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Cabral Bejarano, Antonio
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Este trabajo recopilatorio está dedicado a Antonio Cabral Bejarano (Sevilla, 1798 - Sevilla, 1865) Formado en la perpetuación del murillismo sevillano junto a su padre Joaquín Cabral, estudió también en la Escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla. Su carrera docente en esa misma institución comenzó en 1825, cuando fue nombrado ayudante de Perspectiva.

En 1835 se hizo cargo primero de la selección de obras y luego de la conservación y restauración de pinturas del entonces recién creado Museo de Bellas Artes de Sevilla. En 1836 recibió el cargo de académico de mérito por la de San Fernando por su pintura de historia, y a partir de 1850 fue director de la Escuela hispalense y académico en esa misma ciudad. Sus compromisos políticos con la ideología liberal le hicieron -disfrutar de un trato favorable de la Corona, incluso durante el reinado de Fernando VII-, encargándose así de muchas obras vinculadas a ella, como arquitecturas efímeras y decoraciones para numerosas celebraciones públicas de actos reales, así como de los retratos de los monarcas para las instituciones oficiales de la ciudad. También atendió otros encargos locales, como decoraciones de edificios civiles –teatro Principal y teatro Cómico de Sevilla– y religiosos –convento de dominicos de la plaza de la Regina y lienzos del remate del retablo del convento de la Trinidad (en colaboración con su padre), y proyectos de cierta envergadura, como la decoración de la capilla del palacio de San Telmo, residencia sevillana de los duques de Montpensier, y varios lienzos religiosos para ornar ese mismo edificio. Asimismo, llevó a cabo algunas decoraciones de asunto colombino -para la inauguración del recuperado convento de La Rábida, por iniciativa de estos mismos nobles.

Sin embargo, este artista –verdaderamente fundamental para comprender la pintura hispalense de la primera mitad del siglo antepasado– destacó, por encima de en otros géneros, en sus retratos. La mayoría de ellos son de dibujo duro y gesto concentrado pero inexpresivo, como sucede con la pareja formada por Don Joaquín Pérez de Seoane y Doña -Inés Rivero de la Herranz (Sevilla, colección particular); por contra, alcanza un tono romántico más depurado en el que hoy se considera ¬como la obra cumbre de toda su producción, Retrato del marqués de Arco Hermoso y su familia (Sevilla, colección particular), en el que por medio de una composición ¬equilibrada se vinculan jerárquicamente los seis ¬personajes de la familia en torno al noble, vestido de caza¬dor, en el exterior de su hacienda de San José de Buenavista, próxima a Alcalá de Guadaira.

Pintó, además, escenas de carácter costumbrista con notable habilidad, de las cuales quedan ejemplos de interés, como El patio de Monipodio (Uruguay, Museo de Bellas Artes de Montevideo) pintado en 1847 para el marqués de los Llanos; Torero y Maja (Sevilla, colección particular); o Majo y Maja (Sevilla, Palacio de las Dueñas). Ocasionalmente también se dedicó a la ilustración gráfica.

En su taller de pintura se formaron numerosos pintores, como sus propios hijos, Francisco Cabral y Aguado Bejarano y Manuel Cabral y Aguado Bejarano, los hermanos Gustavo Adolfo Bécquer y Valeriano Bécquer o Manuel Barrón, máximo representante del paisaje romántico andaluz.


ESCUELA SEVILLANA

En el reinado de Fernando VII se advierte en Sevilla la actividad de un modesto grupo de pintores neoclásicos, entre los cuales destaca Juan de Hermida (al que se cita, pero no he encontrado obra), no precisamente por su clasicismo sino por ser el primero que, con discreta técnica practicó una pintura de carácter costumbrista. Además también se pueden incluir a los siguientes, con obras importantes:

    • Antonio Cabral Bejarano (1798-1861). Figura dominante en el panorama de la pintura romántica sevillana. En su taller de pintura se formaron numerosos pintores, como sus propios hijos: Francisco Cabral y Aguado Bejarano y Manuel Cabral y Aguado Bejarano, los hermanos Gustavo Adolfo Bécquer y Valeriano Bécquer o Manuel Barrón, entre otros.

    • José Domínguez Bécquer (1805-1841). Representó diferentes escenas de carácter popular, también practicó el retrato, la pintura religiosa, el dibujo y la acuarela. Fue padre del célebre poeta Gustavo Adolfo Bécquer y el pintor Valeriano Domínguez Bécquer y también primo Joaquín Domínguez Bécquer reconocido pintor costumbrista.

    • Joaquín Domínguez Bécquer (1811-1871), pintor costumbrista. Fue el tío del poeta Gustavo Adolfo Bécquer y del pintor Valeriano Domínguez Bécquer así como primo del también pintor costumbrista José Domínguez Bécquer, con quién colaboró en muchas obras.
 
    • Valeriano Domínguez Bécquer (1833-1870). Pintó escenas costumbristas y retratos. Estudió con su tío el pintor Joaquín Domínguez Bécquer. Pese a su escasa obra, es uno de los pintores más característicos del costumbrismo romántico. Fue hijo del pintor José Domínguez Bécquer, sobrino del también pintor Joaquín Domínguez Bécquer y hermano del famoso poeta Gustavo Adolfo Bécquer. También pintó notables retratos y caricaturas e ilustraciones junto a su hermano Gustavo Adolfo que también hizo sus pinitos en la pintura.

    • José Roldán y Martínez (1808-1871), es considerado uno de los pintores más representativos del romanticismo sevillano. Su obra está dedica principalmente a la realización de retratos y a la pintura de temas costumbristas. Su arte estuvo muy influenciado por la figura de Murillo, tanto en la selección de temas como en la técnica pictórica y el colorido. Representó con frecuencia en sus lienzos niños de la calle, mendigos y pilluelos, tal como ocurría en la pintura española del siglo XVII.

    • Andrés Cortés y Aguilar (1815-1879), pintor fundamentalmente costumbrista. Fue alumno de la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal y perteneció a la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Fue un pintor versátil en todo, su obra abarca desde el paisaje al bodegón, desde el retrato al paisaje de género. A pesar de ser un trabajador incansable, actualmente es poco conocido a nivel popular.

    • José María Romero y López (1815-1880), fue un pintor romántico que desarrolló su actividad artística en la ciudad de Sevilla, en la que se cree que nació y murió, aunque no existe constancia documental. Destacó como retratista, especialmente de niños, aunque también realizó obras de temática religiosa, campo en el que se le considera un continuador de Murillo.

    • Manuel Barrón y Carrillo (1814-1884). Máximo exponente y, posiblemente, mejor representante del paisajismo romántico andaluz y sevillano. Sus destacables paisajes le dieron notoria fama. Por ellos Barrón ostenta un importante reconocimiento, siendo considerado por tanto un excelente paisajista. Famosos son aquellos que dedica a los entornos urbanos, paisajes en los que pinta figuras humanas dando a estas obras un toque escenográfico y costumbrista.

     • Francisco Cabral y Aguado Bejarano (1824-1890). Su producción artística está compuesta principalmente por temas costumbristas andaluces, retratos, temas religiosos y copias de las obras de Murillo. Hijo del pintor Antonio Cabral Bejarano y hermano del también pintor Manuel Cabral y Aguado Bejarano.

     • Manuel Cabral y Aguado Bejarano (1827-1891). Es uno de los mejores representantes del costumbrismo andaluz dentro del romanticismo español. Hijo del pintor Antonio Cabral Bejarano y hermano del también pintor Francisco Cabral y Aguado Bejarano.

    • José Jiménez Aranda (Sevilla 1837-1903). Es uno de los más destacados representantes de la pintura andaluza del siglo XIX. Sus escena costumbristas y retratos son de verdadero mérito. Su formación transcurre en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla y sus primeras creaciones se identifican con el costumbrismo de la época, aunque pronto destaca por sus cualidades como dibujante. En 1871 se instaló en Roma, donde conoció a Fortuny. Fue amigo de Joaquín Sorolla, al que influyó en su obra.

    • Luis Jiménez y Aranda (1845-1928). Pintor costumbrista, hermano de los también pintores artísticos José y Manuel Jiménez Aranda, este último poco conocido. Se especializó en la pintura histórica, aunque también cultivó la costumbrista, ambas con un estilo verista y de gran acento dibujístico que revela la gran influencia de su hermano José.

    • José Villegas Cordero (1848-1921). Se dedicó a la pintura de historia, costumbrista y de casacones. Formado primero en el taller sevillano del pintor José María Romero, y en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, completó su aprendizaje junto a Eduardo Cano de la Peña. Una vez concluidos sus estudios, el joven artista viajó a Madrid, donde conoció personalmente a Fortuny, lo que le hizo interesarse por la pintura de género.

    • José García Ramos, (1852-1912). Se trata de un pintor costumbrista perteneciente a la escuela decimonónica sevillana y uno de sus máximos exponentes. Su dibujo es grácil y su pincelada colorista. La mayoría de sus obras reflejan la vida diaria de la Sevilla de finales del siglo XIX. Fue discípulo de José Jiménez Aranda. También influyo en su obra Fortuny.

    • Gonzalo Bilbao Martínez (1860-1938), considerado como uno de los mejores pintores impresionistas sevillanos, también practicó durante años el costumbrismo y la la temática de historia principalmente. Se inicia desde niño en el dibujo alentado por José Jiménez Aranda. Fue maestro de Alfonso Grosso Sánchez.

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor sevillano, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.






Algunas obras



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Antonio Cabral Bejarano. En la taberna. Colección particular


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Antonio Cabral Bejarano. Niño vendiendo naranjas. Colección particular


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Antonio Cabral Bejarano. Una señora española con un abanico. 1855. Óleo sobre lienzo,  60 x 39 cm. Colección particular. Antonio Cabral Bejarano jugó importante papel en la creación y formulación del costumbrismo. En su pintura insiste, más que en las escenas, en las figuras aisladas, con cierta teatralidad, fondos paisajísticos de sabor local y vaporosa atmósfera murillesca.


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Antonio Cabral Bejarano. Un torero en la plaza. Óleo sobre lienzo,  64.5 x 44 cm. Colección particular. Antonio Cabral Bejarano tomó parte en la creación y formulación del costumbrismo decimonónico andaluz. En su pintura insiste en las figuras aisladas, más que en las escenas, con fondos paisajísticos de su entorno local.


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Antonio Cabral Bejarano. Retrato de torero. Colección particular. Antonio Cabral Bejarano (Sevilla, 1788 - 1861), fue un pintor romántico y costumbrista español, uno de los impulsores de la creación del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Realizó cuadros religiosos, retratos, y un gran número de encargos como la decoración del desaparecido Teatro San Fernando de Sevilla. Fue profesor y más tarde director de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla y también fue académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.


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Antonio Cabral Bejarano. Retrato de dama sevillana. Colección particular


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Antonio Cabral Bejarano. Partida de la Santa María, la Pinta y la Niña de Palos de la Frontera en 1492. Colección particular


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Antonio Cabral Bejarano. El marqués de Arco Hermoso y su familia. 1838. Colección particular. (Antonio Cabral Bejarano es padre de los también pintores: Francisco y Manuel Cabral y Aguado Bejarano).



Una bolera


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Antonio Cabral Bejarano. Una bolera, 1842. Óleo sobre lienzo, 53 x 42 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga.

A la orilla del río Guadalquivir, en la ribera sevillana del barrio de Triana, frente al Arenal y a la Torre del Oro que se aprecian nítidamente al fondo, una muchacha baila y toca las castañuelas. Vestida con el atuendo característico de las boleras, identificado tanto por el corte y los picos y volantes del vestido como por las zapatillas de media punta -útiles exclusivamente para la danza-, describe un paso típico del baile de palillos. Resulta significativa la composición, que ubica a la danzarina frente a uno de los lugares con más valor icónico de Sevilla, pues con esta representación se unen los aspectos más seductores de la ciudad hispalense durante la primera mitad del siglo XIX: sus fascinantes ruinas árabes y construcciones antiguas con el baile bolero, que desde el Romanticismo se convirtió en una de las más exitosas danzas teatrales en toda Europa, identificadas claramente con España y, tempranamente, con Andalucía.

Uno de los alicientes del baile bolero consistía en la complicación de su interpretación, que requería no sólo la rima de piernas y brazos –tal y como hace la bailarina del cuadro-, sino que comprometía además el movimiento del tronco y el manejo de las castañuelas o los palillos con las manos simultáneamente, por lo que eran pocos los bailarines que los incluían en su repertorio y casi lo vedaba a los aficionados. Los viajeros románticos por Andalucía subrayaban frecuentemente que era imposible trasladar la emoción de contemplar estos bailes ejecutados con toda naturalidad en la propia ciudad de Sevilla, que desde los primeros años del siglo XIX era ya uno de los centros más reconocidos del bolero y recalcaban a menudo que las andaluzas eran quienes mejor lo interpretaban, por lo que el baile pronto se identificó con la región, hasta llegar a convertirse en una de sus señas de identidad y de sus principales atractivos turísticos .

“A los franceses, ingleses, italianos y a todas las naciones de Europa les sirve de placer ver bailar el bolero. Todos lo aprenden, y pocos son los que llegan a ejecutarlo medianamente”, escribía en 1820 uno de los más famosos tratadistas de la coreología del bolero, el maestro Antonio Cairón, refiriéndose así al baile que ejecuta la protagonista de este cuadro. Es posible que la pieza concreta que interpretase esta bailarina fuera la conocida como “El Ole”, o el “Olé de la Curra”, a tenor de cómo se describe coincidentemente este paso en distintos grabados de la época, aludiendo a la primera figura de esa danza. En ese momento bailarinas de fama europea como Fanny Essler o Pauline Duvernay –ésta última con su “cachucha”- habían acuñado un extraordinario prestigio junto al cual se había desarrollado su propia iconografía artística. Por lo general se refería a sus interpretaciones más famosas y para poder identificarlas se representaban siempre en el mismo paso de un bolero, que se popularizaba, sobre todo, a través de estampas. Junto a ello, fue común la representación del baile del bolero mediante imágenes parecidas a las de la colección Thyssen, centradas siempre en la descripción de la más compleja y elegante posición de la danzarina ejecutando esa singular figura tan fácil de identificar.

No es sorprendente, por todo ello, que una iconografía como la de este lienzo de la colección Thyssen se llegara a repetir en varias ocasiones, dado su valioso significado de imagen bien acuñada de la identidad sevillana y dado también el éxito comercial que debió de ir aparejado con ello. Así, se conocen por ahora hasta tres versiones de esta composición. La mejor de ellas es la que se guarda en el Palacio de Liria de Sevilla, obra que hasta hace no mucho se estimaba también como de Antonio Cabral Bejarano, como el resto de ellas, pero que recientemente se atribuye –sin que se expliquen las razones del cambio-, a su hijo Manuel. En ella se aprecian muy ligeras variaciones respecto a esta otra y su ejecución nítida y clara, así como su colorido especialmente brillante, sobre todo en el cielo, permiten suponerla cabeza de la serie que forman estos lienzos o, al menos, la versión más lograda de las que se conocen. Además, la obra de esa colección es la única que conserva su pareja, que representa a un bolero bailando ante un fondo en el que complementariamente se distingue la Catedral de Sevilla y la Giralda. Sin embargo, la obra de la colección Carmen Thyssen es de superior calidad a la conservada antiguamente en la colección Bosch, también considerada de Antonio, que es la versión de menos interés artístico. El ejemplar Thyssen, obra segura de Antonio Cabral, reúne ciertas características de esmero artístico que permiten destacarla sobre la versión Bosch. En este lienzo el artista se permite algunas variaciones en la ejecución de la figura que individualizan esta obra respecto a las otras dos, como la posición del collar de la bailarina, con las vueltas separadas, o la descripción del arremolinamiento de los volantes de su falda, así como la de la fronda del fondo, ambas de gran jugosidad de pincelada. La exactitud entre estas tres versiones –cuya composición enlaza, a su vez, con las de las colecciones de tipos que ya circulaban en grabados y que se versionaban a la aguada-, no tiene por qué significar que fueran realizadas simultáneamente. Es prueba, más bien, de la mecánica de funcionamiento de los obradores familiares de pintura activos en Sevilla en el siglo XIX, dispuestos a satisfacer al incipiente mercado de pinturas para extranjeros, cuyos modelos mejor elaborados tenían una amplia duración, determinada siempre por la demanda del mercado. Los Cabral Bejarano debieron repetir sus composiciones, a veces quizá valiéndose de calcos que conservasen algunas de las más características figuras con toda precisión, y que satisfarían cumplidamente la demanda de repeticiones de aquellas obras que alcanzaron mayor éxito comercial.



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Retrato de Antonio Cabral Bejarano. 1875 (Copia de un retrato de Antonio Mª. Esquivel). Óleo sobre lienzo, 100 x 85 cm. Galería de Retratos de Sevillanos Ilustres. Universidad de Sevilla. Obra de Manuel Cabral y Aguado Bejarano. Pintura que representa al retratado con traje oscuro, camisa y pajaríta blancas, cuelga una medalla de su cuello; inscrito en un marco oval pintado con una inscripción.  



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor sevillano Antonio Cabral Bejarano (1788 - 1861), fue un pintor romántico y costumbrista español, uno de los impulsores de la creación del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Realizó cuadros religiosos, retratos, y un gran número de encargos como la decoración del desaparecido Teatro San Fernando de Sevilla. Fue profesor y maestro de pintores entre los que se encontraban sus hijos conocidos como Francisco Cabral y Aguado Bejarano (1824 - 1890) y Manuel Cabral y Aguado Bejarano (1827 - 1891). Más tarde fue director de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla y también fue académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.



Fuentes y agradecimientos a: carmenthyssenmalaga.org / Carlos G. Navarro, es.wikipedia.org, reprodart.com, latinamericanart.com, artehistoria.jcyl.es, patrimonioartistico.us.es, klassiskgitar.ne y otras de Internet.
 




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