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José Ramírez De Arellano (h. 1705-1770)
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Mensaje José Ramírez De Arellano (h. 1705-1770) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a José Ramírez de Arellano (Baells, Huesca, h. 1705 - Zaragoza, 27 de marzo de 1770), también conocido erróneamente como José Ramírez Benavides, fue un arquitecto y escultor barroco español.

A pesar del descrédito de que gozó a partir del triunfo de los cánones neoclásicos y durante todo el siglo XIX, su obra fue elogiada en su tiempo por críticos de talante neoclasicista como Ceán Bermúdez.

Fue director de la primera Academia de Dibujo de Aragón, fundada por su padre Juan Ramírez Mejandre (1680 – 1739) en 1714, donde contó con la colaboración de destacados artistas de Zaragoza, como José Luzán que fue profesor de Goya en su primer aprendizaje. En 1740 fue nombrado Escultor del Rey y en 1758 Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Obtuvo la dirección adjunta de las obras de la Capilla de Nuestra Señora del Pilar, proyectada por Ventura Rodríguez, que Ramírez de Arellano se encargó de llevar a cabo entre 1754 y 1762. En los tres años siguientes modeló y esculpió los monumentales relieves que ocupaban la decoración del muro frontero de dicho templete, el mismo donde se halla la Virgen.


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La decoración escultórica de la Santa Capilla de la Basílica del Pilar fue realizada en su mayor parte por José Ramírez de Arellano y su taller.

Vivió en Zaragoza desde los ocho años, momento en el que su padre, el conocido imaginero aragonés Juan Ramírez instala su Academia de Dibujo, que fue el centro de formación académico más importante de Aragón hasta la creación en 1732 de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis.

En 1746 quedó huérfano y, junto a sus hermanos Manuel (también escultor reconocido), Juan (pintor, que marcharía poco después a Madrid) y Francisca (que tomó pronto los hábitos), mantuvieron el taller y academia familiar, que desde entonces adoptaría un carácter más neoclásico que gremial. En ese año está en Madrid, en la Corte, y a partir de 1751, al encargarse de la dirección de las obras de la Santa Capilla del Pilar, conoce a varios artistas de prestigio de ese tiempo que vienen contratados para colaborar en su construcción, como el pintor Antonio González Velázquez (encargado de pintar la cúpula bajo la que se erigió el templete), el escultor Carlos Salas y, por supuesto, al mismo Ventura Rodríguez, que delegó casi absolutamente en Ramírez de Arellano la construcción del tabernáculo.

Desde 1752 trasladó su casa y taller a la calle Fuenclara de Zaragoza, ya solo regentado por él y su hermano Manuel. Pasados los cincuenta años de edad, se casa con Micaela de Diego y las Heras con la que tuvo tres hijos que llegaran a la edad adulta. Murió en 1770.


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El interior de la iglesia del Hospital Real de Santa María de Gracia de Zaragoza está decorado con obras escultóricas de José Ramírez de Arellano.


Obra

Desde la muerte de su padre en 1739 el taller familiar sigue realizando realiza distintos retablos escultóricos con destino a iglesias y conventos de Zaragoza. La primera obra de José Ramírez de Arellano de la que se tiene noticia es el retablo de Santo Tomás de Aquino de la iglesia de las Escuelas Pías de Zaragoza, de 1740, y se pueden citar muchas otras, como por ejemplo el San Nicolás (1742) de la serie que actualmente se puede contemplar en la iglesia de San Gil.

También se encuentra obra religiosa de su taller dispersa por toda la región. Cabe citar de 1745 el retablo de la iglesia parroquial de Santa Teresa del antiguo convento del Carmen de Tarazona y un San Sebastián del convento de Santa Clara de Borja. Otras obras suyas son el retablo de la capilla de San Jerónimo de la Catedral de Huesca, ornamentos para el Palacio Real de Madrid en 1746), y la colaboración en el retablo mayor del convento de San Lorenzo Justiniano de Cuenca.

Fue también un importante arquitecto de retablos. Entre sus diseños destaca el de Nuestra Señora de Zaragoza la Vieja de la iglesia de San Miguel de los Navarros (1750), de estilo rococó, y los de la iglesia de Santa Isabel de Portugal de Zaragoza (1760), que recuerda el estilo de Borromini.

Entre 1758 y 1765 llevó a cabo, con la colaboración de su hermano Manuel Ramírez de Arellano y el activo taller que dirigían, entre cuyos artistas se encontraba el también escultor Joaquín Arali, la mayor parte de la obra escultórica que requería la decoración de la Santa Capilla de la Virgen. Se trabajó simultáneamente en este lustro en los putti de mármol de Carrara de las enjutas, los grandes relieves de los entrepaños (Venida de la Virgen, y Santiago y los Siete Convertidos), obras todas ellas esculpidas en mármol de Carrara. Asimismo, se realizaban dieciséis puertas de madera nogal labradas, las estatuas de ángeles jóvenes de las cuatro pechinas y otras figuras que ornamentan la fachada exterior meridional y occidental de la Santa Capilla.

Los tejidos y pliegues remiten al estilo acartonado de Gregorio Fernández, aunque en su última época matizará y suavizará sus angulosos paños, como se observa en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia.

Fue un escultor de transición entre el barroco y el neoclásico, pero el carácter expresionista e innovador de su estilo le valieron la incomprensión de la crítica académica del siglo XIX. Sus obras cumbre son las que esculpió entre 1762 y 1765 para el proyecto iconográfico del muro curvo frontero de la Capilla de Nuestra Señora del Pilar: Santiago y los Siete Convertidos y La Venida de la Virgen del Pilar. También cultivó un estilo más manierista, de talante rococó, como se aprecia en el San Antonio de la misma Santa Capilla.


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Capilla del Pilar de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza. De izquierda a derecha: la imagen de Santiago y sus Convertidos, la representación de la venida de la Virgen al lugar y la Santa Columna donde está la Santísima Imagen de Nuestra Señora del Pilar. Algunas de las obras fueron esculpidas por José Ramírez de Arellano.

Espero que os guste la recopilación que he conseguido de este escultor español y en la medida de lo posible contribuya en la divulgación de su obra.





Algunas obras


Retablo mayor de la iglesia del convento de Santa Clara de Borja


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Retablo mayor de la iglesia del convento de Santa Clara de Borja (Zaragoza). En este caso se trata de una obra importante que, junto a los retablos laterales dedicados a Santa Ana y Santa Clara, fue realizado por José Ramírez de Arellano, a mediados del siglo XVIII. Ramírez de Arellano fue uno de los más destacados escultores aragoneses de su época. “Escultor del Rey” y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, intervino en la realización de numerosas obras en la región, entre ellas la decoración de capilla de la Virgen en la basílica del Pilar, de cuyas obras fue director adjunto. Entre su producción no suelen citarse estos retablos de Borja, cuya autoría ya fue apuntada, en 1980, por la Profª Dª Belén Boloqui. Pero fue D. Alberto Aguilera quien, en 2006, dio a conocer la localización de las capitulaciones de las obras en el archivo del convento y el modo en el que se llevó a cabo la financiación de las diferentes etapas constructivas.


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El retablo está dedicado a San Sebastián, algo que puede parecer sorprendente para un convento de religiosas. Nacido en el siglo III, Narbona, una colonia romana, fundada en el año 118 con el nombre de Colonia Narbo Martius, Sebastián fue un militar destacado que llegó a mandar la primera cohorte de la guardia pretoriana del emperador Diocleciano. En 285, Maximiano fue nombrado co-emperador y, mientras Diocleciano permanecía en Oriente, se hizo cargo del gobierno imperial en Occidente, estableciendo su residencia principal en Tréveris. Diocleciano ha pasado a la historia de la Iglesia como el responsable de la “gran persecución” iniciada el año 303. Sin embargo, anteriormente, ya se habían producido represiones sangrientas, especialmente entre las legiones, muchos de cuyos miembros habían abrazado el Cristianismo. La más grave tuvo lugar el 286, cuando por orden de Maximiano fue masacrada la legión tebana en las Galias, al negarse todos sus miembros a ofrecer sacrificios al emperador. En este ambiente, se produjo la denuncia contra Sebastián, dos años después, acusado también de ser cristiano. Ante su firmeza en la defensa de sus creencias fue condenado a morir asaeteado. Logró sobrevivir y recuperarse de sus heridas. Aunque le aconsejaron huir, decidió presentarse ante Maximiano, reprochándole su conducta contra los cristianos. Condenado, de nuevo a muerte, fue azotado hasta perecer y su cadáver arrojado a una cloaca de donde fue recuperado por Santa Lucina. Por ese motivo, entre sus atributos personales figura, en ocasiones, la doble corona del martirio.


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No ocurre así, en Santa Clara, donde el angelote que se apoya sobre el capitel de una de las columnas, lleva en su mano izquierda la palma del martirio y, en la derecha, un a única corona.


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Por otra parte, en la mayoría de las representaciones, el santo aparece como un joven desnudo atado a un árbol y con las flechas clavadas en su cuerpo. Esta circunstancia ha propiciado que sus imágenes fueran utilizadas como expresión del desnudo masculino. De hecho, San Sebastián ha sido considerado como el “Apolo cristiano”, especialmente a partir del siglo XV, cuando se consolida esa iconografía. En este caso, al tratarse de una imagen destinado a un convento femenino, se optó por representarlo vestido con la túnica, dejando descubierto, únicamente, uno de sus hombros y parte del pecho. En torno al cuerpo se dispone, además, la clámide o manto militar rojo.


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Esa condición de militar queda patente, también, por el caso y el escudo que aparecen depositados a sus pies. A la vista de lo señalado, nuestros lectores podrían preguntarse sobre la razón que impulsó a adoptar, como titular de la iglesia, a un santo que no guardaba relación con la orden franciscana y que, por otra parte, presentaba algunos problemas a la hora de realizar su representación iconográfica. Ello fue debido a que, para poder construir el templo, las religiosas tuvieron que adquirir la ermita de San Sebastián que se encontraba allí. Los cofrades accedieron con la condición de que el titular sería su patrón y que, en dicho templo, tendrían su sede, como ha venido ocurriendo hasta nuestros días.


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A los lados del titular, aparecen las imágenes de dos santos franciscanos. El de la izquierda es San Buenaventura y el de la derecha San Juan de Capistrano.


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En el artículo sobre el retablo mayor del convento de San Francisco ya ofrecimos unas breves notas sobre la biografía de San Buenaventura, a las que remitimos ahora. Aquí, el santo está representado con el hábito franciscano.


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Sobre él, viste roquete blanco y, encima, muceta roja propia de su condición de cardenal. En la mano izquierda sostiene un libro abierto (en el lomo se adivinan las letras del título que no hemos podido identificar)  y en la derecha empuña la pluma, en referencia a su condición de escritor prolífico y de Doctor de la Iglesia.


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En el lado derecho se encuentra San Juan de Capistrano que, también, aparecía en el retablo del convento de San Francisco. Viste hábito franciscano, ceñido por el cordón, y en la mano derecha empuña la bandera con el trigrama IHS que enarboló en la defensa de Belgrado, mientras que en la izquierda sostiene un crucifijo.


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Es curioso que, como en el otro retablo, lleva en el pecho la cruz de Calatrava utilizada por los dominicos, en lugar de la cruz roja con la que suele ser representado.


Fuente: cesbor.blogspot.com.es
Fotos: Enrique Lacleta



Retablo de San Jerónimo de la Catedral de Huesca



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El Retablo de San Jerónimo de la Catedral de Huesca. Sorprende que esta obra haya pasado desapercibida, a pesar de ubicarse dentro del conjunto catedralicio y de la calidad que atesora, no habiendo sido objeto de un estudio pormenorizado a nivel estilístico ni formal. Nuestras investigaciones sobre la escultura del siglo XVIII en la provincia de Huesca, nos hizo aproximarnos a esta obra retablística con especial interés y así tratar de entroncarla con la escultura aragonesa de primera fila dentro de unos límites de máxima coherencia, aunque sin que la hayamos podido documentar.

El referido retablo, que presenta mazonería de madera dorada y tallas policromadas, se halla ubicado en la tercera capilla de la nave meridional o lado de la Epístola. Sabemos, por los datos aportados por don Antonio Durán Gudiol que el recinto en cuestión fue renovado a partir de 1762. El 24 de abril de ese año el Cabildo catedralicio la concedió al obispo don Antonio Sánchez Sardinero, quien la adecentaría efectuando las reformas pertinentes. Finalizarían éstas en septiembre de 1764. En consecuencia, es lógico pensar que por esas fechas debió de fabricarse el retablo. Además la tipología retablística plasmada en la susodicha capilla coincide con los marcos cronológicos antes mencionados.

Estructuralmente la obra presenta sotabanco, predela, con urna central acristalada conteniendo la efigie vestida de Nuestra Señora del Voto (de época anterior, siglo XVII). Cuerpo articulado por cuatro columnas de capitel compuesto, con el fuste estriado en su primer tercio y liso con decoración de guirnaldas en espiral en el resto. Entre las columnas, que son pareadas y más prominentes las centrales, se enmarca un panel de medio punto con escena relivaria del titular: San Jerónimo en actitud penitente. En los intercolumnios, se efigian sobre repisas a San Antonio de Padua y San Francisco de Sales. Un entablamento, con resaltos y quiebros en planta, da paso a un ático; conformado éste por un encasamento cuadrangular que contiene la imagen en altorrelieve y policromada de San Pedro, estando flanqueado por flameros y arranques curvos de frontón partido. Dicha estructura hállase ultimada por frontón triangular sobre el que se apoyan dos angelotes.

La decoración que aparece en el retablo -guirnaldas, rocalla, etc., - es fina y delicada, de ningún modo enmascara la traza arquitectónica. La escenografía prioriza el panel central de medio punto, donde la imaginería se hace profundamente espiritual en la efigie de un San Jerónimo ejecutado en altorrelieve, sedente y barbado, cuyo cuerpo aparece envuelto en un manto rojo de formas suaves y blandas. El repertorio iconográfico también acoge -en los intercolumnios- a San Antonio de Padua y San Francisco de Sales, ambos en contraposto praxiteliano. El primero de ellos viste el hábito franciscano, portando en brazo izquierdo al Niño y mostrando en la mano derecha el ramo de lirio, símbolo de la pureza. Al segundo se le efigia calvo y barbado, de fino rostro y serena reflexión. En el ático, San Pedro -con túnica y manto-, portando libro y dirigiendo la mirada hacia lo alto, escrutando los designios del cielo. En general, el conjunto del retablo es magnífico, destacando las figuras sobre el dorado fondo de la mazonería.

Es una obra que debemos atribuir indudablemente al escultor José Ramírez de Arellano, quizá el más importante escultor y arquitecto de retablos de Aragón del siglo XVIII, cuyo taller de producción se ubicó en la ciudad de Zaragoza y que llegó a contar con numerosos colaboradores o discípulos. Este artista, que murió en 1770, debió de ser requerido por el obispo oscense Sánchez Sardinero en el momento del exorno de su capilla, instantes en que la fama del escultor era una exultante realidad. La antedicha atribución la fundamentamos en los siguientes aspectos: algunos gestos y actitudes de las imágenes son típicos del arte de Ramírez. Del mismo modo el tipo de rostro y barba que utiliza en alguna imagen de este retablo lo vemos reflejado también en otras esculturas realizadas por el ínclito escultor en otras zonas geográficas. Véase el San José del retablo del mismo nombre, de la Catedral del Salvador de Calahorra, que la doctora Belén Boloqui ha atribuido a Ramírez; o la estructuración de la barba del titular del altar de “ Santiago y los Siete Convertidos”, emplazado en la Santa Capilla de la Basílica del Pilar y fabricado en mármol de carrara, y compárese con el rostro barbado de San Francisco de Sales, objeto aquí de estudio; Igualmente el rostro imberbe de San Antonio de Padua, de la catedral oscense, guarda algunas concomitancias con su homónimo -en mármol- ubicado en una de las capillas de la citada Basílica zaragozana. Por otra parte, ahondando en los plegamientos de la vestimenta y la forma de tratarlos, similitudes palpables visionamos en el San Jerónimo de la catedral oscense y el San Pedro, ubicado en el retablo mayor de la parroquial de la localidad navarra de Peralta (la participación de José Ramírez en este último retablo ya lo reseñó en su tiempo Ceán Bermúdez). La tipología de rostro seco y enjuto de San Francisco de Sales lo hallamos igualmente en la efigie de madera policromada de San Cayetano (en la iglesia zaragozana de Santa Isabel de Aragón), cuya atribución de esta última obra efectúo Belén Boloqui, cuando realizó su brillante trabajo de investigación sobre “la escultura zaragozana en tiempos de los Ramírez, 1710-1780”.

Tras el oportuno y detallado análisis que hemos efectuado, advertimos también que este retablo de San Jerónimo de la catedral de Huesca se halla relacionado con el de Santa Quiteria de la parroquial de Almudévar. Con toda seguridad, el escultor que llevaría a cabo la ejecución de las tallas de esta última obra fue conocedor de los presupuestos estilísticos de Ramírez debiendo de visualizar y conocer lógicamente el retablo de La Seo oscense. Pues hay un detalle irrefutable, y es que el gesto, actitud y disposición del cuerpo del santo con libro (que se halla en el ático del retablo de la parroquial de Almudévar), así como los numerosos pliegues de la vestimenta de éste con sus distintas orientaciones, son prácticamente copia exacta y puntual de los que presenta la efigie de San Pedro en el retablo de San Jerónimo.

El de Santa Quiteria, de madera dorada y tallas policromadas -que debió de ejecutarse a principios del último tercio del siglo XVIII (o finales del tercio anterior)-, puede encuadrarse en el tipo que Boloqui denomina borrominesco, por su movimiento en planta y alzado, utilización de columnas gemelas y simplificación de motivos decorativos. En él se acomodan tallas de muy apreciable calidad, a pesar de haber pasado éstas también desapercibidas. Véanse a este respecto las efigies en contraposto de los dos santos obispos ubicadas en los intercolumnios del cuerpo principal, cuyas barbas presentan idéntica estructuración que las del titular del retablo catedralicio.

Por Javier Costa Florencia



Iglesia de Santa Isabel de Portugal (Zaragoza)


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Retablo mayor de la Iglesia de Santa Isabel de Portugal de Zaragoza, obra José Ramírez de Arellano

La iglesia barroca de Santa Isabel de Portugal, también conocida por iglesia de San Cayetano, fue finalizada en 1706 por orden de la Diputación del Reino de Aragón y la Orden Teatina, gracias a un acuerdo firmado en 1681 entre ambos. Se levantó en un solar perteneciente a los padres teatinos, que habían reservado para un convento.


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La fachada está realizada en alabastro blanco y oscuro, mármol negro, yeso dorado, siendo de estilo churrigueresco. Los maestros ensambladores Jaime Ayer y Francisco Pérez Artigas presentan una iconografía compleja. Aparece la Cruz de San Jorge, los símbolos y el escudo de Aragón, etc. De las esculturas, destacan la de Santa Isabel de Portugal, reina de Portugal nacida en la Aljafería, y la de los santos teatinos Andrés Avelino y Cayetano de Thiene.


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Detalle del retablo mayor de la Iglesia de Santa Isabel de Portugal de Zaragoza, obra José Ramírez de Arellano

El interior tiene la forma de una cruz griega inscrita en un cuadrado siguiendo el modelo italiano. El techo está formado por una cúpula central y otras cuatro menores en los brazos de la cruz. A destacar el retablo mayor, realizado por José Ramírez de Arellano y su taller entre 1750 y 1760 en mármoles, jaspes y madera policromada. También es interesante el cuadro de San Jorge alanceando al dragón, la capilla de la Hermandad de la Sangre de Cristo, con la escultura del Cristo de la cama que sale en procesión en Viernes Santo, y la capilla de San Jorge finalizada por José Baqué en 1963.

La Diputación desaparece en 1708 y en 1835, por orden de Mendizábal, desaparecen los teatinos, con lo que el edificio pasa a la Diputación de Zaragoza en 1842.



Iglesia del Hospital de Nuestra Señora de Gracia (Zaragoza)


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El Hospital Provincial de Nuestra Señora de Gracia es una institución de salud ubicada en Zaragoza, Aragón. Es el hospital más antiguo de la región aragonesa y uno de los más vetustos de toda España.

Destaca su edificio, de talla barroca, que originalmente fuera sanatorio de enfermos pobres. Al destruirse por efectos de los Sitios la sede original sita en El Coso, el hospital se traslada a su emplazamiento actual. El interior posee finos retablos, tallados por el maestro de Francisco de Goya, José Luzán.


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El interior de la iglesia del Hospital Real de Santa María de Gracia de Zaragoza está decorado con obras escultóricas de José Ramírez de Arellano.

Más info del Hospital Provincial de Nuestra Señora de Gracia




Su familia


Su Padre, Juan Ramírez Mejandre


Juan Ramírez Mejandre fue un escultor del Barroco español, nacido el 23 de marzo de 1680 en Bordalba (Comarca de Calatayud) y fallecido el 15 de julio de 1739 en Zaragoza.

Formado en el taller del escultor aragonés Gregorio de Mesa. Juan Ramírez Mejandre fue el fundador de una Academia de Dibujo (1714-1739) en la ciudad de Zaragoza (muy cerca de la Puerta Cinegia) al finalizar la Guerra de Sucesión española y es considerado como uno de los mejores escultores aragoneses del siglo XVIII,1 aunque su obra no es muy conocida. Fue padre de los escultores José Ramírez de Arellano y Manuel Ramírez de Arellano y del pintor Juan Ramírez de Arellano.

La mayor parte de sus obras se conservan en la Seo de Zaragoza.


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Figura de San Pedro Arbués, en la Seo de Zaragoza, obra de Juan Ramírez Mejandre


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Remate de la reja del coro en la Seo de Zaragoza, obra de Juan Ramírez Mejandre



Su hermano, Juan Ramírez de Arellano


Juan Ramírez de Arellano (Zaragoza, c. 1725 – 1782), fue un pintor tardobarroco español, miembro de una familia de artistas aragoneses.

Hijo de Juan Ramírez Mejandre, escultor, y hermano del también escultor José Ramírez de Arellano, a quien ayudó en la policromía de algunas de sus obras para las iglesias zaragozanas, se formó primero con José Luzán y más adelante, trasladado a Madrid, con su paisano, el académico Pablo Pernicharo, dejándose influir también por Corrado Giaquinto.


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La Virgen con el Niño y santa Ana, óleo sobre lienzo, 104,5 x 62,5, Madrid, Museo Nacional del Romanticismo. Obra de Juan Ramírez de Arellano.

Entre las pocas obras que se conocen de su mano, cabe destacar la Virgen con el Niño y santa Ana (Museo Nacional del Romanticismo y boceto en el Museo del Prado) que, pese a estar firmado J. Ra z, se atribuyó en el pasado al joven Goya, y La elección de don Pelayo para rey de España (Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), tema obligado para concurrir al premio "de pensado" de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando del año 1753, por el que fue nombrado un año después académico supernumerario, aunque no llegó a entrar en el certamen por haber llegado su obra con algún retraso.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a José Ramírez de Arellano (h. 1705-1770), fue un arquitecto y escultor barroco español.


Fuentes y agradecimientos: cesbor.blogspot.com.es, diariodelaltoaragon.com, es.wikipedia.com, commons.wikimedia.org y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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