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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Extranjeros. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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Pollock, Jackson
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al creador expresionista Jackson Pollock. Su verdadero nombre era Paul Jackson Pollock (28 de enero de 1912, Cody, Wyoming, Estados Unidos - 11 de agosto de 1956, Springs, Nueva York, Estados Unidos) fue un influyente artista estadounidense y un referente en el movimiento del expresionismo abstracto. Considerado uno de los pintores más importantes de los Estados Unidos en el siglo XX.

Después de vivir su infancia y adolescencia en Cody, se mudó en 1929 a Nueva York, donde estudió en la Art Students League con el pintor Thomas Hart Benton.

Su trabajo, al ser ampliamente reseñado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), empezó a ser relacionado con el surrealismo. Los críticos del momento, tuvieron que empezar a relacionar su obra de una u otra manera con el «automatismo», en una escritura automática que pretende reflejar los fenómenos psíquicos que tienen lugar en el interior del artista. Entre 1935 y 1943 trabajó para la WPA y pintó bajo la influencia de Picasso, el surrealismo y el psicoanálisis jungiano que usó como terapia contra su alcoholismo. En 1936 tuvo ocasión de trabajar en el taller experimental del muralista David Alfaro Siqueiros, usando pintura con bomba de aire y con aerógrafo, así como pigmentos sintéticos industriales. Desde 1938 hasta 1942 trabajó para el Federal Art Project (Proyecto de Arte Federal). Pero en el caso de Pollock, hubo otras fuentes de inspiración añadidas. Así, la cultura de los indios de Norteamérica, con sus formas simbólicas y sus pinturas de arena. Esto le llevó también a probar otros materiales, como el barniz, el aluminio o los esmaltes sintéticos entre otros.

El pintor se casó con la pintora Lee Krasner en 1945, la cual le brindó todo su apoyo siempre, a pesar de las adversidades, y de los múltiples vicios de Pollock.

De su corta vida, se dice que los únicos años destacables fueron aquellos en que logró controlar su alcoholismo, es decir, el período 1949-1950. Peggy Guggenheim fue su mecenas, quien le entregaba una mensualidad.

Durante la década de los años 1950 Pollock recibió apoyo de la CIA por medio del Congress for Cultural Freedom (CCF, Congreso para la Libertad Cultural).


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La carrera de Pollock se vio súbitamente interrumpida cuando falleció en un accidente de coche en 1956.


La técnica

Jackson Pollock se caracteriza en su dimensión artística, entre otras cosas, por ser uno de los renovadores del concepto de la plasmación gráfica a través de una serie de técnicas de tratamiento de la pintura no experimentadas hasta entonces, y la teorización fundamentada y racional que conlleva la explicación del desarrollo de la abstracción en la realización de sus trabajos. Toda esta dimensión creada por Pollock fue la precursora del nacimiento del Expresionismo Abstracto como rama artística de gran peso entre la década de los 40 y 60. En esa época también conoce el celebre pintor mexicano David Alfaro Siqueiros de quien aprende mucho por sus nuevas técnicas para pintar y después de esa época siendo una de las vanguardias contemporáneas con uno de los grandes trasfondos teóricos existente en este tiempo. La creación de este estilo se daba porque la acción de pintar se producía de una forma subconsciente en sí mismo, trabajando de una forma autómata, que será lo que se denominará automatismo. Buscaba la representación dramática e irrefrenable del subconsciente. Todo esto estaba condicionado por la búsqueda de levantar emociones sobre el público expectantes, por lo que ante los nuevos acontecimientos sociales producidos en el siglo XX que no podrían ser representados a modo tradicional, realista; ya que conducía una serie de sentimientos tan radicales y desconocidos. Para ello debían surgir nuevas técnicas y maneras de tratar la pintura y el concepto artístico. Esto es lo que finalmente se dará a conocer como “Action painting”.


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Como puntos a tener en cuenta de su trayectoria artística desde la visión plástica y física de la realización de la obra es la creación novedosa del término mencionado antes llamado “Action painting” , que consistía en posicionar el lienzo (siempre de grandes dimensiones) a ras del suelo y utilizar los pinceles de forma rígida, contundente y con movimientos rápidos, bruscos y autómatas. Busca el desplazamiento del propio artista alrededor del lienzo para sincronizar ese movimiento. Esto es la clave que representa el carácter marcado de su obra, que está impregnada de movilidad y un caos con un cierto orden en sí mismo. De esta gran concepción de la pintura se desata otra de las técnicas creadas por este gran genio; el “dripping”. Esto consiste en la utilización de la pintura con toda su propia vitalidad y dinamismo puro, usaba los botes de pintura con una perforación en su parte inferior para que la pintura se aplicara sobre el lienzo goteando, con movimientos bruscos y de dirección cambiante. También se lanzaba la pintura contra el lienzo y el uso de aerosoles. Solía ser siempre pintura acrílica con la que trabajaría sus obras. Otro de los grandes términos que marcaran su trabajo artístico es el “all-over” que consiste en no dejar espacio alguno sin cubrir, buscando crear una atmósfera completa y sin limitaciones de marcos. A causa de esta forma de pintar, Pollock fue apodado «Jack the Dripper» , juego de palabras con «Jack the Ripper» o «Jack el Destripador», y «Dripper» o «goteador» y que podría traducirse como «Jack el Goteador». Pollock comenzó a usar esta técnica en el año 1947, año en el que precisamente participó en la última exposición en la galería Art of this Century.


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El pintor Jackson Pollock, también una gran inspiración para los diseñadores de ropa de trabajo de los hombres, en Springs, East Hampton, estudio de Nueva York

Como punto final para poder comprender la dimensión psicológica del autor ante la creación de la obra y la explicación de los términos anteriores, el siguiente testimonio del propio Pollock consigue aclararnos esta dimensión:

    "Mi pintura no procede del caballete. Por lo general, apenas tenso la tela antes de empezar, y, en su lugar, prefiero colocarla directamente en la pared o encima del suelo. Necesito la resistencia de una superficie dura. En el suelo es donde me siento más cómodo, más cercano a la pintura, y con mayor capacidad para participar en ella, ya que puedo caminar alrededor de la tela, trabajar desde cualquiera de sus cuatro lados e introducirme literalmente dentro del cuadro. Se trata de un método similar al de los pintores de arena de los pueblos indios del oeste. Por eso, intento mantenerme al margen de los instrumentos tradicionales, como el caballete, la paleta y los pinceles. Prefiero los palos, las espátulas y la pintura fluida que gotea y se escurre, e incluso un empaste espeso a base de arena, vidrio molido u otros materiales inusuales adicionados. Cuando estoy en la pintura no me doy cuenta de lo que estoy haciendo. Sólo después de una especie de período «de acostumbramiento» ver, en lo que he estado. No tengo miedo de hacer cambios, destruir la imagen, etc., pues la pintura tiene una vida en sí misma. Trato de que ésta surja. Sólo cuando pierdo el contacto con la pintura, el resultado es una confusión. Si no, es pura armonía, un fácil dar y tomar y la pintura sale muy bien".

De esta manera, lo que Pollock plasma en la tela «no era una imagen, sino un hecho, una acción».


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Number 1, 1950 (Lavender Mist), National Gallery of Art, Washington, D.C.


Listado de Obras

    (1942) Male and Female Philadelphia Museum of Art
    (1942) Stenographic Figure Museum of Modern Art
    (1943) Mural University of Iowa Museum of Art.
    (1943) Moon-Woman Cuts the Circle
    (1943) The She-Wolf Museum of Modern Art, New York
    (1943) Blue (Moby Dick) Ohara Museum of Art
    (1945) Troubled Queen Museum of Fine Arts, Boston
    (1946) Eyes in the Heat Peggy Guggenheim Collection, Venice
    (1946) The KeyThe Sounds In The Grass Museum of Modern Art.
    (1947) Portrait of H.M. University of Iowa Museum of Art.

Espero que la información recogida de este singular pintor estadounidense, contribuya en su divulgación.






Algunas obras


El legendario Mural de Jackson Pollock


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El pintor estadounidense Jackson Pollock, en 1943 junto a 'Mural'.

'Mural es una de las obras que cambió el devenir del arte contemporáneo en los Estados Unidos. Se trata de Mural, ese cuadro que nació destinado a ocupar el recibidor del apartamento neoyorquino de la rica y excéntrica Peggy Guggenheim, ese ante el cual el artista norteamericano experimentó un monumental bloqueo, el que se convirtió en germen de una nueva técnica para Pollock y en icono de un nuevo movimiento, el expresionismo abstracto. El legendario cuadro de Jackson Pollock, (Cody, 1912 - Long Island, 1956), firmado en 1943.

Se trata de una obra icónica, que algunos consideran preludio del dripping, la técnica con la que Pollock, pitillo colgando de sus labios, botas llenas de salpicaduras, disparando chorros de color con el pincel o derramando la pintura directamente desde el bote sobre un lienzo pegado al suelo, revolucionó el discurso pictórico de la posguerra. Recala en España hasta el 11 de septiembre después de haber sido restaurado —sufrió los efectos de unas terribles inundaciones en Iowa en 2008—, y de haberse embarcado en una gira europea que lo ha llevado a la Peggy Guggenheim Collection de Venecia, a la Deutsche Bank Kunsthalle de Berlín y, ahora, a orillas del Mediterráneo. Mural, una obra que cuenta muchas historias, marcó el inicio del expresionismo abstracto, movimiento mediante el cual Nueva York le robó la modernidad a París de la mano de una nueva generación de artistas. Esta embémática obra viajó por primera vez en 21016 a España. Concretamente al Museo Picasso de Málaga, la casa de su antiguo rival, del artista que le hacía perder el sueño.

La historia de este cuadro arranca con un póquer de nombres clave del arte contemporáneo. Fue un encargo que Guggenheim hizo a Pollock, asesorada por Piet Mondrian, y con la bendición de Marcel Duchamp. La coleccionista y mecenas estadounidense, impulsora de una nueva generación de artistas desde su galería neoyorquina The Art of this Century, quería un mural que ocupara toda la pared del recibidor de su apartamento en Manhattan. Y quería impulsar la carrera de ese joven al que había echado el ojo, Paul Jackson Pollock. Corría el año 1943.

Por aquel recibidor estaba destinada a pasar la crème de la crème del momento, como Max Ernst, André Breton o Fernand Léger. Mondrian fue uno de los que sugirió el nombre de Pollock a Guggenheim. Y Duchamp fue quien le aconsejó que, en vez de trabajar directamente sobre la pared, pintara sobre un lienzo. El encargo, firmado en julio, incluía un sueldo de 150 dólares (unos 133 euros) al mes hasta que completara la obra, que debía ser entregada en noviembre.

El joven Pollock, hasta entonces enfrascado en la pintura regionalista, se vio de pronto frente a un inmenso lienzo en blanco de seis metros de ancho y dos y medio de altura. "Sabía que era el momento de causar impresión, de hacer una declaración de intenciones, de presentar algo nuevo y diferente", explica en conversación telefónica desde Iowa Sean O’Harrow, director del Museo de Arte de la Universidad de Iowa, institución propietaria de la obra. Peggy Guggenheim, Mondrian, Duchamp, el crítico Clement Greenberg, todos tenían la vista puesta en él. "Todos ellos se dieron cuenta del éxito de Pollock antes de que este ocurriera", sostiene O’Howard.

La presión jugó una mala pasada a este James Dean del arte contemporáneo con denodada inclinación por la botella. Sufrió un bloqueo. El lienzo en blanco se convirtió en una obsesión, en una pesadilla. Varios historiadores sostienen que Pollock, artista que trasladó las turbulencias de su atormentado mundo interior a su obra —y que murió, ebrio, a los 44 años, en un accidente de coche del que su amante salió ilesa— padecía en realidad un trastorno bipolar.
Cuadros y objetos

Durante años circuló la leyenda de que el precursor del dripping salió del bucle en una noche de inspiración y completó el trabajo en apenas día y medio. Pero el proceso de restauración llevado a cabo por el Getty Conservation Institute de Los Ángeles, previo al inicio del tour europeo del cuadro, puso de manifiesto que lo pintó a lo largo de varios meses, en el verano de 1943. "Pollock logró combinar la apariencia de una extrema espontaneidad con lo que en realidad era una forma muy calculada de pintar", manifiesta vía correo electrónico David Anfam, el comisario de la muestra Mural. Jackson Pollock. La energía hecha visible.

"En aquellos días, los cuadros eran objetos", explica el director del Museo de Arte de la Universidad de Iowa —Peggy Guggenheim donó el cuadro esa institución, dotada de un vibrante programa de arte, en 1948—. "Fue la primera vez que un lienzo se convirtió en una instalación participativa. Al entrar al recibidor, uno casi entraba en el cuadro, que se convertía en parte del entorno. Es una especie de primera instalación creada por un pintor".


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Mural (1943) óleo sobre lienzo, 247 x 605 cm. The University of Iowa  Museum of Art Peggy Guggenheim. Obra maestra de Jackson Pollock, inspirado en Picasso y El Greco. La temática de 'Mural' se supone que representa una de esas brutales estampidas de vacas y búfalos a las que asistió Pollock en su infancia en los EE UU profundos. Pero es una obra muy abierta a interpretaciones. Algunos ven en ella figuras en danza. "Es un cuadro termómetro, de pulsiones y emociones", manifiesta José Lebrero, director artístico del Museo Picasso de Málaga. "En un día bueno, te hace sentir grande".


Duelo de pintores y obsesiones


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Una clase en la Universidad de Iowa presidida por la obra de Pollock.

Pollock siempre vio a Picasso como un rival. "Era un hombre obsesionado con Picasso, lo odiaba", explica la crítica de arte Ángela Molina. "Pollock necesitaba superar al gran genio; su relación con él es como la de Salieri y Mozart". El autor norteamericano concibió su 'Mural' poco después de que otro gran mural pasara por el MOMA (y por la Valentine Gallery) de Nueva York en el año 1939: el 'Guernica', de Pablo Picasso.

"Pollock representa la libertad del individuo que quiere hacer las cosas a su manera", dice José Lebrero, "y el 'Mural' es un icono que ayuda a entender qué sucedió en el arte contemporáneo a mediados del siglo XX". El museo malagueño exhibirá, además del gran Mural, unas 40 obras entre las que hay pinturas, esculturas, fotografías y facsímiles que muestran la influencia que tuvieron en Pollock los naturalistas mejicanos y un gran clásico como El Greco.



Otras obras


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Jackson Pollock. Two, 1943–45. Oil on canvas, 193 x 110 cm. The Solomon R. Guggenheim Foundation, Peggy Guggenheim Collection, Venice


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Jackson Pollock. Circumcision, January 1946. Oil on canvas, 56 1/16 x 66 1/8 inches (142.3 x 168 cm). The Solomon R. Guggenheim Foundation,Peggy Guggenheim Collection, Venice  


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Jackson Pollock. Eyes in the Heat, 1946. Oil and enamel on canvas, 54 x 43 inches (137.2 x 109.2 cm). The Solomon R. Guggenheim Foundation,Peggy Guggenheim Collection, Venice  


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Jackson Pollock. Untitled (Green Silver), ca. 1949. Enamel and aluminum paint on paper, mounted on canvas, 22 3/4 x 30 3/4 inches (57.8 x 78.1 cm). Solomon R. Guggenheim Museum, New York,Gift, Sylvia and Joseph Slifka


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Jackson Pollock. Alchemy, 1947. Oil, aluminum, enamel paint, and string on canvas, 45 1/8 x 87 1/8 inches (114.6 x 221.3 cm). The Solomon R. Guggenheim Foundation,Peggy Guggenheim Collection, Venice


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Jackson Pollock. Enchanted Forest, 1947. Oil on canvas, 87 1/8 x 45 1/8 inches (221.3 x 114.6 cm). The Solomon R. Guggenheim Foundation,Peggy Guggenheim Collection, Venice


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Jackson Pollock. Number 18, 1950. Oil and enamel on Masonite, 22 1/16 x 22 5/16 inches (56.0 x 56.7 cm). Solomon R. Guggenheim Museum, New York,Gift, Janet C. Hauck, in loving memory of Alicia Guggenheim and Fred Hauck


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Jackson Pollock. Ocean Greyness, 1953. Oil on canvas, 57 3/4 x 90 1/8 inches (146.7 x 229 cm). Solomon R. Guggenheim Museum, New York


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Jackson Pollock. No. 5, 1948


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Jackson Pollock. Autumn Rhythm, 1950, Metropolitan Museum of Art


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Action painting in the manner of Jackson Pollock. Fabrication d'une illustration car pb copyright en France pour les oeuvres modernes.


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Jackson Pollock. The Tea Cup. 1946 (230 Kb); Oil on canvas, 40 x 28 in; Collection Frieder Burda, Baden-Baden


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Jackson Pollock. Shimmering Substance. 1946 (280 Kb); Oil on canvas, 30 1/8 x 24 1/4 in; The Museum of Modern Art, New York


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Jackson Pollock. Easter and the Totem. 1953 (150 Kb); Oil on canvas, 84 1/4 x 58 in; The Museum of Modern Art, New York


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Jackson Pollock. Number 8, 1949 (detail) 1949 (280 Kb); Oil, enamel, and aluminum paint on canvas; Neuberger Museum, State University of New York


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Jackson Pollock. Male and Female. 1942 (240 Kb); Oil on canvas, 73 1/4 x 49 in; Philadelphia Museum of Art


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Jackson Pollock. Image The Moon-Woman. 1942 (170 Kb); Oil on canvas, 69 x 43 in; Peggy Guggenheim Collection, Venice


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Jackson Pollock. Stenographic Figure. 1942 (180 Kb); Oil on canvas, 40 x 56 in; The Museum of Modern Art, New York


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Jackson Pollock. Blue (Moby Dick), c. 1943 (150 Kb); Gouache and ink on composition board, 18 3/4 x 23 7/8 in; Ohara Museum of Art, Kurashiki


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Jackson Pollock. The She-Wolf. 1943 (230 Kb); Oil, gouache, and plaster on canvas, 41 7/8 x 67 in; The Museum of Modern Art, New York


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Jackson Pollock. The Key. 1946 (270 Kb); Oil on canvas, 59 x 84 in; The Art Institute of Chicago



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Pollock-Krasner House in en: Springs, New York


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Tomb of Jackson Pollock (1912-1956) was an influential American painter and a major figure in the abstract expressionist movement


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Piedras de Jackson Pollock y Lee Krasner en el cementerio Green River de Springs, Nueva York



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Jackson Pollock (Cody, EE UU, 1912-Springs, id., 1956) Pintor estadounidense. Durante su infancia y su adolescencia vivió en Arizona y California, y en 1929 se trasladó a Nueva York para estudiar pintura con Benton en el Art Students League. Durante su período de formación conoció la pintura de los muralistas mexicanos, que le impresionó hondamente. Comenzó su carrera con obras figurativas, en las que presta ya particular atención a los valores matéricos y el cromatismo. Hacia 1938 empezó a interesarse por la pintura abstracta e irracional, y para las obras de este período buscó inspiración en el mundo de los indios americanos.

El año 1947 fue decisivo en su trayectoria, ya que fue cuando adoptó la peculiar técnica del dripping: en lugar de utilizar caballete y pinceles, colocaba en el suelo el lienzo y sobre él vertía o dejaba gotear la pintura, que manipulaba después con palos u otras herramientas, e incluso a veces le daba una gran consistencia mediante la adición de arena e incluso fragmentos de vidrio.

Gracias al apoyo de algunos críticos como Harold Rosenberg, su nombre, asociado a las obras realizadas con la técnica del dripping, se convirtió en uno de los más significativos del expresionismo abstracto y de la action painting, tendencia de la que, con De Kooning, es el representante más típico y destacado. Fue además uno de los primeros artistas en eliminar de sus obras el concepto de composición y en mezclar signos caligráficos con los trazos pictóricos.

A partir de la década de 1950, simultaneó la pintura abstracta con obras figurativas o semifigurativas en blanco y negro, pero su nombre ha pasado a la posteridad, sobre todo, en relación con los grandes lienzos abstractos de vivo colorido, donde los trazos se entrelazan hasta formar una trama densa y compacta (una especie de maraña) de gran impacto. Murió prematuramente en un accidente de automóvil, cuando era ya un pintor de enorme influencia en las jóvenes generaciones.


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Retrato de grupo de expresionistas abstractos estadounidenses, "Los Irascibles". De izquierda a derecha, atrás: Willem de Kooning, Adolph Gottlieb, Ad Reinhardt, Hedda Sterne, (siguiente fila) Richard Pousette-Dart, William Baziotes, Jimmy Ernst, Jackson Pollock (con chaqueta de rayas), James Brooks, Clyfford Still (apoyado en la rodilla), Robert Motherwell, Bradley Walker Tomlin, (en primer plano), Theodoros Stamos (en banco), Barnett Newman, Mark Rothko (con gafas), Nueva York, Nueva York, hacia 1950.


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Su Web



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Jackson Pollock 'conocido com el maestro del caos', en una foto sin datar, en Springs, estudio de Nueva York


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Todo sobre Jackson Pollock en EL PAÍS



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado la recopilación dedicada, al peculiar pintor expresionista: Jackson Pollock. Considero el máximo representante del Expresionismo Abstracto norteamericano es uno de los artistas más buscados por los coleccionistas de Arte. Pocos creadores consiguen como él una respuesta tan unánime de la crítica mientras que sus obras se sitúan en los primeros puestos del ránking mundial de precios.



Fuentes y agradecimientos: ibiblio.org, es.wikipedia.org, guggenheim.org, elpais.com, biografiasyvidas.com, khanacademy.org, carbularte.blogspot.com.es, arteseleccion.com y otras de Internet.
 




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Post Re: Pollock, Jackson 
 
Creación y destrucción


La Fundación Miró explora la herencia de Jackson Pollock



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Las tres obras de Jackson Pollock que forman parte de la exposición de la Fundación Miró. / MARCEL·LI SÁENZ

Cuando Jackson Pollock decidió descolgar la tela y extenderla en el suelo, probablemente no era consciente de que estaba dando inicio a una nueva etapa de la historia del arte. Su acto, surgido de la inquietud y la agresividad de la posguerra, se enmarcaba en la necesidad de destruir la pintura tradicional, no solo como medio sino como concepto. El proceso creativo iba cobrando protagonismo, mientras que la obra de arte acabada, lista para la contemplación, iba perdiendo interés. Destrucción y creación se convirtieron en los elementos paradigmáticos del cambio impulsado por Pollock, que surgía de los delirios alcohólicos que le llevaron a matarse en coche a los 44 años, de los rituales de los nativos americanos y los ritmos jazz y bebop, que marcaban sus movimientos casi coreográficos alrededor de la tela. Sus pinturas, gracias también a las fotografías y filmaciones de su creación captadas por Hans Namuth, se convirtieron en el arquetipo del action painting. Y a su vez la pintura de acción se convirtió en la patada que abrió la puerta a las nuevas prácticas artísticas.

Este fascinante panorama, surgido de la lección de Pollock, se despliega en ¡Explosión! El legado de Jackson Pollock, una exposición que llega a la Fundación Miró de Barcelona, tras su estreno en el Moderna Museet de Estocolmo, gracias al patrocinio de la Fundación BBVA. La exhibición, abierta hasta el 24 de febrero, reúne más de 60 obras de 35 artistas nacidos entre finales de las décadas de 1920 y 1950. Es una selección de grandes nombres y obras emblemáticas.

Muchas de las obras que se exhiben tienen un historial de interesantes controversias artísticas y encarnizadas polémicas. Es el caso de la violenta agresividad de la pintura de Shozo Shimamoto, uno de los fundadores del grupo japonés Gutai, que arrojaba botellas de vidrio llenas de color contra la tela; de los disparos de Niki de Saint Phalle contra globos de pintura, y de los rituales catárticos de los accionistas vieneses con Hermann Nitsch a la cabeza. Es emblemática una obra firmada por Robert Raushenberg, aunque la idea fue de Saint Phalle y en la realización intervinieron muchas personas, incluido el público, cada vez más activo y participativo. Tal como indica el título, Painting made by dancing se hizo bailando encima de una tela diseminada de bolsas llenas de pintura. Cuando la fiesta acabó, los artistas pensaron que podían mejorarla y a la vez llamar un taxi colocándola en medio de la calle, y según las marcas de neumáticos. debieron de pasar varios coches antes de que se detuviera uno.

El recorrido, que arranca con tres obras de Pollock, abarca desde la pintura gestual y performática, pasando por happenings y eventos, hasta planteamientos más conceptuales en forma de instrucciones para realizar pinturas, o coreografías, que ponen de manifiesto la importancia de las ideas generadoras de una obra más allá de su formalización.

“El expresionismo abstracto se proponía desnudar el alma del artista, pero a la vez registrar sus gestos y movimientos físicos, y en las décadas de 1950 y 1960 el aspecto gestual se hizo cada vez más extremo y fundamental”, indicó el comisario Magnus af Petersens, recientemente nombrado conservador jefe de la Whitechapel Gallery de Londres. Entre los vídeos de pintura en acción destaca la célebre performance de Janine Antoni pintando con su pelo, y como contrapunto a la energía salvaje de Pollock, nada mejor que las Antropometrías de Yves Klein, que, de riguroso esmoquin como un director de orquesta, indicaba los movimientos de sus pinceles humanos: hermosas modelos desnudas embadurnadas de pintura que se arrastraban sobre la tela.


elpais.com
 




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Exposición en el MoMA (Museo De Arte Moderno De Nueva York) - Hasta el hasta el 1 de mayo de 2016


 
Jackson Pollock: A Collection Survey
 


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Ver vídeo

Esta exposición sigue la evolución artística de Jackson Pollock durante la década de los 30, 40 y los 50. Se presenta una seria de cerca de 50 de sus obras, entre las que se encuentran pinturas, dibujos e impresiones. Entre las piezas en exhibición está “One: Number 31” que es posiblemente la más importante obra del artista.


alejandradeargos.com
 




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Post Re: Pollock, Jackson 
 
500 millones de dólares por dos cuadros

Un gestor de fondos destroza los récords de arte al adquirir un ‘dekooning’ por 300 millones y un ‘pollock’ por 200 millones



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'Interchange' De Kooning y 'Number 17A' de Pollock. En primer plano, 'Interchange', de De Kooning. Detrás, 'Number 17A', de Pollock, en su sala en el Instituto de Arte de Chicago. Kenneth Griffin, destroza los récords al comprar 'Interchange' por 300 millones de euros y 'Number 17A' por 200 millones de euros... Ver vídeo

Kenneth Griffin, una de las figuras más poderosas en el mundo de las finanzas, acaba de convertirse en el protagonista de la compra de arte más cara de la historia. El fundador del fondo de cobertura Citadel pagó en otoño –la compra se hizo pública anoche- 500 millones de dólares (450 millones de euros) por Interchange (1955), un lienzo de Willem de Kooning, y por Number 17A (1948), de Jackson Pollock. El dekooning le supuso un desembolso de 300 millones y el pollock, los 200 restantes.

El dekooning, que hasta ahora era propiedad de la fundación David Geffen —de donde también procede el pollock— se habría convertido así en la obra de arte contemporáneo más cara nunca antes vendida, de acuerdo con los detalles revelados por las cadenas financieras CNBC y Bloomberg, y sería por tanto también la pieza de arte más valorada de la historia, igualada con Nafea faa ipoipo (¿Cuándo te casarás?), de Paul Gauguin, adquirida en febrero de 2015 por el mismo precio por Qatar. Los dos trabajos de los maestros expresionistas abstractos han sido cedidos por el magnate al Instituto de Arte de Chicago, la ciudad donde tiene su firma la sede, y allí están expuestos actualmente en la misma sala. En 1989 Interchange (1955) ya batió récords al ser adquirido por el coleccionista japonés Shigeki Kameyama por 20,6 millones de dólares en una subasta en Sotheby’s en Nueva York.

Griffin, a sus 47 años, es el gestor de fondos mejor pagado de Wall Street y su fortuna personal asciende a 7.400 millones de dólares. El pasado mes de septiembre realizó la mayor operación inmobiliaria en la ciudad de Nueva York, al comprar tres plantas en el rascacielos del número 220 de Central Park South. Pagó por la propiedad 200 millones. El fondo de cobertura, que maneja activos por valor de 26.000 millones, tiene entre sus asesores al expresidente de la Reserva Federal Ben Bernanke. Empezó en el mundo de las finanzas cuando estudiaba en la Universidad de Harvard. Seguía sus inversiones desde el dormitorio gracias a que logró que la dirección del centro le dejara instalar una parabólica. La última crisis financiera se llevó por delante más de la mitad de su fortuna, pero el agresivo inversor logró capear el temporal y ahora su fondo es uno de los que tiene mejor rendimiento.


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Ken Griffin en 2013.

La colección personal del magnate incluye una obra del artista alemán Gerhard Richter, por la que pagó 46 millones de dólares en una subasta celebrada hace ahora un año en Sotheby´s. Griffin es fideicomisario del Instituto de Chicago desde 2004 y dedicó parte de su fortuna a la ampliación del centro. El pasado diciembre donó 40 millones al Museo de Arte Moderno de Nueva York, en la que está considerada como una de las mayores contribuciones privadas a la institución. Griffin empezó a construir su propia colección privada hace dos décadas. Recientemente, sin embargo, advirtió de los riesgos que corre el mundo del arte, al decir que “se está convirtiendo en un mercado opaco dominado por especuladores y eso impide entender el valor futuro de la obras”.

l financiero hizo esta reflexión pocos días después de que Nu Couché, una pintura del artista italiano Amedeo Modigliani fuera subastada por 170,4 millones de dólares en Christie’s en noviembre del año pasado. El comprador fue Liu Yiqian, un multimillonario chino que empezó como taxista y vendedor ambulante para acabar especulando en el mercado bursátil y acumular una fortuna de casi 1.500 millones de dólares, según Bloomberg. Aquella adquisición se realizó vía telefónica en una puja que duró nueve minutos, y Liu Yiqian pagó la compra con su tarjeta American Express. “Lo hice así para acumular puntos y que la familia siga volando gratis”, respondió el millonario chino a The New York Times.

La compra que ahora protagoniza el magnate, que se negoció el pasado otoño por la vía privada, supera el récord de 300 millones de dólares que la Autoridad de los museos de Qatar pagó en febrero de 2015 por Nafea faa ipoipo (¿Cuándo te casarás?), de Paul Gauguin, considerada la compra de arte más cara de la historia y que estuvo expuesto en el Reina Sofía posteriormente, desde finales de junio a mitad de septiembre. Los Museos de Qatar ya había adquirido anteriormente Los jugadores de cartas, de Cézanne, por 250 millones de dólares.



Las obras más caras (hasta ahora)


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Nafea faaa ipoipo. Este gauguin fue vendido en una operación que ascendió a un total de 264 millones de euros. Es la obra de arte más cara en términos absolutos de toda la historia. Adquirido por la Autoridad de los Museos de Qatar.

Los jugadores de cartas. La familia real de Qatar adquirió en febrero de 2012 este conocido lienzo de Cézanne por 191 millones de euros.

Les femmes d’Alger. Christie’s adjudicó el pasado mayo en Nueva York este picasso de 160,8 millones de euros.

Nu Couché. Uno de los últimos trabajos de la corta carrera de Modigliani fue subastada en Christie’s en noviembre de 2015 y llegó a los 158 millones de euros.

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Otras obras que han batido récord


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Paul Cézanne, 'Los jugadores de cartas'. Catar acaba de adquirir la pintura de Paul Cézanne 'Los jugadores de cartas' (1894-95) por 191 millones de euros (250 millones de dólares), lo que la coloca en el primer puesto de los cuadros más caros de la historia.


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'Desnudo acostado', de Amedeo Modigliani. La obra Nu Couché (Desnudo acostado) del italiano Amedeo Modigliani, fue subastada en Christie's por 158 millones de euros (170,4 millones de dólares), por lo que superó con creces el último récord del artista, que se situaba en 66 millones.  


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Gustav Klimt, 'Retrato de Adèle Bloch-Bauer' (1905): 104 millones de euros (subastado en 2006)


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Picasso, 'Desnudo, hojas verdes y busto'. El cuadro 'Desnudo, hojas verdes y busto' (1932), de Pablo Picasso, se subastó en 2010 en Christie's por 81,9 millones de euros.


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Picasso, 'Muchacho con pipa' (1905). Por el cuadro de Pablo Picasso pagaron 80 millones de euros (subastado en 2004)  


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Van Gogh, 'Retrato del doctor Gachet' (1890). Por el cuadro de Vincent van Gogh pagaron 63 millones de euros (subastado en 1990)


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Van Gogh, 'Los lirios' (1889). Por el cuadro de Vincent van Gogh pagaron 41,5 millones de euros (subastado en 1987)


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Picasso recibe a Pollock en casa

El legendario Mural del artista norteamericano, icono del expresionismo abstracto, desembarca en Málaga


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El pintor estadounidense Jackson Pollock, en 1943 junto a 'Mural'.

Una de las obras que cambió el devenir del arte contemporáneo en los Estados Unidos de los años cuarenta aterriza esta semana en Málaga. Se trata de Mural, ese cuadro que nació destinado a ocupar el recibidor del apartamento neoyorquino de la rica y excéntrica Peggy Guggenheim, ese ante el cual el artista norteamericano experimentó un monumental bloqueo, el que se convirtió en germen de una nueva técnica para Pollock y en icono de un nuevo movimiento, el expresionismo abstracto. El legendario cuadro de Jackson Pollock, (Cody, 1912 - Long Island, 1956), firmado en 1943, desembarca en la casa de su antiguo rival, del artista que le hacía perder el sueño. El Museo Picasso lo acoge a partir del próximo 20 de abril.

Se trata de una obra icónica, que algunos consideran preludio del dripping, la técnica con la que Pollock, pitillo colgando de sus labios, botas llenas de salpicaduras, disparando chorros de color con el pincel o derramando la pintura directamente desde el bote sobre un lienzo pegado al suelo, revolucionó el discurso pictórico de la posguerra. Recala en España hasta el 11 de septiembre después de haber sido restaurado —sufrió los efectos de unas terribles inundaciones en Iowa en 2008—, y de haberse embarcado en una gira europea que lo ha llevado a la Peggy Guggenheim Collection de Venecia, a la Deutsche Bank Kunsthalle de Berlín y, ahora, a orillas del Mediterráneo. Mural, una obra que cuenta muchas historias, marcó el inicio del expresionismo abstracto, movimiento mediante el cual Nueva York le robó la modernidad a París de la mano de una nueva generación de artistas. Es la primera vez que esa gigantesca tela se puede ver en España.

La historia de este cuadro arranca con un póquer de nombres clave del arte contemporáneo. Fue un encargo que Guggenheim hizo a Pollock, asesorada por Piet Mondrian, y con la bendición de Marcel Duchamp. La coleccionista y mecenas estadounidense, impulsora de una nueva generación de artistas desde su galería neoyorquina The Art of this Century, quería un mural que ocupara toda la pared del recibidor de su apartamento en Manhattan. Y quería impulsar la carrera de ese joven al que había echado el ojo, Paul Jackson Pollock. Corría el año 1943.

Por aquel recibidor estaba destinada a pasar la crème de la crème del momento, como Max Ernst, André Breton o Fernand Léger. Mondrian fue uno de los que sugirió el nombre de Pollock a Guggenheim. Y Duchamp fue quien le aconsejó que, en vez de trabajar directamente sobre la pared, pintara sobre un lienzo. El encargo, firmado en julio, incluía un sueldo de 150 dólares (unos 133 euros) al mes hasta que completara la obra, que debía ser entregada en noviembre.

El joven Pollock, hasta entonces enfrascado en la pintura regionalista, se vio de pronto frente a un inmenso lienzo en blanco de seis metros de ancho y dos y medio de altura. "Sabía que era el momento de causar impresión, de hacer una declaración de intenciones, de presentar algo nuevo y diferente", explica en conversación telefónica desde Iowa Sean O’Harrow, director del Museo de Arte de la Universidad de Iowa, institución propietaria de la obra. Peggy Guggenheim, Mondrian, Duchamp, el crítico Clement Greenberg, todos tenían la vista puesta en él. "Todos ellos se dieron cuenta del éxito de Pollock antes de que este ocurriera", sostiene O’Howard.

La presión jugó una mala pasada a este James Dean del arte contemporáneo con denodada inclinación por la botella. Sufrió un bloqueo. El lienzo en blanco se convirtió en una obsesión, en una pesadilla. Varios historiadores sostienen que Pollock, artista que trasladó las turbulencias de su atormentado mundo interior a su obra —y que murió, ebrio, a los 44 años, en un accidente de coche del que su amante salió ilesa— padecía en realidad un trastorno bipolar.
Cuadros y objetos

Durante años circuló la leyenda de que el precursor del dripping salió del bucle en una noche de inspiración y completó el trabajo en apenas día y medio. Pero el proceso de restauración llevado a cabo por el Getty Conservation Institute de Los Ángeles, previo al inicio del tour europeo del cuadro, puso de manifiesto que lo pintó a lo largo de varios meses, en el verano de 1943. "Pollock logró combinar la apariencia de una extrema espontaneidad con lo que en realidad era una forma muy calculada de pintar", manifiesta vía correo electrónico David Anfam, el comisario de la muestra Mural. Jackson Pollock. La energía hecha visible.

"En aquellos días, los cuadros eran objetos", explica el director del Museo de Arte de la Universidad de Iowa —Peggy Guggenheim donó el cuadro esa institución, dotada de un vibrante programa de arte, en 1948—. "Fue la primera vez que un lienzo se convirtió en una instalación participativa. Al entrar al recibidor, uno casi entraba en el cuadro, que se convertía en parte del entorno. Es una especie de primera instalación creada por un pintor".

El contenedor de 1.500 kilos que transporta esta obra valorada en unos 200 millones de dólares (177 millones de euros) desembarca ahora en Málaga envuelto en su misteriosa aura. Se supone que representa una de esas brutales estampidas de vacas y búfalos a las que asistió Pollock en su infancia en los EE UU profundos. Pero es una obra muy abierta a interpretaciones. Algunos ven en ella figuras en danza. "Es un cuadro termómetro, de pulsiones y emociones", manifiesta José Lebrero, director artístico del Museo Picasso de Málaga. "En un día bueno, te hace sentir grande".



Duelo de pintores y obsesiones


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Una clase en la Universidad de Iowa presidida por la obra de Pollock.

Pollock siempre vio a Picasso como un rival. "Era un hombre obsesionado con Picasso, lo odiaba", explica la crítica de arte Ángela Molina. "Pollock necesitaba superar al gran genio; su relación con él es como la de Salieri y Mozart". El autor norteamericano concibió su 'Mural' poco después de que otro gran mural pasara por el MOMA (y por la Valentine Gallery) de Nueva York en el año 1939: el 'Guernica', de Pablo Picasso.

"Pollock representa la libertad del individuo que quiere hacer las cosas a su manera", dice José Lebrero, "y el 'Mural' es un icono que ayuda a entender qué sucedió en el arte contemporáneo a mediados del siglo XX". El museo malagueño exhibirá, además del gran Mural, unas 40 obras entre las que hay pinturas, esculturas, fotografías y facsímiles que muestran la influencia que tuvieron en Pollock los naturalistas mejicanos y un gran clásico como El Greco.


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Su emblemático 'Mural' se muestra por primera vez en España



Cuando Pollock compitió contra Picasso

Una exposición del Museo Picasso Málaga revive -con el 'Mural' que Pollock pintó tras ver el 'Guernica' como pieza central- el deseo del artista norteamericano de "vencer" con su arte al genio español




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El 'Mural' de Jackson Pollock, en la exposición del Museo Picasso Málaga... Ver video

La alargada sombra que seis décadas después de su creación sigue proyectando el 'Mural' de Jackson Pollock (1912-1956) adquiere una dimensión muy concreta en el Museo Picasso de Málaga. Su exposición en la pinacoteca andaluza, que exhibe por primera vez en España esta obra cumbre del expresionismo abstracto, refresca la fijación del pintor estadounidense con el universo de Pablo Picasso.

Pollock no sólo admiró al malagueño. Eso fue en su juventud. En su despegue como artista. Luego, cuando le llegó el reconocimiento, compitió contra su reinado en el arte moderno. Sintió la necesidad de que "tenía que vencer a Picasso", según ha recordado David Anfam, el comisario de la muestra 'Mural. Jackson Pollock. La energía hecha visible', que estará en tierras malagueñas hasta el 11 de septiembre.

"Cuando Pollock creía que había encontrado algo nuevo para el arte, enseguida se lamentaba de que aquel 'hijo de puta' ya hubiera llegado antes", explicó Anfam remitiéndose a un testimonio especialmente ilustrativo de la esposa del pintor americano, Lee Krasner.

De hecho, su mujer nunca borró de su memoria el día en el que oyó un ruido en el estudio neoyorquino de Pollock, y al llegar allí se encontró a su marido con la mirada perdida y un libro del malagueño tirado al suelo.

La relación que unió a la también artista Lee Krasner con el precursor del expresionismo abstracto queda especialmente simbolizada en la exposición del Museo Picasso malagueño, ya que una pintura de gran formato de su esposa, titulada 'Otra tormenta' y creada tras la muerte en accidente de tráfico de Pollock, ha sido situada frente al emblemático 'Mural'. Frente a ese enorme lienzo de seis metros de largo por dos metros y medio de alto que le cambió la vida a aquel pintor que empezaba a despuntar en Nueva York.

Cuando en 1943 la mecenas Peggy Guggenheim le hizo aquel gigantesco encargo para decorar la entrada a su casa de Manhattan, Pollock sólo era uno de los jóvenes artistas americanos que habían expuesto en su galería.

Para cuando, en verano y en plena Segunda Guerra Mundial, le tocó consumar el 'Mural' que supuso toda una revolución el mundo del arte, Pollock ya conocía el trabajo de los muralists mejicanos, e incluso había visitado a Diego Rivera mientras éste realizaba el mural del Rockefeller Center. Además, había visto en la ciudad de los rascacielos el 'Guernica' de Picasso, y terminó sintiendo una especial fascinación por aquel emblema de la barbarie de la Guerra Civil española.

Aunque en términos artísticos presentaran enormes diferencias, Pollock y Picasso compartían afinidades ideológicas que ahora han sido refrescadas por el comisario de esta exposición, David Anfam: "Espero que me perdonen si esto es controvertido en España, pero Picasso era un comunista, y Pollock estaba muy cercano al antifascismo y hasta sus compañeros de clase lo consideraban un rebelde podrido de Rusia".


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'Hombre desnudo', obra de Pollock inspirada en Picasso.

Diplomacias inesperadas aparte, este experto del Clyfford Still Museum de Denver aseguró que lo que más le atrajo del 'Guernica' a Pollock "fue que se trataba de un mural móvil que podía ser desplazado, y no de un fresco realizado en una pared, que hasta entonces era lo habitual".

Con muchas corrientes artísticas rondándole hasta el punto de volcarlas sobre su 'Mural', el estadounidense fue capaz de reunir varios hitos en la misma obra. No sólo firmó el icono del expresionismo abstracto norteamericano, sino que además popularizó la técnica del 'dripping', consistente en el goteo de la pintura sobre el lienzo, e incluso, en palabras de David Anfam, "logró meter al espectador dentro del cuadro". "La entrada a la casa de Peggy Guggenheim era muy estrecha, quien pasara por allí tenía que acercarse tanto al cuadro que terminaba dentro de él, viéndolo desde dentro, y a partir de ahí este se convirtió en uno de los grandes objetivos del arte", añadió el comisario.

Aquel derroche de energía, movimiento y violencia que cuajó en su 'Mural' fue definido por el propio Pollock en términos que evocan un caos y una especie de territorio sin ley inspirado en su infancia en el Oeste Americano: "Es una estampida (...) Cada animal en el oeste americano, vacas y caballos y antílopes y búfalos, todos a la carga a través de la maldita superficie".

Ahora, su obra maestra, tras su reciente restauración durante dos años en Los Ángeles, puede admirarse por primera vez en España, procedente de una gira Europea que la ha llevado a Venecia y Berlín y, tras su paso por Málaga, hará que recale en Londres.

En la exposición del Museo Picasso Málaga, este 'Mural' dialoga con otras 41 obras propias y ajenas. Entre ellas, hay otras seis pinturas de Pollock, todas de la misma década de los 40 y entre las que llama especialmente la atención 'Hombre desnudo', que parte de un cuadro de Picasso.


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'Hilos', de Andy Warhol'.

Además, llega a apreciarse el efecto que tuvo en otros creadores. Algo que queda patente en 'Hilos' de Andy Warhol', 'La gran muchedumbre' de Antonio Saura o 'Elegía a la República Española' de Robert Motherwell.

Adolph Gottlieb, Lee Krasner, Roberto Matta, David Reed, Charles Seliger, David Smith, Frederick Sommer o Juan Uslé son otros de los autores presentes en el recorrido.

Igualmente, se le presta atención a la fotografía en acción de aquel mismo periodo que tanto influyó en Pollock, con la presencia de imágenes firmadas por Herbert Matter, Barbara Morgan, Aaron Siskind o Gjon Mili, a quien se le debe la presencia en la sala de instantáneas del rodaje de una película de Alfred Hitchcock.


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El Museo Picasso de Málaga exhibe el mítico lienzo del pintor, 'Mural'


Jackson Pollock, el artista frenético




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Jackson Pollock (1912-1956), pintando. / MARTHA HOLMES. GETTY IMAGES

Las tumbas de Jackson Pollock y de Lee Krasner, su esposa, están muy cerca sobre el césped del cementerio de Green River, en Springs, en el extremo este de Long Island, un cementerio muy visitado porque también acoge las sepulturas de otros artistas y escritores famosos que, como el matrimonio Pollock, trabajaron y vivieron en el entorno de East Hampton.

En el Museo Picasso de Málaga, el restaurado Mural, el lienzo mítico de Pollock, también está junto a Otra tormenta (1963), óleo de Krasner. ¿Dialogan? El diálogo entre Pollock y Krasner fue relativamente largo, fructífero, tumultuoso y bruscamente interrumpido.

Los dos pintores se conocieron en Nueva York en 1942. Pollock, el menor de cinco hermanos, había nacido en Cody, en Wyoming, en 1912, en el hogar de un granjero y agrimensor presbiteriano de origen irlandés. Krasner, de Brooklyn, era hija de inmigrantes judíos ucranianos y tenía 34 años. Ambos, con formaciones muy distintas, transitaban por el terreno de la abstracción pictórica. Se casaron en 1945 en una pequeña iglesia.

Para entonces, ya había ocurrido el acontecimiento decisivo. La coleccionista y mecenas Peggy Guggenheim, escapada de Francia con Max Ernst, su segundo marido, buscaba en 1943 artistas jóvenes para su nueva galería y los convocó mediante un anuncio en la prensa. Pollock se presentó con una obra que desconcertó y, de primeras, no agradó a la Guggenheim, pero que entusiasmó a Piet Mondrian, quien, con Marcel Duchamp y otros, estaba encargado de seleccionar a los artistas.

De ahí, en el verano del mismo año, surgió el encargo y la ejecución de Mural, que Peggy Guggenheim quería colocar a la entrada de su casa. El inmenso Mural (242,9 x 603,9 cms.), con evidentes ecos del Gernica, consagró a Jackson Pollock y se convirtió en la pieza estandarte e inaugural del Expresionismo Abstracto norteamericano.

El mismo año de su boda y con sus carreras orientadas, Pollock y Krasner -con ayuda de un préstamo de la Guggenheim-, compraron una finca en Springs, con una casa y un granero. Ella tenía su taller en una dependencia de la casa y él habilitó el granero como estudio. Necesitaba espacio para su ajetreada y enérgica manera de pintar.

Fueron los años en los que Pollock extendía sus lienzos sobre el suelo -también en las paredes- y, ajeno a los caballetes, se movía alrededor salpicándolos, goteando (dripping) y arrojando sobre ellos pintura líquida -y otras materias- y culminando la tarea con un variado repertorio de trazos, incisiones e intervenciones. Action painting -pintura en acción- se llamó después (y antes) a ese procedimiento entre la intuición calculada y el automatismo. En la exposición malagueña hay un muy interesante apartado informativo y documental dedicado al análisis de los útiles, sustancias y técnicas que Pollock empleaba mientras fumaba y bebía sin parar.

Expulsado de varios colegios, Pollock tuvo un carácter estridente y variable desde niño. Su adicción temprana al alcohol agitó y revolucionó su temperamento, sin que sus visitas a psiquiatras junguianos, ya a los 26 años, sirvieran para apaciguarlo ni para eliminar duraderamente su dependencia.

En la exposición, se pueden ver imágenes en blanco y negro que muestran a Pollock trabajando tras un cristal. Esas imágenes fueron tomadas en Springs por el luego célebre fotógrafo Hans Namuth, quien filmó con Pollock un corto documental de unos diez minutos.

Namuth, que también retrató y filmó a otros ilustres artistas, visitó a Pollock en 1951. Se sabe que la sesión de trabajo fue tan fatigosa y excitante para Pollock que, al terminarla, y después de haber logrado un período de abstinencia, echó mano de una botella de bourbon. Ya nunca consiguió dejar el alcohol.

La energía visible, el libro de varios autores que, coordinado por José Lebrero, han editado para la ocasión el Museo Picasso de Málaga y la editorial Antonio Machado, así como el claro y preciso folleto de la exposición, resumen muy bien las influencias en la pintura de Pollock. Tiro del segundo: los muralistas mexicanos, el discurso esencialista de las primeras naciones norteamericanas (léase, los indios), la convulsa visión picassiana y la fotografía experimental de los años 40, que, por cierto, está presente en la muestra alrededor de Mural, que congrega a otras obras de Pollock y Krasner y a piezas de Adolph Gottlieb, Roberto Matta, Antonio Saura y Robert Motherwell: su potentísima Elegía a la República Española No. 126.

La editorial Circe publicó en castellano, en 1991, una excelente biografía escrita por Steven Naifeh y Gregory White Smith. Ese libro está en la base del obsesivo y duradero empeño de Ed Harris por hacer una película sobre el pintor. Esa película, muy buena, producida, dirigida y protagonizada por el actor fue, finalmente, Pollock (2000) y está disponible en DVD.

En el filme de Ed Harris, Jennifer Connelly interpreta a Ruth Kligman. A sus 26 años, Kligman era una muy atractiva pintora abstracta que no tuvo muchas dificultades para echarse en brazos de Jackson Pollock, como después lo haría en los de Willem de Kooning -competidor de Pollock- y en los de otros colegas relevantes. Lee Krasner se enteró del adulterio y se marchó a Europa a pasar el verano.

En la noche del 11 de agosto de 1956, apenas unos meses después de conocer a Kligman, Pollock, que había estado bebiendo todo el día, perdió el control de su Oldsmobile descapotable y se pegó un cacharrazo mayúsculo, a resultas del cual murió. Tenía 44 años y aparentaba bastantes más. También falleció una amiga de Ruth Kligman, que viajaba en el coche y salió despedida. Se recuperó pronto de las heridas.

Lee Krasner, informada del suceso, regresó de inmediato de su viaje, se ocupó durante años del legado de su marido y de su casa de Springs, siguió pintando con reconocimiento creciente y murió, a los 75 años, en 1984. ¿Dialoga con Jackson Pollock en el camposanto de Green River?


Uno delante

Variedad española. No he visto aún Esa sensación, de la que tengo óptimas referencias. Paco León ha salido triunfante del difícil abordaje de las parafilias, y Kiki, el amor se hace es un éxito merecido y comprensible. En el Festival de Málaga se comprobó la variedad de propuestas del cine español actual, muy perceptible en los registros de comedia. La noche que mi madre mató a mi padre, de Inés París, con un guión muy bien escrito y lleno de sorpresas, y con un cadáver a cuestas, conecta con la tradición española -Jardiel, Mihura- entre lo negro y el absurdo, y hace reír a un público que también ríe (cuando toca) con El olivo, más dramática, la mejor película de Icíar Bollaín en varios años, que va a catapultar a Anna Castillo, una joven actriz en estado de gracia y frescura.


elmundo.es
 




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Post Re: Pollock, Jackson 
 
Las dos resistencias del ‘Mural’ de Pollock

El Museo Picasso de Málaga expone la gran obra del pintor estadounidense junto con otras, precedentes y consecuencia de la encargada por Peggy Guggenheim



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'Mural' de Jackson Pollock en el Museo Picasso de Málaga. La energía hecha visible. Museo Picasso Málaga. Hasta el 11 de septiembre.

Hay cuadros que se resisten a la mirada. No exigen contemplación sino sintonía. Así ocurre con el Mural de Jackson Pollock. La figura se desvanece en materia pictórica, mientras la forma se diluye en ritmos que cambian sin cesar. Por ello, el cuadro requiere algo parecido al paseo: un recorrido que conecte al cuerpo con las diversas cadencias del cuadro que, al fin, responden a los gestos de otro cuerpo, el del pintor. Las alternancias de tal recorrido permiten descubrir con mayor intensidad el color: la amplia gama de azules verdosos, brillantes amarillos, sorprendentes zonas en rosa y rojos inesperados, cargados de materia a veces, otras, meras salpicaduras o aplicados sólo para teñir el lienzo.

Nueve años antes de que Pollock aceptara el reto implícito en el encargo de Peggy Guggenheim, un pensador americano, John Dewey, publicó El arte como experiencia. No creo que Pollock lo leyera pero el Mural realiza lo que el libro propone: una nueva experiencia, esto es, una nueva relación con el medio. Por eso el Mural requiere al cuerpo y por la misma razón, fija una segunda resistencia: no se rinde a la palabra. Quienes hablan de él recurren a la metáfora: Pollock evoca una estampida de animales, Marden, una multitud, otros lo ven como paisaje o como un gran pergamino. Esto confirma la fecundidad de tal experiencia: el Mural impulsa la imaginación más atrevida, la artística.


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Peggy Guggenheim y Jackson Pollock ante 'Mural'.

La novedad del Mural desconcierta. La tentación, entonces, es, como dijo Canguilhem, buscar un precursor. La exposición no cae en tal ingenuidad. Se limita a ofrecer precedentes y consecuencias. Entre aquéllos destaca la fotografía de acción, la que desde Muybridge y Marey se esforzó en recoger el movimiento. El MoMA celebró en 1943 una amplia muestra de estas fotos, unas vinculadas al arte, como las de Herbert Matter, amigo del matrimonio Pollock, y otras procedentes de reportajes de guerra.

La referencia es ilustrativa pero más lo son los mismos trabajos de Pollock, particularmente sus dibujos. Los facsímiles de sus cuadernos fechados a fines de los años treinta evidencian un modo de concebir el espacio saturado y a la vez fruncido, quebrado. Así, el espacio dista de ser un receptáculo pero tampoco responde a un equilibrio estático, sino se convierte en campo de fuerzas surcado por pliegues, en continuo trance de contracción o expansión. Quizá, como sugiere Anfam, aflore aquí una idea de naturaleza que no es mediterránea ni nórdica, sino americana, con distancias inabarcables y duro acontecer climático.

Este espacio-energía lo advierte Pollock en los muralistas mexicanos, sobre todo en Orozco, pero más aún en Picasso. Los ritmos y trazos gestuales del Guernica, el expresionismo de sus bocetos y de las obras más recientes, que pudo ver en Nueva York en 1939, alientan en el Mural y en obras como Circuncisión, que pueden señalar el inicio de la impaciente emulación de Pollock hacia Picasso.

Más acá de estos precedentes, la novedad del Mural se manifiesta en las obras nacidas en su entorno y que la muestra confronta con él. Hay un primer encuentro a cuatro bandas: la ironía de Warhol contrasta con el apasionamiento Saura (La Grande Foule) y el silencio de Juan Uslé (Soñé que revelabas) con la meditada sensualidad de David Reed. Un dibujo y una escultura de David Smith median entre los acompasados ritmos de Laberinto 3 de Gottlieb y la potencia de Elegía de la República Española núm. 126 de Motherwell. Finalmente, Otra tormenta, un gran cuadro de Lee Krasner, la mujer de Pollock, cuelga frente al Mural. La viveza de sus ritmos, la desnudez de su materia y la fuerza del color hacen del cuadro el mejor contrapunto a la obra de Pollock.

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‘Resetear’ el expresionismo abstracto


El Guggenheim de Bilbao acoge las grandes obras de los maestros estadounidenses que marcaron el arte de posguerra.

La muestra rescata el papel de las mujeres y la importancia de la escultura y la fotografía



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'Mural', del pintor estadounidense Jackson Pollock. / Rebecca Vera-Martínez

“Sería desastroso ponernos un nombre”, avisó Willem de Kooning a sus compañeros en 1950, el año en que participó en la Bienal de Venecia junto a Jackson Pollock y Arshile Gorky. Cuatro años antes un crítico de The New York Times había acuñado una etiqueta para calificar la obra de Hans Hofmann: expresionismo abstracto. La advertencia de De Kooning no evitó el éxito de la fórmula ni el de un movimiento que terminó pasando a la historia como un fenómeno puramente estadounidense integrado por hombres blancos ajenos a la tradición europea que se dedicaban a la pintura de acción o a convertir sus lienzos en monumentales campos de color.

Medio siglo después de la última gran exposición dedicada en Europa a los creadores que marcaron el rumbo del arte mundial de la posguerra y certificaron el trasvase de poderes de París a Nueva York, el Museo Guggenheim de Bilbao acoge hasta el 4 de junio la muestra Expresionismo abstracto. Procedente de la Royal Academy de Londres, no faltan en ella ninguno de los grandes nombres. Eso sí, se les han añadido artistas y géneros decisivos para el nacimiento de la nueva estética pero condenados por los manuales al papel de figurantes. Un paseo por las salas del museo bilbaíno -que despliega más de 130 obras de una treintena de autores-, demuestra que el primer gran rescate es el de la escultura. Los bronces y aceros de David Smith salpican el recorrido dialogando con lienzos y papeles, algo que el montaje hace muchas veces explícito. Así, el famoso Mural de seis metros pintado por Pollock en 1943 por encargo de Peggy Guggeheim –y que hace meses pudo verse en el Museo Picasso de Málaga- convive en la misma sala con el Tanque tótem III con el que Smith le dio réplica diez años más tarde. Algo que también hicieron Robert Motherwell y Lee Krasner, esposa de Pollock, en sendas telas que pueden verse a unos metros de la obra que les sirvió de inspiración: las monumentales Elegía a la República Española, nº 126 y El ojo es el primer círculo.

Si el protagonismo de Smith demuestra que no todo era pintura en el expresionismo abstracto, la sala dedicada a las instantáneas de Harry Callahan, Herbert Matter o Aaron Siskind subraya que los fotógrafos hicieron algo más que retratar a Pollock pintando a brochazos en el suelo de su estudio de Long Island (aunque tampoco falta en Bilbao la famosa imagen tomada por Hans Namuth en aquel mítico año 50). Se trataba de “traer a la luz un expresionismo abstracto para el siglo XXI”, afirma David Anfam, comisario de la muestra junto a Edith Devaney y Lucía Agirre. Siguiendo el discurso de Anfam, la exposición desmantela uno a uno los lugares comunes asociados a algo que él prefiere llamar “fenómeno” y no movimiento: “nunca estuvo formado por un colectivo reducido ni cohesionado de artistas” y nunca publicó manifiestos programáticos. En el “grupo” la búsqueda de lo sublime (Clyfford Still) convivía con el erotismo (De Kooning), el lirismo (Hofmann) con los himnos (Franz Kline), la hiperactividad (Pollock) con la meditación (Philip Guston) y la caligrafía (Gorky) con el imperio del color (Mark Rothko).

Aunque Pollock con 13 lienzos, Rothko con 8 y Still con 12 –nueve de ellos salidos por primera vez de la pinacoteca que atesora su legado en Denver- siguen siendo los grandes protagonistas del recorrido, la visita es una enmienda a la historia tal y como nos la habían contado. Ni eran solo pintores ni fueron solo hombres (ahí están Lee Krasner, Janet Sobel, Joan Mitchell o Barbara Morgan) ni todos eran neoyorquinos (Pollock no habría sido el mismo sin Wyoming ni Rothko sin San Francisco). Ni siquiera eran todos norteamericanos (Gorky nació en Armenia; De Kooning mantuvo la nacionalidad holandesa hasta 1962, y el propio Rothko, nacido Marcus Rothkowitz, era de origen letón). Esa es la gran lección de una colectiva que subraya además el origen figurativo de los futuros campeones de la abstracción al tiempo que desmiente el mayor de los tópicos: su absoluta independencia de tradiciones que no fueran la estadounidense. Amén de que muchos tenían sus raíces biográficas en el viejo continente, la monumentalidad de su obra no habría sido del mismo tamaño sin la influencia de los muralistas mexicanos o sin la llegada del Guernica de Picasso a Nueva York en 1939. Por no hablar de la influencia de la arquitectura renacentista en las “fachadas” –así llamaba a sus cuadros- de Rothko o del hecho de que el artista favorito de Pollock –“el más grande desde Miró” según el crítico Clement Greenberg- fuera El Greco.

Jackson Pollock, como David Smith, murió en un accidente de tráfico. Rothko, como Gorky, se suicidó. Kline fue víctima del alcohol. Sucedió entre 1948 y 1970. Todos vivieron para conocer la gloria. Cuando De Kooning murió en 1997 era el pintor vivo más cotizado. Hace un año, en febrero de 2016, se pagaron 277 millones de euros por un cuadro suyo. Tal vez fuera “desastroso” para ellos ponerse un nombre, pero seguro que ha sido un buen negocio.


elpais.com
 




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Expresionismo Abstracto en el Guggenheim


Cuando la vanguardia salió de París

El Museo Guggenheim Bilbao recoge una retrospectiva de expresionismo abstracto hasta el 4 de junio organizada por la Royal Academy of Arts de Londres.



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Visitantes observan 'Mural', de Jackson Pollock. / REUTERS

Eran los años del free jazz, de la poesía de la generación beat y de la reflexión que siguió a las dos guerras mundiales. Expulsados de Europa por la contienda, muchos artistas llegaron a Nueva York en busca de la libertad. En suelo americano se encontraron, discutieron de arte y rompieron con lo establecido. Y de la mano de figuras como la del estadounidense Jackson Pollock y junto a otros artistas amparados por Peggy Guggenheim, fraguaron la primera de las vanguardias que nacía fuera de París. Ni escribieron manifiesto ni se presentaron como grupo, pero dejaron una huella profunda en el mundo del arte. El Museo Guggenheim Bilbao mira ahora a ese Expresionismo abstracto, hasta el 4 de junio, en una retrospectiva organizada por la Royal Academy of Arts de Londres, en colaboración con la pinacoteca bilbaína, que constituye la primera retrospectiva que protagonizan estos artistas en España en 60 años, según destacaron las comisarias Edith Devaney y Lucía Aguirre.

La última muestra de la que fueron protagonistas, precisó Aguirre, tuvo lugar en 1958 en Madrid y reunió 81 obras de 17 artistas. La que puede verse ahora en Bilbao, con el patrocinio de la Fundación BBVA y la colaboración de la Terra Foundation for American Art, reúne 130 obras de 33 creadores como Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning y Robert Motherwell. «La vibrante energía que emana de estas pinturas, esculturas y fotografías expresa el dinamismo de uno de los movimientos más influyentes del arte del siglo XX, que tuvo su origen en Nueva York y se convirtió en una tendencia internacional», destaca el presidente de la Fundación BBVA, Francisco González, en el catálogo editado con motivo de la exposición.

Algunas de las obras, como nueve piezas fundamentales de Clyfford Still albergadas en el Museo de Denver que lleva su nombre, han salido de América por primera vez para la ocasión. Devaney destacó además la relevancia de otros préstamos como la obra Masculino-Femenino (1942-43) de Jackson Pollock -cedida por el Museo de Arte de Philadelphia- y Diario de un seductor (1945) de Arshile Gorky -propiedad del MoMA de Nueva York-.


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Obras de Mark Rothko en la exposición. / REUTERS

Todas ellas pueden verse a través de diferentes salas en la segunda planta del museo. El recorrido por la muestra comienza con una mirada a la obra temprana de los artistas, que más que un «movimiento» constituyeron un «fenómeno», y avanza después a través de espacios dedicados a las figuras más destacadas, que desarrollaron «una libertad expresiva sin antecedentes en la historia del arte», remarca González.

La retrospectiva profundiza así en la diversidad, la complejidad y los muchos prismas que integraron el expresionismo abstracto, que a menudo ha sido percibido como un todo unificado a pesar de los muchos matices que bajo su paraguas expresaron los artistas.

La mayoría tienen en común, sin embargo, una escala colosal, como atestiguan piezas como el Mural (1943) que Jackson Pollock pintó para la residencia de la coleccionista y mecenas Peggy Guggenheim, y una intensidad y una espontaneidad expresivas que en ocasiones viran a lo contemplativo.

Los artistas hunden sus raíces en experiencias dramáticas como las de la guerra o la Gran Depresión, les dan forma en sus indagaciones artísticas y apelan al espectador en encuentro bidireccional con el artista. El propio Pollock explicaría en 1950, refiriéndose a la intensidad de este encuentro, que «la pintura abstracta es abstracta. Se enfrenta a ti».

El esplendor del fenómeno tuvo lugar en esos primeros años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial y su intensidad se prolongó hasta la década de los 60, aunque la retrospectiva recoge también algunas de las obras más tardías como son Te saludo, Tom (Salut Tom) (1979) de Joan Mitchell, donde la artista enfrenta el sol y las sombras en un cuadríptico que recuerda a los nenúfares envolventes de Monet.

Asimismo, aunque el expresionismo abstracto tiene sus raíces en Nueva York, su alcance se extiende por la geografía americana y alcanza incluso a artistas de la Costa Oeste de EEUU como Sam Francis (San Mateo, California, 1923-Santa Mónica, California, 1994). Entre los outsiders del universo neoyorquino destaca también Clyfford Still (Grandin, Dakota del Norte, 1904-Blatimore, Maryland, 1980), quien sólo permaneció 12 de sus 75 años en Nueva York. Esto le permitió desarrollar una obra original en la que se libra una batalla entre la luminosidad y la oscuridad y en la que se funden la vida y la muerte.

La retrospectiva que el Guggenheim Bilbao dedica al expresionismo abstracto transita por todos estos matices y reivindica también expresiones artísticas como la fotografía, que el crítico Harold Rosenberg excluyó de su definición del fenómeno formulada en 1952. La exposición muestra sin embargo que fotógrafos como Aaron Siskind, Frederik Sommer y Hans Namuth -que retrata a Pollock en plena acción- trabajaron en estrecha relación con los pintores del expresionismo abstracto.


elmundo.es
 




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