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Morandi, Giorgio
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Mensaje Morandi, Giorgio 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor italiano Giorgio Morandi, considerado uno de los mejores del siglo XX de su país. Sus temas se centran en los paisajes y las naturalezas muertas.

0morandi09Giorgio Morandi (Bolonia, 20 de junio de 1890 - 18 de junio de 1964) Nació en el seno de una familia en la que compartió espacio con otros siete hermanos.

En 1907, tras un breve periodo laboral en la misma empresa en la que trabajaba su padre, recibió instrucción artística en la Academia de Bellas Artes de Bolonia. En un viaje que realizó por esa época a Florencia, descubrió la obra de los primitivos renacentistas italianos, Giotto, Masaccio y Uccello, a los que estudió siguiendo el prisma cezanesco (por Paul Cézanne), artista a quien había descubierto poco tiempo antes.

En un primer momento siguió a los futuristas y al movimiento Novecento italiano, tras establecer contacto con Boccioni y Carrà, siendo invitado a participar en la exposición futurista celebrada en el Palacio Baglioni de Bolonia, y en la muestra Libera Futurista de Roma. Tras su amistad con Giorgio de Chirico su obra comenzó a influenciarse por la de éste.

En 1927 particìpó en la primera exposición del movimiento novecentista, vinculado con el régimen de Mussolini. Poco a poco su estilo fue definiéndose e independizándose del De Chirico. Parte esencial de su iconografía comenzaron a ser los utensilios de la vida diaria: vasos, botellas, etc. Dichos objetos, colocados sobre una mesa, se convertían en los máximos protagonistas de sus cuadros. Seguía así a su admirado Cézanne en la elección de los bodegones sencillos como medio de expresión de su pintura.

En 1945 se celebró su primera exposición individual, en la galería Fiore de Florencia. Entre 1930 y 1956 Morandi fue profesor de grabado en aguafuerte en la Academia de Bellas Artes de su ciudad natal.

En 1948 fue premiado con el primer premio en la Bienal de Venecia. Visitó por primera vez París en 1956, siendo galardonado al año siguiente con el gran premio en la Bienal de São Paulo.

En 1960 el director Federico Fellini rendiría tributo a Morandi en su largometraje La Dolce Vita, donde aparecían algunas de sus pinturas.

Giorgio Morandi fallecería en 1964 en su ciudad natal. En el año 2001 el Museo Morandi abrió sus puertas en una sección del Palazzo d'Accursio, sede del gobierno local de Bolonia.

Morandi fue un hombre sencillo y sedentario, mantuvo siempre una prudente distancia respecto a las convulsiones de su época; como su obra, la vida del artista estuvo envuelta en una atmósfera tranquila y silenciosa.
 
Espero que os guste la recopilación que he conseguido de este pintor italiano, y en la medida de lo posible contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


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Giorgio Morandi - Autoretrato, 1925, Óleo sobre tela, 63 x 48.5 cm. Fondazione Magnati Rocca, Mamiano di Traversetolo. Parma. Italia.


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Retrato de mujer. 1912. Óleo sobre tela. 44,3 x 37 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1913. Óleo sobre cartón. 41 x 51 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1913. Óleo sobre tela. 44,5 x 66 cm. Colección Jucker. Museo d'Arte Contemporanea, Palazzo Reale. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1911. Óleo sobre tela. 37,5 x 52 cm. Colección Vitali. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1940. Óleo sobre tela. 48 x 41 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1944. Óleo sobre tela. 48,5 x 45 cm. Galleria d'Arte Moderna. Roma. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1932. Óleo sobre tela. 75 x 60 cm. Colección Boschi-Di Stefano. Museo d'Arte Contemporanea. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1940. Óleo sobre tela. 35 x 50 cm. Colección Boschi-Di Stefano. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1940. Óleo sobre tela. 48 x 53 cm. Colección Boschi-Di Stefano. Museo d'Arte Contemporanea. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1941. Óleo sobre tela. 37 x 40 cm. Colección Boschi-Di Stefano. Museo d'Arte contemporanea. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1934. Óleo sobre tela. 61 x 55 cm. Colección Grassi. Galleria d'Arte Moderna. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1935. Óleo sobre tela. 60 x 71 cm. Museo Civico di Torino. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1936. Óleo sobre tela. 60 x 60 cm. Colección Alberto della Raggione. Florencia. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1936. Óleo sobre tela. 53,5 x 63 cm. Galleria Nazionale d'Arte Moderna. Roma. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1936. Óleo sobre tela. 46 x 61,5 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1962. Óleo sobre tela. 25,5 x 31 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Paisaje. 1943. Óleo sobre tela. 32,8 x 38 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Patio en Via Fondazza. 1954. Óleo sobre tela. 56 x 56 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Patio en Via Fondazza. 1958. Óleo sobre tela. 30,6 x 40,5 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Patio en Via Fondazza. 1958. Óleo sobre tela. 45,5 x 50 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Patio en Via Fondazza. 1954. Óleo sobre tela. 55,5 x 45,5 cm. Museum Boymans-van Beuningen. Rotterdam. Obra de Giorgio Morandi


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Casa Rosa. 1927. 62 x 46,5 cm. Óleo sobre lienzo. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1914. óleo sobre tela. 102 x 40 cm. Collections Mnam/Cci/ Centre Georges Pompidou. París. Francia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1949. Óleo sobre tela. 30 x 40 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1949. Óleo sobre tela. 36 x 45,2 cm. Museo Morandini. Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1948. óleo sobre tela. 26 x 40 cm. Fondazione Magnati Rocca, Mamiano di Traversetolo. Parma. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1948. Óleo sobre tela. 30,5 x 35,5 cm. Colección Grassi. Galleria d'Arte Contemporanea. Villa Reale. Milán. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1948. Óleo sobre tela. 36 x 41 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1948. Óleo sobre tela. 35 x 40 cm. Colección Boschi-Di Stefano. Museo d'Arte Contemporaneo. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1948. Óleo sobre tela. 36 x 36 cm. Cortesía de la Paolo Baldacci Gallery. Nueva York. EE UU. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1948. Óleo sobre tela. 26 x 38,5 cm. Cortesía de Paolo Baldacci Gallery. Nueva York. EEUU. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1948. Óleo sobre tela. 35,5 x 30,5 cm. Museo d'Arte Contemporanea, Palazzo Reale. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1946. Óleo sobre tela. 37,5 x 40 cm. Tate Gallery. Londres. Gran Bretaña. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1957. Óleo sobre tela. 27 x 40 cm. Hamburger Kunsthalle. Hamburgo. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1955. Óleo sobre tela. 24 x 34 cm. Stedelijk Museum. Amsterdam. Holanda. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1953. Óleo sobre tela. 20 x 40 cm. The Philips Collection. Washington D.C. EEUU. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1954. Óleo sobre tela. 33,5 x 46,3 cm. Smith College Museum of Art. Northampton. Massachusetts. EEUU. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1957. Óleo sobre tela. 35 x 45 cm. Pinacoteca Vaticana.. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1952. Óleo sobre tela. 35,5 x 45,5 cm. Fondazione Magnati Rocca, Mamiano di Traversetolo. Parma. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1952. Óleo sobre tela. 32 x 48 cm. Museo Bolonia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1952. Óleo sobre tela. 35,5 x 45,5 cm. Cortesía de la Paolo Baldacci Gallery. Nueva York. EEUU. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1951. Óleo sobre tela. 22,5 x 50 cm. Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen. Düsseldorf. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1920. Óleo sobre tela. 49,5 x 52 cm. Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen. Düsseldorf. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1926. Óleo sobre tela. 60 x 60 cm. Colección Alberto della Raggione. Florencia. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1919. óleo sobre tela. 51,5 x 55 cm. Colección particular. Florencia. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1961. Óleo sobre tela. 25 x 30 cm. Museo Bolonia.. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1918. Óleo sobre tela. 65 x 55 cm. Colección Jucker. Museo d'Arte Contemporanea, Palazzo Reale. Milán. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1916. Óleo sobre tela. 82,5 x 57,5 cm. The Museum of Modern Art. Nueva York. EEUU. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1962. Óleo sobre tela. 30 x 30 cm. Scottish National Gallery of Modern Art. Edimburgo. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1932. Óleo sobre tela. 62,2 x 72 cm. Galleria Nazionale d'Arte Moderna. Roma. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1937. Óleo sobre tela. 62 x 76 cm. Colección particular. Florencia. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1938. Óleo sobre tela. 40 x 53 cm. Galerie Jan Krygier. Ginebra. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1938. Óleo sobre tela. 24,1 x 39,7 cm. The Museum of Modern Art. Nueva York. EEUU. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1942. Óleo sobre tela. 30 x 40 cm. The Art Gallery of Western Australia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1942. Óleo sobre tela. 47 x 40,5 cm. Fondazione Magnati Rocca. Mamiano di Traversetolo. Parma. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1943. Óleo sobre tela. 22,8 x 35,3 cm. Hirshhorn Museum and Sculpture Garden, Smithsonian Institution. Washington. EEUU. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1944. Óleo sobre tela. 30 x 53 cm. Collections Mnam/Cci/centre Georges Pompidou. París. Francia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1946. Óleo sobre tela. 29,9 x 47,7 cm. Galleria Nazionale d'Arte Moderna. Roma. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1920. Óleo sobre lienzo. 49,5 x 52 cm. Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen. Dusseldorf. Alemania.. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1951. Óleo sobre lienzo. 22,5 x 50 cm. Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen. Dusseldorf.. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1918. Óleo sobre lienzo. 68,5 x 72 cm. Cortesía del Ministero per i Beni e le Attività Culturali. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1929. Óleo sobre lienzo. 57 x 55 cm. Cortesía del Ministero per i Beni e le Attivitá Cultural. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1929. Óleo sobre tela. 54 x 64 cm. Museo d'Arte Contemporanea, Palazzo Reale. Parma. Italia. Obra de Giorgio Morandi


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Bodegón. 1947. Óleo sobre tela. 33 x 29,5 cm. Cortesía de la Paolo Baldacci Gallery. Nueva York. EEUU. Obra de Giorgio Morandi



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Giorgio Morandi (Italia, 1890-1964) Pintor y grabador italiano cuya temática se centra en el paisaje y las naturalezas muertas. Nació en Bolonia, en cuya Academia de Bellas Artes estudió desde 1907 a 1913, y se dedicó después a la enseñanza del dibujo en una escuela primaria. Durante 1915 sirvió en el ejército, en plena I Guerra Mundial, pero tuvo que abandonar a causa de su delicado estado de salud y regresar a Bolonia, donde continuó la docencia. En 1930 ingresó en la Academia de Bellas Artes como catedrático de grabado al aguafuerte y en 1943 se estableció definitivamente en Grizzana, donde había pasado la mayoría de los veranos desde 1927, lugar donde murió. Gran parte de las primeras obras de Morandi son paisajes, pero más tarde se especializó en naturalezas muertas que a menudo incluyen botellas y vasos. Su estilo se basa en la búsqueda de una simplificación formal, donde los temas son reducidos a lo esencial, sometidos a una abstracción, que, sin embargo, no elimina su identificación formal. En Bolonia trabajó en solitario, al margen de cualquier grupo o movimiento, aunque algunos de sus primeros cuadros estuvieron influidos por los pintores metafísicos Giorgio de Chirico y Carlo Carrà y por el purismo del grupo Valori Plastici, con el que expuso en Berlín en 1921. Su primera exposición individual la realizó en la galería del Fiore de Florencia en 1945. Recibió un premio en la Bienal de Venecia de 1948, en la que se le dedicó la primera de una serie de retrospectivas que continuaron en Bolonia (1966), París (1971), Roma y Moscú (1973).


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Web del Museo Morandi


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Ver página dedicada a Morandi



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor italiano Giorgio Morandi, considerado uno de los mejores del siglo XX de su país. Sus temas se centran en los paisajes y las naturalezas muertas.



Fuentes y agradecimientos a: pintura.aut.org, es.wikipedia.org, epdlp.com, metmuseum.org, artcyclopedia.com, youcanhireanartist.com, panoramio.com, pimientosytomates.wordpress.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Domingo, 07 Junio 2015, 12:49; editado 1 vez 
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Mensaje Morandi 2 
 
Morandi y Bolonia, amor metafísico

En Via Fondazza vivió casi toda su vida, sin apenas salir de casa. Se cumplen 50 años de la muerte de un artista que encontró la mejor compañía en los objetos cotidianos


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Fuente de Neptuno frente al Palacio D'Accursio, en la plaza mayor de Bolonia. / Olaf Protze

En el discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, Faulkner afirmó que la escritura servía para crear a partir de los materiales del espíritu humano algo que no existía antes. Así Giorgio Morandi con la pintura de los objetos insignificantes, irrelevantes, vulnerables, socorridos por el halo invisible que crea el artista con la luz, el espacio, la sombra o el color siempre mate. Vasos, botellas, jarrones, flores, jarras, cestas, teteras, candelabros, tazas, pequeñas cajas y materiales geométricos creados con cartones o cualquier otro elemento de desecho. Todos objetos imprescindibles en la monótona vida cotidiana pero que adquieren un valor inusitado cuando su propietario se ausenta definitivamente y los abandona como derrelictos.

Pintores metafísicos como Morandi buscan lo que los ojos no pueden ver, lo invisible, su atmósfera, su reflejo. Morandi también quiere captar lo intemporal e incluso detener el tiempo. El artista encontró en estos objetos una compañía para el existir. A su manera, cada uno de ellos, por su tamaño, forma y volumen, son como flores secas, cuerpos momificados, segundos congelados, frágiles vasijas del afecto humano, flores amarillas como aquella de William Carlos Williams: “… no encontré ninguna cura, / más que esta flor torcida: / con solo / mirarla / los hombres sueñan…”. Morandi parece sugerirnos: “… no encontré ninguna cura, / más que en estos vasos, jarrones, botellas…”.


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Plaza Mayor de Bolonia con la basílica de San Petronio al fondo. / Atlantide S.N.C.

Morandi en la Via Fondazza número 36. Aquí vivió con su madre viuda y alguna de sus hermanas (era familia numerosa) desde el año 1910 (había nacido en la misma Bolonia en 1890) hasta su muerte en 1964. Nunca se casó y apenas viajó fuera de las fronteras de su provincia natal. Los veranos los pasaba en Grizzana, un pueblo cercano a Bolonia, en los Apeninos. Mejor este estado civil, mejor esta vida monástica dedicada a la pintura, así se evitó aquello terrible que la bella e inteligente Alma Mahler dijo de su primer esposo músico: “Le irritaba mi goce de la vida, lo consideraba una abominación. Dinero: ¡basura! Ropa: ¡basura! Belleza: ¡basura! Viajes: ¡basura! Solo le importaba el espíritu. Ahora sé que tenía miedo de mi juventud y mi belleza”.

Morandi en su habitación-taller del amplio piso de la Via Fondazza, en la periferia del casco histórico. Después de la desaparición de toda la familia que en ella habitaba, Maria Teresa Morandi fue quien hizo la importante donación para el museo. El piso pasó por varias manos hasta que, en el año 1999, fue comprado por el Ayuntamiento de la ciudad. Aunque se mantiene tal cual el taller-habitación, el pequeño almacén y una especie de recibidor, el resto ya no tiene nada que ver con la antigua morada.

Gustos geométricos

Los doscientos metros de superficie han sido divididos en dos espacios. Uno museístico y otro dedicado a la biblioteca-archivo (con sus propios libros y la mucha bibliografía que se le va dedicando en todo el mundo), así como una pequeña sala para conferencias y reuniones. En 2009 se abrió al público, pero poco después tuvo que cerrarse debido a problemas económicos. Gracias a la amabilidad de la dirección del museo se me muestra. En el lado expositivo vemos muchos objetos familiares y personales. Fotos, documentos, cartas, libros. Hay un documental. Sus primeros dibujos, unos diccionarios.

En la reconstrucción de lo que antes era la antecámara, o el salón recibidor, hay otros cuadros de diferentes épocas heredados, así como una cabeza que le regaló al pintor el escultor Manzú, además de mobiliario variado. En un cuadro de 1915, un jarrón con flores, ya se ven las intenciones y los gustos geométricos. Entre la correspondencia exhibida hay cartas de cineastas como De Sica, Antonioni o Pontecorvo. El piso interior daba o dio, durante muchos años, a un campo abierto. Después de la Segunda Guerra Mundial, la especulación inmobiliaria acortó de manera drástica aquel espacio vital. El pintor luchó en vano para que no se perdiera. El reflejo de la luz cambió entonces sobre su taller y tuvo que reiniciar su búsqueda. Aún están los almendros y el gran olivo al cual tantas veces se refirió, pero encajonados entre invasores edificios.

Cuando murió Morandi se fotografió todo su taller-habitación. Este hecho ayudó, años después, a reconstruirlo tal cual lo había dejado. Es realmente una celda de eremita. El único lujo es ese gran balcón que da al patio-jardín interior. Aquí pasaba todo el día trabajando, apenas veía a gente y le molestaba la vida social. Un camastro, una silla, una pequeña cómoda con libros presiden el resto de la estancia, que contiene caballetes, una mesa con pinceles y pinturas, así como, sobre varias repisas, los objetos originales tantas veces reproducidos. Llama la atención que muchas de estas jarras, floreros y botellas hayan sido, a su vez, pintados de blanco por el artista antes de ser trasladados al lienzo.

Sobre la pared que más luz recogía hay pegados papeles, algunos de periódicos, para fijar los movimientos e intensidades de la luz en su rotación. El balcón no solo era un lugar para contemplar la naturaleza sino, sobre todo, para capturar el resplandor del día y traspasarlo a los objetos. Entre los libros de cabecera, las obras completas de Leopardi y Pascal. El pensador francés, al considerar lo irracional de la muerte y el vacío al que estamos abocados, se preguntaba si filosofar valía la pena. En cada cuadro del artista boloñés, esta misma cuita. Pascal, Leopardi, Morandi, tres personajes, incluso en sus vidas, también muy semejantes, pese a las diferentes vicisitudes de sus tiempos.

Las pocas salidas que efectuaba Giorgio Morandi las hacía a la Academia de Bellas Artes donde había estudiado de 1907 a 1913, y a la cual regresó como profesor de grabado de 1930 a 1956. No hizo demasiadas exposiciones en vida y su reconocimiento público se produjo con el Premio de la Bienal de Venecia en 1948, en 1957 con el de la Bienal de São Paulo y en 1962 con el Premio Rubens de la ciudad de Siegen. Poca cosa para tan sublime maestro. Lejos quedaba su presencia en el movimiento futurista, su amistad con De Chirico y las lecciones tomadas de los viejos maestros Giotto, Masaccio, Uccello, Piero della Francesca, Chardin, Corot o, más contemporáneamente, Cezanne, Picasso o Braque.


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Composición en el museo boloñés con objetivos que aparecen en los cuadros de Morandi. / Roberto Serra

A veces pienso que Morandi quiso contestar a los bodegones cubistas, deshumanizados, ateístas de Picasso, Braque o el español Juan Gris con estos otros cargados de piedad, compasión y laica sacralidad. En estos objetos tan sencillos están los pucheros de Santa Teresa, así como el verdadero, por desconocido, Santo Grial. La transubstanciación se produce en todos ellos. La luz provoca también el efecto de lo líquido. Sosiego y desasosiego. Al lado del taller-dormitorio hay una oscura habitación donde se guardan muchos más objetos utilizados por el artista. Otros floreros, botellas, flores de papel o tela, conchas de mar, fósiles, cantos rodados.

Donde antes se encontraba cocina y comedor ahora está la biblioteca. Unos 600 volúmenes, con estudios sobre Giotto, Della Francesca, Rembrandt, Chardin, Corot o Cézanne, además de la compañía de Pascal y Leopardi. Tenía una interesante colección arqueológica compartida con una de sus hermanas, que había vivido en Oriente. De Rembrandt hay varios aguafuertes, así como una obra de Bassano y la cabeza realizada por Manzú.

Después de un gran rato abandonamos el piso. Cerramos los balcones y, al apagar la luz eléctrica, se hace la total oscuridad. ¿Cómo vivirán los objetos en las tinieblas? Entonces noto inesperadamente cómo el ocaso cenital nos acaba venciendo siempre. No creemos del todo en la muerte hasta que acumulamos experiencias como esta: oscuridad y silencio. ¿Los objetos sentirán temor? Las personas se ausentan ante nuestros ojos, igual que los objetos de compañía. Nada tan impresionante en esta casa como esos enseres ya sin dueño, sin destino, sin función, libres de compromisos. Si en los cuadros siguen vivos es porque hay quien los mira, en este lugar las miradas sobre los originales son escasas y yacen ya en una penumbra entre la vida y la muerte. Una muerte lenta en su deterioro físico.

Pavarotti, coleccionista

De la vivienda particular nos trasladamos al Mambo (Museo de Arte Moderno de Bolonia), sito en la Via Don Minzoni número 14. En el año 1964, poco tiempo después de morir el artista, se creó un museo en su honor en el Palazzo d’Accursio, en la plaza Mayor de la ciudad. En 2012 tuvo que trasladarse temporalmente a este emplazamiento para llevar a cabo obras importantes de rehabilitación.


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Interior de la casa y estudio del pintor Giorgio Morandi, en Bolonia. / Roberto Serra

La colección Morandi, procedente de donaciones como la de la hermana y de otras adquisiciones y préstamos como el del cantante Pavarotti, es muy interesante. Son un total de 85 obras.Escenografías inmóviles y geométricas. Cuadros pintados en un estudio y no en plena naturaleza. Flores secas, en papel o tela, en búcaros. Naturalezas muertas formadas por esos objetos desapercibidos de la vida cotidiana. Todas estas obras del pintor boloñés están acompañadas, en otras salas, por otras de artistas contemporáneos que lo homenajean: Tony Crag, Jean-Michel Folom, Mike Bidlo o Roberto Longhi, de quien se proyecta un interesantísimo documental. En los fondos del museo hay obras también de Gilberto Zorio, Pier Paolo Calzolari, Mario Ceroli, Alviani o Boetti.

Mirar los cuadros de Morandi es como caminar a solas. La capacidad de hacerlo presupone mucho dolor pasado, pero también mucha felicidad. Kafka comparaba su caminar hacia la soledad con el de los ríos hacia el mar: “He avanzado un buen trecho, unas cinco horas a pie, solo y no lo suficientemente solo, por valles desiertos y no lo suficientemente desiertos”. Objetos del desierto también los de Morandi: objetos-palabras. Como a los seres humanos, tampoco se les puede descuidar ni olvidar. Allí están vivos, latentes, pensantes, saltan a la superficie y nos recuerdan que tan frágiles somos nosotros como ellos.

elpais.com / Por César Antonio Molina, exministro de Cultura, dirige La Casa del Lector.
 




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Mensaje Re: Morandi, Giorgio 
 
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Morandi en el Museo Thyssen



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Giorgio Morandi. Museo Morandi, Bologna. Photo Antonio Masotti. In its house in Via Fondazza, Bologna in 1961.

Giorgio Morandi (Bolonia, 1890-1964) Morandi estudió entre 1907 y 1913 en la Accademia di Belle Arti de Bolonia. De visita en Florencia en 1910 se interesó por la obra de Giotto, Masaccio y Paolo Uccello. Su aproximación al arte contemporáneo se produjo principalmente a través de revistas de arte, mostrando un temprano interés por la obra de Cézanne

Hacia. 1913-1914 Morandi se aproximó al Futurismo de la mano de Osvaldo Licini, compañero de la Accademia, y Giacomo Vespignani. Un año más tarde, junto a Licini, Vespignani, Severo Pozzati y Mario Bacchelli expuso su obra en la polémica muestra del Hotel Baglioni de Bolonia. El mismo año, participó en la Prima Esposizione Libera Futurista, celebrada en la Galleria Sprovieri de Roma. Su futurismo, sin embargo, es relativo, mostrando por entonces preferencias por la obra de Cézanne, Picasso y Braque, lo que le permitió figurar en la segunda exposición de la Secesión romana (1914), de la que fueron excluidos los futuristas. Morandi fue nombrado, asimismo, profesor en la escuela municipal de dibujo de Bolonia, cargo que detentaría hasta 1929

Tras. enfermar gravemente en la Primera Guerra Mundial, Morandi reemprendió la labor artística en 1918. Durante los años siguientes frecuentó a Giorgio de Chirico, Carlo Carrà y Ardengo Soffici, aportando a la pintura metafísica su propio rigor formal. A fines de 1919 firmó un contrato con Mario Broglio, editor de la revista Valori Plastici, por mediación del cual expuso junto a otros miembros de Valori Plastici en Berlín, Dresde, Hannover y Múnich, en 1921, y en la Fiorentina Primaverile, en 1922. Durante estos años abandonó las novedades vanguardistas para profundizar en su propia visión poetizada de los objetos cotidianos, prestando especial atención al tratamiento de la luz y a los intervalos espaciales, tal como será propio de su obra madura. En 1926 y 1929 participó en la primera y segunda Mostra del Novecento Italiano, y por los mismos años mantuvo un estrecho contacto con el grupo intelectual de la revista Il Selvaggio, dirigida por Mino Maccari. En 1930 Morandi ganó la cátedra de técnicas de grabado en la Accademia di Belle Arti de Bolonia. Dos años más tarde Soffici le dedicó un número monográfico de la revista L'Italiano, con el que alcanzó fama internacional. A fines de los años veinte y durante los años treinta Morandi participó en importantes certámenes, como la Bienal de Venecia (1928, 1930 y 1934), el premio Carnegie de Pittsburgh (1929, 1933 y 1936) y la Quadriennale de Roma (1931, 1935 y, con sala especial y la consecución del segundo premio, en 1939).

Morandi pasó parte de la Segunda Guerra Mundial en el pueblo de Grizzana. En 1945 Roberto Longhi organizó una exposición individual de su obra en la Galleria del Fiore, Florencia. Tres años más tarde, en 1948, recibió el primer premio de Pintura en la Bienal de Venecia y en 1957 el gran premio de la Bienal de São Paulo. En 1956 Morandi abandonó su puesto en la Accademia di Belle Arti de Bolonia, pero siguió pintando hasta su muerte, ocurrida el 18 de junio de 1964.


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Flores. 1942. Óleo sobre lienzo, 30,5 x 26 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza. Obra Giorgio Morandi.

Esta pintura, realizada durante el difícil otoño de 1942 -de aquí procede ese color impregnado de sombra, con luces tenues-, forma parte de una pequeña serie de obras en las que el artista toma como modelo un ramo de zinnias frescas para experimentar su progresivo marchitamiento.

Se sabe que Morandi prefiere servirse de flores de seda, refinado producto artesanal de la Bolonia del 700, y que después de los años de la guerra ya no pinta flores frescas precisamente debido a su naturaleza caduca, tan sujeta a los ultrajes del tiempo, mientras que él busca en el objeto de sus composiciones un «espejo inmóvil» en el que reflejar su visión interior, sus cambios de pensamiento y de estado emocional. El modelo nunca debe cambiar, precisamente porque es el artista quien cambia continuamente (y por el mismo motivo, Morandi, después de 1927-1928, ya no hará más retratos -ni siquiera a sus queridas hermanas- ni pintará figuras).

Como en los grabados de flores realizados alrededor de 1930 (y, en particular, en los dedicados al tema de las zinnias en jarrón)1, en esta tela Morandi acepta la confrontación con el objeto de naturaleza más frágil y efímera, captándolo precisamente en aquel instante de paso de la vida plena a su progresivo y rápido declive.

Hasta hace pocos años, la obra se conservaba junto con otra de tema análogo en la misma colección italiana, y ambas han sido expuestas en pareja en diversas exposiciones organizadas por el Museo Morandi, precisamente para subrayar, en el paso de la primera a la segunda tela, el interés del artista por la caducidad del tiempo.

En la primera pintura, esta que nos ocupa, las flores son todavía frescas y el ramo forma un todo con el jarrón, determinando una composición compacta y firme. La imagen es frontal, casi como en relieve, incluso imponente en su presencia silenciosa. En la segunda, el jarrón desaparece y la mirada se concentra en el curvarse, en el marchitarse de las corolas, aquí más abiertas, descompuestas, deshechas.

En Flores, perteneciente ahora a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, la pincelada tensa y nerviosa mueve los pétalos como si su piel fuera acariciada por una brisa secreta que se eleva desde el fondo; un fondo decididamente morandiano en su intensidad de vibración, en su imponerse como fragmento de pintura pura, en su ofrecerse como campo de la interioridad habitada por la aparición de las flores.


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Naturaleza muerta. 1948-1949. Óleo sobre lienzo, 26 x 35 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza. Obra Giorgio Morandi.

Fruto de uno de los momentos más felices del arte morandiano -el artista conquista precisamente en 1948 el Gran Premio de Pintura en la Bienal de Venecia-, esta Naturaleza muerta se sitúa como obra ampliamente representativa de su plena madurez.

Esta composición, compuesta por siete objetos -con la cuadrada «botella persa», amarilla, en primer plano- fue afrontada por el artista con particular interés, hasta el punto de que el catalogue raisonné recoge cinco variantes de esta obra, tres atribuidas a 1948 y dos a 1949. Sin embargo, ninguno de estos óleos está fechado y resulta muy difícil establecer con certeza el año de ejecución; aún más, a mi modo de ver sería más correcto reagruparlos todos en un solo conjunto homogéneo y coetáneo, del que esta pintura, en su día perteneciente a la importantísima colección de José Luis y Beatriz Plaza, y aquella otra, tal vez más cerrada y compacta, del Kunstmuseum de Winterthur, representan las obras más notables y celebradas.

El neto carácter morandiano de la pintura resulta evidente en primer lugar por la linealidad de la composición, en la que toda forma, incluso aquellas movidas y articuladas en su individualidad, contribuye a determinar la forma compleXIVa del conjunto; una masa rectangular definida según claras coordenadas espaciales. Otro elemento que se debe subrayar es la elección de los «modelos» que se cuentan entre los preferidos por el artista: en efecto, se pueden reconocer, en segundo plano, la gran jarra roja oscura, con el asa pintada de blanco y el alto jarrón de cristal con su largo cuello azul; mientras que en primer plano, además de la botella persa, como siempre dueña de la escena, resaltan la azul turquesa de cuello blanco-cal y la todavía más límpida botella redondeada puesta a la derecha, como tercer elemento del proscenio.

Finalmente se puede advertir la gama de colores, todos comprendidos entre los matices del beige-miel y las profundas resonancias del gris -los dos tonos predominantes en toda la búsqueda cromática morandiana- con las tres manchas vivas en primer plano.

La composición anticipa una instalación que volveremos a encontrar a menudo en 1954-1955 y casi parece representar un primer momento de estudio en el pormenorizado análisis que el artista dedica a la creación de una forma compuesta y concentrada, incluso en la singularidad y en el movimiento de cada uno de los elementos que la componen. Los modelos en segundo plano se acercan y se tocan casi hasta confundirse unos con otros (salvo aquel espacio vacío que se abre entre los dos jarrones altos y oscuros de la derecha, y que crea una nueva forma totalmente ilusoria, pero al mismo tiempo, nítida y presente visualmente). El segundo plano se ofrece, pues, a nuestra mirada como silencioso back stage sobre el que resaltan los tres objetos protagonistas, que se pueden leer también como formas recortadas e inmersas en una luz lacticinosa, pero envolvente y cálida, que las nutre y las hace emerger de lo indiferenciado.



Fuente: museothyssen.org
Textos: Juan. Á. López-Manzanares, Marilena Pasquali y Marilena Pasquali
 




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