculin/Masculin', una exposición que aúna pintura, escultura, fotografía y vídeo bajo una sola temática, el cuerpo masculino desnudo. Ciento ochenta obras en distinto soporte recorren la representación del desnudo masculino desde 1800 hasta la actualidad, repartidas en 11 espacios temáticos que abarcan desde el ideal clásico hasta el desnudo heroico, el cuerpo en la naturaleza o el dolor.

El conservador del Museo de Orsay y comisario de la exposición Xavier Rey señaló en una entrevista que la idea era recolocar "la problemática estética y cultural del hombre desnudo", que aparece aquí bajo muchas perspectivas, pero siempre observado desde un punto de vista fundamentalmente masculino. Ese protagonismo de la mirada masculina es explicado por Rey como una consecuencia natural de la dominación social por parte de los hombres a lo largo de los siglos y hasta un periodo de tiempo relativamente reciente.


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'Lucha de dos hombres desnudos', de Eadweard Muybridge. | Museo de Orsay

"La gran mayoría de artistas que representan a los hombres son hombres ellos mismos, así que vamos a ir desde el espejo narcisista del artista cara a cara consigo mismo, a una representación más masculina del deseo que puede aparecer en algunas de ellas", aclaró Rey, uno de los cinco comisarios de la muestra. Así observamos una fuerte diferencia entre la representación clásica de San Sebastián a los ojos de Guido Reni y la mirada de Zoe Leonard, que nos muestra al hombre como objeto de deseo con 'Pin-up nº1, Jennifer Miller como Marilyn Monroe', donde se puede ver a un hombre posando desnudo sobre terciopelo rojo, emulando con cierto humorismo a la actriz estadounidense.

La desnudez masculina formó parte de la formación pictórica entre los siglos XVII a XIX, pese a que estemos más acostumbrados a la representación frecuente y natural del desnudo femenino, explicó el museo. Por tanto, su aparente ausencia no quiere decir que el cuerpo del hombre "haya sido abandonado por los artistas", sino que "no ha sido nunca considerado como tal", aclaró Rey, que consideró que esta exposición permite "comprender cómo se ha perpetuado, modificado y reinventado a lo largo del tiempo".

Para ello el recorrido propuesto, en lugar de ser cronológico, es temático, de modo que podemos observar en una misma sala dos obras a las que separan 200 años en su creación, pero cuya unión formal y temática es absoluta. El comisario señaló que hay cánones comunes "como el neoclásico inspirado en la antigüedad, que se ha perpetuado hasta nuestros días", aunque otros den la vuelta a los esquemas, como la revolución realista (segunda mitad del siglo XIX), que "modificó completamente los códigos de representación para algunos artistas".

En ese sentido apuntó también a la influencia de unas artes en otras, como "la llegada de la fotografía", una disciplina también muy presente en la muestra desde sus comienzos, como se ve en 'Lucha de dos hombres desnudos' (1887), de Eadweard Muybridge.

Los amplísimos temas que se dan la mano en 'Masculin/Masculin' van desde la realidad más cruel, como la enfermedad o la muerte, hasta "el desnudo filosófico", pues, según explicó Rey, el desnudo masculino se reinventa a finales del XIX con una "perspectiva más teórica y espiritual", en "respuesta a la indiferencia de la naturaleza" como consecuencia de la revolución industrial.


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El óleo sobre lienzo 'Abel' (1874-1875), de Camille Félix Bellanger, que podrá verse en la exposición del museo parisino.


elmundo.es
 




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Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
El Museo d’ Orsay de París desnuda a los hombres



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En París, más de 100 obras recorren la representación del desnudo masculino desde principios del XIX hasta la actualidad. En la imagen: 'L'Ecole de Platon', de Jean Deville.

Ver Fotogalería

Fuente: elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO DE ORSAY 
 
Antonin Artaud & Vincent van Gogh en el Museo de Orsay



El genio y la locura


Una exposición en el Museo de Orsay de París reivindica la vigencia de los dos genios mediante los cuadros de uno y los textos de otro



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Autorretratos de Vincent van Gogh (izquierda) y Antonin Artaud (derecha).

¿Qué tienen en común Vincent van Gogh y Antonin Artaud? En el plano espacio temporal, poca cosa. Los dos creadores no llegaron jamás a coincidir ni conocerse personalmente puesto que, cuando el primero murió en Auvers-sur-Oise, a los 37 años, el segundo todavía llevaba pantalón corto en su Marsella natal.

Sin embargo, ambos fueron artistas dotados de un extraordinario talento y una visión diferente del mundo, cuyas personalidades inquietas y atormentadas les provocaron una febril actividad productiva, en medio de crisis depresivas y constantes visitas a sanatorios mentales. Hombres que volcaron sus vivencias en una obra insobornable, adelantada a su tiempo, henchida de lucidez y de fantasmas, que ha influido a las generaciones siguientes más de lo que ellos mismos pudieron nunca imaginar. Enemigos de los convencionalismos, exploradores de lenguajes nuevos, abanderados de la modernidad, adictos al exceso, malditos e incomprendidos, irremediablemente abocados a la autodestrucción.

Bajo el título de 'Van Gogh / Artaud: le suicidé de la société', el Museo de Orsay parisino acoge, hasta el 6 de julio, una exposición que reivindica la permanente vigencia de estos dos genios iluminados e hipersensibles, mediante los cuadros de uno y los textos de otro. ¿Se trata de una de esas muestras tan en boga últimamente que nacen del capricho de un comisario? Para nada.

El subtítulo de la expo en cuestión, 'El suicida de la sociedad', no es otro que el de un ensayo que Artaud escribió en 1947, por sugerencia del galerista Pierre Loeb, acerca de una amplia retrospectiva de Van Gogh inaugurada el 24 de enero de aquel año en el Musée de l'Orangerie de la capital francesa. Por entonces, el autor de 'El teatro de la crueldad' acababa de salir del sanatorio mental de Rodez (Aveyron), dejando atrás tres años de duro internamiento, para instalarse en la casa de salud del Doctor Delmas en Ivry-sur-Seine, bajo los cuidados de una joven internista en Psiquiatría llamada Paule Thévenin.

Tenía varios proyectos literarios entre manos y Gallimard le acababa de comunicar su intención de editar sus obras completas. Además, en julio se había comprometido con Loeb a exponer en su galería sus últimos retratos y dibujos. Así que no le hizo demasiado caso al consejo.

Pero en la 'maison de Santé' de Delmas cayó en sus manos Du démon de Van Gogh, de François-Joachim Beer, uno de los muchos libros escritos sobre el artista holandés desde una perspectiva vagamente psiquiátrica, que le exasperó profundamente. Así que, el 2 de febrero, decidió visitar la exhibición de L'Orangerie, en compañía de Thévenin, y entre el 8 de febrero y el 3 de marzo, escribió y dictó 'Van Gogh, le suicidé de la société', que sería publicado en diciembre.

"Nadie nunca ha escrito, pintado, esculpido, modelado, construido o inventado excepto para salir del infierno", dejó escrito el poeta, actor y director teatral Antonin Artaud

En aquel texto reivindicativo, el poeta, dramaturgo, director escénico y actor galo no sólo se oponía ferozmente a la manida tesis sobre la alienación de Van Gogh, sino que se empeñaba en demostrar que la extremada lucidez del pintor holandés molestaba tanto a las conciencias ordinarias que éstas, tratando de impedir que emitiera todas esas "verdades insoportables", terminaron empujándole al suicidio.

"Lo que me consuela es que empiezo a considerar la locura como una enfermedad como cualquier otra y acepto la cosa como tal", escribe el artista a su hermano Theo en una de las cartas que forman parte de la expo. Pero, más que un demente, el autor de 'La noche estrellada' es, para Artaud, alguien sin miedo a mostrar la realidad: un artista que podía "escudriñar la cara de un hombre con una fuerza tan abrumadora, diseccionando su refutable psicología como un cuchillo".

"Nadie nunca ha escrito, pintado, esculpido, modelado, construido o inventado excepto para salir del infierno", dejó escrito el literato, apenas tres meses antes de fallecer víctima de una sobredosis de hidrato de cloral. "En el momento de escribir estas líneas veo el rostro color rojo sangre del pintor venir hacia mí, en medio de una pared de girasoles reventones y una gran conflagración de polen de jacintos y brotes de lapislázuli", prosigue unas páginas más allá.

Para el actor predilecto de Gance o Dreyer, Van Gogh debe ser considerado, ante todo, como "un pintor de lo ordinario, de las pequeñas cosas y los objetos cotidianos", aunque sus pinturas "asemejan bombas atómicas cuyo ángulo de visión habría sido capaz de perturbar gravemente el conformismo larval de la burguesía del Segundo Imperio".

Apoyándose en esa singular visión, la conservadora jefe del Museo de Orsay, Isabelle Cahn, ha concebido una exhibición muy particular, en la que nos invita a contemplar la obra de Van Gogh a través de los ojos de Artaud, a lo largo de 40 cuadros del pintor, así como una selección de dibujos y cartas, que se completa con los citados textos del poeta, pintados en la pared, y 15 obras gráficas suyas, inequívocamente influidas por el loco del pelo rojo.


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Autorretrato de Van Gogh de 1887 (© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Gérard Blot)

"Lo más interesante del texto de Artaud es que contradice todas las teorías existentes sobre Van Gogh y el diagnóstico de su locura", señala Cahn. "Creo que las emociones que nos transmite son humanas", prosigue. "En cuanto a la angustia del pintor, viene a explicarnos que son los artistas quienes soportan nuestra angustia, la angustia de la sociedad de su época, e incluso nos enseñan cómo superarla".

Nada más comenzar el recorrido, el visitante se da de bruces en la segunda sala con cuatro autorretratos del neerlandés, colgados juntos pero realizados en distintas etapas de su carrera, entre 1887 y septiembre de 1889, que muestran el camino que va de sus años en París a su internamiento en Saint-Rémy de Provence, así como la evolución en su manera de pintar y su actitud ante la vida.

Las telas son en su mayoría muy conocidas y proceden del Museo de Orsay, el Van Gogh Museum de Amsterdam, el Metropolitan de New York, el Kröller-Müller de Otterlo, la National Gallery de Washington o el Folkwang Museum de Essen, aunque también hay unos pocos lienzos menos famosos, cedidos por coleccionistas privados. "Pero eso no ha de suponer un problema", comenta el crítico de arte de Le Monde Philippe Dagen, "ya que, incluso vista por enésima vez, la obra de Van Gogh permanece inagotable e imprevisible. Y lo mismo se puede decir de la de Artaud".

Vincent van Gogh a su hermano Theo: "Lo que me consuela es que empiezo a considerar la locura como una enfermedad como cualquier otra y la acepto como tal"

Efectivamente, los dibujos de este último mantienen el tipo puestos al lado de los coloridos óleos del maestro post impresionista. Los que factura durante su periodo de reclusión en Rodez (1943-1947), en el cual recibió medio centenar de electroshocks, resultan tan enigmáticos como inquietantes. Con sus cabezas y otras partes del cuerpo humano taladradas por clavos o sumergidas en manchas de tinta, transmiten con una inusitada intensidad la insoportable sensación del tormento. En cuanto al trazo obsesivo y convulso de Van Gogh, su clarividente exegeta se refiere a él como "un momento de salud entre dos crisis febriles".

Todo el texto de 'Le suicidé de la société' parece un ajuste de cuentas de su autor con la psiquiatría, personalizada aquí en el Doctor Gachet, que trató a Van Gogh durante sus últimos días en Auvers-sur-Oise. "En todo psiquiatra hay un sórdido y repugnante atavismo que le hace ver en cada artista a un enemigo", denuncia Artaud, pensando acaso en Jacques Lacan, eminente teórico francés que le diagnóstico que jamás volvería a escribir y viviría 80 años.

¿Cómo podía entender tan bien a Van Gogh y sus crisis de discernimiento el padre del teatro moderno? "Probablemente, por haber experimentado angustias similares en relación con la enfermedad y su tratamiento", apunta Cahn. "Fue después de una conversación con Gachet que Van Gogh volvió a su habitación, como si nada hubiera pasado, y se suicidó", escribe Artaud, para indicar después que sabe muy bien de lo que habla. "Pasé nueve años en un manicomio y nunca tuve la obsesión de suicidio", comenta. "Pero recuerdo que cada conversación que tenía con un psiquiatra, por la mañana, en el momento de la visita, me daba ganas de ahorcarme, sintiéndome impotente por no poder estrangularle".

O sea, una historia de locos.


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