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Palacio De Liria (Madrid)
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Mensaje Palacio De Liria (Madrid) 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al Palacio de Liria, es un palacio de estilo neoclásico construido en el siglo XVIII, propiedad de la Casa de Alba en Madrid, constituyendo además la sede de la Fundación Casa de Alba. Está situado en la Calle de la Princesa, núméro 20 de Madrid. El Palacio de Liria es residencia habitual de la duquesa de Alba y, en sus paredes, se encuentra una de las mejores colecciones particulares del arte español.


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Escalinata que conduce a la primera planta del palacio de Liria.

Fue construído entre los años 1762 y 1783 siendo planos del arquitecto Guilbert y de Ventura Rodríguez. Se conoce que el día 22 de marzo de 1855 inauguró su gabinete árabe. En el año 1900 se reforma por parte del arquitecto Edwin Lutyens.

Al inicio de la Guerra Civil su colección de pinturas fue guardada en las cámaras acorazadas del Banco de España así como en los sótanos de la Embajada Británica. El 17 de noviembre de 1936 fue bombardeado por error por la aviación rebelde, siendo ampliamente destruído. Lo reformó el arquitecto Manuel de Cabanyes Mata entre los años 1947 y 1956. Fue inaugurado el 13 de junio de 1956. En el año 1974 es declarado bien de interés cultural

El palacio de Liria sigue perteneciendo a la Casa de Alba y es residencia oficial de su jefe, como poseedor el título de Duque de Liria y Jérica. En sus más de 3500 metros cuadrados se dejan ver una amplia colección de pinturas, inmobiliario y documentos de gran valor que pertenecen a la casa ducal, dispersos en sus tres pisos escalonados. Actualmente es sede y parte de la Fundación Casa de Alba. Se permite la visita a este recinto, ubicado en la Calle de la Princesa número 20, siendo las visitas guiadas. El palacio no está abierto al público de junio a octubre. Las visitas se realizan los viernes de 11.00 a 13.00 previa solicitud de cita por escrito a la Fundación Casa de Alba.


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La Duquesa de Alba -en una foto de archivo- junto al retraso de su antepasada en Liria, el célebre retrato de Cayetana de Alba, pintado por Goya

Espero que la recopilación que he conseguido de este palacio madrileño, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección.





Palacio de Liria


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El Palacio de Liria es un gran edificio del siglo XVIII, residencia de la Casa de Alba en Madrid (España) y principal sede de su colección de arte y de su archivo histórico, ambos de extraordinario valor. Se ubica en los números 20-22 de la actual calle de la Princesa, en una zona antaño conocida como «Barrio de los Afligidos». De esta mansión se cuenta que es el domicilio particular más grande de Madrid (200 estancias en 3.500 m2) y que sus jardines son los únicos de propiedad particular que figuran destacados en color verde en todos los planos de la ciudad.


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Retrato de Don Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba. Óleo sobre lienzo, 100 x 80 cm. El Gran duque de Alba, en un retrato de Tiziano conservado en el palacio de Liria.



Construcción del palacio en el siglo XVIII

En el diseño del palacio de Liria intervinieron entre otros el francés A. Guilbert y Ventura Rodríguez. Hay que precisar que su construcción no se debe a la Casa de Alba sino a otra saga aristocrática, de origen británico: los duques de Berwick.

El I duque de Berwick, James Fitz-James, hijo ilegítimo de Jacobo II de Inglaterra, echó las raíces de su linaje en España a principios del siglo XVIII cuando entró al servicio del pretendiente Felipe de Anjou (luego Felipe V) en la Guerra de Sucesión española. El duque de Berwick recibió del primer rey Borbón español el Ducado de Liria y Jérica por su triunfo en la decisiva batalla de Almansa (1707).

La situación política era inestable todavía, y el I duque de Liria decidió erigir su residencia en un barrio con gran presencia militar, cerca del Real Alcázar; colindante con su parcela se construía el Cuartel del Conde-Duque para las tropas de Guardia de Corps, encargadas de la protección de la familia real.

Las primeras trazas del palacio se encargaron a un arquitecto llamado A. Guilbert, ahora desconocido, quien diseñó un edificio de planta cuadrada con dos patios en su interior. Los trabajos quedaron interrumpidos cuando el duque se trasladó a París y se le encomendó el gobierno militar de la región francesa de Guyena. Tras diversas peripecias, murió en acto de servicio en Philippsburg (Alemania) en 1734 y las obras de su mansión madrileña no serían retomadas hasta cuatro décadas después, por su nieto.

El III duque de Liria recibía cuantiosas rentas por el Ducado de Veragua, y con ellas pudo costear la erección de un gran edificio al nuevo gusto neoclásico, cuyos planos encargó a Ventura Rodríguez. Este arquitecto cambió el diseño cuadrado y macizo de Guilbert por otro más ligero, de forma alargada, si bien respetó la solución de piedra almohadillada en la planta baja, ya parcialmente construida. La reanudación de las obras se sitúa hacia 1770 y se dieron por terminadas en 1779 (o en 1783, según otras fuentes).


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La duquesa de Alba con vestido blanco, cuadro de Goya y uno de los principales tesoros artísticos del Palacio de Liria.

En 1802 falleció sin hijos Cayetana de Silva, XIII duquesa de Alba y musa de Goya, y fue entonces cuando la Casa de Alba y la Casa de Berwick (Liria) se unieron bajo un mismo titular, el duque Carlos Miguel. Las propiedades heredadas de la duquesa no incluían su residencia habitual, el Palacio de Buenavista, por lo que los siguientes duques mantendrían Liria como su casa principal. Buenavista pasó a manos de Godoy, cedido por el Ayuntamiento de Madrid, y actualmente es Cuartel General del Ejército.

Liria fue ligeramente reformado hacia 1900 por Edwin Lutyens, pero dichos cambios no subsistieron al incendio que arrasó sus interiores en 1936, tras el cual fue reconstruido según planos del mismo arquitecto inglés.


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Vista aérea del Palacio de Liria.



Descripción del edificio

Llamado por algún experto «el hermano menor del Palacio Real», el Palacio de Liria es posiblemente el edificio civil más importante de su época que subsiste en el centro de Madrid, sólo superado por la citada residencia real. Casi todas las grandes mansiones erigidas en esos años resultaron demolidas o muy reformadas.

Liria es un ejemplo típico del neoclasicismo de finales del siglo XVIII, que dejaba atrás la exuberancia del estilo churrigueresco para adoptar recetas de los palacios italianos y franceses. Dentro de una simetría rigurosa, recupera las pilastras y columnas de tradición clásica en un afán de grandeza no exento de ritmo, gracias al contraste de formas y materiales.


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La espadaña del palacio de Liria. Madrid

Al modo de los palacios franceses, la mansión se ubica en el centro de una amplia parcela vallada, no en primera línea de la calle. Ello puede deberse a razones de seguridad, al igual que la elección del lugar, cerca del Cuartel del Conde-Duque. El jardín delantero sigue la estética romántica inglesa pero se cree que en origen era de traza geométrica al modo de Versalles, como los jardines más privados de la fachada trasera.

La planta del palacio adopta la forma de un rectángulo inusualmente largo, al contrario de lo habitual en los palacios españoles, de planta más cuadrada y con patios en su interior. Las dos fachadas principales (orientadas a la calle Princesa y al jardín privado) son los lados más largos del edificio y parecen pensadas con un fin más estético que práctico, buscando realzar su volumen. Visto de costado Liria parece más bien estrecho, dentro de su gran tamaño: 3.500 metros cuadrados distribuidos en 200 habitaciones, de las que 26 son salones.


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Propuesta de Ventura Rodríguez para el palacio de Liria, hacia 1740-45. Biblioteca Nacional.

La fachada del palacio de Liria se divide en tres franjas horizontales. La baja es de piedra almohadillada, solución que Guilbert había pensado presumiblemente para todo el edificio y que Ventura Rodríguez respetó en parte al encontrársela ya construida. La planta noble realmente incluye dos pisos (uno con balcones y otro superior con ventanas) y el edificio se remata con una tercera franja de ventanas en forma de friso o arquitrabe, que tiene un desarrollo singularmente grande, acaso para encubrir el tejado.

A pesar de su longitud, la fachada evita la monotonía dividiéndose visualmente en cinco cuerpos. El cuerpo central tetrástilo (con cuatro columnas) recuerda a la fachada sur del Palacio Real de La Granja. En la parte superior, se corona con una espadaña con temas heráldicos. Dicho cuerpo divide simétricamente la fachada; lo flanquean dos tramos más amplios de ventanas y balcones entre pilastras de orden gigante. La fachada termina en ambos extremos con otros dos tramos realzados con dobles pilastras. La trasera del edificio sigue la misma tónica, aunque sustituye la espadaña superior por cuatro esculturas de «trofeos».

Las dos fachadas laterales son más discretas, aunque no carecen de encanto (según opinaba el arquitecto Fernando Chueca Goitia). Debido a un desnivel del terreno, tienen soterrada la planta baja y conectan con los jardines mediante escalinatas.

Como era habitual en las antiguas mansiones europeas, el palacio concentra sus salones más importantes en la planta noble, enfilados y con balcones abiertos hacia los jardines. Los espacios interiores quedan reservados a la escalera principal, escaleras secundarias, la capilla y estancias de importancia menor. Los extremos del edificio albergan habitaciones más reducidas, que son las actualmente ocupadas como vivienda.


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Salón Amarillo del Palacio de Liria.



El palacio de Liria en el siglo XIX: esplendor y ventas


La actual riqueza artística del palacio tardó en llegar pues fue producto de diversas peripecias. Exceptuando unas pocas obras de arte, el grueso de la colección se ha ido sumando en los siglos XIX y XX.

La duquesa Cayetana, musa de Goya, murió en 1802 sin hijos, y el título Alba se unió al de Liria en su sobrino Carlos Miguel, del linaje Berwick, que sólo contaba ocho años de edad. Este quiebro genealógico se vio ensombrecido por un litigio: el nuevo duque y su familia no aceptaban el testamento de Cayetana, quien había repartido gran parte de sus bienes entre amigos y médicos. De la fastuosa colección artística de los Alba, el duque Carlos Miguel recibió sólo 32 cuadros. Otros habían pasado a manos de Godoy y terminarían en museos extranjeros; entre ellos, la Venus del espejo de Velázquez, La educación de Cupido de Correggio y La Madonna de Alba de Rafael.

Tras el final de la guerra de independencia en 1814, España recobraba la paz, y el XIV duque de Alba ya tenía edad para un largo viaje por el continente. En Viena e Italia dio rienda suelta a su afición coleccionista comprando obras antiguas (Fra Angelico, Pietro Perugino, Rembrandt) y también modernas, de jóvenes artistas de la época. Encargó varios cuadros a un pintor francés entonces emergente, Ingres, así como bustos y estatuas a Lorenzo Bartolini y a los españoles José Álvarez Cubero y Antonio Solá, que entonces trabajaban en Roma. Reunió además varias esculturas antiguas y cerámicas griegas, con las que pretendía abrir una galería que contribuyese a la formación de los artistas madrileños. En cuatro años de periplo por Europa el duque Carlos Miguel sumó alrededor de 200 pinturas, entre ellas muchas de las joyas italianas conservadas en Liria. Pero su Grand Tour se saldó con un desfase presupuestario: había gastado demasiado, sus rentas en España menguaban, y para pagar las deudas tuvo que malvender más de 80 piezas.

La crisis económica se prolongó durante años en la Casa de Alba, y en 1840 el XV duque, Jacobo Fitz-James, intentó paliarla vendiendo más obras de arte en París. Afortunadamente su propia nuera recompró algunas, que terminarían volviendo al palacio. La colección se enriquecería también gracias al parentesco entre los Alba y Eugenia de Montijo: la antigua emperatriz de Francia falleció en el Palacio de Liria, al que aportó diversas pinturas y objetos decorativos, como una valiosa mesa de escritorio, un gran retrato que le hizo Franz Xaver Winterhalter y una importante obra de Goya, La marquesa de Lazán.


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Escalinata que conduce a la primera planta del palacio de Liria.



Reconstrucción tras la Guerra Civil

El 17 de noviembre de 1936, en el transcurso de la Guerra Civil Española, el palacio resultó destruido casi por completo, mientras el XVII duque de Alba residía con su hija Cayetana en Londres; quedaron en pie tan sólo las fachadas. El suceso se debió a varios proyectiles de aviones franquistas que cayeron sobre el edificio y causaron un incendio imposible de atajar; siniestro del que luego se culpó al bando republicano. Por suerte, las pinturas y demás obras artísticas de mayor valor habían sido retiradas por orden del duque a otros edificios como el Banco de España o la embajada británica, y mucha documentación se protegía en cajas metálicas, que se pudieron recuperar. También se salvaron numerosos muebles, tapices y armaduras, sacados al exterior por empleados de la casa y voluntarios republicanos. No tuvo igual suerte la enorme colección de grabados, que desapareció en su mayor parte por el fuego y seguramente también por el pillaje.

La reconstrucción del palacio (1948-56) tuvo que ser impulsada por la joven duquesa Cayetana, pues su padre falleció en 1953, cuando sólo se habían efectuado los trabajos de cimentación. Ella relata que conservó el palacio porque se lo había prometido a su padre; en caso contrario, el solar se habría ocupado con bloques de viviendas. En las obras invirtió una fortuna; según algunas fuentes, la mitad de todo lo que tenía. Durante este periodo los Alba exhibieron parte de su colección en un inmueble cercano, al que llamaron «el museíllo». Su ordenación sería tenida en cuenta cuando los cuadros volvieron a colgarse en Liria.


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Virgen de la Granada, de Fra Angelico. Palacio de Liria (Madrid)

La reconstrucción del palacio permitió crear nuevos salones con decoración y nombres de acuerdo a las colecciones artísticas: sala italiana, sala española... El proyecto fue dirigido por el arquitecto Manuel de Cabanyes Mata siguiendo planos elaborados años antes por el difunto Edwin Lutyens, viejo conocido de la familia y famoso por su ordenación urbana de Nueva Delhi. Los mayores cambios se introdujeron en la escalera principal, más amplia y embellecida con columnas y balaustres. También la capilla con pinturas de Josep Maria Sert había sufrido daños y se remodeló, si bien mantiene dichos lienzos.


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Dª Mª del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII duquesa de Alba (Palacio de Liria, Madrid, 28 de marzo de 1926-Palacio de las Dueñas, Sevilla, 20 de noviembre de 2014). Obra de Ignacio Zuloaga


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Dª Mª del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII duquesa de Alba (Palacio de Liria, Madrid, 28 de marzo de 1926-Palacio de las Dueñas, Sevilla, 20 de noviembre de 2014). Cayetana, de pequeña, en el regazo de su madre.


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Dª Mª del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII duquesa de Alba (Palacio de Liria, Madrid, 28 de marzo de 1926-Palacio de las Dueñas, Sevilla, 20 de noviembre de 2014). La duquesa Cayetana de Alba, quien en su juventud reconstruyó el palacio de Liria.

Los nuevos techos de casetones, el entelado de las paredes y el uso de mobiliario antiguo ayudaron a recrear la ambientación del palacio, de tal modo que apenas se percibe que es una reconstrucción reciente. El recibidor está pavimentado con mármoles y teselas con el año 1953, fecha que alude al fallecido duque de Alba y no a la conclusión de las obras, que fue tres años después. El friso de la escalera muestra un lema de Cicerón en latín; alude a conservar el legado de los antepasados.


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El festín de Baltasar, ilustración de la Biblia de Alba.

La inauguración del Palacio de Liria ya reconstruido tuvo lugar el 13 de junio de 1956. Recobró su protagonismo en la vida social de Madrid rápidamente, y ya en 1959 albergó con fines benéficos un desfile de modelos con la nueva colección de la firma Christian Dior. Se vendieron 2.000 entradas a 500 pesetas, precio muy elevado para la época.

El palacio sigue perteneciendo a la Casa de Alba y es residencia oficial de su jefe, como poseedor del título de Duque de Liria y Jérica. En 1974 fue declarado Bien de Interés Cultural.

La escalera original del palacio de estilo imperial después del bombardeo durante la guerra fue sistituida por esta por deseo del padre de Cayetana, fué diseñada por Sir Edwin Lutyens en los años 40.



Colecciones artísticas del Palacio de Liria


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Un salón repleto de obras de arte en el palacio de Liria

Los tesoros artísticos, históricos y bibliográficos que alberga el Palacio de Liria son asombrosos, en especial tratándose de una colección privada. Casi todas las colecciones de similar importancia resultaron desmembradas, por lo que ésta es una rarísima excepción. Una selección de obras se expuso en 1987, en Madrid y Barcelona, bajo patrocinio de La Caixa, y entre octubre de 2009 y enero de 2010 se mostró otro conjunto de unas 40 piezas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, con patrocinio de Cajasol.


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El Gran Duque de Alba joven, copia de un original de Tiziano pintada por Rubens


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Retrato de Carlos V y la emperatriz Isabel, copia de un original de Tiziano pintada por Rubens


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Retrato de la infanta Margarita, tradicionalmente atribuido a Velázquez. Palacio de Liria. Madrid


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Detalle del Retrato de Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, pintado por Winterhalter y conservado en el palacio de Liria


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El lobero del rey, por Francisco Ricci


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Retrato de la duquesa de Huéscar, por Mengs


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Retrato del XII duque de Alba, por Mengs

Entre las pinturas más destacadas (el total ronda las 350) sobresalen las efigies de los sucesivos duques, plasmadas a lo largo de cinco siglos por artistas como el Maestro de la Virgo inter Virgines, Christoph Amberger, Tiziano, Louis-Michel van Loo, Mengs, Goya, Agustín Esteve, Federico de Madrazo, Joaquín Sorolla y Daniel Vázquez Díaz. Especialmente célebres son el Retrato del Gran duque de Alba, de Tiziano, y el de La duquesa Cayetana con vestido blanco, de Goya. Llama la atención un retrato de la actual duquesa aún niña sobre un caballo poni, pintado por Zuloaga y donde se ve un muñeco de Mickey Mouse.


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La Adoración del Niño. IlPerugino, Pietro di Cristoforo Vannucci (Circular. Diámetro 123 cm.)

La pinacoteca de los Alba incluye numerosas obras italianas. El repertorio de los siglos XV y XVI es inusual en colecciones españolas; arranca con La Virgen de la granada atribuida a Fra Angelico y prosigue con una Natividad de Pietro Perugino, Sagrada Familia de Andrea Previtali, Psique y Cupido de Pordenone, Descendimiento de la cruz de Luca Antonio Busati, Cristo y dos santos ante Venecia de Bonifazio de Pitati, Venus y Marte de Carletto Veronese y una excelente Sagrada Familia copiada de Rafael Sanzio (que el duque Carlos Miguel compró como original por una elevada suma). El salón italiano de Liria exhibe también retratos creídos de Bronzino, Giorgio Vasari y Veronés (Supuesto retrato de Bianca Cappello). Los últimos catálogos y reseñas matizan estas y otras viejas atribuciones, pero no siempre con resultados adversos; un gran lienzo de La Última Cena, de autoría dudosa, fue desvelado por un experto italiano como original de Tiziano. A raíz de esta atribución, en septiembre de 2007 este cuadro fue prestado a una exposición en Belluno (Italia), y también ha figurado como obra tizianesca en la exposición de Sevilla. Anteriormente se consideraba posible obra de Palma el Viejo.

La pintura italiana de los siglos XVII y XVIII no decae en la colección ducal: Judith con la cabeza de Holofernes de Cristofano Allori, San Lucas de Guido Reni, dos obras de Andrea Vaccaro (Magdalena penitente y La expulsión del Paraíso), La Virgen y el Niño de Carlo Maratta, El puente de Westminster de Canaletto, Capricho arquitectónico con figuras de Francesco Guardi y ejemplos de Elisabetta Sirani y Giovanni Pannini. Es digna de mención la sensual Alegoría de la Verdad de Francesco Furini; no es el único ejemplo de Furini que posee la Casa de Alba ya que su gran cuadro La creación de Eva cuelga en el sevillano Palacio de Dueñas. Hay que precisar que si bien Liria acumula gran parte de la colección familiar, hay pinturas valiosas en otras residencias; baste citar en Salamanca Jasón y el dragón de Salvatore Rosa y un Retrato del Gran Duque de Alba de Alonso Sánchez Coello.

El grupo de pinturas flamencas y holandesas es también importante, y tiene por principal atractivo el Paisaje con villa fortificada tradicionalmente asignado a Rembrandt, si bien no consta en los catálogos del artista debido a que se ha expuesto poco y queda pendiente su estudio en profundidad. De ser pintura original de Rembrandt, sería una de las apenas tres existentes en España. Las otras dos son un Autorretrato del Museo Thyssen-Bornemisza y la famosa Judit del Museo del Prado (antes identificada como Artemisa).


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Doña María del Rosario de Silva y Gurtubay, XVII duquesa de Alba. Obra de Ignacio Zuloaga


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Don Jacobo Fitz-James Stuart, XVII duque de Alba. Obra de Ignacio Zuloaga


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Doña María del Rosario Falcó, mujer del XVI duque de Alba, XXII condesa de Siruela. Obra Raimundo de Madrazo


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Doña María del Rosario Falcó, duquesa de Alba, XXII condesa de Siruela. Federico de Madrazo


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Doña María Francisca de Sales Portocarrero. Obra de Franz Xaver Winterhalter


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El Príncipe Imperial en Saint Cloud. Obra de Franz Xaver Winterhalter


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San Onofre. Obra de José de Ribera


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La Última Cena. Obra de Tiziano

La colección del Palacio de Liria incluye otros paisajes holandeses debidos a Jacob Ruysdael, Simon de Vlieger y Willem van de Velde el Joven, el gran retrato El cardenal infante a caballo de Gaspar de Crayer y varias obras de Rubens, como un Retrato de Felipe IV, el paisaje Camino del mercado y dos copias que hizo de retratos de Tiziano: El Gran duque de Alba joven, y Carlos I y la emperatriz Isabel. Se atribuía a Jacob Jordaens el óleo Artemisa, pero ahora se asigna a Gerard Seghers. Otras obras flamencas de interés se deben a Antonio Moro (Retrato de Gonzalo de Chacón), David Teniers el Joven (Hombre acariciando a una muchacha), Cornelis de Vos (Retrato de niño) y Jan Brueghel de Velours (Noli me tangere; con figuras creídas de Rubens).

La colección de pintura española incluye a casi todos los grandes maestros desde El Greco, si bien algunas piezas concretas (como una tenebrista Coronación de espinas y dos paisajes, los tres pintados por José de Ribera) se conservan en otros edificios de la familia en Salamanca (Palacio de Monterrey) y Sevilla (Palacio de Dueñas). Es famoso el Retrato de la Infanta Margarita tradicionalmente atribuido a Velázquez, si bien los últimos análisis apuntan a que es réplica debida a un ayudante. Un San Onofre al estilo de Ribera se considera ahora una imitación de su discípulo Luca Giordano, autor también de una Sagrada Familia (h. 1695). Importancia aún mayor entraña El canónigo Miranda, uno de los escasos retratos de Murillo, que se acompaña de ejemplos de Francisco Ricci (El zorrero del rey) y de Zurbarán.


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María Eugenia de Guzmán, contessa di Teba, nota come Eugenia de Montijo, futura Imperatrice dei Francesi come sposa di Napoleone III Bonaparte.


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Sagrada Familia. Luca Giordano, llamado en España Lucas Jordán


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L'impératrice Eugénie en robe de cour, 1862, Franz Xaver Winterhalter


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Santo Domingo de Guzmán. Obra de Francisco de Zurbarán

Como se ha dicho, se debe al duque Carlos Miguel el único cuadro de Ingres existente en España: La imposición del Toisón de Oro al duque de Berwick, que se acompaña de su boceto, que Ingres dedicó y regaló a un ayudante del duque. El encargo ducal a este artista incluía al menos cuatro pinturas, de las que otra se conserva en el Museo Ingres de Montauban (Francia). La pinacoteca de los Alba incluye además varias pinturas de Mengs (como un Autorretrato) y de autores británicos como Gainsborough, George Romney (Retrato de Richard Palmer, 1787) y Joshua Reynolds (Retrato de la actriz Mrs. Porter, 1757).

La colección ha seguido creciendo con la actual duquesa, quien incorporó pinturas de maestros muy cotizados del impresionismo y posteriores en los años 60 y 70, cuando eran más asequibles: Picasso (Composición cubista, 1920), Joan Miró, Salvador Dalí, Corot (Paisaje con pequeña vaquera), Eugène Boudin (Vista de Trouville), Renoir (Muchacha con sombrero de cerezas [4]), Henri Fantin-Latour, Marc Chagall (Jarrón de flores junto a una ventana)...


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María Eugenia de Guzmán. Obra de Federico Madrazo. 1849. Palacio de Liria. Madrid


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La marquesa de Lazán. Francisco de Goya. Palacio de Liria. Madrid


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María Estuardo, reina de Escocia. Ánonimo inglés, s. XVI

El palacio alberga así mismo valiosos grabados de Mantegna (Cristo bajando al Limbo), Durero (Caballero, la Muerte y el Diablo), Van Dyck y Rembrandt (La muerte de la Virgen), así como documentación histórica imprescindible, especialmente sobre el imperio español. En su fondo bibliográfico de 30.000 libros destacan seis cartas de Cristóbal Colón, el testamento de Fernando el Católico, las capitulaciones matrimoniales de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, un ejemplar de la primera edición de El Quijote y la Biblia de Alba, rarísima traducción del siglo XV que se salvó de la Inquisición.


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Cristo en la Cruz. Obra de El Greco. Palacio de Liria, Madrid


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Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al mariscal de Berwick. Obra de Ingres, Jean Auguste Dominique


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Don Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba. Key, Willem


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Felipe IV, rey de España. Obra de Peter Paul Rubens


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Camino del mercado. Obra de Peter Paul Rubens

También se guarda en el palacio de Liria una coraza del conde-duque de Olivares, acaso la que reprodujo Velázquez en el famoso retrato ecuestre del Museo del Prado. Varias esculturas y bustos decoran las salas: desde piezas helenísticas y romanas hasta La duquesa de Ariza, retrato sedente debido a José Álvarez Cubero, autor también de un busto de El duque Carlos Miguel. Notables son también la estatua Meleagro de Antonio Solá, varios ejemplos de Lorenzo Bartolini, un retrato en busto del músico Rossini y dos, del anterior duque y de Cayetana niña, debidos a Mariano Benlliure.


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Detalle de uno de los salones del palacio de Liria, en Madrid

Una Sala, llamada de Los Amores de los dioses, exhibe tapices diseñados por Boucher. El comedor se ornamenta con otro gran tapiz que muestra animales exóticos, llamado Tapiz de las Indias. En total, la casa alberga más de cuarenta tapices.


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Busto de Rosalía Ventimiglia, duquesa de Berwick, esculpido por Lorenzo Bartolini. Palacio de Liria


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Marina. Obra de Willem Van de Velde. Palacio de Liria


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Jardines del Palacio de Liria. Los jardines, que en origen debieron ser geométricos al gusto francés, fueron remodelados según el estilo inglés, más romántico; están sembrados de estatuas. En un rincón se halla un singular cementerio de mascotas, donde los duques han enterrado a sus perros predilectos.

El palacio de Liria como sede y parte de la Fundación Casa de Alba, se permite la visita a este recinto, ubicado en la calle Princesa 20, Madrid, previa concertación. Las visitas son guiadas y la lista de espera es bastante amplia.


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Salón del Palacio de Liria. Madrid

El palacio de Liria no está abierto al público de junio a octubre. Las visitas se realizan los viernes de 11.00 a 13.00.

En el año 2009 se ralizó la publicación de una guía del palacio, a cargo de Jacobo Siruela, escritor y editor, uno de los hijos de la duquesa de Alba. Será previsiblemente publicado por la editorial Atalanta.


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Fachada principal del Palacio de Liria de Madrid (España),


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Fachada noreste del Palacio de Liria de Madrid (España), vista desde el Cuartel del Conde-Duque.

El Palacio de Liria está en el nº 18-20 de la Calle de la Princesa de Madrid (España), en el distrito Centro. Fue proyectado por Ventura Rodríguez y construido entre 1762 y 1783. Alberga una importante colección privada de arte europeo.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al Palacio de Liria, de estilo neoclásico construido en el siglo XVIII, propiedad de la Casa de Alba en Madrid, constituyendo además la sede de la Fundación Casa de Alba. El Palacio de Liria es residencia habitual de la duquesa de Alba y, en sus paredes, se encuentra una de las mejores colecciones particulares del arte español.



Fuentes y agradecimientos: fundacioncasadealba.com, es.wikipedia.org, artehistoria.jcyl.es, panoramio.com, elpais.com, skyscrapercity.com, epdlp.es, madrid.ociogo.com, realeza.foros.ws, flickr.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Palacio De Liria (Madrid) 
 
Las dos vidas del palacio de Liria


En la Guerra Civil, las obras de mayor valor se guardaron en el Banco de España



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Escalinata que conduce a la primera planta del palacio de Liria.

Nada más cruzar la puerta principal, un imponente escudo de armas, en el suelo del hall, realizado con pequeños mosaicos llama la atención sobre dos fechas grabadas en dorado: 1773 y 1953. Corresponden a las dos vidas del palacio de Liria. Aunque, para saber mejor de su historia conviene remontarse a principios del XVIII. Cuando Jacobo Fitz-James Stuart, nacido de los amores ilegítimos del rey Jacobo II y su amante Arabella, antepasada de Winston Churchill (con quien tendría otros tres hijos más) recibe de Felipe V el ducado de Liria por su paseo triunfal en la batalla de Almansa (1707).

Pero él no pisó España salvo para guerrear. Fue su nieto, Jacobo Fitz-James Stuart y Colón, casado con la aristócrata española María Teresa de Silva, quien inició la construcción del palacio de Liria. Como buen militar, pensó que nada mejor que instalarse cerca del Real Alcázar y al lado del cuartel Conde Duque que se estaba construyendo entonces. Llamó al más famoso de los arquitectos, Ventura Rodríguez, que ideó un edificio de gusto neoclásico que se inauguró en 1773.

La segunda vida de este palacio está ligada a otro suceso bélico, la Guerra Civil española. Tras ser bombardeado por la Legión Cóndor durante la toma de Madrid en 1936, y ser pasto de las llamas, solo quedaron en pie las cuatro fachadas. Durante años permaneció en ruinas. Hasta que el 17º duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, embajador en Londres, encargó a su regreso la rehabilitación al arquitecto inglés Edwin Luyttens, que dirigió Manuel de Cabanyes. Pero su muerte en 1953, en Lausanne (Suiza) le impide ver más allá de los cimientos. La tenacidad y decisión de su única hija, Cayetana, que acababa de tener a su primer hijo, hizo que se retomaran unas obras tan costosas que mermaron a la mitad un más que abultado patrimonio diseminado por toda la geografía española.

El palacio de Liria es de planta rectangular y severa simetría, suavizada por unos soberbios jardines de aire afrancesado. Acoge el grueso de la colección de arte de la Casa de Alba: obras de Rubens, Rembrandt, Velázquez, El Greco, Zuloaga... y es además la sede de la fundación, lo que implica exenciones fiscales. Según la Ley de Patrimonio Histórico, está obligado a abrir sus puertas al público, en su caso solo cuatro días al mes (viernes por la mañana en grupos de 18 personas), razón por la que acumula una lista de espera de dos años. La demanda es brutal, aseguran en el palacio, que justifican el retraso "porque las peticiones llegan hasta de Australia".


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El célebre retrato de Cayetana de Alba, pintado por Goya

Del origen inglés de la casa (Churchill se refería al duque de Alba como su "primo") habla, entre otros rincones, la biblioteca. En sus paredes pintadas de verde -imitando a la original que era de malaquita- proliferan los títulos en ese idioma, desde una historia del Cid (The Cid and his Spain, de Menéndez Pidal) hasta Death in the afternoon, de Hemingway. Total, 9.000 volúmenes de los 21.000 que se reparten por los 3.500 metros cuadrados del palacio y que resumen una historia del mundo envuelta en un cierto olor a abolengo.

De las cuatro plantas, al público solo se abre la primera. Una escalinata vigilada por alguna que otra armadura conduce a las 11 salas que se pueden visitar, de las 200 del palacio. Las estancias se reparten por estilos pictóricos, según el criterio de la presidenta del patronato de la fundación (la duquesa), que las visita a menudo cambiando objetos, y del vicepresidente (su hijo el duque de Huéscar) junto a sus asesores. Así, el salón italiano, dedicado casi por completo al Renacimiento, acoge una de las joyas de la corona, La virgen de la granada, de Fra Angelico, de las que solo hay otras dos en España, en el Prado y en el Thyssen.

Esta obra, serena, anticipa la expectación que genera la auténtica estrella del palacio: el retrato de Goya, colgado en el salón que lleva su nombre, a la 13ª duquesa de Alba. Cayetana y la perrita a sus pies con un lazo rojo anudado en la pata. Una hermosa y liberal mujer perseguida por la polémica entonces y hoy. Mecenas y musa de Goya, y quién sabe si amantes, ese mismo cuadro ilustra la portada de la polémica biografía Aguirre el magnífico (Alfaguara), de Manuel Vicent sobre el segundo marido de la duquesa, Jesús Aguirre. Junto al famoso cuadro está la mesa de escritorio que también tiene su historia. Durante la Guerra Civil, las obras de mayor valor se guardaron en el Banco de España y en la Embajada británica. Pero hubo objetos que se desperdigaron. Algunos acabaron en chamarilerías y otros en despachos de Estado como esa mesa en la que un día el duque de Alba de visita al despacho del cuñadísimo de Franco, Serrano Súñer, se lo encontró detrás de ella.


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Un salón repleto de obras de arte en el palacio de Liria / LUIS SEVILLANO

Ese mueble había pertenecido a Eugenia de Montijo, que frecuentaba a menudo el palacio invitada por su hermana Paca, casada con el 15º duque de Alba, y donde le sorprendió la muerte en 1920. La huella de la emperatriz de Francia se deja ver en la decoración. En el despacho del padre de la actual duquesa, que más parece una habitación que un lugar de trabajo, permanece un pequeño costurero de la mujer de Napoleón III. Como si alguien acabara de utilizarlo. Tres retratos que pintó Zuloaga acaban de dar a la estancia un aire familiar: el padre de Cayetana de Alba, su madre, y ella montada en un poney, una experiencia (la de pintar a la niña duquesa) que dejó exhausto al pintor: "No volveré a pintar a un niño", resolvió el artista.

El carácter museístico del palacio se mezcla con la vida cotidiana de una casa, que es la residencia en Madrid de la duquesa y dos de sus hijos. El arte convive con imágenes familiares del primer marido de Cayetana y padre de sus hijos, Luis Martínez de Irujo; de don Juan de Borbón o la familia real con los príncipes y las infantas de niños, que hablan de la fuerte impronta monárquica de la Casa de Alba. Las pocas notas contemporáneas llegan de otras fotografías: las del duque de Huéscar con su exesposa y sus hijos; Eugenia, la única mujer de los seis descendientes de la duquesa o ella junto a Aguirre saludando a Felipe González ("una cuestión de amistad, no política", matizan).

La zona más mundana se aprecia en el soberbio salón de baile. En su suelo de madera quedan marcas de los tacones de aguja de un pasado más glorioso. Sirvió de pasarela para un desfile de Christian Dior organizado por Cayetana de Alba, pero desde hace años permanece extrañamente silencioso, como el resto del palacio.

En cambio, un imponente comedor, la última etapa de la visita, sigue siendo escenario de comidas en familia y reuniones de amigos. O de trabajo. Jacobo Siruela, el hijo editor de la duquesa, prepara una guía del palacio que tiene previsto publicar en octubre y un libro con la historia del inmenso pasado de la familia con más títulos del mundo a través de su patrimonio. En el jardín, una pequeña grúa se lleva a duras penas un enorme cepellón de un cedro que ha contemplado los últimos 200 años de la historia del palacio. Esa quietud lograda a base de siglos se rompe con el ruido del infernal tráfico nada más atravesar la verja de hierro.


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Un salón en el palacio de Liria.


Palacio de Liria. Princesa, 10 y 22. Entrada gratuita.

Visitas: todos los viernes en tres turnos: 10.00, 11.00 y 12.00. Cita previa: 91 547 53 02.



elpais.com
 




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Mensaje Re: Palacio De Liria (Madrid) 
 
Los Alba alquilan el Palacio de Liria para fiestas


Durante dos meses el palacio madrileño podrá albergar eventos exclusivos




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Uno de los salones del palacio de Liria, en Madrid

Nuevos tiempos corren en la casa de Alba. La duquesa y sus hijos, que están empeñados en convertir su apellido en una marca rentable, han tomado una decisión acorde con esta intención. Liria, el palacio estandarte del patrimonio familiar, ha colocado el cartel de "Se alquila". A partir de ahora en sus lujosos salones, llenos de espectaculares y valiosas obras de arte, se celebrarán selectos banquetes a los que asistirán no menos selectos invitados.

La fórmula no es nueva. En otras viejas aristocracias es incluso algo muy normal. Grandes nobles propietarios de lujosas mansiones ceden sus propiedades para eventos singulares a cambio de suculentas cantidades que les ayudan a mantener vivo su valioso patrimonio. En Reino Unido, por ejemplo, Carlos de Inglaterra alquila su mansión de Highgrove, en el condado de Gloucestershire, a grandes firmas, como es el caso de la española Porcelanosa, habitual del lugar. En algunos casos, el acuerdo contempla que el propietario de la casa salga a saludar a los invitados y acceda a fotografiarse con ellos.


La empresa ad group será la encargada de explotar la mansión

A esta manera de entender la gestión patrimonial en el siglo XXI se ha apuntado la casa de Alba. Alberto Díez, presidente y fundador de AD Group (www.group-ad.com), ha firmado un contrato por el que los salones del palacio de Liria se cederán para la organización y celebración de eventos exclusivos. AD Group es responsable de eventos como la Ferran Adrià historical experience, en la que los principales líderes mundiales pudieron disfrutar de las creaciones del famoso chef, o del cierre de un templo birmano de Bagan para que se pudiera celebrar una cena privada. En esta ocasión Ferran Adrià no participa en la asociación con los Alba, según explicó ayer a EL PAÍS.

El acuerdo entre AD Group y los Alba contempla un acuerdo de colaboración durante dos meses. En este periodo, Liria pondrá a disposición sus salones para grandes eventos. Los interesados deberán contactar con la empresa adjudicataria que tendrá que pedir consentimiento final a la duquesa y a sus hijos. Serán ellos quienes decidirán si los inquilinos están o no a la altura del palacio. Hasta ahora, y de acuerdo con la Ley de Patrimonio Histórico, la casa de Alba abre Liria al público solo unos días para que puedan visitarse sus valiosas obras de arte.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Palacio De Liria (Madrid) 
 
Aflora el poderío artístico de los Alba


La Casa ducal mostrará por primera vez al gran público sus colecciones artísticas en Cibeles

Ana Botella presenta la exposición, cofinanciada por el Gobierno regional




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La duquesa de Alba de blanco, retratada por Goya.

Por primera vez en Madrid, la Casa ducal de Alba, uno de los complejos nobiliarios, patrimoniales y artísticos privados más importantes del mundo, cede temporalmente sus valiosas colecciones pictóricas y documentales al Ayuntamiento de Madrid para que sean mostradas al gran público en el palacio de Cibeles entre el 1 de diciembre de este año y el 31 de marzo del año entrante en una exposición que se espera haga época. Así lo han previsto en su presentación oficial Ana Botella, alcaldesa de Madrid y anfitriona de la muestra; Esperanza Aguirre, presidenta regional y mecenas del catálogo; además de Carlos Fitz-James Stuart, duque de Huéscar y primogénito de la duquesa de Alba, Cayetana, quien preside la fundación de la Casa ducal impulsora de la exposición. Pablo Melendo, ex consejero delegado de Sotheby's en España, será el comisario.

Obras maestras

La muestra, que lleva por título "El legado de la Casa de Alba. Mecenazgo al servicio del arte", versará sobre la historia del linaje ducal, sus mejores prendas artístico-patrimoniales y sus estímulos materiales a la creación. Se exhibirán 150 obra maestras -con lienzos de Tiziano, Ribera, Rubens, Zurbarán, Renoir, Chagall, Madrazo y

Zuloaga- entre las que destacan la pintura sobre tabla "La Virgen de la granada", de Fra Angélico, realizada entre 1430-1440, y el "Retrato de la Duquesa de Alba de blanco", de Francisco de Goya, que data de 1795.

El gran público podrá contemplar, asimismo, una colección de cartas manuscritas por Cristóbal Colón, señaladamente la que incluye un boceto suyo sobre la isla a la que arribó y que bautizó como La Española, así como un Nobiliario de Indias, donde se inventariaron los títulos y privilegios concedidos a los conquistadores, indígenas y también ciudades de América, en un repertorio documental igualmente excepcional y único.

Lazos internobiliarios

Completarán la exposición piezas arqueológicas procedentes de enclaves de la Grecia clásica, además de porcelanas, mobiliario suntuario y, como elemento curioso, un vestuario de uniformes de Reyes de España coleccionado por los duques en observancia de una tradición de la Epifanía que se remonta al reinado de Juan II, donde tuvo su arranque la acreditación del linaje más blasonado de España por enlaces matrimoniales y herencias, conectado posteriormente a casas reales de Navarra e Inglaterra y sagas nobiliarias de media Europa. Una veintena de castillos, palacios y conventos, casi todos ellos ornamentados con valiosas obras de arte, componen asimismo este patrimonio disperso por toda España, amén de un legado fundiario en fincas y predios, de más de 34.000 hectáreas, buena parte de ellas en Andalucía y Extremadura.


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Virgen de la Granada, de Fra Angelico.

La interconexión nobiliaria familiar permitió a la Casa de Alba, vinculada con las de Carpio, Osuna, Olivares y otras, acuñar un patrimonio de obras de arte sin parangón en Europa, que fue conservado por algunos de sus titulares, destacadamente el séptimo duque de Berwick, Carlos Miguel en el siglo XVIII; y tal legado se vio estimulado, ya en la edad contemporánea, gracias al impulso de Luis Martínez de Irujo, duque consorte, que con su esposa Cayetana, actual duquesa -que adquirió un espléndido ajuar de pintura impresionista- creó en mayo de 1975 la Fundación Casa de Alba que promueve la exposición.

Muestra de pago

El Ayuntamiento de Madrid ha aportado, además de su sede Centro-Centro en el palacio de Cibeles, donde se exhibirá la exposición, un fondo económico que, en palabras de Ana Botella, "será posteriormente recuperado mediante el taquillaje", hecho que implica que la exposición será de pago: entre 6 y 10 euros la entrada.

Ana Botella, al igual que su huésped y copresentadora de la muestra, Esperanza Aguirre, resaltaron la entidad artística de la oferta cultural madrileña y su atractivo motriz para el turismo interno e internacional en las próximas Navidades y el primer trimestre del año, época en la cual flujos de visitantes precisan de estímulos, según señalaron.

Hasta el momento, las joyas artísticas que se mostrarán en el palacio municipal de Cibeles entre diciembre de 2012 y marzo de 2013 sólo podían ser visitadas por pequeños grupos de público en los palacios de Liria, en Madrid y Monterrey, en Salamanca, así como en otros enclaves pertenecientes a esta dinastía nobiliaria enraizada en la salmantina Alba de Tormes.

Gran parte de la nobleza territorial española remonta sus orígenes bien a la Reconquista contra los invasores árabes, bien al reinado medieval de Enrique II el de las Mercedes, de origen bastardo, quien se atrajo hacia sí a los notables de su época con grandes concesiones territoriales -mercedes- sobre todo en Andalucía y Extremadura, para hacerse perdonar su bastardía y el hecho de haber derrocado a Pedro I, llamado el Cruel, rey legítimo de Castilla, asesinado por un mercenario francés al servicio de Enrique, Bertrand Duguesclin, en los campos de Montiel.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Palacio De Liria (Madrid) 
 
El tesoro de la Duquesa


Cayetana de Alba habla con El País Semanal sobre la exposición en Madrid de su colección

Las obras se podrán visitar, durante cuatro meses, en el Centro Cibeles de Cultura y Ciudadanía



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El Palacio de Cibeles -nueva sede del Ayuntamiento de Madrid-, acoge la exposición más completa de la colección privada de la Fundación Casa de Alba

Caían chuzos de punta en Madrid a las puertas del palacio de Liria. Una vez traspasada la verja de ese islote detenido en el tiempo en pleno centro, era mejor esperar a que escampara para acercarse a la entrada. Menos mal que Luis, el mayordomo, con uniforme azul y botones quizá dorados o puede que plateados –la memoria y la luz tenebrosa de la tarde no alcanzan a fijar el dato–, acudió al rescate con un paraguas XXL que servía de sobra para resguardarnos a los dos. El recorrido por el camino de piedra resulta como el cruce al otro lado del espejo. Tras los portones queda la realidad. Dentro, una desconcertante fantasía. La de la casa de Alba: con sus más de 500 años de historia.

La oscuridad de la tormenta no ayudaba. Y tal como decía Manuel Vicent en su más que brillante retrato de Jesús Aguirre –segundo marido de Cayetana de Alba–, lo que más cuesta en Liria es encontrar los interruptores. La luz está dada, y por ahí pululan quienes durante meses han organizado la exposición de los tesoros de la familia que se exhibirá desde el 30 de noviembre hasta el 31 de marzo en la sede del ayuntamiento madrileño dentro de un espacio llamado Centro Cibeles de Cultura y Ciudadanía.

En la puerta, un tanto inquieto por el chaparrón, está Carlos Stuart, como él mismo se presenta, duque de Huéscar y primogénito de la casa de Alba, el mayor de los seis hijos de la duquesa. Ofrece agua y café, y recibe en el despacho de la entrada. Es un lugar ordenado, con biblioteca victoriana de caoba y lámparas brillantes adquiridas por sus padres en Londres en los años cincuenta. Sobre la mesa de trabajo hay lupas, papeles y carpetas. Pero ningún ordenador: “Soy torpe”, admite, bromeando. “Aunque domino Google y voy a comprarme una tableta”.

Menos mal que uno escucha términos como Google y tableta. Nos devuelven de golpe al mundo global y en parte al que hemos dejado afuera de la verja con su implacable chaparrón de agua y desahucios, de protestas y recortes. Es entonces cuando el duque de Huéscar relata que dispone de un lugar más acorde con los tiempos para trabajar: “Tengo un saloncito, con mi ordenador, pero es un espacio más privado”.

Es entonces cuando caes. Existe un túnel del tiempo constante en la casa. Un perpetuo transbordo de sus habitantes entre el pasado y el presente al que Carlos Stuart, que ha vivido allí desde niño, lo mismo que sus hermanos, no es ajeno. Ha crecido con él, dentro del mismo, tratando de hallar cierta naturalidad entre una vivienda normal y una especie de museo, o unos jardines donde guardan un espacio generoso para las tumbas de sus perros con leyendas y dedicatorias llenas de cariño: “A Lady”, “Pancho, Panchito”, “Willy, perro fiel de Liria, que vino de Holanda”, “Cartucho, tucho, tuchito, perro de Jesús, murió a los 16 años”…


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El retrato de Goya a la duquesa Cayetana, que estará en la exposición. / Jordi Socías

Porque eso es en gran parte el palacio de Liria. Un museo con el sello emotivo, pese a sus imponentes balaustres de mármol, de la familia que lo habita y que nos muestra encantado el comisario de la muestra, Pablo Melendo Beltrán. Un lugar al que se accede bajo la sombra de un lema de Cicerón que alude precisamente a eso, a conservar el legado de los antepasados, como introducción a los espacios donde cuelgan de las paredes grecos, zurbaranes, goyas, riberas, tizianos, mengs, chagalles, zuloagas, rubens y rembrandts… Todos ordenados en sus propias salas temáticas, la de los flamencos, la italiana, la de Goya…

O una biblioteca de lujo y consulta obligada para historiadores de varias disciplinas en la que se hallan desde primeras ediciones de El Quijote hasta las cartas de navegación que Cristóbal Colón utilizó en su viaje a América. Todo eso y más es lo que los Alba dejan salir de Liria para esta exposición. La más completa sobre el legado de una dinastía que data del siglo XIV, cuando la instauró en la familia de los Álvarez de Toledo, originaria de Alba de Tormes, el rey Enrique II de Castilla, y que ha sido crucial en la historia europea a lo largo de los siglos.

Pero el actual linaje llega desde algo después, con el de los Fitz-James Stuart, duques de Berwick, unidos a los Alba en el siglo XIX. Ahora quieren abrirse y compartir el disfrute de lo suyo con la sociedad. Pero abrirse en código Alba resulta algo más complicado. He ahí lo contradictorio.

“A que nos va usted a dejar bien…”, sugiere el duque de Huéscar. ¿Por qué habrían de quedar mal?, se pregunta uno, cuando ponen los tesoros a disposición de la capital y los ciudadanos. Si la misma historia ha sido testigo de su papel y es a los estudiosos de la misma a quienes corresponde juzgar.

El mundo de hoy es otra cosa. Los medios de comunicación, la gula general por las exclusivas de papel cuché y programas rosas de las que son permanentemente objeto también les proporcionan su ración de gloria y desgracia posmoderna. Líos de familia, desencuentros, las aventuras de la duquesa, los guirigáis de algunos de los hijos… Pero eso son otros cantares que no ocupan lo que ahora interesa: la exposición titulada El legado de la casa de Alba, con una idea fuerza: el mecenazgo al servicio del arte.

El problema es que la duquesa, que de lo que guarda en su casa sabe hasta el último detalle, resulta ahora de difícil acceso. Prefieren mantenerla lejos de esta cuidada estrategia de imagen de la casa porque en el discurso oficial lo que impera es cierta cerrazón. De España y la lealtad al Rey es difícil sacarles. No son bien recibidas preguntas sobre sus bienes patrimoniales –tres empresas agrícolas que explotan las 34.000 hectáreas de terreno que poseen en toda España– más allá de los artísticos que aparecen en el catálogo de la muestra.

“Luce mucho más en una exposición que viéndolo aquí, en casa, todo apelotonado”, comenta el duque de Huéscar. A él le preocupa dejar patente el papel de la aristocracia en la sociedad de hoy, así como el constante esfuerzo de conservación del patrimonio de la familia para mantenerlo en las mejores condiciones. “Nuestro deber es centrarnos en la administración de un pasado y mantenerlo en las mejores condiciones para legarlo”, asegura el duque.


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Un salón en el palacio de Liria.

En cuanto al papel de la aristocracia, o al menos de la casa de Alba como una de las cabezas visibles con más títulos  nobiliarios del mundo, la trayectoria para el heredero es clara: “Son tres las características: ejemplaridad, servicio al país y a la corona”. Un conjunto de deberes que se aprecia, según el duque, en la España actual, aunque su clase se encuentre, según sus palabras, “diluida en la sociedad”. Diluida, pero prestando un servicio: “Existen nobles en el ejército, en la política, en la diplomacia, en las profesiones liberales…”. Siempre, según el duque, cumpliendo un papel. Y conservando una impecable línea genealógica resultado, según José Manuel Calderón, asesor histórico de la exposición y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, de “una excelente política de casamientos”.

Entre ese cometido, en lo que toca a los Alba, está el de su patrimonio. No el de grandes propietarios agrícolas, del que prefieren no hablar. “Tenemos tres empresas… Pero esta entrevista es para tratar sobre la exposición”, avisa. No viene a cuento. ¿Y empleados en Liria? “Unos 25 debe de haber…”. Redondeando.

A lo que vamos, la colección, el legado artístico. ¿Quiénes fueron los Alba coleccionistas? “El primero, el marqués del Carpio, al que debemos 32 cuadros de los que tenemos actualmente, adquiridos o encargados por él en el siglo XVII”. Un mecenas puro que llegó a tener en su poder la Venus del espejo, de Velázquez, que hoy queda en la colección de la National Gallery de Londres y que la familia perdió al quedar en manos de Godoy.

“Pero quien realmente impulsó todo fue Carlos Miguel, decimocuarto duque de Alba”, prosigue su descendiente, “amigo de Rossini, a principios del siglo XIX, gran amante de la música, que compró casi todo; y ya, finalmente, mi abuelo, don Jacobo, y mi madre…”.

A ellos se debe, sobre todo, la obra titánica de la reconstrucción del palacio de Liria, arrasado por los bombardeos dirigidos al cuartel del Conde Duque durante la Guerra Civil. Todo quedó en pasto de las llamas. Se perdieron muchos volúmenes de la biblioteca y gran parte de la colección de pintura se salvó porque fue evacuada de la ciudad junto a los tesoros del Prado en un éxodo épico hacia los Pirineos.

Los cuadros sufrieron todo tipo de vicisitudes. Por eso, años más tarde, Jesús Aguirre, ya casado en segundas nupcias con Cayetana, se empeñó en restaurar la colección. Para ello acudió a la mano de Rafael Alonso, conservador del Museo del Prado, que desde el año 1978 se ha ocupado personalmente de ir cuidando los lienzos legendarios de la casa. “La colección está en tus manos”, le dijo en su día Aguirre. Hasta tal punto confiaba en él que se negó a que fuese ayudado por colaboradores. Y montó un taller para que trabajara dentro del palacio sin limitación de tiempo o medios. Allí, con la paciencia de un monje, Alonso, previo diagnóstico, opera las obras de arte: “Cada una tiene su propio tratamiento”, afirma. Hoy, este conservador es uno de los pilares principales de la exposición por el estado más que saludable en que llegan las pinturas.

La reconstrucción del palacio fue otro cantar. Un empeño de la joven Cayetana, que no tuvo más remedio que coger el testigo que le cedió su padre, muerto en 1953. Aquella mujer no se parecía a ninguna. De personalidad fuerte y libérrima, entre otras cosas, renunció a posar como modelo para Picasso, pero sí lo hizo para Zuloaga, que la inmortalizó de niña subida a un poni. De rompe y rasga se mostró siempre. Y lo sigue siendo a sus coquetos 87 años. Inicialmente no iba a participar en nada que tuviera que ver con la promoción de este hito en la casa, pero, insistiendo, insistiendo, accede a dejarse fotografiar en el palacio sevillano de Dueñas y contestar algunas cosas por correo electrónico.

Parece como si temieran dejarla hablar. Esa franqueza, ese ponerse el mundo por montera, cuando en realidad será quien más visitantes atraiga a la muestra como verdadera estrella del foco mediático por su propia y nada afectada excentricidad.

El problema es que se trata de una cita importante y no quieren malos entendidos. El guion del pacto es como sigue. Así respondió por escrito. Luego se produjo el encuentro.


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Un salón repleto de obras de arte en el palacio de Liria


–¿Qué supone para la casa de Alba una exposición como la que se inaugura en Madrid?

–Una oportunidad única de dar a conocer a los madrileños y a los demás visitantes de nuestra querida ciudad algunas de las obras de arte de la colección Casa de Alba, una cuidada selección de pintura, escultura y grabados, que habitualmente no pueden contemplarse por encontrarse en espacios privados.

–¿Cuál ha sido el papel de la casa de Alba en la historia de España a través de los siglos? ¿Cuál es su rasgo fundamental?

–La casa de Alba ha estado al servicio de la Monarquía española a lo largo de más de seis siglos de historia familiar, desde el lejano siglo XIV, y para caracterizar su rasgo fundamental, sin duda, habría que hablar de fidelidad.

–¿Cuál cree que es la inspiración y el carisma de las mujeres en la casa de Alba que ha marcado la diferencia con otras casas aristocráticas?

–Su temperamento, su españolismo, su generosidad, su patriotismo, su monarquismo y su servicio siempre al Rey y a la Monarquía.

–¿Cuál es el papel que debe desempeñar la aristocracia en la sociedad actual?

–El que ha hecho siempre con toda generosidad para España y su Rey.

Impecable y sin fisuras. Impenetrable en su obsesión por la lealtad monárquica, la casa de Alba quiere abrirse a la sociedad, pero cierra filas en su discurso. Les invade una especie de temor. Más ahora, cuando todo, hasta la Corona, es como nunca vulnerable a las redes sociales, a los comentarios a escala global y al juicio público.

Una vez en Dueñas, la cosa cambia. Luce el sol en una mañana digna de la inspiración que llevó a Machado a escribir: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero”. Unas líneas que salieron de aquel espacio habitado ahora por Cayetana y su actual esposo, Alfonso Díez, un hombre muy atento y correcto que se ocupa de no dejar defraudar a su esposa en el posado.

“Tengo muy poco tiempo”, advierte la duquesa en la sala sometida a la penumbra donde nos recibe. Pero, una vez metida en faena, planta el pie sobre la mesa y consiente en responder o ampliar lo que había mandado por escrito sin límites, relajada.

–Nos gustaría que nos hiciera más hincapié en esa visión de las mujeres a lo largo de su dinastía. Tuvieron carácter. ¿A cuál de ellas se parece usted?

–Todas fueron diferentes. De mi madre, lo poco que recuerdo es que era guapísima y muy cariñosa, gran deportista. Mi abuela, lo mismo. La emperatriz Eugenia de Montijo –esposa de Napoleón III– tenía un carácter fuerte, gran personalidad, se vestía maravillosamente y adoraba España y Francia. Cayetana, la que pintó Goya, era muy personal, hacía lo que sentía y lo que le daba la gana. Pero yo no me parezco a ninguna por mucho que digan.

Anda un poco revirada por un titular que la extrajeron sobre Cataluña –“Lo que pasa allí es muy poco patriota”, dijo– y que ha incendiado las redes sociales. Quiere matizar su amor hacia aquella tierra.

–Adoro Cataluña y a los catalanes y Barcelona, les admiro por su capacidad de trabajo y por cómo sacan adelante las cosas; solo porque crea que es una pena que se separen no quiere decir que no les valore. Eso se ha interpretado muy injustamente; yo soy patriótica y monárquica, pero aprecio especialmente a Cataluña por cómo llevan sus asuntos.

Prefiere ahondar en eso que hablar de la exposición. Pero toca recordarle el tema porque, si no, se desliza sobre otros asuntos sobre los que le interesa más hablar.

–Se va a poder ver todo en cuatro meses, todo lo que vale la pena, pero no se va a desvalijar la casa, eso no.

–La reconstrucción del palacio de Liria fue un empeño suyo. Una labor de vida.

–Mi padre me dijo que empezaba si yo me ocupaba. Le dije que sí y quedó todo el trabajo para mí. Pero yo no me achico en lo que vale la pena.

–Y de todo lo que se va a poder contemplar, ¿hay algo especialmente querido para usted?

–Cosas sueltas, recuerdos con los que me han ido obsequiando toda la vida. Pero quizá La Virgen de la granada, de Fra Angelico, es lo que más me gusta.

–Nos queda claro lo del servicio a la Corona, pero, aparte de lo que se supone, ¿cuál debe ser el papel de la aristocracia en una sociedad como la de hoy?

–Yo soy monárquica por los cuatro costados, y muy honrada de serlo. Me bautizaron en el Palacio Real y mis padrinos fueron los reyes. La Monarquía en España es el mejor modo de Gobierno, porque este es un país muy difícil, no es fácil. La única gloria de España es la Monarquía. Une mucho más y se evitan pugilatos y facciones que tiran todo por la borda. La culpa de lo que ocurre hoy en España la tiene…

Es entonces, en mitad de la conversación, cuando salta la voz de don Alfonso:

–Bueno, ya está, Cayetana, se acabó.

En fin, que nos quedamos con estos puntos suspensivos.

–La culpa la tiene ese que todo el mundo sabe quién es, pero que anda escondido…

Alfonso vuelve a terciar:

–Todos han cometido sus errores, tanto dentro como fuera de España.

Cayetana zanja:

–No estoy de acuerdo.

Alfonso nos define:

–Si es que ya veis, ella es tan natural, que venís aquí y os trata como si fuerais amigos de toda la vida, y yo le digo: “Cayetana, no son amigos… son periodistas”.

–Buenos días, muchas gracias. Nosotros nos vamos.

Y salimos de Dueñas. Con foto, entrevista y ese suspense final que dejamos a gusto del lector.


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Cayetana de Alba en el Palacio de Liria


elpais.com
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Mensaje Re: Palacio De Liria (Madrid) 
 
Fallece Cayetana Fitz-James Stuart



Muere la duquesa de Alba

La aristócrata, de 88 años, falleció en el palacio de Dueñas, tras el alta hospitalaria




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Cayetana, duquesa de Alba, lanza un beso al aire, durante su boda con su tercer marido, Alfonso Díez, el 5 de octubre de 2011.

Cayetana Fitz-James Stuart y Silva ha muerto a los 88 años en Sevilla, la ciudad en la que vivió sus últimos años y en la que se casó por tercera vez, en el que fue su penúltimo acto de rebeldía. Catorce veces Grande de España, era la jefa de la Casa de Alba y una destacada figura de la vida social pero, por encima de todo, un personaje único e irrepetible que no dejaba a nadie indiferente. Nació en un palacio, el de Liria en Madrid, pero siempre le gustó pisar la calle y desafiar los convencionalismos. Lo hizo hasta el final de sus días. Fue una mujer de rompe y rasga.


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El coche fúnebre ha salido de Dueñas pasadas las 13.15 con dirección al Consistorio. El Ayuntamiento ha decretado un día de luto oficial.

Lo primero que hicieron los Alba tras el fallecimiento fue comunicarlo a los Reyes, don Felipe y doña Letizia. La noticia de la muerte fue anunciada públicamente por el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, dado que este ayuntamiento se va a encargar de la organización de parte de las pompas fúnebres. "Doña Cayetana siempre llevó a Sevilla en el corazón y por eso permanecerá para siempre en el corazón de Sevilla. Descanse en paz", decía el regidor en un tuit.


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Llegada del féretro de la duquesa al Ayuntamiento de Sevilla.

La familia -los seis hijos de la duquesa; su actual marido, Alfonso Díez, además de sus nietos- estaba reunida en el Palacio de Dueñas, desde donde el cuerpo de la duquesa ya ha sido trasladado hacia la capilla ardiente, que ha quedado instalada en el salón Colón del Ayuntamiento hispalense, el espacio más amplio de la casa consistorial. El féretro, sobre el que ha sido colocado el escudo de la casa de Alba, fue introducido en el Ayuntamiento por los nietos y familiares de la duquesa. En el ayuntamiento de Sevilla las banderas ondean a media asta y ha sido decretado un día de luto por su muerte. La capilla ardiente se ha abierto a las 14:10. "Estará abierta mientras haya sevillanos que quieran despedirse de ella o la familia lo determine", ha manifestado el alcalde sevillano.

El funeral será oficiado este viernes por Carlos Amigo, arzobispo emérito de Sevilla. El cuerpo de María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva será incinerado. Parte de las cenizas serán depositadas en una capilla lateral en la iglesia del Cristo de los Gitanos, a cuya hermandad pertenecía la duquesa, y el resto será colocado en el monumental panteón de la Casa Ducal de los Alba, en la localidad madrileña de Loeches.

El rey Felipe VI ha llamado por teléfono al viudo de la duquesa de Alba, Alfonso Díez, y al duque de Huéscar, Carlos Fitz-James Stuart --primogénito de la fallecida-- para expresar sus condolencias por la muerte de Cayetana Fizt-James Stuart. Además, los Reyes, don Felipe, doña Letizia, don Juan Carlos y doña Sofía han enviado coronas a Sevilla. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, expresó su pésame y el del Gobierno a la familia por el óbito en un comunicado en el que destaca su faceta de mecenas y custodia de un patrimonio histórico y artístico excepcional.

El funeral por la duquesa de Alba se celebrará a mediodía de este viernes en el altar del Jubileo de la Catedral de Sevilla, presidido por el cardenal Carlos Amigo Vallejo, según ha confirmado el Cabildo Catedral de Sevilla. La infanta Elena asistirá este viernes en Sevilla al funeral en representación del Rey Felipe VI, según ha anunciado el Palacio de la Zarzuela.


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El salón Colón del Ayuntamiento de Sevilla acoge la capilla ardiente con el féretro que guarda los restos mortales de Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, después de su traslado desde el Palacio de las Dueñas.

"Si yo no me meto en la vida de nadie, que no se metan en la mía", argumentó para poder casarse con Alfonso Díez, con el que el 5 de octubre pasado cumplió tres años de matrimonio. Una unión a la que sus hijos se opusieron inicialmente. Pero todo cambió cuando los asuntos de la Casa de Alba estuvieron resueltos. Se fijó por escrito la partición de los bienes, las sociedades, las tierras, las casas –que ascienden a un valor entre los 600 y los 3.000 millones de euros–, y quedó claro que el último duque de Alba renunciaba a casi todo y se comprometía a cuidar hasta el final de sus días a la aristócrata.

Cayetana de Alba repartió la herencia de manera desigual entre sus seis hijos todos ellos nacidos de su matrimonio con Luis Martínez de Irujo- Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia. También se acordó de su nieto mayor Carlos Fitz-James Stuart al que dejó el palacio de Dueñas. Sus dos hijos mayores serán los principales encargados de la Fundación Casa de Alba, obligados a conservar y mantener todo su legado histórico y monumental. Cayetano se queda con el palacio de Arbaizenea, en San Sebastián, y el cortijo de Las Arroyuelas, gran latifundio sevillano. Eugenia hereda la mansión de Ibiza y otro Cortijo en Sevilla, mientras que Fernando y Alfonso contarán con la mansión de Las Cañas, en Marbella, y la finca, antiguo castillo, de El Tejado, en Salamanca. Quien no ha obtenido más que unas fincas rústicas han sido Jacobo, sin duda, el más perjudicado por el reparto. La decisión provocó el distanciamiento entre madre e hijo que recientemente se resolvió.


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Interior de la capilla ardiente en el Ayuntamiento de Sevilla, donde se ha instalado el féretro de la Duquesa de Alba. Amigos y familiares despiden a la Duquesa.

Mantener el legado de la Casa de Alba fue una de las grandes preocupaciones de la duquesa. Jesús Aguirre, casado en segundas nupcias con Cayetana fue su gran apoyo en esta tarea, restauró gran parte de la colección pictórica y lo hizo en colaboración con Rafael Alonso, conservador del Museo del Prado, que desde el año 1978 se ocupó de cuidar las grandes obras de la Casa. En 2012 y con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid, Cayetana de Alba mostró parte de su tesoro en una exposición bajo el nombre de "El legado de la Casa de Alba. Mecenazgo al servicio del arte". Se exhibieron 150 obras maestras -con lienzos de Tiziano, Ribera, Rubens, Zurbarán, Renoir, Chagall, Madrazo y Zuloaga- entre las que destacan la pintura sobre tabla La Virgen de la granada, de Fra Angélico, realizada entre 1430-1440, y el Retrato de la duquesa de Alba de blanco, de Francisco de Goya, que data de 1795.

El público pudo contemplar, además, una colección de cartas manuscritas por Cristóbal Colón, entre ellas la que incluye un boceto suyo sobre la isla a la que llegó y bautizó como La Española, así como un Nobiliario de Indias, donde se inventariaron los títulos y privilegios concedidos a los conquistadores, indígenas y también ciudades de América, en un repertorio documental excepcional.

La reconstrucción del palacio de Liria de Madrid fue otra de las misiones de la duquesa tras recibir el testigo que le cedió su padre, muerto en 1953. En una habitación de este palacio nació ella, un 28 de marzo de 1926. Fue la primera y única hija de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba y María del Rosario de Silva y Gurtubay, X marquesa de San Vicente del Barco. Tuvo como padrinos de bautismo al rey Alfonso XIII y a su esposa la reina, Victoria Eugenia. Desde muy joven fue una mujer de mundo y vivió mucho tiempo en el extranjero. Al estallar la Guerra Civil residió en París y luego en Londres, donde frecuentó a quién luego sería la reina Isabel. Hablaba inglés, francés, alemán e italiano.

Debido a su vida social y a su interés por el arte, Cayetana se relacionó con múltiples artistas y personalidades, desde Jackie Kennedy hasta Grace Kelly e Yves Saint Laurent. Ella misma contó que Picasso quiso que fuera su modelo para una nueva versión del cuadro La maja desnuda, pero el proyecto no prosperó por la oposición de su marido Luis Martínez de Irujo. Eso sí, siendo niña fue retratada sobre un poni por Zuloaga. Una de sus grandes pasiones fue el flamenco y destacó por sus dotes para el baile teniendo como maestro, entre otros, a Antonio el bailarín.

Sus últimos días los pasó en su casa de Dueñas donde su tercer marido le instaló una pantalla de cine para que disfrutara de una de sus grandes aficiones. Frente a ella vio sus películas favoritas, entre las que están Retrato en negro, de Lana Turner y Anthony Quinn; Gigante, con Rock Hudson, Elizabeth Taylor y James Dean, y Lo que el viento se llevó, con Vivien Leigh, Clark Gable y Olivia de Havilland. Se marchó sin rendirse, pensado que todavía tenía mucha vida por delante y tiempo para seguir siendo la rebelde que siempre fue.


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Imagen de Cayetana de Alba en su juventud publicada en el libro 'Yo Cayetana'


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Cayetana fotografiada en su casa de Madrid el 23 de enero de 1961.


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Boda de la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, con Jesús Aguirre, en el Palacio de Liria de Madrid, el 16 de marzo de 1978


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Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, posa en el recibidor del palacio de Liria en Madrid en el año 2000


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La duquesa de Alba, en el Palacio de las Dueñas de Sevilla en junio de 2004


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La duquesa de Alba posa durante una entrevista en el palacio de Dueñas, Sevilla, en abril de 2013

Ver más imágenes



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Palacio de Liria (Madrid). Pasará a manos de Carlos Fitz-James Stuart, duque de Huéscar.


elpais.com




 

Descanse en paz, en la faceta artística y cultural la duquesa de Alba siempre defendió la cultura, respecto a su su legado -por lo que he leído- ha dejado bien atado por escrito que sus bienes, bibliotecas, cuadros, esculturas, joyas, arte decorativo, etc., para que sus herederos no puedan desprenderse de él y continuen reunidas sus colecciones, siempre con acceso al público en algunas dependenias.

Su biblioteca principal cuenta con 18000 volúmenes, incluye una primera edición de 'el Quijote' y un mapa de Colón. Deja 249 óleos (con Goyas, Velázquez, Ticianos, Rubens, etc.), 177 acuerelas, 54 dibujos y otros tantos tapices... en fin una colección impresionante.

 




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última edición por j.luis el Viernes, 21 Noviembre 2014, 12:46; editado 3 veces 
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Mensaje Re: Palacio De Liria (Madrid) 
 
Descanse en Paz, sin duda la Duquesa a disfrutado de sus 88 años.

Un Saludo.
 




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