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Ter Borch, Gerard
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Mensaje Ter Borch, Gerard 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor neerlandés Gerard ter Borch. Conocido también por Terborh o Terburg, fue un pintor holandés, especializado en retratos y escenas de género y costumbristas. Nacido en Zwolle, trabajó a lo largo del siglo XVII, incluido por tanto dentro de los pintores barrocos centroeuropeos.


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Ter Borchue fue un artista precoz, puesto que su primer dibujo fechado y firmado lo realizó a los 8 años, tal vez mientras trabajaba como aprendiz en el taller de su padre. Más tarde fue a estudiar a Haarlem, y frente al estatismo de los pintores holandeses, viajó mucho: Londres, Italia, España, Flandes y Alemania. Deventer fue la ciudad holandesa que constituyó su último destino. Allí se estableció a partir de 1654.

Gerard ter Borch (también: Terburg, Terborgh y Terborch) (Zwolle, diciembre de 1617 – Deventer, 8 de diciembre de 1681), fue un pintor neerlandés de la época barroca.

Ter Borch nació en la provincia neerlandesa de Overijssel. Recibió una excelente educación por parte de su padre, también artista, y desarrolló su talento muy pronto. La inscripción en un estudio sobre una cabeza prueba que Ter Borch estaba en Ámsterdam en 1632, donde estudió posiblemente con C. Duyster o P. Codde. La influencia de Duyster puede reconocerse en un cuadro que lleva la fecha de 1638, en el Museo Victoria y Alberto. En 1634 estudió con Pieter Molyn en Haarlem. De este periodo de Haarlem es la Consulta (1635) en la galería de Berlín.

En 1635 estaba en Londres, y posteriormente viajó por Alemania, Francia, España e Italia. Es seguro que estaba en Roma en 1641, cuando pintó pequeños retratos sobre cobre de Jan Six y Una joven dama (Colección Six, Ámsterdam). En 1648 estaba en Munster durante el encuentro del congreso que ratificó el tratado de paz entre los españoles y los holandeses, y ejecutó una célebre pequeña pintura, pintada sobre cobre, de los plenipotenciarios unidos -una obra que, junto con la Lección de guitarra y un retrato de un Hombre en pie, representa a este maestro en la colección nacional de Londres. El cuadro fue comprado por el marqués de Hertford en la subasta Demidoff por 1.280, y presentada a la National Gallery de Londres por sir Richard Wallace, a petición de su secretario, sir John Murray Scott.

En esta época, Ter Borch fue invitado a visitar Madrid, donde recibió empleo y el honor de ser nombrado caballero por parte de Felipe IV, pero, debido a una intriga, se dice, se vio obligado a regresar a los Países Bajos. Parece haber residido durante algún tiempo en Haarlem; pero finalmente se estableció en Deventer, donde se convirtió en miembro del consejo municipal, tal como aparece en el retrato que actualmente está en la galería de La Haya. Murió en Deventer en 1681.

Ter Borch es un excelente retratista, pero aún es mejor como pintor de género. Representa con admirable verdad la vida de las clases acomodadas y cultivadas de su época, y su obra está libre de cualquier toque de la grosería que muchas veces se encuentra en el arte holandés. Sus figuras están bien dibujadas y resultan expresivas en sus actitudes; su cromatismo es rico y claro, pero su mejor habilidad radica en su inigualada representación de las telas, lo que se ve con gran facilidad en cuadros como La carta y en La admonición paterna (también conocida como el vestido de satén) grabado por Wille -que existe en varias repeticiones en Berlín y Ámsterdam, y en la galería Bridgewater. Las obras de Ter Borch son comparativamente escasas; sólo hay unas ochenta catalogadas. Seis de ellas están en el Hermitage, otras seis en los museos de Berlín, cinco en el Louvre, cuatro en Dresde, y dos en la colección Wallace. En España, hay dos retratos en el Museo Thyssen-Bornemisza y uno en el Prado.

Sus cuadros más conocidos y apreciados muestran los apacibles interiores de casas burguesas, en escenas domésticas protagonizadas por mujeres. Su estilo fue similar al de Codde, Duyster o Vermeer. Su trayectoria en Deventer fue muy exitosa, y la comenzó con grandes retratos colectivos, a la manera de Rembrandt. Primero fueron soldadescas y comerciantes, pero según se labraba una posición se dedicó a lujosos retratos de altos personajes de la ciudad. Su elegancia manifiesta hizo que uno de sus lienzos más famosos fuera titulado a posteriori como "La reconvención paterna", suponiendo que el maduro caballero sentado era el padre de la elegante jovencita que le escucha sumisa, mientras él alarga su brazo en un gesto que se interpretó como un reproche. El tema en realidad no es ni más ni menos que un cliente de un burdel, alargando su pecunio a una de las damiselas a su disposición. Las monedas fueron parcialmente borradas años después por algún coleccionista escrupuloso, lo cual facilitó la reinterpretación de la escena.

Espero os guste la recopilación que he conseguido este pintor neerlandés, y en la medida de lo posible contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


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Autorretrato. Autor: Gérard Ter Borch. 1667-70. óleo sobre lienzo, 61 x 42,5 cm. Mueo Mauritshuis. La austera imagen con el autorretrato del artista plantea los rasgos más principales del estilo predominante en el Barroco de Holanda, hondamente influido por el tenebrismo de Caravaggio y sus seguidores. El contraste entre las zonas iluminadas y en sombra crea un espacio en el que el volumen de la figura adquiere presencia real tan sólo a partir del modelado de la luz sobre el cuerpo. El rostro y el cabello rubio del pintor resaltan contra las vestiduras negras y el fondo pardusco, en equilibrio con el suelo brillantemente iluminado por una luz amarilla que bordea los lazos negros de los zapatos lustrados. La pose del pintor es muy elegante y su secreto estriba sencillamente en la unión de las piernas, opuestos en vertical y horizontal los dos pies. Parece un argumento sencillo, pero le dio la fama a Velázquez cuando este artista español copió los modelos flamencos y sustituyó la ordinaria pose de los retratos españoles con las piernas a compás por esta elegante silueta fusiforme.


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Concierto. Autor: Gérard Ter Borch. 1675 h. Óleo sobre tabla, 58,1 x 47,3 cm. Museo de Arte de Cincinnati. El tema del concierto y la música en general fue muy querido para los artistas del Barroco. La música alude al sentido del oído, pero también al placer amoroso. Los cuadros protagonizados por personajes entregados a la música frecuentemente esconden tras sí una historia de amor. El concierto interpretado como una clase de música suele estar protagonizado por una jovencita de buena familia, que debía aprender dos tipos de conocimientos: prácticos para llevar una casa, y lujosos para atraer un marido (canto, danza, algunas lecturas...). Sin embargo, existía el peligro de que la alumna fuera seducida por el maestro, un músico joven y sin prestigio suficiente para vivir de su música, por lo que da clases. Tal vez por esta razón, a la clase asiste un tercer personaje, un caballero relacionado con alguno de los dos protagonistas y que pueda dar fe de la inocencia del concierto.


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La Carta. Autor:vGérard Ter Borch. 1655 h. Óleo sobre tabla5, 6 x 46,5 cm. Alte Pinakothek (Munich) Ter Borch, como muchos de sus compañeros pintores, cultivó las escenas de género sobre temas cotidianos de la vida flamenca en el siglo XVII. En los Jugadores de Cartas, tres personas juegan a las cartas sin dinero y sin apuestas. En este cuadro, el tema es algo más complejo. Un caballero muy elegante y emperifollado ha llegado a la alcoba de una dama a la que ofrece una carta ante el asombro de la criada. La carta sólo puede ser de amor, algo que nos indica el ámbito de la escena y la presencia de la cama al fondo. Sin embargo, la dama hace gala de prudencia y retira su mano, en un gesto desdeñoso y coqueto a la vez. El agua y la jofaina sobre la mesa son símbolos de pureza y castidad. Sin embargo, el espejo y las perlas indican vanidad, lo que unido al hecho de que el caballero haya conseguido llegar a la alcoba introducen un elemento de tensión: pese a lo claro de la acción, el rechazo de la dama, la escena está a punto de cambiar, existe cierto dramatismo ante la siguiente reacción del caballero, con su carta en vilo, y la sonrisa coqueta de ella.


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Jugadores de cartas. Autor: Gérard Ter Borch. 1650 h. Óleo sobre tabla, 25,5 x 20 cm. Sammlung Oskar Reinhart. La partida de cartas había llegado a constituir casi un género por sí mismo desde su inauguración por la pintura de Caravaggio. En la obra de este pintor italiano y en la de muchos de sus seguidores, los jugadores son tramposos y tahúres, ocupados normalmente en desplumar a algún joven incauto. Sin embargo, Terborch pertenece a una generación posterior, en la que el tema se ha aligerado del componente dramático y marginal. Ya no hay engaños, ni crimen, ni tramposos. Ahora el tema está dulcificado, lo protagonizan unos miembros de la clase media alta y la mujer que juega puede ser la hermana de uno de ellos y no necesariamente una prostituta (a la mujer le estaba prohibido el juego de azar). Además, uno de los caballeros la ayuda y elige por ella la carta más adecuada para la jugada.


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Mujer despiojando a un niño. Autor: Gérard Ter Borch. 1652-53. Óleo sobre tabla, 33,5 x 29 cm. Museo Mauritshuis. Ter Borch, al igual que sus compañeros de generación, pintó numerosas escenas de género, que se caracterizan por ofrecer imágenes cotidianas, incluso poco dignas, tratadas con la misma perfección y habilidad que si fueran cuadros religiosos. La luz entra por una ventanita y fluye despacio por toda la escena, dotando de presencia todo aquello que toca. El perfil de la matrona posee una expresión beatífica, suavizado por el tono amarillo de la luz. Absorta en su tarea, sostiene contra sus piernas a una niña de corta edad, que ha sido interrumpida en sus juegos (vemos una pelota en sus manos) y se somete con paciencia al ritual. La estancia queda en la penumbra aunque podemos adivinar la silueta de algunos cacharros en los estantes de la pared. El contraste entre luz y sombra es radical, uno de los rasgos de los caravaggistas del norte.


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Mujer escribiendo una carta. Autor: Gérard Ter Borch. 1655 h. Óleo sobre tabla, 39 x 29,5 cm. Museo Mauritshuis. Gerard Ter Borch, Gerard de la Notte como le apodaron sus contemporáneos, se caracteriza por la oscuridad de sus cuadros en contraste con las figuras fuertemente iluminadas. Es un rasgo del caravaggismo que el artista aprendió durante su viaje a Roma, donde tuvo ocasión de comprobar cómo era el arte de los barrocos italianos adeptos al tenebrismo. Ter Borch emplea con gran habilidad la luz y el color para realizar volúmenes y figuras que parecen estar hechas solamente de luz. El tema elegido era muy frecuente en la época, dedicada a los placeres físicos y a la alegría de vivir. Representa a una joven dama, vestida con un hermoso traje amarillo limón y con pendientes de perlas y lacitos azules. Evidentemente, disfruta de una posición acomodada. Sobre su mesa escritorio podemos ver una gruesa alfombra de lana turca, traída por los barcos holandeses y belgas a los puertos de Brujas o Amberes. La muchacha escribe afanosamente en su alcoba (se ve la cama con dosel al fondo), o bien por la noche, o bien con todas las ventanas cerradas. En cualquier caso, el ambiente es de secreto, por lo que bien podría tratarse de una carta de amores ilícitos. Este tema aparece con gran frecuencia tanto en la obra de este autor como en la de sus contemporáneos.


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Pareja bailando. Autor:Gérard Ter Borch. 1660. Óleo sobre lienzo, 76 x 66 cm. Museo ? Terborch depura su estilo y lo conduce hacia una elegancia que caracterizará sus últimas obras frente a las producciones más populares y francas de sus compañeros pintores. En esta ocasión nos presenta una escena de la vida cotidiana, pero de una familia de clase alta. En el salón principal de la mansión, un apuesto caballero con traje militar, espada al cinto y espuelas invita a bailar a una de las hijas de los anfitriones. La muchacha lleva un vestido de seda amarilla lleno de brillos y encajes, que el pintor se complace en detallar minuciosamente para halagar a sus compradores, burgueses y comerciantes que sienten gran placer en reconocer sus propias riquezas en los cuadros que protagonizan. Terborch no ha abandonado el tenebrismo de sus primeras obras y deja la estancia en una densa penumbra de la que apenas se destacan los rostros del resto de la familia y la hermosa lámpara de bronce. Por el contrario, la pareja sobresale, fuertemente iluminada, obteniendo de este modo el protagonismo absoluto de la escena.


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Escena galante, conocida tradicionalmente como Admonición paterna, h. 1654-1655, óleo sobre lienzo, 72 × 60 cm, Gemäldegalerie de Berlín. Obra de Gerard ter Borch. Durante muchos años fue conocido como «La amonestación (o admonición) paterna» porque se creía que mostraba a un padre riñendo a su hija. Los estudiosos modernos, sin embargo, ven la escena como una conversación entre dos personas que pueden llegar a ser amantes, bien una discusión de compromiso o, más probablemente, un cliente que hace una proposición a una prostituta en un burdel.

La pintura representa a un hombre hablando con una mujer joven. La mujer está vestida con un exquisito vestido de satén plateado que inmediatamente capta la atención del espectador hacia ella como el foco de la escena, mientras que el hombre va vestido de militar y tiene un sombrero muy ornamentado en su regazo. Cerca del hombre se sienta una mujer vieja que está bebiendo vino, aparentemente desinteresada en la conversación entre el hombre y la muchacha. Al lado de la chica hay una mesa con una vela encendida, un espejo, una borla para empolvar, peines y una cinta, todo ello alusivo a la lujuria. Detrás de la silla del hombre, se puede ver un perro desaliñado, y hacia el fondo de la pintura hay una cama enorme.


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The Ratification of the Treaty of Münster, 15 May 1648 (1648) in the collection of the Rijksmuseum in Amsterdam. Obra de Gerard ter Borch


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His sister Gesina modelled for his painting Sitting Young Woman (c. 1650). Obra de Gerard ter Borch


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Man on Horseback (1634). Obra de Gerard ter Borch


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The concert (1655). Obra de Gerard ter Borch


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Woman writing a letter (c. 1655). Obra de Gerard ter Borch


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An officer dictating a letter (c. 1657–58). Obra de Gerard ter Borch


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Lady at her Toilette (1660). Obra de Gerard ter Borch


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Woman Reading a Letter (c. 1660–62). Obra de Gerard ter Borch


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A Lady Reading a Letter (1662). Obra de Gerard ter Borch


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The Music Lesson, c. 1668. Obra de Gerard ter Borch


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The Suitor's Visit, c. 1668. Obra de Gerard ter Borch


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Officer Writing a Letter, with a Trumpeter, c. 1658-59. Obra de Gerard ter Borch


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The letter (c. 1655). Obra de Gerard ter Borch


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Portrait of a Family (c. 1656). Obra de Gerard ter Borch


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Dutch - Horse Stable, 1654. Obra de Gerard ter Borch


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A Maid Milking a Cow in a Barn (c. 1652–54). Obra de Gerard ter Borch


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Adrian Pauw's arrival in Münster (1646). Obra de Gerard ter Borch



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor neerlandés Gerard ter Borch, fue un pintor holandés especializado en retratos y escenas de costumbres. Nacido en Zwolle, trabajó a lo largo del siglo XVII, incluido por tanto dentro de los pintores barrocos centroeuropeos.



Fuentes y agradecimiento a: Matías del Rey, artehistoria.com, wga.hu, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, museothyssen.org, pintura.aut.org, artcyclopedia.com, museodelprado.es y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Mensaje Re: Ter Borch, Gerard 
 
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Gerard ter Borch en España


Gerard ter Borch en el Museo del Prado


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Gérard Ter Borch - Autorretrato, detalle

Borch, Gérard ter (Zwolle, 1617-­Deventer, 1681). Pintor y dibujante holandés. Recibió su primera formación de su padre, el pintor del mismo nombre, quien le animó a copiar estampas de artistas como ­Hendrick Goltzius o Jacques Callot, así como piezas de escultura. Hacia 1632 viajó a Amsterdam y alrededor de 1634 estaba en el taller de Peter Molijn en Haarlem. Allí aprendió a cultivar un tipo de paisaje propio de la escuela holandesa caracterizado por un interés por los efectos atmosféricos. Sin embargo, la mayoría de sus obras son cuadros de género, especialmente escenas de la vida cotidiana. Hasta 1635 no entró en el ­Gremio de Pintores de San Lucas de Haarlem. A partir de esa fecha realizó varios viajes. En Londres pasó por el estudio de Rober van Voerst, muy relacionado con los pintores de retratos flamencos y holandeses. Posteriormente viajó por Italia y España, donde retrató a Felipe IV (colección particular, Amsterdam). También pasó largas temporadas en los Países Bajos del Sur así como en Francia, lo que le permitió tener conocimiento de diferentes escuelas. A finales de 1645 se instaló en Münster junto al séquito holandés destinado a participar en las conversaciones con España, permaneciendo en la ciudad hasta la firma de la Paz de Westfalia en 1648. Allí realizó un Retrato del conde de Peñaranda (Museum Boijmans van Beuningen, Róterdam). Al volver a Amsterdam ­inició su periodo de madurez, caracterizado por las representaciones de interiores con figuras, especial­mente comunes son los de temática femenina, sobre todo de mujeres realizando actividades cotidianas. En algunos casos, como en Mujer en el baño ­(Metropolitan Museum of Art, Nueva York), inicia un tipo de representación que será ampliamente repetida en la pintura holandesa posterior. Idéntico éxito tuvieron sus obras con damas recibiendo cartas, tema que repetirá en nume­rosas ocasiones. Durante los años sesenta y setenta se incrementó su producción retratística, especialmente de burgueses. A diferencia de otros autores, Ter Borch se interesó menos por el estatus social del personaje que por su individualidad, como demuestra su obra del Prado. Sus relaciones con familias adineradas le proporcionaron numerosos patronos, entre los que destacan los Graeff o los Schellinger. También realizó retratos de príncipes europeos, como el de Cosme III de Médicis o el de Guillermo III de Inglaterra.


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Petronella de Waert, 1670, óleo sobre tabla, 40 x 32 cm [P6892]. Museo del Prado. Obra de Gerard ter Borch.

Desde el punto de vista pictórico llama la atención el contraste entre la calidad de la figura y el modelado impreciso de la silla y de los objetos que figuran sobre la mesa. Gudlaugsson, que sólo conocía este cuadro por una fotografía antigua, considera que tan sólo el guante y el abanico son de la mano de Ter Borch. Lo cierto es que ninguno de esos elementos figura en el dibujo de este retrato incluido en el álbum de acuarelas de Gesina ter Borch (Amsterdam, Rijksprentenkabinet). Sin embargo, el análisis morfológico de las micromuestras tomadas revela que la capa de preparación del mantel y los objetos sobre la mesa es la misma que la del vestido y que en el caso de los objetos dispuestos sobre la mesa no hay una capa de barniz intermedio u otras capas de separación que pudieran justificar un añadido posterior en esa zona. Por otro lado, la radiografía no revela la intervención de dos manos distintas, pero sí pequeñas correcciones en la manga izquierda del vestido y en el perfil de la falda en el lado izquierdo, cuya curvatura fue ligeramente rebajada. Una corrección que, por lo demás, se percibe a simple vista y que permite pensar que se podría tratar de un original y no de una réplica como pensaba Gudlauggson, y que, por tanto, fuera el cuadro antiguamente en colección J. Bleuland, dado por desaparecido.

El tema de la mujer junto a un tocador fue popularizado por ter Borch. Petronella Waert (1628-1709) está de pie sobre un fondo negro, ricamente ataviada con vestido de terciopelo negro y bajofalda de raso blanco adornada con puntillas y brocados plateados. Los distintos materiales y tejidos están representados con la maestría habitual en este pintor. Lleva collar de perlas corto, y en el cabello y sobre el pecho lleva adornos de azabache. Desde el punto de vista estilístico corresponde al tipo de retrato burgués, sobrio y honesto, con el modelo representado de tres cuartos, cultivado por Ter Borch durante su refugio en Amsterdam. Como es habitual en las obras del pintor, los rasgos de la retratada están representados con gran verosimilitud, ya que Ter Borch, al contrario que los retratistas de Amsterdam, se mostró siempre más interesado en la captación de la individualidad del modelo que en la plasmación de su estatus social.

En otoño de 1670 Gerard ter Borch recibió el encargo de retratar a los diferentes miembros de la familia de Nicolaes Pancras (1622-1678), burgomaestre de Amsterdam y presidente de la Compañía de las Indias Orientales. De esos retratos están identificados, en la actualidad, el del propio Nicolaes Pancras (Hamburgo, Kunsthalle); sus hijos Gerbrand Pancras (Manchester Art Gallery) y Aletta Pancras, y el marido de ésta François de Vicq, burgomaestre de Amsterdam (los dos últimos en Amsterdam, Rijksmuseum).

Formó parte de la colección del Marqués de Castro-Serna (Madrid). Según Michel (1887) figuraba como pendant de un retrato de Nicolaes Pancras, hoy desaparecido. Gudlaugsson (1959) supone que ambos eran réplicas de los retratos originales de Nicolas Pancras (Hamburgo Kunsthalle) y Petronella Waert (hoy desparecido), que figuraron en la venta de la colección de J. Bleuland. Pasa por herencia a una sobrina casada con el político Alfonso Díaz de Bustamante y Quijano. Adquirido por el Estado a su hija Pilar Díaz de Bustamante en 1982, con destino al Museo del Prado (Texto extractado de Posada Kubissa, T.: Pintura holandesa en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, 2009, pp. 29-31).



Gerard ter Borch en el Museo Thyssen

Gerard ter Borch (Zwolle, 1617-Deventer, 1681) Retratista y pintor de género, nació en 1617 en Zwolle. Gerard ter Borch se inició en las Bellas Artes en el entorno familiar y su primer aprendizaje corrió a cargo de su padre, Gerard ter Borch, el Viejo. Gerard fue un niño precoz que a los ocho años ya había ejecutado dibujos y estudios de gran calidad, como el Caballero conservado en el Rijksmuseum de Amsterdam. Completó su formación en Haarlem con el pintor de paisajes Pieter de Molijn, en cuyo taller está documentado en 1634, y su nombre aparece inscrito, en 1635, en el gremio de pintores de esa ciudad. En ese mismo año realizó un viaje a Londres para trabajar en el estudio de su tío, el grabador Robert van Voerst, regresando a Holanda en 1636. Durante la segunda mitad de la década de 1630 el artista visitó países como Alemania, Italia, Francia y España, donde llegó en 1639. A finales de 1645, junto con Adriaen Pauw, viajó a Münster, ciudad a la que regresó en 1648, siendo testigo de la ratificación de la Paz de West falia que plasmó en su obra La jura de la ratificación del Tratado de Münster (Londres, National Gallery). En 1653 se encuentra en Delft, y en 1654 está documentado en Deventer, donde contrajo matrimonio con Geertruyt Matthys, y donde permaneció hasta su muerte en 1681.

Sus primeras pinturas fueron composiciones, con soldados al estilo de Haarlem, a las que siguieron retratos de cuerpo entero y formato reducido, y sobre todo cuadros de interiores domésticos. Entre ellos destacan La amonestación paterna, de hacia 1655-1656, identificada hoy como una escena de burdel (Berlín, Gemäldegalerie), El concierto, de hacia 1661-1662, también en Berlín, y La carta, fechada en los primeros años de la década de 1660, en la British Royal Collection. Estas pinturas, casi todas de pequeñas dimensiones al igual que sus retratos, se componen con pocas figuras y con un tratamiento minucioso de la luz. Ter Borch puso en ellas un cuidado especial en la descripción de los materiales y en las texturas de los tejidos que visten sus personajes. Elegante hasta para representar los asuntos más cotidianos de la sociedad de su tiempo, sus óleos desprenden delicadeza y un sentido extraordinariamente sutil del color. No tuvo muchos discípulos, pero entre ellos destaca Caspar Netscher.


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Retrato de un hombre a la edad de cuarenta y dos años, 1652. Óleo sobre cobre, 24,1 x 19,3 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Gerard ter Borch.

Gerard ter Borch se especializó en dos temas: la pintura de género y el retrato, a pesar de su formación en Haarlem, en 1634, como paisajista con Pieter Molijn. Como retratista, Ter Borch, trabajó los formatos pequeños, donde trasladó a sus clientes de cuerpo entero, busto o tres cuartos. Este tamaño, por el que sintió cierta preferencia, se detecta en la década de 1640, momento en el que firmó una de sus tablas más famosas, el Retrato de Helena van der Schalcke, hija de un predicador, cuadro conservado en el Rijksmuseum de Amsterdam . En él se aprecian formas típicas que Ter Borch utilizará en retratos posteriores, como la sobriedad de la puesta en escena que, en el caso de Helena van der Schalcke, se reduce a un fondo neutro, y que cuando el artista opta por amueblarlo, lo hará con pocos y sencillos elementos, como una mesa y una silla. La severidad del decorado guarda también una correlación con los personajes que proceden de una burguesía que vive y viste con austeridad. Su técnica, minuciosa y precisa, se adapta con facilidad a la superficie de sus soportes, en los que trata con esmero las manos de los modelos y las telas, que estudia con una delicada iluminación. Su gusto por este formato estaba definido cuando en 1648 pintó uno de los pocos cuadros de tema histórico contemporáneo que existen en la pintura holandesa: el cobre con la Jura de la ratificación del Tratado de Münster, de la National Gallery de Londres, en el que representó, en pocos centímetros, unos setenta personajes, de pie y de cuerpo entero, formando un semicírculo, en torno a una mesa donde se encuentran los dignatarios.

Esta pareja de retratos está fechada en 1652, dos años antes de establecerse en Deventer y después de un periodo en el que está documentado en Delf. Ter Borch, sobre láminas de cobre de formato rectangular, ha pintado unos óvalos con tintas oscuras y neutras contra los que destaca sus figuras, fórmula que empleó en las décadas de 1640 y 1650 para un señalado conjunto de efigies, entre las que también figuran parejas de matrimonios. Gudlaugsson, cuando estudió estos dos cobres y aludiendo a razones de estilo, los fechó hacia 1640. Este historiador también detectó varias modificaciones en los cuellos de los trajes de ambos personajes, así como en la cofia de la mujer, que, a su juicio, se justificaban por una segunda intervención del pintor en los dos retratos, lo que explicaría la fecha de 1652 que encontramos en el cobre del hombre. Esta segunda intervención, siguiendo a este crítico, pudo deberse a una actualización del vestuario de los clientes. Sin embargo, estas zonas fueron estudiadas con detenimiento por Ivan Gaskell y Emil Bosshard, que descartaron esta segunda intervención de Ter Borch y que detectaron en las zonas señaladas por Gudlaugsson alteraciones en la técnica del pintor, así como un desgaste natural de los materiales que se emplearon.


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Retrato de una mujer a la edad de treinta años, 1652. Óleo sobre cobre, 23,9 x 18,9 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Gerard ter Borch.

Gerard ter Borch se especializó en dos temas: la pintura de género y el retrato, a pesar de su formación en Haarlem, en 1634, como paisajista con Pieter Molijn. Como retratista, Ter Borch, trabajó los formatos pequeños, donde trasladó a sus clientes de cuerpo entero, busto o tres cuartos. Este tamaño, por el que sintió cierta preferencia, se detecta en la década de 1640, momento en el que firmó una de sus tablas más famosas, el Retrato de Helena van der Schalcke, hija de un predicador, cuadro conservado en el Rijksmuseum de Amsterdam. En él se aprecian formas típicas que Ter Borch utilizará en retratos posteriores, como la sobriedad de la puesta en escena que, en el caso de Helena van der Schalcke, se reduce a un fondo neutro, y que cuando el artista opta por amueblarlo, lo hará con pocos y sencillos elementos, como una mesa y una silla. La severidad del decorado guarda también una correlación con los personajes que proceden de una burguesía que vive y viste con austeridad. Su técnica, minuciosa y precisa, se adapta con facilidad a la superficie de sus soportes, en los que trata con esmero las manos de los modelos y las telas, que estudia con una delicada iluminación. Su gusto por este formato estaba definido cuando en 1648 pintó uno de los pocos cuadros de tema histórico contemporáneo que existen en la pintura holandesa: el cobre con la Jura de la ratificación del Tratado de Münster, de la National Gallery de Londres, en el que representó, en pocos centímetros, unos setenta personajes, de pie y de cuerpo entero, formando un semicírculo, en torno a una mesa donde se encuentran los dignatarios.

Esta pareja de retratos está fechada en 1652, dos años antes de establecerse en Deventer y después de un periodo en el que está documentado en Delf. Ter Borch, sobre láminas de cobre de formato rectangular, ha pintado unos óvalos con tintas oscuras y neutras contra los que destaca sus figuras, fórmula que empleó en las décadas de 1640 y 1650 para un señalado conjunto de efigies, entre las que también figuran parejas de matrimonios. Gudlaugsson, cuando estudió estos dos cobres y aludiendo a razones de estilo, los fechó hacia 1640. Este historiador también detectó varias modificaciones en los cuellos de los trajes de ambos personajes, así como en la cofia de la mujer, que, a su juicio, se justificaban por una segunda intervención del pintor en los dos retratos, lo que explicaría la fecha de 1652 que encontramos en el cobre del hombre. Esta segunda intervención, siguiendo a este crítico, pudo deberse a una actualización del vestuario de los clientes. Sin embargo, estas zonas fueron estudiadas con detenimiento por Ivan Gaskell y Emil Bosshard, que descartaron esta segunda intervención de Ter Borch y que detectaron en las zonas señaladas por Gudlaugsson alteraciones en la técnica del pintor, así como un desgaste natural de los materiales que se emplearon.


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Retrato de un hombre leyendo un documento, c. 1675. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Gerard ter Borch.

Gerard ter Borch es apreciado tanto por sus escenas de género como por sus retratos. Sus interiores domésticos, en los que captó las costumbres de la vida burguesa en tono intimista, influyeron en artistas contemporáneos como Pieter de Hooch o Gabriel Metsu, ambos representados en el Museo precisamente con obras de este tipo. Dentro de esta temática, produjo sus obras más innovadoras en la década de 1650, aunque este tipo de representaciones se registran ya desde mediados de la década de 1640. En estos interiores siempre prestó más atención a las figuras, que suelen ser pocas, que a los espacios, que se suscriben a sencillos interiores tratados con los detalles imprescindibles.

Hacia mediados de la década de 1660 Gerard ter Borch se dedicó con una mayor intensidad al retrato, siendo fiel, pese a las modas, a los patrones austeros y severos que había empleado en los años cuarenta sin una merma de calidad y prestando especial atención a la textura de las telas y a la iluminación de sus modelos, dejando los fondos, en muchos casos, en penumbra.

La historia de esta pintura se conoce desde principios del siglo XIX, cuando su primer propietario pudo ser el marchante de Amsterdam, Cornelis Sebille Ross. El óleo pasó, hasta su adquisición para la colección Thyssen-Bornemisza, por varias galerías, entre ellas la de Daniel Katz de Dieren, donde estuvo en 1934 y 1938, y la de H. E. ten Cate, en Oldenzaal, registrada en 1929 y después de la Segunda Guerra Mundial. La pintura, finalmente, fue comprada a la galería Cramer de La Haya, en 1969, para la Colección.

En nuestro lienzo, publicado y dado a conocer por Hofstede de Groot en 1912, Ter Borch colocó al personaje, vestido con ropas informales acordes con el escenario escogido, en el ámbito reservado de una casa. En el fondo, se aprecian a simple vista cambios compositivos, ejecutados probablemente sobre la marcha y que hoy se perciben debido al desgaste natural de los materiales que han perdido, en el caso de las capas de óleo, su opacidad, tornándose más transparentes. De esta forma comprobamos cómo la cama estuvo en principio a la izquierda del lienzo, en el lugar que ocupa ahora la puerta entreabierta. Esta variación se proyecta como una sombra sobre el muro, donde también se detectan los adornos superiores del dosel. Como señaló Gaskell, esta disposición interior fue empleada por el pintor en la década de 1660 en cuadros como el de la National Gallery de Londres, en el que aparece una mujer tocando un instrumento musical en compañía de dos hombres, o en la acuarela del Rijksprentenkabinet de Amsterdam, en la que Gesina ter Borch reproduce un lienzo del pintor. Significativo también es, por tratarse de un retrato, el de un caballero, fechado en 1668 y conservado en la Kunsthaus de Zurich. Aquí, el modelo posa en un sencillo interior que se comunica a la izquierda con una puerta, cuya hoja está también entreabierta y cuya única decoración visible es una tela expuesta en el muro de fondo. El techo de la sala, como en nuestra pintura, es un entramado de vigas de madera. Ter Borch en los años setenta continúo empleando para sus retratos fondos neutros con algún enser instalado próximo al modelo.

La identidad del retratado no se conoce, aunque en 1934 y 1935 se registró, con motivo de la participación del óleo en dos exposiciones, una inscripción en la parte posterior de la pintura, hoy perdida, y en la que se identificaba al personaje con un burgomaestre de Dordrecht, G. Beverningh. Gudlaugsson , sin embargo, al establecer la fecha aproximada de la pintura, dio otra clave para su posible identificación que Gaskell ajustó a los objetos con los que aparece el retratado. El atlas abierto por un mapa de los Países Bajos, y donde se ha creído ver el estuario del Scheldt y la ciudad de Amberes, y el documento impreso que sostiene el caballero en sus manos, han sido relacionados con el momento en que las tropas francesas invadieron las Provincias Unidas. Este joven, además, sigue la moda de la clase patricia de Amsterdam, ciudad donde está documentado el pintor en esos años. La fecha de ejecución del lienzo y los objetos llevaron a Gaskell a considerar la posible implicación de este personaje en los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en esos años.


museodelprad.es / museothyssen.org
 




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