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CORREGGIO (Antonio Allegri)
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Post CORREGGIO (Antonio Allegri) 
 
Este trabajo está dedicado a “Il Correggio”. Su verdadero nombre es Antonio Allegri, debiendo su apodo a la localidad donde nació, Correggio, cerca de Parma. Sin duda fue uno de los grandes creadores del Cinquecento que más influirá en el Barroco italiano.

Fue en Parma donde cosechó su primer éxito, con la decoración al fresco de una de las bóvedas del convento de San Pablo. Después los encargos se sucedieron entre las numerosas iglesias parmesanas, incluida la catedral; posteriormente, realizará cuadros para la decoración del castillo de Parma y numerosas obras de altar.

Fue discípulo de Francesco Bianchi Ferrari, estuvo muy influido por Mantenga y sobre todo por el estilo de Leonardo. En sus escenas, las formas se envuelven en un claroscuro que intensifica las tonalidades y crea sólidas composiciones. Sus figuras son bellas y sensuales, están llenas de encanto, como podemos apreciar en el Noli me tangere del Museo del Prado.


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Antonio Allegri da Correggio (Correggio, cerca de Reggio Emilia, agosto de 1489 – ibídem, 5 de marzo de 1534) fue un pintor italiano del Renacimiento, dentro de la escuela de Parma que se desarrolló en la corte de los Farnesio durante el apogeo del Manierismo en Italia.

Nació en el año 1489 en Correggio, fue contemporáneo de Rafael y de Miguel Angel, artista dotado de una dulzura y sensualidad casi únicas en la historia de la pintura, nació en una pequeña población, por cuyo nombre seía conocido, de Reggio Emilia, gobernada por un príncipe y situada en la vecindad de Parma. Fue hijo de Pellegrino de Allegri y de Bernanda Ormai, de procedencia campesina, aunque acomodada posición.

Estudió anatomía con su tío Lorenzo y con el doctor Lombardi. Cuando la peste se apoderó de su villa natal Antonio acompañó, en su huida a Mantua, al príncipe Manfredo de Correggio y a su pequeña corte. En Mantua pudo estudiar con Mantega, y posiblemente, recibir lecciones directas del gran maestro del escorzo y de las atrevidas perspectivas, que luego pasarían a sus frescos. Cuando la peste amenazó Mantua, Correggio regresó a su aldea.

Su época estelar comenzó en 1519, se instaló en Parma para realizar el encargo de la abadesa Giovanna Piacenza del convento de San Paolo: debía decorar la cámara de la monja que había reunido a su alrededor un prestigioso grupo de humanistas. En lugar de las consabidas representaciones religiosas, Correggio pintó una espléndida Diana cazadora, acompañada por las tres Gracias, con ello alegró la contemplación de la humanista abadesa.

En ese mismo año se casó con Girolama Merlini, hija del escudero del marqués de Mantua, que se convirtió en una de sus modelos favoritas.

Acomodado en Parma, con su esposa y los cuatro hijos nacidos del feliz matrimonio, pintó una espléndida serie de Vírgenes con Niño.

El 5 de marzo de 1534 Antonio Allegri -Correggio-, dejó de pintar, dejando inacabado un cuadro que le había sido encargado por los regentes de la capilla de san Agustín de la ciudad de Parma, fue enterrado en la capilla de San Francisco.

Su hijo Pomponio Quirino heredó los pinceles, el caballete y el estudio del padre, pero no su genialidad. Sería tan sólo un modestísimo pintor, incapaz de proseguir la fascinante sensualidad de las figuras y de los ambientes que su padre había creado.

Obra

En sus primeras obras sigue el estilo de Mantegna:

    - Evangelistas (1507), basílica de S. Andrés de Mantua.
    - Los desposorios místicos de Santa Catalina (1509), Washington.

Sus cuadros posteriores se suavizan. Utiliza ambientaciones nocturnas y manieristas.

    - Retablo de san Francisco o Madonna de san Francisco (1514–1415), Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde.
    - San Jerónimo (1515-1518), Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.
    - La Virgen y el Niño con el pequeño san Juan (h. 1516), Museo del Prado, Madrid.
    - Madonna llamada «Campori» (1517–1518), Módena, Galería Estense.
    - Virgen con san Juan niño (1517), Milán.
    - La Adoración de los Magos (1516–1518), Pinacoteca de Brera, en Milán.
    - Noli me tangere (h. 1518), Museo del Prado, Madrid.

Tras su estancia en Roma, se encarga de diversas obras en Parma, en particular frescos en diversas iglesias:

    - La Camera di San Paolo (1519), frescos encargados por la abadesa Giovanna da Piacenza para el refectorio del convento benedictino de S. Paolo.
    - Pintó al fresco la cúpula, el ábside, los intradós de los arcos de la cúpula, el friso de la nave principal y el friso que recorre el coro de la iglesia de San Juan Evangelista de Parma (1520–1523).
    - Los frescos de la catedral de Parma (1526–1529). La Asunción de la Virgen, pintada en la cúpula es considerada su obra maestra. Crea una ilusión óptica de profundidad hacia el infinito, con perspectiva en contrapicado.

En la realización de los frescos abandona el método del estarcido, para poner el dibujo sobre cuadrícula. Los frescos de las cúpulas, tanto de la iglesia de San Juan Evangelista, como de la Catedral de Parma, fueron muy estudiados por los decoradores del siglo XVII.

Los cuadros al óleo que pinta a su vuelta de Roma, reflejan esa influencia de los grandes maestros del Renacimiento italiano, con su particular manierismo:

    - Júpiter y Antíope (h. 1524–1525), Museo del Louvre en París.
    - La Virgen adorando al Niño (1524–1526), Galería de los Uffizi en Florencia.
    - Sagrada Familia y Santos (h. 1526), en la Galería Nacional de Parma.
    - Los desposorios místicos de santa Catalina (1526–1527), Museo del Louvre, París.
    - Madonna de la escudilla (1530), Parma.
    - La adoración de los pastores, también llamada «La noche» (1529–1530), Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde.

A finales de los años 1520 confirma su tendencia prebarroca. Al entrar al servicio de Federico de Gonzaga, trata temas mitológicos y alegóricos:

    - La alegoría de los vicios y La alegoría de las virtudes (h. 1529–1530), Museo del Louvre, París.
    - La educación de Cupido" y "Venus, Cupido y un sátiro" ahora en el Museo del Louvre, este trabajo fue en el siglo XVI en la colección privada del conde Nicola Maffei. Es muy probable que uno de los miembros de la familia Maffei ha encargado dos cuadros que estaban en el siglo XVII en la colecion de la familia Gonzaga, con quien la Maffei eran parientes. El hijo del conde Nicola Maffei, conde Federico Maffei se casó con Isabel, hija del cardenal Ercole Gonzaga hoy último representante y jefe de la casa, Maffei-Gonzaga es el príncipe Luca Maffei-Gonzaga
    - Dánae (h. 1530), Galería Borghese de Roma.
    - Júpiter e Ío (h. 1531), Viena. Zeus aparece como una nube que toma a la voluptuosa y sensual Ío.
    - El rapto de Ganímedes (h. 1531–1532), Museo de Historia del Arte de Viena.
    - Leda con el cisne (h. 1531–1532), Staatliche Museen, Berlín.

Los cuatro últimos cuadros citados formaron una serie encargada por Gonzaga y regalada al emperador Carlos V.

Se conservan cerca de un centenar de dibujos de Correggio, principalmente estudios preparatorios a la sanguina para los cuadros o las grandes decoraciones. El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid exhibe un Retrato de eclesiástico que comúnmente se le atribuye.

Espero que esta recopilación que he realizado de este pintor extranjero, sea del gusto de los visitantes de esta sección de arte del foro de xerbar







Algunas obras


Correggio en España


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Noli me tangere. Hacia 1525, óleo sobre tabla pasada a lienzo, 130 x 103 cm. Museo del Prado. Obra de Correggio.

María Magdalena, de rodillas y ricamente vestida a la moda del siglo XVI, reconoce a Cristo resucitado en la figura de un hortelano. La escena muestra la primera aparición de Cristo tras su muerte, narrada en el Nuevo Testamento (Juan 20, 11-18). Magdalena, acaba de reconocer a su Maestro que, situado junto a unos aperos de labranza, señala al cielo indicándole “No me toques (Noli me tangere), que todavía no he subido al Padre”.

El detallismo con que la obra está pintada delata el destino del encargo, la capilla de la familia Ercolani en Bolonia, uno de los pocos encargos privados realizados por Correggio tras regresar a Parma en 1520 después de su estancia de formación en Roma.

La composición es de un equilibrio extraordinario, en el que se contrarrestan la inestabilidad de la figura de la Magdalena con la serenidad de Cristo frente a un paisaje iluminado por la luz del amanecer.

Esta obra fue regalada por el príncipe Ludovisi a Felipe IV (1605-1665), quien destinó la obra al Monasterio de El Escorial.

Antonio Allegri, al que se conoce por el nombre del pueblo donde nació hacia 1489, dividió casi toda su vida profesional entre Correggio y Parma. Pero el Noli me tangere del Prado ocupa un lugar muy especial en su carrera, ya que al parecer fue la primera obra que realizó para un cliente de otra ciudad, hecho no habitual en él. Esta obra, pintada sobre tabla, pero después trasladada a lienzo, no se cita en la biografía de Correggio escrita por Giorgio Vasari para la primera edición de sus famosas Vidas de los artistas, publicada en 1550. La omisión es reveladora, porque Vasari vivió y trabajó en Bolonia en 1539-1540, y obliga a pensar que no la vio entonces o no le dio importancia. La primera mención documental se encuentra en una guía local de 1560, la Graticola de Bologna de Pietro Lamo, donde se afirma que «en casa del conde Augustino Orcolano hay un bellí­simo Cristo en el huerto con la Magdalena a sus pies, de mano de Correggio». En la segunda edición, muy ampliada, de las Vidas de Vasari (1568), la biografía de Correggio contiene una somera alusión al cuadro («También de su mano hay en Bolonia, en casa de una fami­lia de nobles boloñeses, los Arcolani, un Cristo que se aparece a María Magdalena, cosa bellísima»), pero se habla de él más extensamente en la sección dedicada a Garofalo, Girolamo da Carpi y otros pintores ferrareses. Ahí leemos que a Girolamo da Carpi le impresionó tanto que no solo lo copió, sino que fue a ­Módena y Parma para ver otras obras de Correggio. La describe en estos términos: «Una pintura de mano de Antonio da Correggio, donde Cristo se aparece a María Magdalena como hortelano, tan bien trabajada y entonada que parece increíble». Aun así, no es seguro que Vasari la viera, ya que fácilmente pudo tomar esa descripción del pasaje de Lamo. Los Ercolani, como se les suele nombrar, eran mecenas distinguidos de las artes plásticas, y poseían también la Visión de Ezequiel, de Rafael, que ahora se conserva en el Palacio Pitti de Florencia. No es posible determinar qué miembro de la familia encargó el Correggio (ni el Rafael), pero no parece probable que fuera el ­«Augustino Orcolano», que, según Lamo era su propietario cuarenta años después. Lo importante, sin embargo, es que estaba en su casa. Por sus dimensiones bien podría haber servido de pequeño cuadro de altar para una capilla familiar de una iglesia, pero su destino doméstico explica su ejecución excepcionalmente acabada y minuciosa ­incluso en el paisaje. Es una de las primeras obras de la madurez de Correggio, y, sin duda, hay que situarla en los primeros años de la década de 1520, cercana al viaje a Roma y al contacto con las rea­lizaciones de Miguel Ángel y Rafael. El tema del encuentro de Cristo con María Magdalena era ya tradicional tanto en ciclos de frescos como en predelas, pero menos frecuente en pinturas aisladas. La narración, que sólo se encuentra en el Evangelio según san Juan, plan­teaba un arduo problema a los artistas plásticos: ¿hasta qué punto se debe hacer reconocible la figura de Cristo? Vasari dice que aquí aparece «como hortelano», pero la verdad es que ese aspecto sólo está insinuado por los objetos del ángulo inferior derecho: un sombrero de paja de ala ancha, una pala y un azadón. Es como si Jesús se acabara de quitar un disfraz, pero el ambiente no es un huerto, ni tampoco hay indicios del sepulcro. En contra de lo acostumbrado, Jesús no viste de rojo ni blanco, sino de azul, y su cuerpo intacto no está marcado por las cinco heridas de la Crucifixión. El dramatismo de la revelación no podría ser mayor, y a ello contribuye el hecho de que el artista haya contrarrestado un Cristo tranquilo y sereno con una Magdalena muy efusiva. Como en muchas versiones anteriores del tema, está arrodillada, aunque el relato bíblico no lo exige, y de hecho acaba de postrarse, pues aún parece estar en movimiento. La impresión de llegada súbita se acrecienta al quedar cortado su vestido por el límite del espacio pictórico; la suelta cabellera clara y el rostro arrebatado manifiestan perfectamente su actitud de excitada veneración. Es la primera de las Magdalenas rubias de Correggio, suntuosas beldades que tienen más en común de lo que quizá sería de espe­rar con el ideal femenino de la Venecia contemporánea, y sobre todo con los modelos de Palma el Viejo. Fuertemente caracterizada, con el cabello suelto y los antebrazos desnudos, contra lo que mandaba el decoro de la época, junto al manto rojo predomina en su atavío el amarillo dorado, un color que podía tener connotaciones positivas, pero que también se asociaba, como el escarlata, con las prostitutas. El complicado dibujo de cardos del vestido sugiere que Correggio pudo visitar a sus clientes en Bolonia e inspirarse en un atuendo similar de la santa Cecilia, de Rafael, en el cuadro de altar pintado para San Juan en Monte (Pinacoteca Nazionale de Bolonia). El ímpetu de la Magdalena, unido a la forma en que está silue­teada sobre el paisaje abierto, casi la aísla de la figura de Cristo. Como ella, también él aparece de perfil, ­pero su actitud es a la vez menos ­cómoda y más lánguida, y anató­micamente no muy convincente. ­Correggio ilustra el momento en que pronuncia las palabras: «No me toques, porque aún no he subido al Padre». Con el brazo derecho contiene delicadamente el anhelante avance de la mujer, y con el izquierdo apunta hacia arriba y hacia afuera, majestuosamente reforzado su ademán por un recio árbol que extiende su dosel de hojas sobre las dos figuras y trunca la diagonal ascendente que es el eje de la composición. La disposición general no podría ser más sencilla, pero basta compararla con otros tratamientos de la escena para ver cómo consigue unificar la acción.


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La Virgen, el Niño y San Juan. 1515 - 1517. Óleo sobre tabla, 48 x 37 cm. Museo del Prado. Obra de Correggio.

Fuera de Roma o Florencia, ningún pintor fue tan decisivo en la formulación del lenguaje clásico como Antonio Correggio, un artista relativamente conocido en vida pero enormemente influyente tras su muerte, sobre todo en las décadas inmediatamente anteriores y posteriores a 1600, cuando su combinación de virtuosismo técnico, dramatismo lumínico y expresividad gestual, captó el interés de pintores como Federico Barocci, Anibale Carraci o Giovanni Lanfranco.Formado con su tío Lorenzo Allegri, la etapa juvenil de Correggio, anterior a su estancia en Roma entre 1518 y 1519, es incomprensible sin el conocimiento de Andrea Mantegna, de quien la tradición hace discípulo, y Leonardo da Vinci. Esta doble influencia se percibe con nitidez en esta obra, pintada en Parma entre 1515 y 1517 mientras trabajaba en la Camera di San Paolo. Si de Mantegna y su San Sebastián (Museo del Louvre) procede el apunte clasicista de la sandalia de la Virgen, las deudas con Leonardo son mayores. Así, la ambientación de la escena en una caverna remite a la Virgen de las Rocas del Louvre, mientras el gesto y peinado de la Virgen derivan de la Leda, conocida sólo por copias, y la exactitud en el tratamiento de la botánica y el sfumato son elementos constantes en la producción madura de Leonardo.La pintura ilustra el primer encuentro entre el Niño Jesús y su primo, concretamente, el momento en que la Virgen presenta a su hijo a un San Juan Bautista de cabello oscuro que porta una pequeña cruz. La actitud de Jesús, en disposición de abrazar tanto a su primo como a la cruz, adquiere un doble significado afectivo y teológico. Práctica habitual en Correggio fue la reutilización de modelos, lo que explica el parecido del Niño Jesús con el que aparece en la Sagrada Familia con San Juanito del Museo de Bellas Artes de Orleáns.Se inventaría por primera vez en España en 1746, entre las pinturas de Isabel de Farnesio en La Granja (Texto extractado de Falomir Faus, M.: Pintura italiana del Renacimiento. Guía, Museo del Prado, 1999, p. 60).


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Retrato de un hombre, c. 1520. Óleo sobre lienzo, 55 x 40 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Correggio.

Correggio (Correggio, 1489 - 1534) Nacido como Antonio Allegri, sin embargo, fue conocido como Il Correggio, apodo relacionado con su ciudad natal. Sus primeros años son difíciles de reconstruir; aunque se admite que pudo haberse formado en Mantua, donde tuvo contacto con la obra de Mantegna y Costa, cuyas trazas se aprecian en su estilo, o en Módena, con el pintor Francesco de’ Bianchi Ferrari. La Virgen de san Francisco, de 1514-1515, conservada en la Gemäldegalerie de Dresde, es su primera obra documentada; en ella confluyen las influencias de Mantegna y Leonardo da Vinci

Se. piensa que entre 1518 y 1519 Correggio pudo visitar Roma, aunque este viaje no está documentado. En 1519 se instaló en Parma, donde pasó la mayor parte de la década siguiente. Sus obras más famosas de esta etapa son los frescos que realizó en San Giovanni Evangelista, entre los que destaca, por su grandiosidad, la decoración de la cúpula con La visión del san Juan en Patmos. Gracias a la enorme aceptación que tuvieron las pinturas de San Giovanni, Correggio recibió, en 1522, el encargo de decorar la cúpula, el ábside y la bóveda del coro de la catedral de Parma. Sin embargo, sólo ejecutó la cúpula, finalizándola en 1530, en la que representó La Asunción de la Virgen. Regresó a su ciudad natal en 1530, donde permaneció hasta su muerte, cuatro años más tarde. Los encargos principales de sus últimos años fueron de tema mitológico y entre ellos destacan: Dánae (Roma, Galleria Borghese), Leda (Berlín, Gemäldegalerie), Ganímedes e Io (Viena, Kunsthistorisches Museum), obras todas ellas de una gran sofisticación y sensualidad

Correggio. es uno de los pintores más importantes del siglo XVI, sin embargo, la gran reputación que tuvo su pintura la adquirió póstumamente. Es uno de los artistas del Cinquecento que más influyó en el barroco, extendiéndose su huella hasta el siglo XVII.

Correggio es uno de los grandes decoradores al fresco del siglo xvi. Vasari, en sus Vidas, nos transmite algunos rasgos de la personalidad de este padre responsable que, según parece, tuvo una nutrida prole. De él comenta que era tímido, además de avaro, pues necesitaba ahorrar todo para su familia. En cuanto a su trabajo, escribe que sabía resolver bien cualquier dificultad, como demostró en la cúpula del Duomo de Parma, que manejaba bien los colores, alabando en él la suavidad que sabía dar a las carnes y la gracia en el acabado de sus trabajos. Correggio pudo iniciarse en las artes con un tío suyo, Lorenzo Allegri, o con el pintor Francesco de’Bianchi Ferrari, siendo notorio en sus primeros trabajos el estudio de Andrea Mantegna.

Este retrato que se ha publicado como el de un magistrado perteneció a la colección boloñesa del príncipe Zampieri. Estuvo luego en la colección Somzée de Bruselas, cuando participó en su primera exposición celebrada precisamente en esa capital en el Palais des Expositions, en el año 1887. A continuación, la obra fue vendida, en 1904, con otras piezas de la colección Somzée, pasando de Bruselas a Hamburgo, a la colección del cónsul Von Weber, donde estuvo antes de 1907. El siguiente propietario fue Hans Thyssen-Bornemisza, en cuya colección ingresó en 1928.

La pintura, tradicionalmente, ha estado atribuida a Correggio, hasta que Hymans, en 1897, la circunscribió al Greco. Venturi, en 1928, volvió a incluirla dentro del repertorio de Allegri y consideró el óleo, además, el retrato más antiguo de Correggio. Aunque esta asignación no ha sido unánime, el criterio de Venturi lo compartieron varios críticos, entre ellos Mayer.

Este retrato, muy oscurecido, presenta a un hombre de busto con un rostro de estructura alargada, que la crecida y triangular barba acentúa todavía más. De frente ancha y despejada, pómulos marcados y con una nariz y una boca llenas de personalidad, se consideró durante la primera mitad del siglo xx el retrato de un magistrado o de un estudioso. A ello sin duda contribuyó la vestimenta del personaje, así como la mirada reflexiva que desprende. La luz modela con fuerza este anónimo rostro en el que la pincelada va matizando los distintos tonos de la carnación, donde las gamas rojizas se funden con otras más amarillentas.

En la producción de Correggio, en la que predominan las composiciones religiosas y mitológicas, no abundan los retratos. Entre las imágenes que tiene asignadas se encuentran el Retrato de una dama, en el Ermitage de San Petersburgo, donde la modelo posa sentada ante un paisaje con una frondosa arboleda a la izquierda, y el Retrato de un hombre con un libro, perteneciente a la colección del Castello Sforzesco de Milán. Aquí, los últimos planos se dedican a la linde de un frondoso bosque que sirve de fondo a un hombre, de ropa oscura, con la mirada baja concentrada en el librito que sostiene en una mano. La pintura del Museo Thyssen-Bornemisza se ha fechado a principios de la década de 1520.


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San Jerónimo (1515-1518), Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. Obra de Correggio.



Cúpula de la catedral de Parma, obra maestra de Correggio


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La Asunción de la Virgen (Correggio) La Asunción de la Virgen (en italiano, Assunzione della Vergine) es un fresco muy influyente, obra del artista italiano Antonio Allegri da Correggio. Se trata de un fresco ejecutado sobre la cúpula de la catedral de Parma, Italia, la cual tiene unas dimensiones de aproximadamente 11 metros de diámetro. Data de los años 1526-1530.

El contrato para realizar este fresco fue establecido el 3 de noviembre de 1522 entre Correggio y los responsables del mantenimiento de la catedral de Parma.


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Jesús baja del cielo, detalle

El fresco representa el momento de la asunción de la virgen, esto es, la subida al cielo, en cuerpo y alma, de la madre de Jesús. En los cuatro triángulos curvados, formados por las cuatro pechinas, están representados los santos patronos de la ciudad: San Juan Bautista con el cordero, san Hilario con un mantón amarillo, santo Tomás1 junto al que se encuentra un ángel llevando la palma del martirio, y San Bernardo, la única figura que mira hacia arriba.

La composición no gira en torno a un eje central, como en el clasicismo, sino que está descentrada, «desestructurada», al modo que sería habitual en el barroco.


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San Juan Bautista, detalle

A los pies de Jesucristo, la Virgen vestida de rojo y azul es alzada al cielo por un grupo de ángeles. Alrededor de la base del anillo, entre las ventanas, está el corro de los apóstoles sorprendidos como si rodearan la tumba vacía de María. Alrededor de la Virgen gira un torbellino de ángeles y otros personajes en movimiento, en varios círculos concéntricos y sentido ascensional. Entre ellos se reconoce a Adán y Eva, Judit con la cabeza de Holofernes y algunos ángeles que tocan instrumentos musicales. En el centro de la composición está Jesucristo, que desciende del cielo para coronar a su madre.


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Apóstoles y efebos, detalle

Todas están figuras están bañadas por una luz ideal, simbólica, y dan la sensación de «atravesar» el espacio material y de ser «aspiradas» por el espacio divino.

En este fresco se demuestra el estilo propio que Correggio adoptó desde 1520. Muestra la influencia de la perspectiva de Melozzo. Sirvió de modelo a los artistas barrocos posteriores, por el estilo dramático de la escena, la fusión de elementos pictóricos y arquitectónicos, pero sobre todo por la gran novedad de la perspectiva llamada sotto in su (en contrapicado), muy utilizada posteriormente en el siglo XVII. Este fresco fue el modelo de pintura de techos dramáticamente ilusionista predominante en la época barroca. Se trata toda la superficie como una única unidad pictórica de vastas proporciones, haciendo equivaler la cúpula con el cielo. Las figuras están representadas de manera realista, de manera que parecen sobresalir hacia el espacio en el que se encuentra el espectador.


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Eva, detalle

Crea una ilusión óptica de profundidad hacia el infinito con esa perspectiva en contrapicado. Diversos círculos de ángeles giran en círculos más pequeños, dando sensación de profundidad, y un movimiento vertiginoso. En esta obra:

    "Correggio consiguió sugerir un espacio infinito y luminoso, enlazando íntimamente el tambor y la cúpula con un tema y un color unificados y difuminando las aristas; el tambor toma el aspecto de una balaustrada ante la cual se apoyan las grandes figuras de los apóstoles de pie, todos vueltos hacia el cielo. Sobre la tierra, simbolizada por el borde del parapeto, se desarrollan los Funerales de la Virgen, mientras que, sin solución de continuidad, entre el tambor y el luquete2 un remolino de ángeles elevan a la Virgen al cielo, llevando con ella a santos y personajes bíblicos y San Miguel que desciende en su búsqueda"

    S.Deswarteyellow


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Detalle de la cúpula: La Virgen y los ángeles

En la realización de los frescos Correggio abandona el método del estarcido, para poner el dibujo sobre cuadrícula. Los frescos de las cúpulas, tanto de la iglesia de San Juan Bautista, como de la catedral de Parma, fueron muy estudiados por los decoradores del siglo XVII.

El fresco no consiguió reconocimiento al tiempo de su realización, sino en siglos posteriores.

Este fresco inspiró a Carlo Cignani su fresco Asunción de la Virgen, en la iglesia catedral de Forlì.


 31cupola_duomo_parma_correggio

La Asunción de la Virgen, obra del artista italiano Antonio Allegri conocido como Correggio. Es un fresco que data de los años 1526-1530. Fue realizado sobre la cúpula de la catedral de Parma, Italia, tiene unas dimensiones de aproximadamente 11 metros de diámetro.



Otras obras


 37zeus_mostrado_como_nube_puesto_que_l_es_el_dios_griego_del_cielo_hace_el_amor_con_una_mujer_mortal_llamada_io

Zeus e Ío es un cuadro del pintor italiano Antonio Allegri da Correggio. Está realizado en óleo sobre lienzo, y fue pintado hacia 1531-1532.1 En la actualidad, se conserva en el Museo de Historia del Arte de Viena, Austria. En esta obra y El rapto de Ganimedes, Correggio alcanza la cima de sus posibilidades artísticas.

Esta obra fue pintada como pieza que acompañaba a la citada El rapto de Ganimedes, conservada también en ese museo de Viena. Los dos cuadros, junto con otra pareja, la Dánae que se conserva en Roma y la Leda con el cisne de Berlín, forman un ciclo de cuatro telas pintadas por Correggio a partir del año 1530, con el título de «Los amores de Júpiter», encargada por Federico II Gonzaga para decorar la Sala de Ovidio en el Palazzo Te de Mantua; no obstante, fueron un regalo para el emperador Carlos V y en consecuencia, el ciclo fue dispersado fuera de Italia.

Ío era, según la mitología griega, una doncella de Argos, hija de Ínaco y sacerdotisa de Hera (o hija del rey Yaso), a la que Zeus (dios griego del que es equivalente el Júpiter romano) visitó transformado en una gran neblina y aprovechó para arrebatarle su virginidad. Todo ello aparece narrado en Las metamorfosis de Ovidio, libro que se convirtió en fuente literaria de temas para la pintura manierista y la barroca.3 El cuadro representa el momento de la unión carnal entre Ío y Zeus que la envuelve en forma de nube, abrazándola.2 No resulta fácil representar a un hombre disfrazado de nube haciendo el amor a una joven: aquí lo resuelve haciendo entrever una mano y un rostro de hombre en la nube.

Es de destacar el contraste entre la evanescente figura del inmaterial Júpiter, y la sensualidad sustancia del cuerpo de Ío, que se muestra perdido en un rapto erótico que anticipa las obras de Bernini y Rubens.

El efecto cromático se basa en el contraste entre el cielo, dibujado con densas nubes oscuras, y la blanca figura de Ío, en una postura retorcida típicamente manierista. El cuerpo está colocado en forma serpentinata, esto es, de S, y es una disposición propia de Correggio que luego imitaron los pintores barrocos.

El ciervo que está bebiendo agua, figura situada en la esquina inferior derecha del cuadro, no aparece en la historia de Ovidio. Puede referirse a que el padre de Ío era Ínaco, un oceánida o dios fluvial.


 38el_rapto_de_ganimedes

El rapto de Ganimedes es un cuadro del pintor italiano Antonio Allegri da Correggio. Está realizado en óleo sobre lienzo, y fue pintado hacia 1531-1532, encontrándose actualmente en el Museo de Historia del Arte de Viena, en Austria. En esta obra y en Júpiter e Ío, Correggio alcanza la cima de sus posibilidades artísticas.

Esta pintura fue pintada como pieza que acompañaba a Júpiter e Ío, también en el museo de Viena. Los dos cuadros, junto con otra pareja, la Dánae que se conserva en Roma y la Leda con el cisne de Viena, forma parte de un ciclo de cuatro telas ejecutado por Correggio a partir del año 1530, con el título «Los amores de Júpiter», encargado por Federico II Gonzaga para decorar la Sala de Ovidio en el Palazzo Tè de Mantua; no obstante, fueron un regalo para el emperador Carlos V, y, en consecuencia, el ciclo fue dispersado fuera de Italia.

En la mitología griega, Ganimedes era un hermoso príncipe troyano, hijo del mismo epónimo Tros (o de Laomedonte, según otras fuentes). Ganimedes residía en el Monte Ida de Frigia, y Zeus lo raptó adoptando la forma de un águila. En el Olimpo, Zeus hizo a Ganimedes su amante, y también su copero en sustitución de Hebe.

En el cuadro se representa el momento del ascenso del bello joven Ganimedes, cogido por el águila. En la parte inferior, hay un perro mirándolos, mientras que Ganimedes fija la mirada en el espectador. Tanto este perro como las rocas que están formadas por numerosas líneas verticales subrayan la idea de movimiento ascendente. El formato del cuadro, estrecho y alto, es idóneo para representar estas imágenes de ascensión.


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Leda con el cisne es un cuadro del pintor italiano Antonio Allegri da Correggio. Está realizado en óleo sobre lienzo, y fue pintado hacia 1531-1532, encontrándose actualmente en la Gemäldegalerie de los Staatliche Museen zu Berlin - Preussischer Kulturbesitz (Berlín, Alemania).

Esta pintura, junto a Júpiter e Ío, El rapto de Ganímedes y la Dánae de la Galería Borghese de Roma, formaba un ciclo de cuatro telas ejecutado por Correggio a partir de 1530, bajo el título de «Los amores de Júpiter». Fue encargado por Federico II Gonzaga para decorar la Sala de Ovidio en el Palazzo Te de Mantua; no obstante, regaló las cuatro obras al emperador Carlos V y en consecuencia, el ciclo se envió a España y fue dispersado después. Esta obra en concreto, junto con Ganímedes, fue regalada por Felipe III al emperador Rodolfo II en 1604.

Leda era, según la mitología griega, hija de Testio y esposa de Tindáreo de Esparta, a la que Zeus violó adoptando la forma de un cisne. El cuadro representa el momento de la unión carnal entre Leda y el cisne, pero sin resultar en ningún momento obscena.

Es un tema clásico en el arte, que ya antes había sido tratado por otros autores como Leonardo (Leda y el cisne) y por Miguel Ángel, conservándose las obras de estos artistas del Alto Renacimiento sólo por copias.

Correggio da un tratamiento manierista al tema, añadiendo un paisaje boscoso tratado con un fino esfumado. Aparecen en esta ambientación ninfas bañándose a la parte derecha del cuadro y, a la izquierda, Cupido tocando la lira y angelotes.

La composición, aparentemente improvisada, es sin embargo muy estudiada. La figura de Leda adopta una torsión típicamente manierista. Su figura se ve acentuada por encontrarse delante de un árbol, quedando éste ligeramente desplazado hacia la izquierda. Hay un grupo central de árboles y, en torno a ellos, las figuras secundarias formando un círculo. De esta manera se lleva la mirada a las profundidades del paisaje.

Cuando pertenecía a la colección de Felipe II de Orleans, el cuadro fue atacado con un cuchillo por su hijo, Luis I, que lo encontraba demasiado licencioso y lascivo, arruinando irremisiblemente la cabeza de Leda, siendo la que se contempla hoy en día un repinte posterior. Por ello es interesante una copia del cuadro, anterior a dichos daños, realizada por Eugenio Cajés y que se conserva en España en el Museo del Prado (número de catálogo P0120).


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Leda con el cisne. Copia del cuadro de Correggio realizada por Eugenio Cajés que permite conocer cómo era el cuadro antes de su agresión, se conserva en el Museo del Prado.


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Venus y Amor descubiertos por un sátiro es un cuadro del pintor italiano Antonio Allegri da Correggio. Está realizado en óleo sobre lienzo, y fue pintado hacia 1524-1525, encontrándose actualmente en el Museo del Louvre de París, Francia, donde se exhibe con el título de Vénus et l'Amour découverts par un satyre. Tradicionalmente fue conocido con el de Júpiter y Antíope (en italiano, Giove e Antiope) porque en el siglo XVIII se pensaba que este cuadro retrataba a Júpiter y Antíope, y aún hoy puede ser mencionado con este título.

Es un cuadro de tema mitológico. Es una alegoría del amor terrenal. A este cuadro se le relaciona con La educación del Amor, conservado en la National Gallery de Londres, y que representaría el amor sacro. Ambas pinturas datan en torno a 1524-1527. Se ha señalado como posible comitente al conde Nicola Maffei, pariente cercano de Federico II Gonzaga, en cuya casa se encontrarían estas pinturas desde 1536, fecha de la muerte de Maffei.

Antíope de Tebas era hija del rey Nicteo de Tebas (o, según otros, del dios fluvial Asopos), cuya belleza llamó la atención de Zeus. Este la sedujo adoptando la forma de un sátiro. Tradicionalmente se ha considerado que en el cuadro está representada Antíope dormida, con Cupido a su lado, también dormido. La acecha Zeus en forma de sátiro. Actualmente, la figura femenina desnuda se relaciona con Venus, la diosa del amor y de la belleza, siendo un simple sátiro quien la observa a ella y a su hijo Cupido. Hay una antorcha entre la figura femenina y Cupido, símbolo tradicional de la diosa y no de Antíope.

Es un cuadro típico del manierismo, en el que ya no se respeta el equilibrio del Alto Renacimiento. Al contrario, las figuras adoptan posturas retorcidas y se colocan en forma diagonal.1 Correggio trabaja con modulaciones cromáticas, logrando imprimir un aspecto suave y mórbido en los cuerpos de la diosa y su hijo. La luz baña las figuras dotándolas de una cierta ingravidez. Esa luz que incide sobre los cuerpos realza la composición en diagonal.

La figura del sátiro es escultórica, recordando a la obra de Miguel Ángel.

La impresión general es de sensualidad,1 gracias a la adopción de una línea sinuosa, color atmosférico, luz crepuscular y un modelado voluptuoso.


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La educación del Amor, o Venus, Mercurio y Amor, h. 1525, óleo sobre lienzo, 155 × 92 cm, National Gallery de Londres, cuadro que se considera pendant de este Venus y Amor descubiertos por un sátiro.


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La adoración de los pastores, llamada La noche es un famoso cuadro del pintor italiano Antonio Allegri da Correggio. Está realizado al óleo sobre tabla y tiene las siguientes dimensiones: 256 cm de alto por 188 cm de ancho.

Fue pintado hacia 1530 y posteriormente pasó a manos de la Casa de Este, que gobernaba los ducados de Ferrara y Módena. Vendido por los duques junto con otras obras maestras en 1746, se encuentra actualmente en la Gemäldegalerie de Dresde (Alemania).

Este cuadro se encargó el 24 de octubre de 1522 por Alberto Pratonieri1 para la capilla familiar dedicada a la Natividad en la basílica San Próspero de Reggio Emilia.

El sobrenombre de «La noche» expresa una de las peculiaridades de este cuadro, con escasos precedentes en este sentido, entre los que puede citarse la escena del «Sueño de Constantino» en la Leyenda de la cruz de Piero della Francesca, datada de unos ochenta años antes. La representación de esta Adoración de los pastores en una ambientación nocturna es extremadamente sugerente gracias a los efectos de la luz que emana del Niño Jesús e irradia a los demás personaes y las nubes o el torbellino de ángeles relacionan esta obra con los frescos de la cúpula de la catedral de Parma.


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Madonna di San Francesco. 1514. Obra de Correggio


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Madonna di San Giorgio. 1530-32. Obra de Correggio


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Commiato di Cristo dalla Madre. 1514. Obra de Correggio


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Madonna di San Sebastiano, c. 1524. Obra de Correggio


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The Holy Night. 1522-30. Obra de Correggio


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Madonna and Child. Obra de Correggio


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La Vergine che adora il Bambino. 1524-26. Obra de Correggio


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Madonna of the Basket, c. 1524. Obra de Correggio


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Maria Maddalena, c. 1518-18. Obra de Correggio


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Obra de Correggio. Obra de Correggio


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Head of Christ. 1525-30. Obra de Correggio


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Christ presented to the People (Ecce Homo), c. 1525-30, oil on wood, 99.7 x 80 cm, National Gallery, London. Obra de Correggio


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Venus and Cupid. Obra de Correggio


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The Education of Cupid, c. 1528. Obra de Correggio


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Antonio Allegri called Correggio. Self Portrait, 1510. Obra de Correggio


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Statue du Corrège, place Garibaldi à Parme. Obra de Correggio



Pues esto es todo amigos, espero que este trabajo recopilatorio dedicado al pintor ialiano a “Il Correggio”. Su verdadero nombre es Antonio Allegri, debiendo su apodo a la localidad donde nació, Correggio, cerca de Parma. Sin duda fue uno de los grandes creadores del Cinquecento que más influirá en el Barroco italiano. Fue discípulo de Francesco Bianchi Ferrari, estuvo muy influido por Mantenga y sobre todo por el estilo de Leonardo.

Fue en Parma donde cosechó su primer éxito, con la decoración al fresco de una de las bóvedas del convento de San Pablo. Después los encargos se sucedieron entre las numerosas iglesias parmesanas, incluida la catedral; posteriormente, realizará cuadros para la decoración del castillo de Parma y numerosas obras de altar.




Fuentes y agradecimientos: wga.hu, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museodelprado.es, museothyssen.org, pintura.aut.org, museumsinflorence.com, florencia.es, versobjetivo.blogspot.com, paradoxplace.com, preguntasantoral.es, artehistoria.com y otras de Internet
 




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Post Re: CORREGGIO (Antonio Allegri) 
 
Gracias de nuevo J.Luis por esta estupenda galería una vez más de Correggio.  

Un Saludo.
 




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Post Re: CORREGGIO (Antonio Allegri) 
 
Gracias xerbar, ya sobrepasamos las 180 exposiciones...



 



Saludos.
 




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Post Re: CORREGGIO (Antonio Allegri) 
 
El nigmático viaje a Roma de Correggio


La galería Borghese ilumina la intrigante vida y obra del pintor parmesano

"Si hubiese nacido en Lombardía, habría hecho milagros", según su biógrafo

Erotismo y mitos paganos fueron sus temas en los años 30 del 'cinquecento'




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'El rapto de Ganímedes', detalle

 
"Si de Lombardía hubiese surgido el ingenio de Antonio y en Roma hubiera vivido, habría obrado milagros y creado problemas a muchos de quienes entonces fueron considerados grandes", explica el biógrafo renacentista Giorgio Vasari, en su obra Vida de los mejores arquitectos, pintores y escultores italianos (1542-1550). Antonio era Antonio Allegri, pintor rebautizado como Correggio (1489-1534) en honor a la ciudad donde nació.

Milagros obrados y problemas creados se pueden contemplar hasta el 14 de septiembre en la exquisita galería Borghese de Roma. En una exposición monográfica que reúne 25 pinturas y decenas de bocetos llagados de todo el mundo para reconstruir la misteriosa vida de una de las figuras más significativas del cinquecento.

La vida del pintor es la verdera protagonista Correggio e l'Antico (Correggio y lo antiguo). Poco se supo durante años de la biografía del genio, que constituyó un genuino rompecabezas para críticos e historiadores del arte. Tanto enigma alimentó la creencia de que se trató de un genio "hecho a sí mismo", que nunca tuvo contacto directo con la pintura de Rafael o Miguel Ángel. Un mito fomentado por sus contemporáneos y que los críticos actuales han descartado, señala en el catálogo la comisaria de la exposición, Anna Coliva. Correggio habría estado en Roma entre 1517 y 1518, poco tiempo, pero el indispensable para aprender lo máximo posible y volver luego a Parma, donde trabajó el resto de su vida. La muestra refleja con indudable éxito la influencia de ese viaje misterioso en el estilo del pintor.

"Lo antiguo", mitad del título de la exposición, se hace evidente en los temas que eligió en sus pinturas de los años treinta del cinquecento, considerados típicamente "romanos". El erotismo, las gracia, psicología y los mitos paganos trasladados a situaciones íntimas como en Los amores de Zeus (1530). Esta serie de cuatro obras -El rapto de Ganímedes, Leda y el cisne, Danae y Zeus, e Ío- se encuntra entre las más celebradas del pintor y, según Vasari, fue encargada por Federico Gonzaga para ser regalada al recién coronado emperador Carlos V. El erotismo se deja notar con brío tanto en Venus y Cupido durmiendo espiados por un sátiro como en Educación de Cupido.

Es muy probable que el viaje de Correggio, del que no quedan documentos, sino sólo pruebas indirectas, fuera patrocinado por la humanista Giovanna da Piacenza, abadesa del convento de Benedictinas San Paolo (Parma), que estaba en contacto con Rafael y su entorno. En los frescos que realizó Correggio en los techos de una sala del convento, en 1519, aparecen decoraciones con hojas de laurel y viñetas de estilo clásico con ángeles, sátiros e imágenes de Juno y las tres Gracias, que según los historiadores fueron influencia del contacto directo con la obra de Rafael. El gran éxito de esos frescos trajo más encargos importantes para Correggio, como la Asunción de la Virgen en el Duomo de Parma. Allí es adonde viajará la obra, en un emocionante camino inverso al que realizó Correggio hace más de cuatro siglos.



EL PAÍS
 




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