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ESCULTURA DE LA ANTIGUA ROMA
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Post ESCULTURA DE LA ANTIGUA ROMA 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado a la escultora de la Antigua Roma. La escultura romana destacó sobre la griega en lo relativo a la creación de la escultura-retrato.

Los materiales más utilizados en el retrato romano fueron el bronce y el mármol. Las estatuas eran apolícromas, es decir, carecían de colores, excepto al principio en que los ojos sí se coloreaban, práctica que más tarde se abandonó para ser tallados.


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Busto de mármol del Emperador romano Trajano. Esculpido en Roma en la primera mitad del siglo XVI por un autor italiano anónimo. Museo del Prado

El Arte Romano tiene su principal manifestación en la arquitectura, tanto religiosa, como civil. Pero además también realizaron otras obras importantes como la escultura y en menor medida la pintura.

Al principio, la escultura romana de retrato sólo representaba la cabeza y parte del cuello. Al tiempo se avanzó en la representación de todo el busto, incluyendo hombros y pecho.


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Escultura romana del s. II d.C., representa al río Tíber que sostiene un remo y una cornucopia símbolo de la prosperidad. Es una copia de un original griego que representaba al río Nilo. Foro Romano, a su lado se encuentra la loba de Roma amamantando a Rómulo y Remo.

También se esculpieron esculturas de cuerpo entero, en las que el personaje podía estar de pie o sentado, aunque hay que decir que es más frecuente el retrato sedente en mujeres que en hombres.


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Augusto de Prima Porta (20 d.C.), copia en mármol. Roma, Museos Vaticanos

La escultura romana del retrato nació para el emperador y luego se adaptó a otro tipo de personajes que podían costearse el trabajo de los artistas. De ahí que sea importante conocer los tipos de retratos que se hicieron a los emperadores porque luego, en menor o mayor medida se adaptaron al resto. También existen indicios del empleo del retrato ecuestre del emperador, pero sólo ha llegado a nuestros tiempos un solo ejemplar.

La influencia de esta representación de poder tuvo un gran desarrollo en la escultura de etapas posteriores donde fue muy frecuente la representación de los monarcas o de grandes señores cabalgando a lomos de su caballo.


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Pavimento que representa el mes de Marzo. Galería Borghese, Roma.

El mosaico es otra de las artes más brillantes del mundo romano. Las villas tardorromanas tuvieron frecuentemente sus suelos cubiertos por hermosos mosaicos con figuras geométricas, escenas de caza, mitológicas, etc.  

En cuanto a la pintura, a pesar de su antigüedad, la pintura romana, descendiente y heredera de la griega, poseía una técnica depurada, (mejor que la posterior medieval) y representaba todo tipo de temas con una maestría que, aún hoy, nos sorprende.


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Representación del rapto de Europa en una pintura romana hallada en Pompeya. Nápoles, Museo Arqueológico Nacional

Los artistas romanos representaban los temas, tanto escenas cotidianas, mitológicas, paisajes, bélicas, como eróticas, cómicas, etc. Muchas veces las pinturas eran simulaciones de mármoles, de arquitecturas, de cuadros colgados o de jardines imaginarios.

Los artistas de las ciudades romanas solían pintar sobre las paredes de las habitaciones de las casas mediante la técnica del fresco. A veces hasta siete capas sustentaban las pinturas y se utilizaba la cal y el jabón de cera.

Los colores empleados son muy vivos y variados y muchas veces se conseguía plasmar la sensación de tridimensionalidad y de perspectiva.
 
La liberalidad del imperio romano hizo posible la existencia de los desnudos, tanto femeninos como masculinos. De hecho, nos podemos encontrar con escenas de explícito contenido sexual.


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Escultura de Rómulo y Remo. Luperce estatua enfermería a los gemelos Rómulo y Remo, la leyenda más generalizada sobre la Fundación de Roma. Foro Romano, Roma, Italia

La leyenda de Rómulo y Remo. Las tradiciones romanas adornaron el surgimiento de la ciudad de Roma con diversas leyendas que fueron recogidas principalmente por el historiador romano Tito Livio.

Dice la leyenda que Ascanio, hijo del héroe troyano Eneas (hijo de Venus y de Anquises), habría fundado la ciudad de Alba Longa sobre la orilla derecha del río Tíber. Sobre esta ciudad latina reinaron muchos de sus descendientes hasta llegar a Numitor y a su hermano Amulio. Éste destronó a Numitor y, para que no pudiese tener descendencia que le disputase el trono, condenó a su hija, Rea Silvia, a ser sacerdotisa de la diosa Vesta para que permaneciese virgen.

A pesar de ello, Marte, el dios de la guerra, engendró en Rea Silvia a los mellizos Rómulo y Remo. Cuando éstos nacieron y para salvarlos fueron arrojados al Tíber dentro de una canasta que encalló en la zona de las siete colinas situada cerca de la desembocadura del Tíber, en el mar.

Una loba, llamada Luperca, se acercó a beber y les recogió y amamantó en su guarida del Monte Palatino hasta que, finalmente, les encontró y rescató un pastor cuya mujer los crió. Ya adultos, los mellizos repusieron a Numitor en el trono de Alba Longa y fundaron, como colonia de ésta, una ciudad en la ribera derecha del Tíber, en el lugar donde habían sido amamantados por la loba, para ser sus Reyes.

Se dice que la loba que amamantó a Rómulo y Remo fue su madre adoptiva humana. El término loba, en latín lupa, también era utilizado, en sentido despectivo, para las prostitutas de la época.


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La estatua más emblemática de la antigua Roma: la Loba Capitolina, aquella que, según la leyenda, amamantó a Rómulo y Remo. Museo del Palatino.

La leyenda también nos cuenta como Rómulo mató a Remo. Cerca de la desembocadura del río Tíber había siete colinas: los montes Aventino, Celio, Capitolio, Esquilino, Palatino, Quirinal y Viminal. Rómulo y Remo discutieron sobre el lugar en el que fundar la ciudad y decidieron consultar el vuelo de las aves, a la manera etrusca. Rómulo vio doce buitres volando sobre el Palatino y Remo sólo divisó seis en otra de las colinas. Entonces Rómulo, para delimitar la nueva ciudad, trazó un recuadro con un arado en lo alto del monte Palatino y juró que mataría a quien osase traspasarlo. Remo le desobedeció y cruzó con desprecio la línea, por lo que su hermano le mató y quedó como el único y primer Rey de Roma. Este hecho habría ocurrido en el año 754 a. C., según la versión de la historia oficial de la Roma antigua.

Origen griego. Según otras fuentes antiguas, la fundación de la ciudad se relaciona con el mundo griego, ya que los fundadores tenían ascendencia troyana. Esta leyenda presenta a Eneas, príncipe troyano, como antepasado directo de Rómulo y Remo, el cual, al casarse con la hija del rey latino, se convirtió a su vez en rey.


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Monte Palatino. Roma

Esta interpretación la encontramos no sólo en historiadores griegos, sino que también se defendió en el mundo itálico frente a otras tradiciones que le atribuían un origen arcadio, relacionadas con el mito de Evandro, o aqueo, relacionada con el de Odiseo o Ulises. De esta manera, la historiografía griega atribuyó un origen divino y griego a la fundación de Roma, versión asumida posteriormente por ésta.

Sin embargo, no puede considerarse admisible la tradición de un origen troyano de Roma si se compara la fecha de la destrucción de Troya (1200 a.C.) con los restos arqueológicos del poblamiento del Lacio y el Septimontium, semejante a otros muchos poblados del Bronce Final de Italia y que dista mucho de ser un poblamiento importante, y mucho menos una ciudad.

Espero que la recopilación que he conseguido de la Antigua Roma, sea de vuestro interés y contribuya en su divulgación.





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Escultores de la antigua Roma. Obra de Sir Lawrence Alma Tadema




ESCULTURA DE LA ANTIGUA ROMA


La escultura de la Antigua Roma, se desarrolló en toda la zona de influencia romana, con su foco central en la metrópolis, entre los siglos VI a. C. y V. En origen derivó de la escultura griega, principalmente a través de la herencia de la escultura etrusca, y luego directamente, por contacto con las colonias de la Magna Grecia y la propia Grecia, durante el periodo helenístico. La tradición griega siguió siendo una referencia constante durante todo el curso del arte escultórico en Roma, pero contradiciendo una creencia antigua y extendida de que los romanos eran sólo meros copistas, ahora se reconoce que no sólo fueron capaces de asimilar y desarrollar sus fuentes con maestría, sino también aportar una contribución original e importante a esta tradición, visible especialmente en el retrato, género que consiguió un gran prestigio y que dejó ejemplos singulares de gran técnica y de alta expresividad, y en la escultura decorativa de los grandes monumentos públicos, donde se desarrolló un estilo narrativo de gran fuerza y carácter típicamente romano.[1]


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Esculturas romanas. Museo del Prado. Augusto o Tiberio, (s. I d. C.)  -  Augusto togado (s. I a. C.).

Tras la consolidación del imperio romano, otras influencias extranjeras, sobre todo orientales, determinaron una progresiva separación del canon griego hacia una simplificación formal de tendencia abstracta, que estableció las bases del arte bizantino, paleocristiano y medieval. Este proceso, sin embargo, se intercaló con varios períodos de recuperación del clasicismo, que además de fortalecer el vínculo simbólico con el pasado fueron útiles para el mantenimiento de la cohesión cultural y política del vasto territorio. Ni siquiera la cristianización del imperio pudo determinar la exclusión de referencias a la escultura clásica romana pagana, y hasta el siglo V, cuando la unidad política se rompió definitivamente, los modelos clásicos siguieron siendo imitados, pero adaptados a los temas del nuevo orden social, político y religioso que se había instaurado.[2]


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Escultura romana de Eros y Psique. Eros y Psique, cuyo relato fue narrado por Apuleyo, representados en una escultura romana.

El estudio de la escultura romana ha demostrado ser un desafío para los investigadores por su evolución que es cualquier cosa menos lineal y lógica. Los intentos de imponer un modelo de desarrollo formal como un sistema orgánico sobre la historia de la escultura romana se muestran inexactos y poco realistas. A pesar de algunos desacuerdos entre los especialistas en muchos puntos, ya se tiene una idea más o menos clara sobre las características generales de cada etapa evolutiva, pero, cómo fue su desarrollo y cómo se transforman de una a otra etapa ha demostrado ser un proceso muy complejo y que aún está lejos de entenderse bien. Una tendencia duradera al historicismo y eclecticismo, aún más pronunciada que la observada durante el helenismo, junto con la presencia de diferentes estilos, en esculturas producidas en el mismo momento histórico para distintas clases sociales, e incluso dentro de una sola clase, atendiendo a las necesidades de cada tema y situación, hacen que su comprensión sea aún más compleja.[3]


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Bustos de Teodosio II, y de Cayo Calígula. Museo del Louvre, París.

Además del gran mérito intrínseco de la producción escultórica romana, el hábito generalizado de copias de obras anteriores griegas y alusiones al clasicismo griego a lo largo de toda su historia, incluso por los primeros cristianos, mantuvo viva una tradición y una iconografía que de otra forma podrían haberse perdido. Gran parte del conocimiento de la cultura y el arte de la Grecia antigua, y más, la escultura romana —junto con la griega— tuvo una importancia fundamental en la formulación de la estética del Renacimiento y el Neoclasicismo, que confirma su vitalidad y significado incluso en los tiempos modernos, y es considerado hoy como uno de los organismos artísticos más importantes de la cultura occidental, como lo demuestra el gran número de estudios especializados de que es objeto y de la fascinación que todavía tiene en el público en general.[4]


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Reconstrucción de la Via Appia, en la antigua Roma

Escultura y sociedad romana. Roma era una sociedad muy visual. Con la mayoría de su población analfabeta e incapaz de hablar el latín erudito que circulaba entre la élite, las artes visuales funcionaban como una especie de literatura accesible a las grandes masas, lo que confirma las ideologías y la difusión de la imagen de personalidades eminentes. En este contexto, la escultura disfrutó de una posición privilegiada, que ocupaba todos los espacios públicos y privados y llenaba las ciudades con innumerables ejemplos de diversas técnicas. Gran parte de la escultura producida en Roma pertenece a la temática religiosa o está relacionada de alguna manera. Incluso los retratos a menudo tenían asociaciones con lo sagrado, como en todas las culturas, Roma no fue diferente en la práctica para producir imágenes de culto, que estaban presentes desde los grandes templos públicos hasta las viviendas más modestas. No sólo las grandes esculturas en bronce y mármol se convirtieron en algo común —las estatuas, grandes sarcófagos, relieves arquitectónicos, camafeos grabados en las piedras preciosas—, pero aún más en estatuillas de terracota, placas funerarias sencillas, máscaras mortuorias en cera , cuyo coste estaba al alcance de las clases más bajas, y en las monedas, que pueden ser vistas como una especie de relieve en miniatura y se encontraban entre la masa del pueblo.[5] Jaś Elsner dice:
 
Este tipo de imágenes, la búsqueda de los súbditos imperiales en todas las formas de la vida social, económica y religiosa, ayudó a construir una unidad simbólica entre los diversos pueblos que componían el mundo romano, enfocando su sentido de la jerarquía en una persona suprema. Cuando un emperador moría, sus herederos podían loar sus esculturas como a un dios —proclamando una continuidad en la sucesión y erigiendo templos en su honor—. Cuando un emperador era derrocado, sus imágenes eran violentamente erradicadas en damnatio memoriae, la supresión de la memoria que informaba a la población visualmente de los cambios en la autoridad política (...). El politeísmo no era una religión de escrituras y doctrinas, en la estructura de una Iglesia jerárquica y centralizada, era más bien un conjunto de lugares de culto, rituales y mitos, gestionados por las comunidades y, a menudo, por los sacerdotes hereditarios. Era ecléctico y diverso, amplio, pluralista y tolerante. Las imágenes y los mitos proporcionan las principales formas de «teología» en el mundo antiguo.[6]


user_50_0busto_del_emperador_trajano_103_117_d_c_en_los_museos_vaticanosuser_50_0busto_de_antinoo_el_favorito_del_emperador_adriano_encontrado_en_la_villa_de_adriano_en_1790  

Busto del emperador Trajano (103 – 117 d.C.). Museos Vaticanos.  -  Busto de Antinoo, el favorito del emperador Adriano, encontrado en la villa de Adriano en 1790

Cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial, el papel del arte cambió radicalmente, aunque no había perdido su importancia central. El Dios cristiano no era conocido a través de imágenes, sino a través de las escrituras, de sus profetas y comentaristas. Sin embargo, la escultura y su repertorio de representaciones naturalistas convencionales fue adoptada por la iglesia naciente para la composición de alegorías y continuó siendo practicada como decoración en el ámbito público y privado laico, como registro histórico o para el retrato hasta el final del imperio, incluso como forma de enfatizar la herencia clásica compartida por todos y con el fin de establecer la unidad cultural en un momento en que las periferias empezaban a desarrollar su propia cultura con un alto grado de independencia y se volvía cada vez más complicada la tarea de mantener el territorio unificado.[7]


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Lar de bronze del siglo I, (Museo Arqueológico Nacional, Madrid).

Contexto histórico. El origen de Roma es controvertida, probablemente fue fundada a mediados del siglo VIII a. C. por una mezcla de pueblos itálicos que vivían en la región de Lazio desde el siglo X a. C. Algunos sostienen la tesis de que fue fundada por los etruscos, que vivían en el norte, y un mito dice que su fundación se debe a Rómulo y Remo, descendientes de Eneas, héroe de Troya. Otras evidencias sugieren fuertemente la presencia de grupos de inmigrantes transalpinos, célticos y germánicos, que habrían dejado sus rasgos físicos en algunas familias de la aristocracia romana, como los Flavios, y sido la causa de la presencia de nombres como Rufos y Rutilius, en un pueblo de tez oscura, básicamente.[8]


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Escultura etrusca tardía, siglo II a. C. Museo del Louvre.

Tradición etrusco-romana. Entre los siglos VII a. C. y VI a C. Los etruscos dominaron la parte norte central de la península Itálica, y al menos algunos de los semi-legendarios reyes de Roma fueron etruscos. Su arte, que ya estaba en gran medida interpretado del periodo griego arcaico, se convirtió en el arte de los romanos. Así como harían más tarde con el arte griego, los romanos no sólo copiaron los modelos etruscos sino que en sus guerras contra ellos, se apropiaron de sus obras de arte para la decoración de su capital. Las primeras esculturas realizadas en Roma de las que hay noticia datan del siglo VI a. C. y su estilo es totalmente etrusco. El famoso Apolo de Veyes, nos da una buena información sobre las tendencias estéticas vigentes en ese momento.

Los etruscos eran expertos en diferentes tipos de esculturas, desde la estatuaria fúnebre y sarcófagos hasta los grupos monumentales, y en muchos aspectos se anticiparon a la estética de lo prosaico que los romanos desarrollarían más tarde. Fueron maestros en escenas de género, que representaban la vida común, personajes del pueblo en actividades características, y también en el retrato se mostraron artífices de primer orden. Pero quizás donde habían sido más originales fue en el arte funerario. Desarrollaron una tipología específica para las urnas funerarias, que consistía en una caja decorada con relieves y cerrada por una tapa en la que había un retrato del fallecido de cuerpo entero reclinado, a veces acompañado por su esposa, un modelo que los romanos adoptarían en muchos de sus sarcófagos. El Sarcófago de los esposos del Museo Nacional Etrusco, y el Hipogeo dei Velumni, una cripta en Perugia con varios sarcófagos, son ejemplos bien conocidos. A pesar del progresivo abandono de la tradición etrusca durante la época helenística que vendría después, se encuentran rastros todavía en el momento de la época de Augusto.[9]


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Hipogeo dei Volumni, en Perugia, arte etrusco de transición al dominio romano.

Helenismo y Neoclasicismo. Mientras tanto, Grecia evolucionaba hacia su clasicismo, cuyo apogeo ocurrió en el siglo IV a. C. En aquella época Roma inició su expansión hacia el sur, obtuvo la independencia de los etruscos después de casi un siglo de luchas por la supremacía regional, entrando en contacto más íntimo con el arte griego a través de las colonias de la Magna Grecia, cuya cultura sofisticada impresionó a los romanos. Los nobles de Roma empezaron a querer obras griegas en sus palacios, y se contrataban a artistas griegos para que realizaran copias de las composiciones más célebres, a veces pagando precios fabulosos por ellas.[10]

Un poco más tarde, Alejandro Magno, conquistó Grecia y llevó su arte hasta la India pasando por Persia y llegando a Egipto. El impacto de esta expansión tuvo dos significados, uno sobre los pueblos conquistados, definiendo nuevas orientaciones para su cultura y arte, y otro inverso, sobre la propia cultura griega que asimiló una variedad de elementos orientales. Con la fragmentación del imperio alejandrino después de la muerte del conquistador, se formaron varios reinos de raíz local —Bitinia, Galacia, Paflagonia, Ponto, Capadocia, el Egipto de la dinastía Ptolemaica—, que incorporaron nuevas costumbres griegas, evolucionando de manera propia. De esta fusión de influencias orientales y griegas se debe el nombre helenístico. El interés por el pasado fue un rasgo distintivo de la época. Fundaron los primeros museos y bibliotecas, como en Pérgamo y en Alejandría, hubo biografías de los más notables artistas, la crítica de arte se desarrolló y los viajeros describieron la geografía, la historia y costumbres de las diversas regiones que visitaban.[11]


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Retrato de Nerón. Glyptothek Munich. Nerón Claudio César Augusto Germánico (en latín: Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus, 15 de diciembre del 37 – 9 de junio del 68), fue emperador del Imperio romano entre el 13 de octubre de 54 y el 9 de junio de 68, último emperador de la dinastía Julio-Claudia. Nacido del matrimonio entre Cneo Domicio Ahenobarbo y Agripinila, accedió al trono tras la muerte de su tío Claudio, quien anteriormente lo había adoptado y nombrado como sucesor en detrimento de su propio hijo, Británico.


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Pseudo-Séneca, siglo I a. C., copia de un original helenístico del siglo II a. C. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
 
El historicismo de la época dio lugar a que varios estilos anteriores fueran emulados en una síntesis ecléctica, pero con un progresivo laicismo en el tema y una preferencia por las obras dramáticas y en movimiento, cuya intensidad expresiva ha sido comparada por algunos con el estilo barroco. La infancia, la muerte y vejez, e incluso el humor, temas casi sin precedentes en el arte griego clásico, fueron introducidos y cultivados. Además, se desarrolló entre las élites de varias zonas el gusto por el coleccionismo de obras de arte, donde los romanos resultarían los más entusiastas.[12] [13] [14]

En 212 a. C., los romanos conquistaron Siracusa, una rica e importante colonia griega en Sicilia, adornada con una profusión de obras de arte helenístico. Todo fue saqueado y llevado a Roma, donde sustituyó la línea de la escultura etrusca que todavía se estaba cultivado. El saqueo de Siracusa, fue el impulso final para el establecimiento definitivo de la norma griega en el corazón de la República, pero encontró también la oposición.


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Detalle de un busto de Marcus Porcius Cato Uticensis, circa 80 a.C. Marco Porcio Catón (latín: M·PORCIVS·M·F·CATO) (Tusculum 234 a. C. - 149 a. C.) fue un político, escritor y militar romano apodado El Censor (Censorius), Sapiens, Priscus o Major (el Viejo) para distinguirle de su bisnieto Marco Porcio Catón el Joven.

Catón denunció el saqueo y la decoración de Roma con las obras helénicas, consideró que era una peligrosa influencia para la cultura nativa, y deploró que los romanos aplaudieran las estatuas de Corinto y Atenas, y ridiculizaran la tradición decorativa en terracota de los antiguos templos romanos. Pero todo fue en vano. El arte griego había sometido el gusto etrusco-romano en general, al punto de que las estatuas griegas se encontraban entre los premios más codiciados de la guerra y eran exhibidas durante la procesión triunfal de todos los generales conquistadores.


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Escultura del emperador romano Claudio. Museo del Louvre. París. Tiberio Claudio César Augusto Germánico (en latín Tiberius Claudius Caesar Augustus Germanicus; Lyon, 1 de agosto de 10 a. C. — Roma, 13 de octubre de 54 d. C.) historiador y político romano, fue el cuarto emperador romano de la dinastía Julio-Claudia, y gobernó desde el 24 de enero del año 41 hasta su muerte en el año 54. Nacido en Lugdunum, en la Galia, fue el primer emperador romano nacido fuera de la Península Itálica. Permaneció apartado del poder por sus deficiencias físicas, cojera y tartamudez, hasta que su sobrino Calígula, tras convertirse en emperador, lo nombró cónsul y senador.


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Hércules Capitolino, clasicismo, siglo II a. C. Museos Capitolinos. Roma

En el triunfo de Lucio Emilio Paulo Macedónico tras la conquista de Macedonia en el 168 a. C. desfilaron doscientas cincuenta carrozas llenas de estatuas y pinturas, y después de la conquista de Acaya en el 146 a. C., que decretó el fin de la independencia griega y su sumisión al Imperio Romano, Plinio dice que Cneo Lucio Mummio, literalmente llenó Roma de esculturas.[15] Poco después, en el 133 a. C., el imperio recibió en herencia el reino de Pérgamo, donde había una escuela pujante y original de la escultura helenística. —El enorme Altar de Pérgamo, el Gálata suicida, o el intensamente dramático grupo Laocoonte y sus hijos, fueron tres de las creaciones más impresionantes de esta escuela helenística.


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Gradiva, ejemplo de escultura de la escuela del neoaticismo.

Los artistas griegos se establecieron en Roma después de que Grecia fuera conquistada en el 146 a. C., y muchos de ellos empezaron a producir copias de esculturas griegas, que eran populares en Roma. Esta escuela helenística reprodujo los modelos de Praxíteles, de Lisipo y obras clásicas del siglo V a. C. En esta escuela neoática de Roma destacó entre otros el escultor Pasiteles, originario de la Magna Grecia, aunque convertido en ciudadano romano. Fue famosa la recopilación que hizo en un catálogo de las esculturas más famosas del mundo. Como escultor se le atribuyen un Júpiter en oro y marfil y numerosas obras en bronce. La escuela del neoaticismo representa la primera aparición en la historia de un movimiento que legítimamente puede ser llamado neoclasicismo.[16]


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Escena del sacrificio del altar de Ahenobarbus, siglo I a. C. Museo del Louvre, París.

Imperio romano. Un cambio en la tendencia puramente griega y en la formación de una escuela nacional de escultura en Roma se produjo entre finales del siglo II a. C. o inicios del siglo I a. C. Un buen ejemplo es el Altar de Ahenobarbus, considerado un precursor inmediato del gran arte imperial de Augusto. Creado como una ofrenda de Cneo Domicio Aenobarbus por el fin de la campaña militar en Brindisi fue instalado delante del templo de Neptuno, que se había construido al mismo tiempo. El altar fue decorado con varios frisos, algunos con escenas mitológicas más o menos convencionales y comunes en la tradición griega. En uno de ellos hay una escena de culto, que representa a un sacerdote preparando un sacrificio, a sus lados se encuentran los soldados y otros asistentes, que ya muestran la evidente transferencia del estilo clásico tradicional para un tema narrativo típicamente romano, una crónica de la vida diaria y al mismo tiempo, el éxito de su modelo político.[17]


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Aureus mostrando a Augusto y Tiberio en una cuadriga, c.13-14.

Con Augusto, Roma se convirtió en la ciudad más influyente del imperio, y también el nuevo centro de cultura helenística, como lo habían sido antes Pérgamo y Alejandría, atrayendo a un gran número de artesanos griegos. Así como los sucesores de Alejandro habían contribuido a la supervivencia del arte griego, enriqueciéndola con nuevos temas, ahora, en la era Augusta, Roma quiso dar su propia contribución a la continuidad y la renovación de una tradición que ya había conseguido prestigio durante siglos y había dictado el carácter de todo el arte producido allí. Pero más que la sólo transferencia de la atención cultural a Roma, que dio lugar a un cambio en lo que era hasta entonces puramente griego y el surgimiento de una escuela romana, fue la formación de la idea de imperio y la aplicación de la técnica griega para la temática típica de esta nueva Roma.[18]


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La representación de Tellus en el Ara Pacis.

El primer gran monumento de la escultura imperial fue el Ara Pacis entre el 13 y el 9 a. C., también obra maestra de la arquitectura romana. Dedicado a la diosa Pax, celebraba el éxito del regreso del emperador Augusto tras sus victorias en las campañas de Galia e Hispania. El monumento está decorado con frisos y relieves escultóricos que muestran procesiones, escenas alegóricas de la mitología y sacrificios. En una escena se representa a Tellus, la Tierra Madre, en una interpretación muy diferente de su homóloga griega, Gea. Aquí se la personifica con una fuerza violenta e irracional de la naturaleza, como se veía en vasijas griegas, pero es una imagen realmente delicada y maternal de protección y nutrición. Otras escenas enfatizan los beneficios de la Pax Augusta, y proporcionan una visión clara de los valores que en ese momento tenían los romanos como verdaderos —una idea afirmada en repetidas ocasiones en la poesía laudatoria de la época—.[20] Además, Strong afirma que en este inmenso altar aparece por primera vez en el arte grupos donde tanto espectadores como protagonistas participan de una misma escena, pero añade:

Un extenso estudio de los relieves del Ara Pacis tiende a mostrar que estamos en presencia de un arte en estado embrionario, aún lejos de la madurez, el escultor es heredero de la vasta experiencia del arte helenista, pero todavía no ha aprendido a seleccionar. Parece oprimido por la novedad y la grandeza del tema, y la indecisión sobre cómo se debe representar, se encuentra como probando un poco de todo. Pero vale la pena intentarlo, y a partir de aquí, en más de un siglo de práctica, se podrán observar los triunfos del arte flaviano. Los artistas de la época Augusta no eran ni académicos ni decadentes, ni siquiera imitadores. Eran pioneros recorriendo nuevos caminos que necesitaron mas de cien años para ser plenamente explotados.  [Strong, Eugénie (1969) p.56]


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Escultura romana. Patricio con bustos de difuntos

Si en términos puramente artísticos la madurez tuvo que esperar algún tiempo para desarrollarse, en términos ideológicos, el trabajo estaba bastante adelantado. Augusto demostró ser un gobernante capaz, y que contaba con el apoyo del pueblo. Desde su primer consulado, fue acumulando los honores hasta serle ofrecido el Imperio por el Senado y el estatus de «Augusto» a petición del pueblo. Su reinado fue un período de relativa paz y prosperidad. Organizó su país y fomentó las artes, no sin aprovecharse de ellas para promover su imagen personal, como era un uso generalizado entre los poderosos. Sobreviven muchas de las estatuas del emperador en los museos del mundo, mostrándolo con una variedad de atributos, militares, civiles y divinos. Una de los más famosas es Augusto de Prima Porta, que en realidad es una elaboración sobre el Doríforo de Policleto, demostrando que a pesar de los cambios sensibles en la cultura de su tiempo, la tradición griega seguía siendo venerada y los modelos más antiguos copiados, tanto por sus cualidades intrínsecas como por representar para la cultura romana una paternidad que le donaba mayor dignidad a la nueva condición de la Roma imperial, con la figura del emperador como el mayor de todos los mecenas y héroes.[21] [22] [23]


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Escultura de Julio César. Más info: www.enigmasdelmundo.com/2011/05/jul...cion-fatal.html

Otros historiadores consideran a la dinastía Julio-Claudia como un período de grandeza en el arte romano. Los aspectos que Strong considera indicativos de una fase de incertidumbre sobre la estética —el espíritu mismo de la investigación en varios frentes, la búsqueda de nuevos efectos de iluminación y tratamiento de superficies, nuevas formas para crear un sentido narrativo eficaz, estudiando la naturaleza y tratando de resolver los problemas de representación de los grupos en la perspectiva— se registran también como signos de consolidación de una escuela nacional de escultura genuina, se refuerza esta impresión en los logros en el campo de los retratos que se venían sucediendo desde la República. Sin embargo, es cierto que la influencia del neoclasicismo de la Escuela Ática se mantuvo firme, y modelos griegos idealizados siguieron siendo utilizados para la difusión de la majestad imperial, combinados con un gusto por la semblanza estableciendo un modelo innovador que fue seguido aún por muchos años.[24]


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Bustos romanos: Retrato de la emperatriz Sabina. Escultura romana (s. II d. C.). Madrid, Museo del Prado  -  Supuesto retrato de Lucio Junio Bruto (c. 300 a.C.). Roma, Museo Capitolino



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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Busto de Caracalla


TIPOS DE ESCULTURA

Retrato. En el retrato es donde Roma da su contribución más característica de la tradición fundada por los griegos, una contribución que ha madurado mucho antes que en otros tipos de esculturas y que hicieron que el desarrollo de la escultura en Roma, se dividiera en dos campos, con diferentes patrones de evolución, el retrato y los otros tipos. Desde la época de la República el retrato fue muy bien valorado y con el tiempo osciló cíclicamente entre una tendencia clasicista idealizante y otra de gran realismo, derivada en parte de la expresividad típica del arte helenista. Y entre los retratos, el busto y la cabeza eran las formas más frecuentes. Retratos de cuerpo entero fueron menos comunes, aunque no raros. La preferencia por el busto y la cabeza es un rasgo cultural típico romano que creó un enorme mercado en toda la cuenca mediterránea, y se explica primero, por razones económicas, siendo mucho más barato que una estatua completa, pero también por el convencimiento de una mejor identificación individual que prevaleció entre ellos. Para los romanos era la cabeza y no el cuerpo ni los trajes o accesorios, los atributos del centro de interés en el retrato.[25] [26]


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Busto de Cicerón. Marco Tulio Cicerón, en latín Marcus Tullius Cicero (pronunciado ['mar.kʊs 'tul.liʊs ˈkɪkɛroː]), Arpino, 3 de enero de 106 a. C. - Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.[1]


Robert Brilliant afirma:

...la identidad específica del sujeto, establecida por los rasgos particulares de la cabeza, había sido concebida como un apéndice simbólico que no tuvo en cuenta la integridad del cuerpo. Parece que los escultores crearon sus cabezas como la clave principal para la identificación, y se inserta en una bien orquestado parecido en el concepto, si no en su intención, en los guiones preparados, con una abertura para el rostro, —común entre los fotógrafos del siglo XX—. De hecho, innumerables estatuas sin cabeza que sobreviven de la antigüedad son similares a los escenarios sin actores, especialmente cuando el cuerpo fue hecho por los ayudantes con anticipación, esperando que la cabeza fuera tallada por el maestro escultor.[26]


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Retrato de matrona de la dinastía Flavia,con la técnica de perforación en el peinado. Musei Capitolini. Roma

Con la ascensión de Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia, el estilo mixto del idealismo y el realismo practicado por los artistas de la dinastía Julio-Claudia sufrió un cambio, con la reanudación de las formas helenistas y con una gran énfasis en la descripción realista del sujeto, incluso cuando se trataba del emperador. La técnica también se amplió con un uso innovador de perforación, y los retratos femeninos de esta fase están generalmente adornados con peinados muy complicados.


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Retrato monumental del emperador Constantino el Grande. Musei Capitolini. Roma

Con Trajano, sin embargo, los cambios en este nuevo ciclo se inclinaron hacia la idealización, llevado a un grado aún mayor con Adriano, cuyas preferencias helenistas estaban bien marcadas. Los retratos de Marco Aurelio, también presentan la caracterización realista, mostrando un paso más hacia la descripción, consiguen un alto grado de expresividad y tienen un gran impacto en el arte de todo el imperio. Pero entonces, mediante la influencia oriental y el interés en los elementos geométricos consiguen los retratos adquirir un aspecto progresivamente más estilizado y abstracto. Con Constantino esta tendencia llega a su su punto más alto, junto con una sensación de monumentalidad que recuerda el clasicismo de la época de Augusto. El estilo desarrollado bajo su reinado sería un precursor directo del arte bizantino y representa el final de la edad de oro de la escultura romana.[27] [28]

Mientras que los emperadores utilizaban los retratos principalmente para la reafirmación del poder y su programa político, en la esfera privada se utilizaban en el contexto funerario. Bustos, acompañados de inscripciones, elenco de familiares y amigos del fallecido decoraban altares, tumbas y urnas cinerarias. Esta tradición estaba vinculada a una larga historia de mostrar máscaras mortuorias de cera o terracota de antepasados ilustres en las procesiones funerarias de élite, para celebrar y demostrar su linaje patricio. Estas máscaras estaban orgullosamente guardadas en el santuario familiar, el lararium, junto con bustos en bronce, terracota o mármol. Se supone que la costumbre de la confección de máscaras mortuorias, que copian con exactitud las características faciales de los muertos, fue una de las causas para el desarrollo del gusto para el realismo de los retratos romanos.[29]


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Torso descubierto cerca de Curia Julia —se cree que es una estatua imperial de Trajano o Adriano—. Expuesto en la Curia (Foro romano).

Estatuas. En el caso de la estatuaria cuando representaban los retratos del emperador en estado deificado, especialmente en períodos en que la descripción realista estaba en vigor con más fuerza, se observa de inmediato una incongruencia entre la forma de representación del cuerpo y la cabeza. Mientras que la cabeza se mostraba a menudo con todos los signos del envejecimiento, los cuerpos estaban representados de acuerdo con los antiguos cánones de la escultura clásica griega, idealizados con una eterna juventud y fuerza. Estas obras extrañas, a los ojos modernos, acostumbrados a disfrutar de una estatua como un todo homogéneo, resultan comprensibles cuando se recuerda los convenios que regían el arte del retrato, y cuando sabemos que las estatuas eran para los romanos una especie de simulacro simbólico y no una realidad.[30]


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Esculturas romanas: Estatua de Pompeyo Magno  -  Diadúmeno (ca. 140-150 d. C., copia de un original de Polícleto, ca. 435-420 a. C.). Museo del Prado

Así, se ha sugerido que en realidad se trataba de un acuerdo entre dos partes diferentes, una para representar el cuerpo en términos simbólicos y otra para la representación descriptiva de la cabeza con el fin de poder identificar claramente al personaje, con un rechazo de la interpretación literal del conjunto. Las mismas convenciones parecían regir la estatuaria privada a la hora de representar el genius del sujeto, y en este caso pertenecía al grupo de los monumentos funerarios. Con el mismo propósito se hacía a menudo simplemente sustituyendo la cabeza de una célebre estatua de un dios por la de un patricio romano o del emperador, pero parece no haber existido ninguna dificultad para los romanos en la diferenciación clara entre las estatuas de culto y estatuas simbólicas, entre una estatua de un dios y una estatua de una persona como un dios. Tampoco se dudaba en simplemente quitar la cabeza de una estatua de cualquier otra persona y reemplazarla por otra, cuando se llevaba a cabo alguna damnatio memoriae. Esta práctica fue comentada de manera natural en la literatura de la época, lo que confirma la independencia entre la cabeza y el cuerpo en el imaginario romano.[31]


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Genius de Augusto Museo Pío Clementino.

Otros tipos de estatuas, decorativas y de culto, en el arte romano no añade nada esencialmente nuevo, y sus ejemplares, aunque muchos de gran calidad, no muestran nada que no hubiese sido experimentado a fondo antes por los griegos clásicos y los helenistas, las copias romanas de obras de esta producción seminal continuaron produciéndose hasta el siglo V. Sin embargo, desde el siglo segundo, y con mayor fuerza a partir de Constantino I, la creciente penetración de la influencia oriental determinó una progresiva eliminación, con algunos períodos de recuperación, del canon griego, conduciendo a la formación de un estilo sintético y de abstracción que sería el puente para el establecimiento del arte bizantino.[32]

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Busto de Escipión el Africano como Senador de Roma2 - Publio Cornelio Escipión Africano Maior (latín: P·CORNELIVS·P·F·L·N·SCIPIO·AFRICANVS¹) (Roma, 20 de junio de 236 a. C. – Villa de Liternum, Campania, 3 de diciembre de 183 a. C.) fue un importante político de la República romana que sirvió como general durante la Segunda Guerra Púnica. Su fama se debe a que fue el único general romano que pudo derrotar a Aníbal, gesta que le valió la adhesión a su nombre del agnomen de Africano. El hecho de que el pueblo romano le apodara el Aníbal Romano demuestra que fue uno de los mejores generales de la Edad Antigua, el general más destacado de la historia de la Antigua Roma anterior a Cayo Mario y Julio César.


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Augusto de Prima Porta. Es una estatua de César Augusto que fue descubierta el 20 de abril de 1863 en la Villa ad Gallinas Albas o Villa de Livia, su esposa, cerca de la Prima Porta, en Roma. Se trata de una copia en mármol de un modelo en bronce anterior. Hoy se exhibe en el Braccio Nuovo de los Museos Vaticanos. La estatua es una imagen idealizada de Augusto que se basa en el Doríforo de Policleto del siglo V a. C. Acoge la forma de contrapposto de esa escultura, creando diagonales entre los miembros tensos y los relajados, es un rasgo típico de la escultura clásica. Se trata de una figura de bulto redondo, tallada en mármol, y que aún conserva restos de dorado, púrpura, azul, y otros colores con los que fue policromada (véase abajo en los enlaces su reciente recreación). Es, evidentemente, un retrato, de cuerpo entero, del emperador Octavio Augusto, personificado como thoracatus —vestido de militar y con una rica coraza—, que debió formar parte de un monumento conmemorativo de las últimas victorias del emperador. Augusto aparece en pie, con indumentaria militar, sosteniendo un bastón de mando consular y levantando la mano derecha, mostrando a sus tropas la corona de laurel del triunfo. Su coraza tiene relieves alusivos a diversos dioses romanos, entre ellos, Marte, el dios de la guerra, así como las personificaciones de los últimos territorios conquistados por él: Hispania, Galia, Germania, Partia (persas de la frontera del Éufrates que habían humillado a Craso, y aquí aparecen devolviendo los emblemas robados a aquellas legiones); sobre ellos aparecen los carros del Sol y la Luna.

La estatua está claramente inspirada en el Doríforo de Policleto, aunque con algunas modificaciones que recuerdan cierto retrato romano de época republicana conocido como El Orador. Sin embargo, a pesar de la influencia republicana, el estilo de este retrato está más cerca del idealismo helenizante, que del realismo republicano. Pese a la exactitud con que se describen las facciones del emperador (con la mirada sombría y su característico flequillo), su rostro tranquilo y distante ha sido idealizado; lo mismo podemos decir del contrapposto, de las proporciones anatómicas y del profundo drapeado del paludamentum. Por otro lado, Augusto ha sido retratado descalzo, como los antiguos héroes olímpicos, y un Cupido (que cabalga sobre un delfín) le abraza la pierna, simbolizando su condición de descendiente de diosa Venus a través de Eneas. Todas estos refinamientos estilísticos y símbolos herméticos revelan una clara inspiración griega del retrato oficial, que los emperadores romanos convirtieron en instrumento de propaganda gubernamental, cuya función política era muy evidente: se trataba de mostrar al pueblo romano que el emperador —Augusto, en este caso— era un ser excepcional, equiparable a los antiguos héroes mitológicos, e incluso digno de ascender a la divinidad del Olimpo. ¿Quién mejor que él para gobernar Roma? Tiene la técnica de paños mojados, una técnica que transparenta la musculatura de Augusto.

Identificación de la obra. Esta estatua, de unos dos metros de altura, fue descubierta en 1863, cuando se excavaba una villa palaciega, de los alrededores de Roma, llamada Prima Porta. Al parecer, ése fue el lugar al que se retiró Livia, al morir su esposo, el emperador Augusto en el año 14 d. C. La citada escultura parece ser un duplicado, encargado por la propia Livia en el año 20 d. C., de un retrato de Augusto, originalmente de bronce y oro, del año 19 d. C., que se exponía en algún lugar público de Roma. Actualmente, esta réplica, que es el mejor retrato conocido de este emperador, se exhibe en los Museos Vaticanos, en Roma.

Contexto histórico. El retratado, Octavio Augusto, fue el primer emperador de Roma (del 27 a. C., al 14 d. C.) y, además, puso fin a las guerras de conquista, comenzando un periodo de paz que, salvo guerras esporádicas, duró dos siglos (pax romana). En el arte y, concretamente, en la escultura, también hubo importantes cambios: si en época republicana dominaba el realismo extremo. Durante el Imperio la influencia griega se deja ver en los retratos de los emperadores, que eran idealizaciones que resumían todas las virtudes que debía tener alguien excepcional, digno de gobernar aquel imperio.

Había varios tipos iconográficos de retrato imperial:

- La del Augusto de Prima Porta es una imagen thoracata, en calidad de jefe militar triunfador.
- También podía ser representado como Pontifex Maximus, tipo también llamado capite velato, por llevar con un velo en la cabeza oficiando como jefe religioso o sumo sacerdote (como el retrato de Augusto del Museo de las Termas, Roma).
- Togatus: representando al emperador con toga senatorial, como máxima autoridad del Senado (ej.: retrato de Augusto como Pretor, en el Museo del Louvre).
- Otros modelos eran el retrato ecuestre, del que conservamos pocos ejemplos, el mejor el de Marco Aurelio...,

Y el retrato apoteósico, que representa al emperador semidesnudo, como alusión, ya fallecido, a su carácter de semidiós (en cierto modo, el retrato de Augusto de Prima Porta tiene algún indicio apoteósico, ya que el emperador va descalzo).


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Augusto de Prima Porta en bronce junto con restos de muralla en la Puerta de Toledo de Zaragoza (España)
 

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Prometeo y Atenea crean al primer hombre (fragmento de sarcófago). Escultura romana (ca. 180-190 d. C.). Mármol blanco, 60 x 104 x 14,5 cm. Madrid, Museo del Prado


Sarcófagos. Sarcófago decorado con una escena de lucha entre romanos y germánicos, c. 180–190. Museo Nacional Romano.El uso de los sarcófagos era común entre etruscos y griegos, pero en Roma se usó extensivamente sólo desde el siglo II, cuando la costumbre de la cremación de los muertos fue sustituida por el entierro, y se extendió por todo el imperio. Su producción se estableció en tres centros principales —Roma, Ática y Asia— y se dividió en algunos modelos diferentes. Uno, el más común, era una caja decorada con relieves figurativos y con una cubierta más o menos lisa, otro tipo mostraba otra cubierta también decorada, que podrían incluir los retratos escultóricos del cuerpo completo de los fallecidos, como si estuvieran sentados en un banquete, era un modelo que derivaba del arte etrusco. Ambos dieron lugar a los ejemplares decorados con relieves de extraordinaria sofisticación y complejidad. Un tercer tipo, confinado en Roma, tenía una decoración abstracta o floral y cabezas de animales, principalmente leones, en los extremos. De todos modos había mucha variación y la mezcla entre estos modelos y su calidad y riqueza decorativa dependía de la riqueza de la familia que realizara el encargo.[33]


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Sarcófago decorado con una escena de lucha entre romanos y germánicos, c. 180–190. Museo Nacional Romano.

El centro de producción asiático se caracterizaba por una preferencia de cajas de gran tamaño y con formas arquitectónicas, con columnas a su alrededor y estatuas entre ellas, tenía una imitación de puerta en dos de sus laterales con placas ornamentadas, y un techo en forma de prisma con acroteras, simulando una verdadera casa o templo, y algunos podían tener unsa plataforma para su colocación en alto. Este tipo, a diferencia de los otros, fue condecorado con frecuencia por los cuatro costados y podía ser un monumento independiente, instalado al aire libre en cualquier necrópolis, mientras que los otros, aparecían usualmente en nichos de tumbas y su decoración se resumía a las partes que eran visibles. La práctica romana de enterramiento en sarcófagos se continuó en la era cristiana, constituyendo uno de los principales medios para el desarrollo de la iconografía religiosa.[34]


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Sarcófago con la historia de Aquiles y Políxena. Obra romana, de un taller ático (mediados del siglo iii d. C.). Mármol, 220 x 78 x 83 cm. Madrid, Museo del Prado

Relieves arquitectónicos. En la tradición de los altares monumentales, columnas conmemorativas y arcos triunfales, los relieves decorativos empleados en estas arquitecturas fueron un campo fértil para el desarrollo de un estilo narrativo típico de los romanos. Ejemplos clásicos precursores fueron, el Altar Ahenobarbus y el Ara Pacis. Otro que merece tenerse en cuenta es el friso de la Basílica Emilia (c. 54-34 a. C.) en el Foro romano, en un estilo helenizante vigoroso, con drásticos escorzos y complementado con escenas de paisajes. De la dinastía Julio-Claudia casi nada sobrevivió, pero una prueba que puede dar una idea del estilo de este período es un friso encontrado en Roma, que muestra una procesión de magistrados y sacerdotes que llevan estatuillas votivas, junto con ayudantes, animales, músicos y otras figuras. Su interés reside en el efecto de la perspectiva aérea producida por la inserción de las figuras en el segundo plano encima de la línea de la procesión, un recurso que más tarde fue ampliamente utilizado en escenas históricas.[35]


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El Arco de Tito es un arco de triunfo, situado en la Vía Sacra, justo al sudeste del Foro en Roma. Fue construido poco después de la muerte del emperador Tito (nacido en el año 39 d.C. y emperador entre los años 79 y 81 d.C.).

La decoración del Arco de Tito (c. 81-82) ha sido considerada como el punto más alto del estilo de Flavio. Los paneles que lo decoran y que muestran el triunfo de Tito tienen excelentes cualidades de estética y demuestran una gran habilidad en el uso del escorzo para la representación de la cuadriga del emperador, donde el carro aparece de frente hacia el espectador pero el artista puede crear la impresión de que está haciendo un giro a la derecha. El otro panel, representa el saqueo de Jerusalén, utiliza el mismo recurso, en otro contexto, y ambos tienen su efecto ilusorio reforzado por el uso racional de la luz y la sombra. Pero sí es difícil hablar de un «estilo de Flavio», ya que en otros lugares se encontraron relieves más estáticos, de índole bastante clasicista.[36]


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Friso del Arco de Tito. Roma


Del reinado de Trajano es la famosa Columna de Trajano, que conmemoraba la campaña en Dacia entre el 101 y 106. Es una gran columna completamente cubierta por un friso continuo que forma una espiral hacia la parte superior, es un ejemplo perfecto del estilo narrativo de los relieves históricos romanos. Los episodios se funden unos en otros sin interrupciones, excepto de vez en cuando con un árbol de separación. Trajano aparece varias veces en diferentes situaciones. En total son casi 2.500 figuras talladas, y el nivel técnico se mantiene en todo el conjunto. Una característica innovadora es el abandono de la perspectiva y el uso de figuras desproporcionadas con su paisaje circundante, lo que delata la influencia oriental que penetró por aquel momento. Hoy sólo vemos las formas de mármol, pero su efecto cuando fue completada debió de ser sorprendente ya que de acuerdo con la práctica de aquel tiempo, todas las escenas fueron pintadas y adornadas con detalles de metal. Es posible que su autor fuera Apolodoro de Damasco.[37] [38]


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Columna de Trajano, más info: http://es.wikipedia.org/wiki/Columna_de_Trajano


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Vista del arco desde la Via Triumphalis.

El Arco de Constantino es un arco del triunfo que se encuentra entre el Coliseo y la colina del Palatino, en Roma. Se irguió para conmemorar la victoria de Constantino I el Grande en la batalla del Puente Milvio, el 28 de octubre de 312, y a otros emperadores anteriores. Dedicado en 315, es el más moderno de los arcos triunfales alzados en la Roma Antigua, de los que difiere por haberse construido gracias al expolio de edificios anteriores.

Poco después se invierte la tendencia por el clasicismo. Destaca el Arco de Trajano en Benevento, en un excepcional estado de conservación —sólo las esculturas fueron completadas bajo Adriano— y los once paneles de similar estilo, pero más bien conseguidos, representan al emperador Marco Aurelio en varias escenas. Cuatro de ellos están ahora en los Museos Capitolinos, y los otros fueron reutilizados en la época imperial a la decoración del Arco de Constantino. La Columna de Marco Aurelio es otro gran ejemplo de la prevalencia clasicista en esta etapa, a pesar de que hay una multitud de figuras que se agolpan en la espiral continua del friso que rodea el monumento, conserva un sentido del orden, elegancia, ritmo y disciplina que está ausente en la columna de Trajano.[38]


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Friso del Arco de Constantino.


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Relieve del Arco de Septimio Severo.

Este interludio del clasicismo, sin embargo, terminaría con Septimio Severo, cuyo Arco se acerca de nuevo al arte oriental en su sistema de proporciones y el acortamiento de su organización de escenas sueltas, cuatro grandes paneles relatan las campañas en Mesopotamia.[39] El mismo estilo continúa durante todo el siglo IV, como se puede ver en los frisos superiores del norte y del sur del arco de Constantino, que muestran un marcado contraste con los paneles más antiguos, de la época de Marco Aurelio.[40] Los últimos ejemplos significativos de la escultura romana arquitectónica son la base del obelisco de Teodosio I en el Hipódromo de Constantinopla, que ya parece un arte más cercano al universo bizantino que romano.[41]


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Base del obelisco de Teodosio I, Hipódromo de Constantinopla.

Camafeos. En estos géneros menores, los camafeos son los más lujosos, limitados a las clases altas y eran usados generalmente como joyas. Tallados en piedra semipreciosa como la ágata, calcedonia, jaspe, amatista y ónix, están considerados esculturas en miniatura desde su apreciación por John Ruskin, cuando hasta entonces se consideraban como una forma de grabado. Esta forma de talla fue introducida en Roma por los griegos helenistas, que fueron los primeros en conseguir un alto grado de refinamiento en este género. Su pequeño tamaño no nos debe inducir a error en cuanto a la pericia requerida para este tipo de trabajo, que requiere una intensa concentración y enorme sensibilidad para trabajar la veta de la piedra y sus diferentes capas para obtener sutiles matices de color y efectos de luz y transparencia. Su datación es muy problemática, y muchas piezas indican que se estaban elaborando en momentos diferentes. Los mejores ejemplares se han convertido en piezas de coleccionista, y entre ellas podemos mencionar la fantástica Gema Augustea, un gran trozo de ónix bicolor tallada con dos escenas compuestas de varios personajes.[42] [43]


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Gema Augustea, Kunsthistorisches Museum. Viena.

Durante el periodo imperial, los camafeos gozaban de gran prestigio, lo que inspiró a los romanos a inventar un vidrio, que ofrecía la ventaja de permitir un mayor control sobre el color y la transparencia, pero fue aún más difícil, largo y costoso trabajarlo que la piedra, presenta considerables desafíos técnicos, que aún no ha sido totalmente desentrañado por los vidrieros contemporáneos. Sin embargo se llegó a producir recipientes de camafeo de vidrio con decoración entera tallada, como el famoso Vaso de Portland y el Vaso de las estaciones.[44]


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Muñeca articulada, marfil, Museo Nacional Romano.

Juguetes. Los juguetes se encuentran en todas las culturas, y los romanos no fueron una excepción. Referencias literarias abundan a partir del período helenístico, y todo indica que hubo una enorme variedad de objetos destinados al entretenimiento de los niños, desde las tradicionales muñecas hasta los carritos de ruedas, muebles, figuras de guerreros y animales, e incluso casas en miniatura de metal, madera o terracota. Los juguetes son objetos excelentes para el estudio de las condiciones económicas y sociales de la época.[45]


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Lucerna con relieve erótico, Museo Romano-Germánico, Colonia.

Estatuillas de culto privado. En el ámbito religioso están las estatuillas de culto privado de muchas deidades del panteón romano y de las divinidades familiares y regionales. El hábito de antropomorfismo de los dioses fue heredado de los etruscos y los griegos, prácticamente todas las fuerzas naturales y poderes abstractos tomaron para los romanos un aspecto humano y recibieron culto, aunque su religión no fuese rígidamente organizada el culto privado tuvo un importante papel. Los museos están llenos de estatuillas de culto doméstico, lo que demuestra su amplia distribución por todo el imperio. Su calidad artística es muy variable, y se cree que la consumida por la gente común son poco atractivos, pero hay ejemplos de gran refinamiento. En este campo no era el valor estético lo que tenía valor, sino su eficacia para los romanos como puente de comunicación entre los mortales y lo sobrenatural.[46]


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Estatuilla de culto privado de la diosa Fortuna, Discovery Place Science Museum ,Charlotte (Carolina del Norte).

De función similar son las estatuillas-amuleto. En la compleja y polimorfa religión romana la magia tenía un papel nada despreciable, en la que los amuletos encontraron su lugar. Los griegos y los etruscos los usaban, y diversos autores clásicos hablan a su favor, como Plinio y Galeno. Los romanos también hicieron una costumbre generalizada, especialmente durante la época tardo imperial. Aunque los amuletos eran generalmente objetos pequeños y portátiles y no necesariamente de figuras, han sobrevivido una serie de estatuillas que desempeñaban la misma función, representando a los espíritus protectores de los hogares asociados con los ancestros, los Lares, profundamente venerados en santuarios domésticos, como Príapo, el dios fálico, cuya imagen era considerada un poderoso remedio contra el mal de ojo, la esterilidad y la impotencia, y que estaba colocado en la parte exterior de la entrada de las casas.[47]


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Brasero decorado, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Objetos decorados. Los jarrones, vajillas, lucernas, tiradores de puertas y muchos otros tipos de objetos utilitarios con decoración que se aproxima a la escultura propiamente dicha, una categoría muy variada de piezas que da fe de la amplia aplicación de la escultura en la antigua Roma. Las lucernas y braseros estaban decorados con imágenes en relieve mostrando escenas religiosas, mitológicas y eróticas, de acuerdo con la ubicación para la que estaban destinados, y podían tener uno o más pies muy ornamentados. Platos, ollas, cuencos y vasos también podían representar relieves, o los cuellos de formas extravagantes. En la cerámica destaca el tipo de la terra sigillata, una especie de vasija decorada con incisiones y relieves, que fue ampliamente difundida, y las antefijas decorativas instaladas en los bordes de los techos, que podían estar realizadas en formas abstractas o figurativas.[48]


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Valentiniano II, siglo IV. Museo Arqueológico de Estambul.




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Camafeo mostrando a Constantino en su coronación por Constantinopla, del siglo IV. Museo del Hermitage. Santepersburgo. Rusia.


Escultura tardía imperial. Durante los últimos siglos del imperio (siglo III al siglo V) se vio el nacimiento de un contexto cultural totalmente nuevo. A veces esta fase de transformación ha sido vista como una decadencia artística, pero el canon griego fue el resultado de una época y un contexto determinado, y aunque dio forma a los orígenes artísticos de Roma y a gran parte de su trayectoria, los tiempos y el territorio habían cambiado, y el clasicismo estaba empezando a convertirse en una reliquia del pasado y una referencia simbólica o del historicismo en lugar de una realidad viva. Ahora Roma tenía su propia historia, y entraba en un período de intensos intercambios con grandes culturas antiguas del Oriente Próximo, cuyo cuerpo de ideas, religiones, arte y aspiraciones se volvían parte de la cultura romana. Del mismo modo, las numerosas provincias imperiales, que se extendían desde Hispania, Galia y Britania a Persia, Arabia, Cáucaso y Norte de África, desarrollaban estilos sincréticos con sus propias tradiciones locales, creando obras que fueron aceptadas tanto para la visión metropolitana como para la provincial, aunque interpretados de manera diferente para cada lugar.[32]


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El Buen Pastor, paleocristiano, siglo IV. Museos Vaticanos.

En una época de efervescencia cultural y gran diversidad de principios estéticos, la permanencia de los elementos clásicos en todas las partes, modificados, es cierto, en diversos grados, todavía posibilitaba mantener canales abiertos de comunicación y actuó como una especie de línea franca-artística. El sincretismo fue siempre una característica del arte romano, pero en la época tardo imperial asumió un papel de crucial importancia. Después de la cristianización del imperio, las normas del arte pagano fueron adoptadas por los emperadores cristianos sin dudarlo, aunque adaptadas a las nuevos temas. Cuando Constantinopla se convirtió en la nueva capital, se llenó de alusiones arquitectónicas y artísticas a la «antigua Roma», un deseo declarado de mantener la continuidad de las tradiciones antiguas, aunque fueran reformadas para satisfacer las necesidades de un nuevo contexto. En realidad no fue una permanencia literal del clasicismo, lo que ocurrió fue una continuidad «selectiva». Este proceso fue consciente y voluntario, como la literatura de la época lo confirma. Algunos prototipos oficiales se mantuvieron, mientras que un gran repertorio de otros modelos, simplemente fue condenado al olvido. El enmascaramiento de los rápidos cambios sociales y políticos que tuvieron lugar en las elegidas formas procedentes de la herencia clásica proporcionaron una cohesión cultural importante en un momento en que los elementos del imperio tendían a la diversidad, y cuando la fragmentación del estado se estaba convirtiendo en una amenaza real.[49]

La élite siguió recibiendo una educación clásica y se mantuvo conservadora. Leían autores de renombre, y se familiarizaron con la tradición ancestral, desarrollando el gusto por ella. Las ciudades, villas aristocráticas y los teatros estaban decorados con imágenes aún paganas. La conversión de Constantino al cristianismo en el 312 determinó una ruptura con esta tradición, aunque no inmediatamente ni de forma completa.

Según Rachel Kousser:

La aristocracia del siglo IV por lo tanto tuvo que negociar un lugar para ellos en este mundo contradictorio, sin ocasionar un conflicto abierto. Los monumentos que se realizaban conservaban las huellas de es a negociación: tradicionales en la forma, oblicuos en el contenido, ellos documentan la creación de un nuevo consenso. Las obras de arte que resultaron con más éxito, fueron providencialmente inespecíficas, su objetivo no era proclamar una identidad definida y única de sus clientes, sino que sugerían una gran cantidad de valores comunes, permaneciendo abiertos a una variedad de interpretaciones. Por lo tanto, en lugar de enfatizar los vínculos que esas obras e ideologías religiosas privadas, afiliaciones políticas, y así sucesivamente —lo que indicaría, en definitiva, un carácter separatista— (...) son resonantes y unificadoras. Para los aristócratas del siglo IV, estas imágenes basadas en modelos de estatuas clásicas eran vehículos útiles para una auto representación equilibrada y eficiente; se hablaba de un pasado compartido por todos y de un presente dividido. De este modo, contribuyeron a asegurar la supervivencia de las formas clásicas en el arte medieval. (...) Las obras de arte que resultaron tenían un aspecto familiar. Aunque hoy en día parecen monótonamente convencionales para muchos eruditos modernos, tuvieron un valor en la Antigüedad tardía. Estas obras determinaron la nueva orden cristiana con la venerable tradición, una tradición que consideraba la representación naturalista de la forma humana como el mayor logro de la escultura. En este sentido, los monumentos clasicistas de la Antigüedad tardía ayudaron a perpetuar un sistema y un conjunto de valores artísticos que se había originado en la Grecia clásica, se extendió en la Roma imperial, y que demostró una profunda influencia en el Renacimiento y también para periodos posteriores.[4]


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Los Tetrarcas, siglo IV. Basílica de San Marcos. Venecia. Italia

El prestigio de estatuas paganas continuo en alza hasta el siglo VI, ni siquiera la aparición del cristianismo y el destierro del antiguo culto por Teodosio I en 391 provocó una inmediata destrucción de las imágenes religiosas y decorativas. Prudencio, a finales del siglo IV de nuestra era, también recomendó mantener las estatuas de los ídolos paganos como «ejemplos de la capacidad de los grandes artistas, y cómo espléndido ornato de nuestras ciudades», y Casiodoro relata cómo se hicieron esfuerzos todavía en el siglo VI de conservar esculturas antiguas paganas como testimonio de la grandeza imperial para la posteridad. Con todo, poco después de la política del papado y del imperio cambió, y los monumentos de la antigüedad comenzaron a ser saqueados con el fin de retirar el material para su uso en otras obras mediante el estímulo de una ola asombrosa de iconoclasta por todo el imperio que decretó la desaparición de la gran mayoría de la fabulosa colección de obras de arte acumuladas durante siglos.[50]


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Díptico de Estilisdao, c. 395. Catedral de Monza. Italia


Uso del color como un recurso mimético y expresivo. Como complemento del trabajo de la talla de la piedra o el bronce fundido, el efecto final de la pieza de la escultura era modificado con la adición de policromía en la superficie, una práctica heredada de los griegos y realizada comúnmente, como lo demuestran los relatos históricos, y que daba a las esculturas un aspecto diferente de cómo las vemos hoy en los museos, de piedra y bronce solamente. Este hecho histórico, aunque conocido por lo menos hace dos siglos, todavía causa extrañeza, y de hecho dio lugar a una concepción errónea, incluso entre los arqueólogos y conservadores de museos que creían que las obras originales se llevaron a cabo dejando las apariencias del material empleado, error evidente que se perpetuó hasta hace poco. Este uso de pigmentos decorativos era en realidad un hecho fundamental en el arte antiguo, y no había ninguna estatua, frisos y relieves que no recibieran por lo menos detalles en color, si es que no estaban pintados completos.


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Moderna reconstrucción de la policromía original en una réplica de un retrato de Calígula. Exposición Bunte Gütter (2005).

Además de la pintura se usaban, para insertar piezas, otros materiales de colores como plata y oro, esmalte, nácar y vidrio, con lo que se conseguía poner en relieve ciertos rasgos o partes anatómicas, y ciertos tipos de mármol de color y piedras nobles como el ónix y alabastro ricas en vetas multicolores y transparencias, se utilizaba en algunas partes de las prendas de vestir de las estatuas para crear efectos más lujosos. Recientes investigaciones publicadas junto con exposiciones temáticas de réplicas de grandes obras con la restauración de sus colores originales, han ofrecido una visión completamente nueva del arte clásico.[51] [52]

Legado. Los romanos fueron los primeros en estar orgullosos de florecer en la sombra de una cultura extranjera. Virgilio en su Eneida, hacia al espectro de Anquises declarar a Roma, aún por nacer, que estaría en las artes y las ciencias siempre por debajo de los griegos, pero que la superaría en la guerra y en la administración pública. En otra parte el poeta se jactaba porque su musa fue la primera en cantar versos a la manera de Teócrito, y otros casos similares abundan en la literatura contemporánea de la época. Como se ha demostrado, toda la producción romana de escultura fue una devoradora del ejemplo griego, y lo mismo ocurrió con las demás artes, como la poesía, la música y la arquitectura. Esto es un hecho, pero ha sido interpretado por autores influyentes tales como Arnold Toynbee y Roger Fry en demérito de los romanos, mirándolos como un pueblo esencialmente imitativo, una subespecie de helenismo, y cuyo único valor artístico habría sido trasmitir para la posteridad la herencia griega. Esta opinión refleja la posición crítica de finales del siglo XIX, que, en esencia, culpaba a los romanos por no ser griegos, pero, irónicamente, se deriva de los propios romanos, que mantenían en relación con su papel de epígonos una actitud al mismo tiempo orgullosa y modesta. Pero, no ha impedido que sus escultores desarrollaran algunos rasgos evidentes de originalidad, reconocidos por otros críticos, lo que hace esa acusación, pese a basarse en una clara evidencia, no ser del todo justa.[53] [54]

Por otra parte, juzgar una cultura antigua desde un punto de vista moderno es siempre maniobra temeraria. Los romanos han sido por lo general caracterizados por un alto espíritu público y una fuerte aversión al individualismo y excentricidades, que siempre causó terror a los griegos, donde las antiguas tradiciones, públicas y familiares siempre fueron objeto de veneración extrema. Virgilio cuenta en Eneida la historia de Eneas llevando en sus hombros a su padre en la huida de Troya, que se convirtió en un modelo de la «piedades» romanas, el honroso deber hacia los padres, e incluso en tiempos difíciles por disputas políticas y élites inmorales y decadentes, lo mismo si eran comunes entre toda la sociedad los comportamientos que hoy vemos cómo crueles, entre las cualidades más apreciadas en Roma, estaban la parsimonia, severitas, frugalitas y simplicitas —economía, dignidad y austeridad, frugalidad y sencillez— varias veces elogiadas en la literatura coetánea. Teniendo en cuenta estos factores, su aparente falta de originalidad se vuelve relativa y se hace un rasgo de identidad cultural. De cualquier manera, la escultura da mucho material para poder estudiar todo el legado romano y comprender su actitud peculiar en el ámbito cultural.[55]

La caída en la oscura Edad Media, tanto por la destrucción previa de la mayoría de los ejemplos, como el cambio en la concepción del arte y los valores culturales, la escultura romana tuvo en el renacimiento una oportunidad de hacer una nueva escena en el panorama del arte. Y más que una aparición, de hecho fue fundamental para el desarrollo de la nueva estética de la época. Rafael, consciente de la magnitud de la pérdida de obras antiguas en épocas anteriores, deploró el hábito de reutilizar el mármol y el bronce para crear otros objetos, y el descubrimiento de varios ejemplares de alta calidad de la escultura romana en este período causó sensación en la sociedad del renacentista, estimulando copias y nuevas interpretaciones, la búsqueda ansiosa de restos en numerosas excavaciones arqueológicas, y la salida de un flujo de reproducciones de grabados. Su influencia en la escultura de la época, es innegable.[56]


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God herdsman - 'Pastor de Dios'. Estatua de bronce

Durante el barroco el interés por la estatuaria antigua, no disminuyó. Maestros tales como Bernini eran notorios amantes del arte griego y romano, y su propia producción se debe en gran parte a ejemplos antiguos y a los temas clásicos. Tampoco se ha reducido durante los períodos siguientes. En el siglo XVIII, se formó la costumbre entre las élites del «Grand Tour Europeo», Roma era la visita obligada, y el deseo del conocimiento y de la adquisición de arte de la Antigüedad clásica se convirtió en una locura determinando la aparición del neoclasicismo. Entre los siglos XVIII y XIX se formaron varias colecciones privadas importantes en varios países, y en Inglaterra, en particular, servían también para garantizar la buena reputación social de los propietarios y facilitar su acceso a cargos públicos. A pesar que los artistas neoclásicos admiraban la producción griega, su reinterpretación del estilo clásico la realidad es que se basaba en los principios romanos, por el simple hecho de que las obras conocidas en ese momento eran casi todas romanas, no griegas. A mediados del siglo XIX, con la reapertura de Grecia hacia el occidente después de un largo dominio turco, con la realización de varias investigaciones arqueológicas que sacaron a la luz una gran cantidad de obras originales griegas, y bajo la influencia del gusto romántico del público que tendía hacia el helenismo, pero no al arte romano, éste cayó en desgracia. En el siglo XX, sin embargo, la revolución moderna condujo a una drástica disminución en la capacidad del arte romano para inspirar a las nuevas generaciones de artistas, mientras que las colecciones de escultura de la antigua Roma continúan hasta hoy atrayendo a multitudes en todos los museos donde se exponen y son parte importante del patrimonio de una civilización cuya memoria permanece viva, y de la que nuestra propia cultura nació.[57] [58]


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Busto romano de Antínoo (Louvre, París).

Arte de la Antigua Roma. Las primeras manifestaciones del arte de la Antigua Roma nacen bajo el influjo del arte etrusco, enseguida contagiado del arte griego, que conocieron en las colonias de la Magna Grecia del sur de Italia, que Roma conquistó en el proceso de unificación territorial de la península, durante los siglos IV y III a. C. La influencia griega se acrecienta cuando, en el siglo II a. C., Roma ocupa Macedonia y Grecia.

Más info del Arte de la Antigua Roma: http://es.wikipedia.org/wiki/Arte_romano


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Bustos romanos


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Busto de mármol del Emperador romano Marco Aurelio. Esculpido en el siglo XVI por un autor italiano anónimo. Procedente de la Colección Real. Madrid, Museo del Prado


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Estatua ecuestre de Marco Aurelio, c. 176 Museos Capitolinos.

Estatua ecuestre de Marco Aurelio. Es una estatua de bronce, de aproximadamente 3 metros de altura. Data del siglo II, concretamente del año 176 d.C. Aunque en ésta el emperador Marco Aurelio se presenta a lomos de un caballo, guarda muchas similaridades con las estatuas propias de Augusto. El tema central de la estatua es el poder y la grandeza divina, con el emperador agrandado con respecto a su talla real y tendiendo su mano, en un gesto muy característico de los retratos de Augusto. En este caso, el gesto puede también significar clemencia hacia, según algunos historiadores, un enemigo caído a los pies del caballo (según algunos historiadores basados en relatos del medievo que especifican que en la estatua se mostraba también un cacique bárbaro en cuclillas ante la pata derecha delantera del caballo). Esta imagen tenía como finalidad mostrar al emperador como un señor de la tierra siempre victorioso y conquistador. Sin embargo, al no llevar armas o armadura, Marco Aurelio parece transmitir más una imagen de paz que de héroe militar, tal y como él se percibía a sí mismo y a su reino.

También cabe señalar que Marco Aurelio monta sin estribos, debido a que el estribo no había sido introducido aún en el mundo occidental.


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Replica de la estatua en la Colina Capitolina. Roma

Anteriormente, existían numerosas estatuas imperiales ecuestres, pero pocas sobrevivieron debido a la práctica usual de fundir las estatuas de bronce para reutilizarlas como monedas o para construir nuevas estatuas (por ejemplo, como ocurrió durante el periodo tardío del imperio, tras la aparición de las iglesias cristianas de Roma). Es por este motivo que muy pocas estatuas de bronce sobrevivieron, y mucho menos las que mostraban emperadores. Los cristianos medievales también las destruyeron bajo la creencia de que eran ídolos paganos. De hecho, esta estatua es la única estatua de bronce de un emperador romano de la época pre-cristiana que ha llegado a nuestros


user_50_grupo_de_san_ildefonso_obra_romana_original_de_estilo_neo_tico_principios_del_siglo_i_d_c_m_rmol_blanco_161_cm_de_altura_madrid_museo_del_pradouser_50_neptuno_colosal_obra_escult_rica_romana_ca_130_140_d_c_atribuida_por_algunos_investigadores_a_la_escuela_de_afrodisias_m_rmol_236_cm_de_alto_madrid_museo_del_prado

Grupo de San Ildefonso. Obra romana original de estilo neoático (principios del siglo I d. C.)Mármol blanco, 161 cm de altura. Madrid, Museo del Prado - Neptuno colosal. Obra escultórica romana (ca. 130-140 d. C., atribuida por algunos investigadores a la escuela de Afrodisias). Mármol, 236 cm de alto. Madrid, Museo del Prado



Referencias

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[4]a b Kousser, Rachel M. (2008) (en inglés). Hellenistic and Roman Ideal Sculpture. Cambridge University Press. pp. 114. ISBN 978-0-521-87782-4. http://books.google.es/books?hl=pt-...TU48#PPA113,M1.  
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[54] Strong, Eugénie (1969) p.2 }}
[55] Griffin, Jasper; Boardman, John (2001) (en inglés). The Oxford Illustrated History of the Roman World. Oxford University Press. pp. 2-4. ISBN 978-0-19-285436-0. http://books.google.es/books?hl=pt-...lZlQfk#PPA3,M1. Consultado el 15-04-2010.  
[56] Waywell, Geoffrey. pp. 295-301
[57] Waywell, Geoffrey. pp. 316-326
[58] STRONG, Eugénie. pp. 3-4

Este artículo fue creado a partir de la traducción del artículo Escultura da Roma Antiga de la Wikipedia en portugués, bajo licencia Creative Commons Atribución Compartir Igual 3.0 y GFDL.


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Retrato del emperador Constantino el Grande. Escultura romana (ca. 312-325 d. C.), Mármol blanco, 98 cm. de altura. Madrid, Museo del Prado


Bibliografía

- Barral i Altet, Xavier (1987). «El marco del arte romano». Historia Universal del Arte: volum 2. Barcelona: Editorial Planeta. ISBN 84-320-8902-8.  
- Beard, Mary; Henderson, John (2001) (en inglés). Classical art: from Greece to Rome. Oxford University Press. ISBN 978-0-19-284237-4.  


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Gliptoteca de Múnich. Bustos de Cayo Mario y supuesto retrato de Lucio Cornelio Sila, de época augústea

Cayo Mario (en latín Gaius Marius, C·MARIVS·C·F·C·N) (Arpino, c. 157 a. C. - Roma, 13 de enero de 86 a. C.) fue un político y militar romano, llamado tercer fundador de Roma por sus éxitos militares. Fue elegido cónsul siete veces a lo largo de su vida, algo sin precedentes en la historia de Roma. También se destacó por las reformas que impuso en los ejércitos romanos, autorizando el reclutamiento de ciudadanos sin tierras y reorganizando la estructura de las legiones, a las que dividió en cohortes.

Lucio Cornelio Sila (Latín: Lucius Cornelius Sulla Felix; Roma, 138 a. C. - Puteoli, 78 a. C.), fue uno de los más notables políticos y militares romanos de la era tardorrepublicana, perteneciente al bando de los optimates. Cónsul en los años 88 a. C. y 80 a. C. y dictador entre los años 81 a. C. y 80 a. C.



Enlaces interesantes


ROMA ANTIGUA. Fundación y primera época: www.liceodigital.com/historia/roma/fundacion.htm

Escultura Romana: El retrato: http://www.arteespana.com/esculturaromana.htm

HISTORIA DEL IMPERIO ROMANO: http://museo-del-hacker.blogspot.com.es/

Escultura romana. Centro Virtual Cervantes: http://cvc.cervantes.es/artes/museo...tura_romana.htm


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Esculturas de la Roma antigua en el Museo Británico de Londres



Gracias amigos, espero que la extensa recopilación que he dedicado a la Antigua Roma y su escultura os haya interesado.


Fuentes y agraecimientos:es.wikipedia.org, kalipedia.com, artehistoria.jcyl.es, epdlp.com, cvc.cervantes.es, webcultura.net, disfrutaroma.com, mitoypincel.blogspot.com, cuandoviajearoma.blogspot.com, es.wahooart.com, guias-viajar.com, celialosabe.wordpress.com, rincondelvago.com

Agradecimiento especial: La contribución principal del trabajo recopilatorio anterior proviene del artículo publicado de Wikipedia 'Escultura de la Antigua Roma', cuya licencia concede CC-BY-SA. Al cual felicito a sus anónimos autores por su ilustrado contenido.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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