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MATISSE, Henri
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Mensaje MATISSE, Henri 
 
Continuando con las exposiciones de pintura... Este trabajo recopilatorio está dedicado a Henri Matisse, pintor francés que destacó en el impresionismo fauvismo y puntillismo.

Matisse, fue muy reconocido en vida y su obra estuvo muy influenciada por Cézanne, Gauguin y Van Gogh. Pero naturalmente fue evolucionando hasta crear su propio estilo.


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Matisse - (Henri Emile Benoit Matisse). Francia. (31 de diciembre de 1869 - 3 de noviembre de 1954). Nació en Le Cateau-Cambrésis, en el norte de Francia, el 31 de diciembre de 1869. Líder del fauvismo.

Está considerado como una de las grandes personalidades en la configuración del arte del siglo XX, maestro a la hora de expresar sentimientos a través del uso del color y la forma. La verdadera liberación artística de Matisse, en términos del uso del color como configurador de formas y planos espaciales, se produjo bajo la influencia de Paul Gauguin, Paul Cézanne y Vincent van Gogh.

Más tarde, entre 1903 y 1904, Matisse se enfrentó a la pintura puntillista de Henri Edmond Cross y Paul Signac. Ambos estaban experimentando con la yuxtaposición de pequeñas pinceladas.

Matisse adoptó esta técnica pero la modificó aplicando pinceladas más amplias. Hacia 1905 había producido unas imágenes cuya audacia cromática rompía con todo lo anterior. Entre estas obras destaca Raya verde (Madame Matisse; 1905).

Desde 1920 hasta su muerte, Matisse pasó mucho tiempo en el sur de Francia pintando escenas locales de colorido fluido y brillante.


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Matisse murió en Niza el 3 de noviembre de 1954. A diferencia de otros artistas, tuvo un reconocimiento internacional durante su vida, gozando del favor de los coleccionistas, críticos de arte y de la generación de artistas más jóvenes.

Espero que la recopilación que he realizado de Matisse sea de vuestro interés, y en lo posible contribuya en su divulgación.






Algunas obras


Matisse en el Museo Thyssen

Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869-Niza, 1954) Considerado el máximo representante del fauvismo, Henri Matisse destacó a lo largo de su vida en pintura, escultura, arte gráfico y collage, pasando a la historia como una de las grandes figuras del arte del siglo XX. Tras licenciarse en Derecho en París, trabajó como abogado en un bufete, actividad que abandonó en 1889 para estudiar arte con el pintor Bouguereau en la Académie Julian. Desde 1893 se formó junto al pintor simbolista Gustave Moreau en la École des Beaux-Arts, para pasar a ser miembro de su taller en 1895. Sus primeras obras dejan entrever, además de la influencia de Moreau y de los maestros que había copiado en el Musée du Louvre, una cierta cercanía con el impresionismo

Sin embargo, con el cambio de siglo, mientras trabajaba en el taller de Carrière, entró en contacto con André Derain y, a través de él, con Maurice Vlaminck. Su lenguaje evolucionó, influido por pintores postimpresionistas, como Paul Signac, Paul Cézanne, Paul Gauguin y Vincent van Gogh, hacia una nueva expresión subjetiva de la realidad basada en una concepción del color, liberado de cualquier tipo de función descriptiva. Los tres expusieron en el Salon d’Automne de 1905, donde el crítico Louis Vauxcelles les denominó fauves (salvajes), nombre con el que a partir de entonces se conocería al grupo. La utilización del color muy contrastado y la influencia de la escultura africana son característicos de estos años. A partir de la década de 1920 se impone en su obra una serena sensualidad y una mirada a la tradición en la que lo ornamental va cobrando una mayor presencia. Su credo artístico, que se diversificó en las múltiples técnicas como escultura, litografía, cerámica o pintura, fue resumido en su escrito Notes d’un peintre, de 1908

La. fama de Matisse fue creciendo desde finales de la primera década del siglo, así como el interés de coleccionistas y marchantes, entre los que hay que destacar a los hermanos Leo y Gertrude Stein, así como a los rusos Morosov y Shchukin, para quien realizó entre 1909 y 1910 los paneles de La Danza y La Música (San PetersburgoMuseo, del Ermitage)

Desde. los años veinte vivió entre París y Niza, y a partir de 1943 en Saint-Paul de Vence, en donde realizó la decoración de la capilla del Rosario (1948-1951), una de sus obras de encargo más importantes. Una grave enfermedad lo dejó prácticamente paralítico en 1941, lo que no interrumpió su actividad, sino que lo llevó a intensificar sus trabajos en papel, especialmente los papiers decoupés, que destacan por la modernidad de sus esquemas caligráficos y la pureza del color. En 1952 se inauguró el Museo Matisse en su pueblo natal, Le Cateau-Cambrésis


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Pequeño desnudo en cuclillas con brazos, 1908. Bronce, 13,6 x 9 x 10 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza. Obra de Henri Matisse.

Matisse inició su dedicación a la escultura hacia 1898, en el momento de un cambio de orientación que le llevaría a abandonar su estilo pictórico de los años noventa y a volverse del bodegón y el paisaje hacia la figura humana. Desde entonces acudiría a la escultura de vez en cuando, especialmente cuando su pintura se encontraba en un punto crítico, y llegaría a producir, hasta comienzos de los años treinta, unas setenta piezas escultóricas. La técnica preferida por Matisse era el modelado en arcilla. Para él, como para Degas, el modelado constituía un medio paralelo y alternativo a la pintura, un «estudio complementario» para ordenar sensaciones e ideas. Solía llevar a la escultura motivos figurativos que antes había abordado en su pintura, y que a veces reaparecerían después en sus cuadros como estatuillas. Así, la postura de este desnudo en cuclillas evoca la figura sentada en primer plano en el boceto de La música (primavera-verano de 1907), o en los desnudos en cuclillas de las dos versiones de El lujo (verano 1907) y las Bañistas con tortuga (febrero 1908). Y regresaría a la pintura (en forma de estatuilla) en El ramo de lilas (primavera 1914).

La mayoría de la producción escultórica de Matisse, salvo contadas excepciones (como Le Serf, Figure décorative, la serie de relieves de espaldas o el Gran desnudo sentado), es de pequeño formato. En las célebres notas de Sarah Stein se atribuye a Matisse esta frase: «Una escultura debe invitarnos a manejarla como un objeto». Las estatuillas de Matisse estaban destinadas a ser palpadas imaginariamente. Por otra parte, la escultura de pequeño formato entrañaba para él un desafío a su capacidad de síntesis: «Cuanto más pequeña es la escultura -decía- más debe imponerse lo esencial de la forma». Tal aspiración a lo esencial queda patente en este desnudo en cuclillas, inspirado en la fotografía de una modelo pero simplificado y sometido a distorsiones expresivas (como el aumento antinaturalista de las proporciones de las piernas y los pies). Parece inevitable compararlo con la Mediterranée (1905) de Maillol. Ambas esculturas comparten un aire meditativo, una actitud recogida o introvertida frente al resto del mundo. Sin embargo, entre Maillol y Matisse aparecen ciertas diferencias capitales. El propio Matisse decía: «Maillol trabajaba mediante la masa, como los antiguos, y yo, mediante el arabesco, como los renacentistas». En la Mediterranée de Maillol, el codo izquierdo descansa sobre la rodilla izquierda, confiriendo al conjunto una claridad y una estabilidad clásicas, mientras que brazo y pierna derechos actúan como puntales que sostienen la estructura. En cambio, la postura «cruzada» de la estatuilla de Matisse, con el codo izquierdo apoyado sobre la rodilla derecha, es mucho más compleja y menos estable. Frente a la rigidez tectónica de Maillol, en la estatuilla de Matisse todo parece flexionarse, plegarse, entrelazarse... La estatua de Maillol ofrecía una superficie tersa; la de Matisse exhibe las marcas de la presión de los dedos sobre el barro, con una libertad vinculada a la tradición del boceto escultórico.

La investigación escultórica de Matisse se desarrolló habitualmente en forma de series. Este Pequeño desnudo en cuclillas con brazos constituyó el punto de partida de una secuencia de esculturas creadas aquel mismo año. De allí surgió una segunda pieza en la misma postura, pero dotada de un solo brazo y sin la base modelada. En otras versiones posteriores, Matisse esencializaría aún más su concepción de este desnudo, mediante la supresión de cabeza, brazos y piernas, el volumen compacto del cuerpo.


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Canal du Midi, 1898. Óleo sobre cartón adherido a contrachapado de madera, 24 x 36 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza. Obra de Henri Matisse.

Canal du Midi forma parte de un grupo de cuadros pintados por Matisse cerca de Toulouse en el invierno de 1898-1899. Tras dejar el taller de Moreau en el otoño de 1897, Matisse se casó con Amélie Parayre en enero del año siguiente. Después de una corta luna de miel en Londres, el matrimonio pasó una temporada de seis meses en Ajaccio, Córcega. A continuación, en agosto de 1898, Matisse y su mujer viajaron a Toulouse, y residieron durante otros seis meses con los padres de Amélie.

Se trataba del primer viaje de Matisse al sur y el artista lo recordaría como su primer encuentro con la luz y el color. Muchos de los paisajes pintados en este período, entre ellos el que aquí se comenta, parecen haber sido llevados a cabo al aire libre, directamente a partir del tema representado. El color de estos cuadros, sin embargo, no es naturalista. La intensa luz solar, como escribe Schneider «revela el color y lo lleva gradualmente hasta un punto de incandescencia en el que se opera una mutación, y el tono local se trasforma en color subjetivo». De hecho las obras pintadas por Matisse durante este período son generalmente descritas como«protofauves», en la medida en que parecen anticiparse al intenso cromatismo subjetivo que, cinco o seis años más tarde, será la característica más llamativa del Fauvismo.

Si se comparan los cuadros de Córcega con los de Toulouse puede observarse una transición entre la manera más empastada de la estancia corsa y una manera más luminosa y ligera, que culmina con un cuadro prácticamente neo-impresionista, Aparador y mesa, 1899 (Suiza, colección particular), realizado al final de la estancia en Toulouse. Una de las razones de este cambio se encuentra probablemente en la influencia de Signac. Durante una corta interrupción de su estancia en Ajaccio, Matisse había vuelto a París y visitado el Salon des Indépendants, en el que destacaba un llamativo grupo de cuadros de este pintor. Además, su libro D'Eugène Delacroix au néo-impressionnisme apareció por entregas en La Revue Blanche entre mayo y julio de ese mismo año.

Canal du Midi es una obra pintada rápidamente y con un color fluido, pero no con la pincelada dividida que puede verse en otros cuadros realizados por el artista durante ese período. Sí que pueden relacionarse en cambio con el Neoimpresionismo el deseo de no superponer los colores y el uso de las reservas gris claro en amplias zonas del fondo. Este gris funciona como un tono neutro que permite la respiración de los intensos azules, carmines y naranjas de la puesta de sol.

Canal du Midi perteneció durante mucho tiempo a Leo Stein, quien lo había adquirido, junto con su hermana Gertrude, en la primavera de 1906. En el Salon des Indépendants de 1906 (marzo-abril) Matisse había expuesto sólo una obra de gran formato, La alegría de vivir, que fue inmediatamente adquirida por Leo y Gertrude Stein. Simultáneamente su hermano Michael adquirió el boceto de La alegría de vivir que había sido incluido en una exposición de la Galerie Druet realizada al mismo tiempo que el Salon des Indépendants. Fue en esa exposición de la Galerie Druet donde Leo y Gertrude adquirieron también Canal du Midi.


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Las flores amarillas, 1902. Óleo sobre lienzo, 46 x 54,5 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Henri Matisse.

Las naturalezas muertas desempeñaron un papel primordial en los comienzos artísticos de Henri Matisse. Durante los primeros años del siglo, en que realizó Las flores amarillas , la influencia temprana del impresionismo había empezado a diluirse y la pintura del que se convertiría en el más deslumbrante colorista atravesaba una etapa que se podría denominar sombría . El abatimiento que sufrió por la escandalosa bancarrota de sus suegros, que habían sido un importante soporte económico para él en sus primeros años, y la influencia de los nabi ensombreció sus colores y simplificó sus composiciones.

Tal y como apunta Hilary Spurling , en 1902 Matisse «realizó una serie de composiciones de flores, pequeñas, ramos baratos de crisantemos o ranúnculos amarillos o girasoles rotos, colocados en jarrones improvisados y pintados con los colores apagados de su paleta de juventud» .Ahora bien, la imagen duplicada en el espejo de este jarrón de flores amarillas produce una sensación de energía cromática que anuncia sus obras fauves.

Sabemos que en el Salon des Indépendants de 1902 el pintor expuso dos naturalezas muertas, un paisaje y tres composiciones de flores, pero no podemos afirmar que alguna de ellas se trate de la obra perteneciente a la Colección. Sí sabemos, en cambio, que se expuso, con el título de Flores , en la exposición monográfica del pintor celebrada en la Galerie Bernheim-Jeune de París en 1910.


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Conversación bajo los olivos, 1921. Óleo sobre lienzo, 100 x 82 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza. Obra de Henri Matisse.

Bajo una apariencia apacible, los cuadros de Matisse ocultan a menudo un debate complejo y que, a través de las tensas relaciones entre el tema y el estilo, expresan las aspiraciones conflictivas del pintor. Conversación bajo los olivos es particularmente revelador en este sentido. Dos elegantes damas, de pie sobre el césped, parecen charlar. Detrás de ellas, una avenida; más allá, ligeramente más abajo, un olivar; más lejos, la silueta de una colina, y después, otra. El cuadro fue pintado del natural en 1921, en el interior de Niza. El título, en el que aparecen los olivos, y la sombrilla abierta de una de las jóvenes, hablan del Sur y el sol.

Sin embargo, la gama de colores es limitada: sus grises, blancos, verdes, azules y pardos sordos recuerdan a Corot, cuyo consejo de poner un solo punto rojo en todo el cuadro parece haber recordado Matisse, que le admiraba (como única concesión a la exuberancia meridional, Matisse puso tres). Se diría que la hierba exuda un delicado rocío y una bruma matinal ronda alrededor de los follajes. En suma, en este «paisaje con figuras», como en todas las vistas que pintó en el Sur, al final de la guerra, Matisse «piensa en el norte» (por otra parte, en la misma época irá a trabajar a Étretat). En esos años está de moda la «llamada al orden»: el artista del momento es Derain.

Matisse compone de acuerdo con los aires del tiempo, pero sin traicionar sus convicciones. Fue a través del paisaje impresionista como, en sus inicios, accedió a la modernidad: hacia él se esfuerza ahora por volver. No hay que decir que no lo conseguirá: al simplificar, o mejor, al acusar los elementos de la composición, devuelve imperceptiblemente al presente, en otras palabras, al plano pictórico -ese imperativo categórico de la modernidad que él mismo había contribuido tanto a imponer en su momento-, una escena que parecía destinada a deslizarse suavemente hacia el pasado. Las dos jóvenes no subirán a la acera mecánica que, bajo el aspecto de una avenida, desciende detrás de ellas.

Lo que a Matisse le interesa más que todo -lo dijo en 1908- son las figuras. Desde Le bonheur de vívre, 1906, sueña con reintegrarlas en el paraíso de la decoración, que se confunde con el plano pictórico. Pero el papel de ese fondo no podrá ser mantenido por el paisaje, demasiado difícil de conciliar con la estética de la decoración que constituye a partir de entonces su gran objetivo, entrevisto en Marruecos en 1912-1913, interrumpido por la guerra y provisionalmente en suspenso. No realizará hasta un cuarto de siglo más tarde el cuadro concebido como alfombra. Mientras tanto, pinta alfombras colgadas en las paredes y papeles murales que imitan el mármol o la cerámica, así como celosías, muebles, accesorios y trajes exóticos; todo un decorado artificial que hacía olvidar en los cuadros la presencia de verdaderas paredes y el recurso a los procedimientos pictóricos elaborados por Occidente para hacer mensurable su espacio. Confinadas en estos interiores, en los que el mundo occidental sólo entra por la ventana, las figuras esperarán que Matisse sepa y se atreva finalmente a introducirlas en el jardín edénico de la decoración. Conversación bajo los olivos, que se cuenta entre los últimos paisajes pintados por Matisse, es aquel en que las figuras se despiden de la naturaleza.


En 2009 el madrileño Museo Thyssen-Bornemisza le didicó una retrospectiva a Matisse.


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Ver las principales obras de la exposición



Otras obras


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Autorretrato con sueter de marinero. Autor: Henri Matisse. 1906. Óleo sobre lienzo, 55 x 46 cm. Statens Museum de Copenhague.


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Desnudo de mujer. 1908. Óleo sobre lienzo. 100 x 65 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia. Obra de Henri Matisse


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Carmelita. 1903. Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes de Boston. Massachussetts. USA. Obra de Henri Matisse


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Le Grand Nu gris. 1929. Óleo sobre lienzo. 102 x 81 cm. Colección privada. Nueva York. U.S.A. Obra de Henri Matisse


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Nú à l'echarpe blanche. 1909. Obra de Henri Matisse


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The Artist and His Model. 1919. Óleo sobre lienzo. Colección Privada. New York. USA. Obra de Henri Matisse


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Seated Figure, Tan Room. Obra de Henri Matisse


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Lorette allongée. 1916-17. Obra de Henri Matisse


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Mujer Leyendo. 1894. Óleo sobre lienzo, 24.25 x 47.94 cm. Musée National d'Arte Moderne. París


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Carmelita. 1904. Óleo sobre lienzo, 81.3 x 59 cm. Museum of Fine Arts Boston


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El lujo, 1907. Óleo sobre lienzo, 210 x 138 cm. Centro Georges Pompidou. París


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Figura Decorativa en un Fondo Ornamental. 1926. Óleo sobre lienzo, 130 x 98 cm. Centre Georges Pompidou. París


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Le Bateau. 1954. Dibujo, 13.84 x 10.33 cm. Museum of Modern Art. Nueva York


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Bouquet, 1918 Óleo sobre lienzo, 139.7 x 102.2 cm. San Diego Museum of Art


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Les poissons rouges, 1914. Óleo sobre lienzo, 147 x 97 cm. Centre Georges Pompidou. París


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L'Espagnole, 1909. Óleo sobre lienzo, 92 x 73 cm. Pushkin Museum. Moscú


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Place des Lices, 1904. Óleo sobre lienzo, 177 x 250 cm. Statens Museum for Kunst. Copenhagen


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La alegría de vivir, 1905. Óleo sobre lienzo, 175 x 241 cm. The Barnes Foundation. Merion. Pennsylvania


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La habitación roja. 1908. Óleo sobre lienzo, 180.5 x 221 cm. Hermitage. San Petersburgo


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La música, 1911. Óleo sobre lienzo, 260 x 389 cm. Hermitage. San Petersburgo


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Café árabe, 1913. Óleo sobre lienzo, 176 x 210 cm. Hermitage. San Petersburgo


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Naturaleza muerta con mesón verde, 1928. Óleo sobre lienzo, 81,5 x 100 cm. Centre Georges Pompidou. París


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La Négresse. 1952. Gouache, 14 x 22 cm. Centre Georges Pompidou. Paris


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La raya verde (Madame Matisse), 1905. Óleo sobre lienzo, 40.6 x 32.4 cm. Statens Museum Fur Kunst. Copenhagen. Obra de Henri Matisse.

En el Salón de Otoño de 1905 los cuadros de Matisse, Derain, Vlaminck, Marquet y otros fueron instalados juntos en una misma sala, espantando al público y a los críticos que empezaron a denominar al grupo "fauves", los fieras, por la estridencia del color. En esta línea inicial del fauvismo debemos incluir este retrato de la esposa del pintor, subtitulado la Línea Verde por la intensa tonalidad que apreciamos en el fondo. Madame Matisse aparece tocada con un elegante sombrero, girada en tres cuartos y dirigiendo su profunda mirada hacia el espectador. El intenso colorido se convierte en el protagonista, aplicado con largas y empastadas pinceladas que recuerdan al impresionismo. Los colores son arbitrarios, rompiendo con la estructura habitual del color, siguiendo a Cèzanne. Así, en el rostro de la dama apreciamos toques de color lila, verde, azul o amarillo. El resultado es una obra cargada de elegancia e intensidad, en la que el espectador disfruta de la estridencia tonal que identifica el estilo fauvista, y especialmente de Matisse.


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Lujo, calma y voluptuosidad, 1904. Óleo sobre lienzo, 98 x 118 cm. Museo de Orsay. París. Obra de Henri Matisse.

En 1905 Matisse había expuesto en el Salón de los Independientes una composición puntillista denominada Lujo, calma y voluptuosidad (París, Musée d'Orsay), título tomado de unos versos de Baudelaire: "Allí todo es orden y belleza/ lujo, calma y voluptuosidad". Se relacionaba con la serie de Bañistas de Cézanne en el concepto formal y con la moda del mito arcádico en cuanto al tema. Esa Arcadia feliz, donde los pastores, integrados en la naturaleza, dedican las horas muertas a la danza, la música y las justas poéticas, había sido recuperada por el Renacimiento y mantenida por el Clasicismo francés.


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La danza. 1909-1 910. Óleo sobre lienzo. 260 x 390 cm. Museo de Arte Moderno. New York. USA. Esta obra es unna de las obras más conocidas de Henri Emile Benoit Matisse.


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La Danza es un cuadro de Henri Matisse expuesto en el Museo del Hermitage de San Petersburgo, Rusia. Está pintado al óleo sobre lienzo y mide 260 cm de alto por 389 cm de ancho.

Se representa en esta obra a un grupo de cinco personas, de ambos sexos, que bailan en círculo, dándose la mano.1 Están desnudos, tema artístico que interesó a Matisse durante toda su vida.

Estética. La Danza refleja la ipiente fascinación de Matisse por el arte primitivo: los intensos colores cálidos contra el frío verde azulado del fondo -claramente relacionados con el fauvismo- y la rítmica sucesión de desnudos danzantes transmiten los sentimientos de liberación emocional y hedonismo. A este colorido se le ha dado una interpretación simbólica: los cuerpos se pintan de rojo y representan la vida, el azul es obviamente el cielo y el verde la naturaleza, logrando de este modo un movimiento extraordinario.

El cuadro a menudo se relaciona con la «Danza de las Jóvenes» del famoso ballet con música de Ígor Stravinski y coreografía de Vaslav Nizhinski, La consagración de la primavera. De hecho, el sentimiento de grupo que comparten tanto el cuadro como la obra de Stravinsky es una parte más de ese sentido tribal al que ambas estéticas se querían aproximar.

Versiones. Hay dos versiones de esta obra. La primera, actualmente en el MoMA, usa colores más pálidos y menos detalles. Se pintó después del declive del movimiento fauvista en 1906. La pintura fue muy apreciada por el artista, que en una ocasión la llamó «el clímax abrumador de la luminosidad»; también se representa en la parte posterior de la obra de Matisse La Danse with Nasturtiums (1912).

La segunda versión, conservada en el Museo del Hermitage en San Petersburgo, usa una paleta cromática fauvista más clásica. Junto con la pieza que le sirve de acompañamiento, La Musique, este amplio panel decorativo se creó específicamente para la mansión moscovita del empresario ruso y coleccionista de arte Serguéi Schukin,1 con quien Matisse tuvo una larga relación.


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Desnudo reclinado. Autor: Henri Matisse.. Fecha: 1907. Bronce, 34,2 cm. Centro Georges Pompidou, París.

No basta con reducir a algunos autores eminentes el marchamo que dejó el fenómeno cubista en la escultura. Pero también a algunas realizaciones escultóricas de artistas no tan vinculados al fenómeno cubista. Consideramos que éste es el caso, por ejemplo, de Henri Matisse, cuya obra de los primeros años del siglo, y aún en momentos posteriores, fue receptiva a los ideales cubistas en lo que se refiere a las interpenetraciones de planos, sintetización formal y análisis del espacio.


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Foto de Henri Matisse (1869-1954) por Carl Van Vechten, 1933. Fue un pintor francés conocido por su uso del color y por su uso original y fluido del dibujo. Como dibujante, grabador, escultor, pero principalmente como pintor, Matisse es reconocido ampliamente como uno de los grandes artistas del siglo XX. Al inicio de su carrera se le identificó con el fauvismo y para los años 20s ya se había destacado por su maestría en el lenguaje expresivo del color y del dibujo, la cual desplegó en una inmensa producción que se extendió por más de medio siglo, y que consagró su reputación como una de las figuras centrales del arte moderno...

Más info en la Wikipedia



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Henri Matisse. Autorretrato 1900.


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Henri Matisse en su estudio en sus últimos años de vida.

La Ciudad de la Pintura Enlace recomendado dedidado a Matisse, ver 151 obras



Pues esto es todo amigos, espero os haya guatado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor francés Henri Matisse. A este pintor impresionista no lo conocía en profundidad y gracias a este trabajo recopilatorio que le he dedicado, he podido disfrutar de su original obra.


Fuentes y agradecimientos: pintura.aut.org, es.wikipedia.org, museothyssen.org, artcyclopedia.com, epdlp.com, artehistoria.com y otras de Internet
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Viernes, 15 May 2015, 17:47; editado 13 veces 
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Mensaje Respuesta: MATISSE 
 
Este pintor impresionista "Matisse" es de los más famosos... algunos de sus cuadros que me gustan, son los siguientes:


Retrato de la raya verde,
The Music Lesson,
Retrato de Familia,
Odalisque in Striped Pantaloons,
Interior at Nice.


 

Saludos.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Viernes, 15 May 2015, 16:10; editado 1 vez 
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Mensaje Re: MATISSE 
 
LA EXPOSICIÓN SE INAUGURA EL 26 DE ENERO



Londres muestra obras maestras de Matisse y Picasso ocultas durante el estalinismo

Se trata del fruto de la pasión coleccionista de dos industriales rusos

El viaje ha estado precedido de arduas negociaciones para evitar confiscaciones





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La Danza. Obra de Henri Matisse  (1910), Fauvismo, Museo del Ermitage (San Petersburgo, Rusia)


LONDRES.- Una exposición que se inaugura el próximo 26 de enero en la Royal Academy of Arts muestra obras maestras del impresionismo y las vanguardias francesas que fueron ocultadas al mundo durante el estalinismo por las mismas razones que los nazis confiscaron o destruyeron lo que calificaron de arte degenerado.

Se trata del fruto de la pasión coleccionista de dos ricos industriales de aquel país, Seguéi Shchukin e Ivan Morosov, que demostraron un certero instinto para descubrir casi antes que nadie el valor extraordinario de pintores como Matisse, Picasso, Van Gogh o Gauguin.

Shchukin era un comerciante textil que hizo una fortuna comprando ropa muy barata durante la revolución de 1905 y vendiéndola luego mucho más cara al volver la estabilidad al país, mientras que Morosov se enriqueció gracias a una planta dedicada a la tintura de textiles durante la guerra ruso-japonesa.

Shchukin, al que se describe como el más osado en sus gustos de los dos, compró —y en muchos casos encargó directamente al pintor— casi toda la obra de Matisse entre 1904 y 1914. Además, fue prácticamente el único cliente que tenía el famoso marchante Daniel Kahnweiler para los cuadros del período cubista de Picasso.

Para 1914, cuando debido al estallido de la Primera Guerra Mundial tuvo que dejar de comprar arte en la capital francesa, de la que era un visitante regular, el industrial ruso había logrado reunir la mayor colección pública o privada de arte francés contemporáneo.

Incluía la colección 37 obras de Matisse, 16 de Derain, otras tantas de Gauguin, cuatro de Van Gogh, ocho de Cézanne y nada menos que medio centenar de picassos.

Morosov conoció a su vez a Matisse gracias a Shchukin, aunque su artista favorito era Cézanne, del que compró también varias obras maestras a través del conocido marchante Ambroise Vollard. Su colección, integrada por casi tres centenares de piezas, incluía obras de Monet, Bonnard y Gauguin además de pintores rusos de vanguardia.

Enviadas a Siberia

La historia de sus colecciones resulta apasionante: confiscadas por el Estado, obras hoy famosas como 'La danza', de Matisse, fueron enviadas a Siberia, donde permanecieron almacenadas durante la Segunda Guerra Mundial y sólo se salvaron de milagro.

Se cuenta que en 1948 Stalin, que había heredado la mayor colección de arte moderno del mundo, confiscada a sus propietarios, pidió consejo al mariscal Voroshilov, miembro del Politburó, sobre qué hacer con aquellos cuadros.

El militar, encargado por el dictador de hacer una purga en la cultura soviética después de la guerra, pidió que le mostrasen aquellas obras y, al ver las figuras femeninas desnudas de 'La danza', de Matisse, bailando en corro sobre un fondo azul y verde, simplemente soltó una sonora carcajada.

En los primeros años de la revolución rusa las colecciones de ambos industriales habían sido exhibidas juntas en la gran mansión de Morosov, rebautizada como el Museo Estatal de Arte Moderno de Occidente, que pudo visitar en 1927 el historiador del arte norteamericano Alfred Barr, un año antes de que fundase el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

En aquellos primeros años revolucionarios, las obras iconoclastas de Matisse y Picasso tuvieron un gran impacto sobre los artistas de la vanguardia rusa como Kasimir Malevich, Vladimir Tatlin, Natalia Goncharova o Wassily Kandinsky.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, las alrededor de 600 obras reunidas por Shchukin y Morosov fueron trasladadas a Novosibirsk y, una vez terminado el conflicto, Stalin ordenó la disolución del museo.

Su contenido se repartió entre los depósitos del museo Pushkin, de Moscú, y el Ermitage, de San Petersburgo, sin que se exhibiese al público ni a los historiadores del arte hasta prácticamente la llegada de la perestroika de Mijail Gorbachov.

El viaje de esas obras maestras a Londres ha estado precedido de arduas negociaciones destinadas a evitar una eventual confiscación en el caso de que alguno de los herederos de los industriales los reclamase, aunque el propio Shchukin, que falleció en París en 1936, dijo que había creado su colección para el pueblo ruso.



EL MUNDO.es
 




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Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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Mensaje Re: MATISSE 
 
Picasso y Miró reúnen sus obras en casa de Matisse



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Museo Matisse, Niza

  
El Museo Matisse de Cateau-Cambrésis, ciudad del norte de Francia donde nació el pintor, acaba de enriquecerse con una de las donaciones de arte moderno más importantes realizadas en Francia en los últimos 20 años. Incluye obras de Picasso y Miró, entre otros artistas.

La colección perteneció al editor de arte moderno Tériade (nacido en Grecia como Efstratios Eleftheriades), que reunió un buen número de obras a lo largo de su vida. Fallecido en febrero de 2007, la colección fue cedida íntegramente por su viuda, Alice.

Un comedor decorado con obras de estos artistas a petición de Tériade, y 39 obras maestras de los pintores Matisse, Giacometti, Chagall y Borés, el escultor Laurens y el fotógrafo Henri Cartier-Besson integran esta donación, celebrada como una de las más importantes recibidas por una institución pública francesa.

Gracias a ella, la escultura Ubu, de Miró, y el cuadro Tête de femme couronnée de fleurs, de Picasso, podrán contemplarse en la ciudad natal de Matisse, junto a otras creaciones procedentes de la colección Tériade, a la que el Museo dedica dos salas.

Descubridor de artistas

Según recuerda hoy el periódico francés Le Figaro, Tériade tenía un talento especial "para descubrir a los artistas", lo que le llevó a editar con ellos 27 libros de arte entre 1943 y 1975. Ya en 2002, el editor, amigo de Matisse, Chagall, Léger, Picasso, Laurens, Rouault y Miró entre otros, donó los 27 ejemplares de su colección personal, cada uno concebido por un artista, al Museo Matisse, con ocasión de su reapertura.




EL PAÍS
 




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Mensaje Re: MATISSE 
 
Y el 'Matisse' regresó a sus dueños


Francia encuentra, gracias a Internet, a los legítimos propietarios de una obra del pintor robada por los nazis



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La minista de Cultura francesa, Christine Albanel y un alto cargo británico junto al Matisse devuelto hoy por Francia a sus legítimos dueños
  
Francia ha devuelto este jueves una pintura de Henri Matisse a sus legítimos dueños. El cuadro fue apresado por los nazis en 1941, una vez que su dueño, judío, huyó de la persecución antisemita. El cuadro La pared rosa, de 1898, es uno de los miles de pinturas robadas a familias judías durante la Segunda Guerra Mundial que finalmente acabaron en manos francesas.


"Devolver esta bella obra a sus dueños, los herederos del señor Harry Fuld Jr., es un acto de remembranza y reparación, al fin", ha dicho la ministra francesa de Cultura, Christine Albanel, en una ceremonia para la entrega.

La pintura, que forma parte de las 2.000 obras confiadas a museos franceses tras la Segunda Guerra Mundial, fue exhibida recientemente en una exposición de pinturas cuyos dueños no se había logrado identificar.

Fuld huyó a Bretaña en 1937. Bajo la ley de 1941, que privaba a los judíos alemanes de su ciudadanía, el régimen nazi decomisó la pintura de Matisse. El cuadro volvió a aparecer en 1948, cuando fue hallado cerca de la ciudad de Tubinga, en una alijo que abandonó un oficial de las SS, Kurt Gerstein, que se suicidó en prisión, en 1945.

Las autoridades alemanas lo mandaron en 1949 a Francia, guiándose por un sello de las aduanas galas, de 1914 que, en la parte trasera del cuadro, indicaba que había sido legalmente exportado a Alemania.

El cuadro pasó entonces desapercibido seis décadas, hasta que un historiador alemán estableció el vínculo entre la pintura perdida por Fuld y una imagen del cuadro mostrada en Internet por las autoridades francesas, que trataban de encontrar a su legítimo dueño.

De acuerdo con cifras del Ministerio francés de Cultura, al final de la Segunda Guerra Mundial, Francia se encontraba en posesión de 60.000 obras robadas por los nazis. Devolvió 45.000 a sus dueños. De las 15.000 que continúan sin ser reclamadas, 13.000 sin relevancia artística fueron vendidas y, las 2.000 restantes, fueron confiadas a museos franceses.


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: MATISSE 
 
José Luis: Es impresionante la obra de Matisse por su expresiva vivencia; la fuerza que emanan tanto el dibujo como el color hacen que te enamores de gran parte de su obra, por algo la fama de este gran pintor está en la cúspide. Muchas veces, hay pinturas que observadas a simple vista no te dicen nada, pero si las miras con detenimiento terminas "haciendote" a ellas y en esto a mi parecer, está el secreto del éxito. Hay más de 20 obras que no están visibles y que te ruego podamos verlas. Por nombrar, me gusta Lección de música y Station at sevres al 80, ésta última por estar más afín a mi estilo Gracias. Saludos
 



 
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Mensaje Re: MATISSE 
 
Gracias Matías por tu experimentada opinión y participación. Desde luego Matisse en su estilo es de los mejores.

Ya he vuelto a subir las imágenes que no se veían.



Saludos.
 




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Mensaje Re: MATISSE 
 
Gracias José Luis, valía la pena volver y ver las obras faltantes. Saludos
 



 
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Mensaje Re: MATISSE 
 
Exposición en el Museo Thyssen... Matisse, inédito en España


La mayoría de obras de la exposición llegan a España por primera vez



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Henri Matisse. Retrato de Marguerite Dormida, 1920. Oleo sobre lienzo, 46 x 65 cm. Colección privada

Ver Vídeo: Alberto Di Lolli, enlace: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/06/08/cultura/1244477922.html

Los colores de Matisse según los visitantes de la exposición ¿Qué es lo que piensan los visitantes de la exposición? Un equipo de ELPAIS.com visitó la muestra y preguntó a sus visitantes su opinión sobre los cuadros de Henri Matisse.
Ver Video: http://www.elpais.com/especial/muse...o-al-habla.html

 
La exposición que el Museo Thyssen dedica a Henri Matisse desde este martes reúne cerca de 80 obras, en su mayoría inéditas en España. Son pinturas, esculturas y dibujos procedentes de 50 museos y colecciones de todo el mundo. Un catálogo que sirve para reivindicar la época menos conocida del pintor francés, cuando se recluyó en Niza para reflexionar sobre la creación artística y reinventarse a sí mismo.

En cartel hasta el próximo 20 de septiembre, la muestra resalta el talento de un "pintor consagrado que no necesita demostrar nada", según define a Matisse el director artístico del Thyssen, Guillermo Solana. En su opinión, era necesario ajustar cuentas con quienes tildaron a Matisse de aburguesado y conformista. "En Niza, su jardín cerrado, se dedica a pintar por placer", sostiene Solana, quien admira ese formato más íntimo y próximo al espectador. Ese formato que ahora desembarca en Madrid.


Fuentes: elmundo.es / Efe / elpais
 




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Mensaje Re: MATISSE 
 
Matisse en la Alhambra

El Museo de Bellas Artes de Granada exhibirá las tres únicas obras que el pintor francés realizó en España



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Dibujo realizado por Matisse de la Alhambra llamado " vue de la fenétre que recuerda el paso del pintor por Granada y que será una de la mas de cien piezas de la exposición " Matisse y la Alhambra ( 1910- 2020 que se mostrarán a partir del 15 de octubre en el palacio de Carlos V de Granada.

Una exposición con más de un centenar de piezas, entre las que se incluyen los tres únicos cuadros que realizó en este país y que por primera vez aparecerán juntos, mostrará a partir del 15 de octubre la fascinación del pintor francés Henri Matisse por el mundo islámico, acentuada tras su visita a la Alhambra de Granada, de la que se cumplen cien años. El proyecto Matisse y la Alhambra (1910-2010) supone "un evento único" en España, ya que hasta ahora sólo se han montado tres exposiciones relacionadas con el artista francés, ha explicado la directora del Patronato de la Alhambra y Generalife, María del Mar Villafranca, que también es comisaria de la muestra.

Entre las piezas que se mostrarán figuran cincuenta obras como óleos, dibujos, litografías, cerámica y escultura, de ellas tres cuadros que Matisse pintó en España y que se podrán ver en la muestra por primera vez. Además se colgarán tres obras de su amigo Francisco Iturrino, que datan de cuando ambos artistas compartieron estudio en Sevilla. También se expondrán sesenta piezas de arte islámico, de cerámica, cristal, bronce o tapices, de gran valor artístico, así como cartas, postales y fotografías personales del pintor francés procedentes de los archivos Matisse en Issy-Les-Moulineaux.

Tejidos que coleccionó el artista a lo largo de su vida, como mantones de manila, telas hispanomusulmanas y tapices de la Alpujarra también podrán verse a partir de octubre en las salas del Museo de Bellas Artes de Granada, situado en el Palacio de Carlos V. Villafranca ha explicado que se ha intentado reconstruir el viaje de Matisse a la Alhambra porque, aunque sólo duró tres días, tuvo un gran impacto en "uno de los grandes padres de la vanguardia contemporánea" y se aprecia por la emoción que él expresa en sus cartas.

Un total de cuarenta instituciones de prestigio internacional han cedido piezas para completar la exposición, en cuya organización también colabora la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales(SECC). El descubrimiento hace años de la firma de Henri Matisse en el libro de visitas de la Alhambra ha sido el punto de partida de una investigación que se ha prolongado durante tres años y que ha dado como resultado una muestra que cuenta con el apoyo de la familia del pintor.

En la muestra se tratará de reflejar cómo el viaje a España y la visita a la Alhambra le acompañó a lo largo de su vida, según ha explicado Villafranca, quien ha indicado que unir el nombre del artista francés con el conjunto nazarí es "un orgullo" para Andalucía.

"Es uno de los pintores más codiciados y más coleccionados", ha añadido la comisaria, que se ha referido al artista francés como "el último romántico y el primer moderno".

Francisco Jarauta, quien también trabaja como comisario de la muestra, ha subrayado que siempre que se ha estudiado la relación del pintor con el mundo islámico se le ha asociado a Marruecos, y que el viaje a España no solía recogerse, por lo que ahora se descubre la importancia que tuvo la Alhambra en su fascinación por ese mundo.

El consejero andaluz de Cultura, Paulino Plata, ha asegurado que se trata del proyecto más ambicioso que aborda la Junta de Andalucía en cuanto al ámbito de exposiciones de arte y que no sólo recoge lo que Matisse vivió en España, sino "cómo impregnó su futuro".

Junto a la muestra se editará el catálogo de la exposición en tres idiomas -español, francés e inglés- y se celebrarán dos ciclos de conferencias con los principales expertos en la obra del pintor en el centro CaixaForum de Madrid y en el Palacio de Carlos V de Granada. La muestra será de acceso gratuito y sus visitantes dispondrán de un servicio de audioguías y un programa educativo.


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Fotografía de Matisse y su esposa Amelie que será una de la mas de cien piezas de la exposición " Matisse y la Alhambra ( 1910- 2020 que se mostrarán a partir del 15 de octubre en el palacio de Carlos V de Granada.


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
La restauración de 'Bañistas en el río' evoca su pasión por la experimentación   


La evolución creativa de Matisse puede verse en las salas del MoMA

Desde 1909 el pintor francés reelabora sin cesar toda su obra




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Bañistas en el río (1909-1910), de Henri Matisse, cuadro cuya restauración ha inspirado la exposición del MoMA

A veces restaurar un cuadro puede llevar a descubrir misterios soterrados bajo el lienzo de los que solo el propio autor era consciente y que permiten mirar hacia el artista desde una nueva perspectiva. Bajo la superficie del cuadro de Henri Matisse Bañistas en el río (1917), joya de la colección del Art Institute de Chicago, se escondían nueve años de trabajo en los que el pintor francés viajó de un lienzo lleno de color similar a los de su primera etapa a otro con connotaciones cubistas para finalmente terminarlo con una dosis de experimentación que culminaría en la obra que todos conocemos y que desde el próximo domingo corona la muestra Matisse, Radical invention 1913-1917, en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York.

Tras haberse mostrado previamente en el Art Institute de Chicago, esta exposición -compuesta por 110 obras- plantea una nueva forma de mirar hacia uno de los periodos clave en la cronología del artista. "El germen de la exposición está precisamente en el trabajo de restauración de Bañistas en el río. El Art Institute quería mostrar el lienzo en todo su esplendor y me llamaron como asesor. Al eliminar las capas de barniz y de antiguas restauraciones, y a través de rayos X y otras técnicas descubrimos líneas ocultas y colores más cercanos a su primera época que a la fecha en la que finalizó el cuadro. Entonces decidimos analizar otras 25 obras de este periodo y vimos que había similitudes. Así nació esta muestra, centrada en ese periodo tan especial de Matisse que hasta ahora no se había analizado en profundidad". Con su fuerte acento británico, el conservador jefe emérito de pintura y escultura del MoMA, John Elderfield, explica con pasión de erudito el viaje de cinco años junto a su colega Stephanie D'Alessandro, del museo de Chicago, y que ha culminado con esta exposición, ordenada cronológicamente y que arranca con un pequeño cuadro de Cézanne, Tres bañistas, adquirido por Matisse en 1899.

"Le intrigaba Cézanne, aunque nunca lo había entendido del todo. Pero cuando vio este cuadro se enamoró, aunque no podía pagarlo. Se acababa de casar y su mujer, que recibió un anillo de diamantes por la boda, decidió cambiar el anillo por el cuadro. Ese lienzo es la piedra angular para desarrollar una nueva forma de composición y trabajo con el color", asegura Elderfield. Así, en la primera sala se ven diversos trabajos inspirados en esa obra, entre ellos Bañistas con tortuga (1909), que inauguraría un periodo caracterizado por el continuo retorno a lienzos pintados previamente. "Los cambios no ocurren de la noche a la mañana, por eso hemos querido mostrar cómo se va a acercando a ellos", dice Elderfield. La primera entrega de la escultura La espalda I, también está fechada en 1909. Matisse realizaría cuatro versiones diferentes en los siguientes 20 años, utilizando siempre el molde de la anterior para arrancar.

Sus viajes a Marruecos provocarán un giro radical en las composiciones de este artista nacido en 1869 y al que su encuentro con otros paisajes hizo interesarse por las estructuras formales y dejar de lado su interés por el color. En 1913 pinta tres obras diferentes a todo lo hecho anteriormente: La ventana azul, Flores y plato de cerámica y Retrato de Madame Matisse. Retratos como Mujer italiana o el espectacular lienzo Los marroquíes, ambos de 1916, dejan constancia de los atrevimientos de este artista al que también marcó la frustración de no poder participar (por su edad) en la I Guerra Mundial. Lo escribió en 1916: "A veces me enferma pensar en todo lo que no estoy participando ni contribuyendo. Trabajo todo lo que puedo... No puedo decir que no luche, pero no es la lucha real".


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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
Las odaliscas que "nacieron" en la Alhambra


Granada reconstruye en una exposición el viaje que Henri Matisse realizó a España hace un siglo y que ha sido infravalorado por los estudiosos de su obra



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Cartel anunciador de la exposición "Matisse y la Alhambra (1910-2020)" que recreará la atracción por el mundo Oriental del pintor Henri Matisse tras su viaje a Andalucía y su visita al conjunto nazarí. La exposición se inaugurará el 15 de octubre en el palacio de Carlos V de Granada.

Entre noviembre de 1910 y enero de 1911, el pintor francés Henri Matisse(1869-1954) viajó a España sin un claro objetivo. Visitó Madrid, Sevilla, Córdoba, Granada, Toledo y Barcelona. En España pinta tres obras (dos bodegones y un retrato), pero el impacto de lo que contempla le inspira muchas más. La huella de los artesonados o de los yesos que adornan los interiores de la Alhambra están presentes en los fondos de sus composiciones.

Esa decoración de los palacios nazaríes ocupa un primer plano con las odaliscas (se exponen siete del largo centenar que pintó) que hasta ahora se creía que eran de inspiración puramente norteafricana. La exposición "Matisse y la Alhambra. 1910-2010" que a partir de mañana se abre al público en el palacio de Carlos V intenta demostrar al detalle cual fue la relación entre lo visto y lo pintado. Un centenar de obras, entre ellas 35 pinturas, prestadas por museos y coleccionistas de todo el mundo demuestran que la influencia fue real y de una gran relevancia en una parte muy importante de su producción. La infanta Elena inauguró ayer oficialmente la muestra.


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Odalisca, de Henri Matisse

María del Mar Villafranca, directora del patronato de la Alhambra y el historiador Francisco Jarauta son los comisarios de la exposición. Cuenta Villafranca que la idea surgió de pura casualidad, en 1991, mientras revisaba uno de los libros de visitas en los archivos de los palacios. Allí descubrió la firma del artista en la mitad de una página de las últimas hojas del volumen. "No se sabía que hubiera estado aquí, en la Alhambra, y ahí mismo empezó el trabajo de investigación", explica la responsable de esta institución que el último año tuvo tres millones de visitantes. En una entrevista concedida en 1947, Matisse confesó que la revelación le vino de Oriente.

Ahora se puede precisar que la visita a Granada fue definitiva en su obra, tal como se lee en las cartas que envía a su esposa y a sus amigos desde Andalucía en las que habla con fascinación de la forma en que la luz se filtra por las celosías o del paraíso de fuentes y de árboles que envuelve los palacios ( Ahí siguen los castaños, olmos, chopos, palmeras y cipreses) . Habla también en las cartas de su admiración de las formas geométricas rematadas con círculos del patio de los Arrayanes . Y describe como se embelesa contemplando los adornos con estelas de estrellas que llevan paraíso. Escribe también algunas curiosidades, como que a su paso por Toledo, a diez grados bajo cero, la barba se le congela y le pesa, de forma que caminar se hace muy duro.


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'Odalisca con pantalón rojo, de Matisse (Prestamo del Museo Pompidou de París).

Jarauta recuerda que el artista hace el viaje en un momento de crisis personal y artística. Busca una renovación formal respecto a lo que estaba haciendo hasta entonces. Acaba de visitar una exposición de arte Oriental en Munich, pero el Salón de Otoño París le ha rechazado dos obras inspiradas en la música y en la danza. El gran rival de Picasso vive un estancamiento creativo y decide cambiar de aires. La exposición arranca, precisamente por obras de ese momento de incertidumbre y renovación. En "La argelina" (1909), los trazos negros y rotundos con los que dibuja los contornos de la mujer y las telas que decoran el fondo, anuncian ya el abandono del Fauvismo y su fascinación por la decoración oriental. Junto a este impresionante óleo se expone el enorme jarrón nazarí de loza con reflejos dorados, el Fortuny -simonetti del siglo XIV, procedente del Museo de la Alhambra y que aparece reproducido en numerosas telas de Matisse.


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Bodegones dedicados a Sevilla. Bodegón Sevilla I, (derecha), y Bodegón Sevilla II, (izquierda), unas de las obras de la exposición de Henri Matisse, Matisse y La Alambra en el museo de Bellas Artes de Granada.

Pero puede que sea en las odaliscas donde más se pueda percibir la influencia granadina. Pinta la primera en 1921 en un momento en el que lo que le interesa es investigar el desnudo femenino. Estas mujeres semidesnudas envueltas en trasparencias y rodeadas de telas preciosas, tienen tal éxito que llega a pintar más de cien. La mayor parte son peticiones de coleccionistas americanos. Casi siempre utiliza la misma modelo, la bailarina Henriette Darricarrere, una bellísima mujer con la que se le puede ver aquí retratado en numerosas fotografías de la época.

Mantiene Jarauta que la belleza de los sofisticados baños de la Alhambra están presentes en los fondos decorativos sobre los que retrata a sus sensuales odaliscas. En ellas vierte todo un mundo de colores fuertes: rojos, dorados, azulones, que están también en el las pinturas originales del artesonado de las estacias de los sultanes. Son paisajes interiores que hablan también del estado de de ánimo de Matisse. Jarauta añade que la belleza de ltambién la liturgia católica sucumbió a la belleza de la decoración de los palacios, como se puede ver en los vestidos litúrgicos que los altos cargos del clero utilizan en las grandes ceremonias.


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Varias de las obras de la exposición de Henri Matisse, Matisse y La Alambra en el museo de Bellas Artes de Granada. Izquierda, Odalisca con velo, centro, Torso con aguamanil, y derecha, Odalisca de pié y bandeja de frutas.

La exposición incluye una serie de litografías inspirada en las odaliscas que la hija del artista, Margherite , depositó en el Victoria & Albert Museum de Londres. Se muestran frente a una selección de tejidos islámicos de diferentes épocas históricas que fueron atesorados por el pintor y cuyos motivos decorativos se reproducen una y otra vez. El final destá dedicado a los papiers collés, con los que el artista se reinventó cambiando los pinceles por las tijeras.


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La argelina, una de las obras de la exposición de Henri Matisse, Matisse y La Alambra en el museo de Bellas Artes de Granada.

Jorge Helft, sobrino de Paul Rosemberg, el que fuera su marchante y amigo íntimo de Matisse durante décadas, recordó durante la exposición que Picasso sólo admiró a un artista contemporáneo y que ese fue Matisse. "Cada vez que visitaba su taller salía amargadísimo. Pese a ello, le respetaba y le admiraba. Cuando a Matisse no le iban bien las cosas, Picasso pedía a mi tío que le ayudara. El respeto era mútuo pese a ser dos personalidades fortísimas". ¿Cree que el peso del viaje a Granada fue tan determinante en su obra, como se cuenta en esta exposición?. "Sin dura", responde Helft. "La visita de un universo de belleza como la Alhambra pesó de manera contundente en sus cuadros y le inspiró todo un mundo con el que seguir deslumbrando ".


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La Infanta Elena inaugura la exposición de Henri Matisse, Matisse y La Alambra en el museo de Bellas Artes de Granada.


EL PAÍS.es / rtve.es / ABC.es
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
Óleos, dibujos, litografías, cerámica y escultura


Matisse vuelve a la Alhambra tras un siglo


Muchas piezas de la muestra se muestran por primera vez al público



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El cartel anunciador de la exposición conmemorativa de la visita de Matisse a la Alhambra.

En diciembre de 1910, Henri Matisse visitó la Alhambra, después de pasar por Madrid, Córdoba, Toledo y Barcelona. La decoración y los juegos de iluminación del palacio nazarí fascinaron al pintor, admirador de la cultura árabe y que durante su viaje a España pintó tres cuadros, compartiendo estudio en Sevilla con Francisco Iturrino, y coleccionó gran cantidad de mantones de manila, telas hispanomusulmanas o tapices de la Alpujarra.


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Uno de los dos cuadros que Matisse pintó de su estancia en Sevilla.

El Museo de Bellas Artes de Granada, situado en el Palacio de Carlos V, en el corazón de la Alhambra, acoge desde este viernes la exposición 'Matisse y la Alhambra (1910-2010)', que repasa el viaje del autor a España y recoge gran cantidad de obras, no sólo oleos, también esculturas, litografías o cerámicas, muchas de ellas nunca antes expuestas al público.


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La Infanta Elena posa con el presidente de la Junta, el alcalde granadino y el consejero de Cultura. | Jesús G. Hinchado

La Infanta Elena ha presidido la inauguración de esta exposición, espacio estrella de la Alhambra para los próximos meses. Escoltada por la directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife, María del Mar Villafranca, y el consejero de Cultura, Paulino Plata, la Infanta ha podido visitar con guías privilegiados una visita que será gratuita para el resto de turistas, dado que el Palacio de Carlos V y el museo son unas de las zonas de visita libre del monumento.


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La celosía de una ventana de inspiración árabe junto a dos dibujos.


"Dadores de vida" en el palacio nazarí

El proyecto surgió tras encontrarse, hace más de tres años, la firma de Matisse en el libro de visitas de la Alhambra, con la consabida fecha de 1910, una pista que puso a los investigadores a rastrear el viaje del pintor a Granada. La correspondencia con su mujer y sus amigos ha permitido reconstruir cada paso de un periplo que comenzó en Madrid, con el reencuentro con Iturriño, al que conocía de sus tiempos de estudiante. Más de 40 años después del viaje, el pintor seguía llamando "dadores de vida" a las líneas y arabescos que descubrió en el palacio nazarí.


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La exposición reúne una cuarentena de piezas del maestro francés.

El Patronato de la Alhambra ha querido destacar como nunca antes se había abordado una exposición tan amplia de este pasaje de la vida del autor, que ha sido posible gracias a la colaboración de 40 instituciones, como el Museo de Hermitage, el MOMA de Nueva York o el Louvre, y de colecciones privadas como la de la Baronesa Thyssen-Bornemisza o de los propios herederos del pintor francés, Claude y Bárbara Duthuit, que han respaldado abiertamente el proyecto.


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La inauguración de la exposición ha atraído la atención de los medios

El visitante podrá contemplar, hasta el 28 de febrero, en esta muestra 50 obras de Matisse que abarcan desde óleos, dibujos, litografías a cerámicas y esculturas; así como 60 piezas de arte islámico de extraordinario valor y objetos personales del pintor, como cartas, postales y fotografías procedentes de los archivos familiares -los Matisse en Issy-Les-Moulineaux-, además de otros de la Alpujarra.


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Una de las creaciones expuestas con motivos ornamentales.

De este modo, la exposición, instalada en las salas 8,9 y 10 del museo, pretende aportar mayor grado de conocimiento en la biografía y obra del pintor francés. Se ha editado el catálogo de la exposición en tres idiomas, español, francés e inglés, y se celebrarán dos ciclos de conferencias con los principales expertos en la obra del pintor en el centro CaixaForum de Madrid y en el Palacio de Carlos V de Granada. La muestra será de acceso gratuito y sus visitantes dispondrán de un servicio de audioguías y un programa educativo.


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Los colores rabiosamente cálidos de la paleta de Matisse cuelgan de las paredes.



EL MUNDO | Jesús G. Hinchado
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
Matisse el dibujante


Un museo de Cateau-Cambrésis, la ciudad nativa del francés, agrupa por primera el grueso de su obra diseñada, desde los primeros bocetos hasta las piezas más monumentales       



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Los dibujos de Matisse. El Museo departamental Henri Matisse de su ciudad nativa, en el norte de Francia, agrupa por primera vez el grueso de su obra dibujada, desde los primeros esbozos y retratos de principios de siglo, hasta sus dibujos más monumentales. La muestra reúne un total de 137 obras, de las cuales unas 90 nunca se han mostrado al público. La exposición está abierta al público hasta el 19 de febrero.

Para Henri Matisse (Cateau-Cambrésis, 1869 - Niza, 1954), sus dibujos eran obras de arte a parte entera, de la misma forma que sus lienzos. El Museo departamental Henri Matisse de su ciudad nativa, en el norte de Francia, agrupa por primera vez el grueso de su obra dibujada, desde los primeros esbozos y retratos de principios de siglo, hasta sus dibujos más monumentales, en un viaje marcado por la búsqueda minimalista por la perfección. La muestra reúne un total de 137 obras, de las cuales unas 90 nunca se han mostrado al público.


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Pincel y tinta china. Matisse empieza a dibujar en las calles del París de los años 1900 con el pintor Albert Marquet, aprendiendo a captar el movimiento, y desde 1946 se centra en los dibujos realizados con pincel y tinta china. Del año siguiente es el dibujo de esta imagen, 'Jacqui'.

"El dibujo con pincel y tinta es una práctica que le ha acompañado a lo largo de toda su carrera, que ha evolucionado con el tiempo y que es esencial para Matisse", explica Patrice Deparpe, conservador adjunto del centro de Cateau-Cambrésis. "Representa la forma de expresarse en el espacio con un mínimo de material, buscando la pureza y la perfección, es una técnica que ha revolucionado el arte occidental".


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Uno de los primeros dibujos de Matisse, fechado en 1900.

Matisse empieza a dibujar en las calles del París a principios de 1900 con su amigo el pintor Albert Marquet, aprendiendo a captar el movimiento, y a partir de 1946 se centra ya en los dibujos realizados con pincel y tinta china. Empieza así con sus retratos, como el de una de sus modelos preferidas, Lydia Delectorsakaya, al que sigue una larga serie de dibujos de una extrema simpleza en los que bastaba "con una señal para evocar el rostro", como explicaba el propio artista.

A los rostros, que evolucionan bajo la influencia del descubrimiento del arte esquimal hacia las máscaras, se suman rápidamente las naturalezas muertas y los paisajes, que poco a poco van culminando también hacia un estilo muy depurado. En ese afán perfeccionista y buscando la justeza del gesto, Matisse estudia detenidamente la caligrafía china que produce con detalle.


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Grandes dimensiones. A partir de 1948, sus dibujos alcanzan dimensiones monumentales, con los realizados para la capilla dominicana San Rosario de Vence, en el sureste de Francia, donde se ocupó de todos los detalles decorativos, incluido el gigante retrato de Santo Domingo y la escena del Camino de la Cruz de Jesús Cristo. "Estos dibujos tienen que salirle a uno del corazón", explicó Matisse a Picasso en referencia a este trabajo.


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El rostro en una señal. Bastaba "con una señal para evocar el rostro", explicaba Matisse sobre la serie de retratos que empieza a dibujar a partir de 1946. En esta imagen, 'Retrato de la mujer Wanda'.

Entonces se centra ya en grandes dibujos, como la impresionante serie de acróbatas, en la que Matisse transmite el movimiento con un solo trazo de pincel. Otra de sus obras cumbre que se puede ver en la muestra es la serie de los árboles, unos trabajos preparatorios para los que dibujó a tamaño natural y que cubren majestuosamente dos paredes del comedor de su editor, André Tériade, en Saint-Jean Cap Ferra, en la Costa Azul. "Cuando uno dibuja un árbol, no hay que olvidarse que tiene raíces, aunque no se dibujen", escribió Matisse.


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La serie de los acróbatas, de la que este dibujo forma parte, es una de las más conocidas del pintor francés, por su capacidad de representar el movimiento.

Además de recordar el talante de dibujante, su dedicación exclusiva por este arte en sus últimos años, y su continua exploración del perfeccionamiento, la exposición, que está abierta al público hasta el 19 de febrero, dedica el última apartado a artistas contemporáneos, en los que busca los ecos del trabajo de Matisse.



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La exposición de Matisse estará abierta al público hasta el 19 de febrero de 2011.



elpais.com
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
Cuando Matisse plagiaba a Matisse


El Pompidou de París revisa a través de 60 pinturas y una treintena de dibujos el genio investigador del artista a través de su obsesión por las series y las repeticiones



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En primer término, dos de las versiones de 'Capucines à la danse', de Henri Matisse / Gonzalo Fuentes (REUTERS)

Desde que empezó a pintar en serio hacia 1898 hasta que se le apagó la luz en 1952, Henri Matisse (1869-1954) hizo de la repetición, las digresiones, las parejas de cuadros y las series y variaciones sobre el mismo tema una especie de reto doble: se medía a sí mismo y al mismo tiempo investigaba sobre el misterioso proceso de la creación pictórica. Como un científico en el laboratorio, o quizá como un Warhol sin su factoría y adelantado a su tiempo, el pintor viajó desde el puntillismo primerizo hasta las maravillosas figuras de papeles recortados de los años cincuenta por todas las fases y rupturas de las vanguardias mientras reflexionaba sobre el color, la materia y la forma copiándose y corrigiéndose a sí mismo.

Ese obsesivo ejercicio de estudio y estilo que, en manos de un gigante como él, resulta sencillamente deslumbrante, es el centro de la exposición que abre hoy el Centro Pompidou de París. El museo examina con lupa la extraña afición de Matisse a plagiar y mejorar a Matisse a través de 60 pinturas y una treintena de dibujos, llegados de medio mundo y ordenados por orden cronológico, cada oveja con su pareja o con la serie que le corresponde.

Una mirada inédita y fascinante que, según explica su autora, la comisaria Cécile Debray, “intenta ayudar a comprender mejor el proceso creativo de Matisse y la génesis de su obra, porque en todas las etapas de su vida se dedicó a multiplicar las variaciones sobre temas o motivos, encuadres, colores, estilización, con un coraje y una coherencia asombrosos”.

La potencia de Matisse, su influjo sobre el arte y la mirada de sus contemporáneos, sus descubrimientos y renuncias —muchos de los cuales Picasso fagocitaría con su compulsiva y esponjosa capacidad de apropiación y reinvención— saltan a la vista al entrar en la enorme sala del sexto piso del Pompidou, donde saludan al visitante dos bodegones de naranjas y manzanas de los años 1898-1899. Enseguida, una pareja de naturalezas muertas, hechas con vivísimas telas españolas y pintadas en Sevilla entre 1910 y 1911 (las presta el Hermitage), eleva un listón del que la exposición ya no vuelve a bajar.


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'Capuchinas de la Danza II' (1912), óleo sobre lienzo / EFE / Centro Pompidou


Saltan a la vista su potencia y su influjo sobre los contemporáneos.

Otras memorables parejas reunidas ex profeso son los desnudos femeninos de Luxe (una viene de Copenhague, la otra está en París); las Capucines à la danse I (Metropolitan de Nueva York) y II (Pushkin, Moscú), las dos peceras con pececitos rojos del MNAM de París y el MoMA de Nueva York, y La Fou-gère noire (Fundación Beyeler) que convive con su hermana Intérieur au rideau égyptien de The Phillips Collection (Nueva York).

La comisaria cree que la exposición, que tras cerrar en junio en París, visitará Copenhague y el MoMA, resume una “tensión permanente en la obra de Matisse y que le dio su fuerza y su profundidad: la dualidad entre el brote rápido y espontáneo y la elaboración lenta”.


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'El lujo I' (1907), óleo sobre lienzo / EFE / Centro Pompidou


Muestra la dualidad entre el brote rápido y la labor lenta”, dice la comisaria

El pintor dijo que pintar es “como un juego de cartas” porque antes de empezar uno tiene que saber lo que quiere hacer al final. Esa obsesión por mantener (o superar) la idea original y la frescura al final del proceso le llevó a usar la fotografía para captar su primera intención y no dejarse llevar (o sí) por el acto físico de la pintura. Una vez, expuso su Naturaleza muerta con magnolia junto a las fotos de sus estados anteriores, y en 1945 colgó en la galería Maeght seis cuadros a medio terminar colocando a su lado algunas fotos en blanco y negro: unas eran los primeros bocetos, otras reflejaban su apariencia posterior. Una sala especial evoca aquel experimento de work in progress e instalación, inventados por Matisse décadas antes de que se acuñaran los términos.

Él lo explicó con la sencillez de los grandes: “Trabajo desde el sentimiento. Tengo una idea del cuadro en la cabeza, y quiero realizarla. Puedo, muy a menudo, repensarla. Pero sé dónde quiero que acabe. Las fotografías que tomo durante la realización de la obra me permiten saber si la última idea se adapta mejor al ideal que las anteriores. Si estoy avanzando o retrocediendo”.


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Detalle de 'El sueño' (1940) óleo sobre lienzo / EFE / Centro Pompidou

Las palmeras de Tánger, los melancólicos peces en la playa, las margaritas, los paisajes que remiten a las series de Monet, los retratos de Marguerite, los violines, las series protowarholianas sobre el sueño, y la última belleza de la visita, los cuatro Desnudos azules que hizo en Niza en 1952 con papel guache, sugieren que no dejó nunca de avanzar.


elpais.com
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
El FBI recupera un cuadro de Matisse robado en el año 2000 de un museo de Venezuela



La pintura está valorada en tres millones de dólares
    


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La "Odalisca con pantalón rojo", de Matisse

Agentes encubiertos de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) han recuperado en un hotel de Miami (Florida) el cuadro del pintor francés Henry Matisse Odalisca con pantalón rojo, que fue robado de un museo venezolano hace una década, informó hoy el canal Local10.

El cuadro, valorado en tres millones de dólares, fue sustraído del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC) y sustituido por uno falso en su marco original. Las autoridades locales no se percataron de ello hasta 2003, aunque se cree que el robo tuvo lugar al menos tres años antes.

La sustracción de la pintura, considerada una de las joyas del MACC, era un misterio no resuelto hasta que este martes agentes encubiertos del FBI la compraron en el lujoso hotel Loews de Miami Beach por 1,5 millones de dólares, según información exclusiva del citado canal.

James Marshall, portavoz del FBI, señaló a Efe que el caso está aún bajo investigación y rechazó confirmar o desmentir la información.
El MACC la compró en 1981

La Odalisca con pantalón rojo, que data de 1925, fue comprada en 1981 por la entonces directora del MACC, Sofía Imber, por 480.000 dólares a una galería de Nueva York.

Detectives de Interpol, el FBI y la policía española, británica y francesa buscaron durante años este cuadro del padre del fauvismo en el que se retrata a una odalisca, uno de sus temas de representación favoritos.

La pintura pudo desaparecer de la bóveda del MACC en una época de "incertidumbre institucional", según el libro El rapto de la odalisca, que publicó en 2009 la periodista venezolana Marianela Balbi.

La Fundación Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (Maccsi) confirmó en 2003 el robo del cuadro.

Las sospechas sobre la sustracción del cuadro surgieron luego de que el galerista venezolano Genaro Ambrosino, radicado en Miami, informara por correo electrónico a varias personas que el lienzo de Henri Matisse (1869-1954) estaba siendo vendido en el mercado de arte de Miami.


rtve.es
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
Matisse y su evolución hacia el éxtasis



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Still Life with Purro I (1904), de Matisse

Al gran modernista francés Henri Matisse (1869-1954) no le gustaba formar parte de ningún grupo. A principios del siglo XX lideró la breve arremetida de los fauvistas —aquellas “bestias salvajes” de colores intensos y texturas contundentes— pero, por lo demás, se abstuvo de los movimientos distintivos del arte moderno.

Estaba en comunión con artistas del pasado lejano o no tan lejano, y periódicamente se codeaba con el cubismo y la obra de su máximo rival, Picasso. Pero su principal deseo era, como él decía, adentrarse “cada vez más en las profundidades de la pintura verdadera”. Este proyecto fue en todos los sentidos una excavación, y lo logró en parte profundizando en su propia obra, revisitando ciertas escenas y temáticas una y otra vez y, en ocasiones, creando copias en apariencia similares, aunque drásticamente diferen-tes, de sus cuadros.


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Laurette in a Green Robe, Black Background. Henri Matisse

Su evolución rigurosa aunque ilimitada es el tema de la muestra Matisse: in search of true painting  [Matisse-: en busca de la verdadera pintura], en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, una de las exposiciones más apasionantemente instructivas sobre el pintor (dura hasta el 17 de marzo). Tan cautivadora como sucinta, la muestra aborda la extensa carrera de este maestro francés con solo 49 cuadros, pero casi todos son obras estelares, cuando no esenciales.

Esta exposición arroja nueva luz sobre la tendencia del artista a copiar y a trabajar en serie. Los cuadros van en parejas o en grupos alineados según la temática: dos naturalezas muertas con fruta y compota, de 1899; dos versiones de un joven marinero recostado en una silla, de 1906, o cuatro vistas, de 1900 a 1914, de Notre Dame desde la ventana de Matisse, al otro lado del Sena.


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Laurette Seated on a Pink Armchair. Henri Matisse

En la última galería se exponen cinco cuadros de finales de los años cuarenta que representan el estudio de Matisse en Vence con colores planos y saturados y vibrantes motivos de plantas y telas. Figuran entre los últimos lienzos que pintó antes de embarcarse en el gran viaje final de los recortables.


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Interior with Goldfish (19124), de Matisse

Distribuidos en ocho galerías, cada pareja o grupo constituye un miniseminario. Juntos, muestran a Matisse vagando incesantemente entre extremos, revisando implacablemente su camino hacia la grandeza con ideas radicales sobre la economía y el acabado. Debe prestarse atención a su hábito de pintar colores oscuros sobre tonos claros para crear un brillo de fondo sutil. Matisse buscaba una franqueza implícitamente moderna que generaba una valiente intimidad entre artista, objeto y espectador. Decía que “trabajaba para avanzar hacia lo que sentía, hacia una especie de éxtasis”.


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Interior with a Violin (Room at the Hôtel Beau-Rivage)  (1918), de Matisse

La práctica de copiar nació de su formación académica, que, por una larga tradición, consistía en copiar a los viejos maestros del Louvre. Pero Matisse orientó este ejercicio hacia el presente, copiando obras mucho más contemporáneas y probando estilos diferentes, en su mayoría posimpresionistas. La primera galería incluye la naturaleza muerta en homenaje a Cézanne (1904) y otra obra que representa la misma composición con el estilo puntillista de Paul Signac (1904-1905).

Todavía más interesantes son las dos naturalezas muertas de 1899 con compota y fruta. Una es un rico y exhaustivo tributo posimpresionista (Van Gogh, Gauguin, Cézanne, Vuillard) bañado de una luz melosa. La otra es más exigua: la fruta y las jarras se representan mediante siluetas planas de colores llamativos.


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Bowl of Apples on a Table (1916), de Matisse

La segunda y tercera galerías de esta exposición invitan a reflexionar sobre marineros y desnudos con bufandas blancas. Y es casi asombroso ver que la espléndida Vista de Notre Dame (1924), casi toda ella azul, del Museum of Modern Art tiene un insólito hermano gemelo fechado el mismo año: una panorámica relativamente realista de esa catedral. En los años treinta, Matisse empezó a utilizar fotografías de sus cuadros. Sin duda, era otra forma de preservar ideas artísticas para utilizarlas en el futuro, pero también enviaba instantáneas a los clientes y las valoraba como una prueba en contra de las afirmaciones de los críticos de que sus cuadros estaban hechos demasiado deprisa. En 1945 llegó a exponer seis lienzos, cada uno de ellos rodeado de su correspondiente fotografía, en la Galerie Maeght de París.


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Still Life with Compote, Apples, and Oranges (1899), de Matisse

La séptima galería de la exposición presenta tres cuadros entre sus fotografías probatorias, que verifican que el progreso de Matisse a menudo era extenuante y que, a pesar de ello, el artista sorteaba las dificultades hasta llegar a una imagen final que rezuma frescura y facilidad.  Está claro que sus cuadros casi siempre son destilaciones laboriosas, pero es maravilloso ver el proceso documentado con tanta sinceridad. Su éxtasis se sustentaba en numerosas formas de transparencia.


blogs.elpais.com / Por Roberta Smith (crítica de arte del New York Times)
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
Provenza, el gran circo del arte


Dos exposiciones reactualizan la eterna imagen del soleado sur de Francia como meca creativa

Matisse, Van Gogh y Picasso son sus símbolos principales




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Matisse, en su estudio del hotel Régina de Niza, delante de sus célebres gouaches sobre papel. / AFP

Sucedió durante el largo invierno de 1888. Insatisfecho con su existencia en París y con graves problemas de inspiración, Vincent van Gogh decidió subirse a un tren con destino a Marsella. Nadie sabe exactamente qué le impulsó a apearse en Arlés, pero puede que aquel transbordo cambiara para siempre la historia del arte.

Van Gogh quedó fascinado por un clima de una suavidad insólita y por una luz que hacía vibrar los colores y acentuaba el contraste de formas y siluetas. “Gozamos de un calor maravilloso y poderoso, sin ningún viento. De un sol y de una luz que, a falta de mejor apelación, solo puedo cualificar de amarilla. De un amarillo azufre pálido, de un amarillo limón pálido”, escribió a su sufrido hermano Theo, mientras inmortalizaba los campos de trigo camargueses y luego experimentaba con verdes ácidos y naranjas fluorescentes en una serie de obras mayores en su trayectoria. Van Gogh tuvo una idea brillante: invitar a sus correligionarios a instalarse en la región para fundar “un gran atelier del Midi”. Es decir, una comunidad artística instalada en la Provenza y constituida por los grandes nombres de la época. “El futuro del arte moderno está aquí”, les advirtió. Ese gran taller nunca llegó a buen puerto, pero a Van Gogh no le faltaba razón. Su viaje sería emulado por decenas de artistas que, a lo largo de casi un siglo, colonizaron la costa francesa para reinventar su pintura.

Una doble exposición en Marsella y Aix-en-Provence celebra hasta el 13 de octubre el papel de la región provenzal como tierra de acogida de artistas. Lo hace a través de una espectacular selección de 200 obras, firmadas entre 1880 y 1960 por artistas como Cézanne, Gauguin, Matisse, Renoir, Bonnard, Signac o Picasso. La muestra es uno de los platos fuertes de la capitalidad europea de la cultura (que Marsella comparte, simulando ser buena hermana, con su histórica archirrival Aix e incluso con el resto de la región) e indaga en la relación entre la creación artística y la geografía que la hospedó, atribuyendo a la costa norte del Mediterráneo un papel fundamental en la experimentación de colores y formas que precedió a las vanguardias.

La muestra doble en el museo Granet de Aix y en el Palacio Longchamp de Marsella permite a los amantes del comparatismo recorrer los lugares que esos artistas, protagonistas de un surtido anecdotario, frecuentaron o plasmaron sobre el lienzo. También sirve para explorar el poderoso mito de la Provenza, que sigue siendo percibida como reducto de un modo de vida pintoresco en vías de extinción, gracias en gran parte a los paisajes idealizados de los propios pintores, por los que decenas de oficinas de turismo siguen dando gracias a los dioses.


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Ambiente veraniego en el superviviente Café Van Gogh de Arlés. / J. P. Degas

Sin ir más lejos, resulta curioso que una ciudad como Arlés saque tanto partido a los quince meses que Van Gogh pasó allí hace más de un siglo, teniendo en cuenta que casi lo echaron a patadas. El pintor logró convencer a Gauguin para que se uniera a su causa, pero la sana emulación existente entre ambos terminó convertida en un odio en estado puro. La convivencia acabó durando tres meses y terminó con la más célebre de las leyendas. Después de una pelea entre ambos, Van Gogh tuvo la ocurrencia de cortarse una oreja y regalarla a una de las prostitutas que frecuentaba.

Si Gauguin no era capaz de aguantarle, sus vecinos todavía menos. En 1889 circuló por la ciudad una petición que exigía que fuera expulsado de su perímetro. El artista holandés terminó recluido a pocos kilómetros, en el sanatorio de Saint-Rémy. Atrás dejaba 185 cuadros y un centenar largo de dibujos pintados en menos de año y medio. “Ese pobre holandés”, diría más tarde Gauguin. “Estaba todo ardiente y entusiasta. Se había metido en la cabeza que el Midi iba a ser algo extraordinario”. Pese a todo, antes de abandonar Arlés, el desencantado Gauguin dejó pintado un buen puñado de paisajes camargueses (por ejemplo, Les Alyscamps, reflejo de un oscuro hipnotismo de la necrópolis romana de la ciudad), que demuestran que el influjo provenzal tampoco le dejó del todo indiferente.

“Si todos esos artistas abandonaron París para instalarse aquí, fue porque sintieron la necesidad de renovarse”, comenta el comisario de la muestra en Aix, Bruno Ély. “La aventura impresionista había acabado y tenían que cambiar de paisaje para enfrentarse a nuevos retos sobre el lienzo. La Provenza supuso una nueva paleta de colores e incluso una nueva forma de mirar. Fue casi como volver a empezar de cero”. Como dejó dicho el pintor Maurice de Vlaminck, “el secreto de la pintura consiste en olvidar y volverse puro”.

Puede que esta repentina pasión por el sur sea menos súbita de lo que intenta hacer creer la muestra, y que se trate más bien de una variante actualizada del tour que todo artista debía hacer casi obligatoriamente por las grandes ciudades italianas a partir del siglo XVII. O bien un reflejo semejante al que llevaría a los románticos a abrazar el helenismo o el españolismo, dirigiéndose a tierras situadas en los confines con el exotismo. Lo mismo sucedía con Marsella, calificada por el pintor Pierre Puvis de Chavannes en 1868 como “colonia griega y puerta de Oriente”, pese a que ya no fuera ni una cosa ni la otra. Igual que otros se habían marchado a Roma y a Pompeya, los artistas de entresiglos se subieron a la línea de tren, recién inaugurada, que unía París con Marsella y luego recorría la Costa Azul hasta llegar a la frontera italiana.

Ya hacía más de un siglo que la Provenza se había convertido en territorio venerado por su luz, su clima y su belleza. Pero fue durante la década de 1880 cuando el éxodo se volvió casi generalizado. Lo protagonizaron artistas que aspiraban a trabajar con esa célebre luz mediterránea, pero también a conducir una vida en comunión con la naturaleza, lejos del mundanal ruido de la ciudad y ajena a la industrialización incipiente.

El Midi francés se erigió en paraíso terrenal donde el sueño hedonista se volvía posible. Para algunos no fue un exilio, sino un retorno. Único provenzal de su generación, Cézanne decidió volver a su tierra y se instaló en L’Estaque, antes de regresar a su Aix-en-Provence natal, donde estudió junto a Émile Zola. Allí retrató hasta 80 veces la mítica montaña de Sainte-Victoire, que conocía desde su más tierna infancia. En general, desde lo alto de su estudio de los Lauves o en el Jas de Bouffan, una mansión de tres pisos comprada por su padre, aprendiz de sombrerero reconvertido en adinerado banquero, con quien el pintor mantuvo relaciones execrables, ya que la pintura le parecía cosa de pobres y desgraciados. Si se pide educadamente y con cierta antelación, es posible visitar la casa y su jardín, donde Cézanne pintó algunas de sus obras, lejos de los círculos parisienses en los que nunca logró integrarse. Modesto y arisco, Cézanne alcanzaría la gloria ya mayor, al regresar a Aix cuando pintores jóvenes y consagrados emprendían largos viajes para visitar su hogar, como quien va a consultar a un oráculo.


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Una de las salas de la exposición que el museo Granet de Aix-en-Provence dedica a los artistas que se afincaron en la Provenza. / SAM MERTENS

Por ejemplo, Monet y Renoir recorrieron la costa hasta Ventimiglia e hicieron escala en L’Estaque para visitar al maestro en este puerto cercano a Marsella, con vistas espectaculares sobre su bahía. Aunque siempre prefirió Giverny, Monet escogió Antibes como base temporal de operaciones y pintó tres decenas de cuadros en poco más de tres meses, que le ayudaron a perfeccionar su trabajo sobre el reflejo de la luz —“tuve que llegar a las manos con el sol”, reconoció el pintor—, mientras que Renoir se instalaba en Cagnes, pueblo costero descubierto en 1898 y en el que terminaría sus días. Veinte años atrás, durante un viaje a Argelia, el pintor había quedado fascinado por la luz mediterránea y las costumbres de los autóctonos, que dijo reencontrar en la costa francesa.

Bonnard quedaría vinculado para siempre a Le Cannet, mientras que Signac se convertía en un asiduo del Saint-Tropez mucho antes de su reconversión en capital del pijerío turístico. Tras haber frecuentado Collioure en compañía de Derain durante la breve pero intensa aventura del fauvismo, Matisse decidió asentarse durante casi tres décadas en Niza, ciudad que le rinde homenaje durante este verano con una extensa retrospectiva en el museo que lleva su nombre.

En la localidad vecina de Saint-Paul de Vence, el anciano Matisse, incapaz de caminar y enfermo de una bronquitis que había venido a curarse, deambuló bajo los naranjos y tomó el té de las cinco en su propio coche, al tiempo que Cary Grant visitaba las galerías de arte y Simone Signoret vivía su romance con Yves Montand, que solía jugar a la petanca frente al Café de la Place.

Otro mediterráneo de adopción fue Picasso, que no solo pasó temporadas en Ceret, Antibes, Cannes, Vallauris, Arlés, Avignon, Menerbes, Saint-Juan-les-Pins y Mougins. Obsesionado por Cézanne, a quien consideraba “algo así como un padre” pese a no haberle frecuentado, compró el castillo de Vauvenargues para poder tener vistas directas sobre la montaña de Sainte-Victoire, donde sería enterrado junto a su última esposa, Jacqueline.

Entre todos ellos lograron configurar un territorio prácticamente mitológico, a partir de una representación embellecedora de la realidad imitada, marcada por el hechizo provenzal de quienes sostenían paleta y pincel. En ella quedaron proscritas las referencias a la modernidad, las chimeneas de la industrialización incipiente (a excepción de Braque y Duffy, que les cedieron un espacio, discreto pero visible, en un par de cuadros) y también las primeras oleadas de inmigración, si exceptuamos las roulottes arlesianas de Van Gogh y algún que otro retrato de gitanas, aunque respondieran más a la identificación del artista con los pueblos nómadas —ambos eran, al fin y al cabo, bohemios— que a una voluntad de denunciar la vida en los márgenes.


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Pablo Picasso, caracterizado de payaso en su finca La Californie, en la localidad de Vauvenargues, en la Provenza. 1957. / David Douglas Duncan

“El éxtasis experimentado también provocó cierta ceguera. A estos pintores no les gustaba ver las fábricas, sino las mimosas y los almendros”, argumenta la otra comisaria de la muestra, Marie-Paul Vial, directora de l’Orangerie de París. “Al huir de la ciudad en dirección al sur, los pintores persiguen un paisaje idealizado y preservan una imagen del Mediterráneo como cuna de la civilización grecorromana. Se trata de una especie de Arcadia reencontrada, donde todo lo que no responde a ese ideal queda desestimado, con muy pocas excepciones”, añade Vial. Por ejemplo, Renoir nunca quiso pintar su mansión en Cagnes, porque le parecía “demasiado moderna”. Y Bonnard se quejaba, en los años cuarenta, de lo feas que le parecían todas las fábricas levantadas en las afueras de Cannes. Hasta el punto de resultar algo reaccionarios: preferían pintar la vegetación de sus minúsculos jardines que los cambios a los que asistía el mundo. Los temas clásicos, el bucolismo virgiliano y los reflejos apolíneos, también aparecen en cuadros que describen una tierra rural a salvo del progreso industrial y bañada por una luz purificadora. Sin embargo, como sostiene la muestra, puede que sin la luz provenzal el paso a la abstracción no hubiera llegado a la misma velocidad. La intensidad luminosa diluía las formas y permitía una experiencia subjetiva del color, lo que conducirá a los pintores a negar el academicismo y, a la larga, la figuración. Al regresar de una escapada en la Riviera, Monet se dijo incluso asustado por el azul omnipresente del cielo y el mar, fundidos en un punto invisible del horizonte, que le obligaban a descodificar el espacio de una manera nueva. “Nadamos en un aire azul. Es sobrecogedor”, dijo a sus amigos Duret y Geffroy. Nicolas de Staël aseguraba que fue en la Provenza donde logró ver pintado el mar, por primera vez, de color burdeos.


elpais.com
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
La obra se encuentra en EE.UU.



Venezuela prepara la vuelta del Matisse robado



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La obra 'Odalisca con pantalón rojo' fue robada en 2002 en Caracas y sustituida por una falsa en su marco original.

El canciller de Venezuela, Elías Jaua, dispuso hoy la repatriación del cuadro "Odalisca con pantalón rojo" del pintor francés Henri Matisse, robado en 2002 en Caracas y hallado a mediados de 2012 en Miami, después de que expertos verificaron la autenticidad de la obra.

La información, difundida a través de un comunicado por la Cancillería venezolana, señala que Jaua "instruyó a adoptar las medidas para la repatriación inmediata y definitiva de la obra" e indica que una comisión venezolana certificó, el pasado día 6, la autenticidad de la obra.

En el escrito se explica que la directora de los Archivos Matisse de París, Wanda de Guebriant, "máxima autoridad mundial" en este campo, certificó la obra, "lo cual permite iniciar los pasos para el pronto regreso de este patrimonio artístico de todos los venezolanos". Las diligencias para la repatriación de la obra serán coordinadas con el apoyo del encargado de negocios de la Embajada de Venezuela en Estados Unidos, Calixto Ortega.

"Comprometido firmemente con la defensa y recuperación del patrimonio cultural de la Patria, el Gobierno Bolivariano adelanta las acciones para el regreso de esta importante obra y continuará los esfuerzos para el pronto regreso de la Piedra Kueka, la cual se encuentra en Berlín", señala el escrito de la Embajada venezolana.

En febrero pasado, el director del Instituto de Patrimonio Cultural, Raúl Grioni, informó a Efe de que la Cancillería venezolana estaba entregando los documentos en los que consta que el cuadro pertenece a su país después de que Estados Unidos anunciase el fin del juicio a los ladrones.

Grioni también señaló que la Fiscalía venezolana mantendría el proceso de investigación sobre el caso "para hallar a los responsables" involucrados en el robo en el país caribeño.

La 'Odalisca con pantalón rojo', que data de 1925, fue comprada en 1981 por la entonces directora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC), Sofía Imber, por 480.000 dólares a una galería de Nueva York.

La Fundación Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (Maccsi) confirmó en 2003 el robo del cuadro, año en el que se percataron de que la obra había sido sustituida por una falsa en su marco original. Se cree que la pintura pudo haber sido sustraída en 2000.

Las sospechas sobre la sustracción del cuadro surgieron una vez que el galerista venezolano Genaro Ambrosino, radicado en Miami, informó por correo electrónico a varias personas que el lienzo de Matisse estaba siendo vendido en el mercado de arte de Miami.

Los dos acusados de robar e intentar vender la obra en EE.UU. Pedro Marcuello, cubano, y María Ornelas, mexicana, fueron condenados en enero pasado en Miami a 33 y 21 meses de prisión, respectivamente, después de que se declararan culpables.


elmundo.es / Efe-Caracas
 




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Mensaje Re: MATISSE, Henri 
 
Oslo devuelve un Matisse robado por los nazis


Los herederos de Paul Rosenberg recuperan la obra que la Alemania nazi le quitó en 1941

El cuadro está valorado en más de 12 millones de euros




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La obra 'Vestido azul en un sillón amarillo', de Matisse.

El centro de arte Henie Onstad (Noruega) ha anunciado que devolverá un cuadro del pintor francés Henri Matisse a los herederos de un marchante judío tras comprobar que la obra fue confiscada por la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial (1939-1945).

El cofundador de este museo, situado a las afueras de Oslo, había comprado el cuadro 'Vestido azul en un sillón amarillo', en una galería de París hacia 1950, y éste pasó a formar parte de la colección del centro de arte Henie Onstad la siguiente década.

La dirección del museo recibió hace dos años una reclamación de la familia de Paul Rosenberg asegurando que el cuadro era una de las 162 obras sustraídas al conocido marchante francés en 1941, durante la ocupación nazi de Francia.

"Una amplia investigación del caso ha llevado a la conclusión de que la reclamación es legítima. De ahí que el museo haya decidido devolver el cuadro sin ninguna reserva", declaró hoy su director, Halvor Stenstadvold, en una rueda de prensa en Oslo.

En la comparecencia pública estuvo también presente Christopher A. Marinello, representante legal de la familia Rosenberg, quien felicitó al museo por su decisión, a pesar de reconocer que hubo algunas complicaciones jurídicas al principio.

"Al final, el caso se solucionó por la fuerza moral de la reclamación. No había ninguna duda de que la familia Rosenberg tenía derecho a recibir de vuelta el cuadro", afirmó Marinello.

La obra está valorada en unos 100 millones de coronas noruegas (unos 12 millones de euros, 16,5 millones de dólares) y se la consideraba uno de los principales cuadros de pintores extranjeros de las colecciones de los museos noruegos.

El centro de arte Henie Onstad fue creado en 1968 por el magnate y coleccionista noruego Niels Onstad y su esposa, Sonja Henie, una popular deportista y actriz de cine, tres veces campeona olímpica y diez veces campeona mundial de patinaje sobre hielo en las décadas de 1920 y 1930.


elmundo.es
 




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