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FORTUNY (Mariano José María Bernardo Fortuny Y Garbo Marsal)
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Post FORTUNY (Mariano José María Bernardo Fortuny Y Garbo Marsal) 
 
Este trabajo recopilatorio, está dedicado al gran pintor catalán: Mariano Fortuny. Un artista que a pesar de su prematura muerte a los 36 años, dejó una obra impresionante.


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Retrato de Mariano Fortuny Marsal, por Fillipo Belli, hacia 1866.

Fortuny - Mariano José María Bernardo Fortuny y Garbo Marsal. (11 de junio de 1838, Reus, Cataluña - 21 de noviembre de 1874, Roma) fue un pintor español, considerado junto a Eduardo Rosales como uno de los pintores españoles más importantes del siglo XIX después de Goya.

Huérfano desde muy niño, su abuelo fue su tutor y su mejor valedor en sus primeros años y en su juventud temprana, favoreciendo su formación artística con el pintor reusense Domènec Soberano. También trabajó con el platero y orfebre miniaturista reusense Antoni Bassa, quien influirá en la minuciosidad que caracterizará en el futuro su pintura.

En 1852 se trasladó a Barcelona en compañía de su abuelo. Allí entró a trabajar en el taller del escultor Domingo Talarn, quien, satisfecho con los avances de su joven alumno, le gestionó una pequeña pensión de la Obra Pía y la matrícula gratuita en la Escuela de Bellas Artes de La Llotja, donde recibirá por primera vez formación oficial. Sus maestros en la Escuela serán Pablo Milà y Fontanals, Luís Rigalt y Claudio Lorenzale, algunos muy influidos por el llamado Purismo nazareno.

En 1858 se trasladó por primera vez a Roma con una pensión de la Diputación de Barcelona, donde entablará amistad con otros artistas españoles en la ciudad como Eduardo Rosales o Dióscoro de la Puebla.

En 1860 estalló la guerra de España contra Marruecos, y la Diputación de Barcelona encargó a Fortuny que viajara a este país con el ánimo de convertirse en cronista gráfico de la contienda en compañía de Pedro Antonio de Alarcón. Allí se integraría como pintor en el regimiento del general Juan Prim, también originario de Reus.

África va a suponer un descubrimiento para Fortuny, deslumbrado por la luz norteafricana y encandilado por las planicies abiertas, las luces y los habitantes de Marruecos, llegando incluso a aprender nociones de árabe para integrarse mejor en el contexto. Se liberará desde este momento de convenciones y academicismos, sintiéndose atraído intensamente por los temas orientales. Como consecuencia esa estancia, Fortuny pintó algunas de las obras más significativas de su producción, como La Batalla de Tetuán (Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona).

Tras su regreso a Europa volvió a Roma. Contrajo matrimonio con Cecilia de Madrazo, hija del pintor Federico de Madrazo y hermana del también pintor Raimundo de Madrazo, con quien Mariano Fortuny llegaría a establecer una íntima amistad.

Poco después pintó uno de sus cuadros más famosos: La Vicaría (Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona), inspirado supuestamente en la vicaría de su parroquia en Madrid, pero que muchos identifican como la vicaría de la prioral de Sant Pere de Reus. Théophile Gautier lo alabó extraordinariamente, lo que contribuyó a incrementar su fama. El marchante Goupil compró el cuadro por 70.000 francos y no lo quiso exponer por miedo a estropearlo, hasta que lo revendió por 250.000 francos.

Hacia 1870 se trasladó a París, donde contempló las obras del Museo del Louvre, y del Museo de Luxemburgo, interesándose especialmente por artistas como Horace Vernet, Eugène Fromentin, Alexandre Decamps y, muy especialmente, Eugène Delacroix.

En 1868 los Fortuny se instalan en Granada, donde pintará diversas obras y hacia donde atraerá a algunos de sus amigos de París, como Martín Rico, Jules Worms o el bilbaíno Eduardo Zamacois (quien, finalmente, moriría en Madrid antes de llegar).

Viajó brevemente a Londres, y después a Nápoles y a la pequeña localidad de Portici, en el sur de Italia. Finalmente el 9 de noviembre de 1874 volvió a Roma, donde murió el 21 de noviembre.

En abril de 1875, los cuadros que aún se encontraban en su estudio y los diferentes objetos que que Fortuny había reunido en su colección privada fueron subastados en el Hotel Drouot de París, alcanzando ya entonces precios desorbitados.

A pesar de su muerte a los 36 años, su estilo y su obra le definen como un auténtico genio que marcó indeleblemente a toda una generación de pintores europeos, y que pudo revolucionar la pintura española de haber seguido vivo, tal como se demuestra en el estilo de sus últimas obras como Desnudo en la Playa de Portici o Los hijos del pintor en un salón japonés (ambas obras en el Museo del Prado.

Su corazón fue enterrado en Reus, su localidad natal, en la prioral de Sant Pere. En Reus, asimismo, se dio su nombre al teatro principal de la ciudad (el Teatro Fortuny, aún existente), una plaza (la Plaza del Pintor Fortuny, más conocida como Plaza del Condesito, personaje protagonista de una de las más populares acuarelas del maestro) y más tarde a una avenida.

Su hijo Mariano Fortuny y Madrazo fue un notable pintor, escenógrafo y diseñador.


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Mariano Fortuny Marsal. La batalla de Tetuán. 1862-64. Óleo sobre tela, 972 × 300 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona, España.


Entre sus principales obras:

- La Vicaría Museu Nacional d'Art de Catalunya
- La batalla de Tetuán Museu Nacional d'Art de Catalunya
- La batalla de Wad-Ras Museo del Prado
- La odalisca Museu Nacional d'Art de Catalunya
- Askari Biblioteca-Museu Víctor Balaguer, Vilanova i la Geltrú
- Askari Hispanic Society of America, Nueva York
- El condesito (Il contino) (acuarela) Museu Nacional d'Art de Catalunya
- La elección de la modelo The Corcoran Gallery of Art, Washington
- La matanza de los Abencerrajes Museu Nacional d'Art de Catalunya
- Los hijos del pintor en el salón japonés Museo del Prado
- Desnudo en la playa de Portici Museo del Prado
- Un viejo al sol Museo del Prado
- Jardín de la casa de Fortuny Museo del Prado, terminado por su cuñado Raimundo de Madrazo

Desarrolló una técnica muy personal, pintando especialmente escenas del norte de África, temas históricos, desnudos y escenas costumbristas, con un estilo, caracterizado por el preciosismo y la luminosidad.

Espero que esta presentación guste a los amantes del arte que visitan esta sección del foro de xerbar y contribuya en su divulgación.






Algunas obras



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Autorretrato. Mariano Fortuny Marsal. 1855-56. Óleo sobre lienzo, 57 x 46 cm. Colección Particular. No son muchos los autorretratos realizados por Fortuny, ejecutados curiosamente en sus años mozos. Éste que contemplamos lo hizo cuando tenía unos 20 años durante su periodo de aprendizaje en la Escuela de la Lonja de Barcelona. El joven artista aparece en primer plano, recortando su busto ante un fondo neutro, iluminando su rostro con un potente foco de luz procedente de la izquierda, recordando las obras del Barroco español y holandés. La influencia del retrato romántico, personalizado en España por Federico de Madrazo, también está presente. La expresividad de los ojos del joven artista es el centro de atención del retrato, creando una sensación de abocetado digna de resaltar.


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Autorretrato. 1859. Mariano Fortuny. Óleo sobre lienzo, 62´5 x 49´5 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña
Sería éste uno de los primeros autorretratos pintados por Fortuny cuando contaba con unos veinte años. Se presenta con una indumentaria extraña que recuerda a los ropajes imperiales romanos. No en balde la figura tiene cierto aire estatuario clásico, incidiendo en ello al tomar sólo el busto. Los ojos del pintor suponen el centro de atención del lienzo, correspondiendo con la túnica en la tonalidad empleada, sirviendo ésta también como punto de referencia al espectador. El gusto por el claroscuro y el efecto atmosférico impuesto indican la admiración de Fortuny hacia los pintores venecianos y del Barroco. El espectacular dominio del dibujo, la pincelada rápida y minuciosa y el interés hacia la luz dominan una obra que sirve de punto de partida hacia el estilo característico del artista, suprimiendo paulatinamente la dosis de clasicismo que aquí encontramos.


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Viejo desnudo al sol. Obra de Mariano Fortuny. 1871. Óleo sobre lienzo, 97 × 190 cm. Museo del Prado. Existen varias versiones de este mismo cuadro, aunque la más conocida es la que se exhibe en el Museo del Prado.

La obra presenta a un anciano con el torso desnudo, bajo una fuerte luz solar y contra un fondo oscuro. Se aprecia un importante trabajo en relación con la incidencia de la luz sobre los fondos oscuros. El nivel de detallismo en la obra no es igual en todo el lienzo, siendo la zona del rostro del modelo la de acabado más preciso.

Este cuadro ha sido identificado con el movimiento impresionista, y también influenciado por el naturalismo. También se señalan influencias de José de Ribera. El estilo luminista de este cuadro ha sido continuado por el artista Joaquín Sorolla, maestro en ese tipo de realizaciones.


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Desnudo en la playa de Portici. Mariano Fortuny. 1874. Óleo sobre tabla, 13 x 19 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado. Posiblemente sea este Desnudo una de las obras más interesantes de las realizadas por Fortuny, quien en sus últimos años anduvo en un fuerte debate interior: la vida de lujos, viajes y diversión le parece maravillosa pero la pintura que hace no le agrada; podría dar un giro a su obra, sin embargo teme no tener éxito y perder el tren de vida al que tan apegado se siente. Este debate interno le lleva a realizar escenas muy distintas a las que nos tiene acostumbrados, para su propio disfrute, como el Corral. Es decir, tiene dos tipos de pintura: la personal y la de los clientes. El Desnudo mezcla ambos tipos, ya que es la silueta de uno de sus hijos, tumbado al sol en la playa napolitana de Portici. La minuciosidad con que está realizada la imagen, si se tiene en cuenta que tiene el tamaño de una postal, demuestra la altísima calidad del artista, con un excelente dibujo y una pincelada minuciosa y precisa. No en balde, aprendió con un miniaturista platero del que heredaría esta facilidad para realizar obras tan diminutas sin olvidar ningún detalle. El iluminado y dibujado cuerpo de la muchacha contrasta con la superficie de alrededor, más oscura y menos trabajada. La luz y el color, inspirados en el Impresionismo, ponen en relación esta obra con las que posteriormente realizará Joaquín Sorolla. Aun utilizando el mismo estilo que en los cuadros de casacón con los que obtuvo tanto prestigio y fortuna, el tema, más natural, hace esta imagen más atrayente al espectador.


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Odalisca. Mariano Fortuny Marsal. 1862. Óleo sobre lienzo, 54 x 62 cm. Colección Particular. Una de las temáticas favoritas durante la estancia de Fortuny en Roma serán las odaliscas, esclavas del sultán, cuyos hermosos cuerpos desnudos descansan en escorzadas posturas sobre divanes cubiertos de lujosas telas. Con ellas evocaba los asuntos marroquíes que tanto admiraba y hacía progresos al mismo tiempo con el dibujo académico, sin olvidar las referencias orientales de los maestros franceses, encabezados por Delacroix. Todas estas razones serán válidas al joven Fortuny para elaborar una sensual serie donde la luz ocupa un papel destacado al acentuar las perladas carnaciones de las mujeres y resaltar la volumetría y el movimiento. Al fondo de esta composición advertimos un espacio típicamente oriental con azulejos decorados con lazerías y un espejo donde se refleja un arco de herradura apuntado y la espalda de la joven, por supuesto. El exquisito dibujo, la pincelada rápida y certera y el detallismo serán elementos obligatorios en el estilo del pintor catalán, aportando un atractivo claroscuro en esta imagen.


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Odalisca. Mariano Fortuny Marsal. 1861. Óleo sobre cartón, 56´9 x 81 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña. En 1860 Fortuny abandonó Roma para trasladarse a Marruecos pensionado por la Diputación de Barcelona; su objetivo era realizar una serie de cuadros de batallas donde se exaltaran los éxitos del general Juan Prim y los soldados de Cataluña en la Guerra de África. Fortuny se entusiasmó con el mundo árabe nada más llegar a tierras africanas, como observamos en este cartón realizado en Roma, evocando quizá el ambiente que había abandonado. La protagonista es una odalisca, esclavas dedicadas al servicio del harén del Gran Turco que ya habían puesto de moda Delacroix e Ingres en Francia. La mujer aparece desnuda, sensualmente tumbada sobre un paño de seda labrada, creando con su postura un acertado escorzo. Junto a ella observamos a un músico tocando un laúd, quedando en una zona ensombrecida mientras la odalisca está iluminada por un potente foco de luz que resalta la sensualidad de su desnudez. Al fondo apreciamos diversos objetos de clara inspiración árabe como un arcón de madera labrada con decoración geométrica, una bandeja de plata o una pipa de agua junto a una pequeña taza de té. El maestro hace una primera exhibición de su estilo preciosista y minucioso, casi caligráfico, a pesar de emplear rápidos toques de color, reforzando la intensidad de las tonalidades con la luz utilizada y los contrastes cromáticos. La atmósfera creada por Fortuny también es digna de elogio, obteniendo la sensación de haber detenido el tiempo para deleitarnos con la música del tañedor. Se trata de una primera obra maestra que fue enviada a Barcelona por el artista junto al Condesito para que en la Diputación barcelonesa apreciaran su evolución, resultando la institución altamente satisfecha.


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Sueño de la odalisca. Mariano Fortuny Marsal. 1860. Óleo sobre tabla, 21 x 28 cm. Colección Particular. Las odaliscas eran las esclavas favoritas del sultán, poniéndose de moda entre los pintores decimonónicos - desde Ingres a Delacroix - como una manera de exotismo pictórico. Fortuny realizó varias de ellas durante su segunda estancia en Roma, tratadas como asuntos costumbristas marroquíes. En esta tabla que contemplamos aparece una joven tumbada en un diván, mostrando una escorzada postura que parece sintonizar con el atormentado sueño que tiene, representado sobre el cuerpo de la odalisca, ante un fondo neutro. La figura está iluminada por un potente foco de luz, en contraste con la oscuridad del fondo para crear un mayor efecto de volumetría, acentuándose los contrastes lumínicos en su cuerpo. El firme dibujo que siempre exhibe Fortuny cohabita con una pincelada rápida y abocetada que no repara en detalles aunque están presentes como las pulseras de la joven, el tocado de la cabeza o los pendientes. El colorido vivo de rosas, naranjas y verdes contrasta con la oscuridad del fondo para obtener un acertado resultado.


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Tarquino y Lucrecia. Mariano Fortuny Marsal. 1861Óleo sobre lienzo, 118 x 158 cm.. Real Academia de Bellas Artes de San Jorge. La violación de Lucrecia por el hijo del último rey de Roma, Tarquino, será el asunto de este cuadro, copia de un original de un seguidor de Caravaggio llamado Guido Cagnacci que guarda la Academia de San Lucas en Roma. Fortuny sintió especial admiración por él, enviando su copia a la Academia de Bellas Artes de San Jorge en 1862 como muestra de sus progresos, organizándose una exposición con todo el material enviado que fue un gran éxito de público y crítica, llegando los ecos hasta Madrid. La violencia del asunto ha sido perfectamente interpretada por el pintor barroco italiano al mostrar la lucha entre la matrona y su asaltante, armado éste con un cuchillo. La escena está siendo contemplada por un sirviente al fondo, en una zona de penumbra; y es que la luz ocupa un importante papel en la composición ya que sirve para acentuar el ritmo del drama, iluminando completamente a Lucrecia y algunas partes del cuerpo de Tarquino, acentuando los volúmenes. El soberbio dibujo, las brillantes tonalidades y los detalles de los ropajes serán las señas de identidad del Fortuny maduro, recogiéndolas perfectamente en este trabajo del pintor italiano.


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Gitana. 1870-72. Mariano Fortuny. Óleo sobre tela, 30,5 × 23,5 cm. Museo Fortuny. Venecia. Durante su estancia en Granada, tuvo diversos modelos, masculinos y femeninos procedentes del Albaicín. En esta ocasión muestra un retrato de una gitana cuya figura se recorta sobre un fondo de tonos claros en los que resalta la cabellera negra de la mujer, su tez morena está contrastada por la luz que recibe de la su parte derecha, los colores se superponen llamando la atención el blanco de su ropaje y el adorno de las joyas en especial del collar rojizo.


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Retrato de Carmen Bastián. Mariano Fortuny. 1871-72. Óleo sobre tela, 45 x 62 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Barcelona. La imagen es atípica en la producción del pintor, el desnudo erótico que muestra esta tela tenía como modelo a una joven gitana de Granada que fue pintada por el artista en otros cuadros. Carmen aparece recostada en un sofá, levantando sus vestidos para mostrar su sexo, esta postura era habitual en las fotografías eróticas de la época. Los otros desnudos de Fortuny especialmente las odaliscas, eran aceptadas por la sociedad por representar escenas más típicas como también eran respetables las representaciones de Venus. Sin embargo, esta obra entra de lleno en un realismo poco habitual principalmente por la representación de «retrato», la modelo no fue mitificada ni idealizada en su anatomía, así se puede observar unas piernas cortas, una cara demasiado redondeada e incluso con cierta papada y unas cejas pobladas, en definitiva no tiene el sentido de feminidad clásica exigida en ciertos cánones.


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La señorita Del Castillo en su lecho de muerte. Mariano Fortuny. 1871. Óleo sobre tela, 57 × 70,5 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Barcelona. El encargo lo efectuó el padre de la fallecida, familia que tenía una fonda en Granada y que acogió a los Fortuny durante un año antes de cambiarse a la residencia de El Realejo. El pintor escogió un encuadre justo de medio cuerpo, sin querer mostrar detalles de la estancia, dando el protagonismo absoluto a muerta, en una exposición atípica en la forma de su trabajo, sin apuntes previos con una pincelada fluida y colores blanquecinos que se diluyen con las sombras proporcionadas de rosas, azules, grises y en la almohada, que sostiene la cabeza, con tonalidades violetas.


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La Vicaria. Mariano Fortuny Marsal. 1870. Acuarela, 34 x 50 cm. Museo de Arte Moderno de Barcelona. Fortuny tenía la costumbre de realizar diversas imágenes con un mismo tema, siendo de gran utilidad para apreciar su propia evolución. Así ocurre con su obra más famosa, La vicaría, para la que hizo una primera versión, esta acuarela y la versión definitiva. En la acuarela el maestro catalán ha trazado las líneas fundamentales de la composición, ubicando a grandes rasgos los personajes principales, dentro del espacio que servirá de referencia en la obra definitiva. El detallismo de obras como el Condesito o la Mascarada dejan paso a una elaboración más rápida y contundente, sin interesarse por detalles superfluos.


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Almuerzo en la Alambra. Mariano Fortuny Marsal. 1872. Óleo sobre lienzo, 87´5 x 107 cm. Colección Particular. Como si de un fotógrafo se tratara, Fortuny nos muestra en este lienzo una escena cotidiana en la tarde granadina. En la zona de la derecha una joven escucha embelesada la música que toca su acompañante mientras en el centro de la composición hallamos a tres hombres jugando a las cartas mientras un cuarto flirtea con la dama del abanico, sentada en el banco de piedra. Las figuras se recortan ante una pared blanca donde se encaraman dos niños - posiblemente los hijos del pintor - apreciándose tras ellos la frondosidad de un jardín andaluz, permitiendo ver entre las parras el azulado cielo. La escena está cargada de vitalidad y naturalismo, interesándose el maestro por la luz de un momento determinado como harán Monet y Renoir, aunque los tipos que Fortuny muestra están alejados de los maestros impresionistas. El estilo minucioso y detallista del pintor catalán alcanza cotas sublimes a pesar de su pincelada rápida, apreciándose todo tipo de detalles en rostros, texturas o calidades, sin abandonar una elevada admiración hacia el color, creando admirables contrastes que otorgan más fuerza a la composición. La obra fue subastada en Nueva York durante el año 1946, siendo adquirida por un coleccionista particular en 5.500 dólares.


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Elección de la modelo. Mariano Fortuny Marsal. 1874. Óleo sobre tabla, 50 x 80 cm. The Corcoran Gallery of Art (Washington). Junto a La vicaría, la Elección de la modelo es el cuadro más famoso de Fortuny, dentro del estilo preciosista con el que alcanzará tan elevada fama. Se trata de un cuadro muy estudiado, existiendo varios bocetos preparatorios y dibujos relacionados con la obra, llegando el propio pintor a sentirse agotado debido a la inmensa cantidad de retoques que requirió ya que el cliente que encargó el trabajo - W. H. Stewart, rico coleccionista norteamericano propietario de una empresa de ferrocarriles - era muy aficionado al estilo preciosista, pagando por la tabla 60.000 francos, siendo vendido en 1898 por 210.000 francos. La escena presenta a un grupo de académicos seleccionando a una bella modelo. Para los académicos posaron algunos amigos del pintor como el actor L´Heritier, el escultor D´Epinay, Delatre o Cuggini, eligiendo a Marieta la "organettera" para la joven modelo. Existe una anécdota relativa a esta elección, que narra cómo otra modelo llamada Maria Grazia cuando se enteró de que su rival había sido la elegida se presentó en el estudio de Fortuny y se desnudó para que el propio maestro comprobara sus formas. Algunos estudiosos consideraron durante un tiempo que la joven desnuda sería Adelaida d´Afry, duquesa consorte de Castiglione-Colonna ya que el espacio donde se desarrolla la acción es el gran salón de fiestas del Palazzo Colonna, retocado con algunos motivos ornamentales del Museo del Prado, de las Colecciones Vaticanas y de la propia colección de Fortuny. Los académicos se sitúan en la zona central de la composición, dispuestos en perspectiva para servir de punto de fuga mientras la modelo ocupa el lugar derecho de la estancia. Subida a una mesa, sus redondeadas formas reciben un foco de luz que baña su silueta, apreciándose a sus pies sus vestidos y zapatos. Parece ser que originalmente junto a la mesa estaba sentada la madre, que evitaba cualquier intento de acoso a la joven, pero esta figura desapareció en la obra final. Las figuras de los académicos aparecen vestidos a la moda dieciochesca, tratándose pues de un cuadro de "casacón" que presenta las características fundamentales de la pintura de Fortuny: esmerado dibujo; minuciosidad preciosista; exquisitez detallista; interés hacia la luz; colores brillantes; expresividad en los rostros; anecdotismo, como observamos en el académico que se agacha; etc. Una pequeña obra maestra con la que Fortuny obtendrá aún más éxito en el mercado comercial europeo, que deseaba abandonar para trabajar en asuntos menos recargados protagonizados por la luz, acercándose así al Impresionismo.


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Aparición de la Virgen a Teresa Besora. Mariano Fortuny Marsal. 1855. Lienzo, 97 x 79 cm. Colección Particular. En los primeros años de formación de Fortuny son bastante frecuentes los cuadros de temática religiosa como el San Pablo en el Areópago o esta Aparición de la Virgen. La formación con Domingo Soberano, especialista en exvotos religiosos, tendrá parte de responsabilidad en este asunto. La obra responde a las normas académicas imperantes en la pintura nazarena que Lorenzale o Milà i Fontanals imponían a sus alumnos de la Escuela de la Lonja de Barcelona, pretendiendo retomar las características de la pintura del Quattrocento. La distribución triangular, la perspectiva y los colores luminosos son elementos renacentistas que Fortuny retoma en esta composición, presidida por la Virgen de la Misericordia acompañada de un coro de ángeles cantores y músicos. La joven pastora eleva su sorprendida mirada a María y abre los brazos en señal de incredulidad. Las ovejas continúan pastando ajenas al milagro, reflejándose las luces anaranjadas en el río de transparentes aguas. La perspectiva está cortada en la mayor parte del espacio por el halo luminoso que envuelve a la Virgen pero se manifiesta en la zona de la izquierda para contemplar la torre de una iglesia. La obra está dedicada por Fortuny a su maestro, Domingo Soberano, mostrándose alrededor del lienzo siete tondos con las obras de la Misericordia.


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Copia de un ángel. Mariano Fortuny Marsal, c. 1961. Óleo sobre cartón, 114 × 47 cm. Real Academia de Bellas Artes de San Jorge
Barcelona.    Obra realizada en Roma durante su estancia como pensionado, fue enviada a la Academia junto con otras en febrero de 1862. Fue copiada de una obra de Rafael Sanzio existente en la Accademia di San Luca, lugar donde se conservó hasta 1834. Esta pintura también fue copiada por el artista francés Gustave Moreau.


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Retrato del pintor Joaquim Agrasot. Mariano Fortuny Marsal, c. 1864. Óleo sobre tela, 31,5 × 24,5 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Barcelona. Aparece el pintor Agrasot, gran amigo de Fortuny, retratado en su estudio con una pose disciplinante apoyado sobre la pared que sirve de fondo al cuadro, la figura está recibiendo la mayor parte de la luz conseguida por la camisa blanca y las sombras pronunciadas en la parte izquierda, sostiene en su mano una calavera, seguramente como símbolo de la precariedad de las cosas (vanitas), en contraste con la sublimación del arte. En la pintura aparecen objetos cotidianos como envases en vidrio y cerámica colocados sobre una mesa y otros colgados o puestos sobre la chimenea en la pared del fondo, la entonación es en colores oscuros con trazos en negro.


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Madame Gaye. Mariano Fortuny Marsal. 1865. Óleo sobre tela, 137,2 × 100,3 cm. Metropolitan Museum of Art. Nueva York. Este retrato fue un encargo recibido por parte del duque de Riansares, esposo de madame Gaye y primer mecenas que tuvo Fortuny desde su primera estancia en Italia. La ejecución de la obra entra dentro del estilo romántico, el fondo y sus vestiduras son en tonos oscuros que hacen resaltar la cara y manos de la retratada, la pose del rostro inclinado, junto con la austeridad del vestido siguen las pautas marcadas por el retratista oficial en aquella época en Madrid, Federico de Madrazo.


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Aficionada a las estampas. Mariano Fortuny Marsal. 1865-66. Óleo sobre tela, 11 × 7,7 cm. Colección particular. Con un estilo abocetado realizó Fortuny esta pequeña tela al óleo, casi una miniatura. El tema del coleccionismo fue uno de los que trató en varias ocasiones, en esta obra aparte de su tamaño especial, también llama la atención que sea una figura femenina la coleccionista, se encuentra sentada rodeada de su colección de estampas y observando una de ellas. La técnica es una pintura de pincelada rápida con tonalidades contrastadas, la luz ilumina con intensidad la lámina y el vestido amarillo del personaje.


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Fantasía sobre Fausto. Mariano Fortuny Marsal. 1866. Óleo sobre lienzo, 40 x 69 cm. Museo del Prado. Fortuny va a ser el gran genio del miniaturismo en España, poniendo de moda los llamados "tableautin" procedentes de Francia, pequeños cuadros de escenas románticas, que en España fueron denominados "cuadros de casacón" por las casacas que vestían los personajes masculinos. El preciosismo y el detallismo harán de sus obras las más llamativas del género, no sólo en nuestro país sino en toda Europa. Fantasía sobre Fausto recoge el momento de una velada en el estudio de su amigo, el también pintor Francisco Sans Cabot. Lorenzo Casanova y Agapito Francés son los nombres de las dos figuras que escuchan atentamente la melodía del piano, en el que se interpreta una "Fantasía" sobre la ópera Fausto, estrenada durante esos años. Por eso, como si de magia se tratase, la estancia en la que tiene lugar la audición se inunda de una niebla de la que emergen Mefistófeles, vestido de rojo, y la vieja Marta, cogida del brazo para distraer su atención sobre Margarita, cuya silueta se aprecia al fondo de la neblina. Sería una escena en la que el maestro nos muestra su propio mundo, en el que se siente integrado y feliz. Pero que se trate de una imagen privada no supone que abandone el estilo que tanto éxito le hará cosechar. La minuciosidad a la hora de describir objetos y figuras que muestran todo su detalle, y el empleo enérgico del pincel, con una precisión exquisita, son características de sus obras que aquí también encontramos. El colorido empleado es algo apagado por la moda masculina de la época, muy seria y austera, mientras que en la zona de la fantasía la gama cromática se hace más alegre y variada. Precisamente, para separar ambas zonas utiliza una clara diagonal, además del diferente colorido al que ya hemos aludido.


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Fantasía árabe. Mariano Fortuny Marsal. 1866. Óleo sobre lienzo, 50´8 x 62´2 cm. Colección Particular. Cuando se trata de temática árabe, Fortuny está especialmente interesado en mostrar asuntos cotidianos donde la luz ocupe un papel preferente. Durante el viaje que realizó a Tánger en 1865 tomó diversos apuntes y bocetos para la ejecución en Roma de un cuadro preparatorio que precedió a esta imagen que contemplamos, obteniendo tanto éxito con ella que elaboró una escena similar al año siguiente. La danza de varios soldados con el torso desnudo en el momento de disparar sus rifles contra el suelo protagoniza la composición, siendo contemplado el baile por un amplio grupo de personas ataviadas con sus ropajes característicos. La escena tiene lugar al aire libre, apreciándose al fondo unas construcciones, creándose espectaculares contrastes lumínicos con los que Fortuny obtiene el ritmo del episodio, resaltando al grupo principal a través del potente foco de luz. El estilo dibujístico y minucioso del maestro alcanza cotas insuperables, aplicando el color con una pincelada rápida y certera, presentando todo lujo de detalles en las vestimentas o en las propias figuras al reflejar las diferentes expresiones aun tratándose de lienzos de pequeño formato. A pesar de la limitación cromática - los tonos pardos, blancos y rojos son los más utilizados - se consigue una amplia variedad tonal gracias a la luz, quizá la verdadera protagonista de la escena.


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Jefe árabe. Mariano Fortuny. 1874. Óleo sobre tela, 122,9 × 79,1 cm. Museo de Arte de Filadelfia. USA. A pesar de no haberse dedicado al retrato por encargo, fueron numerosos los efectuados a personas queridas oa pesonajes, en lo que se sentía libre de interpretación en su naturalismo, a diferencia de los retratos a personajes granadinos, en esta pintura presenta a un jefe árabe, con todo la carga de armamento, que con gran escrupulosidad casi arqueológica describe Fortuny ( coleccionista por otra parte, de estas piezas). La anatomía se acerca a la ejecutada en el Viejo desnudo al sol del museo del Prado, el dibujo, los volúmenes y el claroscuro, la preocupación por la luz solar contra el cuerpo de la persona y sobre el muro blanco reverberante de luminosidad como fondo pone un punto final completo a esta pintura.


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Askari. Mariano Fortuny, c. 1860. Óleo sobre tabla, 34 × 25,6 cm. Biblioteca Museo Víctor Balaguer, Villanueva y Geltrú, España.

Askari es una pintura sobre tabla realizada por Mariano Fortuny y Marsal en c. 1860 y que se encuentra conservada actualmente en la Biblioteca Museo Víctor Balaguer, con el número de registro 3.831 desde que ingresó en 1895, de manos de Pedro Bové Montseny. El mismo Fortuny había regalado este cuadro a su amigo Pedro Bové, quien le había ayudado a pagar la exención del servicio militar.

El artista pintó esta obra durante su estancia en Marruecos donde fue como cronista gráfico de la llamada Guerra de África (1860).

Es el retrato de un askari, soldado indígena marroquí al servicio de las fuerzas coloniales. El hombre aparece de cuerpo entero, de pie y en el centro de la composición, sobre un fondo oscuro y grisáceo, ante la entrada a una mazmorra. Aguanta un largo fusil con las dos manos y se encuentra vestido con turbante azul, amarillo y rojo en la cabeza, túnica blanca abierta por los lados, cinturón rojo, y bombachos también de color rojo. Calza chilabas, tiene los brazos desnudos y un pendiente de argolla en la oreja. Obra de pincelada vibrante y vigorosa y de contornos rotos por el trazo nervioso. En el cuadro se puede leer la inscripción «Fortuny».


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Soldado marroquí. Mariano Fortuny. 1860-65. Óleo sobre tela, 26,5 × 17 cm. Museo Estatal del Ermitage. San Petersburgo. Rusia. La fuente de entrada al museo fue en 1933 procedente de la colección D.P.Botkin.14 Esta imagen forma parte de la galería de personajes árabes, donde pretendía, como su amigo el pintor francés Georges Clairin, buscar la realidad magrebí. Se apoyó en las exóticas vestiduras, los claros matices, la gradación de tonos para destacar la luz y la utilización de la espátula para el efecto final.


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Ramón Berenguer III clavando la enseña de Barcelona en el castillo de Fos. Mariano Fortuny. 1856-57. Óleo sobre tela
117 x 90 cm. Pertenece a la colección de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge (depositado en el Palacio de la Generalidad) Barcelona.

La obra fue creada para conseguir una plaza de pensionado de pintura en Roma donada por la Diputación Provincial de Barcelona, el tema impuesto debía pertenecer a la historia medieval de Cataluña. Se muestra en este lienzo la exactitud documental y las características de la pintura histórica del romanticismo tardío, todo ello se unía al purismo académico. El tipo de composición, con el conde Berenguer como único personajes principal y el punto de vista tomado desde abajo, hacían aún resaltar más la monumentalidad de esta figura. Seguramente por ser una obra juvenil (19 años de edad) se nota la rigidez en las poses y pliegues de las vestiduras, aunque esto no evitó, que Fortuny ganará por unanimidad, la beca del concurso.


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La matanza de los Abencerrajes. Mariano Fortuny Marsal, c. 1870. Óleo sobre tela, 73,5 × 93,5 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Barcelona.Es una obra inacabada que muestra la leyenda de la matanza de los Abencerrajes el año 1445 recogida entre otros por el escritor Ginés Pérez de Hita. Las intrigas cortesanas por el poder hicieron que en una encerrona por parte del linaje de los Zegríes fueran asesinados varios miembros de los Abencerrajes en una sala de la Alhambra de Granada próxima al Patio de los Leones. Fortuny obtuvo el permiso para pintar directamente en esa misma sala, antes realizó varios estudios preparatorios tanto de personajes como de la arquitectura. La obra presenta una perspectiva un poco forzada para conseguir una amplia vista de todo el drama, es una puesta en escena donde se cuidó hasta el mínimo detalle.


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La batalla de Tetuán. Mariano Fortuny Marsal. 1862-64. Óleo sobre tela, 972 × 300 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona, España. La tela se pintó en Roma y vino a Cataluña una vez muerto su autor.

La batalla de Tetuán es un cuadro pintado por Mariano Fortuny y Marsal por encargo de la Diputación de Barcelona entre 1862 y el 1864, donde se reflejan los hechos de la batalla de Tetuán, durante la Guerra de África. La Diputación quería ubicar esta obra en el Saló de Consells del Palacio de la Diputación.1 Actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Cataluña en Barcelona, con el número de inventario 010695-000, gracias a una aportación de la Diputación de Barcelona en 1919.

La Diputación de Barcelona pagó a Fortuny un viaje a París para que se inspirara en La toma de la Smala de Abd-el-Kader por el duque de Aumale en Taguin, de Horace Vernet pintada aproximadamente en 1843.


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La batalla de Wad-Ras. Mariano Fortuny Marsal. 1862-63. Óleo sobre papel, 54 × 185 cm. Museo del Prado. Madrid. Fortuny fue testigo directo de este enfrentamiento entre las tropas españolas y marroquíes en marzo de 1860, donde hizo numerosos esbozos sobre la batalla, ese mismo año estuvo en París donde pudo inspirarse en otras obras pictóricas épicas y sobre todo aconsejado por la Diputación de Barcelona fijarse en la producción de Horace Vernet. Además la Diputación le pidió que los héroes protagonistas estuvieran en planos centrales de la pintura, a pesar de estas recomendaciones, la composición estuvo interpretada a gusto del pintor y la ofreció con una visión panorámica de toda la contienda: en el centro, un gran grupo de infantes y guerreros se encuentran todos confusos y sin resaltar ninguno en concreto, están representados en toto tipo de escorzos tanto los personajes como los caballos, en los laterales de la pintura, hay escenas secundarias y en el fondo colinas con un cielo nublado.


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La reina María Cristina pasando revista a las tropas. Mariano Fortuny Marsal. 1865-67. Óleo sobre tela, 300 × 460 cm. Museo del Prado
Madrid. El sentido de paisaje se encuentra plasmado en este cuadro con gran sobriedad, en primer plano se encuentra la reina María Cristina subida en una calesa y acompañada por su hija la futura reina Isabel II, pasando revista. La parte del fondo está representada la batalla de 1837 entre sus tropas y los carlistas. A pesar de que este lienzo es de gran dimensión, Fortuny lo realizó con una perfecta precisión de detalles de los personajes, caballerías y armas, con un movimiento de auténtica instantaneidad.


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El coleccionista de estampas I. Mariano Fortuny Marsal. 1863. Oli sobre tela, 47 × 66,3 cm. Museo de Bellas Artes de Boston. USA. Sobre este tema, por el gran éxito que obtuvo, realizó el pintor diversas versiones en óleo, dibujos a lápiz, aguadas, acuarelas y aguafuertes. Este tema había gozado ya de gran popularidad entre los pintores flamencos como pintura de gabinete del siglo XVII. De esta primera versión pintada en Roma, el autor hizo un trueque con Vicenzo Capobianchi el cual en el cambio le entregó un fusil sardo, objeto que pasó a formar parte de la colección de antigüedades de Fortuny. Rápidamente la pintura fue vendida al marchante Adolphe Goupil y éste a su vez la revendió a William Hooh Stewert, por lo que en 1870 Fortuny agregó a la pintura el gran retrato del último comprador sobre la chimenea del fondo de la pintura. El personaje principal se encuentra resaltado con vestiduras blanquecinas y absorto en el estudio y contemplación de su placer favorito, el estudio de estampas.


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El coleccionista de estampas II. Mariano Fortuny Marsal. 1866. Óleo sobre tela, 52 × 66,5 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña. Barcelona.    Es esta una de las versiones sobre el mismo tema que pintó Fortuny, todas las variantes se diferencias en detalles y elementos que añadía o quitaba a voluntad el artista, con antigüedades de objetos pertenecientes a su propia colección, así el arca veneciana o la silla donde se encuentra apoyada la carpeta con las estampas eran propiedad suya. El gusto de la época por el abigarramiento de habitaciones llenas con todo tipo de objetos, cerámicas, relojes, vidrios, se disponen en una especie de horror vacui. Cuantos más pormenores era capaz de realizar el pintor, más gustaba a los compradores y más subia el precio de la obra.


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El vendedor de tapices. Es una acuarela (59 × 85 cm.) realizada por Mariano Fortuny en 1870 en París y que se expone en el Museo del Monasterio de Montserrat.

Esta acuarela, que por sus características parece una pintura al óleo, resultó ser una de sus obras maestras. Representa un tema de gran atractivo para los pintores orientalistas por su exotismo y color. Fortuny, que había tratado ya este asunto anteriormente, pintó esta nueva versión más ambiciosa utilizando las mismas figuras.

La pintura refleja la iluminación del norte de África que causó una gran impresión en el artista. Los temas representados por el pintor son alusivos a la vida cotidiana, mostrando las calles o una tienda del mercado de Tánger exhibiendo su género.


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El encantador de serpientes, por Mariano Fortuny. 1869. Óleo sobre tela, 58,7 × 124,5 cm. Walters Art Museum. Baltimore. USA. El proceso de estas pinturas de óleo, casi siempre se realizaba en el taller del artista, con los apuntes que había tomado del natural y el detalle ornamental era añadido de las propias piezas que el pintor había adquirido en sus viajes a África, como en este caso, el cuenco, una silla de montar o la rica alfombra.


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Paisaje norteafricano, por Mariano Fortuny, c. 1862. Óleo sobre tela, 51,5 × 122,5 cm. Museo Carmen Thyssen. Málaga. Paisaje realizado a su regreso del segundo viaje a Marruecos pensionado por la Diputación Provincial de Barcelona. A pesar que en un catálogo de 1875 está considerada como una vista de los alrededores de Roma, el estudio posterior de la orografía de esta pintura coincide con algunos de los apuntes realizados «in situ», así como se advierte en los personajes diminutos que aparecen en el paisaje que están vestidos con chilabas. En esta obra aparece por primera vez unos ligeros toques de colores rojo, verde, azul y anaranjado, que podrían ser precursores de una técnica empleada más adelante por el pintor para conseguir más volumen y contraste de luz.


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El tribunal de la Alhambra, por Mariano Fortuny. 1871. Óleo sobre tela, 75 x 59 cm. Museo Fundación Gala - Salvador Dalí. Figueras. Esta obra recibe también los nombres de Tribunal de un caíd, El cepo y Los supliciados. Como otras obras del autor la escena está colocada en una estancia de la Alhambra. La arquitectura está realizada con fidelidad a la arquitectura árabe, así se aprecia en primer lugar el patio con una fuente y un primer gran arco que da paso a través de otro más recargado en decoración a otra estancia con azulejos de lazerías estrelladas, aún se encuentra otra estancia en la que hay una ventana geminada y por la que puede verse el fondo real de un jardín. Resalta extraordinariamente el fuerte contraste lumínico entre el primer plano y el fondo en penumbra. Los dos personajes acusados están situados, en el patio, boca arriba tumbados en el suelo, atados por los pies y custodiados por dos guardias, en el interior de la sala se encuentran los cadíes en reunión para dictaminar la justicia pertinente.


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Montserrat, por Mariano Fortuny. 1868. Óleo sobre madera, 31,5 × 21,5 cm. Museo Fortuny. Venecia. Antes de partir para su primer viaje a Italia con su esposa, cumplieron con la tradición catalana de visitar el monasterio de Montserrat. Fortuny aprovechó su estancia allí para realizar un par de paisajes de rincones de la montaña, en los que muestra edificios rústicos bajo los peñascos de la sierra, son bocetos rápidos donde se aprecian aún algunas zonas de la madera sin cubrir de pintura.


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Corrida de toros. Picador herido, por Mariano Fortuny. 1867-68. Óleo sobre tela, 80,5 × 140,7 cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña
Barcelona.    El óleo presenta la «tercio de varas» sacadas de unos bocetos en acuarela el Picador herido y Corrida (suerte de varas), une ambas temáticas en esta pintura donde aparecen dos grupos, en una mitad la acción del picador y el caballo contra las tablas y en la otra mitad el grupo donde los subalternos recogen a un picador herido entre sus brazos. Este momento de la cogida del picador había sido ya representado por Goya en sus series «Torrecilla» y «Tauromáquia» (1793-1794) y más tarde lo fue por Picasso. Así en la iconografía taurina era frecuente la interpretación de varias escenas como en esta pintura, se representa un «cuadro dentro de otro cuadro» con dos puntos de vista, dentro todo ello de unas pinceladas de trazos pequeños, junto la combinación del color amarillo, rojo y azul y los más oscuros para los espectadores.


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Corrida de toros, por Mariano Fortuny, c. 1869. Óleo sobre tela, 30,3 × 46,2 cm. Museo del Prado. Madrid. A diferencia de otras obras con esta misma temática taurina, aquí emplea una pintura más abocetada y con más interés por el aspecto lumínico gracias a los colores empleados de azules y violetas con los contraposición de los amarillos y rojos, busca en esta pintura la escenografía propia de una fotografía captando la instantánea en la suerte de picar, las figuras están esquematizadas para conseguir trasmitir un efecto impresionista.


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Brindis de la espada, por Mariano Fortuny, c. 1869. Óleo sobre tela, 61 × 50,2 cm. National Gallery. Londres. En esta obra al óleo se muestra el pintor mucho más preciso en captar la imagen y la composición de la escena, que anteriores acuarelas que había realizado el año anterior. Esta pintura muestra la meticulosidad por el detalle en los primeros planos del torero retratado, que van disminuyendo a medida que se aleja hacia el fondo, en un plano medio abocetados se encuentran dos toreros de estilo goyesco y el graderío solo muestra unas amplias pinceladas muy difuminadas con un cielo plomizo y nuboso. Detrás del torero se encuentra el toro abatido mientras el espada saluda al público con el brazo alzado sosteniendo la montera y en la otra mano la muleta y la espada, en un primerísimo plano en el suelo se encuentran diversos objetos arrojados desde las gradas.


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Los hijos del pintor, María Luisa y Mariano, en el salón japonés. Mariano Fortuny. 1874. Óleo sobre tela, 44 × 93 cm. Museo del Prado. Madrid. Durante las vacaciones de Portici, y por una carta dirigida a su amigo Martín Rico, se sabe que empezó este cuadro de sus hijos con intención de regalarlo a Federico de Madrazo abuelo de los niños, para ello efectuó numerosos esbozos y composiciones diferentes. Esta obra inacabada es una de las que mejor sintetiza el cambio del lenguaje artístico que empezó, en este su último verano. La admiración por el japonismo que se advierte en la pintura ya le venia por su afición al arte japonés desde que en 1868 empezó una colección de piezas, álbumes y libros, incluso en su taller se encontraba una armadura japonesa.74 La composición presenta a los dos niños sobre un largo diván que ocupa casi la total medida horizontal de la tela, la niña María Luisa esta vestida de blanco tapando su cara con un abanico y recostada sobre un almohadón rojo en el lado derecho, mientras que el niño en el otro extremo del diván se encuentra sentado sobre diversos cojines y telas de colores fríos. El muro del fondo tapizado de seda azul con decoración japonesa de mariposas y flores, una planta en una esquina y una muñeca esbozada en el suelo al lado de su hija, completa los objetos de la escena. Dicha escena presenta una cierta intención de dos ambientes entre ambos niños que no mantienen ninguna relación entre sí, acrecienta la diferencia el cromatismo de los colores calientes y fríos en lados opuestos.


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Jardín de la casa de Fortuny. Mariano Fortuny. 1872. Óleo sobre tabla, 40 × 28 cm. Museo del Prado. Madrid. La pintura está realizada con una gran minuciosidad de detalles, las piedras, las macetas, la textura de las plantas el ampli seto de boj, junto con las malvas reales ya empleadas en otras obras, todo el colorido vegetal resalta contra el muro blanco del fondo y el azul intenso del cielo, la tabla figuró inacabada entre el inventario que se hizo de su taller cuando falleció. Años más tarde su cuñado Raimundo de Madrazo la finalizó e incluyó el retrato de su hermana Cecilia con una sombrilla rojiza así como el perro de primer plano.



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Retrato de Mariano Fortuny (Grabado del año 1875 por Goupil et Cie - París, en la Biblioteca Nacional de España).



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Monumento a Mariano Fortuny en el Barrio Fortuny de Reus.



Los Madrazo. Pintura
 

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Federico de Madrazo - Luisa Rosa y Raimundo, hijos del pintor (1845)

La colección de 84 obras de la saga familiar de los pintores Madrazo quedará definitivamente asentada en la ciudad madrileña de Alcalá de Henares. La colección, adquirida por la Comunidad de Madrid tras una dación por pago de impuestos, será instalada próximamente (ya lo está) en el palacio llamado de los Casado, un antiguo hospital dedicado a San Lucas y a San Nicolás que fue fundado por el cardenal Francisco Ximénez de Cisneros en 1503.

Leer más y ver más cuadros en este enlace interesante


Enlaces interesantes sobre los Madrazo

José de Madrazo y Agudo
Federico de Madrazo y Kuntz
Pedro de Madrazo y Kuntz
Luis de Madrazo y Kuntz
Raimundo de Madrazo y Garreta
Ricardo de Madrazo y Garreta
Mariano Fortuny
Mariano Fortuny y Madrazo

Ver vídeo 'La saga de los MADRAZO'


Otros enlaces interesantes sobreFortuny

Más imágenes e historia de los cuadros Fortuny en el portal Artehistoria
Ver más obras de Fortuny en la Wikipedia
Más de Fortuny en el Museo del Prado



Espero que este trabajo recopilatorio dedicado al gran pintor catalán Mariano Fortuny y Madrazo, nos sirva a tod@s para conocer mejor su prolífica y magnífica obra.


Fuentes y agradecimientos: artehistoria.com, es.wikipedia.org, museodelprado.es, pintura,aut.org, arocenablow.blogspot.com.es, flickr.com y otras de Internet.
 




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Last edited by j.luis on Tuesday, 31 May 2016, 20:38; edited 17 times in total 
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Post Re: FORTUNY 
 
J.Luis gracias por esta nueva galería. No conocía a este pintor catalán. Me gusta su obra y creo que también se ha ganado un rinconcito en nuestra galería.  [smilie=up.gif]

Un Saludo.
 




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Post Re: FORTUNY 
 
Para mi gusto, Fortuny, junto con Dalí, son los dos mejores pintores catalanes de todos los tiempos y ocuparía uno de los mejores lugares en una clasificación mundial del género.

Sus escenas africanas me encantan y en este magnífico resúmen que, de su extensa obra, ha colgado j.luis, hay algunos lienzos que encuentro a faltar sobre la guerra árabe/española que son preciosos por su detalle y minuciosidad.

Añado un comentario de Dalí :  
Fortuny también era santo de la devoción de Dalí. En su museo hay varias pinturas de Fortuny: una, “El Tribunal de la Alhambra”, de excelentísima factura. Visitar junto a Dalí la exposición antológica que se celebró en 1974, en el centenario de la muerte del pintor, en el Museo de Arte Moderno de la Ciutadella, de Barcelona (este museo lleno de encanto decadente que está a punto de desaparecer engullido por el mamotreto de exaltación nacionalista de Montjuïc, o MNAC), fue una delicia. Recuerdo perfectamente todo lo que llegó a ver y a explicarme frente a la enorme tela de la “Batalla de Tetuán”, y también que, al observar una pintura en cuyo fondo se apreciaba una detalladísima y repetitiva celosía morisca, comentó:

–Es curioso. Viendo su pintura, se nota que allí donde el común de los pintores se aburre es donde Fortuny empieza a pasárselo bien


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Salut
 




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Peter
 
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Post Re: FORTUNY 
 
No conocía las obras de este pintor. Magníficos cuadros. [smilie=up.gif]

Gracias J. Luis por seguir enseñandos arte.

Saludos
 




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Para toda clase de males hay dos remedios: el tiempo y el silencio. A. Dumas

Dar amistad a quien te pide amor es lo mismo que dar pan al que tiene sed.

La felicidad es como la neblina, cuando estamos dentro de ella no la vemos. Amado Nevo

 
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Post Re: FORTUNY 
 
Gracias a vosotr@s amig@s, por valorar el trabajo que he dedicado, a uno de los mejores pintores españoles, sin duda como apunta peter, es el segundo mejor catalán, después de Dalí, que por cierto éste lo tenía en mucha estima. Personalmente sólo he podido ver tres o cuatro cuadros en el Prado, pero su obra en general siempre lo he tenido en mi estima.

Deciros que he encontrado algunos cuadros más de Fortuny en Internet, pero la imagen -que no el cuadro- no reunía la suficiente calidad para colgarla, por lo que si alguién encuentra imágenes mejores, le ánimo para que las cuelgue... de esa manera entre tod@s enriqueceremos la Galería de arte del foro de xerbar.



Saludos.
 




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Post Re: FORTUNY 
 
Exposición en el Museo del Prado: 'La belleza encerrada' del 14 mayo al 10 noviembre 2013



Una nueva exposición para la primavera de 2013, donde Fortuny será uno de sus protagonistas



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Desnudo en la playa de Portici, Mariano Fortuny. Óleo sobre tabla, 13 x 19 cm, 1874, Madrid, Museo Nacional del Prado

La exposición La belleza encerrada traza un recorrido histórico-artístico a través de un conjunto de más de 150 pinturas de las colecciones del Museo unidas por el formato íntimo del cuadro de gabinete y del boceto preparatorio.

La muestra se inicia con los ejemplos del siglo XIV centrados en los oratorios portátiles y las predelas de los cuadros de altar, que también serán las obras representativas del siglo XV junto a los cuadros de devoción, intensos y cercanos de los maestros flamencos, italianos y españoles, o los de asunto mitológico de los frontales de arcas de matrimonio de Italia.

Del siglo XVI se incluyen las obras que son testigo de la aparición del paisaje, de la utilización de materiales nuevos, como los soportes de pizarra o de cobre, y de las copias preciosistas de grandes cuadros importantes destinados a una clientela exquisita. Al pasar al siglo XVII, la exposición incorpora el retrato, la naturaleza muerta, o las obras seriadas, con ejemplos de Teniers o de Murillo, junto a los bocetos preparatorios, que tienen su estallido genial en Rubens. Finalmente, el siglo XVIII mostrará la importancia del cuadro de gabinete con ejemplos de Watteau, Goya y Paret y cierran la muestra los artistas españoles del siglo XIX como Vicente López o Mariano Fortuny.

Fuente: elprado.es
 




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Post Re: FORTUNY 
 
Fortuny y Madrazo desconocidos


Una exposición reúne por primera vez dibujos de ambos artistas en manos de coleccionistas

Miembros de las familias Vanderbilt y Kennedy pasaron por los pinceles de Madrazo

Cuando se conocieron, ambos congeniaron por sus aficiones comunes: antigüedades, toros y arte




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Dibujo a lápiz de la 'Fachada de la iglesia de San Carlo al Corso' de Roma (1873, 190 x 105 mm).

Los dos fueron artistas, amigos y cuñados. Conocieron en vida el éxito de su pintura, muy cotizada y bien vendida. Mariano Fortuny (Reus, Tarragona, 1838- Roma, 1874) y Raimundo de Madrazo (Roma, 1841- Versalles, 1920) son dos de los pintores españoles más reconocidos del siglo XIX. Sus biografías y su trayectoria creadora estuvieron entrelazadas y ahora, por fin, puede verse un centenar de sus obras —83 de Fortuny y 20 de Madrazo—, "la mayoría dibujos inéditos, no expuestos antes porque están en manos de particulares y procedían de los talleres de los propios artistas", subraya Montserrat Martí, la comisaria de la exposición instalada en la sala municipal de la desacralizada iglesia vallisoletana de las Francesas.


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'Carnaval en el corso romano' (1873), de Fortuny, óleo sobre tabla de 13 x 20 mm.).

Hasta el 10 de marzo se exhiben pequeñas composiciones de ambos pintores: estudios, apuntes —como esa Escalera de un convento en Granada, de Fortuny—, a veces bosquejos, meros trazos a carboncillo o lápiz y también acuarelas y óleos. Los organizadores han "rastreado" el disperso legado de los dos artistas para reunir obras procedentes de 20 coleccionistas de toda España y que en principio eran de los Madrazo. La muestra Mariano Fortuny y Raimundo de Madrazo coincide con la celebración, este 2013, del 175 aniversario del nacimiento del primero, una efeméride que traerá celebraciones en Reus y Roma.


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'Figuras para el carnaval' (1873, 110 x 70 mm.).

La comisaria Martí destaca de la exposición el cuadro El carnaval en el Corso (1873), "un óleo espléndido" (13x20 centímetros) de Fortuny. Para acompañar a esa obra hay 22 dibujos preparatorios. El resto de fortunys están distribuidos por temas: "Interiores, orientalismo, costumbrismo, Granada, Roma…", la ciudad que le marcó como artista, y pequeñas joyas como ese Pope dibujado a plumilla.
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'El carnaval', (1873, 145 x 210 mm), uno de los dibujos preparatorios de Fortuny.
En el caso de Madrazo —triunfador entre la burguesía como retratista de mujeres— su obra "está menos documentada". En las paredes de la iglesia de las Francesas cuelgan "estudios para composiciones de época y, por ejemplo, retratos de actores, entre ellos, varios de la comédie française". París fue para Madrazo lo que Roma para Fortuny.


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'Figura disfrazada' (1873, 70 x 110 mm.), de Fortuny.

Cuando se conocieron, ambos congeniaron por sus aficiones comunes: las antigüedades, los toros y, por supuesto, el arte (compartieron marchante y coleccionistas). Trabajaron juntos en Madrid, donde acudían con asiduidad a recorrer las salas del Prado, y en Sevilla, París y Roma. Mariano acabó casándose con Cecilia, la hermana de su amigo y de la que pueden verse dos retratos pintados por su esposo. Sin embargo, esa relación de fraternidad y admiración mutua entre los artistas se rompió con la temprana muerte de Fortuny a los 36 años, originada por una malaria contraída en un viaje...


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'Figuras del carnaval' (1873, 110 x 155 mm.).


... La noticia causó un gran impacto. El catalán estaba reconocido internacionalmente; prolífico, era un hombre "que quería pintar lo que le apetecía", al que se podía ver siempre con una libreta en la mano en la que bosquejaba bocetos, ya fueran meros objetos o tejidos, indicios de lo que luego desarrollaba en sus óleos. Por eso, cuando falleció salió a la luz una multitud de carpetas con los dibujos de su taller en Roma. En ellos había plasmado su interés por el entorno, por las figuras y la luz, lo que Martí llama "la impresión instantánea de la vida". En paralelo, "fueron muchos los seguidores e imitadores" surgidos tras su deceso. Casi 140 años después, los depositarios de su obra son el Museo Nacional de Arte de Cataluña, la Biblioteca Nacional, el Museo de Bellas Artes de Reus, el Prado y particulares.


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'Estudio de máscaras' (1873, 165 x 115 mm).

Su cuñado, nacido en una familia de artistas, se inclinó desde joven "por el tecnicismo, heredado de su padre", el también pintor Federico de Madrazo. Sus obras eran más académicas. Pese a su estilo minucioso y preciso, la exposición muestra al "Madrazo más espontáneo", el de los dibujos preparatorios. En la muestra predominan los retratos, como el de Dama con carta. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se convirtió en un artista cotizado, que llegó a vender un óleo en Francia, en 1870, por 15.000 francos.


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'Diversos estudios de máscaras' (1873, 165 x 115 mm.).

Tras los éxitos de París, se instaló en plena madurez en Nueva York a principios del siglo XX. Allí retrató la alta sociedad estadounidense. Miembros de los Vanderbilt y los Kennedy pasaron por sus pinceles. Pocos años después estallaron las vanguardias y el arte decimonónico saltó por los aires y fue relegado un largo tiempo. Ahora se presenta la ocasión de escudriñar estos dibujos poco conocidos de Fortuny y Madrazo antes de que retornen a las manos que los contemplan en privado.


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'Retrato de dama con carta' (1900-05), dibujo a carboncillo y clarión de Raimundo de Madrazo (390 x 285 mm.).



elpais.com
 




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El Prado adquiere un retrato de Mariano Fortuny Marsal, realizado por Fillipo Belli hacia 1866



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Fillipo Belli (1836-1927), Retrato de Mariano Fortuny Marsal, hacia 1866, Albúmina montada sobre cartulina. Museo del Prado.

Sello del fotógrafo, “Belli Roma”. Al dorso, firmada con dedicatoria autógrafa de Fortuny, “Roma 1866” y sello del fotógrafo,” Filippo Belli / Pittore Fotografo / Via Banchi Vecchi Nº 41 / ROMA”

El interés de este retrato radica en primer lugar en su temprana fecha, 1866, año en que Mariano Fortuny se encontraba en Roma, poco antes de entrar en contacto con la familia Madrazo. Fue precisamente en el año siguiente cuando el pintor fue retratado por Federico de Madrazo, en una disposición muy semejante a la que muestra esta albúmina, cuadro que hoy en día se conserva en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

El Museo del Prado posee un conjunto fotográfico de retratos de artistas, amigos y miembros de la familia Madrazo, procedentes de la colección que la familia conservó y que fue adquirida por el Museo en 2006. Este retrato añade a sus colecciones un nuevo personaje no representado fotográficamente en nuestra colección y en un momento en que el pintor estaba próximo a integrarse en la familia a través de su matrimonio con Cecilia, hija de Federico de Madrazo

Filippo Belli fue un fotógrafo, activo en Roma desde 1858, relacionado con el mundo de los artistas y pintor él mismo. Su actividad se desarrolló en el campo del retrato y las vistas de ciudades, pero es conocido especialmente por una serie de fotografías de campesinos romanos que aparecen ocupados en las tareas diarias y a los que denominaba soggetti dal vero. Estas fotografías están realizadas con una espontaneidad que no sigue las convenciones de la época, lo que les da a nuestros ojos una apariencia de modernidad que no tienen otras de igual temática. El interés de los artistas por la fotografía se manifestó desde los primeros momentos y las fotografías de campesinos, además de atender la demanda proveniente de los turistas que visitaban Italia, tenían también como objetivo servir de ayuda a los artistas, proporcionándoles un repertorio de tipos populares que venían a sustituir al modelo vivo.

En esta fotografía se manifiesta por tanto la vinculación entre un fotógrafo con producción orientada a los artistas, siendo él mismo uno de ellos, lo que nos permite pensar en la relación de colaboración que debió existir entre unos y otros, reafirmada también por las fotografías del mismo tipo y con la misma finalidad que conserva el Museo del Prado procedentes de la colección de Luis de Madrazo.

La adquisición de esta albúmina se encuadra en una de las líneas de incremento de la colección de fotografías del Museo, centrada en la iconografía de los artistas españoles de la segunda mitad del siglo XIX y en la investigación de las relaciones entre la fotografía y el arte que convivió con ella. — Mario Fernández Albarés
Procedencia

Subastas Fernando Durán, Madrid. Libros y manuscritos, subasta 365, martes, 8 de noviembre de 2011, lote 19.
Bibliografía

P. Becchetti, Fotografi e fotografia in Italia, Roma, 1978.


museodelprado.es
 




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Hoy he visto una exposición temporal magnífica en el Palacio de Comunicaciones, en El CentroCentro Cibeles, actual ayuntamiento de Madrid. Donde desde hace tres años se están exponiendo colecciones privadas de las más importantes de España. En este caso se muestra la colección de Juan Abelló ver vídeo que cuenta con numerosas obras extraordinarias, dignas de figurar en un museo de primer orden.

En la muestra había un par de cuadros de Fortuny.


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Vendedor de alfombras, 1867, de Fortuny. Colección Abelló.

Las dos obras de Mariano Fortuny: “Mercader de tapices” (1867) y, “Fantasía árabe” (1866), plena de luz, colorido y movimiento.

manuelblasdos.blogspot.com.es


 

Saludos.
 




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La lección de convivencia y diálogo de ‘El Abencerraje’

La Real Academia publica, en un solo volumen y en edición crítica de Eugenia Fosalba, las tres versiones del clásico del XVI




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'La matanza de los Abencerrajes', cuadro de Mariano Fortuny. / MNAC - EL PAÍS

“Puede haber conflicto, pero si se desata el diálogo, si uno puede ser capaz de condolerse del dolor de otro, cabe desarrollar el respeto, la comprensión y hasta la amistad; es un ejemplo de tolerancia con el distinto, con el de otra raza, religión o credo de cualquier tipo”, destila Eugenia Fosalba, profesora de Literatura Española del Siglo de Oro en la Universidad de Girona, la esencia de El Abenceraje, clásico del XVI cuyo mensaje parece escrito para los tiempos actuales en medio mundo.

A pesar de la adarga y la lanza de dos hierros y su encomiable destreza y resistencia en la lucha, la partida de caballeros cristianos es de cinco y le reducen, claro. Pero a quien los encabeza, el capitán Rodrigo de Narváez, no le casa que un musulmán “gentilhombre y bien tallado”, tan valiente, se muestre tan abatido. La caída, en la frontera andaluza entre ambas comunidades, no lo justifica. ¿Qué honda pena arrastra en su interior más allá de su apresamiento?
El propio Abindarráez se lo cuenta: iba en busca de su amada Jarifa, amor clandestino con quien iba a fugarse. De manera inopinada, el capitán le dejará en libertad para que cumpla su deseo “si me prometes de volver a mi prisión dentro de tercero día...”. Todos cumplirán e irán un paso más allá.

Fosalba es la autora del volumen que, en edición crítica y anotada, reúne por vez primera las tres versiones que existen de este relato anónimo y que acaba de editar la Real Academia Española.

Defiende la estudiosa tanto el fondo como la forma de una obra alabada por Cervantes —en el primer regreso a su pueblo, don Quijote cree que se lamenta como Abindarráez— y fuente de inspiración de Lope de Vega (El remedio en la desdicha), pero en la que “es difícil saber si lo que narra es real”. “Pienso más bien en una leyenda, aunque Rodrigo de Narváez existió y el linaje de los Abencerraje, también, envuelta de mucho mito”, explica. Una rama de esa casta parece que se conjuraba sistemáticamente contra el poder, lo que llegó a facilitar, cuentan, la caída de Granada. También habrían sufrido un par de matanzas, una de la cuales inspiró al pintor Mariano Fortuny su óleo La matanza de los Abencerrajes (si bien la ubicó en un lugar no muy factible, el patio de los Leones de la Alhambra).

De una de aquellas carnicerías se habrían librado Abindarráez y Jarifa, criados como hermanos sin serlo y ya enamorados de chicos. “Hay una declaración de amor muy bonita cuando aún se creen hermanos, que roza el incesto”, apunta la autora como uno de los muchos ejemplos de una “trama atractiva” del cofre literario de El Abencerraje.

“El relato se lee muy bien y los protagonistas son adolescentes que viven una sensualidad casi transgresora, con esa soledad y rubor que genera la pasión, como en las obras de Ovidio, Tristán e Iseo o Romeo y Julieta”, encadena Fosalba como argumentos para que los jóvenes se acerquen a la obra. Y añade otro aliciente, a caballo entre lo sensual y lo cultista: “Hay un momento que Jarifa, tras pasar la noche con su amado, le toma del hombro y le gira hacia sí preguntándole por qué suspira, temerosa de haberle decepcionado, y es cuando él le dice que debe dejarla para cumplir su promesa con el capitán, lo que hará a pesar de que ella le propone pagar un rescate con su fortuna... Es una escena de cama moderna, si bien inspirada en la Fiammetta de Bocaccio: hay mucho elemento renacentista en la obra”. También asegura que la historia ayudó, gracias al gran eco que tuvo desde la plataforma del libro de Montemayor, a expandir por Europa la imagen del moro galante, así como alimentó la fascinación por el orientalismo. 

Apunta Fosalba en su libro sin fondo de sugerencias que el autor del anónimo relato pudiera ser Jerónimo Jiménez de Urrea, escritor y militar, autor de un Diálogo de la verdadera honra militar, que rezuma la ideología castrense que aplica el capitán cristiano: “El no humillar y no desafiar al enemigo, cumplir la palabra dada e, incluso, trabar amistad con él. Verdad que El Abencerraje no sirvió para que no expulsaran a los moriscos, pero hoy puede servir para darnos cuenta de que la amistad pueda estar por encima de diferencias religiosas o culturales; los romances fronterizos respetaban al enemigo moro... En el fondo, somos seres humanos, ¿no?”.


Afrentas literarias

En 1990, Eugenia Fosalba hizo una notable aportación a los clásicos al atribuir el capítulo cuarto de La Diana, de Jorge de Montemayor, en el que aparecía una versión del anónimo episodio de El Abencerraje, al propio Montemayor. “Lo reescribe”, apunta la experta, que autoeditó el estudio. “No lo deje usted así”, le dijo el académico Francisco Rico, pero Fosalba no entró en materia hasta hace tres años, cuando descubrió un estudio de 2008 que “le daba la vuelta al árbol genealógico que yo había propuesto sobre El Abencerraje”. Fue entonces cuando decidió trabajar las tres versiones: una anónima posterior a 1548, de pocos años después; la de Antonio de Villegas (donde se suavizaron escenas eróticas) y el famoso capítulo cuarto de La Diana. Fosalba cree —“no tengo la certeza, pero me parece plausible”— que el texto anónimo es obra del militar y escritor del siglo XVI Jerónimo Jiménez de Urrea y cree haber hallado una riña entre los tres: Villegas se habría burlado de la obra de Montemayor, quien a su vez menospreciaba el trabajo tanto de Villegas como de Urrea. Las afrentas, un gran motor literario.


elpais.com
 




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Exposición en el Museo del Prado, desde el 21 de noviembre de 2017



Mariano Fourtuny (1838-1874)


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'La vicaría', 1870. Obra de Mariano Fortuny.

Museo del Prado (Paseo del Prado, s/n) | Desde el 21 de noviembre. El Museo del Prado organiza por primera vez una exposición antológica del artista catalán, uno de los más destacados en la España del siglo XIX, y le dedica las dos salas más importantes en la ampliación del edificio. La muestra contiene los fondos de la pinacoteca, así como obras de grandes colecciones y museos de todo el mundo, entre los que destaca el Museo Fortuny de Venecia -que presta más de 30 trabajos-, así como el Museu Nacional d'Art de Catalunya.

Mariano Fortuny (1838-1874) repasa la trayectoria del creador y su carácter innovador en las parcelas que cultivó. Espléndido en la captura de la luz en sus pinturas al óleo, fue el gran acuarelista de su tiempo. Entre las obras más importantes que contiene esta exposición se encuentran Los hijos del pintor en el salón japonés, de la colección del Museo del Prado; La vicaría, del Museu Nacional d'Art de Catalunya, o La elección de la modelo, procedente de la National Gallery de Washington.

elmundo.es
 




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Post Re: FORTUNY (Mariano José María Bernardo Fortuny Y Garbo Marsal) 
 
Cuando Fortuny viajó a Granada a pintar más deseos que realidad

El Caixaforum de Sevilla acoge hasta el próximo 7 de enero una muestra con un centenar de obras del pintor catalán en Andalucía



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'La matanza de los Abencerrajes', obra de Mariano Fortuny, en el Caixafórum de Sevilla. / PACO PUENTES

Delicadas pinceladas de acuarela y grafito sobre papel que levantan el patio de la casa granadina de unas monjas, tinta a la pluma que esboza en precisos trazos unos músicos árabes, un óleo sobre lienzo que ilustra con un elaborado celaje la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla, o una recreada escena de La matanza de los abencerrajes en la Alhambra de Granada... Son todas obras que el pintor catalán Mariano Fortuny realizó en un periodo de ensoñación, de 1870 a 1872, entre Granada, Sevilla y el recuerdo de su paso por Marruecos. Son un centenar de pinturas y dibujos que se pueden contemplar en el Caixaforum de Sevilla desde este jueves y hasta el próximo 7 de enero en la exposición Andalucía en el imaginario de Fortuny.

Bajó al sur de Europa para pintar sus sueños, para acercarse más a sus deseos de crear imágenes orientalistas y callejeras antes que a la realidad, que era la demanda del mercado. Fortuny disfrutó del éxito profesional del Occidente del siglo XIX. Sus obras se vendían, sus propuestas eran aclamadas por los compañeros, tenía clientes, pero prefirió replantear su carrera. "En un momento álgido de su carrera artística, decide alejarse del encumbramiento de la vanguardia creativa e instalarse en la periferia del sistema artístico. Probablemente tiene la necesidad de reinventarse", apunta Francesc Quílez, comisario de la exposición. 

De esta forma, Fortuny se centra en representar escenas virtuosistas, preciosistas, gran cantidad de ellas de pequeño tamaño "en las que muestra un estado de bonheur, de gran felicidad por trabajar en lo que le interesa. Rompe las cadenas con el circuito comercial", añade Quílez, que considera al pintor de Tarragona como "el mejor pintor español del siglo XIX despúes de Francisco de Goya". Quizás más considerado en el extranjero que en España, esta muestra recoge obras cedidas por el Museo del Louvre, el de Orsay, el Palacio Fortuny de Venecia, el Museo Nacional d´Art de Catalunya, el Museo del Prado, la Biblioteca Nacional y el Museo Goya de Castres, además de piezas de coleccionistas privados.


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Granadina apoyada en la puerta de una casa, obra de Mariano Fortuny. / PACO PUENTES

La muestra, formada por 133 obras y que ya ha sido vistada por 11.000 personas en Granada y Zaragoza, son en su mayoría dibujos y bocetos del autor que se completan con piezas de su hijo y otros artistas que fueron influenciados por el tarraconense como Martín Rico o José Villegas. Flores, puertas, tapias, calles, mujeres al sol, hombres caminando, e interiores de la Alhambra, a la que accedía con total libertad y por todas las esquinas por su amistad con el guía oficial del monumento consiguieron encandilar a sus contemporáneos y dejar para la posteridad un legado histórico.


Publicado por elpais.com / Sevilla 20 SEP 2017
 




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Post Re: FORTUNY (Mariano José María Bernardo Fortuny Y Garbo Marsal) 
 
Mariano Fortuny, al fin profeta en su tierra

El Museo del Prado abre sus salas a una exposición monográfica sobre el gran artista catalán del XIX, un pintor cuyo mérito no siempre fue reconocido en España



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Una de las obras de Fortuny expuestas en el Prado. / CLAUDIO ÁLVAREZ

La clave de lo que sin duda conforma una de las tradicionales líneas de interpretación crítica de la obra de Mariano Fortuny (Reus, 1838-Roma, 1874) la da Javier Barón, comisario de la extraordinaria exposición que El Prado dedica al artista catalán. “Fortuny era un virtuoso, sí, pero el virtuosismo puede tener dos sentidos: uno positivo, de maestría. Y otro negativo, e injusto, que habla de un artista incompatible con la modernidad”.

Hay en las palabras de Barón, jefe de conservación de pintura del siglo XIX en El Prado, un claro deje reivindicativo frente a lo que parece interpretar como una consideración injusta de la obra de este artista. “Su valoración fue infinitamente mayor mientras vivió, e incluso a su muerte, que en el momento actual”, explica, “y eso hace que por ejemplo en Estados Unidos se conozca mejor al Fortuny hijo [Mariano Fortuny y Madrazo] que al padre”.
 
Lo que vino inmediatamente después de sus años de magisterio se llevó por delante su nombre y su obra. Digamos que, en ese sentido, los impresionistas no tuvieron piedad y el realismo y el orientalismo —ámbitos en los que Mariano Fortuny fue una estrella aunque fue mucho más— quedó tocado de muerte. “Sus cuadros de género y de motivos árabes le habían proporcionado un gran éxito y triunfó como pintor, como acuarelista y como grabador, pero el triunfo posterior del impresionismo le dejó –como a otros grandes artistas de la época- en un segundo plano, un lugar sombrío en la historia del arte, una historia que se construye a partir de ejes: realismo, impresionismo, postimpresionismo, vanguardias… y todo lo que no cuadrara ahí se quedaba fuera”, argumenta el comisario de la exposición, quien concluye: “Ya sabemos que las etiquetas son fatales para el arte”.

El caso es que la primera gran muestra que El Prado dedica a uno de los maestros españoles del XIX es también, por volumen e importancia de obras, la más importante nunca montada en España. Tan solo la que organizó en 2003 el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), poseedor de una buena colección de fortunys (ha prestado 15 para la ocasión), puede servir como antecedente de relieve. La exposición actual, cuyo origen se sitúa en un empeño personal del antiguo director de la pinacoteca, Miguel Zugaza, cuenta con el patrocinio de la Fundación Axa. Es, según Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación del museo, “la primera visión integral que se ofrece de Mariano Fortuny”.

Queda claro que, frente a la evidencia de un superdotado de la pintura al óleo y aún más del dibujo y de artes menores como la acuarela, la aguatinta y el aguafuerte, surge otra: la que habla de un creador mucho más complejo de lo que algunas fuentes han querido hacer creer… pero que no fue profeta en su tierra. De hecho no faltaban ayer, entre los primeros visitantes a las salas de la pinacoteca, quienes se echaban las manos a la cabeza ante la decisión de los responsables del museo de designar esta exposición como el plato fuerte de su temporada.

Un conjunto de 170 obras procedentes de hasta 40 museos de todo el mundo y colecciones privadas, que podrá contemplarse desde este lunes hasta el 18 de marzo en las salas A y B del Edificio Jerónimos del Prado. Treinta de esas obras proceden de las propias colecciones del museo madrileño y 67 no habían sido expuestas nunca fuera de las paredes que tradicionalmente los albergan: Metropolitan e Hispanic Society de Nueva York, Hermitage de San Petersburgo, Museo de Orsay de París, Museo Británico de Londres, Biblioteca Nacional de España, Biblioteca Nacional de Francia, The Art Institute de Chicago, National Gallery of Art de Washington… y sobre todo Museo Fortuny de Venecia, que aporta el mayor número de obras: 30.

La exposición recorre de manera cronológica los escasos 36 años de vida y obra del pintor, que murió de malaria en su casa de Roma. Sus primeros años de formación en la Ciudad Eterna (1858-1861), pensionado por la Diputación de Barcelona, denotan ya el nacimiento de un dibujante superdotado forjado en la contemplación y asimilación de los maestros del Renacimiento y el Barroco. Con apenas 22 años, muchos artistas ya consagrados empiezan a envidiar su asombrosa técnica acuarelística.

Pero son los años de la primera estancia en Marruecos (1861-1862), a donde había viajado para pintar cuadros sobre la presencia de voluntarios catalanes en las guerras hispano-marroquíes (eran, definitivamente, otros tiempos) los que le iban a marcar para siempre. Fortuny se deja cegar por la luz del Atlas y seducir por las sombras de los fondos de estancia, edificando un arte del claroscuro de difícil parangón en el XIX. Pero sobre todo se queda literalmente colgado de los tipos árabes y de sus usos y costumbres. Marruecos ya nunca le abandonará.
 
Mariano Fortuny, que había ejecutado allí obras como La batalla de Wad-Ras, puede estar en Roma, en Barcelona o en Granada —otra de las salas recorre sus años granadinos entre 1870 y 1872—… pero siempre estará en Marruecos. El herrador marroquí, un óleo de 1863 procedente de una colección privada de Barcelona y nuca expuesto hasta ahora, es uno de los más bellos ejemplos de esa filiación árabe del artista.

Uno de los principales tramos expositivos presta especial atención a su dimensión como grabador, técnica aprendida directamente en la obra de creadores como Ribera, Rembrandt… y su eterna fijación, Francisco de Goya. La placa de cobre niquelado, dos estudios preparatorios y una impresión definitiva de El anacoreta, una de las cumbres de su arte, son los protagonistas de este tramo de la muestra. Sus lápices, sus carboncillos y sus clariones de niños, de viejos, de cuerpos desnudos, aturden por su genio y su aparente, solo aparente sencillez.

Fue un pintor genial que, muy probablemente, murió de éxito. ¿Qué habría sido de Mariano Fortuny si sus clientes no le hubieran quitado de las manos todos aquellos cuadros de marquesas, nobles y vicarías, todas aquellas odaliscas y todo aquel tipismo orientalista ? ¿Cuál habría sido su evolución si hubiera roto lazos con su muy exigente y muy conservador marchante Adolphe Goupil? Esa pudo ser parte de la primera muerte, la artística, de Fortuny. La otra, la física, le sorprendió en su umbría casa de Roma, demasiado joven como para aventurar más hipótesis...


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Obras de la muestra de Mariano Fortuny en el Prado. / CLAUDIO ÁLVAREZ


Una vieja historia con El Prado

Mariano Fortuny fue, más que un visitante asiduo, casi un inquilino del Museo del Prado, donde se pasaba días enteros copiando a los grandes maestros. Algunas de esas copias, como la del Marte de Velázquez o la de La familia de Carlos IV de Goya, también forman parte del conjunto expuesto. Javier Barón señala con el dedo, ensimismado, la copia del Marte de Velázquez.

“Son copias en las que él llega a un grado de calidad que ningún otro artista de su tiempo consigue, y que explican muchos de los elementos que acabará integrando en sus propias obras”, explica el comisario, que recuerda: “¡Por si fuera poco, se casó con la hija del director del museo, que era Federico de Madrazo, y claro…”.

Barón cita a Goya, Velázquez, El Greco, los pintores flamencos, los venecianos, los orientalistas franceses, los napolitanos y el arte japonés” dentro de la amalgama de influencias recibidas y asimiladas por Fortuny.


elpais.com
 




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