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MADRAZO (Federico De Madrazo Y Kuntz)
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Mensaje MADRAZO (Federico De Madrazo Y Kuntz) 
 
Este trabajo está dedicado a Federico de Madrazo y Kuntz, pintor español (aunque nacido en Roma) fue el segundo de una dinastía de pintores iniciada por su padre el santanderino José de Madrazo y Agudo, quien le impuso una férrea disciplina estética. En su ampliación de estudios, en París fue discípulo de Ingres.


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Fotografía Federico de Madrazo en La Ilustración Artística, 1890.

Perteneció a una familia muy influyente y con gran talento. Lo mismo ocurrió con sus hermanos, Pedro de Madrazo y Kuntz, Juan de Madrazo y Kunt y Luis de Madrazo y Kuntz, dedicados a la crítica de arte, a la arquitectura y a la pintura respectivamente.

Fue pintor de cámara de la reina Isabel II, pintando sobre todo retratos para la aristocracia, lo que le hizo gozar de una situación social elevada. Fue también director de la Real Academia de San Fernando y del Museo del Prado.

Según los especialistas: “Su pintura está definida por medio de una pincelada prieta y muy brillante”.

Espero que esta recopilación realizada de su obra, contribuya en su divulgación y sea del gusto de los visitantes de esta sección de arte del foro de xerbar.






Resumen Biográfico

 
Federico Madrazo Küntz (Roma, 1815 - Madrid, 1894), pintor y escritor español. Fue director del Museo del Prado en dos ocasiones.

Hijo del también pintor José Madrazo, de escuela neoclásica cortesana, y de madre alemana, hija del pintor Tadeo Küntz. Estudió leyes en Toledo y Valladolid. Marchó a París a estudiar pintura con Ingres, que era amigo de su padre. Allí adquirió un estilo romántico a la manera francesa. Tras una estancia de dos años en Roma regresó en España desde 1842, desarrolló una intensa labor artística en algunos casos junto a su hermano Pedro. A Madrid, fue pintor de cámara de la reina Isabel II, aprovechando que su padre había sido pintor de la Corte con Fernando VII.

Le nombraron director del Museo del Prado, pero perdió el cargo con la Gloriosa, revolución liberal de 1868. Fue repuesto en este cargo en 1881. Miembro de la Real Academia de la Historia (1859) y de la Lengua (1874); su cuadro La continencia de Escipión le valió el ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1881, de la que llegó a ser director también. Dirigió la Revista Hispanoamericana (1848) y colaboró en La Ilustración Católica y La Ilustración Española. Pintó retratos, sobre todo del mundo aristocrático y de la cultura (Carolina Coronado, Manuel Rivadeneyra, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Ramón de Campoamor, la condesa de Vilches, el general Evaristo San Miguel, Larra) y cuadros de historia.


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Federico Madrazo. Autorretrato (1840). Museo Goya, Castres.

En El Artista, a cuya creación contribuyó, insertó poemas y artículos, entre ellos "Demolición de conventos", "Poesía antigua" y "Don Santiago Masarnau". En Semanario Pintoresco Español publicó artículos de arte y algunos poemas como "Balada Religiosa" y "Las tres hermanas del cielo". También colaboró en No me olvides. Entre sus obras mayores destacan Catálogo de los cuadros del Real Museo de Pintura (1843), y El Real Museo de Madrid (1857-1859). Figura en Los españoles pintados por sí mismos con tres artículos de tono narrativo: "El accionista de minas", "El celador de barrio" y "La dama mayor".


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Amalia de Llano y Dotres. La Condesa de Vilches, una de sus obras más famosas, fue pintada hacia 1853. Óleo sobre lienzo, 126 x 89 cm. Museo del Prado. Obra de Federico de Madrazo.

Federico Madrazo atraviesa tres fases en su carrera. Al principio domina el detallismo propio de la miniatura, en la que era un especialista su padre y destacó también Ingres; más tarde suaviza contornos y su pintura se vuelve más espontánea. Finalmente retorna a la tradición. Su formación como dibujante hace que destaque en él la línea sobre el color. Su pincelada es prieta y muy brillante. En Roma estuvo en contacto con Overbeck y el grupo de los nazarenos, quienes reforzaron su destreza innata para el dibujo.

Falleció en Madrid en el año 1894.


Obras

Destacan en su obra, los óleos de Isabel II, sito en el Museo de Bellas Artes de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, (Tenerife) -muchos y de excelente factura-, el marido de la reina Isabel, Francisco de Asís, el rey Alfonso XII, el que fuera Presidente del Gobierno Juan Bravo Murillo, Ramón de Campoamor o José de Espronceda. Dirigió la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Museo del Prado, donde se exponen algunas de sus obras como La condesa de Vilches.




Algunas obras


Federico de Madrazo en el Museo del Romanticismo


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Isabel II. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz, Museo del Romanticismo, Madrid. La obra, fechada en 1849 y pieza clave en el discurso de este Museo, fue adquirida en 2011 por el Ministerio de Cultura.

Dicha adquisición enriquece y completa la colección del Museo con una pieza clave, ya que la figura de la Reina es uno de los ejes fundamentales de su discurso expositivo.


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Se trata de un óleo sobre lienzo con un marco dorado de madera tallada y rematado con la corona real, que reafirma el carácter oficial de la obra. Ésta es una versión con ligeras variantes del prototipo de retrato oficial de la Reina Isabel II creado por Madrazo en 1846 que se encuentra en la colección del Banco de España y del que existen otros ejemplos tan significativos como el realizado en 1850 con destino a la Embajada de España ante la Santa Sede en Roma.

En esta versión, la reina aparece de pie, vestida con un traje de raso azul con encajes, diadema de perlas y brillantes, tocada con un velo y apoyando la mano en una mesa donde se disponen simbólicamente la corona y el cetro.

Federico de Madrazo fue el retratista más importante del Romanticismo. La exquisitez y calidad de su técnica y su extraordinaria capacidad para captar e idealizar al modelo, le llevaron a realizar los retratos de los personajes más importantes de la época, y en última instancia, a ser nombrado Pintor de Cámara de la Reina Isabel II.

Su labor, imprescindible en el ámbito del retrato cortesano, fijó la iconografía de los retratos oficiales de la Reina, sirviendo como modelo para los demás pintores del momento.

Su formación, recibida en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y las influencias recibidas durante sus estancias en París y Roma, donde quedó marcado por los románticos academicistas franceses y los pintores nazarenos alemanes afincados en Italia, le llevaron a ser el impulsor de una renovación en el panorama artístico nacional y a conseguir un enorme prestigio y reconocimiento.

El Museo del Romanticismo, que alberga una pequeña pero selecta representación de obras de Madrazo, dentro de su amplia colección de pinturas del XIX, no contaba hasta ahora con un ningún retrato oficial del relevante pintor de Cámara de Isabel II. Por ello, la adquisición de esta obra, especialmente emblemática, constituye una ocasión única que viene a nutrir muy significativamente las colecciones del Museo. Debido a la especial relevancia de la obra, ésta se ubicará en el espacio más representativo del Museo: el Salón de Baile.


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Sánchez de Sailor. 1843. Museo del Romanticismo, Madrid. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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María Encarnación Cueto de Saavedra, Duchess of Rivas. 1878. Museo del Romanticismo, Madrid. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz



Federico de Madrazo en el museo del Prado



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'Josefa del Águila Ceballos, luego marquesa de Espeja', óleo de Federico de Madrazo y Kuntz donado por Alicia Koplowitz. / Museo Nacional del Prado

Alicia Koplowitz compra para el Prado un óleo clave de Federico de Madrazo'Josefa del Águila Ceballos' es un retrato femenino de cuerpo entero pintado en la década de 1850. El lienzo es la obra de corte más famosa del artista español del XIX. Desde que en 1994 el Museo del Prado dedicó a Federico de Madrazo y Kuntz una exposición antológica por el centenario de su muerte, los expertos del museo ambicionaban ampliar la colección de obras del gran retratista del XIX con uno de los más bellos cuadros que entonces se exhibieron: el retrato Josefa del Águila Ceballos, luego marquesa de Espeja,firmado en 1852. Hace unos meses, los propietarios de la obra decidieron ponerla a la venta a través de la firma madrileña de anticuarios Caylus, momento en que la empresaria y coleccionista Alicia Koplowitz, patrona del Prado, decidió adquirirla y regalársela al museo. La entrega se materializó ayer en una sesión del patronato a la que Koplowitz prefirió no asistir. Los últimos propietarios eran los marqueses de Espeja y la obra se ha vendido por una cantidad que ronda los 300.000 euros. La pintura, de 2,20 metros por 1,30, que conserva su marco isabelino original, se podrá ver en el Prado a partir del 7 de mayo.

Miguel Falomir, director del museo, considera que se ha cumplido un sueño largamente acariciado. “Desde hace mucho tiempo, cuando hacíamos una lista de las obras que nos gustaría tener, invariablemente aparecía esta”, explicó ayer a EL PAÍS. A su parecer, la importancia de este óleo radica en que es, seguramente, la mejor de las que pintó Madrazo en la década de 1850, cuando ya era reconocido y su producción alcanzaba momentos excelsos de calidad. Y no es que el museo carezca de obras de Madrazo, ya que entre dibujos y pinturas sobrepasan las 80, pero entre los excelentes retratos que posee no hay ninguno de cuerpo entero situado en el exterior.

Falomir no solo reconoce el regalo en sí, también lo considera importantísimo como ejemplo de generosidad ante quienes tengan posibilidades de contribuir al enriquecimiento artístico del museo. Además, lo agradece en unos momentos en los que el presupuesto para el próximo año está a cero en la partida destinada a la conmemoración del bicentenario del museo: “Tenemos que estar llamando puerta a puerta para conseguir financiar el ambicioso programa que hemos preparado”.
Uno de los socios de la sala de anticuarios Caylus, José Antonio de Urbina, confirmó que el lienzo llegó a su establecimiento en las últimas navidades procedente de la familia de los marqueses. “La obra nunca ha salido de la familia y se encuentra en muy buen estado de conservación. Sabíamos que Alicia Koplowitz podía estar interesada y hablamos con ella. Creo que cerramos la operación en enero”.

Según se explica en la ficha del catálogo de la exposición de 1994, María Josefa del Águila Ceballos tenía 26 años cuando fue retratada. Luce un espléndido vestido de seda y encaje blancos. Sobre el pelo negro lleva un tocado de plumas y se adorna el cuello con una gargantilla de perlas. En el pecho luce un pinjante de oro y piedras. De su brazo izquierdo cuelga un mantón bordado que cae hasta el suelo. La mirada de sus fríos ojos claros marcan distancia con el espectador. Nacida en San Sebastián, en 1826, estaba casada con José María Narváez, sobrino y heredero del famoso general.

La obra está considerada como el más bello retrato femenino de corte de los muchos realizados por Madrazo. El mayor atractivo de la pieza está en el rostro de la retratada y en sus ropajes. Este lienzo recuerda el gusto y la elegancia puesta de moda en la época por el pintor francés Jean-Auguste-Dominique Ingres.



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Carolina Coronado. Hacia 1855. Óleo sobre lienzo, 65 x 54 cm. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz. Museo del Prado.

Victoria Carolina Coronado nació en Almendralejo (Badajoz) el 12 de diciembre de 1820. Pronto se trasladó a la capital pacense, donde recibió una educación liberal basada en el estudio de idiomas, música y canto. De exquisita sensibilidad, desde muy temprano demostró unas dotes excepcionales para la poesía intimista, a la que se dedicó de lleno como abanderada de los ideales liberales y románticos de la época que preconizaban tímidamente la dignidad y la instrucción del género femenino. A esta beligerancia responden, entre otros, los versos de su poema Libertad, concebidos para espolear la condición ancestral del destino de la mujer: ¡Libertad!, ¿qué nos importa? / ¿qué ganamos, qué tendremos? / ¿un encierro por tribuna / y una aguja por derecho?, o aquellos cantos a la solidaridad del sexo femenino en el símil poético de las flores que enlazan sus raices / a la planta compañera, / y viven en la ribera / sosteniéndose entre sí. Además de sus Poesías, publicadas en 1843, 1852 y 1872, escribió también novela y obra teatral, de escaso éxito. Admirada por la corte y la intelectualidad, instituyó a su llegada a Madrid, un cenáculo literario y musical en su casa de la calle Alcalá y posteriormente en la calle Sagasta, al que acudían intelectuales, artistas y políticos atraídos por el subyugante ambiente que su presencia y la de su esposo, el diplomático americano Justo Horacio Perry Spragne, despertaban. El destino fatal que acompañó a muchos de los poetas románticos, también hizo mella en la escritora, afectada desde su juventud por catalepsia crónica que la llevaría a padecer muertes aparentes que en alguna ocasión dieron origen a versos y sentidas necrológicas publicadas en la prensa. Falleció en su palacio de la Mitra, en el lisboeta enclave de Poço do Bispo, el 11 de enero de 1911. Ya enferma, la retrataría Federico de Madrazo alrededor de 1855 de busto corto en uno de los más bellos testimonios de la retratística psicológica del pintor, al incidir sobre el rostro de la escritora del que afloran sentimientos que reflejan la profundidad de un alma herida por el reciente fallecimiento de su hijo primogénito.

De perfil y vuelto el rostro hacia el espectador, destaca con entonada iluminación su ensoñadora y a la vez decidida mirada que aúna a un rictus de melancolía en la contenida sonrisa que evocan sus labios. Enlutada, cubre parcialmente su cabeza con una mantilla de encaje que deja ver las ondas de su cabello adornado con una trenza natural, subrayando con un punto de luz la transparencia del encaje blanco y la intensidad del terciopelo negro que ribetea su camisa interior. A la escasa paleta cromática desarrollada, entroncada en la más pura tradición nacional barroca, aúna también el pintor el recurso de la mano que sujeta el abanico asomando por encima de la natural enmarcación, en contraste con la suave degradación tonal que cierra de forma difusa el fondo del retrato en sugerentes formas que evocan paisajes de corte romántico (Texto extractado de Gutiérrez, A.: El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla. Museo Nacional del Prado, 2007, p. 136).



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El Gran Capitán, recorriendo el campo de la batalla de Ceriñola. 1835. Óleo sobre lienzo, 134,3 x 187,5 cm. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz. Museo del Prado.

Este lienzo es una de las obras fundamentales de la pintura del Romanticismo español, así como el primer cuadro importante de este género realizado por Federico de Madrazo a lo largo de su fecundísima carrera, que dedicaría después de forma prácticamente exclusiva a la pintura de retratos. Así, realizado en tamaño poussinesco es decir, a un tercio del natural, siguiendo la moda académica de esos años, el lienzo representa el episodio en que Luis de Armagnac, duque de Nemours, conde de Guisa y virrey de Nápoles, cayó muerto de un tiro de arcabuz durante la batalla que el 28 de abril de 1503 sostuvieron tropas francesas a su mando en la pequeña localidad italiana de Ceriñola, defendida por el ejército español a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), en una de las victorias más celebradas de las tropas enviadas a Italia por los Reyes Católicos para recuperar el reino de Nápoles, arrebatado por los franceses a la Corona de España. Al día siguiente del combate, con las primeras luces del alba, el Gran Capitán recorrió con sus oficiales el escenario de la lucha, sembrado con cerca de tres mil muertos y heridos, entre los que halló el cadáver del joven noble. Lleno de pesadumbre y dolor, el general español mandó trasladar el cuerpo del duque de Nemours a la Iglesia de San Francesco de Barletta, donde fue sepultado con todos los honores de su rango. En la mitad izquierda de la escena aparece el cortejo de lanceros y oficiales armados que acompañan al Gran Capitán, distinguiéndose entre ellos la figura de un noble con barba cana y collar de oro, que representa al príncipe Marco Antonio Colonna. Un jinete con armadura y el paje de Fernández de Córdoba, situados en primer término, de espaldas al espectador, cierran la composición por este flanco, viéndose tras la grupa de la cabalgadura los rostros de otros dos lanceros, sin duda también retratos del natural.

Como sucedería a lo largo del siglo con otras grandes obras del género, en este ambicioso lienzo histórico Federico de Madrazo no se resistió a tomar como modelo Las Lanzas de Velázquez, no sólo en su disposición escénica, sino además en la interpretación misma del acontecimiento histórico, subrayándose, como en el cuadro velazqueño, la nobleza del carácter español, que se compadece caballerosamente del enemigo vencido. Formalmente, la situación de los cuartos traseros del caballo del extremo izquierdo para dar profundidad a la composición, el grupo de las cabezas de los soldados y las lanzas enhiestas recortándose en el cielo plomizo son recursos extraídos directamente por Madrazo del lienzo de Velázquez, así como el detalle de autorretratarse en el extremo derecho de la composición, justo encima de su firma, exactamente en el mismo lugar en que aparece el considerado tradicionalmente como autorretrato del sevillano en La rendición de Breda, a la misma altura que el papel destinado a la signatura, pudiendo rastrearse además un claro recuerdo del Entierro del conde de Orgaz del Greco en el grupo que sostiene el cuerpo inerte del duque de Nemours.

Este lienzo supone en la trayectoria del joven Federico un enorme salto respecto a la obra de composición inmediatamente anterior, La enfermedad de Fernando VII, firmada en 1833, y muestra una asimilación absoluta del lenguaje estético del academicismo romántico europeo, tanto en la resolución de figuras como, muy fundamentalmente, en la distribución de las luces del amanecer, extrañas y caprichosas, pero utilizadas con gran habilidad en el manejo del claroscuro, que diferencian los diversos grupos de figuras para marcar el espacio en que se desenvuelven sin embargo muy comprimido, utilizando la visión panorámica del desolado campo de batalla como mero telón de fondo, como hicieran los pintores del Salón de Reinos en sus cuadros de batallas. No obstante, es pintura de indudables y múltiples aciertos, potenciados por el detallismo y refinamiento de la técnica con que están descritas las figuras, como el espléndido corcel árabe que monta el Gran Capitán, tomado del natural -del que el artista pinta hasta las espumas de su bocado que caen sobre la cincha de su pecho-, el paje con jubón de terciopelo que sujeta el yelmo, o los retratos de los personajes de la parte derecha; algunos, como el de Manuel Bohorques, de gran viveza e intensidad expresiva.

El cuadro fue comenzado en julio de 1834, dando cuenta detallada de su laboriosa ejecución la agenda-diario del pintor de ese año. Tras presentarse públicamente en la exposición anual de la Academia de San Fernando de 1835, causando un verdadero revuelo en los ambientes artísticos madrileños, Madrazo llevó el cuadro a París, para exponerlo en el Salón de 1838. A la vista de sus cartas, parece que Federico sentía cierto rubor por presentar su pintura en la capital francesa, consciente de la inferioridad ante aquellos artistas a quienes precisamente había intentado emular. Sin embargo y para sorpresa de Federico, el jurado del Salón le concedió por su obra una medalla de oro de tercera clase (Texto extractado de Díez, J. L.: El siglo XIX en el Prado. Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 163-167).


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Sabina Seupham Spalding. 1846. Óleo sobre lienzo, 203 x 133 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz

Esta obra ocupa un lugar destacado en la producción de Madrazo, como lo demuestra el hecho de que entre los retratos femeninos realizados desde su vuelta a Madrid en 1842 hasta 1850, éste sea, con la excepción de los de la reina, el encargo de mayor precio, 12.000 reales. Así se desprende del inventario realizado por el propio artista, donde lo consigna como Retrato de cuerpo entero de Mme. O`Shea, vestida de terciopelo de color granate. Esta no es, como se ha supuesto en alguna ocasión, la segunda esposa de Henry O`Shea (1782-1860), Elizabeth Montgomery, sino la tercera, Sabina Seupham, que sobrevivió a su marido.

Sabina Julia Seupham Spalding era hija de Diego Seupham y de Isabela Spalding, naturales de Lincoln, en Inglaterra. Casó con O’Shea en Trinity Church, parroquia de Saint Mary-le-Bone, en el condado de Middlessex, el 15 de marzo de 1831. Tuvo con su marido dos hijos, Alejandro, que no debió sobrevivir a sus padres, pues no aparece citado en la documentación notarial subsiguiente a la muerte de su padre, y Enrique Jorge, investido caballero de Gracia de la Orden de San Juan en 1853. Sabina debió de tener aficiones literarias, como revelan los libros que aparecen en el retrato así como su estrecha amistad con el norteamericano Washington Irving, que la tenía en gran estima. Precisamente este escritor admiró su retrato en el estudio de Madrazo, según se desprende de una carta que envió desde Madrid a la dama, entonces en París, fechada el 28 de marzo de 1846, en la que le comentaba sus buenas impresiones ante su calidad y parecido, tras haberlo visto con detenimiento. Poco después la obra figuró, con otras siete del artista, en la Exposición del Liceo Artístico y Literario de Madrid de 1846, en la que recibió excelentes críticas, en especial la ejecución del traje de terciopelo.

La dama, que debía entonces superar la treintena, conservaba la belleza de sus facciones y la gracia elegante de su actitud, realzada por su vestido de terciopelo con perlas en su cuerpo superior y por el manto de armiño con forro de seda blanca. En el velador descansan varios libros, uno de ellos en su estuche y un jarrón de porcelana, decorado con myosotis (nomeolvides), flor en boga durante el romanticismo, en cuyo interior pueden verse dalias, muy apreciadas desde la década de 1820, con una significación simbólica de amor permanente y constante. Una rama cortada de un tejo, árbol propio de la vegetación septentrional, muy longevo, que a veces tiene significación funeraria, aquí probablemente alude a la vida prolongada. Junto a ella, una caja de laca negra, de procedencia oriental, decorada con flores de jazmín, es muestra del refinamiento de su propietaria.

Se trata de uno de los mejores retratos femeninos de cuerpo entero del periodo más intensamente romántico de su autor, sólo equiparable al de Leocadia Zamora (colección particular), dos años posterior. La postura de la dama, sentada en una silla ante un mirador, con las manos juntas sobre el regazo y un pañuelo bajo una de ellas y con un pie apoyado en un cojín bordado, tiene un precedente en el retrato, diez años anterior, de María Manuela Kirkpatrick, condesa de Montijo (Fundación Casa de Alba, Palacio de las Dueñas, Sevilla). Con todo, en los diez años transcurridos el artista había progresado notoriamente en su pintura. Las calidades del vestido de terciopelo granate, de sus aguas y pliegues, que realzan la blanca nitidez del escote y de los brazos, la suavidad del modelado delicadamente torneado de estos, la elegancia de la disposición de las manos, la belleza de las transparencia de los encajes, realizados con una pincelada de certera grafía, lo mismo que la ejecución del brazalete y el aderezo de perlas y del broche con pinjante en el escote, revelan una interpretación sutilmente estilizada del retrato de Gran Estilo, apropiada para mostrar la condición del máximo relieve entre la burguesía adinerada de Madrid, de la retratada. Aún se ennoblece en mayor medida por el cortinaje y por la arquitectura del belvedere serliano que expresan la jerarquía y alta cultura de la dama, en tanto que el fondo del parque pintoresco con una laguna rodeada de árboles se relaciona con la naturalidad de su carácter. En esta interpretación, especialmente en el paisaje de atardecer, es notoria la sugestión británica, que atestigua el conocimiento por Federico de Madrazo de aquella escuela, así como su inteligencia para emplearlo en esta ocasión con toda propiedad, dada la proveniencia de la dama y de su marido (Texto extractado de Barón, J.: Memoria de Actividades 2014. Museo Nacional del Prado, 2015, pp. 50-53).



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María Dolores de Aldama y Alfonso, Marquesa de Montelo. 1855. Óleo sobre lienzo, 130 x 98 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz
 
Retratada hasta las rodillas, posa en pie de frente al espectador, vistiendo un magnífico traje negro de raso y terciopelo adornado con encajes y cintas, de corpiño ceñido y amplia falda acampanada. Se peina con el cabello tirante y trenzas cubriéndole las orejas, recogido por detrás con un tocado, también de encaje, atravesado por un gran alfiler rematado por dos adornos de joyería en sus extremos. Sobre el pecho luce un soberbio broche de oro, pedrería y perlas, además de una sortija y pulseras en ambos brazos. Recuesta el brazo derecho sobre el chal de piel echado en el respaldo de un sillón mientras deja caer el otro sobre la falda. Ladea ligeramente la cabeza, dirigiendo al frente su mirada inexpresiva, en la que parece vislumbrarse un leve rictus de cansancio indolente. Un muro liso de salón sirve de fondo a la figura de la dama, viéndose a la derecha un cortinaje y una mesa con tapete rojo sobre la que reposan un florero y un joyero.

María de los Dolores Aldama y Alfonso casó en La Habana en enero de 1835 con José Ramón de Alfonso y García de Medina (1810-1881), senador del reino, maestrante de Zaragoza y caballero de Carlos III, que obtuvo el título de II marqués de Montelo en 1864. Dama conocida por las tertulias que celebraba en su residencia, también se ensayó en el campo de las letras, llegando a escribir varias poesías y novelas, como las tituladas El guante y Dos cartas.

Aunque pintado en París, éste es uno de los retratos de Federico de Madrazo en los que aflora de forma más elocuente la profunda huella de la tradición española en la que formó su personalidad artística. En efecto, junto con la efigie de Carolina Coronado que también guarda el Prado, es uno de los retratos femeninos en que el artista supo sacar mejor provecho de su soberbio dominio de los negros, que había aprendido desde su juventud en los retratos de Goya y Velázquez que colgaban en el Prado, y con los que Federico estaba familiarizado en su vida cotidiana al ser su padre entonces director del museo. Así, continuando la más genuina raigambre española, resuelve todo el retrato con una paleta muy sobria y una elegantísima contención aristocrática en la pose, consiguiendo resultados de una extraordinaria riqueza pictórica, mostrándose ya dueño absoluto de todos los recursos del género. En efecto, la gradación de los tonos grises cálidos del muro que sirve de fondo a la figura, recortando limpiamente los delicados contornos de los encajes, el acusado contraste de las carnaciones blancas con la negrura del vestido y el delicado modelado de las manos, finas y mórbidas -una de las proverbiales especialidades del pintor-, son las cualidades más destacables del retrato, de una factura impecable y absolutamente maestra incluso en los elementos decorativos como el espléndido florero del fondo, resuelto con un trazo quebrado y mucha mayor soltura que el resto del cuadro, asomando en este detalle una libertad de ejecución que el artista hubo de reprimir al servicio de la técnica apurada de moda en esos años, y que comenzará a utilizar con mayor frecuencia a partir de la década siguiente.

El retrato fue pintado durante la estancia de Federico de Madrazo en la capital francesa en 1855 con motivo de la Exposición Universal, a la que presentó varios cuadros suyos, recogiéndose en su inventario manuscrito: 197. París. Retrato con manos de la Sra. de Alfonso [D. José Luis]... 12.000 [reales] (Texto extractado de Díez, J. L.: El siglo XIX en el Prado. Museo Nacional del Prado, 2007, p. 176).



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Isabel II. 1848. Óleo sobre lienzo, 217,5 x 136,5 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz

A Federico de Madrazo se deben sin lugar a dudas los mejores retratos oficiales de la reina Isabel II a la que supo ennoblecer su fisonomía con la delicadeza y el adorno de una riquísima indumentaria y pedrería, especialmente descrita y resuelta con una calidad exquisita. A estos recursos decorativos añadiría Madrazo la dulcificación de sus rasgos y la distinción de una pose, humanizada en cierta manera por la imagen casi adolescente de la reina, de mirada limpia y serena que gozó de sobrada popularidad entre sus súbditos, con quienes, como diría Galdós, estableció un sentimiento igualitario del que emanaba la recíproca confianza. Nunca hubo reina más amada, ni tampoco pueblo a quien su soberana llevase más estampado en las telas del corazón. A este modelo responde este retrato de aparato de la soberana realizado en 1848, a los dos años de haber contraído matrimonio con su primo Francisco de Asís, a quien también el mismo Madrazo retrató de encargo para el Ministerio de la Guerra en un idéntico formato que subrayaba la unión de la pareja, precisamente cuando las crónicas ponían de manifiesto el difícil entendimiento de los cónyuges en estos primeros años de convivencia, mediados por las intrigas palaciegas y los intereses políticos que llevaron al matrimonio a interrumpir su relación en bastantes períodos de ese mismo año. Sobre un fondo áulico de pilastras, mármoles y cariátides, ya empleado en otros retratos anteriores y trabajados en varios dibujos y estudios, representa a la reina Isabel potenciando su dignidad real con los atributos de su soberanía, caracterizados en el cetro que porta en su mano y que apoya sobre el almohadón donde descansa la emblemática corona real. Ataviada con un elegante traje de gran gala de moaré blanco con volantes de gasas adornados con varios lazos de perlas unidas en el centro formando una flor y dos borlas colgando, luce sobre él una cola de terciopelo azul orlada de oro que arrastra a los pies, subrayando la dignidad de la representada cuyo talle esbelto difiere bastante de la fisonomía natural de la soberana tendente a la obesidad. Aparece condecorada con la banda de la orden de María Luisa y adornada con un bouquet de flores sobre el pecho. Sobre su piel, resalta un collar tipo riviére formado por diamantes y dos pulseras de brillantes y rubíes que secundan la hermosa y delicada diadema de oro y diamantes en forma de flores de lis que luce sobre su cabellera, peinada a la moda del momento en dos bandos que ocultan los pendientes cortos de diamantes. Isabel II nació en Madrid el 10 de octubre de 1830. Primogénita del rey Fernando VII y de su cuarta esposa, María Cristina de Borbón, asumió la Corona a los trece años de edad y gobernó durante uno de los períodos más convulsos de la política española del siglo XIX, caracterizándose su reinado por la sucesión de las guerras carlistas y los continuos motines y pronunciamientos de orden militar que supusieron un interminable baile de conservadores y progresistas en el gobierno de la nación, hasta la revolución liberal septembrina de 1868, que la obligó al exilio en París hasta su abdicación en 1870 en su hijo Alfonso XII, en cuya persona se restauraría la monarquía en 1874. En París, vivió en el palacio de Castilla, al amparo de Napoleón III y Eugenia de Montijo, produciéndose su muerte el 9 de abril de 1904 (Texto extractado de Gutiérrez, A.: El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla. Museo Nacional del Prado, 2007, p. 128).



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El pintor Carlos Luis de Ribera. 1839. Óleo sobre lienzo, 92 x 73 cm. Museo Nacional del Prado. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz

Carlos Luis de Ribera (1815-1891) y Federico de Madrazo heredaron la rivalidad de sus padres, los pintores neoclásicos Juan Antonio de Ribera y José de Madrazo. Así como éstos fueron los introductores del neoclasicismo davidiano en España, aquéllos destacaron en el cultivo de un incipiente romanticismo, de talante ecléctico, en la primera madurez de sus prolongadas carreras. Rigurosamente contemporáneos, ambos coincidieron en París, donde Ribera se hallaba desde 1836 y Federico, que ya había estado en aquella ciudad en 1833, entre 1837 y 1839. Su trato fue entonces muy estrecho y, como testimonio de ello, se retrataron mutuamente.

La calidad de la resolución anticipaba en ambos casos, una continuada dedicación a aquel género, especialmente fecunda en el caso de Federico. La iniciativa del retrato cumplía también los fines de servir como muestra de la excelencia de su arte y de la relevancia de sus figuras ante otros émulos españoles y como recuerdo para sus propias familias. Para lo primero, decidieron enviar los retratos a la Real Academia de San Fernando con objeto de, como decía Federico, formar un cuerpo un poco compacto frente a otros artistas de peor calidad y más estrechas miras. Por esos motivos y porque se trataba en el fondo de una emulación entre ambos artistas (que venía a duplicar y a dar un matiz nuevo a la de sus padres), los dos se esforzaron en el desempeño de sus obras, que constituyen los mejores ejemplos de sus producción retratística en ese periodo. Conscientes de su significación, cuidaron de expresar el lugar y la fecha en que se realizaron, así como los nombres, pintados en letras capitales.

Quizá porque se hallaban ocupados en la ejecución de sendos grandes cuadros de historia, con destino al Salón de París, los retratos se demoraron más de lo previsto. Aunque la idea de su realización se planteó por vez primera en abril de 1838, y pensaban terminarlos en agosto, hubo que esperar un año para que se hallaran bastante adelantados. Carlos Luis terminó su retrato el 1 de mayo de 1839 y Federico debió de hacerlo el día 12. Algunos amigos y familiares, como los pintores Jean Alaux y Julien-Michel Gué, los vieron y los elogiaron en París. Hacia el 1 de julio salieron hacia Madrid ambos retratos, con los cuadros del Salon para ser expuestos, como estos, en la Academia. La rivalidad que proyectaban sus padres se advierte en el comentario de José de Madrazo cuando los vio, que censuró la apariencia seca y alemana del retrato que había hecho Ribera y, en cambio, apreció el de éste por su hijo, en su opinión mucho mejor porque tiene más empaste, más brillantez y más jugo. El cabello está tocado divinamente y no puede mejorarse. Años después aún escribía a propósito de este retrato que resiste la comparación al lado de Velázquez y Van Dyck.

Sin llegar a ese extremo, el artista consiguió plasmar con elegancia la efigie de su condiscípulo. Anticipaba así en esta obra la que habría de ser característica principal de su larga dedicación al retrato, que le granjeó numerosísimos encargos entre la aristocracia y la gran burguesía españolas. Para ello partió de los esquemas compositivos utilizados por David, luego seguidos por Ingres y Paul Delaroche, utilizando una postura que, por su relación con la escultura romana (La Agripina capitolina) otorga un aire de nobleza al retratado. Con todo, la interpretación del modelo va más allá y plasma la verdadera personalidad de Ribera, ya entonces algo tímida y melancólica, según testimonios del pintor Adrien Dauzats y del propio Federico. El artista aparece visto con cierta lasitud ya romántica, acentuada por la disposición de la capa. Ésta oculta casi por entero el sillón de modo que la figura parece flotar sobre esta prenda, cuyos pliegues están resueltos con una amplia pincelada, de tradición velazqueña, que sería asimismo característica de su producción posterior. La disposición diagonal, muy utilizada por Ingres, evita el estatismo. La cabeza de Ribera se presenta de tres cuartos, de modo similar a las de otros retratos dibujados por Madrazo en ese mismo año, como los de Calixto Ortega y Ramón San Juan, aunque de modo muy distinto al del retrato a lápiz que del propio Ribera realizó Madrazo poco después de haber terminado el lienzo, que revela un aspecto completamente distinto, más maduro, con el cabello más corto y barba, como si su anterior apariencia, reflejada por el retrato pintado, no le hubiera complacido. La obra revela una esmerada factura y una cuidadísima entonación en negros y castaños, animados por los brillos que reflejan con delicadeza la luz. La suavidad de las transiciones entre el contorno de la figura y el fondo, que le acerca a Delaroche, muestra también la orientación romántica, cuya moda refleja además la larga cabellera del modelo y su elegante atuendo. Diez años después ambos artistas volvieron a retratarse mutuamente mediante dibujos para sendas xilografías (Texto extractado de Barón, J.: El Siglo XIX en el Prado. Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 167-170).



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Josefa del Águila Ceballos, luego marquesa de Espeja. 1852 - 1854. Óleo sobre lienzo, 210,5 x 126,5 cm. La obra conserva su magnífica moldura isabelina original. Museo Nacional del Prado. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz

La retratada, doña Josefa del Águila y Ceballos Alvarado y Álvarez de Faria (San Sebastián, 16 de febrero de1826- Madrid, 26 de diciembre de 1888), casada en 1850 con José María Narváez, II vizconde de Aliatar y años después II duque de Valencia, tenía veintiséis años cuando, según la fecha del lienzo, se realizó el retrato. Esta obra es una de las más relevantes del periodo de madurez del artista. Fechada en 1852, aparece recogida en el inventario manuscrito del pintor como “retrato de la vizcondesa de Aliatar”, que era el título que entonces ostentaba la efigiada, en un precio de doce mil reales, lo que suponía el nivel más alto, a continuación de los retratos reales.

La década de 1850 es, justamente, la de mayor calidad en la trayectoria de Federico de Madrazo, el mejor retratista español en ese decenio y el que obtuvo la mayor fama internacional. Ningún otro retratista español en esos años alcanza, ni de lejos, la calidad que esta pintura revela. Este, de gran elegancia en la pose, interpreta con personalidad propia el gusto de refinada elegancia puesto en boga por Jean-Auguste-Dominique Ingres, con un tratamiento de gran calidad en el magnífico vestido de encaje, el chal bordado y el tocado de plumas. El fondo, tras la escalinata con balaustrada, de un parque con altos árboles y cielo azul está tratado con una pincelada amplia. Este aristocrático escenario es muy similar al que el artista había ensayado ya en su retrato de Leocadia Zamora y Quesada (Madrid, colección particular), fechado cinco años antes, cuyo éxito debió de mover al artista a repetirlo. Años después, en 1858, aún haría una variación de este fondo en el retrato de Bárbara de Bustamante y Campaner (Madrid, colección particular). El cromatismo, de gamas muy claras, entre el blanco marfileño del chal y el sedoso del vestido que deja transparentar la falda es muy delicado. En la ejecución destacan las transparencias de los encajes, cuyo rico dibujo está tratado con una pincelada precisa, capaz de perfilar con nitidez cada detalle. El pintor hizo resplandecer las ricas joyas con las que la dama se adorna, un collar de perlas de triple vuelta, un broche de oro y piedras preciosas, un brazalete de oro y una sortija en el anular de su mano derecha, mediante breves y acertados toques de pincel que acentúan los reflejos de la luz. El artista volvió sobre la pintura en 1854, según revela su agenda diario de ese año (apuntes del 19 y 20 de enero, y del 13 y 14 de febrero; en estos indica haberlo concluido en este último día). El 22 de febrero lo remitió a la hermana de la retratada, Concepción del Águila Ceballos, cuyo marido le visitó en su estudio el 3 de marzo y, según apuntes de la misma agenda, le pagó el retrato.



Otras obras


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Infanta Luisa Fernanda. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Isabel II. 1851. Óleo sobre lienzo. 204 x 131 cm. Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Isabel II. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Retrato de Isabel II. Óleo sobre lienzo, firmado y fechado en 1844. Pintado por encargo de la Academia de bellas Artes de San Fernando. Madrid. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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La Cocotte de Federico Madrazo  y Kuntz. Propiedad de la colección de UNICAJA. El valor de los bienes de esta entidad bancaria -actualmente en litigio-, podría duplicar la estimación de 100 millones de euros, según Fundos. No existe una tasación actualizada de las obras. Y, algunas de las piezas reclamadas, como el óleo La Cocotte de Federico Madrazo, que se adquirió en 1990 en la sala de subastas Christie's de Londres por 36.000 euros, superarían hoy el millón, según fuentes próximas al litigio.


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Francisco de Asís de Borbón. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Retrato del pintor Eduardo Rosales. 1867. Óleo sobre lienzo. 46,5 cm x 37 cm. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Retrato que representa al escritor, militar y político Ángel de Saavedra (1791-1865), duque de Rivas y Grande de España. Su obra literaria más conocida es Don Álvaro o la fuerza del sino. 1881-82. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Elizabeth Wethered Barringer. 1852. Óleo sobre lienzo, 142.2 x 99.7 cm. Ackland Art Museum. Universidad de Carolina del Norte. USA. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Retrato del general José Manuel de Goyeneche. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Retrato de Juan de Villanueva (grabado). 1835. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Rtº del Rey consorte Francisco de Asís de Borbón y Borbón, 1849. Colección Congreso de los Diputados. Madrid. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz

 
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Gertrudis Gómez de Avellaneda. 1857. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Bishop Museum - Kahili Room - 'Portrait of Bernice Pauahi Bishop'. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Retrato de Inés Francisca de Silva-Bazán y Téllez Girón (1806-1865), hija del marqués de Santa Cruz, y esposa de Nicolás Osorio y Zayas, XVII marqués de Alcañices y XV duque de Alburquerque. 1853. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Atanazy Raczyński. Galeria Malarstwa i Rzeźby Muzeum Narodowego w Poznaniu". Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Rtº D. Nicolás Salmerón Alonso, 1879. Federico de Madrazo y Kuntz. Óleo sobre lienzo, 130x96 cm. Leyenda: Don Nicolás Salmerón - ángulo superior derecho. Firmado fechado: F. De M. / Paris 1879 - ángulo inferior derecho. Fue Presidente en las Cortes Constituyentes de 1873-74


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Portrait of Bernice Pauahi Bishop painted by Frederico de Madrazo from a photograph, 1887, Bernice P. Bishop Museum


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María Eugenia de Guzmán, contessa di Teba, nota come Eugenia de Montijo, futura Imperatrice dei Francesi come sposa di Napoleone III Bonaparte. 1849. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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El pintor Carlos de Haes. 1867. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Retrato do Visconde de Porto Seguro. 1853. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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George William Frederick Villiers, 4th Earl of Clarendon by Federico de Madrazo y Kuntz


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Jaime Girona y Agrafel. 1856. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Retrato del actor Julián Romea. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Viuda d'Ourador, 1837, oli sobre tela, 27 x 21 cm. Museu de la Ciutat, València. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Maria Golitsyna. 1850. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Segismundo Moret Quintana, político español, en 1855. Oleo sobre lienzo de 118 x 90 cm. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Ventura de la Vega, 1849, óleo sobre lienzo, 61 cm x 52 cm. Museo del Prado. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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El pintor Vicente Poleró Toledo, 1873, óleo sobre lienzo, 39,5 x 31,3 cm. Museo del Prado. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz


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Pedro de Valdivia. 1860. Óleo sobre lienzo. Municipalidad de Santiago de Chile. Obra de Federico de Madrazo y Künt


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Don Álvaro de Luna en el patíbulo. 1841. Óleo sobre lienzo, 24 x 27,5 cm. Museo Goya. Castres. Francia. Obra de Federico de Madrazo y Künt


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La continencia de Escipión (Batalla de Cartagena - 209 a.C.). 1888. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz



Sus hijos: Luis, Rosa y Raymundo


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Este retrato familiar reúne a tres hijos de Federico de Madrazo y de Luisa Garreta en una estudiada composición ambientada en un exterior ajardinado. Muy elogiado por críticos e historiadores, mereció figurar en la portada del catálogo de la exposición dedicada a Madrazo que, en 1994-1995, se celebró en el Museo del Prado de Madrid.


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Fechado en 1845, representa de izquierda a derecha a Luisa, Rosa y Raimundo. Luisa, nacida en Madrid el 4 de julio de 1836, contaba 9 años en el retrato. Rosa, nacida en París el 2 de marzo de 1838 y bautizada el 5 de marzo con los nombres de Rosa, Cecilia y Paulina, tenía 7 años. Por último, Raimundo, nacido en Roma el 24 de julio de 1841 y bautizado el 28 del mismo mes con los nombres de Raimundo, Cristina, Rafael y Federico, contaba 4 años de edad.


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'Luisa, Rosa y Raimundo, hijos del pintor' (detalle de Rosa), de Federico de Madrazo (1845).


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Retrato de José Zorrilla y Moral, poeta y dramaturgo español, 1862, obra de Federico de Madrazo y Kuntz.

Ver liitografías de Federico de Madrazo y Kuntz‎


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El pintor Raimundo de Madrazo y Garreta, hijo del artista. 1875. Óleo sobre lienzo, 46,5 x 38,5 cm. Museo del Prado. Procedencia: Colección Raimundo de Madrazo, París; Maria Hann, París; comercio, Londres, 1988; comercio, Madrid, 1992; adquirido con fondos del legado Villaescusa, 1993. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz.

Este espléndido retrato forma parte de la serie que Federico de Madrazo pintara en agosto de 1875 a los hijos del artista que residían en París, formando con ellos un conjunto constituido además por las efigies de Isabel y Cecilia y completado por el retrato de Ricardo realizado al año siguiente. Esta intención de pintar para sí las efigies de sus propios hijos, responde al deseo paternal más íntimo de Federico a sus 60 años, en la soledad de su viudez, queriendo suplir con ellos la soledad del hogar familiar de sus hijos, ya mayores e independientes.Este es, con mucho, el mejor de todos ellos. Representa a Raimundo de Madrazo y Garreta (1841-1920) a sus 34 años, por quien Federico demostró durante toda su vida una especial predilección. Sus extraordinarias dotes para la pintura, muy por encima de su hermano Ricardo, y la enorme fama que adquirió pronto en los ambientes artísticos de París, donde fijó su residencia, hizo de alguna manera que Federico viera asegurada en él la garantía de continuación del esplendor artístico de la familia. Junto a ello, el hecho de que Raimundo fuera un artista cosmopolita y de reconocido prestigio en los circuitos comerciales tanto europeos como americanos, y los prolongados periodos que permaneció fuera de España sin ver a su padre, provocó en Federico de Madrazo una especial inclinación por el hijo ausente.Federico se esforzó en acercarse con este retrato a la vanguardia de la retratística burguesa parisina del momento, con espléndidos resultados. Lo deshecho de su factura, su gama fría, la captación espontánea del gesto y los toques precisos y directos del pincel con que está resuelto el rostro, logran una presencia física del artista de tal modernidad que haría casi pensar, de no estar firmado, en un autorretrato del propio Raimundo.Así, Federico refleja con la exquisita maestría de su mejor estilo el semblante altivo y orgulloso de su hijo, ya en la plenitud de su fama y prestigio, subrayada la natural elegancia distante de su carácter al retratarlo desde un punto de vista ligeramente bajo, concentrándose por completo la atención del espectador en el rostro del pintor, de enorme fuerza y atractivo, siendo sin duda pieza destacada de la fecundísima producción de Madrazo.El retrato fue conservado por Federico de Madrazo hasta su muerte, figurando en el inventario de sus bienes con el número 224, pasando después a poder de su hijo (Texto extractado de Díez, J. L.: Artistas pintados. Retratos de pintores y escultores del siglo XIX en el Museo del Prado, Museo del Prado, 1997, pp. 140-141).



Los Madrazo. Pintura
 

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La Muerte de Viriato. Museo del Prado. Obra de José de Madrazo y Garreta, fundador de la saga de artistas.

La colección de 84 obras de la saga familiar de los pintores Madrazo quedará definitivamente asentada en la ciudad madrileña de Alcalá de Henares. La colección, adquirida por la Comunidad de Madrid tras una dación por pago de impuestos, será instalada próximamente (ya lo está) en el palacio llamado de los Casado, un antiguo hospital dedicado a San Lucas y a San Nicolás que fue fundado por el cardenal Francisco Ximénez de Cisneros en 1503.

Leer más y ver más cuadros en este enlace interesante


Enlaces interesantes

Ver todas las obras de Federico de Madrazo en el Museo del Prado
José de Madrazo y Agudo
Federico de Madrazo y Kuntz
Pedro de Madrazo y Kuntz
Luis de Madrazo y Kuntz
Raimundo de Madrazo y Garreta
Ricardo de Madrazo y Garreta
Mariano Fortuny
Mariano Fortuny y Madrazo

Ver vídeo 'La saga de los MADRAZO'



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Federico de Madrazo y Kuntz, pintor español (aunque nacido en Roma) fue el segundo de una dinastía de pintores iniciada por su padre el santanderino José de Madrazo y Agudo, quien le impuso una férrea disciplina estética. En su ampliación de estudios, en París fue discípulo de Ingres.


Fuentes y agradecimientos: museodelprado.es, pintura.aut.org, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, congreso.es,senado.es,  artcyclopedia.com, elpais.com, elmundo.es, arte-paisaje.blogspot.com.es, epdlp.com y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Lunes, 15 Abril 2019, 12:49; editado 44 veces 
j.luis Enviar mensaje privado Enviar correo al usuario
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Mensaje Re: FEDERICO MADRAZO 
 
Gracias J.Luis por poner la galería de este pintor español. Unos retratos que bien merecen un hueco en nuestra galería.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: FEDERICO MADRAZO 
 
Gracias xerbar, Federico Madrazo es un gran pintor sin duda -al igual que su familia-, a los  Madrazo, los tenía en mi lista desde casi al principio, pero de esta saga familiar, hay pocas imágenes en Internet ¿no entiendo por qué?, con mediana calidad, al final he subido las más aceptables de Federico.

Despues de justo un año... con esta exposición doy practicamente por concluida la Galería de arte, al menos el fondo documental o primera fase que en su día me propuse. Según salgan noticias relaccionadas con las exposiciones, trataré de añadirlas. Igualmente si surgiese algún tema interesante, habriría un tema nuevo.


Desde esta página de arte del foro de xerbar, animo a cualquier compañer@ interesad@ en estos temas... a abrir tópic respetando las normas de la sección. También estaría agradecido y abierto a aceptar cualquier sugerencia para publicar nuevos trabajos, siempre y cuando fuesen viables. Espero vuestra cooperación.


 


Saludos.


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Nota: dos años después del mensaje de más arriba, decir que en la fecha de la edición de este tópic ya llevamos más de 700 galerías, justo al cumplirse el tercer aniversario de que publicase el primer trabajo.
 




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última edición por j.luis el Lunes, 19 Octubre 2009, 10:23; editado 1 vez 
j.luis Enviar mensaje privado Enviar correo al usuario
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Mensaje Re: FEDERICO MADRAZO 
 
Gracias J.Luis por este gran trabajo que has hecho. Una galería para estar orgullosos.  

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
Saludos a todos. Es mi primera vez en este foro. Os comento, el otro dia vi este cuadro firmado como F de M 1873. Lo he buscado por todas partes y no se de quien es y cual es su autor.

¿Alguien puedo ayudarme?


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Gracias
 



 
última edición por j.luis el Sábado, 18 Octubre 2008, 09:56; editado 1 vez 
EMILIA ESPINOSA Enviar mensaje privado
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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
Ah, firma que no se ve es esta, perdonad la calidad pero esta hecha con un movil.


http://www.foroxerbar.com/files/ima...drazo_firma.jpg
 



 
última edición por j.luis el Sábado, 18 Octubre 2008, 10:01; editado 1 vez 
EMILIA ESPINOSA Enviar mensaje privado
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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
Emilia bienvenida al foro y gracias por registrarte. Espero verte por aquí a menudo.

En cuando a tu consulta quizás J.Luis como autor de las galerías te pueda ayudar.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
Emilia, gracias por participar en el foro de xerbar. Sobre la posibilidad de qué las iniciales "F. de M." puedan corresponder a Federico de Madrazo, pudiese ser... la fecha que aportas está dentro de la vida activa del pintor, la temátetica del retratro era una de sus preferidas, la "M" de tu cuadro es parecida al cuadro: Retrato de Sofía Vela que se expone en el Museo del Prado. Aunque solía firmar como F. de Madrazo. Siento no poder ayudarte más.


Suerte.
 




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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
Gracias por vuestra ayuda, si os fijais detenidamente en la firma pone F fr M aunque se ve muy mal la F. Lo vi en un anticuario que no sabia nada del cuadro y el pintor. ¿Es posible encontrar algo asi y que no sepan nada del cuadro, o simplemente puede ser un timo? Sabe alguien como se expertiza?
 



 
EMILIA ESPINOSA Enviar mensaje privado
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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
En estos casos lo mejor es hacerle al cuadro una marca muy disimulada, pero visible en el reverso, que solo tu o personas de confianza sepan -para que no te den el cambiazo-  y buscar un experto en alguna galería de arte que sean expertos en pintores nacionales del siglo XIX. Suerte.


Saludos.
 




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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
FAMILIA ESPAÑOLA DE LA BURGUESÍA ROMANA


La dinastía de pintores Madrazo regresa a su ciudad de adopción y formación

Una muestra con varias tendencias del XIX, del Neoclasicismo al Impresionismo



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'Luisa, Rosa y Raimundo, hijos del pintor', de Federico de Madrazo (1845).

ROMA.- Un total de 66 obras de tres generaciones de pintores españoles del siglo XIX, conocidos como 'Los Madrazo' y muy ligados a la Ciudad Eterna, donde algunos nacieron, vivieron y se formaron artísticamente, se muestran en la exposición 'El mundo de los Madrazo' en la Real Academia de España.

Gracias a estas creaciones, en su mayoría retratos y algunos costumbristas, "el público italiano tendrá la oportunidad de conocer a una familia de artistas muy vinculados a esta ciudad y con una interesantísima historia como dinastía que se desvela en detalles de muchas de sus obras", comentó la comisaria Montserrat Martí.

"Cada retrato tiene una historia fantástica, todo un mundo detrás", agregó la comisaria, quien adelantó que se prepara un libro y una película sobre el ilustrado linaje.

La exhibición, organizada por la Comunidad de Madrid, enlaza la historia del arte de los dos países a través de la obra y la vida de una familia de intelectuales, poetas, arquitectos, músicos y pintores que mostraron siempre su admiración por la historia, el ambiente, el arte y las costumbres de Roma.

Una muestra que, a lo largo de tres generaciones de artistas, representa diferentes tendencias pictóricas del siglo XIX español, desde el Neoclasicismo del periodo de Fernando VII, del que fue un claro exponente José de Madrazo, hasta el Romanticismo de Federico, las pinturas por encargo de Luis o los trazos ya impresionistas de Raimundo y Ricardo.

La prolífica dinastía trató diversos géneros: pintura histórica, pintura religiosa y los que se exhiben en Roma: retratos de la familia Madrazo, de burgueses, de aristócratas, artistas y hasta miembros de la realeza, siempre transmitiendo el pulso de la época.

Cuadros como 'La reina Isabel II niña, abrazando una paloma' (1834) o 'Los piferaros tocando una oración'(1812), entre otros, del patriarca José de Madrazo, ocupan una sala.

El resto están dedicadas a la obra de sus descendientes con delicadas telas: 'Luisa, Rosa y Raimundo, hijos del pintor', de Federico de Madrazo de (1845); 'María Teresa de Madrazo y su prima María Luisa Fortuny', de Luis de Madrazo (1880); un óleo sobre cartón conocido como 'Retrato de Isabel de Madrazo' (1859), de Raimundo de Madrazo y un óleo sobre tabla llamado 'Luisito Daza muerto', de Ricardo de Madrazo (1895).


Amigos de la burguesía romana

La relación de los Madrazo con Roma se remonta a 1803, cuando José de Madrazo viajó a la ciudad, donde nacieron seis de sus once hijos, entre ellos Federico, quien regresó en 1839 y Luis, que vivió en la capital italiana cinco años, explicó el comisario Carlos González.

La tercera generación la componen los hijos del mejor retratista de la época, Federico: Raimundo, también nacido en Roma en 1841 y donde trabajó, al igual que su hermano Ricardo quien pintó junto a Mariano Fortuny Marsal.

Roma no fue pues una ciudad de paso para los Madrazo, sino que establecieron estrechos vínculos de amistad con artistas de todas las nacionalidades instalados allí y especialmente con las más destacadas entidades y personalidades de la ciudad.

A través de sus agendas personales y de su correspondencia se puede evocar casi un siglo de la vida y arte de la capital italiana, mientras que su obra destila una vida familiar de vericuetos y entresijos típicamente galdosiana.

José y Federico de Madrazo, pintores de la Real Cámara Española y del Real Museo del Prado, ejercieron destacados cargos artísticos en España.

Federico, como director de la Academia y de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, defendió y marcó las pautas de la entidad, mostrando siempre un enorme interés por el progreso del arte español en la Ciudad Eterna, donde creó la Real Academia de España en Roma.

"Por ello" -dijo el Comisario González- "se ha elegido Roma para la primera vez que sale de España la colección", que ha sido organizada por la Comunidad de Madrid con la colaboración en la producción de Seacex.

La Comunidad de Madrid adquirió en 2006 la colección, compuesta por 84 pinturas, que pertenecía a los descendientes de María Teresa de Madrazo y de Madrazo, hija única de Luis de Madrazo Kuntz y de su sobrina Luisa de Madrazo Garreta, explicó el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.

La colección sobrevivió a la Guerra Civil al ser evacuada a Ginebra bajo el auspicio de la Sociedad de Naciones junto a miles de obras de arte españolas, y regresó a Madrid, donde se guardaba desde 1917 en un céntrico piso hasta que fue comprada por la Comunidad de Madrid.


EL MUNDO
 




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Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
He editado las dos imágenes de EMILIA ESPINOSA pues descuadraban el foro por su gran tamaño.


Saludos.
 




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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
El Museo de los Madrazo estarça ubicado en Alcalá de Henares


Los fondos los compondrán 84 pinturas que pertenecían a los descendientes de María Teresa de Madrazo y de Madrazo, hija única de Luis de Madrazo Kuntz y de su sobrina Luisa de Madrazo Garreta



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Palacio de los Casado, antiguo Hospital de San Lucas y San Nicolás, en Alcalá de Henares.

En febrero de 2010 se anunció la creación de un museo en el Palacio de los Casado de Alcalá de Henares dedicado a la riqueza pictórica de Los Madrazo, tras la firma de un convenio entre la Comunidad y el Ayuntamiento, para constituir este centro, que será de titularidad municipal, y albergará y mostrará la Colección Madrazo, propiedad de la Administración autonómica desde el año 2006. Como anticipo de la creación del futuro Museo Madrazo, se inauguró la exposición temporal El mundo de los Madrazo. Colección de la Comunidad de Madrid.

El edificio que el Ayuntamiento destinará a ser sede de la Colección Madrazo será el Hospital de San Lucas y San Nicolás, también conocido como Palacio de los Casado, que está siendo rehabilitado. La corporación local asumirá las obligaciones derivadas de su futuro funcionamiento. La Comunidad de Madrid adquirió, por 2,9 M. de Euros, en 2006 una colección de 84 pinturas que pertenecían a los descendientes de María Teresa de Madrazo y de Madrazo, hija única de Luis de Madrazo Kuntz y de su sobrina Luisa de Madrazo Garreta. Esta colección (8 lienzos de José de Madrazo, 45 de Luis, 24 de Federico, cinco de Raimundo, uno de Ricardo y otro del Infante Sebastián Gabriel de Borbón), formada por sucesivas herencias familiares, constituye un importante y representativo legado de la familia más influyente del arte decimonónico español, con la presencia de obras de todos los temas y estilos imperantes en la época pintadas por José, Federico, Luis, Raimundo y Ricardo de Madrazo.

Los Madrazo, artistas internacionales y cosmopolitas, viajaron y vivieron largas temporadas fuera de España. José y Federico fueron directores del Real Museo de Pintura, más tarde Museo Nacional de Pintura (Museo del Prado). Primeros Pintores de la Real Cámara y directores de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, se relacionaron con los principales estamentos culturales europeos y ejercieron de cicerones de los artistas extranjeros que visitaban Madrid. Raimundo vivió en París y Ricardo se formó junto a su cuñado Mariano Fortuny en Roma París, Granada y Marruecos.

elmundo.es / Publicado en Febrero de 2010
 




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Mensaje Re: MADRAZO, Federico De 
 
El Museo del Romanticismo alberga el Retrato de Isabel II de Federico Madrazo



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Retrato de Isabel II de Federico Madrazo y Kuntz, un retrato oficial de la Reina, fechado en 1849. Museo del Romanticismo. Madrid.
  
El Ministerio de Cultura ha adquirido el Retrato de Isabel II de Federico Madrazo y Kuntz, un retrato oficial de la Reina, fechado en 1849, que se puede contemplars en el Museo del Romanticismo. Dicha adquisición enriquece y completa la colección del Museo con una pieza clave, ya que la figura de la Reina es uno de los ejes fundamentales de su discurso expositivo.

El Ministerio de Cultura ha adquirido el Retrato de Isabel II de Federico Madrazo y Kuntz, un retrato oficial de la Reina, fechado en 1849, que podrá contemplarse en el Museo del Romanticismo a partir de este martes 14 de junio. Dicha adquisición enriquece y completa la colección del Museo con una pieza clave, ya que la figura de la Reina es uno de los ejes fundamentales de su discurso expositivo.

Se trata de un óleo sobre lienzo con un marco dorado de madera tallada y rematado con la corona real, que reafirma el carácter oficial de la obra. Ésta es una versión con ligeras variantes del prototipo de retrato oficial de la Reina Isabel II creado por Madrazo en 1846 que se encuentra en la colección del Banco de España y del que existen otros ejemplos tan significativos como el realizado en 1850 con destino a la Embajada de España ante la Santa Sede en Roma.

En esta versión, la reina aparece de pie, vestida con un traje de raso azul con encajes, diadema de perlas y brillantes, tocada con un velo y apoyando la mano en una mesa donde se disponen simbólicamente la corona y el cetro.

RETRATISTA DEL ROMANTICISMO

Federico de Madrazo fue el retratista más importante del Romanticismo. La exquisitez y calidad de su técnica y su extraordinaria capacidad para captar e idealizar al modelo, le llevaron a realizar los retratos de los personajes más importantes de la época, y en última instancia, a ser nombrado Pintor de Cámara de la Reina Isabel II.

Su labor, imprescindible en el ámbito del retrato cortesano, fijó la iconografía de los retratos oficiales de la Reina, sirviendo como modelo para los demás pintores del momento.

Su formación, recibida en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y las influencias recibidas durante sus estancias en París y Roma, donde quedó marcado por los románticos academicistas franceses y los pintores nazarenos alemanes afincados en Italia, le llevaron a ser el impulsor de una renovación en el panorama artístico nacional y a conseguir un enorme prestigio y reconocimiento.

El Museo del Romanticismo, que alberga una pequeña pero selecta representación de obras de Madrazo, dentro de su amplia colección de pinturas del XIX, no contaba hasta ahora con un ningún retrato oficial del relevante pintor de Cámara de Isabel II. Por ello, la adquisición de esta obra, especialmente emblemática, constituye una ocasión única que viene a nutrir muy significativamente las colecciones del Museo. Debido a la especial relevancia de la obra, ésta se ubicará en el espacio más representativo del Museo: el Salón de Baile.

EL FOLLETÍN DEL MR

Los seguidores de las redes sociales del Museo y de la revista digital Somosmalaña, que ha colaborado con la difusión de esta iniciativa, han podido seguir el proceso de compra, transporte y restauración de la obra a través del primer lanzamiento del Folletín del MR.

Una publicación on-line que, diariamente e imitando el estilo de los folletines del siglo XIX, ha ido narrando en tono misterioso el recorrido de una obra de arte desde su adquisición hasta su exposición en un Museo.

La intención de esta publicación ha sido recuperar uno de los géneros literarios más populares de la época, cuyo origen se remonta al romanticismo francés y que, acompañando a los diarios decimonónicos, narraba hechos dramáticos con un componente de intriga.


Fuente: noticias.lainformacion.com
 




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Mensaje Re: MADRAZO (Federico De Madrazo Y Kuntz) 
 
Recupero esta interesante información relacionada con este tema



El Museo de los Madrazo estarça ubicado en Alcalá de Henares


Los fondos los compondrán 84 pinturas que pertenecían a los descendientes de María Teresa de Madrazo y de Madrazo, hija única de Luis de Madrazo Kuntz y de su sobrina Luisa de Madrazo Garreta



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Palacio de los Casado, antiguo Hospital de San Lucas y San Nicolás, en Alcalá de Henares.

En febrero de 2010 se anunció la creación de un museo en el Palacio de los Casado de Alcalá de Henares dedicado a la riqueza pictórica de Los Madrazo, tras la firma de un convenio entre la Comunidad y el Ayuntamiento, para constituir este centro, que será de titularidad municipal, y albergará y mostrará la Colección Madrazo, propiedad de la Administración autonómica desde el año 2006. Como anticipo de la creación del futuro Museo Madrazo, se inauguró la exposición temporal El mundo de los Madrazo. Colección de la Comunidad de Madrid.

El edificio que el Ayuntamiento destinará a ser sede de la Colección Madrazo será el Hospital de San Lucas y San Nicolás, también conocido como Palacio de los Casado, que está siendo rehabilitado. La corporación local asumirá las obligaciones derivadas de su futuro funcionamiento. La Comunidad de Madrid adquirió, por 2,9 M. de Euros, en 2006 una colección de 84 pinturas que pertenecían a los descendientes de María Teresa de Madrazo y de Madrazo, hija única de Luis de Madrazo Kuntz y de su sobrina Luisa de Madrazo Garreta. Esta colección (8 lienzos de José de Madrazo, 45 de Luis, 24 de Federico, cinco de Raimundo, uno de Ricardo y otro del Infante Sebastián Gabriel de Borbón), formada por sucesivas herencias familiares, constituye un importante y representativo legado de la familia más influyente del arte decimonónico español, con la presencia de obras de todos los temas y estilos imperantes en la época pintadas por José, Federico, Luis, Raimundo y Ricardo de Madrazo.

Los Madrazo, artistas internacionales y cosmopolitas, viajaron y vivieron largas temporadas fuera de España. José y Federico fueron directores del Real Museo de Pintura, más tarde Museo Nacional de Pintura (Museo del Prado). Primeros Pintores de la Real Cámara y directores de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, se relacionaron con los principales estamentos culturales europeos y ejercieron de cicerones de los artistas extranjeros que visitaban Madrid. Raimundo vivió en París y Ricardo se formó junto a su cuñado Mariano Fortuny en Roma París, Granada y Marruecos.

elmundo.es / Publicado en Febrero de 2010
 




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Mensaje Re: MADRAZO (Federico De Madrazo Y Kuntz) 
 
Museo Nacional del Prado
18/10/2016 - 22/10/2017
Comisario: Javier Barón, Jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX.




Presentación especial: La infancia descubierta

Retratos de niños en el Romanticismo español

El Museo del Prado reúne una selección de ocho obras, fechadas entre 1842  y 1855, que han sido elegidas entre los numerosos retratos infantiles del período isabelino que conserva en sus colecciones, para mostrar al visitante dos de los núcleos más importantes del Romanticismo en España: Madrid y Sevilla.  La presentación de esta selección servirá también para presentar por primera vez al público del Museo el apenas conocido retrato de Esquivel incorporado a sus fondos recientemente.

El conjunto de retratos refleja diferentes interpretaciones de la infancia, tema que, durante el Romanticismo, se convirtió en asunto predilecto de los artistas conforme a los nuevos intereses de su clientela.




 1luisa_de_prat_y_gandiola_luego_marquesa_de_barban_on

Luisa de Prat y Gandiola, luego marquesa de Barbançon. Hacia 1845. Óleo sobre lienzo, 104 x 84 cm. Obra de Vicente López Portaña. Museo Nacional del Prado.
Luisa de Prat y Gandiola (1837-París, 1888), hija de Pedro Juan María de Prat y Zea Bermúdez (1806-1868), conde de Pradère y barçon de Rieux, y de Pilar Trinidad Tomasa Gandiola y Cavero (P02559). Casó con Daniel Carballo y Codegio.
Vestida con un traje de raso azul, bordeado de encajes, está retratada de cuerpo entero, en el umbrío rincón de un bosque, sentada sobre el tronco de un árbol. De cabello rubio y largo y mirando al espectador, sobre sus manos cruzadas cae el agua de un arroyuelo que mana por un canalillo, junto a una especie de gruta artificial. Descalza de un pie, tras ella se ve su sombrero de capota. Sin duda es éste retrato excepcional dentro de toda la producción, por la singularidad de su composición y la actitud de la retratada, evidentemente influido por el retrato romántico inglés, al que dentro de su peculiar estética, López intenta aquí imitar. En efecto, la actitud abandonada y soñadora de la niña, su inclusión en un espacio campestre y bucólico y la elegancia refinada de su postura, algo afectada, y tan solo mermada por la apariencia de adulta prematura de la jovencita, son recursos que López toma prestados de la retratística inglesa, quizás por propia inspiración de su cliente (Texto extractado de Díez, J. L.: Maestros de la pintura valenciana del siglo XIX en el Museo del Prado, Valencia, 1998).


 2ni_a_sentada_en_un_paisaje

Niña sentada en un paisaje. 1842. Óleo sobre lienzo, 111 x 81,5 cm. Obra de Rafael Tegeo Díaz. Museo Nacional del Prado.
Aunque Rafael Tegeo logró cotas de indudable maestría como pintor de cuadros de composición, tanto de asuntos mitológicos y religiosos como de escenas de historia, este artista alcanzó renombre entre la clientela altoburguesa de los primeros años del reinado de Isabel II fundamentalmente como paisajista y pintor de retratos, cuajando en ambos géneros un estilo muy personal, asentado en unas excelentes cualidades técnicas, gracias a la precisión atenta de un dibujo muy depurado y a su refinamiento en el uso del color; facultades acrisoladas por un sólido aprendizaje académico. Su especialización en ambos géneros le llevó a cultivar una modalidad retratística poco usual en España, los retratos civiles de burgueses y aristócratas ante paisajes abiertos que, procedentes de la tradición inglesa, serán mucho más raros en la pintura romántica española, focalizados sobre todo en la escuela andaluza, estimulada por el gusto de las familias británicas establecidas en esta región.
Ejemplo máximo de esta fusión en la obra de Tegeo es este delicioso retrato, seguramente la obra maestra del artista murciano en su producción madura en este género, en el que asume decididamente las pautas del nuevo Romanticismo sin renunciar por ello a la solidez de su formación en el academicismo clasicista del primer tercio del siglo. Representa a una niña de unos nueve años de edad, de rostro fino y tez acusadamente pálida, sobre la que destacan sus intensos y grandes ojos. Retratada de cuerpo entero, está sentada en un banco al aire libre, ante un muro. Se peina con una trenza y luce un vistoso traje de raso a rayas adornado con puntillas, viéndose caído en el suelo a sus pies su sombrero de capota, de terciopelo. Sobre el regazo envuelve varias rosas en un pañuelo, cogiendo una de ellas en la mano derecha. Al fondo se pierde en la lejanía un paisaje boscoso atravesado por un río con una cascada, asomando una construcción entre los árboles.
La captación de la frágil y menuda figura de la niña, de expresión a la vez levemente melancólica y risueña, bañada por una iluminación fría y dirigida, casi nocturna, así como el refinamiento descriptivo de que hace aquí gala Tegeo en detalles como los zarcillos de plata y brillantes con que se adorna la pequeña o los brillos tornasolados de los pliegues de su vestido -verdadera especialidad de este pintor-, pertenecen a lo mejor de su arte, envolviendo siempre a sus personajes con un aire de cierta timidez provinciana y elegante, en la que reside buena parte del encanto de sus retratos. Por otra parte, la inclusión en este caso de un fondo de paisaje supera con mucho el habitual tratamiento de este recurso decorativo como un mero telón de fondo para deleitarse en describir en todos sus matices los distintos elementos que lo conforman, enriqueciéndolo hasta adquirir un interés propio, de indudable gracia pintoresca y colorista, al gusto romántico. Así, la primorosa ejecución del boscaje y las aguas del río, de suaves transparencias, los juegos de luces y sombras de las ramas que asoman por la parte superior o las gradaciones del cielo crepuscular permiten percibir las cualidades de Tegeo como especialista en la pintura de países; faceta de la que sin embargo se conocen hoy contados ejemplos (Texto extractado de Díez, J. L.: El Siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 130-132).


 3raimundo_roberto_y_fernando_jos_hijos_de_s_a_r_la_infanta_d_a_josefa_de_borb_n

Raimundo Roberto y Fernando José, hijos de S.A.R. la infanta Dña. Josefa de Borbón. 1855. Óleo sobre lienzo, 146 x 104 cm. Obra de Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina. Museo Nacional del Prado.
Obra singular en el panorama de la pintura romántica que encarna por sí sola los ideales liberales, de raíz rousseauniana, acerca de la educación libre –adjetivo que aparece inscrito en el collar del perro- defendida por el padre de los niños retratados, el escritor y periodista cubano José Güell (1818-1884), quien en su libro Lágrimas del corazón dedica a su hijo Raimundo un poema, algunas de cuyas estrofas podrían haber inspirado la composición de esta obra: “No te importe vivir en la pobreza./Si puedes aspirar al aire puro./Y ver la luz del sol y la grandeza/De la noche que llena el cielo oscuro/[…] Y no adornes tu frente con laureles./Ni que la luz del sol nunca te vea, /Ridículo, vestido de oropeles/Ni del poder llevando la librea.” Los protagonistas aparecen representados como pastores arcádicos, vestidos solo con pieles y convertidos en la proclama del liberalismo por su acción de poner en libertad a unos jilgueros. Ejecutado con un claro sentido escultórico, propio de los últimos años de la trayectoria de Esquivel, este retrato fue elegido por el artista para tomar parte en 1856 en la primera de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.


 4isabel_arag_n

Isabel Aragón. 1854. Óleo sobre lienzo, 79,5 x 65,8 cm. Obra de Luis Ferrant y Llausás. Museo Nacional del Prado.
Pese a la escasa producción retratística conocida, es patente la sensibilidad mostrada por Luis Ferrant en este género, en el que, por lo general, se adaptó con certera precisión a los gustos de la alta burguesía madrileña de los años centrales del siglo XIX, empleando con cierta complacencia los prototipos de mayor éxito, sin renunciar por ello a su cosmopolita personalidad artística. Este delicado retrato de niña reproduce una de las más exitosas tipologías de su tiempo, pero fue resuelto de un modo insólito en contraste con su estilo más habitual, a veces algo blando y de entonación opaca. La pintura rememora la solidez de la tradición retratística del barroco español, adaptada, eso sí, a los modelos franceses académicos posteriores a Ingres. La rigurosa colocación de la figura en el espacio, definido por un fondo neutro oscuro arcilloso, la distribución de la luz a través de un pétreo sombreado remarcado especialmente a lo largo del brazo izquierdo de la joven, e incluso la misma pose de la modelo, evocan formalmente la tradición española y en concreto ciertos recursos de Zurbarán. Todo ello resulta de absoluta excepcionalidad en el contexto de la producción conocida de Ferrant, como también la intensidad tonal de su factura y la potente iluminación que baña la figura, que en el resto de su obra acostumbran a ser mucho más discretas. La tibieza de las carnaciones del rostro es casi el único testimonio ajustado a la edad de la modelo, de unos doce años, pues su directa y poco inhibida mirada no corresponde con la psicología de una niña al borde de la pubertad, como sucede igualmente con otros aspectos de la representación. En realidad, durante buena parte del siglo XIX fueron muy pocos los artistas que supieron captar ajustadamente a los niños en sus retratos, y fue bastante común que adoptaran poses y ademanes de adultos.
Isabel Aragón posa con un vestido gris azulado ribeteado con tiras de escocia y una camisa de blonda guarnecida con lazos de color rosado, adornos que estuvieron muy de moda en los años en que se fecha el retrato, pero que se aconsejaba emplear por separado y, más bien, por señoritas de mayor edad. La mano, de dibujo firme, sostiene un pañuelo blanco de seda bordada que destaca la sutileza de la fresca y clara encarnación de la piel de la joven. Ferrant describe atentamente el recargado atuendo de la damisela -para lo cual se sirvió de un dibujo consistente-, detallando con minucia sus valiosas joyas, propias de una mujer de más edad, o el elaboradísimo peinado con moños y trenza a modo de diadema adornado con flores naturales, que era característico de una muchacha adolescente, pero que resulta sobrecargado para el gusto del momento. De hecho, era frecuente en la prensa de esos años encontrar abundantes advertencias contra los desmanes de la coquetería femenina y sus afectados resultados -síntoma inequívoco de que era algo que se extendía en la buena sociedad de los años centrales del siglo- y que estaban especialmente mal vistos en las jovencitas de poca edad que -como lo haría probablemente la modelo de este retrato- anhelaban ser recibidas en sociedad, pero a las que se exigía, por encima de todo, extrema discreción.
La retratada es Isabel Aragón Rey, que casaría luego con Nicolás Escolar y Sáenz-López, reconocido médico madrileño, pariente cercano del político riojano Práxedes Mateo-Sagasta y Escolar (1825-1903), que fue varias veces presidente liberal del gobierno de España. El matrimonio Escolar Aragón tuvo una hija, Rita -que falleció sin descendencia-, y un varón, Carlos (1872-1958), ingeniero y presidente del Consejo Nacional de Obras Públicas entre 1941 y 1942. Carlos Escolar tampoco tuvo hijos de su matrimonio con Fermina González y en su testamento legó este retrato de su madre siendo una niña al Museo del Prado (Texto extractado de G. Navarro, C. en: El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 144).


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Manuel y Matilde Álvarez Amorós. 1853. Óleo sobre lienzo, 159 x 126 cm. Obra de Joaquín Espalter y Rull. Museo Nacional del Prado.
Este retrato infantil representa a dos hermanos de corta edad, recostados en el banco de un jardín. Retratada de cuerpo entero, la niña que parece tener unos siete años, viste sombrero de capota adornado con flores que le enmarcan el rostro y chaquetón de terciopelo granate con borde de armiño. Coge por el hombro a su hermano pequeño, de unos cuatro años, vestido con un curioso traje de raso, que sostiene en sus manos una pelota, viéndose su sombrero en el banco.
El lienzo es del mejor estilo de Espalter y del retrato infantil catalán que produjera el purismo tardo romántico, donde al obligado parecido de los pequeños modelos se pretende unir siempre una pose amable, aderezada con un toque anecdótico en la indumentaria o los juguetes, insistiéndose en el especial carácter decorativo de los fondos, ambientados en vistosos paisajes, casi siempre de jardines. Por otra parte, en esta obra pueden observarse las altas calidades plásticas conseguidas por el pintor, así como el refinamiento de su técnica en aspectos como la reproducción táctil de las calidades de las telas, junto a cierto arcaísmo en la simplicidad de la composición, dispuestas las figuras en un espacio inusualmente amplio, o la minuciosidad casi naif conque están descritos algunos detalles, como la puntilla de los pantaloncitos de los niños y el tratamiento convencional del jardín umbrío, a modo de mero telón de fondo, aunque con resultados de indudable efecto ambiental, dentro de un purismo elegante y algo ingenuo, que presenta en este pintor catalán de formación nazarena curiosas conexiones con la estética de la pintura Biedermeier. (Texto extractado de Díez, J. L. en: Museo del Prado. Últimas adquisiciones 1982 - 1995. Madrid, 1995. p. 104).


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Federico Flórez y Márquez. 1842. Óleo sobre lienzo, 178,5 x 110 cm. Obra de Federico de Madrazo y Kuntz. Museo Nacional del Prado.
El muchacho está retratado en pie, de cuerpo entero, y parece representar unos diez años. De abundante cabellera rubia y ojos claros, la blancura de su piel acusa el rubor encendido de sus mejillas. Posa en gallarda actitud militar, un punto arrogante, luciendo su vistoso uniforme de gala de escolapio de color azul-negro, perteneciente al Colegio de Alumnos Nobles de Madrid. Así, viste casaca con botonadura plateada, cuello y bocamangas ocres y pantalón con galón de plata, apoyando la mano izquierda en un espadín sujeto al cinto mientras sostiene con la otra el bicornio, que apoya en la rodilla. Tras su figura se despliega un austero paisaje campestre de caminos y empalizadas, identificado en ocasiones con algún paraje de las afueras de Madrid, de profunda lejanía, en la que se vislumbra un caserío rural bajo un cielo plomizo, cubierto de nubarrones.
Esta es seguramente la efigie infantil más conocida de cuantas pintara Federico de Madrazo en toda su vida, constituyendo verdaderamente una obra de especial significación en su producción, ya que se trata de uno de los primeros y más notables retratos pintados por el artista nada más instalarse definitivamente en Madrid tras su estancia de formación en Roma, resuelto -bien a su pesar- a dedicarse por entero a este género, renunciando así a sus anhelos juveniles de convertirse en un gran pintor de historia. En efecto, la ambientación del retrato en un paisaje abierto de campiña, que se despliega en grandes franjas de color en zigzag hasta el horizonte, supone un recurso verdaderamente inusual en la obra de Madrazo lo que, junto al protagonismo de los negros del uniforme y la apostura del modelo, muestran la personalísima evocación que el artista hace del mundo velazqueño recién regresado a España, utilizando las mismas claves compositivas que los retratos de caza del sevillano, aunque en una interesante conjunción con los planteamientos estéticos de la retratística purista internacional de esos años, en los que Federico había cuajado su estilo juvenil, y a los que suma puntualmente en esta primera etapa de madurez una personal influencia de la estética inglesa en la elegancia distante de los modelos posando ante paisajes naturales.
Por otra parte, la interpretación de los diferentes elementos del paisaje obedece a una elaboración eminentemente personal de la creatividad del artista más que a la representación de un paraje real, en la que aspectos como el árbol del extremo derecho, cuyas ramas se recortan sobre el cielo, o la densidad amenazante de las nubes, siguen las pautas del paisaje romántico centroeuropeo de esos años, que Madrazo había asimilado durante su estancia romana en torno al círculo nazareno. Junto a ello, la iluminación irreal y efectista con que está resuelto el retrato, de acusados brillos en las manos y adornos de metal del uniforme del escolapio, bañado el personaje por una luz distinta del fondo campestre ante el que se encuentra, demuestra el tratamiento absolutamente independiente con que el artista resuelve figura y paisaje, envolviendo todo el retrato en la atmósfera cenicienta de un extraño crepúsculo, que infunde a la figura un aire inquietante y melancólico, enormemente sugerente (Texto extractado de Díez, J. L., El siglo XIX en el Prado. Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 170-172).


 7retrato_de_ni_a_en_un_paisaje_1

Retrato de niña en un paisaje. 1847. Óleo sobre lienzo, 116 x 95 cm. Obra de Carlos Luis de Ribera y Fieve. Museo Nacional del Prado.
La protagonista aparece en un paisaje al que el artista concede una importancia destacada. El autor, hijo del también pintor Juan Antonio Ribera es, junto con su amigo y rival Federico de Madrazo, una de las figuras del Romanticismo en España, como atestigua esta obra, de dibujo preciso y brillante cromatismo.


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Retrato de niña. 1852. Óleo sobre lienzo, 112,5 x 77,5 cm. Obra de Valeriano Domínguez Bécquer. Museo Nacional del Prado.
Se trata de un retrato realizado a los dieciochos años, cuando el pintor se hallaba en pleno proceso formativo en su Sevilla natal bajo la tutela artística de su tío Joaquín Domínguez Bécquer, discreto pintor de historia y de cámara de Isabel II y, sin embargo, excelente y renombrado artífice del desarrollo de la pintura costumbrista andaluza, en cuya formación también militó el padre del joven pintor, José Domínguez Bécquer, quien no llegó a ejercer sobre él el natural magisterio paterno por su precoz fallecimiento en 1841.
El estrecho contacto personal y profesional que mantuvo a lo largo de su vida con su hermano, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, y la azarosa existencia de ambos, llena de desengaños y penurias, unida a sus respectivas y prematuras muertes conforman la estampa prototipo del artista romántico marcado por el infortunio. Conocido sobre todo por su producción de escenas pintorescas y costumbristas de las provincias castellanas, aragonesas y vascas, es, sin embargo, el retrato el género en el que muestra su técnica más depurada de dibujo, destacando en su paleta la intensidad cromática de una indumentaria especialmente descrita que se destaca sobre los fondos claros y diluidos de la naturaleza de un paraje. A estos recursos descriptivos habría que añadir la introspección que personaliza la retratística de Bécquer, plasmada sobre todo a través de la mirada fija del modelo en el espectador en un sugestivo reto de indagación espiritual, como es el caso del sugerente y emblemático retrato romántico de su hermano Gustavo Adolfo, del museo de Sevilla.
Sin embargo, en este retrato de niña, de cuerpo entero, y situado en un plano medio, esta introspección queda soslayada por el protagonismo de elementos externos a su espiritualidad que confieren a la obra cierta frialdad acentuada por el posado estático y sin referencias a los atributos y enseres propios de la infancia. Así, sobre un fondo de paisaje rural, aparece representada esta distinguida niña vestida con un elegante traje de raso verde, adornado de madroños negros, bajo el que asoma una blusa blanca de cuello de ondas bordadas y de amplias mangas rematadas por volantes de encaje que adornan también los pantaloncitos que asoman por debajo de la falda que se sostiene ahuecada con la llamada crinolina, artefacto interior que hizo furor en la moda de los años cincuenta del siglo XIX para marcar el talle y aumentar el volumen de la parte inferior del cuerpo femenino. En su mano derecha sujeta una pamela de paja adornada con una ancha cinta de raso de color rosáceo, imprescindible en el atuendo de paseo, así como los borceguíes que cubren sus pies. Como aderezos, una pulsera trenzada en su mano izquierda y aretes que adornan un rostro iluminado con precisión desde la izquierda, destacando su ensortijado cabello sobre el celaje intenso del fondo.
En primer plano, adquiere protagonismo la factura de una pita reseca que envuelve de cierto carácter exótico al retrato, situado por lo demás en una soleada tarde estival en la planicie campestre que rodea una finca de campo, sugerida escuetamente a través de la arquitectura y el cercado rural del fondo. Este tipo de encuadre fue un modelo compositivo que se propagó entre los pintores románticos costumbristas nacionales y extranjeros, que identificaron este tipo de vegetación con el ambiente árido y semidesértico de los parajes andaluces, prototipos, por su cercanía al mundo oriental, del exotismo de una enaltecida imagen de España. Así, pintores e ilustradores que viajaron por España, como David Roberts, Pharamond Blanchard, Francisco de Paula van Halen o el mismo José Roldán, utilizaron estas manidas composiciones, cuyo uso coleó hasta el último tercio de la centuria en algunos pintores que se acercaron esporádicamente al mundo orientalista como fue el caso, entre otros, de Ricardo de Madrazo (Texto extractado de: Gutiérrez, A., El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2007, p. 122).


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Mensaje Re: MADRAZO (Federico De Madrazo Y Kuntz) 
 
Alicia Koplowitz compra para el Prado un óleo clave de Federico de Madrazo

'Josefa del Águila Ceballos' es un retrato femenino de cuerpo entero pintado en la década de 1850. El lienzo es la obra de corte más famosa del artista español del XIX



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'Josefa del Águila Ceballos, luego marquesa de Espeja', óleo de Federico de Madrazo y Kuntz donado por Alicia Koplowitz. / Museo Nacional del Prado

Desde que en 1994 el Museo del Prado dedicó a Federico de Madrazo y Kuntz una exposición antológica por el centenario de su muerte, los expertos del museo ambicionaban ampliar la colección de obras del gran retratista del XIX con uno de los más bellos cuadros que entonces se exhibieron: el retrato Josefa del Águila Ceballos, luego marquesa de Espeja,firmado en 1852. Hace unos meses, los propietarios de la obra decidieron ponerla a la venta a través de la firma madrileña de anticuarios Caylus, momento en que la empresaria y coleccionista Alicia Koplowitz, patrona del Prado, decidió adquirirla y regalársela al museo. La entrega se materializó ayer en una sesión del patronato a la que Koplowitz prefirió no asistir. Los últimos propietarios eran los marqueses de Espeja y la obra se ha vendido por una cantidad que ronda los 300.000 euros. La pintura, de 2,20 metros por 1,30, que conserva su marco isabelino original, se podrá ver en el Prado a partir del 7 de mayo.

Miguel Falomir, director del museo, considera que se ha cumplido un sueño largamente acariciado. “Desde hace mucho tiempo, cuando hacíamos una lista de las obras que nos gustaría tener, invariablemente aparecía esta”, explicó ayer a EL PAÍS. A su parecer, la importancia de este óleo radica en que es, seguramente, la mejor de las que pintó Madrazo en la década de 1850, cuando ya era reconocido y su producción alcanzaba momentos excelsos de calidad.

Y no es que el museo carezca de obras de Madrazo, ya que entre dibujos y pinturas sobrepasan las 80, pero entre los excelentes retratos que posee no hay ninguno de cuerpo entero situado en el exterior.

Falomir no solo reconoce el regalo en sí, también lo considera importantísimo como ejemplo de generosidad ante quienes tengan posibilidades de contribuir al enriquecimiento artístico del museo. Además, lo agradece en unos momentos en los que el presupuesto para el próximo año está a cero en la partida destinada a la conmemoración del bicentenario del museo: “Tenemos que estar llamando puerta a puerta para conseguir financiar el ambicioso programa que hemos preparado”.
Uno de los socios de la sala de anticuarios Caylus, José Antonio de Urbina, confirmó que el lienzo llegó a su establecimiento en las últimas navidades procedente de la familia de los marqueses. “La obra nunca ha salido de la familia y se encuentra en muy buen estado de conservación. Sabíamos que Alicia Koplowitz podía estar interesada y hablamos con ella. Creo que cerramos la operación en enero”.

Según se explica en la ficha del catálogo de la exposición de 1994, María Josefa del Águila Ceballos tenía 26 años cuando fue retratada. Luce un espléndido vestido de seda y encaje blancos. Sobre el pelo negro lleva un tocado de plumas y se adorna el cuello con una gargantilla de perlas. En el pecho luce un pinjante de oro y piedras. De su brazo izquierdo cuelga un mantón bordado que cae hasta el suelo. La mirada de sus fríos ojos claros marcan distancia con el espectador. Nacida en San Sebastián, en 1826, estaba casada con José María Narváez, sobrino y heredero del famoso general.

La obra está considerada como el más bello retrato femenino de corte de los muchos realizados por Madrazo. El mayor atractivo de la pieza está en el rostro de la retratada y en sus ropajes. Este lienzo recuerda el gusto y la elegancia puesta de moda en la época por el pintor francés Jean-Auguste-Dominique Ingres.


Un pintor superdotado en una familia de creadores

Federico de Madrazo y Kuntz (Roma, 1815-Madrid, 1894) fue uno de los más grandes retratistas españoles de su época. Los Madrazo eran una familia de pintores que marcaron el siglo XIX.

Nació en la capital italiana porque su padre, José de Madrazo, estaba allí al servicio de Carlos IV en el exilio. En 1819, la familia se trasladó a Madrid ya que el cabeza de familia fue nombrado pintor de cámara de Fernando VII. Federico se formó en la Academia de San Fernando y en 1831, con 16 años, fue nombrado académico de mérito lo que denota su extraordinario virtuosismo. De su formación como pintor cosmopolita fue responsable su estancia en París, donde estuvo en contacto con pintores como Ingres.

Adquirió gran importancia en el panorama artístico oficial. Fue director del Prado, de 1860 a 1868 y de 1881 a 1894, y además regía la Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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Mensaje Re: MADRAZO (Federico De Madrazo Y Kuntz) 
 
El director del Prado asegura que en poco tiempo anunciará más donaciones

El lienzo de Federico de Madrazo regalado por Alicia Koplowitz ya cuelga de las paredes del museo



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La sala del Museo del Prado donde cuelga el retrato de 'Josefa del Águila y Ceballos, luego marquesa de Espeja' (izquierda) junto con el de 'Sabina Seupham Spalding', ambos de Federico de Madrazo. En primer término una escultura de Sabino de Medina. / Julián Rojas

Ya hay chica nueva en el Prado, es decir, ya cuelga de sus paredes el retrato de Josefa del Águila y Ceballos, luego marquesa de Espeja. El óleo de Federico de Madrazo “regalado” por Alicia Koplowitz, que llegó al museo hace algo más de tres meses y que tras su paso por el taller de restauración, en el que le han hecho una limpieza ya que estaba en un buen estadi de conservación, ya forma parte de la sala de retratos pintados por este artista.

Miguel Falomir, director del museo, usa el verbo regalar porque en él incidió Koplowitz: “Un regalo por los 200 años del museo”. Este era un lienzo deseado por la institución desde que en 1994 fuera una de las obras de la monográfica dedicada a su autor. Casi 25 años después, la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico mandó al Museo del Prado un listado de obras de las que los propietarios quieren poner a la venta –un procedimiento habitual- en el que figuraba La marquesa de Espeja, le explicaba este lunes a EL PAÍS Javier Barón, jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XIX. El experto apuntó que la obra era claramente inexportable, por la importancia que tiene para el patrimonio nacional no podría salir de España. La adquisición por unos 300.000 euros por parte de Alicia Koplowitz es un plus para el museo y “para el público”, apostilla Falomir.

Tanto el director como José Pedro Pérez-Llorca, presidente del patronato de la pinacoteca, han hecho público el agradecimiento a la donante. Este último ha declarado que espera que sirva como estímulo “para que las donaciones cundan, mientras siguen luchando por conseguir el dinero que nos hace falta”. “Una donación llama a otra”, ha asegurado Falomir, que ha adelantado a EL PAÍS que “dentro de poco anunciarán otras”. No da más datos. “Si los doy, se disparan los precios”, sentencia.

La sala ha sido reestructurada para que Josefa del Águila comparta espacio con otras importantes obras de Madrazo como La condesa de Vilches, Saturnina Canaleta de Girona, La marquesa de Montelo o Sabina Seupham Spalding, la que hasta ahora era el último lienzo que el museo había adquirido de este pintor (en 2014), cuya vida estuvo totalmente vinculada a esta institución –hijo de José de Madrazo, pintor de cámara de Fernando VII y posteriormente director del museo, igual que Federico que estuvo al cargo del centro entre 1860 y 1868 y de 1881 a 1894-.

La nueva obra ocupa el espacio en el que antes estaba el retrato de El pintor Carlos Luis de Ribera, con dos obras de este artista, que ahora se han descolgado. Así, el retrato recién llegado queda junto al de Sabina Seupham Spalding, ambos de exterior, pero en los que se aprecia la evolución del pintor. Este data de 1846 y tiene claras reminiscencias románticas, el suntuoso traje rojo sobre el que resaltan las carnaciones tiene un tratamiento diferente a las sueltas pinceladas blancas del vestido de La marquesa de Espeja pintada entre 1852 y 1854, en el mejor momento de Madrazo. Barón resalta que este es un retrato de carácter internacional, el artista ya no tiene las influencias románticas e inglesas del comprado en 2014, ni las ingrescas de Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches, un retrato mucho más cercano y sensual que el donado por Koplowitz en el que solo con el gesto marca la distancia y sobriedad de la protagonista. Un empaque que le acaba de otorgar el marco original con motivos vegetales (hojas de acanto y laurel) y el mejor de todos los de las obras de Madrazo, según apunta el conservador, "incluso mejor que el del retrato de Isabel II realizado por Madrazo".

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Mensaje Re: MADRAZO (Federico De Madrazo Y Kuntz) 
 
Disputa legal por 10.000 obras de arte de seis cajas de ahorros

Una fundación demanda a Unicaja Banco por “apropiarse” de un legado de más de 100 millones de euros



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'La Cocotte', de Federico de Madrazo, es una de las 10.000 obras objeto de disputa. / EL PAÍS

El patrimonio suma 10.000 obras de arte y 29 inmuebles. Y contempla una decena de muebles del siglo XVIII y 19 pianos de cola. También, una generosa nómina de piezas de coleccionista, como un diccionario de arquitectura del siglo XVI publicado en Toledo. O el óleo sobre lienzo La Cocotte, concebido por uno de los retratistas cortesanos del siglo XIX de más relumbrón, el exdirector del Museo del Prado Federico de Madrazo (Roma, 1815-Madrid, 1894). En total: un legado con un valor de mercado de más de 100 millones de euros.

La Fundación Obra Social Caja Castilla-León (Fundos) ha denunciado en los tribunales el presunto “expolio” de parte del patrimonio artístico acumulado en el último siglo por las extintas cajas de ahorros de Palencia, León, Valladolid, Zamora, Salamanca y Soria, según una demanda a la que ha tenido acceso EL PAÍS.

Esta organización sin ánimo de lucro, que gestiona el patrimonio de las antiguas cajas, sostiene que Unicaja Banco se ha apropiado de miles cuadros, dibujos, libros y muebles históricos procedentes de los archivos de las desaparecidas Caja España-Duero, surgida de la fusión de las seis antiguas entidades regionales. El juzgado de Primera Instancia número 9 de León dirime el caso.
Cuadros de Sorolla y Tàpies
 
El litigio encarna la primera refriega legal en España de una fundación contra un banco a cuenta de un patrimonio cultural millonario, el más valioso no eclesiástico de Castilla y León. Y destaca porque, entre las obras presuntamente expoliadas, figuran los óleos de Joaquín Sorolla Paisaje en gris y Paisaje de río, cuyo valor de mercado supera los 1,5 millones de euros. También, piezas de Antonio Tàpies y dibujos del poeta Rafael Alberti.

Para entender esta historia hay que remontarse a 2010. Arrecia la crisis y el desplome inmobiliario. Los bancos cierran el grifo del crédito. Y el sector financiero, espoleado por el Banco de España y las directrices de la Unión Europea, encara un vía crucis de fusiones y absorciones.

Caja España se fusiona con Caja Duero. Y el resultante traspasa por indicación del supervisor su negocio a una nueva institución, Banco Ceiss. Unicaja Banco adquiere en 2014 este último. Y ahí arranca la disputa.

En este intrincado laberinto, la institución que gestiona los bienes culturales de las antiguas cajas castellanoleonesas acusa al comprador de apropiarse de su patrimonio.

Y en el combate, Unicaja Banco se resiste a entregar los bienes. La institución financiera no asume los términos de la demanda de Fundos, según esta entidad radicada en Málaga.

Caja de seguridad y taladro

La nómina de obras en liza incluye, según Fundos, 621 cuadros, 1.842 dibujos y seis libros ilustrados del pintor salmantino Zacarías González (1922-2003) que fueron donados por la familia de este artista en 2004 a la desaparecida Caja Duero. También ocho valiosos muebles que Unicaja Banco se niega presuntamente a entregar a Fundos aduciendo que se encuentran en una caja de seguridad en Valladolid que solo puede abrirse “con un taladro”. “Nosotros no tenemos planificada tal actuación”, justifica una trabajadora del banco en un correo electrónico al que ha tenido acceso este periódico.

Fundos reivindica además piezas de los pintores Juan Tomás Martínez Abades (1862-1920), Álvaro Delgado (1922-2016) y Benjamín Palencia (1894-1980).

La colección incluye uno de los cinco manuscritos originales que se conservan del Rey Alfonso X el Sabio, volúmenes incunables impresos en Salamanca en 1518, y hasta pergaminos, como Primera parte de las diferencias de libros que hay en el universo. Un ejemplar que figura entre las 12 piezas que han desaparecido presuntamente del edificio San Eloy de Salamanca, donde reposa el fondo bibliográfico de la fundación: 90.000 documentos y 5.000 libros históricos.

El valor de los bienes podría duplicar la estimación de 100 millones de euros, según Fundos. No existe una tasación actualizada de las obras. Y, algunas de las piezas reclamadas, como el óleo La Cocotte de Federico Madrazo, que se adquirió en 1990 en la sala de subastas Christie's de Londres por 36.000 euros, superarían hoy el millón, según fuentes próximas al litigio.

A la disputa artística se suma otra más terrenal. Fundos solicita la titularidad de 19 salas culturales y exposiciones, tres bibliotecas y un teatro en Salamanca que, según su demanda, engrosan injustamente el patrimonio de Unicaja Banco. El valor de mercado de alguno de estos inmuebles, como un recinto expositivo en la céntrica calle madrileña Marqués de Villamagna, supera el millón de euros, según fuentes próximas a este litigio.

La institución que gestiona el patrimonio artístico de las seis extintas cajas de ahorro estima que el origen del problema radica en la denominada escritura de segregación. Un documento que recogió la división del negocio financiero de la vertiente social de las cajas. Y que, según Fundos, no plasmó con fidelidad el patrimonio real acumulado durante más de un siglo por las entidades.

El próximo capítulo de esta alambicada historia, donde Fundos reclama además 26,5 millones de euros, se celebrará el 19 de junio en el Juzgado de Primera Instancia número 9 de León. Las partes de la refriega están convocadas ese día para desgranar la titularidad del mayor legado cultural e histórico no eclesiástico de Castilla y León.


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Piano de cola Steinway & Sons. EL PAÍS



Unicaja lo niega

Unicaja Banco anuncia una ofensiva para defender su patrimonio. La institución financiera con sede en Málaga asegura “no haberse apropiado de nada”. Y sostiene que pleiteará para demostrarlo en la causa que se dirime en el Juzgado de primera Instancia número 9 de León a raíz de una demanda de Fundación Obra Social Caja Castilla-León (Fundos).

“Las afirmaciones [de la Fundación Obra Social Caja Castilla-León (Fundos)] carecen de sentido por muchas razones. La principal es que Unicaja Banco adquiere Banco Ceiss en 2014, después de recibir el patrimonio que la caja segregó a favor de este último en 2011”, indica por correo una portavoz de esta entidad.

“Además, hay que señalar que fue la propia caja [hoy Fundos], a través de su consejo de administración y de su asamblea general, quien decidió los activos que se segregaban y, en consecuencia, pasaban al banco”, prosigue la institución financiera.

El banco acusa, además, a Fundos, de maniobrar presuntamente para generar confusión con el inventario de bienes. “El listado que se ha aportado trata de crear confusión y pone en evidencia la falta de obras reclamadas. Como ejemplo: se solicita la titularidad de un inmueble que nunca ha sido propiedad de la caja ni del banco”, zanja la portavoz de Unicaja Banco.


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