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Observatorio Astronómico Nacional De España
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al Observatorio Astronómico Nacional de España. está compuesto por tres sedes: el Real Observatorio de Madrid, el Centro Astronómico de Yebes y la Estación de observación de Calar Alto.

A lo largo de los más de doscientos años transcurridos desde su fundación, el Observatorio Astronómico ha adquirido una variedad de instrumentos para realizar sus actividades astronómicas, geodésicas y meteorológicas. Una muestra de tales instrumentos constituye esta colección virtual.


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El Observatorio Astronómico Nacional de España, diseñado por el arquitecto Juan de Villanueva y construido a partir de 1790 en lo que posteriormente sería el Parque del Retiro de Madrid.

Espero que la recopilación que he conseguido del Observatorio Astronómico Nacional, sea del interés de los aficionados -en este caso- dedicado al campo de la divulgación científica que frecuentan este foro.





Observatorio Astronómico Nacional de España, según la Wikipedia


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El Observatorio Astronómico Nacional de España es un observatorio astronómico con varias instalaciones en la zona de Madrid. La primera instalación, considerada hoy un monumento histórico, se encuentra en el Parque del Buen Retiro, construido en 1790 con el nombre de Observatorio Real. El observatorio inicial fue diseñado por Juan de Villanueva y es un buen representante de la arquitectura neoclásica en España. Actualmente alberga una biblioteca y una exposición sobre antiguos aparatos científicos.

En la actualidad, los observatorios activos se sitúan en la zona sur del país, dedicados a la observación del espacio o la radioastronomía.





Real Observatorio de Madrid (ROM)


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Los observatorios astronómicos nacionales constituyen una de las más antiguas instituciones para investigación que los gobiernos del mundo crearon con un propósito definido e importante. La necesidad de desarrollar la geodesia, y por tanto la cartografía, constituyó el centro de las actividades del Observatorio de París (fundado en 1667) durante más de un siglo. La astronomía por sí misma y su aplicación a la navegación fueron los principales objetivos de investigación en el Real Observatorio de Greenwich inglés, fundado en 1675.

España necesitó la astronomía por su aplicación a la navegación, al tener que controlar un enorme imperio de ultramar. Fue una aproximación pragmática, como ayuda al comercio, las comunicaciones y su expansión. Pero en algún momento el arte de navegar se convirtió en la ciencia de navegar, siendo Jorge Juan uno de los principales artífices de esta transformación. Fue precisamente él quien sugirió al rey Carlos III el establecimiento de un Observatorio Astronómico de la Marina en el sur de España, fundado en 1753 y dedicado a resolver el problema de la longitud en el mar, enseñar los modernos métodos de navegación astronómica y mantener la hora. Las actividades puramente astronómicas fueron transferidas posteriormente a una nueva institución, el Real Observatorio de Madrid.


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El edificio principal del Real Observatorio de Madrid, diseñado por Juan de Villanueva, comienza a construirse en 1790 en el antiguo cerrillo de San Blas. situada junto al actual Parque del Retiro en la calle de Alfonso XII, y a la vez, se encarga al astrónomo William Herschel la construcción de un telescopio reflector de 60 cm de diámetro. Dada la carencia de una tradición astronómica en el país, los primeros astrónomos del Observatorio inician su aprendizaje en diversos países europeos. Sin embargo, este empuje inicial termina con la guerra contra Francia, que supone la dispersión del personal y la destrucción de equipos, biblioteca y edificaciones provisionales. En 1934 la reina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias nombra Director del Real Observatorio de Madrid al ilustrado Domingo Fontán, autor del primer mapa (de Galicia) realizado en España con métodos científicos.


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Reconstrucción del telescopio de William Herschel, en el edificio anexo para su exposición.

Actividad científica. Las actividades en el Observatorio se reanudan en 1845, y la construcción del edificio se completa al año siguiente a las órdenes del arquitecto Narciso Pascual Colomer. En 1854, bajo la dirección de Antonio Aguilar, se instala el círculo meridiano de Repsold y en 1858 el anteojo ecuatorial Mertz, iniciándose una etapa de trabajos astronómicos, geodésicos y meteorológicos. Tras una primera etapa en la que el Observatorio dependió directamente del rey a través de un comisario regio y, posteriormente, del rector de la Universidad Central, en marzo de 1904 el Observatorio fue agregado al ahora llamado Instituto Geográfico Nacional.


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Reconstrucción del telescopio fabricado por Wilhelm Herschel entre 1796 y 1802 para el Real Observatorio Nacional de España, ubicado en Madrid.

En sus comienzos, las actividades desarrolladas en el Observatorio cubrían todos los campos de la astronomía y ciencias afines: desde la física solar y estelar a la mecánica celeste, el desarrollo de instrumentación, conservación oficial de la Hora y las aplicaciones en geodesia. El Observatorio fue incluso encargado de realizar trabajos de meteorología (considerados entonces como un complemento de los estudios astronómicos), prolongándose la actividad en este campo hasta los primeros años del siglo XX. A partir de ese momento, el Observatorio concentra sus esfuerzos en la investigación astronómica y en el desarrollo de instrumentación asociada.

Tras la reducción de personal y medios consecuencia de la guerra civil, el Observatorio conoce una nueva etapa de modernización y expansión en la década de 1970. Es entonces cuando se crean el Centro Astronómico de Yebes, en la provincia de Guadalajara, y la Estación de Observación de Calar Alto, en Almería, en la que se instala un telescopio óptico de 1,52 m de apertura. Con ello se potencian las líneas más tradicionales de la astronomía óptica que venían llevándose a cabo en el Real Observatorio de Madrid (Astrometría, Heliofísica, Física estelar). También se inicia entonces una nueva línea de investigación y desarrollo instrumental, la Radioastronomía, que se ha reforzado en las últimas décadas con la participación del Observatorio en el Instituto hispano-franco-alemán de Radioastronomía Milimétrica (IRAM), el Consorcio Europeo para la Interferometría de Muy Larga Base (EVN/JIVE), o el Servicio Internacional de VLBI para Geodesia y Astrometría (IVS), en los que se llevan a cabo las investigaciones científicas y desarrollos tecnológicos más punteros en Astronomía, Geodesia y Geofísica; campos, todos ellos, de una gran tradición e interés para el Instituto Geográfico Nacional.



Centro Astronómico de Yebes (CAY)


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Radiotelescopio de 40m de diámetro del Observatorio Astronómico Nacional en Yebes (Guadalajara)

Además de estación de observación es el centro de desarrollo instrumental del OAN. Situado a unos 80 km de Madrid, en la provincia de Guadalajara, alberga un astrógrafo doble, constituido por dos telescopios idénticos de 40 cm de apertura, con el que se llevan a cabo observaciones de cometas y asteroides, y un telescopio solar de 15 cm emplazado en una torre de 8 m de altura; pero el telescopio más importante del Centro ha sido el radiotelescopio de ondas milimétricas. Este radiotelescopio es un paraboloide de revolución de 13,7 m de diámetro con foco Cassegrain. Desde su puesta en funcionamiento este radiotelescopio ha venido utilizándose tanto por los astrónomos del CAY como de otras instituciones nacionales y extranjeras. Desde hace unos años participa en observaciones de interferometría de muy larga base (VLBI) coordinadamente con los otros grandes radiotelescopios europeos.


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Antena Aries en el centro astronómico de Yebes (Guadalajara, España).

En la actualidad el telescopio más potente del CAY es el radiotelescopio de 40 m de diámetro (ARIES XXI), diseñado especialmente para integrarse en las redes europea y mundial de VLBI, además de operar como una antena individual en un amplio rango de ondas centimétricas y milimétricas. El CAY cuenta con modernos laboratorios de instrumentación, (amplificadores, receptores) y es la base de trabajo de un grupo de técnicos e ingenieros. La participación del OAN en el IRAM conlleva la activa participación de astrónomos e ingenieros del CAY en desarrollos instrumentales y en observaciones astronómicas con los radiotelescopios de este Instituto situados en Pico Veleta (Granada) y en el Plateau de Bure (Grenoble).



Estación de observación de Calar Alto


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Observatorio astronómico en Calar Alto, Bacares (Almería).

El Observatorio Astronómico Nacional tiene instalado un telescopio óptico de 1,5 m de diámetro en Calar Alto, una meseta de 2.168 m de altura en la Sierra de Filabres (Almería). Las condiciones climáticas de Calar Alto son extremadamente buenas, con una media de doscientas noches al año útiles astronómicamente. En el mismo observatorio de Calar Alto, el Instituto alemán de Astronomía Max Planck tiene instalados otros 4 telescopios, el mayor de los cuales tiene 3,5 m de diámetro.

El telescopio de 1,5 m del OAN está equipado con detectores digitales de alta sensibilidad que permiten realizar observaciones a longitudes de onda ópticas e infrarrojas. Astrónomos de toda España utilizan dicho instrumento para llevar a cabo programas de observación encaminados al estudio de los objetos celestes más diversos: los planetas y otros cuerpos del Sistema Solar, estrellas de diferentes tipos, nebulosas, regiones de formación estelar, galaxias, etcétera.

Hitos en la investigación

    - En 1994 el observatorio captó las primeras imágenes de la colisión del cometa Shoemaker-Levy 9 contra el planeta Júpiter, con una cámara infrarroja a través del telescopio de 3,5 metros.
    - En el observatorio se descubrieron en los años ochenta unos chorros de gas fuertemente concentrado expulsados por estrellas jóvenes a una velocidad de cientos de kilómetros por segundo. Hoy día estos chorros de gas siguen siendo objeto de investigación.
    - Los científicos observan en la actualidad en Calar Alto el cometa 9P/Tempel 1, de la misión Deep Impact de la NASA; trabajan en la detección de enanas marrones; y estudian los estallidos de la radiación gamma, las supernovas y los planetas extrasolares, entre otras tareas de investigación.
    - Primeras enanas marrones aisladas, situadas en las Pléyades.

El último descubrimientro realizado por el Observatorio de Calar Alto, fue el asteroide 2009 DS36, el cual fue hallado en la madrugada del 25 de febrero del año 2009.

Su veloz desplazamiento por el espacio sugería que no debía encontrarse muy lejos de la Tierra, de hecho, la órbita preliminar demuestra que se trata de un objeto cercano a la Tierra (un NEO, Near-Earth Object), el cual es el primer cuerpo de esta clase en ser descubierto desde el Observatorio de Calar Alto.

El cuerpo fue hallado mientras pasaba por delante de la constelación de Leo, su descubridor fue el astrónomo Felix Hormuth, perteneciente al Instituto Max Planck de Astronomía (Heidelberg), que actualmente trabaja en el Observatorio de Calar Alto. Tras el hallazgo Hormuth dijo; "Era bastante rápido, y dejó unos buenos trazos en un conjunto de tres imágenes de larga exposición obtenidas en principio para confirmar algunos descubrimientos de asteroides del cinturón principal efectuados la noche anterior."



Algunos instrumentos


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Un círculo azimutal, c. 1840. Real Observatorio de Madrid


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Un círculo completo, c. 1800. Real Observatorio de Madrid


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Anteojo ecuatorial
Área:  Astronomía
Firmado:  Grubb, Dublín (Irlanda). Hacia 1900.
Dimensiones:  300 cm de altura.
Características técnicas:  Distancia focal de 200 cm y 20 cm de apertura; anteojo guía de la misma distancia focal y apertura de 15 cm; círculo de declinación dividido en decenas de minuto con vernier que permite apreciar medios minutos; círculo horario dividido en minutos de tiempo con vernier que llega a apreciar los 5 segundos.
Accesorios:  Espectrógrafo, cámara fotográfica
Situación:  Madrid. Observatorio Astronómico Nacional
Observaciones:  Este aparato dispone de un mecanismo de relojería situado en el pie del instrumento que va moviendo el anteojo para hacer un seguimiento continuo del astro; de esta forma, puede ser fotografiado con grandes tiempos de exposición y también realizar espectros de la luz captada.


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Anteojo acromático
Área:  Astronomía
Firmado:  Dollond. Londres. Hacia 1785.
Dimensiones:  160 x 91 x 70 cm.
Características técnicas:  Anteojo dispuesto en una montura paraláctica con una distancia focal de 109 cm y una apertura de 7,5 cm; limbo horario de 21,5 cm de diámetro marcado en horas de I a XII y dividido cada 2¿, con vernier que permite apreciar 6¿¿; limbo de declinación con movimiento de cremallera que abarca un sector de 100°, marcado en las decenas y dividido cada 20¿, dotado de vernier que permite apreciar 1¿.


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Anteojo de pasos
Área:  Astronomía
Firmado:  A. Repsold & Söhne. Hamburg (Alemania), 1868.
Dimensiones:  88 x 55 x 55 cm.
Características técnicas:  Anteojo acodado con una distancia focal de 83 cm y apertura de 7 cm.; limbo acimutal sumergido de 540 mm, dotado de dos vernier con sus correspondientes lupas; limbo cenital de 22 cm de diámetro, con dos escalas de 0° a 180° numeradas en cada decena de grado y divididas cada 10¿, con dos vernier que permiten apreciar 0,5¿; nivel fijo y móvil; micrómetro ocular cuyo tambor está dividido en 100 partes; mecanismo de inversión del anteojo sobre las muñoneras; sistema de iluminación.
Accesorios:
Situación:  Madrid. Observatorio Astronómico Nacional
Observaciones:


 3anteojo_de_pasos

Anteojo de pasos
Área:  Astronomía
Firmado:  A. Salmoiraghi, núm. 11169, Milán (Italia). Hacia 1900.
Dimensiones:  92 x 73 x 55 cm.
Características técnicas:  Anteojo acodado con distancia focal de 82 cm y apertura de 7,5 cm, provisto de tres oculares que proporcionan 40, 60 y 100 aumentos; limbo cenital sexagesimal de 180 mm de diámetro, utilizado como puntero, que aprecia mediante un solo vernier el minuto de arco; micrómetro ocular con tambor centesimal cuya revolución corresponde a 1¿ 2¿¿, 5 y retículo de nueve hilos para determinar la ascensión recta.
Accesorios:  Nivel caballero cuya división equivale a 1¿¿, 7, con dos niveles complementarios para la aplicación del método Talcott de determinación de latitudes, fijo uno y móvil el otro, con apreciaciones de 1¿¿,4 y 1¿¿, 1 respectivamente por división; dispositivo mecánico para inversión del anteojo sobre las muñoneras
Situación:  Madrid. Observatorio Astronómico Nacional
Observaciones:  Este instrumento fue adquirido en 1900 para la determinación de la latitud y de la hora en las estaciones de Plasencia y Burgos y utilizado, junto con un teodolito del mismo constructor, para la observación del eclipse que se produjo el 28 de mayo de dicho año. Posteriormente, fue utilizado para las observaciones y servicio diario de la hora en Madrid mientras fue reformado el gran círculo meridiano, descrito en la ficha núm. 3. Este instrumento fue objeto de una pormenoriza monografía, escrita por el astrónomo A. Vela y Herranz, titulada: Estudio del teodolito y del anteojo de pasos de Salmoiraghi, Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico. Madrid, 1906.
Accesorios:
Situación:  Madrid. Observatorio Astronómico Nacional
Observaciones:  Este instrumento es uno de los más antiguos con que cuenta el Observatorio Astronómico Nacional; la firma Dollond corresponde a una afamada dinastía inglesa constructora de instrumentos científicos durante los siglos xviii y xix. Su fundador, John Dollond, pasó a la historia por ser el autor de las lentes «acromáticas» constituidas por un doblete de vidrios diferentes (con alto y bajo contenido de plomo) que eliminaban la aberración cromática o irisaciones coloreadas alrededor de las imágenes.
Observaciones:  Este aparato figuró en una exposición realizada en Madrid en el año 1874. En la ficha de este instrumento inserta en el catálogo de dicha exposición se dice: «Con él se han determinado las latitudes y longitudes geográficas de varias capitales de provincia»; Exposición de Madrid, 1874, Catalogo Razonado de los objetos expuestos por el Instituto Geográfico y Estadístico. Madrid. Arribau y Cía., 1874.


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Anteojo acodado de pasos.
Área:  Astronomía
Firmado:  A. Repsold & Söhne. Hamburg (Alemania), 1868.
Dimensiones:  88 x 55 x 55 cm.
Características técnicas:  Anteojo acodado con una distancia focal 83 cm y apertura de 7 cm.; limbo acimutal sumergido de 540 mm, dotado de dos vernier con sus correspondientes lupas; limbo cenital de 22 cm de diámetro, con dos escalas de 0° a 180° numeradas en cada decena de grado y divididas cada 10¿, con dos vernier que permiten apreciar 0,5¿; nivel fijo y móvil; micrómetro ocular cuyo tambor está dividido en 100 partes; mecanismo de inversión del anteojo sobre las muñoneras; sistema de iluminación.
Accesorios:
Situación:  Madrid. Instituto Geográfico Nacional.


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Anteojo terrestre
Área:  Astronomía
Firmado:  Lerebours et Secretan a París, núm. 11. Hacia 1880.
Dimensiones:  132 x 58 x 40 cm.
Características técnicas:  Distancia focal 130 cm, apertura 6,8 cm; enfoque de cremallera.
Accesorios:
Situación:  Madrid. Instituto Geográfico Nacional.
Observaciones:  Este instrumento por carecer de la posibilidad de medir ángulos y su condición de ser un anteojo terrestre (no invierte la imagen), hace suponer que fue utilizado a modo de prismáticos para la localización de vértices geodésicos situados a gran distancia. En una placa figura la inscripción: «Instituto Geográfico y Estadístico».


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Astrolabio
Área:  Astronomía
Firmado:  Juan José García, Madrid. 1933.
Dimensiones:  35 cm de diámetro.
Características técnicas:  Astrolabio con proyección estereográfica po- lar sobre el plano del ecuador de la esfera terrestre para una latitud de 43° 50¿; araña giratoria con la misma proyección de la esfera celeste e índices señaladores de la posición de 43 estrellas; alidada de pínulas.
Accesorios:
Situación:  Madrid. Observatorio Astronómico Nacional
Observaciones:  Se trata de una réplica, a escala reducida, del astrolabio de G. Arsenius de 1566 conservado en el Museo Arqueológico Nacional y que ha venido conociéndose como astrolabio de Felipe II. Los astrolabios fueron utilizados desde la antigüedad para medidas astronómicas, topográficas y horarias. Reproduciendo, por giro de la araña, la posición de las estrellas en el cielo con respecto a la proyección de la esfera terrestre (el horizonte de esa latitud) se podía conocer la hora. Mediante la alidada de pínulas se podían medir ángulos horizontales y verticales para determinaciones topográficas.


Visitas guiadas

Como parte de su labor en el campo de la divulgación científica, el Observatorio Astronómico Nacional ofrece la posibilidad de realizar visitas guiadas a algunos de los centros que lo componen. En ellas, personal especializado del OAN muestra y explica el funcionamiento y utilidad de los diferentes instrumentos empleados en la realización de observaciones astronómicas. Aunque estas visitas están orientadas fundamentalemte a grupos de estudiantes de bachillerato y enseñanza secundaria, se encuentran abiertas al público en general. Excepcionalmente, como por ejemplo durante las apariciones de cometas, se organizan jornadas de puertas abiertas que incluyen la realización de observaciones nocturnas.

Más info



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al campo de la divulgación científica -en este caso-, al Observatorio Astronómico Nacional de España, y sus distintas sedes.


Fuentes y agradecimientos: ign.es, fomento.gob.es, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Post Re: Observatorio Astronómico Nacional De España 
 
Donde nacen los mapas

El Real Observatorio de Madrid añade a sus tesoros la piedra litográfica en caliza en la que se imprimió el plano cartográfico de España, entre 1875 y 1968



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Piedra litográfica del plano de Madrid en el Observatorio Astronómico de Madrid. Una piedra mágica para el gran Mapa. La piedra litográfica que expone el Museo del Observatorio madrileño imprimió las 1.110 cartas que compusieron el primer Mapa Nacional a partir de 1875. La primera impresión fue la de la hoja de Madrid. Barcelona figuraba en la hoja 421. La ejecución del plano no quedó culminada hasta el año 1968.

El Observatorio Astronómico, hoy encaramado sobre un promontorio del confín meridional del Parque del Retiro e ideado en 1790 por Juan de Villanueva, además del principal centinela del espacio en Madrid es, en sí mismo, un cofre de piezas maestras de la vigilancia astral, de la Topografía, la Geodesia y la Meteorología. Sus ajuares incluyen desde una reproducción a tamaño exacto del enorme telescopio de Wilhelm Herschel, obra del descubridor del Planeta Urano, hasta un Péndulo de Foucault de 13 metros de altura y cien kilos de peso, que en su vaivén incesante va tumbando un círculo de cuñas de madera para mostrar así la rotación de la Tierra; o bien la llamada Regla de la Comisión de Mapas de España, a partir de la cual se trazó el primer armazón cartográfico del país, el Mapa Nacional, a escala 1/50.000, a partir de 1871 y publicado en 1875.

A esta copiosa dote nutrida con utensilios astronómicos, geodésicos y cartográficos, hay que añadir una nueva joya: la plancha de piedra, llamada litográfica, con la cual, a partir de 1875, comenzaron a imprimirse una por una las 1.110 hojas cartográficas en las que quedó dividido el Mapa Nacional de España. La piedra acaba de ser incorporada a las colecciones del Museo del Observatorio, a su sala de Ciencias de la Tierra.

La primera impresión de la piedra litográfica fue la correspondiente al mapa de Madrid y sus alrededores, que abarca la ciudad y su periferia desde las diagonales simbólicas que unen Barajas hasta Alcorcón, y del Monte de El Pardo hasta Vallecas. Fue signada con el número 559 entre el millar de hojas que compusieron aquel primer mapa nacional, donde Barcelona figura en la hoja 421; Bilbao en la 61; Sevilla en la 984 y A Coruña, en la 21. Precisamente en Cariño, en la costa gallega, comenzó la numeración de las cartas. La serie incluía a Canarias, les Illes Baleares y finalizaba en Ceuta y Melilla.

Encapsulada bajo una vitrina de potente vidrio, la piedra litográfica, caliza compacta, tiene forma rectangular; mide menos de 10 centímetros de espesor frente a unos 75 centímetros de longitud y medio metro de altura; pesa más de 200 kilos; exhibe sobre su parte anterior, en su día convenientemente entintada, los caracteres geográficos y topográficos madrileños tras ser dibujados primero y grabados artísticamente después y en negativo. El grabador litográfico fue Pedro Peñas y Romero, formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En su impresión quedó constancia de cada hito geográfico relevante, desde caminos, ríos, divisorias de aguas, valles, montes o cumbres, hasta ciudades, villas, aldeas, o bien campos de labor, grandes masas de cultivos o arboledas de más de 10 hectáreas de extensión. En la piedra figuran asimismo las llamadas curvas de nivel, que definen secuencias de relieves orográficos, signados en su caso con números cada 20 metros.


Una gesta en clave geodésica

Los datos extraídos sobre el terreno para la elaboración de planimetrías y cartografías lo fueron desde 1854 hasta 1871, plazo que duró la hechura en clave geodésica del primer Mapa Nacional. Todo ello había sido comprobado visual y documentalmente por un equipo de cartógrafos, topógrafos y geodestas, militares en su mayoría, con ayuda de soldados de reemplazo, así como informadores: desde peones camineros a autoridades municipales, amén de testimonios orales, brindaban, corroboraban o contrastaban los datos técnicos y parroquiales barajados para el cabal trazado cartográfico. También se nutrían de datos catastrales y de mapas municipales, a mucha mayor escala, levantados tiempo antes, escrupulosamente cotejados después para conseguir que lo más relevantes de aquellos hitos topográficos que jalonaban el territorio español quedaran incluidos en el plano nacional a levantar.


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La regla que se utilizó para confeccionar el primer mapa nacional.

La gesta era inmensa, ya que España contaba entonces con unos 10.000 municipios. Todo iba unido, además, a una laboriosa serie de cálculos técnicos, realizados con decenas de variables dimensionales a considerar y ponderar, desde las astronómicas a las barométricas, geodésicas y topográficas. El grueso de aquel magma de datos debía cobrar forma y expresarse en un documento cartográfico unificado, sometido a impresión por grabado litográfico en colores: negro para vías de comunicación; rojo para poblaciones; verde para masas forestales y cultivos; azul para ríos y litorales y siena para curvas de nivel. Otra particularidad era su escala, 1/50.000, bastante más precisa respecto a las empleadas en la época para sus mapas nacionales por Francia, 1/80.000, Austria-Hungría, 1/75.000 y Gran Bretaña, 1/63.360.

La primera hoja del primer Mapa Topográfico Nacional, la hoja madrileña, revela muchos detalles, como los 726 metros de altitud sobre el nivel del mar, que alcanza el Cerro Almodóvar, que domina hoy la urbanización Santa Eugenia sobre la carretera de Valencia -entonces se llamaba carretera de Madrid a Castellón-, sobre cuya loma se hallaba en 1875, y se halla hoy, un importante punto geodésico. Desde este tipo de vértices convencionales, 285 en toda España, definidos tridimensionalmente mediante unos aparatos llamados teodolitos, provistos a su vez de telescopio y dos círculos perpendicularmente dispuestos, se obtenía el cálculo angular de un canon de espacio topográfico, definido a su vez por la llamada Regla de la Comisión de Mapas de España.

Esta regla, unidad básica de las mediciones topográficas, fue diseñada por los entonces capitanes de Ingenieros y de Artillería, Carlos Ibáñez de Ibero y Frutos Saavedra Meneses, respectivamente; es una barra metálica que cabe ver en una de las vitrinas más seguras del Museo del Observatorio soportada sobre dos plintos de rosca, atornillados, de madera compacta, dotada de asas de sujeción. Fue fabricada en tres años por los hermanos Brunner, en París, con metales de componente platínico y latón. Sus dimensiones derivaban del Patrón Universal del Metro depositado en el Museo de Pesas y Medidas de la capital de Francia. El canon básico para el mapa español mide 4 metros de longitud y casi dos palmos de anchura.

Su empleo para la obtención del mapa consistía en desplegarlo de manera alineada, tarea que se lograba gracias a microscopios micrométricos fijados a sus extremos, en una operación repetida hasta 3.655 veces consecutivas, para cubrir la distancia del lado de 14.662,90 kilómetros de un triángulo convencional, básico para el cálculo topográfico completo del territorio.


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El péndulo de Foucault del Observatorio Astronómico de Madrid.

Una vez obtenido el triángulo inicial derivado del lado deducido de la barra metálica o Regla, su abatimiento sucesivo en diez cadenas distintas de triángulos según líneas de meridianos y de paralelos, iba permitiendo obtener, mediante nuevos cálculos y triangulaciones, el lado de nuevos triángulos hasta culminar la cobertura dimensional completa del enorme Mapa Nacional, para un territorio que frisaba los 500.000 kilómetros cuadrados de extensión. Aunque el mapa fue completado a finales del siglo XIX, la tarea de impresión de sus 1110 hojas, iniciada con la de Madrid en 1875, no finalizaría hasta el año 1968, casi un siglo después, con la estampación de la carta correspondiente a un municipio de Gran Canaria.

Lo más sorprendente era que en aquel tiempo, mediados del siglo XIX, los topógrafos, cartógrafos, ingenieros militares y camineros consignaban los hitos más relevantes del paisaje recorriendo el territorio a lomos de caballo, de mula o de borrico, provistos de una impedimenta científica muy pesada y arcaica. Pese a tantas limitaciones, de aquellas fatigosas mediciones realizadas a partir de 1854, el margen de error no difería, como se confirma con sofisticados cálculos actuales, en más o en menos, de 2,5 milímetros, referidos a la medida de la base. Así lo remarca Begoña Martínez, jefa del Servicio de Coordinación del Real Observatorio de Madrid.


Una idea veterana

Detrás de tanta complejidad se hallaban, desde luego, los trabajos previos incluso ancestrales de equipos de marinos, cartógrafos y geodestas, además de ingenieros y ayudantes de extraordinaria destreza técnica, que desde que el marino Jorge Juan propusiera en 1785 a Carlos III la ideación de un Observatorio Astronómico desde el cual se trazara un Mapa Nacional, habían venido colaborando en aquella ardua tarea, en medio de una selva burocrática descrita por Ángel Paladino, del Servicio Geográfico del Ejército y al albur de los numerosos conflictos registrados en España durante todo el siglo XIX. No fue baladí la injerencia del Ministerio de Hacienda en el proyecto científico, realizado por militares dependientes al cabo del Ministerio de Fomento, ya que el departamento perseguía obtener de él datos con los que cotejar las contribuciones, sobre todo las de los latifundistas. Así la hoja cartográfica de Carmona, en Sevilla, tardó 45 años en salir a la luz.

En 1871, las diferentes y consecutivas comisiones previas a las que se había encomendado el Mapa quedaron unificadas bajo el mando de Carlos Ibáñez e Ibáñez Ibero, que alcanzaría el rango de general y llegaría a ser uno de los principales geodestas de todos los tiempos y de nombradía internacional. De igual modo, sería designado a partir de entonces director del Instituto Geográfico de España y titular de la comisión científica continental correspondiente.


Una campa en Madridejos

Fue el entonces capitán de Ingenieros Carlos Ibáñez de Ibero quien eligió una extensa campa de Madridejos, en la provincia de Toledo, convenientemente explanada por orden suya, para iniciar desde allí el arranque de sucesivas triangulaciones supervisadas por ocho oficiales y a cargo de suboficiales al mando de equipos de soldados desplegados sobre el terreno. Serían tales cálculos los que permitirían extraer coordenadas tridimensionales que brindarían, a su vez, la posibilidad de trazar con sorprendente exactitud el conjunto de cartas zonales definidoras del Mapa Nacional, cuya impresión se realizaría años después gracias a la piedra litográfica ahora recobrada y expuesta en el museo del Observatorio.

Comoquiera que, en el año 1878, Ibáñez de Ibero dirigió el equipo científico que extendió el cálculo de su mapa cartográfico hasta Argelia, en una gesta consistente en establecer el primer enlace geodésico intercontinental, la reina regente, María Cristina de Habsburgo, le distinguió años después con el título de marqués de Mulhacén. El nombre de su marquesado coincidía con el nombre del pico de la cordillera Penibética, a más de tres mil metros de altitud, donde fue ubicado uno de los vértices geodésicos desde los que se realizaron las mediciones para conectar la red geodésica española con la argelina, en una gesta europea iniciada desde las islas Shetland, al norte de Gran Bretaña.


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Reoroducción del Telescopio de Herschel.

Encima de la vitrina que guarda la valiosa piedra litográfica se exhibe la hoja inicial impresa del primer mapa completo de España. Es la lámina correspondiente a Madrid. Lleva la numeración 559, que comienza en la costa gallega, con la hoja numerada con el 1 y concluye en Melilla, con la 1110. Sus rasgos permanecen algo descoloridos por el paso del tiempo, ya que vieron la luz en el año de 1875 en cinco colores. La última de las hojas del Mapa Nacional, correspondiente a Gran Canaria, fue dada a las prensas en 1968.

En el confín oriental de la hoja del mapa madrileño cabe leer “Ribas de Jarama”, hoy escrito con la letra uve y unido al de Vaciamadrid, con el olvido añadido del nombre del río. Se sabe que al dictador Francisco Franco no le hacía ninguna gracia que la toponimia madrileña evocara el qué, el quién, el cuándo y el dónde le pararon los pies en su avance militar contra el Madrid republicano hasta el fin de la Guerra Civil. Otra curiosidad: también San Fernando perdió su vinculación toponímica con el río Jarama para pasar a verse vinculado al río Henares, más lejano de su casco que el Jarama.


Un collar de municipios

Como el mapa de 1875 recogía entonces, Aravaca, los Carabancheles, los Villaverdes, Vallecas, Vicálvaro, Canillejas, Hortaleza y Fuencarral eran todavía municipios distintos, separados por largas distancias del de Madrid, cuyo casco urbano acababa entonces hacia el Norte alrededor de la hoy Glorieta de Bilbao; al Sur, un poquito más abajo de Delicias; al Oeste, ante el Palacio Real y el río; y al Este, en la tapia oriental del Retiro.

Al sur del parque histórico, sobre la calle de Alfonso XII, el imponente edificio del Real Observatorio de Madrid abre sus puertas los fines de semana para permitir la contemplación de sus tesoros. Los viernes lo hacen los colegios que previamente lo solicitan. A sus numerosas funciones investigadoras, que siguen realizándose en su interior, se añade la instalación en el recinto del observatorio madrileño de un singular centro vulcanológico: es el que sigue minuciosamente el curso sismológico de las recientes erupciones submarinas de la isla del Hierro, en el archipiélago canario. Una gran masa de magma traída de allí, muestra al público, desde una vitrina del museo del Observatorio, su recocida negrura tachonada por destellos plateados.

En breve, una cadena de televisión se propone emitir sus pronósticos del tiempo desde las instalaciones del edificio de Juan de Villanueva, cuyos responsables acarician la idea de materializar un proyecto del arquitecto y académico Antonio Fernández Alba para abrir el primitivo acceso principal al centro científico, que permanece desde hace lustros y hasta hoy sepultado por toneladas de tierra bajo un prominente talud, en lo que fuera conocido como el Cerrillo de San Blas, virado hacia Atocha, lugar de romerías madrileñas donde existió una antigua ermita.


Fuente: elpais.com / Texto: Rafael Fraguas / Fotos: Claudio Álvarez
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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