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DEGAS, Edgar
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Mensaje DEGAS, Edgar 
 
Este trabajo está dedicado a Edgar Degas es uno de los grandes pintores franceses de su época, relacionado generalmente entre los impresionistas, -gracias a su amistad con Manet-..., pero dominando otros estilos, le encantaban los espectáculos y a este gremio dedicó buena parte de su obra. Fue muy perezoso para pintar exteriores, por ello sorprende que en su obra haya muy pocos paisajes.

También trabajó en la escultura, realizando un conjunto de pequeñas obras en bronce, algunas de las cuales están expuestas en el Museo del Louvre de París, el Museo de Arte de Sao Paulo de Brasil y en el Metopolitan Museum de Nueva York.

user_50_degas_en_peque_o Edgar Degas (Hilaire-Germain-Edgar De Gas; 19 julio de 1834 – 27 septiembre de 1917)

Nació el 19 de Julio de 1834 en París. Hijo de un rico banquero, su padre lo orientó hacia los estudios de derecho, pero no se opuso a su vocación artística cuando Edgar manifestó el deseo de ingresar en la Escuela de Bellas Artes, donde se formó con un discípulo y admirador de Ingres. Más tarde, completó su formación en el Louvre y realizó dos viajes a Italia.

En el Louvre, mientras copiaba un cuadro de Velázquez, conoció a Manet, quien lo introdujo en el círculo de los impresionistas. Este hecho transformó la orientación originaria de la pintura de Degas, de la que constituyen una buena muestra Jóvenes espartanos o el retrato de la Familia Bellelli.

Con los impresionistas participó en siete de las ocho exposiciones que celebró el grupo, pero siempre fue un caso especial. Se diferenciaba de los demás seguidores del movimiento pictórico por su posición social y su holgada economía, por una parte, y por otra, por su desinterés por la naturaleza (llegó a afirmar incluso que la naturaleza «le aburría»).

No se dedicó, por tanto, a plasmar los efectos de la luz sobre el paisaje, sino que eligió la figura humana como tema pictórico y aplicó la modernidad en la concepción del cuadro al estudio de cada movimiento, a la captación de un instante fugaz en la evolución de sus modelos preferidos, que fueron ante todo las bailarinas de ballet, pero también los ambientes de café, teatro y circo.

Se interesó así mismo por el mundo de los caballos y los jinetes, que dio pie a sus únicas obras ambientadas al aire libre, aunque con un espíritu muy distinto de los demás impresionistas, ya que también en este caso busca el momento fugitivo en el movimiento y no en la luz. Por su formación académica, el dibujo le interesó más que cualquier otro aspecto de la pintura, por lo que la modernidad de su obra se deriva de la cotidianidad de los temas tratados, además de los rasgos ya mencionados.

Falleció en París el 27 de Septiembre de 1917.


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Fotografía de Edgar Degas, c. 1895

Espero que este trabajo que he realizado con mucho cariño, guste y sea apreciado por los compañer@s del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.






Algunas obras

 
Degas en el Museo Thyssen

Edgar Degass (París, 1834 - 1917) Primogénito de una adinerada familia parisiense, Degas abandonó tempranamente los estudios de Derecho en la Sorbona para dedicarse a la pintura. En 1855 entró en el taller de Louis Lamothe, discípulo de Ingres, donde adquirió una sólida formación académica. De 1856 a 1859 viajó por Italia copiando a los maestros renacentistas y, a su regreso, residió ya para siempre en París, donde se dedicó a representar en sus obras un amplio repertorio de temas de la vida de la ciudad moderna en que se había convertido la capital francesa.

Aunque vinculado al grupo de los impresionistas, con los que expuso en siete de sus ocho exposiciones, Degas fue en cierto modo un antiimpresionista. Se veía a sí mismo como un pintor realista o naturalista, y su veneración por el dibujo acabado de Ingres marcó toda su producción. Por otra parte, se centró principalmente en el estudio del cuerpo humano y nunca estuvo interesado, como lo estuvieron los impresionistas, ni en la pintura de paisaje al aire libre ni en captar las condiciones atmosféricas cambiantes. Compartía, sin embargo, con ellos la influencia de la nueva técnica de la fotografía y de los recién descubiertos grabados japoneses, así como el interés por la captación del movimiento. Las variaciones sobre un mismo tema, como las bailarinas, que repitió tanto en pintura como en escultura, son una muestra de esa obsesión por observar y reproducir el ritmo y las posturas de personas y animales. Como a los impresionistas, a Degas le interesó especialmente la realidad de la vida urbana de su entorno; así la ópera, el teatro, el café-concierto o las carreras de caballos fueron temas constantes en su obra. Ahora bien, el artista aportó una original invención compositiva e iconográfica que otorgó a su pintura una nueva visión del mundo más profana. Eliminó el encuadre tradicional y lo sustituyó por una composición descentrada, dominada por las nuevas leyes de la instantaneidad

A pesar de que Degas fue un verdadero virtuoso en todas las técnicas artísticas, a partir de 1870 comenzó a utilizar principalmente el pastel, en el que destacó como un verdadero maestro. Esta técnica, tan de moda durante el siglo XVIII, había caído en desuso hasta que fue recuperada por los impresionistas. A Degas le abrió infinidad de nuevas posibilidades y le permitió agudizar la representación del movimiento y la fugacidad de sus escenas.


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El estanque en el bosque, c. 1867-1868. Óleo sobre lienzo, 33,5 x 41,2 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza. Obra de Edgar Degas.

La fama de Degas como pintor de la forma humana moderna llegó a eclipsar por completo la de paisajista. Tal vez por ello, los únicos paisajes que conocían la mayoría de los estudiosos de su obra antes de 1993 eran los que sirvieron para ambientar sus escenas de carreras de caballos en las afueras de París. Sin embargo, Degas hizo tres tipos de paisajes, uno a pastel hacia 1869-1870, el segundo en monotipos en la segunda mitad de la década de 1870 y el tercero y último en monotipos de color hacia 1889-1890.

Este oscuro y enigmático paisaje no pertenece a ninguno de estos grupos, por lo que cabría encuadrarlo en lo que se podría definir como la «prehistoria» del paisajismo de Degas. A diferencia de los tres grupos posteriores, realizados sobre papel, estamos aquí ante un óleo sobre lienzo «tradicional», que se alinea dentro de la destacada tradición francesa de la pintura de paisaje que había adquirido renovado vigor a raíz de la publicación, en 1799, del tratado de Pierre-Henri Valenciennes sobre este género.

Pero este paisaje no está en absoluto en deuda con la tradición. Por el contrario, para ejecutar esta vista de una recóndita charca en medio del bosque, Degas recurre a los artistas de la escuela de Barbizon y a los paisajes algo posteriores, también con temas de bosques, de Gustave Courbet. Sin embargo, la decidida oscuridad de la composición y su superficie, relativamente rugosa, recuerdan más bien los paisajes que Gustave Courbet pintó en la ribera del Loue, en el extremo oriental de Francia, en las décadas de 1850 y 1860. Degas había visto estos cuadros tanto en las exposiciones del Salon como en galerías particulares de París.

En 1867, Degas acudió a los ensayos y a las representaciones de un ballet titulado «La Source». Este largo y ambicioso ballet, con música de Ludwig Minkus y Leo Delibes, ambientado en las exóticas y lejanas tierras que en la actualidad conforman la República de Georgia, resultaba al mismo tiempo orientalista por su vestuario y su exotismo histórico y realista por incorporar al escenario del teatro parisino un caballo y una charca de verdad. Inmediatamente se relacionó este último aspecto del decorado representado por Degas con los paisajes de Courbet. Y, si tenemos en cuenta que el «decorado» del ballet en el que Degas sitúa el ensayo en su cuadro definitivo (Mlle Fiocre en el ballet «La Source», Brooklyn Museum of Art, 1867-1868) es una charca en lo más profundo del bosque, es probable que, además de los numerosos apuntes de figura y estudios compositivos que los estudiosos de Degas conocen perfectamente, el artista hiciera también bocetos de paisaje.

Ciertamente el tema principal del cuadro mencionado de gran formato que presentó al Salón y un estudio de menores dimensiones con modelos de desnudo que ahora se encuentra en la Albright Know Art Galery de Buffalo, Nueva York es el reflejo en aguas profundas y oscuras. No hay nada más cercano en la obra de Degas, por ambiente, iluminación y tema, al cuadro de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza que estas dos composiciones con figuras. Pero, ¿qué pretendía Degas con esta obra? ¿Se limitó sencillamente a llevarse el lienzo y el caballete al escenario? O, lo que es más probable, cargó con los pertrechos hasta un recóndito lago del bosque de Fontainebleau, del de Boulogne, o de cualquier otro de las afueras de París? Cuando trabajaba a solas en cualquiera de estos lugares, bien pudo Degas haber estudiado los efectos de la sombra, la oscuridad del follaje y el agua sin que nada lo distrajera, aprendiendo lecciones que luego podría aplicar a sus composiciones con figuras pintadas ante el escenario o en su estudio.

Mientras que los cuadros de Courbet de la gruta y el valle del Loue presentan unas superficies muy empastadas, en las que se han aplicado con espátula varias capas de pintura, en el lienzo que aquí comentamos sucede prácticamente lo contrario. Degas ha aplicado los verdes y pardos oscuros sobre una imprimación blanca y luego ha utilizado la espátula para raspar la pintura, dejando a la vista la trama del lienzo y la imprimación blanca. Aunque su aspecto resulta tan «crudo» como el de un Courbet, la materia es sobre toda la superficie «magra» en tanto que en Courbet es «gruesa». Qué lejos se encontraba de sus supuestas fuentes «realistas». Mientras los demás se dirigían al bosque en busca de un mundo ajeno a la ciudad, Degas caminó hasta una pequeña charca y aprendió algunas lecciones que aplicaría a un gran retrato absolutamente urbano.


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Bailarina basculando (Bailarina verde). 1877-1879. Pastel y gouache sobre papel, 64 x 36 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Edgar Degas.

Degas nos introduce en esta pintura en el mundo del ballet que tanto le interesaba. Una vista del escenario, con varias bailarinas en plena representación, es captada desde uno de los palcos laterales en alto. Sólo una de ellas se muestra de cuerpo entero, en un complicado y rápido giro. Las demás están cortadas y el resto de sus figuras quedan a nuestra libre imaginación. Delante del decorado de paisaje, varias bailarinas de naranja esperan su turno de actuación. Por el influjo de la fotografía y de los grabados japoneses, Degas crea un espacio pictórico descentrado y truncado. Para él la realidad, transitoria e incompleta, debía ser plasmada de forma fragmentaria. La fugacidad de la acción es captada con los trazos rápidos de la técnica del pastel, que el pintor aplica con gran virtuosismo.

Como activos protagonistas de la vida moderna, los impresionistas frecuentaron los teatros, los cafés-concierto o la ópera y se relacionaron con actores, actrices, bailarinas y cantantes. La recién estrenada Ópera de Charles Garnier, un edificio emblemático del nuevo París remodelado por Haussmann, era uno de los lugares frecuentados por Edgar Degas, quien, a partir de 1874, dedicó gran parte de su carrera artística al mundo del ballet. El artista, que veía en la danza un vehículo fundamental para estudiar la figura humana en movimiento, dibujó y pintó reiteradamente las cambiantes actitudes de las bailarinas. Las representaba en todo tipo de posturas, ensayando o en plena representación en el escenario, vistiéndose o atándose las zapatillas, testimoniando siempre su enorme esfuerzo físico y su concentración. Ronald Pickvance recoge un interesante testimonio de Louisine Havemeyer , la amiga americana de Mary Cassatt y una coleccionista entusiasta de Degas, quien contaba que al preguntarle por qué pintaba tantas bailarinas, el pintor había respondido: «Porque, madame, sólo en ellas puedo redescubrir el movimiento de los griegos».

En esta Bailarina basculando del Museo Thyssen-Bornemisza, también denominada la Bailarina verde, Degas nos introduce en plena representación frente a un público que no se ve pero que se identifica con los espectadores del cuadro. Al contemplar la pintura, nuestra mirada cae sobre la escena como si la estuviéramos viendo a través de unos prismáticos desde un palco lateral, desde una de esas localidades que proporcionan vistas privilegiadas del escenario y permiten ver entre bastidores. La utilización de un punto de vista alto y sesgado era un recurso del que se valía el artista para captar a las modelos en posturas inesperadas.

Del grupo del primer término sólo una de las bailarinas se presenta de cuerpo entero en el momento en que, elevando sus brazos y su pierna izquierda, realiza un complicado y rápido giro. Las demás figuras están cortadas y sólo podemos ver algún fragmento de pierna o una parte del tutú de su traje, de forma que Degas deja a nuestra libre imaginación el resto de su persona y el movimiento de su paso. Al fondo, dispuestas frontalmente, unas cuantas bailarinas vestidas de naranja en actitud relajada esperan su turno o acaban de terminar su actuación. El decorado se ve reducido a una imagen difusa de lo que parece un paisaje rocoso y arbolado que carece de importancia en el conjunto de la composición.

Esa manera de cortar las figuras, que Degas utilizó en todas sus obras sobre el ballet, deriva de la doble influencia de las estampas japonesas y de la fotografía, que le lleva a crear un espacio pictórico en el cual el cuadro ya no tiene en su centro la escena representada, como ocurría tradicionalmente en el arte occidental. Degas quería demostrar que la realidad es siempre transitoria, cambiante e incompleta y que por tanto debe ser representada de forma fragmentada. Por otra parte, los audaces escorzos y los gestos veloces de las muchachas nos remiten a un movimiento rápido que agudiza la instantaneidad de la escena. La fugacidad de la acción es captada gracias a los trazos ligeros que permite la técnica del pastel, que Degas aplica con un virtuosismo técnico sin precedentes. Esta técnica, que se puso de moda en Europa en el siglo xviii para los retratos de la alta burguesía, alcanzó con los impresionistas la misma categoría que la pintura al óleo. Pero sin duda fue Degas quien destacó como el verdadero maestro de este procedimiento.

Uno de los primeros propietarios del cuadro fue el pintor británico Walter Sickert , un incondicional admirador de Degas, que seguramente lo adquirió del historiador del arte y coleccionista, editor de la Gazette des Beaux-Arts , Charles Ephrussi (1849-1905). Poco antes de la adquisición, Ellen, su mujer, le escribía a su amigo el pintor francés Jacques-Émile Blanche: «Estamos encantados de que Degas venda. ¡Seguramente nosotros acabaremos prescindiendo de las aburridas necesidades diarias y compraremos alguna de sus pinturas! Nos tienen obsesionados». La Bailarina basculando, que Sickert, quizás por indicación de Degas, denominaba Bailarina verde, pasó a ocupar un lugar privilegiado en su casa en West Hampstead a partir de la primavera de 1886. Tras la separación del matrimonio pasó a manos de Jane Cobden ,Mrs . T. Fisher Unwin , hermana de Ellen.


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En la sombrerería. 1882. Pastel sobre papel, 75,5 x 85,5 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Edgar Degas.

Degas, que siempre se consideró un pintor realista, se afanó en representar en sus obras la realidad que le rodeaba, por lo que tuvo en la vida parisiense su principal fuente de inspiración. No es de extrañar, por tanto, que se sintiera interesado por el incipiente mundo de los comercios de la capital francesa. Sus visitas a las boutiques de moda acompañando a su amiga Mme. Straus , o a la pintora de origen americano Mary Cassatt , le llevaron a pintar un grupo de obras en las que nos adentra en el París de la alta costura, o en ese mundo de las nuevas tiendas de variedades, genialmente inmortalizado por Émile Zola en El paraíso de las damas.

En la sombrerería es, como apunta Ronald Pickvance , la primera obra de la serie de pasteles dedicados a las sombrererías de París que se presentó al público en una pequeña exposición organizada por el marchante Paul Durand-Ruel en Londres, en 1882. Ya entonces provocó más de una crítica entusiasta, como la de un autor anónimo que hablaba de una «sorprendente pintura de dos jóvenes damas probándose sombreros en una sombrerería» y destacaba la manera en que «seda y plumas, raso y paja, son plasmados rápidamente, con firmeza, con la más acertada de las ejecuciones». Poco después sería vendida por Paul Durand-Ruel al amigo de Degas, el pintor y coleccionista Henri Rouart (1833-1912).

El artista utiliza una composición de fuerte diagonal que marca la mesa sobre la que descansan los lujosos sombreros decorados con adornos rojos, azules y blancos. El cuidado exquisito con que están pintadas estas prendas recuerda la manera delicada de pintar las faldas y los tocados de las bailarinas. Ahora bien, Degas estaba mucho más interesado en pintar personas en movimiento que objetos inanimados y, aunque los sombreros adquieren un gran protagonismo, las dos mujeres del cuadro, sus gestos y actitudes, centran toda su atención.

La escena, tomada desde detrás de la mesa y con una de las damas de espaldas a nosotros, contemplando a la otra que se prueba el sombrero, nos remite una vez más al encuadre fotográfico, tan característico en Degas. El espectador no mira la tienda desde fuera, sino que está situado dentro de la estancia, detrás del mostrador, en el sitio en el que estaría la sombrerera atendiendo a sus clientas. En el muro del fondo, el escaparate de cristal con un marco dorado es el único elemento que proporciona profundidad al cuadro, al tiempo que permite que se introduzca en la tienda la luz de la calle. La luminosidad de los impresionistas, esa luz de exterior que envuelve el cuadro completo, fue sustituida por Degas por una luz parcial y dirigida, más adecuada a la temática de la vida de la ciudad.


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Caballos de carreras en un paisaje. 1894. Pastel sobre papel, 47,9 x 62,9 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza. Obra de Edgar Degas.

Un grupo de jinetes, ataviados para la ocasión, se preparan para una carrera en plena naturaleza ante el imponente paisaje de unas montañas iluminadas por el sol crepuscular. Esta obra se sitúa en la tradición de escenas de carreras de caballos al aire libre surgida en Inglaterra a finales del siglo XVIII y hecha suya por artistas como Delacroix y Bonington. Asimismo, se basa en una escena similar pintada al aire libre por el propio Degas en 1884. Ahora bien, a diferencia de esta última, en este pastel Degas se aleja de la transcripción literal y da rienda suelta a su habilidad como colorista, algo en lo que pudo haber influido el ejemplo de Paul Gauguin -de quien adquirió en 1893 el cuadro titulado La luna y la tierra- y su propia experiencia como monotipista en color.

Al igual que su colega Renoir, Edgar Degas no se oponía totalmente a firmar las obras que pintaba pero, también como él, en raras ocasiones las fechaba. Esta decisión exime a comentadores y críticos de la tarea de proponer secuencias de obras que puedan «ordenar» su proceso creador. Cierto es que una buena proporción de la bibliografía que la generación pasada dedicó a Degas se detuvo a analizar su método de trabajo y, al leer a muchos de aquellos sofisticados autores, se tiene la impresión de estar leyendo un prolijo libro de cocina o un manual de bricolaje. Este desequilibrio se justifica en cierta medida por el hecho de que al propio artista le preocuparan muy poco las cuestiones técnicas: inventó un modus operandi para su creación artística que se cuenta entre los más complejos y originales de toda la historia del arte occidental. Sin embargo, con ello se crea una situación en la que la obra de Degas se concibe en términos de secuencias y series y no de cuadros separados, individuales, con su propia identidad.

Esta obra maestra al pastel es sin duda uno de ellos. Ya se ha comentado su firma y fecha evidentes, que indican un desacostumbrado nivel de terminación. No cabe duda de que estamos ante un hecho intencional pues, a mediados de la década de 1890, Degas estaba formando activamente su propia colección y se encontraba, por lo tanto, siempre necesitado de dinero para adquirir obras de otros artistas, desde El Greco hasta Gauguin. En cuanto el pintor concluyó este pastel, se lo compró su marchante Durand-Ruel que inmediatamente se lo vendió a la gran coleccionista norteamericana de Degas, Louisine Havemeyer, que había constituido una de las más importantes colecciones de este pintor que jamás ha existido. Este hermoso pastel, un paisaje con tema de carreras de caballos, resultaría muy lucido en el estudio o en la sala de fumar de un opulento caballero, coleccionista de obras de arte, cual fue Horace Havemeyer. Y casi con toda seguridad allí es a donde fue a parar.

Jean Sutherland Boogs comentó muy agudamente esta obra en el monumental catálogo sobre Degas elaborado por la Réunion des Musées Nationaux, la National Gallery de Canadá y el Metropolitan Museum en 1988-1989. Observaba que Degas lo había ejecutado cuando contaba sesenta años de edad y que tenía su antecedente en otro pastel firmado y fechado, pintado exactamente diez años antes, cuando el artista tenía cincuenta años. Por ello posee una calidad elegíaca, pues se trata más de un recuerdo de una escena observada del natural. Boggs señalaba el hecho de que la finura y el misterio del paisaje en el que se sitúa la escena deriva en gran medida del gran grupo de monotipos de paisajes en color que Degas había expuesto el año anterior en las galerías Durand-Ruel. No tenemos más remedio que preguntarnos si estos caballos participan en una carrera, dónde se encuentran los espectadores y por qué están los jinetes ataviados tan apropiadamente si nadie los ve. Cuando nos planteamos estas preguntas nos damos cuenta de lo que nos hemos alejado de la tradición de la pintura de carrera al aire libre que se inventó en Inglaterra a finales del siglo XVIII y que, en la década de 1820, adoptaron en Francia Delacroix y Bonington. En esos cuadros, contemplamos carreras reales con espectadores reales, situados en paisajes que tienen un escaso carácter positivo en sí. En este caso, Degas, presa de la melancolía al cumplir los sesenta años, sitúa a los caballos en un paisaje montañoso vasto y yermo, teñido de rosa por la luz del sol al amanecer o al anochecer. Por debajo de ellos se ve un sombrío valle boscoso. Acaso algunos penetrarán en él y desaparecerán.

Resulta igualmente interesante destacar la brillante gama cromática que Degas utiliza cual especias de un exótico estofado visual. Aunque por aquellas fechas ya era un destacado colorista, hacía poco que había aprendido las lecciones dramáticas y del nuevo cromatismo de las obras tahitianas de Paul Gauguin, una de las cuales al menos -La luna y la tierra (Nueva York, Museum of Modern Art)- había adquirido en noviembre de 1893. No cabe duda de que era un coleccionista insigne, capaz de comprar obras tanto de Gauguin como de El Greco, Ingres o Delacroix.



Otras obras


 18edgar_germain_hilaire_degas_061

Edgar Degas - Autorretrato (1855)


 19edgar_degas_the_ballet_class_google_art_project

La Clase de Danza (La Classe de Danse), 1873–1876, óleo sobre lienzo. Obra de Edgar Degas


 34x_edgar_germain_hilaire_degas_025

Fin d'Arabesque, with ballerina Rosita Mauri, 1877, Musée d’Orsay. Obra de Edgar Degas


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Clase de danza, 1871, The Metropolitan Museum of Art, New York City. Obra de Edgar Degas


 36edgar_germain_hilaire_degas_004

Práctica de ballet,1873, The Fogg Art Museum, Cambridge, Massachusetts. Obra de Edgar Degas


 37edgar_degas_ballet_rehearsal_on_stage_google_art_project

Ensayo sobre escenario, 1874, Museo de Orsay, París. Obra de Edgar Degas


 20edgar_degas_in_a_caf_google_art_project_2

L'Absinthe, 1876, óleo sobre lienzo. Obra de Edgar Degas


 21edgar_degas_orchestra_musicians_google_art_project

Músicos en la orquesta, 1872, óleo sobre lienzo. Obra de Edgar Degas


 22_edgar_germain_hilaire_degas_029

La Toilette, c. 1884–1886, pastel, Museo del Hermitage,San Petersburgo. Obra de Edgar Degas


 23en_las_carreras_1877_1880_leo_sobre_lienzo_edgar_degas_museo_de_orsay_par_s

En las carreras, 1877–1880, óleo sobre lienzo. Museo de Orsay, París. Obra de Edgar Degas


 24edgar_degas_place_de_la_concorde

Place de la Concorde, 1875, óleo sobre lienzo. Museo de Hermitage, San Petersburgo. Obra de Edgar Degas


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Dama de los anteojos. Obra de Edgar Degas


user_50_el_coleccionista_de_arte

El coleccionista de arte. Obra de Edgar Degas


user_50_bailarinas_de_azul_1174779851_409035

Bailarinas de azul. Obra de Edgar Degas


 19cottonexchange1873_degas

Oficina de algodón en Nueva Orleans, 1873. Obra de Edgar Degas


 28edgar_degas_achille_de_gas_in_the_uniform_of_a_cadet

Achille De Gas en uniforme de cadete, 1856/57, Galería de Arte Nacional, Washington D.C. Obra de Edgar Degas


 29_edgar_degas_la_famille_bellelli

Familia Bellelli 1858–1867, Museo de Orsay, París. Obra de Edgar Degas


 30young_spartans_national_gallery_ng3860

Jóvenes espartanos ejercitándose, c. 1860–62, Galería Nacional, Londres. Obra de Edgar Degas


 31mujer_sentada_a_lado_de_una_vasija_de_flores_1865_leo_sobre_lienzo_museo_de_arte_metropolitano_nueva_york

Mujer sentada a lado de una vasija de flores, 1865, óleo sobre lienzo, Museo de Arte Metropolitano, Nueva York. Obra de Edgar Degas


 32l_amateur_1866_museo_de_arte_metropolitano_nueva_yorkli

L’Amateur, 1866, Museo de Arte Metropolitano, Nueva Yorkli. Obra de Edgar Degas


 33degas_das_ehepaar_manet

Édouard Manet y Mme. Manet, 1868–1869, Japón. Obra de Edgar Degas


 38edgar_degas_mary_cassatt_google_art_project

”Retrato de Miss Cassatt, Sentada, Tomando cartas, 1876–1878. Obra de Edgar Degas


 39edgar_germain_hilaire_degas_037

En el Café-Concert: Canción del perro, 1875–1877. Obra de Edgar Degas


 40_edgar_germain_hilaire_degas_019

Cantante con el guante 1878, The Fogg Art Museum, Cambridge, Massachusetts. Obra de Edgar Degas


 41edgar_degas_miss_la_la_at_the_cirque_fernando_1879

Miss La La at the Cirque Fernando, 1879, Galería Nacional, Londres. Obra de Edgar Degas


 42_edgar_germain_hilaire_degas_069

Bailarina con un arreglo de flores” 1878. Obra de Edgar Degas


 43_edgar_germain_hilaire_degas_009

Ensayo 1878–1879, Museo de arte Metropolitano, Nueva York. Obra de Edgar Degas


 44degas_frau_mit_stadtkost_m

Mujer con ropa de calle, retrato de Ellen Andrée, 1879, pastel. Obra de Edgar Degas


 45edgar_degas_waiting_google_art_project

"Espera", pastel, 1880-82. Obra de Edgar Degas


 46_edgar_degas_before_the_race_walters_37850

Antes de la carrera (pintura), 1882–84, óleo sobre panel, The Walters Art Museum, Baltimore. Obra de Edgar Degas


 47edgar_germain_hilaire_degas_011

La tienda de sombreros, 1885, Instituto de Arte de Chicago. Obra de Edgar Degas


 48edgar_germain_hilaire_degas_072

Bailarinas en el bar, 1888, Phillips Collection, Washington, DC. Obra de Edgar Degas


 51three_dancers_in_yellow_skirts_edgar_degas

Tres bailarinas en faldas amarillas, circa 1891, óleo sobre lienzo, Instituto de Arte de Detroid. Obra de Edgar Degas


 49_edgar_germain_hilaire_degas_032

Mujer en la bañera, 1886, Museo Hill-Stead, Farmington, Connecticut. Obra de Edgar Degas


 50_edgar_germain_hilaire_degas_031

La bañera, 1886, Museo de Orsay, París, Francia. Obra de Edgar Degas


 52_edgar_germain_hilaire_degas_045

Después del baño, mujer secándose”, pastel, 1898, Museo de Orsay, París. Obra de Edgar Degas


 54edgar_germain_hilaire_degas_042

Mujer inclinada 1884, Museo Pushkin, Moscow. Escultura de Edgar Degas


 26_1428853564_547752

”Danza española”, c. 1885 (molde de bronce 1921), bronce, 46.3 x 14.3 cm, Ackland Art Museum, Chapel Hill, Carolina del Norte. Escultura de Edgar Degas


 27degas

La Petite Danseuse de Quatorze Ans, moldeado en 1922 con una técnica mixta de esculpido en 1979-80, bronce, parcialmente entintado, con falda de algodón y listón de satin,sobre base de madera,Museo de Arte Metropolitano, Nueva York. Obra de Edgar Degas


 55edgar_degas_self_portrait_ca_1857

Edgar Degas - Autorretrato, c. 1857

Más info de Degas en la Wikipedia

Ver más obras de Degas en la Wikipedia



Pues esto es todo amigos, espero que este trabajo recopilatorio dedicado a Edgar Degas, os resulte interesante, y sirvan para conocer mejor su espléndida obra, a mí me ha sorprendido mucho, especialmente la gran variedad de cuadros dedicados a las bailarinas y el ambiente teatral..., gracias a este trabajo he podido admirar y contemplar más de trescientas obras.


Fuentes y agradecimientos: museothyssen.org, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, pintura.aut.org, artcyclopedia.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Domingo, 12 Abril 2015, 17:12; editado 6 veces 
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Mensaje Respuesta: DEGAS 
 
J.Luis gracias por esta nueva galería. A Degas no lo conocía ni de oidas y mira ahora he aprendido algo sobre su obra.  [smilie=up.gif]

Un Saludo.
 




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Mensaje Respuesta: DEGAS 
 
Gracias xerbar, este pintor es uno de los mejores impresionistas... a mi me gustan los siguientes:

Portrait of M. Duranty
La violación
Malhumor
Retrato de familia. También conocido como "La familia Bellelli"
Retrato de mademoiselle E.F. a propósito del ballet La Source
Escena de playa
La sombrerería
El maestro dando clase a las bailarinas
Four Dancers
Bailarina con ramo de flores en escenario
Bailarinas entre bastidores
y Examen de danza, este cuadro es mi favorito y uno de los más conocidos.



Saludos
 




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Mensaje Re: DEGAS, Edgar 
 
Degas y el proceso de la creación

La muestra sobre el artista francés, en la Fundación MAPFRE, supone la presentación por primera vez en España de una exposición monográfica sobre él


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Danseuse, position de quatrième devant sur la jambe, una de las obras de Degas que se expone en Madrid.

Las inmortales bailarinas de Degas en tres dimensiones

90 obras del artista francés inauguran un nuevo centro cultural en Madrid


Un Degas poco o nada visto. Lejos de las bailarinas, de las mujeres que se asean, de los caballos y del resto de las pinturas que hicieron de él un grande del impresionismo. Con la exposición de 90 obras de Degas (París 1834-1917) echa a andar el nuevo espacio de la Fundación Mapfre en Madrid -mil metros cuadrados en pleno centro-, que enriquecen la ya preciosa milla del arte de la ciudad.


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'El barreño', de Degas

En efecto, existió un Degas escultor. Esculpía todo lo que observaba mientras se dedicaba a la creación pictórica. Se ayudaba de las formas. Moldeaba a su antojo las tres dimensiones. Queda bien claro en Degas. El proceso de la creación, que incluye alrededor de 90 obras. Entre ellas, la colección completa de sus 73 esculturas, procedentes del Museo de Arte de São Paulo (Brasil).

Pablo Jiménez Burillo, comisario de la exposición y responsable artístico de la fundación, ha querido destacar el papel de observador "de lo que no se ve" que adoptó Degas frente a su propia obra. Algo nada extraño al creador, si se piensa en sus pinturas, donde las mujeres no miran de frente, sino más bien parecen absortas, centradas en su baile o en sus labores de aseo. "Retrata a esas mujeres con frialdad científica", explica el comisario. "Parece como si tomara apuntes de lo que ellas hacen. Como si le diera vergüenza que le contemplaran observándolas. El resultado se asemeja a la obra de un mirón", agrega. Como sucede en Matisse y en cierto modo en Picasso, la escultura era para el artista francés una forma de llegar a la pintura. En el Degas escultor se puede ver cómo el artista piensa primero en un movimiento para después llevarlo al lienzo. Pero debe ensayarlo antes en las corpóreas tres dimensiones. Para ello hace series de pequeñas figuras que manipula hasta conseguir el efecto buscado. Los bronces permiten ver cómo trabaja el cuerpo de la modelo. Como si éste fuera un objeto más de un bodegón universal. Un claro ejemplo es la obra titulada El barreño, firmada en 1886 y en la que se ve a una mujer en disposición de entrar en la bañera. Ella es pura carne, un objeto más, como lo son las jarras de agua y las toallas que después utilizará.


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'Pequeña bailarina de catorce años' (1879-1881) de Degas, MASP, Museu de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand, Sao Paulo.

Las pequeñas bailarinas no deslumbran tampoco por la gracia de sus movimientos ni la elegancia de sus pasos. A Degas le interesaba crear estas piezas para comprender cómo la luz se proyectaría sobre las cabezas y envolvería los cuerpos para poder así reproducirla en las dos dimensiones. Así entendía él el arte. Y así se vislumbra en esta exposición deslumbrante.El pintor creaba piezas escultóricas para observar el efecto de la luz


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: DEGAS, Edgar 
 
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Una escultura de Edgar Degas bate el récord del artista


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Una bailarina posa delante de la escultura de Degas

La venta en subasta de una de las esculturas de bailarinas de Edgar Degas por más de 14,6 millones de euros ha insuflado los ánimos en el mercado del arte, después del desplome sufrido en noviembre a raíz de la crisis financiera mundial. El precio que un inversor asiático pagó anoche por Petite dansesuse de quatorze ans, figura que el impresionista francés fundió en bronce entre 1879 y 1881, convirtió ayer a la escultura en la obra de ese tipo más cara del genio y superó las estimaciones iniciales que estaban entre 10 y los 13 millones de euros.

La pieza -única de la serie de bailarinas que fue exhibida en vida de su autor- permanecía expuesta en la Royal Academy londinense, en calidad de préstamo, hasta que su propietario, el coleccionista británico sir John Madejsky, decidió someterla al martillo de Sotheby's en el inicio de una semana que las grandes salas de la capital consagrarán al arte impresionista y moderno.

La casa rival Christie's subastará hoy una pintura de Claude Monet (Dans la prairie) con la ambición de recaudar hasta 16 millones de euros.


EL PAÍS
 




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Mensaje Re: DEGAS, Edgard 
 
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Robado en Marsella el cuadro 'Les choristes', de Degas


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La obra 'Les choristes' de Edgard Degas, valorado en 800.000 euros, desapareció del Museo Cantini de la localidad francesa de Marsella, donde se exponía desde el pasado octubre, informaron en la Reunión de Museos Nacionales de Francia (RMN).

"Está valorado en 800.000 euros, no en 30 millones de euros, euros" como difundieron inicialmente los medios franceses, pues no se trata de un cuadro célebre de Degas, (1834-1917), precisaron las fuentes, que se refirieron a la obra desaparecida como "un pequeño pastel", en referencia a la técnica con la que se pintó.

"Por el momento no hay otras informaciones" y la investigación continua, agregaron en la RMN, organismo que gestiona el museo marsellés.

Según precisó la emisora France Info, fuentes judiciales indicaron desde Marsella (sureste) que "no parece haber huellas de infracción" relacionadas con la desaparición de la obra.

El cuadro había sido prestado por el Museo de Orsay de París, especializado en arte del siglo XIX, propietario del valioso fondo impresionista del antiguo Jeu de Paume.

La exposición se clausura el 3 de enero

La obra desaparecida formaba parte de la exposición 'De la scène au tableau', abierta el pasado 6 de octubre en el Museo Cantini y que debe cerrar sus puertas el próximo día 3.

Entre otras telas, la exhibición reunía una veintena de obras del maestro francés, particularmente celebrado por los pasteles en los que captó el mundo del ballet y las bailarinas de finales del siglo XIX.

La brigada de represión del bandidaje de la Policía Judicial investiga la desaparición, por encargo de la fiscalía de Marsella, precisaron fuentes judiciales.


EL MUNDO
 




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Mensaje Re: DEGAS 
 
Por primera vez en España



El legado oculto de Edgar Degas



Las 74 obras se descubieron en Francia entre los años 2001 y 2004

La muestra se podrá visitar en el IVAM hasta el próximo 17 de abril



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Una de las esculturas de Edgar Degas exhibidas en Valencia. | B. Pajares

El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) expone por primera vez en España el conjunto de 74 esculturas de Edgar Degas (París, 1834-1917) descubiertas entre 2001 y 2004 después de haber permanecido durante años ocultas para la comunidad artística.

Se trata de una serie de piezas que recogen los grandes temas del universo del pintor impresionista, como los caballos, retratos, figuras sentadas y, sobre todo, las bailarinas, que en esta muestra parecen salir de los cuadros convertidas en formas escultóricas.

A pesar de que forman un conjunto de bronces, ninguna de las obras fue realizada en vida del artista, que trabajaba únicamente en arcilla y cera. De hecho, Degas solo consintió que se exhibiera en 1881 una de sus esculturas, 'La Pequeña bailarina de catorce años', la estrella de la exposición que ahora acoge el IVAM.

Las críticas fueron "tan horribles", por la sensualidad y realismo -llevaba pelo natural y un tutú real-, que el pintor decidió no volver a mostrar en público esta faceta de su producción.

Así lo ha relatado Walter Maibaum, comisario del proyecto junto a su esposa, Carol Conn, que ha presentado la selección acompañado por la directora del IVAM, Consuelo Ciscar, y el presidente del Abraham Center for the Visual Arts, entidad propietaria de la obras, Amir Kabiri.

Maibaum es además el descubridor de estas esculturas, un hallazgo que comenzó a gestarse en 2001 cuando recibió la llamada de un amigo experto que le aseguró que se iba a realizar en Francia una nueva edición en bronce de 'La pequeña bailarina de catorce años'. Entonces, el comisario no lo creyó posible, puesto que se creía que las dos únicas copias existentes se encontraban en museos estadounidenses.

No obstante, Maibaum y Coon se desplazaron hasta el país galo donde, después de diversas investigaciones, localizaron una reproducción en yeso hasta entonces desconocida de la bailarina que, además, presentaba algunas diferencias con las dos obras póstumas conocidas. Por ejemplo, el pelo caía en una trenza, y no en un moño, y el grosor de las piernas era algo mayor.

'Como la tumba de Tutankamón'

El propietario de este yeso resultó ser Leonardo Benatov, propietario a su vez de una famosa fundición en la que, en una habitación cerrada, había 74 yesos de Degas completamente desconocidos hasta ese momento y que habían sido realizados por el íntimo amigo del pintor, el escultor Paul-Albert Bartolomé, a partir de las esculturas originales en cera del artista y con su consentimiento. "Fue como descubrir la tumba de Tutankamón", ha reconocido el especialista.

Poso después, los herederos de Degas aceptaron llevar a cabo la fundición en bronce de estas piezas, que ahora acoge el IVAM. La muestra, patrocinada por Logística del Arte y que se podrá visitar hasta el próximo 17 de abril, se abre con la famosa bailarina de 14 años y continúa con otras danzarinas en escena o entre bastidores. También se reserva un importante espacio para los caballos -las carreras de estos animales fascinaron a Degas-, así como bustos y mujeres.

A pesar de no gozar de aceptación en vida, la historia del arte ha reconocido la importancia, no solo de la pintura, sino también de la escultura de Degas. Ahora se piensa que 'La pequeña bailarina' fue un gran paso adelante en esta disciplina, especialmente por la incorporación de materiales escultóricos como la cera, junto a otros más "extravagantes" para la época (tul, satén o seda).

Efecto de animación

En este sentido, Consuelo Ciscar ha señalado que "todas las esculturas parecen estar captadas en un instante que está a punto de generar animación, un efecto conseguido gracias a la forma en que el artista expande el cuerpo de las bailarinas y el de los caballos para que el aire los atraviese y cree así movimiento, lo que será una constante en la escultura del siglo XX".

Por ello, ha apuntado, "Degas se anticipa, como ya lo hiciera Rodin, para sentar las bases del cambio que se va a producir de inmediato y de manera sustancial en la escultura".

Con motivo de la exhibición se ha editado un catálogo que reproduce las obras e incluye los textos de Amir Kabiri, Mordechai Omer, June Hargrove, Walter Maibaum y Consuelo Ciscar.



elmundo.es
 




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Mensaje Re: DEGAS 
 
El 'paso a dos' de Degas en la Royal Academy


Londres analiza la obsesión del pintor francés por atrapar el movimiento     



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Estudio del cuadro Bailarina (1880-1885). Abajo, Bailarinas, de 1899. Ambas expuestas en la Royal Academy.-

Si usted cree que la principal aportación del pintor impresionista francés Edgar Degas (1834-1917) al mundo es lo bien que quedan sus bailarinas en las tapas de las cajas de bombones, debería darse una vuelta por la Royal Academy de Londres, que desde el sábado y hasta el 11 de diciembre presenta la exposición Degas y el Ballet.

Las bailarinas que predominan en la exposición quizás le confirmen su impresión sobre su funcional uso como envoltorio cursi del chocolate, pero si presta atención a la estructura de la exposición, a las explicaciones que le ponen a mano los organizadores y a las 85 pinturas, esculturas, pasteles, dibujos, grabados y fotografías de Degas que se exponen, descubrirá a "un pintor moderno, un artista radical que reflexionó profundamente acerca de los problemas visuales y que estaba absolutamente al corriente de los desarrollos tecnológicos de su tiempo", según el historiador Richard Kendall, que ha comisariado la exposición junto a Jill de Vonyar.

La muestra londinense, que no viajará a otras capitales porque muchas de las obras solo han sido prestadas durante un periodo de tres meses porque su exposición en intervalos más largos podría deteriorarlas, pretende por encima de todo demostrar la habilidad de Degas para plasmar el movimiento. Interesadísimo en la nueva expresión artística de su tiempo que representaba la fotografía, Degas la utilizó sobre todo como materia de estudio y para elaborar sus pinturas. Con ellas, el pintor francés lograba plasmar lo que los fotógrafos de su tiempo no conseguían debido a las limitaciones tecnológicas del momento: el movimiento.

La exposición muestra algunas tarjetas de visita de bailarinas de la época, muy de moda en la segunda mitad del siglo XIX. El examen detallado de esas tarjetas permite observar los trucos del fotógrafo, como los cables utilizados para sujetar en el aire el brazo de la danzarina, incapaz de mantenerlo en suspensión durante los largos minutos de pose que exigían las máquinas fotográficas del momento. Degas superaba con la pintura la realidad fotográfica plasmando el movimiento no solo de las bailarinas en el escenario o entre bastidores, sino mientras se dejaban retratar en el estudio del fotógrafo.

Es el caso, sobre todo, de Bailarina posando para el fotógrafo, la luminosa obra pintada por Degas en 1875 que se exhibe en Londres por gentileza del Museo Pushkin, en la que la bailarina posa en el estudio mientras por los enormes ventanales se cuela al fondo el azul radiante de una mañana parisiense.

Más allá de admirar la obra de Degas, la exposición ofrece al visitante muchos otros ángulos. No falta la anécdota sociológica: hay docenas de bailarinas pero ningún bailarín. La explicación no encierra lecturas machistas o sexuales, o al menos no imputables al pintor: en la época de Degas apenas había bailarines hombres en los escenarios. "Era considerado de muy bajo nivel que un hombre bailara y los hombres que iban al ballet lo que querían era ver mujeres en el escenario. Eso no cambió hasta la llegada de Nijinski, bien entrado ya el siglo XX", explica Charles Saumarez, máximo ejecutivo de la Royal Academy.

Pero, sobre todo, la exhibición hace hincapié en la relación de Degas con la tecnología y el estudio del dinamismo. Como ha recordado Ann Dumas, co-comisaria de la exposición, el propio artista solía decir: "Me llaman el pintor de las bailarinas. No comprenden que, para mí, la bailarina es un pretexto para pintar hermosas telas y representar el movimiento". "La referencia a las hermosas telas refuerza el cliché de Degas y las cajas de bombones, pero la representación del movimiento nos acerca al corazón del asunto. Para Degas, la figura dinámica era el reto más absorbente y en la danza encontró el tema ideal", explica Dumas.

La exposición se complementa con montajes y con esculturas de contemporáneos de Degas estudiosos del movimiento, como Eadweard Muybridge, Etienne-Jules Marey o Paul Richer.

Una de las piezas centrales de la muestra es la pieza de bronce Pequeña bailarina de 14 años de edad, de 1880-1881. Una versión inicial de cera con tutú y peluca fue exhibida en París en medio de un gran escándalo por ser considerada de mal gusto y hasta comparada con un muñeco de vudú. El valor añadido que tiene en esta muestra es que la escultura se presenta acompañada de una larga serie de bocetos y pinturas que demuestran cómo Degas pintó a la modelo desde todos los ángulos a su alrededor para representar mejor la idea de movimiento.



Biografía esencial


- Maestro del nuevo estilo que a finales del siglo XIX se dio en llamar impresionismo, Edgar Degas nació en 1834 en París.

- Comenzó estudios de leyes, hasta que en su camino se cruzó la inspiración de pintores como Jean-Auguste Dominique Ingres y Eugène Delacroix.

- Frente a otros coetáneos, prefería los interiores al aire libre y la luz artificial a la natural, como demuestran sus célebres series sobre bailarinas.

- Considerado un gran artista en vida y habitual de los salones parisienses, Degas murió en 1917 a los 83 años.


elpais.com
 




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Mensaje Re: DEGAS 
 
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'La pequeña bailarina' de Degas se queda sin comprador


La escultura del maestro francés es una de las piezas estrellas que no encuentra propietario en la primera subasta importante del otoño neoyorquino     


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'La pequeña bailarina de 14 años', una escultura de Edgar Degas que se quedó sin vender en la primera subasta importante del otoño neoyorquino.

De momento, seguirá danzando sola. En tiempo de vacas flacas, su precio era demasiado alto, incluso para los glamurosos salones de las subastas neoyorquinas. La pequeña bailarina de 14 años, escultura del artista francés Edgar Degas (1834-1917) valorada entre 18 y 25 millones de euros, se quedó ayer sin comprador. El mismo destino sufrieron muchas de las piezas estrellas de la que se consideraba como la primera puja importante del otoño en Nueva York.

La bailarina no fue la única mujer en sufrir el plantón de los pujantes de Christie's. La Femme de Venise VII (Mujer de Venecia VII) que el italiano Alberto Giacometti esculpió en 1957 no encontró a nadie dispuesto a pagar los entre 7 y 11 millones de su valoración. Ni la Femme endormie (Mujer dormida) de Pablo Picasso tuvo más suerte: un precio de entre 9 y 13 millones de euros adormeció el interés de los compradores.

De nada sirvió que el jefe del departamento de arte moderno e impresionista de Christie's, Connor Jordan, explicara que la obra representa a la amante del malagueño, Marie-Thérése Walter (1909-1977), y que este la pintara "poco después de descubrir que estaba embarazada".

Sí tuvo más suerte el lienzo The Stolen Mirror, de Max Ernst. La obra, cuyo precio de salida era de tres millones de euros, fue vendida por 10,5 millones. Jordan detalló que Ernst "lo pintó en 1941, poco después de llegar a Estados Unidos huyendo de los nazis y habla de su amor perdido, la mexicana Leonora Carrington, con la que se reunió en este país unos meses después".

Finalmente la puja recaudó algo más de 88 millones de euros, aunque tan solo se vendió el 62% de las obras subastadas.


elpais.com
 




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Mensaje Re: DEGAS 
 
El Degas más íntimo


La Fundación Canal expone la colección Robert Flynn Johnson, con un centenar de obras



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Asistente a la muestra de dibujos de Degas en la Fundación Canal. / BERNARDO PÉREZ

El dibujo es el campo de aprendizaje básico para muchos artistas. Con él obtienen la técnica con la que desarrollarán sus obras en otros soportes considerados generalmente como superiores. Dominado el oficio, muchos de ellos siguen utilizándolo para ensayos y bocetos, pero también son muchos quienes lo utilizan para dar forma a sus trabajos más íntimos y queridos; aquellos que no tienen que ver con los encargos o el mercado. Dibujan para sí mismos. Edgar Degas (París, 1834 - 1917), una de las figuras esenciales del impresionismo, consideraba el dibujo como el cimiento básico de la maestría y lo utilizó tanto en sus abundantes y profundos estudios de los grandes maestros, como para retratar a sus familiares y amigos o esbozar las obras que luego llevaría al lienzo.

La colección Robert Flynn Johnson, conservador emérito del Museo de Bellas Artes de San Francisco, suma más de un centenar de obras que después de recorrer varios museos del mundo se puede ver en Madrid, en la Fundación Canal (calle Mateo Inurria, 2), hasta el próximo 4 de mayo.

El propietario es también el comisario de una exposición que trata de explorar la forma de trabajar y la personalidad de uno de los artistas que más contribuyeron al impresionismo. Vestido con una vistosa camisa rosa y pajarita salmón, Robert Flynn Johnson explica por qué ha invertido sus ahorros y su tiempo —casi 40 años— en coleccionar obra sobre papel del genio francés. “Es el artista al que más le ha interesado investigar el espíritu de las personas. A diferencia de otros impresionistas, más entregados al paisaje o al bodegón, a Degas le motivaban las personas. Todos sus dibujos hablan de su personalidad. Como les ocurría a otros muchos, casi nunca los dibujos están terminados. Recogen la emoción e inspiración del momento. De él también me interesa su curiosidad por todo: pintura, escultura, grabado, fotografía”. Añade el coleccionista que Degas es el observador más agudo de la naturaleza humana que ha tenido el arte desde Rembrandt.

Sobre como ha ido haciéndose con esta impresionante colección, solo cuenta que ha sabido buscar. A veces, ha vendido una obra para hacerse con otras. Ahora, la rentabiliza paseándola por centros de exposiciones de todo el mundo.

La muestra, titulada Edgar Degas. Impresionistas en privado, contiene trabajos realizados por el artista en sus inicios, muchos de ellos, inéditos y mostrados por primera vez al público en esta exposición. Se trata de obras en las que retrata a familiares y amigos (su hermano Achillle De Gas), se autorretrata o copia detalles de trabajos de los grandes maestros expuestos en el Museo del Louvre. Vienen después los papeles en los que aborda los mismos temas de sus pinturas y el permanente homenaje a los maestros.

Experimentador ante todo, se muestran grabados y una peculiar colección de fotografía junto a sus monotipos, impresiones únicas a caballo entre la pintura y el grabado con las que a Degas le fascinaba trabajar.

Junto a los dibujos de Degas, y a modo de contrapunto, se incluyen obras de artistas que de alguna manera estuvieron relacionados con el genio francés: Cézanne, Manet, Ingres, Fantin-Latour o Toulouse-Lautrec, y otros como Odilon Redon, Marcellin Desboutin o Henri Regnault.


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Mensaje Re: DEGAS, Edgar 
 
Francia restituye un dibujo de Degas expoliado por los nazis en 1940

Las autoridades devuelven la obra, requisada por las tropas alemanas en 1940, a los herederos de Marcel Dreyfus



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La ministra de Cultura, Audrey Azoulay, y Viviane Dreyfus, ante el dibujo.

El Gobierno francés restituyó hoy un dibujo de Edgar Degas a los herederos del que fue su propietario hasta que en 1940 los nazis que ocupaban Francia se lo expropiaron dentro de la campaña contra los judíos, Maurice Dreyfus.

La ministra de Cultura, Audrey Azoulay, fue la encargada de devolver este carboncillo titulado Trois danseuses en buste, conocido también como Trois danseuses à mi-corps, explicó en un comunicado su departamento, que destacó que la determinación del origen de la obra ha sido posible gracias al establecimiento de una colaboración con los Genealogistas de Francia.

La obra fue requisada por los nazis el 28 de agosto de 1940 a Maurice Dreyfus, que en 1947 indicó a las autoridades francesas que ésta en concreto no la había recuperado, al contrario de lo ocurrido con otros dos pasteles de Raeburn, que también le habían sustraído los ocupantes y que sí le fueron sido restituidos.

Pese a que Trois danseuses en buste fue localizado en 1951 en un armario del edificio que durante la Segunda Guerra Mundial fue la embajada alemana en París, y que después de la contienda se convirtió en una dependencia del ministerio francés de Exteriores, no se estableció el vínculo con la demanda del coleccionista expoliado.

Por eso, ese mismo año fue atribuido a los museos nacionales franceses, y en concreto al del Louvre con el número 252 y con la referencia REC 133, de acuerdo con un decreto del 13 de agosto de 1951.

Ante la evidencia de que la restitución de obras expoliadas durante la guerra se enfrenta a dificultades tras la desaparición de los propietarios y de testigos directos, el ministerio de Cultura puso en marcha en 2015 un protocolo que pretende una acción de búsqueda, sin esperar a que los herederos se manifiesten.

Ese protocolo, que ha dado con esta obra su primer resultado efectivo, consiste en asociar el organismo representativo de los profesionales de la genealogía para identificar a los derechohabientes actuales.

En virtud de la convención firmada con los Genealogistas de Francia el 24 de junio del pasado año, se ha asignado a esta entidad cinco otros casos que, según el departamento de Cultura, debería dar lugar a "próximas restituciones".

Azoulay subrayó su voluntad de que las búsquedas de los herederos continúen "con fuerza" y el compromiso de su departamento para cumplir con el "deber de reparación legítima".

Por eso, ha pedido otras iniciativas para mejorar el conocimiento de las obras entre 1933 y 1945, para que los carteles de los museos nacionales expliciten el origen de lo que exponen, y para que también se haga en los sitios internet y en cualquier otro soporte pedagógico.


elpais.com
 




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Mensaje Re: DEGAS, Edgar 
 
La ciencia desvela la modelo que ocultó Degas tras una mujer anónima

Investigadores australianos aplican una técnica rompedora para descubrir a Emma Dobigny en un lienzo reutilizado del pintor francés



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El retrato escondido de Emma Dobigny encontrado en 'Portrait d'une femme', el cuadro del artista Edgar Degas. A la derecha, una falsa reconstrucción en color. / DAVID THURROWGOOD - AFP

Hay un retrato del pintor francés Edgar Degas oculto bajo su Portrait de femme, un óleo sobre lienzo de 1880 o poco antes, actualmente en la colección de la National Gallery de Victoria, en Australia. Los investigadores creen que la mujer escondida es la modelo Emma Dobigny, y deducen ciertas técnicas del pintor a partir de las correcciones que hizo a las orejas de su musa. La tecnología que han desarrollado se podrá usar sobre otros lienzos reutilizados de los que emergerá tal vez una historia oculta del arte.

Ya se sabía que había algo debajo del Portrait de femme, y se lleva intentando reconstruir desde 1922, pero con resultados muy modestos. Científicos del Sincrotrón Australiano, en Victoria, y el Museo Reina Victoria de Launceston (Australia) han usado técnicas muy avanzadas (fluorescencia de rayos X, o XRF, computación en falso color) para producir una imagen excelente, al nivel de resolución de una sola cerda del pincel, y con todos los colores que usó el pintor, hasta el mínimo matiz. Presentan los resultados en la revista técnica Scientific Reports.

Las orejas de Dobigny han resultado particularmente informativas. Su desproporción y textura borrosa indican que Degas estuvo luchando con ellas, en sucesivos intentos de hallar su forma final. Los historiadores del arte saben que Degas, uno de los padres del impresionismo, pintaba una especie de "orejas de duende" en ese periodo. La XRF es tan fina que puede distinguir las sucesivas capas con que el artista fue corrigiendo las iniciales orejas de duende de Dobigny hasta darles una forma más convencional, propia de su estilo maduro.

La reconstrucción también revela muchas sutilezas sobre la técnica del pintor, como las distintas direcciones de la pincelada y otros detalles que, según piensan los investigadores australianos, resultarán imposibles de reproducir para los falsificadores, no de este cuadro, sino de cualquier cuadro. Ahí ven otra futura aplicación de su metodología.

Solo un año después de su descubrimiento, en 1895, los rayos X se han utilizado para analizar obras de arte. Su utilidad se basa en los metales pesados que contienen los pigmentos. Pero, como sabe cualquier paciente de dentista, los rayos X no aportan una información muy delicada; allí se ven cosas muy blancas (los metales) y otras no tan blancas (cualquier otra cosa), y deducir de ahí el vuelo de una pincelada o el matiz de un color requiere casi tanto arte como el que tenía el artista, y una cara mucho más dura.

La fluorescencia de rayos X (XRF por sus siglas inglesas), que requiere usar un sincrotrón, o pequeño acelerador de partículas, también detecta los metales de los pigmentos, pero con tanta finura que permite la reconstrucción de las capas de pintura ocultas con una calidad comparable a la que tenían antes de que el pintor las arruinara con su nueva pintura. Su estreno fue sin duda espectacular: el descubrimiento en 2008 de un retrato de mujer bajo el Patch of grass de Van Gogh. La XRF mejorada de los australianos ha dejado aquello muy atrás ocho años después. Ahí sí que se ve, literalmente, el trazo de una sola cerda del pincel de Degas.

En la larga y honrosa historia de las pinturas ocultas, el pintor de las bailarinas no destaca por su especial sofisticación. Para reciclar un óleo, uno suele tapar la pintura anterior con una lechada que le deje libre el campo, pero eso no iba con Degas: se conformó con darle la vuelta al retrato fallido y pintar el nuevo encima. Utilizó esas capas de pintura finas y atmosféricas, con una textura casi de pastel, que ahora todos distinguimos como su marca de fábrica.

Y el tiempo, para colmo, ha jugado en su contra: las propiedades de refracción del aceite en que se disuelven los pigmentos les hace perder opacidad con el paso del tiempo. Si los artistas se supieran la fórmula del verde esmeralda (Cu(C2H3O2)2·3Cu(AsO2)2), evitarían usarlo para tapar otras pinturas: es evidente que una cosa con tanto paréntesis solo puede volverse transparente con los años. No aprendemos.


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David Thurrowgood;David Paterson;Martin D. de Jonge;Robin Kirkham;Saul Thurrowgood;Daryl L. Howard Pie de Foto: 'Portrait d'une femme' de Edgar Degas. (a) La imagen visible del cuadro. La zona rectangular resalta el área del escaneo XRF. (b) Radiografía. El cuadro oscurecido ha sido rotado 180 grados. La cara y la oreja de la mujer son la fuente de contraste principal. (c) Detalle de la imagen reflejada bajo los rayos infrarrojos. Se indica un contorno parcial de la cara escondida.



Repintar, una práctica para ahorrar o arrepentirse

Pintar sobre una figura ya plasmada en un lienzo ha sido una práctica habitual en el mundo del arte. La primera razón es obvia: para ahorrar costes. Es significativo el caso, una vez más, de Pablo Ruiz Picasso, que solía repintar en su juventud, pero no tanto en su madurez, cuando era ya un artista consagrado. Otra razón es el arrepentimiento del creador y su ánimo corrector para mejorar.

En cualquier circunstancia, siempre resulta interesante para los historiadores del arte poder analizar la técnica empleada, las dudas del artista, o como, en ocasiones, una mancha es aprovechada para crear algo nuevo. Y todavía más desde que la metodología de la investigación del objeto estético ha adoptado un planteamiento más activo en la comprensión de la obra, que concede importancia a los cambios que experimenta el objeto y al papel del espectador, apunta el director del Museo Nacional Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. Una perspectiva alejada del platonismo y cercana a la idea performativa de que la obra se va haciendo a sí misma conforme se trabaja.

La investigación australiana sobre el cuadro de Degas ha vuelto a poner de manifiesto, además, los grandes avances de la ciencia que permiten ver mucho más en todos los campos, con aplicaciones desde la medicina hasta la historia del arte. La restauración del conocido cuadro de José Gutiérrez Solana, La tertulia del café de Pombo, hace seis años en el Reina Sofía, descubrió que debajo de los nueve señores sentados alrededor de una mesa con sus cafés, sus copas y sus azucarillos, había un altar con una figura religiosa, varias velas y una persona agachada ignota.


Publicado el 5 de agosto de 2016 por EL PAÍS
 




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Mensaje Re: DEGAS, Edgar 
 
Colección Carmen Thyssen


Carmen Thyssen presiona a Cultura con la venta de un ‘degas’

La baronesa aduce problemas de liquidez para deshacerse de un pastel del pintor impresionista. Exige que el Estado alquile 20 años su colección para que siga en España

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La baronesa Thyssen ha puesto a la venta Caballos de carreras en un paisaje (1894), pastel sobre papel de Edgar Degas y una de las dos obras que posee de este impresionista francés. Con ello espera conseguir una cantidad similar a la obtenida con La esclusa, de John Constable, que subastó en 2012 por 27,9 millones de euros. Carmen Cervera insiste en que puede ser millonaria en cuadros, pero que el mantenimiento de su colección y de su patrimonio resulta muy costoso, por lo que se ve “obligada” de nuevo a vender otra de sus obras más apreciadas. Caballos de carreras en un paisajeservirá para resolver sus “problemas de liquidez más inmediatos”, indica.

No sabe si saldrá a subasta o será una venta directa, pero afirma que tiene varias personas interesadas en la pieza. El pastel de Degas (París, 1834-1917), uno de los padres del impresionismo, no se exhibe actualmente en la colección permanente del Museo Thyssen de Madrid, sino que permanece en el almacén.

“Los que somos coleccionistas sabemos cuánto nos duele desprendernos de cada una de nuestras obras, pero en este momento no me queda más remedio. Estoy gastando cantidades enormes en abogados y no tengo beneficios por ninguna parte. No descarto poner en alquiler la casa de Marbella”, añadió ayer en Madrid la baronesa en un almuerzo con tres medios de comunicación, entre ellos EL PAÍS.

Al ministerio “no se le ha comunicado ni le ha llegado ninguna petición con esas propuestas de la baronesa”, explicaron ayer fuentes de Cultura.

Al menos por el momento, Thyssen no se desprenderá de Mata Mua, una de las pinturas más emblemáticas de Gauguin y con un significado muy emocional para ella (su esposo, el barón Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza, fallecido en 2002, la compró en dos ocasiones). Otra de las obras representativas de su colección personal, El puente de Charing Cross en Londres, de Monet, podría tener un final similar al papel de Degas, aunque más a largo plazo.

Esta salida al mercado del degas se produce en plena negociación con el Gobierno sobre el futuro de la colección de la baronesa, depositada en la Fundación Thyssen, en Madrid. El anuncio de la venta, por tanto, se puede interpretar como una forma de presionar a Cultura. Las partes se dieron un plazo de tres meses para buscar una solución a la colección, cuando en enero este diario reveló la intención de Carmen Thyssen de mover sus obras.

A finales de abril se conocerá la decisión definitiva sobre los 429 cuadros que se exponen desde 2002, ligados a un acuerdo que se ha ido renovando durante 12 años. La baronesa ya ha anunciado algunas de las medidas más importantes que plantea para llegar a un acuerdo. Su intención es arrendar al Estado todas las obras por 20 años renovables, con disponibilidad para mover por el mundo un grupo variable de unas 60 pinturas; exige cambios en las condiciones de las ventas y suprimir la obligación de informar al patronato.

Además, reclama que se cumpla el acuerdo suscrito en 1999 con el entonces ministro de Cultura, Mariano Rajoy, en virtud del cual tanto ella como el barón quedaban exentos de obligaciones fiscales en España —ella tiene pasaporte suizo y reside en Andorra—.

Aunque Carmen Thyssen se resiste a dar la cifra que pide por el arrendamiento a largo plazo de su colección, reconoce que se trata de una propuesta que dejaría resuelto el tema con sus herederos: su hijo Borja y las gemelas Carmen y Sabina.

Cervera espera que las conversaciones se resuelvan felizmente para todos, aunque supone que el reconocimiento de su régimen fiscal puede ser lo más controvertido. “El acuerdo con Rajoy se suscribió”, explica, “porque en nuestro papel de mecenas teníamos que pasar mucho tiempo en Madrid trabajando con la colección. Nuestra residencia estaba en Andorra; aunque no fue por escrito, se nos reconoció el derecho a no tener residencia fiscal en España. En un momento [no recuerda cuándo] eso dejó de ser así. Yo estoy pagando casi 500.000 euros al año en impuestos sobre el patrimonio y nunca he pedido ninguna contrapartida como vicepresidenta vitalicia de la Fundación Thyssen”. Cervera declina contestar si ha hablado directamente con el presidente Rajoy sobre el asunto.


En el extranjero

La intención de hacer exposiciones internacionales con una selección de medio centenar de obras de su colección sigue asimismo en esa línea de conseguir beneficios económicos. “El número y las obras serían variables en función del lugar en el que se fueran a exponer. Son muchas las colecciones en todo el mundo, públicas y privadas que buscan recursos de esta manera. El propio Louvre lo hace y nadie lo critica”, argumenta Cervera.

Aunque repite que no le gusta hablar de números, la baronesa recuerda que cuando se creó el Guggenheim de Bilbao, el Gobierno vasco pagó 250 millones de euros por el uso del nombre. “Hace un año lo han renovado y han entregado otros 40 millones sin que hubiera críticas por ningún lado. El Thyssen es ya una marca gracias a Madrid, Málaga, San Feliú y, muy pronto, Andorra”.

Afirma, además, Carmen Cervera que su colección está valorada por las principales casas de subastas, como son Christie’s y Sotheby’s, en 1.000 millones de euros, lo que supone 250 millones más de la estimación conocida hace un par de años, una diferencia que también ha levantado suspicacias sobre su veracidad en el ámbito artístico. “Las casas de subastas revalorizan permanentemente las obras. Aunque a veces, van a menos. No es el caso. La mía ha aumentado”.

¿Cree que habrá un final feliz para su colección? “Estoy con mucha ilusión. Espero que el acuerdo llegue pronto y que mis cuadros se queden aquí para siempre”, concluye la baronesa.


La tormentosa operación de ‘La esclusa’, de Constable

La esclusa, la célebre obra del paisajista inglés John Constable (1776-1837) propiedad de Carmen Thyssen, se subastó por 27,9 millones y supuso una descomunal bronca en el Patronato del Museo Thyssen. Dos de sus miembros, Norman Rosenthal y Francesca Thyssen, criticaron agriamente y en público la operación.

Rosenthal dimitió y aseguró que lo ocurrido suponía “una vergüenza moral de las personas a las que concierne, en especial a Tita”. La aludida se despachó diciendo que las críticas le traían sin cuidado: “Que le vaya muy bien. No era amigo de mi marido y jamás fue su asesor. No entiendo qué pinta en todo esto”.

Después de aquella venta, de cuyo comprador solo se sabe que fue un millonario asiático, Carmen Thyssen está dispuesta a encarar posibles nuevas polémicas. “Nada me gustaría más que anunciar que no necesito vender el degas, pero en este momento necesito ese dinero”, sostiene.

Poco después de la subasta del constable, la baronesa vendió un lienzo de Childe Hassam cuyo precio nunca se ha llegado a hacer público. Tampoco se sabe quién fue el comprador. Ahora, ante la salida al mercado de Caballos de carreras en un paisaje, de Degas, la aristócrata recuerda que, a diferencia del caso de Constable, posee otra obra del mismo autor, el pequeño óleo El estanque en el bosque (1867-1868), considerado de menor valor en comparación con aquel.

Cuando se le recuerda que el acuerdo con el Estado prevé que la venta de sus piezas no puede suponer el 10% del valor total de la colección, responde que en este momento la colección no está sujeta a ningún pacto y que ese será uno de los puntos que pretende revisar.

elpais.com



 

Lo que debe hacer el Estado es si le interesa, negociar con Carmen Thyssen, dejando las cosas bien claras y atadas, pagando un alquiler o lo que tenga que ser, pero no al capricho de la baronesa.
 




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Mensaje Re: DEGAS, Edgar 
 
Colección Carmen Thyssen



“El barón nunca hubiera vendido nada”


Los expertos lamentan la posible pérdida del 'degas' de la baronesa Thyssen



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Carmen Cervera en la exposición Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh, realizada en 2013 en el museo Thyssen de Madrid. / Bernardo Pérez

El degas es un estupendo degas. No hay duda. El maestro impresionista despliega toda la fuerza de su lenguaje. Trazos verdes, como ráfagas, construyen el suelo. Y un carmesí intenso crea las montañas. Los animales, por sorpresa, cobran vida con ocres y marrones. Caballos de carreras en un paisaje (1894) es un estupendo degas. La baronesa Thyssen lo vende. Y le ha puesto un precio. Unos 27,9 millones de euros. Lo mismo que consiguió cuando enajenó La esclusa, de John Constable (1776-1837), en 2012. Una tela esencial dentro de la producción del pintor británico. Un artista casi inexistente en las colecciones españolas. Entonces, el historiador y crítico de arte Francisco Calvo Serraller calificó de “error político inmenso” la marcha del lienzo. Hoy la posible pérdida de la obra atempera los adjetivos.

“Adoro a Degas, es uno de los grandes artistas de la historia”, lanza la prestigiosa comisaria Carmen Giménez. “Es un problema que se pierda para España pero tampoco es un desastre. Si fuera una pieza maestra como el Mata Mua de Gauguin [por ahora Carmen Thyssen asegura que no se venderá] sí que resultaría dramático”. Sin embargo, pese a la templanza, Giménez no endulza las críticas: “El barón, al que conocí bien, nunca hubiera vendido nada. Siempre fue una persona muy generosa. No entiendo las razones de la baronesa”.

Las justificaciones, según la interesada, son económicas. Sus problemas de liquidez son recurrentes . Y con esta obra hace caja. “Es una pieza muy buena. Esos colores vibrantes, la composición en diagonal a partir de la línea del horizonte. No es lo mejor de su producción pero está muy bien”, admite un experto en maestros impresionistas que pide no ser citado. Otros consultados coinciden en estas opiniones. “Me parece una obra muy especial dentro de este tipo de composiciones de Degas”, remarca Manuela Mena, Jefe de Conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya del Prado.

Porque, además, el pintor es una rareza en España. Apenas hay degas en colecciones públicas. Nuestro país perdió el tren del impresionismo y cuando quiso subir a él, los precios eran prohibitivos. Es la voz de Felipe Garín, director del Prado entre 1991 y 1993, quien fue el comisario en Centro Centro de Madrid en 2015 de la exposición de la colección privada del financiero Juan Abelló. En ella había dos obras de Degas. Un pastel, Después del baño, y un boceto preparatorio de esta pieza firmado en 1895. Precisamente de un año más tarde es el pastel del que quiere desprenderse la baronesa. A su juicio, una rareza. Pues el pintor era más propenso a retratar figuras femeninas. Tampoco le ha ayudado el tránsito del tiempo. Los pasteles y la obra sobre papel suelen estar “menos valoradas” , admite, quizá porque su conservación resulta más difícil. ¿Y si hablamos de precio? “El mercado está loco, y nunca se sabe”, observa Garín.

Pues en ese manicomio, el de los números y el arte, si Carmen Cervera vendiera el papel por 28 millones de euros supondría el segundo precio más elevado pagado por una obra del impresionista francés. Al menos si llevara a subasta esa Carrera de caballos en un paisaje. De hecho en noviembre de 2008 —acorde con la base de datos Artnet— se remató el pastel Danseuse au repos (1879) por 37.042.500 dólares (35.087.400 euros al cambio actual) en la casa de pujas Sotheby’s. Una obra (59 x 64 centímetros) que tiene unas medidas similares a la que ahora está en liza y que fijó el récord para Degas. Carmen Thyssen sabe lo que vende y por cuánto.


Miguel Ángel García Vega / elpais.com
 




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