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Francisco Hurtado Izquierdo (1669-1725)
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Mensaje Francisco Hurtado Izquierdo (1669-1725) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a Francisco Hurtado Izquierdo fue uno de los artistas más destacados del barroco español. Este arquitecto y retablista cordobés nació en Lucena el 10 de febrero de 1669 y falleció en Priego de Córdoba el 30 de junio 1725. Fue maestro mayor de las catedrales de Córdoba y Granada y el autor de obras tan emblemáticas como los sagrarios de las cartujas de Granada y de El Paular (Rascafría). Renovó el lenguaje arquitectónico y ornamental del barroco cordobés y granadino. En sus edificios se hace patente el gusto por las plantas centrales, en las que hace gala de su dominio en la combinación de mármoles embutidos y yeserías, que tapizan los muros y descomponen la luz natural, generando ambientes ilusorios y vibrantes. Su soporte predilecto es la columna salomónica, aunque también empleó alternativamente la columna corintia y, andando en el tiempo, el estípite. Como arquitecto de retablos, se caracteriza por un particular uso de la hoja de acanto, carnosa y muy rizada, y del lenguaje de placas recortadas superpuestas que, retomando la cultura arquitectónica de Alonso Cano, da origen al llamado <<barroco prismático>> que caracterizó la arquitectura dieciochesca de Andalucía central y oriental.

Lucena

Hijo de Diego Hurtado Izquierdo e Isabel de Hermosilla, Francisco Hurtado nació en Lucena el 6 de febrero de 1669. Aunque por línea paterna pudo aprender el oficio de la albañilería, su primera formación correría a cargo de los maestros locales de su ciudad natal, como el polifacético presbítero Leonardo Antonio Hurtado de Castro y los arquitectos Juan Trujillo Moreno y Alberto de Guzmán. Del primero tomaría el gusto por la columna salomónica y la pericia en el uso de los mármoles en retablos y portadas, en una zona tan rica en canteras como la Subbética cordobesa; con Juan Trujillo tomaría contacto con los planes centrales y las plantas curvas y elípticas, colaborando probablemente junto a él y el citado Alberto de Guzmán, en la construcción de la iglesia del convento de agustinas recoletas de San Martín en Lucena.

Córdoba

En 1695 trazó el retablo mayor de la iglesia del convento de San Pedro de Alcántara, de franciscanos alcantarinos, en Córdoba. Este retablo sería ejecutado en mármoles por los canteros Juan Rodríguez Navajas y Toribio de Bada. En 1696 contrató junto con Juan Leiva la construcción del tercer cuerpo del retablo mayor de la iglesia de San Lorenzo, que había sido comenzado años atrás por Melchor de Aguirre.

Las modestas perspectivas profesionales que en Lucena podía encontrar y estos primeros trabajos en Córdoba, impulsaron a Francisco Hurtado a trasladarse a la capital, donde fue escalando posiciones. En Córdoba encontró la protección del cardenal Pedro de Salazar y Góngora, obispo de la diócesis, quien lo puso al frente de todas las obras de su mecenazgo. En primer lugar, el 17 de marzo de 1697 fue nombrado maestro mayor de la catedral. Entre dicho año y 1703, se encargó de levantar una nueva sacristía para la mezquita-catedral. En la sacristía Hurtado se distancia de la tradición de disponer longitudinalmente el espacio, y elige una original planta octogonal. A este octógono añade una cripta y dos espacios anejos para relicario y tesoro. La sacristía se ilumina a través de los ocho ventanales que horadan el tambor. El elegante contraste cromático de los mármoles del zócalo y las yeserías carnosas, que se derraman por la cúpula y los muros, se complementa con las pinturas de Antonio Palomino y las esculturas de José de Mora en los machones. El espacio es comúnmente conocido como la <<capilla del cardenal Salazar>>, ya que además de sacristía sirvió de capilla panteón del obispo, que mandó construir su tumba en mármoles, inspirándose en la realizada por Bernini para el papa Alejandro VII en San Pedro del Vaticano.

También bajo el mecenazgo del obispo, Hurtado Izquierdo levantó el Hospital del cardenal Salazar a partir de 1701, actualmente Facultad de Filosofía y Letras. Desde la capital atendería algunos encargos para la ciudad y provincia, como la villa de Priego de Córdoba. Para ella realizó los retablos de la iglesia de San Pedro Alcántara. También en Priego se unió en matrimonio con Mariana de Gámiz y Escobar, el 9 de febrero de 1699.

Granada

Con la sacristía de la catedral de Córdoba acabada en lo esencial, el arquitecto lucentino recibió en 1704 una oferta para trabajar en Granada. Una vez acabada la fachada de la catedral granadina, llegaba el turno de levantar una nueva iglesia del Sagrario. Por instigación del arzobispo Martín de Ascargorta, también cordobés de origen, Francisco Hurtado Izquierdo fue nombrado maestro mayor de la catedral de Granada en 1704. Su tarea fundamental fue la de demoler los restos de la antigua mezquita aljama, que aún seguía en pie funcionando como parroquia del Sagrario, para construir un original edificio de planta de cruz griega que la sustituyera. En el interior, el empleo de la doble columnata para solventar la altura y las semicolumnas adosadas a los pilares, traen al recuerdo las soluciones de Diego de Siloe en la catedral. La elección de un lenguaje tan clasicista da cuenta de la pluralidad de registros de Hurtado Izquierdo y de la pervivencia del clasicismo durante el barroco. No obstante, en este caso conviene señalar que el templo fue terminado por José de Bada quien, entre otros cambios, introdujo una portada de columnas corintias en sustitución de las salomónicas, que fueron destinadas al palacio de Bibataubín.

Siempre bajo el mecenazgo del munificente Ascargorta, trazó en 1707 el retablo de Santiago para la catedral. En él incorpora esculturas y pinturas preexistentes, juega con el lenguaje de placas heredado de Alonso Cano e introduce unos medios estípites, los primeros en la arquitectura de retablos de la ciudad. También en 1713, el cabildo le encargó la ejecución de los dos púlpitos para la catedral, bajo traza florentina y con probable colaboración del escultor sevillano Pedro Duque Cornejo.

De este período, su obras más destacada y, quizás su obra cumbre, es la construcción del Sancta Sanctorum o sagrario de la Cartuja. En este monasterio, lugar de retiro habitual del arzobispo, se venía construyendo desde comienzos del siglo XVIII un sagrario o camarín para la Eucaristía. Sin embargo, en 1709, con la llegada de Fray Francisco de Bustamante como prior de la misma, se decidió encomendar la dirección de las obras a Francisco Hurtado Izquierdo, quien se ocupó de su finalización y decoración hasta 1720. El arquitecto afianzó parte del espacio construido con la construcción de dos capillas u oratorios laterales en 1713 y dispusó pares de columnas en los ángulos. El sagrario consta de una sencilla planta cuadrangular cubierta por una cúpula sobre pechinas. Por tanto, su efecto sorprendente y deslumbrante se debe a un inteligente uso del contraluz, el empleo de complicados diseños en los mármoles de su solería y paramentos, las doradas yeserías y la integración de las artes plásticas en el conjunto. Los frescos de la cúpula y las pechinas, así como los lienzos, se deben al erudito pintor cordobés Antonio Palomino, mientras que las esculturas en madera policromada fueron talladas por los grandes maestros de la escultura granadina y sevillana: José de Mora, José Risueño y Pedro Duque Cornejo. En el centro se levantó un monumental tabernáculo de mármoles rojos y negros, de las canteras cordobesas de Cabra y Luque, que cobijaba una original custodia de plata y cristal, cuyo fulgor podía ser visto desde los pies de la iglesia. Esta custodia fue robada durante la invasión francesa en la Guerra de la Independencia. El sagrario de la cartuja destaca, además de por su enorme calidad técnica, por narrar uno de los ciclos alegóricos más complejos y herméticos del barroco español, destinado a ensalzar el modo de vida cartujano y su devoción eucarística.

En el mismo año en que se daba licencia para la construcción de los oratorios del sagrario (1713), también se autorizaba la construcción de una sacristía para el monasterio, para la que Hurtado elaboró un diseño. Sin embargo, la carestía económica retrasó la construcción de la sacristía hasta 1730, cuando el arquitecto ya llevaba muerto cinco años. De este modo, resulta difícil discernir si el actual recinto -uno de los más sorprendentes y afamados del barroco español- fue el que trazó Hurtado o fue sucesivamente alterado por los diferentes maestros que en él trabajaron.

Priego de Córdoba

En estos años, se asiste al progresivo reconocimiento social del artista, que además de ser maestro mayor de dos de las más importantes catedrales andaluzas, es nombrado ingeniero militar, en el grado de capitán, y, desde 1713, administrador de las Alcabalas, Propios y Arbitrios (un impuesto que gravaba el comercio para tributar a la Corona) en Priego, gracias a la intervención de los cartujos. Este nombramiento supuso su traslado de residencia desde Granada a Priego, de modo que el encargo de los púlpitos comenzó a dilatarse en el tiempo y exceder los plazos fijados. A esta circunstancia se añade la excesiva libertad que Hurtado tuvo para seguir el diseño florentino para la ejecución de los mismos. El resultado final disgustó al cabildo catedralicio, que en 1716 decidió relevarlo como maestro mayor, nombrando para su sustitución al también lucentino José de Bada y Navajas.

Aunque ocupado en el oficio de alcabalero, desde Priego Hurtado continuó atendiendo los encargos que tenía iniciados en Granada (los púlpitos y el sagrario de la cartuja) y se hizo cargo de otros nuevos. Esta circunstancia daría lugar al nacimiento en Priego de una fecunda escuela de arquitectos, tallistas y yeseros durante el siglo XVIII. En la villa nacieron varios de sus hijos: María Antonia (1715), Francisco (1717) y Antonio (1718).

Tan satisfecha estaba la comunidad cartujana con el aspecto que comenzaba a ofrecer el sagrario de la cartuja de Granada que, antes de su finalización, la casa madre de los cartujos decidió contratar uno similar para su monasterio en El Paular (Rascafría). Para tal efecto, Hurtado Izquierdo elaboró su traza en 1718, a la que dieron vida él y sus colaboradores. A su muerte en 1725, se hizo cargo de la culminación del proyecto el más avezado de sus discípulos: Teodosio Sánchez de Rueda.

En el sagrario de El Paular, Hurtado estuvo al cargo de la obra desde el comienzo y pudo diseñar un espacio de mayor complejidad en planta, organizado en dos espacios: el sagrario en sí mismo y otro edificio tras él, el transparente. De nuevo concurrieron Antonio Palomino en lo pictórico y Pedro Duque Cornejo en lo escultórico, quien ejecutó más de una quincena de santos para sus nichos, además de la pléyade de ángeles que ornamentan el tabernáculo de mármoles. El interior de este tabernáculo lo ocupaba una impresionante custodia de plata, obra de plateros cordobeses, también perdida como la de Granada.

Obra documentada

    Retablo mayor de la iglesia de San Pedro Alcántara en Córdoba (1695).
    Tercer cuerpo del retablo mayor de la iglesia de San Lorenzo en Córdoba (1696).
    Retablo mayor y retablos laterales de la iglesia de San Pedro Apóstol en Priego de Córdoba.
    Sacristía o capilla del cardenal Salazar en la Catedral de Córdoba (1697-1713).
    Hospital del cardenal Salazar en Córdoba (1701).
    Retablo mayor de la iglesia parroquial de Montoro (Córdoba).
    Ermita de la Alegría en Córdoba (1703).
    Capilla de la Asunción en Córdoba (1708).
    Retablo de Santiago en la Catedral de Granada (1707).
    Parroquia del Sagrario, de la Catedral de Granada (iniciada en 1704, posteriormente acabada por José de Bada).
    Sagrario de la Cartuja de Granada(1709-1720).
    Púlpitos de la Catedral de Granada (1713-1716)
    Sagrario de la Cartuja de El Paular (1718-1728, acabado por sus discípulos).

Obra atribuida o de probable participación

    Portada principal de la iglesia de San Martín, del convento de agustinas recoletas, en Lucena.
    Modificación barroca de la portada principal de la iglesia dominica de San Pedro Mártir, en Lucena.
    Camarín de Nuestra Señora de la Victoria, en el Santuario de la Victoria en Málaga (1693-1700).
    Retablo mayor del santuario de Nuestra Señora de Araceli en Lucena.
    Iglesia de la Trinidad en Córdoba (ca. 1710).
    Sacristía de la Cartuja de Granada (Trazada hacia 1713, iniciada en 1730).
    Iglesia del hospital de San Juan de Dios en Priego de Córdoba.

Espero que la recopilación que he conseguido de este arquitecto y retablista español, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección del foro de xerbar, y contribuya en su divulgación.





Algunas obras


Intervención de Francisco Hurtado en la Cartuja de Granada


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Tabernáculo del Sagrario (Cartuja de Granada). Obra de Francisco Hurtado Izquierdo como retablista y José Risueño como escultor.

En muchos casos, el escultor contribuye decisivamente al efecto de una obra de carácter estructural, como lo es en este caso el retablo-baldaquino que aparece como tipología preferente a lo largo de la cultura artística del Barroco español. Risueño se adapta al programa arquitectónico, que asume sobre propio pathos vinculado a un complicado simbolismo, pero a pesar de que le sirve el instrumento arquitectónico de guía en su alzado triunfante, la sutil escultura se impregna de delicadeza, de fragilidad y de gracia, bajo la sugerencia del encanto sensual del rococó. Contagia una atmósfera entrañable y alegre y otorga a las figuras, casi ingrávidas, el efecto de una danza que se combina con el realismo y el candor en la afirmación de la eficacia religiosa del arte, afectuosa y enternecedora. Es una obra en su conjunto de nueva sintaxis, en una hermosa síntesis de emociones distintas bien sincronizadas, vinculada al género de esquemas en relación asociativa.


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Tabernáculo y cúpula del Sagrario de la Cartuja, en Granada. Obra de Francisco Hurtado de Mendoza, entre 1730-1742. La cúpula está pintada por Antonio Palomino.

El tabernáculo del Sagrario de la Cartuja de Granada, es su obra más destacada y, quizás su obra cumbre, es la construcción del Sancta Sanctorum o sagrario de la Cartuja. En este monasterio, lugar de retiro habitual del arzobispo, se venía construyendo desde comienzos del siglo XVIII un sagrario o camarín para la Eucaristía. Sin embargo, en 1709, con la llegada de Fray Francisco de Bustamante como prior de la misma, se decidió encomendar la dirección de las obras a Francisco Hurtado Izquierdo, quien se ocupó de su finalización y decoración hasta 1720. El arquitecto afianzó parte del espacio construido con la construcción de dos capillas u oratorios laterales en 1713 y dispusó pares de columnas en los ángulos. El sagrario consta de una sencilla planta cuadrangular cubierta por una cúpula sobre pechinas. Por tanto, su efecto sorprendente y deslumbrante se debe a un inteligente uso del contraluz, el empleo de complicados diseños en los mármoles de su solería y paramentos, las doradas yeserías y la integración de las artes plásticas en el conjunto. Los frescos de la cúpula y las pechinas, así como los lienzos, se deben al erudito pintor cordobés Antonio Palomino, mientras que las esculturas en madera policromada fueron talladas por los grandes maestros de la escultura granadina y sevillana: José de Mora, José Risueño y Pedro Duque Cornejo. En el centro se levantó un monumental tabernáculo de mármoles rojos y negros, de las canteras cordobesas de Cabra y Luque, que cobijaba una original custodia de plata y cristal, cuyo fulgor podía ser visto desde los pies de la iglesia. Esta custodia fue robada durante la invasión francesa en la Guerra de la Independencia. El sagrario de la cartuja destaca, además de por su enorme calidad técnica, por narrar uno de los ciclos alegóricos más complejos y herméticos del barroco español, destinado a ensalzar el modo de vida cartujano y su devoción eucarística.


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Cúpula del sagrario de la Cartuja de Granada, obra del pintor Antonio Palomino.


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Francisco Hurtado Izquierdo triunfa con este espacio barroco (1704-1720), cuyo sagrario sufrió el expolio de la francesada, siendo sustituido en el 1816. Sus ricos mármoles y los distintos pintores y escultores que completaron la obra, la sitúan entre las mejores del barroco español.


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La Magdalena. Detalle escultórico del Sagrario de la Cartuja de Granada. La esculturas son obra de José Risueño, Pedro Duque Cornejo y José de Mora.


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Tabernáculo del Sagrario de la Cartuja de la Asunción de Nuestra Señora, Granada. Escultura de Pedro Duque y Cornejo (1723-1728)


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Tabernáculo del Sagrario. 1702-1720. Sagrario de la Cartuja de Granada. 1702-1720. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo como retablista y José Risueño como escultor principalmente, aunque también trabajaron otros artistas.


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Sacristía de la cartuja de Granada, ca. 1730-1750. Obra atribuida a Francisco Hurtado Izquierdo. En 1713 se se daba licencia para la construcción de los oratorios del sagrario (1713), también se autorizaba la construcción de una sacristía para el monasterio, para la que Hurtado elaboró un diseño. Sin embargo, la carestía económica retrasó la construcción de la sacristía hasta 1730, cuando el arquitecto ya llevaba muerto cinco años. De este modo, resulta difícil discernir si el actual recinto -uno de los más sorprendentes y afamados del barroco español- fue el que trazó Hurtado o fue sucesivamente alterado por los diferentes maestros que en él trabajaron.


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Sacristía de la cartuja de Granada, ca. 1730-1750. Obra atribuida a Francisco Hurtado Izquierdo y a otros artistas por determinar. Comenzó a construirse en 1727 y se terminó en 1764. Ricamente ornamentada, es digno exponente de la fase final del barroco español. En la cúpula, pintada por Tomás Ferrer en 1735, destacan San Bruno, San Juan y otros fundadores de la Orden de los Cartujos.


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La sacristía de la cartuja de Granada ha sido atribuida esta obra a Francisco Hurtado aunque tal adscripción estilística no se sustenta en criterios sólidos ya que la línea proyectual del citado arquitecto presenta otro tipo de características. Pertenece al experimentalismo barroco andaluz con referencias, aunque sea con brevedad, a la tradición musulmana, entendida en su modelística lineal y abstracta. En el diseño del sagrario cartujano se manifiesta una idea renovadora del elemento y control geométrico y se consagra una opción, en la que la máscara ornamental desplaza a cualquier consideración estructuralista. El repertorio decorativo vino a ser una subversión del lenguaje clásico, y su exaltación supone un nuevo uso de las órdenes y de las proporciones, lo cual se entremezcla con una serie de citas de la cultura rococó del momento. En esta obra se permite la formulación de una interesante opción figurativa que enriquece la tradición barroca vernácula. Sobre un zócalo de mármol rojo veteado, parten las potentes pilastras con las que se articula el perímetro del recinto, recubierto por una sucesión de molduras mixtilíneas de ritmo quebrado y ascensional, sometido a un estudio meditado de la luz y la sombra en contraste.


 
Otras obras


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Iglesia del convento de la Santísima Trinidad de Córdoba. El Convento de la Santísima Trinidad, fundado en 1241 tras la conquista cristiana, pasó a cuartel tras su desamortización y su iglesia se convirtió en la Parroquia de San Juan y Todos los Santos. Atribuida al arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo, fue iniciada a mediados del siglo XVII.

En la fachada principal sobresale la portada, fechada en 1703, destacando en el segundo cuerpo la presencia de la columna salomónica, primera vez que dicha columna se usa en Córdoba.

La iglesia se erigió pronto en el prototipo de iglesia barroca. Es de una sola nave de altos muros cubierta por bóveda de medio cañón y lunetos con ventanas. El retablo, encargado en 1724 a Juan Fernández del Río, con ornamentación exuberante y realizada con gran minuciosidad, es la obra cumbre del barroco cordobés.


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La iglesia de la Trinidad, antiguo convento de la Santísima Trinidad del siglo XIII, se edificó sobre una antigua mezquita. Sin embargo, el edificio actual data del 1710 y nada ha quedado de las construcciones previas. No se conoce su arquitecto aunque todo apunta al maestro Francisco Hurtado Izquierdo. La portada principal se encuentra a los pies del templo, constituida por dos pares de columnas que sujetan un frontón partido, sobre el que encontramos una hornacina que está flanqueada por columnas salomónicas. En la hornacina vemos a un ángel, vestido con el hábito de la Orden de los Trinitarios, salvando a dos cautivos.


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Iglesia de la Santísima Trinidad de CórdobaEl deplorable estado en el que se encontraba a finales del siglo XVII la iglesia de los Trinitarios motivó la realización de nuevas obras que comenzaron en los últimos años de esa centuria, finalizándose en 1710. El autor parece ser Francisco Hurtado Izquierdo, presentando una iglesia con una sola nave, crucero apenas bosquejado y una cabecera rectangular. Una bóveda de cañón con lunetos cubre la nave mientras que el crucero lo hace con cúpula sobre pechinas. A los pies de la nave se encuentra el coro.


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Retablo de la Iglesia de San Lorenzo de Córdoba. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo. 1696. Retablo de la Iglesia de San Lorenzo, en colaboración con su maestro Juan Fernández del Río.


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Capilla de Santa Teresa de la Mezquita-Catedral de Córdoba, aquí se guarda el tesoro catedralicio y que era la primitiva sacristía. Su bóveda es una maravilla de luz y belleza, obra de Francisco Hurtado Izquierdo a finales del s.XVII.


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Mausoleo funerario del Cardenal Salazar. Capilla de Santa Teresa de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Francisco Hurtado Izquierdo tambien es el autor del mausoleo funerario del Cardenal Salazar, promotor de esta capilla.


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Cripta y Capilla de Santa Teresa en la Catedral de Córdoba para el Cardenal Salazar. 1697. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo


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Hospital del Cardenal Salazar. 1701. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo. De planta casi cuadrada, con atrio y capilla, zócalos de azulejos y patio empedrado, el Hospital del cardenal Salazar es un conjunto que constituye un buen ejemplo de la estética academicista.


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Portada principal del Hospital del cardenal Salazar en Córdoba. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo


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Ermita de la Alegría. 1703 en Córdoba. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo


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Capilla de la Asunción en Córdoba. 1708. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo


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Camarín de los Condes de Buenavista (Málaga). Obra de Francisco Hurtado Izquierdo. Más info


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Retablo de Santiago de la Catedral de Granada. 1707. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo.



Sagrario y Transparente de la Cartuja del Paular


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Tradicionalmente los cartujos han solído tener al Santísimo fuera de la iglesia propiamente dicha y más precisamente en una capilla situada detrás del presbiterio. Así ocurrió también en El Paular y de ello dan buena prueba las dos portaditas laterales del retablo mayor. Pero fue esta capilla la que más transformaciones sufrió con los siglos, quizá por la excepcional importancia que le atribuían. Y así sabemos que en la versión del siglo XVII su cúpula fue decorada al fresco, en 1619, por Antonio Lanchares, por cuyo trabajo le pagaron 4.000 ducados, y que el año siguiente, junto con el escultor Miguel Tomás, realiza un retablo de escultura, pintura y estofado para el que pinta los lienzos de “La Ascensión”, “Pentecostés”, “Adoración de los Pastores” y “Adoración de los Reyes” , de todo lo cual no queda más que el recuerdo, así como seis cuadros pintados para las misma por el cartujo Sánchez Cotán.

Justo un siglo después, en 1718 se realiza el proyecto de la versión que hoy podemos contemplar y que tantas críticas ha suscitado desde los tiempos de D. Antonio Ponz, el puritano neoclásico (el mismo que llama “antigualla” al soberano retablo mayor...), y de todos lo que “piensan” por cabeza ajena... cierto que el choque estético después de haber admirado la joya gótica a un par de metros no es despreciable. Pero no es precisamente el único caso que conviven sin mayor problema el barroco más delirante con estilos más venerables (piénsese sólo en Santiago de Compostela, donde andan “buena compaña” la fachada del Obradoiro y el más puro románico). Kubbler considera, sin embargo, la primera mitad de este siglo XVIII “como el más rico festín que la historia de la arquitectura haya presenciado jamás”.

El Sagrario o Transparente (por el papel que aquellos artistas hacían jugar a la luz en sus concepciones arquitectónico-escultóricas), como también suele denominarse, se compone de dos estancias escalonadas detrás del ábside. La más próxima a éste, la que contiene el tabernáculo donde estaba el ostensorio con el Santísimo, es, en alzado, de forma octogonal aunque, en planta, es de lados paralelos a los del ábside (es decir, semi-hexagonal). El otro recinto, que actuaría como “nave” del anterior, es, en planta cuadrado y, en alzado, presenta forma de cruz griega, abriéndose en el brazo occidental la capilla del Sagrario y en los otros tres sendos altares. Sobre el centro de la cruz hay una cúpula en forma de casquete esférico y en los chaflanes de la intersección de los brazos se abren cuatro capillas de planta aproximadamente hexagonal y de menor altura que todo el resto. La entrada a este recinto se realiza a través de dos pasadizos que flaquean el ábside y arrancan en diagonal de las sacristías, la antigua y la actual. El sagrario está iluminado por siete grandes ventanales de arco de medio punto y la antecámara por ventanales de arco escarzado en las extremidades de la cruz y óculos redondos en las pechinas de la cúpula. El transparente y la antecámara están separados por una preciosa mampara decorada en rojo y oro en la que se abren una puerta y grandes vanos que debieron estar encristalados y permitían contemplar el Santísimo aunque ésta estuviese cerrada.


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El Tabernáculo propiamente dicho es una complicada creación, desbordante de imaginación y realizado a base de ricos mármoles de Cabra, Priego, Granada y serranía de Córdoba, y en el que se combinan columnas salomónicas y pilastras prismáticas, ángeles y angelotes, estatuas de Apóstoles y Evangelistas y alegorías de las Virtudes. En el centro se alza la figura triunfante de Cristo resucitado. El todo, que asciende hasta la misma cúpula y que “arde con luz derramada desde arriba abajo”, está rematado por una figura alegórica femenina.


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La antecámara está también fastuosamente decorada a base de columnas de mármoles y jaspes así como de hojarasca barroca que cubre paramentos y pechinas, altares y hornacinas. En la clave de los cuatro arcos torales aparecen las armas de Felipe V entre sendas parejas de ángeles trompeteros. Sobre las cuatro puertas de acceso a las capillas hay sendas hornacinas con estupendas tallas de San Bruno y tres obispos cartujos (San Hugo, San Antelmo y San Nicolás Albergati). En el fondo del brazo meridional hay un altar dedicado a San Santiago y en los muros laterales del mismo, hornacinas con preciosas tallas de Santa Catalina y Santa Lucia. En el fondo del septentrional hay un altar presidido por una talla de San Juan y las correspondientes hornacinas: una está ocupada por Santa Águeda y la otra vacía. En el brazo oriental, hay una imagen de San Inés (ocupando el lugar de otra de la Virgen desaparecida) entre las de San Joaquín y Santa Ana. La mayoría de estas tallas se deben a Pedro Duque Cornejo (1677-1757), autor de la célebre sillería del coro de la catedral de Córdoba, con quien fueron contratadas el 20 de mayo de 1725. El resto son de la mano del vallisoletano Pedro Alonso de los Ríos, autor de las esculturas de la fachada de la iglesia de San Cayetano, de Madrid. Por esta época trabajó también para El Paular la Roldana, que dejó varios ejemplares de sus deliciosos “Nacimientos” en barro, de los que no ha dado ni rastro.

El autor del proyecto de conjunto fue el cordobés Francisco Hurtado (1669-1725), que ya en 1702 había realizado esa otra estupenda obra que es el Transparente de la cartuja de Granada (así como la Sacristía), del que éste es paradigma en pie de igualdad (ambos se han considerando como los dos mejores conjuntos “churriguerescos” de España: aunque los Churriguera fueran posteriores a Hurtado...). De él ha escrito Kubler: “El volumen exterior de la antesala de amplia expresión a cada recinto del diseño, en un conjunto de cuerpos planos y curvos elevándose hasta el tambor reforzado con torrecillas en los ángulos. Estos elementos delatan la dependencia de Hurtado respecto a la brillante obra del más joven arquitecto castellano, Pedro de Ribera, cuyo proyecto para Nuestra Señora del Puerto, en Madrid, fue acabado en 1718”. A su muerte, la obra fue terminada por sus discípulos. El tabernáculo, en particular, es según un texto de 1728, de Teodosio Sánchez de Rueda.

La parte pictórica, de la que hoy quedan pocos restos, la ejecutó, en 1723, Antonio Palomino como final de su carrera y es, según Gaya Nuño “una de sus más bellas y frescas invenciones, de las mas libres, de las mejor imbuidas por el espíritu del nuevo siglo”. También Madoz, pintó varios cuadros al óleo para el Transparente, cuyo paradero se desconoce.


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Terminemos con una breve alusión a la gran custodia barroca de plata (pesaba, al parecer, veinticuatro arrobas), realizada por el cordobés Pedradas y que ocupaba el centro del tabernáculo. También molestaba extraordinariamente a ese defensor de la “restauración de las Bellas Artes” que se llamaba D. Antonio Ponz (la tilda de monstruosidad, embolismo, desgraciada obra, etc.). Pero no molestó tanto a los franceses que, durante la guerra de la Independencia, no dejaron de ella ni un tornillo para recuerdo... Más info de El Paular


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Sagrario y Transparente de la Cartuja del Paular (Madrid). 1718. Obra de Francisco Hurtado Izquierdo. Es obra característica de una tipología barroca netamente hispánica, en relación con imágenes o símbolos de devoción. Su espacio está ubicado a espaldas del presbiterio del templo. Sobre la expresión y función de este tipo de organismos se ha investigado ampliamente considerando a esta modalidad de espacios como una forma de cultivo de la expresión perceptual del enfoque visual en el proceso de una experiencia emocional religiosa. Por este motivo, el punto álgido es la visión de un símbolo sagrado, para lo cual el espacio se articula en dos o más cámaras concatenadas, y un clímax espectacular en el que se sincronizan los recursos sensoriales o perspectivos que sirven a una intención persuasiva. El complejo entramado de formas sobrepuestas a la arquitectura, se traduce en un aparato, en el que se orquesta una fusión de las artes, otorgándole especial valor a la decoración y a la luz como instrumentos que conducen a la ilusión de la unión con lo divino. En el variado y rico repertorio ornamental orgánico, emerge el toque intuitivo o de clara afinidad con el diseño musulmán que aparece en su belleza formal característica.

Francisco Hurtado Izquierdo en Artehistoria



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Francisco Hurtado Izquierdo fue uno de los artistas más destacados del barroco español. Este arquitecto y retablista cordobés nació en Lucena el 10 de febrero de 1669 y falleció en Priego de Córdoba el 30 de junio 1725. Fue maestro mayor de las catedrales de Córdoba y Granada y el autor de obras tan emblemáticas como los sagrarios de las cartujas de Granada y de El Paular (Rascafría). Renovó el lenguaje arquitectónico y ornamental del barroco cordobés y granadino.


Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, artehistoria.com, monasteriopaular.com, madridhistórico.com, elpoderdelarte1.blogspot.com, maravillasdeespana.blogspot.com, lahornacina.com, maravillasdeespana.blogspot.com.es, flickr.com, fotomadrid.com, lasalle.es, artencordoba.com, hermandaddelasentencia.org. artecordoba.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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