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RUBENS (Pedro Pablo Rubens)
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Post RUBENS (Pedro Pablo Rubens) 
 
Continuando con la exposición de mis pintores favoritos... Este trabajo recopilatorio está dedicado a Pedro Pablo Rubens (1577–1640), seguramente fue el más importante de todos los pintores flamencos, así como un genuino representante del movimiento barroco, que marcó un estilo propio “con movimientos irresistibles, marcados por diagonales o espirales” que han seguido muchos predecesores, para mí será siempre uno de los grandes de Barroco, su obra es muy prolífca, destacar el efecto que consigue con el colorido luminoso de la escuela veneciana a la que admiraba.


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Pedro Pablo Rubens - Autorretrato, 1623. Royal Collection.

Fue el pintor más admirado de su época en Europa. Sus méritos son incontestables: muy pocos artistas han conseguido transmitir una versión exaltada de la vida de forma tan persuasiva o nos ayudan tanto a acercarnos a un ideal de excelencia humano. Los valores que encontramos en la pintura de Rubens tienen mucho en común con los valores de los poetas antiguos (a menudo ha sido comparado con Homero): su arte es un recuerdo constante de lo que la vida tiene de heroico y de dramático, y nos ayuda a ensanchar el mapa de nuestros sentimientos, y a profundizar en ellos.

El vehículo principal que utilizó Rubens para transmitir sus ideas son los mitos que resumen la sabiduría de los antiguos sobre el comportamiento y las emociones de los seres humanos. Apoyado en su fe en el poder de las formas pintadas para influir en el ánimo de los espectadores, y en una enfática retórica gestual, Rubens recreó estos mitos con un extraordinario poder de convicción: contemplando su arte a menudo tenemos la impresión de que las grandes cuestiones de la vida se dirimieron con él de testigo presencial.

Rubens es autor de una obra muy abundante (se conservan en torno a mil quinientos cuadros suyos), que realizó con la ayuda de su taller, instalado en Amberes, y que vendió gracias a su sagaz espíritu comercial. Pintó para las principales monarquías europeas, y para la aristocracia, la Iglesia y las élites culturales y comerciales de todo el continente. Fue también un fabuloso dibujante, y diseñó tapices, esculturas, obras de arquitectura, y conjuntos decorativos para ceremonias públicas. Al margen de su trabajo artístico, trabajó como diplomático al servicio de la Monarquía Española, y fue un apasionado conocedor de la cultura clásica, lo cual nos da una 300 medida de la grandeza del personaje. Fue también un importante coleccionista de cuadros, esculturas y libros, entre otros objetos, y un verdadero cosmopolita que viajó extensamente y que se expresaba en varios idiomas. Por todo ello, fue considerado un modelo profesional y social por sus colegas.

Al hablar de la colección de cuadros de Rubens que guarda el Museo del Prado, sucede lo mismo que al hablar del propio pintor: es difícil evitar los superlativos. Por ser natural de los Países Bajos meridionales (la actual Bélgica), Rubens tuvo una especial vinculación con la familia real española, que gobernaba la región. La infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, heredó de su padre el mando de los Países Bajos. Desde su corte en Bruselas, utilizó al pintor como consejero y apoyó su carrera artística y cortesana, hasta el punto de solicitar de su sobrino, el rey Felipe IV, que lo ennobleciese.

Rubens fue el pintor favorito de Felipe IV, que le encargó decenas de cuadros para decorar sus palacios madrileños, y fue también el principal comprador de las obras que el pintor dejó en su estudio tras su muerte. Él es la principal razón por la cual el Museo del Prado conserva la mayor colección que existe de obras de Rubens, con unas noventa pinturas (la cifra exacta oscila, según se acepten, o no, algunas atribuciones). Pero no es sólo cuestión de números: el hecho de que muchos de los cuadros de Rubens que conserva el Prado fuesen pintados para el rey, o para personas próximas a él, explica la gran calidad de la colección. El Museo del Prado nos ofrece una oportunidad única para adentrarnos en el universo de Rubens.


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Rubens - Autorretrato. 1638-1640. Óleo sobre lienzo. Kunsthistorisches Museum. Viena. Austria.

Pedro Pablo Rubens. (Siegen, actual Alemania, 28 de junio de 1577 - Amberes, actual Bélgica, 30 de mayo de 1640), fue el pintor barroco más popular de la escuela flamenca. Su destacado estilo enfatizaba el movimiento, el color y la sensualidad. Trató toda clase de temas pictóricos, religiosos, históricos, de mitología clásica, escenas de caza, retratos, así como ilustraciones para libros y diseños para tapicerías. Se calcula que llegó a pintar unos 3.000 cuadros gracias, en parte, a los miembros de su taller que, al parecer, trabajaban en cadena. Fueron discípulos suyos, entre otros, Jacob Jordaens, Gaspar de Crayer, Theodor van Thulden, Cornelis de Vos, y Antoon van Dyck, que trabajaron completando varios encargos para la Corte Española en Madrid. Rubens dominaba diversas lenguas y llegó a ejercer como diplomático entre distintas cortes europeas.

En el siglo XVI, Amberes, la capital de Flandes, era un gran centro de negocios gracias a su importante puerto, donde llegaban mercancías de todos los países. Aparte de niveles de vida y disfrute inmediato para algunos, también se invertía en cultura, en obras de arte y en obras de imprenta que se destinaban principalmente a la exportación.

La pintura en Amberes siguió las nuevas tendencias del Renacimiento gracias a las aportaciones llegadas de Italia, que se extendieron por todos los Países Bajos. Durero, en su viaje por estas tierras en el año 1520, conoció al pintor Quentin Metsys, a Joachim Patinir y al grabador Lucas van Leyden. El arte flamenco se fue dejando influir por el manierismo y luego por el realismo, que se fusionaron con su propia tradición. Con la llegada de Pieter Brueghel, el arte flamenco tomó un rumbo más fuerte, referencia desde la que Rubens construyó una expresión pictórica totalmente innovadora, que conduciría a la genialidad del barroco.


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Casa natal de Rubens en Siegen.

Los Países Bajos estaban bajo el dominio español, por el matrimonio de Felipe el Hermoso con Juana I de España y más tarde por sus herederos Carlos V y después de su abdicación en 1555 por Felipe II. Ni el pueblo ni parte de la aristocracia con Guillermo de Orange al frente, soportaban la dictadura de Felipe II, hecho que llevó a que el 15 de abril de 1566 presentaran a la gobernadora Margarita de Parma, hermanastra de Felipe II, una petición conocida como el "Compromiso de los Nobles", cuyo objetivo era la supresión de la Inquisición y la restauración de libertades. Los calvinistas, en particular, destruyeron iglesias, profanaron imágenes e incendiaron pueblos. La Gobernadors General, Margarita de Parma, pidió ayuda a su hermanastro el Rey Felipe II de España, que envió al Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, que tras unas batallas y represiones feroces, hizo volver la paz, y los calvinistas huyeron a Alemania.

10 de las 17 Provincias de Flandes, permanecieron bajo control final de la España Imperial y/o del Imperio Austriaco más tarde hasta el Tratado de Utrecht de 1713, cuando volvió a pertenecer a la rama austriaca de los Habsburgo. A causa del enfoque artístico no iconoclasta de los católicos, sus artistas trabajaron y encontraron sus mecenas entre la monarquía y la realeza española, que hizo influir en las obras que realizaron especialmente de temas religiosos y de batallas, así como de retratos. La escuela flamenca de pintura adquirió una fuerte consolidación, al sur de los Países Bajos, la iglesia católica potenció las mayores representaciones de su triunfo como religión, este triunfo tuvo su mayor intérprete en Rubens, que fue un arraigado creyente católico


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Detalle de la estatua dedicada a Rubens en Amberes.

Primeros años. Peter Paul Rubens nació en Siegen, Westfalia, (Alemania). Su padre, Jan Rubens, era un abogado calvinista de Amberes (Flandes). En 1570 tuvo que huir por motivos religiosos y se refugió en Colonia, en Renania del Norte-Westfalia (Alemania). En esta ciudad, el exconcejal Jan Rubens, casado con María Pypelynckx, fue nombrado consejero jurídico de la segunda esposa de Guillermo de Orange, Ana de Sajonia, donde, a lo que parece, Jan Rubens aprovechó para convertirse en amante de la segunda esposa del Príncipe Guillermo.

Después de dos o tres años el marido descubrió el adulterio y Jan Rubens fue encarcelado en el castillo de Dillenburg, siendo puesto en libertad tras dos años de cautiverio, con el pago de una fianza y la imposición de residir en Siegen, una pequeña población a ochenta kilómetros de Colonia. Fue allí donde, tras ser perdonado por su esposa, tuvieron a su sexto hijo, Peter Paul Rubens. En 1578, ante la muerte de la princesa Ana de Sajonia, se le permitió volver a residir en Colonia, donde posiblemente, Rubens inició su formación artística.


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Retrato ecuestre del duque de Lerma, 1603, Museo del Prado, Madrid. Obra realizada durante la primera visita de Rubens a España, en 1603. Se trata de Francisco de Sandoval y Rojas (1553 - 1625), valido de Felipe III de España.

En 1584, el Príncipe Guillermo, líder de la revuelta contra la Administración Hispana, en lo que se ha llamado Guerra de los ochenta años, fue asesinado. Le sucedió en las altas instancias flamencas un príncipe católico, hijo de un primer matrimonio de Guillermo, Felipe-Guillermo de Orange-Nassau, (1554 - 1618), Príncipe de Orange-Nassau, quien había sido retenido en España durante muchos años como una especie de rehén y formado en la Universidad de Alcalá de Henares.

En 1589, dos años después de la muerte de Jan, la madre de Rubens regresó a Amberes, donde practicaron el catolicismo y él prosiguió con su formación. Estudió latín, alemán, español y francés con Rombai Verdonck, pero las penurias económicas de la familia le obligaron a abandonar los estudios y entró como paje al servicio de la condesa de Lalaing. No se sabe exactamente en qué fechas, pero se cree que tuvo dos maestros de pintura, Adam van Noort y Otho van Veen (Otto Vaenius), aunque no parece que dejaran una influencia artística relevante en su alumno.

No se sabe gran cosa sobre las primeras obras del pintor realizadas en Amberes. Se sabe que había hecho copias de pinturas de Hans Holbein, de Alberto Durero y de Tobías Stimmen. El testamento de su madre, María Pypelynckx, decía que legaba sus retratos a sus hijos pero que "todos los demás cuadros, que son bonitos, pertenecen a Peter, que los ha pintado". De sus obras de juventud, existe una de un hombre de medio cuerpo que tiene en la mano derecha una escuadra y un compás, y en la mano izquierda, sujetado por una cadena, otro instrumento sin identificar; se le conoce con varios títulos: Retrato de un joven sabio, El relojero y El hombre de veintiséis años. Es una pintura al óleo sobre una plancha de cobre de pequeño formato y que se encuentra en una colección particular de Nueva York; en su dorso lleva la inscripción "Petrus Paulus Rubens", y en la parte delantera está la fecha: "MDLXXXXVII", y la edad del modelo: "Aetatis XXVI".

Rubens obtuvo el grado de maestro en el gremio de San Lucas. Además, existe un certificado de "buenas costumbres y de buena salud" que data del 8 de mayo de 1600, que el artista pidió para poder realizar un viaje a Italia.


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La Virgen y el Niño adorados por ángeles, de Rubens, pintura central del altar mayor. Iglesia de Santa Maria in Vallicella, Roma.

Viaje a Italia. En 1600 estuvo en Venecia, Italia, donde obtuvo el cargo de pintor de la corte del Duque de Mantua, Vincenzo Gonzaga. Su cargo le obligaba a ejecutar los retratos del duque y su familia, copiar las pinturas de grandes artistas que deseara el duque y cuidar de la decoración de sus palacios. Los Gonzaga tenían la fama de ser unos grandes amantes de las artes y unos buenos mecenas, por lo que Rubens se encontró con gran cantidad de obras importantes de grandes maestros italianos como Tiziano, Paolo Veronese y Tintoretto; también algunos como Annibale Carracci y Caravaggio considerados ya del incipiente estilo barroco.

Por orden de su mecenas Rubens se trasladó a Roma para adquirir objetos antiguos y hacer copias de otros pintores, con una carta de recomendación con fecha del 18 de julio de 1601 que iba dirigida al cardenal Alejandro Montaldo con estas palabras: "a Peter Paul, flamenco, pintor de mi corte, que envío a vuestro lado para copiar y ejecutar algunas obras de pintura...". En Roma se sabe que realizó tres cuadros, encargados por el príncipe Alberto de Austria, regente de los Países Bajos, que debían ser dados en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma. Estos cuadros formaban parte de un tríptico formado por: La invención de la Santa Cruz por Santa Elena, La Coronación de espinas y La Elevación de la Cruz.

El 5 de marzo de 1603 viajó a España en una misión diplomática; debía entregar unos regalos enviados por el duque de Mantua al rey Felipe III de España y a su ministro el Duque de Lerma. Durante su estancia en Madrid se le encargó la realización de varias pinturas sobre bustos de apóstoles, actualmente conservados en el Museo del Prado. Entre las obras realizadas destaca el Retrato ecuestre del Duque de Lerma, de la que también se conservan varios dibujos preparatorios. Esta obra muestra un gran equilibrio y vigor; el personaje parece contemplar al espectador, y el pintor realizó unos escorzos del caballo muy bien ejecutados.

Las pinturas del taller de Rubens se han clasificado en tres categorías: las pintadas por el mismo Rubens, aquellas en las que sólo algunas partes -principalmente, manos y rostros- se deben al maestro y, por último, aquellas que simplemente supervisó. Como todos los grandes pintores de su época, Rubens contó con un gran taller formado por aprendices y estudiantes, algunos de los cuales -como Van Dyck- se convertirían con el tiempo en artistas profesionales por méritos propios. El taller también se encargaba de la gestión de contratos de modelos, animales y naturalezas muertas que ofrecía luego a especialistas en el tema, como Frans Snyders, o a algún artista interesado, como Jacob Jordaens.


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Pórtico de la casa de Rubens en Amberes, la Rubenshuis, que el pintor representaría en algunas de sus obras, como El jardín del amor (Mueo del Prado).

Durante 200 años, la vitalidad y la elocuencia de su obra influyeron sobre artistas como Jean-Antoine Watteau, del siglo XVIII, y Eugène Delacroix y Auguste Renoir, en el siglo XIX.

Rubens fue el pintor de los Archiduques Isabel Clara Eugenia (hija de Felipe II) y Alberto de Austria. Por su larga relación con la Corte española, hoy conserva el Museo del Prado más de sesenta cuadros de su mano. Recientemebte la pinacoteca madrileña le ha dedicado una gran exposición.

Espero que éste trabajo recopilatorio que he dedicado a Rubens, con mucho esmero, sea apreciado por los amantes del arte que frecuentan esta sección de arte del foro de xerbar.





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Casa-Museo de Rubens en Amberes. Bélgica.

Ver biografía completa de Rubens en la Wikipedia




Algunas obras


Rubens en el Museo del Prado

Rubens, Pedro Pablo (Siegen, 1577-Amberes, 1640). Pintor flamenco. Ningún pintor europeo del siglo XVII aunó como lo hizo Rubens talento artístico, éxito social y económico y un alto nivel cultural. Aunque su actividad se centró en la pintura, también realizó numerosos diseños para estampas, tapices, arquitectura, esculturas y objetos decorativos. Su obra, muy abundante, ofrece gran versatilidad temática, e incluye pinturas de temas mitológicos, religiosos y de historia, retratos y paisajes. Su pintura es gran­­dilocuente, pero también sabe ser delicada, y muestra gran habilidad técnica y sensibilidad hacia los ritmos de la composición y la psicología de los personajes. El éxito que disfrutó Rubens durante su vida se debe tanto a la capacidad de su arte para expresar la nostalgia que sentían sus contemporáneos por la Antigüedad como a su habilidad para ofrecer a sus coetáneos una imagen engrandecida de sí mismos, en un momento en el que los fundamentos de la cultura europea se estaban poniendo en duda. El Museo del Prado posee la mayor y una de las mejores colecciones de pinturas de Rubens, que procede en su práctica totalidad de la colección real española. Otros conjuntos importantes de su arte se encuentran en el Koninklijk Museum voor Schone Kunsten de Amberes, la National Gallery de Londres, la Alte Pinakothek de Múnich, el Musée du Louvre de París y el Kunsthistorisches Museum de Viena. Rubens nació el 28 de junio de 1577 en Siegen, en la provincia alemana de Westfalia, en el seno de una familia flamenca calvinista que había huido de Amberes debido a la persecución religiosa. En 1578 la familia Rubens se trasladó a Colonia, donde perma­neció hasta su vuelta definitiva a Amberes en 1589. Para entonces, la madre de Rubens se había convertido al catolicismo, religión que el pintor compartió y en cuya causa creyó fervientemente. Rubens recibió una educación inusual para un artista. Su primera instrucción procedería del padre, Jan Rubens, un abogado formado en Roma y Padua. En 1589 el pintor ingresó en la escuela del la­tinista Rombout Verdonk, donde re­cibió instrucción en retórica y gramática y en latín y griego. Compartió escuela con su hermano mayor, Felipe, que llegaría a ser un destacado humanista. En el arte de Rubens, y también en su abundante correspondencia, escrita fundamentalmente en italiano, pero también en francés, flamenco y latín, hay numerosas muestras de su excelente educación y del sesgo clasicista y católico de su formación. La facilidad con la que se movió durante toda su vida en los ambientes aristocráticos y cortesanos sin duda se vio facilitada por el siguiente paso en su educación, que tuvo lugar en 1590, cuando entró como paje al servicio de la condesa de Ligne-Arenberg. En esta época su vocación de pintor ya debió de haberse manifestado, puesto que en 1591, cuando tenía catorce años, Rubens ingresó como aprendiz en el taller de Tobias Verhaecht, un pintor local especialista en pintura de paisaje. Su maestro más importante fue Otto van Veen, pintor educado en los ideales clásicos de la pintura, que había vivido varios años en Roma, y que traba­jaba como pintor de corte en Bruselas para los gobernadores de los Países Bajos españoles. Rubens trabajó con él a partir de 1594 o 1595, y su trayectoria profesional sirvió de ejemplo al joven pintor. Se conocen muy pocos cuadros de Rubens desde el momento en que se convirtió en maestro independiente en 1598 hasta su viaje a Italia en 1600. Partió de Amberes el 9 de mayo de 1600, y al poco tiempo entró al servicio de Vincen­zo I Gonzaga, duque de Mantua, como pintor de corte. Su posición en Mantua le permitió vivir de su profesión y además acceder a las colecciones aristocráticas de distintos lugares de Italia. Rubens dedicó sus ocho años de estancia en la península italiana a estudiar el arte del pa­sado, especialmente la estatuaria griega y romana y también los grandes maestros del renacimiento, como Rafael y Miguel Ángel. La ciudad que más frecuentó durante estos años fue Roma, donde además obtuvo sus primeros éxitos profesionales. En 1601-1602 recibió el encargo de pintar tres cuadros de altar para la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén (los dos cuadros que se conservan se encuentran actualmente en la catedral de Nuestra Señora, Grasse). En 1606 recibió el encargo de pintar unos cuadros para el altar de la iglesia de Santa María en Vallicella, un encargo que consiguió por encima de otros candidatos de la ciudad y que le confirmó como uno de los principales pintores de Roma en ese momento. También durante su estancia italiana Rubens realizó un viaje de gran importancia para su relación con España. En 1603 fue elegido para encabezar una embajada enviada por el duque de Mantua a la corte de Felipe III en Valla­dolid. Permaneció en España desde septiembre de 1603 hasta una fecha indeterminada en los primeros meses de 1604, y realizó para el favorito del rey el Retrato ecuestre del duque de Lerma (Prado), que muestra por primera vez la habilidad del pintor para pintar imágenes grandilocuentes de los gobernantes de su tiempo. A finales de 1608, y tras recibir noticia de una enfermedad que afectaba a su madre, Rubens regresó a los Países Bajos meridionales. Aunque en un principio la intención del pintor era regresar a Italia, las «facilidades» que se le presentaron tras llegar a Amberes hicieron que permaneciera en la ciudad, donde residiría hasta su muerte. En 1609 los archiduques Alber­to de Austria e Isabel Clara Euge­nia le nombraron pintor de corte, y le concedieron además el privilegio de no tener que residir en la corte de Bruselas, sino de poder permanecer en Amberes. El 3 de octubre de 1609 Rubens contrajo matrimonio con Isabella Brant, que pertenecía a una familia de la alta burguesía local. El bellísimo Autorretrato con su es­posa (h. 1609-1610, Alte Pinakothek, Múnich) y los retratos que realizó de los hijos del matrimonio (Alberto y Nicolás Rubens, h. 1626, colección príncipe de Liechtenstein, Vaduz) muestran a una familia que había adoptado las costumbres y vestimentas de las clases más privilegiadas. Tras varias décadas de guerra, los Países Bajos españoles iniciaron un perio­do de paz con la firma de una tregua en 1609 entre la monarquía española y las Provincias Unidas del Norte, la tregua de los Doce Años. La firma del tratado dio paso a un proyecto de reconstrucción nacional del que supo aprovecharse Rubens, contribuyendo con sus pinturas a la decoración de iglesias y de casas y palacios de la aristocracia y la alta burguesía. En 1609 la ciudad de Amberes le encargó el gran cuadro de La Adoración de los Magos (Prado), que se utilizó para decorar el Ayuntamiento durante la firma de la tregua de los Doce Años. Posteriormente este cuadro entraría a formar parte de la colección de Felipe IV, y en 1628-1629 el pintor lo retocaría y ampliaría con el permiso del rey, incluyendo en él su propio autorretrato. En los primeros años tras su regreso a Amberes, pintó algunos de los cuadros de altar más espectaculares que jamás se hayan realizado, como La elevación de la cruz (1610-1611, catedral de Amberes) y El Descendimiento (1611-1614, catedral de Amberes), y convirtió su estudio en el más importante de la ciudad, educando a numerosos pintores y contratando a jóvenes artistas de la talla de Van Dyck, quien ingresó en su taller como ayudante en 1616. Estos son también los años en los que Rubens colabora con otros destacados pintores flamencos, como Frans Snyders, con quien pinta, entre otros cuadros, Filopomenes descubierto (Prado) y Prometeo (h. 1612, Philadelphia Museum of Art) y sobre todo Jan Brueghel de Velours, en cuyos cuadros Rubens inserta pequeñas figuras realizadas con gran delicadeza, como sucede en la serie de los cinco sentidos (1617-1618, Prado), o en algunas guirnaldas en las que Rubens pinta las figuras de la Virgen, el Niño y los ángeles (Musée du Louvre, París, y Prado). El enorme éxito que llega a disfrutar en Amberes lo demuestra también el encargo que recibe en 1620 para decorar la iglesia de los jesuitas de Amberes con treinta y nueve lienzos que se colocarían en los techos de las naves laterales (destruidos en 1718). El tamaño y la organización del taller de Rubens hacen posible su dedicación a este y otros numerosos proyectos de gran envergadura. Parte del éxito del pintor en estos años se debe al patrocinio que recibe de los archiduques. En 1621 muere el archiduque Alberto y Rubens estrecha su vínculo con la infanta viuda, que continuará gobernando los Países Bajos españoles hasta su muerte en 1633 en nombre de su sobrino el rey Feli­pe IV. Las consecuencias artísticas de la relación entre Rubens y la infanta son importantes. Es posible que la mediación de la infanta influyese en el encargo que recibió en 1621 para decorar el Palacio de Luxemburgo en París, residencia de la reina madre de Francia, María de Médicis. En 1625 o 1626 la infanta Isabel Clara Eugenia encargó al pintor que diseñase veinte grandes tapices para el convento de las Descalzas Reales de Madrid, donde ella había pasado algunos periodos de tiempo durante su infancia y donde aún se conservan los tapices. Algunos de los modelos realizados por el pintor en preparación para este proyecto llegarían a Madrid años más tarde y se encuentran actualmente en el Museo del Prado. El patrocinio de la infanta continuaría produciendo importantes obras de arte, como el Tríptico de san Ildefonso (Kunsthis­torisches Museum, Viena), encargado hacia 1630 para decorar una capilla en la iglesia de la corte de Bruselas, San ­Jacobo de Coudenberg. Como agente al servicio de Isabel Clara Eugenia, Rubens se vio involucrado también en una serie de negociaciones diplomáticas destinadas a la firma de un tratado de paz entre España y los Países Bajos. En 1628 el rey Felipe IV llamó al pintor a Madrid para recibir información sobre el estado de las negociaciones. Con este motivo el pintor se trasladó a la capital española en agosto de 1628, y permaneció en la ciudad hasta abril de 1629. Su actividad en Madrid fue febril, tanto que el pintor y tratadista Francisco Pacheco (cuya información procedía de su yerno Velázquez, con quien Rubens seguramente compartió estudio en el Alcázar de Madrid) escribió en su libro Arte de la pintura: «Parece cosa increíble haber pintado tanto en tan poco tiempo». Rubens realizó en torno a cuarenta cuadros durante su estancia en Madrid, algunos por encargo del rey, otros para la infanta Isabel Clara Eugenia y otros para sí mismo, como las numerosas copias que hizo de los cuadros de Tiziano que pertenecían a la colección real. De entre todos estos cuadros destaca por su significación histórica el Retrato ecuestre de Felipe IV, que se ha perdido (existe una copia en Galleria degli Uffizi, Florencia). Se trata de una imagen del rey rodeado de figu­ras alegóricas que ensalzan su papel como monarca defensor del catolicismo. Tras su finalización, este cuadro se instaló en el salón más representativo del Alcázar de Madrid en sustitución de otro retrato ecuestre pintado unos años antes por el joven Velázquez, pintor de corte de Feli­pe V. Este gesto encumbraba a Rubens como pintor favorito del rey español, preferencia que confirmarían los numerosos encargos que el pintor recibiría del rey en la década de 1630. Tras su visita a Madrid, Rubens se trasladó a Londres (1629-1630) y más tarde a La Haya (1631), para continuar sus negociaciones a favor de la paz. En Londres recibió el encargo de decorar el Banqueting House, un gran salón que formaba parte del complejo palacial de Whitehall, y para el rey Carlos I realizó también una de sus alegorías políticas más conocidas, Alegoría de la Paz (National Gallery, Londres). Rubens contrajo matrimonio por segunda vez en 1630 (había enviudado en 1626) con Helena Fourment, una bella joven de dieciséis años que se convirtió en su principal fuente de inspiración en la última década de su vida. No solo pintaría varios retratos de ella (Helena Fourment sentada en una terraza, h. 1630-1631, Alte Pinakothek, Múnich), sino que además se inspiró en sus rasgos para definir el tipo de figura femenina que puebla la mayor parte de los cuadros de estos años, ya sean de tema mitológico, como sucede en El juicio de Paris que Rubens pintó por encargo de Felipe IV (Prado) o de tema religioso, como ocurre en La coronación de santa Catalina (1631, Toledo Museum of Art, Toledo, Ohio). Durante los últimos años de su vida, Rubens recibió numerosos encargos de Felipe IV. Entre 1636 y 1638 diseñó para la Torre de la Parada, un pabellón de caza del rey, unas sesenta escenas en su mayoría mitológicas, y entre 1638 y 1640 pintó para el rey un total de veintidós cuadros mitológicos destinados a decorar el Alcázar (la mayor parte de los cuadros que se conservan de estos encargos pertenecen al Prado). En todas estas obras se observa la influencia que la pintura de Tiziano tuvo sobre el estilo de Rubens en esta época, que se manifiesta en una forma de pintar en la que la libertad de factura prima por encima de la precisión dibujística. Rubens había pintado paisajes a lo largo de toda su carrera, pero dedicó especial esfuerzo a este género en la década de 1630. Obras como Paisaje con arco iris (h. 1636, Wallace Collection, Londres) y Paisaje con Het Steen (h. 1636, National Gallery, Londres), demuestran el amor del pintor por el campo y su profunda sintonía con la vitalidad y los ritmos de la naturaleza. En el momento de su muerte, acaecida el 30 de mayo de 1640, numerosos cuadros se encontraban en su estudio, algunos de ellos seguramente obras de encargo aún sin terminar, y otras, más personales, realizadas por Rubens sin la intención de venderlas. Entre éstas se encuentran algunas de las obras más bellas del pintor que pertenecen al Museo, como Las tres Gracias, que seguramente fue adquirida por Felipe IV a los herederos del artista. Además de pinturas, la producción de Rubens incluye también cientos de dibujos y de bocetos, que utilizaba para preparar sus cuadros y que nos permiten apreciar su extraordinario talento artístico. También realizó numerosos diseños para estampas y contrató y controló cuidadosamente a los artistas que se encargaban de grabar sus diseños, preocupándose también por obtener los derechos de reproducción de sus estampas, un ejemplo del riguroso control que ejerció sobre los aspectos económicos de su actividad. Rubens fue ennoblecido por Felipe IV y por Carlos I. Su éxito en las grandes cortes de Europa y su elevado estatus social contribuyeron, tanto como su talento artístico, a convertirle en un pintor de gran influencia.

Obras

    - La Vista, óleo sobre tabla, 65 x 109 cm, firmado, 1617 [P1394]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - El Oído, óleo sobre tabla, 65 x 107 cm, h. 1617 [P1395]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - El Olfato, óleo sobre tabla, 65 x 109 cm, firmado, h. 1617 [P1396]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - El Gusto, óleo sobre tabla, 64 x 108 cm, firmado, 1618 [P1397]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - El Tacto, óleo sobre tabla, 65 x 110 cm, h. 1617 [P1398]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - La visión de san Humberto, óleo sobre tabla, 63 x 100 cm, h. 1620 [P1411]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - La Virgen y el Niño en un cuadro rodeado de flores y frutas, óleo sobre tabla, 79 x 65 cm, h. 1614-1618 [P1418]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - Guirnalda de flores y frutas, óleo sobre lienzo, 174 x 56 cm [P1420]. En colaboración con Frans Snyders.
    - Inmaculada Concepción, óleo sobre lienzo, 198 x 124 cm, 1628 [P1627].
    - La Adoración de los Magos, óleo sobre lienzo, 355 x 493 cm, 1609 [P1638].
    - La Sagrada Familia con santa Ana, óleo sobre lienzo, 115 x 90 cm, 1626-1630 [P1639].
    - Descanso en la Huida a Egipto con santos, óleo sobre tabla, 87 x 125 cm, h. 1635-1636 [P1640].
    - La Sagrada Familia, óleo sobre tabla, 35 x 23 cm (en dep. en el Museo Municipal de San Telmo, San Sebastián) [P1641].
    - La cena en Emaús, óleo sobre lienzo, 143 x 156 cm, 1638 [P1643].
    - La lucha de san Jorge con el dragón, óleo sobre lienzo, 304 x 256 cm, 1606-1610 [P1644].
    - Acto de devoción de Rodolfo i de Habsburgo, óleo sobre lienzo, 198 x 283 cm [P1645]. En colaboración con Jan Wildens.
    - San Pedro («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1646].
    - San Juan Evangelista («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1647].
    - Santiago el Mayor («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1648].
    - San Andrés («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1649].
    - San Felipe («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1650].
    - Santiago el Menor («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1651].
    - San Bartolomé («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1652].
    - San Matías («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1653].
    - Santo Tomás («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1654].
    - San Simón («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1655]. .
    - San Mateo («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1656].
    - San Pablo («Serie Apostolado»), óleo sobre tabla, 108 x 84 cm, h. 1610-1612 [P1657].
    - El rapto de Deidamia, o lapitas y centauros, óleo sobre lienzo, 182 x 220 cm, 1636-1638 [P1658].
    - El rapto de Proserpina, óleo sobre lienzo, 180 x 270 cm, 1636-1638 [P1659].
    - El banquete de Tereo, óleo sobre lienzo, 195 x 267 cm, 1636-1638 [P1660].
    - Aquiles descubierto por Ulises y Licomedes, óleo sobre lienzo, 246 x 267 cm, h. 1617-1618 [P1661]. En colaboración con Antonio van Dyck.
    - Atalanta y Meleagro cazando el jabalí de Calidonia, óleo sobre lienzo, 160 x 260 cm, 1636 [P1662].
    - Andrómeda, libertada por Perseo, óleo sobre lienzo, 265 x 160 cm, 1641-1642 [P1663]. Terminado por Jacob Jordaens.
    - Ceres y dos ninfas, óleo sobre lienzo, 223 x 162 cm, h. 1620-1628 [P1664]. En colaboración con Frans Snyders.
    - Diana y sus ninfas sorprendidas por sátiros, óleo sobre lienzo, 128 x 314 cm, 1638-1640 [P1665].
    - Ninfas y sátiros, óleo sobre lienzo, 136 x 165 cm, 1637-1640 [P1666].
    - Orfeo y Eurídice, óleo sobre lienzo, 194 x 245 cm, 1636-1638 [P1667].
    - El nacimiento de la Vía Láctea, óleo sobre lienzo, 181 x 244 cm, h. 1636-1638 [P1668].
    - El juicio de Paris, óleo sobre lienzo, 199 x 379 cm, 1638-1639 [P1669].
    - Las tres Gracias, óleo sobre tabla, 221 x 181 cm, h. 1635 [P1670].
    - Diana y Calisto, óleo sobre lienzo, 202 x 323 cm, 1638-1640 [P1671].
    - Ceres y Pan, óleo sobre lienzo, 177 x 279 cm, h. 1630 [P1672]. En colaboración con Frans Snyders.
    - Mercurio y Argos, óleo sobre lienzo, 179 x 297 cm, 1636-1638 [P1673].
    - La fortuna, óleo sobre lienzo, 179 x 95 cm, 1636-1638 [P1674].
    - Vulcano forjando los rayos de Júpiter, óleo sobre lienzo, 181 x 98 cm [P1676].
    - Mercurio, óleo sobre lienzo, 180 x 69 cm [P1677].
    - Saturno devorando a un hijo, óleo sobre lienzo, 180 x 87 cm [P1678].
    - El rapto de Ganimedes, óleo sobre lienzo, 181 x 87 cm, 1636-1638 [P1679].
    - Heráclito, el filósofo que llora, óleo sobre lienzo, 181 x 63 cm, 1636-1638 [P1680].
    - Sileno, o un fauno, óleo sobre lienzo, 181 x 64 cm, 1636-1638 [P1681].
    - Demócrito, el filósofo que ríe, óleo sobre lienzo, 179 x 66 cm, 1603 [P1682].
    - El archiduque Alberto de Austria, óleo sobre lienzo, 112 x 173 cm, h. 1615 [P1683]. Compañero de [P1684]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - La infanta Isabel Clara Eugenia, óleo sobre lienzo, 102 x 173 cm [P1684]. Compañero de [P1683]. En colaboración con Jan Brueghel de Velours.
    - María de Médicis, reina de Francia, óleo sobre lienzo, 130 x 108 cm, 1622 [P1685].
    - Felipe II a caballo, óleo sobre lienzo, 314 x 228 cm, 1628 [P1686].
    - El cardenal-infante don Fernando de Austria, en la batalla de Nördlingen, óleo sobre lienzo, 335 x 258 cm, h. 1634-1640 [P1687].
    - Santo Tomás Moro, óleo sobre tabla, 105 x 73 cm, h. 1629-1630 [P1688]. Copia de Holbein.
    - Ana de Austria, mujer de Luis XIII, óleo sobre lienzo, 129 x 106 cm, posterior a 1622 [P1689].
    - El jardín del amor, óleo sobre lienzo, 198 x 283 cm, h. 1633-1634 [P1690].
    - Danza de aldeanos, óleo sobre tabla, 73 x 106 cm, 1636-1640 [P1691].
    - Adán y Eva, óleo sobre lienzo, 237 x 184 cm, 1628-1629 [P1692]. Copia de Tiziano.
    - El rapto de Europa, óleo sobre lienzo, 181 x 200 cm, 1628 [P1693]. Copia de Tiziano.
    - Santa Clara entre padres y doctores de la Iglesia, óleo sobre tabla, 86 x 90 cm, 1628 [P1695].
    - Abraham ofrece el diezmo a Melquisedec, óleo sobre tabla, 87 x 91 cm, 1628 [P1696].
    - Triunfo de la verdad católica, óleo sobre tabla, 86 x 91 cm, 1628 [P1697].
    - El triunfo de la Iglesia, óleo sobre tabla, 86 x 105 cm, 1628 [P1698].
    - Triunfo de la eucarístia sobre la idolatría, óleo sobre tabla, 86 x 105 cm, 1628 [P1699].
    - Triunfo del amor divino, óleo sobre tabla, 86 x 91 cm, 1628 [P1700].
    - La Sagrada Familia rodeada de santos, óleo sobre tabla, 79 x 64 cm, h. 1628 [P1703].
    - El cardenal-infante don Fernando, óleo sobre tabla, 64 x 49 cm (en dep. en el Palacio de Pedralbes, Barcelona) [P1704]. Copia.
    - Hércules matando al dragón del jardín de las Hespérides, óleo sobre lienzo, 65 x 155 cm [P1711].
    - Diana cazadora, óleo sobre lienzo, 182 x 194 cm [P1727]. En colaboración con Paul de Vos.
    - El juicio de Paris, óleo sobre tabla, 91 x 114 cm, h. 1605 [P1731].
    - Paisaje con Psique y Júpiter, óleo sobre lienzo, 93 x 128 cm, 1610 [P1849]. En colaboración con Paul Bril.
    - Filopomenes descubierto, óleo sobre lienzo, 201 x 311 cm, 1609-1610 [P1851]. En colaboración con Frans Snyders.
    - Apolo y la serpiente pitón, óleo sobre tabla, 26,9 x 42,3 cm, h. 1636 [P2040].
    - Deucalión y Pirra, óleo sobre tabla, 26,5 x 41,5 cm, 1636 [P2041].
    - Prometeo, óleo sobre tabla, 25,5 x 16,2 cm [P2042].
    - Hércules y el cancerbero, óleo sobre tabla, 27 x 28,8 cm, 1636 [P2043].
    - Vertumno y Pomona, óleo sobre tabla, 26,5 x 38,3 cm, 1636 [P2044].
    - La educación de Aquiles, óleo sobre tabla, 110 x 90 cm, h. 1630 [P2454].
    - Aquiles descubierto por Ulises, óleo sobre tabla, 107 x 142 cm, h. 1630 [P2455].
    - La muerte del cónsul Decio, óleo sobre tabla, 99 x 138 cm [P2456].
    - El rapto de Europa, óleo sobre tabla, 18,8 x 13,7 cm, 1636 [P2457].
    - La persecución de las harpías, óleo sobre tabla, 13,9 x 14,5 cm, 1636 [P2458].
    - Céfalo y Procris, óleo sobre tabla, 28 x 31,6 cm, 1636 [P2459].
    - La muerte de Jacinto, óleo sobre tabla, 14,4 x 13,8 cm, 1636 [P2461].
    - Briseida devuelta a Aquiles por Néstor, óleo sobre tabla, 106 x 162 cm [P2566].
    - Retrato ecuestre del duque de Lerma, óleo sobre lienzo, 283 x 200 cm, firmado, h. 1603 [P3137].
    - Diana y sus ninfas cazando, óleo sobre tabla, 26,6 x 57,2 cm [P7765].
    - Virgen en Gloria con Niño, sanguina sobre papel amarillento, 275 x 235 mm [D3389]. Atribución dudosa.
    - Los siete sabios de Grecia, aguada, albayalde y tinta sobre papel, 420 x 560 mm, h. 1620-1630 [D3889].
    - Nacimiento de Apolo y Diana, aguada, albayalde y tinta sobre papel, 420 x 560 mm, h. 1620-1630 [D3890].
    - Cabeza de la Virgen con dos ángeles, 320 x 220 mm [D5525].
    - La elevación de la cruz, aguafuerte, buril y talla dulce sobre papel sobre lienzo, 780 x 1630 mm [G955].

Video online interactivo Rubens 360º (Exposición especial de la colección del artista que tuvo lugar en el Museo del Prado desde el 5 de noviembre de 2010 al 23 de enero de 2011)


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Las tres Gracias. 1630-35. Óleo sobre tabla, 220,5 x 182 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens.

El cuadro Las tres Gracias muestra a tres muchachas desnudas, en tamaño natural, dispuestas según el modelo escultórico antiguo, con la figura central de espaldas y las otras dos de perfil, levemente giradas hacia el frente. Las diosas aparecen en un paisaje poblado por tres ciervos, bajo una guirnalda de rosas y junto a un árbol, una fuente y un pequeño riachuelo que atraviesa la escena de derecha a izquierda. Se trata de una obra ambiciosa en su concepción y de ejecución brillante, la plasmación más importante de un tema que ocupó al pintor durante gran parte de su carrera. La elección del soporte de madera demuestra la importancia que la obra tiene para su autor, puesto que la madera de roble procedente de la región del Báltico que usaban los pintores de Amberes era un soporte muy costoso, por encima del lienzo o el cobre. Además, este soporte, por la luminosidad y el aspecto esmaltado que concede a las pinturas, implicaba el deseo de una terminación preciosista y la consideración de la pintura como un objeto valioso en sí mismo. El escenario en que se encuentran las diosas muestra una naturaleza floreciente, de pradera que se aleja del primer plano siguiendo el esquema colorista desarrollado por los pintores flamencos a finales del siglo XV y principios del XVI, con los elementos que se sitúan en primer plano pintados en tonos marrones, los que se colocan en los planos intermedios en verde y los más lejanos definidos por un hermoso y profundo color azul. Los árboles, sobre todo a la derecha de la escena, forman una maraña frondosa y las plantas del primer plano amenazan con invadir toda la escena. Bajo los pies de las Gracias corre ligero un riachuelo que emana de una fuente y que contribuye a dotar de frescura al escenario natural. Unos toques de color amarillo muy empastados y muy característicos del pintor, que desmienten la posibilidad de que el paisaje se deba a otro artista, acercan al primer plano la luz que procede del horizonte. Esta luz parece de un amanecer o un atardecer por estar situada sobre la línea del horizonte y no concuerda con las sombras que proyectan las tres diosas, que sugieren una fuente de luz situada delante de ellas. Este detalle muestra que al pintor le interesaba más crear los efectos necesarios para que el paisaje fuera atractivo y convincente en sí mismo, que establecer una iluminación realista para toda la escena. A la izquierda aparecen un ciervo con su cabeza levantada y dos ciervas pastando. El contexto en el que se presentan estos animales y algunos precedentes pictóricos indican que debemos entenderlos como referencias al amor sexual. Así lo sugieren varios libros de emblemas y así utilizaron esos animales artistas como Tiziano en sus cuadros Venus recreándose con el amor y la música (P421) y Venus recreándose en la Música (P420), dos obras que Rubens debió conocer -la primera de ellas incluso es probable que la copiase durante su visita a Madrid en 1629-1630-. En el escenario natural y simbólico descrito se sitúan las tres jóvenes Gracias, con sus formas rotundas y sus miradas sensuales. La disposición general de las figuras guarda una relación más estrecha con las esculturas antiguas de las Gracias que otras obras del mismo asunto y que otras versiones pintadas por Rubens, lo que demuestra la intención del pintor de acercarse a las fuentes clásicas. La apariencia escultórica de las Gracias depende en gran medida de la posición de las figuras, que responde al principio compositivo conocido como contrapposto. Una de las características más llamativas de Las tres Gracias, y de la pintura de Rubens en general, es la corpulencia de sus figuras, en especial femeninas, lo que se puede explicar por varios motivos. La exageración retórica es una cualidad esencial del arte del pintor flamenco, que se observa en su interpretación de los temas, en la disposición de las figuras o de los elementos que conforman la naturaleza y de forma muy especial en la plenitud carnal de sus figuras. La intención del pintor al desviarse del aspecto natural de las cosas no es alejarse de la realidad sino acercarse a ella por vía retórica. Las formas exageradas y enfáticamente palpables de las Gracias pretenden persuadirnos de que su presencia física es real y exaltar la experiencia de su contemplación. En su escrito De Imitatione Statuarum encontramos otra explicación de la carnosidad de las figuras que pintaba Rubens. Según el pintor, que se hacía eco de creencias compartidas por sus contemporáneos, la Antigüedad había sido una época superior al presente. Una manifestación de esa superioridad se encontraba en el cuerpo humano, que en aquella época estaba más cerca de su origen y perfección [...] pues los brazos, piernas, cuello, hombros y todo lo que trabaja en el cuerpo, es ayudado por el ejercicio y nutrido por el jugo que el calor les proporciona, y así aumenta mucho tanto en fuerza como en volumen. Del texto de Rubens podemos deducir que la corpulencia de las Gracias es la expresión de la categoría física y moral de las tres diosas. En relación con el significado de la obra, el tradicional papel de las Gracias como deidades protectoras de los matrimonios y la forma en que Rubens representó el tema indican que las tres diosas se pueden vincular con la unión conyugal y con la esposa del pintor. Si tenemos en cuenta que Rubens seguramente pintó Las tres Gracias para sí mismo, el matrimonio que se festeja en este cuadro ha de ser el del propio pintor con Elena Fourment, que se celebró en Amberes el 6 de diciembre de 1630. Es posible que Rubens pintase el cuadro en fecha próxima a su boda, aunque también pudo hacerlo en un momento posterior, como un canto de gratitud motivado por la felicidad y el placer que disfrutaba desde el inicio de su relación con su esposa. Sea como fuere, nos encontramos ante un cuadro que se relaciona con el género de los epitalamios, un canto al amor motivado por el matrimonio del artista (Texto extractado de Vergara, A.: Las tres Gracias de Rubens, 2001, pp. 73-88).


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El juicio de Paris. Hacia 1638. Óleo sobre lienzo, 199 x 381 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. Fue encargado por el Cardenal Infante para Felipe IV. En 1653 ya estaba en las salas del Palacio del Buen Retiro.
    
La rivalidad entre las diosas Minerva, Venus y Juno por ser la más bella debía ser resuelta por el pastor Paris. Éste, hijo de Priamo, entregaría una manzana de oro con la inscripción "a la más bella", a aquella que a su juicio lo mereciera.

El pastor reflexiona sentado bajo un árbol mientras Mercurio, como mensajero de los Dioses, porta el fruto dorado de la discordia. Las diosas esperan el juicio intentando convencer al joven. Minerva, con armadura y una lechuza, le anuncia el éxito en la guerra; Venus, acompañada de Cupido, le ofrece por esposa a la mujer más bella; y Juno, identificable por el pavo real, le promete la grandeza. La elegida será Venus, con cuya ayuda, Paris raptará a Hèléne provocando la guerra de Troya y el odio de las otras diosas, tal y como se relata en la Ilíada de Homero (Ilíada XXIV-XXV)

Realizado por Rubens en su última etapa, toma a su segunda esposa Helène Fourment Iliadacomo modelo para la diosa Venus. Se ha supuesto que la realización del paisaje se deba a la colaboración de Lucas van Uden.


 34_diana_y_sus_ninfas_sorprendidas_por_s_tiros

Diana y sus ninfas sorprendidas por sátiros. 1639 - 1640. Óleo sobre lienzo, 129,5 x 315,2 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens.
    
Diana, diosa de la caza, descansa con su corte de ninfas en un claro del bosque, cuando es atacada por un grupo de sátiros.

Rubens realizó en esta pintura un virtuoso ejercicio de composición. En primer plano, dos volúmenes dan paso al resto de la escena: a la izquierda los trofeos de la caza que habían logrado las ninfas y a la derecha, una de ellas recostada de espaldas, uno de los desnudos más sensuales de la producción del artista. En segundo plano, a modo de friso corrido, en grupos de dos figuras, la lucha de las ninfas por zafarse del ataque de los faunos.

La pintura es fruto de la época más sensual y poética de Rubens, coincidente con su última década de vida. Demuestra el dominio del movimiento, creando una composición abierta y muy dinámica. El pintor contó con la colaboración de otros artistas, como Frans Snyders para la realización de los animales y Jan Wildens para el paisaje.

Formó parte de una serie de dieciocho pinturas destinadas a las bóvedas del Alcázar de Madrid. El conjunto era una apología a la destreza del cazador y las cualidades necesarias para el buen gobierno, como homenaje al joven heredero al trono, el príncipe Baltasar Carlos.


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Diana y Calisto. Hacia 1635. Óleo sobre lienzo, 202,6 x 325,5 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. En la última década de vida, Rubens abordó varias escenas mitológicas con gran carga sensual, inspiradas en textos clásicos como las Metamorfosis del poeta romano Ovidio. En este cuadro se narra el momento en que la ninfa Calisto teme desnudarse para no delatar su embarazo durante el baño con sus compañeras en el monte Ménalo. Como sus compañeras debía haber permanecido casta, pero fue seducida por Júpiter, traicionando con ello la confianza de la diosa Diana. No se conoce el origen de este cuadro, que se documenta por primera vez en 1666, cuando colgaba en las paredes del Alcázar de Madrid.


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El jardín del amor o El jardín de las Gracias. 1633-34. Óleo sobre lienzo, 198 × 283 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens.

En 1630, Rubens se casó en segundas nupcias con Elena Fourment y a partir de este hecho cambió por completo la vida del pintor que se hizo más alegre y feliz. En ese mismo año o pocos años después (los autores no se ponen de acuerdo) salió de su taller la obra que tituló El jardín del amor, considerada por los críticos como una de las mejores de su producción. Debió ser una obra muy apreciada por Rubens pues no se desprendió de ella hasta el final de su vida. La escena galante que se representa en este lienzo dio pie para una moda que se desarrolló durante todo el siglo XVIII.

La escena representa una fiesta que se celebra en un parque. El parque es el de la casa del propio Rubens en Amberes, la Rubenshuis. Diversas figuras femeninas y masculinas se encuentran en actitud relajada y satisfecha, unas sentadas y otras de pie, cercanas a una fuente dedicada a la diosa Juno, protectora del matrimonio. A su alrededor revolotean los clásicos amorcillos o putti (término que se da en arte a estas figuras). El papel simbólico de los amorcillos es el del amor y se les suele representar como en este caso, disparando flechas, arrojando flores o portando coronas.

Se cree que con este asunto Rubens trata de hacer un homenaje a su esposa, representando una fiesta conmemorativa. Algunos autores aseguran que el caballero de la izquierda es un autorretrato del autor y la dama que vemos en la parte central, apoyando su brazo sobre otra dama es Elena Fourment, con la que acababa de casarse.
La obra

La intervención de Rubens en este cuadro se centró casi exclusivamente en las figuras y en las zonas principales. En su taller se llevó a cabo por distintos colaboradores la ejecución del paisaje y algunos otros detalles. Este cuadro es el reflejo de un ambiente social galante que se anticipa en el tiempo. Será en el siglo XVIII cuando tome plenitud este tipo de pintura, sobre todo en los pinceles de Watteau, cuya obra tiene mucha influencia de Rubens.


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Banquete de Tereo. 1636 - 1638. Óleo sobre lienzo, 195,5 x 266 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens y taller.

La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayor parte de los cuadros ejecutados a partir de los bocetos, entre ellos los catorce realizados por el propio Rubens o por su taller (los demás cuadros fueron pintados por otros artistas).

Procne, esposa de Tereo, rey de la Tracia, le muestra a éste la cabeza de su hijo y le desvela así que acaba de comérselo en un exquisito banquete preparado por ella en venganza por haber violado a su hermana.


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Hércules matando al dragón del jardín de las Hespérides. 1635 - 1640. Óleo sobre lienzo, 64,3 x 103,5 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens, y taller. En los últimos años de la década de 1630, poco antes de su muerte, Rubens recibió varios encargos para decorar con escenas mitológicas el Alcázar, o Palacio Real de Madrid. Esta escena pertenece a uno de dichos encargos. Representa uno de los doce trabajos que el rey Euristeo impuso a Hércules: el héroe debía obtener las manzanas de oro que nacían del jardín de las ninfas Hespérides y que proporcionaban la inmortalidad. El jardín estaba vigilado por el dragón Landón, al que el héroe debió vencer antes de obtener su botín.


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Perseo liberando a Andrómeda. 1639 - 1641. Óleo sobre lienzo, 267 x 162 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. Es uno de los últimos cuadros abordados por Pedro Pablo Rubens. A su muerte en 1640 fue finalizado por Jacob Jordaens.    

Como castigo a la vanidad de Casiopea, que se consideraba la más bella de las nereidas, Posidón, dios del mar, envió un monstruo al reino de Etiopía, cuya furia sólo podía ser detenida con la entrega de Andrómeda, hija de Casiopea.

El cuadro ilustra el momento en que Perseo libera a Andrómeda de sus ataduras. Enamorado de ella, como delata la presencia de Cupido con su carcaj, posteriormente la convertirá en su esposa. Himeneo, dios del matrimonio, anuncia este enlace con su habitual antorcha. Al fondo, Rubens representa a Pegaso, la montura de Perseo, junto al monstruo vencido.

Encargada por Felipe IV para el Salón Nuevo del Alcázar de Madrid, la pintura era una alegoría política del poder de la Monarquía Hispánica. El héroe, con armadura moderna del siglo XVI, casco y escudo con la cabeza de la Medusa, sería así una metáfora del propio monarca y su dominio sobre el mal.


 39_eolo

Eolo. Principio del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 140 x 126 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. Formaba parte de una Serie de los Cuatro Elementos a la que también pertenecía la obra P1717. Estuvo en la Sala Reservada del Museo hasta 1838. Se encuentra depositado en el Museo de Bellas Artes de Asturias (Oviedo).


 51vulcano_forjando_los_rayos_de_j_piter

Vulcano forjando los rayos de Júpiter. 1636 - 1637. Óleo sobre lienzo, 182,5 x 99,5 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayor parte de los cuadros ejecutados a partir de los bocetos, entre ellos los catorce realizados por el propio Rubens o por su taller (los demás cuadros fueron pintados por otros artistas).

Exiliado en el Hades, Vulcano, hijo de Júpiter y Juno, forja  los rayos del dios supremo ayudado por Cíclope, el gigante de un solo ojo.


 52_s_tiro

Sátiro. 1636 - 1638. Óleo sobre lienzo, 181,5 x 68 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Ruben y taller. La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayor parte de los cuadros ejecutados a partir de los bocetos, entre ellos los catorce realizados por el propio Rubens o por su taller (los demás cuadros fueron pintados por otros artistas).

Los sátiros eran moradores de los bosques que se identificaban con las pasiones, la lujuria y el engaño, cuyo símbolo visible es la máscara. Complemento de una pintura perdida que representaba la Razón, es posible que juntas aludiesen a las dos pasiones que guiaban el comportamiento de los dioses.


 53_la_fortuna

La Fortuna. 1636 - 1638. Óleo sobre lienzo, 182,3 x 100,5 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens, y taller.  La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayor parte de los cuadros ejecutados a partir de los bocetos, entre ellos los catorce realizados por el propio Rubens o por su taller (los demás cuadros fueron pintados por otros artistas).

La Fortuna, apoyada sobre una esfera, parece navegar por el mar. La diosa puede traer la dicha o la desgracia, dualidad que muestra el pintor en el contraste entre la calma y la tempestad. En el conjunto de la Torre de la Parada alude a la incertidumbre que resulta de las pasiones.


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Saturno devorando a un hijo. 1636 - 1638. Óleo sobre lienzo, 182,5  x 87 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayor parte de los cuadros ejecutados a partir de los bocetos, entre ellos los catorce realizados por el propio Rubens o por su taller (los demás cuadros fueron pintados por otros artistas).

Temiendo la profecía que anunciaba que sus hijos le arrebatarían el trono de los dioses, Saturno los devoró uno a uno, sobreviviendo únicamente Zeus, que cumpliría luego el vaticinio. La guadaña alude a su identificación con Cronos o el Tiempo que siega la vida, mientras las estrellas recuerdan el planeta al que da nombre.


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Mercurio y Argos. 1636 - 1638. Óleo sobre lienzo, 180 x 298 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayor parte de los cuadros ejecutados a partir de los bocetos, entre ellos los catorce realizados por el propio Rubens o por su taller (los demás cuadros fueron pintados por otros artistas).

Mercurio fue enviado por Júpiter para matar al pastor Argos y recuperar así a la ninfa Io, a la que convirtió en ternera para evitar los celos de su esposa Juno. Con su flauta, Mercurio adormece al pastor, que cierra sus múltiples ojos, antes de cortarle la cabeza.



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Adán y Eva. 1628 - 1629. Óleo sobre lienzo, 237 × 184 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens.     


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Danza de aldeanos 1635. Óleo sobre tabla, 73 × 106 cm. Es un cuadro de Pedro Pablo Rubens conservado en el Museo del Prado. Rubens es considerado por los críticos como el pintor más representativo del arte barroco del siglo XVII en su versión de pintura flamenca. A su muerte dejó en su casa 319 obras, un verdadero museo de pinturas que el artista guardaba para sí. De todas ellas, 93 eran de artistas flamencos primitivos o romanistas, 10 de Tiziano, 26 de Tintoretto y Veronés, más algunas copias de Tiziano y de otros pintores.

Felipe IV consiguió que los embajadores enviados compraran algunos cuadros en la testamentaría del pintor. Uno de ellos fue éste, Danza de aldeanos. Se pagó por él 800 florines. Se colgó en el comedor de verano de los reyes, en el antiguo Alcázar de Madrid.

El tema del cuadro es costumbrista con mezcla de mitología pues los personajes parece que están sacados de una escena de bacanal del paganismo. Los aldeanos están muy animados por el sol, las canciones y el vino y danzan en corro, cogidos de la mano, en un paisaje del atardecer estival, al son de un músico flautista que les observa subido en un árbol. Las figuras están pintadas en escorzo y van vestidas con luminosos y alegres vestidos lugareños, de vivos colores. La perspectiva aérea hace a los objectos alejados más borrosos. Rubens pintó otro cuadro con este mismo tema, llamado Kermés, (1630-35), que se halla expuesto en el museo del Louvre de París. Rubens pintó este cuadro en los últimos años de su vida, pero demuestra en la obra la misma energía y fuerza de siempre, aunque su rostro (a juzgar por el autorretrato de esos años) no manifestaba ya tal vigor.


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El nacimiento de la Vía Láctea. 1636 - 1638. Óleo sobre lienzo, 181 x 244 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayor parte de los cuadros ejecutados a partir de los bocetos, entre ellos los catorce realizados por el propio Rubens o por su taller (los demás cuadros fueron pintados por otros artistas).

Nacido de los amores de Júpiter y la ninfa Alcmena, Hércules fue colocado por su padre en el pecho de su esposa Juno mientras ella dormía, para que su alimento le hiciera inmortal. La vehemencia del niño despertó a Juno que, ofendida, lo apartó bruscamente. La leche derramada formaría la Vía Láctea, o camino de estrellas que conduce al Olimpo.


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El rapto de Proserpina. 1636 - 1637. Óleo sobre lienzo, 181 x 271,2 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens, y taller. La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.

El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayor parte de los cuadros ejecutados a partir de los bocetos, entre ellos los catorce realizados por el propio Rubens o por su taller (los demás cuadros fueron pintados por otros artistas).

Proserpina, hija de Ceres, la diosa de la tierra, fue raptada por Plutón, dios de los infiernos. Pese a la oposición de Minerva, Venus y Diana, el rapto fructificará en amor, según delata la presencia de Cupido, en el aire, y de  Himeneo, dios del matrimonio, con la antorcha. Ante la protesta de su madre, Júpiter concedería que Proserpina volviese seis meses al año con Ceres, momento en que la tierra, feliz, produce su fruto.


 40filop_menes_descubierto    

Filopómenes descubierto. Hacia 1609. Óleo sobre lienzo, 201 x 313,5 cm. Obra de Pedro Pablo Rubens y Frans Snyders. Este cuadro supone la primera colaboración entre Rubens y Snyders, ambos recién regresados a Amberes desde Italia. Representa una historia narrada por Plutarco, según la cual el poderoso general griego Filipómenes fue reconocido por sus anfitriones en el momento en que cortaba madera para ayudarles a preparar un banquete que se iba a celebrar en su honor. El argumento permitía transmitir conceptos como la humildad y la grandeza de espíritu, a la par que incluir una naturaleza muerta, evidenciando la capacidad de Snyders para tratar este asunto. Rubens realizó un boceto para la escena (París, Musée du Louvre) que demuestra que fue él quien inventó toda la composición, y que Snyders siguió sus instrucciones. El cuadro se documenta por primera vez en 1666 en el Alcázar de Madrid.

  
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Paisaje con Psique y Júpiter. 1610; Hacia 1630. Óleo sobre lienzo, 95 x 129 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens y Paul Bril. Al morir Rubens, la obra fue comprada a sus herederos para Felipe IV.

Una de las prácticas que mejor transmiten el fuerte impulso creativo de Rubens es su costumbre de intervenir en pinturas realizadas anteriormente, tanto suyas como de otros artistas. En esta obra modificó un paisaje que el especialista Paul Bril (1554-1626) había realizado en Roma en 1610 y que incluía una representación de San Jerónimo, convirtiéndolo en el escenario de una composición mitológica que narraba el momento en que Júpiter, transformado en águila, ayuda a Psique a obtener el agua del río Styx. Bajo la figura de Psique aún pueden apreciarse las ropas del santo representado inicialmente, así como ciertos cambios en la disposición de las rocas y los árboles en la parte izquierda de la escena.


 43_ninfas_y_s_tiros

Ninfas y sátiros. 1638 - 1640. Óleo sobre lienzo, 139,7 x 167 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens. Este es uno de varios cuadros de Rubens que fueron transformados por el propio pintor años después de ser pintados (las huellas de la composición original y de los cambios realizados aún son visibles en algunas partes de la superficie del lienzo). Las ninfas personifican la fecundidad de la naturaleza. Su belleza despertaba el deseo de los sátiros, moradores de los bosques, cuya custodia les estaba asignada. El tema de ninfas y sátiros representa la exaltación del deseo como motor de la vida. La cornucopia repleta de frutos y el agua simbolizan la abundancia y la prosperidad de la naturaleza. Tras la muerte de Rubens, este cuadro fue adquirido a sus herederos para Felipe IV.


 44_la_muerte_del_c_nsul_decio

La muerte del cónsul Decio. 1616 - 1617. Óleo sobre tabla, 100 x 140,5 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens. El cuadro fue donado al Museo del Prado por la duquesa viuda de Pastrana en 1889.

La presente tabla es uno de los modelos diseñados por Rubens para una serie de tapices sobre la vida de este héroe, basada en la Historia de Roma de Tito Livio. Rubens representa con gran elocuencia el ejemplo moral del cónsul romano Publio Decio quien, siguiendo los augurios de un sueño, sacrifico su propia vida a cambio de la victoria final de los romanos sobre los latinos. El terrible momento en que el héroe romano es abatido del caballo ejemplifica visualmente los ideales del estoicismo, corriente filosófica muy admirada por el artista que marcó varias de sus obras.


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La visión de San Huberto, 1617 - 1620. Óleo sobre tabla, 63 x 100,5 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo. La devoción hacia San Huberto, cuyo milagro tuvo lugar en los bosques de Flandes en época medieval, se incrementó en los inicios del siglo XVII, multiplicándose el interés por su representación. Esta obra es un ejemplo de la colaboración entre Brueghel, que pintó el paisaje, y Rubens, que pintó la figura del santo, arrodillado, arrepentido por su anterior vida disipada y adorando al ciervo en cuya testuz milagrosamente había contemplado una cruz cuando se disponía a darle caza. Se documenta en 1637 en la colección del marqués de Leganés, uno de los principales admiradores de la pintura flamenca en la corte de Felipe IV, y pasó tras su muerte en 1655 al rey.


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La muerte de Séneca. 1612 - 1615. Óleo sobre lienzo, 181 x 119,8 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens y taller. La repetición de obras fue práctica común en el taller de Rubens. Un ejemplo es esta réplica de una pintura enteramente autógrafa que se encuentra en la Alte Pinakothek de Múnich. La escena relata la muerte del filósofo romano Séneca, que fue indignamente acusado de traición y obligado por Nerón a suicidarse en el año 65, y resalta los valores del estoicismo, corriente de pensamiento muy vigente en Europa a principios del siglo XVII. El rostro del filósofo se basa en un busto antiguo que Rubens tenía una versión en su colección. Aunque en época de Rubens se suponía que era un retrato de Séneca, actualmente esta identificación ha sido rechazada. La pintura se documenta desde 1637, cuando una composición poética de Manuel de Gallegos la cita en el Palacio del Buen Retiro.


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El cardenal-infante Fernando de Austria, en la batalla de Nördlingen. 1634 - 1635. Óleo sobre lienzo, 337,5 x 261 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens. El hermano de Felipe IV fue retratado por Rubens inmediatamente después de asumir el gobierno de los Países Bajos meridionales, en conmemoración de la relevante victoria que había obtenido sobre el ejército protestante en su viaje desde Milán a Bruselas. El artista ideó una imagen ecuestre a la antigua, donde la serenidad del cardenal contrasta con la agitación del caballo. Los habituales elementos alusivos a la capacidad militar y de gobierno se unen al águila, símbolo de los Habsburgo, y a la alegoría de la Venganza Divina, completando el mensaje victorioso. Probablemente éste sea el retrato que el secretario Real Miguel de Olivares adquirió para el Rey hacia 1645 a los herederos de Rubens.


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Tomás Moro. 1630 - 1635. Óleo sobre tabla, 105,6 x 73,1 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens. La copia de obras de otros autores fue una práctica habitual en Rubens. Es muy destacable su interés por Hans Holbein el Joven (h. 1498-1543). Si en su juventud había copiado la serie de grabados denominados Las imágenes de la Muerte, en sus últimos años abordó esta copia libre del retrato que el pintor alemán realizó en 1527 del humanista inglés Tomás Moro, hoy en la Frick Collection de Nueva York. Rubens eliminó algunos elementos accesorios, como un cortinaje y una cadena que el modelo porta al cuello en el original. La obra se documenta en una colección particular en Amberes en 1652, y aparece en 1746 en la colección de la reina Isabel Farnesio, en Madrid.


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Felipe II a caballo. 1629 - 1640. Óleo sobre lienzo, 251 x 237 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens. En este retrato Rubens cita muy directamente dos obras de arte que tenían un gran prestigio en la corte española. El diseño general del retrato ecuestre se inspira en la figura de Carlos V a caballo que aparece en uno de los tapices de la serie La conquista de Túnez, diseñada por Jan Cornelisz Vermeyen (h.1500-h.1559). Pero el rostro y el cuerpo armado de Carlos V han sido substituidos por los de su hijo, Felipe II, y reproducen un retrato pintado por Tiziano (Museo del Prado). Aunque se desconoce el origen preciso de este cuadro, sólo documentado desde 1686, cuando colgaba de las paredes del Alcázar de Madrid, el uso de dos imágenes tan importantes dentro de la Monarquía Española sugiere que se trata de un encargo procedente de la corte de Madrid o de la de Bruselas (Texto extractado de Pérez Preciado, J. J.; Vergara, A., Rubens. Guía de exposición, 2010, p. 29).


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Retrato ecuestre del duque de Lerma. Obra de Pedro Pablo Rubens. 1603. Óleo sobre lienzo, 290,5 cm x 207,5 cm. Museo del Prado. Procedencia: Del duque de Lerma pasó a las colecciones reales, donde estaba en 1635. Felipe IV lo regaló al almirante de Castilla; en 1800 era del marqués de Denia; en 1878 se encontraba en la casa de Medinaceli; en 1909, el conde de Gavia casó con una hija del de Medinaceli que lo había heredado. La última condesa de Gavia lo regaló a los P.P. Capuchinos de Madrid, a quienes fue adquirido para el Museo en 1969.

"El rey refirió a un caballero al duque de Lerma, a lo que el caballero contestó que de haber podido conseguir esa audiencia no habría tenido necesidad de visitar al rey". Con esta anécdota, el propio Rubens explicaba el poder del valido de Felipe III, que tanto le impactó durante su primera visita a España. El equivalente visual de tal idea es este retrato, que Rubens pintó en Valladolid, y donde representó a Lerma como un todopoderoso guerrero a caballo, siguiendo modelos de la Antigüedad. Éste es uno de los escasos cuadros de Rubens que están firmados. Tras un breve paso por la colección real en el siglo XVII, el retrato volvió a los herederos del duque y fue adquirido por el Museo en 1969.


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La infanta Isabel Clara Eugenia. Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo. Hacia 1615. Óleo sobre lienzo, 113 cm x 175,8 cm. Museo del Prado. Procedencia: Colección Real (Real Alcázar, Madrid, bóvedas que caen a la Priora-piezas pequeñas de las Bóvedas que salen a la Priora, 1686, s.n.; Real Alcázar, Madrid, piezas pequeñas de las bóvedas que salen a la Priora, 1700, nº 429; Palacio Real Nuevo, Madrid, primera sala de la Furriera, 1747, nº 99; Palacio del Buen Retiro, Madrid, pieza del Banquillo, 1772, nº 99; Buen Retiro, 1794, nº 177; Palacio Real, Madrid, secretaría de Estado, 1814-1818, nº 177).

Rubens y su amigo Jan Brueghel el Viejo trabajaron juntos en varios cuadros para los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, príncipes soberanos de los Países Bajos meridionales, durante uno de los periodos en los que este territorio conoció un mayor desarrollo. Ambos artistas expresaron en sus colaboraciones la riqueza, exuberancia y progreso de la tierra flamenca, en pinturas de fuertes connotaciones políticas. En este cuadro y su pareja (P01683), Rubens pintó los retratos y Brueghel incorporó el paisaje y las residencias dinásticas de Tervuren y Mariemont, subrayando así la unión de los gobernadores con sus territorios.Los cuadros fueron propiedad de don Rodrigo Calderón, un personaje destacado de la corte de Felipe III, y pasaron tras su muerte en 1621 a poder de Felipe IV.


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El archiduque Alberto de Austria. Obra de Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo. Hacia 1615. Óleo sobre lienzo, 113,5 x 177,5 cm. Museo del Prado. Procedencia: Colección Real (Real Alcázar, Madrid, bóvedas que caen a la Priora-piezas pequeñas de las Bóvedas que salen a la Priora, 1686, s.n.; Real Alcázar, Madrid, piezas pequeñas de las bóvedas que salen a la Priora, 1700, nº 428; Palacio Real Nuevo, Madrid, primera sala de la Furriera, 1747, nº 98; Palacio del Buen Retiro, Madrid, piezas que siguen al casón, 1772, nº 98; Buen Retiro, 1794, nº 436; Palacio Real, Madrid, secretaría de Estado, 1814-1818, nº 436).

Rubens y su amigo Jan Brueghel el Viejo trabajaron juntos en varios cuadros para los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, príncipes soberanos de los Países Bajos meridionales, durante uno de los periodos en los que este territorio conoció un mayor desarrollo. Ambos artistas expresaron en sus colaboraciones la riqueza, exuberancia y progreso de la tierra flamenca, en pinturas de fuertes connotaciones políticas. En este cuadro y su pareja (P01684), Rubens pintó los retratos y Brueghel incorporó el paisaje y las residencias dinásticas de Tervuren y Mariemont, subrayando así la unión de los gobernadores con sus territorios. Los cuadros fueron propiedad de don Rodrigo Calderón, un personaje destacado de la corte de Felipe III, y pasaron tras su muerte en 1621 a poder de Felipe IV.


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El juicio de Salomón. 1611 - 1614. Óleo sobre lienzo, 184 x 218,5 cm. Museo del Prado. Obra de Pedro Pablo Rubens y taller. La historia de la justicia del rey Salomón ejercía sobre el mundo del Barroco una fuerte atracción como ejemplo de sabiduría y buen gobierno. En esta escena vemos el momento preciso en que el monarca hebreo ordena partir al niño y repartirlo entre las dos presuntas madres. Aunque la obra fue ejecutada por un miembro no identificado del taller de Rubens, la representación de las emociones de las figuras, en especial las de la verdadera madre, y el conocimiento de la estatuaria clásica delatan los intereses artísticos del maestro. La obra no se documenta hasta 1746, cuando pertenecía a la colección de la reina Isabel Farnesio en Madrid.


 25la_adoraci_n_de_los_reyes_magos_museo_del_prado

La Adoración de los Reyes Magos. Obra de Peter Paul Rubens. La pintura, la mayor de Rubens que posee el Museo del Prado y una de las de mayores dimensiones de toda la colección del Museo, se caracteriza por su colorido —en el que destacan los amarillos, rojos y violetas—, movimiento y fastuosidad. A pesar de ser una de las más aparatosas y desbordadas de su autor, está nítidamente organizada, con un eje diagonal que parte simbólicamente del Niño Jesús y llega hasta el ángulo opuesto, en el extremo superior derecho. También con un claro simbolismo el pintor sitúa en la figura del Niño el foco de luz que ilumina toda la escena.

En la franja añadida a la derecha Rubens incluyó su autorretrato. Se representó montado a caballo, con espada y cadena de oro, reflejando con ello la condición nobiliaria que le había concedido en 1624 Felipe IV. Fue además la única vez que incluyó un autorretrato suyo inequívoco en una pintura narrativa.


 29inmaculada_concepci_n_leo_sobre_lienzo_198_x_124_cm_1628_museo_del_prado

Inmaculada Concepción, 1628, óleo sobre lienzo, 198 x 124 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. Las actividades artísticas de Rubens en Madrid se conocen por textos de época, que mencionan que realizó cuadros para particulares. Es el caso de esta representación de la Inmaculada Concepción, una de las principales devociones católicas y la única de este tema que abordó durante su vida. Fue pintada para el marqués de Leganés, uno de sus mayores admiradores en la corte madrileña. Este político y militar, muy relacionado con los Países Bajos, incentivó el gusto de Felipe IV por la obra del pintor flamenco, en parte gracias a la inmediata donación de esta pintura, que fue colocada en el oratorio del rey del Alcázar de Madrid, donde se documenta ya en 1636.


 30descanso_en_la_huida_a_egipto_con_santos

Descanso en la Huida a Egipto con santos, óleo sobre tabla, 87 x 125 cm, h. 1635-1636. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. Algunas creaciones de Rubens mezclan escenas religiosas bíblicas de carácter narrativo con obras de mayor carga devota e intelectual, al incluir personajes ajenos originariamente a la historia. En este caso, San Jorge, Santa Catalina y otra santa no identificada parecen vigilar el descanso del Niño durante la Huida a Egipto, mientras unos ángeles juegan con el Cordero, símbolo del sacrificio. La obra procede de la colección del rey inglés Carlos I y llegó a España tras su ejecución en 1649 y la venta de sus bienes.


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La Sagrada Familia con Santa Ana. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo, 116 x 91 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. Francisco de los Santos en su descripción del Monasterio de El Escorial de 1667 cita esta obra en las estancias del capítulo del prior. La considera una de las mejores de cuantas colgaban de sus paredes y elogia su impacto en el espectador al mencionar cómo "no la mira ninguno, que no sienta en su corazón extraordinario gozo", lo que ilustra, el aprecio que se tenía a esta pintura en la época. Probablemente estaría allí colgada ya en 1660, dado que fue Velázquez, muerto ese año, quien remodeló las salas capitulares. La obra destaca por la caracterización de los estados de ánimo de los personajes y el grado de amorosa intimidad que transmite. El pecho descubierto de María es una alusión a su papel de fuente de vida.. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens.


 46_la_sagrada_familia_con_santa_ana

La Sagrada Familia con Santa Ana. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo, 116 x 91 cm. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. Francisco de los Santos en su descripción del Monasterio de El Escorial de 1667 cita esta obra en las estancias del capítulo del prior. La considera una de las mejores de cuantas colgaban de sus paredes y elogia su impacto en el espectador al mencionar cómo "no la mira ninguno, que no sienta en su corazón extraordinario gozo", lo que ilustra, el aprecio que se tenía a esta pintura en la época. Probablemente estaría allí colgada ya en 1660, dado que fue Velázquez, muerto ese año, quien remodeló las salas capitulares. La obra destaca por la caracterización de los estados de ánimo de los personajes y el grado de amorosa intimidad que transmite. El pecho descubierto de María es una alusión a su papel de fuente de vida.


 32la_cena_en_ema_s

La cena en Emaús, óleo sobre lienzo, 143 x 156 cm, 1638. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens. Fue adquirido en 1640 en la almoneda de Rubens para Felipe IV.

Dos peregrinos en trayecto a Jerusalén se encuentran con un caminante a quien invitan a cenar. En el momento en que el desconocido bendice el pan en la mesa, reconocen en él a Cristo resucitado, según relata el Evangelio de San Lucas (24, 13-55).

El pintor sitúa la escena en un espacio semiabierto a un paisaje arquitectónico, con una fortaleza y un edificio barroco por el que se asoma una figura, los cuales, junto con la calidez de la luz empleada, dan un cierto aire italianizante a la obra.

Las figuras de los peregrinos, con sus gestos, muestran el dominio de la expresividad por parte del Rubens más maduro. A un lado, el grotesco posadero contempla la escena, ignorante de la trascendencia religiosa del acontecimiento.


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La lucha de san Jorge con el dragón, óleo sobre lienzo, 304 x 256 cm, 1606-1610. Museo del Prado. Obra de Peter Paul Rubens.

Rubens aborda la leyenda del santo que salvó a una princesa de un dragón como una violenta explosión de energía concentrada en el jinete que se abalanza sobre la fiera. La exaltación del movimiento tiene su momento crucial en el caballo, representado de manera grandilocuente por el artista, pues estos animales son uno de los asuntos que más parecen entusiarmarle. La obra fue realizada en Italia, y en la figura de la princesa se aprecia el impacto que la escultura clásica supuso para Rubens, y en el caballo, la influencia de Leonardo da Vinci. El cuadro fue adquirido por el rey Felipe IV a los herederos de Rubens tras la muerte del pintor en 1640.


La serie de Los Sentidos

La serie de 'Los Sentidos' que conserva el Museo del Prado es uno de los mayores logros estéticos de la colaboración artística entre Pedro Pablo Rubens, que realizó las figuras alegóricas de cada uno de los sentidos, y Jan Brueghel el Viejo, que representó los exuberantes escenarios cortesanos. Artes plásticas, música, caza, naturaleza y armas, aparecen exhibidos en escenas que transmiten la riqueza y sofisticación de la corte de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, retratados en la escena de La Vista, y cuyos palacios se aprecian en la lejanía. En El Olfato (P01396), vemos referencias al coleccionismo de flores y plantas, que era parte de la cultura cortesana de la época, y también a otros objetos perfumados muy del gusto de la nobleza, como los guantes de ámbar. En El Tacto (P01398) las armaduras reflejan el interés por el coleccionismo de armaduras en los inicios del siglo XVII, mientras que en La Vista (P01394) el protagonismo es para el coleccionismo de pintura y otros objetos. El edificio que se ve al fondo de este cuadro es el Castillo de Coudenberg, sede principal de la corte de los Archiduques. La opulencia del bodegón que se ve en el primer plano de El Gusto (P01397), y la frondosidad del paisaje exterior, aluden a la abundancia de los Países Bajos. La serie pasó por las manos de varios nobles y aficionados al arte de la pintura antes de ser entregada a Felipe IV. En 1636 colgaba ya de las paredes del Alcázar de Madrid.


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La Vista - Autores: Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo. 1617. Óleo sobre tabla, 64,7 x 109,5 cm. Museo Nacional del Prado


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El Oído - Autores: Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo. 1617-18. Materia: Acero. Óleo sobre tabla, 64 x 109,5 cm. Museo Nacional del Prado


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El Olfato - Autores: Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo. 1617. Óleo sobre tabla, 65 x 111 cm. Museo Nacional del Prado


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El Tacto - Autores: Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo. 1617. Óleo sobre tabla, 64 x 111 cm. Museo Nacional del Prado


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El Gusto - Autores: Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo. 1617. Óleo sobre tabla, 64 x 109 cm. Museo Nacional del Prado


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Rubens en el Museo Thyssen

Peter Paul Rubens (Siegen, 1577 - Amberes, 1640) Rubens nació en Siegen, Westfalia, en 1577, en el seno de una familia acomodada. Tras la muerte de su progenitor, en 1587, regresó a Amberes donde sus padres se habían establecido antes de su traslado a Alemania. Empezó su aprendizaje en el taller de Tobias Verhaecht y Adam van Noort, continuando su formación, hasta los veinte años, con Otto van Veen. En 1600 está documentado en Italia al servicio del duque de Mantua. Durante esa estancia visitó Roma, así como numerosas ciudades del Norte de la Península. En 1603, en una misión encomendada por el duque, estuvo en España, regresando a Mantua en 1604, siendo nombrado, a su vuelta, pintor de cámara de Vicenzo Gonzaga. En 1608 se estableció en Amberes y en 1609 entró al servicio de los archiduques Alberto e Isabel. Entre las obras que realizó en la década de 1610 se encuentran el Autorretrato con su mujer Isabel Brandt, en la AltePinakothek de Múnich y los trípticos La erección de la Cruz y El Descendimiento, ambos en la catedral de Amberes, conjuntos los dos que cimentaron aún más su fama. En 1620 se data una de sus obras maestras, La Lanzada, realizada para la nueva iglesia de los Jesuitas en Amberes y dos años más tarde María de Médicis le encargó, para el Palais de Luxembourg, una serie cuyo tema consistía en ilustrar distintos episodios de su vida. En 1628 viajó de nuevo a España en misión diplomática y al año siguiente a Inglaterra, donde fue recibido, al igual que en España, con toda clase de honores. En 1638 realizó para Felipe IV la decoración de la Torre de la Parada con escenas de las Metamorfosis de Ovidio. De esta década son también El jardín del amor, del Museo del Prado de Madrid, y el Tríptico con san Ildefonso, del Kunsthistorisches Museum de Viena. En los últimos años de su carrera cultivó el paisaje. Su influencia sobre el panorama artístico del XVII fue enorme tanto en Flandes como en el resto de Europa, a lo que sin duda, además de su fama, contribuyeron también los grabados que encargó de sus pinturas


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Retrato de una joven dama con rosario, c. 1609-1610. Óleo sobre tabla, 107 x 76,7 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Peter Paul Rubens.

Este retrato de una dama sin identificar está datado entre 1609 y 1610, años en los que Rubens estaba ya establecido en Amberes tras su regreso de Italia en 1608. En 1609 tuvieron lugar dos hechos trascendentales en su vida: su matrimonio con Isabel, la hija del funcionario y erudito Jan Brandt, y su nombramiento como pintor oficial de los archiduques Alberto e Isabel. Rubens obtuvo de éstos un trato especial que le permitió mantener su residencia en Amberes, además de conseguir sustanciosas ventajas de tipo fiscal y una buena remuneración anual. Entre sus obligaciones como pintor vinculado a la corte estuvo la de ejecutar una serie de retratos de Alberto e Isabel destinados a los familiares de los archiduques en las cortes europeas.

Rubens compaginó sus compromisos con los gobernadores de los Países Bajos con la realización de encargos muy diversos que le obligaron, conforme se fue extendiendo y consolidando su fama, a organizar un amplio y eficaz taller que le permitiera responder a la demanda, cada vez mayor, de pinturas suyas. En esos primeros años en Amberes, contó con la amistad y la ayuda de dos importantes personajes: el burgomaestre de la ciudad, Nicolas Rockox, y el mercader Cornelis van der Gest. Precisamente a Rockox se debe el primer encargo importante encomendado a Rubens en la ciudad: La Adoración de los Magos, destinada a la decoración de la Sala de los Estados del Ayuntamiento de la ciudad y que está hoy en el Museo Nacional del Prado. Este lienzo, entre otras cosas, le sirvió a Rubens para abrirse un mercado más amplio en el que los retratos ocuparon un lugar destacado.

Rubens había dejado ya una amplia galería de retratos durante su estancia en Italia. Por lo demás, las innovaciones que introdujo y que fijaron el tipo de retrato barroco por excelencia se advierten en El duque de Lerma a caballo del Museo Nacional del Prado, un retrato pintado durante su primera visita a España en misión oficial y en el que rompió las fórmulas renacentistas para presentar al duque avanzando hacia el espectador lleno de dinamismo y fuerza. En la tabla de nuestro Museo sustituyó los fondos arquitectónicos con balaustres y terrazas de sus retratos genoveses por una tela cálida de fuerte colorido ante la que aparece, de pie, una joven vestida con riqueza y que sostiene en sus manos un rosario. Precisamente por la suntuosidad y elegancia con que viste la figura, se la trató de identificar con algún miembro aristocrático de la corte de Bruselas. Sin embargo, hay que hacer notar que en otro singular retrato, el de El pintor con Isabel Brandt en la Alte Pinakothek de Múnich, realizado en esa época con motivo de su matrimonio, Rubens nos presenta a su esposa, procedente de la próspera burguesía amberina, con unas ropas que igualan en riqueza a las de la mujer de este óleo. Las calidades con las que Rubens describe los encajes de la gola, mangas y tocado, los tonos plateados del corpiño ribeteados con hilo dorado, o las matizaciones del traje oscuro, así como el cristal con el que está elaborado el rosario, nos devuelven una vez más a sus retratos de nobles genoveses.

El hecho de que esta mujer sostenga en sus manos un rosario, objeto que representa una forma de oración fomentada e impulsada por la orden de los dominicos, se ha relacionado, como ha apuntado Gaskell, con la devoción personal de la retratada. Un rosario de rosas fue el objeto que le entregó la Virgen al fundador de los dominicos, santo Domingo de Guzmán, y que le sirvió al santo en su victoria contra los herejes albigenses.

La pintura se ha comparado por su parecido en la puesta en escena y por la pose de ambas mujeres con el retrato de Eléonore de Bourbon, princesa de Orange, en el Frick Art Museum de Pittsburg. Müller Hofstede, además, la relacionó con el Retrato de un caballero, de una colección privada de Zurich, como posible pareja de nuestra tabla.

Se cree que este retrato formó parte de la colección de los descendientes de Rubens. A este respecto se han mencionado como primeros propietarios a Philippe van Parys, marido de la hija de Rubens, Clara Eugenia, y a Philippe-Constant van Parys y su esposa Catalina, que era nieta del pintor. El óleo permaneció en la familia, por herencia, hasta 1853, fecha en la que fue subastado en Bruselas. La pintura, a partir de entonces, perteneció a varias colecciones privadas y galerías de marchantes, ingresando finalmente en la colección Thyssen-Bornemisza, en 1979, cuando fue adquirida en Roma.


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La ceguera de Sansón, c. 1609-10. Óleo sobre tabla, 37,5 x 58,5 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Peter Paul Rubens.

Este episodio de Sansón que ilustra Rubens está recogido en el Antiguo Testamento. Según el relato bíblico, a Dalila, por encargo de los filisteos que querían capturar y castigar a Sansón, le propusieron seducirle para que descubriera el secreto de su gran fuerza y facilitar de esta manera su prendimiento. Dalila, que fue remunerada por este trabajo, consiguió tras varios intentos y burlas de Sansón que le abriera su corazón y le confiara su secreto. La mujer le durmió sobre sus rodillas y llamó a un hombre para que le rapara las siete trenzas de su cabellera, donde residía el origen de su inmensa fuerza. Una vez desposeído el nazareo de su energía, Dalila avisó a los filisteos, que le capturaron, le sacaron los ojos y le llevaron a Gaza. Rubens ha elegido el momento más dramático y violento de la historia, cuando los filisteos, representados por cuatro figuras, se lanzan sobre el gigante para reducirle. El grupo que compone el pintor es compacto, destacando en él, por la posición y por la postura forzada, al protagonista de la historia, que se defiende ofreciendo resistencia momentos antes de ser derribado. Los filisteos portan una lanza que apunta al pecho de Sansón, una antorcha, cuya llama es el único toque de bermellón que emplea el pintor en la escena, y una daga que peligrosamente se dirige a los ojos del forzudo. Dalila se coloca a la izquierda, cubierta parcialmente por unas telas carminosas, en un exagerado escorzo y acompañada de una anciana que puede identificarse como una sirvienta.

Este boceto monocromo, trabajado en marrones y grises, de técnica suelta y rápida, perteneció a Robert von Hirsch, en cuya colección estuvo en 1925. Fue subastado en Londres, en 1978, siendo adquirido en ese mismo año para la colección Thyssen-Bornemisza. La pintura estuvo considerada como obra de Anton van Dyck cuando formó parte de la colección Hirsch, siendo atribuida a Rubens por Glück y Burchard en cartas enviadas al propietario de la tabla fechadas en 1928 y 1929.

Rubens trató este tema en otras ocasiones y se conservan bocetos de otros momentos del episodio en el Cincinnati Art Museum, Sansón dormido en las rodillas de Dalila, y en el Art Institute of Chicago, El prendimiento de Sansón por los filisteos. Nuestra pintura mantiene paralelismos compositivos con esta última, especialmente en el grupo de filisteos que acuden a la estancia de Dalila para arrestar a Sansón, así como en la posición de las piernas del protagonista y en la figura de la anciana que encarna a la sirvienta. El boceto, como la crítica ha resaltado, guarda similitudes con el arte clásico, concretamente con el grupo de Laocoonte que Rubens dibujó desde distintos ángulos durante su estancia en Roma. La posición de Dalila tiene su fuente de inspiración en un trabajo de Perino del Vaga en el que se representa a Júpiter con Calisto. La forzada postura de Dalila fue empleada por Rubens en otros óleos, como el boceto de La pesca milagrosa del Wallraf-Richartz Museum de Colonia, donde este pronunciado escorzo se repite en uno de los pescadores.

En el Musée du Louvre se conserva un dibujo con esta composición, cuya atribución a Rubens no es unánime.


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Venus y Cupido, c. 1606-11. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Peter Paul Rubens.

Rubens fue el más importante de todos los pintores flamencos, así como un genuino representante del movimiento barroco. Venus y Cupido es una de las copias que el artista realizó de Tiziano, tomando el tema de un cuadro del maestro italiano, hoy perdido, que formó parte de las colecciones reales españolas. Destacan dos detalles significativos: el brazalete de perlas y el anillo del meñique izquierdo de Venus, ambos presentes en la obra de Tiziano. Una versión original muy próxima a esta pintura del italiano se conserva en la National Gallery de Washington, y otra del maestro flamenco en la colección Liechtenstein de Vaduz. Características propias y diferenciadas del estilo del pintor son su refinamiento y su dominio del color.

Del segundo viaje a España de Rubens, en 1628-1629, Francisco Pacheco dejó un llamativo comentario en su obra El arte de la pintura, en el que, entre otros asuntos, mencionó algunas de las actividades del pintor flamenco en la corte de Madrid. Pacheco a este respecto nos comenta «que copió todas las cosas de Ticiano que tiene el Rey, que son los dos baños, la Europa, el Adonis y Venus, la Venus y Cupido, el Adam y Eva y otras cosas». La presencia de una pintura de Tiziano con Venus y Cupido, pero esta vez con una breve descripción, está recogida en el testimonio de Cassiano dal Pozzo, en 1626, cuando visitó el antiguo Alcázar de Madrid, concretamente los apartados de verano del rey. Un inventario de pinturas fechado en 1636 en el Alcázar y realizado por orden de Felipe IV, cuando Simón Rodríguez pasó a hacerse cargo de las pinturas del Guardajoyas, sustituyendo a Juan Gómez de Mora, nos da una descripción más exacta del óleo colgado en el dormitorio del rey, en el cuarto bajo de verano: «Una pintura al óleo, de una Venus, los pechos desnudos, con ropa de levantar, carmesí, con brazalete de perlas en la mano derecha, y en dedo pequeño a la izquierda un anillo y Cupido delante de ella, desnudo con un espejo en que ella se está mirando, es de mano de Ticiano y tiene moldura dorada y negra». Este original de Tiziano fue propiedad de Felipe II y está registrado en los inventarios del antiguo Alcázar madrileño, sobreviviendo al incendio del edificio en 1734, pero desapareciendo durante la Guerra de la Independencia. La descripción que el inventario de 1636 nos da de esta obra de Tiziano se ajusta con exactitud a la composición de Rubens. Así, Venus viste una camisa blanca, cubierta parcialmente por un manto carmín. La diosa, que se cubre un pecho con las telas, se mira en un espejo que sostiene un Cupido que ha abandonado momentáneamente su trabajo con el arco y las flechas que descansan a su lado. Sin embargo, en esta descripción del inventario de 1636, hay dos detalles significativos que se perciben claramente en la composición de Rubens: el brazalete de perlas que Venus luce en su brazo derecho y el anillo de su meñique izquierdo. De este diseño de Tiziano se conserva una versión original en la National Gallery of Art de Washington, que presenta algunas diferencias con nuestro lienzo, como la inclusión de un segundo Cupido que va a coronar a Venus con flores, y otras disimilitudes en las telas que cubren a la diosa, en la posición del Cupido que sostiene el espejo y en varios elementos de la puesta en escena.

La pintura del Museo Thyssen-Bornemisza también se ha identificado con uno de los óleos que figuraban en el inventario de los bienes del artista realizado a su muerte en 1640, aunque, en este caso, se ha mencionado también la posibilidad de que esta composición del inventario de Rubens fuera la tabla con el mismo tema, conservada en la colección Liechtenstein de Vaduz. En esta obra de la colección Lichtenstein, Rubens reelaboró el episodio presentándonos a una Venus de espaldas cuyo rostro vemos, de más de tres cuartos, en el espejo que sostiene Cupido. En este inventario de 1640 aparecen once copias de Tiziano hechas por Rubens en España, Italia y otros lugares.

La datación de esta pintura ha sido conflictiva, pues mientras Burchard consideró que no pudo pintarse después de 1615, Held supuso que difícilmente puede situarse en la producción de Rubens antes de 1620. Gaskell, con estos datos y tras un minucioso análisis de los mismos, sugirió que tal vez la obra, realizada hacia 1606-1611, pudo inspirarse en un original de Tiziano que Rubens quizá conoció en Italia o en Amberes. En esta misma línea se expresó Rosenbaum en el catálogo de la gira americana de la colección Thyssen-Bornemisza entre 1979 y 1981.

La pintura ingresó en la Colección en 1957 procedente de la galería de arte Antiquitäten and Gemälde, en Hergiswil. En 1956 estuvo expuesta en Nueva York, en la galería Rosenberg and Stiebel.


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La Virgen y el Niño con santa Isabel y san Juan Bautista, c. 1618. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Peter Paul Rubens.

En la ingente producción de Rubens, que abarca todos los géneros pictóricos —todos ellos tratados con igual maestría—, ocupa un lugar destacado, por número y riqueza, la pintura religiosa, dentro de la cual el artista realizó tanto grandes piezas monumentales y decorativas para el culto público en las iglesias como, en una clave más modesta, cuadros de devoción de proporciones menores y destinados a la piedad privada. Dentro de éstos tenemos que situar el lienzo La Virgen con el Niño, santa Isabel y san Juan Bautista del Museo Thyssen-Bornemisza.

Este lienzo está fechado hacia finales de la década de 1610, entre dos de los encargos más importantes que tuvo en esos años el pintor: El Juicio Final para la iglesia de los jesuitas en Neuburg, de 1616 (hoy en la Alte Pinakothek de Múnich) y La lanzada, instalada en 1620, para el altar mayor de la iglesia de los Recoletos en Amberes. En esos años Rubens respondió además a numerosas solicitudes particulares, entre las que se encontrarían varias con la Sagrada Familia, un tema que estuvo presente a lo largo de toda su carrera y que el pintor trató de formas muy diversas. En este caso, la fuente en la que bebió Rubens, una vez más, parece encontrarse en Italia, concretamente en La Sagrada Familia de Rafael, conservada en el Museo del Prado, conocida como La Perla. Este óleo, encargado a Rafael por el conde Ludovico de Canossa en torno a 1518, fue adquirido a su sucesor, Galeazo de Canossa, en 1604 por el duque de Mantua, Vicencio Gonzaga, protector de Rubens durante su estancia en Italia. Según apuntó Oldenbourg, Rubens tuvo la posibilidad de ver el cuadro en el palacio ducal de Mantua y empleó su composición no sólo para el cuadro del Museo Thyssen-Bornemisza, sino para otras Sagradas Familias. De hecho, es indudable que tanto la postura de Jesús, en las rodillas de su Madre, como la de san Juan recuerdan a la obra de Rafael.

El tema de la Virgen con el Niño, acompañada por santa Isabel y san Juanito, fue un motivo tratado por Leonardo que Rafael popularizó con sus Sagradas Familias. El episodio, como muchos otros, no está recogido en la Biblia, donde el único encuentro que se produce entre Cristo y san Juan es precisamente el que tiene lugar en el Jordán con motivo del bautismo. El origen de este asunto hay que buscarlo en las Meditaciones del Pseudo Buenaventura, en cuyo texto el autor situó este alto en el camino después de la huida a Egipto.

El tema y el formato de la pintura nos hacen suponer que fuera un encargo particular destinado al ámbito privado. A ello contribuye, indudablemente, el amable episodio en el que dos niños juegan ante la atenta mirada de sus madres. Rubens introduce en el cordero sobre el que se sube san Juan y al que acaricia una oreja, un símbolo del sacrificio que tendrá que afrontar Jesús. Para acentuar más el mensaje, coloca la cruz, con el estandarte blanco alusivo a la Resurrección, apoyada en el animal. Sin embargo, esta lectura queda en parte velada por el peso que tienen las figuras y los sentimientos que desprenden sus miradas.

El sólido conjunto, con figuras de cuerpo entero, está situado en un exterior que tiene como fondo una colosal arquitectura de la que sólo se representan la base de una columna y algunos de sus sillares. El ritmo compositivo, que enlaza sabiamente todos los elementos, pone de manifiesto una vez más el dinamismo y la vitalidad de su creador. Las figuras están modeladas con colores cálidos y largas pinceladas capaces de dar vida a unas carnaciones blandas y nacaradas muy típicas del artista. Se ha sugerido que para la figura de san Juan, de pie encima de un cordero arrebatado y placentero, pudo servir de modelo el hijo del pintor, Alberto, que también desempeñó este papel en otros cuadros de Rubens.

Gaskell recoge varias versiones de esta obra que nos indican que el tema tuvo éxito entre la clientela de Rubens. Entre ellas están la del Palazzo Pitti de Florencia, la de la iglesia de Santa Maria del Giglio en Venecia, tres más en colecciones privadas y una copia en la Academia de Viena. A la composición también se han vinculado dos dibujos que estudian distintos agrupamientos de las figuras con ángeles y que pertenecen, ambos, al Art Museum de la Universidad de Princeton. La pintura estuvo registrada, desde 1763 hasta el siglo xx, entre los bienes de la familia Lowther. Según un antiguo informe, la obra perteneció a la familia Gobou de Amberes, para la que fue supuestamente pintada. El lienzo fue adquirido, en julio de 1935, a la galería Mercuria de Lucerna.



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Monumento a Rubens en Amberes, Bélgica.

En el centro de la plaza Groenplaats, también conocida como Green Place, se alza uno de los monumentos más solemnes en honor al gran artista flamenco. Fue realizado en bronce macizo por el escultor Gillaume William Geefs en 1840.



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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Last edited by j.luis on Monday, 08 February 2016, 11:03; edited 22 times in total 
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Post Respuesta: RUBENS 
 
J.Luis magnífica exposición de Rubens, la verdad es que has puesto muchísimos cuadros y ed dificil quedarse con alguno. Me ha encantado esta exposición y tiene muchos cuadros bellísimos.  

Muchas Gracias por esta nueva exposición tan extensa para la Galería. Por ahora me quedo con Rubens y por supuesto Canaletto.

Un Saludo.
 




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Más obras de Rubens


 97self_portrait_with_big_hat_circa_1628_1630

Rubens - Autorretrato, 1628-30.

Peter Paul Rubens (Siegen, Westfalia, 28 de junio de 1577 - Amberes, 30 de mayo de 1640), fue un diplomático y pintor barroco, el más popular de la escuela flamenca. Su estilo exuberante enfatizaba el movimiento, el color y la sensualidad.


 self_portrait_in_a_circle_of_friends_from_mantua_1602_1604

Rubens - Self-Portrait in a Circle of Friends from Mantua. 1602-1604.

Trató toda clase de temas pictóricos, de religión, historia, mitología clásica, escenas de caza, retratos así como ilustraciones para libros y diseños para tapicerías. Fue muy prolífico en la producción de obras; se calcula que llegó a pintar unos 3.000 cuadros gracias, en parte, a los miembros de su taller que, al parecer, trabajaban en cadena. Fueron discípulos suyos Jacob Jordaens y Anton van Dyck. Dominaba varias lenguas y fue un gran humanista y un buen diplomático.


 95self_portrait_circa_1638

Rubens - Self-portrait. circa 1638.

Las pinturas de Rubens se pueden dividir entre aquellas que pintaba él mismo, las que pintaba en parte, principalmente las manos y rostros, y aquellas que sólo supervisaba. Son reconocidas como propias las siguientes:


 16peter_paul_rubens_peter_paul_rubens_the_artist_and_his_first_wife_isabella_brant_in_the_honeysuckle_bower

Autorretrato con su esposa Isabel Brant. Peter Paul Rubens, Hacia 1609-1610. Óleo sobre lienzo sobre mader, 178 × 136,5 cm. Alte Pinakothek, Múnich, Alemania.

Rubens se autorretrata aquí con su primera esposa, Isabella Brant (1591–1626), hija de un noble de Amberes. Rubens e Isabel se casaron el 3 de octubre de 1609, en la Abadía de San Miguel de Amberes, poco después de que él regresara a la ciudad tras pasar ocho años en Italia1 El cuadro fue realizado hacia 1609, durante el primer año de matrimonio, y pretende reflejar tanto la felicidad como el bienestar de la pareja.

La pintura es un retrato doble a tamaño casi natural de la pareja sentada ante un arbusto de madreselva, que simboliza el amor y la fidelidad conyugal. Las manos derechas unidas (junctio dextrarum) indican que ya estaban casados. Es aproximadamente el centro del cuadro y traza una diagonal con la pierna izquierda del artista y el brazo también izquierdo, que parece sostener la espada.

Rubens se deleita expresando con gran detalle las calidades de las telas, los encajes y bordados, así como los demás objetos representados, casi como si deseara demostrar su habilidad.3 De esta manera se refleja en su pintura la influencia de la pintura veneciana, en particular de Tiziano, por el colorido, como puede verse en el intenso azafranado de las medias del pintor, y el suntuoso tratamiento de las telas, como el minucioso bordado del corpiño de la mujer.

Además, Rubens se representa a sí mismo como un caballero aristocrático con su mano izquierda sobre la empuñadura de su espada.

El cuadro presenta una luz dorada, típica del otoño, y recae principalmente en los jóvenes rostros de los recién casados.


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Los cuatro filósofos o Autorretrato con el hermano del artista, Justus Lipsius y Johannes Wouverius es un cuadro del pintor flamenco Pedro Pablo Rubens. Fue ejecutado hacia el año 1611. Se trata de una pintura al óleo sobre madera, que mide 1,64 metros de alto y 1,39 m. de ancho. Actualmente se conserva en la Galería Palatina del Palacio Pitti de Florencia (Italia).

Rubens quiere representar el círculo humanista en el que se educaron tanto él como su hermano Philipp, fallecido en 1611.

De izquierda a derecha, el pintor se ha representado, en primer lugar, a sí mismo, después a su hermano Philipp con la pluma en la mano (bibliotecario en Roma), el erudito humanista Justo Lipsio y su alumno Jan van der Wouwere (Johannes Wouverius o Johannes van de Wouwere). No hay comunicación entre ellos. Es como un traslado de una Sacra conversación al ámbito civil.

En un nicho, una escultura con el busto de Séneca y, delante, un jarrón con tulipanes, simbolizando la veneración que sentían por la filosofía estoicista de Séneca, una aceptación impasible por el sentimiento trágico de la vida. De los tulipanes, dos están abiertos y dos cerrados, significando que en el momento en que se pintó la obra, dos de los allí representados (Philipp y Lipsio) estaban ya muertos. Al fondo, detrás de un cortinón rojo, puede verse un paisaje con el Monte Palatino.


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Maria Serra Pallavicino, 1606. The Bankes Collection, Kingston Lacy. Obra de Peter Paul Rubens


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Dos niños durmiendo.    1612 - 1613. Óleo sobre lienzo, 50.5 cm × 65.5 cm. Museo Nacional de Arte Occidental, Tokio. Obra de Peter Paul Rubens     


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Tiberio y Agripina. Obra de Peter Paul Rubens


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La elevación de la cruz (también llamado El levantamiento de la cruz)1 es un tríptico pintado por el artista flamenco Peter Paul Rubens, completado en 1610-1611.

Rubens pintó La Elevación de la Cruz a su regreso a Flandes después de haber estado en Italia. La obra muestra una clara influencia del Renacimiento italiano y de artistas Barrocos tales como Caravaggio, Tintoretto y Miguel Ángel. El panel central muestra la tensión existente entre la multitud de hombres musculosos tratando de levantar la cruz y el peso aparentemente insoportable de Cristo en la cruz.

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Lienzo central del tríptico La Elevación de la Cruz, c. 1610. Catedral de Nuestra Señora, Amberes.

El escorzo de Miguel Ángel es evidente en las contorsiones de los hombres que se esfuerzan en colocar las correas. Cristo corta el panel central en una diagonal, en un estilo similar a El Entierro de Cristo de Caravaggio, donde tanto el descenso como el ascenso están en juego en un momento clave. Movimiento, espacio y tiempo se muestran junto con la lucha por poner en posición vertical a Cristo. Rubens utiliza el color dinámico y el claroscuro con valentía, un estilo que va a ser más sutil con el tiempo.

La pintura se localiza en la Catedral de Nuestra Señora en Amberes, Bélgica, junto con otras obras de Rubens. Bajo el reinado de Napoleón, el emperador se llevó a París la pintura, junto con otra obra de Rubens, El Descendimiento de la Cruz. Las pinturas fueron devueltas a la catedral a finales de 1800.


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El desembarco de María de Médicis en el puerto de Marsella es un cuadro del pintor flamenco Pedro Pablo Rubens. Es uno de los cuadros del ciclo de la Vida de María de Médicis, que ocupó al autor entre 1621 y 1625 y fue sin duda el encargo más importante de su vida. Se trata de una pintura al óleo sobre tela, que mide 3,94 metros de alto y 2,95 m. de ancho. Actualmente se conserva en el Museo del Louvre de París (Francia).

En esta tela se representa un tema histórico. María de Médicis, que había sido la reina de Francia como consorte de Enrique IV, era al tiempo de la ejecución de los cuadros la reina madre y regente, dado que el rey Luis XIII había ascendido al trono a los nueve años (en 1610). El encargo fue realizado por la propia María, con la finalidad de reforzar su soberanía y legitimidad en unos tiempos en que su hijo Luis XIII entraba en conflicto con su madre. El programa de toda la serie fue ideado por el abad de Saint-Ambroise, pero igualmente contribuyeron con sus propuestas la reina, el cardenal Richelieu y el propio pintor.

Rubens dibujó los esbozos en París, pero la ejecución material fue llevada a cabo con ayuda de colaboradores en Amberes. Mientras que los cuadros de la serie se conservan en el Louvre, los esbozos están en la Alte Pinakothek de Múnich.

En este cuadro se representa un hecho histórico ocurrido el 3 de noviembre de 1600: María de Médicis llega a Marsella. Alegorías de Francia y de la ciudad la cumplimentan. Por encima, la sobrevuela la Fama. La composición es descentrada, con un dinamismo típicamente barroco. Junto a los personajes históricos o reales del plano superior coexisten los personajes mitológicos en el mar: monstruos marinos, sirenas, ninfas, en los que abundan los opulentos desnudos y los colores cálidos típicos de la escuela veneciana. Son Neptuno y las nereidas, que han acompañado al barco para asegurar una travesía sin incidentes. De esta manera elimina las fronteras entre lo histórico, lo terrenal y las fuerzas eternas.


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El tríptico del Descendimiento. El descendimiento de la cruz es un óleo de Peter Paul Rubens, pintado hacia 1612. Es la segunda parte de un tríptico, donde también se muestran la Visitación de la Virgen y la Presentación de Jesús en el Templo. Se conserva en la Catedral de Amberes, Bélgica.


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El descendimiento de la cruz, panel central. Obra de Peter Paul Rubens

Este encargo le fue hecho a Rubens el 7 de septiembre de 1611, cuando regresaba de un viaje por Holanda. A la sazón, una confraternidad de maestros, cuyo patrón era San Cristóbal, pidió al pintor realizar un tríptico para representar hechos de la vida de Jesús. Fue terminado en 1614, y destaca sobremanera el uso de la luz y de figuras un tanto pasadas de peso, ambas cosas características de Rubens.


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La masacre de los inocentes es el tema de dos de los cuadros del pintor Peter Paul Rubens, uno de los cuales se conserva en la Galería de Arte de Ontario en Toronto (Canadá), y el otro en la Alte Pinakothek de Múnich (Alemania). Las pinturas representan el episodio biblíco de la Matanza de los Inocentes.

Historia. La primera versión con este tema fue pintada alrededor de 1611. Hasta el siglo XVIII, la pintura se conservaba en una colección de Viena, Austria, junto a otro cuadro de Rubens, Sansón y Dalila. Fue descatalogada por Vicenzio Fanti en 1767, siendo atribuida a un asistente de Rubens, Jan van den Hoecke. Así permaneció hasta 1920, cuando fue vendida a una colección de una noble familia austriaca. En 1923 fue donada a un monasterio en el norte de Austria.

En 2001, George Gordon, experto en el arte flamenco y en Rubens, vio la pintura en la casa de subastas londinense Sotheby's. Pronto se dio cuenta de que era un cuadro auténtico de Rubens, pues presentaba las mismas características de otros cuadros del período. Fue vendida el 10 de julio de 2002 por 49,5 millones de libras esterlinas (unos 76,2 millones de dólares). La identidad del comprador fue revelada más tarde: se trataba del barón canadiense Kenneth Thompson, considerado el mayor coleccionista de Canadá. El precio fue, y a enero de 2007 seguía siéndolo, el mayor jamás pagado en subasta por una obra de arte antiguo. Después de la subasta la pintura fue prestada por el barón a la National Gallery de Ottawa, y en 2008 fue transferida a la Galería de Arte de Ontario dentro de una donación de múltiples obras del barón valoradas en 300 millones de dólares .


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La última versión de La masacre de los inocentes. Pinacoteca Antigua de Múnich. Obra de Peter Paul Rubens. Hacia el final de su vida, entre 1639 y 1638, Rubens pintó la segunda y última versión del tema, que fue adquirida por la Alte Pinakothek en 1706, donde aún se conserva.

De este cuadro se conserva un grabado, hecho hacia 1643 por Paulus Pontius, seguidor de Rubens.

Análisis del cuadro. Es ampliamente aceptado como una demostración del aprendizaje del artista tras su viaje a Italia, entre 1600 y 1608, donde observó algunas obras del barroco y de pintores como Caravaggio. Estas influencias son visibles en cuanto al uso del emotivo dinamismo de la escena y de la gama cromática. También emplea por primera vez el claroscuro.


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La adoración de los pastores, 1607. Pinacoteca Civica di Fermo. Obra de Peter Paul Rubens


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La Adoración de los Magos. 1624. Óleo sobre lienzo, 218 x 280 cm. Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Obra de Peter Paul Rubens     


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Coronación de la Virgen. 1609. Museo del Hermitage. Obra de Peter Paul Rubens


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Madonna Enthroned with Child and Saints, c. 1628. Obra de Peter Paul Rubens


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The Three Crosses, c. 1620. Obra de Peter Paul Rubens


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Sansón y Dalila. 1609 – 1610. Óleo sobre lienzo, 185 × 205 cm. National Gallery de Londres. Obra de Peter Paul Rubens     


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Reconciliación de Esaú y Jacob. 1624. Óleo sobre lienzo, 331 × 282 cm. Staatsgalerie Schleissheim. Obra de Peter Paul Rubens     


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Minerva protege a Pax de Marte. 1629 – 1630. Óleo sobre lienzo, 198 × 297 cm. National Gallery de Londres. Obra de Peter Paul Rubens     


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Susana y los viejos, c. 1607. Obra de Peter Paul Rubens     


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Minerva protege a Pax de Marte. Obra de Peter Paul Rubens (1577-1640) Peace and War (1629). Lienzo, 198 × 297 cm. National Gallery de Londres. Rubens pintó el cuadro en Londres durante una misión diplomática de paz en nombre de España con Inglaterra y lo regaló al rey Carlos I. El cuadro representa a Minerva, diosa de la sabiduría y de las artes, en el acto de alejar a Marte, dios de la guerra, mientras delante de ellos está la figura desnuda de Pax.


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'Sansón y el león', pintado por Rubens en 1616-17. El cuadro pertenece al Fondo Cultural Villa Mir. Obra de Peter Paul Rubens


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Heráclito y Demócrito. 1603. Óleo sobre lienzo, 179 × 66 cm. Museo Nacional de Escultura, Valladolid. Obra de Peter Paul Rubens


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Perseo liberando a Andrómeda, 1607. Óleo sobre tabla, 100 × 139 cm. Gemäldegalerie de Berlín. Obra de Peter Paul Rubens     


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Ceres y dos ninfas con cornucopia, 1608. Obra de Peter Paul Rubens


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La muerte de Adonis. 1614. Museo de Israel. Representa el episodio mitológico de la muerte del dios Adonis por los colmillos de un jabalí enviado por Artemisa. Es uno de los momentos más representados en la historia del arte, por ejemplo por Juan Bautista Martínez del Mazo,1 Poussin o Ribera.

En la escena se ve a Adonis ensangrentado, rodeado por Venus (equivalente romana de la diosa griega Afrodita), Cupido (dios romano correspondiente en parte al griego Eros) y las Tres Gracias (equivalentes romanas de las Cárites).


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Daniel en el foso de los leones. 1615. Óleo sobre lienzo, 224 × 330 cm. Obra de Peter Paul Rubens. Galería Nacional de Arte, Washington D. C. Se representa el episodio bíblico de Daniel en el foso de los leones, en el que el profeta Daniel es arrojado al foso de los leones tras la encerrona de los consejeros del rey persa, Darío. Estos convencieron al rey a firmar un edicto de obligado cumplimiento para que nadie orara a ningún dios u hombre al margen del propio monarca, lo que contravenía la Ley Mosaica que seguía Daniel.

Al continuar con su rutina de adoración de su Dios, Daniel se hizo culpable y fue arrojado al foso de los leones, pero Dios milagrosamente cerró la boca de las fieras y el profeta sobrevivió. La norma durante siglos fue representar a Daniel entre dos leones simétricos debido al origen persa de la escena, que evolucionó hacia una iconografía cada vez más compleja.

Daniel aparece en medio de ocho leones que reflejan distintos estados de ánimo, desde los indiferentes a los más fieros, hambrientos e irascibles. El profeta, devoto a Dios, se encomienda a su cuidado mientras dirige su mirada al agujero por el que observa el exterior del foso.    


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La caza del hipopótamo. Obra de Peter Paul Rubens. 1615 – 1616. Óleo sobre lienzo, 248 × 321 cm. Alte Pinakothek, Múnich. Esta tela fue un encargo del príncipe elector Maximiliano I de Baviera, quien hacia 1615 contrató a Rubens para que le pintara cuatro escenas de caza como decoración del antiguo palacio de Schleissheim. Con motivo de las guerras napoleónicas, las cuatro telas fueron llevadas a París como botín. Sólo regresó a Baviera esta Caza del hipopótamo.

En el centro del cuadro, el hipopótamo con las fauces abiertas, atacado por los cazadores. El animal está representado con exactitud, lo que hace pensar que Rubens tuvo la oportunidad de ver algún ejemplar en vivo.

Debajo de él, un cocodrilo. A los lados, dos perros de caza. Por encima, tres moros en caballos encabritados lo atacan con lanzas. En primer plano, en el suelo, a la izquierda se ve un cazador ataca al animal, intentando escapar; a la derecha yace otro, boca abajo, inmóvil. Por el borde del lado derecho puede verse un paisaje exótico.

Rubens busca pintar aquí una lucha o batalla entre el hombre y la bestia en la que los dos tienen una oportunidad.


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El rapto de las hijas de Leucipo. Peter Paul Rubens, Hacia 1616. Óleo sobre tabla, 222 × 209 cm. Alte Pinakothek, Múnich, Alemania. En esta tela se representa un tema mitológico. Cástor y Pólux raptaron a las hijas de Leucipo. No obstante, no se supo que tal era el tema hasta que lo descifró el poeta Wilhelm Heinse en 1777 después de leer los «Idilios» de Teócrito.

Es un cuadro del principio de la carrera de su autor, de transición entre el clasicismo y el barroco. La composición, como en el clasicismo, está calculada y equilibrada. Pero el movimiento, ascendente y en diagonal, construido por masas de color, es ya de un dinamismo típicamente barroco. En los opulentos desnudos se nota la influencia de la escuela veneciana. Los colores son cálidos y deslumbrantes.


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Rómulo y Remo. Peter Paul Rubens, 1615-1616. Óleo sobre lienzo, 210 × 212 cm. Museos Capitolinos, Roma, Italia. Fáustulo (a la derecha de la obra) descubre a Rómulo y Remo con la loba Luperca y un pájaro carpintero. También se encuentran presenciando el momento su madre, Rea Silvia, y Tiberino.


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Marte y Rea Silvia. Peter Paul Rubens, 1617, óleo sobre tela. Museo Liechtenstein, Viena, Austria. Obra de Peter Paul Rubens


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Bóreas rapta a Oritía.    1620. Óleo sobre tabla, 146 × 140 cm. Academia de Bellas Artes de Viena. Obra de Peter Paul Rubens


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Sileno ebrio. 1620. Óleo sobre tela, 133 x 197 cm. National Gallery de Londres. Obra de Peter Paul Rubens     


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Paisaje con Filemón y Baucis. Peter Paul Rubens, Hacia 1620. Óleo sobre lienzo, 147 × 209 cm. Museo de Historia del Arte de Viena. Este cuadro es un paisaje que representa un tema mitológico. Según Las metamorfosis de Ovidio, Filemón y Baucis eran un matrimonio de ancianos que fueron los únicos de su localidad (que Ovidio sitúa en Frigia) que acogieron en su hogar a los dioses Zeus y Hermes. Zeus envió una inundación a Frigia como castigo, y salvó a Filemón y a Baucis al advertirles que debían subir a lo alto de la montaña con él.

Rubens ha representado la inundación, con un río desbordado por la tormenta que finalmente cae en forma de catarata, recorrida por un arco iris. El cielo tormentoso se ilumina de nuevo. A un lado, las figuras de los ancianos y Zeus observan la devastación de la tierra por la tormenta que los dioses enviaron.


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La batalla de Anghiari (copia) Peter Paul Rubens, 1603. Dibujo, 42,8 × 57,7 cm. Museo del Louvre, París, Francia


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Los horrores de la guerra. Obra de Peter Paul Rubens, 1637-1638. Óleo sobre lienzo, 206 × 345 cm. Palacio Pitti, Florencia, Italia. Fue enviado a Italia en marzo de 1638. Al respecto dice Rubens en una carta enviada a Justus Sustermans, quien se haría cargo de paliar algunos daños que tuvo la pieza en el traslado a la península itálica:

    La figura principal es Marte que, dejando abierto el templo de Jano (que, según la costumbre de los romanos, permanecía cerrado durante las épocas de paz), avanza con el escudo y la espada ensangrentada, amenazando a los pueblos con una gran ruina, sin ocuparse apenas de Venus, su mujer, que, acompañada de amores y cupidos, intenta retenerlo con caricias y abrazos. Marte se encuentra arrastrado por la furia de Alecto que lleva una antorcha en la mano y va acompañado por dos monstruos, la peste y el hambre, consecuencias inevitables de la guerra. En el suelo, dándonos la espalda, yace una mujer sobre los restos de un laúd roto, símbolo de la armonía, incompatible con la discordia de la guerra; y a su lado una madre con el hijo en brazos, para demostrar que la fecundidad, procreación y caridad, resultan arrasadas por la guerra que todo lo corrompe y todo lo destruye. También aparece allí, caído por tierra, un arquitecto con sus instrumentos en la mano, para significar que todo aquello que se había construido durante la paz para la comodidad de los hombres resulta destruido por la violencia de las armas. También creo, si mis recuerdos son exactos, que podrá ver arrojado al suelo, a los pies de Marte, un libro y algunos dibujos sobre un papel para simbolizar en qué manera pisa las letras y cualquier tipo de belleza; allí también se deben encontrar unas flechas o saetas desparramadas que eran el emblema de la concordia cuando se encontraban unidas por una cinta ahora suelta; y lo mismo sucede con el caduceo y la rama de olivo, símbolos de la paz, que yacen por el suelo junto a una lúgubre mujer vestida de negro y despojada de todas sus joyas y adornos; es la infeliz Europa, que durante tanto tiempo viene siendo víctima de aquellas rapiñas, ultrajes y miserias tan evidentes que no necesitan más explicación.

El cuadro posee varios ecos de las obras que Rubens emprendió para la Torre de la Parada del rey Felipe IV de España, en compañía de su amigo Diego Velázquez. La composición muestra a las figuras a modo de relieve clásico, sirviendo como contrapeso las figuras de Venus y Cupido. La escuela veneciana, y en especial, Tiziano, han servido como ejemplo para que el de Flandes plasme su talento en esta pieza.

Rubens influyó al pintor español Francisco de Goya en algunas de sus pinturas, como El tres de mayo de 1808 en Madrid. Especialmente, La masacre de los inocentes y Los horrores de la guerra —realizadas entre 1638 y 1640—, presentan rasgos parecidos a las obras de Goya realizadas a partir de 1793. Esta teoría es reforzada por el parecido de Saturno devorando a un hijo, parte de las Pinturas negras de Goya (1819-1823), con el Saturno de Rubens, hecho para la Torre de la Parada (1634-1636, supónese que en estrecha colaboración con Diego Velázquez). Clark considera que las escena de la batalla entre madrileños y mamelucos acaecida el 2 de mayo de 1808 y más tarde retratada por Goya, está influenciada por el arte de Rubens.1 Asimismo, en 1796 el aragonés realizó un dibujo preparatorio para un Saturno, muy similar al de Rubens pero que finalmente no llegó a realizarse.


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Vista de Het Steen al amanecer, National Gallery de Londres, c. 1636. Obra de Peter Paul Rubens


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Autorretrato de Rubens. 1628. Óleo sobre lienzo, 78 x 61 cm. Galería de los Uffizi. Florencia. Italia. Obra de Peter Paul Rubens.



Enlaces interesantes


Ver toda la obra en el buscador Artcyclopedia

Ver obras de Rubens en la Wikipedia

Página biográfica de Arteespana dedicada a Rubens

Página dedicada a Rubens



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Estatua de Peter Paul Rubens en su honor en Amberes



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Pedro Pablo Rubens (1577–1640), seguramente fue el más importante de todos los pintores flamencos, así como un genuino representante del movimiento barroco, que marcó un estilo propio “con movimientos irresistibles, marcados por diagonales o espirales” que han seguido muchos predecesores, su obra es muy prolífca, aproximadamente se conservan 1500 obras. Destacar el efecto que consigue con el colorido luminoso de la escuela veneciana a la que admiraba.

Fue el pintor más admirado de su época en Europa. Sus méritos son incontestables: muy pocos artistas han conseguido transmitir una versión exaltada de la vida de forma tan persuasiva o nos ayudan tanto a acercarnos a un ideal de excelencia humano. Los valores que encontramos en la pintura de Rubens tienen mucho en común con los valores de los poetas antiguos (a menudo ha sido comparado con Homero): su arte es un recuerdo constante de lo que la vida tiene de heroico y de dramático, y nos ayuda a ensanchar el mapa de nuestros sentimientos, y a profundizar en ellos.



Fuentes y agradecimientos: museodelprado.es, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museothyssen.org, pintura.aut.org, artcyclopedia.com, taringa.net, caminandopormadrid.blogspot.com, ermundodemanue.blogspot.com.es, elpais.com, panoramio.com y otras de Internet.
 




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Gracias J.luis, a mi dame un poco de tiempo para verlos más tranquilamente y poder hacer una elección de los que más me gusten.
 



 
maca Send private message
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Gracias xerbar y maca... espero podáis deleitaros con Rubens, su obra es colosal, que decir de uno de los más grandes, espero que en algún rato libre podáis disfrutar con calma de sus cuadros.


Gracias amigos, me alegro que os guste la presentación. Sin duda Rubens es uno de los grandes, está muy influenciado por la escuela veneciana y eso se nota en la composición y colorido de sus cuadros. Además gracias a su estancia en España, la corte de Felipe IV tuvo ocasión de hacerse con gran cantidad de obras que hoy disfrutamos en España, en diferentes estancias, especialmente en el Museo del Prado, del cual soy amigo-protector, por lo que tengo el placer de visitar con regularidad y disfrutar de su espléndida pinacoteca, donde Rubens es uno de los artistas de referencia.

Por destacar algunos cuadros de su prolífica y brillante obra serían: Las tres gracias, Retrato ecuestre del duque de Lerma, La bacanal de los Andrios, La caza del león, La unión de la tierra y el agua, El juicio de Paris, El nacimiento de la Vía Láctea, Los cuatro filósofos, La Lanzada, La Adoración de los Reyes Magos, Alegoría de las bendiciones de la paz y San Roque como patrón de la peste, El descendimiento de la Catedral de Amberes..., en fin, me gustan casi todos.



Más datos de Rubens...



LA MUERTE DE RUBENS Y SU ÚLTIMO TRABAJO


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Tumba de Rubens (Siegen, 1577-Amberes, 1640). Iglesia de Santiago en Amberes. Pieter Paul Rubens (Siegen, actual Alemania, 1577 - Amberes, actual Bélgica, 1640). Pintor flamenco. Fue el pintor barroco más destacado de la escuela flamenca.

Los ataques de gota eran cada vez más frecuentes, por lo que se vió obligado a delegar buena parte del trabajo y la organización del taller a Lucas Fayd´herbe. Cansado y hastiado del mundo de la corte y deseando llevar una vida tranquila y en paz, Rubens pasa cada vez más tiempo en el castillo de Het Steen.

En el momento de su muerte, el 30 de mayo de 1640, numerosos cuadros se encontraban en su estudio, algunos de ellos seguramente obras de encargo aún sin terminar, y otras realizadas por Rubens sin la intención de venderlas. Entre éstas se encuentran algunas de las obras más bellas del pintor, como Las tres Gracias, que seguramente fue adquirida por Felipe IV a los herederos del artista. Además de pinturas, la producción de Rubens incluye también cientos de dibujos y de bocetos, que utilizaba para preparar sus cuadros.

También realizó numerosos diseños para estampas y contrató y controló cuidadosamente a los artistas que se encargaban de grabar sus diseños, preocupándose también por obtener los derechos de reproducción de sus estampas. Rubens fue ennoblecido por el rey de España, Felipe IV y Carlos I rey de Inglaterra. Su éxito en las grandes cortes de Europa y su elevado estatus social contribuyeron, tanto como su talento artístico, a convertirle en un pintor de gran influencia.

El último trabajo realizado por Rubens sería el lienzo de Andrómeda y Perseo que conserva el Museo del Prado, obra que dejó sin terminar ya que murió mientras trabajaba en él. Rubens fallecía en su casa de Amberes el 30 de mayo de 1640, a punto de cumplir los 63 años.

Fue enterrado en la iglesia de Santiago en Amberes, en la Capilla de Nuestra Señora más conocida como capilla de Rubens. El altar está decorado por el cuadro de La Virgen y los Santos (1634) realizado por Rubens destinado a este lugar, tambien un cuadro de San Jorge de esta capilla se cree que es un autorretrato del pintor.



Iglesia de Santiago en Amberes


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La Iglesia de Santiago en Amberes es una iglesia de estilo gótico flamígero, que data del siglo, con interior barroco. Construida como una capilla para los peregrinos medievales, fue más tarde ampliada por los ricos comerciantes y hoy en día es conocida por albergar la tumba del genial pintor belga Peter Paul Rubens.

En 1431 se fundó una especie de posada en este lugar para dar cabida y refugio a los peregrinos que pretendían hacer el Camino de Santiago hasta Compostela. Una modesta capilla se añadió décadas más tarde, cuando la comunidad se trasladó a la iglesia parroquial.

En 1491 comenzó al construcción de la actual Iglesia de Santiago, en estilo gótico brabantino. En esa época, esta zona estaba habitada por gente de clase media alta, y que tenían previsto mostrar su riqueza mediante la construcción de una torre más alta que la Catedral de Nuestra Señora de la ciudad. Sin embargo, debido a diversos factores, la torre sólo alcanzó un tercio de su altura prevista, 55 metros.

La segunda mitad del siglo XVI fue testigo de las revueltas en la iglesia, seguido de una breve convivencia entre católicos y protestantes. Más tarde llegó el dominio calvinista, y finalmente, después de 1585, el retorno al culto católico. En la primera mitad del siglo XVII muchos comerciantes y nobles ricos donaron a la iglesia piezas de muebles, adornos y otros materiales de construcción.

La Iglesia de Santiago cuenta con 23 altares, decorados de manera preciosa, con tesoros religiosos de oro y plata y más de cien tipos de mármol. Siete capillas de la girola se suceden alrededor del altar mayor, como la Capilla de Nuestra Señora, más conocida como la Capilla de Rubens.


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Esta capilla de Rubens contiene la tumba del célebre pintor. El cuadro de la Virgen con los Santos fue realizado por el propio artista en recuerdo suyo. Incluso el San Jorge que cuelga de las paredes de esta capilla se cree que es un autorretrato del pintor. La iglesia contiene otras varias piezas de Rubens, así como algunos cuadros de Van Dyck y otros destacados artistas.



El último trabajo inacabado de Rubens


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Andrómeda y Perseo, 1639/40 Autor: Peter Paul Rubens. Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 265 x 160 cm. Museo del Prado. Madrid

Andrómeda y Perseo es el último cuadro de Rubens, dejándolo sin acabar al sorprenderle la muerte -mientras lo ejecutaba- el 30 de mayo de 1640. Se pensó en Van Dyck para que continuara con todos los encargos que le había hecho Felipe IV, pero la falta de entendimiento entre el artista y el cardenal-infante Don Fernando motivó que quien acabase la obra fuera Jacob Jordaens, el tercero en discordia de la Edad de Oro del Barroco flamenco.Rubens eligió el momento en que Andrómeda es liberada por Perseo, habiéndose superado el momento de la tensión por la lucha entre el monstruo y el héroe. Andrómeda quiso disputar a las Nereidas el premio de la hermosura y fue atada a una roca donde iba a ser devorada por un monstruo marino cuando fue salvada por Perseo, que la desposó. En la escena se aprecia un cierto aire de temor por la lucha, aunque la felicidad de la pareja inunda la imagen. Los dos amorcillos que aparecen en la parte superior y Pegaso, el caballo alado de Perseo, completan la composición. La bella figura de Andrómeda se recorta sobre un fondo grisáceo; el ritmo gracioso de su cuerpo nos pone de manifiesto el canon estético de Rubens, recogiendo la moda de la época al mostrarnos imágenes de mujeres entradas en carnes, rubias y con poco pecho. La armadura negra de Perseo contrasta con el color nacarado de su futura esposa. Algunos autores piensan que Rubens utilizó como modelo para Andrómeda a su mujer, Hélène Fourment, como también hizo para otras figuras femeninas, como las Tres Gracias.


Fuentes: sobrebelgica.com / mayores.uji.es / fotowho.net / es.wikipedia.org / es.123rf.com / artehistoria.com
 




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Post Re: RUBENS 
 
La National Gallery reparte réplicas de sus obras más conocidas por todo Londres   




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Un Rubens frente a un pub..., un Velázquez en un café o un Caravaggio junto a un sex shop: la National Gallery de Londres ha repartido réplicas de sus obras más famosas por toda la ciudad para animar a londinenses y turistas a acercarse al museo a deleitarse con las verdaderas. Durante tres meses, las calles de la capital británica se convertirán así en una galería de arte al aire libre donde, cuando menos te lo esperas, es posible encontrar algún cuadro.


O si no que se lo digan a quienes transitan estos días por el Soho londinense, uno de los epicentros de la movida nocturna. Entre los numerosos restaurantes, bares y clubes del barrio es posible encontrar desde cuadros mitológicos, como 'Baco y Ariadna', de Miguel Angel, 'Venus y Marte', de Sandro Botticelli, o 'Sanson y Dalila', de Pedro Pablo Rubens, a retratos, como 'El retrato Arnolfini', de Jan Van Eyck, o religiosos, como 'La virgen de las rocas', de Leonardo da Vinci.

Contemporáneos y españoles

Quienes tengan gustos más contemporáneos, que no se desanimen. Por las calles de Londres podrán disfrutar también de 'Los girasoles', de Vincent Van Gogh, 'Bañistas en La Grenouillere', de Claude Monet, o "El estanque de los nenúfares", de Claude Oscar Monet. Hay espacio, asimismo, para el arte español: uno de los retratos que pintó Diego Velázquez del rey Felipe IV ocupa la fachada de un café en una de las más transitadas placitas de Convent Garden, frente al teatro donde puede verse el musical Cabaret y a un animado pub.

Y 'San Miguel triunfando sobre el demonio', pintado en 1468 por Bartolomé Bermejo, se alza desafiante frente a los concurridos restaurantes y los coloridos adornos de Chinatown. En total son cuarenta y cuatro las réplicas repartidas por la ciudad, todas ellas a tamaño natural, enmarcadas como las auténticas, acompañadas por un letrero con información sobre el cuadro y, según la National Gallery, a prueba de grafitti.

"Ya he visto un par de cuadros. Debe haber muchos más", comentaba un joven cargado de bolsas a su amigo mientras caminaban por una callejuela comercial del centro. La iniciativa deja algunas estampas inusuales, como ver 'Mujer secándose después del baño', de Hilaire-Germain-Edgar Degás, debajo de una señal de dirección única, o uno de los más aplaudidos paisajes del inglés Johns Constable junto a una de las zapaterías más trendy de Covent Garden.

Los hay que no se enteran

O contemplar a dos amantes del arte, pinta de cerveza en mano, comentar la belleza del 'Embarcadero de Calais', de su compatriota Joseph Mallord William Turner, colgado estratégicamente frente al pub Coach and Horses, uno de los míticos del Soho. Y como el arte debe llegar a todos, la National Gallery ha situado uno de sus cuadros en la popular juguetería Hamleys, aunque el otro día ninguno de sus empleados estaba muy al tanto de la iniciativa.

Los londinenses, acostumbrados a ver casi de todo y a andar con prisas, parecen no percatarse de los cuadros y pasan distraídos frente a ellos. Como los habituales de un callejón del Soho lleno de sex shops que, quizás con otras cosas en la cabeza, no se dan cuenta de que entre los escaparates con luces de neón está colgada 'Salomé recibiendo la cabeza de San Juan el bautista', de Caravaggio.


(EL PAIS)


Muy currioso    
 




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Post Re: RUBENS 
 
La casa de Rubens, cosida a dardos  



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A la izquierda, foto del cuadro tomada con rayos X



La restauración de una obra flamenca del siglo XVII ha permitido sacar a la luz del día un testimonio pictórico inédito de la casa que habitó Peter Paul Rubens (1577-1640) en Amberes, objeto durante tres decenios de las gamberradas de los adolescentes de un reformatorio inglés. El cuadro fue utilizado nada menos que como tablero de dardos en un centro juvenil de Buckinghamshire (Denham Centre) hasta el cierre de la institución en los años ochenta.

Aunque su tela, literalmente cosida de agujeros, fue posteriormente restaurada, la pintura permaneció en un almacén hasta su rescate por un grupo de investigadores de la National Gallery londinense, dedicados junto a otras instituciones a recuperar la historia de 8.000 obras no catalogadas y diseminadas por el país. El museo expone desde el pasado miércoles esta obra atribuida a un artista menor, Anthon Gunther, que bajo el título Courtyard at the Rubenshuis, muestra la fachada y el patio de la opulenta mansión. Si bien el cuadro data entre 1645 y 1675, cuando Rubens ya había fallecido, los expertos creen que los tres personajes que aparecen frente al portal podrían ser el propio maestro flamenco junto a su esposa e hijo pequeño. Conjeturan, asimismo, que el friso y ornamentos del frontal de la casa fueron pintados por el propio Rubens o bien por alguno de sus discípulos, aunque se remiten a un posterior y más exhaustivo estudio para confirmar ese extremo.

Los responsables de la exposición Nueva búsqueda en las colecciones británicas, en cuyo marco se exhibirá la pintura hasta el 10 de febrero, admiten las carencias técnicas de Gunther pero subrayan el enorme valor histórico de una obra que, por primera vez, muestra los diseños elegidos por Rubens para la decoración de su casa. (EL PAIS)




SIN DUDA LOS RESTAURADORES HICIERON UN BUENTRABAJO
 




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Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Post Re: RUBENS 
 
Si alguien está interesado he subido a la cabecera nuevas obras de Rubens, también pongo la siguiente imagen que Matías me ha facilitado, así como el enlace del trabajo que en su día dediqué a Santa Teresa de Jesús.

http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=%208819



santateresadejessporped

Santa Teresa de Jesús por Pedro Pablo Rubens. 1644. Kunsthistorisches Museum. Viena



 

Saludos.
 




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Post Re: RUBENS 
 
El 'rubens' de Lady Di, vendido


Los Spencer hacen caja con 'El comandante está preparado para la batalla'


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Detalle de la obra de Rubens. | Christie's

Un cuadro del pintor flamenco Peter Paul Rubens, subastado por la aristocrática familia de la fallecida princesa Diana de Gales, fue adquirido en Londres por un comprador anónimo por 9 millones de libras esterlinas (10,8 millones de euros).

La obra, 'El comandante está armado para la batalla', data de 1613 o 1614. La casa Christie's, que vendió la pintura como parte de su subasta 'Grandes maestros' en Londres, la describió como uno de los 'rubens' más importantes que aún estaban en manos de privados.

El cuadro que muestra a un hombre con barba que observa al espectador, ha sido identificado por algunos expertos como el Emperador Carlos V. Christie's lo valoró entre 9 y 14 millones de euros.

La pintura permaneció en Althorp, la casa familiar de la fallecida princesa, por más de 200 años y fue descrita en principio como de la "escuela de Rubens", en un inventario de 1802. Desde entonces, varios expertos la han descrito como un Rubens original, señaló Christie's.

El hermano de la princesa Diana Earl Spencer también sacó a subasta la obra 'Rey David', del artista barroco Il Guercino, que se vendió por 6,2 millones de quros.

En la misma sesión, Un retrato de Georg Pencz, fechado entre 1500 y 1550, alcanzó 6,7 millones de euros, lo que representa un récord para el artista.

En total la venta alcanzó las 42,3 millones de libras sobre unas las previsiones de entre 36,9 y 55,8 millones. Christie's describió el resultado como "sólido".


EL MUNDO
 




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Exposición en su casa: El Museo del Prado


Irresistible Rubens



Ver vídeo del documental que El Prado ha promovido para ilustrar la relectura de su obra: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/11/02/cultura/1288709988.html


rubens

El inquilino más tenaz del Museo del Prado es, sin duda, Pedro Pablo Rubens (Siegen, Alemania, 1577-1640). No sólo por la poderosa huella y maestría de su pintura, sino por su extraordinaria presencia en los fondos del museo. La pinacoteca madrileña conserva la mayor colección de obras del artista flamenco, más de 90, dentro de las 1.500 repartidas por el mundo que salieron de sus manos. Este motivo, al que hay que sumar el proceso de revisión de las colecciones de la institución, llevó a los responsable del museo a plantearse una relectura de la obra de Rubens, el más más admirado de los pintores de su época. Ni Velázquez, ni Rembrandt, ni Vermeer fueron tan influyentes como él o tuvieron tanto éxito.

El resultado es una intensa muestra, 'Rubens. El espectáculo de la vida', que se inaugura el próximo viernes para el público y que tiene una singularidad: sustituye el habitual catálogo que acompaña a las exhibiciones por un excelente documental dirigido por Miguel Ángel Trujillo e impulsado por el Centro de Estudios Europa Hispánica con Angular Producciones. Una pieza de 50 minutos de la que EL MUNDO.es ofrece un adelanto y que propicia una nueva forma de explicar al pintor belga recurriendo a imágenes de su obra, al relato de su vida a través de la documentación que de él se conserva, a las impresiones de especialistas y destacados pensadores como Javier Gomá, hasta llegar asimismo a una singularísima interpretación flamenca desarrollada por el bailaor y coreógrafo Israel Galván.

"Nuestro propósito es demostrar al público contemporáneo que Rubens es un pintor relevante en nuestras vidas", apunta en un vídeo Alejandro Vergara, comisario de la exposición y jefe de conservación de pintura flamenca y escuelas del norte del Museo del Prado. "Y lo es por su manera de exaltar la vida, por la pasión que muestra en todo lo que hace, por su forma de entender el comportamiento humano y su particular modo de conducir la cultura clásica en sus telas y dibujos para darle relevancia. Estas son razones de sobra para volver a él".

Esta del Prado es la aventura de un rescate. El de aquel que fundó un nuevo tiempo en el arte del siglo XVII: el extraordinario entusiasmo de vivir.


saturnodevorandoaunhijo

Saturno devorando a un hijo de Rubens. Autor: Pedro Pablo Rubens. Museo del Prado


filopmenesdescubierto

Filopómenes descubierto. Autor: Pedro Pablo Rubens, hacia 1609. Óleo sobre lienzo, 201 cm x 313,5 cm. Museo del Prado. Este cuadro supone la primera colaboración entre Rubens y Snyders (1579-1656), ambos recién regresados a Amberes desde Italia. Representa una historia narrada por Plutarco, según la cual el poderoso general griego Filipómenes fue reconocido por sus anfitriones en el momento en que cortaba madera para ayudarles a preparar un banquete que se iba a celebrar en su honor. El argumento permitía transmitir conceptos como la humildad y la grandeza de espíritu, a la par que incluir una naturaleza muerta, evidenciando la capacidad de Snyders para tratar este asunto. Rubens realizó un boceto para la escena (París, Musée du Louvre) que demuestra que fue él quien inventó toda la composición, y que Snyders siguió sus instrucciones. El cuadro se documenta por primera vez en 1666 en el Alcázar de Madrid.


paisajeconpsiqueyjpitere

Paisaje con Psique y Júpiter. Autor: Pedro Pablo Rubens, hacia 1630. Óleo sobre lienzo, 95 cm x 139 cm. Museo del Prado. Una de las prácticas que mejor transmiten el fuerte impulso creativo de Rubens es su costumbre de intervenir en pinturas realizadas anteriormente, tanto suyas como de otros artistas. En esta obra modificó un paisaje que el especialista Paul Bril (1554-1626) había realizado en Roma en 1610 y que incluía una representación de San Jerónimo, convirtiéndolo en el escenario de una composición mitológica que narraba el momento en que Júpiter, transformado en águila, ayuda a Psique a obtener el agua del río Styx. Bajo la figura de Psique aún pueden apreciarse las ropas del santo representado inicialmente, así como ciertos cambios en la disposición de las rocas y los árboles en la parte izquierda de la escena.


Fuentes: elmundo.es / museodelprado.es
 




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17lucha_de_san_jorge_y_el_drag_n_1607_obra_de_rubens_en_el_museo_del_prado

Lucha de San Jorge y el dragón. 1607. Obra de Rubens en el Museo del Prado

Video del Museo del Prado con imágenes de las salas de la exposición Rubens y un breve comentario del comisario Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte. Música instrumental del video interpretada por el grupo de música barroca La Folía que ofrecerá un concierto en el Museo, el próximo 19 de noviembre, con motivo del aniversario del Museo del Prado bajo el título El arte instrumental en la época de Rubens.


Enlace: http://www.museodelprado.es/exposic...-la-exposicion/
 




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Post Re: RUBENS 
 
El Prado reivindica a Rubens, al rey de los pintores


El museo exhibe sus fondos completos del artista más admirado de su época

La pinacoteca alberga la mayor colección mundial del maestro de Amberes

La muestra destaca el valor de un creador olvidado por el gran público

"Es víctima de la sobriedad del gusto moderno", dice el comisario



exposicionrubensmuseopr    

Video de avance de la exposición Rubens con comentarios del comisario Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte.

Enlace: http://www.museodelprado.es/exposic...omisario-video/

"Mire esa maravillosa cabeza de caballo, ¿no se parece a Nicole Kidman?". Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca del Museo del Prado, es un erudito apasionado capaz de mezclar a una actriz de Hollywood con Plinio el Viejo para, delante de la Lucha de san Jorge y el dragón, explicar que Rubens fue el primer artista de la historia en pintarle babas a los caballos. El objetivo era acentuar la sensación de vida y el resultado fue que todos los que vinieron tras él lo imitaron.

La figura de Peter Paul Rubens (1577-1640) es tan contundente como algunos de sus cuadros. La Adoración de los Magos, por ejemplo, un lienzo de casi cinco metros en el que el artista flamenco se autorretrató con espada y cadena de oro. Él había pintado una versión más pequeña de la obra en 1609 y veinte años después retocó algunas figuras y añadió otras, entre ellas a sí mismo. El gesto, nada gratuito, tenía su fundamento: para entonces era, de lejos, el pintor más admirado del planeta.

De Rubens se conservan 1.500 cuadros y cerca de 9.000 dibujos, pero casi ninguno lleva su firma. No lo necesitaba: los monarcas de Europa se disputaban sus servicios. Noventa y tres de esas obras -el doble que de velázquez o tizianos- se guardan en el Prado. No hay en el mundo otra pinacoteca más rica en óleos del pintor de Amberes. Desde hoy y hasta el 23 de enero de 2011, 90 rubens -falta alguna pieza comprometida en préstamo- pueden verse en el museo madrileño en un montaje rompedor que no ocupa más que dos salas de la ampliación de Moneo.

Ordenados cronológicamente y apenas separados por unos centímetros, tal y como se mostraban antiguamente en muchos talleres, los cuadros forman "una coreografía" que Miguel Zugaza, director de la institución, define como "almacén visitable, instalación, gabinete, Rubens de 360 grados, Rubens sin fin...".

La muestra, comisariada por Alejandro Vergara, pretende llamar la atención del público sobre un pintor que nunca ha perdido el favor de artistas, historiadores y críticos pero que parece haber caído en desgracia para el gusto contemporáneo. "Se le ve como retórico y antiguo", explica Vergara. "Ha sido víctima de la idea de progreso aplicada a las artes y de una modernidad asociada a la sobriedad y el minimalismo". Para él, sin embargo, el apego de Rubens a la Antigüedad clásica -más que con otros pintores se le ha comparado con Homero- es uno de los grandes valores de este "pintor gigantesco y sabio": "Nos hace viajar más lejos".

Tan lejos como a un mundo que entre los siglos XVI y XVII vivía su gran crisis y la explosión del primer capitalismo después de que el oro que llevaba cien años llegando desde América facilitara la construcción de palacios cuyas paredes había que llenar con arte. Los tapices eran muy caros y los artistas se vieron inmersos en una suerte de producción semi-industrial de pintura.

En ese escenario triunfó Rubens, que ocupó el trono vacante desde la muerte de Rafael y convirtió su taller en una factoría en la que llegaron a trabajar hasta 25 ayudantes, algunos tan ilustres como Van Dyck. En una carta a un noble británico que requería sus servicios revela que las telas pintadas enteramente "de su mano" costaban el doble que aquellas en las que su participación se limitaba al boceto o los retoques.

Justo cuando las artes buscaban reconocimiento, él se convirtió en un profesional reconocido que hablaba seis idiomas, ejercía como coleccionista y diplomático -llegó a negociar un tratado de paz entre Inglaterra y España- y se construía en Amberes una casa a la altura de su enorme colección particular, la vivienda de alguien digno de compartir escena con Melchor, Gaspar y Baltasar. No extraña, así, que durante décadas fuera un verdadero referente para sus colegas, el rey de los pintores de un tiempo que tuvo entre sus contemporáneos a figuras de la ciencia y de la cultura como Galileo, Descartes, Shakespeare o Cervantes.

"No hay proyecto, por grande o variado que sea, que supere mi coraje", escribió Rubens en una carta de 1921, y la exposición del Prado es la más rotunda ilustración de esa frase: escenas mitológicas y religiosas, retratos de apóstoles, nobles y reyes, bodegones y paisajes, Rubens sin fin, efectivamente. Mucho más, como bromea Vergara, que "mujeres gordas desnudas".

Pero además de una explosión de vitalidad y talento, color y carne, la muestra es también la historia de una obsesión, la del rey Felipe IV, que a finales de la década de 1630 se convirtió en el principal coleccionista del maestro flamenco. Rubens visitó España por segunda vez en 1628, se alojó durante ocho meses en el Alcázar real, copió compulsivamente a Tiziano y convivió con Velázquez, 22 años menor que él.

Tiempo después, y fiel a su obsesión, Felipe IV, que ya tenía decenas de rubens en la Torre de la Parada, una pabellón de caza cercano al Pardo, quiso tener copia de todos en su palacio de Madrid. Algunas de esas copias son las que pueden entreverse detrás de las infantas en Las meninas. Poco después de la desaparición del artista, el monarca español compraría a sus herederos 15 nuevos cuadros, entre ellos, una tabla emblemática: Las tres Gracias. "Considero que todo el mundo es mi país", escribió en otra carta Peter Paul Rubens. Su nombre está tan unido a la cultura española que aquí se le llama Pedro Pablo.



Vídeo dedicado a Rubens


El espectáculo de la vida es el título del documental dedicado a Rubens, dirigido por Miguel Ángel Trujillo que el Museo del Prado acaba de publicar en DVD coincidiendo con la exposición. El bailaor Israel Galván, la oscarizada diseñadora de vestuario Yvonne Blake, el filósofo Javier Gomá y el escritor Juan Bordes completan el vibrante retrato de un artista idolatrado en su tiempo al que nadie nombra ahora cuando, así arranca el filme, los visitantes del museo escuchan esta pregunta: ¿Cuál es su pintor favorito?

Enlace: http://www.museodelprado.es/pradome..._interactivo=on


Fuentes: elpais.com / museodelprado.es
 




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El Prado lleva Rubens a la Red

El museo ofrece una visita interactiva a la exposición dedicada al artista de Amberes       



imagendeejemplodelapant

Imagen de ejemplo de la pantalla de entrada a la información complementaria en formato ficha de obra (acceso directo a imagen navegable de la obra correspondiente en alta resolución)

Web:

http://www.museodelprado.es/index.p...=1&L=0&tx_obras[adv]=

http://www.museodelprado.es/exposic...ens/rubens-360/

http://www.museodelprado.es/exposic...omisario-video/

"Estoy convencido de que para lograr la mayor perfección en la pintura es necesario comprender a los antiguos". Peter Paul Rubens (1577-1640) ilustraba de esta forma esa búsqueda de lo esencial en su obra a través de las representaciones y mitos de la Antigüedad clásica. El Museo del Prado, poseedor de la colección más rica en óleos del maestro de Amberes, presenta Rubens 360º, un vídeo interactivo que complementa la visita de la muestra dedicada al artista, abierta hasta el 23 de enero de 2011, y ofrece una aproximación para aquellos que no puedan acercarse al museo.

Las visitas virtuales en los grandes museos del mundo abundan en la actualidad. En el caso de Rubens 360º, sin embargo, el Museo del Prado ha apostado por ampliar las herramientas que ofrece la Red y aporta algunas posibilidades catalogadas desde la institución como "inéditas". A saber: Imágenes con movimiento natural en las que el visitante detiene con el ratón de su ordenador en la obra o aspecto que más le interesa; completas fichas de algunas obras y comentarios de Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del museo madrileño. Desde el Prado han explicado que las reproducciones virtuales, basadas en fotografías en 360º, pueden contar con movimiento y acceso a otros contenidos pero resultan más "frías y artificiales" y no permiten un "enfoque tan completo y cuidado como el que permite un audiovisual interactivo".

En el caso de Rubens 360º, al estar basado en imágenes con movimiento natural, permite la posibilidad de acceder a contenidos adicionales en diferentes formatos. Se trata de un "acercamiento más profundo emocional e intelectualmente".

Rubens visitó España en dos ocasiones. La primera en 1603, y la segunda en 1628. En la actualidad se conservan 1.500 cuadros y cerca de 9.000 dibujos de su autoría. Noventa de estas obras pueden apreciarse en el museo madrileño. Las jóvenes y hermosas ninfas y los acezantes sátiros, asi como los apóstoles y bodegones del considerado artista más renombrado del siglo XVII se pueden ver ahora desde un ordenador y con las notas de un sutil piano como acompañamiento musical.


elpais.com
 




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Rubens se despide de Madrid una vez más

El Prado clausura la muestra del pintor, que vivió casi un año en la capital


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Autorretrato de Rubens, 1623. Royal Collection.

Pedro Pablo Rubens llegó a Madrid en el mes de agosto de 1628. El pintor flamenco de 50 años acababa de enviudar y se había volcado en el trabajo y en sus misiones diplomáticas, que acostumbraba a realizar desde que en su juventud sirvió durante nueve años (de 1601 a 1610) al duque de Mantua (Italia), Vincenzo Gonzaga, amante del arte y de los artistas y con quien atendió tanto cuestiones artísticas como diplomáticas. Él, que había empezado a ganarse la vida con 13 años como paje al servicio de la condesa Margarita de la Ligne d?Aremberg en Oudenaarde, era ahora la pieza clave para la paz en Europa.


El de Flandes debía convencer a Felipe IV para firmar la paz con Inglaterra

El objetivo era que España e Inglaterra alcanzaran la paz y se pusiera fin al conflicto que desangraba la economía y las vidas de un buen número de hombres y mujeres de los Países Bajos (la llamada Guerra de los Ochenta Años).Tenía que convencer a Felipe IV (el Grande), al que de entrada no le hacía demasiada gracia eso de que un pintor se entrometiese en cuestiones políticas. Pero Rubens se trajo consigo, aparte de su encanto natural y su don de gentes (cortesanas), varios de sus cuadros a modo de regalo y se plantó en Alcázar, la casa Real, que entonces ocupaba el lugar que hoy tiene el Palacio de Oriente.

El Madrid de entonces contaba con una docena de iglesias y alguna que otra casa palaciega, pero estaba plagado de casuchas de tapial y tablas. Había algunas calles y plazas empedradas, pero la mayoría tenía el piso de tierra y un sucio arroyuelo dividía la urbe.

Rubens pasó nueve meses en esta ciudad, más de lo que tenía previsto. Se convirtió en cómplice y confidente del también llamado Rey Planeta que, pese a tener como pintor oficial de la corte a un Velázquez veinteañero, le hizo múltiples encargos, tanto de retratos como de copias de cuadros de otros pintores italianos. La admiración y la devoción del rey por Rubens crecía por días. En total, el afamado pintor barroco, realizó 40 obras durante su estancia en Madrid, muchas de las cuales permanecen en el Prado, que clausurará su gran muestra dedicada al pintor de Amberes mañana.


Un libro recrea las conversaciones entre Velázquez y el artista de Amberes

Y como colofón, la noche del jueves se presentó en la pinacoteca nacional el último libro de Santiago Miralles Huete (Velázquez y Rubens, conversación en El Escorial, editorial Turner), una joya de 150 páginas en la que su autor recrea y ficciona, basándose en hechos y datos reales, las conversaciones que pudieron surgir entre los dos pintores en aquellos momentos y transita, mediante ese diálogo, por una época crucial en la historia de España.

"He querido inventar lo justo, exponer datos contrastados y dejarles hablar para que defendieran sus posiciones", dijo Miralles en esa presentación que incluyó la lectura dramatizada de unas páginas de su libro.

El Escorial fue la única excursión que hizo Rubens estando en Madrid, pero en aquellos meses pasó largas tardes en el Palacio del Buen Retiro (en una zona de las zonas del parque), por ser el lugar de recreo y relajo del rey, y visitó a nobles ilustres como el conde de Monterrey, el príncipe de Esquilache, el almirante de Castilla o el marqués de Leganés, este último gran aficionado al arte.

Parece que la autoestima de Rubens se vio tan favorecida durante su estancia en Madrid (iba tan sobrado) que llegó a escribir en una de sus cartas: "No me interesa nada de la ciudad, salvo el rey".

Aquel Madrid era el de Lope de Vega, Quevedo, acababa de Morir el Greco... Y el pintor de Flandes llegó a hacer algo insólito, como fue modificar un cuadro ya pintado para incluirse a sí mismo. Ocurrió con la Adoración de los Magos, que cuando él llegó ya colgaba de las paredes del Alcázar. Lo amplió y actualmente se le puede ver en la esquina superior derecha montado en un caballo (a la derecha en la fotografía).

Dicen los estudiosos que el joven Velázquez, abrumado por el genio de Flandes, le emuló en cierto modo al pintarse bajo el quicio de la puerta en Las meninas (a la izquierda en la foto) De hecho, los cuadros que cuelgan al fondo en la pintura del español, son replicas de Rubens.

Fue precisamente el pintor de Amberes quien presionó al rey para que dejase que el minucioso Velázquez viajase a Italia y ampliara sus conocimientos. Aquel viaje marcó un antes y un después en el pintor español. Del mismo modo que aquellos meses de Rubens en Madrid posiblemente cambiaron la historia de España.


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Las tres Gracias de Rubens. Lienzo. 221 x 181 cm. Museo del Prado



elpais.com
 




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Recuperada una obra de Rubens 10 años después de su robo    



lacazaeljabaldecaledoni

La caza el jabalí de Caledonia (1618), en una de las versiones que Rubens pintó.

El crimen se paga en el mundo del arte... aunque sea una década después. Un impresionante óleo de Peter Paul Rubens (1577-1640), una de las versiones preparatorias que el genio flamenco hizo del mito relatado por Ovidio de La caza del jabalí de Caledonia (1618) fue recuperada por la policía griega 10 años después de su robo en el Museo de Bellas Artes de Gante, en Bélgica, según portavoces de las fuerzas de seguridad de Atenas.

Dos griegos, un hombre y una mujer, según la agencia griega ANA, han sido detenidos por estar en posesión del lienzo robado, y las autoridades no han querido aportar más detalles argumentando que la investigación sigue en curso. La policía indicó que el hombre está vinculado con el mercado de antigüedades y que la mujer es presentadora en una cadena de televisión. Los primeros datos de la policía apuntan a que ni uno ni otro están directamente involucrados en el robo de la obra, aunque se hallara en su posesión. El cuadro recuperado era uno de los más descollantes ejemplos de la lista de Interpol de objetos culturales sustraídos, y la policía investiga cómo llegó a las manos de los detenidos.

Los tres ladrones que perpetraron el robo en 2001 también trataron de llevarse el mucho más conocido y valorado La flagelación de Cristo, pero se vieron obligados a dejarlo atrás en su huida. El ministerio griego agregó que la pintura recuperada y más bienes culturales decomisados en otras operaciones se presentarán al público próximamente.



elpais.com
 




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Excursión: A la 'Cruz de Rubens' de El Escorial


Cruz de Rubens


lacruzderubens

Vista 'La cruz de Rubens' al fondo, sobre San Lorenzo del Escorial


Datos básicos
Situación. El Escorial.
Cómo llegar. Desde Madrid por A-6 hasta Las Rozas y M-505 Hasta El Escorial. Mejor opción es el ferrocarril.
Distancia. 65 kilómetros desde Madrid.
Accesos. Desde la esquina de la esplanada del Monasterio, seguir por la calle San Conrado hasta su final, donde se toma la calle Marqués de borja a la derecha. Seguir por la primera a la izquierda, calle Alarcón, y primera a la derecha, Avenida de Carlos Ruiz. Tomarla a mano izquierda hasta una plaza. De las dos calles que se abren de frente, tomar la de la derecha y seguir por la calle Pinar, hasta empalmar con la carretera de la Presa hasta su final.
Información.Renfe. Tel: 910 240 202 y www.renfe.es.

La fuerza de sus pinturas hacen que pocos sepan el papel diplomático que Pedro Pablo Rubens desempeñó a lo largo de su vida. Fue por este segundo oficio por el que vino a Madrid en el 1629, en un intento de mediar ante Felipe IV para que España alcanzase la paz con Inglaterra.

Aquella estancia duró nueve meses y permitió que haya en España muchas obras del pintor holandés. Sólo salió en una ocasión de la capital, para visitar el Monasterio del Escorial. Allí tuvo tiempo de encaramarse a la sierra para pintar su conocida vista del Escorial.

Una cruz pintada de blanca se alza en el lugar desde el que asegura la tradición el holandés realizó su obra. Valga la descripción de la ruta que alcanza el sencillo monumento de recuerdo a la anécdota, en vista de la falta de la menor inscripción o placa que lo refiera.

De paso, la excursión puede servir de epílogo a este Año Internacional de los Bosques que concluye en unos días, al transitar por uno de los mejores pinares madrileños, milagrosamente salvados del incendio que asoló parte de la ladera de La Penosilla, justo a su lado.

Camino esforzado
Entre las muchas posibilidades que ofrecen las sendas escurialenses, la más recomendable para salir de San Lorenzo coincide con el primitivo trazado del sendero de gran recorrido GR-10, que transita por la parte más elevada de la población y que la abandona por una pista que arranca en el final de la calle Pinar.

También conocida como Camino del Trampolón, es una esforzada subida que transcurre en su primera parte entre chalets, hasta alcanzar las cercanías de la pequeña presa de El Romeral, situada mano izquierda y cuya cerca de alambre está situada junto al camino.

No se tarda en alcanzar la carretera horizontal que recorre toda la ladera del monte Abantos. Seguirla a mano izquierda hasta alcanzar una cerrada curva a la derecha, donde se abandona para continuar recto por el sendero que transita junto a la valla de la presa. Enseguida se llega al Mirador de la Casa Rústica, donde se ofrece una amplia panorámica.

El sendero continúa ladera arriba, ahora entre una cerca de piedra y el cerramiento del pequeño embalse. Conviene en este tramo poner especial atención en no perder las marcas blancas y rojas del sendero de gran recorrido GR-10, bastante abandonadas y que merecen una profunda renovación. Señalan el camino que en sucesivos zigzagues y travesías va negociando la ardua subida.

Se alcanza de esta manera otra carretera, es la Segunda Horizontal, que debe seguirse un tramo a mano izquierda, hasta una cerrada curva sobre la que salva el arroyo del Romeral. Poco después se alcanza la Fuente de la Concha y algo después la continuación del camino, que abandona a mano derecha el asfalto subiendo un tramo especialmente abrupto por la ladera.

Más arriba, el camino sale del bosque y más arriba aún alcanza el puerto de Malagón. Continuar por la carretera que por el lado norte, Ávila, continúa rumbo Norte, durante unos quinientos metros. Hasta el inicio de una amplia pista, que muestra mucho mejor aspecto que el torturado asfalto de esta parte abulense de la carretera.

Continuar por la pista algo menos de un kilómetro hasta que se descubre a mano derecha y en lo alto de un risco la estilizada y blanca cruz de Rubens. Desde este punto puede continuarse un corto trecho, dirección norte, para por un terreno de pinar despejado alcanzar la Fuente de El Cervunal, en cuyas praderas no queda otra que refrescarse y recuperar el pulso antes de emprender el descenso a nuestro punto de partida.

Ficha
Horario: Entre 3,30 y 4,00 horas para el recorrido ida y vuelta, sin contar las paradas.
Tiempo: Entre dos y tres horas, ida y vuelta hasta el roble monumental.
Longitud: 14 kilómetros, ida y vuelta.
Recorrido:Ruta lineal con regreso por el mismo camino que a la ida.
Desnivel:565 metros (El Escorial, 1.090 metros, Fuente del Cervunal, 1.655 metros).
Dificultad: Excursión que salva un fuerte desnivel. Los abundantes caminos y encrucijadas hacen que sea sencillo extraviarse en algunos puntos de la ruta.
Material: Botas recias, bastones, ropa de abrigo.
Recomendaciones : Atención a los días de lluvias intensas, pues gran parte del itinerario está embarrado. Excursión recomendable para realizar con niños.


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Vista del Monasterio de El Escorial desde La Cruz de Rubens


Texto: elmundo.es - Fotos: nevasport.com
 




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Euro-Rubens


La primera gran exposoción del Louvre de Lens indaga en el maestro flamenco




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Ver vídeo de la expositcón tempora 'La Europa de Rubens'

Cortesano, diplomático, pintor y hombre de letras, Pedro Pablo Rubens (1577-1640) protagoniza, hasta el 23 de septiembre, la primera exposición temporal que organiza en su corta trayectoria el Louvre de Lens, flamante sucursal de la pinacoteca parisina en el norte de Francia.

Bajo el título de 'La Europa de Rubens', lo que intenta esta retrospectiva es mostrar, a través de 170 obras del artista flamenco, que su trayectoria profesional y vital «trasciende el artificio barroco» para apoyar una «cierta idea de europeismo», según explica el comisario de la misma Blaise Ducos.

«Nacido cerca de la ciudad alemana de Colonia, Rubens vivió en Amberes (Bélgica) e Italia y trabajó en las cortes de España e Inglaterra. Su actividad le impulsó a aprender varios idiomas y recorrer muchos lugares de Europa en una época en que la gente nacía, vivía y moría la mayoría de las veces en la misma región. Sólo por eso, fue un adelantado a su tiempo», explica Ducos.

Fue el gran pintor barroco de la escuela flamenca, con un estilo exuberante que enfatizaba el movimiento, el color y la sensualidad. Y volcó su talento en una gran variedad de temas pictóricos: religiosos, históricos, de mitología clásica, escenas de caza, retratos o paisajes que, dependiendo del encargo, podían concretarse en un óleo sobre lienzo, un dibujo en papel al carboncillo, un grabado para ilustrar un libro o el diseño de tapiz palaciego.

«Fascinado por Miguel Ángel, Rubens pintó como este a sus héroes con unos cuerpos 'excesivos y poderosos' y se acercó también a la escultura y la arquitectura. Como Leonardo da Vinci, fue un intelectual que dejó escritos para la posteridad muchos de sus pensamientos. Además, se interesó por temas tan dispares como la Roma Antigua, la botánica, las astronomía, la ropa asiática, los pájaros exóticos..."


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Autorretrato' y 'Dama Rosario' por Rubens.


'Homo politicus' y empresario moderno

«Pero, además, Rubens estaba muy metido en política y su arte toma partido en todo momento, dentro de una Europa dividida que nunca conoció la paz. Era enemigo del protestantismo y partidario de la dinastía de los Hasburgo, que reinaba en España, así como de la religión católica, la contrarreforma y el Papa de Roma», añade el comisario.

Esta visión novedosa del autor de 'Las tres gracias' como 'homo politicus' le viene que ni pintada a la primera antena del museo más famoso del mundo en una ciudad de tradición obrera como Lens, muy maltratado en los últimos tiempos por la crisis y el desempleo. Pero la puesta al día de su figura por parte de Ducos no se detiene ahí, ya que el responsable de la expo se refiere también al autor como el precursor de muchas prácticas que rigen hoy en el arte contemporáneo.

De su 'atelier' salían grabados, bronces, tapices y orfebrería que inundaron Europa con su obra porque tenía el mejor equipo de aquellos tiempos y funcionaba como una empresa moderna, capaz de ejecutar en tiempo récord un encargo de 30 objetos para la inauguración de un nuevo palacio», añade el comisario. «Amberes era el Hollywood de la época, la gran fábrica de imágenes del siglo XVII, que enviaba estampas decorativas e iconografía religiosa a todo el continente y las colonias».


Cuadros nunca vistos


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Phaéton. Obra de Rubens.


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'Caballeros'. Obra de Rubens.


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'Prometeo' y 'Hélène Fourment' por Rubens.


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'El duque de Lerma a caballo' y 'Hombre del revés' por Rubens.

Además de este enfoque inusual y del marco novedoso, lo que hace igualmente extraordinaria esta exhibición es que se trata quizá de la más completa retrospectiva realizada hasta la fecha sobre este creador, con 170 piezas suyas y de figuras afines (Bernini, Van Dyck, Tiziano, Rafael, Durero), prestadas por 53 museos y coleccionistas particulares, algunas de las cuales no se habían enseñado jamás al público.

Del Louvre parisino ha venido 'La virgen del el niño', mientras que del Museo de Filadelfia han traído 'El suplicio de Prometeo' y del Metropolitan neoyorquino, un 'Felipe IV'. A lo largo de 1.800 metros cuadrados de salas, el visitante español descubrirá algunas obras que le son familiares, como la 'María Medicis' (1617), la 'Ana de Austria' (1622) y la 'Inmaculada Concepción' prestadas por el Prado o la 'Joven con rosario' (1609) aportada por el Thyssen; y otras que no lo son tanto, como el retrato de 'Fernando Álvarez de Toledo' (1628), cedido por la Casa de Alba.

Especial atención merecen un 'Vertumus y Pomona' que en octubre volverá al domicilio madrileño de un coleccionista anónimo, así como una 'Diana cazadora' que el rey Felipe IV encargó para decorar la Torre de Perada en uno de sus pabellones de caza y hoy pertenece a un particular español que no desea ser identificado.


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'Inmaculada Concepción' y 'Ana de Austria' por Rubens.


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'Paz' y 'Venus y el amor' por Rubens.


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'María de Medicis' y 'Cristo' por Rubens.



Una pinacoteca de ciencia-ficción


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Museo Louvre-Lens

Inaugurado en noviembre de 2012 para traer algo de alta cultura a este rincón perdido de la Francia norteña y proletaria, el Louvre-Lens tiene previsto recibir cerca de 700.000 visitantes en su primer año de funcionamiento. Concebido como un museo que no poseerá fondos propios, sino que exhibirá obras prestadas durante cinco años por la casa madre parisina y acogerá ambiciosas expos temporales, se halla a una hora en tren de París y muy próximo a Bélgica, Holanda y Alemania, por lo que tiene asegurada la afluencia de cierto público connaisseur. Seducir al ciudadano local será algo más complicado, en medio de una cuenca minera en recesión, donde la población depauperada vota en un porcentaje preocupante por el Frente Nacional.

En sus planes de expansión, el Louvre tiene previsto abrir en 2015 otra sucursal en Abu Dabi que se prefigura más rentable, pero ha dado preferencia a esta por motivos sociales. Y es que, con un 16,3% de paro, Lens ocupa hoy el noveno lugar en el infausto top de las ciudades más pobres del Hexágono.


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Museo Louvre-Lens. Exposición de escultura.

Inspirado en el Guggenheim de Bilbao y tomando como precedente el Centro Pompidou de Metz, el proyecto se remonta a la presidencia del conservador Jacques Chirac, ha tardado diez años en concretarse y ha costado 150 millones de euros. Diseñado por Ryue Nishizawa y Kazuyo Sejima del gabinete japonés SANAA (Premio Pritzker 2010), el edificio es un conjunto de cinco rectángulos de distintos tamaños con un sola planta, techo de cristal y paredes de aluminio, transparente y luminoso, que se integra a la perfección en el paisaje brumoso de esta urbe de pasado industrial y justifica por sí solo el viaje.


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Museo Louvre-Lens


elmundo.es / metrotravel.mx
 




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Crónica de un expolio silencioso en España


De los 14.277 objetos examinados este año solo se denegó la salida del país de 68

Una legislación anticuada, falta de sensibilidad política y una menguante partida pública para compras explican la fuga de España de grandes obras e importantes colecciones




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'La crucifixión' de El Greco, vendida en Londres, por la casa de subastas Shoteby's. Se trata de un gran Cristo crucificado (177 x 105 centímetros), "obra de madurez del pintor cretense que se cuenta entre los tres únicos ejemplares autógrafos con este asunto y dimensiones" conservados en el mundo.

Una crucifixión de grandes dimensiones de El Greco, que un día perteneció al Museo Zuloaga de Zumaia (Guipúzcoa), se remata en Londres por cuatro millones de euros... Un soberbio rubens (Retrato de un caballero) encuentra, también en la capital británica, comprador por 3,8 millones... La colección de 45 piezas de arte contemporáneo en homenaje a Chillida, propiedad del conglomerado Urvasco y depositada en el Bellas Artes de Bilbao, se liquida Christie’s para enjugar las deudas contraídas con la Diputación Foral... Se vende la excelente colección de arte precolombino Barbier-Mueller depositada en Barcelona... Podrían ser los titulares de un boletín de noticias sobre la fuga silenciosa de patrimonio en España. Y también, la invitación a formular unas preguntas urgentes: ¿estamos perdiendo nuestros tesoros artísticos? ¿Hay dejación por parte de quienes están obligados a protegerlos?

Cada caso, cada colección, cada obra narra su propia historia, pero contadas juntas construyen una novela inquietante, con un innegable ingrediente en su trama: los fortísimos recortes en el Ministerio de Cultura esquilman las posibilidades de retener las obras. Sucedió en verano, cuando uno de los nietos de Zuloaga vendió en la sala Sotheby’s de Londres la Crucifixión de El Greco, que durante años se expuso en el museo dedicado al pintor en Zumaia. En España hay otros tres lienzos del artista de este tamaño y temática. Ancora —asociación destinada a proteger los bienes artísticos del País Vasco— puso el grito en el cielo. “Intentamos frenar la venta, fuimos a la Diputación [de quien depende el cuidado de ese patrimonio], pero no sabían nada. Luego nos enteramos de que Cultura le había concedido el permiso de exportación. Una pérdida lamentable”, apunta Alberto Fernández, de Ancora. ¿Por qué se consintió su salida?

Juan Antonio García Castro, director del Museo de El Greco, en Toledo, calcula que entre taller, seguidores, imitadores y obras autógrafas, el catálogo del pintor cretense oscila entre 300 y 400 piezas. Pero hay trabajos —como el que prepara Carmen Garrido, antigua restauradora del Prado— que dejan en solo 70 las piezas de las que hay certeza absoluta. Si hasta ahora los grecos eran valiosos, en el futuro lo serán más. Pero esta interpretación no caló en la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español del Ministerio de Cultura, que se encarga de dar el plácet a la salida de las obras.

El organismo autorizó la venta porque entendió que “era una obra de taller y la imagen era una de sus composiciones más repetidas”, justifica un miembro de la junta. Claro que el coleccionista que pagó 3.442.500 libras (4.053.902 euros) por la tela no pensó lo mismo. Tampoco García Castro: “Ojalá el Estado la hubiera comprado para el museo”.



La historia se repitió recientemente con Retrato de un caballero, de Rubens


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La historia se repitió recientemente con Retrato de un caballero, de Rubens (1577-1640). Un pequeño pero soberbio óleo influido por Velázquez que formaba parte de la colección de Fórum Filatélico y salía a la venta para ayudar a resarcir a los estafados por el fraude de los sellos. Era impensable que el Estado no ejerciera la opción de compra o al menos denegara a la tela su salida del país.  Pero no lo hizo, y permitió que se subastara en Sotheby’s Londres. El cuadro pasó de un precio de salida de 477.700 euros a rematarse por 3.818.320 euros.

Justo es reconocer que la obra la adquirió Fórum Filatélico en el extranjero, por lo que el propietario puede reexportarla en cualquier momento. El vendedor (el organismo concursal) se amparó en una ley de hace 28 años. Una regulación que daba estas facilidades con el objetivo de fomentar el coleccionismo en una España en la que este era una rareza. ¿Resultado? Otra pieza perdida.

Porque el gran arma para evitar la merma del patrimonio es la legislación. Una normativa estricta que, al menos, bloquee la salida de piezas cuando no hay, como ahora, dinero público para comprarlas. Tanto es así, que en 2013 Cultura no ha adquirido ninguna obra en subasta en el extranjero. Ahí fuera tiene que competir con el resto de pujadores y carece de derecho de tanteo (compra preferente). La última adquisición de cierto empaque data de 2011 y fue un conjunto de 42 vistas de ciudades de Genaro Pérez Villaamil procedentes de la colección del Duque de Claredon.

Cultura cuenta con un presupuesto para adquisiciones un 85% menor al de los tiempos del boom económico. Este año, la Junta de Calificación de Bienes ha tramitado la exportación de 14.277 objetos artísticos de los cuales se denegó la salida del país solo a 68 (0,48% del total). Sobre ese número, 34 se adquirieron, 11 fueron autorizados a salir posteriormente —en una segunda ronda de estudio— y 23 no se compraron. Estos últimos, cuya exportación se bloquea, “son los imprescindibles para nuestro patrimonio”, puntualiza un representante del organismo público de valoración.

Pese a los indicios, Dalia Padilla, directora de Christie’s en Madrid, recuerda que “las leyes [de exportación] son muy claras”. España tiene una normativa similar a la francesa y la italiana (las obras de más de 100 años deben solicitar permiso de exportación así como todos los bienes incluidos en el Inventario General). El espíritu de la ley se aparta del modelo inglés. “Cuánto más restrictiva sea una normativa más mercado negro provocará”, advierte el coleccionista Juan Várez.

Pero ese laissez faire, laissez passer también produce sus monstruos. Estos meses vuela hacia Catar el óleo Niño con paloma, de Picasso, uno de los iconos de la londinense National Gallery, que durante 30 años colgó de sus paredes. Propiedad de la familia galesa Aberconway, sus miembros lo pusieron a la venta, de forma privada, en 2012 en Christie's. Hasta abril de este año el museo británico intentó —gracias a una prohibición temporal de exportación— conseguir fondos públicos para impedir su salida de Inglaterra. No lo consiguió y tuvo que levantar el veto. Lord Inglewood, que se movilizó para lograr el dinero, calificó la pérdida de la tela, adquirida por el emirato catarí, como "una gran vergüenza".

Por eso hay que tomar precauciones. Tendemos a asociar el expolio en el arte solo con la pintura, y es necesario mirar más allá: hacia el suelo y la mar. España tiene uno de los mayores patrimonios arqueológicos del mundo tanto en tierra como sumergido. Casos como el del Odyssey, y las 595.000 monedas de oro y plata extraídas ilegalmente del buque Nuestra Señora de las Mercedes, o el expolio de los cascos celtíberos de Aranda de Moncayo nos lo recuerdan. Pero también la pérdida de la colección —313 piezas— de arte precolombino Barbier-Mueller, que durante 15 años se expuso en el Palacio Nadal de Barcelona y que la familia vendió en marzo pasado en Sotheby's. Es cierto que nunca fue patrimonio de la ciudad, porque estaba alquilada a su propietario. Sin embargo también lo es que en su día el Estado la intentó comprar, aunque "lo hinchado del precio, las sombras sobre la procedencia de algunas piezas y las condiciones de exposición dieron al traste con la idea", recuerda Félix Jiménez Villalba, subdirector del Museo de América de Madrid.

Desde luego, esta pérdida no solo afecta a los tiempos precolombinos sino, también, a los actuales. Tanto es así que la crisis se llevó por delante el pasado verano la colección del grupo inmobiliario Urvasco, que fue liquidada por completo en la sala londinense de Christie's para enjugar las deudas contraídas con la Diputación Foral de Vizcaya. El corpus de 45 obras (Anish Kapoor, Cy Twombly, Georg Baselitz, Richard Serra…) componía la colección Homenaje a Chillida, creada como tributo al escultor tras su muerte en 2002, y se hallaba depositada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. El conjunto de piezas fue ofrecido como dación a la institución autonómica; sin embargo lo rechazó. "Nunca deberían haber salido de aquí. Nunca se volverá a reunir una colección igual", se lamenta Pedro Carreras, galerista bilbaíno responsable de atesorar las obras. "Pero con la crisis… La Diputación prefería antes cualquier cantidad de dinero".

Sea como sea, advierten los expertos, esta novela no solo puede estar formada por normas y números. “Todos tenemos una responsabilidad con el futuro. Hay demasiada obra que se está yendo”, admite Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía. “Y no solo es lo que perdemos sino lo que podríamos haber tenido y ya no tendremos. Es un problema grave. Y no es una cuestión de dinero, sino de actitud. Si quieres que las obras se queden puedes comprar promoviendo la dación [pagar impuestos mediante piezas]”.

Para eso hace falta sensibilidad y una actitud distinta ante la evidencia de que España tiene un problema de conservación de su patrimonio. El catedrático Francisco Calvo Serraller pone un ejemplo sangrante: “La salida del constable fue un disparate político”. Se refiere a la venta de La esclusa, una de las joyas de la colección Thyssen, que Carmen Cervera vendió por “falta de liquidez”. Consiguió 28 millones. Pero lo grave, paradójicamente, se halla, a juicio del experto, en la infinidad de familias españolas que atesoran obras desde hace generaciones y no lo comunican. “El 90% de nuestro patrimonio está sin declarar. No tenemos ni idea de lo que hemos perdido, ni de lo que estamos perdiendo. Cualquiera puede sacar piezas de la forma más impune en el espacio Schengen”, avisa Calvo Serraller.

Este expolio cotidiano se refugia en una Europa sin controles fronterizos, una legislación que en caso de expolio, como tal, aplica como máximo una condena de tres años de cárcel —“sería deseable la creación de un delito específico que lo tipifique y el agravamiento de las penas”, analiza David Velázquez, socio de Penal del bufete Cuatrecasas— y una regulación que asfixia al arte y sus aledaños. “¿Qué aliciente tiene declarar el patrimonio?”, se interroga Calvo Serraller. El mercado español resulta tan pequeño que cualquier familia preferirá vender en Londres o Nueva York antes que en Madrid, ya que el precio que logrará será superior.


elpais.com
 




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Post Re: RUBENS 
 
Próxima exposición en el Museo del Prado: Del 25 de marzo al 29 de junio de 2014


Rubens. El Triunfo de la Eucaristía



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El Triunfo de la Iglesia, obra de Rubens. 1625 - 1626. Óleo sobre tabla, 63,5 x 105,7 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

En relación con la importancia de un laborioso trabajo de restauración, y sobre todo con la importancia y calidad de las pinturas de Rubens, el Museo del Prado presentará, a finales del mes de marzo, Rubens. El Triunfo de la Eucaristía. Una exposición, comisariada por Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo del Prado, que mostrará uno de los encargos más importantes que recibió Rubens, la serie de seis tablas que representan el Triunfo de la Eucaristía. Encargada por Isabel Clara Eugenia en 1625 para servir de modelos para los tapices del Convento de las Descalzas Reales de Madrid, esta serie se exhibirá junto a cuatro de los tapices, propiedad de Patrimonio Nacional, realizados a partir de estos diseños.

Las seis tablas del Museo del Prado han sido sometidas a un laborioso proceso de restauración iniciado en 2011 con el apoyo de la Fundación Iberdrola como miembro Benefactor del Programa de Restauración del Museo. Los trabajos de restauración han consistido en retirar unos añadidos del siglo XVIII a cada una de las tablas de la serie que, además de impedir la apreciación correcta del diseño de Rubens, dañaban los soportes originales. Un proyecto que se explicará en profundidad en el espacio de la muestra y en el que también se ha colaborado en la formación de especialistas en la restauración de soportes de madera procedentes de museos de Europa y Estados Unidos gracias a la contribución de The Getty Foundation que ha sufragado la estancia en Madrid de los becarios.

museodelprado.es
 




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Hasta el 24 de junio



El secreto mejor guardado de Rubens


El Prado acoge una serie de modelos y tapices sobre 'El triunfo de la Eucaristía'



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'La victoria de la verdad sobre la herejía' que forma parte de la exposición. EMILIO NARANJO / EFE.

Lo primero, ayer en el Museo del Prado, fue el minuto de silencio en memoria de Adolfo Suárez. Lo solicitó José Pedro Pérez Llorca, presidente del patronato de la institución: "Vamos a cancelar los actos festivos que se iban ha hacer hoy [por ayer] en esta casa. Pero como decía Antonio Machado a la muerte de Fernando Giner de los Ríos, 'Hagámosle el duelo de labores y trabajo'. Eso sí, solicito de todos ustedes un minuto de silencio en memoria del mejor presidente de la democracia española". El auditorio del salón del actos cumplió...

Y ahora, sí. Tras el aplauso unánime, Rubens... Conviene imaginar a Pedro Pablo Rubens (1577-1640) como almirante de la pintura europea del siglo XVII. Reclamo de reyes, maestro sin alcance. Rico, admirado. Patrón de uno de los mayores talleres de la época. Un creador sideral capaz de asumir él solo el peso de la tradición y convertirse en eco del futuro. Rubens lo fue casi todo en el arte de su tiempo.

Su obra es de tan amplia capacidad de aventura que hoy sigue siendo motivo de revisión. Y por ahí incide, una vez más, el Museo del Prado con una intensa exposición que pone de nuevo en marcha el mito de este artista total tirando de uno de los trabajos más extraordinarios de su madurez: 'El triunfo de la eucaristía', tablas ('modelli' y bocetos) para tapices, abierta hasta el 24 de junio y de la que son comisarios Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca del Prado, y Anne Woollett, conservadora del museo J. Paul Getty de Los Ángeles (EEUU), que será la segunda sede de esta muestra.

Hacia 1625, la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos españoles, encargó a Rubens el diseño de una serie de 20 tapices con destino al Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, donde aún se conservan todos ellos. Todos los diseños, pintados sobre tabla, tratan del tema de la Eucaristía, dogma principal del catolicismo que la infanta defendía. Y este encargo se convierte en la operación de mecenazgo más importante de la hija de Felipe II.

Los bocetos preparatorios para esta serie, cuya restauración patrocina Iberdrola, están entre lo mejor de la producción del artista barroco flamenco, dando cuenta de su capacidad para la expresividad y vitalidad de las figuras. Y, de paso, de su profundo conocimiento del arte de la Antigüedad y el Renacimiento. "Éste fue el más caro de los encargos que recibió Rubens", explica el director del Prado, Miguel Zugaza. "Y uno de los pocos que tenía destino claro desde el origen: el monasterio de las Descalzas Reales".

Pero el músculo de esta exposición no es sólo el sobrecogedor trabajo del pintor, sino el fastuoso y sutil ejercicio de restauración de estas tablas, recuperadas por José de la Fuente y María Antonia López Asiaín. "Y lo que destaca, después de la excelente labor de recuperación y limpieza de los bocetos es el prodigio visual que se produce entre los paneles de Rubens y las telas manufacturadas en los talleres de Bruselas", subraya Zugaza.

El Prado posee seis de estas tablas, que eran utilizadas por los ayudantes del pintor para desarrollar después las escenas en cartones que daría paso a los tapices. "Rubens es el máximo ejemplo de pintura docta en la Europa del XVII. Y en esta serie de trabajos se ve la altura del humanismo cristiano que el pintor encarnaba. Aquí despliega con mano maestra la maestría e inventiva que alcanza en su madurez pictórica", insiste Alejandro Vergara.

En esta ocasión, son seis cuadros, cuatro tapices (que raramente han sido prestados por las inquilinas del Monasterio de las Descalzas Reales) y un retrato que Rubens hizo de la infanta Isabel Clara Eugenia dan cuerpo a la muestra. Aunque quedan ciertos enigmas sin resolver. Lo explica en el texto del catálogo la comisaria de la exposición, Anne Woollett: "No conocemos bien las circunstancias en que se produjo el encargo de 'El triunfo de la Eucaristía', ya que casi toda la documentación, incluidos los contratos, se ha perdido. Pero sí sabemos que este es el proyecto más complicado que tuvo que resolver el pintor en la década de 1620, años por otro lado de grandes encargos: frescos (Amberes y Londres), tapicerías y ciclos biográficos...".

Por fin, en las últimas décadas, se ha puesto en hora la realidad de esta aventura que supuso uno de los más fastuosos conjuntos de telas de la pintura flamenca en Europa que hasta ahora formaba parte del ideario de una serie de teorías simplistas que no permitían conocer el verdadero voltaje y calambre de unos 'modelli' que determinan, además, una de las cimas de la obra de Pedro Pablo Rubens. Aquella que quedó enclavijada en un monasterio del centro de Madrid, protegido de la monarquía, y que está entre los secretos mejor preservados de la extensa obra del artista más palmeado de la historia flamenca de la pintura barroca.


elmundo.es



 

Espero ver en unos días los modelos y tapices sobre 'El triunfo de la Eucaristía' de Rubens.    También siento que se hayan borrado la mayoría de las imágenes del trabajo que le dediqué a este pintor hace años. A ver si puedo y vuelvo a reeeditar el trabajo.
 




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