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PISSARRO, Camille
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Mensaje PISSARRO, Camille 
 
Este trabajo está dedicado a Camille Pissarro. Fue un Pintor francés fundador del movimiento impresionista, como decano del impresionismo tuvo un importante papel de conciencia moral y guía artístico.

También siguieron sus pasos Monet y Cézanne, que fueron dos de los artistas más representativos de los continuadores del estilo impresionista impulsado por el maestro Pissarro.

Este pintor me gusta especialmente, conozco bastantes obras personalmente, el Museo Thyssen cuenta con seis, además tuvo el acierto de organizar la primera muestra monográfica en España sobre Camille Pissarro.


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Camille Pissarro - Autorretrato, 1873.

Jacob Abraham Camille Pissarro, más conocido como Camille Pissarro (Saint Thomas, 10 de julio de 1830 - París, 13 de noviembre de 1903), fue un pintor impresionista, y se le considera como uno de los fundadores de ese movimiento.

Se le conoce como uno de los "padres del impresionismo". Pintó la vida rural francesa, sobre todo los paisajes y las escenas en los que aparecían campesinos trabajando, pero también escenas urbanas en Montmartre. En París tuvo como discípulos a Paul Cézanne, Paul Gauguin, Jean Peské y Henri-Martin Lamotte.

Pissarro fue asimismo un teórico de la anarquía, y frecuentó con asiduidad a los pintores de la Nueva Atenas que pertenecían a ese movimiento. Compartió esa posición con Gauguin, con quien luego tuvo relaciones tensas.

Camille Pissarro nació el 10 de julio de 1830 en la isla de Saint Thomas en las Antillas, en ese entonces pertenecientes a Dinamarca, donde sus padres tenían una floreciente empresa de partes para navíos en el puerto de Charlotte Amalie, por lo que tuvo la nacionalidad danesa, que conservó toda su vida.

Hijo de Abraham Gabriel Pissarro, un judío sefardí de origen portugués con nacionalidad francesa y nacido en Burdeos, donde existía una importante comunidad de judíos portugueses. Su madre fue la dominicana Rachel Manzano-Pomié. En 1847, tras concluir parte de sus estudios en Francia, regresó a Saint Thomas para ayudar en el comercio de sus padres. En sus momentos libres se dedicaba a dibujar.


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Camille Pissaro y su esposa Julie Vellay en Pontoise en 1877.

Posteriormente abandonó su hogar debido a la oposición de sus padres a que se convirtiese en artista. Viajó a Venezuela (1852), acompañado de su maestro, el pintor danés Fritz Melbye.4 En Caracas y La Guaira se dedicó plenamente a la pintura, realizando paisajes y escenas de costumbres.

En 1855 se trasladó cerca a París, a la localidad de Passy.5 Allí asistió a la Escuela de Bellas Artes de marcado corte académico e influenciada por el estilo de pintores como Eugène Delacroix, Charles-François Daubigny y sobre todo Jean-Auguste-Dominique Ingres, donde lo marcaron Jean-François Millet por sus temas de la vida rural, por Gustave Courbet y su renuncia al pathos y a lo pintoresco, y por la libertad y la poesía de Jean-Baptiste Corot.6 trabajó en el taller de Anton Melbye, hermano mayor de Fritz, pintó paisajes de la comuna de Montmorency.


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Camille Pissarro - Paul Cézanne, 1874.

Entre 1859 y 1861, frecuentó diversas academias, entre ellas la del padre Suisse, donde conoce a Claude Monet, Ludovic Piette, Armand Guillaumin y Paul Cézanne.7 En 1863, Cézanne y Émile Zola visitaron su taller en La Varenne y, en 1865, pasó un periodo en La Roche-Guyon. Expuso en los Salones de 1864 y 1865, donde se presentó como el "alumno de Melbye y de Jean-Baptiste Corot".


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Camille Pissarro, Estudio del Artista en Saint Thomas (Antillas Danesas), 1851. Colección del BCV, Caracas.

Monet y Pissarro coincidieron en Londres, donde conocieron a Durand-Ruel, que se convirtió a partir de ese momento en el marchante oficial del grupo. Pissarro y Monet hicieron en en la capital inglesa estudios de edificios envueltos en nieblas.

Su estilo en esta época era bastante tradicional. Se le asocia con la Escuela de Barbizon aunque pasado algún tiempo evolucionó hacia el impresionismo. Se le considera, junto con Monet y Alfred Sisley, uno de los impresionistas puros, diferenciándose del grupo de los "problemáticos" (Renoir, Degas, Cezanne).

Al volver a Francia después de su estancia en Londres, participó plenamente en las exposiciones del grupo impresionista, del que fue cofundador. Además, fue el único que participó en las ocho exposiciones del grupo entre 1874 y 1886.


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Camille Pissarro - Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia, 1897. Óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Un tribunal estadounidense desestima la demanda -en junio de 2015- de una familia judía que pretendía recuperar su cuadro, por tanto que el barón Thyssen-Bornemisza compró la obra legalmente, después de pasar por varios propietarios.

Durante la Guerra Franco-prusiana, a principios de los años 1870, volvió a residir en Inglaterra, donde estudió el arte inglés y en especial los paisajes del pintor británico William Turner. En los años 1880 experimentó con el puntillismo y produjo escenas rurales de ríos y paisajes y también escenas callejeras de París, como La calle Saint-Honoré después del mediodía (1897, Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid), La Haya y Londres.

Relacionado con sus ideas socialistas y cercanas al anarquismo, se interesó por plasmar el trabajo del campesino y pintó la vida rural francesa. También son famosas sus escenas de Montmartre.

Como profesor tuvo como alumnos a Paul Gauguin, Paul Cézanne, su hijo Lucien Pissarro y la pintora impresionista estadounidense Mary Cassatt. Políticamente fue simpatizante del anarquismo.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor francés, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección de arte, y en lo posicle contribuya en su divulgación.





Algunas obras


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Camille Pissarro - Autorretrato, 1898


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Still life with peonies, 1872-74. Obra de Camille Pissarro


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El jardín en Pontoise, 1877. Obra de Camille Pissarro


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Paysanne poussant une brouette. Maison Rondest, Pontoise, 1874. Obra de Camille Pissarro


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Rouen, rue de l'Épicerie, 1898. Obra de Camille Pissarro


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Paisaje tropical con casas rurales y palmeras, c. 1853. Galería de Arte Nacional, Cáracas. Obra de Camille Pissarro


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Dos mujeres conversando junto al mar, Saint Thomas, Antillas Danesas, 1856. National Gallery of Art, Washington. Obra de Camille Pissarro


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Castaño en Louveciennes', c. 1870. Obra de Camille Pissarro


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Entrada a Voisins, 1872. Obra de Camille Pissarro


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Techos rojos, esquina de publito, invierno. Côte de Saint-Denis, Pontoise, 1877. Obra de Camille Pissarro


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Primavera, ciruelos en flor, Pontoise, 1877. Musée d'Orsay, París. Obra de Camille Pissarro


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Bulevar Montmartre, primavera, 1897. Obra de Camille Pissarro


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Mañana, sol invernal, 1901. Imagen con el Pont-Neuf, el río Sena y el Louvre, París. Academia de Artes, Honolulu. Obra de Camille Pissarro


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Place du Carrousel, 1900. Obra de Camille Pissarro


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Boulevard Montmartre, Paris, 1897. Obra de Camille Pissarro


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Boulevard Montmartre, matin d'hiver; 1897. Obra de Camille Pissarro


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Boulevard Montmartre, effet de nuit, 1898. Obra de Camille Pissarro


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Avenue de l'Opera, Paris, effet de pluie, 1898. Obra de Camille Pissarro


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Le Pont-Neuf, 1902. Obra de Camille Pissarro


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Place du Havre, Paris, 1893. Obra de Camille Pissarro


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View of Rouen, oil on canvas painting by Camille Pissarro, 1898, Honolulu Academy of Arts. Obra de Camille Pissarro


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Deux femmes causant au bord de la mer, Saint Thomas, 1856. Obra de Camille Pissarro


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La Varenne-de-St.-Hilaire, c. 1863. Obra de Camille Pissarro


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Rue de Versailles à Louveciennes, 1868. Obra de Camille Pissarro


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Postkutsche von Louveciennes, 1870. Obra de Camille Pissarro


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Rue, 1870. Obra de Camille Pissarro


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Rue de Marly, circa 1870. Obra de Camille Pissarro


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Le verger, 1872. Obra de Camille Pissarro


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Entrée du village de Voisins, 1872. Obra de Camille Pissarro


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Village de Voisins, 1872. Obra de Camille Pissarro


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Neige à Louveciennes, 1872. Obra de Camille Pissarro


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Rue de Louveciennes, 1872. Obra de Camille Pissarro


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Lavoir de Pontoise, 1872. Obra de Camille Pissarro


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La Seine à Port-Marly, circa 1872. Obra de Camille Pissarro


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Gelée blanche, 1873. Obra de Camille Pissarro


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Paysage au champ inondé, 1873. Obra de Camille Pissarro


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Paysage près de Pontoise, 1874. Obra de Camille Pissarro


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Paysanne Poussant une Brouette, 1874. Obra de Camille Pissarro


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Paysage aux grands arbres, 1875. Obra de Camille Pissarro


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Pontoise, die Côte des Boeufs an der Hermitage, 1877. Obra de Camille Pissarro


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The garden at Pontoise, 1877. Obra de Camille Pissarro


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Paysanne tenant un baton, 1881. Obra de Camille Pissarro


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Conversation, c. 1881. Obra de Camille Pissarro


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Soleil de mars, 1875. Obra de Camille Pissarro


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Autumn in Eragny, 1895. Obra de Camille Pissarro


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Kuhhirtin, 1880. Obra de Camille Pissarro


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Vue de Louveciennes, c. 1869. Obra de Camille Pissarro


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Apple harvest at Eragny, 1888. Obra de Camille Pissarro


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Kinder auf einem Bauernhof, 1887. Obra de Camille Pissarro


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Harvest, 1876. Obra de Camille Pissarro


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La cosecha, 1882. Obra de Camille Pissarro


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Cosecha del heno, Eragny-sur-Epte, 1889. Colección privada. Obra de Camille Pissarro


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Verger aux arbres en fleurs, 1877. Obra de Camille Pissarro


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Jardin Mirbeau aux Damps, 1891. Obra de Camille Pissarro


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Postkutsche nach Ennery, 1877. Obra de Camille Pissarro


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The Rainbow, 1877. Obra de Camille Pissarro


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Jour Gris, Bords de l'Oise, 1878. Obra de Camille Pissarro


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Holzfäller, 1878. Obra de Camille Pissarro


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L'Avant-port du Havre. Matin, 1903. Obra de Camille Pissarro


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Aldeia perto de Pontoise. Obra de Camille Pissarro


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Norwood. Obra de Camille Pissarro



Exposición en 2013: Pissarro en el Thyssen

El Museo Thyssen-Bornemisza inaugura el 4 de junio 'Pissarro', la primera exposición monográfica en España dedicada al "patriarca" del impresionismo Camille Pissarro


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Camille Pissarro - Autorretrato, 1903. Limitó su paleta a los tres colores primarios y sus derivados, un paso decisivo para el nacimiento del lenguaje impresionista. El "patriarca" del impresionismo, a menudo eclipsado por la fama de su coetáneo y amigo Monet, desarrolló el germen de la pintura moderna.


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'La paleta del artista con paisaje, c. 1878' La paleta de Camille Pissarro, sobre la que el artista pintó un paisaje campestre con los colores del arcoíris (Camille Pissarro - Sterling and Francine Clark Art Institute, Williamstown, Massachussetts, EE UU)

Era el de más edad de todos los pintores que fraguaban un lenguaje pictórico ajeno al del siglo XIX. "Humilde y colosal", como lo definía su alumno Cézanne, Camille Pissarro (1830-1903) desarrolló el germen de la pintura moderna de un modo natural y sin pretensiones. Dispuesto siempre a ser guía y mentor de cualquier aprendiz que le pidiera ayuda, sus discípulos (entre ellos Cézanne y Gauguin) destacaron siempre el carácter paciente del artista y la asombrosa tranquilidad con que retaba a la pintura tradicional en cada pincelada.


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'La forrajera', 1844 'La forrajera' (1884), uno de los óleos de Pissarro de temática rural. Las pinturas del pionero del impresionismo presentan campos arados, agricultores y huertos y olvidan los jardines decorativos o las cuidadas praderas que servían de escenario al ocio parisino cada fin de semana (Camille Pissarro - Colección Pérez Simón, México)

Había nacido en la isla de Santo Tomás (en las actuales Islas Vírgenes, entonces colonia de Dinamarca y ahora territorio de los EE UU), su madre era criolla y su padre, un judío sefardí de Portugal: la mezcla heterodoxa, el exotismo del Caribe y el posterior academicismo francés tal vez sean la fórmula del estilo único de Pissarro, que (como cuenta Cézanne) eliminó de su paleta "el negro, el betún, la tierra de Siena y los ocres" utilizando sólo "los tres colores primarios y sus derivados inmediatos", un paso decisivo para el nacimiento del impresionismo.


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'Las orillas del Marne', 1864, óleo de Pissarro del año 1864 (Camille Pissarro - Lent by Glasgow Life (Glasgow Museums) on behalf of Glasgow City Council)


El Museo Thyssen-Bornemisza inauguró el verano de 2013, Pissarro, la primera exposición monográfica celebrada en España dedicada al innovador maestro.


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'Rue Saint‐Honoré por la tarde. Efecto de lluvia', 1897. El conjunto de la exposición descubre el gran sentido de perspectiva que cultivó Camille Pissarro también en sus paisajes de ciudades, con complejas vistas de las calles y las plazas parisinas que el autor percibía, sorprendido de que muchos las tacharan de feas, como "tan plateadas, tan luminosas y tan vivas" (Camille Pissarro - Museo Thyssen‐Bornemisza, Madrid)

La muestra se componía de 79 obras. Sendas, carreteras, caminos, el curso de un río... El paisaje, el género dominante en la carrera del autor, vertebra el recorrido de una exposición que restaura la figura de Pisarro —a menudo eclipsada por la fama de su amigo y coetáneo Claude Monet— como el "patriarca" del impresionismo.


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'El Anse des Pilotes, El Havre por la mañana, día nublado y niebla', 1903 Paisaje de El Havre en un día nublado, obra de Camille Pissarro de 1903 incluida en 'Pissarro', la primera exposición monográfica en España dedicada al pionero del impresionismo (Camille Pissarro - Tate, donación de Lucien Pissarro, hijo del artista, 1945)

En orden cronológico, la colección repasa los lugares en los que vivió y trabajó, con cuadros que descubren la espiritualidad de los paisajes rurales franceses de Louveciennes, Pontoise y Éragny y delicadas escenas urbanas tardías de París, Londres, Ruán, Dieppe y Le Havre. Pintaba campos y huertos, no le atraían los jardines ni las decorativas praderasEl tratamiento de la naturaleza se contrapone al refinamiento más urbano de Monet o Renoir. Las pinturas de Pissarro presentan campos arados, agricultores y huertos y olvidan los jardines decorativos o las cuidadas praderas que servían de escenario al ocio parisino cada fin de semana. El escritor Émile Zola decía de los paisajes naturales del artista: "En ellos se oyen las voces profundas de la tierra, se adivina la vida poderosa de los árboles".


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El camino en cuesta de la Côte‐du‐Jalet', 1875 Recto o sinuoso, el camino es el otro gran protagonista de las obras de Camille Pissarro (1830-1903). El autor invita así al espectador a adentrarse en el cuadro (Camille Pissarro - Brooklyn Museum of Art)

Recto o sinuoso, el camino es el otro gran protagonista de las obras, el elemento que invita al espectador a mirar al fondo del cuadro. Hay sendas, pequeñas carreteras y calles, ríos que con su curso también perfilan una ruta... El conjunto de la exposición descubre el gran sentido de la perspectiva que cultivó Pissarro también en sus paisajes de ciudades, con complejas vistas de las calles y las plazas parisinas que el autor percibía, sorprendido de que muchos las tacharan de feas, como "tan plateadas, tan luminosas y tan vivas".


Ver más obras de Camille Pissarro en la Wikipedia



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Camille Pissarro (1830 1903), fue un pintor impresionista, y se le considera como uno de los fundadores de ese movimiento. Se le conoce como uno de los "padres del impresionismo". Pintó la vida rural francesa, sobre todo los paisajes y las escenas en los que aparecían campesinos trabajando, pero también escenas urbanas en Montmartre. En París tuvo como discípulos a Paul Cézanne, Paul Gauguin, Jean Peské y Henri-Martin Lamotte.


Fuentes y Agradecimientos: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museothyssen.org, 20minutos.es, artcyclopedia.com, wga.hu, pintura.aut.org, y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Domingo, 21 Junio 2015, 13:06; editado 12 veces 
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Mensaje Re: PISSARRO 
 
Gracias J.Luis por esta exposición de Pissarro.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: PISSARRO 
 
Xerbar, no sé que pasa con este trabajo de Pissarro, pero no se ven las imágenes, solo las 8 primeras... ¿Cuando tu lo viste se veían todas las imágenes?. Lo he editado y tampoco. Me temo que tendre que volver a bajar de nuevo todas las imágenes, salvo que se te ocurra alguna solución.



Saludos.
 




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Mensaje Re: PISSARRO 
 
J.Luis puede ser problema del servidor de imageshack, otra cosa no se me ocurre.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: PISSARRO 
 
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Camille pissarro en el Museo Thyssen



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Autorretrato de Camille Pissarro en 1903.

Camille Pissarro (Carlota Amalia, Santo Tomás, 1830 - París, 1903) Nacido en la isla antillana de Santo Tomás en el seno de una adinerada familia de origen judío, el pintor francés Camille Pissarro pronto se trasladó a estudiar a París, donde, en contra de la voluntad paterna, tomó la firme decisión de dedicarse a la pintura. Tras regresar unos años a su ciudad natal para trabajar en los negocios de su familia y después de residir dos años en Venezuela pintando junto al pintor danés Fritz Melbye, volvió a París en 1855

En. la capital francesa entró en la Académie Suisse, visitó la Exposition Universelle donde le impresionaron las obras de Camille Corot y Eugène Delacroix y en 1859, año en que conoció a Claude Monet, Auguste Renoir y Alfred Sisley, participó por primera vez en el Salon. Durante la década de 1860 siguió presentando sus obras en los sucesivos Salones, pero los rígidos principios de éstos pronto chocaron con sus ideas políticas anarquistas y, a partir de 1870, dejó de participar en exposiciones oficiales. Su pintura estuvo estilísticamente siempre dentro del impresionismo, salvo un corto periodo de experimentación con la técnica neoimpresionista, bajo la influencia de Georges Seurat, a mediados de la década de 1880. Pissarro creía firmemente en la idea de la cooperativa de artistas y desempeñó un activo papel en la organización de las actividades del grupo impresionista parisiense, fomentando la participación de artistas como Paul Cézanne y Paul Gauguin y siendo el único cuyas obras estuvieron presentes en las ocho exposiciones impresionistas, celebradas entre 1874 y 1886

Desde. que en 1866 se trasladó a vivir a Pontoise, Pissarro vivió casi toda su vida fuera de París y fue básicamente un pintor de paisajes o de escenas rurales, y uno de los primeros en practicar con convicción la pintura al aire libre. Al final de su vida, tuvo que trasladarse a la ciudad a causa de su creciente pérdida de visión. Fue entonces cuando comenzó a pintar acomodado en una ventana, captando la actividad cambiante de las calles de ciudades como Ruán y París.

Los idílicos y armoniosos paisajes rurales dieron paso a una serie de vistas urbanas en las que, el implacable observador que era Pissarro, dejó inmortalizada la vida de la ciudad moderna.



El Museo Thyssen cuenta con seis obras en su colección


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Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia, 1897. Óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Camille Pissarro.

Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia pertenece a una serie de quince obras que Camille Pissarro pintó en París desde la ventana de su hotel situado en la place du Théâtre Français , durante el invierno de 1897 y 1898. Pissarro, que había vivido casi siempre en el campo y era básicamente un pintor de paisajes —y uno de los primeros en practicar con convicción la pintura al aire libre—, al final de su vida tuvo que trasladarse a la ciudad, por motivos de salud. Fue entonces cuando comenzó a pintar vistas urbanas asomado a las ventanas, captando la actividad cambiante de las calles de ciudades como Ruán o París. Estilísticamente, esta última década de su vida coincide con su vuelta a una pintura de factura impresionista, tras haber experimentado durante un corto periodo de tiempo la influencia de Seurat. La técnica puntillista, que abandonó por excesivamente rígida, le ayudó a aligerar su paleta y a componer sus últimos cuadros de forma menos rigurosa.

Pissarro trabajó afanosamente en este ciclo sobre las calles de París, animado sin duda por la promesa de Durand-Ruel de exponerlo en su sala. Eligió uno de los nuevos escenarios urbanos creados durante el Segundo Imperio (1852-1870) por el barón Georges-Eugène Haussmann , quien no sin despertar grandes polémicas, había convertido París en una ciudad moderna, atravesada por grandes avenidas que permitían ver lejanas perspectivas a través de las diferentes axiales. En esta serie, el pintor no sólo cubrió todo el campo de visión que tenía desde su habitación —la rue Saint-Honoré, la avenue de l’Opera y la propia plaza situada junto al hotel—, sino que reelaboró las mismas composiciones con luces cambiantes.

El modelo pictórico de vistas urbanas tomadas desde una posición alta había quedado establecido por Monet en su famoso lienzo del Boulevard des Capucines , presentado en la Primera Exposición Impresionista , de 1874 . Pintado un año antes desde la ventana del estudio de Nadar, Monet dejó una imperecedera imagen del nuevo ajetreo de la ciudad. El punto de vista alto, que permitían los nuevos edificios de París, dotaba a la composición de un aire fortuito, de un aspecto más natural, más adecuado a las aspiraciones de los impresionistas de pintar realidades.

En las tres pinturas que realizó de la rue Saint-Honoré, Pissarro nos ofrece una visión en perspectiva de esta calle con la esquina de la place du Théâtre Français en primer término. Utiliza, como Monet, un punto de vista alto, aprovechando así los ángulos visuales en escorzo. Establece un juego de formas circulares y rectangulares; de verticales, formadas por los árboles y las farolas, cruzadas por la diagonal de la alargada calle, que en su parte final se convierte en una especie de espejismo.

En la obra del Museo Thyssen-Bornemisza, la escena está captada a primera hora de la tarde. Por la calle circulan varios coches de caballos y los peatones, que pertenecen a todos los estratos sociales, están individualizados y no tratados como masa. Ha llovido y todavía caen algunas gotas, lo que hace que algunos viandantes lleven abiertos sus paraguas. En otra versión , la escena está iluminada por la fuerte luz del sol de la mañana y en la tercera de las versiones , la ciudad está ensombrecida por la apagada luz del atardecer.

El punto de vista alto era también un recurso del que se valía el pintor para distanciarse de la escena. Este encuadre, utilizado por Pissarro para los temas urbanos, difiere del de los paisajes o las escenas rurales, pintados con un punto de vista más próximo, para expresar el contraste entre la vida del campo y la vida de la ciudad. No hay que olvidar que las últimas obras de Pissarro coinciden con la radicalización de su ideología, que se fue acercando paulatinamente al movimiento anarquista. Fiel a estas ideas políticas, el mundo rural era mostrado como modelo de un estilo de vida armonioso, como representación idílica de una nueva Arcadia. Frente a la ciudad, Pissarro adopta en cambio una cierta lejanía y asume el papel de flâneur baudelariano. Con sus magníficas dotes de observación nos hace una evocación pictórica de la nueva vida de la ciudad: «Mis ideas no son quizá muy estéticas pero estoy contento de pintar estas calles de París de las que se opina a menudo que no tienen carácter. Son muy diferentes, muy modernas». La relación entre la modernización urbana de la capital francesa llevada a cabo por Napoleón III y la nueva pintura impresionista tiene su mejor demostración en esta obra.


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El bosque de Marly, 1871. Óleo sobre lienzo, 45 x 55 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Camille Pissarro.

En junio de 1871 Pissarro y Monet regresaron a Francia desde Inglaterra, su lugar de refugio durante la guerra franco-prusiana. Instalado de nuevo en Louveciennes , pintoresca localidad a orillas del Sena, no muy lejos de Port-Marly, donde en 1869 había alquilado parte de una casa del siglo xviii , Pissarro continuó pintando los efectos de luz en los caminos y bosques de los alrededores. Para este gran maestro del paisajismo, el alejamiento forzoso de sus motivos pictóricos había sido muy traumático, acrecentado por el hecho de que, en su ausencia, su casa había sido saqueada por las tropas alemanas y muchos de sus cuadros destruidos. A su regreso volvió a pintar muchos de los escenarios rurales de años anteriores, como le habían enseñado los pintores de Barbizon . Pissarro, que muy pronto se convertiría en un gran impulsor de las exposiciones impresionistas y participaría en todas ellas, se mantendría fiel al nuevo lenguaje prácticamente durante toda su vida.

Este temprano Bosque de Marly , fechado en 1871, nos muestra un camino del bosque del Château de Marly visto desde Porte du Phare, con Marly-le-Roi al fondo, en el que aparecen varias pequeñas figuras. Está pintado a base de pequeños toques de pincel con los que consigue captar las vibraciones de la luz entre las hojas de los árboles del mismo bosque que pintaría Corot un año más tarde .


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Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve, c. 1870. Óleo sobre lienzo, 46 x 55,3 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Camille Pissarro.

Entre el otoño de 1869 y el verano de 1872, Camille Pissarro pintó veintidós lienzos en los que estudiaba los efectos de la luz, las diferentes épocas del año y el movimiento en la carretera de Versalles, en Louveciennes. Él y su familia habían alquilado parte de una magnífica casa del siglo XVIII situada en esa calle. Parece ser que Claude Monet, amigo y colega suyo, que vivía en la cercana localidad de Bougival prácticamente por la misma época, pasó varios días con la familia Pissarro y pintó con él en la carretera de Versalles durante el crudo invierno de 1869-1870. En 1870 ambos se trasladarían de las afueras de París a los alrededores de Londres para ponerse a salvo de los rigores de la guerra franco-prusiana y de la Comuna francesa. Cuando Pissarro regresó a su casa, se encontró con que las tropas alemanas la habían arrasado durante el asedio de París.

Sin duda, el precioso paisaje invernal de la carretera de Versalles de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza fue pintado en el invierno de 1869-1870 y es, por lo tanto, una de las primeras obras de dicha serie de veintidós lienzos. Está directamente relacionado con un cuadro de tamaño más pequeño, ejecutado exactamente desde el mismo lugar de la carretera y que plasma una vista idéntica. Es probable que dicha obra (La carretera de Versalles (efecto de nieve), PV 72) fuera un boceto para el lienzo de la colección Thyssen; lleva la fecha de su ejecución, 1870, y ello nos obliga a situar el cuadro Thyssen, que no está fechado, también en 1870. Las razones para ello son evidentes. Para lograr la calidad de plein-air en la nieve, hay que pintar bajo unas condiciones meteorológicas muy duras. Por ello Pissarro eligió un punto de mira muy próximo a su casa, para poder entrar y salir fácilmente mientras pintaba. Además optó por plasmar sus impresiones de la fugacidad de la luz y de las condiciones atmosféricas en un lienzo de pequeño formato que serviría de modelo para un cuadro más grande que seguramente ejecutaría casi por completo en el calor del estudio. Por lo tanto, la obra de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, a pesar de su frescura, fue probablemente pintada en el estudio, a partir de una obra del natural, más pequeña y directa.

En el invierno de 1869-1870 Pissarro pintó cinco paisajes nevados de la carretera de Versalles. Es casi seguro que el temporal se produjera en enero de 1870, cuando Monet vivía en casa de Pissarro; el joven artista ejecutó tres vistas de la misma calle. Por lo tanto, existen ocho paisajes invernales de la carretera de Versalles pintados por Monet y Pissarro a principios de 1870; de entre ellos, el de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza destaca por su extraordinaria calidad. Las dos de mayor formato de esta serie son La carretera de Versalles, efecto de nieve (W 147) de Monet, que se conserva en una colección particular en Chicago, y La carretera nevada, Louveciennes (PV 142), colección particular, de Pissarro. A continuación vienen tres cuadros de Pissarro de idénticas dimensiones; de éstos, el de la colección Thyssen es el mejor desarrollado, tal vez en gran parte porque se basa en un estudio al óleo. Resulta interesante señalar que Monet pintó un paisaje de la misma calle por esos mismos días, aunque desde otro punto de vista, desde el otro lado de la calle. El lienzo, titulado Carretera, efecto invernal, atardecer, tiene casi las mismas dimensiones que el de Pissarro y en la actualidad se conserva en el Musée des Beaux Arts de Rouen.

Este grupito de óleos de Pissarro y Monet ocupan, en la historia del Impresionismo, un lugar equivalente al de la secuencia de obras, más conocida, que Renoir y Monet pintaron en el verano de 1869 en la Grenouillère, Bougival. La serie del verano resultaba difícil por la cantidad de personajes y de barcos que se veían en el agua, con la consiguiente «movilidad» del paisaje, en tanto que la secuencia de invierno planteaba problemas de frío además de las evidentes dificultades de pintar la nieve, que es un elemento reflectante y menos matérico que la pintura con la que se describe. Anteriormente Monet ya había pintado paisajes invernales en la década de 1860, por lo que estaba en cierto modo familiarizado con el tema. Pissarro había mostrado menos interés por los efectos de la luz y las condiciones atmosféricas que por las cuestiones de construcción pictórica y composición. De hecho, es probable que el entusiasmo de Monet sirviera de acicate a Pissarro para entablar una especie de duelo pictórico de una compleja transcripción del plein-air. Parece ser incluso que esta serie de veintidós óleos se inició a instancias de Monet.


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Campo de coles, Pontoise, 1873. Óleo sobre lienzo, 60 x 80 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Camille Pissarro.

Frente a las escenas de ocio burgués de Monet, Sisley y Renoir, Camille Pissarro mostró predilección por los ambientes rurales. El pueblo de Pontoise, a 35 km de París, es uno de ellos. Allí vivió Pissarro entre 1872 y 1882, y pintó más de 300 paisajes, todos ellos localizados en un área muy reducida.

Cuando Campo de coles, Pontoise fue expuesto en la primera muestra impresionista en 1874, los comentaristas criticaron la vulgaridad de las coles del primer término. Ahora bien, más allá de la importancia concedida a este motivo, la verdadera protagonista es la bruma matinal que envuelve las formas y que Pissarro capta con una técnica que se debate entre el monocromismo de Corot y la pincelada abierta impresionista. Pissarro, además, recurre a una sólida construcción a base de horizontales y verticales que le acerca a la gran tradición clásica del paisaje francés. El resultado es una obra serena en la que el tiempo parece haberse detenido.

El año de 1873 fue uno de los más importantes en la historia de la pintura francesa. Además de crearse el grupo de artistas que, en la primavera de 1874, expondrían juntos en lo que iba a ser la primera de las ocho exposiciones «impresionistas», por aquel entonces surgió una colaboración que ciertamente habría de cambiar el curso de la historia del arte. Durante todo el año, Paul Cézanne, un joven pintor provenzal, trabajó en un proyecto pictórico colectivo con Camille Pissarro, el artista de más edad de los que posteriormente se denominarían impresionistas. A lo largo de ese año, cada uno de ellos se esforzó en crear un estilo personal de paisaje a través de una continua interacción crítica. A Pissarro, que era indiscutiblemente un maestro del paisajismo, la experiencia le ofrecía la posibilidad de aquilatar el avance conseguido trabajando con Monet -en 1870 y en Inglaterra en 1870-1871-, un artista que se contaba entre los más rotundamente personales de aquella época. Y de este modo el anciano que, por derecho, tendría que haber sido el «maestro» de Cézanne, trabajó con el más joven en igualdad de términos.

Por aquella época Cézanne estaba trabajando en una serie de cuadros de rugosa textura y denso colorido de temas rurales similares, que culminaron con la famosa La casa del ahorcado (París, Musée d'Orsay) que se mostró por primera vez al público en la exposición impresionista de 1874. Aunque ninguno de ellos coincide por su tema con el de la obra de Pissarro que aquí comentamos, muchos se enfrentan a los mismos problemas pictóricos, que son innumerables. Lo que hicieron los dos artistas fue elegir motivos casi absolutamente banales y con escasa posibilidad de «éxito» pictórico. Al perseguir semejante banalidad, el artista aguanta a solas lo más recio del proceso de seducción pictórica que normalmente comparte con un tema atractivo o sugerente.

Para ejecutar la obra de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Pissarro caminó unos cinco minutos desde su casa a una zona de Pontoise conocida como «le Chou» («la Col»). Estamos probablemente en octubre o a principios de noviembre; el árbol frutal del primer término ha perdido las hojas pero muchos de los árboles de hoja caduca que se ven al fondo conservan todavía su follaje. El artista ha elegido un momento a última hora del día, cuando los rayos del sol poniente entran «en escena de frente por la derecha» proyectando sombras alargadas sobre el primer término e iluminando escasas zonas del cerro boscoso que constituye el «tema» principal del cuadro de Pissarro. Los campos de aluvión del Chou muestran un aspecto invernal, con repollos crecidos en primer término, alternando con otros productos como patatas, que ya se han arado. La luz que entra por la derecha ilumina un prado de pasto de invierno y el cielo tiene la tonalidad gris dorada de un atardecer invernal. Ha habido por lo tanto un inmenso reto pictórico a la hora de «dar vida» mediante el acto de representación a este paisaje soso y básicamente verde.

La escala y el propósito del paisaje se consiguen gracias a tres figuras. Una pequeña, de una campesina que lleva algo que acaba de recolectar y que mira de frente, obligando al espectador a adoptar un papel activo. La segunda, un campesino que se inclina en medio del campo, tal vez para arrancar nabos o, más probablemente, para recoger leña. La tercera, una mujer que no es más que una pincelada mínima de gris azulado en el bosque, justo detrás de la figura más grande, carga con unos haces de leña que ha recogido en el bosque para encender la lumbre por la noche. A diferencia de los campesinos de Millet, éstos se disimulan en las profundidades del paisaje, para que la narrativa humana no interfiera con la plácida contemplación de este atardecer otoñal en el campo.

Lo más interesante de este cuadro es su «lentitud». Las siluetas de las casas, de un tono gris violáceo, que asoman en lo alto del cerro no son las de las nuevas y acogedoras maisons de campagne pintadas por Monet, Renoir y Sisley aquel mismo año. Son las humildes moradas de los aldeanos que llevan más de mil años trabajando afanosamente estos campos. Lo único breve es la «hora del día» -el crepúsculo- y sabemos que dentro de un cuarto de hora caerá la noche, como lo lleva haciendo desde que los campesinos realizan tareas como éstas en campos como éste. No estamos ante un momento «pasajero» de la vida urbana burguesa, con sus trenes, barcos y ratos de ocio; es decir, no estamos ante un momento «impresionista». Se trata más bien de una hora del día lenta, recurrente, de la Francia profunda y, cuando contemplamos el cuadro, también nosotros reducimos nuestra velocidad.

La idea misma que subyace en esta obra y en muchas otras ejecutadas aquel invierno por Cézanne y Pissarro es que el pintor pretende plasmar la «verdad» fundamental de la apariencia y que el espectador, tanto si se trata del que acude a una exposición como del posible comprador, ha de afanarse por captar esa verdad. Nada resulta fácil -ni pintar ni contemplar- en este humilde mundo rural que evidentemente no puede atraer a la burguesía urbana para la que se han pintado las obras. E incidiendo sobre las dobles firmas de este y otros cuadros de 1873-1874, el pintor reconoce esta «dificultad», incluso casi la anuncia. Al no quedar contento con sus primeros esfuerzos, «confiesa» sus dudas trabajando una y otra vez sobre la obra hasta que, tras un nuevo asalto, señala su «conclusión» firmándola en la esquina opuesta. Suponemos que la firma en azul grisáceo, «C. Pissarro» sin fecha, que aparece en el ángulo inferior izquierdo es la primera. La segunda «1873 Pissarro», de un precioso color casi albaricoque, va precedida, no sólo por la primera inicial del artista, sino por la fecha; el color de esta firma se encuentra en este cuadro sólo en el cielo.

¿Qué incitó a Pissarro a actuar de este modo? Es posible que caminara hasta Auvers y viera a Cézanne trabajando (o que fuera al revés), y contemplara un celaje invernal parecido que «resultaba» mejor en un cuadro del joven artista. Tal vez Pissarro hubiera pasado por delante del tema una tarde y, al contemplarlo, pensara que no había conseguido plasmar el delicado y difícil efecto de la luz y por ello se pondría a trabajar de nuevo en el cielo. Nunca conoceremos exactamente su motivación; pero lo que sí sabemos, gracias a las dos firmas, es que mejoró la obra después de haberla «concluido», y con ello nos dejó la incógnita de qué fue lo que cambió y por qué lo hizo. Para los historiadores del Impresionismo sería enormemente interesante que algún museo importante reuniera estas obras con «doble fecha» que plantean dudas para que tuviéramos datos de primera mano sobre la batalla pictórica que Cézanne y Pissarro acometieron de buen grado en 1872-1874.


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Prados de Éragny, el manzano, 1894. Óleo sobre lienzo, 27,3 x 35,6 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Camille Pissarro.

En abril de 1884, Pissarro se trasladó a la pequeña población de Éragny-sur-Epte, cercana a Gisors y aproximadamente a un tercio del camino entre París y Dieppe. Durante casi veinte años sería su último hogar. La casa tenía unas dimensiones considerables, con unas tierras bastante extensas, empleadas fundamentalmente como pomares y huertos de hortalizas en lugar de jardines de flores cultivadas, y también contaban con varias dependencias, incluyendo un granero. A través de los prados se vislumbraba el serpenteante río Epte, y, en la distancia, el pequeño pueblo de Bazincourt situado en las colinas de enfrente, dominado por el chapitel de la iglesia. Era una visión idílica del campo en estado natural.

Pissarro había empezado a pintar esta vista en particular durante su primer año de residencia en Eragny. Hay tres pinturas fechadas en 1884, y el mismo motivo aparecería en otras obras a lo largo de la década, aunque le preocuparía mucho más a lo largo de la siguiente. Año a año, casi estación a estación, pintaba esta ya demasiado familiar perspectiva a través de los prados hasta Bazincourt. Las escenas invernales -incluyendo algunas de inundaciones, especialmente en 1892- forman un claro contraste con las evocaciones de primavera y de otoño, y, con menos frecuencia, con las estivales.

Los métodos de trabajo de Pissarro también variaron. Unas veces contemplaba el motivo desde la altura de la ventana de su estudio, pintándolo en lienzos de tamaño mediano y grande. Otras veces lo pintaba al aire libre y a ras de tierra, a menudo seleccionando como soporte pequeñas tablas de madera en lugar de lienzos. Sin embargo, el cuadro perteneciente a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza fue ejecutado sobre uno de estos pequeños lienzos, seguramente al aire libre, y de manera rápida y directa. Las pinceladas muestran inmediatez e irregularidad, tanto en el dramatismo del cielo como en las marcas que definen los árboles que siguen los meandros del río Epte a través de los prados. La composición presenta un sorprendente punto de partida: el manzano del primer término, colocado de forma asimétrica, angular en sus formas, aparece como una bailarina de Degas actuando con el corps de ballet entre bastidores, representados por las orillas curvadas del río.

El primer dueño registrado del cuadro fue Émile Strauss, abogado y esposo de la Sra. Geneviève Strauss, casada en primeras nupcias con el compositor Georges Bizet. Ella organizaba un salón culto en París, cuyos visitantes y admiradores incluían a Degas, Guy de Maupassant y Marcel Proust.


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El huerto en Éragny, 1896. Óleo sobre lienzo, 54,6 x 65,4 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Camille Pissarro.

Pissarro escribió a su hijo Lucien el 7 de agosto de 1896, diciéndole que había terminado cuatro cuadros de un prado, posesión de la familia, en el cercano pueblo de Éragny. Durante toda su carrera aceptó de buen grado el desafío de pintar paisajes en los que predominaban los verdes. De hecho, hasta sus primeras obras fueron calificadas de «verdes» por un pintor de la categoría de Camille Corot, que sostenía que, mientras él mismo, el artista de más edad, prefería ver la naturaleza en tonos grises y dorados, Pissarro los veía en verdes.

Esta tendencia se vio reforzada a finales de la década de 1880, cuando Pissarro trabajó intensamente como impresionista «científico» junto con George Seurat y Paul Signac y su propio hijo, Lucien, con el fin de plasmar el efecto de los intensos rayos del sol sobre el verde de la hierba. Pissarro da importancia al espacio y al carácter de la pradera de Éragny iluminada por el sol al situarse de tal modo que los distintos troncos curvados de los árboles frutales dibujan juegos visuales rítmicos con las sombras que los árboles proyectan sobre el campo. Pissarro anima esta «partida de ajedrez» de posiciones colocando estratégicamente a dos campesinas, una mujer con una cesta en medio del campo y otra, algo más atrás, que lleva una especie de hatillo de ropa al hombro. Percibimos el calor de este día en Normandía pues se diría que las hojas de los árboles cercanos y lejanos, pintadas individualmente, tiemblan bajo una leve brisa.

Varios años antes Pissarro se había cansado de las superficies meticulosamente «punteadas» del impresionismo científico; su factura se hizo más suelta y, al mismo tiempo, adoptó las lecciones cromáticas del contraste simultáneo y la intensidad cromática que practicó con mayor agudeza teórica a finales de la década de 1880. Parece ser que el cuadro de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza forma casi pareja con otro de los cuatro de esta serie, el titulado Crepúsculo en Éragny, 1896 (PV 974), de idénticas dimensiones y que representa exactamente el mismo campo con el mismo almiar, captado desde otro punto de vista y en un momento del día diferente. De hecho, estos cuatro cuadros fueron ejecutados en varios días estivales similares; uno lo empezó por la mañana (La alquería, por la mañana, Éragny, c. 1896, PV 975), dos a mediodía (El huerto en Éragny, 1896, y Bajo el nogal en Éragny, 1896, PV 976) y el cuarto al atardecer (Crepúsculo en Éragny, 1896, PV 974). En la misma carta Pissarro se quejaba del tiempo variable, motivo por el cual apenas se podía alejar del recinto de la casa y del estudio para salir al cercano campo.

Resulta interesante observar que este grupito de cuadros de tema decididamente rural, ejecutados justo después de la siega, a finales de julio o principios de agosto, supone un paréntesis en la producción de Pissarro de aquel año entre dos grupos de obras de tema claramente urbano, pintadas en Rouen, la capital de Normandía. Esta serie, creada en la primavera y principios de verano de 1896, y en el otoño de ese mismo año, incluye al menos veintiocho cuadros en los que se estudian los efectos de la luz del día y de las distintas épocas del año sobre el agua del Sena y las orillas del río en la ciudad. En muchos de ellos predominan las distintas tonalidades de «grises» por lo que tiene que haber supuesto una liberación para Pissarro lanzarse a los verdes y amarillos brillantes de su paleta para crear estos rotundos paisajes estivales que representan un contrapunto tanto cromático como iconográfico de la serie de vistas urbanas. De hecho, durante la década anterior Pissarro había pintado más de treinta lienzos de este mismo campo en las cuatro estaciones del año y en distintos formatos, tanto verticales como horizontales, creando una serie íntimamente trabada de lo que podríamos definir como paisajes personales.


Fuente: museothyssen.org / Paloma Alarcó / Richard R. Brettell / Ronald Pickvance
 




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Mensaje Re: PISSARRO 
 
Reabierta la batalla legal por un cuadro de Pisarro que cuelga en el Thyssen

Un tribunal de EE UU desbloquea la demanda de un anciano judío que asegura que la obra fue expoliada por los nazis




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Imagen de archivo de un ciudadano contemplando en el museo Thyssen de Madrid un cuadro de Pisarro reclamado en EE UU
 
Un anciano estadounidense podrá continuar su batalla legal contra el Estado español y el Museo Thyssen-Boremisza, a quienes exige que le devuelvan un cuadro que supuestamente los nazis le habrían robado a su abuela en 1939, informó ayer la prensa local. Según la decisión tomada ayer por el Noveno Circuito de Apelaciones de Los Ángeles, ahora debe ser la corte federal del distrito de Los Ángeles quien determine si Claude Cassirer, de 88 años, ha agotado todas sus opciones legales en los tribunales estadounidenses.

"Confiamos en lograrlo, pero éste es otro paso que hace que las cosas vayan más lentas, y un punto sobre el que pueden presentar apelaciones", dijo el abogado del anciano, Stuart Dunwoody, quien añadió: "Él (su cliente) espera ver justicia mientras viva".

Por su parte el museo Thyssen-Bornemisza, en una nota difundida el 10 de febrero de 2003, consideró que la petición de la obra Rue de Saint Honoré aprés-midi. Effet de Pluie (Calle de Saint Honoré por la tarde. Efecto de lluvia), pintado por el artista Camille Pissarro en 1897, era "sin fundamento".

El lienzo valorado en unos 20 millones de dólares (13,7 millones de euros) pertenecía, según señala la demanda, a la abuela de Cassirer, Lilly Cassirer Neubauer, una mujer judía que logró huir de la Alemania nazi. Según relata el escrito judicial, en su intento por obtener el visado para salir del país, "Lilly Cassirer Neubauer fue forzada a entregar el Pisarro a un perito oficial designado por los nazis". A cambio, "el perito nazi pagó una cantidad simbólica que ingresó en una cuenta bancaria congelada de la que Lilly no podía retirar fondos".

Tras la guerra, Lilly Cassirer reclamó judicialmente la obra y en 1958 el Gobierno federal alemán la reconoció como su propietaria legal y le entregó 120.000 marcos como compensación. La familia perdió la pista del cuadro hasta que su nieto y único heredero, Claude Cassirer, descubrió en 2000 que estaba expuesto en el museo madrileño Thyssen-Bornemisza, que acoge una de las colecciones privadas de pintura más importantes del mundo.

El núcleo de esta colección, formado por 775 obras, fue adquirida por el Estado español en 1993 por un importe de 42.227 millones de pesetas (unos 253 millones de euros al cambio actual). La demanda de Claude Cassirer se presentó en Los Angeles en mayo de 2005 después de años de infructuosas gestiones ante el Ministerio de Cultura español y el Museo Thyssen-Bornemisza.

Un año antes la Corte Suprema estadounidense permitió a una ciudadana de Los Ángeles, María Altmann, demandar al gobierno de Austria por 150 millones de dólares (103 millones de euros), la cantidad en la que se valoraba unos cuadros de Gustav Klimt robados por los nazis. El pasado mes de enero Altmann y otros miembros de su familia recibieron cinco obras de Klimt de manos del Estado austríaco tras una batalla legal de siete años. Se calcula que alrededor de 600.000 piezas de arte fueron saqueadas por los nazis en la Alemania de Adolf Hitler.


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: PISSARRO 
 
'Caso Odyssey'


Cambiamos tesoro por 'pissarro'

La embajada de EE UU en Madrid se ofreció a resolver el conflicto que España mantenía con la empresa de cazatesoros Odyssey por 500.000 monedas de plata.- Pidió a cambio un cuadro del Thyssen arrancado por los nazis a la familia de un ciudadano estadounidense     



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La calle Saint-Honoré después del mediodía. Efecto de lluvia (1897), obra de Camille Pissarro que se exhibe en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

En mayo de 2007, la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration anunció el hallazgo de un tesoro de 500.000 monedas de plata en un lugar indeterminado del océano Atlántico. Aunque la compañía bautizó el descubrimiento con el nombre en clave de Black Swan (Cisne Negro), los funcionarios del Ministerio de Cultura sospecharon desde un principio que tras esas dos palabras se escondía La Mercedes, un barco español hundido por la flota británica en 1804 frente a las costas del Algarve, en Portugal. A partir de ahí se inició un conflicto que todavía continúa en los juzgados y que la Embajada de Estados Unidos tuvo que tratar en varias ocasiones con España.

Un año después de que los responsables de Odyssey mostraran al mundo cientos de contenedores cargados de doblones, los diplomáticos estadounidenses decidieron lanzar una propuesta a las autoridades españolas para arreglar el problema: la embajada trataría de buscar una solución al conflicto con la compañía cazatesoros, pero a cambio pedía que el Museo Thyssen devolviera un cuadro de Pissarro arrancado por los nazis a la familia de un ciudadano estadounidense de origen judío llamado Claude Cassirer.

La propuesta se hace el 30 de junio de 2008. El embajador Aguirre se la expone al ministro César Antonio Molina de forma indirecta, en un lenguaje muy diplomático, según da cuenta el redactor del cable enviado al Departamento de Estado: "El embajador señaló que, si bien los casos de Odyssey y Cassirer son diferentes temas legales, es interés de ambos Gobiernos hacer uso de cualquier margen de maniobra que sea posible para resolver los dos asuntos de una manera que favorezca las relaciones bilaterales entre ambos países".

Molina capta la idea pero la rechaza. Así se relata en el telegrama: "El ministro escuchó atentamente el mensaje del embajador pero subrayó el hecho de que son casos distintos. Dijo que ningún Gobierno español podría devolver el cuadro sin una decisión judicial".

Las dos historias, la de Odyssey y la del cuadro de Pissarro, ocupan varios cables que la Embajada en Madrid envía a Estados Unidos. El primer caso se había convertido ya en un dolor de cabeza para los responsables del Ministerio de Cultura, que insistían en obtener de la embajada pruebas de que la importación del tesoro se había hecho ilegalmente. "Consideramos que la información facilitada podría probar que los materiales en cuestión fueron sacados de un barco de guerra de la Armada Española del siglo XIX y que pertenecen al Tesoro de España", asegura una nota del ministerio traducida por la embajada en un cable del 10 de octubre de 2007.

El cuadro de Pissarro

La otra historia, la del cuadro de Pissarro, se remonta a 1897. El pintor francés plasma en un lienzo el efecto de la lluvia sobre el pavimento parisiense de la Calle Saint Honoré a mediodía (Rue Saint Honoré aprê-midi). No se sabe cómo, ese cuadro llega a la sala de estar de Lily Cassirer, en su casa de Múnich. En 1939, más de 78.000 judíos abandonan Alemania. Los nazis les confiscan objetos de valor o bien los compran por muy poco dinero a cambio de salvoconductos para salir del país. El cuadro de Pissarro, vendido a un marchante de arte del partido nazi por 900 marcos, es la llave para que Lily Cassirer se marche hacia Inglaterra. La Gestapo subastó la pintura en 1943. En 1958, el Gobierno alemán indemnizó a Lily con 60.000 euros y la reconoció como propietaria legítima. La mujer murió con el dinero pero sin recuperar el cuadro. En 1975, el pissarro reaparece en la galería Stephen Hahn de Nueva York. El barón Thyssen-Bornemisza se hace con él y en 1992, con la apertura del Museo Thyssen, el óleo se expone por primera vez en Madrid. Al año siguiente, la obra es adquirida por la fundación del mismo nombre, constituida por el Estado español y la familia Thyssen-Bornemisza, que recibió 327 millones de dólares para que la colección pasase a formar parte del Estado.

En el año 2000, Claude Cassirer, nieto de Lily, se entera de que el cuadro que estaba en la salita de su abuela se exponía en una de las pinacotecas más importantes del mundo. Cassirer, activista político y vinculado al Partido Demócrata, empieza a mover sus hilos en 2001. Su primera petición es a la ministra de Educación, Cultura y Deportes, Pilar del Castillo. En julio de 2003, cinco congresistas estadounidenses escriben a la ministra solicitando la devolución del cuadro a su propietario original.

A partir de entonces, no hay ministro al que la Embajada no le mencione la historia del pissarro. Cables de la Embajada de Estados Unidos en Madrid (del año 2005 al 2009) así lo demuestran. El asunto se convierte en uno de los temas más repetidos en las reuniones de los embajadores con los responsables del Gobierno español. En 2005, el embajador O'Donnell, enviado especial para asuntos del Holocausto, se reúne con Ana Salomon Pérez, embajadora en misión especial para las relaciones con la comunidad y organizaciones judías. "Salomon dice que el Gobierno ha hablado con el museo sobre este tema y aventura que no se resolverá fácilmente", asegura el despacho del 17 de julio 2005. Ese mismo año, O'Donnell se reúne con la ministra de entonces, Carmen Calvo. La ministra explica que, aunque el Gobierno tiene la responsabilidad sobre el patrimonio de la Fundación Thyssen, no puede tomar ninguna decisión unilateral. Ese mismo cable, del 18 de noviembre de 2005, concluye con esta frase: "La embajada seguirá presionando al Gobierno español en la conveniencia de que la Fundación se reúna con la familia para resolver la reclamación".

Así lo hacen los diplomáticos estadounidenses, que no desaprovechan ninguna ocasión para tratar de convencer al Gobierno español. En febrero de 2008, la embajada emite un despacho dirigido al senador Joseph Lieberman, candidato a vicepresidente del partido demócrata en las elecciones que Al Gore perdió frente a George W. Bush, en 2000, y que prepara entonces una visita a España. "Durante su conversación con la embajadora Ana Salomon, quizás quiera usted mencionar el asunto de la reclamación de Claude Cassirer por el cuadro de Camille Pissarro, ahora en el Thyssen", sugieren los diplomáticos en el telegrama de 2 de enero de 2008.

Voluntad de reunirse

Meses después, el embajador Aguirre sugiere a César Antonio Molina solucionar el caso Odyssey a cambio del pissarro. Lo único que consigue de Molina es la "voluntad de reunirse con Cassirer". "Le recordaremos su compromiso", concluye otro cable el 2 de julio de 2008.

La siguiente reunión es con la ministra Ángeles González Sinde en febrero de 2010. En esta ocasión es el embajador Alan D. Solomont el que vuelve a sacar el tema. Esta vez, el diplomático no solo sugiere que se llegue a una solución amistosa, sino que además informa a la ministra de que el reclamante ha recurrido a los tribunales de Estados Unidos para conseguir su objetivo. La ministra vuelve con la misma razón aportada por sus predecesores, que no se puede hacer nada sin la orden de un juez, y propone "hacer gestos a la familia y a la comunidad judía en Los Ángeles, como por ejemplo organizar y financiar un viaje a España para promover intercambios culturales al mismo tiempo que homenajear a la familia Cassirer". El embajador sugiere entonces que "el Gobierno intente encontrar soluciones creativas".

Esas soluciones no han llegado. Y si lo hacen ya será tarde para Claude Cassirer. El fotógrafo, que sobrevivió a los campos concentración durante la Segunda Guerra Mundial y dio clases a los niños sobre el Holocausto, murió el 25 de septiembre de 2010. Antes de morir salió en los periódicos, cuando se supo que el tribunal de apelaciones de Los Ángeles le había concedido el derecho a reclamar contra el Estado español. Su hijo, David Cassirer, es quien lucha ahora por poseer ese mediodía lluvioso que estaba en la pared de la salita de estar de su bisabuela.

elpais.com


 

Triste que se utilice una obra de arte como moneda de cambio para resolver el conflicto con los piratas del Odyssey... y más cuando ya hay sentencia favorable a España.
 




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Mensaje Re: PISSARRO 
 
EL PADRE DEL IMPRESIONISMO


Pissarro, primera gran cita en España.



La muestra monográfica incluye 79 obras

El Museo Thyssen restaura la memoria del pintor impresionista, maestro de Monet o Cézanne




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Dos visitantes contemplan el cuadro 'Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia'. / Luis Sevillano

VÍDEO. El director artístico del Museo Thyssen, Guillermo Solana, explica la muestra sobre este artista

No es común contemplar con tanta nitidez ese momento estelar que marca el paso de lo viejo a lo nuevo; de lo anterior a lo siguiente; de lo que fue a lo que será. El milagro de la evolución pictórica se obra ante los ojos del visitante en la exposición Pissarro, que el Museo Thyssen inaugura el martes (hasta el 15 septiembre) y que luego se trasladará a CaixaForum, en Barcelona, en la distancia que media entre los lienzos Orillas del Oise, Pontoise (1867) y Louveciennes(1870). Es el fabuloso tránsito entre el notable intérprete de las enseñanzas de Corot, Courbet o Dauvigny al temprano apóstol de la revolución impresionista. Las pinceladas se desmenuzan, la luz se vuelve espaciosa, los colores se expanden hacia nuevas dimensiones.

Camille Pissarro (Santo Tomás, Antillas, 1830-París, 1903) nunca abandonaría ese credo. Tampoco dejaría atrás a aquellos muchachos (Monet, Cézanne, Gauguin, Renoir), compañeros de caballete nacidos una década después que él y con vivencias tan distintas a las suyas: Pissarro, hijo de padre judío y madre criolla, nació en ultramar y aprendió a pintar en París y en Venezuela, antes de entregarse a la vida rural solo interrumpida por la agitación urbana cuando ya no quedó más remedio.

Con ellos (y con otros, como Van Gogh) ejercería de padre y de hermano mayor, de amigo y de aglutinador de voluntades. Fue maestro, pero también discípulo. De Monet, claro, con quien empezó a ver la realidad de otra manera en Louveciennes, y de Cézanne, cuyas composiciones geométricas se deslizan entre las pinceladas de El camino de Ennery (1874), el único prestado por el Museo D’Orsay de los 79 cuadros incluidos en la muestra del Thyssen (que aporta seis obras), la primera consagrada al artista en España.

Dice mucho de su buen talante (transparentado en el epistolario mantenido con su hijo Lucien, recientemente rescatado por la jovencísima editorial La Micro) el hecho de que fuera el único de los nuevos cachorros de la pintura moderna que participó en las ocho exposiciones impresionistas, celebradas entre 1874 y 1886. Redactó, además, los estatutos de la cooperativa con la que el grupo amagó con emanciparse del mercado, más o menos cuando la crisis ahogó a Francia durante la guerra prusiana, en los años setenta del siglo XIX.

No es común contemplar con tal nitidez el paso de lo viejo a lo nuevo

Antes de que sus más destacados miembros se convirtieran en verdaderas máquinas de hacer dinero en vida, y mucho antes de que, en muerte, el solo recurso a su marchamo convierta, como saben bien en el Thyssen, cualquier exposición impresionista en un acontecimiento social.

Guillermo Solana, director artístico de la fundación, que aquí dobla como comisario, ayudado por Paula Luengo, ha sorteado cuidadosamente la tentación de emplear la palabra mágica que conjura a las masas: la muestra se llama Pissarro a secas y no, pongamos por caso, Pissarro, el primer impresionista. “Creo en los nombres instantáneamente reconocibles, y este lo es”, aseguraba la semana pasada en mitad del montaje de la muestra Solana, a quien algunos afearon que titulase Impresionismo y aire libre una reciente muestra sobre paisajismo con un arco temporal ciertamente más amplio.

No es la única turbulencia que agita la tranquilidad de los caminos, gran tema de Pissarro, de esta sensacional muestra. Una de las vistas urbanas del recorrido, Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia (1897), propiedad de la colección Thyssen, y por lo tanto, del Reino español, está en el centro de una reclamación de los descendientes de Lilly Cassirer Neubauer, abuela de Claude Cassirer, fotógrafo ya fallecido, quien en 2005 demandó al museo madrileño la devolución del cuadro, valorado en 13,7 millones.

Se expone el cuadro que demandan los herederos de una anciana judía

Lilly Cassirer, judía que logró huir de la Alemania nazi, se vio forzada a deshacerse de la obra para obtener un visado con el que poder salir del país. Tras la guerra, reclamó judicialmente el lienzo y en 1958 el Gobierno federal alemán la reconoció como su propietaria legal. Le fueron entregados 120.000 marcos en compensación.

El actual litigio llegó a un punto y aparte en mayo de 2012, cuando la reclamación fue desestimada por un juzgado de California. Ante esa decisión aún cabe recurso. El cuadro de la discordia se sitúa hacia el final de la muestra, que Solana ha organizado atendiendo a criterios espaciales y cronológicos, que, después de todo, son los más imparciales.

Una paleta que dejó de ser herramienta para convertirse en obra de arte da la bienvenida, junto a un autorretrato del año de su muerte, a un viaje por el siglo XIX francés, de Louveciennes, Pontoise o Éragny, quintaesencia de las somnolientas provincias adoradas por Pissarro, atento entomólogo de la vida campesina, a la agitación de París o la belleza industrial de Rouen o Le Havre.


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Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen y comisario de la exposición 'Pissarro', delante de un cuadro del artista impresionista. / Luis Sevillano

“Hay un cambio fundamental entre el artista del agro y el de la ciudad, adonde se mudó cuando una infección ocular le obligó a dejar de pintar al aire libre”, aclara Solana. La contemplación del mundo desde la habitación de un hotel a través de una ventana, acentúa la melancolía del tardío Pissarro hasta difuminarla en las brumas que asoman en vistas como la que inmortalizó sobre el puente de Charing Cross. Con la idea del campo en el recuerdo, a lo lejos, el visitante creería ver asomarse el siglo XX, con sus vanguardias feroces y su voraz pulsión autodestructiva.

  
    
Gran monográfica de Pissarro en España. Una selección de los mejores cuadros


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El artista se pintó en este 'Autorretrato' en 1903, el año de su muerte. La muestra en la pinacoteca madrileña traza un recorrido cronológico por los lugares en los que Pissarro residió y trabajó, campestres y ciudades. / Tate, Londres: donación de Lucien Pissarro, hijo del artista


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'Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve' (1870). Este óleo de 46 x 55,3 centímetros pertenece a la colección Carmen Thyssen‐Bornemisza. Los caminos son un tema clave en los paisajes que pintó Camille Pissarro (1830-1903).


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'Louveciennes, camino des Creux. Louveciennes, nieve' (1872), una de las obras de esta muestra comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Thyssen. / Museum Folkwang, Essen


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Pissarro fue el único pintor que participó en las ocho exposiciones que organizaron los impresionistas, desde 1874 hasta 1886, todas con polémica y que generaban gran expectación. En la imagen, 'Sendero de la Ravinière, Osny' (1883). / Musée des Beaux‐Arts, Valenciennes


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Con esta muestra que incluye cuadros como 'La forrajera' (1884), el Thyssen se "propone restaurar la reputación de Pissarro" como maestro "de los pioneros del arte moderno". / Colección Pérez‐Simón, México


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El único bodegón de la muestra es este 'Florero de peonías y celindas' (1877), una de las obras que Guillermo Solana califica de "extraordinarias". / Van Gogh Museum, Ámsterdam (donación de la Sara Lee Corporation)


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'Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia' (1897), óleo de 81 x 65 cm., propiedad del Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

‘Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia’, una estrella a su pesar. Esta obra de Pissarro es objeto de una demanda por una familia de origen judío.

Camille Pissarro pintó Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia durante el invierno de 1897. Lo hizo desde la ventana de su habitación en el hotel de la plaza del Théâtre Français. La obra forma parte de una serie de quince en la que tres pinturas se centran expresamente en Saint-Honoré. La bulliciosa escena está tomada a primera hora de la tarde y sobre el asfalto se ven varios coches tirados por caballos y numerosos paseantes con sus paraguas abiertos.

El cuadro es uno de los más bellos pintados por Pissarro. Pero no todo el mundo se fijará en él por su fascinante atmósfera. El morbo sobre su origen lo convertirá, sin duda en una de las grandes estrellas de la muestra.

Conscientes de ese interés extra artístico, la dirección del Museo Thyssen ha recordado en una nota que Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia es propiedad del Estado español "en virtud del contrato de compraventa de la Colección Thyssen-Bornemisza celebrado el 21 de junio de 1993 con Favorita Trustees Limited, titular legítima de la obra, adquirida por el barón Thyssen-Bornemisza en una galería de Nueva York. La fundación es, por lo tanto, según el derecho civil español, la única y legítima propietaria de la obra, según ha sido ratificado por la Abogacía General del Estado".

La demanda fue presentada en 2005 por el fotógrafo Claude Cassirer, quien en 2000 descubrió que el cuadro se encontraba en la pinacoteca madrileña. Cassirer, que falleció en septiembre de 2010 a los 89 años, recurrió a los tribunales californianos para exigir a la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza y al Reino de España que le entregaran el preciado pissarro, valorado en 13,7 millones de euros. Al morir, sus herederos decidieron mantener el caso abierto, en el que se afirmaba que la obra perteneció a Lilly Cassirer Neubauer, abuela de Claude Cassirer, una judía que logró huir de la Alemania nazi y se vio forzada a deshacerse del cuadro en su intento por conseguir el visado para salir del país. Tras la guerra, Lilly Cassirer reclamó judicialmente la obra y en 1958 el Gobierno federal alemán la reconoció como su propietaria legal y le entregó 120.000 marcos como compensación.

En mayo de 2012, la reclamación fue desestimada. La sentencia declaró inconstitucional la ley dictada por el Estado de California para ampliar retroactivamente el plazo para la interposición de este tipo de reclamaciones. La familia Cassirer ha recurrido esa sentencia, por lo que el archivo del procedimiento no es definitivo. No obstante, el Thyssen considera que la resolución del juzgado está sólidamente fundada en la jurisprudencia aplicable de los tribunales norteamericanos, y es improbable su revocación. "Sin perjuicio de lo anterior", concluye la nota "y sea cual sea el desenlace de ese recurso, la Fundación considera que es la legítima propietaria del cuadro, y su oposición a la demanda de la familia Cassirer está también plenamente justificada por motivos de fondo".

El museo posee dos obras de Pissarro: Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia (1897) y El bosque de Marly (1871). Además, Carmen Thyssen es dueña de cuatro: Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve (1870), Campo de coles, Pontoise (1873), Prados de Éragny, el manzano (1894) y El huerto en Éragny (1896). Todos ellos están incluidos en la exposición.


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El óleo 'La paleta del artista con paisaje' (1878), en la que el artista pintó una escena campestre con los colores del arcoíris, recibe a los visitantes de la exposición 'Pissarro' en el Museo Thyssen. (Sterling and Francine Clark Art Institute, Williamstown, Massachusetts, EE UU)


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'El camino de Ennery' (1874), un ejemplo de composición a base de triángulos. Pissarro, aglutinador de los impresionistas, se encargó de redactar los estatutos de la cooperativa de estos artistas que dio paso a las célebres exposiciones del grupo. / Musée d'Orsay, París. Donación de Max y Rosy Kaganovitch, 1973


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'El antiguo camino de Ennery, Pontoise' (1877). En los caminos que pintó Pissarro es frecuente la presencia de caminantes, campesinos, gentes que recorren los senderos. / National Gallery de Canadá, Ottawa, donación de Nahum y Sheila Gelber, Montreal, 1997


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Este es uno de los paisajes que no pintó de tierras francesas: 'El puente de Charing Cross, Londres' (1890). En los últimos años de su vida trasladó el foco del campo a las ciudades. El artista fue llamado "decano" o "patriarca" por los otros componentes del grupo impresionista. / National Gallery of Art, Washington, Colección de Mr y Mrs Paul Mellon


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'El Anse des Pilotes, Le Havre por la mañana, día nublado y niebla' (1903). En julio de ese año Pissarro pintó su última serie, dedicada al puerto de Le Havre, el mismo al que había arribado medio siglo antes en un vapor que venía de América. / Tate; donación de Lucien Pissarro, hijo del artista


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'Orillas del Marne', de 1864. La exposición 'Pissarro' será uno de los atractivos del verano cultural en Madrid. Estará en el Thyssen del 4 de junio al 15 de septiembre. Después recalará en el CaixaForum de Barcelona del 15 de octubre de este año al 13 de enero de 2014. / Préstamo de Glasgow Life (Glasgow Museums) en nombre del Glasgow City Council. Donación de los Trustees of the Hamilton Bequest



Enlaces interesantes


Pissarro, patriarca del impresionismo

Todo Pissarro en 140 caracteres



Fuente: elpais.com
 




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Mensaje Re: PISSARRO 
 
Pissarro, Picasso y van Gogh, baten récord en la sala de subastas Sotheby's


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Composición con Minotauro

El mercado del arte no da respiro. Acumula récord tras récord. El último corresponde a Picasso. La sala de subastas Sotheby’s remató anoche en Londres Composition au Minotaure (imagen de apertura) por 10,4 millones de libras (12,5 millones de euros). El precio más alto alcanzado nunca por una obra sobre papel del genio malagueño. La pieza, una pequeña (50,2 x 65,2 cm) aguada, procede de la colección del mítico marchante Jan Krugier y el artista la concluyó el 9 de mayo de 1936. Poco antes del estallido de la Guerra Civil en España.

La obra partía con un precio inicial de 1.800.000 libras (2.171.500 euros) y la sala había estimado un tope de 2.500.000 (3.015.970 euros). Se quedó muy corta. En una frenética puja, más de media docena de compradores intentaron hacerse con el papel. Se desconoce quién se llevó el gato al agua del picasso pero, desde luego, demuestra la avidez que hay en el mercado por piezas de gran calidad.


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El dibujo Loco (Calabozo), de Francisco de Goya, se remató por 2.261.380 euros.

De este interés también puede dar cuenta Goya. La casa de pujas vendió el soberbio dibujo Loco (Calabozo) por 1.874.500 libras (2.261.380 euros), cuando su precio de salida era de 600.000 libras (723.800 euros). El papel, bastante pequeño (19,1 x 14,6 cm), no fue el único goya que remató el experimentado Henry Wyndham, presidente de Sotheby’s en Europa. También encontraron acomodo otros dos dibujos: Visiones (581.000 euros) y Joven vestida de blanco cayendo al suelo (653.863 euros).


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Pisarro. Dos empleados de Sotheby's sostienen el cuadro Le Boulevard Montmartre, Matinée de Printemps, que se ha convertido en la obra más cara (23,7 millones de euros) del pintor francés Camille Pissarro.

En una noche en la que Sotheby´s logró sumar las ventas más altas de su historia (197,2 millones de euros) en su sala londinense, hubo más momentos de alegría. Le Boulevard Montmartre, Matinée de Printemps se convirtió en la obra más cara vendida en subasta de Camille Pissarro. El óleo fue adjudicado en 19,7 millones de libras (23,7 millones de euros), unas cinco veces más que el anterior récord del artista. También encontró unos buenos números el lienzo de Vincent  van Gogh L’Homme est en mer, que tras una intensísima puja se cerró en 16,9 millones de libras (20,3 millones de euros). Partía en seis millones.

Los días de vino y rosas del mercado del arte parecen no tener fin.


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Una mujer contempla 'L'Homme est en mer', de Vincent van Gogh, adjudicado por 20,3 millones de euros.



Por: Miguel Ángel García Vega / 06 de febrero de 2014 / elpais.com
 




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Mensaje Re: PISSARRO, Camille 
 
El Museo Thyssen no devolverá el 'pissarro' expoliado por los nazis


Un tribunal desestima la demanda de una familia judía que pretendía recuperar su cuadro



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El cuadro 'Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia' (1897), que reclama la familia Cassirer y que forma parte de la colección del Museo Thyssen-Bornemisza. / CRISTÓBAL MANUEL

El Museo Thyssen-Bornemisza parece que ha ganado la batalla final. Tras diez años de litigio, un juez federal de Los Ángeles ha desestimado una demanda que pretendía recuperar una pintura del maestro impresionista Camille Pissarro, Rue St. Honoré, aprés-midi. Effet de pluie (Calle St. Honoré por la tarde. Efecto de lluvia), que desde finales de 1992 cuelga en las paredes de la institución madrileña.

La obra, fechada en 1897, perteneció en su día a Lilly Cassirer, una acaudalada mujer judía que se vio obligada a desprenderse de la tela en 1939 por una cantidad ínfima (360 dólares) para conseguir un visado que la sacara del país y huir de una muerte casi segura en algún campo de concentración nazi.

El cuadro fue adquirido en 1976 por el Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y casi tres décadas después, en 2000, fue descubierto por casualidad en la primera planta del museo por Claude Cassirer, nieto de Lilly. Cinco años más tarde, la familia demandaba en los tribunales californianos a España y al museo exigiendo su restitución. Entonces, contaron su historia.

Tras la guerra, así lo explicó la agencia EFE en su día, Lilly Cassirer reclamó por vía judicial la obra de Pissarro y en 1958 el Gobierno federal alemán la reconoció como su propietaria legal y le entregó una compensación de 120.000 marcos.

Hasta 2002, en California, siguiendo el relato que difundió la agencia española, la ley establecía la prescripción de supuestos delitos relacionados con obras artísticas en tres años desde el hallazgo de la pieza y, a partir de ese año, se cambió la norma para los supuestos que guardaban relación con el Holocausto, de tal forma que se amplió el plazo hasta el final de 2010. Ese año, la Corte Novena del Circuito Federal de Apelaciones en California consideró que dicho Estado se había extralimitado al legislar un asunto vinculado con las relaciones internacionales, algo que es competencia exclusiva de la autoridad federal. En 2011, los cargos contra España se desestimaron. Antes, en septiembre de 2010, había fallecido, a los 89 años, Claude Cassirer, quedando la reclamación en manos de sus herederos. Sobre todo, David y Ava Cassirer. A lo que se sumó el apoyo económico de la United Jewish Federation del condado de San Diego. No hay que olvidar que un litigio de estas características puede superar en costes legales el millón de dólares. Sin embargo, la disputa merece la pena en lo moral y en lo económico. El pissarro está asegurado en unos nueve millones de euros, pero dada la bonanza del mercado del arte es bastante fácil que en subasta duplique ese precio.

En 2013, en una sentencia inesperada, el caso se reabrió y volvió a ponerse sobre la mesa. Ahora el juez estadounidense John F. Walter hace suyas casi todas las alegaciones que en su tiempo presentaron los representantes legales del Museo Thyssen-Bornemisza, que básicamente se fundamentan en que Lilly ya fue compensada en su día por el Estado alemán con 120.000 marcos y que este caso debe dirimirse bajo la legislación y los tribunales españoles. Estados Unidos no puede ser un juez universal.

De todas formas, Evelio Acevedo, gerente de la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, ha contado en The New York Times que el museo está estudiando algún tipo de “reconocimiento moral” de las circunstancias en las que la obra fue expoliada (algo que nadie discute). La opción podría ser una placa próxima al cuadro que explique el origen y la triste historia de la pieza.

Pese a que las posibilidades de recuperar el cuadro son casi nulas, la familia Cassirer ha comentado que recurrirá la sentencia. En declaraciones al rotativo estadounidense, Laura Brill, abogada de los demandantes, sostiene que “los museos y los gobiernos de todo el mundo reconocen la necesidad de devolver el arte expoliado por los nazis a sus legítimos dueños”. Y añade: “Aquí nadie discute que el pissarro era propiedad de los Cassirer hasta que fue robado por los nazis en 1939”. Argumentos que no han servido para poner en duda que realmente la legítima propiedad de la obra corresponde a la Fundación Thyssen. El pissarro se queda en España.    


elpais.com



 

Parece que la demanda no prospera... Un tribunal estadounidense desestima la demanda de una familia judía que pretendía recuperar su cuadro. El Museo Thyssen no devolverá el 'pissarro' expoliado por los nazis, pues en día ya compensó Alemania a los propietarios. Por tanto los supuestos herederos no tienen nada que reclamar, y confirman que el barón Thyssen-Bornemisza compró la obra legalmente, después de pasar por varios propietarios.
 




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