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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Extranjeros. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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Wifredo Lam (1902—1982)
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Este trabajo recopilatorio está dedicado a Wifredo Óscar de la Concepción Lam y Castilla (Sagua La Grande, 8 de diciembre de 1902 — París, 11 de septiembre de 1982) fue un pintor vanguardista cubano. Uno de los más originales exponentes del surrealismo en Latinoamérica, creador de un nuevo lenguaje pictórico que fusiona la herencia cultural afrocubana con las últimas vanguardias europeas.


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Wifredo Lam nació el 8 de diciembre de 1902 en Sagua la Grande, Cuba. Es el octavo hijo de Lam-Yam, nacido en Cantón hacia 1820, y emigrado hacia las Américas en 1860, y de Ana Serafina Castilla, nacida en 1862 en Cuba y descendiente mestiza de familias originarias de África y España.


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A comienzos de los años treinta wilfredo lam, la influencia surrealista era evidente en los trabajos de Lam así como la de Henri Matisse, así como también posiblemente de Joaquín Torres-García. En 1936, al visitar una exposición de Pablo Picasso se sintió fuertemente atraído hacia él tanto artística como políticamente. En 1938, se fue a vivir a París, donde el propio Picasso lo tomó bajo su tutela y alimentó su interés por el arte africano y máscaras primitivistas. En ese mismo año, viajó a México donde permaneció con Frida Kahlo y Diego Rivera.


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Wifredo Lam - Autorretrato II del autor.

La variada herencia multicultural de Lam así como su relación con la Santería, se manifiesta extensamente en la obra del artista.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Lam vivió la mayor parte del tiempo en el Caribe, junto con Claude Lévi-Strauss, André Masson, y André Breton, cuyo poema Fata Morgana, Lam ilustró en 1940. En 1941, regresó a la Habana donde fue fuertemente influenciado por las teorías de Carl Jung. A finales de 1942, comenzó su importante obra "La Jungla" (1943). Lam desarrolló un estilo propio en el que combinaba el surrealismo y el cubismo con el espíritu y formas del Caribe.


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Mural de Wilfredo Lam. Sin título. 1957. Ubicación: Edificio del Instituto Botánico, vestíbulo de la Universidad Central de Venezuela.

Entre 1942 y 1950 realizó exposiciones regulares en la Pierre Matisse Gallery de Nueva York. Su segundo matrimonio, en 1944 con Helena Holzer, terminó en divorcio en 1950. En 1946, tras una estancia de cuatro meses en Haití, Lam regresó a Francia vía Nueva York. En 1948 conoció a Asger Jorn, con quien trabó una amistad de muchos años. Viajó intensamente hasta 1952, cuando permaneció tres años en París. En 1955 reanudó los viajes, y en 1960 se estableció en Albisola Mare, en la costa italiana. El invierno de ese año se casó con la pintora sueca Lou Laurin, con quien tuvo tres hijos. En 1964 recibió el Guggenheim International Award, y en 1966 y 1967 se realizaron numerosas retrospectivas de su obra en el Kunsthalle de Basilea, el Kestner-Gesellschaft de Hannover; el Stedelijk Museum de Ámsterdam , el Moderna Museet de Estocolmo y el Palais des Beaux-Arts de Bruselas. Recibió numerosos premios y reconocimientos. Su obras se encuentran en los principales museos del mundo. Se han subastado obras de Lam en todas las subastas de arte latinoamericano de prestigio mundial, alcanzando también los precios más altos (por ejemplo, $ 1,267,500 por "La mañana verde", óleo/papel, 1943; Sotheby´s. Latin American Art. Sale #NY7140, 27 de mayo de 1998: lote 12).

Lam murió en París el 11 de septiembre de 1982. Está enterrado en su ciudad natal.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor extranjero, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección del foro de xerbar, y en lo posible contribuya en su divulgación.






Algunas obras


La Jungla


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La Jungla es un cuadro al óleo, pintado por Wifredo Lam en 1943. Se exhibe en el MoMA, Museo de Arte Moderno de Nueva York, EUA. Este cuadro ha sido interpretado como la síntesis de un ciclo antillano, en virtud del espacio barroco dominante y de la atmósfera creada por la asociación de lo humano, lo animal, lo vegetal y lo divino. Hay en él un vocabulario visual que evolucionó desde el paisaje de corte académico hacia un tema y un lenguaje de arte moderno. En este óleo parecen fusionarse visiones y vivencias del pintor; el mítico paisaje insular, la incorporación de contenidos e iconografías procedentes de los sistemas mágico-religiosos de origen africano extendidos en Cuba y el Caribe, conjugándose en toda su definición.

Como su propio título lo define, la jungla es un paisaje de apretada selva, cañaveral cerrado donde lo vegetal, lo boscoso está impregnado de símbolos. De entre el ramaje parecen asomarse deidades, animales, rostros humanos, insinuaciones fálicas, curvas glúteas, diablillos y tantas formas que colmadas de cubanía sugieren cierta ambigüedad. La fruta de güira con los senos de una mujer, las hojas de una tijera como una espiga de tabaco. Esto condujo al eminente escritor cubano Alejo Carpentier a hablar, con mucha vehemencia, de un "algo" en la obra de Lam, ecuménicamente atado, no solo al suelo deCuba, sino a todo el rosario de islas que conforman el Caribe insular. El crítico Alain Jouffroy llamó a La jungla el primer manifiesto plástico del Tercer Mundo. Un dato curioso es que su autor vendió este cuadro en apenas 300 pesos para cumplir contratos con una galería intermediaria en el mercadeo de sus cuadros y hoy su valor sobrepasa el millón de dólares.

El lenguaje de Wifedo Lam evolucionó con celeridad hacia un estilo muy sobrio, de simplicidad compositiva, esquematismo formal y en el que sin dudas se advierte una influencia cubista. En sus visitas al Museo del Hombre, en compañía del etnólogo Michel Leiris, encontró referentes de primera mano del arte y las esculturas africanas que también influirían visiblemente en su obra. Esta obra y La silla se consideran verdaderas síntesis de su política, donde se mezclan surrealismo y cubismo europeos con el poder del mito característico de los cultos sincréticos del Caribe.


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Lam en su taller en La Habana, Cuba, 1943, (La Jungla)




Otras obras


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Wifredo Lam - Autorretrato. 1938. Óleo sobre cartón, 26 x 21 cm. Colección particular. París


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Cabeza de mujer. 1939. Óleo sobre cartón, 69 x 53 cm. Galerie de Seine. París. Obra de Wifrido Lam


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La espada de Kiriwina. 1949. Óleo sobre tela. 118 x 107 cm. Colección Maeght. Saint Paul de Vence. Obra de Wifrido Lam


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Reflejos de Dhambala. 1968. Óleo sobre tela, 97 x 130 cm. Colección particular. Ginebra. Obra de Wifrido Lam


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Maternidad en verde


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The Murmur, 1943. Obra de Wifrido Lam


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La Jungla. 1942. Temple sobre papel, 192 x 130 cm. Obra de Wifrido Lam


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Tropic (Trópico), 1947. Obra de Wifredo Lam


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Rumblings of the Earth (Rumor de la tierra), 1950. Obra de Wifredo Lam


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Obra de Wifredo Lam


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Des Memes Racines. Obra de Wifredo Lam



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Carbonell y Wifrido Lam durante una entrevista en Unión Radio televisión, la Habana Cuba, 1952.

Wifredo Lam, el más universal de los pintores cubanos. Introdujo la cultura negra en la pintura cubana y desarrolló una renovadora obra que integra elementos de origen africano y chino presentes en Cuba. Nace el 8 de diciembre de 1902 en un barrio humilde de Sagua la Grande, Villa Clara, Cuba. Desde sus primeros años demostró inclinación hacia el dibujo y la pintura. Estudió en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura San Alejandro, en La Habana, hasta 1923. Integró la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana, e ingresó en los Salones de Bellas Artes de esa institución. En 1923 viajó a España para estudiar pintura en la Academia de San Fernando de Madrid. En 1938 se trasladó a París, Francia, donde conoció al artista español Pablo Picasso, con quien sostuvo estrecha amistad. Este lo introdujo en el mundo artístico parisino, en el que intimó con André Breton, Benjamín Péret , Pierre Loeb y otros reconocidos poetas y escritores europeos. Lam pasa el período comprendido entre 1947 y 1952 entre Cuba, New York y París. Falleció el 11 de septiembre de 1982 en París. En 1951 ganó el primer premio del Salón Nacional, La Habana. Expuso en París, Nueva York y La Habana.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Wifredo Lam (Sagua La Grande, 8 de diciembre de 1902 — París, 11 de septiembre de 1982) fue un pintor vanguardista cubano. Uno de los más originales exponentes del surrealismo en Latinoamérica, creador de un nuevo lenguaje pictórico que fusiona la herencia cultural afrocubana con las últimas vanguardias europeas.
 

Fuentes y Agradecimientos: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museoreinasofia.es, epdlp.com, pintura.aut.org, theredlist.com, artcyclopedia.com, susetsanchez.wordpress.com, flickr.com, artradingfinance.com, artmarketmonitor.com, guggenheim.org y otras de Internet.
 




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Post Re: Wifredo Lam (1902—1982) 
 
El universo mestizo y global de Wifredo Lam toma el Reina Sofía

La antológica, una coproducción con el Pompidou y la Tate, dedica especial atención a los trabajos que el artista cubano realizó en España entre 1923 y 1938



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Exposición de Wilfredo Lam en el Reina Sofía.

Wifredo Lam, aquel “asombroso pintor negro cubano en el que confluyen las mejores enseñanzas de Picasso con las tradiciones asiáticas y africanas, combinadas de un modo sorprendente y genial”, tomará hasta el 15 de agosto las salas del Museo Reina Sofía de Madrid en una ambiciosa exposición que suma 250 obras. Las comillas pertenecen a Aimé Césaire, poeta y político de Martinica fallecido en 2008. Y el superlativo, servido ayer en su presentación, hay que atribuírselo a Manuel Borja-Villel, director del museo, quien describió a Lam (Sagua La Grande, Cuba, 1902-París, 1982) como el pintor más fascinante del siglo XX. Las pulsiones híbridas de una obra que corrió en paralelo a una vida tan agitada como la centuria que le dio cobijo son objeto de una antológica montada en coproducción con el Pompidou y la Tate, en cuya escala madrileña otorga especial atención a sus trabajos que realizó en España entre 1923 y 1938.

Hijo de un artesano chino procedente de Cantón y de un ama de casa descendiente de africano y española, Wifredo Óscar de la Concepción Lam y Castilla hunde sus raíces existenciales en el mestizaje, también el religioso: el catolicismo y el culto a los dioses africanos que sobrevuelan su obra los recibió desde la cuna. La afición por el dibujo llegaría después: ya de muy niño recibió educación artística, aunque su gran oportunidad no llegó hasta 1923, cuando fue becado para viajar a España y estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

De aquellos años proceden los primeros cuadros que cuelgan en el recorrido. Fascinado por las maravillas del Prado, realiza majestuosos retratos de sus compañeros y amigos. La implicación de Lam con España es grande. Conoce a Lorca, Valle Inclán o Azorín, entre otras estrellas del firmamento intelectual del momento. Simpatizante decidido de la República, arrimó el hombro durante la Guerra Civil como empleado de una fábrica de granadas, en la que sus pulmones terminarían severamente afectados.


Picasso y Miró

Antes de la contienda, ya había conocido el éxito y caído fascinado por la obra de Juan Gris, Joan Miró y Pablo Picasso. En España, su vida y su trabajo se funden como en uno de sus cuadros plenos de referencias cruzadas. En Cuenca conoce a la que sería su primera esposa, Eva Píriz, con la que tuvo un hijo, Wifredo Víctor. Ambos murieron de tuberculosis en 1931.

El desarrollo de la guerra le empuja a emigrar a Barcelona y de allí, en 1938, a París, donde la excepcional acogida de Picasso resultaría determinante para su éxito. Borja-Villel, comisario de la exposición junto a Catherine David, conservadora del Pompidou, aseguró que este primer exilio marcó a un pintor que cabe calificar de primer artista global: “Sus múltiples viajes determinaron la modernidad de su trabajo. Sus creaciones ocupan un lugar singular en el arte del siglo XX como ejemplo de la circulación plural de formas e ideas en el contexto de las vanguardias, y de los intercambios entre distintos movimientos culturales, mucho antes de que la cuestión de la globalización se comenzara a plantear en los años noventa”. Y añade: “Se codeó con todas las vanguardias del momento. Afrontó también los problemas del mundo y fue pionero de un trabajo que integraba el modernismo occidental con símbolos africanos o caribeños. Su obra, profundamente comprometida, explora la diversidad de expresiones y de medios”.

La diversidad y el carácter internacional asaltan al visitante en las diferentes salas. Dividida en cinco ámbitos, la antológica se adentra, tras el interludio español, en su primer periodo francés, entre 1938 y 1941. Con la maleta cargada de dolor y la sorpresa, compartida por Picasso, de la influencia que la escultura africana tiene sobre el arte europeo, pinta figuras de rostros desdibujados y su mundo se puebla de máscaras, más que personas.


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El pintor en su estudio parisino, en 1940.


Dibujos a tinta china

n París también trabó contacto con André Breton y el surrealismo, ya en su fase agonizante. La ocupación de París por los nazis provoca el éxodo de su grupo a Marsella. Testimonio de esa época, se muestran numerosos dibujos a tinta china en cuadernos en los que reproduce y mezcla elementos humanos, vegetales y animales, unas figuras híbridas que pronostican su retorno a Cuba.

Con dos exilios a sus espaldas y después de 18 años en Europa, Lam llega a Martinica junto a Breton y otros artistas. Allí conoce a Aimé Césaire, poeta de la negritud. En Cuba descubre la corrupción, el racismo y la miseria imperantes en la isla. Su obra se puebla entonces de figuras sincréticas donde la energía y los mundos espirituales de las culturas caribeñas se funden en una búsqueda incesante del alma afrocubana.

El último tramo de la muestra narra cómo deja La Habana en 1952 para regresar a París. Son los días en los que su presencia en exposiciones internacionales se multiplica. Estados Unidos, Inglaterra, Bélgica, Francia y Japón son algunos de los países en los que se exhibe su obra de manera habitual.

Casado en 1960 con la artista sueca Lou Laurin, madre de tres de sus hijos, a finales de los sesenta descubre su pasión por la terracota y se instala en Albissola (Italia). Tomando esta ciudad como cuartel general, siguió viajando por el mundo, incluidos los regresos ocasionales a su isla natal. Murió el 11 de septiembre de 1982. Tras ser incinerado en el crematorio de Père Lachaise, sus cenizas fueron depositadas en el cementerio de Colón, en La Habana.



Una exposición ambiciosa

Las salas del Museo Reina Sofía de Madrid acogerán un total de 250 obras de Wifredo Lam hasta el 15 de agosto.

La muestra, que cuenta con el patrocinio de Abertis, está comisariada por Catherine David, del Pompidou, y Manuel Borja-Villel, director del Reina.

Tras su paso por el museo parisiense y por el centro madrileño, la exposición viajará a la Tate Modern, de Londres, donde se verá del 14 de septiembre próximo al 8 de enero de 2017.



Padre ausente, pero muy simpático

Dos de los cuatro hijos de Wifredo Lam, Ejkil y Stéphane, nacidos de su matrimonio con la artista Lou Laurin, asistieron ayer a la presentación de la exposición dedicada a su padre. El primero, residente en Hong Kong, vive de la música; el segundo reside en París dedicado a sus negocios. Ambos se ocupan del legado de su padre, aunque no han constituido ninguna fundación y confiesan entre risas que de vez en cuando venden algún cuadro para poder vivir.

Ninguno de los dos guarda demasiados recuerdos ni anécdotas del padre, porque los últimos veinte años de su vida este residió en Italia, mientras que ellos lo hacían en París. “Venía a vernos de vez en cuando, pero nunca se quedaba mucho”, cuenta Ejkil Lam. “Nosotros no íbamos a Albissola, porque allí trabajaba y los niños molestábamos”. Ambos se apresuran a señalar que era un hombre simpático.

Respecto a la exposición de Madrid, aseguran estar impresionados porque en el Reina Sofía las obras “se exponen de manera majestuosa. En el Pompidou estaban demasiado juntas. Aquí están sus años españoles, muy interesantes”.



elpais.com
 




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Wifredo Lam: un aquelarre en el Caribe



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El artista cubano Wifredo Lam en su estudio.

En Wifredo Lam la extrañeza es raíz y norma. Nada resulta común en este hombre nacido en 1902 (Cuba) de la aleación de un padre chino y una madre "negra colorá", como él decía. El comerciante Lam-Yam (Hombre que Mira al Cielo) concibió a los 84 años al octavo de sus hijos y decidió quedarse a oírlo crecer hasta los 108. Cuando fueron a inscribirlo en el registro al funcionario se le traspapeló una l y el niño quedó también tocado de esa otra rareza: sería ya para el mundo Wifredo, que es un nombre que contempla vegetaciones propias.

Aquel muchacho chino y negro comenzó a dibujar consciente de lo singular que era. Pasó la infancia asistiendo a los rituales de su madrina, la santera Mantoñica Wilson. El ímpetu de sus dos sangres chocando sumó al joven aprendiz de pintor la imaginería afrocaribeña de lo ritual, que es un permanente tanteo de los símbolos míticos. Wifredo Lam se construyó con los materiales del extraño. Y así se levantó su pintura. Un trabajo que comenzó en el sombrió academicismo hispanizante y que fue ensanchando hasta la vanguardia, el postcubismo y una red de significados míticos, figuras espectrales, máscaras, junglas que no existen más que en su cabeza y numerosas referencias que tampoco esconde: Matisse, Picasso, Torres-García, Pollock, el arte africano que descubre en París...

El Museo Reina Sofía acoge la más completa de las exposiciones que se han dedicado en España a la obra y la estela de Wifredo Lam, abierta hasta el próximo 15 de agosto (después viajará a la Tate Modern de Londres) y patrocinada por Abertis. La muestra, de la que son comisarios Catherine David (Centro Pompidou) y Manuel Borja-Villel (responsable del museo madrileño) reúne 250 piezas del artista cubano donde no sólo queda fijada su amplitud de mundos como pintor, sino el trajín de un cosmopolitismo que comenzó a forjar a los 21 años, en el viaje a España (1923) para continuar sus estudios de pintura. Aquí se casa con una extremeña, Eva Piris: "Mire usted cómo yo, hijo de colonizados, me fui a encontrar con una descendiente de conquistadores", decía. Aquí luchó en favor del Gobierno legal de la República, "como un español más".

"La obra de Lam se ha visto desde un punto de vista demasiado canónico, ciñéndola a los márgenes del exotismo y el surrealismo», sostiene Borja-Villel. «Pero más allá de eso hay un aspecto muy interasante y es su consciencia del origen colonial del que es parte. Con esa premisa va construyendo su visión del mundo".


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Autorretrato II del autor. /  M.A. Reina Sofía

A Lam no le asusta la excentricidad de su propia condición de chino con mulato. Al revés, la exhibe como parte de una identidad diferenciada: en fotografías, en autorretratos, en su puesta en escena. En los años de España aprende los recursos de academia y augura una libertad de formas que con el tiempo se concreta cuando descubre ya en París la obra de Picasso. Aquella supone su primera revelación. Eso y las máscaras africanas que son icono de buena parte de su trabajo.

La modernidad de Lam está impulsada por sus viajes, sus sucesivos exilios y sus lecturas. Acogió el marxismo como religión y en algunas de sus piezas (en los años españoles, sobre todo) se dejó llevar por unas escenas de costumbrismo obrero que pronto desaparecieron de sus obsesiones. La literatura era otro de los frentes en los que fue afianzando su distintivo de pintor. Amigo de André Breton, de Aimé Césaire, de Alejo Carpentier, de Lydia Cabrera, de Pierre Mabille, pertenece a esa época del arte en la que poetas, novelistas y pintores colaboraban y se apuntalaban.

En 1938 abandona España y se instala entre París y Marsella. "La primera obra de Picasso que ve en persona es el Guernica. Y aquello le provoca una conmoción", explica Manuel Borja-Villel. Asume aquella cabeza de caballo, las manos con quinqué, las líneas de toro, la expresión de los rostros de cartabón. Aquel negro jabao con ancestro oriental asume la máscara y la geometría. Picasso lo defiende como a ningún otro. Y él va faenando por la vanguardia y conjuga el caribe con un cubismo tardío. Asesta una sensualidad de desnudos de vocación primitiva, de vegetaciones insólitas y figuras animales como una zoología loca. El territorio de Wifredo Lam es el asombro.

Tiene algo de fuerza trashumante que va moviendo su sincretismo por el mundo. Después de 18 años en Europa regresa a América. Desembarca en Martinica con André Breton y de allí regresa a Cuba, donde encuentra un país humillado. Pinta La jungla como desquite a los retratos de potentados que tenía que hacer para ganarse la vida. Ese cuadro sintetiza la potencia plástica de Lam. Un americano que se presentó en su estudio habanero adquirió la pieza por 7.000 dólares. Aquel hombre era Rockefeller. El cuadro pasó tiempo después a los fondos del MoMA en Nueva York. Los grandes bocetos preparatorios están hoy en la exposición del Reina Sofía.

Regresó a París en los años 50. Por el pintor Asger Jorn conoció Albissola (Italia) y las posibilidades de la cerámica. Mantiene el espíritu indócil de no enclavijarse en ningún paisaje. Cambia de casa y de destino sucesivamente. Mantiene esa fiesta de arrabal de su pintura, pero se va atemperando. Ha hecho de su periferia una forma de estar en el centro de las cosas. Sigue repartiendo imágenes extrañas a mansalva. Incluso algo grotescas. Al final, cuando era un expresionista lírico, la aventura de Lam quedó resumida en una línea del poeta de Martinica Aimé Césaire: "Tuvo como misión pintar el drama de su país, la causa y el espíritu de los negros".

Murió en 1982, en París. Pasó más de media vida librando una batalla contra la realidad. Y parece que ésta quedó en tablas.



Lam saluda la libertad

Era un tipo extraño que nació en una ciudad del Caribe, en 1902, con España, China y África a los pies de la cama, en el mantel zurcido de la cocina y en las historias que le contaban su padre, el cantonés Lam-Yam y su madre, una mulata llamada Ana Serafina Castilla. Lo bautizaron en la Iglesia Católica con el nombre de Wifredo, sin ele, y después se buscó las contraseñas de caramelos y aguardiente para comunicarse con Orula y todas las deidades de la santería. Así es que Wifredo Lam vivió hasta los 14 años en el mismo lugar en el que llegó al planeta Tierra, Sagua la Grande, en el norte de la Isla de Cuba, en la provincia central de Las Villas, y después se mudó para La Habana donde la pobreza permitía mayores disimulos y ya funcionaba la Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro. Y allí fue que, de verdad, comenzó todo. En 1924 viajó a España y cuatro años más tarde hizo su primera exposición individual en Madrid. Pintor, grabador, ceramista, escultor y dibujante, el cubano se convirtió en una figura universal por el poder de su talento para mezclar los trazos de las culturas que heredó y la experiencia de una vida compleja, intensa y comprometida con el arte y con su tiempo. Vivió casi toda su vida fuera del país donde nació, pero allá, sus amigos y la gente que lo quería en La Habana y en el territorio de su provincia natal, siempre lo estaban esperando. Le querían contar los últimos cuentos de los bares y las barberías de Sagua la Grande, aunque ya Lam no conociera a los protagonistas ni le interesaran los chismes del pueblo, las traiciones amorosas y las broncas entre guajiros. Lo esperaba como cosa buena su compadre, el poeta Samuel Feijó, que guardaba unas hojas blancas especiales para que Lam le pintara unos pájaros que salieran volando del papel y se fueran por las ventanas. Quería ver las aves volando hacia el campo donde las colonias de chinos llegaron a Sagua la Grande a cortar caña en el siglo XIX, y sembraron sus hortalizas y levantaron sus casas con cobijas de guano. Se dice que mientras el pintor triunfaba en el mundo y su nombre crecía y se hacía universal y almorzaba con Pablo Picasso o cenaba con André Bretón, sus viejos compañeros provincianos hablaban de él como un vecino cercano que extrañaba su barrio y se volvía loco por regresar a escuchar las historias o a ponerse a pintar sobre un lienzo que tuviera de fondo un paisaje de lechugas, berros y zanahorias. Era mentira, pero ellos pensaban que así lo tenían cerca y no dejaban que se fuera definitivamente. La realidad es que el Wifredo Lam que España podrá volver a ver y a tocar a partir hoy en una exposición especial en el Museo Reina Sofía de Madrid, es otro. Al menos, para el poeta de Martinica Aimé Césaire, el cubano fue el primer artista de las Antillas que supo saludar la libertad. «De ese modo, libre de todo escrúpulo estético», escribió, «libre también de todo realismo y toda preocupación documental. Lam sostiene, magnífico, la cita grande y terrible con el bosque, con el pantano, con el monstruo, con la noche y las semillas voladoras, con la lluvia, la liana, el epifito, con la serpiente y el miedo, con el salto a la vida».


elmundo.es
 




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Post Re: Wifredo Lam (1902—1982) 
 
Del 6 abril - 15 agosto, 2016 / Edificio Sabatini, Planta 1



Exposición de Wifredo Lam en el Museo Reina Sofía



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Wifredo Lam ante una de sus obras de la serie Brousses en su taller de Albissola, 1963.

Iniciador de una pintura mestiza que unía modernismo occidental y símbolos africanos o caribeños, Wifredo Lam (Sagua La Grande, 1902 - París, 1982), se codeó con todas las vanguardias del momento, afrontando también los problemas del mundo. Su obra profundamente comprometida, exploradora de diversidad de expresiones y de medios, desde la pintura al dibujo, del grabado a la cerámica, persigue el mismo combate que su amigo Aimé Césaire: “pintar el drama de su país, la causa y el espíritu de los Negros”. Lam tomó consciencia desde muy joven de la cuestión racial y de sus implicaciones sociales y políticas en Cuba, en Europa y, más adelante, en Estados Unidos. Asociado a diversos ambientes nacionales, sociales y culturales, siempre mantendrá una postura distante, sin caer en los papeles ni las proyecciones de identidad que le imponen, con buena voluntad, amigos y admiradores. Lam inventó un lenguaje propio, único y original para defender la dignidad de la vida y la libertad.

La exposición vuelve sobre la génesis de su trabajo pero también sobre las diversas etapas y condiciones de la recepción e integración progresivas de una obra pacientemente construida entre España, París-Marsella y Cuba. Traza la singular trayectoria del artista a través de alrededor de doscientas cincuenta obras –pinturas, dibujos, grabados, cerámicas– completada con más de trescientos documentos –cartas, fotografías, revistas, libros–. Este vasto material ilumina el contexto de su trabajo y de su pensamiento, deteniéndose en sus años en España (1923-1938), en los sorprendentes grabados de los años sesenta y setenta y en sus colaboraciones con los más destacados escritores de su tiempo, así como en las obras capitales creadas a la vuelta a su Cuba natal (1940-1950), y, en definitiva, muestra una vida comprometida dentro de un siglo agitado.



A propósito de… Wifredo Lam


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La exposición retrospectiva de Wifredo Lam (Sagua La Grande, 1902 - París, 1982), muestra un amplio repertorio de la obra pictórica, dibujos, grabados y cerámicas del artista cubano. Además, numerosos documentos, entre los que se incluyen cartas, fotografías, revistas y libros, acompañan y contextualizan el relato cronológico de la exposición.  

La muestra, organizada por el Centre Pompidou de París en colaboración con el Museo Reina Sofía, incluye varias obras creadas durante los años que residió en tierras españolas (1923-1938), los grabados de los años sesenta y setenta, así como las obras creadas a la vuelta a su cuba natal (1940-1950). A través de este relato, se explora la compleja relación de Lam con las vanguardias, así como su incesante y comprometida exploración de medios diversos, guiado por su preocupación por las cuestiones raciales en torno a la negritud.

Esta visita se inscribe dentro de A propósito de…, el programa de visitas vinculado a las exposiciones temporales del Museo, que tiene como objetivo hacer visibles las líneas discursivas que atraviesan las exposiciones y conectarlas con la realidad actual.







    

Exposición organizada por el Centre Pompidou, Musée national d’art moderne, París, en colaboración con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid y Tate Modern, Londres.



museoreinasofia.es
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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