Home    Forum    Search    FAQ    Register    Log in
Message From The Staff



Normas de la Secci�n 
En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Españoles. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


Post new topic  Reply to topic 
Page 1 of 1
 
 
ESQUIVEL, Antonio María
Author Message
Reply with quote   Download Post  
Post ESQUIVEL, Antonio María 
 
Este trabajo está dedicado al gran pintor sevillano del siglo XIX Antonio María Esquivel. Fue un pintor especializado en temas románticos y retratos, que realizó con destacado detallismo y apreciable técnica.

Gran admirador de Murillo, también fue un intelectual, llegando a ser profesor de Anatomía, especialidad que aplicó para aplicarla a la pintura.


 antonio_maria_esquivel_portrait

Autorretrato realizado en 1847 y expuesto en el Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina (*Sevilla; 8 de marzo de 1806 - † Madrid; 9 de abril de 1857), pintor español especializado en temas románticos y retratos, que realizó con destacado detallismo y apreciable técnica.

Nació en Sevilla en 1806 . Comenzó los estudios de pintura en la Academia de Bellas Artes de Sevilla. Se educo en técnica pictórica, retratos y detallismo al estilo de Esteban Murillo. A partir de 1831, se trasladó a Madrid, donde concursó en la Academia de San Fernando, siendo nombrado académico de mérito. En contacto con el ambiente intectual madrileño de esos años, participó activamente en la fundación del Liceo Artístico y Literario en 1837, donde daría clases de Anatomía, asignatura que impartiría más tarde en la Academia de San Fernando.

En 1839, ya en Sevilla sufrió una enfermedad que le dejó prácticamente ciego, recibiendo entonces el apoyo de sus compañeros y amigos, movilizados por el Liceo para ayudar al artista. Felizmente en 1840 sanó y recuperó la visión.

Como reconocimientos oficiales, recibió la placa del Sitio de Cádiz y la Cruz de Comendador de la Orden de Isabel la Católica.

En 1843 Esquivel, es nombrado Pintor de Cámara y en 1847 académico de San Fernando, siendo además miembro fundador de la Sociedad Protectora de Bellas Artes.

Como teórico de la pintura, redactó un Tratado de Anatomía Pictórica, cuyo original se guarda en el Museo del Prado. Falleció en Madrid en 1857.

Sus hijos Carlos María y Vicente también fueron pintores.


 80el_nacimiento_de_venus_de_antonio_mar_a_esquivel_1469807113_525669

Antonio María Esquivel - Nacimiento de Venus, 1842. Óleo sobre lienzo, 184 x 110 cm. Museo del Prado.


Obras destacadas

    - Retrato de Capitán General Juan Ruiz de Apodaca, 1834. Museo Naval, Madrid.
    - Venus anadiomene, 1838. Colección particular.
    - Nacimiento de Venus, 1842. Museo del Prado, Madrid.
    - Una lectura de Ventura de la Vega, 1845. Museo Romántico, Madrid.
    - Los poetas Contemporáneos o Lectura de José Zorrilla en el estudio del pintor, 1846. Museo del Prado, Madrid.[1]
    - Retrato de Rafaela Flores Calderón, 1846. Museo del Prado, Madrid.
    - Retratro ecuestre del General Prim. Museo Romántico, Madrid.
    - La Campana de Huesca, 1850. Museo de Bellas Artes, Sevilla.
    - José y la mujer de Putifar, 1854. Museo de Bellas Artes, Sevilla.

En 2006, la Academia de Bellas Artes de Sevilla, en colaboración con la Fundación El Monte, realizó una muestra con 17 lienzos y dos dibujos, que compendian la obra de Esquivel.

Espero que esta recopilación realizada de Esquivel, guste a los visitantes de esta sección del foro de xerbar.







Algunas obras



 01_1476899346_131126
 
'Raimundo Roberto y Fernando José, hijos de S.A.R. la infanta Josefa Fernanda de Borbón'. Museo del Prado. Obra de Antonio María Esquivel


 406px_esquivel_retrato_c_pomar

«Retrato del niño Carlos Pomar Margrand», 1851. Óleo en lienzo de 125 cm x 92 cm.  Museo de Bellas Artes, Sevilla. Obra de Antonio María Esquivel


 5antonio_maria_esquivel_001

«Retrato de dama con abanico». 1852. Obra de Antonio María Esquivel


 6antonio_mar_a_esquivel_portrait_of_a_gentleman_google_art_project

«Retrato de caballero». 1835. Obra de Antonio María Esquivel


 7_retrato_de_manuel_m_guti_rrez_1834_obra_de_antonio_mar_a_esquivel

«Retrato de Manuel Mª Gutiérrez ». 1834. Obra de Antonio María Esquivel


 8baldomero_espartero

Baldomero Espartero. Retrato del militar español Baldomero Espartero que se encuentra en el Consistorio hispalense. El cuadro fue encargado por el alcalde Ignacio Vázquez y Gutiérrez, que simpatizaba con Espartero. Fue adquirido por el Ayuntamiento de Sevilla en 1841. Obra de Antonio María Esquivel


 9retrato_de_barbara_lamadrid_1837_obra_de_antonio_mar_a_esquivel

Retrato de Barbara Lamadrid. 1837. Obra de Antonio María Esquivel


 17retrato_de_una_dama

Portrait of a lady, 1850. Oil on canvas, 121 x 98 cm. Obra de Antonio María Esquivel


 10juan_ruiz_de_apodaca

Retrato de Juan Ruiz de Apodaca. 1834. Obra de Antonio María Esquivel


 16retrato_de_pedro_sainz_de_andino_banco_de_espa_a

Retrato de Pedro Sainz de Andino (Banco de España). Obra de Antonio María Esquivel


 11jos_de_espronceda

José de Espronceda. 1842-46. Obra de Antonio María Esquivel


 13la_bailaora_josefa_vargas_1840

La bailaora Josefa Vargas (1840). Obra de Antonio María Esquivel


 14maria_luisa_di_borbone_parma_1802_1857

Maria Luisa de Borbón y Parma, c. 1834. Obra de Antonio María Esquivel


 15rafaela_flores_calder_n_1846

Rafaela Flores Calderón (1846). Obra de Antonio María Esquivel


 12_jos_y_la_mujer_de_putifar_de_antonio_mar_a_esquivel

José y la mujer de Putifar. 1834. Muséede Bellas Artes de Sévilla. Obra de Antonio María Esquivel


 img_12761

Carlos V en Yuste por Antonio María Esquivel. Catedral de Segovia


No tengo imagen

La campana de Huesca. Antonio María Esquivel. Cuenta la tradición que el rey de Aragón Ramiro II el Monje (1134-1137), al ganar la guerra que mantenía con algunos nobles rebeldes, ejecutó y posteriormente colgó la cabeza de sus enemigos de la campana de la catedral de Huesca como escarmiento. El cuadro historicista de Antonio María Esquivel La campana de Huesca (Museo Provincial de Bellas Artes, Sevilla), de mediados del siglo XIX, está basado en este supuesto hecho



El nacimiento de Venus, de Antonio María Esquivel


 80el_nacimiento_de_venus_de_antonio_mar_a_esquivel

Nacimiento de Venus, 1842. Óleo sobre lienzo, 184 x 110 cm. Museo del Prado. Obra de Antonio María Esquivel.

Con la adquisición de este lienzo, los fondos del Prado se enriquecen con el que probablemente sea el mejor desnudo femenino del Romanticismo español y una de las obras más exquisitas salidas nunca de los pinceles de su autor.

Este espléndido lienzo probablemente sea el mejor desnudo femenino del Romanticismo español y una de las obras más exquisitas salidas nunca de los pinceles de su autor. En efecto, en la pintura de ese periodo en España es llamativamente escasa la presencia de desnudos femeninos, relegados casi siempre, y aún de forma muy escueta, a los cuadros de majas de cuerpos más o menos voluptuosos, interpretados con una visión castiza y marcadamente erótica, de la que participaron artistas como Eugenio Lucas o el sevillano José Gutiérrez de la Vega (1791-1865), estricto contemporáneo y condiscípulo de Esquivel. Mucho más raros son aun los desnudos de mujer interpretados a través de una iconografía mitológica, como manifestación de una formación erudita y un poso intelectual del que participaron muy pocos pintores románticos hispanos. Excepción clamorosa de este panorama es la figura de Esquivel, quien a lo largo de toda su carrera mostró un especialísimo interés y complacencia en el desnudo femenino, en el que se prodigó sobre todo a través de sus pinturas de argumento religioso, como José y la mujer de Putifar o La casta Susana, entre otros, e incluso en obras de carácter manifiestamente sensual.

El cuadro representa la delicadísima figura de Venus, diosa del amor y la belleza, nacida de las espumas del mar, que surge de las aguas sobre una gran venera sujeta por náyades con algas sobre sus cabezas. Mira con gesto sereno y levemente melancólico al espectador mientras se cubre pudorosamente el sexo con un velo transparente que sujeta con la mano derecha y que flota a su espalda movido por el viento, mientras que con la otra se oculta el pecho. Como resulta evidente, Esquivel concibe su composición con una clara intención erudita, al inspirarse directamente para la figura de la diosa en el modelo de la Venus púdica o Venus Médicis de la estatuaria clásica. Su formato, marcadamente vertical, que subraya claramente el protagonismo exclusivo de la figura en pie frente a las criaturas marinas de piel cetrina que la acompañan emergentes de las aguas, es también muy característico de la pintura de Esquivel, que lo utilizará en otros lienzos de composición y envergadura semejantes, como el David triunfante.

Al parecer, Esquivel realizó este lienzo por encargo de un señor Balmaseda, de Sevilla, exponiéndose el mismo año en que se pintó en la Academia de San Fernando y al año siguiente en el Museo de Sevilla. Pasó luego a poder de los condes de Santamarca hasta que, legada después la colección a una comunidad religiosa, fuera vendida en 1942 junto con otros cuadros de desnudos (Texto extractado de Díez, J. L. en: El siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 147-150).



 ventura_de_la_vega_leyendo_una_obra_a_los_actores_del_teatro_del_principe_leo_sobre_lienzo_1_05_x_2_49_cm_museo_del_prado_obra_de_antonio_mar_a_esquivel

Ventura de la Vega leyendo una obra a los actores del teatro del Principe. Óleo sobre lienzo. 1.05 x 2.49 cm. Museo del Prado. Obra de Antonio María Esquivel



 16los_poetas_contempor_neos_una_lectura_de_zorrilla_en_el_estudio_del_pintor

Los poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor, 1846. Óleo sobre lienzo, 144 x 217 cm. Es obra de Antonio María Esquivel. Museo del Prado.

El cuadro más famoso de Esquivel y pieza capital del Romanticismo español. Considerado como máximo testimonio gráfico del ambiente intelectual bajo el reinado de Isabel II (1830-1904), este lienzo reúne de forma ficticia a las personalidades culturales más relevantes contemporáneas a Esquivel. En su composición se aúna la complejidad del retrato colectivo junto al esquema de gabinete del barroco flamenco, al detenerse en cada detalle del taller del pintor, pudiéndose identificar y analizar las obras y gustos del artista.

Los componentes son: Antonio Ferrer del Río (1814-1872), Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880), Juan Nicasio Gallego (1777-1853), Antonio Gil y Zárate (1793-1861), Tomás Rodríguez Rubí (1817-1890), Isidoro Gil y Baus (1814-1866), Cayetano Rosell y López (1817-1883), Antonio Flores (1818-1866), Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), Francisco González Elipe, Patricio de la Escosura (1807-1878), José María Queipo de Llano, conde de Toreno (1786-1843), Antonio Ros de Olano (1808-1887), Joaquín Francisco Pacheco (1808-1865), Mariano Roca de Togores (1812-1889), Juan González de la Pezuela (1809-1906), Ángel de Saavedra, duque de Rivas (1791-1865), Gabino Tejado (1819-1891), Francisco Javier de Burgos (1824-1902), José Amador de los Ríos (1818-1878), Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862), Carlos Doncel, José Zorrilla (1817-1893), José Güell y Renté (1818-1884), José Fernández de la Vega, Ventura de la Vega (1807-1865), Luis de Olona (1823-1863), Antonio María Esquivel, Julián Romea (1818-1863), Manuel José Quintana (1772-1857), José de Espronceda (1808-1842), José María Díaz († 1888), Ramón de Campoamor (1817-1901), Manuel Cañete (1822-1891), Pedro de Madrazo y Kuntz (1816-1898), Aureliano Fernández Guerra (1816-1891), Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), Cándido Nocedal (1821-1885), Gregorio Romero Larrañaga (1814-1872), Bernardino Fernández de Velasco y Pimentel, duque de Frías (1873-1851), Eusebio Asquerino (h.1822-1892), Manuel Juan Diana (1814-1881), Agustín Durán (1793-1862).

Interpretación del cuadro: En el centro aperece Zorrilla leyendo. Los dos lienzos que hay en el fondo representan: el de la izquierda, al Duque de Rivas; el de la derecha, a Espronceda. Están sentados, de izquierda a derecha, los señores Nicasio Gallego, Gil y Zárate, Bretón de los Herreros, Ros de Olano, Burgos, Martínez de la Rosa, Mesonero Romanos, Duque de Frías y Durán (D. Agustín). De pie, y por el mismo orden, se encuentran los señores Ferrer del Río, Hartzenbusch, Rodríguez Rubí, Gil y Baus, Rossell, Flores (D. Antonio), González Elipe, Escosura, Conde de Toreno, Pacheco, Roca de Togores, Pezuela, Tejado (D. Gabino), Amador de los Ríos, Valladares, Doncel, Güel y Renté, Fernández de la Vega, Vega (D. Ventura), Olona, Antonio María Esquivel (con la paleta, al centro),. Romea (D. Julián), Quintana, Díaz (D. José María), Campoamor, Cañete, Fernández Guerra, Madrazo (D. Pedro), Nocedal, Romero Larrañaga, Asquerino y Diana (D, Juan Manuel). Descripción tomada de Burgos, Carmen de, Fígaro (Revelaciones, «Ella» descubierta, epistolario inédito), Madrid, Imprenta de «Alrededor del mundo», 1919, pág. 158.

Ver obra de Antonio María Esquivel en el Museo del Prado



PUES ESTO ES TODO AMIGOS, ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO LA PRESENTACIÓN DEL PINTOR ANTONIO MARÍA ESQUIVEL, UNO DE LOS IMPORTANTES... DEL SIGLO XIX.


Fuentes y agradecimientos: pintura.aut.org, es.wikipedia.org, museodelprado.es, ceres.mcu.es y otras de Internet.
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
Last edited by j.luis on Wednesday, 19 October 2016, 18:53; edited 12 times in total 
j.luis Send private message Send e-mail to user
Back to topPage bottom
Reply with quote   Download Post  
Post Re: ESQUIVEL 
 
Gracias J.Luis por esta nueva aportación de Esquivel.


Un Saludo.
 




___________________________
Antes que nada lee las NORMAS del foro.
Los mensajes deben de ser con respeto y educación hacia todos los usuarios.
Xerbar Administrador del Foro.
 
xerbar Send private message Visit poster's website
Back to topPage bottom
Reply with quote   Download Post  
Post Re: ESQUIVEL 
 
Gracias xerbar, me alegro que te guste. He añadido algunas obras más.



 



Saludos
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis Send private message Send e-mail to user
Back to topPage bottom
Reply with quote   Download Post  
Post Re: ESQUIVEL, Antonio María 
 
Se subastan varias obras de Antonio Mª Esquivel



user_50_s21_287

San Pablo, óleo sobre lienzo, 133 x 53,5 cm. (Firmado áng. inf. dcho: "A. Esquivel p. 1837") Obra de Antonio María Esquivel (Sevilla, 1806-Madrid, 1857)


user_50_s21_288

Santiago El Menor, óleo sobre lienzo, 133 x 53,5 cm. (Firmado áng. inf. dcho: "A. Esquivel p. 1837") Obra de Antonio María Esquivel (Sevilla, 1806-Madrid, 1857)


user_50_s18_221

Niña vestida de rojo con abanico, óleo sobre lienzo, 56 x 42 cm. (Firmado áng. inf. izq: "A. Esquivel fe") Obra de Antonio María Esquivel (Sevilla, 1806-Madrid, 1857)


user_50_s18_222_1356982150_812615

Retrato de caballero, óleo sobre lienzo, 63 x 56 cm. (Firmado áng. inf. izq: "A Esquivel") Obra de Antonio María Esquivel (Sevilla, 1806-Madrid, 1857)


arteinfo.es
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis Send private message Send e-mail to user
Back to topPage bottom
Reply with quote   Download Post  
Post Re: ESQUIVEL, Antonio María 
 
El Prado se abre a los niños del Romanticismo español

El museo incluye una obra de Antonio María Esquivel adquirida por 60.000 euros



 01_1476899346_131126
 
'Raimundo Roberto y Fernando José, hijos de S.A.R. la infanta Josefa Fernanda de Borbón', de Antonio María Esquivel. / Museo del Prado

Entre sus riquísimos fondos, el Prado cuenta con 700 retratos realizados en el siglo XIX. Una gran parte son de niños, pero solo uno de ellos, el de Federico Flórez y Márquez (1842) de Federico Madrazo, está incluido en la colección permanente. Para dar a conocer su última adquisición, un retrato de los hijos de la infanta Josefa (1855) firmado por Antonio María Esquivel, el museo ha organizado una pequeña exposición de ocho obras representativas de lo que fue este género durante el Romanticismo español, fechadas entre 1842 y 1855, que hasta el 15 de octubre del próximo año se podrán ver en la sala 60 del edificio Villanueva. Concluida la exposición, la pintura de Esquivel quedará integrada en la colección permanente.

Javier Barón, jefe de Conservación de Pintura del XIX, ha organizado el espacio presidido por la nueva compra, un óleo de 145 por 103 centímetros por el que el museo ha pagado 60.000 euros a la galería madrileña Caylus. La obra y su marco se encontraban en perfecto estado de conservación, por lo que no ha sido necesario su paso por el taller de restauración.

El cuadro del sevillano Antonio María Esquivel (1806-1857) representa a Raimundo Roberto y Fernando José, hijos de la infanta Josefa Fernanda de Borbón, y del escritor y periodista José Güell. Los niños, vestidos con pieles de animales, están caracterizados de pastores arcádicos. El más pequeño abre una jaula en la que están encerrados unos jilgueros, una acción que es leída como una proclama del liberalismo que profesaba su padre y un símil de las ideas del vuelo libre contenidas en El Emilio, de Rousseau.

Javier Barón señala que se trata de una obra singular en el panorama de la pintura romántica porque encarna por sí sola los ideales liberales de raíz roussoniana acerca de la educación libre, palabra esta última que aparece escrita en el collar del perro al que acaricia el niño mayor. Los dos niños cumplen en el retrato los designios de su padre de huir de todo oropel cortesano, tal como recomendó a su hijo mayor en un sentido poema que le había dedicado: "No te importe vivir en la pobreza. / Si puedes aspirar al aire puro. / Y ver la luz del sol y la grandeza / De la noche que llena el cielo oscuro / […]. Y no adornes tu frente con laureles. / Ni que la luz del sol nunca te vea, /Ridículo, vestido de oropeles / Ni del poder llevando la librea”.

Las obras que acompañan la nueva adquisición muestran un tipo de niños muy distintos a los de Esquivel. Todos ellos reflejan la posición social y económica de las familias que en esos años encuentran en el retrato la mejor manera de darse a conocer en sus respectivos ambientes. Barón explica que la idea iniciada en la Ilustración acerca de la infancia como edad con valor en sí misma, y no solo como proyecto de futuro, alcanzó su máxima expresión con el Romanticismo, ya que encarnaba cualidades muy apreciadas como la inocencia, la proximidad a la naturaleza y la sensibilidad no contaminada.

Las escuelas de Madrid y Sevilla fueron las elegidas para la realización de los retratos. Junto a la nueva obra, se expone el retrato de Luisa de Prat y Gandiola (1845), de Vicente López; Niña sentada en un paisaje (1842), de Rafael Tegeo; Isabel Aragón Rey (1854), de Luis Ferrant; Manuel y Matilde Álvarez Amorós (1853), de Joaquín Espalter, y Federico Flórez y Márquez (1842), de Federico Madrazo.


elpais.com
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis Send private message Send e-mail to user
Back to topPage bottom
Reply with quote   Download Post  
Post Re: ESQUIVEL, Antonio María 
 
Museo Nacional del Prado
18/10/2016 - 22/10/2017
Comisario: Javier Barón, Jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX.




Presentación especial: La infancia descubierta

Retratos de niños en el Romanticismo español

El Museo del Prado reúne una selección de ocho obras, fechadas entre 1842  y 1855, que han sido elegidas entre los numerosos retratos infantiles del período isabelino que conserva en sus colecciones, para mostrar al visitante dos de los núcleos más importantes del Romanticismo en España: Madrid y Sevilla.  La presentación de esta selección servirá también para presentar por primera vez al público del Museo el apenas conocido retrato de Esquivel incorporado a sus fondos recientemente.

El conjunto de retratos refleja diferentes interpretaciones de la infancia, tema que, durante el Romanticismo, se convirtió en asunto predilecto de los artistas conforme a los nuevos intereses de su clientela.




 1luisa_de_prat_y_gandiola_luego_marquesa_de_barban_on

Luisa de Prat y Gandiola, luego marquesa de Barbançon. Hacia 1845. Óleo sobre lienzo, 104 x 84 cm. Obra de Vicente López Portaña. Museo Nacional del Prado.
Luisa de Prat y Gandiola (1837-París, 1888), hija de Pedro Juan María de Prat y Zea Bermúdez (1806-1868), conde de Pradère y barçon de Rieux, y de Pilar Trinidad Tomasa Gandiola y Cavero (P02559). Casó con Daniel Carballo y Codegio.
Vestida con un traje de raso azul, bordeado de encajes, está retratada de cuerpo entero, en el umbrío rincón de un bosque, sentada sobre el tronco de un árbol. De cabello rubio y largo y mirando al espectador, sobre sus manos cruzadas cae el agua de un arroyuelo que mana por un canalillo, junto a una especie de gruta artificial. Descalza de un pie, tras ella se ve su sombrero de capota. Sin duda es éste retrato excepcional dentro de toda la producción, por la singularidad de su composición y la actitud de la retratada, evidentemente influido por el retrato romántico inglés, al que dentro de su peculiar estética, López intenta aquí imitar. En efecto, la actitud abandonada y soñadora de la niña, su inclusión en un espacio campestre y bucólico y la elegancia refinada de su postura, algo afectada, y tan solo mermada por la apariencia de adulta prematura de la jovencita, son recursos que López toma prestados de la retratística inglesa, quizás por propia inspiración de su cliente (Texto extractado de Díez, J. L.: Maestros de la pintura valenciana del siglo XIX en el Museo del Prado, Valencia, 1998).


 2ni_a_sentada_en_un_paisaje

Niña sentada en un paisaje. 1842. Óleo sobre lienzo, 111 x 81,5 cm. Obra de Rafael Tegeo Díaz. Museo Nacional del Prado.
Aunque Rafael Tegeo logró cotas de indudable maestría como pintor de cuadros de composición, tanto de asuntos mitológicos y religiosos como de escenas de historia, este artista alcanzó renombre entre la clientela altoburguesa de los primeros años del reinado de Isabel II fundamentalmente como paisajista y pintor de retratos, cuajando en ambos géneros un estilo muy personal, asentado en unas excelentes cualidades técnicas, gracias a la precisión atenta de un dibujo muy depurado y a su refinamiento en el uso del color; facultades acrisoladas por un sólido aprendizaje académico. Su especialización en ambos géneros le llevó a cultivar una modalidad retratística poco usual en España, los retratos civiles de burgueses y aristócratas ante paisajes abiertos que, procedentes de la tradición inglesa, serán mucho más raros en la pintura romántica española, focalizados sobre todo en la escuela andaluza, estimulada por el gusto de las familias británicas establecidas en esta región.
Ejemplo máximo de esta fusión en la obra de Tegeo es este delicioso retrato, seguramente la obra maestra del artista murciano en su producción madura en este género, en el que asume decididamente las pautas del nuevo Romanticismo sin renunciar por ello a la solidez de su formación en el academicismo clasicista del primer tercio del siglo. Representa a una niña de unos nueve años de edad, de rostro fino y tez acusadamente pálida, sobre la que destacan sus intensos y grandes ojos. Retratada de cuerpo entero, está sentada en un banco al aire libre, ante un muro. Se peina con una trenza y luce un vistoso traje de raso a rayas adornado con puntillas, viéndose caído en el suelo a sus pies su sombrero de capota, de terciopelo. Sobre el regazo envuelve varias rosas en un pañuelo, cogiendo una de ellas en la mano derecha. Al fondo se pierde en la lejanía un paisaje boscoso atravesado por un río con una cascada, asomando una construcción entre los árboles.
La captación de la frágil y menuda figura de la niña, de expresión a la vez levemente melancólica y risueña, bañada por una iluminación fría y dirigida, casi nocturna, así como el refinamiento descriptivo de que hace aquí gala Tegeo en detalles como los zarcillos de plata y brillantes con que se adorna la pequeña o los brillos tornasolados de los pliegues de su vestido -verdadera especialidad de este pintor-, pertenecen a lo mejor de su arte, envolviendo siempre a sus personajes con un aire de cierta timidez provinciana y elegante, en la que reside buena parte del encanto de sus retratos. Por otra parte, la inclusión en este caso de un fondo de paisaje supera con mucho el habitual tratamiento de este recurso decorativo como un mero telón de fondo para deleitarse en describir en todos sus matices los distintos elementos que lo conforman, enriqueciéndolo hasta adquirir un interés propio, de indudable gracia pintoresca y colorista, al gusto romántico. Así, la primorosa ejecución del boscaje y las aguas del río, de suaves transparencias, los juegos de luces y sombras de las ramas que asoman por la parte superior o las gradaciones del cielo crepuscular permiten percibir las cualidades de Tegeo como especialista en la pintura de países; faceta de la que sin embargo se conocen hoy contados ejemplos (Texto extractado de Díez, J. L.: El Siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 130-132).


 3raimundo_roberto_y_fernando_jos_hijos_de_s_a_r_la_infanta_d_a_josefa_de_borb_n

Raimundo Roberto y Fernando José, hijos de S.A.R. la infanta Dña. Josefa de Borbón. 1855. Óleo sobre lienzo, 146 x 104 cm. Obra de Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina. Museo Nacional del Prado.
Obra singular en el panorama de la pintura romántica que encarna por sí sola los ideales liberales, de raíz rousseauniana, acerca de la educación libre –adjetivo que aparece inscrito en el collar del perro- defendida por el padre de los niños retratados, el escritor y periodista cubano José Güell (1818-1884), quien en su libro Lágrimas del corazón dedica a su hijo Raimundo un poema, algunas de cuyas estrofas podrían haber inspirado la composición de esta obra: “No te importe vivir en la pobreza./Si puedes aspirar al aire puro./Y ver la luz del sol y la grandeza/De la noche que llena el cielo oscuro/[…] Y no adornes tu frente con laureles./Ni que la luz del sol nunca te vea, /Ridículo, vestido de oropeles/Ni del poder llevando la librea.” Los protagonistas aparecen representados como pastores arcádicos, vestidos solo con pieles y convertidos en la proclama del liberalismo por su acción de poner en libertad a unos jilgueros. Ejecutado con un claro sentido escultórico, propio de los últimos años de la trayectoria de Esquivel, este retrato fue elegido por el artista para tomar parte en 1856 en la primera de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.


 4isabel_arag_n

Isabel Aragón. 1854. Óleo sobre lienzo, 79,5 x 65,8 cm. Obra de Luis Ferrant y Llausás. Museo Nacional del Prado.
Pese a la escasa producción retratística conocida, es patente la sensibilidad mostrada por Luis Ferrant en este género, en el que, por lo general, se adaptó con certera precisión a los gustos de la alta burguesía madrileña de los años centrales del siglo XIX, empleando con cierta complacencia los prototipos de mayor éxito, sin renunciar por ello a su cosmopolita personalidad artística. Este delicado retrato de niña reproduce una de las más exitosas tipologías de su tiempo, pero fue resuelto de un modo insólito en contraste con su estilo más habitual, a veces algo blando y de entonación opaca. La pintura rememora la solidez de la tradición retratística del barroco español, adaptada, eso sí, a los modelos franceses académicos posteriores a Ingres. La rigurosa colocación de la figura en el espacio, definido por un fondo neutro oscuro arcilloso, la distribución de la luz a través de un pétreo sombreado remarcado especialmente a lo largo del brazo izquierdo de la joven, e incluso la misma pose de la modelo, evocan formalmente la tradición española y en concreto ciertos recursos de Zurbarán. Todo ello resulta de absoluta excepcionalidad en el contexto de la producción conocida de Ferrant, como también la intensidad tonal de su factura y la potente iluminación que baña la figura, que en el resto de su obra acostumbran a ser mucho más discretas. La tibieza de las carnaciones del rostro es casi el único testimonio ajustado a la edad de la modelo, de unos doce años, pues su directa y poco inhibida mirada no corresponde con la psicología de una niña al borde de la pubertad, como sucede igualmente con otros aspectos de la representación. En realidad, durante buena parte del siglo XIX fueron muy pocos los artistas que supieron captar ajustadamente a los niños en sus retratos, y fue bastante común que adoptaran poses y ademanes de adultos.
Isabel Aragón posa con un vestido gris azulado ribeteado con tiras de escocia y una camisa de blonda guarnecida con lazos de color rosado, adornos que estuvieron muy de moda en los años en que se fecha el retrato, pero que se aconsejaba emplear por separado y, más bien, por señoritas de mayor edad. La mano, de dibujo firme, sostiene un pañuelo blanco de seda bordada que destaca la sutileza de la fresca y clara encarnación de la piel de la joven. Ferrant describe atentamente el recargado atuendo de la damisela -para lo cual se sirvió de un dibujo consistente-, detallando con minucia sus valiosas joyas, propias de una mujer de más edad, o el elaboradísimo peinado con moños y trenza a modo de diadema adornado con flores naturales, que era característico de una muchacha adolescente, pero que resulta sobrecargado para el gusto del momento. De hecho, era frecuente en la prensa de esos años encontrar abundantes advertencias contra los desmanes de la coquetería femenina y sus afectados resultados -síntoma inequívoco de que era algo que se extendía en la buena sociedad de los años centrales del siglo- y que estaban especialmente mal vistos en las jovencitas de poca edad que -como lo haría probablemente la modelo de este retrato- anhelaban ser recibidas en sociedad, pero a las que se exigía, por encima de todo, extrema discreción.
La retratada es Isabel Aragón Rey, que casaría luego con Nicolás Escolar y Sáenz-López, reconocido médico madrileño, pariente cercano del político riojano Práxedes Mateo-Sagasta y Escolar (1825-1903), que fue varias veces presidente liberal del gobierno de España. El matrimonio Escolar Aragón tuvo una hija, Rita -que falleció sin descendencia-, y un varón, Carlos (1872-1958), ingeniero y presidente del Consejo Nacional de Obras Públicas entre 1941 y 1942. Carlos Escolar tampoco tuvo hijos de su matrimonio con Fermina González y en su testamento legó este retrato de su madre siendo una niña al Museo del Prado (Texto extractado de G. Navarro, C. en: El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 144).


 5manuel_y_matilde_lvarez_amor_s

Manuel y Matilde Álvarez Amorós. 1853. Óleo sobre lienzo, 159 x 126 cm. Obra de Joaquín Espalter y Rull. Museo Nacional del Prado.
Este retrato infantil representa a dos hermanos de corta edad, recostados en el banco de un jardín. Retratada de cuerpo entero, la niña que parece tener unos siete años, viste sombrero de capota adornado con flores que le enmarcan el rostro y chaquetón de terciopelo granate con borde de armiño. Coge por el hombro a su hermano pequeño, de unos cuatro años, vestido con un curioso traje de raso, que sostiene en sus manos una pelota, viéndose su sombrero en el banco.
El lienzo es del mejor estilo de Espalter y del retrato infantil catalán que produjera el purismo tardo romántico, donde al obligado parecido de los pequeños modelos se pretende unir siempre una pose amable, aderezada con un toque anecdótico en la indumentaria o los juguetes, insistiéndose en el especial carácter decorativo de los fondos, ambientados en vistosos paisajes, casi siempre de jardines. Por otra parte, en esta obra pueden observarse las altas calidades plásticas conseguidas por el pintor, así como el refinamiento de su técnica en aspectos como la reproducción táctil de las calidades de las telas, junto a cierto arcaísmo en la simplicidad de la composición, dispuestas las figuras en un espacio inusualmente amplio, o la minuciosidad casi naif conque están descritos algunos detalles, como la puntilla de los pantaloncitos de los niños y el tratamiento convencional del jardín umbrío, a modo de mero telón de fondo, aunque con resultados de indudable efecto ambiental, dentro de un purismo elegante y algo ingenuo, que presenta en este pintor catalán de formación nazarena curiosas conexiones con la estética de la pintura Biedermeier. (Texto extractado de Díez, J. L. en: Museo del Prado. Últimas adquisiciones 1982 - 1995. Madrid, 1995. p. 104).


 6federico_fl_rez_y_m_rquez

Federico Flórez y Márquez. 1842. Óleo sobre lienzo, 178,5 x 110 cm. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz. Museo Nacional del Prado.
El muchacho está retratado en pie, de cuerpo entero, y parece representar unos diez años. De abundante cabellera rubia y ojos claros, la blancura de su piel acusa el rubor encendido de sus mejillas. Posa en gallarda actitud militar, un punto arrogante, luciendo su vistoso uniforme de gala de escolapio de color azul-negro, perteneciente al Colegio de Alumnos Nobles de Madrid. Así, viste casaca con botonadura plateada, cuello y bocamangas ocres y pantalón con galón de plata, apoyando la mano izquierda en un espadín sujeto al cinto mientras sostiene con la otra el bicornio, que apoya en la rodilla. Tras su figura se despliega un austero paisaje campestre de caminos y empalizadas, identificado en ocasiones con algún paraje de las afueras de Madrid, de profunda lejanía, en la que se vislumbra un caserío rural bajo un cielo plomizo, cubierto de nubarrones.
Esta es seguramente la efigie infantil más conocida de cuantas pintara Federico de Madrazo en toda su vida, constituyendo verdaderamente una obra de especial significación en su producción, ya que se trata de uno de los primeros y más notables retratos pintados por el artista nada más instalarse definitivamente en Madrid tras su estancia de formación en Roma, resuelto -bien a su pesar- a dedicarse por entero a este género, renunciando así a sus anhelos juveniles de convertirse en un gran pintor de historia. En efecto, la ambientación del retrato en un paisaje abierto de campiña, que se despliega en grandes franjas de color en zigzag hasta el horizonte, supone un recurso verdaderamente inusual en la obra de Madrazo lo que, junto al protagonismo de los negros del uniforme y la apostura del modelo, muestran la personalísima evocación que el artista hace del mundo velazqueño recién regresado a España, utilizando las mismas claves compositivas que los retratos de caza del sevillano, aunque en una interesante conjunción con los planteamientos estéticos de la retratística purista internacional de esos años, en los que Federico había cuajado su estilo juvenil, y a los que suma puntualmente en esta primera etapa de madurez una personal influencia de la estética inglesa en la elegancia distante de los modelos posando ante paisajes naturales.
Por otra parte, la interpretación de los diferentes elementos del paisaje obedece a una elaboración eminentemente personal de la creatividad del artista más que a la representación de un paraje real, en la que aspectos como el árbol del extremo derecho, cuyas ramas se recortan sobre el cielo, o la densidad amenazante de las nubes, siguen las pautas del paisaje romántico centroeuropeo de esos años, que Madrazo había asimilado durante su estancia romana en torno al círculo nazareno. Junto a ello, la iluminación irreal y efectista con que está resuelto el retrato, de acusados brillos en las manos y adornos de metal del uniforme del escolapio, bañado el personaje por una luz distinta del fondo campestre ante el que se encuentra, demuestra el tratamiento absolutamente independiente con que el artista resuelve figura y paisaje, envolviendo todo el retrato en la atmósfera cenicienta de un extraño crepúsculo, que infunde a la figura un aire inquietante y melancólico, enormemente sugerente (Texto extractado de Díez, J. L., El siglo XIX en el Prado. Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 170-172).


 7retrato_de_ni_a_en_un_paisaje_1

Retrato de niña en un paisaje. 1847. Óleo sobre lienzo, 116 x 95 cm. Obra de Carlos Luis de Ribera y Fieve. Museo Nacional del Prado.
La protagonista aparece en un paisaje al que el artista concede una importancia destacada. El autor, hijo del también pintor Juan Antonio Ribera es, junto con su amigo y rival Federico de Madrazo, una de las figuras del Romanticismo en España, como atestigua esta obra, de dibujo preciso y brillante cromatismo.


 8retrato_de_ni_a_1508428847_504860

Retrato de niña. 1852. Óleo sobre lienzo, 112,5 x 77,5 cm. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer. Museo Nacional del Prado.
Se trata de un retrato realizado a los dieciochos años, cuando el pintor se hallaba en pleno proceso formativo en su Sevilla natal bajo la tutela artística de su tío Joaquín Domínguez Bécquer, discreto pintor de historia y de cámara de Isabel II y, sin embargo, excelente y renombrado artífice del desarrollo de la pintura costumbrista andaluza, en cuya formación también militó el padre del joven pintor, José Domínguez Bécquer, quien no llegó a ejercer sobre él el natural magisterio paterno por su precoz fallecimiento en 1841.
El estrecho contacto personal y profesional que mantuvo a lo largo de su vida con su hermano, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, y la azarosa existencia de ambos, llena de desengaños y penurias, unida a sus respectivas y prematuras muertes conforman la estampa prototipo del artista romántico marcado por el infortunio. Conocido sobre todo por su producción de escenas pintorescas y costumbristas de las provincias castellanas, aragonesas y vascas, es, sin embargo, el retrato el género en el que muestra su técnica más depurada de dibujo, destacando en su paleta la intensidad cromática de una indumentaria especialmente descrita que se destaca sobre los fondos claros y diluidos de la naturaleza de un paraje. A estos recursos descriptivos habría que añadir la introspección que personaliza la retratística de Bécquer, plasmada sobre todo a través de la mirada fija del modelo en el espectador en un sugestivo reto de indagación espiritual, como es el caso del sugerente y emblemático retrato romántico de su hermano Gustavo Adolfo, del museo de Sevilla.
Sin embargo, en este retrato de niña, de cuerpo entero, y situado en un plano medio, esta introspección queda soslayada por el protagonismo de elementos externos a su espiritualidad que confieren a la obra cierta frialdad acentuada por el posado estático y sin referencias a los atributos y enseres propios de la infancia. Así, sobre un fondo de paisaje rural, aparece representada esta distinguida niña vestida con un elegante traje de raso verde, adornado de madroños negros, bajo el que asoma una blusa blanca de cuello de ondas bordadas y de amplias mangas rematadas por volantes de encaje que adornan también los pantaloncitos que asoman por debajo de la falda que se sostiene ahuecada con la llamada crinolina, artefacto interior que hizo furor en la moda de los años cincuenta del siglo XIX para marcar el talle y aumentar el volumen de la parte inferior del cuerpo femenino. En su mano derecha sujeta una pamela de paja adornada con una ancha cinta de raso de color rosáceo, imprescindible en el atuendo de paseo, así como los borceguíes que cubren sus pies. Como aderezos, una pulsera trenzada en su mano izquierda y aretes que adornan un rostro iluminado con precisión desde la izquierda, destacando su ensortijado cabello sobre el celaje intenso del fondo.
En primer plano, adquiere protagonismo la factura de una pita reseca que envuelve de cierto carácter exótico al retrato, situado por lo demás en una soleada tarde estival en la planicie campestre que rodea una finca de campo, sugerida escuetamente a través de la arquitectura y el cercado rural del fondo. Este tipo de encuadre fue un modelo compositivo que se propagó entre los pintores románticos costumbristas nacionales y extranjeros, que identificaron este tipo de vegetación con el ambiente árido y semidesértico de los parajes andaluces, prototipos, por su cercanía al mundo oriental, del exotismo de una enaltecida imagen de España. Así, pintores e ilustradores que viajaron por España, como David Roberts, Pharamond Blanchard, Francisco de Paula van Halen o el mismo José Roldán, utilizaron estas manidas composiciones, cuyo uso coleó hasta el último tercio de la centuria en algunos pintores que se acercaron esporádicamente al mundo orientalista como fue el caso, entre otros, de Ricardo de Madrazo (Texto extractado de: Gutiérrez, A., El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2007, p. 122).


museodelprado.es
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis Send private message Send e-mail to user
Back to topPage bottom
Display posts from previous:    
 

Post new topic  Reply to topic  Page 1 of 1
 



Users browsing this topic: 0 Registered, 0 Hidden and 1 Guest
Registered Users: None


 
Permissions List
You cannot post new topics
You cannot reply to topics
You cannot edit your posts
You cannot delete your posts
You cannot vote in polls
You cannot attach files
You cannot download files
You can post calendar events