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VAN DER WEYDEN, Roger
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Mensaje VAN DER WEYDEN, Roger 
 
Este trabajo esta dedicado al gran pintor flamenco Roger van der Weyden, su especialidad eran las pinturas de temática religiosa aunque también cultivó el retrato, destacando por su detallada minuciosidad en la representación de los asuntos tratados, se percibe en ellas un interés por centrar la atención en la figura humana, analizando de forma cuidadosa los diversos estados de ánimo de los personajes, captando sus sentimientos y modelando sus personajes por medio de la luz y el color.

A este pintor, lo conozco hace muchos años, el Museo del Prado tiene algunas obras en su colección permanente, especialmente: “El Descendimiento de la Cruz” su obra cumbre, es visita obligada cada vez que visito el Prado, es una obra deslumbrante, conmovedora y trabajada al más mínimo detalle, de la que ofrezco mucha información más abajo.


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Roger van der Weyden (Tournai, hoy en la provincia de Hainaut, Bélgica, 1399/1400 - Bruselas, 18 de junio de 1464), fue el pintor más célebre e influyente de la escuela flamenca en el período gótico.

Fue aprendiz de Jan van Eyck y Robert Campin (Maestro de Flemalle). Es nombrado maestro en Tournai en 1432. En 1435 se instala en Bruselas, que se convirtió en su residencia habitual. Allí creó un taller y fue nombrado pintor oficial de la villa (1436). Estuvo en Italia en 1450, en Roma y posiblemente también en Ferrara.

Su hijo, Pierre, también fue pintor. Influyó en otros artistas posteriores, como Hugo van der Goes, Hans Memling, Petrus Christus, Dirk Bouts y Gerard David.

Se distingue fundamentalmente en la interpretación de temas patéticos y marianos. Pinta al óleo sobre madera, en panel único, dípticos o polípticos. En sus primeras obras, su estilo es marcadamente gótico: hierático, y realiza fondos dorados. Posteriormente evoluciona hacia líneas sinuosas y fluidas en los cuerpos y en los drapeados. Sus personajes son realistas, con expresiones patéticas y dramatismo.

Hacia 1450 viajó a Roma y allí tuvo su encuentro con la pintura italiana, en especial con la de Fra Angélico, que dulcificó su arte e influyó en sus últimas obras.

Introdujo además numerosas modificaciones como la perfecta composición de grupos de personajes.

Roger van der Weyden fue célebre, estimado, fecundo y rico, autor de muchas "Vírgenes con Niño" falleció en Bruselas el 16 de junio de 1464, la ciudad le honró enterrándole en la catedral de Santa Búdula, frente al altar de santa Catalina.

Obras

    - El descendimiento de la cruz, h. 1436, Museo del Prado, Madrid. Su obra maestra y una de las pocas de autoría segura.
    - La Virgen con el Niño, llamada la Madonna Durán. 1435-38. Museo del Prado, Madrid.
    - Piedad con donante, 1440-50. Museo del Prado, Madrid.
    - Tríptico del Calvario, h. 1440, Museo de Historia del Arte de Viena de Viena.
    - La Virgen con el Niño entronizada, también llamada La Virgen con el Niño ante una iglesia, h. 1443. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
    - El Calvario, h. 1457-64, Patrimonio Nacional. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
    - Tríptico de los Siete Sacramentos, h. 1440–1445, Museo Real de Bellas Artes de Amberes.
    - Tríptico del altar de Santa Columba, h. 1445, Pinacoteca Antigua de Múnich.
    - Políptico del Juicio Final, h. 1445–1449, Hospital de Beaune.
    - Tríptico de Pierre Bladelin, h. 1445–1450, Gemäldegalerie de Berlín.
    - Descendimiento en el sepulcro, h. 1449–1450, Galería Uffizi de Florencia.
    - La Magdalena leyendo, fragmento de un retablo mayor. Fecha desconocida pero probablemente 1435–1438, National Gallery de Londres.
    - Retrato de una dama, National Gallery of Art de Washington, D.C, h. 1455.
    - Díptico de la Crucifixión, Museo de Arte de Filadelfia, 1460.
    - Retrato de Carlos el Temerario, Gemäldegalerie de Berlín, c. 1460.
    - Retrato de Antonio de Borgoña, Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, 1461.
    - San Lucas dibujando a la Virgen, 1435–1440, Museo de Bellas Artes (Boston). Considerado el mejor cuadro de esta época existente en Estados Unidos.

Espero que la recopilación que he realizado de Roger van der Weyden, sea de vuestro interés y contribuya en la divulgación de su impresionante obra.



 

Algunas obras


Museo del Prado


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El descendimiento de la cruz. Roger van der Weyden, h. 1436. Óleo sobre tabla, 220 × 262 cm. Museo del Prado.

El Descendimiento de la cruz, es considerada la obra maestra del pintor flamenco Roger van der Weyden. Es un óleo sobre tabla, pintado con anterioridad al año 1443, probablemente hacia 1436. Mide 220 cm de alto y 262 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo del Prado de Madrid. Es conocido, generalmente, como El Descendimiento.

Este cuadro es la sección central de un tríptico pintado por encargo de la guilda o cofradía de los ballesteros de Lovaina, para la capilla que tenían en la iglesia de Onze Lieve Vrouw van Ginderbuiten (Nuestra Señora Hors-les-Murs). En honor a dicho gremio, el artista incluyó diminutas ballestas en los ángulos de la composición.

En la iglesia de Lovaina estuvo El Descendimiento durante más de cien años. La regente de los Países Bajos María de Hungría, reputada coleccionista y hermana de Carlos V, llegó a un acuerdo de canje con los responsables del templo: obtuvo la pintura original a cambio de un órgano valorado en 1.500 florines y una réplica pintada por Michel Coxcie. Conforme está acreditado documentalmente por Vicente Álvarez, en el año 1551 el cuadro ya estaba en poder de María de Hungría. Durante un viaje realizado por los Países Bajos lo vio el príncipe Felipe de España, quien lo adquirió de su tía y en 1555 se lo llevó a España. La obra fue enviada en un barco, que naufragó, pero debido a que el embalaje que la preservaba era muy bueno la pintura apenas sufrió.


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Detalle de las lágrimas de la figura de la izquierda del cuadro, que destaca por la expresión del dolor.

De instrucciones posteriores a los pintores de la corte con motivo de una restauración, resulta evidente que a Felipe II de España le interesaba la dolorida expresión de las figuras. Ordenó que se restaurasen sólo las partes dañadas en vestimentas y fondo, sin tocar las partes esenciales. Seguramente a petición suya, el pintor Juan Fernández de Navarrete (Navarrete el Mudo) creó dos alas o postigos en grisalla que devolvieron a la obra su estado original como tríptico. Dichos laterales se perdieron después.

Durante un tiempo estuvo en la capilla del Pardo en las proximidades de Madrid. Tanto le gustaba al rey este cuadro que en 1567 encargó a Coxcie de nuevo una réplica. Esta debía quedarse en el Pardo, mientras que el original se llevaría a decorar el Monasterio de El Escorial. Hoy en día, esta copia de Coxcie se encuentra en el monasterio de El Escorial.

Durante la guerra civil española de 1936-39 se sacó la pintura de España y llevada a Ginebra. Regresó en 1939 y fue incluida en la colección del Museo del Prado, donde permanece hoy en día. La última restauración es de 1992-1993.

Esta obra domina la pintura flamenca del siglo XV. Fue muy difundida por España y fue objeto de innumerables copias. Debió ganar fama nada más realizarse, porque ya en los años 1430 se hizo una réplica por un pintor desconocido para la capilla de una familia de Lovaina en la iglesia de San Pedro. Esta réplica está hoy en el Museo Stedelijk de Lovaina.

Es la tabla central de un tríptico, cuyas alas laterales han desaparecido. Se trata de una pintura al óleo sobre madera. Tiene forma rectangular, con un saliente en el centro de la parte superior, en el que se encuentra la cruz y un joven encaramado en la escalera, que ha ayudado a bajar el cadáver.

Van der Weyden se enfrenta con el problema de encajar un gran número de personajes y una escena de gran complejidad en una tabla de dimensiones no muy grandes estipulada por el comitente. El cuadro mide unos 2,6 metros de ancho por 2,2 de alto.

El tema es religioso, típico de la pintura gótica: Cristo bajado de la cruz. Los Evangelios hablan de ello: José de Arimatea pidió a Poncio Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesucristo para enterrarlo. A pesar de que el Nuevo Testamento no lo describe con detalle, la pintura, y el arte en general lo ha representado una y otra vez.

Se pueden encontrar representaciones tempranas del tema en la pintura sobre madera medieval. Las clavos ya se han quitado y el cuerpo de Cristo es bajado de la cruz, recibido por los brazos de José de Arimatea. Dio lugar a composiciones de solo tres figuras: Cristo, José de Arimatea y Nicodemo. Posteriormente se añadieron personajes «auxiliares» entre ellas, la Virgen María y el apóstol Juan.

Roger van der Weyden encaja a las figuras en un espacio apaisado, en forma de urna. El fondo es liso, de oro, elemento típicamente gótico; de este modo, las figuras parecen esculturas policromadas. Tradicionalmente, los retablos escultóricos eran más costosos y cotizados que los pintados; se puede decir que el artista recreó con trucos ópticos un grupo escultórico que hubiese resultado mucho más caro. El fondo de oro tiene además un sentido simbólico, como ya se le daba en Egipto: simboliza la eternidad y es propio de lo divino.


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Detalle de 'El descendimiento de la cruz' de Roger van der Weyden

En el primer término, abajo, hay un pequeño fragmento de paisaje, con pequeñas plantas, un hueso alargado y una calavera junto a la mano de María desmayada. Presentar un pequeño matorral vivo junto a la calavera podría aludir a la vida después de la muerte, tal como sostienen las creencias cristianas. La ausencia de paisaje en el resto del cuadro centra toda la atención en las figuras, que se alojan en un espacio reducido. Tal como se describe en los Evangelios, José de Arimatea envuelve el cuerpo de Cristo en un paño blanco del lino, impregnado de sustancias aromáticas. Aparece un anciano de barba blanca identificado como Nicodemo. José de Arimatea y Nicodemo sostienen el cuerpo exánime de Cristo con la expresión de consternación a que obliga el fenómeno de la muerte.

Hay dos parejas de figuras que se representan paralelamente: María Magdalena y Juan en los extremos englobando el grupo en una especie de paréntesis, y la Virgen María y su hijo Jesucristo en el centro. Al lado derecho, María Magdalena se dobla, consternada por la muerte de Cristo. Es la figura más lograda de todo el cuadro en cuanto a la expresión del dolor. Su movimiento corporal se repite en la joven figura de Juan, vestida de rojo, en el borde izquierdo. Por su parte, la Virgen María es representada sufriendo un desfallecimiento y doblándose. Jesucristo aparece en la misma posición que su madre, lo que significa que los dos sufren el mismo dolor, ilustrando así en la Compassio Mariae, esto es, en el paralelismo entre las vidas de Cristo y la Virgen.

Las figuras recrean un grupo escultórico y resaltan sobre el fondo liso. Ayudando al efecto de profundidad, el artista incluye en trampantojo sendas tracerías góticas en los dos ángulos principales; estos ornamentos eran comunes en retablos escultóricos y en nichos funerarios. Su composición axial vertical y horizontal, rigurosamente estructurada y equilibrada, se inscribe en un óvalo. Las posiciones del brazo de Jesucristo y de la Virgen expresan las direcciones básicas de la tabla. Puede trazarse una diagonal de la cabeza del joven que ha liberado a Cristo hasta la Virgen y el pie derecho de San Juan. Los rostros están alineados horizontalmente, alineación que viene suavizada por la línea ondulada de las expresiones corporales de los personajes.

El mensaje fundamental de la obra es la Redención de los hombres a través de la Pasión. Se pretendía conmover al fiel, representando en toda su crudeza el cuerpo muerto de Cristo, sus heridas, el sufrimiento de su Madre.

Van der Weyden ha representado a María Magdalena con un cinturón que simboliza la virginidad y la pureza. Este cinturón se encuentra alineado con los pies de Cristo y la cabeza de la Virgen, y en él aparece una inscripción que hace referencia a ambos: IHESVS MARIA. La vestimenta de los personajes sirve como símbolo de su clase social. Ninguna de ellas permitía representar las calidades de los objetos y de las telas como la pintura al óleo. De esa manera, Van der Weyden en esta pintura se explaya, en la concreción de las calidades y dependiendo de la clase social del personaje selecciona visón, seda, brocados, raso de azul, lapislázuli para la Virgen...

Otra muestra del preciosismo de la pintura flamenca, gracias a los avances de la técnica del óleo, se muestra en las calidades de los objetos. Hasta este momento la técnicas utilizadas en la pintura eran el temple y el fesco o pintura mural.

Los ropajes y el claroscuro proporcionan los efectos lumínicos. Los colores fríos caracterizan a los personajes más patéticos: las mujeres y el joven subido a la escalera; los demás personajes visten colores cálidos.

Es un cuadro cargado de simbolismo religioso. El pintor desplegó en esta escena toda una gama de exquisitos matices y de doloridas expresiones, con una profunda emoción religiosa, provocando la emoción del espectador ante las expresiones de los personajes.


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Detalle de 'El descendimiento de la cruz' de Roger van der Weyden



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La Piedad. Taller de Rogier van der Weyden. Óleo sobre tabla de roble, h. 1440-50. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Conocida desde mediados del siglo XIX, la composición de esta tabla atribuida a Roger van der Weyden deriva del panel central de el Tríptico de Miraflores en el Gemäldegalerie Staatliche Museen de Berlín, realizado por Weyden entre 1440 y 1444, año en que consta que el rey Juan II de Castilla lo destinó a la cartuja de Miraflores (Burgos). En la representación de este tema, conocido como La Piedad, el maestro de Tournai acertó a plasmar el color de María al tener por última vez el cuerpo muerto de su Hijo en sus brazos. Fue tal el éxito alcanzado con esta imagen que volvió a ser utilizada en el taller de Weyden  en distintas ocasiones, aunque con variantes, ya que, como imagen de devoción, resulta adecuada para satisfacer a una clientela relativamente amplia. Debido a ello, surgió un nuevo prototipo en el que se invirtió la dirección del cuerpo de Cristo hacia la derecha, en lugar de hacia la izquierda como en Miraflores, al igual que la posición de María, y en el que se cambió también la forma en que la Virgen abraza a su Hijo para evitar que le separen de Él, con las manos juntas alrededor de su cintura en Miraflores, y con una mano en la cintura y con otra en la cabeza de Cristo en esta nueva composición. De esta nueva versión de La Piedad se conservan cuatro ejemplares -los del Musée des Meaux Arts de Bruselas, Nacional Gallery de Londres, Prado de Madrid y Gemäldegalerie Staatliche Museen de Berlín-. Hasta no hace mucho se llevaron a cabo diversos estudios con el fin de saber si alguno de ellos era el prototipo y para poder precisar si alguno o todos eran réplicas del taller de Weyden o incluso copias realizadas tras la muerte del pintor. Los análisis técnicos a los que han sido sometidos los cuatro paneles han proporcionado nuevos elementos de juicio para llegar a una conclusión al respecto. Se ha podido demostrar que el original de Weyden es la tabla de Bruselas, de formato alargado y con las figuras de San Juan y la Magdalena acompañando a María y a su Hijo. Del taller de Weyden y con su participación, es la de Londres, en la que San Juan y la Magdalena se han visto sustituidos por el donante arrodillado y San Jerónimo a la izquierda y un dominico a la derecha. La tabla del Prado se repite en la de Berlín, que, en cualquier caso, es posterior a la madrileña. Además, los cambios realizados en el ejemplar del Prado, tanto en fase del dibujo subyacente como en la del color, particularmente en la figura del donante, al que se representó en un primer momento con tonsura, o en el pie izquierdo de Cristo, abogan porque pudo salir del taller de Weyden. La Piedad del Prado tuvo en su origen un formato rectangular y se recortó, en fecha aún no determinada, en forma lobulada en la parte superior. Presenta variantes respecto a las versiones de Bruselas y de Londres en el modo de representar la Cruz, dispuesta diagonalmente en el fondo, como es frecuente en Italia, y recortada ante un amplio celaje, favorecido por lo bajo de la línea del horizonte. Sin duda, resulta digno de destacar en ella la incorporación del donante -identificado desde 1935 con un miembro de la familia Broers- en el mismo espacio que las tres personas sagradas, Cristo, la Virgen y San Juan, pero separado de ellas por la roca en la que se alza la cruz. La presencia del donante, al igual que la de la corona de espinas-junto a él y descansando sobre un paño encima de la roca-, sugiere que la función de esta tabla es la de una imagen de devoción, destinada a la meditación del fiel que, al contemplarla, se identifica con el donante. Por su parte, éste, al encargar este tipo de obra, no sólo dejaba constancia de su devoción en vida, sino que también favorecía que sus rasgos recordaran después de su muerte, e incluso hasta podía contribuir a la salvación de su alma, si, tras su fallecimiento, mandaba disponerla junto a su tumba (Texto extractado de Silva Maroto, P.: Pintura flamenca de los siglos XV y XVI. Guía, 2001, p. 84).



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La Virgen con el Niño, llamada la Madonna Durán. 1435 - 1438. Óleo sobre tabla, 100 x 52 cm. Museo del Prado. Roger van der Weyden.

María, tiene en su regazo al Niño, que juega con un libro, en clara alusión a los textos sagrados que anunciaban la misión redentora de Cristo. En lo alto un ángel corona a María.

Las dos figuras dispuestas bajo un nicho de tracería gótica recuerdan el Descendimiento del mismo artista (P02825). Además, el fondo neutro y el carácter fuertemente plástico de las figuras, dotadas de gran volumen, hacen que parezcan esculturas policromadas.

Denominada también Madonna en rojo o Madonna Durán, se considera de forma unánime obra original de Van der Weyden, de la que existieron en España numerosas versiones. Es obra de gran intimidad y calidad técnica, destacada en su producción, en la que se aprecia la influencia de su maestro Robert Campin.



Otras obras


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El Calvario, (después de la larga restauración del Museo del Prado, durante cuatro años, terminada en 2015). Óleo sobre tabla de roble, h. 1457-64, Patrimonio Nacional. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Obra de Rogier van der Weyden.


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Políptico del Juicio final, hacia 1445–1448, óleo sobre tabla y hojas de oro, 215 × 560 cm (abierto), Museo del Hôtel-Dieu, Beaune. Obra de Rogier van der Weyden


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Políptico del Juicio final (cerrado) Obra de Rogier van der Weyden


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Tríptico del Calvario, h. 1440, Museo de Historia del Arte de Viena de Viena. Obra de Rogier van der Weyden


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Tríptico de los Siete Sacramentos, h. 1440–1445, Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Obra de Rogier van der Weyden


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Tríptico del altar de Santa Columba, h. 1445, Pinacoteca Antigua de Múnich. Obra de Rogier van der Weyden


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Tríptico de San Juan Bautista, obra de Rogier van der Weyden que se venera en el Museo Nacional de Berlín. Cada panel mide 77 x 48 cm. Representa una escena relevante de la vida del santo enmarcada en portadas catedralicias; con el Bautismo de Cristo en el centro, La Natividad con Santa Isabel a la izquierda y la Degollación tras la danza de Salomé a la derecha.


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Piedad, 35 × 45 cm. National Gallery de Londres. Obra de Rogier van der Weyden


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Lamentación sobre Cristo muerto (c. 1460), Mauritshuis, La Haya. Obra de Rogier van der Weyden


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Crucifixión, c. 1440, Óleo sobre tabla de roble (77 x 47 cm), Museos Estatales de Berlín. Obra de Rogier van der Weyden


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Crucifixión, c. 1460, Óleo sobre tabla de roble (180,3 x 92,3 cm), panel derecho de un díptico, Museo de Arte de Filadelfia. Obra de Rogier van der Weyden


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Virgen de los Médici (1450), Instituto Städel, Fráncfort del Meno. Obra de Rogier van der Weyden


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La Magdalena leyendo, National Gallery de Londres. Obra de Rogier van der Weyden


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Retrato de una dama, 1460, Galería Nacional de Arte de Washington. Óleo sobre tabla, 34 x 25,5 cm. Obra de Rogier van der Weyden


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Retrato de mujer joven (c. 1430), 47 × 32 cm, Gemäldegalerie de Berlín. Obra de Rogier van der Weyden


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Retrato de Carlos el Temerario, h. 1460, Gemäldegalerie de Berlín. Obra de Rogier van der Weyden


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San Ivo (circa. 1450). Óleo sobre tabla de roble de 45 x 35 cm, National Gallery de Londres. Obra de Rogier van der Weyden


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Exhumación de San Huberto en la iglesia de San Pedro de Lieja (1437). Obra de Rogier van der Weyden



Rogier van der Weyden en el Museo Thyssen


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La Virgen con el Niño entronizada, c. 1433. Óleo sobre tabla, 15,8 x 11,4 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Rogier van der Weyden.

Rogier van der Weyden fue, junto a Jan van Eyck, una de las grandes personalidades artísticas del siglo XV. Sus valiosas aportaciones al arte flamenco de esta época fueron su excepcional técnica y la maravillosa expresividad de sus figuras, en las que se registran sentimientos como el dolor o la tristeza. Esta delicada y pequeña tabla representa uno de los nuevos temas creados por los pintores flamencos: la Virgen en una iglesia. En ella nos presenta a la Virgen sentada con Jesús ante lo que podría ser el pórtico de un templo o una capilla gótica. La decoración contiene referencias al Antiguo Testamento en las jambas con las figuras de los profetas, como el rey David, y al Nuevo Testamento con escenas en las que la Virgen es la protagonista como la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento, la Adoración del Niño y la Adoración de los Reyes. Esta obra en general ensalza el papel de madre de la Virgen, ya que aparece amamantando al Niño que sostiene en sus brazos, aunque coronada como Reina de los Cielos y como esposa de Cristo, por el anillo que lleva en uno de sus dedos.

Esta tablita con la Virgen y el Niño perteneció a Federico II de Prusia y entró en la colección Rohoncz antes de 1930, fecha en la que fue mostrada en la exposición en la Neue Pinakothek de Múnich, que dio a conocer el conjunto atesorado por Heinrich Thyssen.Atribuida en la colección de Federico II a Durero, fue publicada posteriormente como obra de Memling, de Van Eyck y de dos maestros anónimos distintos. La primera vinculación con el círculo de Van der Weyden se estableció en 1892, en una exposición dedicada a los primitivos flamencos en el Burlington fine Arts Club de Londres, donde figuró ya como obra de Van der Weyden, atribución que ha mantenido desde la década de 1910.

Los primitivos flamencos, y a la cabeza de ellos Van der Weyden, tuvieron una habilidad especial para crear nuevos temas iconográficos que difundieron eficazmente por el resto de Europa. Entre ellos estuvo la representación de la Virgen en iglesias, asunto que muestra esta delicada obra, donde, pese a sus pequeñas dimensiones, el artista despliega un conjunto ornamental ejecutado con gran primor y con el cuidado que un miniaturista o un orfebre pone en su trabajo.

En esta tabla, la Virgen está sentada con Jesús ante el pórtico de una iglesia, que también puede interpretarse como una capilla por la forma de su hueco. María, con un manto azul intenso y coronada como Reina de los Cielos, sostiene en su regazo al Niño que amamanta, vestido con ropas encarnadas que aluden a su futuro sacrificio. Esta imagen, popular desde la Baja Edad Media, exalta la maternidad de María. La Virgen que nos presenta Van der Weyden se identifica no sólo como Reina de los Cielos por la corona y como Madre de Dios por amamantar a Jesús, sino también como esposa de Cristo por el anillo que porta en uno de sus dedos.

El fondo que elige el pintor para su grupo es un conjunto escultórico que reproduce con libertad la fachada de una iglesia gótica indeterminada y cuya decoración se ordena, como es tradicional, con referencias al Antiguo y Nuevo Testamento. El Antiguo, sirviendo de soporte al Evangelio, se acomoda en las jambas con las figuras de los profetas. Entre ellos sólo se distingue claramente al rey David, escultura central de la izquierda, que porta su corona y un arpa. El rey David, como músico, enlaza con la vertiente mesiánica que se le atribuye por sus salmos, y simboliza, junto al homenaje divino que hace en sus textos, el arrepentimiento de los pecados. A su lado aparece otra escultura coronada que puede corresponder a Salomón, rey que se ha tomado también como una prefiguración de Cristo. En la parte superior, en nichos pequeños y ojivales, se han dispuesto diversos episodios del Nuevo Testamento, en los que la Virgen adquiere un protagonismo especial: la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento, la Adoración del recién nacido por su madre y la Adoración de los Reyes. Del ciclo de la gloria de Cristo,Van der Weyden eligió la Resurrección y el Pentecostés; y del de la gloria de la Virgen, la Coronación, que es, además, el eje de la portada. En este complejo programa iconográfico se subraya el papel de la Virgen como Madre de Cristo e intercesora entre Dios y los hombres para su salvación. La escena, llena de emoción, como se comprueba en la mirada triste y melancólica de María, está tratada por Van der Weyden con un perfecto acabado.

La Virgen con el Niño entronizada se ha puesto en relación con otra tabla en la que se representa un San Jorge, fechada aproximadamente en el mismo periodo y que pertenece a la colección de la National Gallery of Art de Washington. Las dimensiones casi idénticas de estas dos pinturas y sus características estilísticas llevaron a Herman Beenken a considerarlas parte de un mismo conjunto. A este respecto, se propuso como montaje original un díptico, tesis poco convincente debido a la posición que ocuparía en el conjunto la tabla de la Virgen, que quedaría desplazada al ala derecha, lugar inusual en este tipo de representaciones. La hipótesis más razonable parece la emitida por John Oliver Hand y Martha Wolff, que propusieron los dos óleos como anverso y reverso de un mismo soporte.



Enlaces interesantes

http://es.wikipedia.org/wiki/Rogier_van_der_Weyden
http://worldart.sjsu.edu/4DACTION/H...ch=NewSelection
http://www.bildindex.de/rx/apsisa.d...%20+r1a_name%3A
http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/pintores/3563.htm



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al gran pintor flamenco Roger van der Weyden, su especialidad eran las pinturas de temática religiosa aunque también cultivó el retrato, destacando por su detallada minuciosidad en la representación de los asuntos tratados, se percibe en ellas un interés por centrar la atención en la figura humana, analizando de forma cuidadosa los diversos estados de ánimo de los personajes, captando sus sentimientos y modelando sus personajes por medio de la luz y el color.

A este pintor, lo conozco hace muchos años, el Museo del Prado tiene algunas obras en su colección permanente, especialmente: “El Descendimiento de la cruz” su obra cumbre, es visita obligada cada vez que visito el Prado, es una obra deslumbrante, conmovedora y trabajada al más mínimo detalle.



Fuentes y agradecimientos: museodelprado.es, museothyssen.org, es.wikipedia.org, pintura.aut.org, artcyclopedia.com, webgalleryofart.com, lahornacina.com, artehistoria.com, arteinternacional.blogspot.com.es, jose-chamorro.blogspot.com y otras de Internet
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Lunes, 08 Febrero 2016, 11:08; editado 16 veces 
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
J.Luis gracias por este nuevo pintor Van der Weyden, en general me gusta y sus trípticos muy bonitos.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
Gracias xerbar.




Saludos.
 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
Muy buenas, me acabo de dar de alta en este foro, y ya empiezo a pedir favores:

¿Alguien me podría proporcionar alguna buena  imagen del políptico atribuido a Van der Weyden sobre los mjisterios del Rosario, que se expone en el Metropolitan Museum de Nueva York?

Todavía no he podido conseguir una buena fotografía del mismo.

Si alguien puede ayudarme, se lo agradecería.

Un saludo para tod@s, y gracias en adelanto
 



 
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
Plateresco bienvenido al foro y gracias por registrarte. Esperamos verte por aquí a menudo.

En cuanto a lo que pides seguro que J.Luis te puede ayudar mejor que yo en cuanto lea tu mensaje.

Un Saludo.
 




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Xerbar Administrador del Foro.
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
Gracias, Xerbar.

Pienso entrar a menudo por aquí.

Estamos cerca, yo soy malagueño.
 



 
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
Bienvenido Plateresco. Sobre tu petición he estado buscando la imagen y no la he encontrado, no obstante por si quieres investigar a fondo; te dejo un enlace que recoge toda la obra de van der Weyden de todos los museos e instituciones que tienen alguna obra suya.

http://www.artcyclopedia.com/artists/weyden_rogier_van_der.html


También he aprovechado para subir nuevas imágenes de este pintor flamenco.


Saludos.
 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
Gracias¡¡

Vaya colección.

La imagen que busco es la que adjunto. Ya veis el tamaño...

http://www.metmuseum.org/Works_of_A...10001664&pgSz=1

POr si os sirve.

Saludos
 



 
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
Tomo nota Plateresco y subo la imagen:


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The Fifteen Mysteries and the Virgin of the Rosary. Netherlandisd Painter. Posible autor Van der Weyden. La obra data entre 1515-20.



 

Saludos.
 




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última edición por j.luis el Martes, 24 Marzo 2015, 22:32; editado 1 vez 
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
El artista que supo pintar el dolor


El museo municipal de Lovaina dedica una gran retrospectiva al alma de Roger van der Weyden



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Fragmento de altar sacramental, Konklijk Museum (ROGER VAN DER WEYDEN)

El dolor puede ser bello. Sobre todo en los pinceles de Roger van der Weyden, donde, sencillamente, alcanza el grado de lo sublime. No hay más que contemplar su obra cumbre: El descendimiento de la Cruz. Las lágrimas que corren por los pómulos de la Virgen resultan sobrecogedoras. La obra sigue ocupando un lugar principal en el Prado. Porque no, la tabla, parte central de un tríptico que nunca se ha podido reconstruir, no ha viajado al nuevo museo municipal de Lovaina para la exposición Van der Weyden. La emoción del maestro, que se expone hasta el 6 de diciembre. Aunque no hay de lo que preocuparse; aquí aguarda un auténtico festín para los amantes del pintor belga. Nada menos que 104 obras para trazar su trayectoria artística y la importancia de la escuela que lideró.


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San José, Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa (ROGER VAN DER WEYDEN)

Las piezas proceden de todo el mundo, incluida España, que ha prestado siete obras. Autor directo de alrededor de 40 tablas, la muestra reúne tambiém trabajos firmados por su escuela, reproducciones de la época y cuadros de autores contemporáneos.

La pieza estrella de la exposición es el tríptico de los siete sacramentos, realizado entre 1440 y 1445 y prestado por el museo de Amberes. La emoción acompaña a la contemplación de cualquiera de los muchos retratos realizados por encargo del clero o de la nobleza. Sin ir más lejos, dos jóvenes mujeres y una santa Catalina que sobrecogen por su hermosura.


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Retrato de Carlos el Temerario, Museo Nacional de Berlín (ROGER VAN DER WEYDEN)

Con Van der Weyden, el arte sacro reconoce su alma. Lo que hasta entonces parecían puras estatuas, adquieren con el pintor una humanidad plena de sufrimiento, pena y resignación. De ahí que su forma de enfrentarse al arte marque un antes y un después. Las divinidades sufren como meros seres humanos. La composición y el colorido de las tablas giran en función de la carnalidad de la pieza. El comisario de la exposición, Jan van der Stock, ha construido un recorrido en el que junto a la obra se dan a conocer detalles de la casi secreta vida del artista.

Por ejemplo, se sabe que nació en Tournai, en 1400, una zona que entonces era francesa y hoy es suelo belga. El hecho de que en 1436 fuera nombrado pintor oficial de Bruselas suele citarse como el final de las dudas sobre su nacionalidad.


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Maria Magdalena, National Gallery de Londres (ROGER VAN DER WEYDEN)

Se sabe también que su maestro fue Robert Campin, el gran inspirador de la pintura flamenca, y en cuyo taller trabajó durante mucho tiempo. Pero como ocurre con las brumas que rodean la existencia de los grandes artistas de la pintura antigua, los expertos no siempre han podido determinar con claridad qué obras fueron ejecutadas por su mano, cuáles por su maestro o cuáles pertenecen a su escuela. La exposición ha servido también para que un comité de expertos delimite la cuantía de la autoría del pintor flamenco en cada una de las obras. Cuatro tablas que se le venían atribuyendo en su integridad han pasado a ser firmadas por su escuela. Con un gesto así se trata de poner las cosas en su sitio.


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Descendimiento de la cruz, Museo de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas. (ROGER VAN DER WEYDEN)

El comienzo y el final de la exposición evocan el descendimiento de la cruz. Toda una sala del nuevo museo está ocupada por ocho versiones del dramático momento. Están firmadas por artistas contemporáneos y posteriores al maestro. La versión más sorprendente está situada al comienzo del recorrido. Es la obra del videoartista belga Walter Verdin titulada Tiempo deslizante. Los 10 protagonistas de la tabla se mueven en las pantallas con un lento movimiento repetitivo. Es un juego para viajar al corazón del sentimiento.


EL PAÍS.com
 




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última edición por j.luis el Viernes, 05 Septiembre 2014, 12:43; editado 1 vez 
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN 
 
[size=218]'El calvario' encuentra la paz[/size]

El Prado y Patrimonio Nacional acuerdan trasladar el cuadro del maestro flamenco Van der Weyden del Monasterio del Escorial a los talleres del museo para su restauración


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Gran Calvario (hacia 1456-1460). Óleo sobre tabla, 244 cm x 193 cm, obra de Rogier van der Weyden. Patrimonio Nacional.Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

A los viajes ya está acostumbrado. Y además esta vez la meta final serán las manos cuidadosas y capaces de los expertos del Prado. Tras pasar a lo largo de los siglos de Bruxelas a Madrid y acabar entre las joyas de Felipe II en el Monasterio de El Escorial (donde varias veces se le cambió de sitio), El calvario, enorme cuadro del maestro flamenco Rogier van der Weyden, será llevado a los talleres de restauración del museo, gracias a un acuerdo firmado hoy entre el centro y Patrimonio Nacional.

Menos conocido que El descendimiento de la Cruz (hacia 1435), otra obra fundamental de Van der Weyden también restaurada por el Prado, que ahora la expone, El calvario (entre 1456 y 1460) comparte con el primero el ser dos de los únicos tres cuadros del artista flamenco documentados en las fuentes historiográficas. También les une el lugar de residencia, ya que ambos se hallan en España. De hecho, en cuanto El calvario sea trasladado al museo, hasta compartirán edificio. Para los curiosos, el tercer hermano, El retablo de la Cartuja de Miraflores, descansa en la Gemaldegaleire de Berlín.

Maestro y principal exponente de la pintura flamenca del siglo XV, Van der Weyden realizó una obra (de 244 centímetros por 193) que para ser majestuosa renunciaba a la estabilidad. La estructura poco común (13 tablones de roble horizontales, uno por encima del otro, mientras quelo más frecuente es la disposición vertical de las piezas) le ha pasado factura a El calvario. Ya que el peso de todos los tablones recae directamente sobre el inferior, el paso de los años ha ido abriendo grietas en la obra. Una construcción frágil, que anteriores restauraciones intentaron arreglar con chasis de madera y lienzos que sin embargo alteraron la natura original de El calvario. De hecho, uno de los primeros deberes de los trabajadores del Prado será la remoción de esos soportes.

Antes, el "castillo de naipes" (así lo define, en la sala del Monasterio de El Escorial que luce la obra, Enrique Quintana, jefe del taller de restauración del Prado) tendrá que pasar por el quirófano. Macrofotografías, radiografías, estudios con infrarrojos: El calvario disfrutará de un chequeo a la vanguardia tecnológica. "Es imprescindible un análisis para saber más sobre el cuadro. Cada obra requiere una solución personalizada", asegura Quintana.

En un segundo momento, José de la Fuente, restaurador de soportes de madera del Prado y quien ya se hizo cargo con éxito de darle nueva vida a las tablas Adán y Eva de Durero, habrá de dotar el cuadro de una estructura que "le de consistencia y a la vez permita el movimiento de la madera", detalla Quintana. Todo el proceso cuenta con dos certezas. La primera es que "el coste será altísimo", según informa el jefe del taller de restauración. Y la segunda es que no volverá a su casa hasta dentro de dos años y medio. Tanto durará la labor del Prado, como asegura el mismo director del Museo, Miguel Zugaza.


La odisea de El calvario

Fiel a su nombre, lejos de encontrar la paz, la obra de Van der Weyden ya es experta en restauraciones. Además de los nombrados soportes, Gerón Seisdedos intentó entre 1945 y 1947 recuperar el color original de la pintura en un trabajo que el entonces subdirector del Prado, Francisco Javier Sánchez Cantón, definió como "primoroso". Tal vez lo fuera a la sazón, pero el uso de material de baja calidad, entre otras causas, ha "distanciado el color de los retoques del original", constata Quintana. O, lo que viene a ser lo mismo, el cuadro, y en especial el cuerpo de Cristo, están llenos de manchas. Así, la restauración se encargará también de recuperar el color que Van der Weyden quiso darle a su obra y de "devolverle el mensaje original que el artista intentó transmitir", explica Carmen García Frías, conservadora de Patrimonio Nacional.

La primera etapa de la odisea de El calvario fue la Cartuja de Scheut, cerca de Bruselas, a la que Van der Weyden regaló su creación. De ahí fue adquirido en 1555, seguramente por Felipe II o quizás por María de Hungría, hermana de Carlos V de España. El caso es que la obra llegó a la península ibérica y en 1574 hizo su primera entrada en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Desde entonces ha pasado del altar mayor de la Sacristía al anonimato en la Librería del Coro (tras una reorganización de las salas del Monasterio llevada a cabo por Diego Velázquez en 1656), hasta que a finales de 1800 llegó a su actual sitio, una larga sala de la zona de visita del Monasterio.

Tras la restauración, El calvario será expuesto durante tres meses en el Prado. Luego volverá al Monasterio y, se espera, olvidará por fin sus sufrimientos.



elpais.com
 




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última edición por j.luis el Viernes, 05 Septiembre 2014, 12:35; editado 1 vez 
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
Los quince misterios y la Virgen del Rosario


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"Los quince Misterios y la Virgen del Rosario", datado en ca. 1515-20, y atribuido a Goswijn van der Weyden, nieto de Rogier van der Weyden. Las quince representaciones de la parte superior del cuadro, alusivas a los quince misterios del rosario, -gozo, dolor y gloria-, presentan una iconografía muy similar a la del grabado de 1488 de Francisco Domènec, lo que pudo ser fruto de una influencia directa, -lo más probable en este caso-, o en que ambas se basasen en una obra anterior más antigua y hoy no identificada.

El ciclo iconográfico del retablo presenta una secuencia narrativa que se inicia, de izquierda a derecha, en el cuerpo superior con las escenas de la Anunciación, Nacimiento, Adoración de los Reyes y Presentación del Niño en el templo. Corresponderían a la representación de cuatro de los misterios Gozosos del Rosario.

Fuente: esculturacastellana.blogspot.com.es
 




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última edición por j.luis el Viernes, 05 Septiembre 2014, 12:31; editado 1 vez 
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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
El Gobierno decide que El Bosco, Van der Weyden y Tintoretto sigan en El Prado


Vicepresidencia no atenderá la petición de devolución cursada por Patrimonio Nacional




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El descendimiento de la cruz. Roger van der Weyden, h. 1436. Óleo sobre tabla, 220 × 262 cm. Museo del Prado.

Todo apunta a que El Bosco, Van der Weyden y Tintoretto se quedarán en el Museo del Prado, su lugar de residencia desde 1936. La petición de devolución cursada por Patrimonio Nacional a la pinacoteca que dirige Miguel Zugaza para que varias pinturas de estos maestros pasen a engrosar la colección del Museo de Colecciones Reales que será inaugurado en 2016 está a punto de recibir una respuesta negativa por parte del Gobierno.

“La decisión está tomada a falta de cerrar dos flecos jurídicos, los cuadros no saldrán del Prado”. “El Gobierno no tiene previsto de ningún modo tocar la colección del Prado, esos cuadros se quedarán en el museo”. Son declaraciones tajantes efectuadas a este diario por dos altos representantes del Gobierno de Mariano Rajoy, que ultima estos días un documento legal con el fin de sellar el depósito definitivo de varias obras de estos artistas en El Prado. Parece que los deseos manifestados por José Rodríguez-Spiteri, presidente de Patrimonio Nacional, caerán en saco roto. Esos deseos, compartidos por la persona que dirigirá el Museo de Colecciones Reales, José Luis Díez, apuntaban en concreto a cuatro obras: El jardín de las delicias y La mesa de los siete pecados capitales, de El Bosco; El descendimiento de la cruz, de Van der Weyden; y El lavatorio, de Tintoretto.


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Mesa de los pecados capitales. El Bosco, 1485. Óleo sobre tabla, 120 × 150 cm. Museo del Prado

El pasado mes de julio, según una información publicada en El Confidencial, José Rodríguez-Spiteri dirigió una carta a Zugaza recordándole que esas pinturas —consideradas obras capitales de la colección por parte de los responsables del Prado— eran propiedad de Patrimonio Nacional y que su intención era recuperarlas. ¿Destino? Un lugar de honor en el futuro Museo de Colecciones Reales. Las obras viven en el Museo del Prado desde 1936, después de que la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico del Gobierno de la República las trasladara a la pinacoteca madrileña para protegerlas durante la Guerra Civil. Un decreto franquista de 1943 certificó la permanencia de los cuadros en El Prado mediante la figura jurídica de un depósito temporal, depósito que fue renovado por última vez en un nuevo documento sellado por ambas partes en 1998.

La situación en julio en torno a la supuesta carta de reclamación fue la siguiente: Patrimonio Nacional sostuvo que la carta había sido enviada. En El Prado aseguraron que no se tenía constancia de ella. Duda resuelta: “Sí que existe esa intención de reclamar por parte de Patrimonio, desde luego”, explicaba un alto cargo del Ministerio de Cultura.


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El Lavatorio. Tintoretto, 1548-1549. Óleo sobre lienzo, 210 × 533 cm. Museo del Prado, Madrid

La dirección del Museo del Prado ha mantenido durante todo este tiempo una relativa calma ante este espinoso asunto, en el que mucho han tenido que ver las no demasiado buenas relaciones entre ambas instituciones. De hecho, los responsables de Patrimonio Nacional ya han hecho saber a Zugaza que no ofrecerán su colaboración en forma de cesión de obras en próximas exposiciones del Prado como las que se dedicarán a Bernini o al propio Van der Weyden. En cuanto al que será máximo responsable del Museo de Colecciones Reales actualmente en construcción junto a la Catedral de la Almudena de Madrid, José Luis Díez, lo menos que puede decirse es que se trata de una persona que conoce bien los resortes y la vida interior del Museo del Prado: no en vano fue hasta hace poco su conservador de pintura del siglo XIX.

El Patronato del Museo del Prado que preside José Pedro Pérez Llorca se ha topado con una auténtica paradoja: a la reclamación fracasada por parte de la pinacoteca del Guernica de Picasso en manos del Museo Reina Sofía ha venido a sucederle la petición igualmente fracasada de varias pinturas de tres de sus más grandes maestros.


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Varios visitantes contemplan 'El jardín de las delicias' de El Bosco en el Museo del Prado. / Manuel Escalera

Tanto El jardín de las delicias como La mesa de los siete pecados capitales, ambas de El Bosco, y El descendimiento de la cruz, la obra más importante de Rogier van der Weyden, figuran bajo el epígrafe “Obras maestras” en la página web de las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional. Ahí seguirán. Pero también en las salas del Museo del Prado.

elpais.com




 

Me parece correcta la decisión. No entiendo que a estas alturas, pretendan quitar al Prado cuatro obras maestras que millones de aficionados a la pintura han visto desde 1936. Considero que el Museo del Prado es el lugar donde deben estar estas obras. Seguro que el futuro museo de Colecciones Reales, tendrá muchas otras obras que exponer y no éstas precisamente.
 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
En el taller con Van der Weyden


El Museo del Prado lo celebra con una exposición histórica

Cuatro años se ha tardado en insuflar nueva vida y curar las heridas de 'El Calvario', la monumental tabla del maestro flamenco



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A la derecha, José de la Fuente, restaurador de soportes del Museo del Prado, y a la izquierda, Loreto Arranz, restauradora de Patrimonio Nacional, encargada de la parte pictórica. / Gorka Lejarcegi / EL PAÍS

Sufrió un fuerte golpe en la rodilla, resultado de una grave caída. Sobrevivió a un incendio. Decenas de clavos, además de un firme corsé de madera incrustado en su espalda, atestiguaban los sucesivos intentos de enderezar su postura. Las cicatrices del maltrecho cuerpo que llegó al taller de restauración del Museo del Prado hace cuatro años eran profundas. Afectaban a la misma estructura de la monumental tabla y se reflejaban en su anverso. De ahí la magulladura en la rodilla, las grietas, los despintados y repintados en la pe­netrante imagen representada de un Cristo clavado en la cruz, muerto y sin embargo lloroso, bajo cuyos brazos se ­yerguen con expresión contenida, a un lado, la Virgen y, al otro, san Juan, envueltos en agitados y voluminosos paños blancos. El Calvario, de casi tres metros y medio de altura, pintado por Rogier van der Weyden hacia 1460, había pasado por su particular vía crucis.

Su historia está hecha, entre otras cosas, de madera de roble báltico, de cola de conejo, de estopa, de yeso, de bermellón de mercurio o de blanco de plomo. En ella participan desde unos monjes cartujos belgas hasta un rey enamorado de la pintura flamenca, un pintor apodado El Mudo, el propio Velázquez o, más recientemente, uno de los seis únicos especialistas en todo el mundo en restauración de soportes en el siglo XXI.

El primer y absoluto protagonista es el pintor flamenco cuyo apellido significa pastura —aunque parece que era hijo de un cuchillero, dato sobre el que no existe una certeza absoluta, como no la hay sobre muchos otros aspectos de su biografía—. Vivió en el convulso siglo XV entre Tournai y Bruselas, y el cambio de residencia fue acompañado de la traducción de su apellido: en francés, De le Pasture; en flamenco, Van der Weyden.

Quizá el principio de esta historia arranque en los bosques de Polonia, de donde procedía el roble

Las dudas que rodean la biografía del artista son tan espesas como vivos los colores de su paleta. Su fecha de nacimiento se sitúa entre 1399 y 1400; su muerte, a los 64 o 65 años. Y la confusión viene de lejos, porque ya en su Vida de grandes artistas, Giorgio Vasari dividía (o multiplicaba, según se mire) a Rogier van der Weyden por dos.

A pesar del reconocimiento del que gozó en vida (fue nombrado pintor de la ciudad de Bruselas en 1436, y las copias de sus cuadros fueron constantes), la biografía del artista —como la del resto de los maestros primitivos flamencos— se mantiene en una zona de tinieblas y apenas despertó interés hasta el siglo XIX. El redescubrimiento e innovación de la pintura al óleo de Jan van Eyck y el estilo realista con el que los artistas del llamado Renacimiento del Norte redefinieron la pintura —estableciendo una perturbadora tensión entre el mundo real y el imaginado, entre lo sagrado y lo profano— no pasaron desapercibidos a sus contemporáneos, pero su estudio tardó varios siglos en llegar. Para entonces, las pruebas documentales eran escasas. Los archivos y registros de Bruselas ardieron en 1695, en el mismo incendio de las dependencias del Ayuntamiento que arrasó las pinturas sobre la justicia que Van der Weyden hizo para la ciudad. Unos cuantos siglos después, los bombardeos de 1940 en Tournai acabaron por arrasar el otro fondo donde es probable que hubiera rastro del artista.

Durante su vida, el concepto de autoría no estaba tan implantado como hoy día, así que Van der Weyden no firmó prácticamente ninguno de sus cuadros. Hoy solo hay tres sobre los que no se alberga ninguna duda de que son suyos: El Descendimiento, El Calvario y el llamado Tríptico de Miraflores. El impactante trío se reunirá por primera vez en el Museo del Prado desde el próximo lunes hasta el 28 de junio en una cumbre sin precedentes que celebra la conclusión del largo proceso de restauración de El Calvario. La exposición contará con un total de 20 obras, que incluyen tablas, tapices y dibujos.

Quizá el principio de esta historia habría que situarlo en los bosques de Polonia, de donde procedía el roble báltico que los comerciantes flamencos movían por Europa desde el siglo XIV hasta el XVII. Los cuadros pintados sobre aquellas maderas permiten trazar el mapa de sus rutas por Inglaterra, Italia, Sevilla y Portugal. "El corte de la madera debía ser totalmente radial, de manera que los anillos de crecimiento fueran perpendiculares al tajo, algo fundamental para la estabilidad del cuadro", explica el restaurador José de la Fuente.

En el caso de El Calvario, parece probable que Van der Weyden empleara restos de la costosa madera para fabricar el soporte. Su hijo mayor, Cornelio, había ingresado como cartujo, y este cuadro no fue un encargo, sino un regalo donado en 1460 a la cartuja de Schuet, a las afueras de Bruselas. La capilla fue arrasada poco después de que el cuadro fuera vendido en 1555 y sustituido por una réplica a cargo de Antonio Moro, el pintor de cámara de Felipe II. Aquel mismo año, en octubre, el padre del monarca, Carlos V, había abdicado y todo apunta a que fue en casa de su tía María de Hungría, gobernadora de los Países Bajos de 1531 a 1555, donde unos años antes vio por vez primera un cuadro de Van der Weyden. El flechazo fue duradero, como lo prueban las múltiples copias de sus obras que encargó, una de las cuales regaló a su niñera, Leonor de Mascarenhas.

La llegada a España de El Calvario probablemente fue menos atribulada que la de El Descendimiento. Según escribió Karel van Mander en 1604, durante su traslado esa obra sufrió un percance marítimo: "El barco que lo transportaba naufragó, pero el cuadro flotó y fue rescatado. Como lo habían embalado muy cuidadosamente, la pintura apenas padeci". La veracidad del casi naufragio no está probada, pero lo que sí es cierto es que Felipe II ordenó la restauración de ese cuadro en 1566, y de El Calvario, al año siguiente, poco después de que llegaran a El Escorial.

De las uniones abiertas de los paneles se encargó el maestre Giles; de la pintura, Juan Fernández de Navarrete, más conocido como Navarrete el Mudo. Más de 400 años después, en los talleres del Prado, José de la Fuente ha consolidado la tabla, trabajando estrechamente con la restauradora de Patrimonio Nacional encargada de la parte pictórica, Loreto Arranz Gozalo. Lucio Maire ha restaurado el marco —del que destaca la calidad del bol original— retirando todas “las actuaciones impropias”. Alicia Peral y María Moraleda —becarias de la Fundación Iberdrola y del Ministerio de Cultura cuando empezaron a trabajar en el proyecto— completan el equipo que ha trabajado en los talleres del Prado. Su coordinador jefe, Enrique Quintana, destaca el increíble avance que en los últimos 20 años ha habido: "Ni en España, ni en Europa había formación en restauración de soportes, porque no era rentable", explica. Por eso en los noventa se contó con la ayuda de un experto del Museo Metropolitano de Nueva York para acometer la restauración de El Descendimiento. Hoy, el Prado cuenta con su propio especialista y difunde su conocimiento a través del programa Panel Painting de la Fundación Getty, que aporta importantes fondos para la restauración de tablas y, a cambio, involucra a becarios internacionales en estas tareas para que se formen.

El gran tamaño de la tabla de El Calvario volvía frágil su estructura horizontal. Originalmente, los 14 paneles de casi dos metros de ancho de esta obra fueron montados con un marco en ranura y dos travesaños con puentes metálicos que permitían la dilatación y contracción de la madera. El proceso en aquel tiempo era tan riguroso que, según apunta De la Fuente, había un gremio especializado en realizar un control de calidad de las tablas y comprobar la estabilidad de la zonas de unión. Él duda que esta estructura hubiera sido aprobada.

El cuadro no fue un encargo, sino un regalo donado en 1460 a la cartuja de Schuet, a las afueras de Bruselas

Lo cierto es que el asunto de los gremios resultó ser algo particularmente pertinente y delicado en la ciudad de Tournai. Las disputas entre Francia y el Ducado de Borgoña por el control de la ciudad se tradujeron en revueltas y enfrentamientos: la alta burguesía era proborgoñesa; los artesanos, profrance ses. Parece ser que, tras una primera estancia en Bruselas, el pintor, casado con la belga Elisabeth Goffaert, regresó a Tournai y a la edad provecta de 27 años ingresó en el taller de Robert Campin, el Maestro de Flandes. Los aprendices normalmente ingresaban a los 13 o 14 años, pero parece probable que él trabajara antes con Hubert van Eyck (hermano del gran Jan). Puede que a Van der Weyden le pillara un cambio en las normativas gremiales de la ciudad, que obligaban a pasar un mínimo de cuatro años en un taller, y que por eso volviera a trabajar por cuenta ajena. Sea como fuere, en 1432 recibió el título de maestro.

La profundidad y maestría de sus obras, donde sentimiento y forma, realismo y fábula cobran una intensa y conmovedora vida, revalidan sin duda ese título siete siglos después de su muerte. Al naturalismo flamenco, Van der Weyden, hombre pío y buen conocedor del dogma cristiano, añade misterio, volúmenes escultóricos y una puesta en escena teatral de turbación barroca. Ese palio rojo que sirve de fondo a El Calvario tiene algo sereno, en comparación con la agitación de El Descendimiento. Si frente a esa obra uno —como el personaje de la novela de Ben Lerner en Saliendo de la estación de Atocha— debería llorar, puesto que casi todas las figuras representadas derraman lágrimas, El Calvario quizá invite a rezar. En El Descendimiento nace la representación de la compasión —la pasión compartida de la Virgen que reproduce la misma postura que su hijo muerto—, y en El Calvario sus monumentales figuras abren espacio para una serena reflexión. Así lo sostiene el experto británico y comisario de la exposición del Prado, Lorne Campbell: "Esta obra representa el último alegato de Van der Weyden. En ella plasma esas tres figuras sobre las que había pensado durante años".

En la restauración acometida en los últimos tres años, el principio también ha sido el soporte. Hubo que retirar las telas, limpiar e incluso desmontar los paneles. Se quitaron las rígidas estructuras añadidas en la restauración de mediados de los años cuarenta del siglo XX en el Prado, los clavos, los puentes, todo. La madera respiró. Luego, José de la Fuente ideó un sistema no invasivo para consolidarlo e introdujo milimétricamente injertos de maderas centenarias para arreglarlo. "Las cuatro premisas de las que partíamos eran que había que adaptarse a la curvatura, a los movimientos tridimensionales, a la deformación del cuadro y había que repartir el peso en un soporte secundario". Este último elemento se ha convertido en un bastidor de madera de sitka —usada en la construcción de barcos— que, a través de un sistema de tacos que a su vez sostienen tornillos de nailon y muelles, consolida la parte trasera como si se tratara de una malla mágica. Luego, le llegó el turno a la pintura. Arranz limpió las resinas naturales y los añadidos, trabajó en la entonación cromática con base de acuarela.

Felipe II ordenó la restauración de El Calvario, en 1577 poco después de que llegara a El Escorial

El Calvario y El Descendimiento permanecieron juntos durante siglos en El Escorial. Primero, en la sacristía; luego Velázquez reordenó la colección y los llevó a la librería del coro en 1656; sobrevivieron al incendio de 1671 —que dejó algunas diminutas pompas en su pintura— y acabaron en el museo del palacio. En 1939, cuando El Descendimiento volvió de Ginebra tras la Guerra Civil, fue al Prado. El verano pasado, Patrimonio Nacional cursó una reclamación. Pero mientras se resuelve esa cuita, los cuadros del maestro Van der Weyden volverán a encontrarse y se enfrentarán con el Tríptico de Miraflores, que se llevó el general francés Jean Barthelémy Darmagnac durante la invasión napoleónica y ahora viaja desde el Staatliche Museen de Berlín.

El escritor Tzvetan Tódorov, en su ensayo sobre la pintura flamenca, apunta que hay que fijarse en la individualidad de lo que representaron (momentos muy concretos); en la individualidad de a quién representaron (rostro con barba de varios días, ojos llorosos); y en el potente simbolismo de las imágenes. Pero el maestro flamenco de los dos nombres apuntó aún más allá: "Rogier pinta la esencia, no una apariencia concreta".



La resurrección de ‘El Calvario’, de Van der Weyden


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Los 14 paneles consolidados. El sistema que empleó Rogier van der Weyden para unir los 14 tablones de 'El Calvario' consistía en un marco de ranura y dos travesaños, unidos con puentes metálicos, que permitían la dilatación y contracción de la madera. El marco original fue retirado hace varios siglos, y los tablones se habían desmontado muchas veces, algo que podía apreciarse claramente en las juntas. Loreto Arranz, y sus ayudantes, Alicia Peral y María Moraleda, aplicaron estuco y barniz, antes de trabajar con las bases de acuarela.


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La pintura dañada. La restauración del soporte, acometida por José de la Fuente (izquierda), ha estado estrechamente ligada, a la parte pictórica, que ha corrido a cargo de Loreto Arranz (derecha). La tabla había sufrido una grave caída: la zona de las rodillas del Cristo crucificado estaba muy dañada, y se había intentado reaparar con más de 24 clavos en el reverso.


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Un Cristo muerto y lloroso. Las dudas que rodean la biografía de Rogier van der Weyden son tan espesas como vivos los colores de su paleta. El gran maestro flamenco pintó tres lágrimas cristalinas en el rostro del Cristo muerto crucificado, y sin embargo ninguna en el de la Virgen, ni en San Juan.


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Volumen escultórico. Las figuras de la Virgen y San Juan son inmensas, en la tabla de Van der Weyden. Tienen un carácter escultórico, y frente a la serenidad de sus rostros el dramatismo se traslada a los paños blancos que les envuelven, pintados con blanco plomo.


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El marco. Lucio Maire es el restaurador de Patrimonio Nacional que ha trabajado en el marco de 'El Calvario'. No es el original pero el experto piensa que data de 1516. En seco y sin diluyentes Maire retiró los nueve estratos añadidos y encontró el bol original sobre el que se aplicó el pan de oro.


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Un fime corsé de madera. Los rayos y fotografías que se tomaron en 2011 permitieron a Loreto Arranz evaluar el estado real de la tabla. En 1945 'El Calvario' había sido restaurado en El Prado y fue entoences cuando se clavó un soporte de madera en el reverso que ahora ha sido retirado.  


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La técnica de Van der Weyden. Las pruebas realizadas en la tabla han permitido a los restauradores recuperar el trabajo original del maestro flamenco. Antes de pintar, él aplicaba una capa de yeso y cola de conejo sobre la que pintaba un primer boceto, tras aplicar una fina imprimación dibujaba con más detalle en carboncillo, antes de emplear el blanco plomo para la carnación y las lacas para los degradados.


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Un bastidor a medida. La consolidación de los 14 tablones se ha realizado a través de un bastidor de siete láminas, diseñado por José de la Fuente en madera de sitka, un material empleado en la construcción de barcos. Unos topes longitudinales, tacos de madera, tornillos de nylon y muelles graduables en potencia permiten que el bastidor sostenga el cuadro sin estar clavado.


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El incendio en El Escorial. 'El Calvario' fue un regalo de Rogier van der Weyden a la Cartuja de Scchuet, en las afueras de Bruselas en 1460. Poco tiempo después fue vendido y sustituido por una copia de Antonio Moro, pintor de cámara de Felipe II. Al llegar a España pasó unos años en el Palacio del Bosque de Segovia en Valsaín antes de ser trasladado a El Escorial. Allí sobrevivió al incendio de 1671 y, aunque no estaba en la misma sala donde prendieron las llamas, las lacas y colores tierra del cuadro quedaron alterados debido al calor que sufrió, en la sala abovedada donde estaba.



Rogier van der Weyden (h. 1399-1464). Museo Nacional del Prado. Madrid. Del 24 de marzo al 28 de junio de 2015.



Una exposición muy interesante que espero ver en breve, ya comentaré mi impresión, pero Rogier van der Weyden no dejo de visitarlo a traves de su obra maestra de 'El descendimiento de la cruz', una impresionante tabla que sobrecoge, aún viéndola innumerables veces, como es mi caso.
 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
La Pasión según Van der Weyden


El Prado reúne por primera vez las mejores obras del pintor flamenco




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'El Descendimiento' de Rogier van der Weyden (1435). / SAMUEL SÁNCHEZ

Insuperables en la pócima mágica que cruza la maestría técnica y el vuelo espiritual, el naturalismo y la capacidad evocadora, la matemática geométrica y la pasión religiosa, y sobre todo, rabiosamente vigentes después de más de 500 años, los primitivos flamencos han vuelto al Prado. Nunca se fueron. Así que habrá que hablar más bien de un eterno retorno. De entre todos ellos, Rogier van der Weyden, o Roger de la Pasture, según se prefiera la denominación flamenca o francesa (Tournai, 1399 o 1400- 1464) es la personificación de su cumbre, o de una de sus cumbres. En la convulsiva Europa del siglo XV solo el magisterio de Jan Van Eyck estuvo (como poco) a su altura. Más tarde vendrían más genios, El Bosco, Brueghel el Viejo, Rubens, Teniers, pero esa es otra historia. Como lo es la de extraordinarios pintores del XV, anteriores a Weyden y Van Eyck que, habiendo alcanzado la excelencia absoluta, se quedaron en ella sin saltar a la dimensión del artista que marca una era: Petrus Christus, Robert Campin, Van der Goes, Hans Memling…

La percha de esta muestra es la restauración de su obra cumbre El Calvario

La exposición de apenas 20 obras que la pinacoteca dedica desde este lunes y hasta el 28 de junio al creador de una de las pinturas capitales de la Historia del arte –El Descendimiento que alberga el propio Prado- y a algunos de sus discípulos y seguidores constituye un hito histórico. Primero, por el ilustre pretexto que la originó. La percha de esta brevísima pero subyugante muestra –la primera de carácter monográfico sobre el artista en España- es la restauración de otra de las cumbres del arte de Van der Weyden, El Calvario del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, devuelto a la vida gracias a un largo y complejísimo proceso de restauración que arrancó hace cuatro años y se cerró, como quien dice, anteayer.

Las dos personas que, acompañadas de sus respectivos equipos de colaboradores, han obrado el milagro son los restauradores José de la Fuente, que reparó el maltrecho soporte de este cuadro dividido en 12 paneles e hizo de una piltrafa medio muerta una obra de arte estropeada pero al fin manipulable y curable, y Loreto Arranz, que quitó la porquería producto de sucesivas y desastrosas restauraciones anteriores (1567, 1892, 1945). El primero forma parte del equipo de restauración del Prado, y la segunda trabaja para Patrimonio Nacional (propietario de la obra).

Juntos, y en una relación de hecho que se ha prolongado en el tiempo desde junio de 2011, han logrado que El Calvario reluzca en todo su esplendor, desde el dramatismo gestual de la Virgen y San Juan hasta las mismísimas lágrimas que corren por la mejilla del Cristo, ya muerto, o las gotas de sangre que descienden de su corona de espinas. Prácticamente imperceptibles en la contemplación directa de este descomunal óleo sobre tabla de 3,23 por 1,92 metros pintado entre 1457 y 1464, la visión de ese llanto y de esa sangre se hace real en el montaje audiovisual en alta definición instalado por los comisarios de la muestra, Lorne Campbell (muy probablemente el mayor experto mundial en el pintor flamenco) y José Juan Pérez Preciado y por el responsable del diseño museográfico de la exposición, Jesús Moreno.

Es imprescindible la visita a esta sala oscura para aprehender no solo la extrema complicación técnica de una restauración así, sino también el propio detalle de la obra de Van der Weyden, quintaesencia del detalle a ultranza. En las tablas de Rogier van der Weyden, como en las de sus otros colegas y competidores flamencos de la época, no es cuestión solo de asomarse a la conmovedora alianza entre la arquitectura dispositiva de las personas y las cosas y la intensidad del colorido en los ropajes. Una segunda aproximación con lupa permitirá adentrarse en los minuciosos fondos de las pinturas del artista.

Esto alcanza su paroxismo en esas lágrimas del Calvario del Escorial, pero también en el detalle arquitectónico y en lo que cabría llamar los personajes secundarios del Tríptico de los Siete Sacramentos, una joya procedente del Koningklijk Museum de Amberes nunca vista antes en España. Es una de las obras mayores de Van der Weyden. De hecho, una de las pocas que gozan de absoluta certeza en su autoría, pues, como sus contemporáneos flamencos, no firmaba sus obras. Desde luego, es una de las más inverosímiles: aquí no hay canon compositivo posible, aquí la escala salta por los aires, con los secundarios en pequeñito y los personajes centrales –Cristo, la Virgen San Juan y Magdalena- enormes. El crucifijo roza casi la bóveda de la iglesia (quizá la catedral de santa Gúdula de Bruselas, donde fue enterrado Van der Weyden), los personajes no encajan, el contenido no se adecúa al continente… y todo es perfecto.

El cuarto vértice de la exposición junto al Calvario, El Descendimiento y el Tríptico de los Siete Sacramentos es, por supuesto, el Tríptico de Miraflores, que regresa a España desde que en 1810 el general francés Jean Darmagnac se lo llevara de la burgalesa Cartuja de Miraflores, y que hoy duerme en el Museo Estatal de Berlín. “Es la primera vez, y muy probablemente la última, en que se podrán admirar juntas estas cuatro obras”, advertía conmovido, el comisario de la muestra. Un hito en El Prado gracias al genio de un artista, la dedicación de unos restauradores… y el retroactivo flechazo de un tal Felipe II por la pintura de aquel flamenco de Tournai. En vísperas de la Semana Santa, la Pasión según Rogier van der Weyden.


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El Calvario, (después de la restauración del Museo del Prado), Rogier van der Weyden, Óleo sobre tabla de roble, h. 1457-64, Patrimonio Nacional. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Se podrá ver en el Museo del Prado hasta Junio.



Patrimonio Nacional y El Prado: ¿la pipa de la paz?

La restauración de El Calvario de El Escorial, merced a un convenio firmado hace cuatro años entre el Museo del Prado y Patrimonio Nacional y costeado por la Fundación Iberdrola, da como resultado una exposición extraordinaria. También paradójica. Porque de paradoja hay que hablar cuando una muestra histórica como esta —los cuatro weyden mayores, juntos por vez primera; ni su creador pudo ser testigo de ello— llega en el contexto de litigio entre las dos instituciones.

Hágase memoria. En julio del año pasado, el presidente de Patrimonio, José Rodríguez-Spiteri, remitió una carta al director del Prado, Miguel Zugaza, reclamando para el nuevo Museo de Colecciones Reales, que se inaugurará en 2016, entre otras, las siguientes obras depositadas en El Prado: La mesa de los siete pecados capitales, de El Bosco; El lavatorio, de Tintoretto… y El Descendimiento de Rogier van der Weyden, una de las estrellas de la pinacoteca madrileña y de la exposición inaugurada ayer.

Ante la lógica negativa de la dirección del museo, que alberga El Descendimiento en calidad de depósito desde 1936 (renovado por última vez en 1998), Rodríguez-Spiteri decidió congelar las relaciones con El Prado. Y tanto las congeló que rehusó prestar varias de las obras que el museo había pedido prestadas para su exposición sobre Bernini del año pasado.

Alicia Pastor, consejera gerente de Patrimonio Nacional —Rodríguez-Spiteri no acudió a la presentación—, y Miguel Zugaza vivieron ayer una jornada histórica en lo relativo al arte, pero en lo relativo a la diplomacia cultural bien puede decirse que fumaron por espacio de unas horas la pipa de la paz. “Prefiero quedarme con lo que nos une y esta exposición es la prueba”, dijo Pastor. “Nada que añadir”, apostilló Zugaza.

Pastor sí quiso subrayar que, tras su restauración y exhibición en El Prado, El Calvario de Van der Weyden regresará al Monasterio del Escorial, donde será expuesto en un marco creado ex profeso para él.

El pasado septiembre, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, selló la controversia Prado-Patrimonio cuando, tras un Consejo de Ministros y al ser preguntada por EL PAÍS, sostuvo: “Esos cuadros se quedarán en El Prado”. Para eventuales nuevos capítulos del litigio en teoría finiquitado, véase Presidencia del Gobierno, de quien depende directamente Patrimonio Nacional.


elpais.com
 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
La recuperación del Calvario de Rogier van der Weyden



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El Calvario, (antes de la restauración), Rogier van der Weyden, Óleo sobre tabla de roble, h. 1457-64, Patrimonio Nacional. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

El Calvario de Rogier van der Weyden, procedente del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, es una de las obras más impresionantes y originales del pintor por la grandeza y expresividad de sus figuras en una composición de extremada sencillez. Además, se trata de una de las escasas obras del pintor autentificada documentalmente desde que fue donada por el propio artista a la Cartuja de Scheut en Bruselas, su ubicación original.

Los diferentes emplazamientos y las distintas intervenciones a las que había sido sometida la obra a lo largo de más de 500 años habían influido tanto a nivel estético como en la conservación del soporte y la capa pictórica.


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El Calvario, (eliminación de repintes), Rogier van der Weyden, Óleo sobre tabla de roble, h. 1457-64, Patrimonio Nacional. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Los trabajos de documentación técnica (dendrocronología, análisis de pigmentos, reflectografías de infrarrojos, radiografía y ultravioletas) junto a las labores de restauración del soporte y de la superficie pictórica del Calvario han devuelto a la obra su estado original, permitiendo confirmar la autoría de Van der Weyden y concretar su datación en un período comprendido entre 1457, el año más temprano para la utilización de la tabla, y 1464, año de la muerte del pintor.

Tras su reciente restauración, se ha podido recuperar la verdadera sensación de tridimensionalidad de las figuras, cuyo volumen estaba tergiversado por una tupida película de repintes grisáceos. La nueva imagen radiográfica y la reflectografía de infrarrojos indican que fue una obra muy pensada, sin grandes cambios de composición, y con un dibujo subyacente extremadamente cuidado.
Intervención en el soporte

Para esta imponente composición (3,24 x 1,94 m.) el pintor empleó catorce paneles de roble del Báltico que se armaron en sentido horizontal.

La intervención actual ha consistido principalmente en la estabilización de la tabla para recuperar su equilibrio y dotarla de un soporte secundario para permitir su manipulación sin dificultar su lectura. Este nuevo bastidor, que se adapta no solamente a la curvatura de la obra sino también a sus deformaciones intrínsecas, se une a la estructura original a través de muelles que permiten los movimientos naturales de la madera en plano y fuera del plano, en la dilatación, contracción y flexión para preservar su conservación.
Intervención en la capa pictórica

Tras el estudio previo del estado inicial de la obra y una primera limpieza, se procedió a una intervención en profundidad para eliminar los añadidos que distorsionaban la verdadera calidad de Van der Weyden y completar las lagunas con un estuco tradicional para proceder después a su reintegración cromática.


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El Calvario, (después de la restauración del Museo del Prado), Rogier van der Weyden, Óleo sobre tabla de roble, h. 1457-64, Patrimonio Nacional. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Se podrá ver en el Museo del Prado hasta Junio de 2015.


museodelprado.es
 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
Del 24 de marzo al 28 de junio de 2015


Exposición de Rogier van der Weyden en el Museo del Prado



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El Descendimiento, Rogier van der Weyden, 220 cm x 262 cm, h. 1435. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Nacido en Tournai hacia 1399, Rogier murió en Bruselas en 1464. Pintor oficial de esta última ciudad, trabajó también para los duques de Borgoña. Según su amigo el cardenal Jouffroy, sus cuadros “engalanaron las cortes de todos los reyes”. En 1445 Juan II de Castilla donó a la cartuja de Miraflores un tríptico pintado por él. Las que fueron en su tiempo sus obras más conocidas, cuatro enormes tablas alegóricas de la Justicia para el Ayuntamiento de Bruselas, se destruyeron en 1695. Otros grandes cuadros de su mano, como el Descendimiento, la Virgen Durán y el Calvario, se exportaron a España.

Nunca se podrán explicar de manera definitiva y en toda su complejidad obras como el Descendimiento, el Tríptico de Miraflores o el gran Calvario, obras que se elevan muy por encima de las circunstancias de la vida cotidiana, o como el Tríptico de los Siete Sacramentos, en el que las figuras, vestidas a la moda de la época, ocupan el espacio de una iglesia igualmente contemporánea. Sobre ellas se alza una cruz tan alta que roza la bóveda de la nave central y en la que hay un Cristo de enormes proporciones. De tamaños muy distintos, ninguno de los demás personajes del tríptico guarda la escala del edificio.

Como su coetáneo Jan van Eyck (†. 1441), Van der Weyden debió de descubrir siendo todavía joven que, aunque era capaz de pintar el mundo natural con toda fidelidad, podía hacer algo más que imitar la realidad inmediata. Tenía tanta sensibilidad para el tratamiento de las formas y las líneas que sus composiciones, basadas en armonías geométricas, llamaban la atención de inmediato y se grababan en la memoria. Sabía también cómo manejar el color y las formas abstractas para intensificar la reacción emocional del espectador. Podía representar cualquier cosa con gran realismo, pero cuando le convenía ignoraba la lógica del espacio y la escala, o desdibujaba la diferencia entre realidad y escultura. Sus obras son tan bellas, ambiguas y fascinantes que obligan a volver sobre ellas una y otra vez: siempre se descubre algo nuevo.


Listado de obras


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1. Tríptico de Miraflores
    Rogier van der Weyden
    Óleo sobre tabla de roble
    Antes de 1445
    Berlín, Gemäldegalerie, Staatliche Museen zu Berlin


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2. Tríptico de los Siete Sacramentos
    Rogier van der Weyden
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1450
    Amberes, Koninklijk Museum voor Schone Kunsten

3. Dibujos para el sepulcro de Alfonso de Velasco y para la capilla de Santa Ana de la iglesia del monasterio de Guadalupe
    Egas Cueman
    Tinta a pluma sobre papel
    h. 1460-67
    Real Monasterio de Santa María de Guadalupe

4. La Crucifixión, ala derecha del retablo de Nuestra Señora de Belén en Laredo (Cantabria)
    Escultores de Bruselas, posiblemente según diseños de Rogier van der Weyden y taller
    Madera de castaño
    h. 1430-40
    Laredo, Santa María de la Asunción de Laredo. Diócesis de Santander


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5. Retrato de un hombre robusto
    Robert Campin
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1435
    Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza


(Ver imagen más arriba)

6. El Calvario
    Rogier van der Weyden
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1457-64
    Patrimonio Nacional, Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial


(Ver imagen más arriba)

7. El Descendimiento
    Rogier van der Weyden
    Óleo sobre tabla de roble
    Antes de 1443
    Madrid, Museo Nacional del Prado. Depósito de Patrimonio Nacional


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8. La Virgen con el Niño, llamada la Madonna Durán
    Rogier van der Weyden
    Óleo sobre tabla de roble
    1435 - 38
    Madrid, Museo Nacional del Prado


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9. La Crucifixión
    Maestro de la Leyenda de Santa Catalina
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1475-85
    Madrid, Museo Nacional del Prado

10. La Piedad
    Taller de Rogier van der Weyden
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1440-50
    Madrid, Museo Nacional del Prado


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11. La Virgen de la leche
    Maestro de don Álvaro de Luna ( Juan Rodríguez de Segovia?)
    Técnica mixta sobre tabla de pino
    h. 1490
    Madrid, Museo Nacional del Prado


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12. La Crucifixión, tabla central del Tríptico de la Redención
    Maestro de la Redención del Prado
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1450
    Madrid, Museo Nacional del Prado

13. Fray Lope de Barrientos
    Egas Cueman
    Alabastro policromado y dorado
    h. 1447-54
    Medina del Campo, Fundación Museo de las Ferias. Obra depositada por la Fundación Simón Ruiz

14. Tito Livio, Historia de Roma (Ab urbe condita), traducción italiana de la Tercera Década, libros 21-30, fol. 3
    Francesco di Antonio del Chierico (iluminador)
    Temple sobre vitela
    Florencia 1476
    Valencia, Biblioteca Històrica. Universitat de València

15. Episodios de la historia de Jefté
    Manufactura bruselense, según Rogier Van der Weyden
    Lana y seda
    h. 1450-60
    Zaragoza, Museo de Tapices de la Seo- Cabildo Metropolitano de Zaragoza

16. Isabel de Portugal, duquesa de Borgoña
    Taller de Rogier van der Weyden
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1450
    Los Ángeles, The J. Paul Getty Museum

17. Aparición de Cristo a la Virgen
    Juan de Flandes
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1496-99/ 1500
    Lent by The Metropolitan Museum of Art, New York, The Bequest of Michael Dreicer, 1921 (22.60.58)

18. San Francisco (?) con un crucifijo
    Nuno Gonçalves
    Óleo sobre tabla de roble
    h. 1470
    Lisboa, Museu Nacional de Arte Antiga

19. Copia de un retablo perdido, antes en el monasterio de Batalha
    Domingos António de Sequeira
    Lápiz sobre papel. De un álbum de dibujos, fol. 46
    1808
    Lisboa, Museu Nacional de Arte Antiga


museodelprado.es
 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
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Ver especial e EL PAÍS de 'Van der Weyden en el Prado'. Un recorrido por las obras que componen la exposición del flamenco de mano de los comisarios, Lorne Campbell y José Juan Pérez Preciado

 




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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
El Prado gana en sus pasillos

Los visitantes de las salas con las obras por las que el museo pelea con Patrimonio Nacional muestran desconocer la disputa y optan por no mover los cuadros



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'El Descendimiento' de Rogier van der Weyden (1435).

En sus planes, nunca falla el Prado. Cada vez que Salvadora Ramos y Miguel Haro acuden a Madrid desde Murcia pisan la pinacoteca. Lo que, a sus 74 y 68 años, significa ya “varias decenas” de visitas. En su recorrido siempre cabe El jardín de las delicias, una pasión que cultivan desde la juventud. “Si nos lo quitan, nos quitan mucho”, afirma ella. Su temor es legitimado por la pelea entre el Prado y Patrimonio Nacional, propietario de la obra de El Bosco y que la quiere de vuelta para su Museo de las Colecciones Reales, que abrirá en 2016. “¿Para qué vamos a dispersar los cuadros? Me parece un juego político”, comenta él ante El Descendimiento, de Roger van der Weyden, otra de las piezas de la discordia.

La obra maestra del holandés lleva una placa en su marco que recuerda su dueño: “Patrimonio Nacional”. Así lo señala Juan Antonio Sánchez, restaurador como su amigo José Luis Romero. Ambos reciben con sorpresa la pregunta sobre el conflicto, del que cuentan que estaban hablando entre ellos. “La reclamación de Patrimonio es impecable desde el punto de vista legal. El problema es que Zugaza [director del Prado] no puede negar tajantemente la obra a su propietario”, resume Sánchez. Ambos consideran que la clave de la disputa es El jardín de las delicias: “Patrimonio tiene una colección maravillosa para su nuevo museo pero falta una súper obra. Tapices y carruajes son interesantes pero no atraen al público”. Y los dos sostienen que la solución pasa por una negociación política.

Eduardo Boix Lillo es otro con una opinión formada sobre el asunto. En la sala contigua a la que acoge las maravillas del Bosco (La mesa de los siete pecados capitales también es reclamada por Patrimonio), este hombre de 68 años sentencia: “Se le hace más daño al Prado del beneficio para el nuevo museo, que no se centra en la pintura. La pelea se debe a un funcionario celoso de sus funciones”.

Una encuesta a pie de cuadros a una treintena de visitantes sugiere alguna tendencia más. Los extranjeros, la mayoría, se reparten entre “da igual mientras se expongan” y “mejor más obras en el Prado”. Y, de los españoles, casi todos ignoran tanto el conflicto como la apertura de un museo de Patrimonio. Sus preocupaciones, una vez escuchado el resumen de la pelea, tienen que ver con que las obras sigan al alcance del público, en un museo o en otro, y con los posibles riesgos y costes del traslado. Muchos tachan la disputa de “politiqueo”. “Hay demasiados conflictos por orgullo entre ministros o funcionarios”, resume Lucía Rubio, de 22 años. A sus espaldas el Cristo de Van der Weyden aguarda para saber si le espera un nuevo calvario: la mudanza.


elpais.com




 

Continúa la absurda polémica... No sé como sigue reclamando Patrimonio las cuatro obras comentadas, incluído 'El Descendimiento' de Rogier van der Weyden; cuando en el Prado están más que consolidadas, desmembrarlas no beneficiaría a nadie, por otra parte; parece que la razón está con el Museo del Prado, según el razonamiento hecho más arriba. Las obras son del Estado, da igual se llame Patrimonio que Museo del Prado, son obras públicas, al alcance de cualquier persona que sea aficionado al arte...

¿Y qué mejor escaparate para exponerlas que el Museo del Prado?

 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Mensaje Re: VAN DER WEYDEN, Roger 
 
Descendiendo sobre ‘El Descendimiento’

Es uno de los maestros de la pintura flamenca donde el lenguaje formal cobra un nuevo significado.



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Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo del Prado, analiza uno de los cuadros más importantes de Van der Weyden deteniendo su interés en los rostros o en los cuerpos en forma de ballesta.


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Ver vídeo
 




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