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INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres)
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Mensaje INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Jean-Auguste-Dominique Ingres, más conocido como Dominique Ingres, (Montauban, 29 de agosto de 1780 – París; 14 de enero de 1867), fue un pintor francés.


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Ingres no es, en sentido estricto, neoclásico ni académico, sino un ferviente defensor del dibujo. Resulta a la vez clásico, romántico y realista. Ingres constituye un claro exponente del romanticismo en cuanto a los temas, el trazo abstracto y las tintas planas de intenso colorido. Algunas de sus obras se enmarcan en el llamado «Estilo trovador», inspirándose en el ideal estético griego y gótico, además de en las miniaturas de los libros de horas de Fouquet. Igualmente, es ejemplo de orientalismo, pues muchos de sus cuadros, especialmente desnudos femeninos, están dominados por un sentido irreal del exotismo propio del siglo XVIII.

Nació en Montauban, en Tarn-et-Garonne. Su padre Jean Marie Joseph Ingres, un escultor mediocre, supo reconocer en su hijo, el talento pictórico que poseía y rápidamente favoreció sus aspiraciones artísticas. Con 11 años, ingresó en la academia de Toulouse (1791) y se formó con maestros como el pintor Roques y el escultor Vigan. En 1796 se fue a París para estudiar bajo la dirección de David, pero su frío clasicismo no encajaba en el ideal de belleza que él tenía, fundado en las difíciles armonías de líneas y colores.

En 1801, ganó el primer Premio de Roma con Aquiles recibiendo a los embajadores de Agamenón. Realizó numerosos dibujos y retratos: La familia Riviére (1805); Granet, La hermosa Celia; Napoleón entronizado (1806). En 1806, Ingres se marchó a Roma, donde permaneció 18 años, y descubrió a Rafael y el Quattrocento italiano que marcarán definitivamente su estilo. Estos años de trabajo serán los más fecundos de su carrera. A ellos pertenecen voluptuosos desnudos femeninos, entre los que cabe destacar La bañista; paisajes, dibujos, retratos, y las composiciones históricas o religiosas tratadas al modo de las mitologías históricas: Juana de Arco, La virgen de la hostia, Jesús entre los doctores, Cristo entregando a San Pedro las llaves del reino (1820) o Júpiter y Tetis. Está en el cenit de su arte, pero en Francia sus cuadros pintados en Italia reciben acerbas críticas, no gustan, e Ingres decide quedarse en Roma.

En 1813 se casó con Madeleine Chapelle, a la que dedicó la obra Il fidanzamento di Raffaello, en la que el pintor italiano incorpora a la amante de Rafael, la famosa Fornarina. La caída de Napoleón y las dificultades económicas y familiares, significan para Ingres un período bastante mísero durante el cual pintó con desgana todo aquello que se le encargaba. En 1820 se instaló en Florencia y, con la presentación en Francia de su lienzo El voto de Luis XIII,(1824), realizado para la Catedral de Montauban, alcanzó un éxito clamoroso en los salones de París. Fue nombrado Director de la Academia de Francia en Roma, cargo que desempeñó de 1834 a 1840.

En 1841 regresó a París donde obtuvo una acogida triunfal y se le encargó la decoración de las vidrieras de la Capilla de Notre Dame. En 1846 expuso por primera vez en la Galería de Bellas Artes, siendo a continuación nombrado miembro de la comisión junto con Delacroix. En 1849 presentó su dimisión motivada por el fallecimiento de su esposa.

A causa de una enfermedad que le afectó a los ojos, en el último período, Ingres se vio obligado a valerse de alguno de sus colaboradores para ultimar la parte secundaria de sus obras, correspondientes al período maduro, caracterizado por la búsqueda de una perfección de las formas.

En 1852, Ingres se casó por segunda vez con Delphine Ramel. En 1862 fue nombrado Senador.

La galería de retratos que dejó constituye un testimonio muy valioso de la sociedad burguesa de su tiempo, del espíritu y las costumbres de una determinada clase a la que él pertenecía, reflejando las virtudes y sus límites.

Ingres estudió música, disciplina en la que también destacó. Durante una temporada fue segundo violinista en la orquesta del Capitolio de Toulouse; de este pasatiempo proviene la expresión francesa: violon d'Ingres (violín de Ingres).

Ingres murió a los ochenta y siete años. Está enterrado en el Cementerio de Père Lachaise, París. La ciudad de Montauban le dedicó un museo instalado en su taller: el Museo Ingres. Amaury Duval fue su primer alumno.


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Ingres - El baño turco, 1862, diam. 108 cm. Museo del Louvre.


Obra

Su obra se divide, esencialmente, en tres géneros:

   La pintura histórica, sobre todo a partir de su estancia en Italia. A modo de ejemplo, Juana de Arco en la coronación de Carlos VII (1854, Museo del Louvre, París). En estas obras Ingres continuó el estilo de David. La muerte de Leonardo da Vinci (1818, Petit Palais, París) es un ejemplo de este estilo trovador adoptado por Ingres dentro de este género. Otro ejemplo de esta época es La imposición del Toisón de Oro al duque de Berwick (Madrid, Palacio de Liria), única pintura suya conservada en España.

    Los retratos, aunque él consideró este género como menor durante su juventud. Ejemplos: el de Mademoiselle Caroline Rivière (1806, Louvre), el de Monsieur Bertin (1832, Louvre) o Madame Moitessier (1856) (Galería Nacional de Londres). Ingres se convirtió en el retratista refinado de la nobleza y la alta burguesía, que había accedido al poder durante la monarquía de julio.

    Los desnudos femeninos, de líneas sinuosas, dibujo exacto y pureza de formas. Algunas de sus obras más importantes son:
        - Su Gran bañista (llamada La bañista de Valpinçon,1808, Louvre), recuerda a los lienzos de David durante la Revolución; ofrece el torso de un desnudo femenino con un gran refinamiento de contornos y de colores, la mujer está iluminada por los reflejos difusos de la toalla y del turbante que limita con líneas arabescas. Esta bañista es la primera de una serie que realizará a lo largo de toda su carrera.
        - La gran odalisca (1814, Louvre), fue encargada como un medallón para la dormilona de Nápoles (1808, perdido). Representa a la mujer de un harén recostada voluptuosamente en un diván, con una pose que recuerda a Madame Récamier, de David, de la que Ingres pintó los accesorios. Es ejemplo del estilo orientalista de Ingres.
        - El baño turco (1862, Louvre), representa un grupo de mujeres desnudas en un harén.


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Tumba de Ingres en el Cementerio del Père-Lachaise de París. El busto fue elaborado por Jean-Marie Bonnassieux.


Posteridad

Ingres tuvo algunos discípulos directos, el más conocido Théodore Chassériau, pero su influencia se dejó sentir también entre los mejores impresionistas y Edgar Degas tenía más de veinte cuadros del pintor.

En el siglo XX, Pablo Picasso tomó para algunos de sus cuadros referencias de Ingres, en especial para La gran odalisca a partir de Ingres pintada en 1907. En otro estilo, Man Ray retomó el tema de los torsos desnudos en su Violón de Ingres (1920), fotografía de una modelo desnuda sobre la cual trazó las líneas del instrumento musical.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor extranjero, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.






Algunas obras


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Dominique Ingres - Autorretrato a los 24 años.


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Estudio académico de torso masculino, 1801, Museo Nacional de Varsovia. Obra de Dominique Ingres


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Los enviados de Agamenón, 1801, École des Beaux-Arts, París. Obra de Dominique Ingres


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Júpiter y Tetis es un cuadro de Jean Auguste Dominique Ingres. Pintado en Roma en 1811, se conserva en el Museo Granet de Aix en Provence. La obra fue criticada por su audaz composición. Adquirido el cuadro por el estado francés en 1834, François Marius Granet lo transfiere en depósito al museo de Aix-en-Provence, donde se encuentra desde entonces.

Ingres se inspiró en el relato mítico según lo narra Homero en el primer canto de la Ilíada:

    Tetis implora a Zeus en favor de su hijo Aquiles «ciñéndole con una mano las rodillas y rozando el mentón con la otra».

La nereida Tetis, atendiendo la demanda de su hijo Aquiles, suplica a Zeus, (dios griego del que es equivalente el romano Júpiter), el mayor de todos los dioses olímpicos, que haga vencer a los troyanos. Para obtener su favor, le recuerda la ocasión en que había sido encadenado por Hera, Poseidón y Atenea en un intento de derrocarlo, y que fue ella, Tetis, quien invocó entonces a Briareo y a los demás Hecatónquiros para que acudieran en su auxilo.

La obra. Zeus, representado en posición de majestad, con el águila que recuerda uno de sus atributos iconográficos a su izquierda, la nereida Tetis en posición sumisa y suplicando al dios, mientras su mano izquierda coge su barbilla. En la distancia, la esposa celosa de Zeus, Hera, observa la escena.


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Edipo y la Esfinge, 1864, 105.5 x 87 cm, Museo Walters. Obra de Dominique Ingres


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La Fuente (en francés, La Source), también conocido como El manantial, es un cuadro realizado por del pintor Jean Auguste Dominique Ingres en 1856 y es una obra propia del neoclasicismo. Sus dimensiones son de 163 × 80 cm. Se conserva en el Museo de Orsay.

Ingres estuvo retocando el cuadro durante 50 años y aun así no quedó satisfecho. En este óleo sobre lienzo se muestra a una mujer desnuda, que es una odalisca. Simboliza el nacimiento de los ríos, presenta un desnudo integral, que pese a la época no causó ningún escándalo, presenta un rostro inexpresivo, con una mirada perdida, que mira al infinito. En su mano izquierda hay un jarrón de el que sale un chorro de agua, que se divide en cuatro al chocar contra su mano. En el agua que hay en el suelo se ven reflejados los pies de la mujer.


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Ruggiero liberando a Angélica, 1819, 147 x 190 cm, Louvre, episodio del Orlando furioso de Ludovico Ariosto. Obra de Dominique Ingres


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Odalisca con esclava, 1842. Óleo sobre lienzo, 76 x 105 cm. Walters Art Museum. Baltimore. Obra de Dominique Ingres


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La bañista de Valpinçon. Óleo sobre lienzo, 146 × 97,5 cm. Museo del Louvre, París, Francia. Es un cuadro de Dominique Ingres.

La bañista de Valpinçon o La gran bañista es un cuadro del pintor francés Dominique Ingres. Data del año 1808 y se trata de un óleo sobre lienzo que mide 146 cm de alto por 97,5 cm de ancho. Se conserva actualmente en el Museo del Louvre de París, Francia. En francés se la llama La Grande Baigneuse, dite Valpinçon, aunque en el Louvre se la llama, simplemente, La Baigneuse.

Ingres cultivó el orientalismo sobre todo a través de sus numerosos desnudos femeninos, de líneas sinuosas, dibujo exacto y pureza de formas. Los cuadros orientalistas de Ingres están dominados por un sentido irreal del exotismo, propio del siglo XVIII. Estas bañistas presentan una belleza perfecta, con curvas sinuosas.

Esta bañista es la primera de una serie que realizará a lo largo de toda su carrera. Es un ejemplo de la pintura ejecutada por Ingres durante el período 1806-1820, en que estuvo instalado en Roma. Allí se entusiasmó con las antigüedades clásicas y los frescos de Rafael. Esta Gran bañista, lo mismo que François-Marius Granet (1807) y Madame Devauçay (1807), fueron aplaudidas por la crítica parisina.

La Gran bañista recuerda a los lienzos de Jacques-Louis David durante la Revolución.

La composición está dominada por la figura de la mujer desnuda, siendo mínima la escenificación: una cama cubierta por una sábana blanca y un cortinón verde oscuro a la izquierda.

El torso femenino está realizado con un gran refinamiento de contornos y de colores. La mujer está iluminada por los reflejos difusos de la toalla y del turbante que limita con líneas arabescas. La luz se concentra en la espalda de la mujer.

El atractivo radica sobre todo en la monumentalidad de la figura individual.

Presenta el ideal de belleza femenina de Ingres, a pesar de apreciarse algunas incorrecciones anatómicas, como la planta del pie hinchada, la excesiva delgadez de las piernas y la ausencia de caderas.

En cuanto al cromatismo, predominan los tonos cálidos de la piel de la mujer, que contrastan con el blanco puro de la sábana y el verde oscuro de la cortina.


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El baño turco, 1862, óleo sobre lienzo, diam. 108 cm. Museo del Louvre, París, Francia. Es un cuadro de Dominique Ingres.

Esta obra orientalista representa un grupo de mujeres desnudas en un harén. El erotismo del cuadro es suave y no provoca gran escándalo ni lo hizo en su época, a diferencia de otros del mismo género, como el Déjeuner sur l´herbe de Édouard Manet (1863). Pero durante mucho tiempo perteneció a colecciones privadas y no se exhibió de manera continuada hasta el siglo XX. Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre de París, Francia, donde se exhibe con el título de Le Bain turc. Está considerada como la obra maestra de los últimos años de Ingres.

Realización. Es ya un anciano el que firma el cuadro erótico en 1862, no sin una cierta malicia, ya que él lo inscribe con orgullo AETATIS LXXXII ('a la edad de ochenta y dos años'). Algunos años después (en 1867), Ingres declara:

    todo el fuego de un hombre de treinta años.

Rectangular en su origen, el pintor le dará forma de tondo o medallón en el año 1863, acentuando así el carácter furtivo de la mirada que lo contempla, que parece espiar a través de una cerradura y otorgando una nueva dimensión a la obra, reforzando la cadencia de los cuerpos desnudos.

Para realizar este cuadro Ingres no recurre a modelos; se inspira en los numerosos croquis y cuadros que ha pintado a lo largo de su carrera, ya que el desnudo femenino fue el tema principal de su obra. Se puede ver, por ejemplo, en las figuras de La bañista y La Odalisca, que dibujó o pintó solas, sobre un diván o un estanque. El primer plano está ocupado por una mujer vuelta de espaldas que está tocando una especie de laúd. Recuerda a la figura más conocida de Ingres: La bañista de Valpinçon, que reprodujo de forma casi idéntica, variando la posición del brazo, de manera que aquí al estar un poco levantado, deja entrever su seno. Constituye el elemento central de la composición. Igualmente, la odalisca con los brazos levantados que se ve en primer plano, fue producto de un croquis que hizo el pintor en 1818 y que representaba a su mujer (Madeleine). La espalda de esta mujer de los brazos levantados, es más larga de lo normal, incoherencia anatómica del artista que utilizaba con frecuencia y de manera absolutamente consciente, sacrificando la verosimilitud por el efecto; quiere pintar la belleza, su belleza, una belleza individual (por ejemplo las tres vértebras suplementarias de La Gran Odalisca). Los demás cuerpos están yuxtapuestos en diferentes planos, sin que se crucen sus miradas y como haciendo un cadencioso ritmo figurativo. Es de notar la curiosa osadía de Ingres al representar en este cuadro una escena de caricias lésbicas entre una de las mujeres (que aparece con corona como si acaso fuera la Valide Sultan) y otra que parece algo menor en edad. En realidad gran parte de esta composición pictórica parece gravitar en torno a ese tema; por ejemplo: la odalisca que tañe el laúd parece hacerlo dedicado a esas mujeres tal cual se observa en la pintura.

Ingres puebla el cuadro de una casi infinidad de mujeres, en posturas y actitudes distintas: estiradas, tomando café, charlando, bailando, etc.1 Son docenas de desnudas que están sentadas o tumbadas, alrededor de una piscina, sus posiciones recuerdan, acaso por casualidad, a las posturas de las figuras del templo hindú de Khajuraho, por ende existe una especie de ritmo con reminiscencias musicales en esta pintura y lejos está de ser fortuita tal apreciación: en el "primer plano" está la odalisca desnuda (que es la mujer que más iluminada aparece) tañendo al laúd y casi frente a ella pero muy al fondo y en la penumbra la mujer que danza. Muchas de estas bañistas acaban de salir del agua y se las ve secándose o durmiendo. El mayor erotismo del cuadro viene proporcionado por las dos mujeres que están a la derecha, una tocando el pecho de la que tiene a su lado.

En el primer plano, a la derecha, hay una manta roja y, sobre ella, una mesita con una serie de objetos. Forman un bodegón: una tetera plateada, una jarra de porcelana, una taza.

Posteridad. Este obra es un encargo hecho alrededor de 1848 por un pariente de Napoleón III (o del propio príncipe Napoleón, según la página web del Museo del Louvre, quien poco después de adquirirlo se lo devolvió al pintor, porque su mujer (la emperatriz Eugenia) lo encontraba «poco conveniente». El pintor siguió trabajando en su obra hasta 1863, incluso después de que él mismo lo datara en 1862.

En 1865 lo adquirió Halil Serif Pascha, llamado Khalil Bey, un diplomático turco que vivía en París, incorporándolo a su colección de cuadros eróticos, entre los que se hallaba El origen del mundo, de Gustave Courbet. A finales del siglo XIX unos mecenas quisieron regalar El baño turco al Museo del Louvre, pero el consejo del museo lo rechazó en dos ocasiones.

Sólo se reveló al gran público en 1905, con ocasión de la retrospectiva de Ingres en el Salón de Otoño, donde entusiasmó a pintores de vanguardia como Picasso.

Después de que lo intentaran comprar los coleccionistas nacionales de los museos de Múnich, el Louvre lo aceptó en sus colecciones en 1911.

Edgar Degas pidió que el cuadro se presentase en la Exposición Universal, lo que provocó diferentes reacciones: Paul Claudel llegó a compararlo a un «corro de gitanos».

La inspiración orientalista. Ingres estuvo muy influenciado por la corriente orientalista, relanzada después de la batalla de Egipto de Napoleón. En 1806, cuando Ingres va a Italia, copia en sus cuadernos un texto en el que se habla de los baños del serrallo de Mohamed. Se puede leer una descripción del harén en la que explica: sucede en una sala rodeada de sofás (…) en ella, varias mujeres atienden al sultán a la salida del baño, secándole y rociándole con las más perfumadas esencias; seguro que él disfrutaba de un voluptuoso reposo.

En 1825 Ingres copia un pasaje de Lettres d’Orient de Lady Mary Montagu, titulado Descripción del baño de las mujeres de Andrinopla. Lady Mary, esposa de un diplomático inglés, acompañó a su marido en 1716 cuando fue destinado al Imperio otomano. Estas cartas se reeditaron en Francia entre 1763 y 1857 en ocho ocasiones, lo que alimentó la fiebre orientalista. Yo creo que había unas doscientas mujeres, indica Lady Montagu en el pasaje copiado por Ingres. Bellas mujeres desnudas en poses diversas…unas conversando entre sí, otras dedicadas a su labor, otras bebiendo café o degustando un helado, y muchas tendidas indolentemente, mientras sus esclavas (en general encantadoras jóvenes de diecisiete o dieciocho años) se dedicaban a peinar sus cabellos a su capricho. La inspiración de este cuadro en la obra de Lady Montagu es evidente.

Sin embargo, así como Delacroix visitó un harén en Argelia, Ingres no viajó jamás a África o al Oriente Medio. Las cortesanas que él pinta tienen un color más europeo que oriental. El tema oriental es para él, ante todo, un pretexto para pintar el desnudo femenino en una pose pasiva y lasciva. Los elementos exóticos son raros en sus composiciones, e incluyen instrumentos de música, algunos juegos o un incensario.


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La gran odalisca, 1814. Óleo sobre lienzo, 91 × 162 cm. Museo del Louvre, París, Francia. Es un cuadro de Dominique Ingres.

Esta obra orientalista pintada en 1814 representa a una mujer desnuda. Se trata de un cuadro al óleo de forma apaisada, que mide 91 centímetros de alto y 162 de ancho. Actualmente se conserva en el Museo del Louvre de París, en Francia.

Este cuadro fue encargado por Carolina, hermana de Napoleón y reina de Nápoles, como un pendant, esto es, cuadro que forma pareja con otro, en este caso, otro desnudo. Se expuso en el Salón de París de 1819.

La palabra odalisca, del turco odalik, designa a una mujer del harén. Está recostada voluptuosamente en un diván, con una pose que recuerda a Madame Récamier, de Jacques-Louis David, de la que Ingres pintó los accesorios. Se retrata a la mujer vuelta de espaldas, pero girando la cabeza hacia el espectador.

Aparecen en la obra accesorios que le dan su toque oriental: el abanico, el turbante y la pipa. Con gran precisión refleja la textura de las telas.

Los críticos de la época resaltaron ciertos defectos, como el ser particularmente larga. En efecto, esta odalisca está dotada de tres vértebras suplementarias. El pintor es enteramente consciente de ello. Sacrifica la verosimilitud por el efecto y combina cinco modelos diferentes. Ingres desea pintar una belleza individualizada. Ha retomado aquí el estilo serpentino y el irreal alargamiento de los miembros propio del manierismo.

Debe señalarse que Ingres visitó Florencia y ya había descubierto las pinturas italianas. Se ve notablemente la influencia de Rafael en las curvas de esta obra y en la dulzura del rostro.

En cuanto al cromatismo, los críticos acusaron a Ingres de usar una gama cromática leve y monótona. No obstante, esa era una decisión consciente del pintor, que consigue un gran preciosismo a través del uso del azul en las cortinas, combinado con el rojo, el blanco y el dorado.


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El voto de Luis XIII. Es un cuadro del pintor francés Dominique Ingres de 1824. Óleo sobre lienzo, 421 x 262 cm. Catedral de Montauban.

En agosto de 1820 el Ministerio del Interior de Francia encargaba a Ingres un gran cuadro con el tema de El voto de Luis XIII, destinado a la decoración del crucero sur de la catedral de Montauban consagrada a la Asunción de la Virgen. Un año después empezó la imagen en Florencia, finalizándola en 1824 y exponiéndola con clamoroso éxito en el Salón de París de ese mismo año. Representa la consagración del reino de Francia que había hecho Luis XIII un 15 de agosto de 1638, el día de la Asunción de la Virgen. Así vemos al rey arrodillado, con su manto de armiño y terciopelo en el que aparecen bordadas las flores de lis -símbolo de la monarquía francesa- ofreciendo su corona y su cetro a la Virgen María, situada sobre un trono de nubes, sujetando al Niño Jesús. A los pies del altar aparecen dos angelitos sujetando una cartela. Ingres emplea una iluminación anaranjada para representar la aparición sobrenatural, recurso muy habitual en el Barroco. Dos ángeles abren unos gruesos cortinajes para poder contemplar a la Virgen, otorgando una mayor sensación de efectismo. La figura de María es un evidente homenaje a Rafael, recordando las tradicionales Madonnas del italiano. Debido al deseo de satisfacer a su cliente y de cosechar un sonoro éxito, Ingres se dedicó concienzudamente a preparar la obra, realizando numerosos dibujos de todos los elementos que la conforman, apreciándose la calidad de los detalles de los ropajes y resaltando el dibujismo característico del maestro francés.


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Cristo entrega las llaves a san Pedro, 1820. París Museo del Louvre, en dep. Museo de Ingres, Montauban. Obra de Dominique Ingres.


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La Virgen adorando la Sagrada Forma, 1854. Obra de Dominique Ingres.


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Jesús entre los doctores, 1862. Óleo sobre lienzo, 265 x 320 cm. Museo de Ingres, Montauban. Obra de Dominique Ingres.


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El martirio de san Sinforiano, 1834. Óleo sobre lienzo, 437 x 339 cm. Catedral de Saint-Lazare. Obra de Dominique Ingres.


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Juana de Arco en la coronación de Carlos VII. Es un cuadro del pintor francés Dominique Ingres. Data del año 1854 y se trata de un óleo sobre lienzo que mide 240 cm de alto por 178 cm de ancho. Se conserva actualmente en el Museo del Louvre de París, Francia.

Se trata de un cuadro perteneciente al género de la pintura histórica, que Ingres cultivó sobre todo a partir de su estancia en Italia. En este tipo de obras, Ingres procuraba seguir el estilo de su maestro, Jacques-Louis David, pudiendo enmarcarse en el llamado estilo trovador, esto es, un género de pintura histórica que evoca el pasado no clásico. Para este tipo de retratos antiguos, Ingres solía dibujas a un modelo viviente, desnudo, antes de vestirlo o de envolverlo con tejidos reales. Este cuadro, pintado al final de la vida el pintor, fue un encargo realizado en 1852 por el director de la Academia de Bellas Artes de Orléans para conmemorar a Santa Juana de Arco.

Ingres representa un asunto medieval: Juana de Arco, erguida con una bandera, en la coronación de Carlos VII en la catedral de Reims. Se presenta como una doncella victoriosa que alza los ojos al cielo indicando así de quién considera que es realmente la victoria. Detrás de ella se observa a tres pajes, el monje Jean Paquerel y un funcionario en el que Ingres se autorretrató, todos ellos reverenciando a la doncella. La escena se enmarca en un ambiente de lujo con objetos suntuosos y ricas telas que Ingres dibuja con precisión y a los que dota de colores brillantes


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La muerte de Leonardo da Vinci, obra de Ingres, 1818, óleo sobre tela, 40 x 50 cm, Petit Palais, París, cuadro representativo del estilo trovador. Obra de Dominique Ingres


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La imposición del Toisón de Oro al duque de Berwick (Madrid, Palacio de Liria), única pintura de Dominique Ingres conservada en España.


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Mademoiselle Caroline Rivière es un retrato obra del pintor francés Dominique Ingres. Data del año 1806 y se trata de un óleo sobre lienzo que mide 100 cm de alto por 70 cm de ancho. Se conserva actualmente en el Museo del Louvre de París, Francia.

Este cuadro pertenece al género del retrato. Aunque Ingres lo consideró durante su juventud un género menor, los cierto es que con el tiempo acabó convirtiéndose en el retratista refinado de la nobleza y la alta burguesía, que había accedido al poder durante la monarquía de julio.

Es uno de los retratos realizados por Ingres en la primera época de su carrera, cuando Ingres tenía que pintar retratos para ganarse la vida. Fue un encargo de tres retratos: además de Mademoiselle Rivière, Ingres pintó a Monsieur y Madame Rivière, todos en 1805-1806. Se expusieron en el Salón de 1806, y fueron criticados por considerarse arcaicos. La modelo fallecería meses después de hacerse el retrato, a los 15 años de edad.

La joven mira seria y despierta al espectador, mientras que insinúa una sonrisa con sus labios brillantes. La postura del cuerpo denota cierta rigidez. Viste un vestido blanco con un boa y guantes amarillos. Se enmarca en un paisaje de la Isla de Francia, brumoso, con el cielo azul claro, paisaje que parece armonizar con el estado de ánimo de la modelo.


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Madame Rivière, 1805. Obra de Dominique Ingres


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Monsieur Bertin. Este retrato de Monsieur Bertin es un cuadro de Dominique Ingres. Además de las obras orientalistas por la que es conocido principalmente Ingres, cultivó el retrato, como en este óleo que mide 116 centímetros de alto y 96 de ancho. Actualmente se conserva en el Museo del Louvre de París.

Louis-François Bertin era el director del Journal des Débats, un rico empresario editorial en la época de Luis Felipe. Ingres realiza en este cuadro el arquetipo del retrato burgués que influirá profundamente a los pintores académicos como Léon Bonnat, pero también a pintores modernos como Degas y Picasso. Es una de sus obras más célebres.

Encargado y adquirido por Bertin en 1832, fue legado a su hija Louise Bertin después de su muerte. Ella a su vez se lo lega a su sobrina Marie Bertin esposa de Jules Bapst director del Journal des débats. La última propietaria Cécile Bapst, su sobrina, vendió el retrato al Louvre en 1897.

El cuadro tiene un formato mediano, de 116 cm por 96 cm. Sobre un fondo marrón iluminado desde la derecha del cuadro, se destaca la silueta masiva de Bertin. Está retratado en tres cuartos sobre una silla cuyo brazo se ve.

Ingres lo representa de manera poco habitual, que en la época llegó a considerarse vulgar: con las manos, con los dedos abiertos, apoyadas en los muslos. No obstante, es esa postura decidida la que proporciona la clave de la personalidad del retratado, más que el rostro en sí.

La gama cromática es limitada: el negro de las vestiduras y el marrón oscuro del fondo. Viste una chaqueta y unos pantalones negros, con un chaleco marrón en satén sobre una camisa blanca cuyo cuello supera, y de un corbata del mismo color. Se percibe también un par de catalejos que sale del bolsillo derecho de los pantalones. De este entorno oscuro, destaca su rostro. Es un hombre envejecido, que tiene por entonces 66 años, ya que nació en 1766. Tiene el cabello gris claro casi blanco. El rostro presenta una expresión dura y observa directamente al espectador.

Puede verse, en la parte baja de la pared una decoración con un motivo griego, y el reflejo de una ventana sobre el brazo de la silla. En lo alto a la derecha está escrito L.F. BERTIN. En la esquina superior izquierda aparece la firma y fecha del cuadro: J.INGRES PINXIT 1832 .


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Napoleón en su trono imperial, 1806, óleo sobre lienzo, 259 x 162 cm, Museo del Ejército, París. Obra de Dominique Ingres


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Carlos X (1829). Obra de Dominique Ingres


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Marcotte d'Argenteuil, 1810, Galería Nacional de Arte. Obra de Dominique Ingres


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Conde Guriev, 1821. Óleo sobre lienzo, 107 x 86 cm. Hermitage. San Petersburgo. Obra de Dominique Ingres


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Retrato de Niccolò Paganini, 1819. Obra de Dominique Ingres


 21ingres_broglie

Louise de Broglie, condesa de Haussonville, 1845, óleo sobre lienzo, 131,8 x 92 cm, colección Frick, Nueva York. Obra de Dominique Ingres


 22ingres_mademoiselle_jeanne_suzanne_catherine_gonin

Mademoiselle Jeanne-Suzanne-Catherine Gonin, 1821, Museo de Arte Taft. Obra de Dominique Ingres


 23_jean_auguste_dominique_ingres_baronne_james_de_rothschild

Baronesa de Rothschild, 1848, Colección Rothschild, París. Obra de Dominique Ingres


 24_ingres_princess_albert_de_broglie

Princesa Albert de Broglie, nacida Joséphine-Eléonore-Marie-Pauline de Galard de Brassac de Béarn, 1853, Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Obra de Dominique Ingres


 25_dominique_ingres_mme_moitessier

Madame Moitessier, 1856, National Gallery de Londres. Obra de Dominique Ingres


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Madame Moitessier, 1851. Óleo sobre lienzo, 146,7 x 100,3 cm. National Gallery of Art. Washington. Obra de Dominique Ingres


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El sueño de Ossian, 1813. Óleo sobre lienzo, 348 × 275 cm. Musée Ingres. Montauban. Obra de Dominique Ingres


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La apoteosis de Homero, 1827. Óleo sobre lienzo, 386 x 512 cm. Museo del Louvre. París. Obra de Dominique Ingres


 29luigi_cherubini_con_la_musa_de_la_poes_a_l_rica

Luigi Cherubini con la Musa de la Poesía Lírica, 1842. Óleo sobre lienzo, 105 x 94 cm. Museo del Louvre. París. Obra de Dominique Ingres


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Rafael y la Fornarina, 1814. Óleo sobre lienzo, 68 x 55 cm. Fogg Art Museum. Obra de Dominique Ingres.

Ingres trató varias veces el tema de Rafael, su artista preferido, captado en la intimidad del taller con la Fornarina como su amante, sentada en su regazo. La apacibilidad de la escena era la misma que Ingres quería para sí, pues amó mucho a su propia esposa y sus discípulos le retrataron de similar guisa, en su propio estudio. Todas las veces en que Ingres pintó este tema mantuvo la disposición general de los elementos del lienzo. En esta variante, la muchacha no se apoya cariñosamente en su amado, sino que mira con viveza sonriente al espectador. Por la ventana abierta se ve un bonito paisaje de arquitecturas renacentistas. Los cuadros que se pueden ver en el taller del artista son el propio retrato inacabado de Fornarina, hacia el que mira el artista, y al fondo, la Madona de la Silla, que Ingres admiraba por encima de otros cuadros de Rafael. Por lo demás, el tema es muy similar a otros cuadros del pintor francés.


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Rafael y la Fornarina. 1840. Óleo sobre lienzo, 35 x 27 cm. Gallery of Fine Arts of Columbus. Obra de Dominique Ingres.




Ver 159 obras de Ingres en Artehistoria



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor francés Jean-Auguste-Dominique Ingres, más conocido como Dominique Ingres, (1780–1867), su estilo no es, en sentido estricto, neoclásico ni académico, sino un ferviente defensor del dibujo. Resulta a la vez clásico, romántico y realista. Ingres constituye un claro exponente del romanticismo en cuanto a los temas, el trazo abstracto y las tintas planas de intenso colorido. Algunas de sus obras se enmarcan en el llamado «Estilo trovador», inspirándose en el ideal estético griego y gótico, además de en las miniaturas de los libros de horas de Fouquet. Igualmente, es ejemplo de orientalismo, pues muchos de sus cuadros, especialmente desnudos femeninos, están dominados por un sentido irreal del exotismo propio del siglo XVIII.


Fuentes y Agradecimientos a: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, wga.hu, pintura.aut.org, artcyclopedia.com, cgfa.acropolisinc.com, epdlp.com, elrincondemisdesvarios.blogspot.com.es, artehistoria.com, elmundo, es.wahooart.com y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Miercoles, 02 Diciembre 2015, 22:17; editado 8 veces 
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Mensaje Re: INGRES 
 
J.Luis gracias por esta nueva galería de Ingres, me ha sorprendido gratamente este pintor para mi desconocido. La primera tanda de retratos es espectacular por su realismo en los detalles sobre todo de los vestidos, el colorido y la expresión de las caras.  

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste Dominique Ingres) 
 
Gracias xerbar, se me había pasado darte las gracias, me alegro te guste tanto este pintor francés. Ingres es una de las principales figuras del neoclasicismo. Por tanto no podía faltar en nuestra ya poblada galería.




 

Saludos.
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
Del 24 de noviembre de 2015 al 27 de marzo de 2016



Ingres en el Museo del Prado



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La Grande Odalisque, Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1814, Musée du Louvre.

La obra de Ingres, anclada en el academicismo sólo aparentemente, constituye sin duda un jalón esencial hacia las revoluciones artísticas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Descendiente de Rafael y de Poussin, su obra es a la vez anunciadora de Picasso y de las distorsiones anatómicas; inspirando la renovación de las escuelas europeas del siglo XIX, especialmente de la española.

La exposición organizada en el Museo del Prado en 2015, con la especial colaboración del Museo del Louvre, presentará un desarrollo cronológico preciso de la obra de Ingres, pero también atenderá de manera muy específica su compleja relación con el arte del retrato, construida a través del rechazo y de la admiración, y que se confrontará con su ambición constante por ser reconocido, en primer lugar, como un pintor de Historia.


museodelprado.es
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
‘La gran odalisca’ de Ingres ya deslumbra en el Museo del Prado


La obra se adelanta a la exposición que el museo dedicará al pintor francés con 60 piezas



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El cuadro 'La gran Odalisca', de Jean-August Dominique Ingres, en el Museo del Prado.

Bella como pocas pese a sus irregularidades, La gran odalisca pintada por Jean-Auguste- Dominique Ingres (1780-1867) cuelga ya en las paredes del Museo del Prado. Procedente del Museo del Louvre, este singular desnudo femenino forma parte de las 60 obras que integran la exposición Ingres, que se mostrará en Madrid desde el 24 de noviembre hasta el 27 de marzo de 2016. Será la primera gran muestra que se le dedique en España a uno de los pintores más influyentes y significativos del arte universal. Curiosamente, es un artista inexistente en las colecciones públicas españolas. Solo la Casa de Alba cuenta con un dibujo preparatorio de Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al mariscal de Berwick, fechado en 1817.

La llegada e instalación de La gran odalisca se escenificó en el museo justo después de que la Fundación AXA, empresa patrocinadora de la exposición, renovara su compromiso como benefactor de la pinacoteca durante los próximos cuatro años; una colaboración que comenzó en 1999 y durante la que se han podido ver exposiciones como Turner y los maestros, El último Rafael, Velázquez y la familia de Felipe IV o Goya en Madrid. Firmaron el acuerdo José Pedro Pérez Llorca, presidente del Patronato; Miguel Zugaza, director del museo; Jean Paul Rignault, presidente de la Fundación AXA, y Josep Alfonso, director de la entidad.

Pero la protagonista del día era La gran odalisca. Personificación de la sensualidad más pura o del placer más intenso, la mirada verde oscuro de esta jovencita atrapa la atención del espectador desde la parte central de un lienzo de 91 por 162 centímetros. Tocada con un turbante, la chica aparece recostada sobre un diván mostrando la parte posterior de su cuerpo en una contorsión imposible que solo se rompe con la inclusión de un abanico de plumas de avestruz y una pipa colocadas al final de sus muslos. De presentarla y dar a conocer su azarosa historia se ocupó Carlos González Navarro, comisario de la que será una de las exposiciones del año en España.

El cuadro fue pintado en 1814 por encargo de Carolina Murat, la hermana menor de Napoleón, para adornar su palacio napolitano junto a un desnudo frontal, titulado La bella durmiente, obra que se pierde cuando los Murat caen en Nápoles. “Es un desnudo singular”, explica el experto. “Porque frente a la representación platónica del desnudo, Ingres opta por la representación carnal. La diferencia de este desnudo frente a otros consiste en que esta odalisca es una perfecta representación de la sensualidad y el placer. Frente a los desnudos racionales, este es puramente pasional”.


El Salón de París

Un duro momento para esta bella trabajadora del harén fue cuando el artista decidió exponerla en el Salón de París en 1819. “Las reacciones fueron tremendas”, cuenta González Navarro. “Se tachó la obra de obscena. Y lo peor: de escasa precisión anatómica de la protagonista. Armados con un metro, midieron su espalda y concluyeron que tenía tres vértebras de más. Tuvo que ser Luis XVIII el encargado de zanjar el debate argumentando que la única imperfección de la obra estaba en la manera en la que el artista había firmado el cuadro, desbordando la parte inferior derecha”. El monarca intentó hacerse con el cuadro, pero se le adelantó un poderoso banquero de la época. Se sabe que el siguiente propietario fue un aristócrata que la guardaba en su dormitorio cubierta con una tela, pero que pese a su amor por la pintura, acabó vendiéndola al Louvre a través de un marchante. En 1907 pasó a formar parte de la sala de los desnudos del museo y fue colgada junto a otra dama no menos bella y escandalosa: la Olympia de Édouard Manet.

Desde entonces, esta odalisca ha salido de su lugar privilegiado del Louvre en contadas ocasiones. Dos veces, para ser protegida durante la I y la II Guerra Mundial. En 2003 viajó a Roma para una exposición y hasta el 27 de marzo se quedará en Madrid.

A lo largo de estos días irán llegando los cuadros que formarán una exposición ordenada de manera cronológica y temática. Además de la colaboración especial del Louvre y del museo Ingres de Mountauban, ciudad natal del artista, hay préstamos de colecciones públicas y privadas belgas, inglesas, italianas y estadounidenses. Los retratos ocuparán una parte esencial del recorrido, con obras tan conocidos como Monsieur Bertin, La condesa de Haussonville o Napoleón I en el Trono Imperial. Los desnudos formarán otro importante capítulo, ya que además de La gran Odalisca, se expondrá El baño turco.


elpais.com
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
Los mejores desnudos femeninos de la historia del arte


De Botticelli a Juergen Teller, los ejemplos más revolucionarios del campo de batalla definitivo del arte: el cuerpo de una mujer



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Tiziano - Venus recreándose con el Amor y la Música o Venus con organista y Cupido, h. 1555, óleo sobre lienzo, 150,2 x 218,2 cm. Museo del Prado.

Desde la Venus paleolítica hasta Miley Cyrus, el cuerpo de la mujer viene siendo utilizado como un gran campo de batalla cultural. En la representación del desnudo femenino se juega la partida sobre lo permitido y lo prohibido, lo deseable y lo abominable, el poder, la culpa, lo divino o la libertad. “En el arte occidental el principal protagonista nunca aparece en el cuadro. Ese protagonista es el espectador de la pintura, es un hombre y todo va dirigido a él. En función suya las figuras han asumido su desnudez”, nos recuerda John Berger en su ensayo Modos de ver.

Ya sea en la deslumbrante Venus de Urbino, pasando por la sensualidad de la Odalisca de Ingres, la franqueza de la Olympia de Manet, o los contraataques de las Guerrilla Girls, el desnudo femenino ha inspirado, embelesado y enrabietado según con quién se encontrara en frente. En Icon te proponemos 10 ejemplos de este juego de definiciones y redefiniciones.

 
Francisco de Goya – La maja desnuda (1795 y 1800)


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Con la maja de Goya pasó algo muy parecido a que le pasa ahora a la industria musical con el twerking. Se llamaban majas a las mujeres de las clases populares madrileñas que en el siglo XVIII alardeaban de una cierta libertad de costumbres y que además se movían y hablaban con un particular desparpajo y chulería. Este estereotipo se puso de moda entre las mujeres de la clase alta madrileña que también quisieron ser, o más bien jugar a ser, majas. Tanto que algunos piensan que Goya representó desnuda a una mujer disfrazada. Quizá la duquesa de Alba o quizá la amante de Godoy, que fue quién compró el cuadro.


Pablo Picasso – Desnudo, hojas verdes y busto (1932)


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Picasso representa a su amante, Marie-Thérèse Walter, como una nube violácea. Como una constelación de curvas encerrada en este cuadro estático: como parte de la naturaleza. Más aún, es reducida al estatus de un objeto más en el escenario de una naturaleza muerta. Un objeto para el disfrute del hombre, del artista. Picasso, el bestial minotauro, puso su propia sexualidad en cada uno de los pigmentos de este cuadro.
Hannah Wilke – S.O.S. Starification Object Series (Back) (1974)

Wilke se exhibe a sí misma hecha un “objeto estrellificado”, un cuerpo marcado por el estigma del voyerismo. Bajo su piel parecen brotar pequeñas y oníricas vaginas, como una reacción alérgica a la mirada de los demás. Esta perspectiva feminista da la vuelta a la tradición antigua del desnudo en el arte como una suerte de embudo invertido, un desde-adentro-para-fuera que expulsa el dolor que produce sentirse permanentemente observada.


Manet – L'Olympia (1863)


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Cuando esta obra se empezó a exponer en su época, tuvieron que instalar dos guardias jurados a cada lado para protegerla y evitar que fuera asaltada. Manet pintó a una prostituta según él las veía en las postales pornográficas que hacían publicidad de los burdeles franceses a mitad del siglo XIX. La academia le reprochaba lo mismo que hacia años, cuando el Almuerzo campestre: ignorancia de la técnica y vulgaridad inconcebible. Esta Venus naturalista y de vientre amarillo no representa el cuerpo clásico, su mirada es fría yprovocadora. Está esperando a su cliente y durante la espera muestra su cuerpo, henchida, orgullosa.


Tiziano – Venus de Urbino (1536-38)


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Tiziano es para muchos el gran maestro del desnudo femenino. Su deslumbrante Venus es una amante alejada ya del ideal neoplatónico y virginal. Toda su belleza permanece aún recostada de un modo dulce pero su mirada cómplice y vanidosa se dirige al espectador, que la observa en su lujosa y elegante habitación veneciana. Probablemente las mismas instancias del matrimonio de aristócratas a quién se regalaban este tipo de cuadros para que ayudaran a nacer a criaturas sanas, bellas y fuertes.
Juergen Teller – Vivienne Westwood (2013)

El alemán Juergen Teller fotografió en 2009 a Vivienne Westwood desnuda sobre un sofá tapizado al estilo Versalles y unos cojines satinados naranjas. La diseñadora tenía 68 años. Y los suyos fueron, según el crítico Alastair Sooke, “los desnudos más creativos e ingeniosos que se han creado en años”.


Praxíteles – Venus Capitolina (copia de la original del s. IV a.C.)


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Venus Capitolina (s. II-I aC). Mus. Capitolinos, Roma Copia helenística de un original del 300 a.C. aprox. Este tipo es conocido como Afrodita púdica.

Praxíteles creó las primeras figuras femeninas desnudas a tamaño natural. En una de sus muchas obras maestras, que se conservan a través de copias romanas posteriores, retrata a la diosa Venus desnuda en una postura que los antiguos griegos consideraban profundamente provocativa. Tanto que más de un griego, envalentonado después de las fiestas dionisiacas, intentó copular con la estatua.

En esta versión alternativa, Praxiteles le da a la Venus una postura más decorosa. Aún desnuda, se intenta tapar pudorosamente, en una llamada de atención ante la sexualidad y sus peligros.


Botticelli – El nacimiento de Venus (1484)


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Botticelli recuperó a la diosa del amor en el primer Renacimiento, retratándola de un modo refinado y armonioso a la manera de las primeras figuras de Praxiteles. No quería excitar, no apelaba a la sensualidad moderna, sino a la sabiduría antigua. Según Platón y sus seguidores, la contemplación de la belleza física puede transportar a la mente hacia la verdad divina. Lo bello y lo bueno. La Venus de Botticelli no es un objeto sexual. Es una maestra de la iluminación espiritual. La suya es una belleza que cura al mundo.


Velázquez – La Venus de espejo (1647-51)


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En 1914 una sufragista británica acuchilló con saña este lienzo de Velazquez al considerarlo otra muestra del sometimiento de la mujer en el arte. Pero aquí no se trata ya de un modelo arquetípico de belleza. Estamos en el Barroco y Velázquez va más allá de la representación mitológica. Se deforman los cánones de hermosura, fealdad, gracia o torpeza. Esta Venus está de espaldas y se mira en un espejo que refleja una imagen desproporcionada, difumina la silueta de su rostro y lo reduce a unas cuantas manchas.


Ingres – La gran odalisca (1814)


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Tan insinuante desnudo está dedicado a los ojos de un sultán imaginario. El perfume de fantasía orientalista se lanza sobre el espectador iniciando el gusto del Romanticismo por los placeres sensuales y exóticos. Ingres hace su Odalisca de una voluptuosidad casi surrealista, de pronunciado escorzo y con la luz dorada de un idealizado harén.


Guerrilla Girls – Do women have to be naked to get into the Met Museum? (1989)


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Las Guerrilla Girls colocan una cabeza de mono a uno de los mayores ejemplos de cosificación femenina en el arte, la Odalisca de Ingres, ¿Tienen que estar las mujeres desnudas para entrar al Metropolitan Museum de Nueva York?, se preguntaba este colectivo feminista en los años ochentena aludiendo a que menos del 5% de los artistas contemporáneos en ese museo son mujeres, mientras que el 85% de los desnudos son femeninos.


Egon Schiele – Desnudo femenino (1910)


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Schiele estaba obsesionado por el cuerpo desnudo y lo dibujó hasta la saciedad y desde todos los ángulos posibles. Mientras que las mujeres de su mentor, Gustav Klimt, son atractivas aún hoy en día –elegantes, jóvenes sanas y sensuales– las de su pupilo son cuerpos dislocados y contraídos, figuras casi enfermizas. Era la Viena de principios del siglo XX, Freud acababa de subir la persiana de subconsciente y los artistas modernos buceaban por las cavidades del hombre. Schiele arremete contra el pudor burgués, afronta directamente la sexualidad pintando el vello púbico y explora todas las posibilidades de la expresión corporal, más allá del canon clásico de belleza.



Hay otros listados de otras fuentes que en algunas obras coinciden y otras no, entre todas las visitadas añadiré otras obras que son de mi gusto.

Afrodita (en griego antiguo Ἀφροδίτη) es, en la mitología griega, la diosa del amor, la lujuria, la belleza, la sexualidad y la reproducción. Aunque a menudo se alude a ella en la cultura moderna como «la diosa del amor», es importante señalar que normalmente no era el amor en el sentido religioso o romántico, sino específicamente Eros (atracción física o sexual). Su equivalente romana es la diosa Venus.

Venus se convirtió en un tema popular en la pintura y escultura del Renacimiento europeo. Como una figura «clásica» cuyo estado natural era la desnudez, era socialmente aceptable representarla sin ropas. Como la diosa de la salud sexual, estaba justificado cierto grado de belleza erótica en sus retratos, que resultaba atractivo para muchos artistas y sus mecenas. Con el tiempo, «venus» llegó a aludir a cualquier representación artística de una mujer desnuda en el arte posclásico, incluso si no había indicios de que se tratase de la diosa.


 18_tiziano_venus_recre_ndose_en_la_m_sica_o_venus_y_el_organista

Tiziano - Venus recreándose en la Música. Hacia 1550. Óleo sobre lienzo, 138 x 222,4 cm. Museo del Prado.


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Tiziano - Dánae recibiendo la lluvia de oro, h. 1560-65. Óleo sobre lienzo, 129,8 x 181,2 cm. Museo del Prado.


 15tiziano_venus_y_adonis_1554_oleo_sobre_lienzo_186_x_207_cm_madrid_museo_del_prado

Tiziano - Venus y Adonis, 1554. Oleo sobre lienzo, 186 x 207 cm. Madrid, Museo del Prado.


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Tiziano - Amor sacro y amor profano, h. 1515-16. Óleo sobre lienzo. 118 × 279 cm. Galería Borghese, Roma


 14verones_venus_y_adonis_1580_leo_sobre_lienzo_162_191_cm_museo_del_prado

Verones - Venus y Adonis, 1580. Óleo sobre lienzo, 162 × 191 cm. Museo del Prado.


 16venus_y_marte_botticelli

Botticelli - Venus y Marte. 1483. Temple y óleo sobre tabla, 69 × 173 cm. National Gallery, Londres


 9las_tres_gracias_dibujo_rafael

Rafael - Las tres gracias, dibujo


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Rafael - Las tres gracias, 1504-05. Óleo sobre tabla, 17 × 17 cm. Museo Condé, Chantilly. Francia.


 8_jacopo_robusti_called_tintoretto_susanna_and_the_elders_google_art_project

Tintoretto - Susana y los viejos, 1555-56, óleo sobre lienzo, 147 × 194 cm. Museo de Historia del Arte, Viena. Austria


 8jacopo_tintoretto_venus_vulcano_y_marte_c_1555_alte_pinakothek_m_nich

Tintoretto - Venus, Vulcano y Marte, h. 1555. Alte Pinakothek, Múnich.


 8jacopo_tintoretto_018

Tintoretto - José y la mujer de Putifar, 1555. Óleo sobre lienzo, 54 × 117 cm. Museo del Prado.


 8danae_tintoretto_mba_lyon

Tintoretto - Dánae, 1570. Museo de Bellas Artes de Lyon.


 6botticelli_primavera

Botticelli - La primavera, 1477-78. Temple sobre tabla, 203 × 314 cm. Galería Uffizi, Florencia.


 7v_nus_et_l_amour_d_couverts_par_un_satyre_corr_ge_louvre_inv_42_02

Correggio (Antonio Allegri) - Venus y Amor descubiertos por un sátiro, h. 1524-1525. Óleo sobre lienzo, 188 × 125 cm. Museo del Louvre, París


 7correggio_061

Correggio (Antonio Allegri) - La escuela del amor, o Venus, Mercurio y Amor, h. 1525, lienzo, 155 × 92 cm, National Gallery de Londres.


 8giorgione_sleeping_venus_google_art_project_2

Giorgione (Giorgio Barbarelli da Castelfranco) - El sueño de Venus o Venus dormida, h. 1507-10. Óleo sobre lienzo, 108,5 × 175 cm. Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde. Alemania


 6bronzino_alegor_a_del_triunfo_de_venus_angelo

Bronzino - Alegoría del triunfo de Venus Angelo, h. 1540-50. Óleo sobre tabla, 116 × 146 cm. National Gallery, Londres.


 12_the_three_graces_by_peter_paul_rubens_from_prado_in_google_earth

Rubens - Las tres Gracias, 1636-1639. Óleo sobre tabla, 221 × 181 cm. Museo del Prado


 11peter_paul_rubens_1577_1640_peace_and_war_1629

Rubens - Minerva protege a Pax de Marte o Alegoría de la Paz y la Guerra, 1629. National Gallery de Londres.


 10peter_paul_rubens_the_death_of_adonis_ca_1614_the_israel_museum_jerusalem

Rubens - La muerte de Adonis, h. 1614. The Israel Museum, Jerusalem. Israel


 9rapto_de_las_hijas_de_leucipo_1616_alte_pinakothek_m_nich_leo_sobre_tabla_222_cm_209_cm

Rubens - Rapto de las hijas de Leucipo, 1616. Óleo sobre tabla, 222 × 209 cm. Alte Pinakothek, Múnich     


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Rubens - El juicio de Paris, 1639, óleo sobre lienzo, 199 × 379 cm. Museo del Prado.


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Rubens - El nacimiento de la Vía Láctea, 1636. Óleo sobre lienzo, 181 × 244 cm. Museo del Prado.


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Rubens - El desembarco de María de Médicis en el puerto de Marsella, 1621-25. Óleo sobre tela, 394 × 295 cm. Museo del Louvre, Paris.


 8joachem_wtewael_venus_y_marte_sorprendidos_por_vulcano_mauritshuis_de_la_haya

Joachem Wtewael - Venus y Marte sorprendidos por Vulcano, 1601. Pintura sobre cobre, 21 × 15,5 cm. Mauritshuis, La Haya. Países Bajos


 8jacques_louis_davidmarte_desarmado_por_venus_y_las_gracias

Gerard David - Marte desarmado por Venus y las Grcias, 1824. Óleo sobre tabla, 308 × 265 cm. Museos reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas.


 5william_adolphe_bouguereau_1825_1905_the_birth_of_venus_1879

Bouguereau - Nacimiento de Venus, 1879. Pintura al óleo, 300 × 218 cm. Museo de Orsay, París.


 5_william_adolphe_bouguereau_1825_1905_biblis_1884

Bouguereau - Biblis, 1884, óleo sobre lienzo, 79 x 48 cm. Private Collection.


 12cupido_desatando_el_lazo_de_venus_reynolds_joshua

Reynolds Joshua - Cupido desatando el lazo de Venus, 1788. Óleo sobre lienzo, 127,5 × 101 cm. Museo del Hermitage, San Petersburgo.


 8at_low_tide_1447329587_426637

Edward Poynter - At Low Tide, 1914.


 8edward_john_poynter_diadumenc3a8

Edward Poynter - Diadumene, 1884.


 8_edward_john_poynter_cave_of_the_storm_nymphs

Edward Poynter - Cave of the Storm Nymphs (Gruta de las ninfas de la tempestad), 1903, óleo sobre lienzo, 145.9 x 110.4 cm. Colecciçon privada. Obra de Edward Poynter


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Edward Poynter - Andrómeda, 1869. Óleo sobre lienzo, 49.53 × 33. Colección privada (colección de Pérez Simón)


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Alexandre Cabanel - El nacimiento de Venus, 1863. Pintura al óleo, 225 × 130 cm. Museo de Orsay, París.


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Le tre Grazie - copia romana antica di un originale ellenistico (IV-II secolo a.C.). Siena, Duomo, Libreria Piccolomini.


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Anónimo - Venus Esquilina. Mármol, c. 50 d. C. (Museos Capitolinos, Roma).


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Laurent Delvaux - Byblis and Caunus, 1734, Bode Museum.



Fuentes y agradecimientos: elpais.com / museodelprado.es / euclides59.wordpress.com / es.wikipedia.org/ pinterest.com / flickr.com
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
Ingres, un vanguardista en el siglo XIX


El Prado se abre a un grande de la historia de la pintura que, sin embargo, no tiene obras en las colecciones públicas españolas

Ejerció su influjo en artistas como Picasso, Matisse o Dalí




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En primer término, estudio para 'Ruggiero libera a Angélica' (1819), en una de las salas donde se despliega la antológica que el Prado dedica a Ingres.

Solo por sus retratos, Jean-Auguste-Dominique Ingres (Montauban, 1780 — París, 1867) habría ocupado un lugar privilegiado en el podio del arte. Pero él fue mucho más que el retratista de odaliscas fascinantes, mujeres en el baño turco y personajes de la alta sociedad. Considerado como el último gran discípulo de Rafael, Ingres es la gran figura de la pintura del XIX y fecundador de las vanguardias del siglo XX a través de las obras de Picasso, Matisse, Picabia, Dalí o Man Ray.

Ausente en las colecciones públicas españolas (solo la Casa de Alba posee la pintura Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al mariscal de Berwick), la exposición que el martes abrirá sus puertas al público en el Prado es un acontecimiento en el que han participado el Louvre y el Museo Ingres de Montauban, su localidad natal, heredero de su legado. La exposición reúne 60 obras esenciales en su prolífica carrera (murió con 86 años) y permanecerá abierta hasta el 27 de marzo. Patrocinada por la Fundación AXA, será inaugurada oficialmente el próximo lunes por la reina Letizia.

Miguel Zugaza, director del museo, quiso ayer que la presentación a la prensa fuera un homenaje a Francia por los terribles atentados ocurridos hace una semana. Justo en estos días de luto han viajado desde París la mayor parte de los cuadros que integran la exposición, sin que se registrara ningún problema. "Agradecemos la generosidad de los museos prestadores, el Louvre y el Ingres de Montauban", dijo Zugaza, "en la figura de un artista que lo es todo para la historia del arte de Francia y de toda Europa y que, además, tuvo una notable influencia en un grupo de artistas españoles. Autor de los episodios más bellos de toda la pintura del XIX, encarna una de las personalidades más universales del gran país que es Francia".

La exposición, comisariada por Vincent Pomarède, director del departamento de pintura del Louvre en colaboración con Carlos González Navarro, conservador de El Prado, está organizada por orden cronológico a través de los retratos esenciales del artista. Lienzos y dibujos se alternan en las paredes para incidir en la extraordinaria calidad de Ingres como dibujante. "En su impulso romántico por la búsqueda de la belleza ideal", explica González Navarro, "sumó su fascinación por el pasado clásico a su fascinación por el arte de Rafael. Engrandeció el retrato, el desnudo y la pintura de historia. Sus extraordinarias dotes como dibujante le llevaron a la cúspide de esta disciplina y mostraron su inagotable búsqueda de la perfección".

Vincent Pomarède eligió 30 imágenes para desgranar la obra de Ingres y para detallar su concepto de la exposición. Para empezar, posó su mirada sobre el autorretrato que cierra la muestra, realizado cuando el artista tenía 78 años, prestado por la Galería de los Uffizi.
Para la primera parte, Pomarède ha escogido los desnudos más académicos de Ingres. "Como pintor se formó con su padre y con Jacques-Louis David. Con estos primeros desnudos perseguía el premio de la Academia de Roma, algo que logró y que le convirtió muy pronto en un artista muy solicitado".

Ese éxito temprano hizo que fuera muy criticado en el ambiente artístico y que a raíz del gran retrato de Napoleón Bonaparte vestido de emperador, aquellas críticas arreciaran entre sus colegas. Pero su carrera como retratista no paró por esos desprecios públicos, ni mucho menos. Próximos al Napoleón cuelgan dos retratos deslumbrantes: El señor Bertin, periodista escritor y coleccionista, y La Condesa de Haussonville, prestada por la Frick Collection de Nueva York.

Para el experto francés, una de las obras más significativas del afán renovador de Ingres es Edipo y la esfinge (1808), un óleo neoclásico en el que el desnudo masculino retoma los modelos griegos en un insuperable juego de luces.


Retratos de grandes damas


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Retrato de Madame de Moitessier, propiedad de la National Gallery de Londres.


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Este cuadro, y el de la imagen anterior, son ejemplos de la fortuna como retratista de la alta sociedad de su tiempo de Ingres. A la izquierda, 'La condesa de Hayssonville', llegada a la exposición en el Prado desde la Frick Collection de Nueva York. En la imagen anterior, Retrato de Madame de Moitessier, propiedad de la National Gallery de Londres.


Los desnudos femeninos


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Una de las piezas estrella de la muestra será 'La gran odalisca' (1814), que llega del Museo del Louvre.

Sus grandiosos desnudos femeninos ocupan la parte central del recorrido. Allí está con todo su esplendor La gran odalisca (1814) con sus tres vértebras de más para conseguir un movimiento corporal insólito hasta entonces, una de las obras más influyentes de la pintura moderna; Ruggiero libera a Angélica (1819), que se considera el paradigma del erotismo contemporáneo, o Baño turco (1862), tela en la que el pintor plasma su pasión por la repetición y exalta las curvas femeninas. Explica Pomarède: "Esta obra es pura música en su sucesión de curvas. Ingres pinta el cuerpo femenino en todos los estados y posiciones con un elegante aura erótica. No es de extrañar que su contemplación perturbara el concepto de arte de muchos grandes artistas del siglo XX, entre ellos, Pablo Picasso".


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El femenino cautivo. 'Ruggiero liberando a Angélica', llegada del Louvre, es una de las pinturas más eróticas de Ingres.



El DNI de un genio del arte


Jean-Auguste Dominique Ingres nace en la localidad francesa de Montauban el 29 de agosto de 1780 y muere en París el 14 de enero de 1867.

En 1796 se instala en París. Allí empieza su formación bajo la tutela del maestro Jacques-Louis David.

En 1806 viaja a Roma, donde permanecerá 18 años. Descubre la pintura de Rafael y el Quattrocento italiano.

Cultivó, desde parámetros cercanos al romanticismo, el retrato, el desnudo femenino y la pintura orientalista, entre otros temas y géneros.

<Obras clave: 'La gran odalisca', 'Retrato de Louis-François Bertin', 'Napoleón I en su trono imperial', 'El baño turco', 'La fuente', 'Júpiter y Tetis'...


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'Retrato de Louis-François Bertin', 1832. Museo del Louvre.



Fuente: elpais.com
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
Ingres. Museo del Prado. Madrid. Del 24 de noviembre al 27 de marzo de 2016.



Ingres de todos los tiempos


Una retrospectiva del pintor francés llega por primera vez al Museo del Prado.

Sus obras perviven en artistas como Michael Jackson, Picasso, Man Ray, Cindy Sherman o Godard





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La obra de Ingres ha cruzado fronteras y siglos. Un claro ejemplo es el retrato de 'mademoiselle' Rivière, una dama representada a la moda de la época, con el exquisito cuidado que ponía el pintor en la pintura de los tejidos y de los complementos. Era una artista interesado y seguidor de la moda y sus retratos son catálogos de vestidos y adornos, sobre todo femeninos. El colombiano Fernando Botero, pinta a Caroline Rivière siguiendo su estilo (en el centro) y Robert Wilson, escenógrafo y artista estadounidense, lleva a Lady Gaga al Museo del Louvre con un vídeo en el que aparece la cantante como si del retrato de Ingres se tratara (a la derecha de la imagen).

Muchos transeúntes tendrán la seguridad de haber visto ese rostro antes, aunque desconozcan el nombre de su autor. Las creaciones de Ingres forman parte del imaginario colectivo. La cabeza girada de La gran Odalisca, buscando la mirada de quien la observa, será uno de los reclamos publicitarios de la retrospectiva que realiza el Museo del Prado sobre Jean-Auguste-Dominique Ingres (Montauban, 1780-París, 1867), que se abrirá al público el próximo martes. Ya lo dice Florence Viguier-Dutheil, directora del Museo Ingres de Montauban: “Ingres es inactual”. Gracias a esa atemporalidad, a mimetizarse y camuflarse en cada época, el pintor ha viajado del siglo XIX al XXI dejando su impronta en distintas obras y autores. Su próxima parada es la pinacoteca madrileña, donde se instalará hasta el 27 de marzo.

La gran Odalisca ­—como señalan las Guerrilla Girls— entró desnuda al Prado, no podía ser de otra manera. Esta, una de las obras más reconocibles y versionadas del pintor francés, espera desde el 11 de noviembre colgada de una de las paredes grises de las salas de exposiciones temporales. Es una de las contadísimas ocasiones en las que ha salido del Museo del Louvre y la primera que viene a España. Tristes días para que una parisiense de pro no esté acompañando a sus vecinos. Es una imagen emblemática, no solo de su autor, también de toda la historia de la pintura. Ingres representa su ideal de mujer desnuda, sin argumentos mitológicos o literarios que lo justifiquen, por placer, sin orden en los elementos que lo conforman y con una dimensión erótica remarcada por la sinuosidad de la curva de su larguísima espalda. Las acusaciones de falta de precisión anatómica fueron tales que se llegó a decir que tenía tres vértebras de más. Este óleo ha dado mucho juego a lo largo de su historia, desde una caricatura que realizó su coetáneo Delacroix a la imagen del grupo de artistas feministas Guerrilla Girls. Organización, nacida en la década de los ochenta, que denuncia la escasísima representación de creadoras en los museos y el gran agravio que hay si se compara con el de mujeres representadas.

¿Sería Picasso quien es sin beber de la fuente de Ingres? El malagueño toma el desorden de sus desnudos como uno de los elementos con los que conforma el cubismo. La generación siguiente a la del neoclásico francés no se entiende sin su presencia. Es difícil imaginar las escenas de toilette de Degas sin los harenes de Ingres.

Según Andrew Carrington Shelton, autor de numerosa bibliografía sobre Ingres y profesor de Historia del Arte de la Universidad de Ohio, el pintor neoclásico “resultó ser una mina para las travesuras pictóricas de los surrealistas y dadaístas”. Así, una de las reinterpretaciones con más trascendencia es la fotografía de Man Ray, El violín de Ingres, tomando como modelo La bañista de Valpinçon y uniéndola a la faceta musical del pintor. Era violinista, su violín se conserva en el museo de Montauban. En 1990, otro fotógrafo norteamericano, Joël Peter Witkin, volvió a esta bañista. Al contrario que la imagen de Man Ray, esta es cruel ya que las eses del instrumento son dos heridas de las alas y la libertad arrancadas de la Mujer que fue pájaro.

La fotografía fue la primera de las nuevas artes que tuvo en cuenta la figura de Ingres ­­­—el montabanés también a ella, en su archivo conserva centenares— pero no la única. Algunos de los maestros del cine y la música del siglo pasado no pueden construir imágenes sin hacerle homenajes. Así, Jean-Luc Godard no solo hace correr a los protagonistas de Banda aparte (1964) por el Louvre, escena que homenajeará Bernardo Bertolucci en Soñadores (2003), sino que las bañistas vuelven a ser imagen recurrente, esta vez como cartel de su película Pasión (1982).

La música tampoco le ha dejado escapar. Michael Jackson utiliza en la carátula de su álbum Dangerous (1991) otra de las imágenes que encumbró al pintor francés, el retrato de Napoleón I en su trono imperial. Del Rey del pop a una de las reinas de los escenarios del siglo XXI, Lady Gaga, que en 2013 entró en el Museo del Louvre de la mano del polifacético artista Robert Wilson que creó un vídeo en el que ella estaba representada como si de Mademoiselle Rivière se tratara, imagen harto repetida desde 1806, cuando Ingres retrató a Caroline Rivière. Ese vestido de corte imperio, la estola de piel y los guantes marrones han sido también usados en obras de Marcel Broodthaers y del artista colombiano Fernando Botero, entre otros muchos.

El retrato es otro de los géneros en los que destacó Ingres. El pintor no solo fomenta la entrada de mujeres desnudas en los museos. El cuidado y el detalle con el que representa los tejidos, las texturas, los detalles de los adornos, es también marca de la casa. La mujer bella de esta época es la que tiene la voluntad de serlo, la que se arregla conscientemente para lograrlo. Con esta idea trabaja Cindy Sherman cuando se inmortaliza a la manera ingresca en 1989.

La lista de artistas que se han visto influidos o que han homenajeado al pintor montabanés es innumerable: Saura, Bacon, Hockney, siempre Picasso, que repite durante toda su carrera sus motivos. Ingres ha traído a las artes de este siglo su pintura del siglo XIX y no solo dentro de los museos el artista urbano Space Invader reprodujo La fuente en la calle del pueblo natal del pintor donde se encuentra su museo.



Ingres. Viajero atemporal


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La influencia de Ingres en Picasso es incuestionable, los ejemplos son multitud. En la imagen dos hitos de la historia del arte: a la izquierda, 'El baño turco' de Ingres; a la derecha, 'Las señoritas de Avignon', pintadas cuarenta años después, en 1907, por Picasso.


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A la izquierda, 'Madame Moitessier' de Jean-Auguste-Dominique Ingres. La alta sociedad parisiense quería ser retratada por el pintor, él hacía una exhaustiva selección, buscaba una belleza que retrotrajera a lo clásico. A la izquierda, la fotógrafa estadounidense Cindy Sherman se retrata a la manera ingresca en 1989.


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Ingres realizó multitud de bocetos y dibujos para realizar sus bañistas e interiores de harénes, a la izquierda, el que está en la retrospectiva del Museo del Prado pintado en 1828. Esta imagen servirá de modelo posterior para pintores y fotógrafos de todas las épocas. A la derecha, una escena de 'toilette' de Edgas Degas en torno a 1888.


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A la izquierda, la fotografía de Man Ray, 'El violín de Ingres' (1924), no puede ser más clara la alusión al pintor neoclásico, haciendo referencia, además, a la faceta de violinista de Ingres. A la derecha, una obra de 1945 del Dalí, que tuvo en el montabanés a una de sus fuentes de inspiración.


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En esta imagen se pueden observar dos obras del último cuarto del siglo XX en las que Ingres está presente. A la izquierda, 'Dama sentada' (1974), de Antonio Saura y a la derecha, 'Mujer que fue pájaro', fotografía del estadounidense Joël-Peter Witkin de 1990.


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El retrato de 'monsieur' Bertin de 1832 (a la izquierda), fue una de las obras cumbres de Ingres, otra de las que se ha repetido a lo largo de la historia. Su postura y las manos sobre las rodillas, cual garras, se reconocen en otros artistas. En el centro, el retrato de Gertrude Stein, aglutinadora de la intelectualidad parisina de principio del siglo XX, realizado por Picasso en 1906. A la derecha, es Amadeo Modigliani el que en 1916 toma la imagen de 'monsieur' Bertin para retratar a Pinchus Kremègne.

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Arriba, 'La gran Odalisca', pintada por Jean-Auguste-Dominique Ingres en 1814. Uno de los desnudos más conocidos y que más obras ha inspirado de la historia de la pintura, entre otras, la imagen de las Guerrilla Girls (abajo), que se preguntan si es necesario que las mujeres entren desnudas a los museos en alusión a la poca representación de mujeres autoras en estas instituciones.


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Sin titulo. Si Ingres fue longevo y prolífico, su obra le superó. En 1999, cuando el siglo XX llegaba a su fin, el artista británico David Hockney realizó una obra que tituló: 'Retratos con uniforme después de Ingres'.


elpais.com
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
Súbita inmersión en Ingres

La Reina Letizia inaugura en el Museo del Prado la primera exposición monográfica dedicada a Ingres en España



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La Reina Letizia, junto a los comisarios de la exposición, contempla 'La gran odalisca'.

La acuosa mirada de La gran odalisca conquistó ayer a la Reina Letizia, durante la inauguración oficial de la exposición dedicada a Jean-Auguste Dominique Ingres (1780-1867), en el Museo del Prado, que abre desde hoy al público hasta el 27 de marzo.

Más de 60 cuadros y dibujos componen la primera monográfica del pintor francés en nuestro país (del cual no se conservan obras en las colecciones públicas españolas), clave para entender el arte del siglo XIX y su posterior influencia en los movimientos del siglo XX. Los comisarios Vincent Pomarède, del Louvre, museo que ha colaborado con importantes cesiones para la muestra, y Carlos González Navarro, han guiado a doña Letizia por el recorrido cronológico-temático, informa Efe.

Según explicó Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, en la presentación, Ingres es el "modernizador de la tradición clasicista y el renovador de la tradición del siglo XIX". Por su parte, Miguel Falomir, director adjunto de conservación del Prado, añadió que "las exposiciones temporales tienen que paliar las carencias de la colección permanente", y destacó la calidad extraordinaria de las piezas y la influencia en artistas posteriores, como Federico de Madrazo, Picasso y Salvador Dalí.

Lo que sabemos de Ingres es que estaba fascinado por Rafael y que en pos de su maestro, engrandeció los géneros del retrato, el desnudo y la pintura histórica. "No fue un artista estático, académico o frío, a pesar de las apariencias, sino que era alguien apasionado", señaló Pomarède. "Busca todas las novedades y es original, abordando corrientes de su época como el romanticismo, realismo o neoclasicismo".

Ingres, con un carácter fuerte que le llevaba a enemistades con otros artistas como Eugène Delacroix -"se odiaban", según Pomerède-, tuvo a lo largo de su carrera una "relación muy fuerte" con la corriente neoclásica, tras su paso por la escuela de Jacques-Louis David. "Para él, Rafael era Dios", matizó.

Entre los primeros retratos oficiales de Ingres están los de Napoleón Bonaparte, La señora Riviére, La señora Aymón y el magnífico retrato psicológico de Napoleón I en su trono imperial. Según Pomarède, muy a su pesar, Ingres se convirtió en el retratista de moda. "Tiene encargos del poder siendo muy joven, lo que va a retrasar su viaje a Italia".

Pese a que es reclamado una y otra vez para retratar a la adinerada burguesía parisina, lo que él persigue continuamente es la pintura histórica, los mitos y el exotismo de Oriente. Algunas de sus obras maestras están relacionadas con estos temas, como el cuadro Edipo y la esfinge, que significa la renovación del estilo antiguo en cuanto al modelo tradicional del desnudo masculino.

Una de sus piezas más conocidas, La gran odalisca (que ha salido muy pocas veces del Louvre), representa su interés por renovar el desnudo para lo que utiliza el recurso de las mujeres cautivas, por las que siente fascinación. Atadas de pies y/o manos, con la piel marmórea y posturas poco ortodoxas, el pintor aborda en sus cuadros una nueva concepción de la representación del cuerpo humano. "Los grandes desnudos de Ingres son obras musicales", señala el comisario francés. Muchas de las críticas que recibió tuvieron que ver, de hecho, con su apuesta por renovar los desnudos, en especial el femenino. "Sentía un deseo de renovar el género, inventando otras posturas y con una nueva concepción del cuerpo humano, más basado en la luz y el movimiento", señaló Pomarède.


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'El baño turco', 1862, de Ingres.

El segundo gran interés del artista son los poemas neorrománticos que leía Bonaparte. Ingres entiende el interés de este tema y pinta un gran cuadro: El sueño de Ossian, del museo de Ingres en la localidad francesa de Montauban. Precisamente, de la colaboración con este museo en la exposición ha surgido un nuevo proyecto que tendrá lugar el próximo 4 de diciembre, con la presentación en Montauban de una selección de 11 obras de sus colecciones para mostrar un recorrido por el retrato en España (del Greco a Sorolla).

De su estancia en Italia, Ingres deja como testigos las obras incardinadas en la tendencia troubadour, obras de tamaño más pequeño y cierto regusto de escuela holandesa y melancolía por el pasado, que reflejan escenas ambientadas en las cortes europeas de la Edad Media.

En vista de que la pintura histórica nunca colmaría sus aspiraciones, a su regreso de Italia Ingres se dedica a profundizar en el retrato, contrastando la sobriedad de los masculinos con el afán decorativo y meticuloso de los femeninos.

Cultivó todos los géneros, también la pintura religiosa, donde su amor por Rafael se hace aún más patente. Juana de Arco en la coronación de Carlos VII en la catedral de Reims, La Virgen adorando la Sagrada Forma, Jesús entre los doctores... Dan una idea del gusto del artista por la monumentalidad arquitectónica.

En el mismo plano creativo que los desnudos suntuosos de su última época está El baño turco, inspirado por un relato dieciochesco, en el que describe cómo unas mujeres se acicalan para la boda de una de ellas. "Le interesa crear un ritmo pictórico dentro del cuadro que tiene una parte musical. Es la destrucción y reconstrucción de la forma", señalan.


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'La Virgen adorando la Sagrada Forma', 1854, de Ingres.


Su relación con España

Carlos González Navarro, comisario de la exposición,señaló en la presentación que "Ingres se expresó en términos vehementes al calificar la relación de la pintura española como un 'amor monstruoso'". Para el francés, su modelo a seguir fue siempre Rafael y frente a eso aparentó cierto desdén hacia Velázquez o Murillo, "que no es cierto. En su corazón había un lugar para Velázquez". "En su correspondencia con sus amigos españoles había un lugar para la pintura española", asegura González Navarro, que señala como origen de ese interés a los artistas españoles que conoce en el taller de Jean-Louis David. "José Álvarez Cubero y José de Madrazo", entre otros. "El grupo tendrá la oportunidad de reencontrarse en la Roma napoleónica mientras que Ingres tiene que atender a algunos de los encargos más importantes de su carrera, participará en la decoración del palazzo de Napoleón", añade, señala también que "el papel fundamental de Madrazo en la pintura española del siglo XIX significa que los alumnos de este aprenden los códigos estéticos de Ingres. Picasso, por ejemplo, su relación de admiración con Ingres es uno de los mayores acicates para el desarrollo de la pintura contemporánea".


elmundo.es
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
INGRES, UN PASEO POR EL PRADO

Es uno de los pintores más influyentes en el devenir de la pintura de los siglos XIX y XX que inspiró a muchos artistas posteriores.



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Ver enlace de EL MUNDO del especial dedicado a Ingres en el Prado


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Devoto del universo de lo femenino. Sus retratos femeninos ofrecen el disfrute de las formas depuradas y de los colores intensos.


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El cuerpo, según Ingres. Ingres se adentró en el desnudo a través de la sensualidad del cuerpo femenino, sin obedecer a los cánones estéticos académicos.


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Detalle de 'El baño turco'


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Estudio para baño turco o la mujer de tres brazos


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Una ocasión extraordinaria en el Prado. El Museo del Prado presenta la primera exposición monográfica en España dedicada a la obra de Jean-Auguste Dominique Ingres.


elmundo.es




 

Hoy, he tenido ocasión de ver la exposición temporal que el Prado dedica a Ingres y he redescubierto un excelente pintor, que ya conocia; pero nunca había visto tantos cuadros suyos juntos, y en esta retrospectiva he podido disfrutar del talento del maestro francés. Si alguien lee este tema y gusta de la pintura es una muestra imprescindible de ver. La recomiendo.
 




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Mensaje Re: INGRES (Jean-Auguste-Dominique Ingres) 
 
Ingres conquista el Prado

La pinacoteca madrileña acoge la primera gran exposición monográfica en España del genial pintor francés del siglo XIX



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Ingres - La gran Odalisca. Óleo sobre lienzo, París, 1814. La obra pertenece al departamento de Pinturas del Louvre, fue adquirida en 1899.



Algunas obras que se pueden ver en el Prado


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Autorretrato de medio cuerpo. Grafito sobre papel, 1835. En el museo del Louvre.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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Napoleón I en su trono imperial. Óleo sobre lienzo, París, 1806. Depósito del Museo del Louvre en el museo de la Armada.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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La familia Forestier. Grafito sobre papel, París, 1806. La obra está en la Colección Coutan del Louvre, en el departamento de Artes Gráficas.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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Ruggiero libera a Angélica. Óleo sobre lienzo, París, 1819. El cuadro se adquirió en 1819. Está en el museo del Louvre.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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La señora Moitessier. Óleo sobre lienzo, 1851. La obra pertenece a la colección de Samuel H. Kress, en la National Gallery of Art de Washington.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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La condesa de Haussonville. Óleo sobre lienzo, 1845. La obra pertenece a The Frick Collection, en Nueva York.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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La señora Rivière. Óleo sobre lienzo, 1805. La pieza pertenece al museo del Louvre.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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François-Marius Granet. Óleo sobre lienzo, 1807. El cuadro está en el museo Granet, en Aix-en-Provence.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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Louis-François Bertin. Óleo sobre lienzo, 1832. El cuadro se adquirió de los descendientes del modelo en 1897; pertenece al museo del Louvre.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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El baño turco. Óleo sobre lienzo adherido a tabla, 1862. Fue donado por la Sociedad de Amigos del Louvre en 1911.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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La Virgen adorando la Sagrada Forma. Óleo sobre lienzo, 1854. Depósito del Louvre en el museo d'Orsay y de l'Orangerie.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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Edipo y la Esfinge. Óleo sobre lienzo, 1808. El cuadro pertenece al Louvre.
Jean-Auguste-Dominique Ingres


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Virgilio lee 'La Eneida' ante Augusto, Octavia y Livia o “Tu Marcellus eris” [fragmento]. Óleo sobre lienzo, 1819. La pintura pertenece al Museo Royaux des Beaux-Arts de Bélgica (Bruselas).
Jean-Auguste-Dominique Ingres



Ver especial que dedica EL PAÍS a INGRES
 




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