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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Extranjeros. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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Paul Delvaux (1897-1994)
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Este trabajo recopilatorio está dedicado a Paul Delvaux (23 de septiembre de 1897 - 20 de julio de 1994) fue un pintor belga neoimpresionista y expresionista en sus comienzos, se orientó posteriormente, influido por René Magritte y E. L. T. Mesens, hacia un surrealismo clásico: su pintura se caracteriza por desnudos femeninos en ambientes oníricos y desdibujados, cargados de un erotismo latente y figuras idealizadas.


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Nació en la ciudad de Antheit, provincia de Lieja, hijo de un abogado. Estudió entre 1920 y 1924 pintura y arquitectura en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, donde siguió los cursos de Constant Montald.

El joven Delvaux recibió clases de música, estudió griego y latín, absorbiendo la ficción de Julio Verne y la poesía de Homero. Toda su obra resultó influida por estas lecturas, comenzando por sus primeros dibujos con escenas mitológicas.

Estudió en la Academia real de Bellas Artes de Bruselas, aunque en el departamento de arquitectura debido a que sus padres desaprobaban su deseo de ser pintor. A pesar de ello, consiguió su objetivo, acudiendo a clases de pintura de Constant Montald y Jean Deville. Los pintores Frans Courtens y Alfred Bastien también le animaron. Sus obras de este periodo fueron sobre todo paisajes naturalistas.

Fue nombrado director de la Academia real de bellas Artes en 1965.

En 1982 se inauguró el Museo Paul Delvaux en San Idesbaldo. Delvaux murió en Veurne en 1994.


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Paul Delvaux firmando autógrafos (1972).


Trayectoria como pintor


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Acabó unos ochenta cuadros entre 1920 y 1925, siendo este último año el de su primera exposición individual. Sus primeras obras estuvieron influenciadas por el impresionismo y por el expresionismo alemán que conoció a través de Gustave de Smet.

En 1934 participó en la exposición Minotauro de Bruselas junto con René Magritte, Salvador Dalí, Max Ernst, Joan Miró y Balthus, operándose en él un cambio que le llevó a destruir la mayor parte de su obra primitiva.


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Paul Delvaux - Autorretrato - 1937

Las pinturas de Delvaux de finales del los años veinte y principios de los treinta, que presentan desnudos en paisajes, están fuertemente influidos por expresionistas flamencos como Constant Permeke y Gustave De Smet. Un cambio de estilo alrededor de 1933 refleja la influencia del «arte metafísico» de Giorgio de Chirico, a quien había conocido por vez primera en 1926 o 1927.2 A principios de la década de los treinta, Delvaux encontró más inspiración en sus visitas a la Feria de Bruselas, donde el Museo Spitzner, un museo de curiosidades médicas, mantenía un stand en el que se mostraban esqueletos y una figura de Venus mecánica en un escaparate con cortinas de terciopelo rojo. Este espectáculo cautivó a Delvaux, proporcionándole motivos que aparecerían a lo largo de su obra posterior.3 A mediados de los años treinta comenzó a adoptar algunos de los motivos de su compatriota belga Magritte,4 así como el estilo inexpresivo de dicho pintor al presentar las yuxtaposiciones más inesperadas de objetos por lo demás ordinarios. Encontró en James Ensor y, sobre todo, en René Magritte y Giorgio de Chirico, la inspiración de un estilo al que permanecería fiel hasta el final de su vida, calificado como realismo mágico.

Delvaux reconoció sus influencias, diciendo de Chirico, "Con él me di cuenta de que era posible, el clima que tenía que desarrollarse, el clima de calles silenciosas con sombras de personas que no pueden verse, nunca me he preguntado si es surrealista o no."5 Aunque Delvaux se asoció durante un tiempo con el grupo surrealista belga, no se consideraba a sí mismo "un surrealista en el sentido escolástico de la palabra."6 Tal como dice Marc Rombaut: "Delvaux... siempre mantuvo una relación íntima y privilegiada con su infancia, que es la motivación subyacente de su obra y siempre consigue que salga a la superficie. Esta 'infancia,' que existe dentro de él, le llevó a la dimensión poética en el arte."6

La fuite (1936) fue una de las primeras obras pintadas con este nuevo estilo, enriquecido durante su viaje a Italia en 1938 y con referencias a la arquitectura antigua y al tema de los paisajes desiertos con ruinas (La ville endormie, 1938).


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Dos obras de Paul Delvaux

Las pinturas de Delvaux se hicieron famosas al representar mujeres desnudas que miran fijamente como si estuvieran hipnotizadas, con gestos misteriosos, a veces reclinadas de manera incongruente en una estación de ferrocarril o vagando por edificios clásicos. A veces las acompañan esqueletos, hombres con sombreros de hongo, o científicos tomados de las historias de Verne.7 Delvaux repetiría variaciones sobre estos temas durante el resto de su larga vida, aunque pueden reconocerse algunos alejamientos. Entre ellos están sus pinturas de 1945-47, realizadas en un estilo aplanado de efectos de perspectiva forzada y distorsionada, y la serie de crucifixiones y deposiciones de la Cruz protagonizadas por esqueletos, pintada durante los años 1950.

A finales de los años cincuenta produjo una serie de escenas nocturnas, en las que hay trenes que mira una niña vista desde atrás. Estas composiciones no tienen nada que sea abiertamente surrealista, y aun así la claridad de detalle a la luz de la luna tiene un efecto de alucinación. Los trenes han sido siempre un tema de interés para Delvaux, quien nunca olvidó lo maravilloso que le pareció, siendo un niño pequeño, cuando vio los primeros tranvías eléctricos en Bruselas.

En 1959 ejecutó un mural para el Palais du Congrès en Bruselas, uno de sus encargos decorativos a gran escala más destacados.
Legado

La técnica de Delvaux es precisa y seca. Su academicismo, voluntariamente anacrónico, acentúa por su falsa ingenuidad el erotismo latente en sus obras. En ellas se representan cuerpos femeninos estereotipados, mudos y estáticos dentro de un marco estrictamente definido, al que a veces se añade una penumbra misteriosa e inquietante, un hombre vestido (tal vez el doble del artista) que les ignora o les mira impasible.

La obra de Delvaux se conserva tanto en colecciones públicas belgas como en la Tate Gallery de Londres, el Museo Nacional de Arte Moderno de París y el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En España, su única obra expuesta en colecciones públicas se conserva en el Museo Thyssen-Bornemisza.


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En 1982 se inauguró en San Idesbaldo (Bélgica) un museo dedicado a este artista.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor extranjero, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.




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Paul Delvaux in Veurne





Algunas obras


Paul Delvaux en el Museo Thyssen de Madrid

Paul Delvaux (Antheit, 1897-Furnes, 1994) Paul Delvaux fue uno de los principales representantes del surrealismo en Bélgica. Procedente de una familia de abogados, tuvo que convencer a su padre para que le permitiese acceder a la Académie Royale des Beaux-Arts de Bruselas. Allí, y tras un breve periodo dedicado a la arquitectura, se decidió a estudiar pintura decorativa, graduándose en 1924. En sus primeras obras estuvo presente la influencia de expresionistas flamencos, como Constant Permeke y Gustave de Smet, que constituían la vanguardia belga del momento. El contacto con el expresionismo haría que desde entonces en Delvaux primase un interés por la representación del ser humano, en su caso centrado especialmente en la figura de la mujer, algo que se mantendría como una constante a lo largo de su obra

Cuando,. a mediados de la década de 1930, Delvaux descubrió el surrealismo a través de la obra de René Magritte y la pintura metafísica de Giorgio de Chirico, sintió la «libertad de transgredir la lógica racionalista» a la que hasta entonces se había sentido ligado. A pesar de no haber sido un miembro ortodoxo del grupo, participó en la Exposition Internationale du Surréalisme organizada por André Breton y Paul Éluard en París en 1938 y en las muestras que siguieron en Amsterdam y México

La. obra de Delvaux destaca por su unidad estilística. El realismo verista de sus obras nos remonta a un mundo onírico, con seres tan aislados y ensimismados, que parecen sonámbulos. Son figuras cuyos ojos no comunican nada, que parecen mirarse a sí mismas y que se sitúan generalmente en escenarios nocturnos. Tanto su obra pictórica tardía, como los grabados que realizó al final de su vida, continuaron en la misma línea con la que había comenzado su trabajo en los años treinta. Tras numerosas exposiciones y reconocimientos en su país natal y en el extranjero, en 1982 se abrió al público el Musée Paul Delvaux en Saint-Idesbald.  



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El viaducto. Paul Delvaux. 1963. Óleo sobre lienzo, 100,3 x 130,8 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Delvaux pinta este cuadro en marzo de 1963, época en la que de nuevo vuelve a interesarse por el tema de las estaciones y los trenes, que ya había tratado mucho antes. Hacia 1920, cuando estaba cursando estudios en la Academia, adquiere la costumbre de trabajar sobre este tema en la estación de Luxemburgo de Bruselas. Más adelante se inspira en la pequeña estación forestal de Boistfort, término municipal de Bruselas en el que reside. Es imposible evocar el universo de Delvaux sin hacer referencia a los trenes, pues éste es un tema recurrente en toda su obra. En él se nos revela como pintor de la realidad, de una realidad minuciosa. Delvaux no deja ningún detalle al azar y estudia a fondo cada elemento. Manda que le hagan maquetas de trenes y tranvías que ocupan un lugar privilegiado en su estudio, junto a un esqueleto, otro importante elemento de inspiración. De este modo puede copiarlos cuidadosamente e integrarlos en sus cuadros, según le convenga. El viaducto es una obra muy interesante, pues reúne en una misma composición, muy densa, todos los elementos que pueblan el mundo del artista: la lámpara colgada que adornaba las casas de su infancia, el ambiente fantástico e insólito de las estaciones al anochecer, el misterioso tren que pasa y cierra el horizonte con sus extrañas humaredas, el espejo que devuelve la imagen de otro mundo, de otra realidad. Y también la ausencia. Todo está paralizado, inanimado, a la espera de un acontecimiento que no acaba de producirse y el cuadro asusta y fascina al mismo tiempo, pues lo habita la poesía. En las casas se ve luz, pero se diría que ningún ser humano vive en ellas. Ninguna vida anima esta composición construida como una escena teatral. Tenemos un primer plano, con la presencia irreal de ese extraño espejo situado en una calle o bajo una marquesina, y el decorado del fondo: un tren que pasa como si flotase en el cielo de la noche. Este universo tan particular está construido de manera sencilla y real, pero los contrastes existentes entre los elementos reales y su ensamblaje es anacrónico; el artista crea lo irreal, el «sueño despierto», la poesía. A través de la imagen Delvaux revela el misterio, fuente de poesía y de extrañamiento, pues, aunque todos los elementos del cuadro son realistas, el conjunto de la imagen no lo es. El mundo onírico y el mundo natural se funden uno en otro, engendrando de este modo lo extraordinario. En su obra, ya no existen ni el tiempo ni las épocas. Toda lógica queda abolida en beneficio de la expresividad y del significado real de la obra: la evocación poética. Delvaux, el hombre, el artista, es un mundo de sensaciones, de impresiones, de huellas grabadas en lo más profundo del ser. Hunde sus raíces en la infancia, el recuerdo, la memoria. Todo existe, todo tiene nombre, todos lo conocen todo y pueden acercarse a todo, pero Delvaux, como un mago, trastorna el orden establecido, la jerarquía de los géneros, reúne lo que normalmente no va unido, acerca los contrarios, cambia el curso de la historia y se burla del tiempo y del espacio. Con los materiales tradicionales, crea lo que se ha dado en llamar «el mundo de Delvaux». Un universo propio que no será imitado, un universo consagrado a una diosa única: la Poesía. Una vez conquistado, este reino será inconmovible, penetrará en todas las obras a partir de 1935 y se seguirá desarrollando hasta las creaciones de los últimos años del artista.



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Mujer ante el espejo. Paul Delvaux, 1936. Óleo sobre lienzo, 71 x 91,5 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Mujer ante el espejo de Paul Delvaux, que, según Suzanne Houbart-Wilkin, fue pintado a finales de 1936, repite una composición habitual en la producción del pintor: una figura femenina desnuda delante de un espejo. El simbolismo del espejo ha sido un recurso alegórico frecuente en la historia de la pintura occidental, y para Delvaux, como señalaba Konrad Schreumann, «el espejo es fuente de conocimiento, el instrumento que nos descubre nuestra conciencia». Por otra parte, como hacía notar Barbara Emerson, la joven del cuadro no mira al espejo, mientras que la imagen de su propio rostro que le devuelve el espejo, rodeado por una banda de encaje, sí que la mira a ella. Esto es, ambas mujeres son seres reales, ya que poseen miradas independientes. Para Delvaux el espejo será, por tanto, la forma de abrir la imaginación a un mundo más realista que la propia realidad.

La misteriosa pintura de este surrealista belga, cercana al realismo mágico, asienta sus bases en la pintura manierista y barroca y en el simbolismo literario de Gustave Moreau. A esto se debe añadir la huella que deja en él la pintura metafísica de De Chirico y el enigmático surrealismo de su compatriota René Magritte, con quien comparte la deliberada asociación incongruente de los diferentes objetos y personajes del cuadro para producir determinados efectos psicológicos. Las enigmáticas mujeres que aparecen en las obras de Delvaux, cargadas de metáforas a veces difíciles de interpretar, adoptan generalmente el aspecto de esfinges, ninfas o sílfides, en unas composiciones de un erotismo velado. Christopher Green pone en relación esta representación de Mujer ante el espejo con el mito de Edipo y la esfinge, en especial con el tratamiento del tema que hace Ingres en su pintura del Louvre, también ambientada en una tenebrosa gruta. Aquí, la exagerada visión en perspectiva y la forma fálica que adopta el orificio de la cueva también han sido interpretadas en clave erótica.



Más obras de Paul Delvaux


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A los 21 años, el pintor Courten convenció a los padres de Delvaux para que lo enviaran a estudiar a la Academia de Bellas Artes de Bruselas, donde posteriormente fue profesor (1950-1962). Empezó pintando casi exclusivamente paisajes, para pasar a practicar una especie de realismo impresionista. En los años treinta notó la influencia del expresionismo flamenco, y, bajo la influencia de De Chirico y Magritte, una década más tarde, ya participaba en exposiciones surrealistas. Considerado uno de los grandes maestros del surrealismo, junto con Dalí y Magritte. Su técnica, casi académica, contrasta con su afición por los temas misteriosos y por la plasmación de un mundo onírico y personal en el que la mujer se configura como un ser arcano, a veces sometido a metamorfosis vegetales, en una atmósfera inquietante marcada por un cierto erotismo (Esqueletos, Jardín nocturno, La tentación de San Antonio). A causa de la pérdida progresiva de la vista, Delvaux dejó de pintar desde 1986, y su última gran exposición retrospectiva fue en París, en 1992. Falleció el 20 de julio de 1994 a los 96 años, en Furnes, Bélgica.


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Pygmalion. Paul Delvaux. 1939. Óleo sobre tabla, 117 x 147.5 cm. Musées Royaux de Beaux-Arts. Bruselas.


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El Despertar del Bosque. Paul Delvaux. 1939. Óleo sobre lienzo, 170.2 x 225.4 cm. Instituto de Arte de Chicago.


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The congress. Obra de Paul Delvaux. Como podemos observar en todas sus obras, destaca el desnudo, es decir, es un congreso donde el mayor número de personas va sin ropa mostrando que no tienen miedo a mostrar su cuerpo, antecedente característico de las obras de Delvaux.


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Las fases de la luna - II. Paul Delvaux. 1942. Óleo sobre lienzo, 143 x 175 cm. Galería Patrick Derom. Bruselas.


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El amanecer. Paul Delvaux. 1943. Óleo sobre lienzo, 80 x 100 cm. Colección particular.


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'La Anunciación'. Paul Delvaux, 1955, obra de Paul Delvaux. Musée des Beaux-Arts de Charleroi.


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'Palacio en ruinas'. Paul Delvaux, 1935 La influencia de Chirico se palpa en la arquitectura, a la que Delvaux da un tratamiento teatral y cinematográfico. 'Palacio en ruinas' es su primer trabajo puramente surrealista. La antigua casa señorial, en un paisaje desértico y con una figura femenina abandonada de color piedra, parece producto de un sueño. Musée d’Ixelles, Bruselas.


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'El retiro'. Paul Delvaux, 1973, óleo del artista belga. Colección privada.


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'Las amigas'. Paul Delvaux, 1940. Su relación con las mujeres fue difícil y las muchachas enigmáticas y hermosas que representa juegan el rol de amor platónico. Su obra contiene obras (sobre todo dibujos) en las que hay implícitas o se manifiestan con claridad relaciones lésbicas, algo que algunos expertos relacionan con la decepción del artista con las relaciones heterosexuales. Musée d’Ixelles, Bruselas.


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'La edad de hierro'. Paul Delvaux, 1951 Nacido en una época de pleno desarrollo del ferrocarril, Delvaux a menudo plasmó este símbolo de la modernidad. En los años veinte adoptó la Estación de Luxemburgo en Bruselas como no de sus temas preferidos e incluso trabajó allí pintando al aire libre. En los años cuarenta regresó a los trenes con su técnica ya depurada, combinando las estaciones y los trenes con enigmáticas mujeres. Mu.Zee, Oostende.


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'Crucifixión'. Paul Delvaux, 1954. Fascinado por la expresividad y la ironía de los huesos, Delvaux realiza versiones de la Pasión de Cristo con esqueletos. Expuesta en 1954 en la Bienal de Venecia, la serie provocó un escándalo sin que el autor lo pretendiera, el cardenal Roncalli (después el Papa Juan XXIII) condenó las obras por herejía. Musée d’Ixelles, Bruselas.


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'La Venus dormida I'. Paul Delvaux, 1932, la primera obra de Delvaux con uno de sus motivos más famosos, la Venus yacente. Musée d’Ixelles, Bruselas.


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'¿El incendio?'. Paul Delvaux. Recientemente se pudo confirmar que el lienzo (hasta hace poco perdido) es la mitad izquierda de otro que el artista cortó antes de exponer ese mismo año. Las dos partes de expusieron juntas por primera vez el año pasado en el Musée d'Ixelles y ahora se pueden ver en la muestra del Museo Thyssen de Madrid (Paul Delvaux - © Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique, Bruselas


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'El incendio'. Paul Delvaux, 1935, el cuadro de Delvaux que resultó tener una mitad perdida (© Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique, Bruselas.


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Artworks Sorted by Year. 1962. Obra de Paul Delvaux.


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Leda. Paul Delvaux. 1948. Tate Gallery. Londres.


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La Venus dormida. Paul Delvaux. 1944. Òleo sobre lienzo,  173 x 199 cm. Tate Gallery. Londres.


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The Natural History Museum. 1943. Obra de Paul Delvaux.


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Tribute to Jules Verne.1971. Obra de Paul Delvaux.


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The Musee Spitzner. 1943. Obra de Paul Delvaux.


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Call. 1944. Obra de Paul Delvaux.


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City Worried. 1941. Obra de Paul Delvaux.


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Large Nude Pink. 1960. Obra de Paul Delvaux.


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Soledad - Loneliness. 1956. Óleo sobre tabla, 99.5 x 124 cm. Musee des Beaux Arts de Mons. Obra de Paul Delvaux.


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Nodes rose. 1937. Obra de Paul Delvaux.


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Phases of the Moon. 1939. Obra de Paul Delvaux.


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La voz pública. Obra de Paul Delvaux.


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The summer. 1938. Obra de Paul Delvaux.


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The lady of loos. 1969. Obra de Paul Delvaux.


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The office of evening. 1971. Obra de Paul Delvaux.


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The skeleton has the shell. 1944. Obra de Paul Delvaux.


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The Natural History Museum. 1943. Obra de Paul Delvaux.


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Landscape with Lanterns. Obra de Paul Delvaux.


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Skeletons in an office. 1944. Obra de Paul Delvaux.




Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado a Paul Delvaux (1897-1994) fue un pintor belga neoimpresionista y expresionista en sus comienzos, se orientó posteriormente, influido por René Magritte y E. L. T. Mesens, hacia un surrealismo clásico: su pintura se caracteriza por desnudos femeninos en ambientes oníricos y desdibujados, cargados de un erotismo latente y figuras idealizadas.



Fuentes y agradecimientos: museothyssen.org, 20minutos.es, epdlp.com, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, ballardian.com, tate.org.uk, universolamaga.com, wikiart.org, biblioklept.org y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Paul Delvaux en el Thyssen, poética de esqueletos y sexo imaginado

El museo Thyssen define en una retrospectiva el universo de Paul Delvaux
La muestra puede visitarse entre el 24 de febrero y el 7 de junio
La colección del belga Pierre Ghêne nutre el grueso de la exposición




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Paul Delvaux, 'Las sombras', (1965)

Un mundo algo surrealista habitado por mujeres desnudas de grandes pechos que parecen la misma mujer y esqueletos que parecen el mismo esqueleto recorriendo paisajes hipóstilos del pasado clásico mezclados con estaciones ferroviarias en las que figura como una constante un vagón que parece el mismo vagón. “Uno se siente llamado a vivir en el mundo de Paul Delvaux, a habitarlo, a explorarlo”, confiesa a RTVE.es Guillermo Solana, director artístico del museo Thyssen-Bornemisza.

Solana reflexiona sobre el armazón iconográfico que sostiene el universo del pintor belga Paul Delvaux (1897-1994), reunido y organizado de manera excepcional en la exposición Paul Delvaux, paseo por el amor y la muerte, que podrá visitarse en el museo Thyssen entre el 24 de febrero y el 7 de junio.

La muestra distribuye temáticamente más de medio centenar de obras en cinco salas “que concentran los núcleos del imaginario del pintor”, describe el responsable: Venus yacente y El doble (parejas y espejos), ambas pobladas de desnudos femeninos, Arquitecturas con reminiscencias del mundo clásico, Estaciones, una irrupción de trenes y andenes surrealista, y los esqueletos de El armazón de la vida.

Entre las pinturas, La Venus dormida I realizada en 1932 "marca el inicio del estilo que caracteriza al pintor", explica Solana, y aclara los orígenes del motivo: una visita que Delvaux realiza al museo Spitzner en Bruselas, "una especie de museo médico y morboso, excéntrico y ambulante, donde hay una Venus de cera que respira, un esqueleto, una serie de dispositivos que muestran los efectos de las enfermedades venéreas, y a partir de ahí empieza su serie de Venus dormidas de las que pintará hasta cinco a lo largo de su vida”.


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Paul Delvaux, "Crucifixión", (1954)


Expresionismo, surrealismo y Delvaux

“En los años 20 le influye Modigliani. También empieza a meterse en el mundo del expresionismo flamenco influido por Permeke y Smet, pero en el año 34 descubre a los surrealistas en la exposición Minotaure”, apunta Solana. A partir de este momento el artista belga define sobre el lienzo un imaginario que le acompañaría durante una larga vida. Una existencia que atraviesa la gran tormenta que es el arte moderno durante el siglo XX sin sufrir erosiones.

“En Delvaux hay muy pronto una fascinación por lo griego, por la Acrópolis, por Pompeya, por la resurrección del mundo antiguo, un mundo un poco de ruinas, muerto y resucitado, como lo son sus propias figuras, que parecen volver del más allá”, describe el responsable, y continúa definiendo las sensaciones que evocan los personajes que habitan ese escenario como “el misterio del amor y la fascinación por el sexo de un adolescente melancólico”.

La feminidad de Mujer ante el espejo (1936) y La escalera (1946), convive sin disparidad con las calaveras que protagonizan Crucifixión (1954) o Los esqueletos (1944). Delvaux encadena los rostros de sus mujeres a una ausencia onírica pero equipa sus cuerpos con pechos que hablan en voz alta. Y mientras ellas se deslizan en algún lugar del espacio-tiempo psicológico, una legión de esqueletos toma el mando de lo cotidiano.

"El artista dice que sus esqueletos no son la muerte, él quiere sacarlos un poco del encasillamiento. Manifiesta que para él son la estructura del hombre, y esto remite al puro placer artístico y lúdico de dibujar el esqueleto. Son esqueletos animados, vivos”, aclara el director artístico y añade: “Hay una especie de humor negro, algo de la fantasía de Tim Burton de La novia cadáver, algo de broma macabra”.


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Paul Delvaux, 'El sueño', (1944)


El sexo de un voyeur y la devoción del coleccionista

“El propio Delvaux no explica sus cuadros", reflexiona Solana, y continúa: "El artista es un gran pintor erótico, y decía que, para él, la pintura era el sentimiento poético. Eso fue algo que le ayudaron a descubrir los surrealistas, la poesía en la pintura. Delvaux menciona en muchas ocasiones la búsqueda de un sentimiento, la búsqueda de una atmósfera. El consigue esto a través de elementos figurativos obsesivos, que vienen en muchos casos de su infancia, que son irracionales, que no se sabe explicar cual es su atractivo pero que estan ahí siempre”.

Una diversidad concretada en una forma de crear que también sedujo a Pierre Ghêne, quien desde la década de los 70 alimenta una colección de este autor que ya sume centenares de obras, la mayor parte de ellas en el museo de Ixelles en Bruselas. Solana relata la relación que llevó a la muetra que ahora ofrece el Thyssen: “Tras su colaboración en la exposición de El surrealismo y el sueño, que ofrecimos 2012, Pierre Ghêne nos sugirió esta posibilidad y puso a disposición su colección (…) de esta manera hemos podido montar esta retrospectiva con un presupuesto razonable”.

"Hay un puñado de 7 a diez obras maestras muy icónicas. Con obras desde los años 30 hasta los años 70, están reunidos los temas esenciales”, pero el mundo del pintor belga también atrapó a otros, rememora Solana: “Michel Butor en un catálogo de Delvaux hace varias décadas construyó una ficción a través de los cuadros del pintor y de sus personajes. Cada uno de sus cuadros es como el comienzo de una historia”.

“Delvaux es un gran creador de mundos”, declara Solana, pero “era un solitario reprimido y es más un mundo de voyerismo y de exploración, entre deseante y un poco ansiosa del mundo del sexo y el mundo femenino”.

Para él el pudor acaba tras el pelo del pincel, y sobre la trama del lienzo "las mujeres de Delvaux son tremendas, inquietentes, monumentales, con esos grandes ojos, un poco sirenas, que llaman quién sabe a qué, quizás al desastre”, relata Guillermo Solana.


rtve.es
 




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Post Re: Paul Delvaux (1897-1994) 
 
Fechas: Del 24.02.2015 al 07.06.2015 / Paul Delvaux: paseo por el amor y la muerte. Más de medio centenar de obras marcadas por el inconfundible carácter onírico que el artista belga supo imprimir a su pintura. Colección privada en depósito en el Musée d’Ixelles, Bruselas



Paul Delvaux en el Museo Thyssen



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El Museo Thyssen-Bornemisza presenta una exposición dedicada al pintor belga Paul Delvaux (1897-1994), un artista representado tanto en la colección permanente del Museo (Mujer ante el espejo, 1936) como en la colección Carmen Thyssen (El viaducto, 1963). Tras una primera etapa marcada por el expresionismo flamenco, Delvaux descubrió el surrealismo y experimentó la influencia de Magritte y Giorgio de Chirico. El mundo de Delvaux tiene un inconfundible carácter onírico. Sus figuras femeninas vagan como sonámbulas por escenarios nocturnos, ofreciendo a la mirada del espectador su desnudez a la vez fría y sensual. Realizada en colaboración con el Musée d’Ixelles, esta exposición reúne más de medio centenar de obras del pintor, procedentes de colecciones públicas y privadas de Bélgica, y especialmente de la colección Ghêne. En ella se recorren cinco grandes temas de la iconografía de Delvaux entre Eros y Tánatos: la Venus yacente; la obsesión por el Doble; las arquitecturas clásicas y las estaciones de ferrocarril; y finalmente la Danza de la muerte.


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'La Venus endormie' de Paul Delvaux, en el Thyssen

Paul Delvaux (Antheit, 1897-Furnes, 1994) Paul Delvaux fue uno de los principales representantes del surrealismo en Bélgica. Procedente de una familia de abogados, tuvo que convencer a su padre para que le permitiese acceder a la Académie Royale des Beaux-Arts de Bruselas. Allí, y tras un breve periodo dedicado a la arquitectura, se decidió a estudiar pintura decorativa, graduándose en 1924. En sus primeras obras estuvo presente la influencia de expresionistas flamencos, como Constant Permeke y Gustave de Smet, que constituían la vanguardia belga del momento. El contacto con el expresionismo haría que desde entonces en Delvaux primase un interés por la representación del ser humano, en su caso centrado especialmente en la figura de la mujer, algo que se mantendría como una constante a lo largo de su obra

Cuando,. a mediados de la década de 1930, Delvaux descubrió el surrealismo a través de la obra de René Magritte y la pintura metafísica de Giorgio de Chirico, sintió la «libertad de transgredir la lógica racionalista» a la que hasta entonces se había sentido ligado. A pesar de no haber sido un miembro ortodoxo del grupo, participó en la Exposition Internationale du Surréalisme organizada por André Breton y Paul Éluard en París en 1938 y en las muestras que siguieron en Amsterdam y México

La. obra de Delvaux destaca por su unidad estilística. El realismo verista de sus obras nos remonta a un mundo onírico, con seres tan aislados y ensimismados, que parecen sonámbulos. Son figuras cuyos ojos no comunican nada, que parecen mirarse a sí mismas y que se sitúan generalmente en escenarios nocturnos. Tanto su obra pictórica tardía, como los grabados que realizó al final de su vida, continuaron en la misma línea con la que había comenzado su trabajo en los años treinta. Tras numerosas exposiciones y reconocimientos en su país natal y en el extranjero, en 1982 se abrió al público el Musée Paul Delvaux en Saint-Idesbald.  



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Paul Delvaux - El viaducto. 1963. Óleo sobre lienzo, 100,3 x 130,8 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Delvaux pinta este cuadro en marzo de 1963, época en la que de nuevo vuelve a interesarse por el tema de las estaciones y los trenes, que ya había tratado mucho antes. Hacia 1920, cuando estaba cursando estudios en la Academia, adquiere la costumbre de trabajar sobre este tema en la estación de Luxemburgo de Bruselas. Más adelante se inspira en la pequeña estación forestal de Boistfort, término municipal de Bruselas en el que reside. Es imposible evocar el universo de Delvaux sin hacer referencia a los trenes, pues éste es un tema recurrente en toda su obra. En él se nos revela como pintor de la realidad, de una realidad minuciosa. Delvaux no deja ningún detalle al azar y estudia a fondo cada elemento. Manda que le hagan maquetas de trenes y tranvías que ocupan un lugar privilegiado en su estudio, junto a un esqueleto, otro importante elemento de inspiración. De este modo puede copiarlos cuidadosamente e integrarlos en sus cuadros, según le convenga. El viaducto es una obra muy interesante, pues reúne en una misma composición, muy densa, todos los elementos que pueblan el mundo del artista: la lámpara colgada que adornaba las casas de su infancia, el ambiente fantástico e insólito de las estaciones al anochecer, el misterioso tren que pasa y cierra el horizonte con sus extrañas humaredas, el espejo que devuelve la imagen de otro mundo, de otra realidad. Y también la ausencia. Todo está paralizado, inanimado, a la espera de un acontecimiento que no acaba de producirse y el cuadro asusta y fascina al mismo tiempo, pues lo habita la poesía. En las casas se ve luz, pero se diría que ningún ser humano vive en ellas. Ninguna vida anima esta composición construida como una escena teatral. Tenemos un primer plano, con la presencia irreal de ese extraño espejo situado en una calle o bajo una marquesina, y el decorado del fondo: un tren que pasa como si flotase en el cielo de la noche. Este universo tan particular está construido de manera sencilla y real, pero los contrastes existentes entre los elementos reales y su ensamblaje es anacrónico; el artista crea lo irreal, el «sueño despierto», la poesía. A través de la imagen Delvaux revela el misterio, fuente de poesía y de extrañamiento, pues, aunque todos los elementos del cuadro son realistas, el conjunto de la imagen no lo es. El mundo onírico y el mundo natural se funden uno en otro, engendrando de este modo lo extraordinario. En su obra, ya no existen ni el tiempo ni las épocas. Toda lógica queda abolida en beneficio de la expresividad y del significado real de la obra: la evocación poética. Delvaux, el hombre, el artista, es un mundo de sensaciones, de impresiones, de huellas grabadas en lo más profundo del ser. Hunde sus raíces en la infancia, el recuerdo, la memoria. Todo existe, todo tiene nombre, todos lo conocen todo y pueden acercarse a todo, pero Delvaux, como un mago, trastorna el orden establecido, la jerarquía de los géneros, reúne lo que normalmente no va unido, acerca los contrarios, cambia el curso de la historia y se burla del tiempo y del espacio. Con los materiales tradicionales, crea lo que se ha dado en llamar «el mundo de Delvaux». Un universo propio que no será imitado, un universo consagrado a una diosa única: la Poesía. Una vez conquistado, este reino será inconmovible, penetrará en todas las obras a partir de 1935 y se seguirá desarrollando hasta las creaciones de los últimos años del artista.

Giséle Ollinger-Zinque



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Paul Delvaux - Mujer ante el espejo, 1936. Óleo sobre lienzo, 71 x 91,5 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Mujer ante el espejo de Paul Delvaux, que, según Suzanne Houbart-Wilkin, fue pintado a finales de 1936, repite una composición habitual en la producción del pintor: una figura femenina desnuda delante de un espejo. El simbolismo del espejo ha sido un recurso alegórico frecuente en la historia de la pintura occidental, y para Delvaux, como señalaba Konrad Schreumann, «el espejo es fuente de conocimiento, el instrumento que nos descubre nuestra conciencia». Por otra parte, como hacía notar Barbara Emerson, la joven del cuadro no mira al espejo, mientras que la imagen de su propio rostro que le devuelve el espejo, rodeado por una banda de encaje, sí que la mira a ella. Esto es, ambas mujeres son seres reales, ya que poseen miradas independientes. Para Delvaux el espejo será, por tanto, la forma de abrir la imaginación a un mundo más realista que la propia realidad.

La misteriosa pintura de este surrealista belga, cercana al realismo mágico, asienta sus bases en la pintura manierista y barroca y en el simbolismo literario de Gustave Moreau. A esto se debe añadir la huella que deja en él la pintura metafísica de De Chirico y el enigmático surrealismo de su compatriota René Magritte, con quien comparte la deliberada asociación incongruente de los diferentes objetos y personajes del cuadro para producir determinados efectos psicológicos. Las enigmáticas mujeres que aparecen en las obras de Delvaux, cargadas de metáforas a veces difíciles de interpretar, adoptan generalmente el aspecto de esfinges, ninfas o sílfides, en unas composiciones de un erotismo velado. Christopher Green pone en relación esta representación de Mujer ante el espejo con el mito de Edipo y la esfinge, en especial con el tratamiento del tema que hace Ingres en su pintura del Louvre, también ambientada en una tenebrosa gruta. Aquí, la exagerada visión en perspectiva y la forma fálica que adopta el orificio de la cueva también han sido interpretadas en clave erótica.

Paloma Alarcó



Fuente: museothyssen.org
 




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