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NEOCLASICISMO
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Post NEOCLASICISMO 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al Neoclasicismo, se sitúa entre el Rococó y el Romanticismo. Se conoce como Neoclasicismo a la corriente cultural y artística predominante en Europa durante el siglo XVIII y que se proponía como principal objetivo restaurar el gusto y las normas propuestas por el Clasicismo. Recordemos, que el clasicismo fue una tendencia estética cuya base la constituía la imitación de los modelos de la antigüedad griega o romana, que valoraban la armonía de las proporciones del objeto artístico.

El nacimiento de la corriente literaria y artística denominada Neoclasicismo en el siglo XVIII se corresponde con una muy profunda revisión de modelos sociales, económicos y políticos que se vive en Europa durante aquellas décadas.

Este cambio social europeo se debe a la difusión de las teorías de la Ilustración en todos los ámbitos de la vida. Se revisan y critican los modelos tradicionales y se proyecta una nueva sociedad más justa e igualitaria. Este proceso terminará provocando la caída del Antiguo Régimen.


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La fuente, obra de Ingres.

En el plano cultural y artístico, también se produce este punto de inflexión que terminará conduciendo a la pintura moderna contemporánea.

En este momento, entre los ilustrados se enuncia la convicción absoluta de un conocimiento basado en la razón. En este movimiento de humanismo cultural, también aparece un afán enciclopédico de recoger el saber humano.

En arte y literatura se revisan los valores de la antigüedad desde el punto de vista formal y moral. Se busca un ideal de pureza como defensa y crítica del barroco y rococó, que se consideran artes de lujo artificial.


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La defensa de Zaragoza, obra de José Álvarez Cubero, foto del vestíbulo de la ampliación del Museo del Prado.

En este contexto, la antigüedad clásica se convierte en el modelo a seguir. Artistas y aficionados viajarán a Roma para tomar modelos de la antigüedad imperial romana, y Roma se convierte en el centro internacional (Si bien es verdad que muchos modelos se toman del Renacimiento en lugar de observar directamente los edificios de la antigüedad).

En esta revisión de la cultura greco-romana tuvieron importancia los descubrimientos de Pompeya y Herculano y los dibujos de artistas y las teorías de los enciclopedistas (Voltaire, Rosseau, etc.)

Una de las características del neoclasicismo es que en la revisión de las culturas clásicas se concluye la preeminencia de lo griego sobre lo romano. Por ello, en el neoclasicismo, predomina la arquitectura inspirada en Grecia.


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Nicolas Poussin - Et in Arcadia ego o Los pastores de Arcadia (1637-1638). Museo del Louvre (París).


La pintura neoclásica es un movimiento pictórico nacido en Roma en la década de 1760 y que se desarrolló en toda Europa, arraigando especialmente en Francia hasta aproximadamente 1830, en que el Romanticismo pasó a ser la tendencia pictórica dominante.

El Neoclasicismo se sitúa entre el Rococó y el Romanticismo. Pero en muchas ocasiones, el tránsito de uno a otro estilo no es fácil, porque tienen rasgos semejantes. Si lo característico del Neoclasicismo era revivir otra época, en concreto la Antigüedad clásica, realmente no se diferencia de intentar recrear la Edad Media o la vida en países orientales, pues en ambos casos se recurría a temas exóticos, ajenos a la realidad de la sociedad en la que el pintor trabaja. En realidad, clasicismo y Romanticismo son tendencias estilísticas burguesas que reaccionan frente al aristocrático rococó, y como tal ideología burguesa, aspira tanto al orden y la estabilidad, como a la libertad que les era negada por el Antiguo Régimen; del mismo modo, es la burguesía la que se plantea la dialéctica entre la razón, que defiende un sistema político más racional que el del Antiguo Régimen, y el sentimiento, muchas veces puro sentimentalismo burgués frente a la cínica frialdad e indiferencia de la aristocracia. En este sentido, el Neoclasicismo representaría la aspiración a un orden regido por la razón, mientras que el Romanticismo representaría las igualmente burguesas ideas de libertad en un mundo dominado por el sentimiento individual.

Espero que la recopilación que he conseguido del arte Rococó, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.







Neoclasicismo

El término Neoclasicismo (del griego -νέος neos, el latín classicus y el sufijo griego -ισμός -ismos) surgió en el siglo XVIII para denominar de forma peyorativa al movimiento estético que venía a reflejar en las artes los principios intelectuales de la Ilustración, que desde mediados del siglo XVIII se venían produciendo en la filosofía, y que consecuentemente se habían transmitido a todos los ámbitos de la cultura. Sin embargo, coincidiendo con la decadencia de Napoleón Bonaparte, el Neoclasicismo fue perdiendo adeptos en favor del Romanticismo.


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El juramento de los Horacios, obra de Jacques-Louis David.




Orígenes

Con el deseo de recuperar las huellas del pasado se pusieron en marcha expediciones para conocer las obras antiguas en sus lugares de origen. La que en 1749 emprendió desde Francia el arquitecto Jacques-Germain Soufflot, dio lugar a la publicación en 1754 de las Observations sur les antiquités de la ville d'Herculaneum, una referencia imprescindible para la formación de los artistas neoclásicos franceses. En Inglaterra la Society of Dilettanti (Sociedad de Amateurs) subvencionó campañas arqueológicas para conocer las ruinas griegas y romanas. De estas expediciones nacieron libros como: Le Antichitá di Ercolano (1757-1792) elaborada publicación financiada por el rey de Nápoles (luego Carlos III de España), que sirvieron de fuente de inspiración para los artistas de esta época, a pesar de su escasa divulgación.

También hay que valorar el papel que desempeñó Roma como lugar de cita para viajeros y artistas de toda Europa e incluso de América. En la ciudad se visitaban las ruinas, se intercambiaban ideas y cada uno iba adquiriendo un bagaje cultural que llevaría de vuelta a su tierra de origen. Allí surgió en 1690 la llamada Academia de la Arcadia o Arcades de Roma, que con sus numerosas sucursales o coloniae por toda Italia y su apuesta por el equilibrio de los modelos clásicos y la claridad y la sencillez impulsó la estética neoclásica.


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Johann Joachim Winckelmann, a menudo llamado "el padre de la arqueología".

La villa romana se convirtió en un centro de peregrinaje donde viajeros, críticos, artistas y eruditos acudían con la intención de ilustrarse en su arquitectura clásica. Entre ellos estaba el prusiano Joachim Winckelmann (1717-1768), un entusiasta admirador de la cultura griega y un detractor del rococó francés; su obra Historia del Arte en la Antigüedad (1764) es una sistematización de los conocimientos artísticos desde la antigüedad a los romanos.

En Roma también trabajaba Giovanni Battista Piranesi (1720-1778); en sus grabados, como Antichitá romana (1756) o Las cárceles inventadas (1745-1760), y transmite una visión diferente de las ruinas con imágenes en las que las proporciones desusadas y los contrastes de luces y sombras buscan impresionar al espectador.

El trabajo está cargado de simbolismo: la figura en el centro representa la verdad rodeada por una luz brillante (el símbolo central de la iluminación). Otras dos figuras a la derecha, la razón y la filosofía, están rasgando el velo que cubre verdad.

La Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época de la Razón (filosofía) por racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humanos. Vino a sustituir el papel de la religión (como organizadora de la existencia del hombre) por una ética laica que ordenará desde entonces las relaciones humanas y llevará a un concepto científico de la verdad.



Arquitectura neoclásica


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Representación de la Acrópolis de Atenas. Obra del arquitecto y pintor Leo von Klenze (detalle).

La arquitectura puede ser analizada como una rama de las artes social y moral. La Enciclopedia le atribuyó la capacidad de influir en el pensamiento y en las costumbres de los hombres. Proliferan así las construcciones que pueden contribuir a mejorar la vida humana como hospitales, bibliotecas, museos, teatros, parques, etc., pensadas con carácter monumental. Esta nueva orientación hizo que se rechazara la última arquitectura barroca y se volvieran los ojos hacia el pasado a la búsqueda de un modelo arquitectónico de validez universal. Nacen movimientos de crítica que propugnan la necesidad de la funcionalidad y la supresión del ornato en los edificios. Francesco Milizia (1725-1798) en Principi di Architettura Civile (1781) extendió desde Italia las concepciones rigoristas a toda Europa. Mientras, en Francia, el abate Marc-Antoine Laugier (1713-1769) propugna en sus obras Essai sur l'Architecture (1752) y Observations sur l'Architecture (1765) la necesidad de crear un edificio en el cual todas sus partes tuvieran una función esencial y práctica y en el que los órdenes arquitectónicos fueran elementos constructivos y no sólo decorativos, todo ello para hacer una arquitectura verdadera: la construida con lógica.

La arquitectura neoclásica es un estilo arquitectónico que produjo el movimiento neoclásico que comenzó a mediados del siglo XVIII, por una reacción contra el estilo barroco de ornamentación naturalista así como por el resultado de algunos rasgos clasicistas nacidos en el barroco tardío. Se prolongó durante el siglo XIX, confluyendo a partir de entonces con otras tendencias, como la arquitectura historicista y el eclecticismo arquitectónico. Algunos historiadores denominan el periodo de la arquitectura neoclásica de la primera mitad del siglo XIX como clasicismo romántico, a pesar del oxímoron (oposición de términos), dado que, además de coincidir en el tiempo con el romanticismo, estilísticamente comparte rasgos con la estética romántica, al añadir cierta expresividad y espíritu exaltado a la sencillez y claridad de las estructuras clásicas grecorromanas.

Factores fundamentales que influyeron en la creación de la arquitectura neoclásica fueron los determinantes en el contexto político, social y económico de la época, en que se incluyen destacadamente la Revolución Industrial, la crisis del Antiguo Régimen, la Ilustración, el enciclopedismo, la fundación de las Academias, el despotismo ilustrado, etc.

La Revolución Industrial modificó profundamente el ritmo de vida, influyó en adelantos técnico constructivos, empleo de nuevos materiales. El concepto de economía relacionado con el funcionamiento cambió algunos esquemas de organización espacial y aun de relación entre vanos y macizos.

El enciclopedismo, espíritu precursor de la Revolución francesa, trajo consigo una concepción romántica de la Grecia Antigua. La Ilustración sostenía que la infelicidad del hombre, se debía a la ignorancia e irracionalidad y que por lo tanto el único camino viable para conducirlo a la felicidad era llevarle la luz de la razón por medio de la educación. En cuanto a arquitectura la educación implicaba el conocimiento y fuentes antiguas tales como Vitrubio, Palladio, Vignola; por lo que ésta hizo uso de los repertorios formales de la arquitectura griega y romana.

Se buscó dar un carácter más científico a las artes, por lo que los artistas debieron ser técnicos más que inventores, e imitadores más que creadores. Este espíritu científico llevó a considerar al arte clásico como un arte progresista, porque estaba desprovisto de adornos sin sentido y buscaba la perfección de las leyes inmutables sin depender de las impresiones subjetivas e imperfectas del artista.

Las Academias para el estudio de las artes surgieron en Italia desde el siglo XVI; las fundadas en el siglo XVIII ya estaban matizadas por la Ilustración, lo que les dio un carácter distinto. La Academia fungió como transmisora de los conceptos en contra del barroco y a favor del neoclasicismo y los diversos tratados clásicos y renacentistas de las Tres nobles artes, así como de obras de carácter técnico y científico que racionalizaban su práctica y ejecución. Entonces el arte comienza a sufrir las consecuencias de una crítica libre, fundada en los principios académicos.


La crítica ilustrada

La arquitectura puede ser analizada como una rama de las artes social y moral; L'Encyclopédie le atribuyó la capacidad de influir en el pensamiento y en las costumbres de los hombres. Proliferan así las construcciones que pueden contribuir a mejorar la vida humana como hospitales, bibliotecas, museos, teatros, parques, etc., pensadas con carácter monumental. Esta nueva orientación hizo que se rechazara la última arquitectura barroca y se volvieran los ojos hacia el pasado a la búsqueda de un modelo arquitectónico de validez universal.

Nacen movimientos de crítica que propugnan la necesidad de la funcionalidad y la supresión del ornato en los edificios. Francesco Milizia (1725-1798) en Principi di Architettura Civile (1781) extendió desde Italia las concepciones rigoristas a toda Europa. Mientras, en Francia, el abate Marc-Antoine Laugier (1713-1769) propugna en sus obras Essai sur l'Architecture (1752) y Observations sur l'Architecture (1765) la necesidad de crear un edificio en el cual todas sus partes tuvieran una función esencial y práctica y en el que los órdenes arquitectónicos fueran elementos constructivos y no sólo decorativos, todo ello para hacer una arquitectura verdadera: la construida con lógica.

Todos los arquitectos parten de unos supuestos comunes como son la racionalidad en las construcciones y la vuelta al pasado. Los modelos de los edificios de Grecia y Roma e incluso de Egipto y Asia Menor se convierten en referentes que todos emplean aunque desde puntos de vista distintos.


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 6proyecto_del_cenotafio_de_newton_de_boull_e_1784

Proyecto de cenotafio para Isaac Newton, de Étienne-Louis Boullée.


Visionarios


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Interior del teatro de Besançon (Ledoux, 1788) reflejado en un ojo; dibujo del propio Ledoux, hacia 1800.

LA Arquitectura visionaria es un concepto forjado para calificar la arquitectura con cualidades visionarias y que habitualmente no pasa del estadio de proyecto, quedándose en el papel y no realizándose como construcción.

Tres arquitectos neoclásicos franceses de la segunda mitad del siglo XVIII son calificados como visionarios: Étienne-Louis Boullée, Claude Nicolas Ledoux y Jean-Jacques Lequeu. También se califica del mismo modo al italiano Giovanni Battista Piranesi.

Algunos arquitectos y grupos de arquitectos del siglo XX se han denominado visionarios (Archigram, Archizoom, Superstudio, Basil Al Bayati).


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Proyecto de puerta de cazadero, de Lequeu, hacia 1800.

Otros arquitectos, los llamados utópicos, revolucionarios o visionarios, plantearon edificios basados en las formas geométricas. No despreciaron la herencia del pasado clásico y, aunque respetaron las normas de simetría y la monumentalidad, sus edificios son a veces el resultado de la combinación caprichosa de las formas geométricas. Étienne-Louis Boullée (1728-1799) y Claude-Nicolas Ledoux (1736-1806) encabezaron esta postura; entre la gran cantidad de proyectos no construidos merece la pena mencionar el Cenotafio para Isaac Newton concebido por Boullée como una esfera, representación del modelo ideal, levantada sobre una base circular que había de cobijar el sarcófago del científico. Ledoux ha dejado edificios construidos, entre ellos una parte de la utópica ciudad industrial de las Salinas de Arc-et-Senans, de planta circular en el Franco Condado o el conjunto de la Villette en París.


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Giorgio de Chirico - Autorretrato. 1920. Óleo sobre tela. 50 x 39.5 cm. Staatsgalerie Moderner Kunst. Munich. Alemania.

Las pinturas arquitectónicas de Giorgio de Chirico también han sido incluidas en este concepto.


Arquitectura pintoresca


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Templo de la Virtud Antigua, Stowe, Buckinghamshire, de William Kent.

Entre uno y otro grupos aparece una tercera categoría, la arquitectura pintoresca, a partir de la creación de jardines ingleses en el siglo XVIII, ordenados de forma natural lejos del geometrismo del jardín francés. En esta arquitectura se valora la combinación de la naturaleza con lo arquitectónico, la inclusión en el paisaje natural de edificios que remedan las construcciones chinas, indias o medievales. Este juego de formas caprichosas y el aprovechamiento de la luz buscan suscitar sensaciones en el espectador. Horace Walpole (1717-1797) construyó en Strawberry Hill (Londres, 1753-1756) una fantasía gótica de la que su autor dijo que le había inspirado para escribir una novela gótica, una expresión del efecto inspirador de la arquitectura. También William Chambers (1723-1796) creó un conjunto pintoresco en los Jardines de Kew (Londres, 1757-1763) con la inclusión de una pagoda china que reflejaba su conocimiento de las arquitecturas orientales.


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Templo a la Gloria de la Grande Armée, Pierre Alexandre Vignon, 1806.


"Neo-romano" y "Neo-griego"

Marcadamente historicista en su búsqueda de las fuentes clásicas, el neoclasicismo arquitectónico se encontró con dos posibles vías, que fueron exploradas alternativamente en Francia y Alemania. En Francia, especialmente a partir del Imperio Napoleónico se encontró en el arte imperial romano el modelo idóneo para sus fines propagandísticos y de enaltecimiento personal de la figura del emperador (Templo a la Gloria de la Grande Armée (hoy iglesia de la Magdalena), de Pierre Alexandre Vignon, proyectado por el propio Napoleón. En el Reino Unido y en Alemania fueron los modelos griegos los que predominaron (Altes Museum de Berlín, de Karl Friedrich Schinkel, el primer edificio del mundo concebido como un museo desde su construcción).


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Altes Museum de Berlín, de Karl Friedrich Schinkel, 1825-1828.)


Francia


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Grand Théâtre, Burdeos.

Plantas sobrias como la plaza de la Concordia de París y el Petit Trianon de Versalles, ambos de Ange-Jacques Gabriel, de mediados del siglo XVIII, se relacionan tanto con el neoclasicismo como con la tradición anterior del clasicismo francés.</ref> Las siguientes generaciones se dirigieron a un concepto más severo y clásico de la arquitectura. Marie-Joseph Peyre (1630-1785) ganó un concurso de la Accademia di San Luca en Roma, y de vuelta a Francia proyectó el Hôtel de Neubourg (hoy destruido), una villa para Mme Leprêtre de Neubourg en los alrededores de París, el primer edificio francés auténticamente neoclásico3 En 1763, Peyre se dedicó al Hôtel de Condé, una planta menos austera con una interesante columnata. Junto con Charles De Wailly proyectó el Teatro del Odeón de París (1779-1782), reconstruido tras sucesivas destrucciones por incendios.


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Petit Trianon, Versalles.

En ese clima de renovación, se construyeron numerosos teatros por toda Francia, incluso en ciudades de relativamente menor importancia, como Amiens y Besançon. En Burdeos, en los años setenta se levantó el Grand Théâtre, considerado el más bello de la época, con proyecto de Victor Louis, constituido por un bloque rectangular y una fachada precedida de dos grandes columnas corintias.


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Palacio de Justicia, Lyon.

Jean Chalgrin, con su Escuela de cirugía de París (considerada por Quatremère de Quincy la obra clásica de su época, sala semicircular con gradería y semicúpula de casetones inspirada en el Panteón de Roma y que sirvió de modelo para posteriores salas de reunión -por ejemplo, las diseñadas por el estadounidense Benjamin Latrobe) o Jacques Gondouin, también se incluyen entre los principales exponentes del estilo clásico de finales del XVIII. Étienne-Louis Boullée y Claude-Nicolas Ledoux se caracterizarán por su visionaria.


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Plaza de la Concordia, París.

En edificios religiosos, una de las primeras reacciones contra el rococó fue la fachada de la iglesia de Saint Sulpice,8 del florentino Giovanni Niccolò Servandoni, muy alterada después. El mayor ejemplo fue el Panteón de París,9 originalmente iglesia de Ste-Geneviève y posteriormente transformado en mausoleo nacional, proyectado por Jacques-Germain Soufflot y construido entre 1757 y 1791, con cúpula inspirada en la de la Catedral de San Pablo de Londres. La ligereza de su construcción se debió a investigaciones sobre las características de resistencia y elasticidad. De Jean Chalgrin, la iglesia de Saint-Philippe-du-Roule (1772-1784), también en París, es remarcable por su nave cubierta por bóveda de cañón decorada con casetones e impostada sobre columnas jónicas. A pesar de las modificaciones (apertura de ventanas) en el siglo siguiente, el esquema ejerció cierta influencia.


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Interior del Panteón de París.

Ya en el siglo XIX, en época napoleónica, la iglesia de la Madeleine se incluye en el denominado estilo Imperio. Destinada inicialmente a iglesia de planta basilical, en 1806 Napoleón impulsó su transformación en un Templo de la Gloria, modificando radicalmente el proyecto original para asimilarlo a un colosal templo romano. Mientras en el exterior esa relación es evidentísima, en el interior se limitó a articular el espacio mediante una serie de bóvedas inspiradas vagamente en la modularidad de las termas romanas. En 1806 se comenzó la construcción del Arco de Triunfo de París por Jean Chalgrin; en el mismo año François-Joseph Bélanger cubría con una cúpula de hierro fundido la Bolsa de París (Halle aux Blés, diseñada por Alexandre-Théodore Brongniart). Entre ese mismo año y 1810, se erigió la Columna Vendôme. La principal intervención urbanística de la época fue el planeamiento de la Rue de Rivoli (1801, Charles Percier y Pierre-François-Léonard Fontaine). Consistía en un largo planteamiento rectilineo uniformado y continuo de edificios porticados, que no se llegó a terminar hasta la época del Segundo Imperio francés, momento en el que se modificó el diseño original con la adición de grandes mansardas.


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Iglesia de San Vicente de Paúl, París.

Con la restauración borbónica, los arquitectos franceses se encontraron sin una guía segura. Las nuevas tendencias surgieron de la Académie des beaux-arts y del Conseil Génèral des Bàtiments Civils. Antoine Chrysostome Quatremère de Quincy (1755-1849), secretario de la Académie durante veintitrés años y convencido defensor del arte clásico fue la figura dominante de esta nueva época. Los límites de su gusto, debidos a la excesiva rigidez de sus ideales doctrinarios, emergieron en numerosos edificios, como el Palacio de Justicia de Lyon iniciado en 1835 por Louis-Pierre Baltard y caracterizado por una severa fachada de veinticuatro columnas corintias. Algunas innovaciones se debieron a Jakob Ignaz Hittorff, sustentador de la teoría según la cual la arquitectura griega debió haber sido rica en colores. Sus obras principales, todas en París, son la iglesia de San Vicente de Paúl, la ordenación de la plaza de la Concordia y la Gare de Paris Nord (Estación de París Norte, 1859). En esa iglesia, construida en la década de 1830, demostró cómo el neoclasicismo podía variar los modelos antiguos: en el exterior, un pórtico jónico y un frontón quedan flanqueados por dos torres cuadradas; mientras en el interior, dividido en naves de dos órdenes de columnas, se decora rica y polícromamente, de una forma más afín a la arquitectura paleocristiana que a la clásica.


Alemania


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Königsplatz de Múnich.

Los modelos greco-romanos dieron lugar a una arquitectura monumental que reproduce frecuentemente el templo clásico para darle un nuevo sentido en la sociedad civil. El perfil de los Propileos de Atenas le sirvió a Carl Gotthard Langhans para configurar su Puerta de Brandeburgo en Berlín (1789 a 1791),15 un tipo muy repetido como atestigua la entrada al Downing College de Cambridge (1806) obra del inglés William Wilkins o los Propyläen de la Königsplatz (que cierran el conjunto de la plaza junto con la Gliptoteca de Múnich y el Staatliche Antikensammlungen) de Leo von Klenze. En Viena, Pietro Nobile construyó dos complejos neogriegos: el Theseustempel (1820-1823) y el Äußeres Burgtor (1824).


Reino Unido

También el inglés James Stuart (1713-1788), un arquitecto arqueólogo al que se ha llamado el ateniense, reprodujo el monumento corágico de Lisícrates de Atenas en su monumento a Lisícrates en Staffordshire. Los hermanos Adam extendieron por toda Inglaterra un modelo decorativo para interiores con temas sacados de la arqueología; una de sus obras más representativas es Osterley Park, con una notable estancia etrusca y un clásico hall de entrada (1775-80).


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Basílica de San Francisco de Paula, Nápoles, Italia.



Italia


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Iglesia de la Gran Madre di Dio, Turín, Italia.

Italia prefirió recrear sus modelos antiguos ya bien avanzado el siglo XVIII y en los comienzos del siglo XIX. El modelo del Panteón de Agripa, en Roma, se repite en un gran número de templos, como el de la iglesia de la Gran Madre di Dio, en Turín, y la Basílica de San Francisco de Paula, en Nápoles, ambos terminados en 1831, que reproducen el pórtico octástilo y el volumen cilíndrico del Panteón.



España


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Museo del Prado, Juan de Villanueva.

En España, el barroco del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, en todas sus expresiones, dejaba una sorprendente serie de monumentos religiosos y de palacios, residencias y colegios. El contraste entre la arquitectura churrigueresca y la modalidad académica o neoclásica fue tan rudo, que parecían fenómenos artísticos en dos mundos opuestos. En la segunda mitad del siglo XVIII, se impuso el gusto neoclásico impulsado por la Academia de Bellas Artes de San Fernando.


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Puerta de Alcalá.

En Madrid se desarrollaron grandes proyectos de modificación urbana, el principal diseñado por Juan de Villanueva en torno al Salón del Prado y sus inmediaciones (el Real Observatorio Astronómico, el Hospital de San Carlos, el Jardín Botánico, el actual Museo del Prado -para gabinete de ciencias-), y otros importantes, como San Francisco el Grande (Francisco Cabezas, Francesco Sabatini —autor también de la Puerta de Alcalá—). Fuera de Madrid destaca la obra de Ventura Rodríguez (catedral de Pamplona, capilla de Nuestra Señora del Pilar), que también diseñó las fuentes monumentales del Prado madrileño (fuente de Cibeles, fuente de Neptuno).


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Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria en Tenerife.

La sustitución en el trono de España de la dinastía de los Habsburgo por la de los Borbones, con la llegada de Felipe V en 1700, fue un factor determinante para que entraran las corrientes artísticas extranjeras y se produjera el cambio de gusto en las artes españolas. Los artistas llamados para trabajar en los palacios reales, franceses e italianos principalmente, trajeron a España las manifestaciones artísticas del clasicismo francés y del barroco clasicista italiano, mientras los artistas españoles estaban inmersos en un barroco nacional que pervivirá aún hasta fines de siglo.

Otro hecho decisivo para la introducción del estilo artístico importado fue el incendio, en 1734, del antiguo Alcázar de Madrid, residencia de los Austrias. Felipe V solicitó la presencia en Madrid del arquitecto Filippo Juvara (1678-1736) para que hiciera los planos de la nueva residencia real. Con Juvara primero y, tras su muerte en 1736, con Giovanni Battista Sacchetti (1690-1764) llegó el barroco clasicista italiano. En la obra de Palacio se formaron muchos de los futuros arquitectos españoles y muchos escultores y pintores trabajaron en su decoración.

En cualquier caso, son los reyes los que sustentan esta renovación artística, sirviéndose de una institución, la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que promueve a la vez que ejerce el control sobre las artes. Poco a poco se instaura el reformismo ilustrado contando para sus proyectos renovadores con la ayuda de notables ilustrados españoles como Aranda, Campomanes, Floridablanca, Jovellanos o Antonio Ponz.


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El palacio de Goyeneche, en la calle de Alcalá, sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando nació oficialmente en 1752 gracias a los deseos del rey Fernando VI. La Junta Preparatoria de la Academia, constituida algunos años antes, ya mostraba en su composición la presencia de artistas extranjeros que trabajaban en las obras reales, como su principal promotor y presidente, el escultor Giovanni Domenico Olivieri o algunos de sus directores como el escultor Antoine Dumanché, el pintor Louis-Michel van Loo y el arquitecto Giovanni Battista Sacchetti. A ellos, sin embargo, se agregaron inmediatamente artistas españoles, como Felipe de Castro, director de la sección de escultura desde su fundación, con una formación clásica adquirida en Roma que lo distanciaba del barroco tardío practicado por los anteriores. La orientación de la Academia, confiada siempre su dirección a los artistas, estuvo marcada desde el comienzo por el rey quien, con un concepto ilustrado de la función del arte, deseaba la renovación y el control de la producción artística para que sirviera de ornato y enaltecimiento a la Corona. A imagen de la Academia madrileña surgieron las del resto de España.


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Catedral de Cádiz.

Con la llegada al trono de Carlos III en 1760 la función dirigente del rey y de la Academia se manifestó de forma más clara. El nuevo monarca había apoyado en Nápoles las excavaciones de las ciudades de Herculano y Pompeya, siendo conocido su entusiasmo por la arquitectura y las demás artes, su interés por el pasado clásico y su apoyo a la edición de las Antigüedades de Herculano. En 1783 publicó una Real Orden por la que se declaraban libres las profesiones de las Nobles Artes de Dibujo, Pintura, Escultura, Arquitectura y Grabado, pudiéndose ejercer desde entonces sin necesidad de formar parte de un gremio. Con ello la Academia se convertía en la única instancia autorizada para expedir títulos o racionalizar el aprendizaje de las artes, controlando la orientación de la producción artística, a la que se contribuía con pensionados en Roma para los alumnos destacados.

El proceso de introducción en España de las corrientes neoclásicas tiene en común con el resto de Europa el profundo análisis que se hace de las fuentes del clasicismo, el interés por la arqueología, el estudio de la tratadística, la crítica de la tradición y el rechazo del último barroco. Aunque el desarrollo del Neoclasicismo en las tres artes no fue coincidente en el tiempo, puede decirse que tiene sus primeras manifestaciones durante el reinado de Fernando VI (1746-1759), florece bajo Carlos III (1759-1788) y Carlos IV (1788-1808) y prosigue todavía, tras la Guerra de la Independencia, con Fernando VII (1808- 1833), si bien ya conviviendo con otras corrientes más novedosas.


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Convento de Agustinos filipinos, en Valladolid, por Ventura Rodríguez.

Fue en la arquitectura donde antes se apreció el impulso renovador, con la mano obra del Palacio Real de Madrid, de donde surgieron los arquitectos más notables de la segunda mitad del siglo XVIII. En este ambiente primero, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando después, se revisaron las concepciones arquitectónicas, coincidiendo todos, a pesar de los diferentes postulados existentes, en el desprecio hacia el Barroco castizo, motejado despectivamente de churrigueresco, al que se quería asociar con la ignorancia y el mal gusto populares.

Desde el proyecto ilustrado, la arquitectura no debía limitarse a intervenciones puntuales, sino que era parte de un todo que tenía la misión de conseguir un marco adecuado para la vida de los ciudadanos. Así, las ciudades debían mejorar sus servicios de alcantarillado, acometida de aguas, adecentamiento de calles con iluminación y empedrado, hospitales, jardines, cementerios, etc. En resumen, había gran interés por dotar a las poblaciones de un aspecto más noble y lujoso que pudiera reflejar la grandeza del soberano y el bienestar de sus súbditos. También era preciso mejorar la infraestructura de caminos, para comunicar con facilidad las diferentes zonas y agilizar así el comercio y la industria. La fundación de nuevas poblaciones sirvió para colonizar zonas escasamente pobladas y controlar de esta manera el territorio. También se impulsan las obras hidráulicas, como canales y acueductos, para facilitar el transporte y la distribución del agua necesaria para el riego de los campos y para el consumo.

Dentro de estas empresas ilustradas está la colonización de Sierra Morena y Nueva Andalucía con la fundación de poblaciones como La Carolina, La Carlota, Almuradiel, etc. a lo largo del camino Real de Andalucía, o la creación por intereses militares de las nuevas poblaciones costeras de Ferrol o de la Isla del León (San Fernando). También es importante destacar la construcción de canales, como el de Castilla o el Imperial de Aragón, que se consideraban un medio importante para el riego y el transporte. Todas estas obras se realizaron con el trabajo de los arquitectos pero, sobre todo, de ingenieros militares.

Desde la Academia se acomete la tarea de buscar un modelo ideal para la arquitectura. Se trata de revisar y criticar toda la tratadística anterior, desde Vignola a Palladio o Serlio, intentando ir directamente a las fuentes del pasado con viajes para conocer las ruinas, catalogarlas y estudiarlas, a fin de sacar unas conclusiones de validez universal.


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Observatorio Astronómico, en Madrid, por Juan de Villanueva.

Diego de Villanueva (1715-1774), director de Arquitectura de la Academia, publicó en 1766 en Valencia la Colección de diferentes papeles críticos sobre todas las partes de la Arquitectura, donde muestra conocer las teorías racionalistas de Laugier o Algarotti entonces de moda en Europa. Entre su obra construida resalta por su sentido simbólico la reforma del Palacio Goyeneche en la calle de Alcalá de Madrid, para sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1773), reforma que consistió en mutilar la fachada barroca ricamente ornamentada que años antes había construido José Benito Churriguera.


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Catedral de Pamplona, Ventura Rodríguez.

También en estos años sobresale el arquitecto Ventura Rodríguez (1718-1785), notable por la cantidad de obras que construye y por el control que sobre la arquitectura de toda España ejerció desde la Academia y desde el Consejo de Castilla. Obra suya es la remodelación de la Basílica del Pilar de Zaragoza, con la construcción de una capilla exenta para el culto de la Virgen dentro del gran templo. La capilla está pensada como un enorme baldaquino construido en mármoles de colores y bronces muy en la línea del último barroco romano que había aprendido en la obra del Palacio Real de Madrid. Es también autor del convento de los Agustinos Filipinos de Valladolid (1759 y sig.) que, aunque al exterior trae recuerdos escurialenses, tiene en su planta ecos de la obra de Juvara en Turín. De un clasicismo más riguroso son los planos de la fachada de la catedral de Pamplona (1783), telón tras el que se oculta el primitivo edificio gótico. A él pertenecen también los diseños arquitectónicos de las fuentes monumentales del Salón del Prado.

Con la llegada de Francesco Sabatini (1721-1797), que llegó de Nápoles con Carlos III con la misión de atender la política reformista del rey en el campo de la arquitectura, Ventura Rodríguez se vio relegado en el favor real. Sabatini trazó la escalera principal del Palacio Real de Madrid (h. 1761) e intervino en la edificación de obras monumentales para Madrid, representativas del poder real, como la Puerta de Alcalá (1764-1776), que conmemoraba la entrada de Carlos III en la capital, el edificio de la Real Casa de la Aduana de Madrid (1761-1769), hoy Ministerio de Hacienda, en la calle de Alcalá, y el Hospital General (1781), actual Museo Reina Sofía, iniciado por Rodríguez, todo dentro del diseño racionalizado del Barroco clasicista que había conocido en Nápoles. La actividad de Sabatini cubrió el campo de la arquitectura civil y de la ingeniería militar; dirigió numerosas obras en toda España, desde la catedral de Lérida a la fábrica de armas de Toledo o el trazado de la nueva población de San Carlos en la Isla del León (Cádiz).


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Plaza nueva o de España de Vitoria.

Después de unos años de enorme labor crítica y teórica desde la Academia, comenzó a trabajar una nueva generación de arquitectos cuya figura más representativa es Juan de Villanueva (1739- 1811), hermano del ya citado Diego. Es el arquitecto que mejor refleja la consecución y codificación de un auténtico lenguaje neoclásico, a la vez que su trabajo como arquitecto real le convierte en el traductor de los gustos del rey. Fue autor, en el Real Sitio de El Escorial, de las casas de Oficios frente al monasterio y también de las Casitas de Arriba y de Abajo, edificaciones de aspecto totalmente clasicista. Incluidas en el programa cultural de corte ilustrado del gobierno de Carlos III están tres de las obras más emblemáticas de Villanueva: el Museo del Prado, el Jardín Botánico y el Observatorio Astronómico. El hoy Museo del Prado estaba pensado como Academia de Ciencias o Gabinete de Historia Natural y se inició en 1785; su arquitectura de formas clásicas perfectamente depuradas, integrada por volúmenes independientes conectados entre sí, es una muestra del modo neoclásico de combinar formas puras.


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Universidad de Toledo.

Coetáneo de Villanueva fue Ignacio Haan (1758-1810) que destacó por sus obras en Toledo bajo el mecenazgo ilustrado del Cardenal Lorenzana; es autor del edificio de la Universidad (1792) con un patio con columnas jónicas y estructura adintelada, un verdadero manifiesto del Neoclasicismo.

El País Vasco fue un foco admirable de la arquitectura clasicista. Justo Antonio de Olaguíbel (1752-1718) edificó la Plaza Nueva de Vitoria, con la que recoge una tradición española de plaza mayor porticada de austeros y uniformes elementos, modelo que tendrá después continuidad en Bilbao, con la Plaza del Príncipe, y en San Sebastián, con la Plaza de la Constitución, levantada por Pedro Manuel de Ugartemendía.


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Casita del Labrador del Real Sitio de Aranjuez (Madrid).

Por los contactos con el exterior, a través de los textos teóricos que se han ido traduciendo y por los viajes de los arquitectos a Roma o París, hacia 1790 la arquitectura española vive un momento semejante al de otros países europeos. Isidro González Velázquez (1764-1840), discípulo de Villanueva, crea en la Casita del Labrador del Real Sitio de Aranjuez (1794), con la colaboración en la decoración del Gabinete de Platino de los arquitectos de Napoleón Percier y Fontaine, una obra que aúna la racionalidad, el gusto por la antigüedad y las modas francesas. Por el contrario Silvestre Pérez (1767-1825), más en la línea de los arquitectos visionarios, basa toda su arquitectura en el empleo de volúmenes puros e independientes, como en la parroquia de Motrico (1798) o en la de Mugardos en La Coruña (1804).


Escandinavia


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Catedral de Nuestra Señora de Copenhague.

Con influencia alemana o francesa, los países nórdicos desarrollaron una arquitectura neoclásica desde el último tercio del XVIII. En Dinamarca, a partir de los años 1760.18 Nicolas-Henri Jardin diseñó una sala en el Palacio de Amalienborg (1755-1757) que se considera "la más antigua estancia decorada en estilo neoclásico por un arquitecto francés".19 Más tarde, Caspar Frederik Harsdorff trabajó en la Catedral de Roskilde (capilla fúnebre de Federico IV de Dinamarca). Seguidamente se afirmó el estilo neogriego, con la figura de Christian Frederik Hansen (1756-1845),20 que realizó el diseño de la Catedral de Copenhague, con la gran bóveda de cañón sostenida por una columnata dórica que recuerda al proyecto de Boullée para el interior de una biblioteca.


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Catedral de Roskilde es una de las atracciones principales de la ciudad de Roskilde, en Dinamarca.

A comienzos del siglo XIX se realiza la planificación de Helsinki, por entonces (1809) un gran ducado ruso. Los mayores edificios públicos de la ciudad se deben a Carl Ludwig Engel (plaza del Senado, Catedral de Helsinki, Palacio del Senado -entre 1818 y 1822- y la Universidad de Helsinki).



América

Tanto en los Estados Unidos como en Iberoamérica se desarrollaron programas constructivos neoclásicos.


Estados Unidos


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Diseño para el monumento a Washington, Robert Mills, 1836.

En Estados Unidos, triunfó el palladianismo en el diseño de villas rurales. Entre los arquitectos estadounidenses de finales del XVIII y comienzos del XIX destacan Benjamin Latrobe (penitenciaría de Richmond, Banco de Pennsilvania, Capitolio de Washington -muy ampliado en la segunda mitad del XIX-) y el político Thomas Jefferson (Monticello -la casa de su propiedad-, Capitolio de Richmond, Universidad de Virginia). El propio Latrobe sugirió a Jefferson la solución de la Rotonda para la Universidad de Virginia.


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Rotonda de la Universidad de Virginia, de Benjamin Latrobe y Thomas Jefferson (1817).

El estilo neoclásico estadounidense se consolidó en la primera mitad del siglo XIX con Robert Mills (iglesias de planta centralizada en Filadelfia, Columna de Washington en Baltimore, edificios de severos pórticos en la ciudad de Washington y, para la misma capital, el diseño inicialmente escogido para el Monumento a Washington) y William Strickland (Second Bank of the United States, Bolsa de Filadelfia y Capitolio de Nashville). A mediados del siglo XIX trabajaron Ithiel Town (Capitolio de New Haven) y Thomas Walter (Capitolio de Ohio en Columbus, 1838, y el Girard College de Filadelfia).

Ya a finales del XIX destaca la Biblioteca de la Columbia University de Nueva York (1893), de Charles Follen McKim y asociados.


Iberoamérica


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Palacio de Mineria, Ciudad de México


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Capitolio Nacional de Bogotá.

A los imperios americanos de España y Portugal llegó el estilo neoclásico a través de proyectos diseñados en Europa o bien realizados localmente por arquitectos europeos o criollos formados en las academias de las metrópolis.


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Palacio Imperial de Petrópolis.

También hay ejemplos de la adaptación al lenguaje arquitectónico local, que durante los siglos anteriores había realizado una síntesis o sincretismo de los elementos europeos y precolombinos en el denominado barroco colonial. Un ejemplo de ello es la Catedral de Tulancingo, México (1788, José Damián Ortiz de Castro).

A criterios más clásicos pertenecen el Palacio de La Moneda (1784-1805) y la Catedral Metropolitana de Santiago (1748-1800), ambas obras del arquitecto italiano Joaquín Toesca en Chile, el Palacio de Minería (1797-1813, Manuel Tolsá) y el Hospicio Cabañas de Guadalajara (1804-1810, del mismo arquitecto), ambos en México, o el Palacio de Gobierno de Quito (también llamado de Carondelet, 1790 o 1801, Antonio García).

Ya tras la independencia de Hispanoamérica, se desarrollaron programas constructivos en para las nuevas repúblicas. En Colombia se construyó el Capitolio Nacional de Colombia en Bogotá (1847, Thomas Reed, formado en la Academia de Berlín); en Perú la Catedral de Arequipa (1844, Lucas Poblete).


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Catedral Neoclásica de Catamarca, Argentina.

Brasil, que se convirtió en la sede de la corte de la monarquía portuguesa, independizándose de su metrópoli como Imperio del Brasil, también utilizó los recursos de la arquitectura para la glorificación del poder político, y se optó por recurrir a arquitectos formados en la Real Academia de París. A esta época pertenece la portada de la Academia de Bellas Artes de Río de Janeiro o Academia Imperial (1822)22 y el Palacio Imperial de Petrópolis (década de 1840).



Escultura neoclásica


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Psique reanimada por el beso del amor de Antonio Canova.

La escultura neoclásica se incluye dentro de una corriente de la filosofía y estética de una influyente difusión que se desarrolló entre mediados del siglo XVIII y del siglo XIX en Europa y la América. Como reacción contra la frivolidad del decorativismo del rococó, surgió la escultura neoclásica inspirada en la antigua tradición greco-romana, adoptando principios de orden, claridad, austeridad, equilibrio y propósito, con un fondo de moralización.


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Antonio Canova - Perseo con la cabeza de Medusa, c. 1800, Museos Vaticanos.


Contexto histórico

Este cambio estuvo apoyado en dos partes principales: en primer lugar los ideales de la ilustración, que surgían del racionalismo, combatiendo las supersticiones y dogmas religiosos, y enfatizaban el desarrollo personal y el progreso social con una fuerte ética, y en segundo lugar, un interés científico creciente en la antigüedad clásica que surgió entre la comunidad académica en todo el siglo XVIII, estimulando las excavaciones arqueológicas, la formación de importantes colecciones públicas y privadas y la publicación de estudios eruditos sobre el arte y la cultura antigua. La edición de varios relatos detallados e ilustrados de las expediciones realizadas por Robert Wood, John Bouverie, James Stuart, Robert Adam, Giovanni Battista Borra y James Dawkins, y en especial el tratado de Bernard de Montfaucon, L'Antiquité expliquee et representee en figures (7 volúmenes , París, 1719-1724), profusamente ilustrado y con textos paralelos en lenguas modernas y no sólo en latín, como era costumbre académica, y el conde de Caylus, Recueil d'Antiquité (7 volúmenes, París, 1752-1767), el primero en intentar agrupar las obras según criterios de estilo, y abordando también las antigüedades celtas, egipcias y etruscas. Todo esto contribuyó a la educación pública y la ampliación de su visión del pasado, estimulando una nueva pasión por todo lo que fuese antiguo.2

Se añade a esto el descubrimiento de Herculano y Pompeya, una gran sorpresa entre los conocedores y el público, y aunque las excavaciones que comenzaron a hacerse en las ruinas en 1738 y 1748 no se habían encontrado obras maestras de arte, sí sacaron a la luz una serie de artefactos y restos que revelaban aspectos desconocidos de la vida cotidiana hasta la fecha. Y la llegada de los mármoles Elgin a Londres en 1806 fue otro momento importante para la intelectualidad europea, a pesar de las fuertes críticas sobre su remoción arbitraria y las prácticas abusivas en el Partenón y del poco interés mostrado por los propios artistas en los primeros momentos.

Aunque el arte clásico ya era muy apreciado desde el renacimiento, era de forma circunstancial y empírica, pero ahora esta admiración estaba construida sobre base más científica, sistemática y racional. Con estos hallazgos y estudios comenzó a ser posible formar por primera vez una cronología de la cultura y el arte de los griegos y romanos, distinguiendo lo que era propio de unos u otros, y dar a luz a un interés por la tradición puramente griega que había, en ese momento, siendo ensombrecida por el patrimonio romano, sobre todo porque en ese momento Grecia estaba bajo el dominio turco y, por tanto, en la práctica, era inaccesible para los estudiosos y turistas del Occidente cristiano. Los escritos de Johann Joachim Winckelmann, elogiaron la escultura griega, viéndola como una «noble simplicidad y tranquila grandeza», hizo un llamamiento a todos los artistas para que la imitasen, restaurando un arte idealista que fue despojado de toda transición, acercándose al carácter del arquetipo. Un erudito de gran influencia, especialmente entre los intelectuales italianos y alemanes, como Goethe en su crítica que aclara por qué Winckelmann fue el historiador más influyente en su época, también relata sobre él:

    Uno se da cuenta de que Winckelmann siente realmente lo que hace, y hay algo grande al respecto. Es como Colón, que tuvo en su mente la noción del Nuevo Mundo antes de descubrirlo. Leyéndolo, uno no aprende nada, pero se convierte en alguien.


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François Rude: La Marsellesa, 1833. Arco de Triunfo de París.

Su atractivo no se perdió, y la historia, la literatura y la mitología antigua se convirtió en la fuente principal de inspiración para los artistas, al mismo tiempo que se evaluaron de nuevo otras culturas y estilos como el gótico y las antiguas tradiciones populares del norte de Europa, causando que los principios neoclásicos coexistieran con los de romanticismo más tarde.

El movimiento también tuvo connotaciones políticas, ya que la fuente de inspiración neoclásica fue la cultura griega y su democracia, y la romana con su república, con los valores asociados de honor, deber, heroísmo y el patriotismo. Como consecuencia, el estilo neoclásico fue adoptado por el gobierno revolucionario francés, asumiendo los nombres sucesivos de estilo directorio, estilo convención y más tarde, bajo Napoleón, estilo imperio, que influyeron también en Rusia. En los Estados Unidos, en el tumultuoso proceso de lograr su propia independencia e inspirados por el modelo de la Roma republicana, el neoclasicismo se convirtió en un modelo y fue conocido como el estilo federal.

El neoclasicismo se adoptó también, por supuesto, en las academias oficiales de formación de artistas, consolidando el sistema de enseñanza, el academicismo, un conjunto de normas educativas y de técnicas que se basó en los valores éticos y estéticos de la antigüedad clásica y que pronto se convirtió en la denominación para el estilo de su producción.


Características generales

En el campo de la escultura el impacto de la novedad de los nuevos conocimientos fue menor que en otras artes como la pintura y la arquitectura, debido a que los escultores ya estaban bebiendo en las fuentes clásicas desde el siglo XV, aunque sus mejores resultados en la reinterpretación de los greco-romano ya no mostraban la misma alta calidad. La mala interpretación de la estética defendida por Wickelmann condujo, sin embargo, a los artistas de menor categoría a la producción de muchas obras con el carácter de la copia servil de los modelos antiguos, perdiendo en vigor lo que ayudó a atraer a la crítica sobre este cambio.

Las obras mostraron en general un alto nivel de equilibrio formal, con una expresión cautelosa y raros momentos de dramatismo. Antonio Canova fue más exitoso en la exploración de una amplia gama de sentimientos y formas dinámicas, desde la suave ingenuidad juvenil en piezas como Las Tres Gracias, a la violencia desenfrenada del Hércules y Licas y en Teseo vencedor del Minotauro, y en la investigación de otros signos de la emoción como el arrepentimiento o pesar, visible en la patética Magdalena penitente.

Los materiales preferidos fueron el bronce y el mármol blanco, al igual que en la tradición antigua, pero a diferencia de temporadas anteriores, el neoclasicismo el artista creador pasó a emplear a más ayudantes que realizaban la mayor parte de los trabajos técnicos como pasar a la piedra o realizar la fundición a partir del modelo de arcilla o yeso que había sido creado por el escultor, dejando que el maestro asumiese la fase final de la escultura del pulido y definición de detalles, ya que esta fase es sin duda crucial para la obtención del efecto final de la obra y requiere la experiencia de la mano maestra.


Centros de distribución y representantes clave


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Lorenzo Bartolini: Ninfa atacada por un escorpión, c. 1845. Louvre.


Italia

Según Winckelmann, Roma, fue el centro de un círculo de artistas que indujeron a producir el estilo neoclásico. Entre ellos se encontraba Johan Tobias Sergel, un sueco que después llevó la novedad hasta el norte de Europa y los británicos Thomas Banks y Joseph Nollekens, hicieron lo mismo en Inglaterra. Viviendo entre París, Carrara y Florencia, Lorenzo Bartolini fue una figura importante y protegido por Napoleón, pero quien dominó la escena fue Antonio Canova. Comenzó su carrera con influjo del rococó, pero fue dirigido hacia el neoclasicismo por Gavin Hamilton y Antoine Chrysostome Quatremère de Quincy, y acabó por ser conocido y solicitado internacionalmente desde Roma, el centro de interés para todos los estudiantes de este arte en su tiempo. Fue el espejo más perfecto de los ideales defendidos por Winckelmann. Su tratamiento del mármol de extraordinario refinamiento, su pureza de líneas, la claridad de referencias antiguas, su sincero respeto a los grandes escultores del pasado, la fuerza de sus composiciones, que al mismo tiempo mostraban una poesía delicada y abstracta al lado de su buen carácter e integridad personal, lo convirtieron en un modelo para todos, y fue maestro directo de Antonio de Este, Richard Westmacott y John Gibson. Otros italianos son Giuseppe Angelini, Camilo Pacetti, Gaetano Monti, Benedetto Cacciatori, Carlo Albacini, Demócrito Gandolfi, Pompeo Marchesi, Gennaro Cali y Carlo Finelli.


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Copia de mármol de la estatua encontrada por Hamilton en la Villa Adriana en 1769, y cuya figura masculina se identifica como Paris. Museo del Louvre.


Dinamarca


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Bertel Thorvaldsen: Jasón y el vellocino de oro, 1803. Thorvaldsens Museum.

Las ideas de Winckelmann también llegó a Dinamarca e influyó en el escultor Johannes Wiedewelt y pintor Nikolai Abraham Abildgaard, a quien Bertel Thorvaldsen debe la mayor parte de su educación y la oportunidad de varios encargos, entre ellos uno que le valió una medalla de oro en la Real Academia de Bellas Artes de Copenhague y con ella un viaje a Roma. Allí realizó su Jasón y el vellocino de oro, que fue muy admirado por Canova. Después de esta obra llegó a ser solicitado por clientes de varios países, se convirtió en director de la Academia danesa, viajó por trabajo a lo largo de gran parte de Europa y sucedió al mismo Canova en prestigio internacional. Herman Wilhelm Bissen y Jens Adolfo Jerichau fueron otros artistas neoclásicos de Dinamarca.


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Bertel Thorvaldsen - Ganímedes y el águila de Zeus, 1817.


Francia


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Jean-Antoine Houdon - Diana la cazadora, Museo del Louvre.

En Francia el apoyo por los ideales neoclásicos partió directamente de los círculos oficiales relacionados con la Academia de Bellas Artes y el propio rey, se estableció por la admiración de la cultura antigua que existía desde el renacimiento, y que se había mantenido incluso durante el barroco. Lenormant de Tournehem, superintendente de los «Edificios del Rey», tenía poder sobre la Academia y aconsejado por el conde de Caylus se retiró a mediados del siglo XVIII, indicando a los artistas que se alinearan al clasicismo. Su sucesor, el marqués de Marigny, estableció la práctica de prestigiar los temas históricos por encimar del retrato y el director siguiente, el conde de Angivillier, aumentó la dotación para la compra de obras históricas, que mostrasen temas de la tradición antigua.


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François Rude - Mercurio atando sus sandalias, 1834. Museo del Louvre.

Por otra parte, los pensadores independientes como Diderot defendieron el principio de que el arte debía «hacer atractiva la virtud y el vicio odioso». En estrecha relación con los revolucionarios, el pintor Jacques-Louis David fue nombrado director de la Academia y el principal organizador de festivales cívicos que se habían convertido muy populares durante la Revolución, y que claramente se inspiraban en fuentes paganas antiguas, con procesiones y ritos cuyo efecto sobre las masas se incrementó con la ayuda de una profusión de pinturas y esculturas simbólicas.


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Augustin Pajou - Mercurio (1780). Museo del Louvre.

Con el ascenso de Napoleón al poder imperial, y la Restauración Borbónica, las relaciones entre el neoclasicismo y los poder constituido, se volvieron tensas y el estilo se distorsionó y asumió una función de propaganda y en muchos aspectos retrógrada, consiguiendo su debilitación y disolución en el romanticismo. En su período de mayor vigor, tuvo como representantes más distinguidos a Jean Antoine Houdon, François Rude, Jean-Baptiste Pigalle y Augustin Pajou, entre ellos el precursor Edmé Bouchardon, que aún perteneciendo al estilo rococó se unió a los principios neoclásicos.


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Edmé Bouchardon - Réplica del Fauno Barberini. Museo del Louvre.

Otros nombres que merecen ser nombrados son los de: Joseph Chinard, Philippe-Laurent Roland, Robert Michel, Pierre Jean David, Jean-Baptiste Pigalle, George Rennie, Pierre-Nicolas Beauvallet, Louis Petitot, Claude Ramey, Jean-Jacques Pradier, François Jouffroy, Antoine-Louis Barye, Louis-Pierre Deseine, François-Joseph Bosio, Jean-Jacques Caffieri, Félix Lecomte y Jean-Louis Jaley.


Estados Unidos


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William Rush - Figura alegórica de The Waterworks de William Rush (1825), hecha de pino, pintada en blanco. Foto de 1930. Museo de Arte de Filadelfia.

El neoclasicismo en los Estados Unidos se desarrolló más tardíamente que en Europa. El país obtuvo su independencia en 1776, y hasta entonces no había una tradición artística sólidamente establecida, pero el pensamiento de la ilustración europea era conocido entre los círculos intelectuales y la imagen de la antigua Roma republicana fue la inspiradora par ala nueva nación. Uno de los primeros introductores de la escultura neoclásica en el Nuevo Mundo fue el francés Houdon, que por invitación de Benjamín Franklin cruzó el Atlántico en 1785 para realizar una estatua de George Washington, de la que posteriormente se sacaron varias copias. Si bien se indica la presencia del precursor William Rush a principios del siglo XIX, el contexto nacional aún no tenía un sistema del arte capaz de soportar la producción de obras importantes que se requería una gran infraestructura técnica, e incluso los monumentos públicos eran encargados, la mayor parte, a extranjeros.


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William Wetmore Story - Cleopatra, 1858-69. Metropolitan Museum of Art. New York.

A partir de la década de 1820 surgió un grupo de escultores nativos de talento superior, y la mayoría de ellos se trasladó a Italia en busca de su perfeccionamiento, a veces no regresan a su patria. Italia ofrecía un fondo de interés histórico y cultural irresistible para los artistas, el ambiente estaba estimulado por la existencia de monumentos, ruinas y colecciones de valor incalculable y por la presencia de maestros como Bartolini, Canova y Thorvaldsen, y las condiciones de trabajo eran mucho mejores que en Estados Unidos, donde escaseaba tanto el mármol como ayudantes capaces de auxiliar al artista en el arte complejo y laborioso de la talla en piedra y lo mismo en la elaboración de piezas en bronce. Horatio Greenough fue el primero de una ola de norteamericanos en establecerse entre Roma y Florencia. Después de él vino Hiram Powers, uno de los más exitosos de todos ellos, y Thomas Crawford, Randolph Rogers, Harriet Goodhue Hosmer y William Wetmore Story que después de 1857 se puso al frente de la colonia estadounidense que se había creado en Roma, siendo una referencia para todos los recién llegados. A pesar de su permanencia en Italia, el grupo fue celebrado en su país, y sus logros artísticos recibieron una cobertura continua por la prensa hasta que la corriente neoclásica se disipó en Estados Unidos a partir de la década de 1870. En este punto los EE.UU. ya habían establecido su cultura y creado condiciones para impulsar la producción escultórica local de un nivel uniforme y elevado, esta etapa es conocida como el «renacimiento estadounidense» y estuvo imbuida de muchas referencias clásicas, con dirección hacia el romanticismo y asimilando otros estilos diferentes, en resumen un eclecticismo.


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Hiram Powers - La esclava griega-Hiram Powers- 1843. New Haven, Connecticut, Yale University.


Inglaterra

En Inglaterra, las raíces del neoclasicismo se remontan al siglo XVII, y se implantaron en la arquitectura neo-palladiana de Íñigo Jones, pero el estilo solo llegaría a su cenit a principios del siglo siguiente, con los seguidores Lord Burlington, Colen Campbell y William Chambers.18 En la escultura, sin embargo, los resultados tardaron en aparecer.


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Thomas Banks - Grabado de la escultura: Shakespeare acompañado por la Pintura y la Poesía (en inglés, ' Shakespeare attended by Painting and Poetry) en la entrada de la Galería Boydell Shakespeare. La escultura fue trasladada al antiguo jardín de la casa de Shakespeare en New Place en Stratford.

Uno de sus primeros exponentes fue Thomas Banks, quien estudió en Roma, como varios de sus compatriotas también lo habían hecho, y al regresar a Londres creó la primera obra inglesa en el nuevo estilo, un relieve titulado La muerte de Germánico (1774). Junto con John Flaxman, que ganó fama internacional, fue uno de los líderes del movimiento en la isla. Ellos fueron secundados por sir Francis Chantrey, John Bacon, John Gibson, y sir Richard Westmacott, discípulo del gran maestro italiano Antonio Canova, y a su regreso estableció un prestigioso estudio, donde tuvo como alumnos John Edward Carew y Musgrave Watson. Su hijo, Richard Westmacott el Joven, fue también escultor respetado y que siguió muy de cerca el estilo paterno. Joseph Nollekens fue otra gran figura, considerado el mejor pintor retratista de finales del siglo XVIII en Inglaterra. Hacia mediados del siglo XIX el neoclasicismo inglés adquirió más libertad formal, destacándose John Henry Foley y Thomas Woolner, hasta que el movimiento pierde fuerza con el penetrante influjo romántico francés a partir de 1875.


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Detalle de la escultura de William Huskisson por John Gibson, Londres.


Alemania


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Johann Gottfried Schadow - Las princesas Louise y Friederike von Mecklenburg-Strelitz, 1797. Antigua Galería Nacional de Berlín.

En Alemania las ideas de Winckelmann habían tenido una aceptación inmediata y entusiasta, y su influencia se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, especialmente a través de la carrera artística de Johann Gottfried Schadow, la figura más importante de la región, había estudiado en Italia y asumió a su regreso, la dirección de la Academia de Berlín, ejerció gran influencia no sólo por sus esculturas, sino también por sus tratados técnicos sobre el arte. Fue padre del pintor nazareno Friedrich Wilhelm Schadow y del escultor Rudolph Schadow, que siguió la misma escuela y dejó piezas de gran calidad.


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Rudolph Schadow - Joven atándose las sandalias, 1817.

Otros nombres del centro de Europa son Johann Heinrich von Dannecker, Christian Friedrich Tieck, Martin von Wagner, Konrad Eberhard, Julius Troschel Wolf von Hoyer y especialmente Christian Daniel Rauch, quien también estudió en Roma, particio en los círculos más célebres de la ciudad y más tarde recibió la consagración de los tribunales alemanes, recibiendo honores de nobleza y la producción de muchos monumentos, entre los que destaca uno colosal, dedicado a Federico II de Prusia, que es una de las mayores creaciones de este género en el siglo XIX.


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Christian Friedrich Tieck - Estatua de Elektra, 1824. Iglesia de Friedrichswerder de Berlín.


Otros países


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Joaquim Machado de Castro - Estatua del rey José I en la Praça do Comércio de Lisboa.

La influencia del neoclasicismo en la escultura fue menos fructífera en otros países de Europa, donde los grandes nombres se vuelven más escasos. Pero vale la pena recordar en Rusia: Vasily Demut-Malinovski, Ivan Martos y Fedot Shubin. En España: Manuel Tolsá José Ginés de Aguirre, José Álvarez Cubero que pasó granparte de su vida en París y su obra tíitulada La defensa de Zaragoza es una de las grandes esculturas de este estilo en España y Damià Campeny pensionado en Roma estuvo en contacto con el italiano Antonio Canova entre sus obras destacadas se encuentran Lucrecia muerta y Cleopatra.21 En Portugal Joaquim Machado de Castro y João José de Aguiar.


España


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José Álvarez Cubero - Ganímedes, 1804.

La escultura Neoclásica en España tuvo un desarrollo particular y menos visible que en otras artes. En ella pesó poderosamente la tradición imaginera, con obras en madera policromada, que había sido habitual en las costumbres devocionales de los españoles, por lo que apenas existía una escultura monumental que no estuviera ligada a las necesidades religiosas. Por ello los primeros indicios de cambio se encaminan hacia el Barroco francés que traen los escultores cortesanos.


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Francisco Gutiérrez - Mausoleo de Fernando VI (Iglesia de S. Bárbara, Madrid).


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Manuel Álvarez de la Peña - Alegoría de la Primavera (Fuente de Apolo, Madrid).


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Fuente de Cibeles, en Madrid. Recreada por el arquitecto español Ventura Rodríguez que realizó el proyecto entre los años 1777 y 1782. El escultor Francisco Gutiérrez Arribas esculpió la figura de la Diosa Cibeles y las ruedas del carro y el francés Roberto Michel esculpió los dos leones.

Desde la Academia, artistas como Francisco Gutiérrez (1727-1782) o Manuel Álvarez de la Peña (1727-1797) crearon esculturas en materiales nobles, en muchos casos destinadas al ornato urbano. Gutiérrez es autor de la Fuente de Cibeles (1780-86) y colabora en la parte escultórica de la Puerta de Alcalá, ambas en Madrid. Álvarez esculpió la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones y Juan Pascual de Mena (1707-1784), un precursor de las nuevas tendencias, la Fuente de Neptuno, ambas en el Paseo del Prado de Madrid.


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La fuente de Neptuno fue diseñada en 1977 por el arquitecto Ventura Rodríguez y su construcción, empezada en 1782, finalizó en 1786. Las esculturas son obra de Juan Pascual de Mena (Neptuno) y Francisco Gutiérrez. Es un monumento de estilo neoclásico que ocupa el lugar central de la Plaza de Cánovas del Castillo, en Madrid.

Pero la imaginería no desapareció y los escultores, aprovechando las enseñanzas de la Academia, llegaron a hacer una escultura policromada de gran calidad. Un ejemplo es José Esteve (1741-1802), formado en la Academia de San Carlos de Valencia, autor de bellísimas imágenes como la Inmaculada de la catedral de Valencia. Con Esteve colaboró José Ginés (1768-1822) en la elaboración del Belén del Príncipe (Palacio Real y Academia de San Fernando), un género aún habitual.


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Juan Adán - Fuente de Hércules y Anteo en los jardines del Palacio de Aranjuez.

Con Juan Adán (1741-1816), que se formó en la Academia de Zaragoza y estuvo pensionado en Roma, se produce el paso definitivo al Neoclasicismo. Nombrado en 1795 escultor de cámara, realiza los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma (1797, Palacio Real); tienen la ampulosidad de los retratos de aparato pero con la severidad en los rostros de la estatuaria romana. Suya es la Venus de la Alameda de Osuna, una interpretación realmente fiel de los modelos romanos.


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José Álvarez Cubero - Isabel de Braganza, 1826. Museo del Prado.

El cordobés José Álvarez Cubero (1768-1827) es un ejemplo del Neoclasicismo español que, aunque había recibido una educación inicial en el Barroco, luego compite en Roma por la clientela con escultores como Canova. Fue escultor de cámara de Fernando VII y su célebre grupo La defensa de Zaragoza es muy representativo de este Neoclasicismo hispano que debe tanto a la estatuaria clásica como a la lección de Canova.


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Damià Campeny - Lucrecia (1803), MNAC, Barcelona.

En Cataluña, las enseñanzas del clasicismo de la escuela de la Lonja de Barcelona, se manifiestan en el escultor Damià Campeny (1771-1855); su Lucrecia muerta (1804, Lonja de Barcelona) tiene toda la serenidad de la escultura clásica pero algunos atisbos de melancolía romántica.


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Antonio Solá - La Caridad romana, 1851. Museo del Prado.

La escultura neoclásica tuvo un largo epílogo en la obra de Antonio Solá (1787-1861), autor de Venus y Cupido (1830, Museo de Arte de Cataluña) y del grupo de Daoiz y Velarde (1830, Madrid, Plaza del dos de mayo), un uso convencional del clasicismo para retratar a los héroes románticos.


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Antonio Solá - Matanza de los inocentes (1834), Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge (Barcelona).

En Canarias destacó la personalidad de Fernando Estévez (1788-1854), máximo representante del clasicismo en el Archipiélago canario.


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Fernando Estévez - Ntra. Sra. de Los Remedios (1817). Parroquia Matriz del Apóstol Santiago. Los Realejos.

Su obra está formada principalmente la escultura religiosa, aunque también realizó composiciones pictóricas, fue un hábil urbanista y diseñó monumentos conmemorativos. Admirador de Canova y defensor de todo lo que significara progreso, desempeñó el cargo de Catedrático de Dibujo en la Academia de Bellas Artes de Canarias. Es conocido por haber realizado la imagen de Nuestra Señora de Candelaria (1827), Patrona de Canarias y la magnífica talla del Nazareno (1840) de Santa Cruz de La Palma.



Música

Según la musicología actual, el término "música clásica" se refiere únicamente a la llamada música del Clasicismo (1750-1827) aprox., coincidente con el período neoclásico), inspirada en los cánones estéticos grecorromanos de equilibrio en la forma y moderación en la dinámica y la armonía.

Comúnmente se llama "música clásica" al tipo de música que se contrapone a la música popular y a la folclórica. Esto puede comprobarse en los medios de comunicación, en las revistas de divulgación musical y los folletos que acompañan a los CD de música académica. Para definir ese tipo de música que se relaciona con los estudios en conservatorios y universidades, los musicólogos prefieren el término "música académica" o "música culta".

Como los antiguos griegos y romanos no pudieron inventar maneras de conservar la música (mediante soportes gráficos como partituras o soportes sonoros como grabadores), el Neoclasicismo de los siglos XVIII y XIX como resurgimiento de las artes clásicas grecorromanas (arquitectura, escultura, pintura) no alcanzó a la música. De todos modos los músicos de fines del siglo XVIII, influenciados sin duda por el arte y la ideología de la época, trataron de generar un estilo de música inspirado en los cánones estéticos grecorromanos:

    . Notable maestría de la forma,
    . Moderación en el uso de los artificios técnicos (en el barroco el contrapunto y la armonía habían llegado a un punto que el público consideraba extravagante),
    . Suma reserva en la expresión emocional.

Después de la Primera Guerra Mundial varios compositores (como Igor Stravinski y Paul Hindemith) realizaron composiciones donde se notaba un retorno a los cánones del Clasicismo de la escuela de Viena (de Haydn y Mozart), aunque con una armonía mucho más disonante y rítmicas irregulares. Ese movimiento musical se denominó "música neoclásica".


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Jean Alaux - Batalla de Denain (Mariscal Villars liderando la carga francesa durante la batalla), 1839. La batalla de Denain se libró el 24 de julio de 1712 en el marco de la Guerra de Sucesión española.



Literatura

La Ilustración fue un movimiento intelectual que provocó que el siglo XVIII fuera conocido como el «Siglo de las Luces». El culto a la razón promovido por los filósofos ilustrados conllevó un rechazo del dogma religioso, que fue considerado origen de la intolerancia, y una concepción de Dios que pasaba de regir el mundo mediante las leyes naturales a desaparecer en concepciones ateas del universo. Los ilustrados promovieron la investigación de la naturaleza, el desarrollo científico-técnico, la educación y la difusión general de todo tipo de conocimientos; fueron los tiempos de L'Encyclopédie. El arte se hizo así más accesible y con menos pretensiones, y la literatura se dirigió a un público más amplio, planteándose como un instrumento social. El aumento del número de lectores, especialmente entre la burguesía, plantea la figura del escritor como un profesional, y la escritura como su fuente principal o secundaria de sustento.

Francia fue la primera en reaccionar contra las formas barrocas, y los tres grandes ilustrados, Voltaire, Montesquieu y Rousseau se cuentan entre sus principales exponentes. También destacaron Pierre Bayle, Denis Diderot, Georges Louis Leclerc y Chamblain de Marivaux. En Reino Unido tuvo una gran cantidad de adeptos la novela de aventuras, destacando Daniel Defoe, Jonathan Swift, Samuel Richardson y Henry Fielding, junto a los poetas John Dryden y Alexander Pope.

De la novela se pasó al ensayo como género divulgador de ideas por excelencia. La literatura neoclásica realizó una crítica de las costumbres, incidiendo en la importancia de la educación, el papel de la mujer y los placeres de la vida.5 Destacaron en España el fraile benedictino Benito Jerónimo Feijoo, Gaspar Melchor de Jovellanos y José Cadalso.

Cobró importancia la fábula, relatos o poesías normalmente ejemplificadas con animales, donde se exponen enseñanzas morales. La fábula se caracterizaba por ser una composición de carácter didáctico, por la crítica de vicios y costumbres personales o de la sociedad, y por la recurrencia a la prosopopeya o personificación. Es el subgénero que más se adaptó a las preceptivas neoclásicas: una composición sencilla en la que la naturaleza interviene, y que enseña divirtiendo. Destacaron los fabulistas Félix María de Samaniego y Tomás de Iriarte en España, y el francés Jean de la Fontaine.

En España, hubo una continuidad barroca en la poesía, con autores como Diego de Torres y Villarroel, que consideraba a Quevedo su maestro; Gabriel Álvarez de Toledo y Eugenio Gerardo Lobo. La segunda mitad del siglo XVII mostraba ya una poesía neoclásica, dominada por su admiración por la ciencia y los temas filosóficos, o centrada en temas anacreónticos y bucólicos, y marcada en ocasiones por el fabulismo. Destacaron Nicolás Fernández de Moratín, autor de Arte de las putas, prohibida por la Inquisición, que pudo inspirar los Caprichos de Goya; Juan Meléndez Valdés y José Cadalso, de la escuela salmantina; los fabulistas Iriarte y Samaniego en Madrid; en la escuela sevillana destacaron José Marchena, Félix José Reinoso, José María Blanco-White y Alberto Lista.

Se dio también una fuerte influencia barroca en el teatro español, especialmente durante la primera mitad del siglo XVIII, con autores como Antonio de Zamora o José de Cañizares. El teatro en España tuvo cambios como la prohibición oficial de representar autos sacramentales, la reaparición del gusto popular por el sainete y la transición de los antiguos corrales a los teatros, como locales adecuados a la nueva concepción del teatro. A finales del primer tercio de siglo los dramaturgos españoles comienzan a seguir los modelos franceses, como Boileau y Racine, renovando las estéticas aristotélicas y horacianas. La obra de teatro debe ser verosímil, cumplir con las unidades de acción, de espacio y de tiempo, y tener un enfoque didáctico y moral. Destacaron en la tragedia Nicolás Fernández de Moratín, José Cadalso, Ignacio López de Ayala y Vicente García de la Huerta; en el más popular género del sainete, destacaron Antonio de Zamora, el prolífico Ramón de la Cruz e Ignacio González del Castillo. Destacó especialmente la figura de Leandro Fernández de Moratín, creador de lo que se ha dado en llamar «comedia moratiniana» (La comedia nueva o El café, El sí de las niñas), en que ridiculizaba los vicios y costumbres de la época, usando el teatro como vehículo para moralizar las costumbres. Seguidores de esta línea son también Manuel Bretón de los Herreros y Ventura de la Vega.


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Antonio Canova - Venus victoriosa (1804-08). Retrato alegórico de Paulina Bonaparte (Vistas frontal y lateral de Venus victoriosa).



CONTINÚA MÁS ABAJO...
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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... CONTINUACIÓN




Pintura neoclásica


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Jacques-Louis David - La muerte de Sócrates (1787).

La pintura neoclásica es un movimiento pictórico nacido en Roma en la década de 1760 y que se desarrolló en toda Europa, arraigando especialmente en Francia hasta aproximadamente 1830, en que el Romanticismo pasó a ser la tendencia pictórica dominante.

El Neoclasicismo se sitúa entre el Rococó y el Romanticismo. Pero en muchas ocasiones, el tránsito de uno a otro estilo no es fácil, porque tienen rasgos semejantes. Si lo característico del Neoclasicismo era revivir otra época, en concreto la Antigüedad clásica, realmente no se diferencia de intentar recrear la Edad Media o la vida en países orientales, pues en ambos casos se recurría a temas exóticos, ajenos a la realidad de la sociedad en la que el pintor trabaja. En realidad, clasicismo y Romanticismo son tendencias estilísticas burguesas que reaccionan frente al aristocrático rococó, y como tal ideología burguesa, aspira tanto al orden y la estabilidad, como a la libertad que les era negada por el Antiguo Régimen; del mismo modo, es la burguesía la que se plantea la dialéctica entre la razón, que defiende un sistema político más racional que el del Antiguo Régimen, y el sentimiento, muchas veces puro sentimentalismo burgués frente a la cínica frialdad e indiferencia de la aristocracia. En este sentido, el Neoclasicismo representaría la aspiración a un orden regido por la razón, mientras que el Romanticismo representaría las igualmente burguesas ideas de libertad en un mundo dominado por el sentimiento individual.

Y ello sin olvidar que en este período neoclásico de 1760-1830 trabajaron artistas como Goya, Füssli o Blake, que escapan a cualquier clasificación, ensalzando más lo irracional y la locura que la serenidad a la antigua. E igualmente coincide en el tiempo con el movimiento prerromántico alemán del Sturm und Drang.


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Mengs - El Parnaso, 1761.


Historia

En las artes plásticas, el movimiento europeo llamado «Neoclasicismo» comenzó después del año 1765, como una reacción a los estilos Barroco y Rococó. Estos estilos se percibían como agotados y la solución pasaba bien por crear un estilo enteramente nuevo, bien por recrear el estilo de una época que, por considerarse la más cercana al ideal, se reputaba como «clásica». Con la llegada de la Revolución francesa (1789), el Neoclasicismo se adoptó como el estilo propio de la burguesía frente al rococó aristocrático, la respuesta estética propia de la revolución.

El Neoclasicismo también era expresión del pensamiento de la Ilustración. No hay que olvidar los ataques que Diderot dirigía a Boucher, representante del rococó. Para el enciclopedista, debía preferirse en arte el estilo sereno del arte antiguo. En torno al año 1760, Diderot afirmaba que la función del arte era educar y hacer que la virtud pareciera atractiva, «el vicio odioso y el ridículo estrepitoso». Las obras por lo tanto debían tener una intención didáctica y moralizante, lo cual viene ejemplificado en las obras de Jean-Baptiste Greuze (1725-1805), aún enmarcadas estilísticamente en el rococó.


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Henry Fuseli, El artista conmovido hasta la desesperación por la grandeza de los restos antiguos, 1778–79.

Se deseaba regresar a lo que se percibía como «pureza» de las artes de la Antigua Roma, la más vaga percepción («ideal») de las artes griegas y, en menor medida, al clasicismo renacentista. Una circunstancia que contribuyó al nacimiento del Neoclasicismo es que la Antigüedad grecorromana, simplemente, se puso de moda. Ello se debió en gran medida a los descubrimientos arqueológicos de la época en Herculano (1738) y Pompeya (1748). Se difundieron obras arqueológicas y otras que reproducían imágenes de las ruinas clásicas. Decisiva fue la obra de Winckelmann (Historia del Arte de la Antigüedad), pero hubo otros como los escritos del arqueólogo conde de Caylus, The antiquities of Athens (Las antigüedades de Atenas) (1762) de los británicos Stuart y Nicholas Revett, Ruines des plus Beaux monuments de Grèce (Ruinas de los más bellos monumentos de Grecia) (1758) del francés Julien-David LeRoy, y los grabados con las Vistas de Roma, realizados por el italiano Giovanni Battista Piranesi entre 1748 y 1775. Lessing publicó su ensayo estético Laocoonte; gracias al debate entre Lessing y Winckelmann a propósito de la estatuaria helenística, los artistas aprendieron que los grandes sufrimientos se expresan mediante movimientos contenidos y no con gesticulaciones desagradables.


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Anton Raphael Mengs: Retrato de Johann Joachim Winckelmann, poco después de 1755.

Los europeos del siglo XVIII veían en aquella Antigüedad clásica una época de esplendor, de virtudes éticas que, si se introducían en la sociedad de la época, podría ayudar a regenerarla. Para Winckelmann el ideal estaba más bien en la Grecia del siglo V a. C. mientras que la Francia de la época revolucionaria se fijaba más en la Antigua Roma: la Roma republicana durante el periodo revolucionario, y luego el Imperio de los Césares durante el período napoleónico.


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Nicolas Poussin - Helios y Faetón con Saturno y las Cuatro Estaciones, c. 1635.

Esa época se intentó revivir en diversos aspectos, incluido el arte y la pintura. Cada movimiento artístico «neo»-clasicista selecciona algunos modelos entre todos los clásicos posibles que están a su disposición, e ignoran otros. El problema que se encontraron los pintores fue que la pintura de la Antigua Grecia, a diferencia de lo que ocurría con la arquitectura o la escultura, estaba perdida irremisiblemente; así que los pintores neoclásicos la revivieron imaginariamente, en parte a través de frisos en bajorrelieve aunque era difícil superar su carencia de color, mosaicos y pintura sobre cerámica y en parte a través de los ejemplos de pintura y decoración del Alto Renacimiento de la generación de Rafael, frescos en la Domus Aurea de Nerón, Pompeya y Herculano y a través de una renovada admiración por Nicolas Poussin. Gran parte de la pintura «neoclásica» no es más que clasicista en su tema.

Winckelmann, junto con su compatriota Anton Rafael Mengs fijaron las bases del Neoclasicismo pictórico,1 buscando recuperar el «buen ideal», la «noble simplicidad» del pasado y su «serena grandeza». El crítico Antoine Chrysostome Quatremère de Quincy acabó de sentar las bases del nuevo estilo en Francia. Finalmente, no puede dejarse de lado la influencia de las Academias, que se establecieron a lo largo de todo el siglo XVIII defendiendo siempre ideas clasicistas y que vieron confirmados sus postulados estéticos en los descubrimientos arqueológicos.


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Nicolas Poussin - La muerte de Germánico (1628).



Características

Técnicas

Predominó el dibujo, la forma, sobre el colorido. Ello da como resultado una estética distante del espectador, reforzado por la luz clara y fría que bañaba las escenas, ya que si se adoptaran tonos dorados se introduciría en la obra una sensualidad que se rechazaba en la estética neoclásica. A veces se usaba el claroscuro, con una iluminación intensa de los personajes que interpretaban la escena en el centro del cuadro, dejando en las tinieblas el resto del cuadro. Al destacar el dibujo sobre el color, este último era mero coloreado, que informaba sobre el contenido del cuadro, modelando los objetos representados, sin tener valor estético por sí mismo. En contraste con las pinturas barrocas y rococó, las neoclásicas carecen de colores pastel y de confusión; en lugar de ello, usan colores ácidos. La superficie del cuadro aparecía lisa, con una factura impecable en la que difícilmente se apreciaban las pinceladas del autor, lo cual contribuía a establecer la distancia entre el autor y el tema y de éste con el espectador.


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Juan Antonio Ribera - Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, h. 1806.


Tema

Se cultivó sobre todo el cuadro de historia, reproduciendo los principales hechos de la Revolución francesa y exaltando los mitos griegos y romanos, a los que se identificó con los valores de la Revolución. Los temas representados siempre eran serios y eruditos, con intención moralizante: alegorías e historias que transmitían valores ejemplares como el sacrificio del héroe o el patriotismo. Bajo Napoleón Bonaparte, se llegó a una clara intención propagandista. Las fuentes que inspiraban las obras eran Homero, la historia de Roma Antigua en especial Tito Livio, y poemas de Petrarca. En muchos casos, las escenas no representaban el momento álgido de la historia, sino el momento anterior o posterior. En otros casos se incluían representaciones religiosas y la expresión de sentimientos.


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El Panteón de Agripa de Roma, en un grabado de Piranesi.


Composición

Generalmente se pintó al óleo sobre lienzo, pero también hubo frescos. Los cuadros respetan, en general, el carácter ortogonal del lienzo. El estilo buscaba la sencillez también en la composición. Cada cuadro se refería a un solo tema principal, sin temas secundarios superfluos que pudieran distraer. No son cuadros de gran profundidad, sino con una construcción frontal que recuerda a los frisos y bajorrelieves clásicos. El marco suelen ser arquitecturas arcaizantes, y no paisajes, y si la escena ocurría en un interior, a veces se dejaba este segundo plano en la penumbra para que nada distrajera de la escena que se desarrolla en primer término. En este marco se pintaban, en primer plano, un número limitado de figuras humanas que componían la escena, aislados por lo general los unos de los otros.


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Jean-Baptiste Greuze - El hijo castigado, 1778, óleo sobre lienzo, 130 x 163 cm, Museo del Louvre, París.

Estos personajes que ocupaban el primer plano estaban representados con una anatomía ideal, perfectas musculaturas sin defectos que recordaban a las estatuas clásicas como el Apolo de Belvedere. Normalmente se dibujaba siguiendo el «método de la cuadrícula»: los personajes se dibujaban desnudos en una hoja de papel cuadriculado y luego se trasladaban así al cuadro. Allí podían reproducirse desnudos si eran figuras masculinas: era el desnudo heroico clásico, si bien ocultos los genitales por algún elemento accesorio como colocado por azar. Si eran mujeres, no se representaban desnudas. Estas figuras ideales, estatuarias, también podían ser revestidas al modo de actores de teatro con ropajes majestuosos, que recordaran por su solemnidad y riqueza a las vestimentas clásicas. Las posturas que adoptaban los personajes eran contenidas, no importaba cuán intenso fuese el sentimiento que podía dominar la escena, puesto que así conservaban esa belleza ideal, sin que el dolor deformará sus rasgos.

En cuanto a los objetos que se incluían en las escenas, se buscaba una recreación casi arqueológica de la antigüedad, reproduciendo en el lienzo aquellos objetos descubiertos por los arqueólogos en las excavaciones.



Artistas


Francia


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François-Edouard Picot, c. 1865.

Un primer intento de revivir la Antigüedad clásica, si bien desde una estética rococó, viene representado por el francés Joseph Marie Vien (1716-1809), que residió durante unos años en Roma y fue maestro de Jacques Louis David, máximo representante del Neoclasicismo. En su vida y obra se realizó de manera más patente la relación entre la Revolución francesa y la pintura neoclásica en ese país. En sus cuadros a menudo usaron elementos romanos o griegos para ensalzar las virtudes de la Revolución francesa, anteponiendo el estado a la familia. La variada biografía de David, representó los cambios políticos que se sucedieron en Francia. En su juventud le influyó Boucher, el pintor aristocrátrico por excelencia del Antiguo Régimen.


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Jacques-Louis David - El rapto de las sabinas, 1799, óleo sobre lienzo, 385 x 522 cm, Museo del Louvre, París.

Entre 1775 y 1780 vivió en Roma donde rompió con ese estilo y se convirtió al clasicismo, comenzando a pintar cuadros históricos. Su significativo Juramento de los Horacios (Museo del Louvre) fue pintado en Roma en 1784 y llamó la atención en el Salón de París de 1785; se le considera como verdadero manifiesto estético iniciador del Neoclasicismo. Tiene una perspectiva centrada perpendicular al plano pictórico. Contra los soportales que quedan detrás, se ponen las figuras heroicas, modeladas de manera escultórica como si se tratara de un friso, igualmente en tres grupos que se corresponden con los arcos: los tres hermanos Horacios a la izquierda, en el centro su padre con las espadas tomándoles juramento de que sacrificarán sus vidas por la patria y las hermanas y esposas llorando desconsoladamente a la derecha. Las figuras masculinas están dominadas por la línea recta, lo que remarca su valentía y fortaleza, mientras que las femeninas están trazadas con líneas sinuosas lo que da equilibrio a la escena. El fondo es liso como si fuera un altorrelieve. Una especie de iluminación artificial alumbra a las figuras, centrándose en los Horacios y las espadas. La puesta en escena, en cuanto al decorado y el vestuario, recuerda la de la ópera, aunque con una verosimilitud arqueológica. Cuenta con el cromatismo clásico de Poussin, frío, natural y racional. Otros cuadros clásicos anteriores a la revolución fueron: Belisario (1781), La muerte de Sócrates (1787) y Los amores de Paris y Helena (1788).


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Jacques-Louis David - Napoleón cruzando los Alpes, 1801.

David abrazó decididamente la acción política en la Revolución francesa. Desempeñó el cargo de superintendente de Bellas Artes, lo que le permitió dictar el estilo de la Francia revolucionaria, persiguiendo el arte rococó y a sus pintores. Fue maestro de ceremonias republicanas, entre ellas el funeral de su amigo Marat, sobre el cual pintó uno de sus lienzos más recordados, La muerte de Marat (1793) cuadro que como su Juramento del Juego de la Pelota estuvo al servicio de la causa revolucionaria. No dejó por ello de pintar cuadros de temática clásica en estos años noventa, en los que se ensalza a los héroes antiguos, como Las Sabinas (1799), que puede verse como una llamada a la reconciliación después del golpe de 18 de brumario).


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Antoine-Jean Gros - Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa, 1804.

Más tarde, con el advenimiento del Consulado primero y del Imperio después, se convirtió en pintor de cámara de Napoleón, realizando sus retratos oficiales que servían de propaganda del nuevo régimen. Así, Napoleón cruzando los Alpes (1799), o La coronación de Napoleón (1805-07). En estas obras se abandonan los ideales revolucionarios y se muestra un marco de lujo propio de la corte imperial. Ejemplifican el estilo imperio, creado por David a petición del nuevo emperador. También en esta época pintó un cuadro de historia, Leónidas en las Termópilas (1814). A la caída de Napoleón, David se vio obligado a exiliarse a Bruselas, donde falleció en 1825.

David cultiva un estilo realista en las vestimentas, las arquitecturas y los detalles arqueológicos. Las figuras están representadas con fidelidad anatómica. Su estilo severo y equilibrado se inspira en la escultura clásica, y en autores como Rafael y Poussin.

Cuando David marchó a Bruselas, dejó su taller a su discípulo mejor dotado Antoine-Jean Gros (1771-1835), protegido de la emperatriz Josefina. Acompañó a Napoleón Bonaparte en su campaña italiana, y a partir de ahí se convirtió en el pintor que reflejó sus campañas militares. Así, se le deben Bonaparte au pont d’Arcole (El retrato de Bonaparte en el puente de Arcola, 1796), Napoléon sur le champ de bataille d'Eylau (Napoleón en el campo de batalla de Eylau, 1808) y la que se reputa su mejor obra, Bonaparte visitant les pestiférés de Jaffa (Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa, 1804).

En el neoclasicista Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824) se observan los primeros rasgos del Romanticismo pictórico. Se conserva el estilo neoclásico pero se tratan otros temas, como ocurre en Le Sommeil d'Endymion (El sueño de Endimión, 1792), L'apothéose des Héros français morts pour la patrie pendant la guerre de la Liberté (Las sombras de los guerreros franceses conducidos por la victoria al palacio de Odín, 1800) y Funérailles d'Atala (Los funerales de Atala, 1808).

A Girodet intentó imitar al principio François Gérard ((1770-1837), pero destacó sobre todo en los retratos, género no apreciado en el Neoclasicismo y que por su sentimentalismo preludiaba el Romanticismo. Entre sus obras más destacadas se encuentran Psyché et l'Amour (Psique y el Amor, 1798) y el de Madame Recamier (1802). En ese mismo sentido son los retratos de Vigée-Lebrun, como puede verse en su Retrato de Madame de Staël representada como Corina, h. 1807-1808. Como ocurre con Girodet, las primeras obras de Pierre Paul Prud'hon (1758-1823), Jean-Baptiste Regnault (1754-1829) y Germain Jean Drouais (1763-1788) pertenecen a la estética neoclásica.


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Germain Jean Drouais - Marius à Minturnes, Paris, musée du Louvre.


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Jean-François Peyron - Cornelia, madre de los Gracos, 1781.

También cultivaron el Neoclasicismo en Francia:

    - Jean-François Peyron (1744-1814), inspirado por Poussin y en cuya pintura predominan los colores fríos;
    - Pierre Narcisse Guérin (1744-1833) que se centró en temas históricos;
    - Joseph-Benoît Suvée, a quien se debe L'invention du dessin («La invención del dibujo»), 1791.


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Pierre-Narcisse Guérin - Amor y Ónfale, Museo del Louvre.

Finalmente, cabe mencionar a Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867) al que se considera el otro gran pintor neoclásico, incluso superior a David. Su obra, compleja, y dilatada a lo largo de tanto tiempo, incluía elementos románticos, de manera que realmente no se puede adscribir sólo a la estética neoclásica. Su estilo es claramente neoclásico, líneas puras, colores fríos, predominio del dibujo sobre el color, pero la temática es variada, y muchas veces recoge elementos exóticos típicos del orientalismo romántico. La belleza ideal propia del Neoclasicismo se refleja en obras como La bañista de Valpinçon (1808).


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Jean Auguste Dominique Ingres - Napoleón en su trono imperial, 1806, óleo sobre lienzo, 259 x 162 cm, Museo del Ejército, París.


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Jean Auguste Dominique Ingres - Edipo y la Esfinge, 1864, 105.5 x 87 cm, Museo Walters.



Resto de Europa

Fuera de Francia, un artista destacado en el establecimiento y evolución del Neoclasicismo fue el alemán Anton Raphael Mengs (1728-1779). Conoció a Winckelmann en Roma y a partir de ese momento adoptó el Neoclasicismo, desarrollando igualmente un trabajo como teoría del arte.


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Anton Raphael Mengs - San Juan Bautista predicando en el desierto, 1760. Museo de Bellas Artes de Houston.

En 1761 llegó a España, para pintar en el Palacio Real de Madrid. Como director de todas las actividades artísticas de la corte, impuso el nuevo estilo en el país. Su estilo es minucioso. A diferencia de otros neoclásicos, conserva el colorido brillante del rococó. La Real Academia de San Fernando defendió el nuevo estilo.

Otros pintores neoclásicos de España fueron Mariano Salvador Maella (1739-1819) y Francisco Bayeu (1734-1795), colaboradores de Mengs en los palacios reales de Aranjuez y Madrid.

Vicente López Portaña (1772-1850) asumió los principios estéticos de Ingres y Mengs. Era un destacado dibujante que realizó destacados retratos académicos, muy minuciosos.


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José Aparicio Inglada - El hambre en Madrid, 1818.

José Aparicio Inglada (1773-1838) es un clásico «puro», que se formó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, estudio con David en París y que cultivó un estilo frío que puede apreciarse en El hambre en Madrid, obra propagandística en favor de Fernando VII.


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José de Madrazo - La muerte de Viriato, 1806-1807. Museo del Prado.

También en la Academia de San Fernando y en París estudió José de Madrazo (1781-1859), a quien se considera introductor del Neoclasicismo en España. Realizó retratos y también cuadros de historia como La muerte de Viriato, muy representativo del Neoclasicismo español, y que inaugura la gran «pintura de historia» española del siglo XIX. No obstante, el que se considera mejor cuadro del Neoclasicismo español es el Cincinato de Juan Antonio Ribera (1779-1860), con el que obtuvo gran éxito.


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Juan Antonio Ribera - Wamba renunciando a la corona, 1819.


En Italia, pueden verse obras del estilo de David en Andrea Appiani (1754-1817) y Vincenzo Camuccini (1771-1844).


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Vincenzo Camuccini - Morte de Césare (La muerte de César).


En Stuttgart desarrolló su labor Gottlieb Schick (1776-1812) que trabajó en París con David e Ingres y en Roma.


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Christian Gottlieb Schick - Portrait of Wilhelmine Cotta, 1802.


En Gran Bretaña trabajaron:

    . el escocés Gavin Hamilton (1723-1798), que estuvo entre los neoclasicistas de Roma, considerado uno de los fundadores del Neoclasicismo junto con Mengs.
    . el londinense Nathaniel Dance (1735-1811), también vivió en Roma.
    . el estadounidense Benjamin West (1738-1820), que vivió tres años en Roma y luego se estableció en Londres en 1763. Fue a Roma a formarse en arte, donde acusó la influencia de Mengs. Debido a su origen y a que era de familia cuáquera, su presencia en la ciudad despertó cierto interés porque se suponía (equivocadamente) que era de raza india.
    . la suiza Angélica Kauffmann (1741-1807), quien aparte de temas históricos hizo retratos de factura neoclásica y un tono sentimental.


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Gavin Hamilton - Venus entregando a Paris a Helena como su esposa de Hamilton (1782-1784), encontrado en Palazzo Braschi, Roma.


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Benjamin West - Pylades and Orestes Brought as Victims before Iphigenia, 1766.


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Angelica Kauffmann - Ariadna abandonada por Teseo, 1774. Museo de Bellas Artes de Houston.

Discípulo de David fue también el danés Christoffer Wilhelm Eckersberg (1783-1853) y luego estudió en Roma, cultivando géneros por lo general no apreciados en el Neoclasicismo como los retratos y los paisajes. Finalmente, debe mencionarse al ruso Vassili Kouzmitch Chebouiev (1777-1855) que asumió el estilo defendido por la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo.


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Christoffer Wilhelm Eckersberg - Los Ases alrededor del cuerpo de Balder.



Pintura neoclaasica en España

Los monarcas Felipe V y Fernando VI habían llamado a pintores franceses e italianos, como Louis-Miche van Lool, Jacopo Amigoni o Corrado Giaquinto, que iniciaron la decoración del Palacio Real de Madrid. Más tarde Giambattista Tiepolo, el gran fresquista veneciano, adornó tres de las bóvedas de la real morada con su pintura decorativa y colorista. Pero la regeneración de la pintura española se produjo con la venida a España en 1761, llamado por Carlos III, del artista bohemio Anton Raphael Mengs. Su llegada trastocó el orden hasta entonces existente porque sus orientaciones fueron seguidas fielmente por el Rey, que le concedió todos los honores imaginables ejerciendo desde la Academia, como pintor y como teórico, una auténtica dictadura artística que influyó en la formación de los pintores españoles.


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Anton Raphael Mengs - Fresco del Palacio Real de Madrid.

Mengs realizó decoraciones para algunas de las bóvedas del Palacio, predominando en todas ellas un dibujo preciso y una falta de expresividad; en El triunfo de la Aurora o La apoteosis de Adriano, la calculada simplicidad de composición recuerda El Parnaso que pintó en la villa Albani de Roma. Colaboró con él en el Palacio Real Mariano Salvador Maella (1739-1819), que también hizo decoraciones para los palacios de Aranjuez, El Pardo y El Escorial; su estilo distante y su colorido algo estridente no le impidieron hacer espléndidos retratos como el de Carlos III (1785) con colores fríos y barnices acharolados. José Vergara Gimeno (1726-1799), fundador de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (1768), es en la ciudad del Turia la figura más importante en la introducción de los postulados neoclásicos.


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La vendimia, de Goya.

Muchos pintores trabajaron como cartonistas para la Fábrica de Tapices que Mengs dirigía, como los hermanos Bayeu, José del Castillo o Francisco de Goya. Para los tapices Mengs prefirió los temas costumbristas o de cacería muchas veces relacionados con la pintura holandesa, y alentó un costumbrismo de raíz castiza con escenas de género. José del Castillo destacó con sus primorosas escenas de caza como las que adornan la pieza del Príncipe en el palacio de El Escorial. Los Bayeu cultivaron el fresco, sobre todo Francisco (1734-1795) que colaboró en la decoración de la basílica del Pilar de Zaragoza y en el oratorio del Palacio Real de Aranjuez (1791); Ramón, menos brillante, se especializó en los cartones para tapices que resolvió con una técnica suelta y precisa. También trabajó en la Fábrica de Tapices Francisco de Goya (1746-1828), yerno de Francisco Bayeu, pero su obra por su amplitud y su variedad desborda los estrechos límites del Neoclasicismo y merece un estudio más amplio.


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José Aparicio Inglada - Rescate de cautivos en tiempos de Carlos III, antes de 1813.

Después de la Guerra de la Independencia emergen otros pintores más jóvenes que siguen el Neoclasicismo ortodoxo, para luego pasar hacia estilos más eclécticos. Entre ellos destacan José Aparicio Inglada (1773-1838), José de Madrazo (1781-1859) y Juan Antonio Ribera (1779-1860), que aprendieron en Roma el estilo internacional y miraron con admiración al gran Jacques-Louis David , pero que luego evolucionaron y ocuparon un puesto importante en el arte español. Sus obras muestran el perfecto conocimiento del mundo clásico, el equilibrio entre color y dibujo en sus composiciones, pero también una capacidad para adaptarse al arte burgués que impondrá el Romanticismo.


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La túnica de José por José Vergara Gimeno (1790).




Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al al Neoclasicismo, se sitúa entre el Rococó y el Romanticismo. El nacimiento de la corriente cultural y artística denominada Neoclasicismo en el siglo XVIII se corresponde con una muy profunda revisión de modelos sociales, económicos y políticos que se vive en Europa durante aquellas décadas. Este cambio social europeo se debe a la difusión de las teorías de la Ilustración en todos los ámbitos de la vida. Se revisan y critican los modelos tradicionales y se proyecta una nueva sociedad más justa e igualitaria


Fuentes y Agradecimientos: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, artehistoria.com, museodelprado.es, arteespana.com, panoramio.com, flickr.com sancrisdiverals.blogspot.com, abc.es y otras de Internet.
 




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