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EL BOSCO
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Sigo presentando trabajos recopilatorios de mis pintores favoritos, en es el caso se trata de Jeroen Anthonizoon van Aeken mas conocido como El Bosco. Un enigmatico y genial pintor como hay pocos en la historia del arte. En España, tenemos la suerte de contar con una buena representación de su obra en el Museo del Prado. Croncretamente tiene las obras:


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Retrato de El Bosco atribuido a Jacques Le Boucq, hacia 1550.

El Bosco - Jeroen Anthoniszoon van Aeken, conocido como El Bosco o Jerónimo Bosch (Bolduque, h. 1450 - agosto de 1516) fue un pintor neerlandés.

Nació en Hertogenbosch, en el seno de una familia de artistas procedentes de Aquisgrán, su infancia y juventud transcurrienron en una difícil y aborrascada época de transición entre una Edad Media que se dirigía velozmente a su ocaso y un Renacimiento que ya despuntaba poderosamente. El Bosco debió de obtener el grado de maestro hacia 1480, y poco mas tarde ingresó en la cofradía de Nuestra Señora.

Supo traducir en figura y color contenidos semejantes a los que pululaban en la literatura de su tiempo, sus obras son de temática religiosa interpretadas con gran fantasía e iconografía demoniaca, relacionando motivos astrológicos, de folklore, brujería y alquimia, así como el tema del anticristo y episodios de las vidas de santos ejemplares mostrando la procupación por la inclinación del hombre hacia el pecado, desafiando a Dios, la condena eterna a las almas perdidas en el infierno, como consecuencia de la locura humana.

Falleció en agosto de 1516, poco podía imaginar que llegaría a convertirse, con el tiempo y más allá de la tumba, en el pintor favorito del primer monarca absoluto de España, el poderoso Felipe II.

Protagonista de sus cuadros es la Humanidad que incurre en el pecado y es condenada al infierno; la única vía que parece sugerir el artista para redimirse se encuentra en las tablas con vidas de santos, cuyas vidas dedicadas a la meditación deben ser modelo de imitación, aunque estén rodeados por el Mal. Ejemplo son las tablas con la Pasión de Cristo a través de la meditación sobre las penas sufridas por Cristo, para rescatar al género humano del pecado universal. En los últimos años de su actividad su estilo cambia, pintando cuadros con un menor número de figuras pero de mayor tamaño que parecen sobresalir del cuadro y acercarse al observador.

El Bosco no fechó ninguno de sus cuadros y solo firmó algunos. El rey Felipe II de España compró muchas de sus obras después de la muerte del pintor; como resultado, el Museo del Prado de Madrid posee hoy en día varias de sus obras más famosas.

Etimología. Jeroen Anthoniszoon van Aeken, en /jə'run ɑn'toːnɪsoːn vɑn 'aːkə(n)/, fue llamado Hieronymus Bosch /ɦijeːˈroːnimʏs ˈbɔs/ o Jeroen Bosch, en /jə'run bɔs/

Firmó algunas de sus obras con Bosch (pronunciado en neerlandés Bos). En español es conocido como El Bosco o Jerónimo Bosch; en italiano es a veces llamado Bosco di Bolduc (de Bosch y Bois le Duc, traducción francesa de 's Hertogenbosch = Bosque Ducal (Bolduque), ciudad natal del Bosco).

Biografía. Nació probablemente alrededor de 1450, quizá el 2 de octubre en Bolduque, una ciudad en el sur de lo que hoy son los Países Bajos, junto a Tilburg y por entonces en posesión del duque de Borgoña.

Su familia, los Van Aken, procedía de Aquisgrán y se dedicaban a la pintura. El apellido familiar arcaicamente se escribía "van Aeken" (de hecho, en neerlandés el apellido se escribe "van Aken" ó "van Aeken", con 'v' minúscula). Aeken es el nombre en dialecto centroalemán de la ciudad de Aquisgrán (llamada en alemán normativo Aachen), de modo que el antiguo apellido familiar indicaba de qué lugar eran oriundos los 'van Aken'. Su padre era Anthonis van Aken, su abuelo Jan van Aeken y su hermano mayor Goossen van Aken.

Al ser pintores, según el sistema medieval de estamentos, formaban parte del respectivo gremio. Esto es importante para entender por qué se hizo conocido como 'El Bosco' (en neerlandés:Den Bosch); a la muerte del padre, el hermano mayor fue el único con derecho para usar gremialmente el apellido van Aken (o cualquiera de sus variantes): así, Jeroen adoptó como nombre artístico el nombre abreviado de su ciudad natal, siendo asimismo latinizado su nombre, pasando a firmar como Hieronymus en lugar de Jeroen.

Ya en 1463 se verifica que utiliza el "apellido" den Bosch, aunque hacia 1480 es bastante conocido en su país como "Jeroen Die maelre" (en neerlandés: "Jerónimo el pintor". Influenciado por los pintores de la escuela alemana (Martin Schongauer, Matthias Grünewald) y por Alberto Durero. Ese año, cerca de 4.000 casas de la ciudad fueron destruidas por un incendio catastrófico iniciado la noche del 13 de junio, y que un Bosco de doce años de edad podría haber visto.

Nada se sabe de la primera formación artística, pero puede suponerse que aprendió en el taller familiar dedicado a la pintura al fresco, a dorar esculturas de madera y a la producción de objetos sacrados, trabajando especialmente para la catedral de la ciudad.

En torno a 1480 se casó con Aleyt (o Aleid2 ) van der Mervenne, hija del rico burgués Goyarts van der Meervenne, que aportó como dote algunos terrenos situados en Oorschot y le facilitó el ascenso social hacia la alta burguesía urbana. Esto le permitió gran libertad para elegir los temas de sus obras.

En 1486 ingresó en la Vrouwe broederschap (cofradía religiosa de Nuestra Señora), corporación de gran prestigio e influencia, a la que ya pertenecía su esposa, posiblemente para protegerse de la inseguridad que se vivía en aquellos tiempos de inquisición. Esta cofradía era una asociación de laicos dedicados al culto a la Virgen y a obras de caridad, y también se involucraba en representaciones sagradas. Le sirvió para cultivarse artística y culturalmente. Vive en un ambiente de intensa devotio moderna. En 1488 presidió el banquete anual de la confraternidad. Entre el año 1488 y el 1489, se sabe, por documentos, que pintó las alas de un políptico esculpido para esta misma confraternidad. El Bosco parece enmarcarse en una corriente mística prerreformista, que arranca de la obra de Eckardt, continuada por Suso y Taulero, difundida en los Países Bajos por el predicador Gerardo Grote,3 a quien se considera iniciador de la Devotio moderna.

Entre 1500 y 1504 no hay documentos referentes al Bosco, es probable que en estos años el artista hiciera un viaje a Italia, permaneciendo en Venecia. De hecho en esta ciudad están presentes muchas obras suyas en colecciones privadas datadas de los primeros decenios del siglo XVI. Por otro lado, a partir de estos años, el estilo del Bosco cambia, hacia un estilo más renacentista con figuras monumentales situadas en espléndidos paisajes.

El 9 de agosto de 1516 se celebraron solemnes exequias por el pintor en la capilla de Nuestra Señora, perteneciente a la confraternidad, constando en los registros de la cofradía de Nuestra Señora de Bolduque en 1516: «Obitus fratrum Hieronimus Aquen alias Bosch, insignis pictor».

La obra del Bosco influyó grandemente en la de Pieter Brueghel el Viejo, quien ejecutó varios cuadros de estilo similar, como por ejemplo el El triunfo de la Muerte de 1562.

Estilo. Pese a ser casi coetáneo de Jan Van Eyck, sus figuraciones y técnicas son notablemente diferentes. Técnicamente pintaba alla prima, es decir, con la primera pincelada de óleo, sin demasiados retoques ni pinceladas. Sin embargo, el análisis de cada una de sus obras demuestra que hacía un concienzudo y detallado proyecto antes de la ejecución; innova, asimismo, en la gama de colores, con tonalidades más contrastadas y atrevidas.

En cuanto a la figuración, El Bosco se destaca por representar a personajes santos como sujetos comunes y vulnerables (total diferencia en esto con Van Eyck, y en cambio mucha similitud con Matthias Grünewald). Es tan patética la vulnerabilidad de los personajes santos representados que les hace queridos por empatía. Prácticamente todos los personajes que representa tienen algo de caricatura.

Lo que quizás primero llama la atención de todo aquel que observa una obra de 'El Bosco' es su "surrealismo" -avant la lettre- sintetizado con el típico expresionismo teutónico.

En sus obras abunda el sarcasmo, lo grotesco y una imaginería onírica. Una de las explicaciones para esto es que 'El Bosco' aún se encuentra imbuido por la cosmovisión medieval repleta de la creencia en hechiceras, la alquimia, la magia, los bestiarios, los tesaurus, las hagiografías... Además, en el 1500 abundaron los rumores apocalípticos. Esto influye para que 'El Bosco' intente desde sus pinturas dar un mensaje moralista, si bien de un moralismo nada pacato sino, por el contrario, satírico; y si 'El Bosco', tiene mucho de medieval, por otra parte nos anticipa al humanismo de la Edad Moderna.

Tanto en las pinturas de asunto religioso como en las de tema profano introdujo todo un mundo de seres, ora normales, ora monstruosos, presentados en actitudes expresivas. La complejidad de los símbolos que utiliza dificulta a menudo la comprensión cabal de sus obras. Su universo de desbocada imaginación, poblado de figurillas fantásticas que parecen surgidas de una pesadilla infernal (La Tentaciones de san Antonio, Tríptico del Juicio Final) anuncia el espíritu de Bruegel; incluso los temas religiosos (La coronación de espinas, Ecce Homo) están deformados por un cruel frenesí de gesticulaciones. Sin embargo, el Bosco es un minucioso observador de la realidad, con gran talento de dibujante, y su irrealismo se emparenta en último término con el espíritu sarcástico de los «fabliaux», ridiculizador de los vicios (Extracción de la piedra de la locura, El carro de heno, El jardín de las delicias). En El vendedor ambulante, seguramente uno de sus últimos trabajos, parece que quiso representar el tema del libre albedrío, así como el de la soledad del hombre.

Se conocen asimismo dibujos del Bosco, en los que se da la misma vivacidad de anotación que muestran sus pinturas y dejan traslucir aún más su agudo sentido de la observación de la naturaleza.

Su fantasía burlesca sedujo a muchos aficionados, sobre todo en España, donde fue objeto de gran aprecio; Felipe de Guevara y el padre Sigüenza escribieron los primeros comentarios críticos que se conocen sobre el Bosco, y Felipe II reunió un crecido número de obras de este pintor, lo cual explica la relativa abundancia actual de pinturas de este maestro en España.

Ha influido en pintores casi contemporáneos suyos, tales como Pieter Brueghel el Viejo, y Pieter Huys. En el siglo XX es notorio su influjo en expresionistas como James Ensor, o surrealistas como Max Ernst y Dalí.

V Centenario. Con motivo del 500 aniversario de su muerte, que se conmemorará en 2016, se prepara, entre otros múltiples actos, una gran exposición, coordinada desde el Bosch Research and Conservation Project, en el marco de la Jheronimus Bosch 500 Foundation (JB500), creada en 2009 y con sede en Bolduque.


Sus principales obras

    - El Carro de Heno (Madrid, Museo del Prado; obra discutida, según el análisis dendrocronológico se situaría entre 1510 y 1516; otra versión en El Escorial, circa 1516).
    - La Adoración de los Reyes, obra del círculo del Bosco, (Nueva York, Museo Metropolitano de Arte).
    - Ecce Homo, 1476 o más tarde, (Fráncfort del Meno, Städelsches Kunstinstitut)
    - El Jardín de Las Delicias, 1480-1490 (Madrid, Museo del Prado).
    - Tríptico del Juicio de Viena, circa 1482 (Viena, Academia de Bellas Artes)
    - San Jerónimo en oración, hacia 1482 (Gante, Museum voor Schone Kunsten)
    - Crucifixión con donante (Bruselas, Museos reales de Bellas Artes de Bélgica)
    - La coronación de espinas o Los Improperios, circa 1485 (Londres, National Gallery)
    - Tríptico de la Adoración de los Reyes, 1485-1500 (Madrid, Museo del Prado).
    - Tríptico del Juicio de Brujas, circa 1486, con participación del taller (Brujas, Groeningemuseum)
    - San Juan Bautista en meditación, hacia 1489, ala del retablo de la cofradía de Nuestra Señora (Madrid, Fundación Lázaro Galdiano)
    - San Juan en Patmos (anverso) e Historias de la Pasión (anverso y reverso), hacia 1498, alas del retablo de la cofradía de Nuestra Señora (Berlín, Staatliche Museen zu Berlin, Preussischer Kulturbesitz, Gemäldegalerie)
    - Cuatro postigos con la Visión del Más Allá: El Paraíso terrenal; la Ascensión al Empíreo; la Caída de los Condenados y El Infierno, circa 1490 (Venecia, Palacio Ducal)
    - Tríptico de los ermitaños o El retablo de los eremitas, hacia 1493 (Venecia, Palacio Ducal)
    - El vendedor ambulante (Rotterdam, Museo Boymans Van Beuningen)
    - La Nave de los locos (París, Museo del Louvre)
    - La muerte de un avaro (Washington D.C., Galería Nacional de Arte, col. Samuel H. Kress)
    - Extracción de la piedra de la locura circa 1494 o más tarde (Madrid, Museo del Prado).
    - San Cristóbal (Rotterdam, Museum Boymans van Beuningen)
    - Tríptico de la Mártir crucificada, hacia 1497, (Venecia, Palacio Ducal)
    - Cristo con la cruz a cuestas, circa 1498 (Madrid, Monasterio de San Lorenzo del Escorial)
    - Cristo con la Cruz a cuestas (El Bosco, Gante) (Museo de Bellas Artes de Gante, Bélgica. Obra debatida, entre 1510 y 1535.)
    - La Adoración de los Reyes circa 1518, seguidor o imitador del Bosco (Filadelfia, Philadelphia Museum of Art, col. John G. Johnson.)
    - Cristo con la cruz a cuestas (Viena, Kunsthistorisches Museum)
    - Las Tentaciones de san Antonio (Madrid, Museo del Prado)
   - Los siete pecados capitales (Madrid, Museo del Prado)
    - Tríptico de las Tentaciones de san Antonio, 1501 o más tarde, (Lisboa, Museu Nacional de Arte Antiga)
   - El Prestidigitador hacia 1503, con participación del taller, (Saint-Germain-en-Laye, Museo Municipal)
    - Tablas del Diluvio (Rotterdam, Museo Boymans van Beuningen)
    - Tríptico de los Improperios (Valencia, Museo de Bellas Artes San Pío V). Realizado entre 1510-1520 por el taller de El Bosco, colaborando el artista en él.
    - La coronación de espinas (Madrid, Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Obra de un seguidor o imitador; el análisis dendrocronológico indica una fecha de ejecución entre 1527 y 1533.)

Espero que os resulte interesante la recopilación que he conseguido de este genial pintor holandés conocido El Bosco.





Algunas obras


El jardín de las delicias


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Tríptico de El Jardín de las delicias o La Pintura del Madroño. El jardín de las delicias es una de las obras más conocidas del pintor holandés Hieronymus Bosch (El Bosco). Se trata de un tríptico pintado al óleo sobre tabla de 220 x 195 cm la tabla central y 220 x 97 cada una de las dos tablas laterales (pintadas en sus dos lados) que se pueden cerrar sobre aquella. Es una de las obras maestras del Museo del Prado, Madrid.

Obra de contenido simbólico, sobre el que se han ofrecido variadas interpretaciones, como El carro de heno o la Mesa de los pecados capitales, obras todas ellas adquiridas por el rey Felipe II de España, gran admirador del pintor, y guardadas durante algún tiempo en el Monasterio de El Escorial, obedece a una intención moralizante y satírica que iba a hacer fortuna ya en su época como demuestra la temprana aparición de copistas e imitadores.

Considerada como una de las obras más fascinantes, misteriosas y atrayentes de la historia del arte, el cuadro forma parte de los fondos de exposición permanente del Museo del Prado de Madrid, donde ingresó como deposito del Patrimonio Nacional en 1939.


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Panel central de El Jardín de las delicias.

El origen de este tríptico -la obra más afamada y singular de cuantas realizó El Bosco- se vincula definitivamente a la Casa de Nassau -propietaria de un castillo en Breda, no lejos de Hertogenbosch-, si bien, por el momento, no se sabe si lo mandó hacer Engelberto II de Nassau, ­fallecido en 1504, o su sobrino y heredero Enrique III de Nassau, en cuyo castillo-palacio de Bruselas lo vio Antonio de Beatis en 1517, durante el viaje que hizo a los Países Bajos acompañando al cardenal Luis de Aragón. A la muerte de Enrique de Nassau, pasó a manos de su hijo Enrique de Châlons y, al fallecer éste en 1544, a las de su sobrino Guillermo de Orange. Confiscado al príncipe de Orange por los españoles en 1568, fue propiedad del prior de la orden de San Juan, Fernando de Toledo, hasta su muerte en 1591. Feli­pe II lo adquirió en su almoneda y en 1593 lo destinó al monasterio de El Escorial, registrándose en su libro de entregas como «una pintura de la variedad del Mundo, que llaman del Madroño». Permaneció en El Escorial hasta la Guerra Civil y en 1939 ingresó en el Museo del Prado como depósito de Patrimonio Nacional. Pese a que no está firmado ni documentado, nadie duda de que El jardín de las delicias es un original de El Bosco. Aunque probablemente el comitente fue Enrique III de Nassau -como opina también Paul Vandenbroeck, que sitúa su ejecución en 1503, cuando se desposó con su primera mujer, por considerar su temática vinculada al matrimonio-, no se puede descartar la posibilidad de que lo encargara su tío Engelberto II de Nassau, pues ambos eran amantes de la pintura y miembros de la cofradía de la Virgen de Hertogenbosch, a la que también pertenecía El Bosco desde 1486-1487, por lo que debían conocer al pintor y su obra, ya que los miembros de dicha cofradía tenían la obligación de acudir a la villa de Hertogenbosch en determinadas festividades y en la catedral de San Juan -en la que tenía su capilla la cofradía- había entonces varias pinturas de El Bosco.

Por lo que respecta a su cronología, aunque no hay elementos de juicio para establecer una evolución en las obras de El Bosco, todo apunta a que, a fines de la década de 1480, su estilo estaba ya perfectamente conformado, de modo que nada impide que El Bosco haya podido ejecutar El jardín de las delicias en 1500 e incluso antes, puesto que la dendrocronología de esta obra, realizada por Peter Klein, confirma que el soporte de roble del Báltico en el que se hizo, estaba cortado y secado en 1458, si bien se almacenó y se utilizó bastantes años después, por lo excepcional de sus dimensiones. El jardín de las delicias es una de las creaciones más enigmáticas de El Bosco, por lo que, para tratar de descubrir su significado, es necesario saber qué es lo que el pintor representa en cada tabla. El tríptico cerrado muestra en grisalla el final del tercer día de la Creación. Arriba, a la izquierda, aparece Dios Padre con triple corona y un libro abierto. En la parte superior de las dos tablas, una inscripción en latín con letra gótica dorada (Salmos, 32, 9) es la clave para identificar el momento elegido: «Ipse dixit et facta sunt» (Él mismo lo dijo y todo fue hecho) en la izquierda e «Ipse mandavit et ­creata sunt» (Él mismo lo ordenó y todo fue creado) en la derecha. El mundo de El Bosco sigue las convenciones de la época: la tierra es plana, con agua alrededor y con abundante vegetación, rodeada de una esfera, con reflejos luminosos para dar la impresión de ser cristalina y traslúcida. El tríptico abierto contrasta, por la brillantez de su color, con la grisalla del reverso, con sus tres paneles distribuidos en tres planos superpuestos, gracias a la elevación de la línea del horizonte.


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Panel izquierdo.: El jardín del Edén

En el izquierdo, dedicado al Paraíso terrenal, aparece en primer plano Dios -identificado por sus rasgos con Cristo- en medio de Adán y Eva. Se trata, por tanto, de la presentación de Eva a Adán, muy poco frecuente en las representaciones del Paraíso. En el plano medio, El Bosco incluye en el centro la fuente de los cuatro ríos del Paraíso, a la izquierda el drago -un árbol procedente de Canarias que se asocia con el árbol de la vida-, y a la derecha el árbol de la ciencia del bien y del mal, con la serpiente enrollada en el tronco. El panel central -que da nombre al tríptico, conocido como El jardín de las delicias o La pintura del madroño- está poblado por gran número de figuras humanas, animales, plantas y frutas. Las primeras -desnudas a excepción de la pareja del ángulo inferior derecho, que se suele identificar con Adán y Eva tras la expulsión del Paraíso-, ya sean hombres, mujeres, blancos o negros, generalmente aparecen en grupos o en parejas. Los animales -reales o fantásticos- muestran dimensiones muy superiores a las normales, al igual que plantas y frutas. No hay duda de que en esta tabla El Bosco representa al mundo entregado al pecado y muestra a hombres y mujeres desnudos, manteniendo relaciones -algunas contra natura- con una fuerte carga erótica o sexual alusiva al tema dominante en esta obra, el pecado de la lujuria, aunque no sea el único. En el plano medio, El Bosco representa un estanque lleno de mujeres desnudas. Fuera de él, gira a su alrededor un grupo de hombres sobre cabalgaduras distintas -algunas fantásticas-, alusivas a los pecados capitales. En el superior el pintor incluye cinco construcciones fantásticas sobre el agua, la central similar a la fuente de los cuatro ríos del panel del Paraíso, aunque resquebrajada. Se alude con ello a su fragilidad, al carácter efímero de las «delicias» que gozan los seres humanos que pueblan este jardín. En el panel derecho, El Bosco representa el Infierno, el más impresionante de los conocidos del pintor, al que se suele llamar «Infierno musical» por la importante presencia de instrumentos musicales, utilizados para torturar a los pecadores que dedican su tiempo a la música profana, como los amantes de la parte superior de la tabla central del tríptico de El carro de heno (Prado). De toda la escena, lo que más atrae la atención es el plano medio con la figura del hombre-árbol -asociado con el demonio-, tanto por su color claro sobre fondo oscuro, como por su gran tamaño en relación a los otros seres representados. Si en el jardín de las delicias dominaba la lujuria, en el Infierno reciben su castigo todos los pecados capitales. Buen ejemplo de ello es el monstruo sentado en el primer plano, a la derecha de la tabla, que devora hombres y los expulsa por el ano -avaros-. Y, sin duda, alude a los glotones -al pecado de la gula- el interior de taberna del tronco del hombre-árbol, en el que los personajes desnudos sentados a la mesa esperan a que los demonios les sirvan sapos y otros animales inmundos, al igual que se destina a los envidiosos el suplicio del agua helada. Tampoco faltan castigos para los vicios censurados por la sociedad de la época, como el juego, o para alguna clase social, como el clero tan desprestigiada entonces, como se verifica en el cerdo con toca de monja que abraza a un hombre desnudo, abajo, a la derecha de la tabla.


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Panel derecho: El infierno. El postigo de la derecha representa el Infierno. Mide 220 cm de alto por 97,5 de ancho.

El tríptico de El jardín de las delicias es una obra de carácter moralizador -no exenta de pesimismo- en la que El Bosco insiste en lo efímero de los placeres pecaminosos representados en la tabla central. El pecado es el único punto de unión entre las tres tablas. Desde su aparición en el Paraíso con la serpiente y con Eva -que asume la culpa principal de la expulsión del Paraíso, propia de la misoginia medieval-, el pecado está presente en el mundo -pese a que se muestre como un Paraíso terreno engañoso a los sentidos- y tiene su castigo en el Infierno.


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El jardín de las delicias. El tríptico cerrado: La Creación del mundo, óleo sobre tabla, 220 x 195 cm. Obra de El Bosco, hacia 1500-1505. Museo del Prado.

Más info del tríptico abierto de El jardín de las delicias



El carro de heno


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El carro de heno es una de las pinturas más famosas de la producción total del pintor holandés El Bosco. Está realizado en óleo sobre tabla. La tabla central mide 135 x 100 cm, y las tablas laterales 135 x 45 cm cada una.

Su fecha es discutida. La datación tradicional lo sitúa entre 1500 y 1502. Actualmente se habla de 1516 aproximadamente o después, gracias al análisis dendrocronológico, por lo que no cabe duda de que se trata de una obra del último periodo del artista, lo que motivaría también la intervención del taller del pintor.1

El rey Felipe II lo compró en 1570 a los herederos de Felipe de Guevara y fue trasladado, en el año 1574 al Monasterio de El Escorial. Se hizo una copia que quedó en dicho monasterio, trasladándose el original a la Casa de Campo primero y a la colección del Marqués de Salamanca después. Hubo una época en que estuvo desmembrado, recomponiéndose en el Museo del Prado.

Con el comienzo de la Guerra civil española fue trasladado al Museo del Prado, para que su conservación fuera mejor, y es donde sigue estando en la actualidad.


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El Carro de Heno. panel central. La obra es un tríptico, por lo tanto está formado por tres tablas. En esta obra las figuras alargadas con perfiles sinuosos son aún de matriz gótico internacional.


El vendedor ambulante. El tríptico del Carro de heno, cuando está cerrado, presenta el tema del vendedor ambulante, atribuido al Bosco y su taller. Representaría así El camino de la vida, con un peregrino, una especie de ermitaño estoico acechado por los peligros del viaje, y que se resiste a las tentaciones representadas por la pareja que baila (lujuria), idea propia de la Devotio moderna.


El panel central muestra una escena de un carro de heno, y a esto se debe precisamente el título del cuadro, además esta basado en un texto del profeta Isaías, que habla de como los placeres y las riquezas del mundo se parecen al heno de los campos que se secan pronto y aún más pronto se acaban. Lo simboliza como algo efímero, pero atractivo.

En lo alto del carro, mientras una pareja de campesinos se besa (la lujuria), observada por una lechuza (que simboliza la herejía o la ceguera humana); tres personajes se dedican a la música, y un hombre observa la escena a cuya derecha un demonio azul con nariz de trompa y cola de pavo real, símbolo de vanidad, participa de la melodía, mientras a la izquierda un ángel se vuelve hacia el Cristo en el cielo en posición de rezar. La lechuza y el demonio pueden entenderse como la lisonja y el engaño.1 Guiando el cortejo que sigue al carro están el rey de Francia, el Papa y el Emperador; en el centro del cuadro se ve un homicidio; guiando el carro para conducirlo al infierno, representado en el ala de la derecha, están criaturas híbridas entre hombres y animales. El padre José de Sigüenza, a finales del siglo XVI, consideró que estas criaturas simbolizaban los diversos vicios:

    «Este carro de heno, en que va esta gloria, le tiran siete bestias, fieras y monstruos espantables, donde se ven pintados hombres medio leones, otros medio perros, otros medio osos, medio peces, medio lobos, símbolos todos y figura de la sociedad; late la lujuria, avaricia, ambición, bestialidad, tiranía, sagacidad y brutalidad.»


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Postigo de la izquierda: El Paraíso terrenal. Una vez abiertas la de la izquierda está dedicada a la creación, el pecado y a la expulsión de Eva y Adán del paraíso. Esta ala izquierda muestra cuatro episodios distintos: en lo alto, la caída de los ángeles rebeldes, que mientras se precipitan cambian de forma y asumen el aspecto de sapos e insectos, tema ya tratado en el escrito Die Diersche Lucidarius, una reedición del siglo XIV del Elucidanum de Anselmo, donde se compara a los ángeles caídos con sapos. Más abajo está la creación de Eva a partir de una costilla de Adán. Aún más abajo y a la derecha está el Pecado original con la serpiente con cabeza de mujer y manos con garras. Finalmente, la expulsión del Paraíso terrestre está coronada por una planta con espinas y varios frutos, uno de ellos picoteado por un pájaro como símbolo de lujuria, mientras el cardo simboliza las tentaciones de los sentidos. Se representan así los cuatro episodios en orden inverso a como aparecen en la tabla derecha del tríptico del Juicio de Viena,1 que sitúa la expulsión del Paraíso en último plano, no en el primero.


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Postigo de la derecha: El Infierno. En el ala de la derecha presenta el infierno y el castigo de los pecados. El infierno se representa como una ciudad incandescente, con diablos dedicados a la construcción de una torre, quizá referencia a la bíblica torre de Babel. El padre José de Sigüenza (1599) interpretó que esta construcción de aposentos y cuartos nuevos era una referencia a que ya no cabían las almas en el infierno y que los que allí entran (pues no otro destino tienen las figuras del panel central) ya no caben.2

Se repiten aquí los incendios de estructuras, tan típicos de la obra del Bosco, pues pueden verse similares igniciones en el panel derecho del Juicio Final de Viena, así como en el lateral derecho de El jardín de las delicias. Son edificios incendiados en los que se ve que el fuego viene desde abajo, como inspirándose en las entonces modernas armas de pólvora o explosiones, con lo que los infiernos que pinta el Bosco acaban pareciendo lugares de confrontación militar.

Temática. El Bosco en la obra pretende relatar cómo todas las clases sociales quieren conseguir su parte de heno del carro, es decir, su parte de placeres y riquezas. Se retrata cómo los más poderosos, como por ejemplo emperadores, reyes, y papas que encontramos en la izquierda del cuadro, no tienen problemas para alcanzar su «ración de placer», mientras que las clases menos pudientes de la sociedad no lo tienen tan sencillo, y tienen que pisotearse o matarse e incluso son atacados por demonios para poder alcanzar algunos de esos «placeres».

La escena puede estar basada en el proverbio flamenco que reza: «El mundo es un carro de heno, del cual cada uno toma lo que puede». Todo tipo de personas se agolpa junto al carro, y desde el Papa a los más plebeyos arrancan los puñados de paja. Es una aplastante sátira de un mundo que ha abandonado a Dios. La temática del cuadro se debe en gran parte a que El Bosco fue un pintor moralizante y crítico con la sociedad de su tiempo, y este cuadro es un fiel reflejo de su actitud al respecto. También en su más famoso tríptico, El jardín de las delicias, utilizó los mismos principios moralizantes que se vuelven a ver representados en este cuadro.

El carro de heno muestra el infierno de los vicios, denuncia el gusto por las riquezas terrestres tan efímeras, lo que anuncia las vanidades de los siglos siguientes.



Tríptico de la adoración de los Magos


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Tríptico de la adoración de los Magos (abierto) San Pedro con donante, Adoración de los Magos, Santa Inés con donante. Óleo sobre tabla, 138 cm × 72 cm. Museo del Prado, Madrid.

Existe un paisaje luminoso que sirve de fondo común a los tres compartimentos del tríptico: predominan los tonos dorados y azules en la representación de bosquecillos, suaves ondulaciones del terreno, algún río y una ciudad. En este tipo de representación de ciudades, el Bosco tiende a un cierto exotismo, representando estructuras cilíndricas y cúpulas de cebolla que pueden recordar a la Cúpula de la Roca de Jerusalén, el mausoleo de Halicarnaso o el minarete de la mezquita de Ibn Tulun en El Cairo.

Ala izquierda del Tríptico de la adoración de los Magos. En el ala izquierda está el donante, Peter Bronckhorst, identificado gracias al escudo familiar con la inscripción «Een voer al» (uno para todos). En segundo plano aparece un hombre sentado sobre una cesta y protegido bajo un precario tejadillo, seca sus ropas al fuego. La opinión generalizada es que se trata de José intentando secar los pañales del Niño. Mediante la desaparición de José de la tabla central, desplazándose a la izquierda, hace de esta compleja epifanía, además, una escena de género.

En la tabla central está la Adoración de los Reyes Magos, en tonos suaves y dorados. en general, es una composición caracterizada por su extrema dulzura y sencillez.2 Fuera de una cabaña precaria se sienta la monumental Virgen, eje de la composición, que tiene en el regazo al niño; figura como salvadora de la humanidad. Melchor, el más viejo de los reyes, representa a Asia; está arrodillado ante ellos, y ha puesto su regalo sobre la tierra: una escultura de oro (según Koldeweij, la mirra; según otros, es una corona que descansa sobre el suelo5 ) con el Sacrificio de Isaac, prefiguración de la Pasión de Cristo, que aplasta a los sapos, símbolo de herejía. Al lado está la corona depuesta, símbolo de sabiduría y poder inútil frente al divino. Al lado está Gaspar, blanco y de mediana edad, representando a Europa; sobre la esclavina que viste aparece la visita de la reina de Saba a Salomón, tema en que el Antiguo Testamento prefigura el Nuevo:5 lleva sobre un plato el incienso (el oro, según Koldeweij). Al final, Baltasar, joven negro que representa a África, lleva en la mano un cáliz esférico, en el que está representada mediante un relieve la oferta de agua al rey David por parte de los tres campeones (2 Sm 23, 14-17), conteniendo la mirra (el incienso, según Koldeweij). Detrás de él, se ve a una criada negra, joven. Probablemente deba identificarse a la Virgen con el altar de la misa que porta las sagradas «especias» y a los tres Reyes como los primeros oficiantes.

El pintor representa a personajes extraños, que realizan movimientos inexplicables dentro del contexto sagrado que se presupone. Toda la escena principal se encuentra rodeada de símbolos del mal, como los dos pastores sobre la cabaña o los ejércitos que atraviesan la escena; incluso las construcciones sobre el fondo tienen un aspecto antropomorfo e inquietante. La actitud de los pastores, además, parece sobrepasar la mera curiosidad ante la presencia de los poderosos reyes, y se convierten de este modo en personajes grotescos que han trepado al tejado del pesebre para contemplar la escena; tras ellos, dos ejércitos se encuentran en un violento encontronazo, completamente desligado de la serenidad del tema principal. Se añade a la situación, un grupo de personajes siniestros que asoman en el umbral de la cabaña, tras la Virgen, en particular una especie de rey oriental semidesnudo que aparece con una sonrisa que más bien parece una mueca. Lleva un manto rojo, un turbante o una tiara y tiene en la pierna derecha una herida repugnante y purulenta. Se ha interpretado de diversas maneras: Herodes; el Anticristo que amenaza la llegada de Cristo y que padece lepra;5 una representación de la herejía espiando a los creyentes; una prefiguración de la Pasión de Cristo; incluso la representación de América, nuevo continente recién descubierto y que no estaría representado, a diferencia de los otros tres conocidos hasta entonces, en los tres reyes Magos tradicionales (Koldeweij, 2001).

Ala derecha del Tríptico de la adoración de los Magos. En el ala derecha está representada santa Inés con la donante Agnese (o Inés) Bosshuysse (o Bosshuye), a la que se reconoce por la santa y su escudo de armas; en segundo plano, un oso y un lobo atacan a algunos viandantes.


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Tríptico de la Adoración de los Reyes (cerrado). El tríptico cerrado mide 138 cm. de alto y 72 cm. de ancho.
Aparece una grisalla con la Misa de san Gregorio, tema muy representado durante el todo el arte medieval, y alcanza el Renacimiento, como puede verse en un (grabado sobre el mismo tema, sobre de Durero (1511). Relata el momento en el que al papa Gregorio, mientras celebra una misa en el Vaticano, se le aparece Jesucristo, con los atributos de la Pasión.

El papa Gregorio aparece arrodillado, delante de un altar; en él se encuentra el sarcófago de Cristo, que se muestra de medio cuerpo, siguiendo la iconografía tradicional de la Piedad. Alrededor de la figura de Jesucristo hay un marco con los episodios de la pasión.
Aparecen en la obra los retratos de algunos de los donantes. Estas figuras secundarias fueron añadidas sobre la grisalla.
Señala Marijnissen (1987) que «los elementos verticales del marco forman parte integrante de la escena pintada».



Mesa de los pecados capitales


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Mesa de los pecados capitales es una de las obras del pintor holandés Hieronymus Bosch, El Bosco. Es un óleo sobre tabla, pensado para usarse como encimera o tablero de mesa. Como todas las obras de El Bosco, al no estar fechado por su autor es datado en fechas diversas. Tradicionalmente se considera pintado el año 1485; otras fuentes lo sitúan entre 1475 y 1480. Mide 120 cm de alto y 150 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo del Prado de Madrid.

Esta tabla fue adquirida por el monarca Felipe II de España, quien la guardó en el monasterio de El Escorial. Se llevó al Museo del Prado durante la guerra civil española.

Los siete pecados capitales se representan con originalidad, con un realismo impecable.

En el centro del cuadro se ve una imagen tradicional de Cristo como varón de dolores, saliendo de su tumba. Se dice que representa el ojo de Dios, y la imagen de Cristo es su pupila. Bajo esta imagen hay una inscripción en latín: CAVE CAVE D[omin]US VIDET ("Cuidado, cuidado, Dios lo ve"). Es una referencia clara a la idea de que Dios lo ve todo.

Alrededor, hay un círculo más grande dividido en siete partes, mostrando cada una de ellas uno de los siete pecados capitales, que pueden ser identificados por sus inscripciones en latín: Ira, Soberbia, Lujuria, Pereza, Gula, Avaricia y Envidia. Se colocan en forma circular, lo cual es bastante raro en la pintura medieval; ello se explica porque la obra no se pensó para colgarla en la pared sino como un tablero de mesa, por lo cual para ver sus representaciones hay que andar en torno a él. Solían pintarse escenas con una configuración similar en las obras de miniaturas o de orfebrería. El pintor ha representado los distintos pecados capitales en escenas de la vida cotidiana del Flandes de su época, tanto con paisajes de interior como de exterior, urbanos y rústicos, detallando paisajes, objetos, vestimentas, etc.

Lujuria. La lujuria se representa en el campo está plantada una tienda de color rojo intenso, en la que dos parejas de enamorados celebran una comida campestre. A un lado, dos juglares o bufones. En primer plano, instrumentos musicales.

Gula. La gula se representa en una escena de interior con cuatro personajes. A la mesa del banquete hay un hombre gordinflón comiendo. A la derecha, de pie, otro que bebe ansiosamente, directamente de la jarra, lo que provoca que el líquido se caiga de las comisuras de los labios. A la izquierda, una mujer presenta una nueva vianda en una bandeja. Aparece un niño obeso, simbolizando el mal ejemplo que se da a la infancia, que reclama la atención de su obeso padre. En primer plano, una salchicha se asa al fuego.

Avaricia. Se representa un juicio en el que el juez, lejos de impartir justicia, acepta un soborno de una de las partes o incluso de las dos partes en litigio.

Pereza (o acidia). Un eclesiástico duerme ante la chimenea en un acogedor interior, mientras que una mujer (la Fe), elegantemente ataviada, trata de despertarlo para que cumpla con sus deberes de oración.

Ira. La ira se representa con dos campesinos borrachos riñendo a la puerta de una posada, con jarras de bebida y uno de ellos es etenido por una mujer, mientras el otro tiene un banco en la cabeza. El fondo es un paisaje típicamente campestre.

Envidia. En la envidia aparecen una pareja de enamorados (un burgués intenta seducir a la mujer de otro), dos señores (un mercader que mira a un joven noble que lleva un halcón en el puño) y en la calle, dos perros con un hueso.

Soberbia (o vanidad). La soberbia representa a una mujer en un interior con pequeños objetos de uso cotidiano. Se mira en un espejo que hay en un armario, sostenido por un demonio; a un lado, se ve otra estancia con figuras.



Otras obras


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Extracción de la piedra de la locura, circa 1494 o más tarde. Óleo sobre tabla, 48 cm × 35 cm. Madrid, Museo del Prado. La Extracción de la piedra de la locura es una de las obras pictóricas pertenecientes a la primera etapa del pintor holandés El Bosco, realizada entre el 1475 y 1480, e incluida en un conjunto de grabados satíricos y burlescos que por entonces se realizaban en los Países Bajos. Es un óleo sobre tabla, de 48 x 35 cm. En la actualidad se encuentra en el Museo del Prado, Madrid.

El Bosco muestra la locura y la credulidad humanas. Lo que se representa en La extracción de la piedra de la locura es una especie de operación quirúrgica que se realizaba durante la Edad Media, y que según los testimonios escritos sobre ella consistía en la extirpación de una piedra que causaba la necedad del hombre. Se creía que los locos eran aquellos que tienen una piedra en la cabeza.

En la obra aparece un falso doctor que en vez de un birrete lleva un embudo en la cabeza (símbolo de la estupidez), extrae la piedra de la cabeza de un individuo mayor y grueso que mira hacia nosotros, aunque en realidad lo que está extrayendo es una flor, un tulipán. Su bolsa de dinero es atravesada por un puñal, símbolo de su estafa. Es usado como expresa crítica contra los que creen estar en posesión del saber pero que, al final, son más ignorantes que aquellos a los que pretende sanar de su «locura». Un fraile y una monja están presentes también en la escena; la religiosa lleva un libro cerrado en la cabeza, esto puede ser una especie de alegoría a la superstición y a la ignorancia de las que se acusaba fuertemente al clero; esta figura femenina puede ser entendida igualmente como una bruja con el libro de los conjuros sobre la cabeza;1 el fraile sostiene un cántaro de vino. El tema del cuadro unido al formato circular en que se realiza podría remitir en cierto modo a un espejo, y así parece arrojar al mundo la imagen de su propia estupidez al desear superarla de este modo tan erróneo. La leyenda que aparece escrita en el cuadro dice Meester snyt die Keye ras, myne name is lubbert das, que significa Maestro, extráigame la piedra, mi nombre es Lubber Das. Lubber Das era un personaje satírico de la literatura holandesa que representaba la estupidez. Viene a decir «mi nombre es tonto»

La representación del fraile como borracho y la monja como ignorante podría apuntar al anticlericalismo del Bosco, influido por las corrientes religiosas prerreformistas en Flandes, como la devotio moderna, que defendían la comunión directa con Dios sin la intervención de la Iglesia oficial, a la vista del mal ejemplo de los eclesiásticos.



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Las Tentaciones de san Antonio es un cuadro del pintor flamenco El Bosco, ejecutado al óleo sobre tabla y que mide 70 centímetros de alto por 51 cm. de ancho. Se encuentra en el Museo del Prado de Madrid.

Esta tabla no debe confundirse con el tríptico realizado por El Bosco sobre el mismo tema, actualmente en el Museo Nacional de Arte Antigua de Lisboa. Este cuadro de Madrid es más sereno frente a la agitación que reina en el tríptico lisboeta.

Es uno de los cuadros de los últimos años de El Bosco, si bien como el resto de sus obras resulta no tener una datación unánime. Friedländer habló de 1490; otros señalaron el año 1510, actualmente se opta por el periodo 1500-1525. No es seguro que sea una obra autógrafa del Bosco, pudiendo ser de un imitador o de su taller.

Estuvo en el Monasterio del Escorial antes de pasar a formar parte de las colecciones del Museo del Prado.

En esta tabla el santo no queda distraído de sus meditaciones por los demonios que lo rodean, con las tentaciones simbolizadas de muchas maneras: el cuchillo mellado, escalas, el jarro del diablo, piezas de armadura, pequeños demonios-grillos. A su lado, aparece uno de sus atributos: un cerdito.

El santo está acurrucado, debajo de un árbol hueco al que le ha puesto un precario techo de paja. Delante, un arroyo del que surgen también figuras demoníacas. Se enmarca en un paisaje de tonos amarillentos y verdosos, con suaves azules hacia el horizonte.

Es uno de los temas favoritos del Bosco: Antonio Abad aparece como el primer ermitaño que tuvo que resistir durísimos ataques del demonio, según describía la Vita S. Antonii de Atanasio y la Leyenda Áurea de Jacobo de la Vorágine.

En cuanto a las fuentes iconográficas de las que se pudo servir el Bosco, Combe apunta, por un lado, a las formas de contemplación que hay en los escritos místicos de Ruysbroeck, como el Espejo de la eterna salud y, por otro, a las litografías del Exercitium super Pater noster, en las que se pueden ver escenas de meditación al aire libre.



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San Juan Bautista en meditación, hacia 1489, ala del retablo de la cofradía de Nuestra Señora (Madrid, Fundación Lázaro Galdiano)
San Juan Bautista en meditación es un cuadro del pintor flamenco El Bosco, ejecutado en óleo sobre tabla que mide 48,5 centímetros de alto por 40 cm. de ancho. Se encuentra en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid (España).

Como el resto de la producción del Bosco, no hay unanimidad en cuanto a su datación. Unos autores señalan el periodo 1504-1505 (Combe, Cinotti), mientras que otros señalan 1490-1500 (Baldass, Koldeweij). Actualmente, se considera que es hacia 1489 o después.

Esta tabla, junto a la de San Juan en Patmos de Berlín parecen ser alas laterales de un retablo perdido, realizado para la Hermandad de Nuestra Señora, en la catedral de San Juan de Bolduque. Los dos santos Juanes son adorados como patronos de la catedral. Además, la visión de san Juan en Patmos era el emblema de la Hermandad. Koldeweijk cree que esta tabla, como la de Berlín, también estaría pintada por el reverso, muy probablemente el relato del nacimiento y la juventud de Jesús, quizá con un ave fénix en el centro, representando la venida y resurrección de Jesucristo.

Estuvo en la colección de José Lázaro. Se expuso por vez primera en una muestra celebrada en el Museo Boymans de Róterdam en 1936.

Son las primeras pinturas llamadas «meditativas», en las que el santo aparece inmerso en un paisaje idílico, con tonos cristalinos que recuerdan a la pintura de Giorgione. Vestido con un manto rojo, san Juan se apoya en una roca y medita con los ojos entrecerrados, al tiempo que señala al cordero.

El análisis reflectológico (1996-2012) ha puesto de manifiesto, en el interior de la granada y mirando hacia el centro del retablo, el rostro del donante de la obra, que por algún motivo fue más tarde repintado (foto Fundación Lázaro Galdiano). El personaje, en caso de tratarse del retablo de la Hermandad de Nuestra Señora para la catedral de Bolduque, como defiende Koldeweij, sería el cofrade jurado Jan van Vladeracken, prior en 1488-1489, época en la que el carpintero entregó a la Hermandad los postigos superiores externos.



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Cristo con la Cruz a cuestas. El Bosco, Hacia 1500. Óleo sobre tabla, 57 cm × 32 cm. Museo de Historia del Arte de Viena, Viena, Bandera de Austria Austria. Este cuadro se ha datado del periodo 1490-1500. Actualmente se cree que esta obra fue realizada hacia 1500.

La tabla, en principio, era más grande, pero fue cortada en unos 20 centímetros por arriba y 2,5 en el borde inferior. Sería la parte izquierda de un tríptico, siendo las otras partes un Calvario (panel central) y un Entierro de Cristo, Descendimiento de la cruz o la Piedad (postigo derecho).

Hay, al menos, otras dos versiones del tema de Cristo con la Cruz a cuestas, realizadas por El Bosco, una del periodo 1515-1516 en el Museo de Bellas Artes de Gante, que mide 74 × 81 cm; y otra que data de 1498 o después y se encuentra en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial (Madrid), que es mucho mayor que las otras dos (150 x 94 cm). Son obras en las que El Bosco testimonia la brutalidad de las multitudes.


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La nave de los locos es un cuadro del pintor flamenco El Bosco, ejecutado en óleo sobre tabla y que mide 58 centímetros de alto por 33 cm de ancho. Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre de París (Francia), donde llegó en 19181 y que lo exhibe con el título de La Nef des fous. Como el resto de obras de su autor, carece de una datación unánime entre los especialistas. Se ha señalado el período 1503-1504; Wundram indica, simplemente, después de 1490.2 Parece claro que es una obra tardía del Bosco, debido a la factura desenfadada del cuadro, en particular en los colores frescos del cielo y del paisaje


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Ecce Homo es un cuadro del pintor flamenco El Bosco, ejecutado en óleo sobre tabla de roble y que mide 75 centímetros de alto por 61 cm. de ancho.

Como las demás obras del Bosco, carece de datación unánime. Se considera que pertenece a la etapa juvenil del pintor. La fecha que suele darse es hacia 1476 o después. No obstante, Cinotti lo fecha en el periodo 1480-1485. Peter Klein, partiendo de análisis técnicos (dendrocronológicos, etc.), ha concluido que es una obra juvenil segura del Bosco, junto a las Tentaciones de san Antonio del Museo del Prado y la Adoración de los Reyes de Nueva York. Bernard Vermet (2001) considera que es la única autógrafa de la etapa juvenil del Bosco y la data hacia 1476 o después. A su juicio, presenta una serie de afinidades iconográficas, dimensiones y datación de la madera con la Adoración de los Reyes de Nueva York que le hacen pensar en que formaban parte de un ciclo sobre la vida de Jesucristo.

La versión original está en el Museo Städel de Fráncfort del Meno (Alemania); hay una copia en Museo de Bellas Artes de Boston. No debe confundirse con el Ecce Homo de un tardío imitador del Bosco, pintado no antes de 1557 y que actualmente se encuentra en el Museo de Arte de Filadelfia (Estados Unidos).

Este cuadro estuvo en la colección Maeterlinck de Gante. Fue expuesto en Brujas en 1902. Pasó a la colección R. von Kaufmann de Berlín. Fue vendido en subasta en 1917 y comprado por el Instituto Städel de Fráncfort del Meno, donde se exhibe actualmente.

Sobre un edificio en alto se encuentra Jesucristo flagelado, cubierto de sangre. Junto a él está Pilatos. Las dos figuras están enfrentadas, destacándose contra la pared, uno compuesto y resignado, el otro vestido a la oriental mientras mira con desprecio. El Jesucristo ensangrentado sigue los modelos de los grabados.

En la parte inferior se encuentra la muchedumbre, armada con puñales y alabardas, con rostros grotescos. A la izquierda pueden reconocerse en parte a los donantes que casi han desaparecido. La vista de la ciudad al fondo está construida sin un uso coherente de la perspectiva, de tal manera que el primer plano no se distingue del fondo.

Distintos historiadores del arte han buscado posibles influencias para esta obra. Algunos hablan de una posible influencia leonardesca; Ch. de Tolnay se ha referido al Maestro de Flémalle y sus Desposorios de la Virgen (Museo del Prado); Combe recuerda una xilografía anónima de mediados del siglo XV y del grabado «Ecce Homo» de Martin Schongauer del Gabinete de Estampas de Bruselas. Roggen (1936) considera que la inspiración fueron las máscaras-caricatura de piel que la gente lucía en las procesiones de Bolduque.


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El Prestidigitador hacia 1503, con participación del taller, (Saint-Germain-en-Laye, Museo Municipal)


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Crucifixión con donante. 1480-85. El Bosco


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La Adoración de los Reyes circa 1518, seguidor o imitador del Bosco (Filadelfia, Philadelphia Museum of Art, col. John G. Johnson.)


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Cristo con la Cruz a cuestas. El Bosco, 1510-1535. Óleo sobre tabla, 76,5 cm × 83,5 cm. Museo de Bellas Artes de Gante, Gante, Flag of Belgium (civil).svg Bélgica


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Tríptico del Juicio Final es un cuadro del pintor flamenco El Bosco, datable hacia 1482 o posterior, ejecutado en óleo sobre tabla que mide 163,7 centímetros de alto por 242 cm. de ancho. Se encuentra en la galería de pinturas de la Academia de Bellas Artes, de Viena.

Hay otro tríptico dedicado también al Juicio Final realizado por El Bosco, un poco posterior (1506-1508) en la Alte Pinakothek de Múnich. Este Juicio Final de Viena permanece dentro de la tradición. El de la Alte Pinakothek constituye el apogeo de la visión demoniaca del Bosco.


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Tríptico del Juicio de Viena (cerrado) Santiago el Mayor y san Bavón

Más info del Tríptico del Juicio Final de Viena de El Bosco



CONTINÚA MÁS ABAJO...
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Last edited by j.luis on Monday, 08 February 2016, 11:11; edited 9 times in total 
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Como siempre hago J.Luis primero darte las gracias por las molestias que te tomas y felicitarte por otro magnífico trabajo.

Un Saludo.
 




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Gracias j.luis, ya sabes de mi debilidad por El Bosco, del que sólo conocía cuatro cuadros, pero que en la exposición que has montado no deja de sorprenderme en cada uno de ellos     para el pintor y para tu labor.
 



 
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... CONTINUACIÓN



Visión del Más Allá


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La Visión del Más Allá es el tema de cuatro postigos que se conservan en el Palacio Ducal de Venecia, realizados por el pintor flamenco El Bosco, ejecutado en óleo sobre tabla. Cada uno de ellos mide 87 centímetros de alto por 40 cm. de ancho.

Se cree que son los postigos laterales de un tríptico perdido (según Tolnay, 1965), con los paneles laterales superpuestos, colocados el Paraíso terrenal y la Ascensión a la izquierda, uno sobre otro, y la Caída de los condenados y el Infierno a la derecha, también uno sobre otro. Se ha aventurado igualmente la hipótesis de que se tratara de dos pequeños trípticos relacionados entre sí. Entonces el Paraíso terrenal y la Ascensión al Empíreo enmarcarían una tabla central con el tema de la Resurrección de la carne; y la Caída de los condenados y el Infierno estarían a ambos lados de un Juicio Final.

Como el resto de obras del Bosco, no se sabe con certeza la fecha de realización. Tradicionalmente se datan del periodo 1500-1504. La dendrocronología indica que es hacia 1490 o después.

Se cree que son las tablas (las llama "lienzos", denominación que se daba genéricamente a toda obra pictórica) que Marcantonio Michiel menciona, en su Notizia d'opere del disegno (1521) en la colección veneciana del cardenal Grimani.

Los temas de los postigos son:

    El Paraíso terrenal

Hombres y mujeres, acompañados por ángeles, miran hacia la fuente de la vida que está en lo alto de una colina.


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El paraíso terrenal. El Bosco, Hacia 1490 o después. Óleo sobre tabla, 87 × 40 cm. Palacio Ducal de Venecia, Venecia, Italia


    La Ascensión al Empíreo


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La Ascensión al Empíreo, una de las cuatro tablas. El Bosco, Hacia 1490 o después. Óleo sobre tabla, 87 × 40 cm. Palacio Ducal de Venecia, Venecia, Italia

En esta tabla las almas están sostenidas por ángeles que las conducen hacia la luz divina a través de un pasaje cilíndrico, más allá del cual deben proseguir solos, quizá aquí el artista se refiere a una frase de El casamiento espiritual de Jan van Ruysbroeck, en el que habla de la irradiación de Dios como un abismo inmenso de luz esencial. Es todo un hallazgo esa entrada a través de un cilindro de franjas concéntricas, tomado quizás de la tradición de las miniaturas de la Baja Edad Media, según Baldass.

    La Caída de los condenados

Es una pintura muy oscura, en la que sólo algunos bordes levemente iluminados dejan entrever los contornos de las figuras. Los condenados se hunden, caen, en las tinieblas.


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Caída de los condenados. El Bosco, Hacia 1490 o después. Óleo sobre tabla, 87 × 40 cm. Palacio Ducal de Venecia, Venecia, Italia


    El Infierno


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El Infierno. El Bosco, Hacia 1490 o después. Óleo sobre tabla, 87 × 40 cm. Palacio Ducal de Venecia, Venecia, Italia

A diferencia de otros infiernos representados por el Bosco en las tablas derechas de sus trípticos más conocidos (Juicio Final de Viena, el Jardín de las Delicias, el Carro del Heno) no hay aquí multitud de demonios atormentando a los pecadores de mil maneras distintas, sino muy pocas figuras, casi con una sola como protagonista: el condenado en primer plano que apoya la cabeza en la mano con gesto de desesperanza.

Detrás de él, una roca amenazadora está iluminada por los fuegos que arden detrás de ella, con lo que se subraya más su perfil sombrío y espantoso; este tipo de iluminación nocturna sí es muy habitual en sus representaciones del infierno. En los otros casos suelen ser edificios incendiados en los que se ve que el fuego viene desde abajo, como inspirándose en las entonces modernas armas de pólvora o explosiones, con lo que los infiernos que pinta el Bosco acaban pareciendo lugares de confrontación militar.



El vendedor ambulante


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El vendedor ambulante. El Bosco, Hacia 1494 o después. Óleo sobre tabla, 71 cm × 70,6 cm. Museo Boymans Van Beuningen, Rotterdam, Bandera de los Países Bajos Países Bajos.

El personaje de esta pintura es muy parecido a las puertas exteriores de El carro de heno, que representa también a un Vendedor ambulante, un Vagabundo o la parábola del hijo pródigo (Tolnay y Larsen).

Es una obra de los últimos años del Bosco. La dendrocronología ha establecido una fecha de hacia 1494 o después.1 Algunos autores han señalado que el cuadro fue realizado hacia el año 1510.

También se le conoce como El viajero y El hijo pródigo. Como escribe Jos Koldeweij, «representa el homo viator, el caminante, el hombre sobre el sendero de su vida. Amenazado por peligros y tentaciones, debe continuar el camino a lo largo de una vía a menudo estrecha y accidentada y plagada de obstáculos», dividida en dos caminos: el del pecado, simbolizada por el burdel a la izquierda que tiene como insignia una oca blanca, símbolo de lascivia; y aquel otro del regreso que parece haber elegido el hijo pródigo, cuya iconografía se asemeja al arcano sin número del tarot: El Loco.

Considera Pijoán que aquí se representa al Hijo pródigo como un vagabundo que se marcha de la venta donde le han acogido, llevándose el zurrón lleno y el sombrero de un soldado que se ha quedado rezagado besando a una joven. Desde una ventana le mira una vieja que le ha descubierto. No tendría entonces esta obra intención moralizadora.2

Los análisis dendrocronológicos ha confirmado la tesis, ya expuesta en 1972 por Filedt Kok, de que esta tabla es la parte exterior de un tríptico cuyo interior estaría formado por la Nave de los locos, abajo la Alegoría de los placeres que se conserva en New Haven y a la derecha, la Muerte de un avaro, tablas que fueron cortadas por la mitad. Todas ellas presentan un gran parecido en el dibujo. Siendo ello así, habría que interpretar el sentido de la tabla en su conjunto como una representación de la idea, propia de la Devotio moderna, del ser humano como un peregrino-ermitaño que busca el camino de la salvación, alejándose de la maldad y los vicios del mundo. Sería así una alegoría de la vida humana entendida como peregrinación. A ello contribuiría, según Koldeweij, el bastón nudoso, para defenderse de las acechanzas de los perros, y el gran cesto de mimbre como representación de su dolorosa carga, para recorrer el camino del arrepentimiento, lejos de la corrupción y la maldad.



San Juan Bautista en meditación


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San Juan Bautista en meditación es un cuadro del pintor flamenco El Bosco, ejecutado en óleo sobre tabla que mide 48,5 centímetros de alto por 40 cm. de ancho. Se encuentra en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid (España).

Como el resto de la producción del Bosco, no hay unanimidad en cuanto a su datación. Unos autores señalan el periodo 1504-1505 (Combe, Cinotti), mientras que otros señalan 1490-1500 (Baldass, Koldeweij). Actualmente, se considera que es hacia 1489 o después.

Esta tabla, junto a la de San Juan en Patmos de Berlín parecen ser alas laterales de un retablo perdido, realizado para la Hermandad de Nuestra Señora, en la catedral de San Juan de Bolduque. Los dos santos Juanes son adorados como patronos de la catedral. Además, la visión de san Juan en Patmos era el emblema de la Hermandad. Koldeweijk cree que esta tabla, como la de Berlín, también estaría pintada por el reverso, muy probablemente el relato del nacimiento y la juventud de Jesús, quizá con un ave fénix en el centro, representando la venida y resurrección de Jesucristo.

Estuvo en la colección de José Lázaro. Se expuso por vez primera en una muestra celebrada en el Museo Boymans de Róterdam en 1936.

Son las primeras pinturas llamadas «meditativas», en las que el santo aparece inmerso en un paisaje idílico, con tonos cristalinos que recuerdan a la pintura de Giorgione. Vestido con un manto rojo, san Juan se apoya en una roca y medita con los ojos entrecerrados, al tiempo que señala al cordero.

El análisis reflectológico (1996-2012) ha puesto de manifiesto, en el interior de la granada y mirando hacia el centro del retablo, el rostro del donante de la obra, que por algún motivo fue más tarde repintado (foto Fundación Lázaro Galdiano). El personaje, en caso de tratarse del retablo de la Hermandad de Nuestra Señora para la catedral de Bolduque, como defiende Koldeweij, sería el cofrade jurado Jan van Vladeracken, prior en 1488-1489, época en la que el carpintero entregó a la Hermandad los postigos superiores externos.



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El Prestidigitador, también conocido como El prestidigitador y el ratero, es un cuadro atribuido al pintor flamenco El Bosco o su taller, ejecutado en óleo sobre tabla. Mide 53 centímetros de alto por 65 cm. de ancho. Se conserva en el Museo Municipal de Saint-Germain-en-Laye (Francia).



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Ecce Homo. El Bosco, h. 1476 o después. Óleo sobre tabla, 75 cm × 61 cm. Museo Städel, Fráncfort del Meno, Alemania


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Cristo con la cruz a cuestas. El Bosco, Hacia 1500. Óleo sobre tabla, 57 × 32 cm. Museo de Historia del Arte de Viena, Austria


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La Adoración de los Reyes. El Bosco, Hacia 1499 o posterior. Óleo sobre tabla, 74 × 54 cm. Philadelphia Museum of Art, Filadelfia, Estados Unidos


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Cristo con la Cruz a cuestas (El Bosco, Gante), 1510-1535. Óleo sobre tabla, 76,5 cm × 83,5 cm. Museo de Bellas Artes de Gante, Bélgica


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San Cristóbal. El Bosco, Hacia 1494 o después. Óleo sobre tabla, 113 × 71,5 cm. Museo Boymans Van Beuningen, Rotterdam, Países Bajos


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La muerte de un avaroLa muerte de un avaro. El Bosco, Hacia 1494 o después. Óleo sobre tabla, 92,6 × 30,8 cm. Galería Nacional de Arte (Washington), Washington DC, Estados Unidos


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La nave de los locos. El Bosco, 1503-1504. Óleo sobre tabla, 58 × 33 cm. Museo del Louvre, París, Francia


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San Juan en Patmos. El Bosco, Hacia 1489 o después. Óleo sobre tabla, 63 × 43,5 cm. Staatliche Museen, Berlín, Alemania


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La Coronación de espinas (Los Improperios). El Bosco, Hacia 1485 o después. Óleo sobre tabla, 73 × 59 cm. National Gallery de Londres, Londres, Reino Unido


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San Jerónimo en oración. El Bosco, H. 1482 o después. Óleo sobre tabla, 77 cm × 59 cm. Museo de Bellas Artes de Gante, Gante, Bélgica


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Niño jugando. Aprox. 1500. Óleo sobre tabla. 57,2 x 32 cm. Viena, Kunsthistoriscges Museum. Obra de El Bosco


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San Cristóbal. 1504-1505. Oleo sobre tabla. 113 x 71,5 cm. Museo Boymans van Beuningen. Rotterdam. Holanda. Obra de El Bosco


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Tabla del Diluvio. Medallones con representaciones alegóricas. Aprox. 1514. Óleo sobre tabla. 69,5 x 39 cm. Rotterdam, Museum Boymans van Beuningen. Obra de El Bosco


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Tabla del Diluvio. El mundo antes y después del diluvio. Aprox. 1514. Óleo sobre tabla. 69,5 x 39 cm. y 69,5 x 36 cm.Rotterdam, Museum Boymans van Beuningen. Obra de El Bosco


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Tríptico de la Mártir crucificada. San Antonio, la martir crucificada, soldado conducidos por un monje. Aprox. 1497. Óleo sobre lienzo. 104 x 119 cm. Venecia, Palacio Ducal. Obra de El Bosco


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Historia de la Pasión. Museo de Bellas Artes de Valencia. Óleo sobre tabla, 163 x 382,5 cm. Obra de El Bosco

Elaborado hacia 1510-1520 en el obrador del Bosco, en Flandes, perteneció a doña Mencía de Mendoza, cuya preferencia por el arte flamenco la hizo poseedora de pinturas de Gossaert, Van Orley o el propio Bosco.

Casada con el conde Enrique III de Nassau, propietario del Tríptico de las Delicias, contrajo segundas nupcias con Fernando de Aragón, duque de Calabria y virrey de Valencia, ciudad a la que se trasladó. Tras su muerte, el Tríptico de la Pasión pasó al convento de Santo Domingo de Valencia, en la capilla de los Reyes, ingresando posteriormente en el Museo con la desamortización. Este excepcional conjunto está compuesto por la Coronación de Espinas, flanqueada por el Prendimiento y la Flagelación.



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Un ballestero. Óleo sobre tabla. 28 x 20 cm. Museo del Prado.


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San Juan en Patmos. El Bosco, Hacia 1489 o después. Óleo sobre tabla, 63 cm × 43,5 cm. Staatliche Museen, Berlín, Bandera de Alemania Alemania


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La Coronación de espinas (Los Improperios). El Bosco, Hacia 1485 o después. Óleo sobre tabla, 73 cm × 59 cm. National Gallery de Londres, Londres, Bandera del Reino Unido Reino Unido


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Tríptico de las Tentaciones de san Antonio, es un tríptico del pintor flamenco El Bosco, ejecutado en óleo sobre tabla que mide 131 centímetros de alto por 238 cm de ancho. Está firmado en el compartimento central, abajo a la derecha: JHERONIMUS BOSCH, en un cartellino que lleva en el pico un pájaro de rojo y sobre patines.

Se encuentra en el Museo Nacional de Arte Antigua de Lisboa (Portugal). Una copia, realizada por un seguidor de El Bosco, puede encontrarse en la Galería Nacional de Canadá en Ottawa. Hay una tercera copia, que en tiempos se creyó que era el original, en la Barnes Foundation de Filadelfia, Pensilvania; el historiador del arte de la Universidad de Pensilvania, Larry Silver, ha indicado que se trata de una copia del siglo XVI. De este tríptico hay unas 15 copias, totales o parciales. Hay otra versión sobre el mismo tema en el Museo del Prado de Madrid: Las Tentaciones de san Antonio.

Como el resto de la obra del Bosco, no hay una datación fija. Actualmente se considera que pertenece a la fase intermedia de la producción bosquiana: años 1490-1500, lo que avalan los estudios dendrocronológicos que hablan de 1501 o después.

Quizá este tríptico de Las Tentaciones de san Antonio sea el mismo que adquirió el humanista portugués Damião de Góis en el año 1523. A mediados del siglo XIX estaba en el palacio real de Lisboa. El rey Manuel II de Portugal lo donó al Museo de Arte Antigua en el año 1911.


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Tríptico de las Tentaciones de san Antonio (Panel central), Obra de El Bosco. Museo Nacional de Arte Antigua de Lisboa (Portugal)



Enlace muy interesante

El Bosco. Obra completa

Ver más obras de El Bosco en Artehistoria



Me encanta este pintor, en cada cuadro esconde un mensaje subliminal... y en algunos varios, en fin espero que este trabajo os ayude a conocer mejor a éste maestro holandés, al menos buscando la información me he encontrado con muchas obras que no conocía.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedoa.org, pintura.aut.org, museodelprado.es, artcyclopedia.com, guiadeviaje.net y otras de Internet.
 




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Last edited by j.luis on Monday, 22 February 2016, 23:09; edited 4 times in total 
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Post Respuesta: El Bosco 
 
Espero os vayan gustando los trabajos que estoy confeccionando, via google, buscando información como loco por la red...

Tengo muy avanzados otros trabajos de Tintoretto, Tiziano, Rembrant, Rubens, Velázquez, Goya, Picasso... qué poco a poco los iré publicando en el foro.



 




Saludos
 




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J.Luis otro mas que paso como Nota, vaya exposición de arte que nos vas a montar en el foro. Muchas gracias por seguir ampliándola.

Un Saludo.
 




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Post Resposta: EL BOSCO 
 
Qué decir de El Bosco? Me ha sorprendido muy gratamente, ya lo comenté y realmente es un placer contemplar sus cuadros.
     
 




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j.luis las cosas así de bien hechas sólo salen cuando las haces con ganas, ilusión y pasión, y se nota que te encanta la pintura, el arte... GRACIAS por deleitarnos con estros trabajos  [smilie=up.gif]
 



 
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Post Re: EL BOSCO 
 
Los dibujos secretos de El Bosco


Una investigación internacional desvela sorprendentes detalles en 'Las meditaciones de San Juan Bautista' del museo Lázaro Galdiano de Madrid



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Retícula de las 'Meditaciones de San Juan Bautista', de El Bosco / FUNDACIÓN LÁZARO GALDIANO

Las meditaciones de San Juan Bautista, pintada por El Bosco entre 1485 y 1510, es una de las obras más conocidas del Museo Lázaro Galdiano. En el cuadro, 60 por 40 centímetros, el santo aparece rodeado por extrañas montañas (espejo de la lujuria y el pecado), animales de granja mezclados con criaturas extrañas y plantas fantástica propias de una película de ciencia ficción. En esa tabla destaca lo que podría ser una especie de granada trepadora. En la restauración realizada por el museo en 1995, se intuía la existencia de una figura masculina ocupando la parte central de la fruta. Ahora se puede ver casi cada detalle de la cabeza y el dibujo que realizó el artista antes de pintar y se sabe que, como hizo en otras obras, el rostro corresponde al donante, la persona que encargó la obra. ¿Por qué lo hizo desaparecer? Las causas pueden ser muchas: no le agradó al pagador. No funcionó la composición a ojos del artista. Se arrepintió sobre la marcha y la imagen del mecenas queda como otros muchos arrepentimientos del artista...

Los descubrimientos que hoy miércoles da a conocer el Lázaro Galdiano sobre una de sus joyas más famosas es debido al trabajo de investigación que desde hace un año realiza el Bosch Research and Conservation Project para revaluar la obra fundamental de El Bosco. Con un presupuesto de dos millones de euros, el equipo estudia alrededor de cincuenta obras maestras que formarán parte de la exposición que en 2016 se le dedicará en el Noordbrabants Museum de Hertogenbosch (el Museo de Brabante ) a propósito de los cinco siglos que su muerte. Brabante es la región en la que vino al mundo el maestro de Brueghel el Viejo, donde, sin embargo, no poseen ninguna obra del pintor. Todas las piezas que entonces se exhiban serán prestadas por museos y coleccionistas privados.

Pero antes de que la exposición se pueda disfrutar, Matthijs Ilsink explica en los talleres del Lázano Galdiano en qué consiste el trabajo del equipo que él coordina. Acompañado de tres expertos que no despegan la vista del ordenador, Ilsink señala la cámara que a unos cinco centímetros de distancia fotografía sin parar Las meditaciones de San Juan Bautista. Con luz visible e infrarroja, la cámara va tomando macrofotografías que, divididas en cuadrículas, dan detalles del cuadro que hasta ahora nunca se habían podido ver. Al menos, con tal nitidez.

Ilsink aclara que no se trata de desenmascarar falsas atribuciones (caso de Rembrandt) ni aportar nuevos descubrimientos (aunque sí estudian algunos cuadros de su entorno). “Se trata de conocer la obra de El Bosco hasta el último detalle. No solo las figuras ocultas que se están descubriendo en algunos de sus trabajos, sino de analizar como era su pincelada (fina en unos casos, gruesa en sus comienzos) y que no volcaba la pintura directamente, como otros pintores flamencos, sino que, previamente, dibujaba cada elemento con todo detalle, incluidos los sombreados”.

Amparo López Redondo, conservadora jefe de la Fundación Lázaro Galdiano, pone todo el entusiasmo del mundo para detallar otros asuntos fundamentales que confirman las nuevas pruebas. Como, por ejemplo, que este cuadro presenta tantas similitudes con el San Juan en Patmos que conserva el Staatliche Museo de Berlín que se puede asegurar que ambos cuadros forman parte de un tríptico escultórico con dos tablas. Una vez descubierto el hecho de que la planta oculta una figura humana que se intentó hacer desaparecer del cuadro, la explicación que manejan los expertos es que se cortó la parte inferior y se rehizo la pieza manteniendo los elementos primitivos.


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A la izquierda, un dibujo oculto tras una granada (en el centro). / FUNDACIÓN LÁZARO GALDIANO

Aunque en España puede haber una docena de obras de El Bosco, el equipo investigador seguirá su gira en cuanto concluya el trabajo en el Lázaro Galdiano. Ilsink explica que solo se fotografían los que pueden aportar novedades para entender la esencia de la obra de El Bosco. El Prado tiene una de las mejores representaciones del mundo, gracias al fervor que Felipe II profesaba por este pintor. En sus salas se encuentra El carro de heno, La Adoración de los magos, El jardín de las delicias, Los siete pecados capitales o Las tentaciones de San Antonio. En el palacio de San Lorenzo de El Escorial se exhibe otra de las grandes obras de El Bosco: Jesús con la cruz a cuestas.

Las meditaciones de San Juan Bautista consta como propiedad del Lázaro Galdiano desde 1913. En 1936, antes de que comenzara la Guerra Civil, el museo Boymans van Beuningen de Rotterdam se había llevado el cuadro para una exposición. Al estallar la guerra, la pinacoteca holandesa se ofreció a custodiar la obra y el Galdiano aceptó. Durante la Segunda Guerra Mundial, el cuadro se salva de las llamas que consumieron la ciudad gracias a que junto a otros muchos fue escondido en una gruta. Pasada la guerra, y pese a las numerosas ofertas económicas recibidas, Jerónimo Seisdedos -entonces conservador del Prado- viajó a Rotterdam para llevar el cuadro a Madrid. Lo entregó el 2 de abril de 1949.


elpais.com
 




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Post Re: EL BOSCO 
 
Las pinturas de "El Bosco"


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Ver vídeo: http://www.rtve.es/alacarta/videos/...-bosco/1330814/

Las pinturas de "El Bosco" suelen calificarse como misteriosas, oníricas y llenas de fantasía. Lo cierto es que casi 500 años después de su muerte, sus obras siguen dando sorpresas. Ahora un equipo internacional de investigadores del arte ha desvelado en Madrid lo que oculta "Las meditaciones de San Juan Bautista".



rtve.es
 




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Eso solo es un arrepentimiento, la mayoria de artistas los tienen en sus cuadros: Velazquez en el "retrato de ecuestre de Felipe IV", por ejemplo, se nota en las patas traseras del caballo, En la "Santa Cena" de Leonardo hay un brazo "fantasma" con una navaja e incluso en "La Virgen de las Rocas" del Louvre se han encontrado en las radiografias el esbozo de otro cuadro.

Lo interesante sería saber porque el Bosco tapó el rostro del donante, o tapo el cuadro anterior.

saludos
 



 
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Post Re: EL BOSCO 
 
Las tentaciones


La maravilla y el misterio de 'Las tentaciones de San Antonio', de El Bosco, siguen inalterables



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'Las tentaciones de san Antonio' de El Bosco en el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa.

He recorrido las salas casi desiertas del Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa buscando un solo cuadro, Las tentaciones de san Antonio,de El Bosco. He venido a verlo con treinta y tantos años de retraso. Cuando estaba en la universidad y me gustaba imaginarme una carrera profesional como estudioso de alguna rama a ser posible recóndita de la historia del arte le dediqué mucho tiempo a un proyecto de monografía o de tesina sobre los cuadros de El Bosco, y este tríptico de Lisboa era uno de mis preferidos. Cualquier tema en el que se ahonde un poco se revela inagotable. A mí me gustaba indagar en los significados posibles de esos hormigueros de criaturas, plantas, frutos, objetos, en los que se va perdiendo la mirada, pero también fijarme en la destreza meticulosa con la que estaba ejecutada la pintura, la solvencia con que un artista flamenco extiende diminutas pinceladas de óleo sobre una tabla, con una técnica tan distinta de la de los italianos.

Examinaba lo más de cerca que podía las láminas en color en la biblioteca de la Facultad, en Granada, mirando con envidia los nombres de los museos y de las ciudades en las que se encontraban los cuadros. Para quien no puede viajar por falta de dinero el nombre de una ciudad tiene la belleza de lo casi imaginado. La ciudad más tentadora, también imposible a pesar de su cercanía, era Madrid, donde una sala entera del Prado estaba dedicada a El Bosco.

    El Bosco no era un genio solitario y marginal, sobre todo porque los genios solitarios son un invento posterior a él

Cuando al fin pude hacer ese viaje y ver los boscos del Prado todavía me acordaba de muchas de las cosas que había aprendido mientras hacía aquel trabajo, pero de mis expectativas sobre una carrera en la historia del arte no quedaba nada. Entonces sí que pude apreciar de cerca lo que antes sólo había intuido, esa calidad vibrante de la pintura, la fuerza de los colores no ensombrecidos por el paso de siglos, el contraste entre la modernidad del medio —el óleo— y la macabra imaginería medieval que representaba. Cuesta hacerse a la idea de que El Bosco es una generación más joven que Piero della Francesca y coetáneo casi exacto de Leonardo da Vinci. Comparado con ellos, parece muy anterior, menos cercano al Renacimiento que a los bestiarios fantásticos y a los capitales abigarrados de siglos anteriores. Y también pareció, en una época tan dada a la vanidad estética como el siglo XX, que era un predecesor de las alucinaciones y las irracionalidades del surrealismo, ese movimiento en el que abundaron tanto los expertos en autopromoción. El mérito de El Bosco, como el de los profetas del Antiguo Testamento, habría sido anunciar con quinientos años de anticipación a André Breton y sus amigos, y de paso el psicoanálisis y hasta la psicodelia.


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El Bosco, Tentaciones de san Antonio (tabla central del tríptico)


 user_50_el_bosco_huida_y_error_de_san_antonio_ala_izquierda_del_tr_ptico  user_50_el_bosco_san_antonio_en_meditaci_n_ala_derecha_del_tr_ptico

El Bosco, Huida y error de san Antonio (ala izquierda del tríptico)  -   El Bosco, San Antonio en meditación (ala derecha del tríptico)

En el prólogo a su excelente biografía de Marx, Jonathan Sperber dice que un historiador es alguien "dedicado a entender el pasado en sus propios términos, y cuidadoso de no jugarlo según las concepciones del presente". En el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa, sentado delante del tríptico de Las Tentaciones de san Antonio, yo sentía la apelación turbadora y burlesca de esas imágenes que estaba mirando de cerca por primera vez, en ese estado creciente de excitación que tiene algo de embriaguez visual. Y también me acordaba de mi antiguo proyecto, de la necesidad de saber lo que el pintor y sus contemporáneos veían en ellas. El Bosco no era un genio solitario y marginal, sobre todo porque los genios, solitarios y marginales o no, son un invento varios siglos posterior a su vida. Vivía y trabajaba en su propio tiempo, no en un anticipo defectuoso del nuestro. Hijo y nieto de pintores, y miembro como ellos de un gremio, ejercía su oficio en un sistema de producción muy reglado, en el que ser pintor no tenía nada de particular. Probablemente esa posición estaba reforzada porque vivió siempre en una ciudad provincial, Hertogenbosch, no en uno de los centros que en Flandes o en Italia marcaban los caminos más renovadores en el arte. Y no hay tampoco indicios de que fuera un heterodoxo o un radical religioso o político. Lujos así no podía permitírselos un artesano de la pintura. Era un miembro respetado de la comunidad, y tenía una clientela variada e influyente. De modo que nada de visiones delirantes que no pudieran ser comprendidas por sus contemporáneos, y que debieran esperar varios siglos hasta merecernos a nosotros: la gran mayoría de esos seres que pueblan sus pinturas pertenecen a repertorios simbólicos que eran de conocimiento común en su tiempo. El Bosco no se dedicaba a escandalizar a los biempensantes, como aseguran que hacen algunos de los artistas más celebrados y mejor pagados de la actualidad, sino a representar el mundo de acuerdo con un idioma visual que nos parece indescifrable no porque lo sea, ni porque hubiera nacido de la fiebre visionaria o trastornada de su imaginación, sino porque se ha perdido una gran parte del conocimiento necesario para comprenderlo. De vez en cuando, sus imágenes son traslaciones literales de proverbios en holandés, o incluso de giros o juegos de palabras. Su mundo es el del milenarismo a la vez religioso y político de la tardía Edad Media, el de las danzas de la muerte, las celebraciones carnavalescas, la sátira de la desvergüenza de los frailes, la exigencia de una piedad interiorizada y contemplativa que poco después daría lugar a la Reforma.

    El Bosco no se dedicaba a escandalizar a los biempensantes, como algunos de los artistas más celebrados

Durante meses leí en vano todo lo que pude sobre el mundo y los mundos de los tiempos de El Bosco, sobre símbolos alquímicos y figuras del tarot, sobre la cultura popular que asoma en Erasmo y en Rabelais, con su celebración de lo corporal y lo grotesco, según explicaba con erudición impetuosa el gran Mijaíl Bajtín. Creo que llegué a saberme casi palmo a palmo el tríptico de El carro del Heno, el de El jardín de las delicias, este de Las Tentaciones de san Antonio que no tenía ninguna esperanza de ver porque estaba en la lejanísima Lisboa.

No me sirvió de nada. En aquellos la historia del arte era unas veces un catálogo polvoriento de fechas y títulos y descripciones detalladas y superfluas, y otras veces un rumiar monono de palabrería marxista perfectamente intercambiable, fuera cual fuera la obra, la época o el artista del que se tratara. Había un marxismo rústico que veía la lucha de clases hasta en un apio de Sánchez Cotán y un marxismo de más altos vuelos intelectuales con muchas citas de Althusser y de retorcidos teóricos italianos. Daba igual. En los estudios de historia del arte no había casi nadie que se molestara en mirar una obra de arte o que nos alentara a hacerlo, a descubrir su materialidad irreductible, a intentar comprender el proceso por el cual había llegado a existir. Tan ocupados estaban en asignarles significados ideológicos que no tenían ninguna curiosidad por saber qué habían significado para quienes las hacían, las encargaban, las admiraban.

Ha pasado el tiempo y no sé si queda algún rastro de aquella palabrería estéril: en Lisboa, en la última sala del Museo de Arte Antiguo, permanecen inalterables la maravilla y el misterio de Las tentaciones de san Antonio. Ha valido la pena tardar tantos años.

Por Antonio Muñoz Molina

Fuente: antoniomuñozmolina.es / elpais.com
 




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Last edited by j.luis on Friday, 19 September 2014, 08:34; edited 1 time in total 
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Post Re: EL BOSCO 
 
El Gobierno decide que El Bosco, Van der Weyden y Tintoretto sigan en El Prado


Vicepresidencia no atenderá la petición de devolución cursada por Patrimonio Nacional



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Varios visitantes contemplan 'El jardín de las delicias' de El Bosco en el Museo del Prado. / Manuel Escalera

Todo apunta a que El Bosco, Van der Weyden y Tintoretto se quedarán en el Museo del Prado, su lugar de residencia desde 1936. La petición de devolución cursada por Patrimonio Nacional a la pinacoteca que dirige Miguel Zugaza para que varias pinturas de estos maestros pasen a engrosar la colección del Museo de Colecciones Reales que será inaugurado en 2016 está a punto de recibir una respuesta negativa por parte del Gobierno.

“La decisión está tomada a falta de cerrar dos flecos jurídicos, los cuadros no saldrán del Prado”. “El Gobierno no tiene previsto de ningún modo tocar la colección del Prado, esos cuadros se quedarán en el museo”. Son declaraciones tajantes efectuadas a este diario por dos altos representantes del Gobierno de Mariano Rajoy, que ultima estos días un documento legal con el fin de sellar el depósito definitivo de varias obras de estos artistas en El Prado. Parece que los deseos manifestados por José Rodríguez-Spiteri, presidente de Patrimonio Nacional, caerán en saco roto. Esos deseos, compartidos por la persona que dirigirá el Museo de Colecciones Reales, José Luis Díez, apuntaban en concreto a cuatro obras: El jardín de las delicias y La mesa de los siete pecados capitales, de El Bosco; El descendimiento de la cruz, de Van der Weyden; y El lavatorio, de Tintoretto.


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Mesa de los pecados capitales. El Bosco, 1485. Óleo sobre tabla, 120 × 150 cm. Museo del Prado

El pasado mes de julio, según una información publicada en El Confidencial, José Rodríguez-Spiteri dirigió una carta a Zugaza recordándole que esas pinturas —consideradas obras capitales de la colección por parte de los responsables del Prado— eran propiedad de Patrimonio Nacional y que su intención era recuperarlas. ¿Destino? Un lugar de honor en el futuro Museo de Colecciones Reales. Las obras viven en el Museo del Prado desde 1936, después de que la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico del Gobierno de la República las trasladara a la pinacoteca madrileña para protegerlas durante la Guerra Civil. Un decreto franquista de 1943 certificó la permanencia de los cuadros en El Prado mediante la figura jurídica de un depósito temporal, depósito que fue renovado por última vez en un nuevo documento sellado por ambas partes en 1998.

La situación en julio en torno a la supuesta carta de reclamación fue la siguiente: Patrimonio Nacional sostuvo que la carta había sido enviada. En El Prado aseguraron que no se tenía constancia de ella. Duda resuelta: “Sí que existe esa intención de reclamar por parte de Patrimonio, desde luego”, explicaba un alto cargo del Ministerio de Cultura.


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El Lavatorio. Tintoretto, 1548-1549. Óleo sobre lienzo, 210 × 533 cm. Museo del Prado, Madrid

La dirección del Museo del Prado ha mantenido durante todo este tiempo una relativa calma ante este espinoso asunto, en el que mucho han tenido que ver las no demasiado buenas relaciones entre ambas instituciones. De hecho, los responsables de Patrimonio Nacional ya han hecho saber a Zugaza que no ofrecerán su colaboración en forma de cesión de obras en próximas exposiciones del Prado como las que se dedicarán a Bernini o al propio Van der Weyden. En cuanto al que será máximo responsable del Museo de Colecciones Reales actualmente en construcción junto a la Catedral de la Almudena de Madrid, José Luis Díez, lo menos que puede decirse es que se trata de una persona que conoce bien los resortes y la vida interior del Museo del Prado: no en vano fue hasta hace poco su conservador de pintura del siglo XIX.

El Patronato del Museo del Prado que preside José Pedro Pérez Llorca se ha topado con una auténtica paradoja: a la reclamación fracasada por parte de la pinacoteca del Guernica de Picasso en manos del Museo Reina Sofía ha venido a sucederle la petición igualmente fracasada de varias pinturas de tres de sus más grandes maestros.


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El descendimiento de la cruz. Roger van der Weyden, h. 1436. Óleo sobre tabla, 220 × 262 cm. Museo del Prado

Tanto El jardín de las delicias como La mesa de los siete pecados capitales, ambas de El Bosco, y El descendimiento de la cruz, la obra más importante de Rogier van der Weyden, figuran bajo el epígrafe “Obras maestras” en la página web de las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional. Ahí seguirán. Pero también en las salas del Museo del Prado.

elpais.com




 

Me parece correcta la decisión. No entiendo que a estas alturas, pretendan quitar al Prado cuatro obras maestras que millones de aficionados a la pintura han visto desde 1936. Considero que el Museo del Prado es el lugar donde deben estar estas obras. Seguro que el futuro museo de Colecciones Reales, tendrá muchas otras obras que exponer y no éstas precisamente.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

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¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Post Re: EL BOSCO 
 
No entiendo porque ahora quieren desmembrar el Pardo para llevar esas obras a un museo que no le va a llegar ni a las suelas de los zapatos a la pinaconta madrileña. Entiendo que patrimonio nacional reclame esas obras, pero el problema es que ese museo es un museo tambien del estado y encima se formó con las colecciones reales. De todas formas durante la Republica y la dictadura de Franco, la realeza perdio sus posesiones y ahora son patrimonio del estado y de todos los españoles. El sitio idoneo para esas obras maestras es el Prado, en mi opinión.
 



 
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Post Re: EL BOSCO 
 
Eso son celos profesionales... el nuevo museo estará dirigido por un conservador -José Luis Díez- que trabajó en el Prado a las ordenes de Miguel Zugaza, éste, desde hace muchos años director del Prado, de cuya gestión estamos contentos los amigos del Prado, además de las diferentes autoridades de Cultura que han desfilado por los distintos gobiernos.

El nuevo museo que lleva un retraso de varios años, debería haberse inaugurado en 2012 -ahora dicen que lo inauguraránen en 2016-, tiene fondos suficientes para llenarlo de obras de arte, con tantos palacios que cuenta Patrimonio Nacional; pero claro esas cuatro obras que reclaman son muy golosas, espero que nunca salgan del del Prado, pues están en su casa, además de muy valoradas por el público que pueden visitarlas y además estan muy cuidadas.




 

Saludos.
 




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Last edited by j.luis on Friday, 05 September 2014, 16:55; edited 1 time in total 
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Post Re: EL BOSCO 
 
Si, supongo que son celos profesionales o como dices, que esas obras son muy golosas, pero el lugar ideal para ellas es en el Prado, supongo que como dices deben tener obras de sobra para llenar el nuevo museo, pero pienso que el arte debe estar en buenos museos y que mezclen pintura, escultura, dibujo con otro tipos de colecciones lo veo un poco galimatias. Aqui hay un museo que fundó un escultor Federic Marés, coleccionaba de todo y su museo es como una especie de batiburrillo en el que te puedes encontrar muchas tallas de madera de virgenes o cajas de cerillas.

Bueno, en este pais cuando se trata de inauguran museos y cosas culturales siempre hay retrasos, cuando se tratan de otras cosas no pasa eso.
 



 
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Post Re: EL BOSCO 
 
José Ignacio Wert: 'El jardín de las Delicias' se quedará en el Museo del Prado



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Un fragmento de 'El jardín de las delicias'.

El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, ha negado hoy que el cuadro 'El jardín de las Delicias' del Bosco vaya a ser trasladado, junto con otras tres obras más, de su ubicación actual en el Museo del Prado al futuro Museo de las Colecciones Reales.

Al ser preguntado, en 'Los desayunos de TVE', por la "pretensión" de Patrimonio Nacional de llevarse al Museo de las Colecciones Reales -cuya apertura está prevista en Madrid para 2016- cuatro cuadros del Museo del Prado, uno de ellos 'El jardín de las delicias', Wert ha asegurado que ese tema "está ya resuelto" y ha añadido que "eso no va a suceder".

Respecto a las recientes quejas del director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, por la escasez de presupuesto del mismo, el responsable de Cultura ha reconocido que el museo, "tras un año estupendo", con la exposición de Dalí, está teniendo en 2014 "mayores dificultades" en sus ingresos.

El Reina Sofía, con un director "muy competente" y un Patronato "muy activo", está teniendo, según Wert, también "algunas dificultades, como todos los museos", ante lo cual el Gobierno "hace todo lo que se puede hacer con los presupuestos, pero sobre todo tienen que conseguir atraer más mecenazgo, patrocinio, gente y utilizar más sus espacios".

"Estoy seguro de que el Reina Sofía, una de las joyas de nuestro patrimonio cultural, va a superar esta situación", ha señalado.


elmundo.es
 




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Post Re: EL BOSCO 
 
Bueno, es lo unico inteligente que ha dicho Wert, pero la politica cultural del gobierno es una vergüenza, ya veis como van los cines, cada dia se cierran más  y como ahora lo estan sufriendo el reina Sofia, esos museos necesitan un presupuesto que les permitan actuar de forma que  no tengan problemas de invertir en conservación, son patrimonio de todos los españoles y si algo se fastidia, perdemos todos. Además es uno de los atractivos de Madrid, sus propuestas culturales. Hay que potenciar ese tipo de turismo, el cultural, y no el de botellon.
 



 
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Post Re: EL BOSCO 
 
Sí, la política cultural de gobierno -como en la mayoría de los asuntos- deja mucho que desear, y en cuanto a Educación y Cultura es una vergüenza. El tema del IVA, por ejemplo no tiene calificativo, para ellos es más importante, por ejemplo la cerveza, que tiene un IVA reducido que el del Cine o Teatro, que es el general. Un auténtico despropósito.

Y en cuanto a los museos pasa lo mismo, hay una auténtica desidia en el Reina Sofía y en Prado. En este último que me toca de cerca si no fuese por las aportaciones de los socios y algunas donaciones, no sería posible mantener la pinacoteca a un gran nivel internacional, aún así vamos tirando, pero prácticamente sin ayudas estatales.



 

Saludos.
 




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Post Re: EL BOSCO 
 
Yo hablaba de la cultura porque es el tema que aqui tratamos, lo de la educación es algo relacionado. Yo creo que la subida del iva cultural es un castigo a los artistas que siempre han sido criticos y beligerantes con el pp, Tampoco les interesa demasiado potenciar al turismo cultural que pienso que debería ser una buena apuesta para este pais, viendo el tipo de gentuza que viene al reclamo de precios baratos, de alcohol barato y juergas. Está claro que ese tipo de turismo barato y que solo crea problemas a los vecindarios parece que le interesa más.  Lo que tengo claro es que si pudieran privatizar y vender partes de los museos, no dudo que lo harían, no les interesa lo publico y menos el acceso a la cultura.

Aqui había una colección, la Barbier-Müller de arte precolombino, una de las mejores del mundo. Le ofrecieron venderla al ayuntamiento de Barcelona por 15 millones de euros, ¿que hizo el ayuntamiento? paso del tema, dijo que no le interesaba, tardaron poco en venderla a otra ciudad europea incluso por más dinero. Lo que demuestra el poco interes que tienen los partidos de derechas por la cuestion cultural, era un patrimonio que bien encauzado podría haber reportado prestigio a la ciudad de Barcelona  (que no anda precisamente sobrada de museos importantes) y segura mente se hubiera recuperado la inversión en pocos años, pero nuestros politicos no tienen visión más allá de 4 años (lo que dura un mandato) y lo que una persona minimamente cultivada vería como una buena inversión ellos lo ven como un gasto innecesario.

Hay que elogiar a las personas que colaboran con museos y entidades culturales, gracias a ellos esto puede ir tirando.
 



 
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