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Rafael Benjumea (Sevilla, Activo Desde 1845 Hasta 1887)
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Mensaje Rafael Benjumea (Sevilla, Activo Desde 1845 Hasta 1887) 
 
Este pequeño recopilatorio está dedicado al pintor español Rafael Benjumea (Sevilla, hacia 1825, activo desde 1845 hasta 1887). Se especializó en pintura de historia y temas costumbristas, destacando sus cuadros de interiores que recogen sucesos históricos del momento, como La presentación de doña María Isabel de Orleans y Borbón, Presentación y bautizo de la infanta Isabel o Presentación y bautizo de Alfonso xii. Algunos de ellos los rea­lizó, como pintor de cámara, por encargo directo de la reina Isabel II. Concurrió a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1856 a 1864 con numerosos retratos y algunos bocetos y cuadros de composición.

Nace en Sevilla, alrededor de 1825 e inicia su formación artística en 1845 en la Real Academia de Nobles Artes de Santa Isabel de la capital hispalense, siendo alumno aventajado –según los anales de la Academia– de la clase de Natural y «primer premio y calificación de sobresaliente en los estudios superiores de la misma Escuela», según afirma el mismo artista en el catálogo de la Exposición Nacional de 1884.

En 1848, con la instalación de los duques de Montpensier en el sevillano palacio de San Telmo, se acoge al mecenazgo artístico que don Antonio de Orleans instaura en la capital andaluza, recibiendo en 1849 el encargo de plasmar en lienzo dos acontecimientos muy celebrados en la vida familiar de los Montpensier: El bautizo y La presentación a los testigos de la infanta doña Isabel de Orleans y Borbón, primera hija de los duques y futura condesa de París. Dichos cuadros, que adornaron durante años los muros de la biblioteca de los Montpensier y hoy se con¬servan en Patrimonio Nacional, son una verdadera crónica de tal evento ya que, con una minuciosidad sorprendente, están plasmados no sólo los escenarios en que se desarrollaron –la capilla y el salón regio del Alcázar sevillano– sino todos y cada uno de los personajes que asistieron a ambas ceremonias.

En 1850 se traslada a Madrid y comienza a presentarse a las exposiciones de la Academia de Bellas Artes de San Fernando con pequeños cuadros costumbristas. Participa también en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, con dos retratos en la primera edición del año 1856, y con diversos retratos y cuadros de género en las de 1858 y 1860. En esta última recibió una mención honorífica por el Episodio de la guerra de África, cuadro más cercano al género anecdótico que al histórico, a pesar de su título.

Reconocida su habilidad pictórica para los retratos colectivos, es llamado a Palacio para plasmar, a modo de documentos de época, los acontecimientos familiares más singulares de la corte, y así, a lo largo de trece años en que ejerció –aunque sin nombramiento– el cargo de segundo Pintor de Cámara, realizó, además de retratos de dignatarios y diplomáticos, efemérides tan notables como El bautizo y La presentación de la princesa de Asturias, El bautizo de la infanta Concepción, Los reyes Isabel II y Francisco de Asís adoran el Lignum Crucis en el patio de los Reyes del monasterio de El Escorial, El bautizo –cuyo boceto presentó en la Exposición Nacional de 1864– o La presentación del Sr. Príncipe de Asturias; cuadros estos últimos en los que se comprometió a pintar 139 retratos, aunque según el propio pintor

¬fueron «211 retratos tomados directamente del natural». También se dedicó a pintar a la acuarela y al pastel, presentando con esta última técnica dos retratos en la Exposición Nacional de 1884, en cuyo catálogo da una extensa relación de todos los títulos y condecoraciones conseguidas a lo largo de su vida: «Condecorado por el Gobierno de S. M. con la Encomienda de número y ordinaria de la Real orden americana de Isabel la Católica; caballero de la Real y distinguida orden de Carlos III; comendador, cruz y placa de la Real orden militar portuguesa de Nuestro Señor Jesucristo; caballero, cruz y placa de la orden pontificia, militar y ecuestre del Santo Sepulcro; gran medalla de oro del Príncipe de Gales; vocal permanente de la subcomisión de esta corte para la erección de la estatua a Murillo; y comisario regio que ha sido de España en Londres para las Exposiciones internacionales».

La última referencia biográfica conocida es la de 1887 en que, domiciliado en Madrid, envía a la Exposición Nacional de ese año tres óleos: La Eva del día, Retrato D.N.D.B. y

La portada del baptisterio de la catedral de Sevilla y procesión de la Santa Cruz, y una escena de género a la acuarela, titulada A pillo, pillo y ¬medio.


Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor sevillano, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.





Algunas obras



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Galanteo en un puesto de rosquillas de la Feria de Sevilla. Obra de Rafael Benjumea. 1852. Óleo sobre lienzo, 35 x 30 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

El costumbrismo decimonónico andaluz, cuyos precedentes pictóricos se remontan al menos a la centuria anterior, constituye la seña de identidad artística y cultural de una región caracterizada por el pintoresquismo alegre y colorista en el que se funde la tradición rural con la naciente burguesía. La Feria de Abril de Sevilla, explosión profana de alegría primaveral tras la austeridad de la Semana Santa, aglutinó ambas culturas desde su creación en 1847. Por esto, los pintores románticos sevillanos vieron en su representación el ideal iconográfico no sólo de autocomplacencia popular sino también la imagen buscada por los viajeros que llegaban a la ciudad como turistas.

Rafael Benjumea, forma parte de la nómina de pintores sevillanos de pleno romanticismo, formado en la Escuela de la Real Academia de Nobles Artes de Santa Isabel, en la que cursó diversas enseñanzas y obtuvo premios, dedicándose pronto al cultivo de la pintura de costumbres sevillanas, insertándose así en una práctica común desde comienzos del si¬glo XIX. Ello no fue óbice para que cultivase también y simultáneamente el retrato por su vinculación con el palacio de San Telmo, sede de la corte de los Montpensier, a cuyo servicio estuvo para realizar verdaderos cuadros de «historia contemporánea» a modo de «reportajes pictóricos», que le proporcionaron fama y dinero.

Consciente de la importancia de la representación ferial, el pintor acomete esta imagen como aportación convencional a las numerosas representaciones que se habían hecho poco antes por la primera generación romántica sevillana y a su vez como precedente de las posteriores de pleno regionalismo.

Benjumea ha compuesto la escena en clave popular mostrando el ambiente ferial que ayer como hoy está animado tanto por el cante y el baile como por la comida y bebida. De esta suerte, sitúa en primer término la trilogía clásica formada por la vendedora ambulante, de espalda y con mantoncillo de flecos, sentada en silla de enea y ofreciendo rosquillas a la joven pareja formada por el majo de largas patillas, sombrero calañés y embozado en su capa, y la maja, a su izquierda, vestida con vistoso traje en tono rosa de volantes y toquilla de color claro. Al fondo, se divisan diversas casetas de lonas blanquecinas, en una de las cuales aparece un majo sentado sobre burda mesa entre toneles de vino. Fuera, otra vendedora ofrece su producto sentada en el suelo. Coronan la escena la bandera rojigualda que emerge de entre las casetas y la Giralda que destaca galana y esbelta, ambas como referencia al carácter nacionalista del costumbrismo sevillano.



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Baile en una venta. Obra de Rafael Benjumea. 1850. Óleo sobre lienzo, 46 x 65 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

En el interior de un modesto ventorrillo, una joven danza al son de sus castañuelas y del pandero que toca una mujer, jaleada por los numerosos concurrentes del mesón. Mientras, una tañedora de guitarra ha interrumpido su toque para atender a un viajante, sentado junto a ella. El traje de la bailarina y el vistoso tocado con que se adorna el cabello indican que se trata seguramente de una artista ambulante, que viaja acompañada de las otras dos mujeres para actuar de venta en venta. De la viga central de la estancia cuelgan dos paletillas, viéndose al fondo una alacena con diverso ajuar de cacharrería y vajilla.

Pintado en 1850, recién llegado Benjumea a Madrid, este lienzo representa espléndidamente una de las facetas más interesantes y sin embargo menos valoradas del pintor sevillano, conocido principalmente como retratista discreto y autor de espectaculares cuadros de ceremonias cortesanas. Benjumea encuentra, sin embargo, su personalidad artística más auténtica en este tipo de pintorescas escenas de costumbres andaluzas, de evidente sabor popular y atractivo, que inundaron el mercado del arte durante las décadas centrales del siglo XIX y en las que se fraguaron algunos de los artistas más destacados del romanticismo andaluz.

Por su temprana fecha, esta pintura señala de alguna manera a Benjumea, junto a Manuel Cabral Aguado Bejarano (1827-1891), como uno de los pioneros de este tipo de obras, en la línea de lo que, avanzada esta década, comenzarían a pintar otros artistas como los Bécquer o el también sevillano Manuel Rodríguez de Guzmán (1818-1867), que se convertiría en el maestro máximo e indiscutible de las escenas folclóricas de costumbres en la pintura sevillana de su tiempo. Precisamente, la presente pintura de Benjumea recuerda muchas de las características que identificarán el estilo más personal de este último maestro, como la corporeidad de los personajes, de modelado rotundo y dibujo muy marcado, la brillantez del colorido y, sobre todo, el detallismo descriptivo con que están tratados tanto las figuras como todos y cada uno de los elementos accesorios de la composición, subrayando así su sabor pintoresco o su contenido anecdótico. En efecto, desde la minuciosidad con que están descritos los distintos tipos y sus indumentarias, hasta detalles como la cacharrería del vasar, el empedrado y el sumidero del suelo, los adornos del cabello de las mujeres, la sombra de la argolla de la pared o los tratantes que conversan en la habitación en penumbra que se abre al fondo, todo está tratado con especial primor por el pincel del artista, que se muestra especialmente acertado en los detalles más anecdóticos, como las actitudes desenfadadas de algunos personajes, el gesto pícaro y complacido del mesonero apostado tras el mostrador o el famélico lebrel que mete el hocico en un caldero para rebañar las sobras de su fondo. La destreza de Benjumea en la distribución espacial de los personajes y en el manejo de la luz que penetra por el ventanuco de la izquierda y baña la estancia produciendo algunos contraluces de gran efecto –como la figura de la mujer en jarras que contempla el baile– logra atenuar algunas deficiencias de dibujo, especialmente apreciables en el encaje de algunos rostros, como el de la bailarina protagonista, que vuelve un tanto forzadamente la cabeza para mirar al espectador.

Como sugiere Piñanes, este lienzo podría tratarse de uno de los tres cuadros de costumbres andaluzas presentados por Benjumea el mismo año de 1850 en la Exposición Anual de la Academia de San Fernando de Madrid.

En el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana se conserva una versión simplificada y con variantes de esta misma composición, en la que se sustituye la figura de la bailarina y se modifica el escenario, que se convierte en un espacio exterior.

carmenthyssenmalaga.org / Ana Gutiérrez, Gerardo Pérez Calero y José Luis Díez  



Otras obras


(No he conseguido la imagen)

Don Adelardo López de Ayala, ministro de Ultramar, óleo sobre lienzo, 113 x 86 cm, firmado, 1880. Museo Nacional del Prado (en dep. en el Museo de La Rioja, Logroño)


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Escena de mercado con la catedral de Sevilla al fondo. 1856. Óleo sobre lienzo, 44 x 34 cm. Colección privada. Obra de Rafael Benjumea


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Escena de taberna andaluza. 1856. Óleo sobre lienzo, 44 x 34 cm. Colección privada. Obra de Rafael Benjumea



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor español Rafael Benjumea (Sevilla, hacia 1825, activo desde 1845 hasta 1887). Se especializó en pintura de historia y temas costumbristas, destacando sus cuadros de interiores que recogen sucesos históricos del momento, como La presentación de doña María Isabel de Orleans y Borbón, Presentación y bautizo de la infanta Isabel o Presentación y bautizo de Alfonso xii. Algunos de ellos los rea­lizó, como pintor de cámara, por encargo directo de la reina Isabel II. Concurrió a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1856 a 1864 con numerosos retratos y algunos bocetos y cuadros de composición.



Fuentes y agradecimientos: carmenthyssenmalaga.org, museodelprado.es, arcadja.com y otras de Internet.
 




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