Home    Forum    Search    FAQ    Register    Log in
Message From The Staff



Normas de la Secci�n 
En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Españoles. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


Post new topic  Reply to topic 
Page 1 of 1
 
 
Ocón Y Rivas, Emilio
Author Message
Reply with quote   Download Post 
Post Ocón Y Rivas, Emilio 
 
Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor malagueño Emilio Ocón y Rivas. También fue restaurador de vidrieras; se especializó en marinas, gustaba reflejar las vistas de Málaga y su bahía, o sus rincones portuarios. Fue alumno de Haes entre 1863 y 1867 y del belga Cleiss en los Países Bajos. Está considerado como el creador de la escuela malagueña de marinismo.
 
Emilio Ocón y Rivas (Peñón de Vélez de la Gomera, Málaga, 1845 - Málaga, 1904) fue un pintor español de la escuela malagueña de pintura, hermano del compositor y músico Eduardo Ocón y Rivas. Profesor y catedrático de la escuela de Bellas Artes de Málaga.

Se especializó en pintar marinas y realizó numerosas exposiciones tanto en España como en el extranjero. Recibió el tercer premio en el Nacional de 1871 por su obra "Vista de Málaga en un día en calma", obtuvo el Galardón en la Universal de Viena en 1872, así como la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Cruz del Cristo de Portugal.

Cronología

Emilio Ocón y Rivas fue alumno de Haes entre 1863 y 1867, así como, gracias a una beca de la Diputación de Málaga, del belga Cleiss, en los Países Bajos. Establecido en Málaga, desde su estudio frente al puerto se dedicó a reflejar las vistas de la ciudad y su bahía, o sus rincones portuarios. Sus presupuestos eran tardorrománticos, pues en sus paisajes tienen cabida la anécdota, la emoción y el sentimiento, desde una perspectiva decorativa y amable; paulatinamente, sin embargo, irá imponiéndose la traducción directa de lo contemplado. Fue el único profesor que creó escuela, la de los marinistas malagueños del siglo XIX.

Gran cruz de Isabel la Católica y cruz de Cristo de Portugal, profesor y catedrático de la Escuela de Bellas Artes de Málaga, académico correspondiente de la de Bellas Artes de San Telmo de Málaga y miembro de la directiva del Museo malacitano. Comenzó su formación en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal y en la de San Fernando de Madrid, donde fue discípulo de Carlos de Haes. Posteriormente amplió sus estudios en los Países Bajos, gracias a una beca que le fue concedida por la Diputación Provincial de Málaga, que le puso en contacto con los maestros del círculo de La Haya.

Participó en numerosas exposiciones nacionales e internacionales, fue premiado con tercera medalla en la Nacional de 1871, por la obra titulada Vista de Málaga en un día de calma, y obtuvo galardón en la Universal de Viena de 1872. Realizó estudios y restauraciones de vidrieras, entre las que destaca la rehabilitación de la Transfiguración en la catedral malagueña. Asimismo, ejecutó las de los templos de Coín y Marbella en Málaga.

Espero os guste la recopilación que he conseguido de este pintor español, y en la medida de lo posible contribuya en la divulgación de su obra.






Algunas obras


Emilio Ocón en el Museo Carmen Thyssen de Málaga


user_50_marina_1884_colecci_n_carmen_thyssen_bornemisza_en_pr_stamo_gratuito_al_museo_carmen_thyssen_m_laga_obra_de_emilio_oc_n_y_rivas

Marina. 1884. Óleo sobre lienzo, 200 x 148 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen de Málaga. Obra de Emilio Ocón y Rivas

Los paisajes de Emilio Ocón pueden ser los que, en el panorama pictórico decimonónico español, se ajusten con mayor precisión al proyecto de renovación del género que ensayó Calos de Haes desde su cátedra de Paisaje en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid. Y no me estoy refiriendo a que ¬sean de los que se adscriban más claramente al realismo paisajístico que el maestro belga impulsó, sino a que, como Haes, Ocón no se involucró plenamente en la traducción aséptica del natural –ensayando con la técnica y las variaciones ambientales exclusivamente como procedimientos para establecer esa nueva -relación entre técnica y entorno, manteniendo un juego de la coordinación que el maestro nunca abandonó–; a que ejerció de ecléctico sabiendo interpretar y plasmar las propuestas del realismo –una decisión que se demuestra al conocer su procedimiento de trabajo, pues, como Carlos de Haes, Ocón terminaba sus obras en el taller, situado frente al mar, en el mismo puerto de Málaga–; pero, especialmente, a que no se desligó de esa posición reverencial hacia la naturaleza, de raíz romántica, que les invitaba a las amplias escenografías y efectos llamativos.

No podemos olvidar, por otra parte, que, junto a Haes, Ocón se relacionó estrechamente con Muñoz Degrain –en Málaga, como Emilio Ocón, desde 1870–, con quien participó de ese gusto por poetizar la naturaleza mediante los juegos de amplias escenografías y traducciones ambientales; siempre Ocón menos poético y narrativo que Muñoz Degrain.

Una excelente prueba de todo lo dicho nos la ofrece la Marina que nos ocupa. Se trata de un encuadre costero de los Países Bajos, marcado por fuertes contrastes lumínicos que refuerzan el carácter efectista de la marina. El esquema compositivo se basa en modelos de tradición romántica, en los que el mar y el cielo se enmarcan por masas terrestres que potencian la sensación de inmensidad de un espacio marítimo que se funde con el cielo, a la vez que marcan un contraste con la agresividad de los perfiles de las rocas y de los elementos urbanos.

La técnica es vibrante, de pinceladas pequeñas que quieren convencer de una toma directa y fiel de la realidad, acorde con un nuevo sistema que ensayará a partir de la década de los ochenta.

El hecho de que en 1884 realice esta vista de un paisaje tipológicamente próximo a los Países Bajos refuerza la hipótesis de su eclecticismo, ya que no hay referencia en su biografía de un viaje a esta zona en dicha fecha. Su estancia en Holanda está documentada entre 1868 y 1870, en donde cursó estudios como pensionado de la Diputación de Málaga y, a través de sus maestros –Paul Clayss y Louis Hendrych–, se introdujo en el círculo de la Escuela de La Haya, circunstancia que justifica esa reminiscencia romántica que permanece en sus obras, a la vez que esa apuesta por el natural que fue opción dominante en su producción.

En la década de los ochenta Ocón empezó a aclarar su paleta y a preocuparse por un pleinairismo en el que la luz brillante es la protagonista; sin embargo en esta obra se mantiene dentro de los esquemas más tradicionales y oscuros de la pintura del norte. Lo que está claro es que la obra la ejecutó a partir de los apuntes que conservaba de su época de estudiante y con ellos realizó un «reciclaje» que supone un retroceso en su trayectoria, cada vez más decidida por una interpretación más veraz del natural, hasta el punto de fundar una escuela de marinistas locales que terminarán adscribiéndose a las corrientes más renovadoras de la pintura de fin de siglo español.



user_50_regreso_de_la_pesca_1897_76_x_130_cm_museo_carmen_thyssen_m_laga_obra_de_emilio_oc_n_y_rivas

Retorno de la pesca. 1897. Óleo sobre lienzo, 76 x 130 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen de Málaga. Obra de Emilio Ocón y Rivas.

Nos encontramos ante una obra de Emilio Ocón y Rivas, precursor, iniciador y maestro de la pintura marinista malagueña, además de profesor en la Escuela de Bellas Artes de San Telmo; de ahí que su pintura haya sido frecuentemente imitada tanto en el aspecto compositivo como en el tratamiento de las embarcaciones, que él recrea con un preciosismo y detalle acordes a sus conocimientos de náutica.

En Retorno de la pesca se pueden apreciar elementos esenciales de la obra de Ocón. De una parte, el plenairismo cultivado en la escuela madrileña de Carlos Haes –su principal maestro– se hace patente en este tranquilo atardecer que enmarca tareas cotidianas propias de un entorno marinero.

De otra, este paisaje se ciñe a las características generales de su pintura, es decir, una composición apaisada que utiliza la línea de horizonte para segmentar el lienzo en dos partes claramente diferenciadas. El cielo como telón de fondo; el mar como soporte del discurso principal de la obra.

La parte superior es un espacio abierto y claro que ilumina toda la composición contrarrestando la abundancia de masas de la inferior. Solamente aparece interrumpida por la verticalidad de los mástiles de los barcos y sus adrizamientos. A su vez, el agua, espejo de todo lo que en ella se refleja, también actúa como componente de luminosidad en la mitad inferior del lienzo.

La forma de tratar la atmósfera denota claras influencias de los maestros flamencos, con los que se formó cuando, becado por la Diputación de Málaga, viajó a los Países Bajos para perfeccionar su técnica.

El núcleo central de la composición lo preside un barco, elemento clave de su pintura por la importancia que le otorga en sus marinas. En este caso se trata de un pailebot, típica embarcación que se utilizaba en el transporte de cabotaje en la segunda mitad del siglo XIX. Aparecen también otros dos grupos de naves que, colocados en un plano posterior, dan protagonismo a la que se encuentra en el centro de la tríada.

Asimismo, jugando con la profundidad, sitúa una buceta arrastrada por dos pescadores sobre la arena de la playa en una zona cercana al borde inferior derecho del lienzo. De esta forma compone un primer plano que contribuye a destacar la embarcación central en la que se recrea con minuciosidad.

El color desempeña un papel muy relevante, pues fiel a su pintura realista lo utiliza para conseguir la fuerza que la composición evidencia. La paleta está bien equilibrada, juega con la contraposición entre colores fríos: azules, verdes y grises, y la calidez de los tierra acompañados de ocres y magenta, mezclando los pigmentos con gran maestría. Ya juega con la gama de los fríos entre sí, ya amalgama los azules y verdes con los cálidos en una mezcla cromática perfecta, despojando de frialdad a aquellas superficies en las que aparece. Rara vez utiliza el color puro, salvo en puntos muy concretos del lienzo en los que el pigmento se espesa para dar un toque de vivacidad.

La pincelada es suelta, transmitiendo frescura a la marina. Esto se aprecia principalmente en el mar, donde el agua en constante movimiento muestra tanto sus transparencias como las figuraciones que en ella se reflejan.

Como plenairista que trabaja directamente del natural, hace de la luz un componente muy determinante para trasladar al lienzo el paisaje que captan sus ojos. Retorno de la pesca transporta a un atardecer de la costa mediterránea en donde la brisa marina crea una atmosfera envolvente que difumina el horizonte, al tiempo que el contraluz solar en el centro del lienzo contribuye a destacar los perfiles del pailebot.

En conclusión, esta pintura, al igual que la mayor parte de su obra, destila una cierta añoranza de la mar como expresión de su frustrada vocación de marino. Añoranza y al mismo tiempo idealización pues, a través de su pintura, en el trueque de la agitada vida de marino por la más reposada y contemplativa del pintor, Emilio Ocón encontró posiblemente el equilibrio de su propio espíritu.



user_50_prep_randose_para_la_pesca_1897_leo_sobre_lienzo_56_x_89_cm_colecci_n_carmen_thyssen_bornemisza_en_pr_stamo_gratuito_al_museo_carmen_thyssen_m_laga_obra_de_emilio_oc_n_y_rivas

Prepárandose para la pesca, 1897. Óleo sobre lienzo, 56 x 89 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Emilio Ocón y Rivas

La permanencia continuada en Málaga desde prácticamente 1873, no fue obstáculo para que Emilio Ocón fuera afianzando su modelo en un realismo serio y comprometido con sus principios básicos, como fueron, para los que eligieron el paisaje como medio de expresión preferente, los de trabajar directamente del natural y tener como primera preocupación captar las incidencias de la luz sobre las formas a partir de un registro fiel de ella y de las gamas cromáticas que construían al combinarse con las sombras y las imprescindibles gradaciones tonales.

Para ello monto su taller en el puerto de Málaga, y desde su ventana se dedicó a inmortalizar diferentes puntos de vistas del litoral malagueño. Esa es la razón por la que el catalogo de Emilio Ocón esta lleno de vistas de la bahía de Málaga, generalmente con embarcaciones, y desde unos encuadres sin apenas variantes.

En esta ocasión, su mirada se ha dirigido hacia la costa este; se ha situado en el centro de la bahía y ha registrado faenas pesqueras como son las de la preparación de las redes para disponerse a pescar. En el fondo se adivina la barriada de El Palo y sobre ella y a su izquierda el cerro de San Antón.

En la obra se mezcla la anécdota con una intención regionalista que se fundamenta en el verismo de los detalles. La jábega, embarcación típicamente malagueña, de origen fenicio, base de la pesca local que identifica el espacio con su presencia, se erige protagonista de la escena por su posición centrada. La luz, suave de amanecer, sumerge al espacio en una aire poético que queda afianzado, también, por la serenidad del mar y la desnudez de la playa. La paleta, al estar entonada en la gama de los plata y grises contribuye a esa poetización por la que la marina se carga de sensaciones emotivas y supera la intención de ser un registro aséptico de una vivencia cotidiana.

Preparándose para la pesca se aleja de la disciplina habitual de construir la naturaleza en función de los contrastes, de la firmeza de los contornos, de la expresividad de la misma según los registros atmosféricos. Por contra, funde la pincelada, tratando de combinar la fijación de la realidad contemplada con la opción espiritualista del fin de siglo.

Ocón se moverá en esa línea, huyendo de alterar el orden, siempre al margen de posiciones provocadoras. Mantiene el equilibrio de la composición al dibujar la línea del horizonte en el centro de la imagen, centrando el motivo principal de la escena, sin romper ese equilibrio con ningún otro eje. A penas el humo del caldero asciende activando la zona izquierda de la escena y alcanza el límite de los cerros, se funde con los tonos del cielo.

El cuadro presenta un buen acabado, a pesar de usar una pincelada suelta y fresca, aunque pequeña, que denota un dominio absoluto de la técnica y de la retención de lo percibido, pero también es exponente de ese oficio adquirido con los años y que le ha servido para serenar extremosidades, antes expresadas en una pincelada más violenta y un gusto por fijar los accidentes atmosféricos más expresivos.



 1gran_velero_saliendo_del_puerto_de_sevilla

Gran velero saliendo del puerto de Sevilla, c. 1874. Óleo sobre lienzo, 56 x 95 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga. Obra de Emilio Ocón y Rivas.

La carrera de Emilio Ocón se inicia en 1863, cuando tras terminar sus estudios de náutica es llamado a Madrid por Carlos de Haes, que lo encauza por la marina y recomienda el complemento de su formación en los Países Bajos, participando en las actividades de la Escuela de La Haya a través de sus maestros holandeses. De regreso a Málaga, emprende viaje por Centroeuropa a partir de 1873, volviendo a la ciudad andaluza de nuevo en 1874, aunque por los títulos de sus obras se deduce que se movió por Andalucía y le interesaron las costas del Estrecho.

El tema de la obra que comentamos, Gran velero saliendo del puerto de Sevilla. Al fondo la Torre del Oro, nos hace deducir que en su periplo andaluz estuvo incluida Sevilla, en donde pintó la única marina que se conoce de su catálogo que tenga como fondo arquitectónico esta ciudad.

Esta «marina fluvial» está construida a partir los principios compositivos y formales que aprendió en Holanda, pudiéndose relacionar la composición y el colorido con otras obras que realizó durante su período holandés, algunas conservadas en el Museo de Bellas Artes de Málaga y otras en colecciones particulares malagueñas.

Aunque el brío de la pincelada, que es capaz de concretar los brillos del agua con una soltura y eficacia que convierten esa zona del cuadro en una excelente muestra de esa pintura que por encima del tema valoraba los recursos pictóricos de la mancha, y hace que la obra se pueda adscribir al paisaje realista, hay demasiadas notas que nos recuerdan los intereses del paisajismo romántico. Tal es el caso del protagonismo de los barcos y de las velas, que centradas en la composición jerarquizan el paisaje, o esos hitos monumentales, de tanta significación como son la Torre del Oro y al fondo la Giralda, y que fueron tan usados en las vistas del romanticismo sevillano de un Domínguez Bécquer o incluso Pérez Villaamil; elementos ambos que cargan de significación a la imagen.

Todo ello nos está planteando un juego entre lo viejo y lo nuevo, por otra parte usado habitualmente en Ocón, que aleja a la obra de un realismo estricto y la incluye en ese moderantismo, que gustan llamar realismo burgués, y que no deja de ser otra forma de llamar al eclecticismo del último tercio del siglo.

Al margen de esa valoración, la obra gana personalidad por el toque y el color, excelentes elementos que se han puesto al servicio de un tema que refleja una inmediatez y una realidad, no exenta de evocación, pero en donde priman los valores pictóricos más que los literarios.

Ocón se muestra muy cómodo en el cielo y en el agua del río, en los que mancha con eficacia y mezcla los tonos con gran resolución, consiguiendo ocupar las dos zonas más importantes de azules, sabiamente matizados y graduados, utilizando una pincelada muy suelta que invita a pensar en una toma directa de natural.

La ciudad y los barcos son las anécdotas que marcan una narrativa, incluso frivolizada por la presencia de los barqueros del primer plano, que singularizan el lugar representado. No en vano, Sevilla está tan connotada de evocaciones literarias que hace difícil marcar distancia con la imagen, e indefectiblemente nos implica en una sugerencia de lo festivo y luminoso. Se trata, por otra parte, de un discurso que no aleja al autor de saber concretar las esencias de un lugar transmitiendo una realidad de él, y con ello actuar dentro de las coordenadas del arte más actual de su tiempo.

Teresa Sauret Guerrero / Amelia Esteve Secall / carmenthyssenmalaga.org



Otras obras


 00mbaco_oconputomalagarestpoppup

Vista del puerto de Málaga. 1881. Óleo sobre tabla, 32.5 x 40.5 cm. Obra de Emilio Ocón y Rivas. La obra ingresó en el Museo en 1898 formando parte del legado de la Marquesa de Cabriñana, que gestionó Enrique Romero de Torres. Presenta una curiosa vista del puerto de Málaga con la ciudad del siglo XIX al fondo, y fue debida a este notable marinista que ejerció la docencia en su Escuela de Artes y Oficios, hermano del conocido músico malagueño Eduardo Ocón. Nunca había sido restaurada, por lo que los barnices protectores de su capa pictórica aparecían oxidados. Se ha procedido a su limpieza por Alfonso Blanco López de Lerma.


 0remolcando_el_velero

Remolcando el velero. 1895. Óleo sobre lienzo, 109 x 95 cm. Obra de Emilio Ocón y Rivas


user_50_la_ultima_ola

Última ola, óleo sobre lienzo, 250 x 224 cm, firmado, 1893. Museo del Prado (en dep. en el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga). Obra de Emilio Ocón y Rivas


user_50_en_la_bah_a_de_m_laga_lienzo_de_emilio_oc_n_y_ribas

En la Bahía de Málaga, Lienzo de Emilio Ocón y Ribas


user_50_veleros_lienzo_de_emilio_oc_n_y_ribas

Veleros, Lienzo de Emilio Ocón y Ribas


user_50_a_orillas_del_escalda

A orillas del Escalda, Lienzo de Emilio Ocón y Ribas


user_50_emilio_oc_n_camino_viejo_de_antequera_leo_sobre_lienzo_150_x_164_cm_colecci_n_pe_arroya

Camino Viejo de Antequera. Óleo sobre lienzo, 150 x 164 cm. Colección Peñarroya. Obra de Emilio Ocón


 0portada_i6n2026573

EMILIO OCON Y RIVAS MARINISTA MALAGUEÑO DEL SIGLO XIX. Este libro es la primera monografía sobre Emilio Ocón y Rivas, pintor realista, director de "la escuela marinista malagueña", perteneciente al movimiento cultural y artístico de la Málaga del siglo XIX. En él se analiza su pintura de manera exhaustiva, tanto a nivel general como cada una de las obras de la que consta el catálogo que se muestra en este trabajo.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor malagueño Emilio Ocón y Rivas, se especializó en marinas y barcos, gustaba reflejar las vistas de Málaga con su bahía y rincones portuarios. Lástima que haya tan pocas obras en la Red, tengo entendido que su obra fue bastanta prolífica.



Fuentes y Agradecimientos a: carmenthyssenmalaga.org, museodelprado.es, es.wikipedia.org, decorarconarte.com, museosdeandalucia.es, malagaysushistorias.blogspot.com.es, artnet.fr, pintorescatalanes.blogspot.com, decorarconarte.com y otras de Internet.
 




___________________________
.
.
No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

.
.
 
j.luis Send private message Send e-mail to user
Back to topPage bottom
Display posts from previous:    
 

Post new topic  Reply to topic  Page 1 of 1
 



Users browsing this topic: 0 Registered, 0 Hidden and 1 Guest
Registered Users: None


 
Permissions List
You cannot post new topics
You cannot reply to topics
You cannot edit your posts
You cannot delete your posts
You cannot vote in polls
You cannot attach files
You cannot download files
You can post calendar events