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Museo Nacional De Escultura (Valladolid)
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Mensaje Museo Nacional De Escultura (Valladolid) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a un gran Museo, unos de los pocos que casi en exclusiva que se dedican a la escultura de nuestro país, el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, tuve la oportunidad de conocerlo hace muchos años, del cual guardo un grato e instructivo recuerdo. Hoy quiero dedicarle una pequeña retrospectiva, para dar a conocer las grandes maravillas que allí, en el corazón de Castilla, guardan al abrigo del Pisuerga.


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El Colegio de San Gregorio de Valladolid, era la principal sede del Museo Nacional de Escultura. Posteriormente en julio de 2009, le cambiaron la denominación, y pasó a llamarse 'Museo Nacional Colegio de San Gregorio'. Actualmente ha recuperado su antiguo nombre, pues así popularmente se le seguía llamando.

Esta institución cultural expone esculturas que abarcan desde los siglos XIII al XIX de la Península Ibérica y los antiguos ámbitos de vinculación con España (Hispanoamérica, Flandes, Italia, etc). Posee una colección única de tallas y esculturas de artistas como Gregorio Fernández, Juan de Juni, Juan de Mesa, Pedro de Mena, Martínez Montañés, Alonso Cano, Jorge Inglés, Diego de Siloé, Felipe Vigarny, Pompeo Leoni, Alonso Berruguete, Pedro López de Gámiz, Luis Salvador Carmona, Francisco Salzillo...

La colección de pintura, aunque secundaria también goza de grandes obras de pintores de la talla de Pedro Berruguete, Zurbarán, Rubens, Jan Brueghel, Juan de Roelas, Antonio Moro, Gregorio Martínez, Luis Egidio Meléndez...

Espero que este trabajo recopilatorio del museo de escultura vallisoletano, sea del interés de los amantes del arte, que frecuentan esta sección del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.





Museo Nacional de Escultura


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El Museo Nacional de Escultura, perteneciente al Ministerio de Cultura de España, es un museo español situado en la ciudad de Valladolid (comunidad autónoma de Castilla y León).

Alberga esculturas desde la Baja Edad Media hasta inicios del siglo XIX, así como cierto número de pinturas de gran calidad (Rubens, Zurbarán o Meléndez, entre otros). Es la colección escultórica española más importante de la Península y una de las más destacadas europeas de este ámbito temático.

Se llamó, desde 1933, Museo Nacional de Escultura, aunque en julio de 2008, se cambió su denominación a Museo Nacional Colegio de San Gregorio,1 con el objetivo de modernizar su nombre, como otros museos, y resaltar el renovado edificio histórico en el que se halla su núcleo expositivo. Sin embargo, en noviembre de 2011 el Consejo de Ministros recuperó su denominación original, al incorporarle los fondos del antiguo Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, cerrado al público y carente de sede estable desde los años 60. Desde el 29 febrero de 2012, una importante muestra de la colección se visita en la Casa del Sol, otra de las sedes del Museo Nacional de Escultura.

El 18 de septiembre de 2009, tras la completa remodelación de su sede principal —obra maestra de la arquitectura del siglo XV—, y la reestructuración y ampliación de su colección, abrió de nuevo sus puertas.


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El Museo Nacional de Escultura es uno de los museos españoles más antiguos: fue fundado en octubre de 1842 como Museo Provincial de Bellas Artes. Su colección se formó con obras de arte procedentes de los conventos, suprimidos en 1836 por el régimen liberal, tal como sucedió en los países europeos cercanos, y que fueron instaladas en el Palacio de Santa Cruz de Valladolid, su primera sede.

Debido a la calidad de los fondos custodiados —y para resaltar la riqueza de sus tallas de madera—, este museo provincial recibió en 1933 la categoría de Museo Nacional de Escultura a iniciativa de la II República, y particularmente del historiador de la escultura española Ricardo de Orueta, Director General de Bellas Artes, quien instaló la colección en una nueva sede: el Colegio de San Gregorio.

En el curso de su trayectoria, los fondos del Museo Nacional de Escultura se han venido acrecentado con donaciones y legados de particulares, depósitos y sobre todo con compras por el Estado de esculturas, y también de pinturas, dada la pluralidad de los fondos. Hoy se cuenta entre los museos europeos más originales.

Desde 1990 se ha llevado a cabo una renovación integral; partiendo del Palacio de Villena, adquirido en 1986, que se halla situado frente al Colegio. En 1998, se inició la restauración del Palacio, que concluyó pronto. Y, durante la instalación temporal de la colección en dicho Palacio, que se alargó diez años, se llevó a cabo una rehabilitación arquitectónica de la sede principal y la modernización de los equipamientos del Colegio de San Gregorio. Los arquitectos Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano, encargados de ella, recibieron el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales de 2007.

Debido al valor singular de este edificio, a su significado histórico y a su cercanía ideológica con buena parte de los fondos que custodiaba, en julio de 2008 pasó a denominarse Museo Nacional Colegio de San Gregorio. Sin embargo, con la redistribución de los Museos nacionales, a finales de 2011, ha recuperado de nuevo su nombre —Museo Nacional de Escultura— tras lograr una importante ampliación de fondos: los modelos escultóricos del pasado antiguo, del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, cuyo ideal era tanto ampliar la perspectiva escultórica, como hacer que los fondos de copias en yeso de obras clásicas cumpliesen con una función social y cultural en la formación artística.


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Vista de una sala del Museo Nacional de Escultura (Valladolid)


Reforma y reapertura

El 18 de septiembre de 2009 el Museo reabrió sus puertas al público. El restaurado edificio alberga, desde entonces, la exposición permanente en el antiguo Colegio de San Gregorio, que resalta por su singularidad y belleza: es una obra maestra de la arquitectura de finales del siglo XV.

La recuperación global de esta antigua sede, la ampliación de sus espacios, la nueva presentación de su colección (más amplia que nunca), la modernización de sus equipamientos y la exposición de piezas —que cumple los requisitos de la museografía más exigente—, abren una nueva etapa en su historia. Se proyecta, entre otras cosas, el documental Fuego en Castilla, del cineasta José Val del Omar, rodado en el Colegio entre 1958 y 1960.

Se ha adecuado a continuación el Palacio de Villena para sala de exposiciones temporales, de modo que:

    - En 2010 se exhibió una importante muestra internacional, Lo sagrado hecho real, después de estar en la Galería Nacional de Londres, que la organizó.

    -En 2011 se mostró «Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa (1450-1550)», donde el arte de los Primitivos portugueses vino por vez primera a España, procedente de Lisboa (Museu de Arte Antiga) y otras ciudades lusas.

Además en 2011 se expuso El Museo Crece, con las adquisiciones de 2005 a 2010; y finalmente Figuras de la exclusión, a partir de piezas de la colección.

    -En 2012, tras la continuación de la anterior, se expuso Josep M. Sert: El Archivo fotográfico del modelo.

    -En 2013, se expuso Diálogos de lo sagrado, con esculturas de europeas, asiáticas y africanas. Asimismo en 2013 se produjo Instante blanco, con intervenciones de Bernardí Roig, entre las piezas de San Gregorio, que se prolongó a enero del año siguiente.

    -En 2014, se ofreció Entre el Cielo y la Tierra. Doce miradas al Greco cuatrocientos años después, exposición en el aniversario del pintor, que exploraba el lugar en el que se sitúa la influencia del Greco en el arte de hoy a través del trabajo que desarrollan doce artistas actuales, junto al Apostolado de El Greco del Museo Nacional de Escultura, que se halla depositado en Oviedo.

    -También en 2014 organizó el Museo, junto con AC/E, una exposición sobre su fundador, Esto me trae aquí. Ricardo de Orueta (1868-1939), en el frente del arte, que fue Director General de Bellas Artes en la II República, durante 1931-33 y en 1936; Orueta además fue un gran historiador de la escultura (dedicado a analizar a destacados autores de este Museo), y definidor de los aspectos culturales de la Constitución del 31. Luego, dirigido siempre por el MNE, circuló por Málaga y Madrid.

    -En julio de 2015, se expone, con apoyo de Obra Social La Caixa, Tiempos de melancolía.

Por otro lado, este segundo edificio de Villena está diariamente en activo: acoge una parte de la administración y un Belén napolitano, utiliza una renovada sala de conferencias y proyecciones, dispone de una amplia biblioteca y de los talleres de restauración.

Y como en noviembre de 2011, se acordó oficialmente la recuperación de la original denominación de Museo Nacional de Escultura y se incorporó a sus fondos la colección del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, se acoge en Villena su gran biblioteca especializada en historia del arte, específicamente en escultura, y su archivo histórico, que conserva importantes documentos.


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Retablo de la Capilla de San Gregorio.


Museo Nacional de Reproducciones Artísticas

Fue creado por la Real Orden de 31 de enero de 1877 (luego se integraría en el Patronato Nacional de Museos con ese título, por Orden de 31 de agosto de 1968). Pero, en 1961, el Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, instalado hasta ese momento en el Casón del Buen Retiro, se trasladó al edificio del Museo de América, aunque ya sin exponerse al público. No fue su sede definitiva: en 1990 se recogió, provisionalmente, en los sótanos del edificio del Museo Español de Arte Contemporáneo, hoy sede del Museo del Traje, exponiéndose tan solo un reducido número de obras en una única sala, situada en los bajos del edificio, más de cara a los estudiantes de la cercana Facultad de Bellas Artes, que acudían allí a dibujar los vaciados de las esculturas de la Antigüedad, que al público en general. Durante veinte años sus colecciones han estado almacenadas completamente o en su práctica totalidad, a la espera de su realojamiento en un espacio visitable. Fue suprimido en noviembre de 2011, al incorporar sus fondos al Museo Nacional de Escultura.

Sus colecciones están constituidas por copias de obras famosas hechas por importantes formadores europeos; se realizaron mediante la técnica del vaciado, es decir, con moldes especiales sacados de los propios originales. Ofrecen un excelente repertorio de obras maestras, principalmente de escultura, de toda la cultura occidental que van desde el arte egipcio y caldeo-asirio, deteniéndose sobre todo en el clásico grecorromano (más destacables), pero también por el arte medieval (románico-gótico), renacentista y barroco, hasta llegar al siglo XIX.

Se hicieron las copias en un momento de esplendor reproductivo, el siglo XIX, por los mejores museos europeos, de Londres, París, Berlín o Nápoles. De ahí la calidad de estos dobles de unos 'originales' que, además, como en el caso grecorromano -que destacan especialmente en esta colección-, eran ellas mismas copias, pues se perdieron o destruyeron los originales.

Parte sustantiva de esa colección se puede ver en el Museo Nacional de Escultura desde el 29 de febrero de 2012. Era una institución que llevaba una década cerrada al público y carecía de sede estable desde hacía medio siglo.

Pues se presenta, como exposición permanente, una selección de los fondos del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas. Para ello se abordó la restauración del Palacio del Conde de Gondomar, separado del Colegio de San Gregorio por un jardín, y que había sido ya adqurido por el Estado en 1999. En la actualidad está completamente acondicionada su capilla, la Iglesia de San Benito el Viejo, mientras que el resto del palacio se encuentra aún en fase de acondicionamiento.


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Palacio de los Condes de Gondomar – Museo Nacional de Escultura (Valladolid)


Sedes

Debido al creciente número de piezas y la necesidad de espacio para albergarlas, el Museo se ha visto obligado progresivamente a aumentar sus espacios. Al inicial Colegio de San Gregorio se añadió el Palacio de Villena, situado enfrente, y después el complejo del Palacio del Conde de Gondomar, separado por del Colegio de San Gregorio por un jardín e integrado por el propio palacio y su capilla, la Iglesia de San Benito el Viejo.


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El Palacio de Santa Cruz albergó la primera colección del entonces Museo Provincial de Bellas Artes desde 1842 hasta 1933.


Colegio de San Gregorio


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Detalle de la fachada del Colegio. La flor de lis fue el emblema de su fundador, Alonso de Burgos.

Este magnífico edificio se construyó a finales del siglo XV por iniciativa de Alonso de Burgos, obispo de la diócesis de Palencia y dominico confesor de los Reyes Católicos. En 1487 obtuvo del prior del convento de San Pablo la cesión de la capilla del Cristo y las huertas sobre las cuales se levanta el edificio central del Museo Nacional de Escultura.

El Colegio se edificó entre 1488 y 1496, alrededor de un patio de dos pisos unidos con una bella escalera. Ambos presentan elementos decorativos propios del gótico tardío: motivos con yugos y flechas, hojarascas que invaden todas las superficies. El primer piso del claustro se resuelve con arcos de medio punto, apeados sobre columnas helicoidales, y el segundo, mediante ventanales con antepechos calados y tracerías de gran belleza, realizados en piedra. Alrededor del patio, antes se encontraban las celdas, la capilla y el comedor.


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La fachada, un retablo en piedra, incluye elementos figurativos complejos que parecen apelar a la educación y sus beneficios. Se cree ver en ella la mano de Gil de Siloé. Es una preciada muestra del estilo isabelino, en la que empiezan a apuntarse rasgos del Renacimiento. El cuerpo bajo presenta un arco carpanel que acoge la portada, que está flanqueada por esculturas de salvajes: se ha dicho que hacen el oficio de guardianes. En el segundo cuerpo se muestra esculpido el árbol de la vida, junto con varios escudos de fray Alonso de Burgos. El escudo de los Reyes Católicos preside la fachada. La diferencia entre éste y el escudo del patio separa la fecha en que se esculpieron: una anterior, otra posterior a la toma de Granada.


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Escudo Real localizado en el patio del Colegio de San Gregorio. No presenta la granada por lo que se supone que es anterior a 1492.

La capilla, situada en el extremo sur, tiene un lugar destacado en el conjunto. Fue construida por Juan Guas, y tenía originalmente acceso tanto desde por el Colegio como a través de un portada, hoy cegada, que existe en el crucero del lado de la Epístola de la vecina iglesia de San Pablo. De estilo gótico tardío, hispanoflamenco, consta de cabecera poligonal más un tramo que hace de cuerpo de la capilla. Ambos se cubren con bóveda de crucería estrellada de piedra. A los pies de la capilla se encuentra el coro, con una pequeña tribuna para el órgano. La riqueza de esta capilla era notable, pues el retablo, construido en 1489 era de gran calidad, así como el sepulcro de fray Alonso de Burgos en el centro de la capilla, obra de Felipe Vigarny. Ambas obras desaparecieron durante la Guerra de la Independencia.

Los colegiales tuvieron un papel fundamental en la España del siglo XVI, como mostró especialmente Marcel Bataillon en su obra mayor, Erasmo y España.

El edificio fue colegio hasta el siglo XIX, pero muy debilitado ya en sus funciones. En el siglo XX, a partir de 1933, por decisión del gobierno de la II República, se convirtió en la sede original del museo tras el traslado desde el Colegio de Santa Cruz de las piezas; hoy, tras ser remozado, es la sede principal del Museo Nacional de Escultura.


Palacio de Villena


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El Palacio de Villena (Valladolid) Fue construido en el siglo XVI, siguiendo la traza del edificio de Francisco de Salamanca (el arquitecto que reconstruyó la Plaza Mayor de Valladolid). Ofrece un proporcionado patio del siglo XVI, con dos pisos, arcos de medio punto apeados sobre columnas jónicas y medallones en las enjutas, al que abre la escalera principal, de tres tramos, abierta al claustro.

El edificio ha pasado de familia en familia por sucesivas herencias. Su fachada presenta un esquema horizontal con torres en los extremos, que provienen de una gran reforma del edificio efectuada a finales del siglo XIX. Sobre la portada de entrada, renacentista y con arco de medio punto, podemos observar una regia ventana con las armas del propietario. Estos dos últimos elementos datan de la primera edificación del siglo XVI y presentan gran similitud con los que podemos encontrar en el Palacio del Licenciado Butrón, también en Valladolid. Hoy alberga la sala de conferencias, los talleres de restauración, el depósito y el Belén napolitano.

Es muy destacable la Biblioteca, del todo renovada en 2010 con nuevos equipos; está preparada para dar cabida, además, a los fondos de historia de escultura del antiguo Museo de reproducciones, así como al archivo histórico de esta antigua institución, innacesible desde hacía años. Por todo ello es edificio relevante del Museo Nacional de Escultura, aunque su actividad más visible se sitúe en el edificio de enfrente, el Colegio de San Gregorio.


Casa del Sol o Palacio del Conde de Gondomar


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El Palacio del Conde de Gondomar, más conocido como Casa del Sol, fue construido hacia 1540, por el licenciado Díaz de Leguizamón. Su fachada está construida en piedra de sillería. Posee dos pisos, con grandes huecos protegidos por buenas rejas. Destaca la portada, en arco de medio punto flanqueado por dos pares de columnas corintias, con balcón encima de ella y coronada por una peineta, añadida hacia 1600, con el escudo del Conde de Gondomar y un Sol que da nombre a la casa. La decoración es de estilo plateresco, con grutescos. A los lados de la fachada aparecen sendas torres que dan rango palacial al edificio.

La Casa del Sol fue adquirida en 1599, junto con el patronato de la capilla mayor de la iglesia de San Benito el Viejo, por don Diego de Sarmiento de Acuña (1567-1626), Conde de Gondomar. El Conde amplió el palacio para poder colocar su rica y conocida biblioteca en él. Los anaqueles con libros ocupaban por completo, hasta el techo, las paredes de cuatro grandes salas. Los libros fueron vendidos por los descendientes de don Diego a Carlos IV en 1806 y se conservan en su mayoría en la Biblioteca Nacional de España.

En 1912 la Casa del Sol, junto con su capilla, la Iglesia de San Benito el Viejo, fue comprada por las Madres Oblatas, quienes permanecieron en ella hasta 1980, fecha en la que esas edificaciones fueron compradas por los Padres Mercedarios Descalzos, siendo adquirido por el Estado en 1999. La Casa del Sol está fundida con la capilla físicamente, por estar empotrado en él, y también funcionalmente, por su papel en el pasado.

En la actualidad, completamente restaurado, se encuentra en fase de estudio para su acomodación a los espacios del Museo.


Iglesia de San Benito el Viejo, capilla de la Casa del Sol


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Torre de la llamada Casa del Sol o palacio del conde de Gondomar pegada a la Iglesia de San Benito el Viejo. Desde el 2011 es la sede de la exposición permanente de reproducciones artística en yeso. Pertenece al conjunto museístico del Museo de Escultura de Valladolid, España.

De 1276 data el primer testimonio de ella. Existía como ermita, y en 1375 se convirtió en parroquia.

Será en el siglo XVI cuando el templo se vincule a la Casa del Sol, al palacio colindante, a través de relaciones de patronazgo, en un primer momento con los propietarios iniciales, el Licenciado Sancho Díaz de Leguizamón y su mujer doña Mencía de Esquivelque, quienes, en 1540, piden permiso para rehacer la capilla mayor del templo, y dedicarla a lugar de enterramiento. Es parte, pues de la Casa del Sol, ya desde el Renacimiento.

El escudo nobiliario del exterior de la capilla mayor es obra de los canteros Juan de Celaya y Martín de Uriarte, labrado hacia 1601, por mandato de don Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar que había adquirido su patronato en 1599; también D. Diego encargó la reconstrucción de la iglesia, junto con una cripta bajo la capilla mayor para su enterramiento. En 1629 Francisco de Praves y Gregorio Fernández dieron trazas y condiciones para construir el retablo mayor de la iglesia, que se realizó de acuerdo con ellas, aunque el retablo no ha llegado hasta hoy (desaparece a principios del siglo XIX). El templo siguió como Parroquia hasta 1812, en que fue transformado en almacén. Parte de las obras de arte que atesoraba se trasladaron a la iglesia de San Martín de esta misma ciudad, desapareciendo otras. En 1921, San Benito el Viejo volvió a abrirse al culto como capilla de las Madres Oblatas, que habitaban desde 1912 la vecina Casa del Sol. Se volvió a cerrar de nuevo hace años; en 1999 fue adquirida por el Estado, y en 2012 se abrió tras su rehabilitación.

Posee una sencilla nave única, de cinco tramos, con crucero de brazos cortos; el coro alto está situado en los pies. Se cubre actualmente mediante bóvedas de medio cañón con lunetos terminadas en 1939, ya que hasta mediados del siglo XVIII, su cubrición había sido mediante artesonados de madera, realizándose hacia 1750 unos cielorrasos condenando los artesonados. El estilo es el llamado clasicismo español o herreriano, si bien en las primeras décadas del siglo XX la iglesia fue reformada.

Entre 2011 y 2012 se ha llevado a cabo su acondicionamiento, para su integración efectiva en el Museo de Escultura; y, desde febrero de 2012, hay una exposición definitiva de parte de los fondos del antiguo Museo Nacional de Reproducciones Artísticas.


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Ábside con escudo del conde de Gondomar de la Iglesia de San Benito el Viejo junto a la Casa del Sol del conde de Gondomar.



Colección


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El Museo Nacional de Escultura expone muchas esculturas nacionales, y algunas europeas, así como algunas pinturas, que abarcan desde los siglos XIII al XIX de la Península Ibérica y los antiguos ámbitos territoriales vinculados a España (Latinoamérica, Flandes e Italia). Están presentes pintores como Bononi, Rubens, Zurbarán, Ribalta o Meléndez, pero el centro de su colección corresponde a esculturas de los siglos XV a XVII.

El recorrido a través de la colección permanente que se expone en el Colegio de San Gregorio sigue un orden histórico-temporal, que a su vez, se mezcla con una distribución temática.


Algunas pinturas que alberga el Museo Nacional de Escultura de Valladolid


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Santa Faz. Francisco de Zurbarán. 1658. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. La Santa Faz, símbolo de la Pasión, fue tratada por Francisco de Zurbarán en diversas ocasiones a lo largo de su carrera. Atento a las formas más solemnes y místicas de la muerte, Zurbarán ofrece todo un ejercicio de estilo. Admirablemente pintado, deslumbra por el rigor de la geometría y la meditada calidad de sus blancos. Y, sobre todo, por ese filo de irrealidad obtenido gracias al choque visual entre una faz impalpable y la concreción física de nudos, cuerdas y pliegues.


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Pedro Berruguete. Piedad. Hacia 1480. Óleo sobre tabla. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


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Vírgen con el Niño. Obra de Gregorio Martínez. Óleo sobre tabla. 184 x 92 cm. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


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Gregorio Martínez - Anunciación de María. Óleo sobre tabla. 315 x 216 cm. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


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Gregorio Martínez - La Anunciación de la capilla del banquero Fabio Nelli. Antiguamente albergada en la Catedral de Burgos, actualmente conservada en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


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Francisco Martínez - La Inmaculada con Santa Águeda, San Francisco y don Andrés de Vega, 1609, óleo sobre lienzo, 291 x 166 cm. Museo Nacional de Escultura de Valladolid, procedente del monasterio de San Benito el Real. Obra de Francisco Martínez, hijo de Gregorio Martínez.


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Heráclito y Demócrito es un cuadro del pintor Peter Paul Rubens, realizado en 1603, óleo sobre tabla. 95 x 125 cm. Se conserva en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, España.

El pintor lo realizó como encargo para el valido de Felipe III de España, Francisco Gómez de Sandoval Rojas y Borja, conocido como el Duque de Lerma. Tras pasar por diversas colecciones, en diciembre de 1999 fue vendido en subasta por el magnate sirio del petróleo Akram Ojjeh, en la sala Christie's de Londres, y lo adquirió el Ministerio de Cultura español por unas 661.000 libras esterlinas (unos 175 millones de pesetas).

El tema. La representación del tema artístico de Heráclito y Demócrito fue muy frecuente en el siglo XVII como contraposición del optimismo frente al pesimismo en la vida.1 Se representa a Heráclito de Éfeso y Demócrito, filósofos griegos del siglo V a. C.

En el cuadro se muestra a los dos filósofos representantes de caracteres opuestos mirando fijamente al espectador y colocados a ambos lados de un globo terráqueo en el que se aprecian los territorios del norte de Europa y centroeuropeos rodeados de mares, a modo de un portulano en el que es visible la rosa de los vientos. Sus identidades quedan aclaradas en inscripciones con caracteres griegos que recorren los bordes de sus mantos.


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Juana I de Castilla, posiblemente por Jacob van Lathem, en torno a 1500


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Calvario por Antonio Moro, 1573


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Tentaciones de San Antonio Abad por Jan Brueghel (principios siglo XVII)


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Alegoría de la virgen Inmaculada por Juan de Roelas, 1616


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Presentación del Niño en el templo por Diego Valentín Díaz, 1650


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San Antonio de Padua por Thomas Willeboirts Bosschaert, en torno a 1650


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Bodegón de frutas y utensilios de cocina por Luis Egidio Meléndez, 1765


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San Francisco y Santo Domingo en el refectorio (segunda mitad siglo XVII). Obra de Felipe Gil de Mena



Esculturas


Obras medievales


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La Virgen con el Niño, anónimo, taller castellano, finales del siglo XIII.

En la Sala 2 del Museo se exponen una serie de piezas que pueden considerarse puramente medievales, situadas cronológicamente entre los siglos XIII y XV. La mayoría de las obras son anónimas, rasgo habitual de este periodo, pero otras están atribuidas a autores como el Maestro del retablo de la capilla de la Buena Mañana, o a los círculos de Juan de Malinas o Van der Weyden.


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Retablo de San Jerónimo por Jorge Inglés.


Siglo XV

Se exponen una serie de obras de transición al Renacimiento, realizadas en su mayoría por artistas del siglo XV como Jorge Inglés, Rodrigo Alemán o Alejo de Vahía.

Entre las obras correspondientes a esta época se encuentra La Piedad, una obra representativa del Gótico tardío que refleja el avance hacia el naturalismo emprendido por algunos focos artísticos centroeuropeos en los inicios del siglo XV.

Al siglo XV corresponden también obras de las escuelas flamenca e hispano-flamenca como el Retablo de la vidad de la Virgen, procedente del Convento de San Franciso de Valladolid, el Retablo de San Jerónimo, obra de Jorge Inglés, la Silla de Coro de Rodrigo Alemán y las obras pictóricas de San Atanasio y San Luis de Tolosa del Maestro de San Ildefonso.


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Piedad, anónimo (hecho en Alemania), 1406-1415.


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Retrato funerario de Luis Pimentel y Pacheco, anónimo, taller leonés, siglo XV.


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Retablo de la vida de la Virgen, anónimo, del taller de Amberes, hacia 1515.


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Busto del joven emperador Carlos, anónimo, taller de Flandes, hacia 1520.


Renacimiento


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Alonso Berruguete: Sacrificio de Isaac.

Durante los primeros años del siglo XVI, conviven dentro del espíritu renacentista distintos estilos como el clasicismo italiano, la tradición flamenca y el Manierismo de Alonso Berruguete. Dentro de la colección artística de este siglo, se puede contemplar el Retablo de la Pasión de Cristo, obra de fray Rodrigo de Holanda, representativo de la estética flamenca, la Sagrada Familia, de Diego de Siloé o la Virgen con el Niño de Felipe Vigarny.


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Diego de Siloé: Sagrada Familia


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Felipe Vigarny: Virgen con niño


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La Muerte por Gil de Ronza, 1523.


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San José con el Niño por Pedro López de Gámiz (tercer cuarto del siglo XVI)


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Antigua Sillería del Coro bajo de la iglesia de San Benito de Valladolid


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Alonso Berruguete: Adoración de los Reyes Magos.

A esta época corresponde también la Sillería del Coro Bajo de San Benito el Real, contratada en 1525 para celebrar los Capítulos Generales de los benedictinos en Castilla, cuyo principal centro era el monasterio de San Benito el Real de Valladolid. Su diseño y ensamblaje fue encargado a Andrés de Nájera. El conjunto está integrado por cuarenta sitiales; de ellos treinta y cuatro corresponden a los monasterios de la Congregación y el resto a benefactores de la misma. En cada sitial figura el nombre del monasterio en su respaldo, su titular, el fundador o un personaje relacionado con el monasterio en su tablero y el escudo en el remate. El único sitial policromado es el que pertenece al monasterio de Valladolid, haciendo constar su importancia sobre los demás. La sillería baja está formada por veintiséis sitiales decorados con episodios de la vida de Cristo y la Virgen. El conjunto presenta una rica ornamentación renacentista a base de grutescos, medallones, mascarones y trofeos.

Por último, en dos espacios diferenciados del resto, se expone parte de la producción artística de los dos autores más importantes del Manierismo expresivo castellano del siglo XVI; Alonso Berruguete y Juan de Juni. Asimismo, se exponen obras de los directos discípulos de estos autores como Francisco Giralte -San Francisco-, Leonardo de Carrión y Diego Rodríguez -Las tentaciones de San Antonio Abad-.

La escultura del último tercio de siglo, romanista, está representada por Juan de Anchieta —San Onofre— y Pedro de la Cuadra —Redención de Cautivos—.


Retablo de San Benito el Real


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Parte del Retablo de Alonso Berruguete.

El retablo procedente de la iglesia del monasterio de San Benito el Real de Valladolid ocupa tres salas del Colegio, las antiguas aula de Artes, la cocina y el refectorio. El retablo fue encargado por el abad fray Alonso de Toro en 1526 a Alonso Berruguete y terminado en 1532. Debido a su gran volumen y la ausencia de algunas piezas el conjunto se presenta fragmentado.


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Martirio de San Sebastián, de Alonso Berruguete.

En su montaje original, consta de un gran cuerpo central semicircular y dos alas rectas laterales. Verticalmente se reparte en once calles y horizontalmente en dos grandes cuerpos y un banco o predela. Dentro de esta gran estructura se encuentran las figuras de bulto, relieves y pinturas siguiendo un esquema dirigido a un espectador capaz de comprender su mensaje como eran los monjes benedictinos en cuya iglesia se albergaba el conjunto.


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La Adoración de los Magos, de Alonso Berruguete.

En la calle central del retablo se disponían de arriba a abajo los temas: El Calvario, La Asunción de María y San Benito. Los elementos restantes se distribuyen en tres bancos o niveles. En el primero, se hallarían catorce esculturas representativas del Antiguo Testamento como El sacrificio de Isaac, Jacob y sus doce hijos en representación de las doce tribus de Israel. Sobre los patriarcas del Antiguo Testamento, en el segundo nivel, se hallan alusiones al Nuevo Testamento en referencia a las figuras de los doce apóstoles que rodean relieves con escenas de la infancia de Cristo:Nacimiento, Adoración de los Reyes Magos, Presentación en el templo y Huida a Egipto. En el tercer nivel, se hallan escenas de la vida de San Benito y figuras del santoral cristiano.


Juan de Juni


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Juan de Juni: El entierro de Cristo

De la obra del escultor franco-español destaca El entierro de Cristo. Procedente del desaparecido convento de San Francisco, desamortizado, está formado por siete esculturas de tamaño mayor que el natural, en el centro de la escena se encuentra la figura de Cristo yacente, mientras que el resto de los personajes proceden a su amortajamiento; retirando espinas, perfumando el cuerpo o limpiando las heridas.


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Juan de Juni: El entierro de Cristo (detalle)


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Juan de Juni: San Antonio de Padua


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Juan de Juni: San Juan Bautista

Otras obras del maestro franco-español son El Calvario procedente del palacio de los Águila de Ciudad Rodrigo, la escultura de San Antonio de Padua y una excelente Santa Ana, que se halla desde 1843 en el Museo.


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Pedro López de Gámiz: San José con el Niño

Se exhiben también esculturas de Pedro López de Gámiz -San José con el Niño— o Esteban Jordán —Entierro de Cristo—.



Barroco



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Retrato de Gregorio Fernandez por Diego Valentín Díaz. Museo Nacional de Escultura (Valladolid)

En el capítulo de la escultura barroca, destacan las obras de Gregorio Fernández, máximo exponente del naturalismo barroco castellano, como Paso de la Sexta Angustia, Santa Teresa, El bautismo de Cristo y el formidable Cristo yacente.


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Gregorio Fernández: San Diego de Alcalá, 1605.


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Gregorio Fernández: Sed Tengo , 1612-1616.


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Gregorio Fernández: Camino del Calvario, 1614.


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Gregorio Fernández: San Sebastián , 1615-1620.


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Gregorio Fernández: La sexta angustia (1616-1617).


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Gregorio Fernández: Cristo yacente, 1627.


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Gregorio Fernández: Santa Teresa de Jesús, 1624.


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Bautismo de Cristo, madera policromada, c.1630; escultura de Gregorio Fernández (1576-1636), policromía atribuida a Diego Valentín Díaz. Museo Nacional de Escultura, Valladolid.

También se exhiben obras de Alonso Cano —S. Juan Bautista, S. Jerónimo penitente—, Juan Martínez Montañés —S. Juan Evangelista—, Pedro de Mena —la destacada Magdalena penitente— o José de Mora —Virgen de la soledad—. Destacan además dos pinturas excepcionales, una Santa Faz de Francisco de Zurbarán y una tabla de Peter Paul Rubens -Demócrito y Heráclito-.

La escultura tardobarroca del siglo XVIII está representada en el Museo por Juan Alonso de Villabrille y Ron -Cabeza de San Pablo-, Francisco Salzillo -San Francisco-, Pedro de Sierra -Inmaculada-, o Luis Salvador Carmona, con varias obras entre las que descuella un Crucificado.


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La Elevacion de la Cruz por Francisco del Rincón, 1604.


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San Juan Bautista por Alonso Cano, 1634.


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Retablo de San Diego por Bartolomé Carducho, 1604-1606.


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Santa Eulalia por Luis Salvador Carmona (mediados del siglo XVIII).


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Estatua del Duque de Lerma


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San Francisco de Asís por Francisco Salzillo, siglo XVIII.


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San Juan Evangelista por Juan Martínez Montañés, 1638.


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Magdalena penitente por Pedro de Mena, 1663-1664.


Pasos procesionales


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Camino del Calvario, uno de los pasos que procesan durante la Semana Santa de Valladolid.

El Museo Nacional de Escultura custodia y conserva buena parte de la escultura procesional de Valladolid. Como un hecho singular museístico desde 1922 accede al préstamo de varios conjuntos escultóricos a las cofradías de la Semana Santa vallisoletana. En total, son 104 imágenes procedentes de sus fondos las que se integran en los correspondientes pasos.

El museo acoge, entre otros, los pasos La elevación de la Cruz de Francisco de Rincón, Sed Tengo, y Camino del Calvario de Gregorio Fernández o El Santo Sepulcro o paso de Los Durmientes de Alonso de Rozas.


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Exaltación de la cruz, uno de los pasos que salen durante la Semana Santa de Valladolid.



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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Miercoles, 10 Febrero 2016, 00:20; editado 24 veces 
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Mensaje Re: MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA DE VALLADOLID 
 
Gracias J.Luis por este nuevo Museo nacional de escultura de Valladolid.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA DE VALLADOLID 
 
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Vista de una sala del Museo Nacional de Escultura de Valladolid



Las imprescindibles del Museo Nacional de Escultura de Valladolid


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Relieve del Bautismo de Cristo. Gregorio Fernández. 1624 - 1628. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El relieve presenta una técnica habitual en Gregorio Fernández: las figuras de Cristo y San Juan Bautista están casi exentas y el fondo se resuelve mediante bajorrelieve y pintura. Resultan igualmente característicos el naturalismo en la representación anatómica y la elegancia de las actitudes.


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Cristo yacente. Gregorio Fernández, c. 1627. Museo Nacional de Escultura, Valladolid. La representación de Cristo muerto y tendido sobre un sudario, cuya iconografía aparece ya en el último cuarto del siglo XVI, estaba destinada normalmente al banco de los retablos para poder ser colocado el Jueves Santo y recibir adoración. Como es habitual en la obra de Gregorio Fernández, el estudio anatómico es todo un alarde, y aúna la talla, la policromía y los postizos para convencer de la realidad humana del cadáver de Cristo.


 9paso_procesional_de_sed_tengo_gregorio_fern_ndez_1612_1616_sala_tem_tica_de_pasos_procesionales_museo_nacional_de_escultura_valladolid

Paso procesional de Sed Tengo. Gregorio Fernández. 1612 - 1616. Sala temática de Pasos Procesionales. Museo Nacional de Escultura, Valladolid. La calidad artística del primer paso conocido de Gregorio Fernández es insuperable, reflejándose en las dinámicas pero equilibradas actitudes y en el dominio de las anatomías y expresiones.


 12la_magdalena_penitente_pedro_de_mena_1664

La Magdalena penitente. Pedro de Mena. 1664. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Es una de las creaciones más personales de Mena y una obra cumbre de la escultura hispana, por la magistral fusión de la policromía naturalista, la maestría de la talla y la expresión de arrepentimiento. Envuelta en un estera de palma y con el rostro marcado por la penitencia, la santa arrepentida dirige su mirada al crucifijo al tiempo que su mano dibuja un gesto de arrobamiento místico.


 2san_juan_bautista_de_alonso_cano

San Juan Bautista. Alonso Cano. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Esta imagen es una de las más originales de la escasa producción escultórica de Alonso Cano y presenta a un San Juan Bautista adolescente, sentado sobre una peña, dialogando ensimismado con el cordero. Los finos rasgos del rostro envuelto en un halo de melancolía y los cabellos de aspecto humedecido reunidos en largos mechones responden al gusto del maestro granadino.


 3san_juan_evangelista_obra_de_juan_mart_nez_monta_s

San Juan Evangelista. Obra de Juan Martínez Montañés, c. 1638. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. La figura de San Juan tuvo un enorme éxito en los conventos sevillanos a comienzos del siglo XVII y se convirtió en una de las series más logradas de la producción de Martínez Montañés. Aspectos como la clásica serenidad, la talla minuciosa y la disposición de los paños, confirman la autoría del maestro, cuando contaba ya 70 años.


 4_santo_entierro_juan_de_juni_c_1541_1544

Santo Entierro. Juan de Juni, c. 1541 - 1544. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El Santo Entierro de Juni destaca por su marcado carácter escenográfico. Fue pensado para ser visto de frente, dentro de un retablo, y está compuesto por siete figuras. La principal, Cristo muerto, articula la disposición de las seis restantes, que concentran en sus manos el mayor peso expresivo. El eclesiástico y escritor Antonio de Guevara encargó esta obra para su sepulcro.


 27retablo_de_san_benito_el_real_detalle_alonso_berruguete

Retablo de San Benito el Real (detalle). Alonso Berruguete. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Se trata de la obra que condensa las particularidades del estilo de Berruguete. Contratado en 1526, tras la estancia del artista en Italia, el retablo era una enorme máquina arquitectónica que se desmontó en 1881, por efecto de la Desamortización. Su actual montaje en el Colegio de San Gregorio presenta una amplia reconstrucción, que hasta ahora no había sido posible por falta de espacio.


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Estatua orante del Duque de Lerma. Pompeo Leoni. 1608  ·  Capilla. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. La escultura del Duque de Lerma y la de su esposa, Dª Catalina de la Cerda, nos traen inmediatamente a la memoria el recuerdo de los sepulcros reales de El Escorial, lo que se ha interpretado como un intento de rivalizar con los monarcas, subrayado por la coincidencia en la autoría de Pompeo Leoni. Las dos imágenes son fiel reflejo del arte puesto a disposición del poder y del deseo de los altos estamentos de vencer a la muerte a través de la fama.


 13cristo_crucificado_luis_salvador_carmona_1740_1760

Cristo crucificado. Luis Salvador Carmona. 1740 - 1760. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Es una obra paradigmática del estilo académico, que funde la tradición y las nuevas propuestas estéticas dieciochescas bajo el perfecto dominio de la técnica. Trabajado con minuciosa  verosimilitud, la calidad de la talla se refuerza con el recurso barroco a los postizos; la policromía sobria, de carnación pálida a pulimento, sin excederse en la sangre.


 5santa_catalina_de_alejandr_a_c_rculo_de_aniello_perrone_1683_1687

Santa Catalina de Alejandría. Círculo de Aniello Perrone. 1683 - 1687. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Esta obra es un perfecto ejemplo de la relación artística existente entre Nápoles y España durante la Edad Moderna. La obra procede del convento de Agustinas de Monterrey de Salamanca. La composición, marcadamente dinámica, encuentra modelos de referencia en la escultura romana del pleno barroco, introducida en Nápoles a través de algunos discípulos de Bernini. Destaca la refinadísima policromía a punta de pincel realzada con aplicaciones plateadas, propia de una obra de importancia y calidad.


 6la_muerte_obra_de_gil_de_ronza_c_1522

La Muerte. Gil de Ronza, c. 1522. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Esta escultura pertenece al ambicioso conjunto escultórico encargado al flamenco Gil de Ronza para una capilla funeraria en el convento de San Francisco de Zamora. Atestigua la vigencia ya avanzado el siglo XVI de una visión de la muerte marcada por el miedo, el sentido de lo macabro y la conciencia de la miseria humana, y representada como una anatomía humana en descomposición. Cubierta con su sudario y sosteniendo la trompeta del Juicio Final, ilustraba el momento de la Resurrección de los muertos.


 7retablo_relicario_de_la_anunciaci_n_vicente_y_bartolom_carducho_1604_1606

Retablo relicario de la Anunciación. Vicente y Bartolomé Carducho. 1604 - 1606. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. La vinculación de estas obras a la figura del Duque de Lerma explica la sorprendente suntuosidad que presentan, destinadas a expresar la protección del convento franciscano de San Diego por parte del poderoso valido de Felipe III. Su diseño recuerda al de los armarios relicarios de El Escorial, y combina los elementos arquitectónicos, pictóricos y escultóricos, disponiendo de toda una galería de figuras sagradas, con un viril en el pecho destinado a albergar la reliquia correspondiente.


 11cabeza_de_san_pablo_juan_alonso_villabrille_1707

Cabeza de San Pablo. Juan Alonso Villabrille. 1707. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El arte del barroco español no ahorró esfuerzos en la ostentación de la crueldad cuando trataba la muerte heroica de los primeros mártires. El tema de las cabezas cortadas gozó de notable fortuna, impulsado por la Contrarreforma en su campaña doctrinal contra las tesis protestantes. La cabeza de San Pablo está representada sobre un suelo pedregoso con tres fuentes que, según la tradición, brotaron donde cayó tras la decapitación.


 23piedad_an_nimo_alem_n_c_1406_1415

Piedad. Anónimo alemán, c. 1406 - 1415. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. A pesar de no figurar entre las escenas descritas en los Evangelios, el tema de la Piedad alcanzó una gran popularidad en el arte, al amparo de la creciente humanización del sentimiento religioso a fines del Medievo. Esta delicada obra esculpida en piedra se encuadra dentro de un grupo que tiene su origen a fines del siglo XIV en el Sacro Imperio Romano Germánico (quizá en Praga), que se extendieron por toda Europa y que son conocidas como Bellas Piedades, por la dulcificación de las actitudes. Eran veneradas en monasterios influyentes, vinculadas a familias de alcurnia, como este ejemplar, procedente de San Benito el Real.


 25retablo_de_la_vida_de_la_virgen_an_nimo_flamenco_c_1515_1520

Retablo de la vida de la Virgen. Anónimo flamenco, c. 1515 - 1520. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Esta obra presenta una excepcionalidad que la aparta de la retablística castellana, en aspectos como su forma de la caja, la configuración de las escenas o detalles de la indumentaria y las arquitecturas, actualizadas para responder a los ideales de la «devotio moderna», movimiento piadoso que reclamaba una espiritualidad íntima y cercana. En su factura se advierten dos manos diferentes, y todo parece indicar que es Amberes el lugar con más posibilidades a la hora de proponer un centro productor para este retablo.


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Retablo de San Jerónimo. Jorge Inglés, c. 1455. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El retablo procede del convento jerónimo de la Mejorada de Olmedo y está atribuido al pintor Jorge Inglés. Estilísticamente presenta rasgos de la pintura flamenca hispanizada, con tipos humanos caracterizados por un realismo trágico, y un tratamiento basado en la minuciosidad en los detalles ly en os plegados, amplios y acartonados.


 29retablo_mayor_del_monasterio_de_la_mejorada_de_olmedo_alonso_berruguete_y_vasco_de_la_zarza_c_1525_capilla

Retablo Mayor del monasterio de la Mejorada de Olmedo. Alonso Berruguete y Vasco de la Zarza, c. 1525 · Capilla. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El retablo es resultado de la colaboración entre Vasco de la Zarza, que murió un año después de la firma del contrato, y un joven e inexperto Alonso Berruguete, que debió asumir la realización de la mayor parte del retablo. A pesar de su juventud, Berruguete logra reflejar en esta primera obra muchas de las características de su producción: la fuerza expresiva, el alargamiento de las figuras, la inestabilidad en las posturas y la originalidad compositiva.


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Sillería de San Benito. Andrés de Nájera y otros. 1525 - 1529. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. La Congregación benedictina de Castilla convirtió su casa de Valladolid en un influyente centro de poder que extendía su radio de acción por la mayor parte del territorio hispano. De este modo, el monasterio de San Benito el Real se dotó de un ornato que afirmara la identidad de la orden, representada en esta sillería coral.


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Sillería de coro con la Inmaculada. Pedro de Sierra. 1735. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Esta sillería, procedente del convento de San Francisco de Valladolid, se encuentra entre las obras más excelentes del barroco castellano. La Virgen es una magnífica muestra del Rococó y la sillería presenta una sobriedad en la traza que contrasta con la pormenorizada y rica decoración dedicada a la exaltación de la Orden franciscana. En 1933 se instaló en el coro alto de la Capilla del Colegio de San Gregorio, recuperando una ubicación similar a la original.


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Belén napolitano. Anónimo napolitano. 1701 - 1800. Palacio de Villena. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. La práctica de montar Belenes, Nacimientos o Pesebres en tiempo de Navidad, realizados con pequeñas figuras móviles, hizo su entrada en los hogares en fecha temprana, pero adquirió una fuerza especial desde fines del siglo XV. Alcanzó un esplendor particular en el Nápoles de los Borbones, como este que pertenece al Museo, con centenares de personajes, accesorios, paisajes y edificios, organizados en animadas escenas de la vida cotidiana, propias de una bulliciosa ciudad mediterránea.


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Laocoonte. Formador: Trilles. 1887  ·  Original de Agesandro, Atenodoro y Polidoro, hallado en Roma. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El propio prestigio del que ya gozaba esta obra en la Antigüedad, el hecho de que los hombres cultos del Renacimiento la conocieran y estimaran, a través de textos, incluso antes de que fuera descubierta, la admiración que suscitó su salida a la luz en el siglo XVI, la reverencia inmediata que obtuvo, la sensación de vinculación con la antigüedad clásica que embargó a los estudiosos y artistas que la contemplaron son algunas de las razones que hacen de esta pieza uno de los iconos del arte occidental. En nuestro caso, interesante no solo por la calidad de la reproducción, sino por mantener, congelado, el gesto erróneo con el que fue conocida durante la mayor parte de nuestra época.


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Torso Belvedere. Formador: Brucciani. 1889  ·  Original de procedencia desconocida.Museo Nacional de Escultura de Valladolid.  El Torso Belvedere constituye sin duda una de las referencias que han conformado el arte occidental. Su mera presencia se impone, aunque sea a través de una copia en escayola. Y, además, hemos de admitir que estamos ante una copia de singular calidad, que refleja y evoca aspectos del original tales como la delicada técnica al servicio de la expresión de la potencia, la solidez de la construcción y el dominio del espacio tridimensional. Lamentablemente, está incompleta. ¿O debemos agradecer al azar ese estado de no acabamiento, de no cerrado, de no definido que suele marcar las más notables manifestaciones artísticas de la humanidad?


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Doríforo. Formador: Hofmann. 1888  ·  El original, procedente de Pompeya, copia la obra de Policleto. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Ninguna obra de arte nace aislada, en medio de la nada. Todas son fruto de, entre otras cosas, su contexto. Pero pocas como esta atesoran tantos significados con respecto a lo que fue y sigue representando el mundo griego. Este portador de lanza, fruto de un minucioso estudio de las proporciones, encierra en sí un canon, una idea de la relación del todo y las partes, que constituye una de las claves del pensamiento griego. La atrevida especulación de los milesios, el esqueleto numérico de la realidad detectado por los pitagóricos, incluso los lejanos precedentes egipcios asoman en este prodigio de presencia que constituye, como es sabido, uno de los grandes retos del arte.


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Cabeza de Hera. Formador: Hoffman. 1888  ·  Original procedente del Templo de Hera, Olimpia. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Esta cabeza de Hera, esposa de Zeus, poderosa y engañada, representa en nuestra colección los albores de la plástica griega clásica. La pieza refleja fielmente el vínculo que el original mantiene aún con el bloque de piedra del que procede, nos recuerda que estamos al principio de un camino. Pero la sonrisa que le adorna, la famosa sonrisa arcaica, nos sugiere que ese camino no va a limitarse, como siempre, al mundo imaginario de lo divino, que la realidad y lo humano ya constituyen una poderosa atracción para el genio griego.


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Discóbolo. Formador: Brucciani. 1889  ·  Original procedente de Villa Adriana, Tívoli. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El discóbolo, una de las estatuas que identifican a la Antigüedad, es también un  paradigma del juego de espejos que, en realidad, representan las obras que arte grecorromano llegadas hasta nosotros. La pieza fue vaciada a partir de una de las réplicas romanas que copiaron, o solamente se inspiraron, en el original griego, de bronce y tamaño mayor que todas las conservadas. Casi desde su primera aparición, en 1781, los artistas y eruditos fueron conscientes de que no se trataba de un original, pero ello no disminuyó un ápice de su interés, que ha adquirido tintes dramáticos cuando poderosos dirigentes europeos de todas las épocas han tratado de hacerse con ellas.


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Fauno danzante. Formador: Scognamiglio. 1882  ·  Original procedente de la Villa del Fauno, Herculano. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Con este Fauno nos situamos al final del ciclo plástico griego. En escultura, este periplo había comenzado con las efigies de los dioses para integrar posteriormente la nobleza de lo humano y concluir con imágenes de prácticamente todo, hasta de lo banal. Al tiempo, la técnica permitía a los artistas separarse de la rigidez del bloque y llegar a sugerir la máxima ligereza. Conocimiento anatómico y dominio técnico de la fundición se aplican aquí a la representación de una escena liviana: la alegría de un sátiro del cortejo de Baco. Desde su aparición en 1830 la pieza fue considerada uno de los máximos ejemplos de la capacidad creativa de la Antigüedad.


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Máscara de Agamenón. Formador: Gillieron. 1914  ·  Original procedente de Micenas, Grecia. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Con esta pieza retrocedemos en el tiempo, hasta mediados del segundo milenio a. C., a la plena Edad del Bronce. Habitaban entonces el entorno del Egeo poblaciones griegas organizadas en núcleos independientes, gobernados por poderosos señores locales. De todos, el rey de Micenas parece haber sido uno de los más respetados y a uno ellos, a Atreo, atribuyó Schliemann esta máscara. Hoy sabemos que no es así, aunque resta cierta base: se trata de la máscara funeraria de un poderoso señor aqueo de Micenas. La manufactura áurea original ha sido aquí fielmente reproducida, de modo que no es difícil utilizarla como trampolín para evocar aquél mundo de palacios perdidos, escritura silábica y armas de bronce: el mundo de la Guerra de Troya.



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Retablo. Alonso de Berruguete. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


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Retablo Mayor de San Benito El Real. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


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Vista del patio del Colegio de San Gregorio, sede principal del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


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Fachada del Colegio de San Gregorio. Sede principal del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Web del Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Enlace recomendado




PUES ESTO ES TODO AMIGOS, ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO LA RECOPILACIÓN QUE HE REALIZADO DEL MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA DE VALLADOLID. UN MUSEO QUE BIEN MERECE UNA VISITA CON TIEMPO, HAY MUCHO QUE VER.


Fuentes y agradecimientos: Web del museo, mcu.es, es.wikipedia.org, pintura.aut.org, flickr.com, jmasoc.com, stendartcityguides.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA DE VALLADOLID 
 
'Lo sagrado hecho real' recoge las obras cumbre del barroco español

La exposición se muestra en Valladolid después de haber arrasado en Londres y Washington



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Lo sagrado hecho real. Pintura y escultura española, 1600-1700, que mañana se abre al público en el Museo San Gregorio de Valladolid, tras ser exhibida en las sedes de la National Gallery de Londres (200.000 visitantes) y Washington (85.000), recoge los momentos cumbres de la pintura y escultura barroca española.

El argumento central de la muestra es tratar de contar cómo la Iglesia católica recurrió a los grandes artistas como propagandistas de su mensaje. Grandes compañías religiosas son las responsables de encargar a los artistas piezas sobre el sufrimiento y la muerte en su versión más cruda.

En la muestra hay obras de Zurbarán y Velázquez, pero son los escultores los que tienen mayor presencia. La diferencia con respecto a la exposición de Londres es que se ha suprimido la música. El comisario Xavier Bray asegura que la del Museo San Gregorio de Valladolid es la mejor de las versiones que ha realizado. "Aquí tenemos el peso del silencio, que puede ser más sobrecogedor".


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La Magdalena penitente, de Pedro de Mena. Escultura de madera de cedro pintada y cristal. Esta escultura es, técnicamente, una de las que mejor refleja la habilidad de Mena.


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Talla y pintura de San Francisco. Talla policromada San Francisco de pie, en éxtasis, 1663, de Pedro de Mena. Al fondo, cuadro San Francisco de pie, en éxtasis. 1640, de Francisco de Zurbarán.


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La Inmaculada Concepción de Velázquez. Óleo sobre lienzo La Inmaculada Concepción, 1618-9, de Diego Velázquez. Las radiografías han revelado que el manto azul de la Virgen estaba inicialmente más suelto, más despegado del cuerpo como si estuviera siendo agitado por el cuerpo.


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Talla Cristo crucificado, 1618-20, de Juan de Mesa, conocido por Cristo del Amor. Al fondo pintura de Francisco de Zubarán, óleo San Lucas como pintor, ante Cristo en la Cruz.


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Cristo yacente, 1625-30, de Gregorio Fernández. El policromador logra capturar la sensación de que la vida está abandonando paulatinamente el cuerpo de Cristo. Al fondo, el cuadro Lamento por el Cristo muerto, obra de José de Ribera.



EL PAÍS
 




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Mensaje Re: MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA DE VALLADOLID 
 
También en el Museo Nacional de Escultura se encuentran dos tallas que representan a los dos ladrones, yo he visto muchas veces el Museo y la Piedad que esta ahí pertenece a un antiguo paso de Las Angustias que se llama El Descendimiento, faltan dos figuras como son la de San Juan y la Magdalena que estan en la Iglesia de las Angustias. También se encuentra en dicho museo otras talla que es El Bautismo de Cristo.
 



 
Nacho Cortes Llanes - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
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Mensaje Re: MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA DE VALLADOLID 
 
Nacho Cortes Llanes, gracias por registrarte.


Hoy revisando el trabajo que dediqué hace tiempo al Museo Nacional de escultura de Valladolid, he aprovechado para subir nuevas imágenes... Por cierto ya le han cambiado el nombre. Ahora se llama: Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid. A mí particularmente me gustaba más la antigua denominación que hacía mención a la ESCULTURA. Ahora esa denominación se la han cargado, cuando lo justo era lo anterior, pues sus fondos albergan la mejor colección de España de Escultura.     Será cosa de los políticos, que no saben como justificar su sueldo.


 


Saludos.
 




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Mensaje Re: Museo Nacional Colegio De San Gregorio (Valladolid) 
 
Conozco muy bien el museo Nacional colegio de San Gregorio de Valladolid
camino_del_calvario
Este paso se encuentra en la sala de pasos del Museo Nacional colegio de San Gregorio de Valladolid, también se encuentran estos otros pasos
sed_tengo_valladolid que se llaman Cristo de la Cruz a María, del cual ya pondré una foto y el Santo Sepulcro del cual ya pondré otra foto.
 



 
Nacho Cortes Llanes - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
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Mensaje Re: Museo Nacional Colegio De San Gregorio (Valladolid) 
 
Nacho Cortes Llanes, muchas gracias por tu aportación.


 


Saludos.
 




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Mensaje Re: Museo Nacional Colegio De San Gregorio (Valladolid) 
 
Aquí os dejo la foto de Cristo de la Cruz a María que también se encuentra en la sala de Pasos del Museo Nacional colegio de San Gregorio, a este paso se le conoce como el Enterramiento y salvo el cuerpo de José de Arimatea que esta echo por José Antonio Saavedra, las otras figuras que conforman el paso se debe a varios escultores entre ellos Antonio de Ribera y Juan Rodríguez

dibujotsw

Para ver más grande: http://img692.imageshack.us/i/cristodelacruzamara.jpg/
 



 
Nacho Cortes Llanes - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
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Mensaje Re: Museo Nacional Colegio De San Gregorio (Valladolid) 
 
Gracias Nacho Cortes Llanes por tu colaboración. He editado tu imagen a un tamaño adecuado para poder visualizarla directamente.


 

Saludos.
 




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Mensaje Re: Museo Nacional Colegio De San Gregorio (Valladolid) 
 
Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa. 1450-1550


Se exponen 48 de las 160 tablas que compusieron antes una ambiciosísima muestra en el Museo de Arte Antiguo de Lisboa



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Martirio de San Vicente (1470). La exposición 'Primitivos' del Museo San Gregorio (Valladolid) inicia su periplo por el siglo dorado de la pintura portuguesa, de 1450-1550, con un retablo de Nuno Gonçalves donde se distigue la calidad y autonomía del arte luso frente a modelos penínsulares o europeos.


A mediados del siglo XV Portugal se abre al mundo y a la pintura. Su arte no domina el espacio, el modelado o la perspectiva, pero cautiva con sus gestos, detalles y color. En Valladolid se exhibe este legado, que por vez primera cruza fronteras

A los portugueses les gusta decir con ironía que el único momento en el que su pintura fue mejor que la española fue la que se hizo entre mediados del siglo XV y mediados del XVI, en plena Era de los Descubrimientos. Así, en 1924, en la Guía de Portugal se afirmaba: "Nuno Gonçalves -su máximo exponente- consigue un sentimiento de lirismo noble y calmado que lo hace nuestro, y una armonía de color que funde los tonos y evita esos duros contrastes de colorido tan vulgares en la escuela española". El pasado año, sin caer en nacionalismos y con más interés en conocer las ramificaciones cosmopolitas de su pintura, el Museo de Arte Antiguo de Lisboa acogió una ambiciosísima exposición: Primitivos portugueses (1450-1550). El siglo de Nuno Gonçalves que hoy se exhibe en el Museo Nacional Colegio San Gregorio de Valladolid. En total 48 de las 160 tablas y retablos de su colección, y de iglesias o casas de misericordia de todo el país, algunas restauradas ex profeso para la muestra.

Un arte singular, bello y lleno de misterios para quienes descubran en la muestra esta faceta del vecino peninsular, porque encontrar obra lusa bajomedieval en pinacotecas extranjeras es casi una quimera. Razón de más para que San Gregorio se plantease como un ahora o nunca la ocasión de exponer Primitivos. El desplome de la economía portuguesa y sus consiguientes elecciones estuvieron a punto de arrastrarla. La persistencia de ambas instituciones, hermanadas en distintos proyectos, tuvo su recompensa y por primera vez este legado pictórico cruza las fronteras de Portugal.

"Esta pintura está muy relacionada con su identidad, por eso Primitivos se quiso celebrar en 2010, coincidiendo con el centenario de la República. Corresponde a la época en la que hicieron los primeros descubrimientos, cuando empezaron su expansión marina... Portugal, un país pequeño y en un rincón perdido de Europa, consiguió convertirse en potencia colonial con una sociedad muy próspera, muy abierta y cosmopolita y, por tanto, muy permeable a las influencias artísticas de flamencos, italianos...", explica María Barroso, directora del Museo San Gregorio y una de los tres comisarios de la muestra.

"Es un arte muy novedoso, supone una ruptura con todo el mundo medieval con una calidad muy poco frecuente. Se llama Primitivos porque es una pintura que quiere ir más lejos de lo que es capaz de dominar. No se domina el espacio, ni las leyes de la perspectiva, ni el modelado... Pero lo compensa con el cultivo de los gestos, los detalles, las miradas, la importancia del color", la describe Barroso, tan entusiasta que ha programado para este verano cine, música y teatro portugués en el museo. Con esta tosquedad termina el artista Vasco Fernandes, el gran Vasco, "un pintor ya muy seguro en el colorido, en el dibujo de las figuras y en la capacidad para componer hábilmente y con dominio del espacio, notándose ya las características fundamentales de la pintura portuguesa del periodo manuelino", dice el comisario portugués Joaquim Oliveira Caetano.

"Primitivos es una operación de desagravio, una revisión de un ciclo pictórico en el que la Historia apenas había navegado liberada de los límites del mito", define el motivo de la muestra Antonio Filipe Pimentel, el director de Arte Antigua. Por fin, mediado el XIV, Portugal se abría a la pintura -ya lo había hecho en la escultura- al tiempo que lo hacía al mundo. Sin embargo, es poco el arte de esos días que hoy se conserva. Apenas una cincuentena de tablas datan de antes de 1500 y se contabilizan solo una treintena de pintores en el siglo XV (una pequeña parte de los que realmente existieron) repartidos en tres grandes grupos regionales: sur (talleres de Évora), centro (los de Lisboa) y norte (en Viseu). José Alberto Seabra Carvalho, el tercer comisario, relaciona este nacimiento pictórico con la cercanía al "riquísimo centro cultural que era Santiago de Compostela y su catedral que derivaban imagineros y pintores hasta los límites impuestos por la ocupación árabe".

Las relaciones comerciales entre Portugal y Flandes eran muy estrechas y eso animó al intercambio de arte. Hay un hecho al que en la pintura portuguesa se le da una gran importancia -no se sabe si real o no, pero al menos simbólica-, y es que el flamenco Van Eyck estuvo allí a principios del XV. Iba acompañando a unos príncipes, no se sabe qué hizo, pero es muy probable que su presencia allí tuviese cierto influjo. Los pintores lusos sustituyeron los fondos de oro por otros no tan planos, incluso oníricos; empezaron a contar historias en las imágenes, lejos del hieratismo medieval, y a dar una importancia enorme a los pormenores. Se detenían en minucias, como un bolsito de piel y tela estampada con hilos de oro -guiño a los talleres de bordadores, sastres u orfebres- , en el retrato microscópico de una dama junto al rosetón de una ventana gótica o en la vida cotidiana como un caballero limpiándose los dientes.

"Cuando una sociedad cultiva tanto los detalles -gracias al óleo- es que tiene tiempo para las pequeñas cosas y es optimista. Se ve también en su literatura y su cine que los portugueses tienen capacidad de concentrarse en algo concreto, con un sentido del tiempo muy dilatado", subraya la directora del San Gregorio.

La temática también es singular. Recurren a escenas del Antiguo Testamento, más que al Nuevo: la historia de la virgen, la creación del mundo, el paraíso, el infierno o las historias del pueblo judío. Aparecen también animales míticos, inexistentes, y la realidad del momento: mártires de Marruecos, expresión de que durante la expansión colonial evangelizaron, o coloridos tocados de plumas, símbolo del Amazonas conquistado.

Con el paso de los años los artistas se decantaron por la senda italiana y viajaban allí para formarse. A finales del XVI cambiaron los gustos y la madera de las tablas -castaño, más irregular que el pino- fue usada como tal, cuando no destruidas las imágenes durante la Contrarreforma. Y a esta triste merma del patrimonio contribuyó también la alteración de los patronazgos. "Se han perdido la mayoría de los eslabones que permitirían definir esta pintura; esto es, ejemplos anteriores, coetáneos o inmediatamente posteriores en número suficiente para establecer filiaciones, vínculos entre talleres, un conocimiento de los lenguajes próximos...", se lamenta Oliveira Caetano en Un siglo de pintura portuguesa. Artistas, obras, interrogantes. De este desguace general apenas se salvan el núcleo de Nuno Gonçalves, los trípticos de Santa Clara y Aveiro o las tablas de las antiguas colecciones de Reynaldo dos Santos y Espíritu Santo, que al menos al fin salen de Portugal.



Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa. 1450-1550


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El infierno (1510-1520) Aunque se desconoce la autoría precisa del tablero que representa El infierno, esta obra se relaciona con la creación de Jorge Alonso, pintor del primer cuarto del siglo XVI, y con la influencia de talleres flamencos en la representación del inframundo.


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Entierro de Cristo (1521-1530) Debido a la enorme cantidad de encargos que recibía el taller de Jorge Alonso, se le otorgó un gran poder de decisión a la hora de gestionar encargos y elegir artistas. Cristóvao de Figueiredo fue uno de ellos. Su producción en la década de 1520 denota solidez y destreza.


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Creación de animales, de los peces y las aves (1506-1511). La prosperidad económica portuguesa de principios de siglo XVI dio pie a un intercambio comercial con Flandes y, de esta forma, a un influjo de arte flamenco. Algunos autores portugueses, como Vasco Fernandes, adoptaron la riqueza de colores, la disposición vertical del retablo o los pasajes bíblicos para ilustrar sus obras.


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San Juan Evangelista en Patmos (1510-1520) Mestre de Lourinha fue catalogado como uno de los máximos exponentes de los autores luso-flamencos, es decir, artistas flamencos que se establecían en Portugal. Se desconoce su verdadera identidad, pero durante su periodo de mayor actividad- en las décadas de 1510 a 1530- destaca el minucioso y detallado tratamiento del paisaje.


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El martirio de San Sebastián (1536-1539) En El martirio de San Sebastián- situado en el altar del ábside del Convento de Cristo, en Tomar- se aprecia perfectamente la ambigüedad espacial de la composición y la estructura tridimensional. Gregório Lopes, discípulo también de Jorge Alonso, se muestra interesado en dominar un lenguaje renacentista.


Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa. 1450-1550. Museo Nacional Colegio San Gregorio. Palacio de Villena. Cadenas de San Gregorio, 1 y 2. Del 21 de junio al 2 de octubre de 2011. Valladolid. http://museosangregorio.mcu.es/



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Mensaje Re: Museo Nacional Colegio De San Gregorio (Valladolid) 
 
A la  sexta angustia se la conocé también por la Piedad del Museo, y los dos ladrones que acompañan a este paso son los originales, de estos ladrones se han echo innumertables copias una de esas copias son los dos ladrones que se encuentran en la Iglesia de Santiago. Hay que decir que antes de que el Colegio de San Gregorio fuese el hoy Museo Nacional de escultura, lo era antes el Palacio de Santa Cruz.
 



 
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Mensaje Re: Museo Nacional Colegio De San Gregorio (Valladolid) 
 
Un okupa en la casa del barroco


El Museo Nacional de Escultura de Valladolid rompe un tabú

Se abre al arte contemporáneo con una exposición del artista mallorquín Bernardí Roig




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Una de las obras de Bernardí Roig, entre las tallas religiosas del Museo de Escultura de Valladolid.

Del sobrecogedor e impertérrito realismo de la escultura barroca ya se tuvo noticia hace tres años con la magnífica exposición Lo sagrado hecho real (The sacred made real),celebrada en la National Gallery de Londres. La mayor parte de las piezas de aquel tesoro provenían del Museo de Escultura de Valladolid. Ahora, un inesperado okupa, que atiende al nombre de Bernardí Roig, escultor mallorquín para más señas, se ha instalado en los espacios del colegio de San Gregorio, tradicionalmente dominado con gesto doliente por las obras maestras de Alonso Berruguete, Felipe Bigarny, Pompeo Leoni, Juan de Juni o Gregorio Fernández.

Allí, mimetizada con el ambiente, se puede ver una exposición temporal de las piezas inequívocamente blancas del artista, que también se adentran en la vecina Casa del Sol, hogar de la colección de vaciados de escultura antigua (60 escogidas entre 3.500) que hasta 1961 se expuso en el Casón del Buen Retiro de Madrid como Museo de la Copia y que estuvo dando tumbos por distintas sedes hasta recalar en Valladolid.

Sin diálogos forzados y con una intervención mínima en el discurso del museo, Roig (Palma, 1965) ha colocado sus inquietantes hombrecillos como compañeros de viaje de las dramáticas, macabras y violentas figuras carnales que pueblan las salas.

La pieza titulada Perplexity exercices (Vol. II) es la primera de las nueve que Roig ha colado en el edificio, obra cumbre del gótico-isabelino y uno de los ejemplos más desarrollados del gusto de los Reyes Católicos. Representa a un hombre con síndrome de Down, desnudo de cintura para arriba, con el pantalón desabrochado, en obstinado balanceo frente a un tubo fluorescente. “En este hombre hay un desajuste frente a la belleza idealizada”, explica el artista, “su presencia es como un susurro en la entrada. El blanco es la encarnación de la ausencia y todas mis piezas se han ido colocando por el museo sin hacer ruido. No hay enfrentamientos. Son como el sonido de la carcoma junto a esos tremendos retablos y figuras de madera”.

María Bolaños, responsable del museo desde hace cuatro años, está entusiasmada con la idea de incorporar el arte contemporáneo entre las vetustas inspiraciones de la colección permanente. Es más, cree que será un aliciente para superar los 100.000 visitantes anuales que, de momento, recibe la institución.

Otro de los hitos más interesantes del recorrido lo compone Ejercicios para chupar el mundo, original idéntico al que resultó dañado en la última edición de Arco. La pieza se exhibe delante de la Santa Eulalia crucificada de Luis Salvador Carmona y a poca distancia del maniquí de san Antonio Abad esculpido por Benito Silveira. Esta obra hueca y con ropa interior, a la que posteriormente se vestía, es una de las más curiosas de la colección permanente del museo; lo mismo que el demonio anónimo con rostro hiperrealista, una figura que produce estupor desde su pedestal.

No se ha atrevido Roig a intervenir en la gran sala dedicada a los pasos de Semana Santa. En cambio, está muy satisfecho de dos autorretratos que incorpora en la galería de bustos ilustres de la Casa del Sol. En esta pared se exhiben moldes copiados de los grandes maestros griegos y romanos. Los bustos de Roig, uno en bronce y el otro en yeso, irán juntos, pero el espectador tendrá dificultades para localizarlos.

Mientras remata la exposición de Valladolid, Bernardí Roig trabaja ya en el que será su gran proyecto para el próximo año, en la Phillips Collection de Washington, una de las colecciones privadas más importantes del mundo. Comisariada por Vesela Sretenovic, se expondrán esculturas, vídeos y dibujos del artista. Con el alarido como denominador común, planteará una reflexión en torno al artista francés Honoré Daumier, uno de los creadores espléndidamente representados en esa colección, una reflexión sobre lo grotesco y lo ridículo de la relación del público burgués con los museos, y de su incapacidad para comprender lo que ve.


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Mensaje Re: Museo Nacional Colegio De San Gregorio (Valladolid) 
 
Los nuevos 12 apóstoles de El Greco


Una exposición reúne a una docena de autores contemporáneos en torno a la obra del griego

La muestra del Museo Nacional de Escultura de Valladolid se enmarca en el 'año Greco'




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De la serie 'El Greco revisitado en Borox' (2006). / Jorge Galindo

En el centro de la exposición, el Apostolado de Oviedo, el único conjunto de los realizados por El Greco que carece de Salvador. Donde debería estar el Mesías, la exposición Entre el cielo y la tierra ha situado un panel de reminiscencias científicas y celulares en el que se intuye un gran corazón humano. Es la obra del pintor Luis Gordillo Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío (1992), pero también una declaración de intenciones. El órgano que alimenta el conjunto es absolutamente contemporáneo y los nuevos emisarios del verbo (del griego, en este caso) son doce autores aún en activo reunidos hasta el 3 de mayo bajo el techo del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, responsable del Apostolado, que habitualmente reside en el Museo de Bellas Artes de Asturias en su ciudad de origen.

Esta reunión heterodoxa de artistas en torno a su maestro pretende celebrar los 400 años de la muerte del pintor dentro del programa oficial del año Greco, en el que la Fundación El Greco 2014 (un partenariado público-privado) organiza seis grandes exposiciones entre Toledo, Madrid y la capital vallisoletana. Pero también, en palabras de Jesús Prieto de Pedro, director general de Bellas Artes, "los 100 años de su resurrección". El redescubrimiento del pintor, ignorado durante siglos, propició que Cézanne, Manet o Picasso, entre otros, se dejaran seducir por sus formas alargadas y los colores luminosos de sus lienzos. Pero no fueron los únicos: su influencia llega hasta el presente, y de eso quiere dejar constancia la muestra. De los doce artistas (más Joan Fontcuberta, que participa como colaborador con un montaje fotográfico sobre El caballero de la mano en el pecho), seis han realizado obras expresamente para la exposición (José Manuel Broto, Secundino Hernández, Cristina Iglesias, Carlos León, Din Matamoro, Pablo Reinoso y Marina Núñez).


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Una de las tres parte de 'El cardenal Don Fernando Niño de Guevara'. / Carlos León

Entre ellas, El cardenal Don Fernando Niño de Guevara (2013), de Carlos León, sobre el lienzo de El Greco del mismo nombre, y Cenital 1 y Cenital 2 (2013) de Din Matamoro, encargadas de recibir al visitante a su llegada al vallisoletano Palacio de Villena, anexo de la sede central del museo. En el primero, un tríptico recoge el color purpúreo del religioso retratado por Theotocópulos entre 1600 y 1604. Las oscuras manchas de León se asemejan sombríamente a la sangre. "Imaginaba a El Greco ante el Gran Inquisidor, que había mandado a la hoguera a un centenar de personas. Imagino la tensión, al pintor dando cuenta también de la noción de lo terrible", cuenta el autor ceutí. En Cenital 1 y 2, Matamoro persigue el color del griego de Toledo, el "amarillo como botes abiertos de mermelada de melocotón", a través de la técnica de veladuras que el pintor dominaba con maestría. Gracias a la aplicación de capas finísimas de pintura, el color que se aprecia es el resultado de la acumulación de tonos. En los lienzos de Matamoro, el violeta, el azul, el rosa, parecen surgir del blanco "con la contemplación de la obra".

"Entre las obras no se establece una relación formal, sino temática", insiste la comisaria Isabel Durán, que desvela las conexiones, a veces no tan evidentes, entre los contemporáneos y el maestro. En el caso de Darío Villalba y su Entre dos mundos (2008), el lazo es la espiritualidad del griego. El tríptico, que une grava y fotografía, da cuenta del fugaz paso de la vida del hombre "entre las claras del alba y la noche", como explica Durán. La escultura de Cristina Iglesias (que también expone tres instalaciones en Toledo) evoca lo etéreo del universo Greco y su relación con lo celeste. En el otro extremo, el Laocoonte (2014) del escultor argentino Pablo Reinoso, sobre la obra del mismo nombre de El Greco, parece sostenerse sobre la estilización formal. La madera de Reinoso se retuerce sobre el marco como las serpientes que devoraran al troyano y sus hijos.


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'Secular Breeze' (2014). / Secundino Hernández.

Pero el límite entre forma y fondo es permeable. Las piezas de Secundino Hernández sugieren las formas ascendentes del maestro, pero recogen también "el proceso dentro del cuadro", presente en las descargas del griego sobre los márgenes de la tela. Los cielos de la fotógrafa Montserrat Soto se asemejan a las nubes de Toledo, pero también incitan al sobrecogimiento ante lo sublime, sea sagrado o natural. Durán señala que, sea cual sea la cercanía entre el Greco y sus discípulos, la obra de estos últimos arroja una luz nueva sobre el maestro, señalando sus puntos de apoyo y sus audacias.

Por si la presencia del Greco no acababa de inundar la obra de sus apóstoles, al Mesías también le ha crecido un Judas. Joan Fontcuberta subvierte la figura del maestro en Camuflajes: El caballero de la mano en el pecho, una serie de seis piezas dispuestas discretamente a lo largo de la exposición, en lugares de paso. El aprendiz se disfraza de maestro: esa nariz, ¿es la del personaje original, o es un juego del catalán? ¿Esa barba no es como la de Fontcuberta? Frente a la salida, un familiar y sin embargo extraño caballero observa al visitante. Puede que El Greco no sea lo que parece.

Entre el cielo y la tierra. Doce miradas al Greco cuatrocientos años después. En el Museo Nacional de Escultura, Palacio de Villena, Valladolid. Hasta el 3 de mayo. Comisariado por Isabel Durán. Con obras de: El Greco, José Manuel Broto, Jorge Galindo, Pierre Gonnord, Luis Gordillo, Secundino Hernández, Cristina Iglesias, Carlos León, Din Matamoro, Marina Núñez, Pablo Reinoso, Montserrat Soto, Darío Villalba y Joan Fontcuberta.


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El Museo Nacional de Escultura acoge en Valladolid la mirada de una docena de autores contemporáneos sobre Theotocópoulos. Vista y plano de Toledo (2013). / Marina Núñez


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Mensaje Museo Nacional De Escultura De Valladolid 3 
 
Diez joyas del Museo de Escultura viajarán en 2016 a Berlín para una exposición sobre el Siglo de Oro

Se prestan seis tallas de Gregorio Fernández, un lienzo de Zurbarán y dos piezas de José de Mora y Juan de Mesa. Por primera vez un paso completo de Semana Santa saldrá de España



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El paso ‘Camino del Calvario’, de Gregorio Fernández, saldrá por primera vez de Valladolid para convertirse en una de las piezas emblemáticas de la exposición que se inaugurará en julio en Berlín.

Una selección de tallas de Gregorio Fernández, incluido el paso procesional  ‘Camino del Calvario’, protagonizarán una gran exposición sobre el Siglo de Oro español que se inaugurará el próximo verano en Berlín.

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid realizará el préstamo más importante de su historia para este gran proyecto cultural y cederá seis imágenes salidas del  taller del imaginero de referencia de la Semana Santa vallisoletana, además de un lienzo de Zurbarán, un busto de José de Mora y una escultura de Juan de Mesa.  «El préstamo significa continuar una línea que empezó con una gran exposición en la National Gallery, en 2009, en la que estaban presentes la escultura barroca y piezas del museo», recuerda María Bolaños, directora del museo.

Aunque en esta ocasión, la gran novedad, además de las dimensiones del préstamo, es que por primera vez un paso procesional completo saldrá de Valladolid. Los responsables de la exposición berlinesa contactaron con el museo vallisoletano hace meses con gran interés en poder exhibir un conjunto completo y mostrar a los alemanes «la importancia que tuvo la escultura procesional, especialmente en Valladolid por la calidad de las tallas, el carácter dramático, escenográfico y teatral, que encaja muy bien con el espíritu del siglo de Oro, pero con un planteamiento visual», relata el subdirector del Museo de Escultura, Manuel Arias.

«El paso procesional será un hito fundamental de nuestra exposición, cuyo préstamo nos honra y complace especialmente. Gracias a él podremos mostrar de forma excepcional la estrecha relación que pintura y escultura tuvieron en el siglo XVII español», señala Michael Eissenhauer, director general de los museos nacionales de Berlín y coordinar de la muestra.

Una idea que reitera María Bolaños que estima que la presencia del paso «va a ser un elemento absolutamente espectacular» dentro de la exposición de Berlín. «Destacará por su singularidad, por su escala y porque es un mundo conocido de oídas, además de porque demuestra la riqueza del barroco español en el campo de la escultura, que hasta ahora estaba olvidado».

Este préstamo se considera como un reconocimiento a nivel internacional de su valor artístico, más allá del uso ritual que tiene el paso en Semana Santa, y por tanto «una manera de concienciar a todo el mundo de la obligación que tenemos de proteger ese patrimonio». Bolaños defiende que es algo más que una «singularidad» que atraerá a mucha gente de Alemania al saber que en España se sacan las obras del siglo XVI y XVII a la calle. «Es importante para que la gente sea consciente de que si queremos seguir presumiendo de ese patrimonio, ahora y en el futuro, estamos muy obligados a protegerlo porque no es nuestro, es de todos».

Los comisarios de la exposición berlinesa se dejaron asesorar por el equipo directivo del Museo de Escultura, que le aconsejó el paso ‘Camino del Calvario’, compuesto por cuatro tallas de Gregorio Fernández y una de Pedro de la Cuadra. «Tiene algunas piezas que son muy especiales, como la Verónica, los sayones que acompañan el cortejo, el Cirineo,… son grupos con mucha fuerza», subraya el subdirector del centro. En la elección también ha pesado el criterio de que «da muy bien la imagen de lo que fue la escultura procesional en el siglo de Oro en España».

Algo que agradece especialmente el director general de los museos nacionales de Berlín que destaca «la especialmente buena relación establecida con el Museo Nacional de Escultura», lo que ha permitido establecer una colaboración «muy fructífera» para ambas instituciones. «Ejemplo de ello son las piezas de primera categoría de los museos nacionales de Berlín, que paralelamente a nuestra exposición se mostrarán en Valladolid».


Otras piezas

La muestra sobre el Siglo de Oro que acogerá la Gemäldegalerie de Berlín entre junio y octubre del próximo año, y que posteriormente viajará a la Kunsthalle de Múnich, también contará con otras piezas emblemáticas de Gregorio Fernández. Así, ‘El yacente’, que ya viajó hace años a la National Gallery, será otra de las tallas estrella de la exposición. Esta escultura es propiedad del Museo del Prado, que también realizará un importante préstamo para la exposición, y está depositada desde 1933 en el museo vallisoletano.


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'El Cristo yacente', de Gregorio Fernández.


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‘Santa Teresa’ de Gregorio Fernández.

En la muestra berlinesa también tendrá un lugar privilegiado, por petición expresa de los comisarios alemanes, la talla ‘Santa Teresa’ de Gregorio Fernández, que se considera hito de la iconografía teresiana. Esta pieza, que ya viajó hace meses a la exposición de Medina del Campo por el V centenario de la santa, está ahora en otra muestra con temática similar en la Biblioteca Nacional.


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El lienzo ‘La Santa Faz’ de Zurbarán.

Otra obra de «primera fila» que viajará el próximo verano a la capital alemana es el lienzo ‘La Santa Faz’ de Zurbarán. Este cuadro, que se conserva en el museo desde 1970, procede de la parroquia de Torrecilla de la Orden. «Es un trampantojo, una especie de ilusión óptica, en la que el pintor recrea la tela de la Verónica, donde se imprimió el rostro de Cristo. Es un prodigio en la utilización de los blancos y de la luz», matiza el subdirector del Museo de Escultura.


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‘La Virgen de la Soledad’ de José de Mora.

En la exposición también estará presente ‘La Virgen de la Soledad’ del escultor andaluz José de Mora, un busto que los expertos catalogan de «muy importante en la iconografía de la Virgen pasional en España». Esta obra se ha elegido para que los alemanes puedan comprobar «las diferentes sensibilidades que tenemos en el museo, de las diferentes escuelas y de los diferentes maestros».


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‘San Nicolás de Tolentino’, de Juan de Mesa.

La última pieza que se incluirá en el lote que viajará el próximo año a la capital europea de la cultura es ‘San Nicolás de Tolentino’, de Juan de Mesa. Se trata de una escultura andaluza que se compró hace unos cuantos años fuera de España y se considera «muy importante porque representa ese sentimiento muy propio del mundo barroco de la penitencia, de la oración, de un barroco muy hispano».

La cesión de estas piezas durante varios meses se suplirá con piezas que el museo guarda en sus almacenes, aunque todavía no se ha realizado la selección. «Todavía no se sabe qué paso sustituirá este en el museo. Antes hay que organizar su traslado es una operación complicadísima y luego se pensará en la sustitución», explica María Bolaños, que no puede ocultar su satisfacción por «el buen momento» que la escultura está viviendo y que propicia que «estén apareciendo en el horizonte proyectos todavía sin concretar pero que van en la misma dirección: dar a conocer internacionalmente la escultura española».



Publicado el 16 de marzo de 2015 / eldiadevalladolid.com
 




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Mensaje Re: Museo Nacional De Escultura (Valladolid) 
 
Los dioses apagados de la melancolía


El Museo Nacional de Escultura acoge una exposición sobre un mal que los griegos identificaban como bilis negra



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Melancolía, un grabado de Durero en la exposición del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Felipe II fue el rey en cuyo imperio nunca se ponía el sol. También era dueño de una gran leyenda negra que el tiempo matizó en lo que pudo. Taciturno y de aspecto severo, en 1568 se describió su rostro como “bello y agradable” y su humor de “melancólico”. Nació en el palacio de Pimentel, en Valladolid, a pocos metros del palacio de Villena, sede del Museo Nacional de Escultura. Una placa en Pimentel avisa del suceso. Un cuadro colgado estos días en Villena lo representa entre sus “aflicciones sombrías”. Es el Retrato de Felipe II, de Antonio Moro, y el monarca aparece “vestido de negro, impenetrable tras la etiqueta borgoñona, perseguido por el fantasma de la demencia familiar”. Para ser el rey de las tierras en las que nunca se ponía el sol, a Felipe II, misántropo y enclaustrado en palacios, el sol no le daba mucho.

El monarca Felipe II es uno de los protagonistas de la exposición

El monarca es uno de los protagonistas de una exposición, Tiempos de melancolía —patrocinada por La Caixa— que recrea este estado a través de obras de arte, textos y tratados médicos con los que curar la “bilis negra”. Una enfermedad detectada en la Grecia antigua por médicos que creyeron ver en el cuerpo humano “un efluvio oscuro que cuando ataca al organismo produce trastornos físicos y anímicos; silbido en el oído izquierdo, turbiedad de la sangre, insomnio, epilepsia, delirios extravagantes, abatimiento y obsesión por la muerte”, tal y como se cuenta en la muestra. De esos años de Felipe II también se exhibe la Entrada de los españoles en Amberes, de Franz Hogenberg: la explosión de ira de las tropas cuando dejaron de cobrar la soldada y lo pagaron con los 7.000 ciudadanos de Amberes a los que dieron muerte en medio del saqueo. Del mismo artista se contempla uno de los episodios más melancólicos del imperio español: la Armada Invencible, el principio del fin.
Signo de genialidad

Para los griegos el mal melancólico puede ser un signo de genialidad: Aristóteles llegó a decir que todos los grandes hombres son melancólicos y que no serlo es señal de mediocridad. En Valladolid (hasta el 12 de octubre) se advierte: “Aunque la bilis negra carezca de toda existencia material, la melancolía sobrevive durante dos milenios como una enfermedad misteriosa y, tras atravesar fronteras y siglos, llega al Renacimiento. Entonces, esa “nada que duele” vive su Edad de Oro y se reviste de sentidos nuevos y más ambiciosos: se asocia al planeta Saturno y, sobre todo, se afirma como la fuente de la oscuridad y el genio”.

Precisamente Saturno es uno de los protagonistas de la exposición. El cuadro de Rubens Saturno devorando a su hijo sirve para explicar el impacto que el planeta más lento tiene sobre los melancólicos. La pintura muestra al dios arrancando la carne de uno de sus hijos de una dentellada. Ataca por miedo, mata por la cobardía de pensar que alguno de ellos amenazará su poder. Hay tres estrellas brillando detrás de él en el fondo oscuro: es el planeta. Se trata de la descripción que había hecho Galileo de Saturno, incapaz de percibir con la tecnología de la época que los brillos de alrededor no eran de dos estrellas sino su anillo.

Aristóteles decía que los grandes hombres son melancólicos y que no serlo es señal de mediocridad

Varios libros del siglo XVII sobre la melancolía se encuentran expuestos. Son Examen de ingenios para las ciencias, en su apartado sobre melancólicos, de Juan Huarte de San Juan; Libro de la Melancolía, de Andrés Velázquez; y Sobre la Melancolía, de Alonso de Santa Cruz. Su publicación obedece al interés que este mal tuvo en Europa desde el siglo XVI y su influencia en el arte y el pensamiento. En el libro de Santa Cruz se recogen casos de melancólicos como el de un hombre que creía tener el cuerpo de vidrio y vivió temeroso de romperse en pedazos. Lo llevó a la literatura Cervantes en sus Novelas Ejemplares como El licenciado Vidriera. También, como el Quijote, pierde la razón y termina recuperándola.

La concepción de la melancolía como enfermedad que abordar con tratamiento clínico tiene en la versión del Dioscórides griego de Andrés Laguna su mejor ejemplo. Se explica que la mayoría de médicos recomendaban infusiones de eléboro, pues “limpiaba el cerebro de brumas, aunque causaba en el enfermo alboroto y pesadumbre”. En cualquier caso, para un mal tan poético, la ciencia consideraba que había que atacarlo del mismo modo: con música. La exposición cuenta con el tratado musical de Kircher en que se explica que el sonido influía favorablemente sobre la bilis negra siempre que la armonía fuese la correcta. Se añade que los instrumentos de cuerda, “cargados de significados cósmicos y místicos”, eran los adecuados para la introspección.

La religión, los bufones y las calaveras expresan la melancolía

La religión, los bufones, las calaveras (la necrofilia, las tinieblas) y hasta los bodegones expresan la melancolía. Santa Teresa de Jesús no se anda con chiquitas con los melancólicos: “No hay otro remedio para él si no es sujetarlo por todas las vías y maneras que pudieren. Si no bastaren palabras, sean castigos; si no bastaren pequeños, sean grandes; si no bastare un mes de tenerlos encarcelados; sean cuatro: que no pueden hacer mayor bien a su alma”. Se quejaba la santa de que a la propia voluntad y libertad se le llamase melancolía. Se desconoce qué diría uno de los protagonistas de la exposición, Alberto Durero, autor de Melancolía I, uno de los grabados más famosos del Renacimiento: su obra más misteriosa. Con ella también está en Valladolid Autorretrato, enfermo, en la que el artista se representa desnudo delante del doctor tratando de señalarle su dolencia (el bazo, de donde se segrega la bilis negra). Durero era melancólico y lo llevaba a gala. De verdad, no como aquel locutor de televisión cuando narró la agresión de unos ultras al coche de su cadena: “Vimos llegar a un grupo de melancólicos que comenzó a apedrear las lunas de nuestro coche”. Si algo enseña Valladolid es que la melancolía nunca es nostalgia.


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Museo Nacional de Escultura, Valladolid - Exposición temporal «Tiempos de Melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro». Palacio de Villena. 2 de julio - 12 octubre. Colabora: Obra Social "La Caixa"


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Mensaje Re: Museo Nacional De Escultura (Valladolid) 
 
Santa Teresa, de ‘performance’


El Museo Nacional de Escultura hila el legado de la mística con artistas contemporáneos



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La instalación 'Intersections' (2015), de la artista paquistaní Anila Quayyum Agha. / DEBRA JENKINS

¿Qué conexión hay entre la obra lírica y la vida mística de Santa Teresa de Jesús con el arte contemporáneo? El camino que une a la poeta del éxtasis religioso con artistas actuales está trazado por "la fuerza con que la espiritualidad de todos ellos alimenta su creación". Esa es la idea que sostiene la exposición Nada temas, dice ella. Cuando el arte revela verdades místicas, en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Para conseguir ese objetivo, la comisaria, Rosa Martínez, ha reclutado a 21 artistas españoles y extranjero que a través de cerámicas, dibujos, vídeos o performances intentan transmitir los valores de Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582), de la que se ha celebrado en 2015 los 500 años de su nacimiento. La muestra —organizada con la colaboración de la entidad pública Acción Cultural Española— interpreta en su título el de uno de los poemas más conocidos de la abulense, Nada te turbe, explicó durante la presentación la comisaria, directora artística de bienales como Venecia y Estambul. Para esta ocasión se han dispuesto los tres espacios que dispone el museo. Así, esta mirada contemporánea al legado de santa Teresa se inicia en el palacio de Villena, sede de las exposiciones temporales. Allí hace de entrada la conocida espiral de neón del estadounidense Bruce Nauman que, a modo de anuncio publicitario, despliega el irónico axioma El verdadero artista ayuda al mundo revelando verdades místicas (1967).


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'Santa Teresa de Jesús' (1625), talla de Gregorio Fernández. / MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA

La primera sala acoge la impresionante talla en madera policromada Santa Teresa de Jesús (1625), de Gregorio Fernández, obra del museo vallisoletano que muestra a la autora con una tez muy blanca y la cara redonda, tal y como la describieron quienes la conocieron. Esta escultura la retrata en su faceta de escritora: en una mano sostiene la pluma y en la otra un libro. A su derecha, una obra realizada para esta exhibición: dos enormes paneles (239 por 270 centímetros) en forma de libro abierto del paquistaní Waqas Khan, con líneas sinuosas de tinta roja que representan las dificultades que se encuentran en la existencia. En ese espacio se expone también por primera vez en un museo Sky Ladder (Escalera al cielo), del chino Cai Guo-Quiang. Es una imagen que recoge el momento en que este artista logró, el pasado 15 de junio, tras dos décadas de intentos, que un globo aerostático elevara una escalera de 500 metros forrada de pirotecnia que después encendió para convertirla en llamas que ascendían al cielo.

Laberinto de algodón

También específica para esta exposición —que se puede visitar hasta el 28 de febrero de 2016 y cuenta con un presupuesto de 215.000 euros— es la espectacular pieza de la valenciana Soledad Sevilla, Sería la de la noche, un pequeño laberinto de hilos de algodón que puede rodearse para dejarse envolver en su luz negra y ambiente de quietud.

Toda una sala abarca la instalación Intersections (Intersecciones), de la paquistaní Anila Quayyum Agha. Se trata de un cubo suspendido, de seis caras de acero cortado con láser, que proyecta luces y sombras de sus dibujos geométricos gracias a una bombilla, la luz interior del alma.

Muy distinto es lo que se encuentra el espectador más adelante. Una veintena de los enigmáticos dibujos de "una artista descubierta" para Nada temas, dice ella, según la comisaria. Es la catalana Josefa Tolrà (1880-1959), una mujer de vida muy sencilla que solo salió de su pueblo, Cabrils (Barcelona), un par de veces y que a pesar de su nula formación académica produjo en los últimos años de su vida un universo de seres extraños a raíz una serie de visiones.


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'Habla' (2008), vídeo de Cristina Lucas.

El segundo espacio de esta exposición es el colegio de San Gregorio, en el que entre las salas con la extraordinaria colección de tallas, retablos y coros de la sede histórica del museo, se juega a las comparaciones de piezas. Así ocurre con el vídeo A Needle Woman (Mujer aguja), de la coreana Kimsooja, en el que la artista aparece tumbada de lado, plácidamente, sobre unas rocas, y la talla La Magdalena en el desierto, de Felipe de Espinabete, en la que el artista de Tordesillas (1719-1799) esculpió a la cortesana reclinada y entregada a la meditación.

Otro juego es el que se propone con la contemplación del espejo redondo y cóncavo, teñido de rojo, de la india Anish Kapoor, que comparte espacio con la magistral y sangrante talla barroca del Cristo yacente, de Gregorio Fernández.

El recorrido finaliza en el palacio de la Casa del Sol. Entre dos hileras de reproducciones en yeso de esculturas clásicas, se proyecta al fondo y en alto Habla, el vídeo de una performance de Cristina Lucas en la que la artista jienense destruye con un mazo una copia del Moisés de Miguel Ángel. "Es un ataque contra una figura que simboliza el autoritarismo patriarcal", sostiene Martínez. Es la otra forma de ver a la santa de Vivo sin vivir en mí como una mujer cuyo arrojo la llevó a enfrentarse a la jerarquía eclesiástica, que la procesó y confinó por su afán reformador.


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Mensaje Re: Museo Nacional De Escultura (Valladolid) 
 
El museo de Valladolid rescata de las llamas el gótico alemán

Medio centenar de esculturas del Bode Museum ilustran en una muestra el viaje desde el catolicismo figurativo a la reforma abstracta de Lutero



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'Muerte de la Virgen' (1520), conjunto de relieve en madera de tilo, de Hans Thoman.

El arte abstracto no nació en Centroeuropa por casualidad. Se necesitaba un caldo, como en todo buen guiso, y aquello rompió a hervir con la reforma protestante, que pasó por la hoguera miles de esculturas en un furor iconoclasta que preconizaba un acercamiento a Dios sencillo, sin intermediarios de piedra o de madera. A martillazo limpio, el pueblo alemán fue haciendo el viaje desde el catolicismo figurativo hacia la pura abstracción musical, un legado que les confiere, todavía, una manera distinta de acercarse al arte. El Museo Nacional de Escultura de Valladolid inaugura hoy una muestra de aquellas imágenes con expresiones y ropajes cotidianos, de madera limpia y austera que ya anunciaba un camino directo a Dios siguiendo métodos talibanes.

Tanto como Lutero, negó Calvino la autoridad de la Iglesia de Roma y la influencia de ambos teólogos dio al traste con la prodigiosa escultura gótica que se extendía por las catedrales al ritmo en que se desarrollaban las ciudades entre el siglo XV y el XVI, de la mano de una burguesía floreciente. En aquellas poblaciones entre las fronteras del Rhin y el Danubio, se tallaban centenares de retablos en madera limpia, de tilo, sobre todo, sin atisbo de pintura, un modo de hacer que ya presagiaba la austeridad completa. Hasta la exposición de Valladolid, Últimos fuegos góticos, han viajado estas obras desde el Bode Museum de Berlín, algunas de autor desconocido, otras firmadas por las más importantes figuras de la edad de oro de la escultura alemana, como Tilman Riemenschneider, Hans Thoman, Veit Stoss o Hans Leinberger. No necesitan de policromía porque la madera de tilo, ambarina y sin huellas, permite una talla donde la luz juega con los volúmenes y el zigzagueo de los tejidos confiere un movimiento propio del barroquismo sevillano.

“Las esculturas no se policromaban; el que se postraba ante ellas debía tener en cuenta que solo era una madera, indigna de idolatría. Pero solo en eso radicaba la austeridad: el auge que vive entonces la escultura en Alemania fue enorme, aunque corto”, advierte María Bolaños, directora del Museo Nacional de Escultura.

Los protestantes dejaron un poderoso legado para acercarse a Dios: la música, que florecerá en Alemania quizá como en ningún otro lugar de Europa. “En una iglesia sin imágenes se podía oír a Bach, que era para ellos como Velázquez para nosotros”, considera Bolaños. La música es el soporte más abstracto, a partir del cual uno puede entrar en comunión directa con sus pensamientos, sentimientos y creencias.

 
Tomar el cuerpo

No, no es casualidad que el abstracto tomara cuerpo, si se permite la expresión, en los países del centro de Europa, ni que los allí criados tengan un acercamiento a este arte menos problemático que el resto. “Claro que no perciben una obra abstracta, a igualdad de condiciones en cuanto a la formación cultural un señor de Sevilla que un suizo de un cantón de Ginebra”, asegura Manuel Fontán del Junco, director de Museos y Exposiciones de la Fundación Juan March. “Hay siglos de historia y tradiciones culturales, intelectuales, políticas y religiosas que si no determinan sí modulan la sensibilidad estética. Creo que el arte abstracto resulta hoy de percepción más fácil a las sensibilidades formadas en sociedades secularizadas desde la Ilustración en la que las reformas protestantes tuvieron éxito”.


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'Evangelista' (1490-1492), de Tilman Riemenschneider.

La cultura religiosa influyó en la creación del arte y en su desaparición, como es sabido, pero también del poso con que el ser humano actual se enfrenta a las creaciones, cómo las recibe y cómo las siente en función de ese acervo.

Los retablos católicos eran casi un cómic con la vida y milagros de los santos; pero dotar de contenido a una abstracción es más complejo, o como sostiene Leticia Ruiz Gómez, conservadora del Museo del Prado y jefa del departamento del Renacimiento Español, “las abstracciones requieren una cultura más compleja, una sofisticación que se adquiere”.

“Todavía hoy, en las facultades de Bellas Artes del sur de Europa el plan de estudios se detiene mucho en la anatomía mientras que en las escuelas de Viena o de Berlín, por ejemplo, se acercan más a las artes aplicadas, al diseño, a las artes escénicas”, explica Ana García López, profesora de Bellas Artes en la Universidad de Granada y vicedecana de Investigación en Internacionalización.

“Las típicas frases con que muchos se acercan a una obra abstracta no son arbitrariedades sin genealogía. Bajo ellas se desperezan y juguetean siglos de historia cultural, religiosa y social”, concluye Fontán del Junco. O sea, que algo tuvo que ver Lutero en todo esto. Si quiere saber más, no se pierda la exposición.



La vía de escape del coleccionismo


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'Ángel tocando el laúd' (1520), de Hans Brüggermann.

El furor iconoclasta no tardó en desnudar las catedrales de imágenes, con el consiguiente menoscabo para el arte y el bolsillo de los escultores, acostumbrados ya a un éxito bien pagado.

Tenían una salida, aunque no les gustaba mucho a los compañeros del metal: el gremio que se dedicaba a tallar medallas, muy del gusto del coleccionismo de la época, los miraban de reojo. También podían huir a ciudades católicas, como Colonia o directamente, emigrar a otros países.

Capillas y panteones fueron otra de las vías de escape para estos artistas, auspiciados por un mecenazgo creciente que mostraba su dinero, pero también su cultura y su modernidad, convirtiendo sus viviendas en auténticos museos para el visitante.


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