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MARTÍNEZ MONTAÑÉS, Juan
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Mensaje MARTÍNEZ MONTAÑÉS, Juan 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a un excelente escultor andaluz Juan Martínez Montañés, fue muy importante en la época que le tocó vivir, especialmente, manejanndo la madera, le llamaban 'el dios de la madera', y un referente para muchos artistas que le siguieron en su personal estilo. Hoy es de los artistas más respetados y estudiados. Su maestro en Granada, donde se forrmó fue Pablo de Rojas. Después Montañes le superaría llegando a crear la escuela sevillana.

Su producción tiene unas características más clasicistas y manieristas que propiamente barrocas, aunque durante su evolución apuntó al realismo barroquizante. Su producción, estimulada por su ferviente religiosidad, es casi toda religiosa, con la excepción de dos retratos orantes de nobles.

En 1635 salió por primera vez de Sevilla para dirigirse a Madrid donde había sido contratado para hacer en barro el busto del rey Felipe IV, que junto con el retrato ecuestre de Velázquez serviría como modelo para la estatua ecuestre que realizó el italiano Pietro Tacca. Dicha estatua se encuentra actualmente en la plaza de Oriente de Madrid.

enpequeopk2Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real (Jaén) 1568 - Sevilla, 1649), escultor barroco español. Se educó y se formó en Granada. Completó su educación en Sevilla donde fue el creador de la escuela sevillana.

Martínez Montañés, nace en Alcalá la Real en 1668, siendo bautizado en la iglesia parroquial de Santo Domingo de Silos el 16 de marzo de ese mismo año. Era hijo de un bordador del mismo nombre procedente de Zaragoza y avecindado en Alcalá la Real. Su madre, la alcalaína Marta González, descendía por línea materna de los conquistadores y primeros pobladores de esta población.

Es posible que la vocación artística de Martínez Montañés surgiera de su propia familia y en los talleres alcalaínos, y no cabe duda, según algunos historiadores de su presencia en el taller granadino de su paisano Pablo de Rojas hacia el año 1579.

En 1582 le encontramos ya en Sevilla, donde sería examinado ante los alcaldes veedores del gremio de escultores y entalladores, estando el los talleres de Jerónimo Hernández y Gaspar Núñez Delgado, siendo a partir de 1588 cuando ya es maestro escultor.

A partir de entonces comienza su obra en la capital hispalense, visitando Madrid en 1635 para esculpir el retrato de Felipe IV que formaría parte de la estatua que hoy puede admirarse en la plaza de Oriente. Murió en Sevilla a consecuencia de la peste, siendo sepultado el 18 de junio de 1649 en la parroquia de Santa María Magdalena.

En su producción artística se distinguen varias etapas: el periodo formativo(1588.1605); la etapa magistral (1605-1620); el decenio crítico (1620-1630), con la pérdida de sus discípulos Juan de Oviedo y Juan de Mesa tras una grave enfermedad que le retuvo cinco meses en el lecho y de diversos pleitos; y el periodo plenamente barroco de la apoteosis final (1630-1643).

La obra de este ilustre imaginero se conserva fundamentalmente en Sevilla y otros lugares de Andalucía, España y América hispana. Para no extender esta visión del imaginero con una relación de sus imágenes, retablos y esculturas, se citan continuación algunas de las que están documentadas e identificadas.

Así, en la Catedral sevillana, el Crucificado de la Clemencia (1603) y la Inmaculada conocida como “La Cieguecita” (1629-30); en la parroquia del Sagrario, el Niño Jesús; en la iglesia de la Anunciación, San Ignacio, San Juan Bautista y San Francisco de Borja; en el Museo de Bellas Artes, Santo Domingo y San Bruno (1634).

En el convento de Santa Clara, el retablo mayor, la Inmaculada, Santos Juanes y San Francisco de Asís; en las Carmelitas Descalzas, Santa Ana y la Virgen; en Santa Paula, San Juan Evangelista; en Santa Isabel, el retablo del Juicio Final…

Hay igualmente obras documentadas e identificadas en Lima, Oruro, Llerena, El Pedroso, Benacazón, Medina Sidonia, Cilleros y especialmente destacadas, en Santiponce y Jerez de la Frontera.  Habría que añadir decenas de imágenes que le han sido atribuidas, algunas con total fundamento crítico como el Jesús de Pasión (1619) de la iglesia del Salvador y actualmente en La Misericordia, que procesiona en Semana Santa o el Cristo de los Desamparados de la iglesia del Santo Ángel. Montañés está considerado como un artista original, creador de temas iconográficos y fórmulas artísticas.

Obras más importantes

· Retablo de San Isidoro del Campo (1609-1613) en Santiponce (Sevilla).
· Batalla de los Ángeles (1640) en Jerez de la Frontera (Cádiz).
· Niño Jesús (1606-1607)
· Inmaculada (1629-1631), llamada la Cieguecita.
· Cristo de la Clemencia (1603-1604)
· San Jerónimo Penitente
· Cristo de la pasión
· San Bruno
· Santo Domingo Penitente
· San Cristóbal (1597)
· Cristo de los cálices

Como gran maestro del Siglo de Oro que fue, influyó profundamente en la imaginería religiosa, gozando en vida de un gran renombre al conocerse en los ambientes artísticos y populares como el "Lisipo andaluz" o el "Dios de la Madera".

Espero que os guste esta recopilación que he conseguido de Martínez Montañés -vía Internet- de su magnífica y grandiosa obra.




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Busto en Pátina de Bronce de Martínez Montañés, gran escultor imaginero del Siglo de Oro nacido en Alcalá la Real (Jaén), donde se encuentra el monumento.



Algunas obras


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El Cristo de la Clemencia. (1603-1604). Escultura realizada en madera policromada por Juan Martínez Montañés en (1603-1606). Tiene una altura de 1,90 m y se conserva en la sacristía de la Catedral de Sevilla. El Cristo de Clemencia es uno de los Crucificados más representativos del naturalismo barroco español. Fue tallada por encargo de un sevillano particular y con destino a su propia capilla funeraria; el policromado se debe a Francisco Pacheco, maestro y suegro de Diego Velázquez.


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El Cristo de los desamparados. Iglesia del Sto. Ángel, de la calle Rioja se inspira en el de la Clemencia, aunque está muerto y una lámina de sangre le brota del costado. El paño es semejante, pero la encarnadura es más cetrina, como corresponde a la muerte. Acaso sea del maestro o de alguien muy próximo a él, aunque no supera el original.
Con este Cristo Montañés define el prototipo de los crucificados sevillanos. «Es sobre todo la obra de un genio en trance de inspiración», añade G.-M. y el resto de la crítica lo destaca como el Cristo más bello de la escultura barroca y una de las más hermosas realizaciones del arte universal, comparable a las obras de Praxiteles o de Lisipo.


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Cabeza y estatua de de San Ignacio de Loyola. Imagen de candelero para vestir, de 1,67 m de alto. Iglesia de la Anunciación. Escultura realizada en 1610 por Juan Martínez Montañez y policromada por Francisco Pacheco, para la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, que después pasó al patrimonio universitario. Se realizó con motivo de la beatificación de este santo en 1609.
San Ignacio fue el fundador de la Compañía de Jesús. Antes de las reformas efectuadas en el siglo XIX, esta efigie presidía el antiguo retablo del crucero, ubicado en el flanco del evangelio. Ahora, en su lugar hay otro con las imágenes titulares de la Hermandad del Valle. En la actualidad se expone sobre un pedestal, colocado en el flanco de la epístola (a la derecha del retablo mayor de la iglesia, según se mira).


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San Francisco de Borja, atribuida a Juan Martínez Montañés, 1624-25, imagen decandelero para vestir de 1,67 m. de alto. Iglesia de la Anunciación. Este santo español fue heredero del ducado de Gandía y virrey de Cataluña. Al morir la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, acompañó su cadáver hasta Granada, donde fue sepultada. Posteriormente, ingresó en la Compañía de Jesús y falleció en Roma en 1572. Esta escultura se expone, haciendo pareja con la de San Ignacio de Loyola, sobre un pedestal situado en el lado del Evangelio (a la izquierda del retablo mayor del templo).
Por las evidentes semejanzas estilísticas y técnicas con la de Ignacio -que sí está documentada su autoría- se atribuye esta escultura a Martinez Montañes. El encargo al escultor se efectuaría en 1624, con motivo de la beatificación del santo. La efigie, actualmente recubierta de telas encoladas, debía lucir ricas prendas litúrgicas durante los solemnes cultos que le dedicaban en esta iglesia de la Compañía. Contempla un cráneo que porta en la mano izquierda, a la par que sostiene con la diestra una cruz. La calavera recuerda la muerte de la emperatriz Isabel, cuyo acontecimiento le hizo exclamar: "Nunca más servir a señor que se pueda corromper".
En contraposición, la cruz es signo de Vida Eterna.El recogimiento y austeridad de la imagen es semejante al que plasma Alonso Cano en un lienzo del mismo asunto, ahora en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, fechado también en 1624. De ahí se puede inferir que ambos artistas tomaran como fuente de inspiración iconográfica alguna estampa que, procedente de Roma, los jesuitas debieron difundir por toda la ciudad.


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San Juan Evangelista. De Juan Martínez Montañés (1568- 1649), denominado por sus contemporáneos sevillanos "el dios de la madera" por la calidad exquisita de su talla, consigue aunar en sus obras el amor por la belleza, el equilibrio y la serenidad del clasicismo tardío con el naturalismo típicamente barroco. De esta simbiosis surgen unas elegantes figuras, de cuerpos aplomados y actitudes reposadas, aunque profundamente humanas y veraces en el reflejo de sus contenidas emociones - La influencia de su estilo alcanzará a toda la escultura sevillana que mantendrá como una constante el interés por lo bello y serenamente sentido del maestro.


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RETABLO DE INMACULADA -LA CIEGUITA- (1628-1631). BARROCO ESCUELA SEVILLANA. CATEDRAL de SEVILLA


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Inmaculada. Conservada en la Catedral de Sevilla. Por su mirada hacia abajo, los sevillanos le pusieron el mote de la cieguita. En la zona del crucero de la Epístola se encuentra el interesante retablo de la Inmaculada, formado por un gran arco que encierra un segundo retablo. Éste último fue realizado por Juan Bautista Vázquez el Mozo, entre 1580 al 1584, mientras que el arco y los cuerpos laterales son del siglo XVII. La zona central se forma por medio de dos cuerpos, con calles laterales y ático. En el centro Inmaculada de la escuela de Martínez Montañés



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Retablo Mayor de la Iglesia de San Miguel de Jerez (Cádiz). Una larga espera (1601-1655) para terminar una obra destacadísima del retablo protobarroco. Juan Martínez Montañés concentra a Juan de Oviedo y de la Bandera y a Gaspar del Águila para el proyecto. Por fallecimiento, sustituye a Gaspar, Miguel de Zumárraga. En 1617 Montañés replantea la pintura y relieves. Se incorpora José de Arce. Interviene la mejor policromía. Todo un lujo para San Miguel.


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Iglesia de San Miguel de Jerez. El gran retablo mayor sobre ábside de cinco lados y todo en madera, lo diseña y ejecuta en gran parte el prestigioso imaginero Juan Martínez Montañés a partir de 1609, siendo continuado luego por su discípulo José de Arce.



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CONVENTO DE SANTA CLARA RETABLO MAYOR-XVII-BARROCO-CRISTO,VIRGEN CON NIÑO Y SANTOS. LLERENA (BADAJOZ)


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LA NATIVIDAD. MONASTERIO DE SAN ISIDORO DEL CAMPO DETALLE DEL RETABLO


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Retablo de La adoración de los pastores. (1609-1613). Monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo. Santiponce (Sevilla)


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RETABLO DE LA INMACULADA - CONVENTO DE LA MERCED CALZAD IGLESIA - 1633. MUSEO DE BELLAS ARTES de SEVILLA


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Sacristía de los Cálices, con el Crisro de Montañés al fondo


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San Jerónimo Penitente (Retablo Mayor). Talla de bulto redondo ejecutada con carácter procesional que refleja un espléndido estudio del cuerpo humano.


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Relicario de pequeño tamaño (sólo 30 cm) destinado a contener un hueso de un mártir. Museo de Bellas Artes. Budapest.


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A parte de otras piezas de artes habria que destacar sobre manera esta inconmensurable Santa Ana instruyendo a Virgen Niña obra de Martinez Montañes fechada en 1633.


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SEVILLA. CATEDRAL INMACULADA CONCEPCION LLAMADA LA CIEGUITA 1629-1631-CEDRO DE LA HABANA- ALTURA 164 CM-POLICROMADA Obra de MARTINEZ MONTAÑES


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SEVILLA. IGLESIA DEL SALVADOR SAN CRISTOBAL - 1597 Obra de MARTINEZ MONTAÑES


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Jesús de la Pasión, de Sevilla, obra maestra de Juan Martínez Montañés


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Imagen de San Ignacio de Loyola de las que Martínez Montañés esculpió en 1610, la cabeza y las manos, con motivo de la beatificación del fundador de la Compañía de Jesús, actualmente conservada en la Iglesia de la Anunciación de Sevilla


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Imagen de San Bruno (1634), destinada para la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, Juan Martínez Montañés, hoy se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla


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Imagen de Santo Domingo penitente, del año 1605, la policromía fue realizada por Francisco de Pacheco. Juan Martínez Montañés. La escultura fue encargada para el convento de Porta Coeli, hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla


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Escultura del Cristo de la Clemencia o de los Cálices (1603-1604), sacristía de la catedral de Sevilla. Juan Martínez Montañés. Fue realizada por encargo del arcediano hispalense Mateo Vázquez de Leca


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Catedral de la Almudena ?. Jesús de la Misericordia. Juan Martínez Montañés


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La Cieguecita, Catedral de Sevilla. Juan Martínez Montañés


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San Juan Bautista, Convento de Santa Paula, Sevilla. Juan Martínez Montañés


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San Juan Bautista, Dallas meadows Museum. Juan Martínez Montañés


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San Juan evangelista, Convento de Santa Paula, Sevilla. Juan Martínez Montañés


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San Juan (Figura central del retablo) de Martínez Montañés de 1638. Iglesia del Convento de Santa Ana


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San Juan de Martínez Montañés. 1638. Iglesia del Convento de Santa Ana


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Santa Ana. Martínez Montañés. 1627. Convento de Santa Ana


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San Juan el Bautista. 1621. Iglesia del Convento de San Leandro de Sevilla


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San Juan Evangelista en Patmos. 1632. Iglesia del Convento de San Leandro de Sevilla


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San Cristóbal, Iglesia del Salvador, Sevilla. Juan Martínez Montañés


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San Juan Bautista, MOMA de Nueva York. Juan Martínez Montañés


Retablo mayor de la iglesia de la Anunciación de Sevilla


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Iglesia de la Anunciación de Sevilla. Retablo de la a Inmaculada Concepción. Concertado en 1610, su ejecución se realizó en dos etapas, la primera en fechas cercanas a su contratación y la segunda entre 1618 y 1620. Es uno de los retablos más representativos de Montañés en sus primeros tiempos y está emparentado con los que hizo por aquellos años para los Jerónimos de Santiponce.


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Retablo mayor de la iglesia de la Anunciación de Sevilla, es una pieza clave en la evolución del arte andaluz del siglo XVII donde conviven el tardomanierismo de Antonio Mohedano con el primer naturalismo de Juan de Roelas (lienzos que representan la Sagrada Familia en el centro y la Adoración de los Pastores, a la dereha) en uno de los mejores retablos pictóricos de Sevilla conservados in situ. La estructura de este retablo, realizado entre 1604 y 1606, denota la influencia de su autor, el jesuita Alonso Matías en la renovación de la arquitectura en madera que iniciará Alonso Cano a partir del retablo de la Iglesia de Santa María de la Oliva (Lebrija). De igual época son las esculturas de San Pedro y San Pablo en los extremos del ático. Las imágenes de San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, procedentes del convento de Santa María del Socorro, de las repisas del primer cuerpo, son obra de Martínez Montañés, ejecutadas en 1610 y 1624 respectivamente.


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En primer término se ve la bóveda semiesférica que cubre el crucero. Al fondo se encuentra el retablo mayor, obra del retablista Alonso Matías. Los lienzos de la Sagrada familia (centro) y la Adoración de los pastores (derecha), son obra de Juan de Roelas; la Adoración de los reyes (izquierda), de Girolamo Lucente da Correggio. La Anunciación del ático fue pintada por Antonio Mohedano. A ambos lados del altar, las esculturas de San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, obra de Juan Martínez Montañés.


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San Ignacio de Loyola. Martínez Montañés, 1.610.


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San Francisco de Borja. Martínez Montañés, 1.624.

A ambos lados de este gran retablo de la Anunciación, en los intercolumnios, se encuentran las esculturas de san Ignacio de Loyola (fundador de los Jesuitas) y san Francisco de Borja, tercer Padre General de la orden (en su mano izquierda debería tener una calavera a la que mira), que son obra de Juan Martínez Montañés, quien las ejecutó en 1.610 y 1.624.



Iglesia de la Anunciación de Sevilla. Retablo del Bautista

Iglesia de la Anunciación de Sevilla. Retablo del Bautista. En el muro de la Epístola encontramos un retablo dedicado a San Juan Bautista que se puso en 1972, procedente del convento sevillano de Santa María del Socorro; en dicho año fue adquirido por la Dirección General de Bellas Artes y se trasladó a este templo universitario. La arquitectura y los relieves son obra de Juan Martínez Montañés y la policromía y pinturas de Juan de Uceda. Todos los relieves hacen alusión a la historia del Bautista desde su anunciación y nacimiento a su martirio.


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Retablo de San Juan Bautista, tallado por Juan Martínez Montañés. Siglo XVII.

Retablo de San Juan Bautista, también conocido como Retablo de Martínez Montañés. También en el lado derecho, existe un retablo, procedente del convento del Socorro de 1622, dedicado a San Juan Baustista, con arquitectura y relieve obra de Martínez Montañes y cuyas pinturas corresponden a Juan de Uceda.


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Primer cuerpo  del retablo de San Juan Bautista. Consta de altar, banco y dos cuerpos, divididos en tres calles; se remata por un ático. En el banco hay pinturas que representan a los Cuatro Evangelistas, a las que se suma la del Niño Jesús, que se encuentra en el Sagrario. Las dos de los extremos están prácticamente destruidas.


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Relieve principal del retablo de San Juan Bautista. En el centro del primer cuerpo aparece el relieve que representa El Bautismo de Cristo, el más grande del retablo. A los lados, cuatro relieves referidos al Bautista: La Predicación, su Prisión, Ante Herodes y La Decapitación.



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Capilla de la Inmaculada. Iglesia del Sagrario de Sevilla. Está Anexionada a la catedral de Sevilla. La imagen de la Inmaculada que preside esta capilla es de principios del XVIII y se encuentra en un retablo atribuido a Juan de Valencia. Junto a ella se coloca también el bellísimo Niño Jesús esculpido por Martínez Montañés en 1.606, que pertenece a la Hermandad Sacramental y procesiona en la festividad del Corpus.


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Niño Jesús. Martínez Montañés, siglo XVII. Capilla de la Inmaculada. Iglesia del Sagrario de Sevilla.



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Algunos de los Doce Sevillanos Ilustres en San Telmo... entre ellos: Martínez Montañés, escultor que porta en una mano la cabeza de un Cristo.



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Retrato de Juan Martínez Montañés, pintado por Velázquez. Museo del Prado



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Monumento al escultor Juan Martínez Montañés. Plaza del Arcipreste de Hita, Alcalá la Real, Jaén . Obra de Juan Cristóbal González



Enlaces interesantes


Ver trabajo dedicado a la Escuela Granadina de Escultura

EL NAZARENO EN LA ESCULTURA ANDALUZA DEL SIGLO XVII: MARTÍNEZ MONTAÑÉS Y EL CRISTO DE LA PASIÓN, enlace: http://blasmolinareyes.blogspot.com...a-andaluza.html



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Monumento al escultor Juan Martínez Montañés, en la Plaza del Salvador de Sevilla.



Este trabajo-homenaje está dedicado al gran retablista, escultor e imaginero Juan Martínez Montañés, llamado 'el dios de la madera' espero que sirva para divulgar y conocer un poco mejor su maravillosa obra.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, leyendasdesevilla.blogspot.com.es, oronoz, museoesculturavalladolid, museobellasartesdesevilla, artehistoria, galeon.com/juliodominguezarjona y otras de Internet
 




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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

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última edición por j.luis el Domingo, 02 Diciembre 2012, 14:47; editado 17 veces 
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Mensaje Re: MARTÍNEZ MONTAÑÉS 
 
J.Luis gracias por esta nueva galería escultórica de Martínez Montañes. Me quedo como no con el retablo de la Iglesia de San Miguel ubicada aquí en Jerez y de la que soy Hermano de la Hermandad del Santo Crucifijo de la Salud cuya imagen fue realizada por un discípulo de Martínez Montañes que era Juan de Arce.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: MARTÍNEZ MONTAÑÉS 
 
He añadido la pieza del trabajo dedicado a la Escuela Granadina de Escultura, dónde Juan Martinez Montañes de formó en Granada con el maestro Pablo de Rojas. Luego volvería a Sevilla donde deasrroyó su brillante carrera, llegando a crear la Escuela Sevillana.


Este trabajo recopilatorio está dedicado a la Escuela Granadina de Escultura y el significado e influencia que ha tenido en la Artes en nuestro país desde los siglos XVI y hasta el XIX.

La extraordinaria actividad artística desarrollada en la Granada renacentista, con la presencia de grandes artistas nacionales y extranjeros, fue la que preparó la base para que surgiera esta escuela de escultura, plagada de grandes maestros como: Diego de Siloé, Alonso Cano, Pedro de Mena, Bartolomé Ordoñez, Diego de Aranda, Baltasar de Arce, Diego de Pesquera, Felipe Vigarny, Jacopo Florentino, Pablo de Rojas, José de Mora y Familia, Alonso de Mena, Pablo de Rojas, Torcuato Ruiz del Peral, Pedro Duque Cornejo y Roldán, Pedro Antonio Hermoso y el más reciente José Navas-Parejo, José, entre otros.

Espero que os guste la recopilación que he conseguido de estos grande escultores granadinos, que en su mayoría he dedicado trabajos individualizados, y en la medida de lo posible, contribuya en su divulgación.





Escuela Granadina de Escultura



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Sagrada Familia. Obra de Diego de Siloé actualmente en el Museo del Colegio de San Gregorio de Valladolid.

La Escuela Granadina de Escultura va definiéndose a través del siglo XVI, hasta concretarse plenamente en el siglo XVII. La extraordinaria actividad artística desarrollada en la Granada renacentista, con la presencia de grandes artistas nacionales y extranjeros, fue la que preparó la base para que surgiera esta escuela de escultura.


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San Juan Bautista. Escultura en madera policromada que representa a San Juan Bautista, obra del escultor barroco Alonso Cano (Granada, 19 de marzo de 1601 - 3 de octubre de 1667). La obra fue contratada en 1634 para el retablo mayor de la iglesia de Villana de San Juan de la Palma. En la actualidad se encuentra custodiada en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Los nombres que marcan los tres momentos de iniciación, desarrollo y culminación de esos rasgos granadinos son, respectivamente, Diego de Siloé, Pablo de Rojas y Alonso Cano. Los rasgos fijados por el estilo del último son los que propiamente atribuimos a la escuela granadina.


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Bartolomé Ordoñez, autor del Mausoleo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en Capilla Real de Granada (a la derecha) y a la izquierda el de los Reyes Católicos, realizado por Domenico Fancelli.

Las imágenes góticas traídas a Granada en la época de los Reyes Católicos, aunque centraran la devoción, no pudieron actuar en el desarrollo de una escultura local. Fue la actividad aludida de los años del Emperador la que, teniendo como núcleo inicial las obras reunidas o realizadas en la Capilla Real, actuó en el desarrollo de la vida artística de Granada. La tumba de los Reyes Católicos, obra de Fancelli; la de Don Felipe y Doña Juana, debida a Bartolomé Ordóñez; el gran retablo -renovador de traza y de concepción escultórica- hecho por Felipe Vigarny y los trabajos como la «Encarnación» y el «Entierro de Cristo» -hoy en el Museo- debidos a Jacopo Florentino, constituían realizaciones maestras de nueva y variada orientación. A ello hay que unir la inmensa obra que realiza Diego de Siloé, especialmente en el monasterio de San Jerónimo y en la Catedral; y como foco, más aislado, la labor de decoración del Palacio de Carlos V, en la que interviene Nicolao de Carte, el flamenco Antonio de Leval y el discípulo del primero, Juan de Orea, en el que se une un vigoroso realismo con un sentido de la composición y del movimiento de estilo italiano.


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Felipe Vigarny - Virgen con niño, relieve tallado en mármol por el Arquitecto y escultor de ascendencia francesa Felipe Vigarny, actualmente en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

De todos los artistas citados es Diego de Siloé, el que, no sólo por su afincamiento en la ciudad, sino por la potencia y variedad de su arte, logró atraer y crear un grupo de seguidores con quienes se inicia una escuela local...


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Baltasar de Arce - El Señor Atado a la Columna. Probablemente, perteneció a la Hermandad del Corpus Christi de Granada que la formaban artistas de la ciudad y tenía su sede en los Hospitalicos. En esta iglesia está enterrado Alonso de Mena.
Baltasar de Arce (?-1564). Escultor español, discípulo y continuador de Diego de Siloé. Trabajó en la ciudad de Granada desde 1558 a 1564, año en que falleció. En el museo granadino de la Alhambra existe de él una imagen mutilada de la Virgen sentada con el Niño.



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Diego de Aranda - Calvario iglesia del Sagrario de Granada, bajo la advocación de Cristo de la Salud. Diego de Aranda (s. XVI). Escultor español del siglo XVI, nacido en Granada. Era discípulo y amigo de Diego de Siloé y trabajó con él en la catedral de Granada. Es autor de las imágenes que adornan las portadas de las iglesias granadinas de Santa Ana y San Ildefonso. También intervino en los pedestales del testero oriental del palacio de Carlos V.

... El más fiel continuador fue Diego de Aranda; pero los que dan la nota más personal son Baltasar de Arce y Diego de Pesquera. El primero con su «Cristo a la columna» de la iglesia de los Hospitalicos, que nos ofrece una figura de violento movimiento concentrado, típicamente manierista, pero de intensidad expresiva prebarroca. Con más brío y grandiosidad se muestra en la figura central del fragmentado retablo mayor de la iglesia de S. Cristóbal.

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Imagen de Mercurio en la fuente del mismo nombre en la Plaza de San Francisco de Sevilla. Obra de Diego de Pesquera (segunda mitad del s. XVI) Escultor español. Su obra, en la que se percibe la influencia italiana, en especial la de Miguel Ángel, está documentada en Granada en 1563, y en Sevilla entre 1571 y 1580. Sus Virtudes de la sala capitular de la catedral de Granada y el grupo de Santa Ana, la Virgen y el Niño de la misma catedral revelan su perfecto dominio de la piedra, así como también sus esculturas Julio César y Hércules en la alameda sevillana.

Pesquera, formado en Roma según Gómez Moreno, vino a trabajar con Diego de Siloé, logrando dentro del estilo de éste acentuados efectos de finura de modelado con rasgos expresivos de tierna y desmayada sensibilidad. Trabajó en la Catedral, y destaca entre su obra la portada de la Sala capitular, con figuras de Virtudes en las que se extreman dichos rasgos. El artista pasó después a Sevilla y se pierde su huella en 1580.


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El Entierro de Cristo - Jacopo Florentino (Jacopo Torni), el Indaco (Jacopo da Torni, L'Indaco), (Florencia, 1456 - Villena (Alicante), 1526). Grupo escultórico en madera policromada. 195 x 255 cm. Entre 1521 y 1526. Museo de Bellas Artes de Granada. Procedencia: Monasterio de San Jerónimo, Granada.

Los contactos con dicha ciudad, en un intercambio de artistas e influencias, constituyen un rasgo distintivo de los decenios finales del siglo XVI. Así, como ejemplo importantísimo para el desarrollo de ambas escuelas, tenemos que destacar el monumental retablo del monasterio de San Jerónimo realizado hacia 1585. Se ha atribuido a Vázquez el Mozo, pero muy bien pudiera ser obra del granadino Melchor de Turín -o Torines- que se inició en Sevilla en el taller de Vázquez el Viejo, con quien colaboró después en alguna obra importante. Responde su estilo a un templado manierismo, seducido por la composición clara y la noble belleza de tipos y actitudes.


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Martínez Montañés - Santo Domingo penitente, del año 1605. La policromía fue realizada por Francisco de Pacheco. La escultura fue encargada para el convento de Porta Coeli, hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, Jaén, 1568 - Sevilla, 18 de junio de 1649) fue un escultor español que trabajó entre la escultura del Renacimiento y la del barroco. Se formó en Granada con Pablo de Rojas y completó su educación en Sevilla, donde se estableció para el resto de su vida, convirtiéndose en el máximo exponente de la escuela sevillana de imaginería.


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Pedro de Mena - Magdalena Penitente en el Museo del Prado. Escultura de María Magdalena meditando sobre la crucifixión. Concebida con un intenso realismo, destaca en ella el bello rostro consumido por un fervoroso sentimiento de místico amor, magníficamente reflejado en la emotiva mirada dirigida al crucifijo que sostiene con una de sus manos, aislando a la santa del entorno y desligándola del mundo terrenal. Destaca el virtuosismo de la talla, con el que consigue magníficos efectos realistas en el tratamiento de las calidades.



Siglo XVII

A ese momento corresponde Rodrigo Moreno, del que sabemos hizo un «Crucificado» para Felipe II y que se dice fue maestro de Pablo de Rojas, figura ésta que marca el paso a una nueva época y el surgir de la gran imaginería andaluza. Centró la actividad escultórica de Granada y fue maestro de Martínez Montañés, quien conserva rasgos de esta formación.


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Pablo de Rojas -Nazareno de las Angustias. Iglesia de las Angustias (Granada, 1586). Había nacido hacia 1549, hijo de un pintor de origen sardo (había castellanizado su apellido de "Raxis" por "Rojas") establecido en Alcalá la Real y casado con una alcalaína; hacia 1579 se traslada a Granada, donde se forma con Rodrigo Moreno y establece taller en la parroquia de Santiago, lugar de residencia de muchos artistas que trabajaban en las numerosas iglesias y conventos que por aquellos años se levantaban en la ciudad. Fue maestro de Martínez Montañés.

A Pablo de Rojas corresponde en 1605 la ampliación del citado retablo, donde trabajan también sus colaboradores. De ellos destaca Martín de Aranda, que recoge su arte, aunque sin su vigor y nobleza, y, sobre todo, Bernabé de Gaviria, con quien evoluciona su estilo con una libertad, brío y dinamismo de aliento barroco. Conocemos por Gómez Moreno algunas fechas de su actividad entre 1603 y 1622 en que murió. De sus obras destaca de lo conservado el colosal «Apostolado» en madera dorada -terminado en 1614- en la Capilla mayor de la Catedral. Las diez figuras que realizó sorprenden por la grandiosidad de sus tipos y la valentía y dinamismo de sus gestos y actitudes, que si en algunos casos suponen una complicación violenta manierista, otras tienen una impetuosidad de movimientos de pleno barroco.


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Nazareno de Monturque (Córdoba), de 1662. Bernardo de Mora (Porreras, 1614-Granada, 1684) se instaló en Granada desde 1650 . Entró en el taller de escultura de los Mena y, más tarde, lo dirigió. Junto con Pedro de Mena fueron discípulos del maestro Alonso Cano, de los cuales recibió una notoria impronta que se puede observar en sus obras: Virgen de las Angustias, San Miguel, San Rafael y San Juan de Dios.

Como contemporáneos de Pablo de Rojas hemos de destacar también a los hermanos Miguel y Jerónimo García que, desligados de la vida de los talleres, trabajaban juntos y que ya en 1600 eran famosos, sobre todo por sus esculturas de barro. Sobresale entre todo lo que se les atribuye un importante grupo de Ecce-Homos, de gran variedad de tipos y todos ellos de cuidada técnica y honda emotividad. Unos son de muy pequeño tamaño, finísimos de modelado y policromía; pero en contraste se nos ofrece el de la Cartuja, mayor que el natural, donde se hermanan formas nobles y musculosas con detalles de observación realista, acordes con una intención devocional popular. La estrecha relación con esta obra obliga a atribuirles el grandioso «Crucificado» de la Sacristía de la Catedral que constituye el antecedente inmediato del «Cristo de la Clemencia» de Montañés.


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Alonso de Mena - Panel con Carlos V y su esposa en la capilla real de Granada, 1632. Alonso de Mena y Escalante (Granada, 1587 - † Granada, 1646). Fue un escultor barroco español. Continuador del estilo de Pablo de Rojas (1580-1607). Sus imágenes más célebres son las Inmaculadas y los retablos-relicarios de la catedral de Jaén y los de la Capilla Real de Granada, donde realizó los retratos reales del banco así como las imágenes de los santos de las puertas del cuerpo principal. Su hijo Pedro de Mena, fue discípulo suyo y continuador del taller de su padre, que alcanzó tanto o más renombre que su progenitor.

Con ecos de estos artistas, pero con directo y fuerte entronque con el arte de Pablo de Rojas, se ofrece el escultor Alonso de Mena, que marca con su estilo un proceso de observación naturalista, si bien de un realismo estático de lo externo con gestos impasibles. Vivió hasta 1646 y en su taller, centro de la actividad artística granadina, se formaron su hijo Pedro, Bernardo de Mora y Pedro Roldán. Los primeros encargados del taller a la muerte de Alonso, y asimismo otros múltiples discípulos mediocres, cambiaron su estilo con la vuelta de Alonso Cano a Granada en 1652.


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José de Mora - Ecce-Homo. Escultura en madera policromada, 58,5 x 48,5 x 25,5 cm. Museo de Bellas Artes de Granada. Entre 1675 y 1700. Procedencia: Convento del Ángel Custodio, Granada.

El estilo del gran maestro Alonso Cano se impuso de manera decisiva y tiránica en todas las artes. Así, el joven Mena evolucionó de acuerdo con este influjo, aunque dando una vigorosa nota personal de intenso realismo. Tras de él como último gran discípulo destaca José de Mora y Familia, hijo de Bernardo, que estiliza los tipos y sutiliza la expresión hasta la ensoñación mística. Con su hermano Diego el arte canesco se hace superficial y decorativo; pero de él brota con brío el arte de José Risueño, que vuelve a Cano y estudia directamente el natural, dando una nota de sobrio realismo, pero con sensibilidad abierta también a la gracia y belleza delicada.


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José Risueño - El Cristo del Consuelo o de los Gitanos. Es una escultura de José Risueño. Es un Cristo muerto (1698) de cuatro clavos, con los pies apoyados en un subpedáneo, que se inspira en las versiones de Zurbarán y muestra el mismo deseo de turalismo cercano que el de Mora. El cuerpo, al que el paño de tela encolada pone un contrapunto de agitación barroca, cae a plomo, recto, sin  torsión, con toda la pesadumbre de la muerte reciente, que todavía no ha borrado la tensión de las cejas ni bajado la hinchazón del pecho. El modelado de las piernas, paralelas y frontales, acentúa el naturalismo en los músculos fláccidos, en la fragilidad escalofriante de las rodillas o en la minuciosa talla de los pies. «La carnosidad que consigue hacer brotar de la madera... se aumenta por la aplicación adecuada de una policromía, limpia de sangre, entonada en gamas dominantes verdosas y ocres» (García de la Concha).

Si el barroquismo sobrevive potente en Granada en las letras y en todas las artes, no nos extrañará que del taller de Diego de Mora arranquen otros escultores que mantengan los rasgos de la escuela. Así ocurre con [color=#000cff][i]Soledad de Torcuato Ruiz del Peral, nacido en 1708 en un pueblecito de cerca de Guadix, que formado con el citado maestro, le encontramos en 1737 al frente de un taller propio.


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Soledad de Torcuato Ruiz del Peral. Estuvo muy influido por los hermanos De Mora. José de Mora, fue el más conocido, aunque el que más influyó en la formación de Ruiz Peral, fue Diego, del que se le considera su mejor discípulo. Se trata de uno de los escultores más importantes de la imaginería barroca española, especialmente la andaluza; junto a José de Mora y familia, y especialmente Alonso Cano, ocupa un lugar preeminente en la escuela barroca granadina (ss. XVII y XVIII).

Independiente de los ecos del barroco italiano y del rococó francés, mantiene los tipos granadinos, sobre todo de José de Mora, pero buscando nuevos efectos compositivos y expresivos en los que se une la suavidad de rostros con el vigoroso movimiento de grandes pliegues con violentos efectos de policromía. Se explica que tallara la imagen más procesional de toda la escuela, cual es la «Virgen de las Angustias» de S. María de la Alhambra. Entre su variada producción destacaba el conjunto de pequeñas figuras de la sillería de coro de la catedral de Guadix -destruido en 1936-, donde realizó otras obras importantes. Junto a lo citado, su mejor creación en Granada es el «S. José con el Niño de la mano» en su iglesia parroquial. Su taller fue de gran actividad hasta su muerte en 1773.

Procedente del mismo taller hay que citar a Agustín de Vera Moreno, menos personal en su arte, pero con algunos aciertos, sobre todo en imágenes de San José -en las Carmelitas Calzadas-. Destacó sobre todo en la escultura en piedra, como vemos en las imágenes hechas para la iglesia del Sagrario y el trascoro de la Catedral, y falleció en 1760.

Los demás escultores que trabajan en Granada en los años de Peral y Vera dan una nota análoga, pero con escasa personalidad. Así Juan José Salazar, Ramiro Ponce de León, Pedro Tomás Valero y Martín José Santisteban. De sentido distinto es la obra del pintor y escultor Diego Sánchez Sarabia, de culta formación y académico de número de la Real de S. Fernando.


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Pedro Duque Cornejo y Roldán - Sillería de la catedral-mezquita de Córdoba. Obra maestra de Pedro Duque Cornejo y Roldan. Además de la escultura religiosa, cultivaría la retablística, el dibujo y el grabado. Miembro de una de las más célebres sagas de artistas españoles. Su padre fue el escultor José Felipe Duque Cornejo, su madre la pintora Francisca Roldán y Villavicencio, su tía Luisa Roldan y Villavicencio "La Roldana" y su abuelo materno el patriarca del clan: Pedro Roldán y Onieva, cuyas maneras y las del italiano Gian Lorenzo Bernini serían sus fuentes de inspiración.

Entre 1714 y 1718 trabajó en Granada y dejó buenas obras el cordobés Pedro Duque Cornejo y Roldán, pero su vigoroso arte, con aparatosidad barroca de ascendencia italiana, dejó escasa huella en la obra de todos esos escultores nombrados. Tampoco pesó en la evolución de la escuela la venida en 1780 del escultor francés Miguel Verdiguier, que trabajó en la Catedral en los relieves de su fachada y en la capilla de S. Cecilio, con arte que marca el paso del rococó al neoclasicismo. Menos aún pesó el arte del escultor neoclásico Juan de Adan, que trabajó en la Catedral, y tras de él el catalán Jaime de Folch, aunque se pueda recordar al granadino discípulo del primero Pedro Antonio Hermoso, muerto en 1830.


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Pedro Antonio Hermoso. El picador herido, acompañado por los toreros y Un picador con el caballo herido.Museo Nacional Colegio De San Gregorio de Valladolid. Pedro Antonio Hermoso (Granada, 1763-Madrid, 1830) Escultor español. Fue escultor de cámara de Carlos IV y Fernando VII. De formación académica y orientación neoclásica, es autor de retablos y estatuas de San Juan de Dios (Madrid) y Moisés (Museo del Prado).

La escuela granadina continuó su evolución con modestos artistas seguidores de Peral, entre los que destaca Felipe González, cuyas obras enlazan con la de su hijo Manuel, que vive hasta mediados del siglo XIX y que nos ofrece imágenes como el «Niño Nazareno» del convento de los Ángeles y la «Soledad» de la iglesia de Sto. Domingo, que creeríamos ser obras de mediados del siglo anterior. Se produce como una vuelta a Cano y sus discípulos, rasgo que perdura en la imaginería hasta en los escultores barristas en la segunda mitad del S. XIX, Francisco Morales y Fernando Marín, con familiares y discípulos que siguen el arte de ambos y que mantienen los rasgos de la escuela hasta finalizar el siglo. Entre estos últimos destacan Pablo de Loyzaga y su discípulo José Navas-Parejo, José como últimos exponentes de esta escuela.


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Nuestra Señora del Carmen de Málaga. Obra de José Navas-Parejo, escultor, orfebre e imaginero, nació en el pueblo malagueño de Álora el 22 de Octubre de 1883. A los siete años marcho con su familia a Granada y se formó profesionalmente en la Escuela de Bellas Artes Industriales de dicha Ciudad.



La escuela granadina de escultura en los siglos de oro, enlace: http://www.terra.es/personal5/aurel...manos%20García



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a la Escuela Granadina de Escultura. La verdad la mayoría de los miembros que la integran tienen una obra excepcional.



Fuentes y agradecimientos a: es.wikipedi.es, lahornacina.com, islapasionforos.mforos.com, artehistoria.jcyl.es, juntadeandalucia.es, humildad.org, forosderealeza.com, diocesisdeguadixbaza.org, tubiografia.com.ar y otras de Internet.
 




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"La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes"

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Mensaje Re: MARTÍNEZ MONTAÑÉS, Juan 
 
Intervención de Martínez Montañés en la Iglesia de la Anunciación de Sevilla


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Iglesia de la Anunciación: capilla universitaria. La iglesia de la Anunciación es uno de los edificios más interesantes del Renacimiento en Sevilla. Era la antigua iglesia de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, cuya fundación se remonta a 1565. La expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 dejó abandonado el convento, al que se trasladaría la Universidad de Sevilla en 1771. La iglesia se convirtió de este modo en la capilla de la Universidad hasta 1956, fecha de su traslado a la Real Fábrica de Tabacos. El lugar ocupado por el antiguo convento es actualmente la sede de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad hispalense.

Las trazas del edificio las realizó el jesuita Bartolomé de Bustamante, si bien el arquitecto Hernán Ruiz II, Maestro Mayor de la Catedral, finalizó el proyecto, encuadrado dentro del estilo renacentista imperante en la época. La primera piedra fue colocada el 2 de septiembre de 1565 por el obispo de Canarias, don Bartolomé de Torres. Las obras concluyeron a principios de 1579, consagrándose el 25 de marzo por el arzobispo de Sevilla, don Cristóbal de Rojas y Sandoval. En la fachada de la iglesia, levantada toda en obra de fábrica de ladrillo, destaca su magnífica portada que se abre a los pies de la iglesia. Está dividida en dos cuerpos, el inferior formado por un gran arco de medio punto y dos hornacinas laterales, y el superior, compuesto por tres hornacinas. En la central aparece un relieve de la Virgen con el Niño ejecutado entre 1565 y 1576 por Juan Bautista Vázquez el Viejo, y en los laterales se sitúan dos esculturas del siglo XVIII que representan al arcángel San Rafael y a San José.


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Torre y cúpula de la iglesia de la Anunciación de Sevilla. La cúpula está decorada exteriormente mediante un revestimiento de azulejos, la típica construcción sevillana de alboaire. La linterna debió renovarse tras el terremoto de Lisboa de 1755, ya que consta que "de la Casa Profesa, lo más de su lenterna se vino a plomo".


Retablo Mayor


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Retablo mayor de la iglesia de la Anunciación de Sevilla, es una pieza clave en la evolución del arte andaluz del siglo XVII donde conviven el tardomanierismo de Antonio Mohedano con el primer naturalismo de Juan de Roelas (lienzos que representan la Sagrada Familia en el centro y la Adoración de los Pastores, a la dereha) en uno de los mejores retablos pictóricos de Sevilla conservados in situ. La estructura de este retablo, realizado entre 1604 y 1606, denota la influencia de su autor, el jesuita Alonso Matías en la renovación de la arquitectura en madera que iniciará Alonso Cano a partir del retablo de la Iglesia de Santa María de la Oliva (Lebrija). De igual época son las esculturas de San Pedro y San Pablo en los extremos del ático. Las imágenes de San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, procedentes del convento de Santa María del Socorro, de las repisas del primer cuerpo, son obra de Martínez Montañés, ejecutadas en 1610 y 1624 respectivamente.


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En primer término se ve la bóveda semiesférica que cubre el crucero. Al fondo se encuentra el retablo mayor, obra del retablista Alonso Matías. Los lienzos de la Sagrada familia (centro) y la Adoración de los pastores (derecha), son obra de Juan de Roelas; la Adoración de los reyes (izquierda), de Girolamo Lucente da Correggio. La Anunciación del ático fue pintada por Antonio Mohedano. A ambos lados del altar, las esculturas de San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, obra de Juan Martínez Montañés.


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Retablo Mayor de la iglesia de la Anunciación. Vista general.

El Retablo Mayor de la iglesia sevillana de la Anunciación, es sin duda, de la obra más espectacular y valiosa artísticamente de este templo. Sin embargo, esconde numerosos interrogantes. Seguro, lo que se dice seguro, sólo se sabe que la estructura arquitectónica del retablo fue trazada por el hermano jesuita Alonso Matías entre 1.604 y 1.606.

Sigue el modelo renacentista (y no barroco, como casi todos los retablos sevillanos), en el cual se aprecian los valores que promueven a este estilo, que son el equilibrio, la belleza de las formas rectas así como la admiración por arte clásico greco-romano. Fue realizado en madera de borne (árbol procedente de la zona de Flandes), siendo el banco de mármol. Está formado por el altar, el banco, un amplio cuerpo central dividido en tres calles y ático.

También es conocido de cierto que las pinturas fueron contratadas y pagadas por don Juan de la Sal, obispo de Bona, protector de los jesuitas sevillanos. A partir de aquí, entramos en el terreno de la investigación y/o interpretación. Según parece, el obispo contrató para la ejecución de las pinturas del retablo a Gerolamo Lucenti de Corregio, con la condición de que ejecutara bocetos previos de cada trabajo y de que si la pintura final no agradaba al obispo, se le pagaría la obra, pero se rescindiría el contrato. Y esto fue lo que sucedió con la primera pintura, La Adoración de los Reyes. No gustó ni al obispo ni al prepósito de la Compañía, por lo que fue pagada y guardada, siendo finalmente colocada en la calle izquierda del primer cuerpo del retablo. En otros tiempos atribuida a Francisco de Varela, basta ver el retablo de la iglesia de san Martín, obra confirmada documentalmente del italiano, para darse cuenta de que fue Lucenti el autor de esta Adoración.


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Retablo Mayor. La Adoración de los Reyes. Calle izquierda, abajo

El siguiente artista en intervenir en este retablo fue Antonio Mohedano, autor de la magnífica representación de La Anunciación, situada en el ático del retablo. Lamentablemente, esta obra suele pasar inadvertida para el visitante del templo, no sólo por encontrarse en la parte alta del retablo, sino por no estar debidamente iluminada esta zona superior. La atribución de esta pintura a Mohedano es moderna, pues ha sido obra asignada a diferentes pintores a lo largo del tiempo.


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La Circuncisión de Cristo, escena central con toda la simbología de la Compañía de Jesús. tabla de Juan de Roelas

Como comenté anteriormente, el lienzo principal del retablo es La Circuncisión y no, como es costumbre, la pintura correspondiente a la advocación de la iglesia, o sea, La Anunciación, que es de bastante menor tamaño y se encuentra colocada en el ático. La Circuncisión de Cristo es utilizada para suprema exaltación de la Compañía de Jesús, mediante una serie de personajes y símbolos, como es costumbre en esta institución.

La escena se desarrolla en tres planos. En el inferior aparecen arrodillados san Ignacio de Loyola (fundador de la Compañía, a la derecha) y san Ignacio de Antioquía (admirado por el anterior al haber pronunciado el nombre de Jesús en el momento de su muerte en martirio, a la izquierda). Ambos llevan el anagrama de Jesús (I.H.S.) inscrito en sus pechos, figurando junto a san Ignacio de Antioquía un león, símbolo de su martirio, y una tiara episcopal.


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Retablo Mayor. La Adoración de los Pastores. Lado derecho.

En el segundo plano se desarrolla el momento de la Circuncisión, describiéndose el momento en que san José entrega el Niño a la Virgen para que le sostenga durante la ceremonia. Al fondo a la izquierda, y emergiendo de la penumbra ambiental, aparece el sacerdote con un cuchillo, y junto a él un acólito con un plato. Según la versión que los jesuitas daban a este tema, sería el propio san José quien realizaría la operación, mientras que la Virgen sostendría al Niño.

En el plano superior, en un rompimiento de gloria, aparece el anagrama del nombre de Jesús, representado como un sol. De esta forma se vincula alegóricamente la ceremonia de la Circuncisión con la imposición del nombre de Jesús al Niño, y al mismo tiempo se exalta el anagrama que reúne la frase "Iesus Hominum Salvator", emblema de la Compañía de Jesús.

La Adoración de los Pastores completa, por la derecha, el primer cuerpo del Retablo Mayor. Roelas nos muestra un Niño Jesús sonriente y desnudo sobre los pañales, que proyecta una aureola de luz hacia los personajes que le rodean.


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Ático del Retablo Mayor. La Anunciación. Antonio Mohedano. Pinturas de san Juan Evangelista (izquierda) y san Juan Bautista (derecha). Esculturas de san Pablo (izquierda) y san Pedro (derecha).

Precisamente la desnudez del Niño motivó un comentario del también pintor Francisco Pacheco, contemporáneo a Roelas, que ha servido como referencia fundamental para atribuir esta pintura al artista, independientemente de que su estilo le pertenece. Pacheco, llevado de su puritanismo ideológico y, por qué no decirlo, por el rencor que le produjo el sentirse desplazado por Roelas como pintor de mayor éxito en la ciudad, censuró por escrito en su "Arte de la Pintura" la excesiva desnudez del Niño. Resulta curioso advertir que un seglar como Pacheco, condicionado por la estrechez de su pensamiento religioso, llegase a ser censor de un clérigo como Roelas, hombre sin duda más abierto y humanista que su intransigente colega. No en vano Pacheco, muy bien relacionado con el clero y la nobleza, fue nombrado “veedor de pinturas sagradas” (o sea, censor) de la Santa Inquisición.

En los laterales del ático del retablo figuran dos pinturas que representan a San Juan Bautista y San Juan Evangelista, realizadas en sustitución de san Pedro y san Pablo que originalmente figuraban en el contrato del retablo (en honor a ellos se hicieron dos esculturas situadas en los extremos del ático, a los lados de los Sanjuanes). Ambas pinturas han venido atribuyéndose a Alonso Cano, Herrera, el Viejo y Pablo Legot sin ningún fundamento, ya que presentan de forma clara el estilo de Roelas.

El retablo mayor de la iglesia sevillana de la Anunciación se completa con la pintura del Niño Jesús en la puerta del Sagrario o tabernáculo del altar, fechado en 1.606. En esta obra, el artista recrea un prototipo característico de su producción, al describir al Niño de facciones amplias y expresión inocente, que constituye un claro precedente de las representaciones infantiles de Murillo. Esta pintura posee además un interesante contenido iconográfico, pues en ella el Niño anticipa su papel de Cristo resucitado, al apoyar uno de sus pies sobre una calavera, símbolo de su triunfo sobre la muerte, y lleva en sus manos la cruz con banderola, que es el estandarte de la resurrección.


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De Juan de Roelas es la tabla de la Circuncisión, situada en el cuerpo central, y el lienzo de la derecha con el tema de la Adoración de los Pastores, pinturas éstas de gran colorido y acertada composición. También son suyas la preciosa imagen del Niño Jesús, en la puerta del sagrario, y los Santos Juanes del ático. La obra en la izquierda del primer cuerpo, con el tema de la Epifanía, se atribuye a Gerolamo Lucente da Corregio. Ver Retablo Mayor  

En el zócalo del retablo y sobre pedestales salientes normalmente se ven dos extraordinarias esculturas de San Francisco de Borja y San Ignacio de Loyola, ambos jesuitas ilustres, imágenes de vestir cuyas cabezas y manos talló en 1610 y 1624 Juan Martinez Montañés y policromó Francisco Pacheco. En algunas ocasiones estas imágenes se desplazan -como se ve en estas imágenes- e incluso cambia su postura, ya que deben ser articuladas.


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San Ignacio de Loyola. Martínez Montañés, 1.610.


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San Francisco de Borja. Martínez Montañés, 1.624.

A ambos lados de este gran retablo, en los intercolumnios, se encuentran las esculturas de san Ignacio de Loyola (fundador de los Jesuitas) y san Francisco de Borja, tercer Padre General de la orden (en su mano izquierda debería tener una calavera a la que mira), que son obra de Martínez Montañés, quien las ejecutó en 1.610 y 1.624.



Retablo de San Juan Bautista


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Retablo de San Juan Bautista, tallado por Juan Martínez Montañés. Siglo XVII.

Retablo de San Juan Bautista, también conocido como Retablo de Martínez Montañés. También en el lado derecho, existe un retablo, procedente del convento del Socorro de 1622, dedicado a San Juan Baustista, con arquitectura y relieve obra de Martínez Montañes y cuyas pinturas corresponden a Juan de Uceda.


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Primer cuerpo  del retablo de San Juan Bautista.

Consta de altar, banco y dos cuerpos, divididos en tres calles; se remata por un ático. En el banco hay pinturas que representan a los Cuatro Evangelistas, a las que se suma la del Niño Jesús, que se encuentra en el Sagrario. Las dos de los extremos están prácticamente destruidas.


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Relieve principal del retablo de San Juan Bautista.

En el centro del primer cuerpo aparece el relieve que representa El Bautismo de Cristo, el más grande del retablo. A los lados, cuatro relieves referidos al Bautista: La Predicación, su Prisión, Ante Herodes y La Decapitación.

En el centro del segundo cuerpo se halla el relieve que representa El Nacimiento del Bautista; a su derecha, San Juan se Despide de sus Padres, y a la izquierda La Penitencia del Santo en el Desierto. El retablo se completa con el relieve de La Visitación en el ático.


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Segundo cuerpo y ático del retablo de San Juan Bautista.

A los lados del retablo se alzan sobre repisas las imágenes de San Juan de Goto (a la derecha) y San Diego Kisai (izquierda), mártires cristianos japoneses que vivieron en el siglo XVI. Las tallas son anónimas, del siglo XVII, y restauradas en el XVIII, cuando se les añadió los ojos de cristal; están realizadas en madera policromada (1,50 y 1,45 metros de altura). Formaron parte de un retablo del primer tercio del siglo XVIII dedicado a los mártires jesuitas en Japón, que desapareció tras las reformas de 1.836-1.842. Dichas imágenes pasaron a adornar el pórtico exterior del retablo de la Virgen de Belén y luego se quitaron cuando se trasladó el retablo a la nave. Estas figuras desaparecieron de la Iglesia con la desamortización del siglo XIX, y el año pasado fueron recuperadas por el Museo de Bellas Artes y devueltas a la Anunciación, el lugar a las que se destinó originalmente. Resulta curioso observar que, pese a ser japoneses los santos representados, las esculturas no presentan rasgos orientales. Por la postura de uno de los brazos, posiblemente en algún momento llevaran la palma del martirio, atributo habitual de la iconografía religiosa.


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En la zona del crucero de la Epístola se encuentra el interesante retablo de la Inmaculada, formado por un gran arco que encierra un segundo retablo. Éste último fue realizado por Juan Bautista Vázquez el Mozo, entre 1580 al 1584, mientras que el arco y los cuerpos laterales son del siglo XVII. La zona central se forma por medio de dos cuerpos, con calles laterales y ático. En el centro Inmaculada de la escuela de Martinez Montañés.

A los lados las Santas Justa y Rufina, San Antón y San Roque. En el segundo cuerpo soberbio grupo de Vázquez el Mozo, con Santa Ana, la Virgen y el Niño. Mientras que los lados están San Sebastián, San Nicolás y los Santos Juanes. En el arco de triunfo se cobijan entre las columnas compuestas, esculturas de los Santos Joaquín, Ana, Pedro y Francisco. En el ático, el Padre Eterno.

Esta Iglesia de la Anunciació tiene gran significado para el mundo cofrade, teniendo en ella su sede canónica la Hermandad de El Valle desde el año 1970 y, con carácter provisional, también estuvo la Hermandad de El Amor durante la rehabilitación de la Iglesia del Salvador. Entre las muchas imágenes de gran valor con que cuenta esta iglesia se cita la del Santísimo Cristo de la coronación de Espinas, obra de Agustín de Perea de 1687 y la hermosa talla de Nuestra Señora del Valle, de autor desconocido, ambas pertenecientes a la citada Hermandad del Valle.


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El retablo de la Hermandad del Valle, conjunto realizado entre 1.836 y 1.842, y que antiguamente estuvo dedicado a san Ignacio de Loyola. En la hornacina del centro se venera la imagen de la Virgen del Valle, obra anónima del siglo XVII, atribuida tanto a Juan de Mesa como a Martínez Montañés. En 1.810, durante el traslado de la Hermandad del Convento del Valle a la parroquia de san Román, se produjo la pérdida de las manos originales de la Virgen, siendo las actuales talladas por Ordóñez. En 1.878 la imagen es restaurada por Emilio Pizarro y Cruz.

Como curisidad comentar que en la Cripta de esta iglesia sevillana de la Anunciación se encuentra el Panteón de Sevillanos Ilustres


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Tumba de los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Becquer. Panteón de Sevillanos Ilustres. Cripta de la Iglesia de la Anunciación de Sevilla.

El Panteón de Sevillanos Ilustres, situado en la cripta de la iglesia de La Anunciación, tiene planta de cruz latina con bóveda de cañón recubierta de mármoles. En este panteón se encuentran los restos de algunos de los sevillanos más significados, tales como Arias Montano (Humanista), Valeriano Bécquer (Pintor), Fernán Caballero y Mateos Gagos (Escritores), Alberto Lista (Ilustrado) o Gustavo Adolfo Bécquer (Poeta). La entrada se realiza a través de la Facultad de Bellas Artes, aledaña a este templo.

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Fachada lateral a la plaza de la Encarnación. Iglesia de la Anunciación de Sevilla


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Iglesia de la Anunciación de Sevilla. Bien de Interés Cultural. Patrimonio Histórico de España.

Enlace recomendado para conocer en profundidad la Iglesia de la Inmaculada Concepcion de Sevilla



Agradecimiento especial: a Pepe Becerra de http://leyendasdesevilla.blogspot.com.es, toda una institución en Sevilla. Cuenta con innumerables trabajos publicados en su blog, del cual me surto en muchos de mis trabajos recopilatorios, especialmente los que están relacionados con la capital hispalense.
 




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Mensaje Re: MARTÍNEZ MONTAÑÉS, Juan 
 
Iglesia de San Miguel de Jerez, intervención de Juan Martínez de Montañés y José de Arce



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La Iglesia de San Miguel es un templo de culto católico situado en Jerez de la Frontera (Cadiz, Andalucía, España). Su torre es el punto más alto de la ciudad

La Parroquia de San Miguel de Jerez de la Frontera (Cádiz). Comienza a levantarse a finales del siglo XV, y por la fecha de la placa existente en la puerta de la fachada gótica del evangelio (1484), cabe pensar que su construcción fue consecuencia de la súplica de la ciudad a los Reyes Católicos en la visita realizada por éstos en el año 1484 para la edificación de un nuevo templo en esta zona en la que la feligresía se servía de una antigua ermita. Su construcción, no obstante, se prolongaría durante varios siglos, dando lugar a un excelente conjunto de porte catedralicio donde se conjugan elementos propios del último gótico jerezano con otros del inicio y plenitud del renacimiento y del barroco.

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Vista de la nave central y al fondo su imponente Retablo mayor. Iglesia de San Miguel de Jerez

De planta rectangular, el templo se divide en tres naves, la central más alta que las laterales, por pilastras de estilo gótico florido adornadas por doseletes de gran variedad entre sí, las más cercanas a la cabecera que se cubre con una magnífica bóveda de crucería, y de mayor simplicidad las que se encuentran cerca de los pies de la iglesia; y con un crucero que no sobresale en planta pero sí en altura.


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Portada lateral. Segunda Capilla, Iglesia de San Miguel, Jerez

Considerado como el mejor templo jerezano, se trata de una iglesia muy transformada, donde intervienen grandes maestros de la talla de Francisco Rodríguez o Diego de Riaño, y más tarde Hernán Ruiz II El Joven entre 1564 y 1568, a quien se debe la realización de su majestuosa Sacristía sobre una primera construcción de Martín de Gaínza, arquitecto mayor de la archidiócesis hispalense que trabaja en ella hasta su muerte, dejándola a la altura del entablamento. De planta cuadrada y bellas proporciones y muy relacionada con la sacristía mayor de la catedral hispalense, se coronada por una airosa cúpula renacentista con casetones y decorada con placas de pizarra, que da como resultado en su conjunto uno de los espacios interiores más logrados de la arquitectura renacentista andaluza.


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En su interior se encuentra un valioso conjunto de piezas mueble, en su mayoría barrocas. Destacan el Santo Crucifijo de la Salud atribuido a José de Arce, el tabernáculo de la Capilla del Sagrario, obra del siglo XVIII relacionado con los trabajos del ensamblador local Andrés Benítez, o la custodia procesional labrada por Juan Laureano de Pina en el siglo XVII.

La Capilla del Sagrario de la Iglesia de San Miguel de Jerez, tiene planta de cruz griega con perímetro central achaflanado con columnas pareadas de orden corintio. El centro se cubre con cúpula octogonal con media naranja y linterna, y los brazos con bóvedas de cañón. Se atribuye a Ignacio Díaz, sobre probable diseño de su hermano Diego Antonio Díaz, por entonces arquitecto diocesano hispalense. Construida entre los años 1718 y 1759, su estilo, al igual que el de la fachada principal del templo está asociado al barroco sevillano, tan pujante en aquella época.


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El Santo Crucifijo de la Salud, obra magistral atribuida unánimemente a las gubias de José de Haert (discípulo predilecto de Martínez Montañés y denominado José de Arce), artista de la escuela montañesina nacido en los Países Bajos, pero afincado en Sevilla y Jerez. En Sevilla se encontraba trabajando desde 1636. Fue seguidor de Alonso Cano en el barroquismo acentuado en el modo de tratar los paños. Sus mejores obras las hizo para la Cartuja de Jerez, como el Apostolado allí existente. Un dato para atribuir esta imagen a dicho autor es su gran parecido con el Cristo de la Cartuja que documentalmente se sabe que pertenece a este autor.

El Crucifijo de la Salud es la imagen del Salvador que acaba de morir. Esta nota es visible por la leve rigidez de todos los miembros, así como por la posición colgante y encorvada, y la tensión de la musculatura del hombro, anunciando de esta manera el proceso postmortal. Es el prototipo del Cristo realista, lacerado y pendiente de la Cruz, tal como lo describe Isaías. Pero todo queda dulcificado por el influjo clásico que siempre ha caracterizado a la escultura andaluza. En la cabeza del cristo se concentra la emoción y la hondura de expresión que la escuela sevillana fue capaz de ofrecernos en el XVII. La cabeza del Cristo es realista pero apolínea, a pesar del pathos. Está muy herido, muy lacerado y pende de la Cruz cual lo haría un hombre, despojado de la divinidad. Esta característica se aprecia muy bien en la contraposición que ofrece el rostro con respecto al cuerpo. El rostro de rasgos clásicos, sereno, como si estuviera dormido, refleja una profunda paz y una humilde resignación. En el mismo destaca la finura de las facciones, talladas con insuperable perfección y belleza. Los cabellos sugieren el movimiento, como si estuviera agitado por el viento. La barba espesa acentúa la nota de rigidez cadavérica, pero sin restar belleza al rostro, sino más bien agudizándolo. Se ha dicho que en el torso, pese a las heridas y los chorros de sangre, expresa este Cristo la mayor prueba de su clasicismo. Pero, en nuestra opinión es en la anatomía donde mejor se revelan los rasgos barrocos de este imaginero, ya que aparecen con crudeza representados heridas y chorros de sangre. Las rodillas estan destrozadas por las caídas con la Cruz a cuestas, consiguiendo el imaginero una gran riqueza plástica en estos detalles que mueven a compasión. Es en el cuerpo de este Crucificado donde se hace patente la exaltación, lo barroco, el movimiento y lo cruento del martirio. El cuello refleja la crispación de las venas, apareciendo la cabeza inclinada sobre el hombro derecho.


Después de admirar el emotivo Santo Crucifijo de la Salud de Arce, continuaremos con la gran maravillosa de la iglesia jerezana, se trata del retablo mayor, una impresionante obra que analizaremos y nos deleitaremos con su impresionante esculturas y relieves.


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Retablo mayor de la iglesia de San Miguel. Jerez de la Frontera, Cádiz.
Autoría: Miguel de Zumárraga (trazas). Escultores imagineros: Juan Martínez Montañés y José de Arce.
Cronología: Primera mitad del siglo XVII. Dimensiones: 19,09 x 10,74 m. Materia: Roble (estructura) Falso cedro (columnas, esculturas y relieves) Observaciones: La información sobre esta intervención está extraída de los informes de ejecución.


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Retablo Mayor de la Iglesia de San Miguel de Jerez (Cádiz). Una larga espera (1601-1655) para terminar una obra destacadísima del retablo protobarroco. Juan Martínez Montañés concentra a Juan de Oviedo y de la Bandera y a Gaspar del Águila para el proyecto. Por fallecimiento, sustituye a Gaspar, Miguel de Zumárraga. En 1617 Montañés replantea la pintura y relieves. Se incorpora José de Arce. Interviene la mejor policromía. Todo un lujo para San Miguel.

En cuanto al retablo mayor de la parroquia de San Miguel, es un importante retablo jerezano de del siglo de oro, de estilo renacentista, Juan Martínez Montañés estaba ocupado en él desde 1601. Hubo diversos cambios de escultores y de planes respecto a sus trazas hasta quedar Martínez Montañés como su único responsable, acarreando esto por su parte grandes retrasos en los plazos para entregar los relieves y por la fábrica, incumplimientos en los pagos.

Los consiguientes problemas entre el escultor y la Fábrica de dicha iglesia fueron tales que en 1641 se decidió traspasar a José de Arce los cuatro relieves laterales que restaban por hacer, así como cuatro figuras de talla completa.

Para evitar problemas similares a los que hubo con montañés, la Fábrica estableció la condición de que Arce residiera en Jerez mientras hacía este trabajo, cláusula que cumplió sin demora.

Este retablo fue trazado por Miguel de Zumárraga en 1610, quien lo concibió como una combinación de pintura y escultura, similar al de la Cartuja. Su estructura fue corregida posteriormente por Montañés para adaptarlo al ábside ochavado de la iglesia, convirtiendo sus calles laterales en dos alas.


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Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez (cuerpo central).

Está dividido en tres cuerpos con un remate y tres calles; las columnas, de fuste entorchado, son de orden compuesto. Sus líneas arquitectónicas pertenecen al manierismo tardío.

Los relieves de Montañés han sido muy bien estudiados por historiadores sevillanos y jerezanos, que publicaron gran parte de la documentación abundantísima que arrojó su inacabable historia, pero obviaron, sin embargo, que en esta obra no hay continuidad estilística y que se hizo entre dos artistas sin relación profesional, ni de escuela, ni de aprendizaje, ni de imitación entre ellos.

Son obra de Montañés los relieves de la Rebelión de los Ángeles; la Transfiguración y la Resurrección. Son un claro exponente del manierismo tardío que aún practicaban Montañés y sus seguidores. El taller intervino predominantemente en estos dos últimos, entregados cuando Montañés se había desligado ya de la parroquia: observamos escenas idealizadas, distribuidas en bandas paralelas, actitudes congeladas, rostros esquematizados y un total distanciamiento del espectador.


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Retablo mayor de la iglesia de San Miguel (detalle central de la 'Revelión de los Ángeles'). Jerez de la Frontera, Cádiz. Autoría: Miguel de Zumárraga (trazas) Escultores retablistas: Juan Martínez Montañés y José de Arce.


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Es en el panel central de la Batalla de los Ángeles donde, aún haciéndose patentes estas mismas características, la belleza de los desnudos diabólicos y la fuerza del Arcángel San Miguel, la revelan como una obra más personal, gozando de justa fama.


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La Transfiguración. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez


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La Resurrección. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez

Las imágenes de bulto redondo de San Pedro y San Pablo, en el primer cuerpo, son lo más vivo e individual que en este retablo dejó el escultor alcalaino. Sus actitudes mayestáticas, la elegancia de las manos que sostienen los atributos, el menudo plegado de las túnicas y mantos y el cabello rizado en minuciosos bucles, convierten estas figuras en la imagen exacta de la atemporalidad espiritual de la Iglesia Católica.


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San Pedro. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez


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San Pablo. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez

José de Arce, contra lo que siempre se ha sostenido, no imita nada del estilo de los relieves montañesinos, sino que, por el contrario, deja bien patente su personalidad y su conocimiento de las formas en boga por Europa, bien alejadas de su antecesor
En el primer cuerpo, la Adoración de los Pastores y la Epifanía y en el segundo cuerpo la Encarnación y la Circuncisión, se completan en este mismo cuerpo, con las tallas de bulto de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, caracterizados, el primero, como un asceta, y el segundo como un iluminado y en el tercer cuerpo con los Arcángeles Gabriel y Rafael, próximos a estos modelos berninescos.

En los relieves rompe la disposición en bandas para mezclar rompimientos de gloria y coros de ángeles con las escenas terrenales, como ocurre en la Adoración de los Pastores, la Epifanía y la Encarnación. estos rompimientos, compuestos por ángeles-niños y ángeles-mancebos entre nubes, tañendo instrumentos barrocos y cantando, son escenas festivas, de intensa alegría, a cuya representación estuvieron tan inclinados algunos artistas de los Países Bajos


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Adoración de los Pastores. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez


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Epifanía. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez


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La Anunciación con San Juan Bautista de José de Arce. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez

Caracteriza psicológicamente a los individuos que intervienen en las escenas y en la Epifanía se inspira en una obra de Rubens. En la Circuncisión, sitúa la escena en un interior de arquitectura clásica y, al considerarse como el primer Dolor de la Virgen, prescinde del gozoso coro de ángeles.


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La Circunscisión Junto con San Juan Evangelista, obra igualmente de Arce. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Jerez

Junto con el relieve de la Resurrección, vemos los dos Arcángeles, a la derecha San Rafael y a la Izquierda San Miguel, y en la parte superior de ellos las alegorías de la Esperanza y la Fé. Junto a los Arcángeles, en cada lado de ellos encontramos las imágenes de Santiago el Mayor y Santiago el Menor.


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En cuanto a la labor de policromar este retablo, no intentaremos aquí analizar el largo y farragoso proceso de llevarlo acabo, los muchos contratiempos y los constantes traspasos de un artista otro. Resumiremos diciendo que entre los pintores más importantes destaca Francisco Pacheco quien, sin dudas, se encargaría de una buena parte de los relieves de Montañés, ya que era el pintor que trabajaba habitualmente con él.

En cuanto a la obra de José de Arce y a la terminación de lo que aún restase por hacer, fue Gaspar de Ribas quien, en 1655, daba fin a la importante tarea. Es importante resaltar la belleza con que en todas sus épocas fue realizada dicha pintura, primorosa hasta en los detalles más insignificantes de las figuras situadas más en lo alto: pequeños paisajes, personajes diminutos, escenas de género, florecillas y motivos vegetales, brocados y bordados de los vestidos. Como ejemplo más accesible a la vista no hay mas que observar las bellísimas tarjas, obra de Gaspar de Ribas, situadas en el banco del retablo.

El conjunto que presenta esta máquina, ante lo distinto de los estilos artísticos que la configuran y la armonía que conjunta estas diferencias, hacen de ella una de las obras más interesantes de la retablística y de la escultura española.


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Iglesia de San Miguel de Jerez. El gran retablo mayor sobre ábside de cinco lados y todo en madera, lo diseña y ejecuta en gran parte el prestigioso imaginero Juan Martínez Montañés a partir de 1609, siendo continuado luego por su discípulo José de Arce.


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Detalle de la Torre-fachada. La iglesia jerezana de de San Miguel está declarada Bien de Interés Cultural por disposición de 3 de junio de 1931 (BOE del 4 de junio de 1931)

Fuentes de esta pieza: andaluvia.es, cadizpedia.wikanda.es y es.wikipedia.org

Agradecimiento especial a Manuel de artedelasiglesias.blogspot.com.es por sus magníficas fotos de la iglesia jerezana de de San Miguel. Una maravilla.
 




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