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FRANK GEHRY
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Mensaje FRANK GEHRY 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a uno de los grandes arquitectos-artistas: Frank Gehry, una persona humilde -fue vendedor de periódicos y conductor de camión-, que se labró con mucho esfuerzo, una brillante carrera profesional.

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Frank Gehry, Nació el 28 de febrero de 1929 en Toronto (Ontario, Canadá), pero se trasladó junto a su familia a Los Ángeles, Estados Unidos, en 1947.

Allí estudió Arquitectura en la Universidad de Baja California y trabajó en la empresa Victor Gruen Associates. En 1956 realizó un curso de planeamiento urbano en la Escuela de Harvard, y después regresó a Los Ángeles para continuar trabajando con Victor Gruen hasta 1960. En 1962 abrió su propio estudio en Los Ángeles.

En sus primeras obras se observan influencias del arquitecto franco-suizo Le Corbusier. Hacia 1972 comenzó a experimentar con la yuxtaposición de materiales bastos en inusuales composiciones geométricas. La casa de Ron Davis en Malibú (California, 1970-1972), por ejemplo, cuenta con una cubierta trapezoidal. Entre otros proyectos significativos se encuentran el Museo Aeroespacial de California (1982-1984), Museo Guggenheim en Bilbao y el Museo de Arte de la Universidad de Toledo (Ohio, 1990-1992). El arquitecto finalizó su primer rascacielos en Manhattan en febrero de 2011, cercano al puente de Brooklyn en el Downtown, que supuso el primer cambio en el skyline de la ciudad desde 2001.

Desempeñó importantes encargos institucionales, como el campus para la Loyola Law School (Los Ángeles, 1981-1984). Le concedieron en 1989 el Premio Priztker. Además fue galardonado con la Medalla de Oro del AIA, la Medalla de Oro del RIBA, la Medalla Nacional de las Artes, el Premio de la Fundación Wolf de las Artes y el Woodrow Wilson Awards. El 7 de mayo de 2014, fue reconocido a sus 85 años con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

Casado con Anita Snyder de 1952 a 1966, y con Berta Isabel Aguilera desde 1975. Padre de Alejandro, Brina, Samuel y Leslie Gehry.

Obras

- Casa Frank Gehry (California)
- Museo Guggenheim de Bilbao, España
- Bodega-Hotel Marqués de Riscal, Elciego (Álava), España
- Casa Danzante, Praga, República Checa
- Edificio del Banco DG, Berlín, Alemania
- Centro Stata, Instituto Tecnológico de Massachusetts, Boston, EE. UU
- Edificio Peter B. Lewis, Cleveland, Ohio, EE. UU
- Escuela de Management Weatherhead, Cleveland, Ohio, EE. UU
- Centro de Exposiciones, Columbia, Maryland, EE. UU
- Centro postal Merriweather, Columbia, Maryland, EE. UU
- Sede principal de Rouse Company, Columbia, Maryland, EE. UU
- Centro Maggie's Dundee, Dundee, Escocia
- Torre Gehry, Hanóver, Alemania
- Sala de Conciertos Walt Disney, Los Ángeles, EE. UU
- Museo Experience Music Project, Seattle, EE. UU
- Universidad de Minnesota, Minneapolis, Minnesota, EE. UU
- Museo de Arte Frederick Weisman, Minneapolis, Minnesota, EE. UU.
- Pabellón Jay Pritzker, Chicago, Illinois, EE. UU
- El Pez dorado en el Puerto Olímpico de Barcelona, España
- Vitra Design Museum en Weil am Rhein
- Museo de la Biodiversidad en la ciudad de Panamá
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Considerado uno de los más destacados representantes de la corriente desconstructivista de Estados Unidos, destaca de su particular estilo las formas semidescompuestas y su idea de que un "edificio, una vez terminado, debe ser una obra de arte, como si fuese una escultura".

Utilizando siempre materiales atípicos e innovadores, creó entre 1969 y 1982 dos líneas de mobiliario de cartón; de 1972 es "Easy Edges", colección de muebles de cartón ondulado prensado y entre 1979 y 1982 diseñó "Experimental Edges".

A mediados de los ochenta Ghery trabaja en las lámparas Pez y Serpiente, realizadas en Colorcore, un tipo laminado de plástico traslúcido y a comienzos de los noventa diseñó su colección de mobiliario Bent Wood (1989-1992), basada en el método para entretejer las tiras de las cestas.

En arquitectura comenzó también en los años 70 a experimentar con la yuxtaposición de materiales bastos en inusuales composiciones geométricas, como la casa estudio de Ron Davis en Malibú California, 1970-1972), que cuenta con una cubierta trapezoidal.

Otras obras de los años 80, como el Museo Aeroespacial de California (1982-1984) le valió ya en 1989 el Premio Pritzker, el máximo reconocimiento mundial de arquitectura, comparable al Premio Nobel.

Considerado uno de los diez maestros de la arquitectura moderna es representante del deconstructivismo de obras como su propia casa en Los Ángeles, el Museo Cabrillo Marine, la Facultad de Derecho de Loyola (California), el Museo de la Universidad de Minnesota (1990-1993), el Centro Americano en París (1994), Edificio Nationale Nederlanden (1992-1996, Praga), el edificio de Vitra en Basilea (Suiza), y el premio Patrimonio Nacional y el Experience Music Project (1995-2000, Seattle, EE.UU.).

Seleccionado en 1999 para realizar la ampliación de la centenaria Corcoran Gallery de Washington, hizo también el Museo de Historia de los Judíos Polacos en Varsovia; la recuperación del Parque Meyer en Lisboa y el "Acuario del Mundo" en el sector Pacífico de la entrada del Canal de Panamá, en 2004.

Sin embargo, el edificio que le reportó el mayor prestigio internacional fue el Museo Guggenheim de Bilbao (1991-1997), en el que empleó cristal, acero inoxidable, zinc, o titanio, mezclados con otros autóctonos como la piedra. Por este trabajo Ghery obtuvo diversos premios, como el de la Fundación austriaca Friedrich Kiesler (1998) o el Premio Internacional de Diseño (1999) que le concedió la Sociedad de Ingeniería de Iluminación de Norteamérica.

Otras obras destacadas de Ghery son el Chiat/Day en Venice (California); el Museo de Arte de la Universidad de Toledo (Ohio); el Centro de Artes Escénicas del Bard College, (Nueva York, 2003); el Auditorio Walt Disney (Los Ángeles, 2003) ; la casa danzante de Praga en la República Checa, o el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Boston, EE. UU.

En España -donde ha sido seis veces candidato al Premio Príncipe de Asturias de las Artes- realizó entre otras obras, la escultura de la Villa olímpica, un pez gigante de unos treinta metros en los jardines del Hotel Arts de Barcelona (1992) y en 2006 la reforma de Bodegas Herederos del Marqués de Riscal en Elciego (Álava).

Por fin el 7 de mayo de 2014 le fue concedido a Frank Gehry El Príncipe de Asturias de las Artes, que premia la revolución de formas y materiales del creador de edificios como el Guggenheim Bilbao y el Auditorio Disney de Los Ángeles

También diseñó el rascacielos futurista que domina el área de Sant Andreu-Sagrera, en Barcelona.

También firma el nuevo museo de arte contemporáneo de París en cuya presentación, en 2006, reveló que el edificio iba a estar compuesto por un conjunto de figuras geométricas de cristal, una especie de "cubos esculpidos", un diseño que él mismo calificó de "transparente, lúcido, serio, mágico y efímero".

Su obra ha sido objeto de numerosos estudios monográficos, como el documental del cineasta Sydney Pollack "Sketches of Frank Gehry", presentado en 2006, y su popularidad le ha hecho aparecer incluso como personaje de la serie de animación "Los Sipmson".

Como diseñador, Gehry realizó una colección de joyas exclusivas para la casa Tiffany y desde 1984, año de la creación de la primera lámpara de diseño hecha a mano y con forma de pez, este animal se convirtió en su principal inspiración para futuras esculturas y edificios. EFE

Espero que este trabajo contribuya en la divulgación de su obra.




Tributo a Gehry, el arquitecto-artista

El Príncipe de Asturias de las Artes premia la revolución de formas y materiales del creador de edificios como el Guggenheim Bilbao y el Auditorio Disney de Los Ángeles.

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El arquitecto Frank Gehry en 2010. / (AFP)

Con 85 años, diseñando sombreros para Lady Gaga o joyas para Tiffany’s al tiempo que reinventa la capacidad expresiva de los rascacielos, Frank Gehry (Toronto, 1929) es el icono de la arquitectura icónica, el más osado entre los más creativos. Premiarlo con el Príncipe de Asturias de las Artes implica valorar esta disciplina como él mismo siempre la ha defendido: como un arte por encima de cualquier otra implicación o consecuencia. En ese sentido la decisión del jurado es o valiente... o inconsciente. Perpetuando el reconocimiento al componente plástico —por encima de valores sociales o económicos— contrasta con la línea actual de la arquitectura, que busca contactar con la sociedad transformándose en una disciplina más necesaria que visual.

Desde Santa Mónica, en Los Ángeles, Gehry admite que el Príncipe de Asturias es un reconocimiento completo a toda su carrera. Pero señala que el Pritzker que recibió en 1989, antes de diseñar el Guggenheim de Bilbao, fue un premio valiente que a él le sirvió de aliento, reforzó su elección. Asegura estar contento con el galardón “pero espero que no sea el último”, dice por teléfono: “Que quede claro que yo sigo trabajando”.


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El Guggenheim Bilbao, una de las grandes obras de Gehry (1997).

Explica que todavía considera el Guggenheim una obra clave en su trayectoria. “Los proyectos son como hijos y el que estás criando en cada momento es el favorito. Pero es cierto que el Guggenheim creyó en mí. Fue fundamental en mi carrera. Espero haber ayudado igualmente a Bilbao”. Tanto es así que, cuenta, el año pasado celebró, el 29 de febrero, su cumpleaños en el museo. “Cenamos allí con políticos y amigos. Fue bonito volver a verlo”. Respecto al nuevo premio, no considera que recibirlo sea un reconocimiento a su manera artística de entender y defender la arquitectura: “ha habido varios arquitectos premiados con el Príncipe de Asturias y cada uno representa una opción. La mía es la artística, pero estoy convencido de que el arte está en los ojos quien mira”.

Con todo, el talentoso autor del museo bilbaíno —posiblemente su mejor trabajo, aunque la crítica estadounidense se inclina por el posterior Auditorio Disney de Los Angeles (2003)— es hoy, indiscutiblemente, una marca. Amigo de cantantes y actores y convertido en “el arquitecto más importante de nuestro tiempo”, según la revista Vanity Fair —que la web Gehry Technologies cita como referencia—, el canadiense ha llegado a ser un personaje de los Simpson (en concreto un arquitecto que veía cómo su auditorio se convertía en prisión) y es conocido, y celebrado, por el gran público. Algo insólito para un proyectista vivo.


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La Torre Beekman en Nueva York, inugurada en 2010. / Richard Gray (Cordon)

Afincado en Santa Mónica (California), donde construyó ayudándose de materiales de ferretería su propia vivienda en 1978 —un proyecto que le reportaría fama mundial— Gehry celebró su 82 cumpleaños en Nueva York, en el piso 76 de la Torre Spruce (2010), su primer rascacielos y el primer inmueble que —aceptando la inminente densificación de los centros urbanos— apostó por romper la geometría y llevar una expresión orgánica a las fachadas de los edificios en altura. ¿Qué arquitecto del mundo festejaría su cumpleaños con Bono, el cantante de U2? Aquel 29 de febrero, a sus amigos de siempre, entre ellos el escultor pop Claes Oldenburg o el pintor Chuck Close, se unieron sus compañeros de estatus: la actriz Candice Bergen o el citado Bono. El arquitecto dijo entonces que levantar un rascacielos en Manhattan —“la ciudad a la que mi padre llegó como inmigrante”— era importante para él.

Y es que, a pesar de ser un proyectista sumamente osado, Frank Gehry arrastra una biografía de miedos. Dejó de ser Frank Owen Goldberg para convertirse en Gehry en 1954, cuando tenía 25 años y dos hijas. Y aunque Wikipedia asegura que su primera mujer le impulsó a cambiarse el nombre, él ha explicado que lo hizo por miedo a que esas hijas de su primer matrimonio sufrieran, por ser judías, el acoso que él había padecido de niño en Toronto.


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Bodegas y hotel para la firma Marqués del Riscal, en Elciego (Álava), construidos en 2007. / L. RICO

Tras décadas firmando edificios cúbicos y blancos, hijos del movimiento moderno, Gehry encontró su oportunidad transformando su casa. Corrían los últimos años de la década de los setenta, tenía 50 años y se atrevió a ser un arquitecto-artista. Basta verlo trabajar, retorciendo una maqueta en lugar de dibujar un croquis como primera aproximación a un proyecto, para apreciar que siempre ha sido un escultor que estudió arquitectura. El nuevo Gehry fracturó el espacio del Museo Aeroespacial de Los Angeles (1984) y colgó de esa fachada un jet para convertir el edificio en anuncio. Por entonces, el escultor Claes Oldenburg, que había realizado los gigantescos binoculares que singularizaron el edificio para la agencia de publicidad Chiat/Day que Gehry firmó cerca de su casa (hoy llamado Binoculars Building) lo recomendó en Alemania. Allí diseñó el Vitra Design Museum, su primer encargo europeo (1989). Ese edificio revolucionó la productora de muebles hasta el punto de que tiró por tierra el plan general que había encargado a Nicholas Grimshow y pasó a coleccionar los primeros inmuebles europeos de creadores insignes como Zaha Hadid o Tadao Ando. Así, cuando ese mismo año consiguió el premio Pritzker, Gehry aún no había firmado los edificios que le reportarían fama fuera del ámbito arquitectónico y que colocarían a Bilbao entre los destinos del mundo. La ciudad española sacó lo mejor del arquitecto, pero esa valentía tuvo una mala digestión —conocida como efecto Guggenheim— al despertar la envidia de los alcaldes menos imaginativos decididos a inaugurar sus propios monumentos.

Por eso hoy, cuando algunos de sus edificios no encuentran consenso a la hora de ser juzgados como los más creativos o los más torturados, la acusación de autoparodiarse lo persigue en la prensa especializada. Los cuerpos encorsetados del Stata Center (2004) en Cambridge (Massachusetts) recuerdan a la Casa Danzante (1996) que mira al Moldava en Praga. Más allá del alcance del eco estilístico del arquitecto, el Massachusetts Institute of Technology, MIT, lo denunció cuando el mencionado Stata Center se agrietó y se llenó de goteras.

Entre encargos, reconocimiento, premios y críticas, Frank Gehry se ha cansado de repetir que la expresión de sus trabajos no es un capricho sino el resultado de rigurosas investigaciones. Para investigar fundó una empresa que calcula los volúmenes imposibles de proyectos como los suyos. Gehry Technologies ofrece sus servicios a quienes no se conforman con la frialdad moderna. Se podría decir que hoy esa empresa es el laboratorio que, a finales de los 70, fue su propia casa en Santa Mónica. Puede que limitar la expresión plástica llegue a apartar de la arquitectura a talentos creativos como el de Gehry. En cualquier caso, más allá de su efecto, el Guggenheim dejó bien claro que no todo el mundo es capaz de diseñar un Guggenheim.


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Maqueta del Museo de la Tolerancia. Jerusalén (Israel). Un enorme y costoso edificio dedicado a la tolerancia y diseñado por Frank Gehry divide a Jerusalén por su emplazamiento sobre un cementerio musulmán.

Tras dos años de litigio judicial, el Tribunal Supremo ha dado luz verde. Frank Gehry, el arquitecto contratado para levantar un edificio muy de su estilo, se pondrá manos a la obra para dar vida al Museo de la Tolerancia. "Su nombre", ha escrito la crítica de arquitectura del diario Haaretz, Esther Zandberg, "no podía ser más sarcástico para una ciudad donde la tolerancia es cero".



Viaje por las curvas del titanio

Repaso por la vida y la obra del aquitecto norteamericano, flamante Príncipe de Asturias de las Artes


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El arquitecto Frank Gehry, fotografiado en Elciego (Álava), localidad en la que ha levantado un espectacular edificio para la bodega Marqués de Riscal, en octubre de 2006. Foto: PRADIP J. PHANSE


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Bodega Marqués de Riscal, en la Rioja alavesa, creado por el arquitecto Frank Gehry. Foto: Gonzalo Azumendi


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Exterior del hotel Marqués de Riscal, proyectado por el arquitecto canadiense-californiano Frank Gehry en Elciego (Álava).


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Exterior de la galería de Arte de Ontario (Canadá), 10 de septiembre de 2013. Foto: Rick D’Elia (Corbis)


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El Instituto Lou Ruvo Brain de investigación en Las Vegas, Nevada, obra del arquitecto Frank Gehry. Las obras comenzaron en 2007 y terminaron en 2010. Foto: Momatiuk (Eastcott/Corbis)


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Parte del complejo de tres edificios separados que forman parte del Neuer Zollhof ubicado en el puerto de Düsseldorf, obra del arquitecto Frank Gehry. Foto: Frank Lukasseck (Corbis)


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Walt Disney Concert Hall Los Angeles. Foto: Rob Tilley (Corbis)


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Frank Gehry, visita las obras del Museo Guggenheim de Bilbao en 1997. Foto: Gorka Lejarcegi


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Museo Guggenheim de Bilbao, diseñado por Frank Gehry en 2007. Es sin duda su obra más emblemática. Foto: Gonzalo Azumendi


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Frank Gehry, arquitecto, ante una de sus obras, el museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Luis Alberto García



Biografía de Frank Gehry en la Wikipedia

Frank Owen Gehry (Toronto, Canadá, 28 de febrero de 1929), es un arquitecto asentado en Estados Unidos, ganador del Premio Pritzker, reconocido por las innovadores y peculiares formas de los edificios que diseña.


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Frank Gehry en 2007


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Museo de Arte Weisman.


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Casa Danzante, Praga.


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Sala de Conciertos Walt Disney. Los Ángeles, EE. UU.


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Centro Stata.


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Pabellón Pritzker.



Sede de la Fundación Louis Vuitton en París


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Frank Gehry frente a su última creación, el edificio de la Fundación Louis Vuitton, en París. / Ian Baan

La sede de la Fundación Louis Vuitton en París, que albergará un museo, irrumpe en la escena artística internacional
Para Frank Gehry, el creador del edificio, el nuevo icono ha supuesto cumplir también otra ilusión: regresar a la ciudad en la que, siendo muy joven, cambió su vida y su profesión.

La Fundación Louis Vuitton es el único lugar de París donde se puede ver la Torre Eiffel sin ver la torre de Mont­parnasse”. La broma la repite Frank Gehry (Toronto, 1929) en una de las terrazas de su nuevo edificio frente al Bois de Boulogne. Y ese chiste delata que el arquitecto californiano de origen canadiense conoce París. Fue en esta ciudad –a la que llegó con 32 años con su primera mujer, Anita Snyder, y sus dos hijas– donde renació como arquitecto. “Me ofrecieron un ascenso, pero yo ahorré durante un año para irme a París”, cuenta. Gehry ha descrito ese viaje más como una necesidad vital que como un capricho. Pero no debió de ser fácil. “Trabajé para un tipo que me pagaba muy poco [André Remondet]”. Pero conoció Europa. “Los edificios que vi cambiaron mi vida. Los profesores modernos no me habían preparado para la belleza y la humanidad de la arquitectura antigua”, explica.

Conocer la ciudad donde ahora renace de nuevo –dando otra vuelta de tuerca a su arquitectura– cambió su vida en 1961. Y reafirmó la vocación plástica de un joven inmigrante que se había pagado los estudios en la Universidad del Sur de California conduciendo una furgoneta de reparto. En realidad, el que se tituló en 1954 fue Ephraim Owen Goldberg. Frank Gehry no aparecería hasta dos años después, cuatro antes de viajar a París, cuando su mujer le aconsejó que cambiara de nombre porque temía que sus hijas fueran víctimas del antisemitismo. Una película de Sydney Pollack (Apuntes de Frank Gehry, 2005) y el propio Geh­ry han explicado la historia de inseguridades en la que está cimentado su genio. París fue el lugar que contribuyó a descorcharlo como persona, la ciudad que le dio energía para atreverse a arriesgar. En 1962 regresó a Los Ángeles dispuesto a abrir oficina propia y tan seguro de su capacidad plástica como para proponer los edificios torcidos, escultóricos e inesperados que le han convertido en el arquitecto vivo más famoso del mundo.


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Gehry, con sus formas torcidas, escultóricas e inesperadas, está presente en el edificio de la Fundación Louis Vuitton. / Ian Baan

Eso es su último trabajo: una gran escultura en el perímetro de un parque y frente al bosque más grande de París. En muchos de los anteriores inmuebles de Gehry –en el Museo de Arte Weisman en Minneapolis (1993) o en el Stata Center que hizo para el MIT en Boston (2004)– puede observarse la huella de las mansardas parisienses. En este nuevo inmueble también hay quiebros e inclinaciones, pero, junto al estallido creativo, hay un nuevo reposo. Tal vez por eso Gehry bromea con las vistas desde las terrazas en una referencia al chiste arquitectónico más famoso de la capital francesa: ¿cuál es el lugar más bonito de París? La odiada torre de Mont­parnasse. ¿Por qué? Porque es el único sitio desde donde no se ve la torre de Montparnasse.

Al oeste de la ciudad, el barrio de Passy necesitaba la vitalidad que, con 85 años, todavía irradia Gehry. Junto a un deliciosamente decadente Jardin d’Acclimatation (zoológico y parque de atracciones) y frente al frondoso bosque de Boulougne, la nueva fundación es una síntesis entre un iglú y un montón de velas de barco apiladas. Pero también se deja envolver por los reflejos de los jardines. Así, indefinido y sin embargo rotundo, es claramente un edificio firmado por Gehry, pero no lleva como mensaje una revolución. Al contrario, el color blanco de sus partes opacas habla de una nueva serenidad en el inagotable creador norteamericano. También de una voluntad de mantenerse fuera del tiempo que el propio arquitecto reconoce fruto de su “profundo entendimiento con el cliente: Bernard Arnault”. Jean-Paul Claverie, el consejero cultural de LVMH y artífice del encuentro entre Gehry y su jefe, lo ratifica. Y asegura que el acuerdo es que “en 70 años no se necesite cambiar ningún elemento”. Muchos años para el otro acuerdo, establecido con el Ayuntamiento parisiense, que cede a la fundación el terreno –ocupado antes por una bolera– durante 55 años y establece que, transcurrido este tiempo, el inmueble pase a tener titularidad municipal.


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La nueva obra de Gehry es la síntesis entre un iglú y un montón de velas de barco apiladas y rodeadas de jardines

Junto al museo, el edificio racionalista del antiguo Musée National des Arts et Traditions Populaires permanece cerrado desde hace más de un lustro (su colección fue trasladada al MUCEM de Marsella). Una de las fachadas se enfrenta a los castaños de indias, a la hojarasca y a los senderos del Bois de Boulogne, un bosque abierto, sin puerta de acceso, que dobla la superficie de Central Park y cuyo carácter laberíntico es aprovechado para ejercer la prostitución. Eso ha hecho que muchos parisienses hayan dejado de visitarlo. Al otro lado del inmueble, el Jardin d’Acclimatation representa una época en la que se actuaba con cautela: Napoleón III lo hizo construir para que las plantas tropicales se adaptaran al clima local. Allí vivió la primera jirafa que pisó Francia y muchos de los pájaros exóticos encerrados en su aviario tuvieron que ser sacrificados para que comieran los ciudadanos durante la guerra franco-prusiana de 1870.

Ese jardín –que gestiona el grupo LVMH: el antiguo dueño de Christian Dior lo compró para acallar los rugidos de los leones que despertaban a su mujer– ha cedido ahora una gran explanada de césped a la Fondation que es, según Gehry, el mejor lugar para contemplar su edificio. Desde allí uno puede asomarse al grotto: así ha bautizado el arquitecto el estanque que velará por mantener la temperatura a raya. De la misma manera que los ciudadanos le ponen apodos a la fundación, a Gehry le resulta cómodo bautizar las partes de sus proyectos. Así, el iceberg contiene las galerías, y el cañón, la escalera principal. El día en que El País Semanal visita el edificio, un cuarteto ensaya una pieza de jazz junto a esa escalera, en el atrio central. Acompañan al pianista un contrabajo y unos bongos. La mezcla es tan ecléctica como la idea de cultura que defiende la fundación para el siglo XXI, y como la propia colección que Arnault y Claverie llevan dos décadas atesorando.

Fue en 1989, recién elegido presidente (y máximo accionista) del grupo LVMH cuando Arnault conoció a su inseparable asesor cultural. Tras una primera década dedicado a comprar empresas –Kenzo en 1993, Guerlain en 1994, Loewe en 1996 y Fendi en 2000–, en la segunda optó por convertir el arte en la estrategia de comunicación del grupo. De Claverie fue la idea de pasar de coleccionar a exhibir. Hoy reconoce que la perspectiva de una fundación incrementó notablemente las adquisiciones. Y adelanta que cuando se inaugure el próximo 27 de octubre mostrarán sus piezas más singulares: “Jeff Koons, Boltanski, Gilbert & George y Murakami”, pero explica que fue el Museo Guggenheim de Bilbao lo que hizo que Arnault pensara que Gehry tenía que ser su arquitecto.


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Perspectiva del estanque desde el interior de la nueva creación de Frank Gehry. / Ian Baan

Claverie es de Burdeos, estudió en Bretaña y se doctoró en París en Medicina y Derecho. Tenía 25 años cuando empezó a asesorar al ministro de Cultura Jack Lang. ¿Qué consejos da un joven de 25 años? “El sentido común y el entusiasmo no tienen edad. La aventura duró siete años. Luego llegó el señor Arnault y me convertí en otro hombre”. Claverie tiene una casa en Biarritz y viaja con frecuencia a Bilbao. Cuando descubrió el Guggenheim se obsesionó. “Lo que más me impresionaba era que aunque pasara el tiempo, el edificio mantenía su poder de seducción”. Insistió a Bernard Arnault para que fuera a verlo. Lo convenció diciéndole que no podía describirlo con palabras. En 2001, una visita al Guggenheim convenció también a Arnault, “que es ingeniero y aplaudió la complejidad constructiva”. Dos meses después comían con Gehry en Nueva York.

En el 22 de la Avenue Montaigne, sede del grupo, una maqueta de la sección del edificio hace ahora compañía a las estridentes esculturas de Murakami que decoran el hall. Está claro que la arquitectura ha ganado peso en la agenda cultural de la empresa. No obstante, Jean-Paul Claverie habla de un interés antiguo por parte de Bernard Arnault, que contrató a Christian de Portzamparc “cuando apenas era conocido” –en realidad tenía el Premio Pritz­ker– y “confió en Kazuyo Sejima para construir la cara de Christian Dior en Tokio”. “Él descubrió a muchos de los arquitectos que hoy son famosos”, señala exagerando el logro.

En la fundación, cuya entrada costará lo mismo que la del Louvre, 14 euros, el restaurante circular rodeado de vidrios transparentes solo tiene capacidad para 50 comensales, pero es un espacio magnífico: generoso hasta la extravagancia en la altura (43 metros) y, sin embargo, acogedor, envolvente a pesar de estar rodeado de vidrio. Lo mismo sucede con las 11 salas. Algunas son enormes y otras muy pequeñas. Pero incluso en esos espacios cerrados, el arquitecto ha dejado su marca inclinando los muros, disparando la altura o abriendo claraboyas. Como la de la sala llamada La Capilla, cuya cubierta permite que los pájaros se cuelen en el interior del museo.

El consejero cultural de Bernard Arnault explica que su jefe “tenía en mente que el éxito del grupo debe pagar un tributo a la cultura, a lo que nos define como civilización”. Defiende que “el éxito mundial del lujo está profundamente basado en la cultura”. Y razona que “cuando compras un objeto de lujo compras valores”. ¿Cree que en el siglo XXI el lujo tiene que ver con la cultura más que con la imagen? “El lujo tiene raíces. La gente quiere hablar de sus valores con los objetos que adquiere”.

Con una facturación anual de 29.149 millones de euros, LVMH es la compañía francesa líder en mecenazgo. Lo explica Claverie. Aunque él habla de filantropía: la educación, las acciones humanitarias y el arte tejen una idea de cultura. Por eso, más allá de los millones de euros (no revelados) invertidos en este edificio, y de programas sociales –como el que realizan en Haití desde hace 20 años–, explica que la fundación “quiere descubrir talentos, indagar en otros creativos que no tienen nada que ver con la fabricación de nuestros productos, acercarse a la base de lo que vendrá mañana”.

“No sé cuántos arquitectos californianos podrían citar a Proust de memoria”, tercia Claverie para loar de nuevo a Gehry. “Cuando llegó hasta el parque se emocionó. En el avión de regreso no pudo dormir y aterrizó con un cuaderno lleno de croquis”. En esos dibujos se reconoce el edificio de hoy. “Todas las decisiones están ahí: la base líquida, que hace referencia a los estanques y los lagos del bosque, los reflejos de las copas de los árboles”. Es cierto que a pesar de su contundencia formal, el edificio se mezcla con el entorno, no hiere el lugar, habla con él. Además, permite ver otro París. Permite también soñar con otra vida para el barrio.

Claverie asegura que no le pidieron a Frank Geh­ry que diferenciara su Fondation del Guggenheim. Sin embargo, él lo hizo. Ocurrió poco a poco. El consejero cultural explica que Arnault y Gehry decidieron a la par el color de las partes opacas del edificio, los volúmenes que encierran las galerías. “Al principio, Frank propuso cubrir esos cubículos con titanio de diversos colores. Era divertido, pero cuando algo es demasiado divertido al final cansa y se convierte en efímero. Soy testigo de que el día en que Gehry propuso renunciar a esos colores Bernard Arnault quería hacerle justo esa propuesta. El blanco era el color atemporal que necesitábamos porque puede jugar con la luz y los elementos naturales. Y no resta un ápice a la expresividad de Gehry”, afirma. Y hay que darle la razón: un edificio así no necesita el color.

¿Teme a las críticas por haber elegido un arquitecto estrella en un tiempo que se cuestiona la arquitectura espectáculo? “Siempre faltan genios. El problema no son las estrellas arquitectónicas, un edificio no puede ser un capricho. Debe gestarse, pensarse con tiempo. Y solo los grandes artistas están dispuestos a arriesgar de verdad”. Gehry arriesgó al proponer un nuevo escalón en su carrera: “Esto no es un remake de Bilbao. Veinte años después, ni el mejor arquitecto puede repetir el mejor edificio”.

Puede que este nuevo Gehry parisiense –el arquitecto ya levantó en la ciudad el American Center en 1994– se explique mejor con un cuadro que el coleccionista Bernard Arnault tiene en su oficina. Es un rothko, pero no es un roth­ko más. Frente a los lienzos oscuros y dramáticos que pueden verse en la Tate Modern de Londres, el suyo es ligero, luminoso. Uno comprende ante una pintura así que Arnault busca algo más: lo distinto en lo diferente. Aunque… Claverie guarda un silencio irónico: no sabe si Gehry ha visto el rothko.


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Panorámica del edificio de la Fundación Louis Vuitton, junto al Jardin d'Acclimatation. / Ian Baan

–¿Por qué quieren llegar a gente que no tiene dinero para comprar sus productos?

–Hace años que el grupo se dedica a transmitir valores a los jóvenes. Trabajamos para mantener los oficios artísticos de generación en generación. Y creemos que el siglo XXI es el de la mezcla. Las instalaciones de la fundación nos permitirán mostrar así el arte: relacionándolo con otras disciplinas.

–¿Será la moda una de estas disciplinas?

–Aunque los diseñadores estén muy cerca de los artistas, no podemos decir que la moda sea arte. Pero es creación. Expresa los valores del mundo. Los artistas detectan las tensiones de la sociedad. Nos hacen más conscientes. Intuyen el futuro. Son un antídoto ante la temporalidad de la vida. Uno puede descubrir cosas de sí mismo conmovido por obras de arte. Puede que el arte del siglo XXI sea más eficaz que el psicoanálisis. Voilà.

Publicado el 12 de Octubre de 2014 por Anatxu Zabalbeascoa / elpais.com






Ver más obras en la Wikipedia



PUES ESTO ES TODO AMIGOS, ESPERO QUE OS HAYA GUSTADOEL TRABAJO RECOPILATORIO DEL GENIAL ARQUITECTO ESTADOUNIDENSE DE ORIGEN CANADIENSE FRANK GEHRY.


Fuentes y agradecimientos: es.ikipedia.org, elpais.com, buscabiografias.com, guggenheim-bilbao.es, elpais.com  y otras de Internet
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
J.Luis gracias por esta galería del arquitecto GEHRY, en general me han gustado sus obras y esa inclinación y deformación que le da a muchos de sus edificios.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Gracias xerbar, más que escultor es arquitecto, pero sin duda un gran artista, donde en sus magistrales obras, predominan las inclinaciones, ondulaciones... todo menos las lineas rectas o verticales.



Saludos.
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
A mi me encanta Gehry! Chapeau!!!  
 



 
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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
J.Luis ya he rectificado me jugo una mala pasada el teclado y puse escultor en vez de arquitecto.  

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Diez años de 'efecto Guggenheim' un obra maestra de Frank Gehry



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Vista del Museo Guggenheim al atardecer desde el puente de La Salve, donde el artista Daniel Buren ha preparado una intervención artística para el décimo aniversario.

El imponente edificio compuesto de volúmenes de formas regulares con cubiertas de piedra, curvas de titanio y muros de cristal cambió radicalmente la imagen de la ciudad vasca. Desde su inauguración, el 19 de octubre de 1997, Bilbao es centro de peregrinación para conocer la colosal obra de Frank Gehry, su colección permanente y las exposiciones temporales que alberga...
 


Más Info y fotos:

http://www.elmundo.es/albumes/2007/...im/index_1.html

http://www.elpais.com/fotografia/mu...lpepucul_4/Ies/
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Me encantan las obras de este genial arquitecto.   


Un saludo
 




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daisy01jk8 . De todos los animales de la creación el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir - John Steinbeck
 
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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Frank Gehry diseñará el edificio de la sede de la VIU en Castellón


La Generalitat hace el encargo pese a su deuda con las universidades públicas




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Frank Ghery, en Bilbao. / LUIS ALBERTO GARCÍA

Mientras se debate, con muchas asperezas, la deuda de la Generalitat con las universidades públicas valencianas, el consejero de Educación, Alejandro Font de Mora sorprendió ayer con un anuncio muy lejano a las restricciones. La sede de la Universidad Internacional Valenciana (VIU) será diseñada por el arquitecto Frank Gehry, autor, entre otros, del Museo Guggenheim de Bilbao.

"En unos días, el alcalde de Castellón y yo viajaremos a Santa Mónica, en California, para formalizar el encargo", dijo Font de Mora. Hace tres meses, el alcalde de Castellón, Alberto Fabra, anunció la cesión de un solar de 11.000 metros cuadrados, ubicado en la zona norte de la ciudad, frente al Hospital General, para la construcción de la sede de la VIU. Ayer, también en el capital de La Plana, el consejero de Educación de la Generalitat quiso olvidarse de los debates de financiación de las universidades públicas valencianas y anunció su viaje para el próximo 18 de abril.

Alejandro Font de Mora realizó además otro anuncio sobre el funcionamiento de la universidad virtual privada que impulsa y pagará la Administración autonómica. Según dijo, cada una de las universidades que se adhieran al consorcio aportará a la nueva universidad un vicerrector. Sin embargo, el consejero no pudo precisar cómo se elegirá al rector de la VIU y únicamente alegó que, al principio, tendrá "un rector comisario designado por la Generalitat" y que, posteriormente, en los estatutos definitivos, "se establecerá la manera de elegirlo", ya que "aún no está determinada", tal como admitió.

Pese a todo, Font de Mora sí tocó de refilón el tema de la financiación para sostener que la nueva universidad "es aditiva y no restrictiva", en lo que a presupuestos se refiere, con lo que quiso decir que su puesta en macha no restará ingresos para ninguna de las universidades públicas, sino que Educación habrá de consignar nuevas partidas. "No va a haber detracción a otras universidades para constituir un fondo para la VIU", aseguró. Aún así, las referencias del consejero a la universidad internacional tuvieron también su respuesta por parte del rector de la Universitat Jaume I, Francisco Toledo, quien afirmó: "En función de cómo se determine su puesta en marcha [en referencia a la VIU], participaremos con más o menos fuerza".

El consejero de Educación acudió ayer a Castellón para asistir al acto de colocación de la primera piedra del Parque Científico, Tecnológico y Empresarial (Espaitec) de la Universitat Jaume I, adjudicadas a Becsa, del grupo Lubasa, por un importe de 2,6 millones de euros y con un plazo de ejecución de 12 meses para la construcción de un edificio sobre una superficie de 94.500 metros cuadrados. Para el rector de la Jaume I, el parque supondrá una "nueva dimensión de la universidad" y servirá como "conexión entre empresas que necesiten del conocimiento y la universidad". El edificio acogerá las oficinas de gestión de Espaitec, que ocuparán 300 metros cuadrados, y también el vivero de Empresas de la Jaume I, que ocupará 1.200 metros.




EL PAÍS
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
ES UNA INICIATIVA DE LA SERPENTINE GALLERY LONDINENSE


Gehry se estrena en Inglaterra con una estructura que tiene los días contados

La edificación estará en pie hasta el próximo 19 de octubre




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Vista del pabellón temporal creado por Gehry y su hijo. (Foto: EFE)

REINO UNIDO.- El arquitecto estadounidense Frank Gehry, famoso por su diseño del Museo Guggenheim de Bilbao, se estrena en Inglaterra con una estructura adyacente a la Serpentine Gallery londinense, a la que servirá de recepción, que tiene los días contados, ya que se desmantelará en tres meses.

La estructura posee la firma geométrica característica de Gehry -Premio Pritzker 1989-, que en esta ocasión ha utilizado vigas de madera, cristal y acero para que los visitantes de los jardines reales de Kensington puedan descansar o refugiarse del clima incierto de Londres.

Además, está concebido como un anfiteatro en el que se celebrarán debates, proyecciones de películas y conciertos, entre ellos los eventos nocturnos pertenecientes a las 'Park Nights'.

El pabellón, de 526 metros cuadrados y forma rectangular, se levanta sobre cuatro grandes vigas de madera y sólo está cubierto por un techo de láminas de acero y cristal a modo de toldos, que protegen del viento y la lluvia pero dejan pasar el tímido sol londinense.

No tiene paredes, tan sólo dos filas de gradas alrededor de un pasillo de piedra, dos miradores de cristal y un pequeño cuartito que sirve de cafetería. El techo, lo más impresionante de la obra, es laminado e irregular, plagado de ángulos.

Aparte de las peculiaridades de su carácter temporal, este proyecto es especial porque se construyó en menos de tres meses y porque se trata de la primera colaboración entre Frank Gehry y su hijo Samuel.

El estudio de arquitectos explica en un comunicado que se ha inspirado en la catapultas de madera diseñadas por Leonardo da Vinci y en las paredes rayadas de las casetas de playa para crear esta estructura, que estará en pie hasta el próximo 19 de octubre.

La Serpentine puso en marcha hace nueve años la iniciativa en la que un arquitecto reconocido construye un pabellón de verano al lado de la galería, y desde el 2000, arquitectos como Zaha Hadid, Óscar Niemeyer, Olafur Eliasson y Kjetil Thorsen han participado en este proyecto.



EL MUNDO
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
La crisis frena el proyecto del rascacielos de Ghery en la Sagrera

El consorcio de la Zona Franca calculó la inversión 250 millones de euros




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Maqueta del edificio que proyecta Frank Ghery para la Sagrera

El rascacielos proyectado por Frank Ghery para el triángulo ferroviario de la Sagrera esperará a que pasen los revueltos tiempos de la crisis económica. El edificio, un rascacielos de 145 metros de altura que fue bautizado por el arquitecto autor del Museo Guggenheim de Bilbao como La Novia, por la larga cola que conforman las placas solares que lo recubrirán, no ha llegado a tener la forma de proyecto básico por la dificultad de definir en este momento lo más importante: a qué se destinarán sus 80.000 metros cuadrados y qué operador puede estar interesado. Ni lo uno ni lo otro está claro. La inversión que requiere, en cambio, sí lo está: no menos de 250 millones de euros.

El consorcio de la Zona Franca, que encargó directamente a Ghery el proyecto en 2004 -después de un vuelo en helicóptero por la zona con el entonces alcalde, Joan Clos- no ha querido responder a las preguntas formuladas por este periódico a propósito del futuro del edificio y si, hoy por hoy, hay algún operador interesado en ocuparlo. Hace tres años, en cambio, cuando la coyuntura económica era bien distinta, el propio presidente del consorcio, el socialista Manuel Royes, refirió que La Novia tenía hasta "cuatro pretendientes". Y avanzó que posiblemente su coste pasaría de los 300 millones.

Fuentes municipales conocedoras del devenir del proyecto reconocen que la falta de un operador y de la concreción de a qué se destinará la edificabilidad supone, de momento, la paralización de un edificio ideado como el símbolo de la nueva Sagrera, la que nacerá con la estación del AVE y el cubrimiento de las vías, y que es otra gran intervención urbanística que está en el aire precisamente por la crisis económica.

Desde el área de Urbanismo se evita la palabra parálisis y se prefiere utilizar el concepto de compás de espera "razonable". El edificio tiene 80.000 metros cuadrados, todos de terciario, y hay que tomar la decisión de cuántos se destinarán a oficinas y cuántos a hotel porque, en principio, ésos son los usos previstos. "Se han planteado dudas en la distribución, si destinar el 60% a oficinas y el 40% a hotel, o al revés. O si, al final, es a medias", señalaban las mismas fuentes, que reconocen que no hay operador a la vista. Dos sectores, tanto el de oficinas como el hotelero, que también han pisado el freno.

La maqueta del edificio de Ghery -autor ente otros proyectos del Instituto Tecnológio de Massachusetts de Boston y la bodega Marqués del Riscal en Elciego (La Rioja)- fue presentada por él en la exposición Barcelona in Progress durante el Fórum de 2004. Una torre de 34 plantas que se descompone en un juego de fachadas recubiertas de cristal y aluminio. Es una forma que, según los reflejos solares, puede llegar a dar sensación de movimiento. Ghery logró este mismo efecto en una de sus obras más conocidas por eso mismo, la Casa Danzante (Ginger y Fred), que se asoma a las aguas del río Moldava en Praga.

La Novia, además, fue concebida como un ejemplo de arquitectura medioambiental. No sólo porque algunas fachadas estarían recubiertas de placas solares, sino también por un sistema de ventilación cruzada y un sistema de pilotaje de la cimentación con tuberías plásticas que proporcionarían energía al inmueble. Una complejidad que, con seguridad, tiene que ver con la alta inversión que requiere.


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Arquitectura de buena cepa


Incluso los Chateaux bordeleses bajan la vista para ver qué sucede en España

Los nuevos edificios añaden su denominación de origen a la del vino

La relación no es nueva. arquitectos modernistas ya firmaron bodegas hace décadas

Hoy, tanto las bodegas de solera como las nuevas recurren a la vanguardia





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Bodegas Marqués de Riscal en Elciego (Álava). Construcción y diseño de Frank Gehry

 
España es una potencia global en la nueva imagen del vino. Muchas bodegas han dejado de ser edificios agrícolas para convertirse en hitos arquitectónicos. Continente y contenido se alían para vender.

La verdad del vino sigue entrando por la boca. Pero se está convirtiendo en norma que las bodegas deslumbren la mirada. Hoy, el aspecto de éstas busca resultar tan revelador como la denominación de origen de sus vinos. La fiebre de las bodegas de vanguardia comenzó en España a principios de los noventa. Casi veinte años después, cuando la arquitectura se cuestiona la herencia del star system, los viticultores tienen opinión propia. Los vinos son otros, las bodegas se han convertido en reclamos turísticos y los empresarios manejan cifras que respaldan sus ambiciones monumentales.

Como la gastronomía, el vino ofrece una cultura que entra sin esfuerzo. Por eso varias marcas supieron ver que, en la globalización del vino, la arquitectura de impacto podía convertirse en una potente herramienta publicitaria. Los nuevos reclamos funcionarían tanto para popularizar los caldos como para fortalecer el ecoturismo, que entonces no tenía nombre, pero hoy mueve peregrinaciones. Tal ha sido el éxito de esa combinación entre cata de vino y descubrimiento turístico que el fenómeno ha hecho saltar la alerta entre la aristocracia del vino. Incluso los antiguos châteaux bordeleses han bajado la vista para contemplar lo que está sucediendo en el norte de España.

Cuando en 1997 Frank Gehry concluyó su Museo Guggenheim en Bilbao, declaró: "Nunca antes me había sentido tan libre". Tenía 68 años. Y se hizo tan famoso que fue incluso personaje de Los Simpsons. El Guggenheim, y su efecto en el renacimiento de Bilbao, parecía irrepetible. Pero alguien pensó que aquella revolución podía trasladarse al mundo del vino.

Cuando el titanio del museo bilbaíno estaba en boca de todos, en las bodegas Marqués de Riscal trataban de cuajar una estrategia para su expansión. Y alguien tuvo la gran idea: invertirían en un Gehry. Asociarían la alegría creativa del canadiense a su bodega de Elciego (Álava). Se trataba de construir el anuncio y de esperar el eco de la prensa mundial. "Hemos conseguido que nuestra bodega aparezca en medios de tanto prestigio como CNN, The Financial Times, Wine Spectator... Es ahí donde se está viendo rentabilizada la inversión. El coste de la inversión publicitaria que tendríamos que haber hecho en todo el mundo para aparecer en medios con reportajes de alta calidad nos habría costado más". Ramón Román, responsable de comunicación, lo ve claro hoy. Pero a finales de los noventa el asunto no fue tan sencillo.

Para empezar, Gehry no era un experto en vinos. Entre el paisaje de cepas y la oscuridad de la bodega centenaria, la clave la dio una botella. Era del año 1929 (el del nacimiento del arquitecto), y Alejandro Aznar, el presidente de la compañía, la degolló para celebrar su visita. Estaba espléndido y Gehry debió de sentir esa parte sagrada del vino: firmó el contrato. Poco después, embotellaron un reserva que ha encabezado la lista de los 75 mejores vinos españoles de la Guía Repsol 2009: el Marqués de Riscal Frank Gehry Selection 2001. La idea alocada resultó ser una intuición cabal: el hotel de Gehry, que costó sesenta millones de euros, es hoy una ciudad del vino, con spa de vinoterapia y restaurante de lujo. Tras su inauguración en 2006, las exportaciones a Estados Unidos aumentaron un 20%. Y las visitas se dispararon hasta superar los 60.000 visitantes.

Aquel sorbo de 1929 forma parte de la leyenda que relaciona hoy arquitectura de vanguardia y vino. Se cuenta tanto como la no-visita de la diva de la arquitectura, Zaha Hadid, a las bodegas López de Heredia en Haro, donde firmó un espectacular pabellón. Sin embargo, a María José López de Heredia le cuesta poco disolver el mito de una arquitecta que no hace visitas de obra: la iraquí no acudió porque se le pidió un edificio itinerante, "un techo para el antiguo pabellón de vinos construido en 1910 para la Exposición Universal de Bruselas". Así, la directora de una de las pocas bodegas con taller de tonelería propio disfruta de su Hadid, que llaman la Boutique, "como quien disfruta de un Picasso".

A finales de los noventa, con Gehry y Hadid haciendo su revolución arquitectónica en la élite del vino español, la combinación entre tradición y vanguardia cuajaba. Pero la bodega pionera de este nuevo marketing era un folio en blanco. De padres andaluces con siglos de experiencia en el lanzamiento de vinos y coñás, las bodegas Ysios en Laguardia (Rioja alavesa) llamaron a Santiago Calatrava para darse a conocer. Cuando la bodega se inauguró en 2001 se convirtió en una de las más visitadas. Ocho años después, la nave ondulante de Calatrava sigue siendo espectacular. Su cubierta de aluminio contrasta con la imagen, discreta y sólida por fuera y oscura y mohosa por dentro, que uno tiene de una bodega. Existe un acuerdo generalizado en que fue ella la que impulsó en La Rioja la fiebre por relacionar vino antiguo y arquitectura de futuro. Sin embargo, la idea no era nueva. Sus dueños, los Domecq, habían levantado en 1974 una monumental bodega en Jerez que fue conocida como La Mezquita por los arcos de herradura de la estructura ideada por Javier Soto López-Doriga. Entonces celebraban los cien años de su coñá insignia: Fundador. Un cuarto de siglo después, los Domecq miraban al norte en busca de nuevas cepas.

La relación entre arquitectura de vanguardia y vino no es nueva. Algunos arquitectos modernistas, como César Martinell (1888-1973), llegaron a firmar hasta 40 bodegas en el marco reducido de tres denominaciones de origen. En Terra Alta (Tarragona), la bodega del sindicato agrícola Pinell de Brai permanece inalterada setenta años después de su conclusión. Y todavía se visita. Martinell fue un discípulo de Antoni Gaudí, que a su vez firmó en Garraf, cerca de Barcelona, unas bodegas para su patrono Eusebi Güell en 1897. Por esas mismas fechas, Josep Puig i Cadafalch dibujaba el celler de los cavas Codorníu, en Sant Sadurní d'Anoia. Dos décadas, de 1895 a 1915, le costó construirlo. Pero desde 1976 la bodega es intocable: fue declarada monumento histórico-artístico.

A los cellers catalanes de principios de siglo y las monumentales bodegas andaluzas se suman ejemplos riojanos que, influidos por el hacer de Burdeos, miraban con buenos ojos a cuanto se hacía en Francia. Así, y para las bodegas Viña Real, Gustav Eiffel firmó entre 1890 y 1909 una nave innovadora. Recientemente, CVNE encargó a otro francés, Philippe Mazières, la renovación de su bodega Viña Real. Éste respondió con una monumental tina de madera, hormigón y acero: un homenaje a la barrica donde deben descansar los grandes vinos.

Hoy, tanto las bodegas con solera como las nuevas recurren a la vanguardia internacional de la misma manera que lo hicieron en California en 1987. Allí, el viticultor Clos Pagase organizó un concurso para elegir al arquitecto de sus bodegas. Michael Graves se hizo con el premio. La posmodernidad era el estilo del momento y su bodega dio la vuelta al mundo. Pero la que convenció a los arquitectos no fue la de Graves, sino la que levantaron una pareja de discretos suizos en 1990 cerca de Basilea, donde todavía viven. La bodega Dominus disparó la reputación de la arquitectura de Herzog & De Meuron tanto como centró la atención en el valle del Napa. Su cúmulo de piedras de basalto encerradas en malla dio la vuelta el mundo. Ellos, con sus futuros proyectos (la nueva Tate en Londres, el edificio de Prada en Tokio o Caixafórum en Madrid), la darían después.

Dominus desató el flechazo entre arquitectura y vino. Los nuevos edificios añadían una denominación de origen arquitectónico: la identificación entre un vino y la fama de un diseñador. Así, un edificio espectacular, enigmático o austero es un manifiesto de intenciones. Indica si un vino propone fiesta o si prefiere madurar en silencio. En esa línea, la bodega Protos, en la Ribera del Duero, optó por encargar a Richard Rogers un mensaje menos llamativo. Ha supuesto un desembolso de 36 millones de euros invertidos más en espacio y tecnología que en imagen. Una tecnología punta que servirá para elaborar vino paradójicamente "de cepas viejas con uva seleccionada a mano", declara su director general, Antonio Objeta, que confía en que las nuevas instalaciones permitan aumentar un 35% la cifra de facturación. El nuevo edificio inaugurará esta primavera otra era en la historia de Protos: su entrada en el ecoturismo.

Hoy, arquitectos tan insignes como Rafael Moneo han dado el salto y juegan también al otro lado de la barrica. Tras diseñar unas bodegas para Julián Chivite en La Horra (Ribera del Duero), Moneo centró sus desvelos en la finca La Mejorada, cerca de Olmedo, donde en 2004 pudieron almacenar sus primeros vinos. "Tenemos mejores vinos que nuestros mayores y no sé si tenemos mejores edificios", considera Moneo. Algo parecido, "valorar la cepa por encima de la bodega", es el mensaje de María José López de Heredia, cuarta generación al mando de las bodegas que llevan su apellido.

Desde el lado de la restauración, Josep Roca, el enólogo de los hermanos Roca de Girona, entiende la euforia constructiva. Pero al final "el arte y la belleza tienen que venir de la viña". Por eso no cree que la arquitectura de las bodegas lleve a sobrevalorar el vino. "Unas bodegas discretas pueden producir un vino excelente. El ejemplo está en la Borgoña", dice. También, desde San Pol de Mar, Carme Ruscalleda afirma que "la arquitectura impresionante hace que unas bodegas den la vuelta al mundo", pero insiste en que, como en la gastronomía, es "la calidad del producto lo que mantiene la marca de una casa".


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Bodegas Ysios La Guardia (Rioja Alavesa). Santiago Calatrava es el autor de las bodegas Ysios.



Fuentes: EL PAÍS y otras de Internet
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Franquicia Gehry


Los grandes museos continúan construyendo impresionantes franquicias de su marca bajo el efecto Guggenheim. El Guggenheim de Bilbao, de Frank Gehry, es el rey de los museos-reclamo, pero después se han creado otros.



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Museo Guggenheim de Abu Dhabi. El próximo estará en Abu Dhabi. El director del museo, Thomas Krens, define su museo ideal así: "un parque temático con cuatro atracciones: buena arquitectura, una buena colección permanente; exposiciones primarias y secundarias; y otras diversiones como tiendas y restaurantes".

La nueva sede del museo tendrá una superficie de 30.000 metros cuadrados. Tres de sus cuatro fachadas están rodeadas de las aguas del Golfo Pérsico. El museo incluirá una colección permanente y galerías para muestras temporales, un centro de arte y tecnología, un centro de arte contemporáneo árabe, islámico y relativo a la cultura de Oriente Próximo, un espacio para la formación, un centro de investigación y un laboratorio para la conservación y restauración. Será la mayor sede de todas las que tiene la fundación Guggenheim.


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Retrospectiva de Frank Ghery


La Triennale de Milán expone un recorrido por la obra del autor de edificios tan emblemáticos como el Guggenheim de Bilbao



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Un símbolo. Desde que fuese inaugurado en 1997, el Guggenheim de Bilbao se ha convertido en un icono de la ciudad y del País Vasco. Con más de un millón de visitas al año, el museo sigue siendo un éxito más de diez años después de su apertura. "En Bilbao usamos el acero para ayudar a la economía local, y buscamos esa aleación de titanio porque en Bilbao llueve mucho y el titanio con el agua se vuelve de color oro, es un milagro", afirma Gerhy


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Arquitectura en la ciudad del vino.En la localidad alavesa de Elciego Gerhy levantó en 2006 un edificio con spa, hotel y restaurante para las bodegas Marqués de Riscal. "Hay que ahorrar energía y dinero. Hacer arquitectura verde. Ahora todo tiene que ser verde. Y es real, porque si no estamos muertos", opina el arquitecto.


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En la cuna del diseño. La exposición es la primera dedicada por la Triennale al arquitecto canadiense afincado en Los Ángeles. A pesar de ello Ghery no ve los nuevos tiempos con buenos ojos, la crisis le ha obligado a despedir a parte de sus trabajadores y varios proyectos suyos han sido cancelados. En la foto, edificios proyectados por el arquitecto en el puerto fluvial de Düsseldorf, Alemania.


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Hacia oriente. Maqueta del futuro museo Guggenheim de Abu Dhabi ideado por Gerhy. "Allí no sólo viven en el desierto. Acceden a Europa, a Asia, a Occidente. Y funcionan. Es un proyecto un poco volátil, pero quizá marche bien", señala el arquitecto.


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El nacimiento de un estilo. El Disney Hall de Los Ángeles (2003), edificio que supuso el comienzo de una forma totalmente nueva de proyectar construcciones en el espacio. Algunos le acusan de autoplagio, y el arquitecto reconoce que el estilo a veces se cuela casi sin querer.


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"Interior orgánico". Cuando están bien por fuera, los edificios tienen que estar bien también por dentro. Y Bilbao es fantástico. Todos los espacios son bellos, muy inspiradores, y los artistas, incluso los más difíciles, adoran exponer allí.", señala Carmen Giménez, que ha montao en el Guggenheim de Bilbao exposiciones de artistas como Calder, Juan Muñoz o Cy Twombly.


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Arte para el futuro. Vista aérea del museo Experience Music Project (2000) de alta tecnología en Seattle, Estados Unidos. "Las ciudades tienen que tener iconos. Bibliotecas, hospitales, museos. Dentro de 100 años, la gente los verá y dirá: '¿Qué es eso?", afirma Gerhy.


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Espacios abiertos. El Serpentin Pavilion de Frank Gehry en las praderas de los Kensington Garden's, en Londres. Las placas voladoras, los techos curvos, los espacios inmensos... algunos han comparado a Gerhy con un Don Quijote dirigiéndose a un horizonte incierto.


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Una trayectoria de éxitos. El Pabellón Pritzker (2004), que sirve como sede de la Orquesta Sinfónica y del Coro, en el nuevo proyecto cultural denominado Parque del Milenio en la ciudad estadounidense de Chicago. El mismo Gerhy fue galardonado con el premio Pritzker, considerado el Nobel de la aquitectura, en 1989.


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Sólo un arquitecto. Imagen del Museo Vitra de Diseño, construido en 1989 en Weil am Rhein, Alemania. "Yo no soy un starchitect, sólo soy un arquitecto", señala Gehry.


EL PAIS.com
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Gehry, adiós al polémico museo


El arquitecto abandona el proyecto del edificio de la Tolerancia en Jerusalén

Su patrocinador, el Centro Simon Wiesenthal, ha reducido el presupuesto




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Proyecto de Frank Gehry para el Museo de la Tolerancia en Jerusalén

Sobre el proyecto para construir el denominado Museo de la Tolerancia de Jerusalén, una iniciativa que no hace sino desatar furias por diversos motivos, se amontonan los escollos. El último, pero de gran relevancia, la espantada del arquitecto Frank Gehry, cuya empresa advirtió al Centro Simon Wiesenthal, patrocinador del museo, de que no podrá utilizar su diseño de titanio, cristal y piedra. El motivo de la retirada: la petición de la fundación para que el arquitecto redujera la magnitud de la obra y su coste financiero, que en plena crisis económica rondaba los 175 millones de euros. "Ya no estamos implicados en el proyecto", ha afirmado Craig Webb, uno de los socios de la firma Gehry Partners. Y, en efecto, en la página web del Centro Simon Wiesenthal, el apartado dedicado al Museo de la Tolerancia está en construcción. Cualquier referencia al proyecto inicial ha desaparecido. Mientras, los responsables de las instituciones, de la fundación y de la empresa del laureado arquitecto guardan silencio.

En todo caso, la fundación ya está buscando otro arquitecto para un edificio que se levantará en el predio que ocupa el cementerio musulmán de Mamilla, en pleno corazón de la ciudad santa, sobre una superficie de 30.000 metros cuadrados. El emplazamiento es causa de agria controversia porque las organizaciones islámicas en Israel consideran que el museo profanará la santidad de este campo santo en el que nadie es enterrado desde 1920.

El Tribunal Supremo autorizó la construcción en 2008, empleando un argumento curioso: en 1960 ya se construyó un aparcamiento en parte del cementerio y nadie protestó. No son sólo los religiosos musulmanes quienes se oponen a que prosiga la construcción. Rabinos judíos también consideran sagradas las tumbas, especialistas en arquitectura consideran que el diseño de Gehry era megalómano y que destrozaría la vida del antiguo barrio de Nahalat Shiva, que décadas atrás ya soportó la amenaza de ser derribado para edificar torres. Nunca se llevaron a cabo. En una de las ciudades más pobres de Israel, el faraónico diseño inicial de Gehry se topó también con el rechazo de sectores políticos inclinados a la izquierda y de ex diplomáticos israelíes que trataron de persuadir para que abandonara el proyecto al arquitecto nacido en Toronto (Canadá) en 1929. El actual alcalde de la ciudad, el derechista Nir Barkat, ha asegurado: "No veo que haya ningún problema con la ubicación". Los hay. "Hay algo profundamente inquietante en la idea de situar un museo de la tolerancia en un lugar donde los musulmanes han estado sepultando a sus muertos durante 800 años", ha respondido el rabino estadounidense Eric Yoffie.

El caso es que, en pocos años, las murallas alzadas por Suleimán el Magnífico a mediados del siglo XVI son cada vez menos visibles desde sus inmediaciones en el lado occidental de la ciudad. Centros comerciales y hoteles han borrado una vista que podía contemplarse sólo hace un lustro. Pero otras disputas versan también sobre el propio objeto del museo: las tradiciones judías y las relaciones de Israel con los países árabes, marcadas por cualquier nota distintiva salvo la de la tolerancia.

También está en guardia el Museo del Holocausto de Jerusalén, que no desea que el genocidio perpetrado por los nazis sea abordado en el futuro museo, cuyo autor, diseño y estilo son ahora una incógnita.


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Sinfonía de Gehry en Miami



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La nueva sede la Orquesta del Nuevo Mundo, de Frank Gehry. | Lynne Sladky / AP

Tiene ochenta y un años pero todavía descorcha lágrimas ajenas, de emoción, cuando constatas que Frank Gehry sigue enchufado, dibujando edificios donde la espectacularidad no riñe con la ciudadanía. En los últimos tiempos acaso había repetido demasiado las líneas del Guggenheim, subrayado las líneas rotas que lo encumbraron, los golpes de efecto, con el riesgo de deslizarse hacia el siempre paródico autohomenaje. Aunque el rascacielos que ha levantado en Manhattan, junto al puente de Brooklyn, sea un prodigio, algunos lamentaban que ya no ofreciera sorpresas, que solo lo contratasen inversores obsesionados con el rédito que procura su nombre.

Muy bien. Prejuicios fuera. Gehry acaba de entregar en Miami la nueva sede de la Orquesta del Nuevo Mundo. Con ella remata el que acaso sea su proyecto más personal, elegante, arriesgado, visceral, puro y "democrático" (por decirlo con ) en décadas. A diferencia de otros que ha construido, aquí Mr. Gehry equilibra su sed hiperbólica con una concepción del complejo a la medida del hombre, espectacular pero libre de calorías, el producto de someter sus ambiciones al aeróbic, sin muscular en exceso ni necesitar de un satélite espacial para hacerse una idea de un simple vistazo.

Lo más llamativo es el empeño puesto en derribar barreras. Ya saben, la música clásica ha sido definida como música de hombres muertos. Mural de genios al que nos acercamos en busca de glorias añejas. Frontispicio en mármol con poco que decir respecto al mundo en que vivimos. ¿Tópico? Claro. ¿Falso? Sí, por cuanto desprecia el caudal creado en el último siglo, pero extendido y a pleno rendimiento entre una ciudadanía que contempla los grandes estrenos como una fastuosa mascarada, un ecosistema de lujosas élites que poco puede decirle.

Desde el emplazamiento elegido, lacinados arrabales de Miami Beach, hasta los materiales, todo conspira para engrandecer la ciudad haciéndola más accesible, amable, limpia y optimista. Los espectadores disfrutarán de la orquesta durante los ensayos. Contemplarán los conciertos, si no compraron entrada, merced a proyecciones. Quienes sí tengan boleto estarán sentados casi encima de los músicos, sin fosos ni barreras, reconciliados con la idea de un arte al que sacaron del imaginario colectivo a base de echarpes de oro y aranceles dudosos, rozando con los dedos el vuelo de los violines, contemplando al director en su paseo por las tripas del edificio hasta que salga al escenario.

Conviene leer el artículo de Ourossouff en el New York Times. Principalmente por su facilidad para destripar códigos y hacerlos legibles, pero también porque su conocimiento personal de Gehry aporta una clave que quizá sintetice como ninguna los afanes del arquitecto. Su convencimiento de que más allá de la estética el arte limpia distancias, suicida tristezas, hace más grata la vida o al menos proporciona imprescindibles lenitivos. Su auditorio supone la más valiente salutación a los músicos. Lejos de caer en el posmodernismo feble, ese que supone que cualquiera es artista de mérito por el hecho de que existan herramientas capaces de facilitar la creación y su disfrute, o sea, lejos de halagar la veta populista, propone acercarnos lo más posible a las cocinas del arte y nunca permite que su sello eclipse lo que en verdad cuenta, la música. No es poco.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Gehry habla en Manhattan

El nuevo rascacielos del arquitecto inaugura una nueva etapa tras una época gris y cambia el perfil de la ciudad


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Frank Gehry concluye en Manhattan un rascacielos que parece de nueva generación. Con el acabado aparentemente imperfecto, sinuoso o torturado, que permiten los alardes de la ingeniería y el diseño digital, la torre de viviendas de 76 plantas y 267 metros de altura (frente a los 381m del Empire State o los 417 de las desaparecidas Torres Gemelas) ya ha sido calificada como “democrática de verdad” por Nicolai Ouroussoff, el crítico de arquitectura de The New York Times. ¿Por qué?

El rascacielos, a pocos metros de la zona cero y junto al puente de Brooklyn, tiene el hormigón estructural envuelto en una piel de acero que le confiere una imagen dinámica, plástica y cambiante. Son los reflejos con los que responde cada uno de los 10.500 paneles de diversos tamaños que forran la fachada los que refuerzan la percepción de una forma escurridiza. A ese volumen aparentemente fragmentario contribuye también el retranqueo de los diversos cuerpos que componen el edificio y la voluntad del arquitecto de llevar las notables bay window (ventanas-galería) a alturas de más de 200 metros. Esa suma de discrepancias contribuye a hacer del edificio una construcción eminentemente plástica, con cualidades, como la imperfección, que la acercan a los inmuebles singulares y únicos y la alejan de la contención fría, y estandarizada, habitual de los rascacielos.


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Así, la Spruce Street Tower no inaugurará una era de torres expresivas, pero sí dialoga de tú a tú con la vecina y legendaria torre Woolworth que Cass Gilbert concluyó en 1913. La idea de dedicar un edificio de altura a viviendas choca con la tradición de que sean las empresas privadas las que financien y construyan los iconos más altos de las ciudades. Por eso, la torre Spruce podría representar el triunfo de la iniciativa individual, dándole como le da la espalda a Wall Street. Sólo que difícilmente se podría permitir un piso en ella alguien poco familiarizado con, y poco beneficiado por, la bolsa neoyorquina. Con todo, tras una ardua negociación que ha exigido la cesión de las primeras seis plantas (forradas de ladrillo rojo) a usos públicos (una escuela infantil y un centro de salud), el edificio, torturado o festivo, de Frank Gehry inaugura una nueva etapa tras una década gris. Y levanta la cabeza en Manhattan. Un nuevo icono se ha atrevido a hablar allí después del 11-S, cuando se cumplen diez años de los atentados.


elpais.com / Anatxu Zabalbeascoa
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Una torre residencial del arquitecto Frank Gehry, de 267 metros de altura, y otras curiosidades


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Rascacielos de Frank Gehry inaugurado en la calle Spruce en 2011. Con 267 metros y 76 pisos, es el edificio residencial más alto de Manhattan, New York. USA

Es cierto que Manhattan ha perdido algunas de las cualidades que la hicieron célebre —sobre todo la espontaneidad—, pero por mucho que el siglo XXI se haya empeñado en crearle metrópolis rivales, su influencia cultural y económica sigue siendo incuestionable. En su ADN se dan cita algunos de los iconos del siglo XX y XXI (el último, el rascacielos de Frank Gehry completado en 2011, considerado por el crítico de arquitectura del New York Times, Nicolai Ouroussoff, como el mejor de los construidos en la ciudad desde el edificio CBS de Eero Saarinen hace 47 años). Manhattan, a pesar de la disneylandinización de la que se le acusa, mantiene el carácter de escaparate del mundo actual. Con dos millones de habitantes llegados de todo el planeta, sigue siendo el epicentro de la vida turística de la ciudad. Estas son algunas sugerencias para conocer lo mejor de la isla.


elpais.com
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Gehry, Príncipe de Asturias de las Artes


El jurado distingue la obra del arquitecto norteamericano, autor del Guggenheim de Bilbao



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Frank Gehry, ante su obra más emblemática, el Guggenheim de Bilbao. / luis alberto garcía

El Príncipe de Asturias de las Artes ha recaído en el arquitecto estadounidense Frank Gehry (Toronto, 1929). Poeta de las formas imposibles y estilista del titanio, el perfil curvo de sus construcciones, que elevan a los edificios a la categoría de la intrincada obra de arte, estará para siempre unido a la ciudad de Bilbao, donde erigió la que muy probablemente sea su obra mayor: la sucursal más emblemática del museo Guggenheim de Nueva York.

Nacido en Canadá, adoptó la nacionalidad estadounidense después de trasladarse en 1947 a Los Ángeles con sus padres. Afincado en Estados Unidos, donde ha desarrollado buena parte de su trabajo, Frank Gehry, que obtuvo el Pritzker en 1989, trabaja en la ciudad californiana, lugar para el que diseñó la sala de conciertos Walt Disney, de formas y materiales familiares a las del Guggenheim. En España, además del museo bilbaíno, es autor de la bodega-hotel Marqués de Riscal, en Elciego (Álava). También es creación suya la célebre escultura con forma de pez del Puerto Olímpico de Barcelona, que se erigió en símbolo del resurgir de la ciudad condal en los noventa.

El elevado número de miembros del jurado asociado a la arquitectura (Benedetta Tagliabue; Elena Ochoa, esposa de Norman Foster, y Patricia Urquiola) hacía presagiar que el galardón recayese por sexta vez en su historia en un esta disciplina. Antes, obtuvieron la distinción Oscar Niemeyer (1989), Francisco Javier Sáenz de Oiza (1993), Santiago Calatrava (1999), Norman Foster (2009) y Rafael Moneo (2012).

El acta del jurado ha reconocido la relevancia y la repercusión de sus creaciones con las que ha definido e impulsado la arquitectura del último medio siglo y ha destacado que sus edificios se caracterizan por un "juego virtuoso con formas complejas, por el uso de materiales poco comunes, como el titanio, y por su innovación tecnológica, que ha tenido repercusión también en otras artes".

El Premio de las Artes está destinado a galardonar personas o instituciones que en el campo de la cinematografía, el teatro, la danza, la música, la fotografía, la pintura, la escultura, la arquitectura y otras manifestaciones artísticas hayan realizado una "aportación relevante al patrimonio cultural de la humanidad".

Entre las candidaturas presentadas figuraban las de los arquitectos Frank Gehry, Juan Navarro Baldeweg, Arata Isozaki, Álvaro Siza y Toyo Ito, la cineasta belga Agnès Varda, el músico estonio Arvo Pärt y el pianista chino Lang Lang así como el dramaturgo estadounidense Bob Wilson y su compatriota el videoartista Bill Viola.

Del jurado, presidido por el empresario José Lladó, formaron parte entre otros, la fotógrafa Ouka Leele; el director de la Academia Española de Cine, Enrique González Macho; el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza; la presidenta de ABC, Catalina Luca de Tena, y el duque de Huéscar, Carlos Fitz-James Stuart Martínez de Irujo.

El de las Artes, al igual que los otros siete premios que concede anualmente la Fundación Príncipe de Asturias, está dotado con una escultura de Joan Miró -símbolo representativo del galardón-, la cantidad en metálico de 50.000 euros, un diploma y una insignia.

El pasado año el galardón fue para el cineasta austríaco Michael Haneke, que se sumó así a una lista de premiados integrada, entre otros, por Rafael Moneo, Riccardo Muti, Richard Serra, Norman Foster, Woody Allen, Paco de Lucía, Bárbara Hendricks, Vittorio Gassmann, Fernando Fernán Gómez, Bob Dylan, Miquel Barceló, Pedro Almodóvar, Óscar Niemeyer, Eduardo Chillida y Luis García Berlanga.


elpais.com



 

Merecido galardón del Príncipe de Asturias de las Artes para el arquitecto estadounidense Frank Gehry. Autor del Guggenheim de Bilbao entre otros grandes y elogiosos trabajos repartidos por el mundo.
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Frank Gehry, renacer en París


La inauguración de la sede de la Fundación Louis Vuitton, que albergará un museo, irrumpe en la escena artística internacional
Para Frank Gehry, el creador del edificio, el nuevo icono ha supuesto cumplir también otra ilusión: regresar a la ciudad en la que, siendo muy joven, cambió su vida y su profesión




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Frank Gehry frente a su última creación, el edificio de la Fundación Louis Vuitton, en París. / Ian Baan

La Fundación Louis Vuitton es el único lugar de París donde se puede ver la Torre Eiffel sin ver la torre de Mont­parnasse”. La broma la repite Frank Gehry (Toronto, 1929) en una de las terrazas de su nuevo edificio frente al Bois de Boulogne. Y ese chiste delata que el arquitecto californiano de origen canadiense conoce París. Fue en esta ciudad –a la que llegó con 32 años con su primera mujer, Anita Snyder, y sus dos hijas– donde renació como arquitecto. “Me ofrecieron un ascenso, pero yo ahorré durante un año para irme a París”, cuenta. Gehry ha descrito ese viaje más como una necesidad vital que como un capricho. Pero no debió de ser fácil. “Trabajé para un tipo que me pagaba muy poco [André Remondet]”. Pero conoció Europa. “Los edificios que vi cambiaron mi vida. Los profesores modernos no me habían preparado para la belleza y la humanidad de la arquitectura antigua”, explica.

Conocer la ciudad donde ahora renace de nuevo –dando otra vuelta de tuerca a su arquitectura– cambió su vida en 1961. Y reafirmó la vocación plástica de un joven inmigrante que se había pagado los estudios en la Universidad del Sur de California conduciendo una furgoneta de reparto. En realidad, el que se tituló en 1954 fue Ephraim Owen Goldberg. Frank Gehry no aparecería hasta dos años después, cuatro antes de viajar a París, cuando su mujer le aconsejó que cambiara de nombre porque temía que sus hijas fueran víctimas del antisemitismo. Una película de Sydney Pollack (Apuntes de Frank Gehry, 2005) y el propio Geh­ry han explicado la historia de inseguridades en la que está cimentado su genio. París fue el lugar que contribuyó a descorcharlo como persona, la ciudad que le dio energía para atreverse a arriesgar. En 1962 regresó a Los Ángeles dispuesto a abrir oficina propia y tan seguro de su capacidad plástica como para proponer los edificios torcidos, escultóricos e inesperados que le han convertido en el arquitecto vivo más famoso del mundo.


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Boceto original del edificio. / Frank Gehry

Eso es su último trabajo: una gran escultura en el perímetro de un parque y frente al bosque más grande de París. En muchos de los anteriores inmuebles de Gehry –en el Museo de Arte Weisman en Minneapolis (1993) o en el Stata Center que hizo para el MIT en Boston (2004)– puede observarse la huella de las mansardas parisienses. En este nuevo inmueble también hay quiebros e inclinaciones, pero, junto al estallido creativo, hay un nuevo reposo. Tal vez por eso Gehry bromea con las vistas desde las terrazas en una referencia al chiste arquitectónico más famoso de la capital francesa: ¿cuál es el lugar más bonito de París? La odiada torre de Mont­parnasse. ¿Por qué? Porque es el único sitio desde donde no se ve la torre de Montparnasse.

Al oeste de la ciudad, el barrio de Passy necesitaba la vitalidad que, con 85 años, todavía irradia Gehry. Junto a un deliciosamente decadente Jardin d’Acclimatation (zoológico y parque de atracciones) y frente al frondoso bosque de Boulougne, la nueva fundación es una síntesis entre un iglú y un montón de velas de barco apiladas. Pero también se deja envolver por los reflejos de los jardines. Así, indefinido y sin embargo rotundo, es claramente un edificio firmado por Gehry, pero no lleva como mensaje una revolución. Al contrario, el color blanco de sus partes opacas habla de una nueva serenidad en el inagotable creador norteamericano. También de una voluntad de mantenerse fuera del tiempo que el propio arquitecto reconoce fruto de su “profundo entendimiento con el cliente: Bernard Arnault”. Jean-Paul Claverie, el consejero cultural de LVMH y artífice del encuentro entre Gehry y su jefe, lo ratifica. Y asegura que el acuerdo es que “en 70 años no se necesite cambiar ningún elemento”. Muchos años para el otro acuerdo, establecido con el Ayuntamiento parisiense, que cede a la fundación el terreno –ocupado antes por una bolera– durante 55 años y establece que, transcurrido este tiempo, el inmueble pase a tener titularidad municipal.


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La nueva obra de Gehry es la síntesis entre un iglú y un montón de velas de barco apiladas y rodeadas de jardines

Junto al museo, el edificio racionalista del antiguo Musée National des Arts et Traditions Populaires permanece cerrado desde hace más de un lustro (su colección fue trasladada al MUCEM de Marsella). Una de las fachadas se enfrenta a los castaños de indias, a la hojarasca y a los senderos del Bois de Boulogne, un bosque abierto, sin puerta de acceso, que dobla la superficie de Central Park y cuyo carácter laberíntico es aprovechado para ejercer la prostitución. Eso ha hecho que muchos parisienses hayan dejado de visitarlo. Al otro lado del inmueble, el Jardin d’Acclimatation representa una época en la que se actuaba con cautela: Napoleón III lo hizo construir para que las plantas tropicales se adaptaran al clima local. Allí vivió la primera jirafa que pisó Francia y muchos de los pájaros exóticos encerrados en su aviario tuvieron que ser sacrificados para que comieran los ciudadanos durante la guerra franco-prusiana de 1870.

Ese jardín –que gestiona el grupo LVMH: el antiguo dueño de Christian Dior lo compró para acallar los rugidos de los leones que despertaban a su mujer– ha cedido ahora una gran explanada de césped a la Fondation que es, según Gehry, el mejor lugar para contemplar su edificio. Desde allí uno puede asomarse al grotto: así ha bautizado el arquitecto el estanque que velará por mantener la temperatura a raya. De la misma manera que los ciudadanos le ponen apodos a la fundación, a Gehry le resulta cómodo bautizar las partes de sus proyectos. Así, el iceberg contiene las galerías, y el cañón, la escalera principal. El día en que El País Semanal visita el edificio, un cuarteto ensaya una pieza de jazz junto a esa escalera, en el atrio central. Acompañan al pianista un contrabajo y unos bongos. La mezcla es tan ecléctica como la idea de cultura que defiende la fundación para el siglo XXI, y como la propia colección que Arnault y Claverie llevan dos décadas atesorando.

Fue en 1989, recién elegido presidente (y máximo accionista) del grupo LVMH cuando Arnault conoció a su inseparable asesor cultural. Tras una primera década dedicado a comprar empresas –Kenzo en 1993, Guerlain en 1994, Loewe en 1996 y Fendi en 2000–, en la segunda optó por convertir el arte en la estrategia de comunicación del grupo. De Claverie fue la idea de pasar de coleccionar a exhibir. Hoy reconoce que la perspectiva de una fundación incrementó notablemente las adquisiciones. Y adelanta que cuando se inaugure el próximo 27 de octubre mostrarán sus piezas más singulares: “Jeff Koons, Boltanski, Gilbert & George y Murakami”, pero explica que fue el Museo Guggenheim de Bilbao lo que hizo que Arnault pensara que Gehry tenía que ser su arquitecto.


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Gehry, con sus formas torcidas, escultóricas e inesperadas, está presente en el edificio de la Fundación Louis Vuitton. / Ian Baan

Claverie es de Burdeos, estudió en Bretaña y se doctoró en París en Medicina y Derecho. Tenía 25 años cuando empezó a asesorar al ministro de Cultura Jack Lang. ¿Qué consejos da un joven de 25 años? “El sentido común y el entusiasmo no tienen edad. La aventura duró siete años. Luego llegó el señor Arnault y me convertí en otro hombre”. Claverie tiene una casa en Biarritz y viaja con frecuencia a Bilbao. Cuando descubrió el Guggenheim se obsesionó. “Lo que más me impresionaba era que aunque pasara el tiempo, el edificio mantenía su poder de seducción”. Insistió a Bernard Arnault para que fuera a verlo. Lo convenció diciéndole que no podía describirlo con palabras. En 2001, una visita al Guggenheim convenció también a Arnault, “que es ingeniero y aplaudió la complejidad constructiva”. Dos meses después comían con Gehry en Nueva York.

En el 22 de la Avenue Montaigne, sede del grupo, una maqueta de la sección del edificio hace ahora compañía a las estridentes esculturas de Murakami que decoran el hall. Está claro que la arquitectura ha ganado peso en la agenda cultural de la empresa. No obstante, Jean-Paul Claverie habla de un interés antiguo por parte de Bernard Arnault, que contrató a Christian de Portzamparc “cuando apenas era conocido” –en realidad tenía el Premio Pritz­ker– y “confió en Kazuyo Sejima para construir la cara de Christian Dior en Tokio”. “Él descubrió a muchos de los arquitectos que hoy son famosos”, señala exagerando el logro.

En la fundación, cuya entrada costará lo mismo que la del Louvre, 14 euros, el restaurante circular rodeado de vidrios transparentes solo tiene capacidad para 50 comensales, pero es un espacio magnífico: generoso hasta la extravagancia en la altura (43 metros) y, sin embargo, acogedor, envolvente a pesar de estar rodeado de vidrio. Lo mismo sucede con las 11 salas. Algunas son enormes y otras muy pequeñas. Pero incluso en esos espacios cerrados, el arquitecto ha dejado su marca inclinando los muros, disparando la altura o abriendo claraboyas. Como la de la sala llamada La Capilla, cuya cubierta permite que los pájaros se cuelen en el interior del museo.

    Esto no es un ‘remake’ de Bilbao. Veinte años después, ni el mejor arquitecto puede repetir el mejor edificio”

El consejero cultural de Bernard Arnault explica que su jefe “tenía en mente que el éxito del grupo debe pagar un tributo a la cultura, a lo que nos define como civilización”. Defiende que “el éxito mundial del lujo está profundamente basado en la cultura”. Y razona que “cuando compras un objeto de lujo compras valores”. ¿Cree que en el siglo XXI el lujo tiene que ver con la cultura más que con la imagen? “El lujo tiene raíces. La gente quiere hablar de sus valores con los objetos que adquiere”.

Con una facturación anual de 29.149 millones de euros, LVMH es la compañía francesa líder en mecenazgo. Lo explica Claverie. Aunque él habla de filantropía: la educación, las acciones humanitarias y el arte tejen una idea de cultura. Por eso, más allá de los millones de euros (no revelados) invertidos en este edificio, y de programas sociales –como el que realizan en Haití desde hace 20 años–, explica que la fundación “quiere descubrir talentos, indagar en otros creativos que no tienen nada que ver con la fabricación de nuestros productos, acercarse a la base de lo que vendrá mañana”.

“No sé cuántos arquitectos californianos podrían citar a Proust de memoria”, tercia Claverie para loar de nuevo a Gehry. “Cuando llegó hasta el parque se emocionó. En el avión de regreso no pudo dormir y aterrizó con un cuaderno lleno de croquis”. En esos dibujos se reconoce el edificio de hoy. “Todas las decisiones están ahí: la base líquida, que hace referencia a los estanques y los lagos del bosque, los reflejos de las copas de los árboles”. Es cierto que a pesar de su contundencia formal, el edificio se mezcla con el entorno, no hiere el lugar, habla con él. Además, permite ver otro París. Permite también soñar con otra vida para el barrio.


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Panorámica del edificio de la Fundación Louis Vuitton, junto al Jardin d'Acclimatation. / Ian Baan

Claverie asegura que no le pidieron a Frank Geh­ry que diferenciara su Fondation del Guggenheim. Sin embargo, él lo hizo. Ocurrió poco a poco. El consejero cultural explica que Arnault y Gehry decidieron a la par el color de las partes opacas del edificio, los volúmenes que encierran las galerías. “Al principio, Frank propuso cubrir esos cubículos con titanio de diversos colores. Era divertido, pero cuando algo es demasiado divertido al final cansa y se convierte en efímero. Soy testigo de que el día en que Gehry propuso renunciar a esos colores Bernard Arnault quería hacerle justo esa propuesta. El blanco era el color atemporal que necesitábamos porque puede jugar con la luz y los elementos naturales. Y no resta un ápice a la expresividad de Gehry”, afirma. Y hay que darle la razón: un edificio así no necesita el color.

¿Teme a las críticas por haber elegido un arquitecto estrella en un tiempo que se cuestiona la arquitectura espectáculo? “Siempre faltan genios. El problema no son las estrellas arquitectónicas, un edificio no puede ser un capricho. Debe gestarse, pensarse con tiempo. Y solo los grandes artistas están dispuestos a arriesgar de verdad”. Gehry arriesgó al proponer un nuevo escalón en su carrera: “Esto no es un remake de Bilbao. Veinte años después, ni el mejor arquitecto puede repetir el mejor edificio”.

Puede que este nuevo Gehry parisiense –el arquitecto ya levantó en la ciudad el American Center en 1994– se explique mejor con un cuadro que el coleccionista Bernard Arnault tiene en su oficina. Es un rothko, pero no es un roth­ko más. Frente a los lienzos oscuros y dramáticos que pueden verse en la Tate Modern de Londres, el suyo es ligero, luminoso. Uno comprende ante una pintura así que Arnault busca algo más: lo distinto en lo diferente. Aunque… Claverie guarda un silencio irónico: no sabe si Gehry ha visto el rothko.

Perspectiva del estanque desde el interior de la nueva creación de Frank Gehry. / Ian Baan

–¿Por qué quieren llegar a gente que no tiene dinero para comprar sus productos?

–Hace años que el grupo se dedica a transmitir valores a los jóvenes. Trabajamos para mantener los oficios artísticos de generación en generación. Y creemos que el siglo XXI es el de la mezcla. Las instalaciones de la fundación nos permitirán mostrar así el arte: relacionándolo con otras disciplinas.

–¿Será la moda una de estas disciplinas?

–Aunque los diseñadores estén muy cerca de los artistas, no podemos decir que la moda sea arte. Pero es creación. Expresa los valores del mundo. Los artistas detectan las tensiones de la sociedad. Nos hacen más conscientes. Intuyen el futuro. Son un antídoto ante la temporalidad de la vida. Uno puede descubrir cosas de sí mismo conmovido por obras de arte. Puede que el arte del siglo XXI sea más eficaz que el psicoanálisis. Voilà.


elpais.com / Anatxu Zabalbeascoa




 

Pues aunque Frank Gehry diga que la sede de la Fundación Louis Vuitton en París no es un ‘remake’ del Museo Guggenheim de Bilbao,   a mí si me lo parece.
 




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Mensaje Re: FRANK GEHRY 
 
Premio Príncipe de Asturias de las Artes


El arquitecto Frank Gehry dedica una peineta a las críticas a su obra



“El 98% de los edificios que se hacen ahora son pura mierda”, asegura el premio Príncipe de Asturias al aterrizar en Oviedo

“Soy demasiado viejo para sentirme intimidado”




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Frank Gehry durante la rueda de prensa. / EFE / VÍDEO FPA

A juzgar por el tono en que venía, si se toman como referencia las declaraciones que le hizo a EL PAÍS el miércoles en París, Frank Gehry no parecía aterrizar en Oviedo con ganas de guerra. Pero fue llegar al hotel Reconquista, y no se sabe muy bien si por efecto de las fabes o qué, el caso es que el viejo roquero arquitecto, de 85 años, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, se plantó en la sala de prensa y casi nada más empezar se vino arriba con una peineta.

Fue a la pregunta siguiente: ¿Qué opina de quienes piensan que su arquitectura es espectáculo? Respuesta: el dedo corazón enhiesto y los otros cuatro recogidos. Pero hubo más: “El 98 % de los edificios que se hacen hoy son pura mierda, carecen de sensibilidad, sentido del diseño y respeto por la humanidad”. Antes había bailado al son de las gaitas, después posó junto a Rafael Moneo en ese salón de encuentros que es el patio del Reconquista antes de mantener una conversación en público con él en la Laboral de Gijón. Pero previamente también se había disculpado: “Me han cogido desprevenido, siento la reacción”. Aunque también añadió: “No pido a nadie que me contrate, lo único que quiero es que me dejen trabajar en paz”.

Bilbao, una ciudad que sin duda supuso un hito en su carrera tras la inauguración del museo Guggenheim, ocupó parte de la rueda de prensa: “Allí experimenté una sensación fantástica con la ciudad”, afirmó, ya más pacífico. “Hay edificios que por sí solos son capaces de marcar diferencias en una ciudad. Bilbao pasó de ser una ciudad triste a otra en la que los vecinos se sienten orgullosos. Y todo por un precio muy modesto y nada pomposo”. Pero el modelo no era trasladable a otras ciudades, pese a que muchas han ido detrás como en busca de su maná con cualquier edificio bandera que pudieran equiparar al conocido como ‘efecto Guggenheim’. Eso no quiere decir que los edificios públicos abandonen su ambición de convertirse en iconos.


elpais.com
 




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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

"Nicolas Poussin"
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