Portal    Foro    Buscar    FAQ    Registrarse    Conectarse
Mensaje del equipo



Normas del Foro 
En esta sección sólo se permiten exposiciones de Escultores Extranjeros. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


Publicar nuevo tema  Responder al tema 
Página 1 de 1
 
 
Giacometti, Alberto
Autor Mensaje
Responder citando   Descargar mensaje  
Mensaje Giacometti, Alberto 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al escultor y pintor suizo Alberto Giacometti. Fue un escultor del surrealismo italiano, sus esculturas son cuerpos esqueléticos, muy finos y estilizados. En 2010 batió un record en el mundo del arte; por su escultura 'Hombre caminando I', fue vendida por 74 millones de euros. Esta original escultura, es sin duda, uno de los iconos más célebres de la obra de este artista, tallada en bronce en 1960, esta figura filiforme cambió la historia de la escultura. Su padre fue un pintor del postimpresionismo italiano.


 0alberto_giacometti_by_reginald_gray

Alberto Giacometti (Borgonovo, Suiza, 10 de octubre de 1901 - Coira, Suiza, 11 de enero de 1966) fue un escultor y pintor suizo. Nació en Borgonovo, Val Bregaglia, en Suiza, cerca de la frontera italiana, donde creció en un ambiente de artistas. Su padre, Giovanni Giacometti, había sido pintor impresionista, mientras que su padrino, Cuno Amiet, fue fauvista.

Tras terminar la enseñanza secundaria, se trasladó a Ginebra para cursar estudios de pintura, dibujo y escultura en la Escuela de Bellas Artes y a París, en 1922, para estudiar en la Académie de la Grande Chaumière en Montparnasse bajo la tutela de un asociado de Rodin, el escultor Antoine Bourdelle. Fue allí donde Giacometti experimentó con el cubismo. Sin embargo, le atrajo más el movimiento surrealista y hacia 1927, después de que su hermano Diego se convirtiera en su ayudante, Alberto había empezado a mostrar sus primeras esculturas surrealistas en el Salón de las Tullerías. Poco tiempo después, ya era considerado uno de los escultores surrealistas más importantes de la época.


 05_1423412561_912389

Giacometti viviendo en una zona tan creativa como Montparnasse, empezó a asociarse con artistas como Joan Miró, Max Ernst y Pablo Picasso, además de escritores como Samuel Beckett, Jean-Paul Sartre, Paul Éluard y André Breton, para el que escribió y dibujó en su publicación Le surréalisme au Service de la Révolution. Entre 1935 y 1940, Giacometti concentró su escultura en la cabeza humana, centrándose principalmente en la mirada. Esto fue seguido por una nueva y exclusiva fase artística en la que sus estatuas comenzaron a estirarse, alargando sus extremidades. En esta época realizó una visita a España, a pesar de encontrarse en plena Guerra Civil.


 08_1423413014_209182

Alberto Giacometti y «Tall Woman IV»  

Durante la Segunda Guerra Mundial vivió en Ginebra, donde conoció a Annette Arm. En 1946 ambos regresaron a París, donde contrajeron matrimonio en 1949. El matrimonio pareció tener un buen efecto en él ya que le siguió el periodo probablemente más productivo de su carrera. Fue su mujer la que le brindó la oportunidad de estar constantemente en contacto con otro cuerpo humano. Otros modelos habían encontrado que el posar para él no era un trabajo fácil, pero Annette le ayudó enormemente, soportando pacientemente sesiones que durarían horas hasta que Giacometti lograse lo que buscaba.

Poco más tarde se organizó una exposición de su trabajo en la galería Maeght de París y en la galería Pierre Matisse de Nueva York, para cuyo catálogo su amigo Jean-Paul Sartre escribió la introducción. A principios de los años 50, el uso del bronce se había hecho económicamente accesible y Giacometti empezó a realizar sus trabajos en bronce. Perfeccionista, Giacometti estaba obsesionado con crear sus esculturas exactamente como las veía a través de su exclusivo punto de vista de la realidad.

En 1954 recibió el encargo de diseñar un medallón con la imagen de Henri Matisse, por lo que creó numerosos dibujos durante los últimos meses de vida del pintor. En 1962 recibió el gran premio de escultura en la Bienal de Venecia, lo que le llevó a convertirse en una celebridad internacional.


 9alberto_giacometti_le_nez_la_nariz_1947_versi_n_de_1949_bronce_80_9_x_70_5_x_40_6_cm_colecci_n_de_la_fundaci_n_giacometti_paris

Alberto Giacometti, Le Nez (La Nariz), 1947 (versión de 1949), Bronce 80,9 x 70,5 x 40,6 cm, Colección de la Fundación Giacometti, Paris


Obras

El 3 de febrero del año 2010, su escultura El hombre que camina ('L'Homme qui marche') fue subastada en Londres por 65 millones de libras (74,2 millones de euros, 104,3 millones de dólares), superando así el récord mundial de una obra de arte vendida en una subasta ese momento, según la casa que se ocupó de la puja: Sotheby's.


 07_1423412788_924298

La Bola suspendida (1931) es una escultura construida como una jaula abierta de barras de hierro en cuyo interior se encuentra una esfera con una hendidura y colgada de una cuerda que roza, con un vaivén, la arista afilada de una pieza semirrecostada en forma de media luna o de gajo de naranja. Existen dos versiones, una realizada en madera y otra en escayola.

Esta obra inaugura la incursión de Alberto Giacometti en el universo del objeto surrealista. Su descubrimiento causa un pequeño cataclismo en el seno de dicha corriente artística. Será André Bretón quien la descubrirá en la galería Pierre Loeb de París, y su posterior compra será la responsable de la amistad entre ambos. La obra llega en un momento de inflexión de la poética surrealista, que evoluciona desde la exploración del universo interior, en los años veinte (los sueños, la locura, las experiencias hipnóticas) hasta el descubrimiento del universo real o inventado de los objetos, hacia 1930. En uno de los primeros números de la revista El surrealismo al servicio de la Revolución, en 1931, Giacometti daba cuenta del magnetismo inquietante con que le hechizaban los objetos: “Todas las cosas… las que están cerca, y lejos, todas las que han pasado y las futuras, las que se mueven, mi amigas, cambian (se pasa junto a ellas, se apartan), otras se acerca, suben, descienden, patos en el agua, aquí y allá, en el espacio, suben y bajan…”


 10_1423413088_398835

La jaula de 1950 por Alberto Giacometti

En el curso de los años 30, Giacometti insiste en el hecho de que la escultura que realizaba no tenían las huellas de su manipulación, ni de su impronta física ni de sus cálculos estéticos y formales. “Desde hace años”, escribe en 1933, “realizó solamente aquellas esculturas que se ofrecen a mi espíritu ya perfectamente terminadas”. “La realización es solo un trabajo material que, para mí, en todos los casos, no presenta ninguna dificultad. Es casi aburrido. Se tiene en la cabeza y se necesita verla realizada, pero la realización en sí misma es molesta. ¡Si se pudiera hacer realizar por otros sería todavía más satisfactorio! ”Es por eso que hablaba de sus obras como de “proyecciones” que quería ver realizadas pero que no quería fabricar él mismo.

Sin embargo, el aspecto más innovador es la puesta en juego del movimiento real en la obra plástica hasta entonces estática. Esto se debe al hecho de que la bola puede, efectivamente, hacerse oscilar como un péndulo, lo que determina una percepción del trabajo en su forma física concreta y objetiva y no como forma plástica. Según el propio autor: “A pesar de mis esfuerzos, en aquellos tiempos no conseguía realmente tolerar una escultura que se limitase a dar ilusión de movimiento (una pierna que avanza, un brazo levantado, una cabeza que mira de lado). El movimiento podía concebirlo solamente si era real y efectivo, es más, quería dar la sensación de poderlo provocar.” El movimiento es real, y por lo tanto el medio temporal en el que se inscribe es el tiempo real de la experiencia, despojado de todos los límites y, por definición, incompleto. Este recorrido del movimiento real y al mismo tiempo textual es una función del significado del surrealismo en cuanto que se instala simultáneamente en los márgenes del mundo y en su interior, comparte las condiciones temporales, pero se forma bajo la presión de una necesidad interior.


 11_1423413295_956010

Three Men Walking II, detalle, 1949, pequeña escultura de bronce de Alberto Giacometti

Al poner la bola y la medialuna en el volumen cúbico de una jaula, Giacometti puede jugar con sus dos registros espaciales. Produce así una ambivalencia: confina el objeto en el campo escénico restringido a la jaula, imprimiendo al mismo tiempo un movimiento real; lo inscribe en el espacio del mundo, separándolo de las cosas que lo circundan. La jaula le permite afirmar la particularidad de esta situación y transformar el conjunto en una especie de esfera de cristal impenetrable, fluctuante en el interior del mundo real. Parte del espacio real y al mismo tiempo se separa de él, la bola suspendida y la medialuna abren una fisura en la superficie continua de la realidad. Esta escultura captura una experiencia que hacemos, a veces, estando despiertos, experiencia de discontinuidad que se insinúa entre las diferentes partes del mundo. Esta obra tiene una poderosa capacidad de evocación erótica que se encierra en esa jaula de hierro, en la que el aliciente táctil y pendular es un elemento central, aunque inconsciente. Recluida en un armazón transparente, que acentúa la impresión de aislamiento, la puesta en marcha del objeto produce una violenta emoción que se asocia inmediatamente con la irritante sensación de un deseo incumplido, representando todas las frustraciones des dispositivo amoroso, aunque los elementos masculino y femenino son intercambiables. La descripción de Dalí era muy elocuente: “Una bola de madera horadada por un hueco femenino y suspendida por una fina cuerda de violín pende sobre una media luna cuya arista roza ligeramente la cavidad. El espectador se encuentra instintivamente empujado a hacer deslizar la bola sobre la arista; deslizamiento que, sin embargo, la largura de la cuerda no permite efectuar más que a medias”.

Es inevitable asociar Bola suspendida con un recuerdo infantil del propio Giacometti, a propósito de una gran piedra perforada que se hallaba en los alrededores de su pueblo, un “monolito de color dorado”, que le atraía magnéticamente y cuyo agujero, “hostil y amenazante”, se abría en su base a una húmeda gruta en al que apenas si cabía el pequeño Alberto tumbado. Como él mismo contaba de adulto, la idea de esta abertura se le hacía intolerable y atractiva al tiempo, y ocupó su atención y sus juegos durante varios veranos.


 0000_1423414549_331091  000_1423414561_485562

Giacometti en un billete suizo de 100 francos suizos

Espero que os guste la recopilación que he conseguido de este artista suizo, y en la medida de lo posible, contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas esculturas de Giacometti[/


 03_1423415024_661494

Hombre Caminando. 1960. Material: Bronce. Medidas: 192 x 26.5 x 96.5 cm. Louisiana Kunstmuseum. Humlebæk. Obra de de Alberto Giacometti.

Hombre caminando es una de las obra más conocidas y que mejor sintetiza el estilo del escultor suízo Alberto Giacometti. Su obra está enmarcada dentro de la escultura del s. XX. Esta obra es del año 1960.


 03_1423415118_903898

La escultura se compone de una sola pieza de bronce de 1.90 m de altura. La obra representa a un hombre caminando; deformado, estirado y extremadamente fino y delgado.

Las esculturas de Giacometti adoptan la misma estética de Hombre caminando, con formas irregulares y cuerpos finos. Con esto, sus obras adquieren gran expresividad y transmiten fragilidad y debilidad, como si sus personajes sientiesen una amenaza de destrucción por el medio que les envuelve.

Existen varias copias de 'Hombre Caminando', repartidas por varios museos y galerías del mundo.


 14giacometti_el_palacio_a_las_4_a_m

Palacio a las 4 de la madrugada, Obra de Alberto Giacometti (1901-1966). 1932-33. Diversos materiales, 73,5 cm. de altura. Museo de Arte Moderno, Nueva York. A principios de los años treinta, cuando Giacometti está en el círculo de Breton, fabrica objetos, como "La hora de las huellas" o este "Palacio a las cuatro de la mañana", hitos en su camino a la escultura más personal de la posguerra. Fruto de una relación conflictiva y absorbente de seis meses con una mejor que le iba "transformando mágicamente a cada instante", Giacometti plantea un problema plástico y vital que hace pensar en Duchamp y El Gran Vidrio.


 15la_nariz

La nariz. 1947. Material: Hierro, cuerda y plástico. Medidas: 82 x 42 x 40.5 cm. Kunstmuseum. Basilea. Suiza. Obra de Alberto Giacometti

Alberto Giacometti (Borgonovo, Suiza, 10 de octubre de 1901 - Coira, Suiza, 11 de enero de 1966) Después de estudiar en Génova y Roma (Italia), en 1922 se instaló en París. Allí se convirtió en uno de los principales escultores surrealistas de la década de 1930, con una obra llena de ingenio e imaginación. Su obra surrealista más sobresaliente quizá sea El palacio a las 4 de la madrugada (1932-1933, Museo de Arte Moderno, Nueva York, Estados Unidos), se trata de un esqueleto arquitectónico que sostiene figuras y objetos suspendidos, y expresa la subjetividad y fragilidad de los sentidos temporal y espacial en el ser humano.


 16stehende_3

Stehende 3. 1962. Material: Bronce. Medidas: 240 cm. Contemporary Art Museum. Viena. Obra de Alberto Giacometti

En 1948 Giacometti expuso sus obras después de experimentar durante doce años en el campo de la escultura y de la pintura. A partir de estos trabajos desarrolló un estilo muy personal de figuras frágiles pero de una enorme expresividad. Impregnadas de melancolía, sus pinturas y esculturas reflejan un sentido débil de la existencia, como si sus personajes sufrieran una constante amenaza de destrucción por parte del espacio que los rodea. Hacia el final de su carrera, Giacometti, aclamado unánimemente como uno de los mayores escultores del siglo XX, luchó denodadamente para que se reconociera la importancia de su trabajo pictórico.


 17lotar_iii

Lotar III, 1965. Obra de Alberto Giacometti


 18annette_iv

Annette IV (1962) Obra de Alberto Giacometti


 02_1423415698_413282

Cabeza de hombre sobre peana, c. 1949-51. Obra de Alberto Giacometti


 19_alberto_giacometti_monumental_head

Monumental Head. Obra de Alberto Giacometti


 20mesa_surrealista

Mesa surrealista. 1933. Obra de Alberto Giacometti


 21_composition_man_and_woman_by_alberto_giacometti_tate_modern

Composition (Man and Woman) bronze sculpture by Alberto Giacometti, 1927, cast 1964, Tate Modern. Obra de Alberto Giacometti


 22woman_with_her_throat_cut

Woman with Her Throat Cut, 1932 (cast 1949), Museum of Modern Art, New York City. Obra de Alberto Giacometti


 23le_chat

Le Chat, 1951-54, Museo Metropolitano de Arte. Nueva York. Obra de Alberto Giacometti


 24dog

Dog. 1951. Obra de Alberto-Giacometti. Obra de Alberto Giacometti


 25place

Place. 1948. Obra de Alberto Giacometti


 26giacometti_le_couple_1927

The Couple (1926-27). Obra de Alberto Giacometti


 27spoon_woman

Spoon woman 1926. Obra de Alberto Giacometti


 28femme_qui_marche

Femme qui marche (1932). Obra de Alberto Giacometti


 29_1423416879_821092

Three Men Walking II, 1949, painted bronze sculpture Metropolitan Museum of Art. Obra de Alberto Giacometti


 30woman_of_venice_ii

'Woman of Venice II', 1956, painted bronze sculpture, Metropolitan Museum of Art. Obra de Alberto Giacometti


 31un_femme_debout

Un femme debout (1958-59). Obra de Alberto Giacometti


 32grande_femme_iv

Grande femme IV de 1960. Obra de Alberto Giacometti


 33standing_woman

Standing Woman. 1959. Bronce. Obra de Alberto Giacometti


 34homme_signalant

Homme signalant (1947). Obra de Alberto Giacometti


 35tallfigure_ii_and_tallfigure_iii

Tallfigure II and Tallfigure III. 1960. Obra de Alberto Giacometti


 36le_chariot

Le chariot. Obra de Alberto Giacometti


0retratodemujer1965

Retrato de mujer. Obra de Alberto Giacometti. 1965. Material: Óleo sobre lienzo. Medidas: 86 x 65 cm. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid

Hacia el final de su carrera, Giacometti, aclamado unánimemente como uno de los mayores escultores del siglo XX, luchó denodadamente para que se reconociera la importancia de su trabajo pictórico.


 42diego_giacometti_in_his_studio

Diego Giacometti en su estudio, el hermano de Alberto también fue un artista bastante considerado, aunque con menor relevancia que su hermano.


 13_holstebroraadhus1_retouched

Vista parcial del antiguo Ayuntamiento en Holstebro, Dinamarca. Donde se encuentra la escultura de mujer con el Chariot (fr: carro de La femme au, da: Kvinde på kærre), creada por Alberto Giacometti en 1966.



Este trabajo recopilatorio está dedicado al escultor suizo Alberto Giacometti. Fue un escultor del surrealismo, italiano. Sus esculturas son cuerpos esqueléticos, muy finos y estilizados. En 2010 batió un record en el mundo del arte; por su escultura 'Hombre caminando I', fue vendida por 74 millones de euros. Esta original escultura, es sin duda, uno de los iconos más célebres de la obra de este artista, tallada en bronce en 1960, esta figura filiforme cambió la historia de la escultura.



Fuentes y agradecimientos: es.wikipedia.org, epdlp.com, elpais.com, artehistoria.jcyl.es, cecila-ruwette.blogspot.com, surrealists.co.uk, artnet.com, 3.bp.blogspot.com, artobserved.com, sigojoven.com, biografiasyvidas.com, sd-muditoedicions.blogspot.com, dailyartfixx.com, new.taringa.net, sd-muditoedicions.blogspot.com, diariosur.es, misiglo.wordpress.com, scva.org.uk, rothko.espacioblog.com, masterworksfineart.es, mitterrand-cramer.com, lamodern.wordpress.com, squarewhiteworld.com, 1stdibs.com y otras de Internet.
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
última edición por j.luis el Martes, 09 Febrero 2016, 10:16; editado 5 veces 
j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
Volver arribaPágina inferior
Responder citando   Descargar mensaje  
Mensaje Re: Giacometti, Alberto 
 
Gran retrospectiva de Giacometti en el Picasso de Málaga



Picasso recrea el taller de Giacometti


El Giacometti más inquietante y más personal surge después de ser expulsado del grupo surrealista

Málaga inaugura una muestra dedicada al artista italiano, que tuvo en el autor del 'Guernica' a uno de sus referentes




 05_1423412172_635018

Alberto Giacometti en el estudio-  FUNDACIÓN GIACOMETTI, PARÍS / SUCCESSION GIACOMETTI, VEGAP / ADAGP París 2011. También pueden contemplarse algunas imágenes del maestro Giacometti trabajando. Aquí se le ve modelando un busto en su estudio.

Las figuras filiformes de Alberto Giacometti (Borgonovo, Suiza, 1901-Coira, Suiza, 1966) supusieron un cambio radical en la historia de la escultura. Portadoras en su levedad de una forma nueva de enfrentarse al espacio, son un espejo en el que se reflejaron todas las incertidumbres de la primera mitad del siglo XX. Récord absoluto el pasado año con El hombre caminando I (1961), con 104,3 millones, el artista suizo participó directamente en los principales movimientos de las vanguardias y se relacionó con los grandes creadores del momento. Con Picasso, uno de sus máximos referentes, se llevaba 20 años, pero sus mundos fueron muy paralelos, con París siempre como telón de fondo. Los puntos en común entre ambos genios, han sido determinantes para poder organizar la exposición retrospectiva que hoy se abre al público en el Museo Picasso de Málaga. Son doscientas obras expuestas en orden cronológico, en las que se hace referencia a sus maestros y se le hace dialogar con Pablo Picasso.

La mayor parte de las obras han sido alquiladas por la Fundación Alberto y Annette Giacometti. Un sorprendente montaje, firmado por Pablo Rodríguez-Frade, hace posible que todas las piezas se puedan contemplar tal como las fue creando el artista en su mítico taller de Montparnasse.

El resultado es un bosque de figuras aupadas en sus pedestales o resguardadas en sus estructuras metálicas en forma de jaulas que, colocadas sobre grandes mesas de madera, quedan a la altura de los ojos del espectador. Los pellizcos en bronce y su peculiar manera de concebir el frente y la espalda de cada figura se pueden contemplar con todo lujo de detalles. Su búsqueda de la simplificación de la figura humana se puede seguir a partir de sus primeros trabajos (foulards, percheros, pies de lámparas), así como sus incursiones en el surrealismo (Mujer tendida que sueña, "objetos desagradables"). Residente en París desde 1922, a partir de 1929 su amistad con Jean Cocteau y André Masson le lleva a militar con entusiasmo en el grupo de André Breton.


 02_1423411965_689178

'Cabeza de hombre sobre peana' - FUNDACIÓN GIACOMETTI, PARÍS / SUCCESSION GIACOMETTI, VEGAP / ADAGP París 2011. Cabeza de hombre sobre peana, realizada entre 1949-51, es una de las esculturas de esta magna exposición. Esta obra pertenece a la colección de la Fundación Alberto y Annette Giacometti, en París.

Pequeños óleos

Óleos de pequeño tamaño y dibujos hechos con bolígrafo o lápiz con los rostros de sus seres más próximos cuelgan en las paredes que rodean los grupos escultóricos colocados sobre las mesas blancas. A través de las pinturas, los grabados y el mobiliario, se adentra en el cubismo y considera la exposición de Picasso de 1932 en Zurich como una obra maestra muy a tener en cuenta. Con lo que ve entonces llena una libreta, que la exposición de Málaga exhibe por primera vez al público. La influencia del artista español sobre el suizo se pone de relieve en una sala en la que se muestran obras de cada uno de ellos, inspirados en algunas de las mujeres más importantes en la vida de ambos. En los dos casos fueron bastantes.


 04_1423412088_889907

Paisaje - FUNDACIÓN GIACOMETTI, PARÍS / SUCCESSION GIACOMETTI, VEGAP / ADAGP París 2011 | 17-10-2011. La muestra sobre Giacometti incluye óleos como este Paisaje en Stampa, de 1961. Alberto Giacometti. Una retrospectiva está formada por 200 obras expuestas en orden cronológico en las que se hace referencia a los maestros de este genio.

Pero el Giacometti más inquietante y más personal surge después de ser expulsado del grupo surrealista, momento en el que se dedica a crear sus delgadísimas figuras, que caminan en el espacio pegadas a sólidos pedestales. Es una etapa de gran incertidumbre personal para el artista. Véronique Wiesinger, comisaria y directora de la Fundación Giacometti, mantiene que la muerte del padre es determinante para su replanteamiento de la escultura. "Parecen hombres perdidos caminando hacia el vacío, hacia la muerte". El hombre que camina es la pieza cumbre de esta etapa, y sirve de broche de la exposición. Pero la que aquí se muestra no es la misma pieza adjudicada en Sotherby's. Forma parte de una serie de 12 hechas con el mismo molde, pero con un toque artesano que las hace diferentes, según Wiesinger. Picasso, en esto, no coincidía con el suizo. Su nuera, Crhistine Picasso, aseguró rotunda que para el artista malagueño el número tres es el máximo de reproducciones para una escultura. "Si se hacen más se estropea el molde, y él opinaba que la idea original se dañaba".


 00_1423411871_448277

'Cabeza de mujer' - FUNDACIÓN GIACOMETTI, PARÍS / SUCCESSION GIACOMETTI, VEGAP / ADAGP París 2011. El museo Picasso de Málaga acoge una gran retrospectiva del artista Alberto Giacometti (Borgonovo, 1901- Coira, 1966). Se trata de la mayor muestra del suizo en 20 años en España. Una de las piezas es esta Cabeza de mujer (Flora Mayo, de 1926, en yeso, tallado con navaja y pintado.

El auténtico colofón de la exposición está en una sala en la que el Giacometti más atractivo, fascinante y maldito es tratado en todo su esplendor. Primeros y medios planos firmados por Avedon, Man Ray o Irving Penn muestran a un artista tan atrayente como Picasso, pero con la belleza de los grandes actores de aquellos años. Serio siempre y mirando a cámara con fuerza, parece estar explicando los motivos por los que se dedica al arte, y que detalló en una entrevista concedida en 195: "Hago pintura y escultura para defenderme, para alimentarme, para atacar.... Para ser lo más grande posible, para vivir mi aventura, para hacer mi guerra".


 03_1423412292_681543

'Hombre caminando' - El Hombre caminando I, es uno de los iconos más célebres de la obra de este escultor y pintor. Tallada en bronce en 1960, esta figura filiforme cambió la historia de la escultura. La escultura de Alberto Giacometti 'L'homme qui marche I' ha batido el récord mundial del precio pagado por una obra de arte subastada en Febrero de 2010. Un comprador ha desembolsado 65.001.250 libras (alrededor de 74 millones de euros) por la pieza, según aparece en la página web de la casa de subastas.


 01_1423412378_803812

Vista de la exposición sobre Giacometti que acoge el museo malagueño. El montaje ha creado un bosque de figuras aupadas en sus pedestales o resguardadas en sus estructuras metálicas en forma de jaulas que, colocadas sobre grandes mesas de madera, quedan a la altura de los ojos del espectador.



elpais.com
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
última edición por j.luis el Domingo, 08 Febrero 2015, 17:20; editado 1 vez 
j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
Volver arribaPágina inferior
Responder citando   Descargar mensaje  
Mensaje Re: Giacometti, Alberto 
 
Giacometti, selva de sombra vertical


Una ambiciosa muestra en la Fundación Mapfre destaca la teatralidad en la obra el artista a través de sus grupos escultóricos



user_50_01_1370687690_750612

Vista de la galería final de la muestra, con una de las estrellas de la exposición: 'El hombre que camina I', de la Fundación Maeght.

Hay un elemento decididamente contemporáneo en el modo en que se relacionan las figuras de Alberto Giacometti (1901-1966) en sus grupos escultóricos. Dibujan constelaciones similares a las de un atlas escolar, o a la puesta en práctica de las teorías de un entrenador de fútbol o a uno de esos paneles de fotografías en los que los usuarios de las redes sociales se cuentan a sí mismos. Esa es la fascinante sensación que queda tras una visita a la ambiciosa exposición que la Fundación Mapfre dedica hasta agosto al escultor suizo en su madrileña sede del paseo Recoletos.

La propuesta de Giacometti. Terrenos de juego, con dirección científica de Annabelle Görgen, de la Kunsthalle de Hamburgo (donde recaló primero), pretende derribar la extendida y monocorde interpretación de las esenciales figuras del artista como la plasmación en bronce de la soledad del ser humano moderno. Sus espigadas esculturas siguen desasosegando con su magra presencia en la última sala, en una impresionante recreación parcial (están Hombre que camina I y Mujer grande, II, aunque falta un cabezón que no quiso prestar un coleccionista privado) del grupo que Giacometti soñó a finales de cincuenta para la plaza del Chase Manhattan Bank en Nueva York. Pero las aspiraciones de Pablo Jiménez Burillo, director de exposiciones de la fundación que hace las veces de comisario, eran otras: “Se trata de mostrar que para él la escultura no restaba, sino que sumaba al relacionarse entre sí y también con el espectador. De ahí que sea un acercamiento a su obra totalmente nuevo”.

Para tirar del hilo de lo inesperado, la muestra, que ocupa las dos plantas del espacio expositivo y ha contado con una treintena de prestigiosos prestadores, arranca con las maquetas surrealistas, que adquieren la forma de caprichosos juegos de mesa, como en Objetos desagradables para tirar, o de construcciones bicéfalas, como en Hombre y mujer.

Eran los tiempos en que Giacometti perteneció al grupo parisiense. Antes, el visitante se ha tropezado con un artista que subvierte las formas de la escultura tradicional al representar cabezas y bustos como formas geométricas de metal macizo, y que resume así su por entonces prometedora trayectoria: “De los 14 a los 17 fui al internado; en 1920, acudí durante unos meses a la Escuela de Artes y Oficios de Ginebra; 1921 y 1922 en Italia; en 1922, primera vez en París. (…) Al principio me dedicaba a la pintura; hace cerca de 10 años que soy escultor”.

Una cartografía de su propia mente, enmarañada constelación de conceptos realizada para la revista Labyrinthe, divide por la mitad el recorrido. De ahí en adelante, todo queda incluido en un mismo espacio mental y físico, el taller de la 46, rue Hippolyte-Maindron, lugar mítico para el arte del siglo XX que aquí se reproduce en una sala semicircular a partir de unos dibujos realizados por el artista en 1932.

Cuando Giacometti entraba por la puerta de aquel habitáculo “el taller entero vibraba”, como escribió Jean Genet, y como parece adivinarse en una imagen movida de 1953 en la que el foco del fotógrafo Ernst Scheidegger se diría vibrar ante la presencia del genio. Uno de los fuertes de la exposición está en la importancia dada a la fotografía documental de alto voltaje artístico. Man Ray, Dora Maar, Henri-Cartier Bresson, Robert Doisneau o Jacques-André Boiffard retrataron fielmente al escultor y, con él, a su mundo.

De nuevo, Giacometti despliega armas contemporáneas al construir cuidadosamente su propia imagen con una pequeña ayuda de sus amigos como lo haría una estrella del Facebook. Además, la estudiada puesta en escena de esas imágenes, en las que no cuesta adivinar la mano férrea del retratado, sirve para reforzar la idea de la muestra y del taller del escultor como un gran teatro en el que las piezas y los prototipos dialogan con la presencia ubicua y rotunda de su creador.

La galería final de la exposición está dedicada a un último sueño. Con el encargo del Chase Manhattan de crear un grupo escultórico, algo así como un universo Giacometti en el que los observadores pudieran deambular entre los extraños planetas, parecía hacerse al fin realidad la aspiración del artista de crear para una plaza pública. Al final, no pudo ejecutar en vida al aire libre ninguno de sus proyectos compuestos por varios elementos. Tampoco llevaría a cabo la descabellada idea de erigir en ese espacio neoyorquino una mujer de bronce de 7,8 metros, osadía truncada por su muerte.



Las figuras esenciales de Giacometti


user_50_05_1370687855_488378

Un total de 190 piezas provenientes de 32 colecciones internacionales forman la retrospectiva del escultor en la Fundación Mapfre.


user_50_06_1370687908_509394

Maqueta de una de las piezas más célebres de Giacometti ante el texto explicativo del proyecto del Chase Manhattan Place.


user_50_00_1370687672_161499

'Mujer grande II' (1960). La pieza fue ideada para formar parte del grupo del Chase Manhattan Bank. Proviene de la Kunsthaus de Zúrich.


user_50_08_1370688000_898003

'Pequeña figura dentro de una caja entre dos cajas que son casas', obra de 1950.


user_50_03_1370687740_460548

La muestra acierta al mezclar esculturas (como El hombre que camina I, en primer plano) y fotografías de leyendas como Henri Cartier-Bresson o Dora Maar.


user_50_04_1370687787_878743

'Mujer grande II' y 'El hombre que camina I' (derecha).


user_50_07_1370687949_399369

En el arte de Giacometti se pueden rastrear influencias de las esculturas africanas y polinesias.


user_50_09_1370688047_654676

La propuesta de los comisarios Pablo Jiménez Burillo y Annabelle Görgen destaca la teatralidad de los grupos escultóricos de Giacometti.


user_50_10_1370688093_331229

En la muestra de la Fundación Mapfre se mezcla la faceta de grabador de Giacometti con la de escultor.


user_50_11_1370688135_764347

'Sin título', composición en bronce de 1927


user_50_12_1370688249_682518

'Le couple', de 1927, es una de las piezas de la época surrealista incluidas en la muestra.



Fuente: elpais.com / GORKA LEJARCEGI
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
Volver arribaPágina inferior
Responder citando   Descargar mensaje  
Mensaje Re: Giacometti, Alberto 
 
En busca de Giacometti


    Sartre lo definió como "el artista existencialista perfecto", "a mitad de camino entre el ser y la nada". Una exposición vuelve a indagar en sus tormentosa relación con el volumen, el vacío y la perfección



 gicometti

Alberto Giacometti / Fotografía: Jean-Régis Roustan

Son seres descarnados, hechos sólo de piel y huesos, paradigma en bronce del hombre que ha atravesado la peor de las tormentas, que ha bajado a los infiernos. Espectros reducidos a su más triste condición material, casi cadáveres, individuos solos, anónimos. Seres "a mitad de camino entre la nada y el ser", según los definió el filósofo Jean Paul Sartre. "A primera vista parecen mártires consumidos salidos del campo de concentración de Buchenwald. Pero poco después se abre paso un concepto distinto: esas naturalezas delgadas y finas se elevan al cielo".

Hablamos de los inquietantes hombres que el artista italo-suizo Alberto Giacometti (1901-1966) empezó a esculpir en bronce a partir de 1947 y que se han convertido en metáforas existenciales de la terrible experiencia que fue la II Guerra Mundial. Giacometti pudo ver algunos de sus más descarnados efectos de ese conflicto cuando, con su pasaporte suizo y huyendo de la invasión nazi de Francia, abandonó París junto con su hermano Diego antes de que entraran en la capital francesa las fuerzas alemanas. En su éxodo pasó por Etampes, una localidad a unos 20 kilómetros de París, y allí fue testigo de un atroz bombardeo aéreo en el que la aviación alemana ametralló a las filas de prófugos indefensos.

Ahora, y hasta el próximo día 25 de este mismo mes, las fantasmagóricas y siempre inquietantes esculturas de Giacometti se exhiben en un lugar inverosímil, que casi representa su opuesto: en medio de la opulencia del museo Galleria Borghese de Roma, con sus paredes y techos profusamente decorados con frescos y sus salas llenas de esculturas neoclásicas de mármol blanco realizadas por Antonio Canova y Gian Lorenzio Bernini y por el resto de obras acumuladas por la voraz pasión coleccionista del cardenal Scipione Borghese (1577-1633). El resultado es sencillamente fascinante, siempre que no se cometa la torpeza de tratar de convertir esta exposición en una estéril competición entre el escultor suizo y maestros como Bernini o Canova. Porque, como ya escribiera Ernst Gombrich en 'Arte y progreso', el progreso no existe como hecho en la historia del arte, no se puede pretender una visión del arte a través de un recorrido progresista en virtud del cual esto es mejor que aquello.

Son en total 40 las piezas de Giacometti entre bronces, escayolas y dibujos que componen la muestra de la Galleria Borghese. La exposición repasa la carrera del artista, desde su vertiente onírica y surrealista hasta su lado más existencialista; pero lo más interesante es el diálogo que las esculturas de Giacometti establecen con las obras de arte que componen la colección de ese museo. Comisariada por Anna Coliva, directora de la Gallería Borghese, y por Christian Klemm, el mas importante estudioso de Gioacometti y autor de varias monografías a él dedicadas, se trata de la muestra más importante que se le ha hecho nunca en Italia al escultor: todas, absolutamente todas sus piezas más sobresalientes están aquí. La sensual belleza de su 'Femme couchée qui rêve' (1929), una de sus esculturas surrealistas, se mide con la belleza clásica de la Paolina de Canova. Su famoso 'Hombre que camina' (1947) se mide con el 'David' de Bernini.

El efecto es altamente sugestivo, resulta sublime ver las delicadas esculturas de Giacometti, frágiles, quebradizas, reducidas en ocasiones a un simple trazo, frente a estatuas que derrochan carne marmórea, esplendor y belleza clásica. Porque la fascinación que suscita el trabajo de Giacometti probablemente se comprende mejor llegando a él a través de la gran tradición escultórica occidental. La muestra de la Galleria Borghese no deja de ser un viaje en la representación escultórica de la figura humana, una figura que en el caso de Giacommetti se disuelve hasta el punto de casi desaparecer pero sin llegar nunca hacerlo, manteniendo en todo momento sus rasgos antropomórficos.

Copiar a los maestros

De hecho, el propio Giacometti estuvo durante toda su vida copiando obras de los maestros clásicos, confrontándose continuamente y como ningún otro artista moderno con el arte de épocas remotas. Además, y aunque el escultor suizo-italiano fue uno de los artistas que con mayor agudeza supo captar en sus obras el sentido contemporáneo del periodo posterior a la II Guerra Mundial, convirtiendo sus trabajos en la visión plástica del existencialismo, el propio Giacometti sentía como contemporáneo y vivo el arte de todas las épocas. "Todo el arte del pasado, de todas las épocas y de todas las civilizaciones aparece ante mí, todo es simultáneo como si el tiempo tomase el puesto del espacio", subrayó en alguna ocasión.

Por todo eso, a buen seguro que a Giacometti le gustaría saberse aquí, en la Gallería Borghese, un lugar que conocía muy bien. "De golpe me veo en Roma, en la Gallería Borghese, mientras estoy copiando un Rubens", recordaría con nostalgia en el barco que le llevó a Nueva York para participar en la gran exposición antológica que tuvo en la Gran Manzana, mientras trabajaba en un catálogo con sus copias de grandes obras del pasado. No mucho después moría en un hospital de Suiza pero ahora, casi medio siglo después de su muerte en 1966, vuelve a la Galleria Borghese donde tantas tardes pasó estudiando a los clásicos.

Al fin y al cabo, este suizo nacido la noche del 10 de octubre de 1091 en la localidad de Borgonovo de Stampa, en las montañas del cantón de Grigioni, hijo de un pintor postimpresionista de bastante talento y apadrinado por un pintor fauvista llamado Cuno Amiet, comenzó sus primeros pinitos como artista copiando las obras de los maestros antiguos cuyas reproducciones veía en lo volúmenes de la biblioteca de su padre. Y no sólo eso: cuando en la primavera de 1920, con sólo 19 años, su padre le llevó a la Bienal de arte de Venecia, no sólo descubrió a los grandes protagonistas del arte contemporáneo de la época como por ejemplo Archipenko, sino que también buceo entre los tesoros artísticos de la ciudad de los canales y quedó fascinado por Tintoretto. Tan hipnotizado como luego, en el viaje de regreso a Suiza, le dejaría su paso por Padua y el descubrimiento de Giotto y de sus frescos de la capilla de los Scrovegni.

Tal era la sugestión que los maestros italianos ejercían en él que a finales de ese mismo año se trasladó para completar sus estudios arte a Florencia, donde pasó la mayor parte de su tiempo en las salas del Museo Arqueológico mirando sobre todo una escultura egipcia que le fascinaba. Después de visitar Perugia y Asís, donde se quedó boquiabierto con el arte de Cimabue, nuestro hombre recaló en diciembre de 1920 en Roma, donde permaneció seis meses alojado en casa de unos familiares y donde llenó numerosos cuadernos con copias de cuadros, esculturas y mosaicos. También visitó Nápoles y las cercanas ruinas de Pompeya.

Pero fue en París, a donde se trasladó en 1919, donde creció como artista, donde prácticamente vivió hasta su muerte en 1966 con 64 años y donde en 1928 entró a formar parte del grupo surrealista. Y fue en París donde en 1938, con 37 años, Giacometti tuvo una revelación al ver a su amiga la modelo Isabel Lambert alejarse en medio de la noche hacia el boulevard Saint-Michel. Observó cómo se hacía cada vez más pequeña, pero sin perder intensidad y conservando intacta su propia identidad. Giacometti, que siempre se había interesado por llegar allá donde la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente, tuvo a partir de ese momento una obsesión: transformar esa visión de Isabel Lambert en una escultura.

Con esa idea entre ceja y ceja, a partir de 1940, Giacometti comenzó a esculpir sólo obras de dimensiones minúsculas, por lo general de sólo 10 o 12 centímetros de altura, y en ocasiones sólo de cinco centímetros, mientras que los pedestales adquirían un importancia desmedida. "Con gran terror, mis estatuas han comenzado a reducirse. Se trata de una catástrofe pavorosa", declaró en 1940 con auténtica angustia, porque fiel al espíritu de su tiempo Giacometti observaba sus obras desde la insatisfacción perpetua, hasta tal punto que pasaba regularmente por periodos de desesperación. "Debo lograr reducir mis esculturas al formato de un mechero. Una figura que pueda ser abrazada completamente, de un solo vistazo, en su totalidad. La mirada no debe saltar de una esquina a otra, vagar de un detalle a otro. La visión debe de ser total, absoluta", le confesó al escritor, editor y coleccionista Nesto Jacometti.

Avanzando por ese camino, por ese despojar a sus obras cada vez, por su obsesión de reducir la figura humana a su esencia, Giacometti realiza en 1947 una escultura que marca un punto de inflexión en su carrera y en la historia del arte. Lleva por título 'Hombre que camina' y es una reinterpretación de la obra del mismo título que en 1878 realizó su colega francés Rodin. Pero la diferencia fundamental es que el hombre de Giacometti ha renunciado a su corporeidad: es un ser descarnado, un saco de huesos, con la carne devorada por el vacío que le rodea. Jean Paul Sartre, en un texto titulado 'La búsqueda de lo absoluto' que se publicó en 1948 en el catálogo que acompañó a la exposición de Giacometti en la galería Maeght de Nueva York, definió al escultor como el "artista existencial" por excelencia, considerándole autor de una revolución copernicana en el mundo del arte. Para el filósofo francés, admirador de Giacometti, es uno de los protagonistas principales del contexto filosófico que surge después de la II Guerra Mundial y el arquetipo del artista moderno, una especie de mártir que se autoinmola en nombre del arte.

"He visto las esculturas de Giacometti, son muy potentes y al mismo tiempo tan delicadas que te entran ganas de describirlas como nieve que conserva la huella de las pisadas de un pájaro", dejó dicho Jean Cocteau, quien junto con Sartre, Picasso, Miró, Max Ernst o Jean Genet fue uno de los muchos admiradores del trabajo de este escultor suizo obsesionado con el vacío.


elmundo.es
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
Volver arribaPágina inferior
Responder citando   Descargar mensaje  
Mensaje Re: Giacometti, Alberto 
 
Los metaleros

La galería de Londres lleva cuatro años tejiendo diálogos entre artistas y expone hasta el 11 de abril un conjunto de obras que también han compartido el récord de escultores más caros de la historia


 00_1423411621_357321

Escultura de Alberto Giacometti titulada 'Trois hommes qui marchent' (1948). The Estate of Alberto Giacometti (Fondation Giacometti)

A los escultores Alberto Giacometti (1901-1966) y David Smith (1906-1965) les separaba el Atlántico y les unía el ingenio por trabajar el metal y crear con ello una nueva narrativa en el lenguaje escultórico. Giacometti llevó la figura humana al extremo como nadie lo había hecho hasta entonces, mientras Smith retaba la tradición americana del paisaje con figuras metálicas.

La galería Pilar Ordovas de Londres, que desde 2011 lleva forjando diálogos entre artistas, ha unido ahora, y hasta el próximo 11 de abril, un conjunto de obras de ambos artistas que, cada uno por su lado, han compartido también el récord de escultores más caros de la historia. Primero David Smith ostentó el récord de precio más caro de escultura, y en los últimos años ha sido Giacometti el que se ha llevado la palma.

En noviembre del 2005 el marchante americano de arte Larry Gagosian compró en Sotheby's la escultura de aluminio de grandes dimensiones 'CUBI XXVIII' de Smith por 23.4 millones de dólares (19 millones de euros) marcando un récord de precio de escultura más cara vendida hasta entonces. De eso, hace nueve años y hoy en día son las producciones de Alberto Giacometti las que rompen récords a lo grande. En el 2010 'El caminante 1' se vendió por 85.5 millones de euros, la cifra más alta pagada hasta la actualidad por una escultura. El pasado noviembre le pisaba los talones 'Chariot', también de Giacometti, al adjudicarse por 82.7 millones de euros. 'El carro' se le acercaba, pero no logró pasar delante de 'El caminante 1' que a paso firme continúa a primera fila.

'Tres hombres caminando', de 1948, es una de las obras de bronce que expone la galería Ordovas; tres figuras tensadas al máximo, de pequeñas dimensiones comparadas con 'El caminante 1' supermillonario, pero mucho más activas por la relación que se establece entre ellas, como en un diálogo entre tres.

Si en un extremo de la galería los tres caminantes se mueven sobre un pedestal, en la parte opuesta de la exposición, 'Cabeza de áncora', de 1952, urdida con aluminio pintado, de David Smith, invita a pasearse alrededor de la pieza y sus múltiples formas. Según desde donde se observa, remite a una figura distinta. La cabeza de ancora y la percha en la parte superior la asocian a un maniquí e incluso a un traje de los que llevaban las mujeres modernas en la década de 1950 cuando se creó la obra.

Giacometti trabajaba en un pequeño estudio en París con un grupito de modelos de los que partía para combatir hábilmente la dureza del metal y la recreación de la anatomía humana. El artista, nacido en Suiza, era ajeno a los pasos que daba al mismo tiempo su contemporáneo David Smith en una nave industrial cercana a Nueva York, al otro lado del Atlántico, en donde labraba el campo para nombres como Donald Judd y Richard Serra.

Cada uno por su lado, en sus respectivos espacios y con sus propias motivaciones, ambos escultores coincidieron en desafiar la escultura tradicional -el "dibujar en el espacio" que practicaban Pablo Picasso y Julio González- y difirieron en técnicas, dimensiones o medios cuyo resultado gravita por la exposición de Londres. Pequeña, pero suficiente percibir el estimulante diálogo artístico.


elmundo.es
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
Volver arribaPágina inferior
Responder citando   Descargar mensaje  
Mensaje Re: Giacometti, Alberto 
 
Un ‘picasso’ y un ‘giacometti’ marcan nuevos récords en el mundo del arte

'Les femmes d’Alger' en Nueva York por 160 millones de euros y la escultura 'L'homme au doigt' por 126,3, los precios más altos pagados en subasta pública



 00_1431505336_677364

La pintura y la escultura más caras. Son las obras más caras vendidas en subasta. Christie’s ha adjudicado en Nueva York 'Les femmes d’Alger' de Pablo Picasso, por 160 millones de euros, y 'L’homme au doigt', de Alberto Giacometti, por 126 millones de euros.

Pablo Picasso marcó en la noche del lunes un nuevo récord en la que algunos expertos han venido a denominar “la subasta del siglo”. La casa Christie’s en Nueva York vendió Les femmes d’Alger (Versión O), de 1955, por 179,3 millones de dólares (160,8 millones de euros). De este modo, la que es considerada una de las obras cumbre del artista malagueño se convierte en la pintura que alcanza el precio más alto en una subasta pública.

Hasta ahora, este récord lo ostentaba el británico Francis Bacon con su tríptico Three studies of Lucian Freud, que en 2013 alcanzó los 142,4 millones de dólares en otra subasta celebrada por la misma casa.


 01_1431441499_640169

Las 'Mujeres de Argel' de Picasso, vendido por 179 millones de dólares.

Les femmes d’Alger no tardó en superar esa cifra. No habían pasado ni cinco minutos desde que comenzara la puja cuando la oferta ya superaba los 143 millones. A las 19:31 hora locales, 12 minutos después de que se abriera la subasta, el mazo caía y la obra de Picasso pasaba a nuevas manos por 160 millones de dólares. A ello hay que añadirle el 12% de prima estándar fijada por Christie's, con lo que el precio final asciende a 179,2 millones de dólares.

Pocos se han sorprendido sin embargo del alto precio alcanzado por la obra final de la serie de casi 100 estudios en papel y otros 14 lienzos además del subastado, realizada por Picasso en homenaje a Eugène Delacroix y a Henri Matisse, que había fallecido poco antes de que el malagueño comenzara este proyecto en 1954.

La expectativa era muy alta para esta obra, cuyo valor estimado por la casa subastadora era de 140 millones de dólares (125,5 millones de euros). Les femmes d’Alger, una de las pocas obras maestras de Picasso que continúan en manos privadas, había sido subastada públicamente por última vez por la misma casa en 1997. En ese entonces alcanzó los 31,9 millones de dólares, más del doble de los 12 millones fijados como precio inicial.


 0lhomme_au_doigt_2

Alberto Giacometti L’homme au doigt (1947) alcanzó el desorbitante precio final de 141,28 millones de dólares.

Pero Picasso no fue el único artista que hizo saltar la caja -y los récords- el lunes. También la escultura del suizo Alberto Giacometti L’homme au doigt (1947) alcanzó el asimismo desorbitante precio final de 141,28 millones de dólares (126,3 millones de euros). Christie’s la había valorado en 130 millones (116,6 millones de euros). De este modo el suizo se confirma como el escultor más caro del mundo. Y bate su propio récord en el rubro, que ostentaba con El hombre que camina I (1961), vendida en Londres por 104,3 millones de dólares hace cinco años.

De hecho, en algún momento los expertos llegaron a sopesar si Giacometti podría llegar a superar a Picasso en esta espectacular puja, que también logró precios millonarios para obras de Claude Monet (Le Parlement, soleil couchant), Mark Rothko (No 36, Black Stripe) o Andy Warhol (Silver Liz). Y así hasta un total de 35 lotes con los que, bajo el sugerente título Looking forward to the past, Christie’s hizo un lucrativo recorrido por algunas de las obras fundamentales para comprender el Siglo XX y los comienzos del XXI. Las ventas finales superaron los 700 millones de dólares, según la propia casa de subastas.

Picasso y Giacometti fueron sin embargo las estrellas indiscutibles de la subasta.

“Estas dos obras pueden establecer un récord mundial”, había adelantado el vicepresidente de Christie’s, Loic Gouzer, en vísperas de la subasta, informó AFP.

La “rivalidad” en las subastas entre Picasso y Giacometti viene de largo. En mayo de 2010, Christie’s vendió Desnudo, hojas verdes y busto (1932) del pintor malagueño por 106,4 millones de dólares, lo que convirtió a Picasso en ese momento -como ahora- en el cuadro más caro jamás subastado. De paso, destronaba a Giacometti, que durante unos meses había sido el artista con la obra más cara jamás subastada con El hombre que camina I (1961). El suizo a su vez había acabado con el récord de Picasso establecido en 2004 con su Muchacho con pipa, que alcanzó en la subasta londinense de Sotheby’s los 104,1 millones de dólares.


elpais.com
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
última edición por j.luis el Miercoles, 13 May 2015, 09:27; editado 1 vez 
j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
Volver arribaPágina inferior
Responder citando   Descargar mensaje  
Mensaje Re: Giacometti, Alberto 
 
“L’homme au doigt” de Giacometti, la escultura más cara jamás subastada



 0lhomme_au_doigt_efe1

La obra “L’homme au doigt” (el hombre que señala), de Alberto Giacometti, se convirtió hoy en la escultura más cara jamás subastada al alcanzar los 141,28 millones de dólares en una puja en la casa Christie’s en Nueva York.

La obra, realizada en bronce por el escultor suizo en 1947 y de 177,5 centímetros de altura, es una representación escultórica de la filosofía del existencialismo y forma parte de una serie de seis piezas, de las cuales es la única pintada a mano por el artista.

“L’homme au doigt” confirma así el monopolio de Giacometti en el mercado millonario de la escultura, pues supera su propio récord, “L’Homme qui marche I”, que alcanzó en 2010 los 104,3 millones de dólares en Londres.


theclinic.cl
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
Volver arribaPágina inferior
Responder citando   Descargar mensaje  
Mensaje Re: Giacometti, Alberto 
 
67ª Berlinale


Alberto Giacometti y su búsqueda de la obra perfecta

Stanley Tucci presenta 'Final Portrait', una correcta aproximación a la vida del genial escultor suizo, al que encarna Geoffrey Rush



 00_1486899586_192972

Armie Hammer, como James Lord (izquierda), y Geoffrey Rush (como Alberto Giacometti), en una imagen de 'Final Portrait'.

"En estos momentos me apetece más dirigir; pero claro, tengo hijos pequeños y mayores, una vida que mantener, unos gastos, y me llaman para actuar". Stanley Tucci (Nueva York, 1960) lleva décadas haciendo personajes de los llamados robaplanos: él sale y le chupa la sangre al actor protagonista. Sabe que se le da bien, que aparecer en una saga como Los juegos del hambre lucra su cuenta corriente y le gana libertad. "Pero como intérprete odio las esperas en los rodajes". También reordenó su vida cuando se quedó viudo en 2009 con tres hijos. Años después ha vuelto a casarse (con la agente literaria Felicity Blunt, hermana de la actriz Emily Blunt) y es padre de nuevo. Se mudó a Londres. "He vivido demasiado tiempo en Nueva York, y la ciudad está marcada por el recuerdo de mi primera esposa. Felicity trabaja en Londres y es un buen sitio para vivir, especialmente ahora, con lo que ocurre en Estados Unidos", asegura relajado y sonriente en un hotel berlinés. De aquella época solo le quedaba un proyecto pendiente, y hoy lo ha visto por fin estrenado en la Berlinale, en la Competición aunque fuera de concurso: se titula Final Portrait y se ha convertido en su quinto largometraje como director.

Hce más de una década, Tucci leyó un libro del escritor y crítico de arte James Lord, biógrafo de artistas como Picasso y autor de A Giacometti Portrait. En esta obra hablaba de su especial relación con Alberto Giacometti, el legendario escultor suizo, que en el París de 1964 invitó a posar a Lord para un retrato que nunca acabó. Lord falleció en 2009, pero a Tucci le dio tiempo a conocerle. "Me cedió los derechos del libro e incluso leyó el primer guion. Conté con su bendición". Ahí nació Final Portrait, esos días mágicos en que Lord fue retrasando su vuelta a Nueva York para que Giacometti lograra finalizar su pintura, un retrato que finalmente nunca remató.

En la pantalla la amistad de Giacometti y Lord es retratada con el humor que imprimían a sus conversaciones. A Giacometti le daba igual el dinero -que ganaba a espuertas porque entonces ya era una estrella del arte- y vivia obsesionado con una prostituta para desesperación de su esposa. También le traía por la calle de la amargura que su estilo estuviera devorando su alma como artista. Por eso lucha, más que pinta, contra el retrato. "La película no quiere mostrar a un Giacometti santo, sino a un ser humano lleno de contradicciones, al que solo parece soportar su hermano, pero repleto de talento. En realidad, me gusta que Final Portrait reflexione sobre el proceso de creación. Los tiempos de la pintura y los fiílmicos son muy distintos. No es sencillo plasmar ese arte en pantalla". En realidad, sus cuatro películas precedentes como realizador hablaban también de procesos de creación. "Joder, es cierto. No lo había pensado". En Big Night -atentos a cómo se hace una tortilla francesa perfecta- sobre la cocina; en The Impostors sobre la actuación; en El secreto de Joe Gould sobre la escritura (aunque en este caso, baldía)..."Ya, y en Blind Date sobre el amor y encima ambos son artistas. ¡Ay, dios, me repito!".


 03_1486899623_216253

Stanley Tucci, en la rueda de prensa de 'Final Portrait', en Berlín.

Pero en Final Portrait el estilo se ha depurado ("Me hago mayor y el personaje me lo imponía") y por primera vez Tucci no actúa. "Quería concentrarme todo lo posible e interpretar te distrae del resto". Así que el papel de Giacometti lo herederó Geoffrey Rush (que lo lleva al límite), y junto a él Armie Hammer (Lord), Sylvie Testud (Annette Arm, la esposa del escultor y pintor), Clémence Poésy (la prostituta Caroline) y su amigo del alma Tony Shalhoub como Diego Giacometti. "Me ha costado levantar el proyecto 10 años. Ya está ahí y yo seguiré a lo mío: algunas películas las interpretaré por dinero, otras por placer e ilusión artística, y otras por aprender de los directores".


elpais.com
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis - Ver perfil del usuarioEnviar mensaje privado 
Volver arribaPágina inferior
Mostrar mensajes anteriores:    

Publicar nuevo tema  Responder al tema  Página 1 de 1
 

Usuarios navegando en este tema: 0 registrados, 0 ocultos y 1 invitado
Usuarios registrados conectados: Ninguno


 
Lista de permisos
No puede crear mensajes
No puede responder temas
No puede editar sus mensajes
No puede borrar sus mensajes
No puede votar en encuestas
No puede adjuntar archivos
No puede descargar archivos
No puede publicar eventos en el calendario