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Museu Nacional De Arte Antiga (Lisboa, Portugal)
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Mensaje Museu Nacional De Arte Antiga (Lisboa, Portugal) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al El Museu Nacional de Arte Antiga (MNAA) está localizado en Lisboa, capital de Portugal. Alberga unas 2.200 pinturas y extensas colecciones de dibujo y grabado, escultura y artes decorativas, tanto nacionales como extranjeras. Sobresalen dos pinturas capitales de El Bosco y Durero junto a otras de maestros europeos entre los siglos XV y XIX como Memling, Piero della Francesca, Carpaccio, Rafael, Cranach y Joshua Reynolds. Cuenta también con una escultura de Rodin, más de 5.000 dibujos (Perugino, Poussin, Géricault), valiosas piezas de orfebrería rococó y testimonios del pasado colonial de Portugal.


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Entrada del Museo.

Se encuentra instalado en un palacio del siglo XVII construido para los condes de Alvor. Este edificio también se conoce como Palacio de Alvor-Pombal. En 1770, el marqués de Pombal lo compró fijando la residencia familiar durante más de un siglo.

El museo fue inaugurado en 1884. También es conocido como el Museu das Janelas Verdes (Museo de las ventanas verdes), por el color de las ventanas. En 1940 fue construido un anexo que incluye la actual fachada principal. Este anexo ocupa el lugar en el que se situaba el convento carmelita de Santo Alberto, que fue destruido por el Terremoto de 1755. La única parte que se mantuvo en pie fue la capilla, actualmente integrada en el conjunto. La última reforma importante acometida en el museo data de 1992-94: mejoró el gabinete de conservación de dibujos y grabados, así como los espacios de atención al público, y modernizó el sistema de aire acondicionado.


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Museu Nacional de Arte Antiga, Museu das Janelas Verdes ou Palácio Alvor


Colecciones del museo

El museo alberga pintura, dibujos y grabados así como esculturas desde la Edad Media hasta el siglo XIX, con algunos ejemplos anteriores. Con todo ello, y sumando artes decorativas (muebles, orfebrería, cerámica y vidrio...) ilustra la historia de Portugal y su pasado colonial y mercantil, al igual que la evolución de los principales estilos europeos.


Pintura


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La Virgen con el Niño, c. 1480-90, pintura de Hans Memling. Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa.

El MNAA contiene la mayor colección de pinturas de Portugal: casi 2.200 obras, con una amplia presencia del arte nacional (mal conocido fuera del país) así como ejemplos sobresalientes de viejos maestros europeos. En este segundo campo le supera el Museo Calouste Gulbenkian, si bien cuenta con joyas ilustres como el tríptico de Las tentaciones de san Antonio, obra capital de El Bosco; el famoso San Jerónimo de Durero, El milagro de san Eusebio de Cremona de Rafael Sanzio, Sagrada Familia con dos donantes de Vittore Carpaccio y un San Agustín de Piero della Francesca.

También posee ejemplos de Hans Memling (La Virgen con el Niño), Cranach (Salomé), Hans Holbein el Viejo, Paulus Moreelse (La decapitación de san Juan Bautista), Nicolas de Largillière, Giambattista Tiepolo, Thomas Lawrence, Joshua Reynolds, La muerte de san Francisco (obra capital de Bartolomé Carducho) y una serie de lienzos (Apostolado) del taller de Zurbarán.


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Una de las salas del museo, dedicada a pintura flamenca y de su influencia

Como corresponde a un museo nacional, alberga un generoso repertorio de artistas nacionales. Destacan las obras religiosas de artistas poco conocidos en el extranjero; seguramente las más estimadas y conocidas son las seis tablas del Retablo de san Vicente de Nuno Gonçalves. La mayoría de las piezas provienen de conventos y monasterios después de la supresión de las órdenes religiosas que tuvo lugar en 1834.1 Posee también muchas piezas de escultura, plata, porcelana y artes aplicadas, incluyendo la Custódia de Belém y la Custódia da Bemposta, lo que da una visión general sobre el arte portugués desde la Edad Media hasta el siglo XIX.


Dibujos y grabados

Este fondo cuenta con más de 5.800 dibujos y 14.500 grabados. En su mayor parte son obras de autores portugueses, aunque también hay un atractivo repertorio italiano, que va del siglo XV al XVIII: Perugino, Correggio, Pontormo, Giorgio Vasari, Francesco Guardi... El resto de escuelas europeas cuenta con un repertorio más desigual, si bien incluye dibujos de Poussin, Géricault, Hendrick Goltzius y Jan van Goyen.


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Museu Nacional de Arte Antiga, Museu das Janelas Verdes ou Palácio Alvor


Escultura

El repertorio de escultura cuenta con unas 2.500 piezas; en lo tocante a Portugal abarca desde el siglo XIII hasta el XIX. El resto de Europa cuenta con menor presencia; hay relieves en terracota esmaltada del taller de Della Robbia junto a imágenes medievales en alabastro, tallas en madera flamencas y alemanas, y ejemplos aislados del antiguo Egipto y Roma. Una de las obras más modernas es de Rodin: una Danaide donada por Calouste Gulbenkian.


Artes decorativas


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Arqueta de filigrana de ouro, Mobiliário Indo-Português. Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa

Las artes mal llamadas «menores» tienen un destacado interés en el MNAA, especialmente las piezas de origen y/o influencia oriental, reflejo del pasado colonial portugués, de igual modo que destaca la orfebrería en plata. Esta última faceta del museo tiene como principal joya la llamada Vajilla Germain: un llamativo conjunto de platería parisina, encargado por el rey José I de Portugal y realizado entre 1756 y 1765. Como recalca el museo, estas piezas son raras actualmente ya que lo habitual en tiempos pasados era fundir los objetos de plata cuando se pasaban de moda (o por necesidades económicas).

Como curiosidad, el museo alberga también numerosas joyas femeninas, que las novicias regalaban a los conventos al ingresar. Se reunieron en el museo tras la extinción de los conventos en 1834. Hay piezas desde el siglo XV hasta el XIX.

El arte del mueble cuenta en este museo con un repertorio variado; incluye piezas portuguesas y europeas, biombos de tipo Namban y una sala completa, de estilo rococó, procedente de Viena y que fue donada en 1969 por el magnate Antenor Patiño.

También pueden verse piezas de arte oriental y europeo, como cerámicas, textiles... La Era de los Descubrimientos está siempre presente, mostrando los vínculos de Portugal con Brasil, África, India, China y Japón.

Interesante también es el fondo de objetos de vidrio, con ejemplos venecianos, de Bohemia y de La Granja de San Ildefonso junto a piezas nacionales.


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Copo de vidro, Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa


Exposiciones históricas

El 18 de mayo de 2006 tuvo lugar la inauguración de la exposición de la colección del doctor Gustav Rau, titulada «De Fra Angelico a Bonnard». Esta exposición se convirtió en la mayor que ha recibido la ciudad de Lisboa, colocando a Portugal en la ruta de las grandes exposiciones de arte. La colección reúne ejemplos de Fra Angelico, Guido Reni, Renoir, Degas, Jean-Honoré Fragonard, Hubert Robert, Alexej von Jawlensky, Camille Corot, Édouard Manet, Paul Cézanne, El Greco, Bernardino Luini, Paul Signac, Odilon Redon, Raoul Dufy, Canaletto, Frans Pourbus el joven, Max Liebermann, Camille Pissarro, Toulouse-Lautrec, Gerard Dou, Jan van Goyen, Claude Monet, François Boucher, Joshua Reynolds, Pierre Bonnard así como Thomas Gainsborough. La exposición fue uno de los primeros pasos para la internacionalización del arte de Portugal.
Primitivos portugueses

Entre finales de 2010 y abril de 2011 el MNAA dedicó una gran exposición a los Primitivos portugueses. Supuso una gran proyección internacional del arte portugués: una parte de ella se expuso en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, de junio a octubre de 2011.

La exposición Primitivos portugueses, 1450-1550. O século de Nuno Gonçalves, tuvo su prolongación en el Museu de Évora. Ese rótulo imitaba el título de un libro de Figueiredo, de 1910, recordando a Nuno Gonçalves, el pintor ibérico más importante del siglo XV a juicio del experto Sánchez Cantón. Se hizo en el marco de las Conmemoraciones del Centenario de la República portuguesa (1911). Tuvo un enorme éxito, con algunas piezas traídas, además, de Francia, Italia o Polonia, si bien la mayoría de esa pintura se halla en Portugal y en el MNAA.


Colaboración con el Museo del Prado


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El Bosco, Tentaciones de san Antonio (tríptico)

En septiembre de 2013, el MNAA y el Museo del Prado de Madrid firmaron un acuerdo de colaboración, válido para varios años, que incluye el intercambio de exposiciones. El primer fruto de este acuerdo es el paso por Lisboa de una muestra itinerante del Prado, El paisaje nórdico, con unas 57 obras de la época de Rubens. Por su parte, el museo lisboeta se compromete a prestar al Prado el famoso tríptico de El Bosco, con motivo de una antológica prevista para 2016. Coincidiendo con dicho préstamo, el Prado enviará a Lisboa el magistral Autorretrato de Durero.

Espero que la recopilación que he conseguido de este museo portugués, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.





Galería de obras destacadas del Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa



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Nuno Gonçalves, Caballeros orantes, c. 1466


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Nuno Gonçalves, Santo con crucifijo


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Nuno Gonçalves (atribuído) Painéis de São Vicente


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Nuno Gonçalves (atribuído) Painéis de São Vicente


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Jorge Afonso, Aparición de Cristo resucitado a la Virgen, c. 1515


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Gregório Lopes, Martirio de san Sebastián. 1536-1538


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Josefa de Óbidos, La adoración de los pastores, c. 1669


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Domingos Sequeira, Cristo escarnecido


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Cristovão Lopes, D. João III


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Francisco Henriques, Degolação dos Cinco Mártires de Marrocos. 1508-1511


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Gregório Lopes, Adoração dos Pastores. 1539-1541


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Estilo do Mestre do Sardoal, Adoração dos Reis Magos, Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa, Portugal


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Frei Carlos, Anunciação. 1523


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Vasco Pereira Lusitano, Natividade. 1575

    
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Anónimo portugués?, Pentecostes


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Durero, San Jerónimo. 1521


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'Saint Augustine', Piero della Francesca pinta a San Agustín, a quien está dedicada la iglesia para la que el artista pintó el políptico. El autor puso especial esmero en los ropajes del santo, estampados con escenas bíblicas (Museu Nacional de Arte Antiga, Lisbon)


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Vittore Carpaccio, Sagrada Familia con pareja de donantes. 1505


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Rafael Sanzio, Milagro de san Eusebio de Cremona. 1503-1503


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El Bosco, Tentaciones de san Antonio (tríptico) Hacia 1495-1515


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El Bosco, Prendimiento de Cristo y Pedro cortando la oreja a Malco (exterior del tríptico)


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Jan Gossaert, Sagrada Familia con ángeles músicos


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Jan Gossaert, Tríptico da Sagrada Família. 1503-1508


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Jan Provost, Tríptico de Nossa Senhora da Misericórdia. 1515


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Mestre do Tríptico de Morrison, Tríptico da Virgem com o Menino. 1500-1510

 
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Pieter Brueghel, o Moço, Obras da Misericórdia. 1601-1625


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Hans Holbein, o Velho, Casamento místico de Santa Catarina. 1519


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Hans Holbein, o Velho, Casamento místico de Santa Catarina, 1519


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Hendrick Cornelsiz Vroom. Batalha Naval


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Francisco Zurbarán, São Judas Tadeu. 1633


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Francisco de Zurbarán. São Simão, 1633


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Bartolomé Carducho. La muerte de san Francisco, 1593, óleo sobre lienzo - 115 x 153 cm. Museo Nacional de Arte Antiga de Lisboa


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Pedro Orrente. Abraão. 1601-1645


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Antonio de Pereda. Natureza-morta com vegetais e aprestos de cozinha, 1651


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Joos van Craesbeeck (atribuído) Fumadores, c. 1650


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Pieter de Hooch. Conversação, 1663-1665


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Pieter van Laer. Interior de Taberna, 1664


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Dirk Stoop. Terreiro do Paço


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Glama. Terramoto de Lisboa

    
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Giambattista Tiepolo, Cristo muerto depositado en la tumba


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Giovanni Battista Tiepolo. Fuga para o Egipto

  
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David Vinckeboons, Quermesse


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Thomas Lawrence, Retrato de Lady Elizabeth Conyngham. 1821-1824.


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Gustave Courbet, Man with Pipe


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Hubert Robert. A Azenha de Charenton, 1765-1770


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Charles-Antoine Coypel. Melleagro oferecendo a Atalanta a cabeça de javali de Claydon


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Van Blarenberghe. Kermesse

  

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Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al Museo Nacional de Arte Antigua de Lisboa. Es considerado como la Galería Nacional de Portugal, en el que alberga colecciones de pintura y escultura a partir del siglo XII de un amplio abanico de obras de artistas portugueses e internacionales.


Fuentes y agradecimientos: Estúdio Mário Novais/flickr, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, viajarconelarte.blogspot.com, es.wahooart.com, sailko, artcyclopedia.com, wga.hu, artrenewal.org, y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Mensaje Re: Museu Nacional De Arte Antiga (Lisboa, Portugal) 
 
El Prado lleva sus paisajes a Lisboa


El Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa expone 57 obras de maestros del siglo XVII prestadas por la institución madrileña



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'Atalanta y Meleagro', de Rubens. Madrid, Museo Nacional del Prado.

El director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, lo ha explicado así: “Hasta aquí ha viajado una muestra del ADN del Prado”. En efecto, una de las señas de identidad del museo madrileño, esto es, parte de su colección flamenca, ha recalado en el Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa, donde a partir de hoy y durante cuatro meses, cuelgan 57 obras de los maestros del norte del siglo XVII en una exposición titulada El paisaje nórdico del Museo del Prado. Hay obras maestras de Rubens, Brueghel y Lorrain, entre otros, y servirá para que los lisboetas aprecien esa manera distinta y minuciosa de mirar que conformó el arte flamenco de esa época y para que los españoles que se acerquen vean de otra manera lo que esconde su museo más famoso. “Porque de eso sirven este tipo de exposiciones itinerantes, para que veamos los cuadros colocados de una forma diferente, para que así apreciemos lo que tenemos”, explicó Zugaza.


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Paisaje con gitanos, de David Teniers 'el Joven'. Madrid, Museo Nacional del Prado.

La muestra, que ya ha viajado por alguna ciudad española pero que es la primera y última vez que sale de España, está dividida en nueve temas, todos circunscritos a la esfera del paisaje. Así, la primera de las salas alude a la montaña y acoge, entre otras, Paisaje con gitanos, una obra realista de David Teniers, el joven, uno de los primeros pintores que consiguió conferir profundidad a las imágenes. Cerca, en otra sala, titulada La vida en el campo, sorprende la deliciosa Boda Campestre, de Jan Brueghel el Viejo, una exquisita composición que muestra, con toda la potencia para los detalles de los mejores maestros flamencos, una escena rural en la que una comitiva familiar y festiva rodea una iglesia de pueblo. La comisaria de la exposición, Teresa Posada, recordaba que no hay que conformarse con una lectura ingenua: “Este tipo de cuadros cantaban a su manera la regeneración política y social que los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, bajo la égida española, querían traer a las Países Bajos después de la guerra”.


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'Mercadero y lavadero', de  Jan Brueghel 'el Viejo'. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Otra de las salas está consagrada por entero a Rubens. Afamado pintor de figuras, en sus cuadros más íntimos, los que se reservaba para él o que regalaba a sus amigos, solía pintar paisajes. En una de las paredes de esta exposición cuelga uno de estos. El título es ya de por sí remarcable: Atalanta y Meleagro cazando el jabalí de Caledonia. Pero, más allá de los personajes, ocultos y como difuminados entre el mar de ramas y raíces que cubre la otra, destaca, según explica Posada, la impronta personal que Rubens ha sabido dar a este trozo de bosque: “Es como si toda su vitalidad se la hubiera transferido a la naturaleza. No es un paisaje estático, como solían ser los paisajes por entonces. Lo extraño es que esta obra moderna, por así, decir, no influyó mucho, debido a que muy poca gente la vio, dado su carácter privado, casi íntimo”.


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Asedio de Aire-sur-la-Lys. Obra de Peeter Snayers. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Al lado de esta sala hay otra que refleja el paisaje y el invierno nórdico, tan extraño en la cálida y por lo general soleada Lisboa. Y entre los cuadros de esta sala destaca uno titulado Asedio de Aire-sur-la-Lys, pintado por Peeter Snayers, que recrea una batalla invernal con un despliegue inaudito de veracidad, con la fidelidad aparente de un fotógrafo de reportajes o un cartógrafo.

En la última de las salas cierran la exposición media docena de cuadros encargados en el siglo XVII por Felipe IV a los por entonces mejores pintores que residían en Roma para adornar el Casón del Buen Retiro. Entre ellos había un puñado de maestros, la mayoría del norte, hartos de inviernos fríos y enamorados de la luz del sur que, como el francés Claude Lorrain, se especializaron en pintar atardeceres en las campiñas toscanas hasta transformarlos en obras de arte.


elpais.com



 

Una fantástica exposición itinerante del Museo del Prado, esta vez recalará en el Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa.
 




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Las tentaciones


La maravilla y el misterio de 'Las tentaciones de San Antonio', de El Bosco, siguen inalterables



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'Las tentaciones de san Antonio' de El Bosco en el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa.

He recorrido las salas casi desiertas del Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa buscando un solo cuadro, Las tentaciones de san Antonio,de El Bosco. He venido a verlo con treinta y tantos años de retraso. Cuando estaba en la universidad y me gustaba imaginarme una carrera profesional como estudioso de alguna rama a ser posible recóndita de la historia del arte le dediqué mucho tiempo a un proyecto de monografía o de tesina sobre los cuadros de El Bosco, y este tríptico de Lisboa era uno de mis preferidos. Cualquier tema en el que se ahonde un poco se revela inagotable. A mí me gustaba indagar en los significados posibles de esos hormigueros de criaturas, plantas, frutos, objetos, en los que se va perdiendo la mirada, pero también fijarme en la destreza meticulosa con la que estaba ejecutada la pintura, la solvencia con que un artista flamenco extiende diminutas pinceladas de óleo sobre una tabla, con una técnica tan distinta de la de los italianos.

Examinaba lo más de cerca que podía las láminas en color en la biblioteca de la Facultad, en Granada, mirando con envidia los nombres de los museos y de las ciudades en las que se encontraban los cuadros. Para quien no puede viajar por falta de dinero el nombre de una ciudad tiene la belleza de lo casi imaginado. La ciudad más tentadora, también imposible a pesar de su cercanía, era Madrid, donde una sala entera del Prado estaba dedicada a El Bosco.

    El Bosco no era un genio solitario y marginal, sobre todo porque los genios solitarios son un invento posterior a él

Cuando al fin pude hacer ese viaje y ver los boscos del Prado todavía me acordaba de muchas de las cosas que había aprendido mientras hacía aquel trabajo, pero de mis expectativas sobre una carrera en la historia del arte no quedaba nada. Entonces sí que pude apreciar de cerca lo que antes sólo había intuido, esa calidad vibrante de la pintura, la fuerza de los colores no ensombrecidos por el paso de siglos, el contraste entre la modernidad del medio —el óleo— y la macabra imaginería medieval que representaba. Cuesta hacerse a la idea de que El Bosco es una generación más joven que Piero della Francesca y coetáneo casi exacto de Leonardo da Vinci. Comparado con ellos, parece muy anterior, menos cercano al Renacimiento que a los bestiarios fantásticos y a los capitales abigarrados de siglos anteriores. Y también pareció, en una época tan dada a la vanidad estética como el siglo XX, que era un predecesor de las alucinaciones y las irracionalidades del surrealismo, ese movimiento en el que abundaron tanto los expertos en autopromoción. El mérito de El Bosco, como el de los profetas del Antiguo Testamento, habría sido anunciar con quinientos años de anticipación a André Breton y sus amigos, y de paso el psicoanálisis y hasta la psicodelia.


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El Bosco, Tentaciones de san Antonio (tabla central del tríptico)


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El Bosco, Huida y error de san Antonio (ala izquierda del tríptico)  -   El Bosco, San Antonio en meditación (ala derecha del tríptico)

En el prólogo a su excelente biografía de Marx, Jonathan Sperber dice que un historiador es alguien "dedicado a entender el pasado en sus propios términos, y cuidadoso de no jugarlo según las concepciones del presente". En el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa, sentado delante del tríptico de Las Tentaciones de san Antonio, yo sentía la apelación turbadora y burlesca de esas imágenes que estaba mirando de cerca por primera vez, en ese estado creciente de excitación que tiene algo de embriaguez visual. Y también me acordaba de mi antiguo proyecto, de la necesidad de saber lo que el pintor y sus contemporáneos veían en ellas. El Bosco no era un genio solitario y marginal, sobre todo porque los genios, solitarios y marginales o no, son un invento varios siglos posterior a su vida. Vivía y trabajaba en su propio tiempo, no en un anticipo defectuoso del nuestro. Hijo y nieto de pintores, y miembro como ellos de un gremio, ejercía su oficio en un sistema de producción muy reglado, en el que ser pintor no tenía nada de particular. Probablemente esa posición estaba reforzada porque vivió siempre en una ciudad provincial, Hertogenbosch, no en uno de los centros que en Flandes o en Italia marcaban los caminos más renovadores en el arte. Y no hay tampoco indicios de que fuera un heterodoxo o un radical religioso o político. Lujos así no podía permitírselos un artesano de la pintura. Era un miembro respetado de la comunidad, y tenía una clientela variada e influyente. De modo que nada de visiones delirantes que no pudieran ser comprendidas por sus contemporáneos, y que debieran esperar varios siglos hasta merecernos a nosotros: la gran mayoría de esos seres que pueblan sus pinturas pertenecen a repertorios simbólicos que eran de conocimiento común en su tiempo. El Bosco no se dedicaba a escandalizar a los biempensantes, como aseguran que hacen algunos de los artistas más celebrados y mejor pagados de la actualidad, sino a representar el mundo de acuerdo con un idioma visual que nos parece indescifrable no porque lo sea, ni porque hubiera nacido de la fiebre visionaria o trastornada de su imaginación, sino porque se ha perdido una gran parte del conocimiento necesario para comprenderlo. De vez en cuando, sus imágenes son traslaciones literales de proverbios en holandés, o incluso de giros o juegos de palabras. Su mundo es el del milenarismo a la vez religioso y político de la tardía Edad Media, el de las danzas de la muerte, las celebraciones carnavalescas, la sátira de la desvergüenza de los frailes, la exigencia de una piedad interiorizada y contemplativa que poco después daría lugar a la Reforma.

    El Bosco no se dedicaba a escandalizar a los biempensantes, como algunos de los artistas más celebrados

Durante meses leí en vano todo lo que pude sobre el mundo y los mundos de los tiempos de El Bosco, sobre símbolos alquímicos y figuras del tarot, sobre la cultura popular que asoma en Erasmo y en Rabelais, con su celebración de lo corporal y lo grotesco, según explicaba con erudición impetuosa el gran Mijaíl Bajtín. Creo que llegué a saberme casi palmo a palmo el tríptico de El carro del Heno, el de El jardín de las delicias, este de Las Tentaciones de san Antonio que no tenía ninguna esperanza de ver porque estaba en la lejanísima Lisboa.

No me sirvió de nada. En aquellos la historia del arte era unas veces un catálogo polvoriento de fechas y títulos y descripciones detalladas y superfluas, y otras veces un rumiar monono de palabrería marxista perfectamente intercambiable, fuera cual fuera la obra, la época o el artista del que se tratara. Había un marxismo rústico que veía la lucha de clases hasta en un apio de Sánchez Cotán y un marxismo de más altos vuelos intelectuales con muchas citas de Althusser y de retorcidos teóricos italianos. Daba igual. En los estudios de historia del arte no había casi nadie que se molestara en mirar una obra de arte o que nos alentara a hacerlo, a descubrir su materialidad irreductible, a intentar comprender el proceso por el cual había llegado a existir. Tan ocupados estaban en asignarles significados ideológicos que no tenían ninguna curiosidad por saber qué habían significado para quienes las hacían, las encargaban, las admiraban.

Ha pasado el tiempo y no sé si queda algún rastro de aquella palabrería estéril: en Lisboa, en la última sala del Museo de Arte Antiguo, permanecen inalterables la maravilla y el misterio de Las tentaciones de san Antonio. Ha valido la pena tardar tantos años.

Por Antonio Muñoz Molina

Fuente: antoniomuñozmolina.es / elpais.com
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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