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Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones
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Mensaje Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
Abro este hilo, para los amantes del arte que quieran visitar virtualmente las exposiciones temporales que periodicamente presenta la Fundación Mapfre de Madrid.


Web de la Fundación Mapfre




Primer plano del Pompidou en Madrid


80 obras maestras del museo parisino recrean en Mapfre la historia del género que sobrevivió a la fotografía



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'Marie-Catherine', de Arikha

Muchos creyeron que con la llegada de la fotografía, a finales del XIX, el retrato pictórico no sobreviviría. No fue así. Todo lo contrario. Resultó que el rostro humano se convirtió en un soberbio campo para la experimentación hasta el punto de que es difícil comprender la modernidad al margen de este género. De hecho, La colección permanente del parisino Centro Pompidou está ensamblada en torno al retrato del siglo pasado e incluso los comienzos de este. Desde Giorgio de Chirico a Giacometti, de Balthus a Raoul Hausmann, de Picasso a Brancusi. Todos los grandes maestros de la pintura y de la escultura han transitado por el retrato en algún momento de sus vidas. Una selección de 80 obras maestras del museo francés llegan ahora a la sede madrileña de la Fundación Mapfre para dar cuenta de la trascendencia de esta forma de expresión artística.

Retratos. Obras maestras. Centre Pompidou tiene toda la pinta de convertirse en la gran exposición del otoño en Madrid. La oportunidad de contemplar estos cuadros en directo, conocidos muchos de ellos en los manuales de la reciente historia del arte, no se la puede perder nadie. La exposición se hace gracias a los acuerdos de colaboración habitual entre ambas entidades y porque a última hora, Mapfre se quedó sin la exposición que proyectaba para esta temporada. Una gran muestra dedicada monográficamente a Dalí. El Reina Sofía recondujo su programación inicial y dejó a la aseguradora compuesta y sin exposición. En abril de 2013 mostrará 400 obras del maestro surrealista. “Barajamos las posibles salidas, siempre buscando algo muy potente y el Pompidou aceptó prestarnos estas ochenta obras”, detalla Pablo Jiménez Burillo, director general de Mapfre. “Es la primera vez que este conjunto artístico sale en bloque del museo francés”. Aunque declina precisar el coste que ha pagado por poder mostrar todas estas obras, Jiménez Burillo explica que el precio ha sido perfectamente “asumible”.

Extendida por las dos plantas del edificio, los cuadros están expuestos en orden cronológico. El siglo XX al completo es el período principal, pero también hay pinturas de finales del XIX y arranque del XXI. Empieza con el retrato de Erik Satie, realizado por Suzanne Valadon en 1892-1893, y se cierra con The Moroccan, de John Currin, de 2001. En medio, Degas, Manet, Van Gogh, Pablo Picasso, Braque, Francis Bacon, Henri Matisse, Robert Delaunay, Jean Dubuffet, Joan Miró, Amedeo Modigliani, Lucian Freud, Max Ernst, Pablo Gargallo o Antonio Saura, el único español elegido para ilustrar la segunda parte del siglo XX.

Comisariada por Jean-Michel Bouhours, historiador y conservador del Pompidou, la exposición está organizada en torno a cinco grandes temas: Los misterios del alma, Autorretratos, De cara al formalismo, Caos y desorden o la imposible permanencia del ser y Tras la fotografía. El relato construido por Bouhours parte de la importancia del género del retrato y precisa que el siglo XX es una parte muy pequeña en la historia. Explica que los grandes sucesos y descubrimientos del siglo pasado hicieron posible que la fotografía no liquidara el retrato. Como grandes hitos, cita la invención del psicoanálisis; la negación del individuo por parte de los totalitarismos; la aniquilación de la identidad en los campos de exterminio nazis; la generalización del uso la fotografía. Frente a todo esto, mantiene el comisario que la necesidad de individualización ha crecido más fuerte que en ningún otro momento y que el afán de personalizar ha corrido paralelo a la experimentación artística.

El recorrido parte de la tradición para adentrarse en la modernidad y detenerse en algunas de las piezas esenciales del museo francés. Primero, los grandes protagonistas de Montmatre en 1900, después la experimentación de las vanguardias y sus descubrimientos formales con la máscara como referente en las pinturas de una gran parte de los creadores. La mujer es retratada una y otra vez por los diferentes artistas para representarlas como inquietantes demonios (Giorgio de Chirico en el autorretrato con su madre) o melancólicas indefinibles pintadas por Modigliani, Kupka o Van Velde. O las sugerentes de Tamara de Lempicka. Están también las mujeres que forman parte de una ensoñación, como Las odaliscas de Henri Matisse que evocan indolencias divinas a base de colores y figuras que parecen venir de un paraíso muy especial.

Los hitos de la exposición son muchos. Las cabezas de Constantin Brancusi (La musa dormida, 1910) o Julio González (El túnel, 1932-33)son algunos ejemplos. Pero seguramente nada resulta tan impactante como los tres retratos de mujeres pintados por Picasso en diferentes etapas de su larga carrera compartiendo un mismo panel: Busto de mujer (1907), Mujer con sombrero (1935) y Retrato de mujer (1938). Las tres son un claro ejemplo de que lo imperfecto puede sobresaltar al espectador por su formidable belleza.


Algunos retratos del Pompidou en la fundación Mapfre


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'Roger y su hijo', de Balthus


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'Kizette en el balcón', de Tamara de Lempicka


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'Autorretrato', de Francis Bacon


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'Mujer con sombrero', de Pablo Picasso


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'Odalisca con pantalón rojo', de Henri Matisse



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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
Mapfre refuerza sus grandes exposiciones y recorta su presencia en el cine y el libro


La Fundación estrena temporada con dos exposiciones en torno al impresionismo

El organismo cancela su festival '4 + 1', que se celebraba en dos continentes




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'Azoteas de Barcelona' (1902) de Pablo Picasso.

Si 2012 ha sido un año en el que las exposiciones de la Fundación Mapfre (Retratos del Pompidou, Kirchner, Gaultier) han tenido una aportación definitiva a la magnífica oferta madrileña, la temporada que ahora arranca, no le va a ir a la zaga. El jueves, presentan dos importantes exposiciones: Impresionistas, Postimpresionistas. El nacimiento del arte moderno, con 90 obras prestadas por el Museo de Orsay y Luces de bohemia. Artistas, gitanos y la definición del mundo moderno, una colaboración con el Grand Palais. Después vendrá Manuel Álvarez Bravo (12 de febrero), Giacometti (11 de junio), Macchiaioli (20 de septiembre), Mademoiselle Léonie (31 de octubre)o la Historia de España a través de la fotografía, entre otras importantes citas. A diferencia de las instituciones culturales públicas y algunas privadas, donde el presupuesto se ha reducido más del 40 %, Mapfre solo pierde un 5% respecto al pasado año, de manera que dispone de 15 millones de euros. El arte se refuerza aunque desaparece la colaboración con el Festival de San Sebastián, la Feria del Libro de Madrid y el festival de cine 4+1, que había celebrado ya tres ediciones. Alberto Manzano, presidente de Mapfre y Pablo Jiménez Burillo, director general del Instituto de Cultura, han detallado esta mañana los planes culturales de la Fundación y ha confirmado que la entrada seguirá siendo gratuita. “Es nuestra aportación en estos momentos que vive este país: mantenemos la calidad y la gratuidad, pese a que estamos excluidos de los circuitos turísticos. Pero lo cierto es que nuestras exposiciones están a tope de visitantes. Con la dedicada a Gaultier, por ejemplo, tuvimos el máximo permitido cada día. mucha gente se quedó sin verla.”

El pasado año, hubo más exposiciones, 29 (1.700.000 visitantes) y para este están programadas 20. La reducción afecta a la presencia en el extranjero. Se mantienen las actividades en el Auditorio y prosiguen con las publicaciones enfocadas a Latinoamérica.

Las estrellas de la temporada, Luces de bohemia e Impresionismo y Postimpresionismo, son para Jiménez Burillo, el prototipo de colaboración que la Fundación ha establecido con grandes museos extranjeros, franceses en este caso.


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'Joaquina la gitana' (1914) de Joaquín Sorolla.

Niega que ambas iniciativas hayan sido conseguidas a golpe de talonario. “Pagamos transportes y seguros. En el caso del Impresionismo..., con 90 obras maestras, entre ellas 6 de Van Gogh, la operación nos cuesta 1,5 millones de euros. Algunos de esos cuadros no han salido nunca del Museo de Orsay y las medidas de seguridad en el traslado han sido excepcionales”. No pagan nada al museo francés porque la exposición que la pasada temporada pudieron realizar en Brasil, fue posible por la colaboración de la aseguradora española. “Nosotros”, explica Jiménez Burillo, “No dudamos en en ayudar para que exposiciones como esta se puedan ver un un país emergente como Brasil. Para ellos, que están fuera de los grandes circuitos museísticos, es muy difícil acceder a obras tan importantes como estas. Sé que ahora el Pompidou y el Louvre están interesados en iniciativas similares a la nuestra con el Orsay”.

Impresionismo y Postimpresionismo cuenta como entre 1885 y 1900, comienza el nacimiento del arte moderno. El grupo de los impresionistas se desborda, no hacen más de media docena de exposiciones como movimiento y cada uno toma caminos diferentes. Monet se retira a Giverny y empieza sus famosas series (catedrales, nenúfares), Cézanne intenta hacer del impresionismo un arte para los museos, Toulouse Lautrec desciende a los bajos fondos,Van Gogh se deja vencer por el color y Gauguin huye hacia el mundo primitivo de Tahití y su obra se convierte en enlace de los postimpresionistas.

A la vez se presenta Luces de bohemia, una muestra sobre los orígenes de la bohemia artística y su relación con la representación de los gitanos en el arte. A través de un centenar de obras maestras, de artistas como Goya, Watteau, Gainsborough, Boucher, Teniers, Corot, Delacroix, Courbet, Manet, Degas, Sorolla, Sargent, Signac, Van Gogh y Picasso, entre otros, se narra la historia de la creación de la bohemia artística, y de cómo esta historia se entremezcla con el prestigio artístico de los gitanos y vagabundos. La exposición cuenta con préstamos de las más prestigiosas instituciones internacionales, entre las que cabe destacar el Art Institute de Chicago, la New York Public Library, la Morgan Library and Museum y la Hispanic Society, de Nueva York, el State Hermitage Museum, de San Petersburgo, el Musée d´Orsay, el Musée du Louvre y el Centre Pompidou, de París, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid, el Museo Picasso de Barcelona, el Museo Van Gogh de Ámsterdam o la Tate de Londres, entre otros.


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'Campamento gitano' (1912-1913) de John Singer Sargent.

El espacio dedicado a la fotografía, en la calle General Perón, tiene los días contados. Jiménez-Burillo, anuncia que todas las exposiciones se concentrarán en Recoletos y que para ello se utilizará el nuevo edificio adquirido por la aseguradora junto a los ya existentes. Mientras tanto, el 12 de febrero, está prevista la antológica dedicada al mexicano Manuel Álvarez Bravo. Seguirán Emmet Gowin, William Christenberry y Zwelethu Mthethwa.

Para el 2014, ya tienen preparadas dos sorpresas. Una es una exposición dedicada a la obra americana de Sorolla, en colaboración con el el museo de Arte Contemporáneo de Dallas, y la segunda se entrará en los dibujos de Portormo, en colaboración con la galería de los Uffizi.


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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
EL IMPRESIONISMO TOMA MADRID


El antes y el después de la historia del arte

La Fundación Mapfre y el Museo Thyssen apuestan por un valor seguro



Dos exposiciones simultáneas en la Fundación Mapfre y en el Museo Thyssen reactualizan el relato sobre una de las irrupciones mayores en la historia del arte: el impresionismo. Los tesoros del museo de Orsay en el primer caso y las relaciones de Monet, Corot, Cézanne o Van Gogh con la naturaleza, en el segundo, conforman este fascinante viaje

    

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Una visitante contempla el 'Autorretrato' de 1887 de Van Gogh; a su lado, 'Retrato de Eugène Boch', obra de 1888. / ULY MARTÍN

Las espléndidas exposiciones sobre los impresionistas que de forma simultánea ofrecen la Fundación Mapfre y el Museo Thyssen son el relato del movimiento que dio por concluida una larga etapa de la historia del arte para abrir las puertas a una nueva vida: la de la emancipación de la pintura de las ataduras formales e ideológicas del canon académico. Con el impresionismo, la pintura, el pintor y su entorno crítico y profesional dan un vuelco radical tras el que ya nada volverá a ser lo mismo.

Todo parte de un gesto que provoca precisamente un gran pintor académico, Pierre-Henri de Valenciennes, cuando pide a los jóvenes becarios de la Academia romana, a comienzos de 1800, que salgan a la calle, a la naturaleza, para pintar "al aire libre", del natural, los detalles del paisaje que luego incorporarán, como telón de fondo, a las sublimes pinturas de historia.

Lo que ordena la muestra del Thyssen es una taxonomía temática de árboles, vegetación, agua quieta en los lagos, rugiente en las cascadas, turbulenta en el mar, montañas, rocas, acantilados y nubes, las malditas nubes inasibles que obsesionan a Constable con la intervención además del viento y la luz. Son pinturas íntimas, personales, pequeños cuadros que inicialmente se guardan en una esquina del estudio pero que, poco a poco, asumen una consistencia y una autonomía insospechadas.

El paseo por las salas del Thyssen es así un recorrido iniciático en el que un soberbio lienzo de Corot, por ejemplo, La cascada de la Marmore, está ya abriendo el camino a los acantilados de Monet, ya puro impresionismo. Un periodista que viene de París para entrevistar a ese Monet del que tanto comienza a hablarse le encuentra en el puerto y le pide que vayan al estudio. Monet le enseña dos barcas amarradas y le dice: este es mi estudio. En una barca pesco, con la otra salgo a pintar.

Aquella forma de pintar supuso también toda una revolución técnica

Es precisamente con unos iluminadores cuadros de Monet como se inicia el fascinante viaje por las salas de la Fundación Mapfre de Madrid. En 1893 el artista escribe una carta a Alice en la que le dice, entusiasmado: "Cuando comienzo a pintar siempre descubro cosas que no había visto". La pintura ha dejado de ser representación para ser descubrimiento. Pintar es ya otro tipo de pulsión, las reglas han dejado de existir. Un artista tan sabio como Renoir le confiesa a su marchante, Vollard: "He llevado estos cuadros hasta sus últimas consecuencias, y tengo la sensación de que ya no sé pintar ni dibujar". Cézanne mira sus montañas y sus frutas, pero confiesa que lo que ve en el fondo se reduce "a una esfera, un cono y un cilindro". Gauguin, a su vez, cuando regresa de París a la colonia de Pont-Aven, decepcionado por la última exposición impresionista, aconseja: "No copien la naturaleza. El arte es una abstracción", y el magnífico acantilado que podemos admirar en la Fundación Mapfre está ya en el borde de serlo.

La enigmática mirada del autorretrato de Van Gogh en estas mismas salas está enmarcada en un rostro curtido por el sol y el viento, cubierto por un sombrero de paja. Es más el retrato de un campesino que el de un pintor, alguien que pasa horas, sudando, en medio de un trigal.

Cézanne llevará el cubismo; Gauguin, hacia movimientos como los Nabis

Pintar en esas condiciones es también una revolución técnica. El cuadro sobre el caballete no puede ser de un gran formato, el trazo debe ser rápido y decidido, no caben los pentimentos, ni temporal ni técnicamente. La utilización de disolvente y barnices debe restringirse al máximo: todo lo que puede acarrear el pintor es una caja que no sea una pesada carga. Igual sucede con los colores. Hay que partir de una gama limitada y tienen que estar ya preparados. Los impresionistas transforman el comercio de las tiendas para artistas, generalizan definitivamente el tubo de óleo tal como lo conocemos hoy, los lienzos ya preparados y los bastidores estándar. Hasta entonces, en los estudios los colores los preparaban aprendices y los bastidores se fabricaban por hábiles ebanistas de acuerdo a los formatos.


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El diseñador Alberto Corazón, ante 'Mar agitado, Étretat' (1883), de Monet, en el Museo Thyssen. / BERNARDO PÉREZ

Es muy interesante ver los traseros de los lienzos en los montajes de las exposiciones, para comprobar la diferencia entre los cuadros de taller y los cuadros de las pinturas al aire libre, algo así como la aparición de la revolución industrial en la infraestructura pictórica. La pincelada rápida y energética obliga a que la pintura se empaste más, la espátula comienza a ser tan importante como el pincel, con el inconveniente de que los tiempos de secado se alargan. Van Gogh le pide repetidamente a su hermano Theo que trate de encontrar barnices secativos más rápidos. La figura de Theo es, a su vez, una importante incorporación al universo impresionista: el marchante, que se ocupa de proveer al artista y comercializar su trabajo para nuevos públicos. El marchante y su espacio, la galería abierta a la calle, pasan a ser agentes sin los cuales no es posible entender el entramado del nuevo oficio de pintor.

Los impresionistas han abierto caminos que, en Cézanne, llevan al cubismo, y en Gauguin a toda una serie de movimientos posimpresionistas como los Nabis, una aventura mística de incierto interés.

Las dos exposiciones de son una ocasión única para disfrutar del placer de la mirada moderna y de la definitiva emancipación del cuadro como tema a la pintura como vivencia.


Fuente: elpais.com / Por Alberto Corazón, es diseñador, pintor y escultor.
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
El Museo Thyssen y la Fundación Mapfre apuestan, al unísono, por un valor seguro en lo que a tirón popular se refiere: los impresionistas. Las colas están aseguradas.



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'Jardines públicos: 1. Chiquillas jugando. 2. El interrogatorio. 3. Las niñeras. 4. La conversación. 5. La sombrilla roja', de Édouard Vuillard.

VER VÍDEO. Recorrido con el comisario de la muestra 'Impresionismo y aire libre'

La exposición que el Museo Thyssen abrirá al público a partir del martes, Impresionismo y aire libre. De Corot a Van Gogh, ofrece en 116 obras de diferentes escuelas el reclamo de los paisajes que los Turner, Constable, Rousseau, Courbet, Monet, Sisley, Renoir y Cézanne, entre otros, pintaron al aire libre, con la luz que captaron en su variación a lo largo del día, repetido escenario a distintas horas, por la mañana, por la tarde, en el crepúsculo.

En esos paisajes, rocas, montañas, ríos, árboles, orillas… adquirieron una nueva luz, la que de verdad irradiaban o dejaban pasar, con sus matices y sus sombras, como explica el comisario de la exposición, Juan Ángel López-Manzanares, que invita a los que se acerquen al Museo Thyssen a gozar de unas pinceladas que muestran "cómo el artista plasmaba la materialidad de las cosas".

De la amplia nómina de artistas reunidos en esta exposición, fue Cézanne el que recuperó, a finales del siglo XIX, el gusto por pintar rocas, jugando con sus sombras y formas; mientras, Monet se concentró en cómo la luz se filtraba en las hojas de los árboles. Los efectos del agua en ríos y lagos pueden apreciarse en los óleos de Turner y Constable; así como los impresionantes cielos de Sisley y Van Gogh. La muestra incluye además "un reconocimiento", según López-Manzanares, "al padre de la pintura al aire libre, Valenciennes". Estos son solo un aperitivo de una muestra que se remonta hasta los orígenes del paisaje moderno y que permanecerá hasta el 12 de mayo en el Thyssen.

En cuanto a la exposición de 70 obras desplegada en las salas de la Fundación Mapfre, comisariada por Pablo Giménez Burillo y Caroline Mathieu, solo cabe acudir al propio subtítulo de la misma: Obras maestras del Museo d’Orsay. El conjunto reunido por los responsables de la fundación y procedente del gran museo impresionista de París (como recompensa a la colaboración que Mapfre brindó a los directivos de Orsay para la organización de una reciente exposición en Brasil) es apabullante. Dos de las catedrales de Rouen de Monet, cuatro o cinco van goghs nunca expuestos en España, una salita con la inquietante pintura de Vallotton y sus imposibles puntos de vista y perspectivas, el constructivismo de Cézanne y los cinco paneles que se conservan de la obra Jardins publics, de Vuillard, son algunas de las joyas en esta exposición.

El Renoir de las bañistas, el neoimpresionismo de la mano de Seurat, Signac o Pissarro, los bajos fondos de Toulouse-Lautrec y la Bretaña de Gauguin son otros alicientes de este tesoro artístico.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
A partir del 2 de febrero, y hasta el 5 de mayo, la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre en Madrid acoge algunas de las obras más emblemáticas de estos pintores, procedentes del Museo de Orsay de París.


Los pioneros del arte moderno. Las principales obras en Mapfre


Sin pintores como Degas, Van Gogh, Gauguin o Monet no podría entenderse el arte moderno. La exposición arranca con las obras de uno de los referentes del movimiento impresionista, Claude Monet. En sus series de pinturas al aire libre se mostraba preocupado por reflejar las diferentes luces a lo largo del día.


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'Londres, el Parlamento. Boquete de sol en la niebla' (1904), de Claude Monet


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'La catedral de Ruan. La portada y la torre de Saint-Romain a pleno sol. Armonía azul y oro' (1893), de Claude Monet


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'Las bañistas' (1918-1919), de Auguste Renoir. Al final de su carrera, Auguste Renoir se sintió en la necesidad de renegar de los preceptos del primer impresionismo. Su obra 'Las bañistas', expuesta ahora en Madrid, era, para él, una continuidad de la pintura del siglo XVIII.


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'Fernand Halphen de niño' y 'Mujer con chorrera de encaje blanco' de August Renoir.


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'Joven campesina haciendo fuego' (1887-1888), de Camille Pissarro. Paulatinamente, los primeros impresionistas acabaron abandonando la ciudad para refugiarse en el campo, como demuestran algunas de las obras de la exposición, muchas de ellas nunca expuestas en España.


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'La payasa Cha-U-Kao' (1895), de Henri de Toulouse-Lautrec. Interesado en retratar la vida de los bajos fondos e influido por técnicas procedentes de Oriente, Toulouse-Lautrec es otro de quienes marcaron el camino que llevó del impresionismo a los movimientos vanguardistas.


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'Bodegón con abanico' (c. 1889), de Paul Gauguin. Las nuevas técnicas que paulatinamente se fueron alejando del impresionismo hacían un uso más intenso del color, como demuestra la obra de Gauguin.


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'Campesinas bretonas' (1894), de Paul Gauguin. Entre las obras cedidas para la exposición por el Museo de Orsay de París destacan algunas de las pinturas de Gauguin en su primer retiro, el de Pont-Aven en Bretaña.


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'Manzanas y naranjas' (c. 1899), de Paul Cézanne. La Fundación Mapfre ya dedicó en 2010 una muestra sobre el orígen del impresionismo. En esta ocasió se centra en lo que vino años después y que acabaría derivando en las vanguardias artísticas de principios del siglo XX.


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'Autorretrato' (1887), de Vincent Van Gogh. Las obras del holandés Van Gogh en la exposición reflejan una constante en su obra: su interés por el significado simbólico de los colores que empleaba en sus pinturas.


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'El salón de baile en Arlés' de Vincent Van Gogh.


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'Bailarinas subiendo una escalera', de Edgar Degas.


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'El talismán' (1888), de Paul Sérusier. La obra de referencia de Sérusier marcó un antes y un después en el desarrollo del arte contemporáneo. Se trata de "una superficie plana con formas y colores”, que abre las puertas a fenómenos posteriores como la abstracción.


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'En la cama' (1891), de Édouard Vuillard. El recorrido cronológico de la exposición acaba con las obras con las técnicas más diferenciadas y más emparentadas con las vanguardias posteriores. Un ejemplo de ello, presente en la muestra, es el trabajo del grupo de artistas Nabis.



Fuente: elpais.com
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
Giacometti, selva de sombra vertical


Una ambiciosa muestra en la Fundación Mapfre destaca la teatralidad en la obra el artista a través de sus grupos escultóricos



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Vista de la galería final de la muestra, con una de las estrellas de la exposición: 'El hombre que camina I', de la Fundación Maeght.

Hay un elemento decididamente contemporáneo en el modo en que se relacionan las figuras de Alberto Giacometti (1901-1966) en sus grupos escultóricos. Dibujan constelaciones similares a las de un atlas escolar, o a la puesta en práctica de las teorías de un entrenador de fútbol o a uno de esos paneles de fotografías en los que los usuarios de las redes sociales se cuentan a sí mismos. Esa es la fascinante sensación que queda tras una visita a la ambiciosa exposición que la Fundación Mapfre dedica hasta agosto al escultor suizo en su madrileña sede del paseo Recoletos.

La propuesta de Giacometti. Terrenos de juego, con dirección científica de Annabelle Görgen, de la Kunsthalle de Hamburgo (donde recaló primero), pretende derribar la extendida y monocorde interpretación de las esenciales figuras del artista como la plasmación en bronce de la soledad del ser humano moderno. Sus espigadas esculturas siguen desasosegando con su magra presencia en la última sala, en una impresionante recreación parcial (están Hombre que camina I y Mujer grande, II, aunque falta un cabezón que no quiso prestar un coleccionista privado) del grupo que Giacometti soñó a finales de cincuenta para la plaza del Chase Manhattan Bank en Nueva York. Pero las aspiraciones de Pablo Jiménez Burillo, director de exposiciones de la fundación que hace las veces de comisario, eran otras: “Se trata de mostrar que para él la escultura no restaba, sino que sumaba al relacionarse entre sí y también con el espectador. De ahí que sea un acercamiento a su obra totalmente nuevo”.

Para tirar del hilo de lo inesperado, la muestra, que ocupa las dos plantas del espacio expositivo y ha contado con una treintena de prestigiosos prestadores, arranca con las maquetas surrealistas, que adquieren la forma de caprichosos juegos de mesa, como en Objetos desagradables para tirar, o de construcciones bicéfalas, como en Hombre y mujer.

Eran los tiempos en que Giacometti perteneció al grupo parisiense. Antes, el visitante se ha tropezado con un artista que subvierte las formas de la escultura tradicional al representar cabezas y bustos como formas geométricas de metal macizo, y que resume así su por entonces prometedora trayectoria: “De los 14 a los 17 fui al internado; en 1920, acudí durante unos meses a la Escuela de Artes y Oficios de Ginebra; 1921 y 1922 en Italia; en 1922, primera vez en París. (…) Al principio me dedicaba a la pintura; hace cerca de 10 años que soy escultor”.

Una cartografía de su propia mente, enmarañada constelación de conceptos realizada para la revista Labyrinthe, divide por la mitad el recorrido. De ahí en adelante, todo queda incluido en un mismo espacio mental y físico, el taller de la 46, rue Hippolyte-Maindron, lugar mítico para el arte del siglo XX que aquí se reproduce en una sala semicircular a partir de unos dibujos realizados por el artista en 1932.

Cuando Giacometti entraba por la puerta de aquel habitáculo “el taller entero vibraba”, como escribió Jean Genet, y como parece adivinarse en una imagen movida de 1953 en la que el foco del fotógrafo Ernst Scheidegger se diría vibrar ante la presencia del genio. Uno de los fuertes de la exposición está en la importancia dada a la fotografía documental de alto voltaje artístico. Man Ray, Dora Maar, Henri-Cartier Bresson, Robert Doisneau o Jacques-André Boiffard retrataron fielmente al escultor y, con él, a su mundo.

De nuevo, Giacometti despliega armas contemporáneas al construir cuidadosamente su propia imagen con una pequeña ayuda de sus amigos como lo haría una estrella del Facebook. Además, la estudiada puesta en escena de esas imágenes, en las que no cuesta adivinar la mano férrea del retratado, sirve para reforzar la idea de la muestra y del taller del escultor como un gran teatro en el que las piezas y los prototipos dialogan con la presencia ubicua y rotunda de su creador.

La galería final de la exposición está dedicada a un último sueño. Con el encargo del Chase Manhattan de crear un grupo escultórico, algo así como un universo Giacometti en el que los observadores pudieran deambular entre los extraños planetas, parecía hacerse al fin realidad la aspiración del artista de crear para una plaza pública. Al final, no pudo ejecutar en vida al aire libre ninguno de sus proyectos compuestos por varios elementos. Tampoco llevaría a cabo la descabellada idea de erigir en ese espacio neoyorquino una mujer de bronce de 7,8 metros, osadía truncada por su muerte.



Las figuras esenciales de Giacometti


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Un total de 190 piezas provenientes de 32 colecciones internacionales forman la retrospectiva del escultor en la Fundación Mapfre.


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Maqueta de una de las piezas más célebres de Giacometti ante el texto explicativo del proyecto del Chase Manhattan Place.


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'Mujer grande II' (1960). La pieza fue ideada para formar parte del grupo del Chase Manhattan Bank. Proviene de la Kunsthaus de Zúrich.


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'Pequeña figura dentro de una caja entre dos cajas que son casas', obra de 1950.


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La muestra acierta al mezclar esculturas (como El hombre que camina I, en primer plano) y fotografías de leyendas como Henri Cartier-Bresson o Dora Maar.


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'Mujer grande II' y 'El hombre que camina I' (derecha).


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En el arte de Giacometti se pueden rastrear influencias de las esculturas africanas y polinesias.


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La propuesta de los comisarios Pablo Jiménez Burillo y Annabelle Görgen destaca la teatralidad de los grupos escultóricos de Giacometti.


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En la muestra de la Fundación Mapfre se mezcla la faceta de grabador de Giacometti con la de escultor.


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'Sin título', composición en bronce de 1927


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'Le couple', de 1927, es una de las piezas de la época surrealista incluidas en la muestra.



Fuente: elpais.com / GORKA LEJARCEGI
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
La exposición de un millón de euros


El proyecto de Giacometti es uno de los más costosos que ha acometido Mapfre, debido a seguros y transportes



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Todo era (y es) superlativo en Giacometti. El hombre que camina I (1960) rompió en febrero de 2010 todas las marcas de un precio pagado por una obra de arte vendida en subasta: 74 millones de euros. El ejemplar incluido en la muestra no es el mismo que se adjudicó aquel día en Sotheby’s de Londres. El nuevo propietario no se llegó a conocer con precisión, aunque los rumores apuntaron a un coleccionista ruso. En Madrid se exhibe el original propiedad de la Fundación Maeght. Existe un tercero en la Beyeler de Basilea.

Aunque el número de piezas originales en escultura las determina el artista y el acuerdo general es que nunca superen la docena, Giacometti, al igual que Picasso, consideraba que tres era el número perfecto. Ambos opinaban que más allá de esa cifra, se podía dañar el molde, por lo que era obligado rehacerlo, y la obra podía perder su esencia.

De El hombre que camina, Giacometti haría hasta 40 versiones espoleadas por la frustración de no dar con el espíritu de un proyecto que nunca culminaría en la plaza del Chase Manhattan Bank de Nueva York. Otra de esas piezas llamadas a llenar ese espacio está incluida en la muestra. Se trata de Mujer grande II, y su título no es casual: la obra es, con sus 1.200 kilos, la más pesada del recorrido.

Pablo Jiménez Burillo, director de la Fundación Mapfre, calculaba ayer que este proyecto (para el que se ha pasado “dos años a bordo de un avión para convencer a los 32 prestadores internacionales”) ha costado en torno al millón de euros. No es su exposición más cara, pero sí una de las más costosas (la muestra dedicada al impresionismo se acercó a los tres millones). Los seguros y los transportes de las obras, procedentes en su mayor parte de colecciones privadas, han supuesto un esfuerzo económico notable.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
La Fundación Mapfre presenta, hasta el 5 de enero, la exposición 'Macchiaioli. Realismo impresionista en Italia', que se podrá visitar en la Sala Recoletos



Luz, intimidad y realidad



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Óleo sobre tabla de Giovanni Boldini: 'Giovanni Fattori en su taller' , (1866-1867).


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Óleo sobre lienzo de Giovanni Fattori: 'Aguadoras de Livorno', 1865


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Óleo sobre tabla de Giovanni Fattori: 'La rotonda de Palmieri', 1866


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Óleo sobre lienzo de Telemaco Signorini: 'La luna de miel', 1862-1863


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Óleo sobre lienzo de Odoardo Borrani: 'Carreta roja en Castiglioncello', 1865-1866


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Óleo sobre lienzo de Telemaco Signorini: 'La sirga, en Le Cascine de Florencia', 1864


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Óleo sobre tabla de Giovanni Fattori: 'La torre roja', 1875


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Óleo sobre lienzo de Giovanni Fattori: 'Carreta de bueyes',1867


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Óleo sobre tabla de Giovanni Fattori: 'Soldados franceses de 1859', 1859


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Óleo sobre lienzo de Silvestro Lega: 'El canto de una copla', 1867


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Aristotipo de Cristiano Banti: 'Joven campesina en la terraza', 1868


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Óleo sobre lienzo de Giovanni Fattori: 'De guardia', 1871


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Óleo sobre lienzo de Silvestro Lega: 'La visita', 1858


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Óleo sobre lienzo de Mariano Fortuny: 'Corral de toros', 1866


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Óleo sobre lienzo de Federico Zandomeneghi: 'Retrato de Diego Martelli con gorro rojo', 1879


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Óleo sobre cartón de Giuseppe Abbati: 'Interior del claustro de Santa Croce en Florencia', 1861-1862



Los macchiaioli


Los macchiaioli (en italiano manchistas o manchadores) conformaron un movimiento pictórico que se desarrolló en la ciudad italiana de Florencia en la segunda mitad del siglo XIX. El término fue acuñado en 1862 por un columnista anónimo del periódico "Gazzeta del Popolo", que con esa expresión despreciativa definió al grupo de pintores que en torno a 1855 había originado una renovación antiacadémica de la pintura italiana. Estos jóvenes artistas se reunían en el "caffè Michelangiolo", en la Vía Cavour (en aquel entonces Vía Larga), donde bullían las nuevas ideas con que querían contribuir a la pintura de su época.

El movimiento se propone renovar la cultura pictórica nacional. Los macchiaioli se oponían al Romanticismo y al Academicismo y afirmaban que la imagen de la realidad es un contraste de manchas de colores y de claroscuro.

Este movimiento es el único que en el panorama artístico de su época merece realmente el nombre de escuela, tanto por la comunidad de intereses que ligaba a todos los componentes del grupo, provenientes de diferentes regiones de Italia, como por la alta calidad de los resultados artísticos obtenidos.


Componentes

Formaron parte del grupo: Silvestro Lega, nacido en Modigliana, cerca de Forlì, y los toscanos Serafino de Tívoli, Odoardo Borrani, Raffaello Sernesi, Giovanni Boldini, y Adriano Cecioni, este último escritor y escultor además de pintor. También se vinculó de cierto modo a este movimiento al artista Giovanni Fattori, Guillelmo Ciardi, Giuseppe Abbati, Federico Zandomeneghi, Telemaco Signorini, Giuseppe De Nittis, Gaetano Previati, Giovanni Battista Segantini, Giacomo Balla y Giuseppe Pellizza da Volpedo entre otros.

La corriente dio origen, entre el 1880 y el 1930, a la de los post-macchiaioli, es decir de los pintores de origen toscano que utilizaron diversos parámetros pictóricos desarrollados por los "macchiaioli". Entre los post-macchiaioli recordamos: Giovanni Bartolena, Leonetto Cappiello, Vittorio Matteo Corcos, Mario Dini, Oscar Ghiglia, Ulvi Liegi, Guglielmo Micheli, Alfredo Müller, Plinio Nomellini, Lorenzo Viani.


Macchiaioli frente a impresionismo francés

Según algunos autores el movimiento de los "Macchiaioli" se ha adelantado en 10 años al surgimiento del Impresionismo en Francia. Por otra parte, en Italia, la pintura se desarrolla principalmente a nivel regional, donde se destacan centros como Florencia, Roma, Milán, Nápoles y Turín, contrariamente en Francia se desarrolla principalmente a nivel de la ciudad capital, París. Contrariamente a la mayoría de los impresionistas franceses, los integrantes del grupo de los "Macchiaioli" tuvieron desde su inicio un abierto compromiso revolucionario. Los "Macchiaioli" desarrollaban sus actividades en el medio rural, de orientación agrícola, mientras que los impresionistas franceses provenían, en su mayoría, de un ambiente aburguesado.



elpais.com / es.wikipedia.org
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
El taller de Picasso y la América de Sorolla


La Fundación Mapfre entra en el 2014 con un 11% más de visitantes y apuesta por dos grandes artistas españoles



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Autorretrato de Picasso

El panorama cultural se ha convertido en un circo de funambulistas en el que las fundaciones y museos intentan no perder el equilibrio. Mientras, la Fundación Mapfre mira desde el palco de butacas. Abre el año con Picasso y lo cerrará con Sorolla.

En 2013 aumentaron un 11% los visitantes respecto al año pasado. "Estamos muy orgullosos de poder contar con obras de artistas de renombre en una época en la que la cultura se está viendo dañada pese a su gran importancia social", aseguraba Pablo Jiménez Burrillo, director general de la fundación.

'Picasso. En el taller' y 'Sorolla y América' son las dos apuestas con las que Mapfre pretende atraer a los mismos, o más, curiosos que se pasearon este año por sus salas gracias a 'Impresionistas y postimpresionistas: el nacimiento del arte moderno' y 'Luces de Bohemia'. La exposición del malagueño está compuesta por 180 obras, algunas jamás expuestas en España. "Hemos querido reflexionar sobre Picasso y su taller", comentan. La muestra está compuesta por piezas de colecciones privadas y públicas. Cuenta con un autorretrato del pintor que él mismo incluyó en su penúltima exposición.

Abre sus puertas el 12 de febrero junto a una colección de dibujos del pintor renacentista italiano Jacopo da Pontormo. "Hemos querido que ambas coincidan en el tiempo ya que Picasso tiene mucho público que quizás se pase a ver la increíble obra de Pontormo, que será una muestra única por la gran variedad que hemos conseguido", informan desde la Fundación.

Su segunda gran apuesta es Sorolla. La exposición 'Sorolla y América' muestra las obras del pintor que más repercusión tuvieron en Estados Unidos. "Permite reconstruir las facetas de su pintura que tuvieron mayor impacto en el público americano", comentan. Con ella cerrarán el año y abrirán el 2015.

Por otro lado la sala Azca volverá a ser el refugio de la fotografía. Lynne Cohen será la primera en llenar las paredes de esta sala, con una exposición que comienza el 19 de febrero y no cierra sus puertas hasta el 11 de mayo. La británica Vanessa Winship se encarga del relevo que aguantará todo el verano hasta la llegado de las imágenes de Stephen Shore y Alvin langdon Coburn.

La novedad del curso viene en versión digital. La Fundación, a través de tres portales temáticos (Historia, Literatura y Colecciones), pretende que las personas que no puedan visitar su exposiciones conozcan el contenido de las mismas a través de internet y puedan acceder a los catálogos.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Fundaci�n Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
Exposición en la Fundación Mapfre


El ‘así se hizo’ de Pablo Picasso


La relación del artista con el taller y las modelos inspira una excepcional muestra en la Mapfre. La exposición reúne 170 piezas, muchas inéditas en España



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Montaje de la exposiciónn 'Picasso. En el taller'. / LUIS SEVILLANO

Los pinceles resecos, cuarteados, y la paleta del artista, llena de manchurrones de leyenda, despiden al visitante de la muestra Picasso en el taller (del 12 de febrero al 11 de mayo, en la Fundación Mapfre de Madrid). Se yerguen en un rincón en precario equilibro, real y figurado, en la última sala del recorrido, según aseguran los herederos, tal y como los dejó el pintor. Aunque aquí hayan venido a servir a otros fines: nada menos que a probar que lo que acaba de verse ocurrió en realidad y que la extraordinaria peripecia de obsesiones de Picasso fue algo más que un constructo mitológico del heroico siglo XX convenientemente empaquetado para ser consumido en el XXI.

Del recorrido por las salas de la fundación en la calle de Recoletos, que albergan 80 lienzos, 60 dibujos y grabados, 20 fotografías y más de una decena de paletas, se desprende que nuestro hombre no solo se afanó en encarnar con enorme éxito el ideal del artista para el mundo y la posteridad; también se empleó a fondo en contarse esa historia a sí mismo. Como prueba definitiva valdría el dato de que el tema del pintor y la modelo “irrumpiese con fuerza en su obra a partir de 1927 y se mantuviese hasta el final”, como explica la comisaria Maite Ocaña, quien, entre los infinitos acercamientos posibles al artista inagotable, ha optado por centrar su foco en “los espacios de la labor creadora, que además ofrecen una representación fiel y diaria de su cotidianidad”. Dicho de otro modo: esta es una muestra sobre las manías laborales del genio, sí, pero por encima de todo nos habla de su modo de ser y estar en la intimidad creativa del taller.

Lo que en Picasso (1881-1973) equivale a decir: el lugar supremo de su existencia. O, en sus propias palabras, su “paisaje interior”. En las siete décadas atravesadas por la exposición (desde aquel 1918 plenamente cubista hasta uno de sus últimos autorretratos, con pantalón a rayas horizontales, que solo se había visto en Aviñón, en la última de sus muestras organizadas en vida), todo en esta historia gira en torno a lugares de resonancias míticas para el amante del arte, como el número 23 bis de la Rue La Boétie, los châteaus de Boisgeloup y Vauvenargues (a los pies de la cezanniana montaña Sainte Victoire), el espacioso Grand-Augustins, donde vivió con Dora Maar y pintó el Guernica, las villas provenzanas de La Galloise y La Californie, y el postrer refugio de Notre-Dame-de-Vie, en Mougins.

Pruebas de vida de todos aquellos encierros —la mayor parte, nunca vistas en España— han llegado a la fundación Mapfre desde museos y colecciones particulares de todo el mundo, aunque no, ¡ay!, del museo de Teherán, como estaba previsto en un principio: un embrollo con los reaseguros, explica Pablo Jiménez Burillo, director general del Instituto de Cultura de Mapfre, impidió en el último momento la importación temporal de los misteriosos picassos de Farah Diba. Sí pudo ser, en cambio, el préstamo de Autorretrato con paleta (1906), obra maestra del museo de Filadelfia que funciona como una bienvenida por todo lo alto a la muestra y puede leerse como un prólogo desgajado de la madeja temporal que seguirá después.


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La muestra 'Picasso. En el taller' en la Fundación Mapfre. / LUIS SEVILLANO

La muestra se divide en dos partes, que vienen a definir dos figuras femeninas fundamentales: Marie-Thérèse Walter (en el piso de abajo), y Jacqueline Roque (a quien se calcula que Picasso representó unas 400 veces, arriba). Antes de la primera, la modelo de El pintor y la modelo, todas las atenciones del taller se dirigían, como corresponde al credo cubista, a las naturalezas muertas, las pipas, los vasos, los antifaces y, claro, las guitarras. Como fiel creyente en el ideal burgués, Picasso siempre supo rodearse de cosas bellas, y las colocó bien cerca, al alcance de la mano: mujeres, galeristas, marchantes, muebles, vistas sobre el Mediterráneo o fotógrafos. Así lo demuestra la decisión de la comisaria de incorporar una sala circular con imágenes en blanco y negro de aquellos días felices.

Jacqueline es autora de algunas de ellas. Y su inclusión parece justificada. Con ella se desata el ensimismamiento del artista con el universo de su lugar de trabajo y llega la obsesión por atrapar la atmósfera y las relaciones del taller, que viene de lejos, como sugiere una versión de Las meninas que preside una de las salas y la Suite Vollard, también incluida en la muestra e inspirada lejanamente en aquel pintor de Balzac empeñado en atrapar la vida a través de la belleza femenina.

El enfrentamiento entre el pintor, con el paso de los días más anciano y más voyeur (al final acaba reducido a una presencia se cuela por la esquina superior derecha del lienzo), y las modelos cada día más jóvenes y voluptuosas da pie a Ocaña, exdirectora del MNAC y del Museu Picasso de Barcelona, para una interesante reflexión sobre “la fugacidad del paso del tiempo”.

Para el espectador (otro mirón) queda más bien una irremediable sensación de desesperación melancólica.


Por Iker Seisdedos / elpais.com
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
Pontormo, los misterios de un genio del Cinquecento


El 520 aniversario de este personaje maldito y difícil es la excusa para la primera exposición que se le dedica en España

Casi toda la muestra de la Fundación Mapfrese compone de dibujos prestados por la Gallería de los Uffizi de Florencia




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Jacopo Pontormo. Dos estudios de figura inclinada, preparatorios para San Juan Bautista en el desierto.

Elogiado por el propio Miguel Ángel ya en sus obras más tempranas, estudió la esencia del dibujo con Leonardo Da Vinci, Albertinelli, Piero di Cosimo y Andrea del Sarto. Jacopo Carucci (1494-1557), conocido como Portormo, el nombre del pueblo de la Toscana donde nació, es uno de los artistas más geniales y misteriosos de la historia del arte. Su carácter neurótico, melancólico y dado a la hipocondría hicieron de él un personaje difícil y maldito. Su uso de colores extraordinariamente vivos sobre figuras contorsionadas por el dolor, le convirtieron en uno de los grandes maestros del manierismo. El 520 aniversario de su nacimiento ha servido de pretexto para que Madrid (Fundación Mapfre) y Florencia ( Palazzo Strozzi) dediquen una doble exposición parar mostrar la mayor parte de su producción artística. Mientras que la exposición en Italia mostrará a partir de marzo gran parte de la obra pictórica que se conserva, en Madrid, la muestra se centra en sus dibujos: 60 obras prestadas en su mayor parte por Gallería de los Uffizi de Florencia, acompañadas de otros nueve dibujos de Durero, Lorenzo di Credi, Poussin o Tiepolo.

Kosme de Barañano, comisario de la exposición, explica que a través del papel, Pontormo exploraba ideas y buscaba objetivos para obras más ambiciosas; pero, a la vez, Pontormo recurría a la grafía por el puro placer de expresar sus sentimientos, utilizándola como una especie de relajación para el espíritu.


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Las obras elegidas para la exposición, primera que se le dedica en España, muestran como utilizaba de manera prefrente el lápiz negro y el rojo, experimentaba con la pluma y recurría a la sanguina para sus trabajos más acabados.

La exposición es un detallado viaje por toda su obra. Desde sus primeros dibujos realizados con solo 14 años, en torno a Poggio y a Caiano (1519-1521), hasta sus trabajos finales para la iglesia de San Lorenzo en Florencia (1545-1556). En medio cuelgan los trabajos preparatorios para los frescos de la Cartuja del Galluzzo (1522-1525) y sus trabajos para la Capilla Capponi, en la iglesia de Santa Felicita (1526-1530). Los más numerosos fueron realizados para la iglesia de San Lorenzo de Florencia, empeño al que se dedica que le ocuparan desde 1545 hasta su muerte en 1556. Se trata del conjunto de frescos, encargados por Cosme I de Medici, con siete escenas del Antiguo Testamento y una del Nuevo, con dibujos que muestran versiones diferentes de la misma historia. Rostros, brazos, cuerpos desnudos o vestidos, parados o en difíciles contorsiones dan cuenta de su afán por devorar todos los temas y las más complicadas composiciones.

Barañano, experto en el Cinquecento italiano, muestra una de las joyas de la exposición relacionada con este último período del peculiar artista. Son 16 páginas de sus diarios escritas y dibujadas a pluma en las que Pontormo habla de preocupaciones tan cotidianas como lo que había comido o como había sido la digestión. Las fases de la luna, los gastos dedicados a comida o la llegada de visitas poco apetecibles figuran junto a diminutos dibujos en los que se distinguen cabezas de mujeres que no ocupan más de un centímetro.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
'Dibujos', en la Fundación Mapfre


Pontormo antes de Pontormo


Una muestra reúne 61 dibujos del discípulo de Andrea del Sarto y maestro de Bronzino, el manierista Jacopo Carrucci (1494-1557). Modelos, bocetos y estudios de un artista singular e hipocondríaco



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"Para el Renacimiento el dibujo, 'il disegno', era aquello que había antes del arte". Antes de la pintura, la escultura y la arquitectura, "en un lugar intermedio entre el ideal, el pensamiento puro, la imagen inestable e inmaterial y su realización, su existencia como algo compartido y algo físico". Y es justo ahí, antes de que las figuras tomen cuerpo, donde se sitúan los 61 dibujos de Jacopo Carrucci, conocido como Pontormo (1494-1557), que podrán verse en Madrid hasta el mes de mayo.

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Posible autorretrato

"El dibujo es el lenguaje de las búsquedas, de la expresión de afanes y de incertidumbres [...] cuando lo contemplamos, el artista se nos muestra más vulnerable", escribe Pablo Jiménez Burillo, director del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, entidad que organiza la muestra. Su afirmación es aún más oportuna tratándose de Pontormo. El biógrafo italiano Giorgio Vasari (s. XVI) lo describió como un hombre 'stravagante', 'bizzarro', 'malinconico' y 'solitario', y su carácter impregnó su obra. El artista, alumno de Leonardo da Vinci, Piero di Cosimo y Andrea del Sarto, se alejó del clasicismo buscando un estilo propio y se convirtió en uno de los exponentes del manierismo florentino.

"La figura de Pontormo se mueve entre la de asceta y la de mago, entre la de un ser de ideas sorprendentes y maravillosas y la de un taciturno que no sale de casa en semanas. Una casa desarreglada que era, sobre todo, estudio, un estudio que era su universo y, a la vez, la prolongación de sí mismo", explica el comisario Kosme de Barañano en el catálogo de la muestra. Para el artista, el dibujo no era sólo el embarazo de una pintura, sino un acto con sentido propio, "un proceso de transcripción del alma". Por este motivo, las láminas se exponen individualmente, sin mostrar el proyecto para el que fueron creadas.

Influencias de Durero y Miguel Ángel

La exposición 'Dibujos' reúne 60 láminas de Pontormo (en lápiz negro, sanguina o tinta sobre papel) y una 'Flagelación' esbozada sobre una tabla de madera. El recorrido abarca toda la trayectoria del artista: su periodo formativo, impregnado por el trazo de su principal maestro, Andrea del Sarto; la preparación de su óleo más grande, 'Pala Pucci', para el altar de una iglesia en Florencia; su trabajo en la capilla Capponi junto a Bronzino, su discípulo; sus numerosos trabajos para los Médici; los frescos de la cartuja del Galluzzo, donde convivió con una orden de monjes respetando su voto de silencio... La influencia de Durero, cuyos grabados había estudiado, y de la escultura de Miguel Ángel marcarán sus obras de madurez.

Junto a la producción de Pontormo, la muestra presenta nueve obras 'en conversación' con las suyas: trabajos de Lorenzo di Credi, Rembrandt y Poussin, entre otros. "Pontormo pertenece a esa escasa docena de artistas de la Historia del Arte cuyo dibujo es diferente al de todos los demás y se reconoce al primer golpe de vista, como el de Durero, Rembrandt, Tiepolo, Poussin, Goya o Giacometti", asegura el comisario. El grueso de los dibujos proceden de la Galleria degli Uffizi de Florencia, pero también del Albertina Museum (Viena), el Staatliche Graphische Sammlung (Múnich) y el Istituto Nazionale per la Grafica (Roma).

Pontormo entregó su última década de vida a la decoración de la iglesia de San Lorenzo, un monumental encargo de los Médici. Murió en enero de 1557, meses después de terminarlo. Entre 1554 y 1556 escribió un diario que también podrá verse en la sala Recoletos de la Fundación Mapfre. El documento contiene anotaciones sobre su trabajo, pero especialmente sobre sus obsesiones: el recuento de sus comidas y digestiones, sus dolores, sus visitas, las fases de la luna... "Una breve metafísica de la banalidad cotidiana que, junto a sus excentricidades, han marcado de tal forma su imagen que, a veces, oscurecen lo realmente importante: su especial manera de dibujar y pintar", señala Kosme de Barañano.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
La intimidad de Picasso


Nos hemos acercado de tantas maneras a Picasso que parece difícil encontrar un nuevo enfoque. La Fundación Mapfre lo logra.



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Ver ESPECIAL dedicado a PICASSO por EL MUNDO

Nos hemos acercado de tantas maneras a la figura de Pablo Picasso que parece difícil encontrar un nuevo enfoque desde el que contemplar al gran artista del siglo XX. La Fundación Mapfre, en su sede del Paseo de Recoletos de Madrid, se ha aproximado al malagueño a través de su taller, un motivo que apareció en su obra a partir de los años 20 y que siguió presente hasta sus últimos días.

En esa década surge el Surrealismo y Picasso no quiere pertenecer a ningún grupo. Se encierra y convierte su estudio en el centro del hogar. Su vida termina transcurriendo en esa estancia.

'Picasso en el taller', que se puede visitar hasta el próximo 12 de mayo, reúne más de un centenar de obras de todas sus épocas (está el famoso 'Autorretrato con paletas' de los primeros tiempos y termina con otro autorretrato, 'El hombre en el taburete', de 1969) y permite, según explica Pablo Jiménez Burillo, director del área de Cultura de la Fundación Mapfre, palpar el aspecto más humano del genio.

"Lo que tiene la exposición de particular es que sentimos a la persona. Cuando observamos un cuadro, nos emociona ver a la persona al otro lado. Creo que ese acercamiento, ese ver más al personaje trabajando en su estudio, nos aproxima de una manera distinta a Picasso", apunta.

La intimidad se abre al visitante. Vemos al artista mientras pinta unas flores y su amante de ese momento, la adolescente Marie Therese Walter, descansa desnuda en el sofá. Él tiene cerca de 50 años y ella, solamente 16. Viven una historia de amor muy apasionada pero él parece sentirse algo culpable.

"En todos estos cuadros Picasso pinta la voluptuosidad, uno siente toda la sensualidad de Marie Therese. Sin embargo, él se pinta como un ser muy complicado, con un rostro de muchos colores. Delante, está ese cuerpo que no es la modelo, porque él está pintando unas flores. La presencia del desnudo es porque Marie Therese está en la vida de Picasso".

Otro lienzo que destaca Jiménez Burillo, en este caso uno que pertenece a la Tate, también subraya esa intimidad. Entramos en La Californie, su casa de Cannes. "El estudio se ve como su lugar de refugio. Encuentra la paz cuando está en ese lugar. Hay una mezcla de taller con la propia vivienda. La vida transcurre en su estudio", destaca.


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'El taller' (1934), de Pablo Picasso.

La muestra ofrece la posibilidad de ver obras de colecciones particulares de difícil acceso y otras a colgadas en museos lejanos, como Jerusalén, Washington, Moscú o Tokio. Una oportunidad que se da pocas veces de entrar en la intimidad del genio.

'Picasso en el taller'. Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, 23). Lunes, de 14 a 20h. Martes a sábado, de 10 a 20 h. Domingos y festivos, de 11 a 19h. Hasta el 12 de mayo. Entrada gratuita.

Otras exposiciones abiertas: Cèzanne (Thyssen), Pixar (CaixaForum), Las Furias (Museo del Prado), Elly Strik (Museo Reina Sofía)  Eulogio Varela (Museo ABC), 'Idea: Pintura Fuerza' (Palacio de Velázquez) y 'Génesis', de Sebastião Salgado (CaixaForum).


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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
El sueño americano de Sorolla


Una muestra en la Fundación Mapfre evoca el triunfo cosechado por el artista en EE UU



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Una de las obras de Sorolla en la exposición en la Fundación Mapfre de Madrid. / Bernardo Pérez

La de Sorolla y Estados Unidos, exposición de la temporada en la Fundación Mapfre de Madrid, no es la clásica historia del exitoso artista en el extranjero con escaso predicamento en la España eternamente cainita. El pintor valenciano fue también profeta en su tierra. Cosa distinta es que, a partir de cierto momento del despegue internacional de su carrera (finales de la primera década del siglo XX), fueran sobre todo prohombres estadounidenses quienes pudieron pagar los, pongamos por caso, 5.000 dólares en los que se vendió el luminoso Saliendo del baño, óleo pintado en Valencia en el verano de 1908 para ser vendido en la histórica monográfica que la Hispanic Society de Nueva York le dedicó un año después.

La exposición, y sus réplicas en Boston y Búfalo, hicieron de Joaquín Sorolla (1863-1923), ya consagrado en plazas como Londres o París, un artista tremendamente popular en EE UU; solo la parada neoyorquina de 1909 contabilizó más de 160.000 visitas. La muestra que ahora llega a Madrid, tras pasar por los museos de San Diego y el Meadows de Dallas, donde batió marcas de asistencia, trata por primera vez de desentrañar la extraña historia de amor entre las élites estadounidenses y el pintor de espíritu mediterráneo a través de las obras adquiridas o encargadas por coleccionistas de aquel confín del mundo. Y lo hace con una amplia batería de préstamos excepcionales y material nunca visto en España o directamente inédito, fruto de una investigación liderada por Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del artista, comisaria de la muestra y autora de un catálogo razonado de próxima aparición cuyo inventario ya supera las cuatro mil obras.

Aquel éxito de 1909, que tendría su continuación dos años después en Chicago y San Luis, es el eje sobre el que gravita la propuesta de Pons-Sorolla. Tras un preludio que refleja tempranas muestras de fervor estadounidense por la obra del pintor, el visitante es presentado a uno de sus más extraordinarios valedores: Archer M. Huntington, millonario con debilidad por el alma española y fundador en 1904 de la Hispanic Society. Híbrido entre centro de estudios literarios y museo —-en sus dependencias de la Calle 155 plasmaría Sorolla en los últimos años de su vida una visión panóptica de España en 14 célebres murales— tenía como misión promocionar en territorio enemigo los logros culturales de una nación en retirada.

“Por supuesto, en aquella época, la sociedad estadounidense aún recordaba la guerra contra España”[DE 1898], explica la comisaria, “pero Sorolla quería contribuir a la recuperación haciéndose el mejor embajador de su país”. Cree la experta que el espíritu de su bisabuelo, “hombre optimista, trabajador y amante de la familia”, casaba bien con el ideario “positivo e impetuoso” de los Estados Unidos de la época.

"Era un hombre optimista y amante de la familia”, señala la comisaria

Eso explicaría que la mecha coleccionista prendiese con rapidez allende los mares. Al mecenas Huntington pronto se uniría el magnate Thomas Fortune Ryan; a él y a su debilidad por el tipismo andaluz está consagrada una de las secciones de la exposición, que preside la serie de bocetos al óleo organizados en torno a Cristóbal Colón saliendo del puerto de Palos (1910) por el que el industrial pagó 50.000 francos de la época. Tampoco tardaron en multiplicarse los encargos de retratos. Tras verlos expuestos en la Hispanic en 1909, unos quisieron que Sorolla los pintase a la manera de Raimundo de Madrazo y otras, con las perlas, el manto de armiño o el marco ovalado que el valenciano reservó para La reina doña Victoria Eugenia de Battenberg. En su visita de 1911 a Estados Unidos, los ansiosos por posar para él fueron tantos (54 en total), que el pintor debió terminar algunos de los encargos una vez regresó a Europa.

Todo ello se cuenta en la sección de retratos, una historia que las exigencias de las salas de exposiciones de la Mapfre, ciertamente menos generosas que las de los museos de Dallas y San Diego, han obligado a partir en dos pisos diferentes. De la instalación también cabe objetar que algunos capítulos y ciertos cuadros de enorme formato hayan acabado fuera de su lugar natural o, como en el caso de ¡Triste herencia!, un tanto encajonados entre suelo y techo.

Los organizadores han desembolsado en torno al medio millón de euros

No son esas las únicas diferencias entre la presentación madrileña (del 23 de septiembre al 11 de enero) y las anteriores. En la nómina de los cuadros que estuvieron en las paradas estadounidenses cuyo préstamo esta vez no ha sido posible, destacan dos retratos: el encargado por William Howard Taft, vigésimo séptimo presidente de EE UU, y el de Alfonso XIII con uniforme de húsares, que estará en la exposición de El retrato en las Colecciones Reales que prepara Patrimonio Nacional.

Pese a esas ausencias, en la muestra, que el exdirector del Museo Reina Sofía y experto en Sorolla Tomás Llorens califica como “una extraordinaria investigación”, sobran los motivos para encender la curiosidad de los amantes del pintor, incluso en una ciudad que fue testigo de una cita histórica con su obra en el Prado en 2009 y que cuenta con un museo dedicado al artista con 1.300 obras.

En la muestra, por la que la fundación ha desembolsado “en torno al medio millón de euros”, según su director del Área de Cultura, Pablo Jiménez Burillo, hay cuadros extraordinarios nunca vistos en España (Las dos hermanas), esclarecedores inéditos, como la serie de dibujos preparatorios de Corriendo por la playa, descubiertos en el museo de Brooklyn durante la gestación de la exposición; así como un catálogo rebosante de información escasamente difundida y ejemplos del mejor Sorolla experimental, que también lo hubo (Sombra del puente de Alcántara. Toledo o El bote blanco. Jávea).


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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
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La fascinación de Bonnard por el color recala en Madrid

La Fundación Mapfre dedica una retrospectiva con 80 pinturas al singular artista francés



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Exposición de Pierre Bonnard en la Fundación Mapfre, de Madrid / Samuel Sánchez (EL PAÍS)

Pierre Bonnard (Fontenay-aux-Roses, 1867-Le Cannet, 1947) forma parte de ese peculiar club de artistas que han logrado desarrollar su obra siguiendo exclusivamente el dictado de su gusto personal. Singular y valiente, como le calificó Matisse, su modelo en pintura fue Gauguin y su pasión, la estampa japonesa. Con una intensa fascinación por el color y el mero disfrute de la pintura, sus cuadros son espectaculares estampas tanto del interior de las ciudades como de la vida en el campo.

Poco representado en las colecciones españolas, pese a la influencia que ejerció entre los pintores de la década de los ochenta, la última retrospectiva que se le dedicó fue en 1983, en la Fundación Juan March. Ahora, la Fundación Mapfre, en colaboración con el Museo d’Orsay y los Museos de Bellas Artes de San Francisco, inaugura mañana una antológica en la que a través de 80 pinturas se recorren las etapas clave de su trayectoria. El diseño gráfico y la fotografía, arte en el que fue pionero, completan una exposición muy vinculada a la biografía del artista.

Abogado de formación y miembro de la alta burguesía, desde muy joven compatibilizaba sus estudios con la pintura. En 1888, con apenas 20 años, fundó el grupo de los nabis junto a sus compañeros de la Académie Julian Denis, Vuillard, Ranson y Sérusier. El grupo, todos ellos adoradores de Gauguin, se autodenominó como profetas (significado de la palabra “nabi” en hebreo) y en su declaración de intenciones anunciaron que querían plasmar en sus pinturas una verdad que fuera más allá del mundo visible a través de la exaltación del color, la simplificación de las formas y la trascendencia mística y enigmática de sus composiciones.

“Esta fue su única incursión en grupo”, asegura Pablo Jiménez Burillo, director de Mapfre y comisario de la exposición junto a Guy Cogeval, presidente del Museo d’Orsay e Isabelle Cahn, comisaría científica. “A partir de ahí realizó su trabajo en solitario, al margen de lo que entonces se consideraban vanguardias y resistiendo frente al vacío y el desprecio de algunos de sus colegas, como Pablo Picasso”.

En el recorrido por las dos salas que ocupa la exposición, el predominio del color es rotundo. Sea cual sea el tema, los verdes, rojos o azules más salvajes dominan todas las perspectivas. “El color y una pasión absoluta por la pintura desbordan cada obra”, precisa Jiménez Burillo. “Sin pertenecer a ningún grupo, su obra es imprescindible para entender el tránsito entre el postimpresionismo y el simbolismo, un tiempo en el que la pintura está experimentando transformaciones radicales”.

El comisario llama la atención sobre el hecho de que esta colosal batalla individual fuera protagonizada por alguien que en su vida personal fue extremadamente convencional. Vivió casi como un burgués más y toda su vida oficial amorosa estuvo ligada a una misma mujer, Marthe de Méligny, modelo y musa con la que se casó después de muchos años de convivencia. Con serios problemas depresivos que la forzaban a visitar frecuentemente balnearios y casas de salud, Marthe, con quien no tuvo hijos, es la mujer que aparece en la mayor parte de sus obras, incluida la serie de los desnudos.

Aunque sus cuadros hablen de un mundo feliz lleno de parques y mascotas, su interior no era nada plácido. “Quería transmitir alegría y hacía obras deliberadamente decorativas”, precisa el comisario. Pero también, agrega, “en esos cuadros se percibe la melancolía y el ensimismamiento que podemos ver en sus autorretratos. Tanto en los primeros como en los de los últimos años, donde se representa a sí mismo de una manera despiadada”.

La exposición, organizada por temas, arranca con su etapa nabi. Desde un primer momento, asume en sus cuadros la estructura del biombo, de manera que divide la tela en estructuras independientes. Aquí están ya sus paneles verticales en los que alude a mundos remotos y misteriosos a través de una auténtica exaltación del color, la simplificación de las formas y la trascendencia mística y enigmática de sus composiciones.

Vienen después sus series dedicadas a escenas de interiores, en general protagonizadas por grupos familiares en los que narra escenas cotidianas a través de primeros planos y perspectivas cortadas de manera brusca para entrar la composición en un objeto cualquiera (unas manos, el pan).

De la simplicidad de la vida diaria, se pasa a los cuadros dedicados al desnudo, siempre en el ámbito doméstico. Los protagonistas son una o dos personas entregadas al aseo, al sueño o a la melancolía posterior a la unción amorosa. “Son obras que permiten valorar su evolución”, indica el comisario, “porque van desde lo más oscuro y morboso, hasta el misterio y melancolía que transmiten una sensualidad apagada y un erotismo extinguido”.

Cotizado y reconocido aunque muy criticado por muchos colegas al final de su vida Bonnard eligió el retrato como el género perfecto para representar la realidad más próxima. Aquí destacan los realizados a su esposa, Marthe, a su amante Renée Monchaty, su cuñado Claude Terrasse, sus amigos Thadée y Misia Sert y sus marchantes, los hermanos Bernheim-Jeune. Su gran amiga Misia fue responsable de la parte final de la exposición, ya que ella fue una de las clientes que le encargó gigantescos paneles que utilizó para decorar su comedor parisino. Misia, pianista y esposa del pintor modernista Josep Maria Sert, marcó los gustos de las familias pudientes de la época, de manera que a Bonnard le llovieron los encargos. Sin apenas espacio, Bonnard recreó su versión de la Arcadia en todos estos paneles, el mundo en el que a él le hubiera gustado vivir.


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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
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La Fundación Mapfre reúne en una muestra 200 obras del gran pintor francés



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Una de las obras de Pierre Bonnard en la Fundación Mapfre.

En las calles de París sucedía la balacera de las vanguardias, donde todos los pintores se dejaban impactar. O casi todos. Había un grupo de resistencia que en medio del incendio jamás quiso apropiarse de las llamas. Vivían su propia aventura ajenos a todo aquello que no estuviese en el centro de su interés o de sus obsesiones. Pierre Bonnard (1867-1947) fue uno de ellos. Quizá el principal.

Formó parte del grupo de artistas que se auparon bajo el lema de Nabis, y a partir de aquella experiencia tribal decidió caminar solo. Bonnard fue un pimpollo de familia bien tocado por el talco de los mejores colegios de París. Pronto decide sumarse al convoy de los creadores y planea una estrategia de doble velocidad: por un lado, se enrola en una agencia de publicidad; por otro, crece su pasión y vicio por la pintura. Sólo hay que remar.

En medio del rugido del cubismo y el surrealismo, que dejó a tantos artistas suspendidos en el aire, Bonnard ensaya una pintura de sugerencias, de veladuras, en el límite de lo decorativo, en la audacia de la composición. Un trabajo delicado, extraordinario tantas veces, con una tensión entre la placidez y el onirismo. Hacía más de 30 años que la obra de Pierre Bonnard no se veía en España con la abundancia que propone la Fundación Mapfre de Madrid (Paseo de Recoletos, 23) en la exposición que reúne alrededor de 200 piezas, desde sus primeros tanteos a las últimas grandes telas decorativas. Y entre medias, fotografías inéditas aquí de los viajes de Bonnard por el norte de África, por España y por Venecia, así como los retratos que hizo con su cámara a Renoir y Monet.

Si en los años mozos tuvo de brújula a Gauguin, en la madurez solo se tuvo a sí mismo como norte. Desarrolló una personalísima facultad para manejar el color, con una audacia casi milagrosa. A partir de 1900 decidió que su mundo era mejor hacia dentro y se centró en escenas domésticas, en la variedad de sus amantes, en Martha (su mujer) y en todo aquello que condiciona una suerte de escena plácida. De pabellón de reposo.

Bonnard fue ensanchando el cauce de esta intimidad doméstica con escenas de una emoción condensada en las que da contorno a la sensualidad, a la incomunicación, al erotismo. "La clave de tu futuro está escondida en tu vida diaria", decía el artista. Así afianzó su idea de que era en la jurisdicción de su existencia donde estaba todo aquello que le era útil para pintar. "Es así como crea una poética personal. Un mundo reducido, con un estallido de color y una pincelada con la que intenta convencernos de la belleza de la pintura y de que el mundo puede ser mejor a través del arte", sostiene Pablo Jiménez, director de la Fundación Mapfre.

Pero Bonnard no es un pintor realista. El suyo es un espacio de figuración donde cada vez tiene más potencia lo arcádico, lo hímnico, lo vibrante del mito y de la fantasía. Así se aprecia en algunas de las piezas de madurez, donde la libertad no sólo está en el gesto sino en el boicot de la escena con elementos aparentemente innecesarios, extraños, como forzados. Seres que aparecen por una esquina de la tela. Protagonistas que son cortados... De algún modo, Bonnard experimenta constantemente con los elementos de su obra, en apariencia escasos pero capaces de ser dilatados hasta generar una constelación. Y es que, como él mismo decía, "nada muere más rápidamente que una idea en una mente cerrada".

Bonnard pintaba apartado. Miraba apartado. Vivía fuera del calambre artístico de la capital. Era un señor de buen discurso que manifestaba su rebelión casi como una penitencia. Era un pintor/pintor y defendía la pintura como el más hermoso de los primitivismos, como la mejor fiebre de la modernidad. "Te hace amar el cuadro. Tiene una gran capacidad para contagiar el placer de la pintura. Por eso se convirtió en referente de algunos artistas españoles de los años 80, como Carlos Franco y otros que formaron el grupo de la Nueva Figuración. Aquellos que reivindicaron el soporte clásico", apunta Jiménez.

El lirismo de Bonnard no tiene disciplina. Por eso mantiene el asombro intacto. Y la inquietud, que tantas veces está concentrada en los personajes de su pintura. Hombres, mujeres, niños... Seres que nunca miran de frente al espectador, a quienes no se les ve con definición el rostro. En las figuras hay algo de aparición con un punto, a veces, de cierto drama. Sucede, por ejemplo, en los cuatro autorretratos que reúne la muestra, donde este pintor bien acolchado de placidez burguesa se presenta desnudo, con un ramalazo patético, como dejando ver la otra cara de la luna, la intemperie de un hombre que no siempre es lo que dibuja.

Y es que la ambigüedad también es clave en este artista. Y lo mantiene en moderno.


Un fotógrafo inesperado

Las instantáneas de Pierre Bonnard son un buen mapa para entender de otro modo el punto de vista del pintor. Retrató a su familia, a sus amigos, a las amantes, a los maestros, paisajes sueltos y cuerpos en lucha. Muchas de estas fotos le servían para pintar. Era un artista de taller, así que la fotografía era un apoyo. Sucede claramente con los retratos a Martha, donde aparece desnuda. Es una suerte de modelaje de lo que luego será el cuadro. En los viajes, Bonnard prefería la cámara al cuaderno de dibujo. Así sucede en sus visitas a Córdoba y Sevilla, donde dejó registro de paseos con amigos, de tardes en tabernas y de la arquitectura encalada. Es uno de los primeros pintores en salir de casa con cámara de fotos y entender la utilidad para su propia obra.



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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
Exposición de Pierre Bonnard en la Fundación Mapfre, hasta el 10 de enero de 2016


La muestra presenta alrededor de ochenta pinturas, una docena de dibujos y medio centenar de fotografías, en su mayoría nunca vistas en nuestro país.


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La sala de exposiciones de Recoletos de la Fundación Mapfre acoge la exposición 'Pierre Bonnard', que ofrece una mirada renovada sobre la original obra del artista francés.


Fuente: madridiario.es
 




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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
El arte italiano que mezcló puntillismo y lucha de clases

La Fundación Mapfre de Madrid analiza en una muestra el divisionismo, un movimiento que sentó las bases del futurismo




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Reflexiones de un hambriento, una obra de 1894 de Emilio Longoni.

Cuando a finales de 1886 los franceses inventan el puntillismo a base de minúsculos toques de colores puros que solo se pueden contemplar en la distancia, los artistas de la recién unificada Italia crean el divisionismo. Es una versión nacional del puntillismo y la raíz de los movimientos que explican su participación en la historia del arte del siglo XX a través del futurismo y la abstracción. Es también un período que no ha sido suficientemente valorado ni siquiera dentro de Italia.

La Fundación Mapfre abre mañana (hasta el 5 de junio) la primera exposición exhaustiva dedicada a los divisionistas, muchos de los cuales se convertirían después en futuristas. La muestra, realizada en colaboración con el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Trento y Rovereto incluye más de 70 obras maestras de creadores como Giovanni Segantini, Giuseppe Pellizza da Volpedo o Angelo Morbelli. La exposición viajará en verano a Trento.

Los comisarios, Beatrice Avanzi y Fernando Mazzocca, confiesan no saber bien por qué este período no ha sido objeto de una muestra como la que se ve ahora en Madrid. Para Avanzi, los principios técnicos del puntillismo y el divisionismo son los mismos. “Pero estos artistas viven en la Italia reunificada un tiempo de carencias y sufrimiento muy superior al de otros países europeos. Por eso están comprometidos con la miseria y penalidades de sus compatriotas, incluso muchos militan abiertamente en la política”.

La exposición está dividida en cinco secciones que recorren los orígenes y la evolución del divisionismo, que influyó de manera clave en la renovación del arte italiano entre finales del siglo XIX y principios del XX, y en especial en la formación de los artistas que lanzarían la vanguardia futurista.


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Compenetración iridiscente n.º 4 (1912-1913), de Giacomo Balla

A modo de arranque, la muestra recorre los plácidos paisajes y retratos de Giovanni Segantini y Gaetano Previati, quienes con su peculiar visión de la modernidad rompen con el academicismo. Son obras pintadas al aire libre en las que se intenta certificar el momento del día en el que han sido ejecutadas y en las que las vistas alpinas se mezclan con praderas por las que pastan las ovejas. Pero estas imágenes cargadas de paz evolucionan pronto hacia los temas sociales que por entonces preocupan a la sociedad italiana.

Es en Milán, capital económica e industrial, donde estallan las protestas de los trabajadores y se evidencian las mayores desigualdades. Ese tremendo coste de la vida moderna se ve en obras que recuerdan el filme Novecento de Bertolucci y entre las que destacan Día de fiesta en el albergue, de Angelo Morbelli, retrato de los ancianos abandonados en un hospicio milanés o Reflexiones de un hambriento, de Emilio Longoni, donde se ve a un pobre ante el ventanal de un lujoso restaurante y que fue publicada en Lotta di clase, el periódico del recién nacido Partido Socialista, por lo que el artista fue acusado de “instigación al odio entre las clases”.


Los misterios de la vida

Pablo Jiménez Burillo, director del área de cultura de Mapfre, señala que el divisionismo tiene también una vertiente simbolista acorde con los planteamientos de sus colegas europeos. “Los italianos se concentraron en la plasmación de temas universales, las ideas, tratando de indagar en los misterios del tiempo, de la vida, del amor y de la muerte”. Las maternidades y las muchachas bailando son los temas más repetidos por artistas como Gaetano Previati o Giuseppe Mentessi.

La segunda parte de la exposición es la más conocida por el gran público y está dedicada al nacimiento del futurismo, el movimiento surgido en torno al manifiesto de Marinetti publicado el 30 de febrero de 1909 en el diario francés Le Figaro. Con un ansia de ruptura común a todas las iniciativas surgidas en vísperas de la Primera Guerra Mundial, el Futurismo es un canto a la violencia y a la velocidad de las máquinas. Entre los primeros en sumarse al futurismo había nombres procedentes del divisionismo como Boccioni, Carrà o Balla. “El futurismo es una costilla del divisionismo”, concluye Avanzi. “Ni la guerra ni el fascismo pudieron aniquilar una fuerza tan potente como la de los futuristas. En ellos está la simiente de los artistas que después han renovado Italia”.


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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
El camino al mundo moderno

La Fundación Mapfre presenta 'Del divisionismo al futurismo', una exposición que analiza el nacimiento de las vanguardias del siglo XX.



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Exposición 'Del divisionismo al futurismo' en la Fundación Mapfre.

A su técnica la llamaron sarampión, como si su pintura punteada fuese una enfermedad que consumía el concepto que, en aquella época, se tenía del arte. Pero a través de esos puntos, de no mezclar los colores para que la fusión se realizase en nuestros ojos, crearon un movimiento que ponía en tela de juicio a la sociedad, que criticaba las desigualdades que Italia vivía a finales del siglo XIX, que sometía la obra al mensaje: el divisionismo.

"Estamos mostrando una página de la historia del arte que pocos conocen", comenta Pablo Jiménez Burillo, director de la Fundación Mapfre, sobre la exposición Del divisionismo al futurismo. El arte italiano hacia la modernidad, que se exhibe desde este miércoles hasta el 5 de junio. En ella, a través de casi 80 obras y gracias a la colaboración del MART, se narra una evolución, el cambio de mentalidad artística de finales del XIX hasta principios del siglo XX. Hasta el futurismo.

"Se fueron a las ciudades y los paisajes desaparecieron. Llegaron las calles, las esquinas, la pintura social y la comprometida", reflexiona Beatrice Avanzi, que ha comisariado esta exposición junto a Fernando Mazzocca. "Estos pintores no sólo abren una ventana a las vanguardias italianas, sino a una reflexión sobre el nacimiento del mundo contemporáneo. Los divisionistas concibieron la idea de modernidad como algo bueno en sí mismo, no como algo ajeno a ellos", añade Burillo sobre Giovanni Segantini o Giacomo Balla.

Para poder explicar la evolución del movimiento y hasta dónde llegó su influencia, la muestra se divide en cinco etapas que recorren los pasos previos al futurismo. "Empiezan perdiendo relación con la naturaleza y se zambullen en obras con un gran compromiso social; poco a poco pierden su visión realista y adquieren un lenguaje simbolista que sería el último peldaño que les separaba del futurismo", explica Avanzi. "Hemos creado un diálogo entre ambas corrientes para poder definir el nacimiento de la pintura moderna en Italia, para que se pueda apreciar su estrecha relación".

Fue a partir de la exposición que organizan los artistas de este movimiento en 1891, cuando se empieza a observar este cambio de gusto e inspiración, el cambio a lo abstracto. Poco a poco, su compromiso social se transformó en ideas, tratando de indagar en el tiempo, la vida, el amor o la muerte. El realismo se fue desfigurando, dando lugar al uso de símbolos como reflejo de sus reflexiones. "Trataron de recorrer los territorios del sueño y del inconsciente, la pintura resultaba cada vez más desmaterializada, alcanzando evocaciones casi musicales", añade la comisaria.

Y llegó el futurismo, fundamentalmente gracias a Giacomo Balla, maestro de Umberto Boccioni y Gino Severini. "Tras las enseñanzas de Balla, Boccioni comenzó a trabajar el espacio pictórico a través de la fragmentación de los objetos, lo que le permitió alcanzar un equilibrio entre el dinamismo futurista y la descomposición de los volúmenes del cubismo, algo que descubrió en Picasso y Braque".

Para Burrillo, con esta exposición, "no se trata de mirar sólo a Italia, sino de ver cómo en Europa se recorre un camino compartido hacia el mundo moderno. Un continente con las misma ideas y preocupaciones que se juntan en una unidad estilística". Las mismas que asumimos como propias un siglo más tarde.

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Mensaje Re: Fundación Mapfre De Madrid. Exposiciones 
 
Exposición organizada por la Fundación Mapfre, titulada; I segni nel tempom, se puede ver en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, hasta 24 de julio de 2016.


El ADN del arte español estaba oculto en los Uffizi

Madrid acoge el resultado de un estudio sobre los dibujos del museo florentino



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Fragmento de Estudios de siete cabezas femeninas (1659-1660), de Antonio del Castillo. / Cristian Ceccanti - EL PAÍS

Entre borrones y rasguños, los dibujos cuentan las dudas, los empecinamientos, las puertas de entrada y los callejones sin salida de su proceso de creación. Y no solo dejaron sus huellas sobre ellos los artistas, que los tomaron como germen de algo posterior o sencillamente como lugar de ensayo. También cargan en muchas ocasiones los trazos de los coleccionistas que los atesoraron durante siglos. El conjunto construye un complejo ADN cuyo estudio ha permitido la reconstrucción, por vez primera de la historia, del dibujo español de los siglos XVI al XVIII con 129 obras, 70 de ellas inéditas. Los fondos pertenecen a la Galería de los Uffizi. Allí estaban guardados con atribuciones y anotaciones erróneamente interpretadas. Una relectura de esas señales del tiempo, realizada por el experto Benito Navarrete a lo largo de casi dos años, ha permitido reconstruir una narración que desde hoy y hasta el 24 de julio se puede ver en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Titulada I segni nel tempo, la exposición es una oportunidad única de ver reunidas unas obras cuya fragilidad hace que raramente salgan de los archivos del museo florentino. La muestra, organizada por la Fundación Mapfre, se acompaña de una extensa publicación financiada por Ayuda García Viñolas, en la que cada dibujo se reproduce junto a su historia, la técnica con la que fue realizado y la obra de arte que acabó siendo: óleos, retablos, molduras o tapices. Entre los artistas incluidos se encuentran herederos de la maniera italiana como Alonso Berruguete, Gaspar Becerra o Luis de Vargas, o los más prolíficos dibujantes del Siglo de Oro: José de Ribera, Alonso Cano, Francisco de Herrera el Mozo, Antonio del Castillo, Vicente Carducho, Juan Carreño, Francisco Rizi o Claudio Coello, para culminar en la obra de Miguel Jacinto Meléndez.

Benito Navarrete, profesor de la Universidad de Alcalá y experto en pintura y dibujos españoles del Siglo de Oro, explica que el origen de la investigación se remonta en realidad a una exposición que su gran amigo y maestro Alfonso Pérez Sánchez, director del Prado entre 1983 y 1991, realizó en 1971. Fue entonces la primera vez que se trazaron las líneas para el estudio del dibujo madrileño y andaluz.

Navarrete estudió más de 40.000 piezas de las muchas que atesora la Galería de los Uffizi y descubrió que el conjunto tenía patrones que permitían reconstruir su origen por pequeñas pero determinantes señales incluidas en los papeles. “Ante mí, tenía la posibilidad de descubrir el mundo íntimo y secreto de cada obra”, cuenta el experto. Con esas señales y su conocimiento del tema pudo demostrar que muchos de los dibujos guardados como de autores alemanes, franceses o italianos eran en realidad españoles. Una primera parte de este conjunto había sido comprada por un comerciante florentino, Giovanni Filippo Michelozzi. De ahí, pasaron al museo florentino. El otro bloque, 12.704 papeles en total, se lo quedó el escultor Emilio Santarelli, quien también los donó a la institución.

“Históricamente”, explica Navarrete, “han estado divididos. Nada menos que un 20% de los que se tenían por italianos eran españoles”.

El carácter de documento personal y privado del dibujo implicaba que los artistas no se desprendían de tan personales apuntes. Si en estos papeles había ideas que no servían para el proyecto que tenían en marcha, podían ser de utilidad para el futuro. “Estamos hablando de artistas ya valorados en el mercado del momento y celosos de sus proyectos, exactamente igual que ocurre ahora”, reflexiona Navarrete. Algunos querían conocer las carpetas secretas de los otros, pero raras veces se compartían.

En la búsqueda de esas pruebas de talento participaron pronto los coleccionistas más finos, conscientes de que aunque las obras de arte definitivas son joyas más acabadas, los dibujos ofrecen valiosas pistas sobre el talento de sus autores.


Ángeles García / elpais.com
 




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