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Enrique Simonet (1866-1927)
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Mensaje Enrique Simonet (1866-1927) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor español Enrique Simonet (Valencia, 1866 - Madrid, 1927) es uno de los pintores injustamente olvidadados, que merece un mejor reconocimiento. Para mí tiene una obra excelente, a la altura de los grandes maestros del siglo XIX. Fue padre de los pintores Bernardo, Enrique, Rafael y Ramón Simonet Castro, de cuya formación se encargó él mismo.


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Aunque nacido en Valencia, es malagueño por su pronta llegada a nuestra ciudad y por su formación artística. Estuvo pensionado en Roma, donde realizó La decapitación de San Pablo, hoy en la catedral de Málaga. También en Roma realizó, en 1890, su obra más famosa: ...Y tenía corazón. Viajó a Tierra Santa, donde se documentó para su monumental Flevit super illam.

Enrique Simonet nació el 2 de febrero de 1866 en Valencia. Al parecer su vocación primera o de la infancia fue eclesiástica, pero la abandonó para dedicarse a la pintura. A pesar de ser valenciano de nacimiento y de que estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de su ciudad natal, se vinculó al círculo malagueño tanto por su pronta llegada, como por su origen familiar, su formación artística y/o su actividad profesional en la ciudad de Málaga. Y también estudió en el taller del valenciano Bernardo Ferrándiz en Málaga, formando parte de la llamada escuela malagueña de pintura.

En 1887, marchó a Roma como pensionado, donde realizó La decapitación de San Pablo, hoy en la Catedral de Málaga, aprovechando su estancia para a su vez viajar por toda Italia. Visitó París varias veces y en 1890 hizo un recorrido por el Mediterráneo.

También en Roma realizó, en 1890, su obra más famosa: Anatomía del corazón, también conocida como ¡Y tenía corazón! o La autopsia. Viajó a Tierra Santa, donde se documentó para su monumental Flevit super illam; obra por la que recibió numerosas medallas, entre ellas fue primera medalla en la Exposición Internacional de Madrid de 1892, en Chicago en 1893, en Barcelona en 1896 y en París en 1900.

En 1893 y 1894 viajó a Marruecos como corresponsal de guerra de La Ilustración Española y Americana y en 1901 obtuvo la cátedra de Estudios de Formas de la Naturaleza y el Arte de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, donde residió a partir de entonces, aunque pasaba los veranos en Vigo.

En 1911 pasó a formar parte de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y entre 1921 y 1922 fue director de la Residencia de El Paular para paisajistas. Ya que también se dedicó a la pintura decorativa y de paisajes, entre la que destacan los cuatro grandes lienzos sobre las Alegorías del Derecho, en el Palacio de Justicia de Barcelona y las ocho Alegorías de las Provincias en el Palacio de Justicia de Madrid.

Murió el 20 de abril de 1927 siendo catedrático de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid.

Entre sus obras, destacan:

    - La decapitación de San Pablo, 1887, (Catedral de Málaga).
    - Anatomía del corazón o ¡Y tenía corazón! o La autopsia, 1890, (Museo de Bellas Artes de Málaga, en depósito del Museo del Prado).
    - Flevit super illam (Lloró por ella), 1892, (Museo de Bellas Artes de Málaga, en depósito del Museo del Prado).
    - El juicio de Paris, 1904, (Museo de Bellas Artes de Málaga).

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor español, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.






OBRA


Simonet en el Museo del Prado

26/02/2016 - 16/10/2016

El Museo del Prado conmemora el 150 aniversario del nacimiento de Enrique Simonet con una pequeña muestra.


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Enrique Simonet - Autorretrato. 1910. Óleo sobre lienzo, 97,5 x 66,5 cm. Museo del Prado. El pintor realizó esta obra hacia finales de 1910, durante su estancia en Málaga, antes de incorporarse a su nueva Cátedra de Arte Decorativo en Madrid. El artista había abordado ya el género en su juventud. El primer autorretrato al óleo que se conoce lo pintó en 1885 en Madrid (Colección Jorge Simonet Gómez). Este, un cuarto de siglo después, atestigua la evolución de Simonet hacia una ejecución mucho más disuelta y hacia un cromatismo más claro, patente sobre todo en los fondos. Ambos aspectos son propios de la última etapa de su trayectoria.
El pintor, de tres cuartos, mira al espejo situado frente a él, en el lugar del espectador, de modo que la imagen aparece invertida. De este modo, es la mano izquierda la que sostiene el pincel, en tanto que el retrato del fondo, el de su padre Enrique Simonet Baca (P8228) se presenta igualmente invertido. Esta inversión hace que las dos cabezas se dirijan hacia el centro del cuadro de manera que esta convergencia sugiere una armónica concordancia entre ambos. La presencia tutelar de aquella efigie queda resaltada por el color dorado de la moldura sobre el que la luz incide lateralmente, haciéndola destacar del fondo. La inclusión del padre del artista en el Autorretrato es poco frecuente en la tradición española. Por ello el cuadro pone de manifiesto la excepcionalidad del interés de Simonet en el homenaje a su progenitor, fallecido once años antes y unido de modo explícito al artista a través del retrato pintado por él mismo. En este, a pesar de la síntesis con que se muestra, aparecen detalles característicos, como el párpado derecho caído, que pueden observarse en el retrato que pintó en 1893.
La imagen del artista, vestido con traje oscuro, corbata grana y gemelos de oro, indica la seriedad profesional con que el pintor encaraba su práctica, en un periodo en el que había obtenido, además de la Cátedra de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, importantes encargos de pintura decorativa. Así, aparece sosteniendo su paleta de grandes dimensiones, sobre cuyo borde aparecen visibles los colores verde, azul, rojo y blanco a través de pinceladas alargadas. La observación de la luz es muy precisa en el brillo de estos tonos, la sombra rojiza de la corbata sobre la camisa, la franja anaranjada del pulgar, visible en la abertura de la paleta, y las pinceladas curvas que indican la caída del pañuelo. El rostro aparece animado por el brillo dorado de la montura de los anteojos, cuyos cristales aparecen sugeridos con pinceladas grises azuladas claras.
El fondo aparece tratado de un modo inacabado, sin recubrir la superficie. A través de pinceladas casi verticales, amplias y rápidas, el artista muestra el procedimiento con el que trabajaba en las primeras capas del lienzo, lo que da un interés especial a la pintura, que el artista enmarcó en una moldura negra rizada, al estilo holandés, y conservó en su estudio de la calle Salustiano Olózaga de Madrid colgado en lugar preferente junto a su gran cuadro El Juicio de Paris (Málaga, Museo de Bellas Artes) (Texto extractado de Barón, J. en: Memoria de Actividades 2015, Museo Nacional del Prado, 2016, pp. 82-84).

La generosa donación de la familia del artista y el término de la restauración del lienzo Flevit super illam, el ejemplo más significativo de la pintura española de asunto religioso de su tiempo, han permitido presentar un conjunto de obras de Enrique Simonet, uno de los pintores españoles de mayor interés de su generación, en el año del 150 aniversario de su nacimiento.

Junto a Flevit super illam y la medalla que se otorgó a esta obra en la exposición de Bellas Artes e Industrias Artísticas de 1896 en Barcelona, en esta muestra se exhiben dos óleos, un Autorretrato y el Retrato del padre del artista, y cinco cuadernos de dibujo de su primera época donados por la familia del pintor.


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Flevit super illam (Lloró por ella). 1892. Óleo sobre lienzo. 296 x 550 cm. Museo del Prado. Obra de Enrique Simonet. Esta obra recibió numerosas medallas, entre ellas fue primera medalla en la Exposición Internacional de Madrid de 1892, en Chicago en 1893, en Barcelona en 1896 y en París en 1900.

Artista de origen valenciano, pensionado en Roma en 1890. Durante su estancia en esta ciudad viajó a Tierra Santa, donde pudo documentar la obra que realizaría a su vuelta. Esta obra responde a un tipo de pintura que se impone en su momento, una vuelta a los temas centrados en escenas como el "Sermón de la Montaña", "Jesús en el Lago Tiberiades", o "La destrucción de Jerusalén". Con ella consiguió la Primera Medalla de la Exposición Nacional de 1892, exponiéndola además en las Exposiciones Universales de Barcelona y Chicago. Narra el momento en que Jesús profetiza la destrucción del Templo de Jerusalén, cuando extiende las manos en señal de bendición y pronuncia la frase "flevit super illam", o lo que es igual, "lloró sobre ella", refiriéndose a Jerusalén. Es una visión simbolista de la escena, en la que se evidencia el carácter académico del artista. Teresa Sauret advierte una permanente tensión entre lo real y lo sugerido en todo el cuadro, desde la efigie de Cristo casi de espalda, enigmática y atrayente, hasta el fondo del paisaje urbano. Tambíen se aprecia una personal idealización de los relatos a través de una poética de luces y gamas cromáticas, desde los malvas y rosas hasta los grises y azules, que favorecen el clima de profundo simbolismo religioso que preside la obra, introduciendo a la vez figuras humanas de precioso realismo.


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Una autopsia. 1890. Óleo sobre lienzo, 177 x 291 cm. Museo del Prado. Obra de Enrique Simonet.

También conocido como Anatomía del corazón o ¡Y tenía corazón! Esta sobrecogedora obra recoge el momento en el que el forense realiza una autopsia a una joven que yace sobre una mesa. El tratamiento realista del tema y su crudeza han hecho que algunos autores encasillen esta pintura dentro del realismo social; sin embargo, la obra también sobresale por su interés por los contrastes lumínicos, el detalle de la representación realista, la rigurosidad anatómica y la experimentación con elementos tan arriesgados como la profundidad del cuadro sugerida por el escorzo de la joven, por lo que debería considerarse como parte de la corriente cientifista que domina el siglo XIX. Simonet no aporta grandes novedades a su pintura, más bien las integra en el cuadro, como el fondo neutro de la habitación, el contrapeso lumínico entre la pared y la ventana, el bodegón que conforman las botellas de formol de distintos colores, rompiendo la monotonía cromática de las tonalidades empleadas en el resto de la pintura. El estudio anatómico del cuerpo de la chica es impecable, así como el tratamiento de su cuerpo en ese escorzo. Pero si hay algo por lo que destaca esta obra es por los contrastes lumínicos de luces y sombras. Se trata en suma de uno de los cuadros más interesantes de este artista, y uno de los más valorados en las colecciones del Museo de Málaga.


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Enrique Simonet y Baca, padre del pintor. 1893. Óleo sobre lienzo, 100 x 70,2 cm. Museo del Prado. Obra de Enrique Simonet.
Con una preparación de color crema claro, destaca la media figura, sentada, sobre los tonos castaños y rojizos del fondo. El pintor representó con realismo a su padre, ya en su vejez. Su apostura, su rostro con el entrecejo levemente fruncido y el entrecruzamiento de las manos indican la contención de su carácter. En la cabeza utilizó, junto a las carnaciones, toques en tonos crema y azul, color este último que se percibe igualmente en algunas sombras. También aparecen sueltas pinceladas azules en las manos, como testimonio de una observación de la luz que atendía a plasmar el color local. Una larga pincelada en ese tono se percibe en la sombra de la corbata y otra verde en el borde de la chaqueta. Especial interés tienen los puños de la camisa, con sus luces y sombras establecidas mediante el color. Los tres botones visibles de la chaqueta muestran, en sus tonos grises y su diferente disposición, el volumen de la prenda. Otros tres botones más pequeños, en la bocamanga, indican también el interés del artista en señalar la incidencia de la luz sobre sus superficies mates.
El artista pintó este retrato en el momento de mayor auge de su carrera, tras el triunfo de su obra de mayor importancia, Flevit super illam (P6459), que había obtenido una Primera Medalla en la Exposición Internacional de Bellas Artes de Madrid de 1892. Este cuadro había sido su envío de pensionado del cuarto y último año de su beca oficial en la Academia Española en Roma, ciudad a la que había ido por vez primera para estudiar pintura a expensas de su padre, de 1885 a 1887. Por ello cabe considerar el retrato, realizado en Málaga en el verano de 1893 a su vuelta de Italia, como un testimonio de afectuosa gratitud hacia su progenitor, que comprendió desde sus inicios su afición a la pintura y alentó esa dedicación.
El brillo de los ojos señala la relación de afecto entre el retratado y el pintor que, once años después del fallecimiento de su padre, incluyó la imagen de este cuadro como fondo de su Autorretrato (P8229), también donado por los descendientes del artista. La muerte de su padre produjo un gran pesar al pintor, que dibujó su retrato yacente en el ataúd, vestido con hábito blanco, escapulario y con las manos entrelazadas sosteniendo un crucifijo (lápiz sobre papel, 18 x 23 cm, Colección Familia Simonet), del mismo modo que sus padres, que habían expresado en su testamento su deseo de ser enterrados con el hábito blanco mercedario (Texto extractado de Barón, J. en: Memoria de Actividades 2015, Museo Nacional del Prado, 2016, pp. 78-80).


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Asunción Castro Crespo, esposa del pintor. 1914. Óleo sobre lienzo, 102,3 x 71 cm. Museo del Prado. Obra de Enrique Simonet.
En los primeros meses de 1914, cuando su esposa estaba embarazada de su hijo Bernardo, que nació el 20 de marzo en Madrid, el pintor realizó este retrato que la representa con mantilla. Seguía con ello una moda habitual en los retratos femeninos desde el siglo XIX, que se hizo muy frecuente en las primeras décadas del XX. El pintor recurrió a menudo a su esposa para que le sirviera de modelo, como ella misma recordaba en 1964, a veces en sesiones de seis o siete horas en su estudio, pues la armonía de su cuerpo y la amabilidad de sus rasgos faciales convenían a sus intereses como artista. Entre otras obras de composición fue el modelo para el desnudo de Venus en El Juicio de Paris (Málaga, Museo de Bellas Artes), realizado en 1904. En su retrato la representó antes de cumplir los cuarenta años, sentada, con un vestido de raso de color rosa y mantilla de blonda, con peina y collar y pendientes de perlas. Su mano derecha, con sortijas en sus dedos índice y anular, sostiene tallos de claveles rojos, símbolo del amor profundo.
La figura resalta sobre un fondo decorativo de flores y hojas, con una resolución muy fluida que deja ver la preparación. La caída curva de la hilera de flores de la parte izquierda indica que se trata del pliegue de un cortinaje. Los tonos mates de la tela hacen resaltar los brillos del vestido y la brillantez de las carnaciones en las que, como acostumbraba el pintor, aparecen tonos azulados junto a los rojos y rosas. También en los pliegues del vestido pueden verse los matices en azul, que dan una vibración luminosa al conjunto. El aspecto risueño y el atavío de su esposa movieron al artista a presentar el cuadro bajo el título Una maja en la Exposición de Bellas Artes que abrió el 1 de marzo la Academia de Bellas Artes de Málaga, y como tal se reprodujo en la prensa ilustrada tanto malagueña como nacional. El artista enmarcó el cuadro en rica moldura dorada con ornamentación en las esquinas y en los puntos medios (Texto extractado de Barón, J. en: Memoria de Actividades 2015, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 86).


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Enrique Simonet. Autorretrato. 1918. Óleo sobre lienzo, 97 x 55 cm. Museo del Prado.



Otras obras


Decapitación de San Pablo


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Boceto de la Decapitación de San Pablo', de Enrique Simonet, pieza adquirida por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga.

El Museo del Patrimonio Municipal e Málaga que, dentro de su política de difusión de los valores del Patrimonio local, cuenta con publicitar a los artistas malagueños, especialmente a aquellos que contribuyeron a crear ese lema de excelencia del arte en Málaga. Por ello, su política de gestión tiene entre las líneas de actuación la de enriquecer la colección municipal con obras de artistas ausentes o escasamente representados y hacer puestas en valor de figuras olvidadas o no debidamente difundidas. Dentro de la política de enriquecimiento de la Colección Municipal se ha adquirido una obra de lo más representativa del arte decimonónico local, el boceto de La decapitación de San Pablo de Enrique Simonet y Lombardo, una pieza emblemática en tanto que el original, depositado en la Catedral de Málaga, es una obra maestra de su autor y de la pintura del siglo XIX español, y este boceto, una pieza interesantísima por lo que de enriquecimiento de la obra original supone y por la aportación a la profundización del pintor. Su presentación en sociedad se ha querido hacer no solo exhibiéndola en las salas del museo, sino contextualizándola en un recorrido por la trayectoria del pintor que a la vez sirviera para rendirle ese merecido y obligado homenaje.


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Decapitación de San Pablo, 1887. Obra de Enrique Simonet. Museo de Bellas Artes de Granada


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Decapitación de San Pablo. 1887. Capilla de la Virgen de los Reyes de la Catedral de Málaga. Obra de Enrique Simonet. Pensionado en Roma y contagiado del clasicismo imperante en la Academia romana, pinta allí la 'Decapitación de San Pedro', cuadro de grandes dimensiones que pasó años después a la catedral malagueña y en el que el joven pintor (tenía 21 años) llevó a cabo ciertas audacias compositivas que, pese a no resultar mal, le fueron criticadas.

Historia de la 'Decapitación de San Pablo'. San Pablo expresó en una carta su intención de viajar a Hispania para predicar. Sin embargo su captura y ejecución se lo impidió.

Hispania se mantuvo ajena a la gran pugna filosófica entre el paganismo y el cristianismo que se desarrolló en el Imperio durante los años 150 – 200 d.C. Estas disputas se centraron en las ciudades de Roma, Cartago y Alejandría. Durante todos estos años las persecuciones se sucedieron, Domiciano, Trajano y Marco Aurelio lideraron diversas persecuciones contra grandes centros de reunión cristianos como Cartago. Precisamente fue durante la persecución de este último emperador cuando algunos cristianos, para escapar de su fatal destino, emigraron de Cartago a Hispania para salvar la vida. Gracias a estos exiliados sabemos que Cucufate predicó en Barcelona a finales del s. II. Las persecuciones eran particularmente intensas en Oriente, especialmente en Alejandría, foco principal de intelectualismo cristiano de la época. Para escapar de estas persecuciones muchos cristianos huían y muchos de ellos huían a Hispania. Provincia alejada de los focos imperiales destinadas a suprimir los núcleos cristianos. Sin embargo, el carácter, muchas veces, secreto, o al menos escondido, provoca que la documentación existente sobre el asunto sea escasa o inexistente en algunos casos. Aunque es muy probable que las comunidades cristianas existieran en Hispania desde mucho antes de la primera evidencia material data a mediados del s.III. d.C.



El juicio de Paris


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El juicio de Paris. 1904. Óleo sobre lienzo, 215 x 331 cm. Museo de Bellas Artes de Málaga. Obra de Enrique Simonet.

La auténtica protagonista de la obra es la luz, que queda retratada desde esa magnífica interpretación de las sombras, que van marcando una infinita gama de matices en la descripción de la naturaleza. El juego de símbolos interpretado en los pavos reales, cupidos y diosas no son más que anécdotas para acompañar a una paleta que se dispone magistralmente por la amplia superficie del lienzo, después vendrá toda esa concesión a los gustos burgueses y comerciales de la época, que exigía una interpretación de la figura en clave de lo agradable y moderadamente sensual. El tema nos presenta a Paris, príncipe troyano, como juez de un concurso de belleza entre Juno, que aparece junto al pavo real que es su atributo; Minerva; y Venus, que aparece con Cupido a sus pies y que será la ganadora, obteniendo como premio una manzana de oro.



El quite


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El quite. 1897. Óleo sobre lienzo, 269 x 483 cm. Obra de Enrique Simonet

Corre el año 1892 cuando el pintor ha conseguido un sólido prestigio. Es entonces cuando sus pinceles sienten el afán de adentrarse en el mundo taurino. Fue en 1897 cuando comienza “El quite”, se trata de un cuadro lleno de emoción, vitalidad, realismo y riqueza de colorido. De composición horizontal, el pintor abandonó su gama de grises y colores terrosos por otras más cálidas y alegres. El lienzo muestra una gran maestría compositiva, un acertado uso de los trazos y el juego de la luz deslumbrante que cae sobre dos de los personajes que, medio cegados, presencian la caída aparatosa del picador. El grupo central lo componen el picador en la arena, temeroso y expectante, y el caballo que, ante el toro ya recogido, rotas las bridas y a punto de caer, bracea en el aire. Como defecto se puede señalar el fallo en el dibujo del toro, algo propio de un pintor poco animalista.

Todas las figuras son dignas de un estudio detallado pues en todas ellas se detuvo el pintor recreándose en su labor. En cada personaje se palpita la emoción, los gestos y las expresiones que hacen del cuadro una estampa que recoge un lance de toreo antiguo. Y si no hubiera en la producción de Simonet más obra que ésta,  por sí sola le hubiera dado celebridad suficiente.

Finalmente destacar que la obra envejeció mal. El pintor empleó gruesos emplastes, circunstancia esta que provocó con el paso del tiempo numerosos deterioros y craqueladuras en la obra, al márgen de roces, roturas leves y picaduras. Por todo ello la obra ha sido restaurada por la Consejería de Cultura, a través del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.



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La suerte de varas. 1899. Óleo sobre lienzo, 23 x 38 cm. Dos años después de pintar 'el quite' Enrique Simonet pintó en pequeño formato, esta esta emotiva escena taurina de 'la suerte de varas'.


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El entierro de San Lorenzo. 1886. Obra de Enrique Simonet


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Cabeza de Jesús. 1890-1891. Óleo sobre lienzo, 56 x 37 cm. Obra de Enrique Simonet


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Canónigo leyendo. 1889. Obra de Enrique Simonet


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Ciociara. 1889. Óleo sobre lienzo, 103 x 70 cm. Obra de Enrique Simonet


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La buenaventura. 1899. Óleo sobre lienzo, 61 x 84 cm. Obra de Enrique Simonet


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Marina veneciana. 1887-1890. Óleo sobre lienzo, 33 x 58 cm. Obra de Enrique Simonet


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Rebaño de ovejas. Óleo sobre lienzo, 47 x 72 cm. Obra de Enrique Simonet


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Puerta de Alcalá nevada. 1911. Óleo sobre lienzo, 38 x 50 cm. Obra de Enrique Simonet


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Atardecer en Tánger. 1914. Óleo sobre lienzo, 38 x 50 cm. 68 x 93 cm. Obra de Enrique Simonet


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Terrazas de Tánger. 1914. Óleo sobre lienzo, 56 x 84 cm. Obra de Enrique Simonet


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Cascada de La Hiruela. 1921-1923. Óleo sobre lienzo, 70 x 90 cm. Obra de Enrique Simonet


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Paisaje de La Moncloa. 1918-1920. Óleo sobre lienzo, 47 x 56 cm. Obra de Enrique Simonet


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Camino de El Paular. 1921-1923. Óleo sobre lienzo, 62 x 78 cm. Obra de Enrique Simonet


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Paisaje de El Paular. 1921. Óleo sobre lienzo, 77 x 55. Obra de Enrique Simonet


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Dobles chopos en el río. 1918-1923. Óleo sobre lienzo, 62 x 44 cm. Obra de Enrique Simonet


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Otoño en la Dehesa. 1918. Óleo sobre lienzo, 58 x 43 cm. Obra de Enrique Simonet


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Terremoto en Málaga. 1885. Óleo sobre lienzo, 76 x 46 cm. Obra de Enrique Simonet


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Tribunal Supremo, Madrid. Escalera de Honor. De carácter monumental y principesco, desciende bajo los frescos del techo, pintados por Enrique Simonet con motivos referentes a las regiones de España (Fotos: conocemadrid.blogspot.com.es)


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Cuatro retratos de Enrique Simonet


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Autorretrato de Enrique Simonet de 1885. Óleo sobre lienzo, 58 x 42 cm



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor español Enrique Simonet (1866 - 1927) es uno de los pintores injustamente olvidadados, que merece un mejor reconocimiento. Para mí tiene una obra excelente, a la altura de los grandes maestros del siglo XIX. Últimamente el museo del Prado está exponiendo algunas obras en homenaje al 150 aniversario de su nacimiento.

Al parecer su vocación primera o de la infancia fue eclesiástica, pero la abandonó para dedicarse a la pintura. A pesar de ser valenciano de nacimiento y de que estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de su ciudad natal, se vinculó al círculo malagueño tanto por su pronta llegada, como por su origen familiar, su formación artística y/o su actividad profesional en la ciudad de Málaga. Y también estudió en el taller del valenciano Bernardo Ferrándiz en Málaga, formando parte de la llamada escuela malagueña de pintura.




Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museodelprado.es, artcyclopedia.com, ceres.mcu.es, juntadeandalucia.es, museodelpatrimoniomunicipal.malaga.eu, maestrosdelretrato.blogspot.com.es, conocemadrid.blogspot.com.es, laopiniondemalaga.es, pintura.aut.org y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Martes, 24 Julio 2018, 09:52; editado 7 veces 
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Mensaje Re: Enrique Simonet (1866-1927) 
 
Gracias J.Luis, sin duda que Enrique Simonet merece un rincón en nuestra galería por la calidad de sus obras aquí representadas.  

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: Enrique Simonet (1866-1927) 
 
Así es xerbar, Simonet es un pintor que ya conocía, bueno un poco. Es de esos artistas injustamente olvidadados. Es más pensaba que ya lo teníamos representado, y mirando el índice he visto que no, así que no lo he dudadado y me he puesto manos a la obra.

Por cierto xerbar, este mes de enero, la galería de arte cumple siete años, fue cuando publiqué mi primer trabajo recopilatorio, se trataba de Vélazquez, aquel 30 de enero de 2007..., como pasa el tiempo; luego fue creciendo y creciendo y ya llevamos más de 1.650 trabajos expuestos.    Así que aquí seguimos hasta que el cuerpo aguante.



 

Saludos.
 




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Mensaje Re: Enrique Simonet (1866-1927) 
 
Siete años   como pasa el tiempo. Ya sabes que se me acaban los calificativos para agradecer el magnífico trabajo que has realizado estos años con estas impresionantes galerías. Solo puedo felicitarte una vez más y espero que sean muchos años más.  

Un Saludo.
 




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